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And we thought we were different. || Freya [FB]

Ian Howells el Jue Nov 22, 2018 2:33 am

And we thought we were different. || Freya [FB] VVbBMcp
15 de octubre del 2018 — San Mungo, planta de pediatría, 13:23 horas — Freya & Ian

Perseo se estaba cagando.

Pero literal. Siempre había sido un niño con una habilidad para cagarse encima que era digna de admiración y, por norma general, solía tener una caca dura y bien formada—aunque hablar de esto sea un poco raro—que olía horrible. De verdad que Ian muchas veces pensaba que dentro de su hijo había algo mal porque no era normal que su mierda oliese tan mal. Pero no importaba, porque él lo quería igual aunque defecase puro veneno. El problema residía en que esos días que se quedaba con Ian, estaba como estreñido. Y claro, ya sabéis lo insoportable que es un niño de año y medio estreñido, todo el rato llorando mientras se lleva la mano a la barriga y sufre. El problema fue cuando hizo caca y soltó tremenda diarrea que vete tú a gestionar todo eso. Entre el dolor de barriga, la diarrea y que incluso le había subido un poco de fiebre, Ian se dejó de rollos y llevó a su hijo a San Mungo, asumiendo que debía de tener algún tipo de virus de estómago que lo estaba matando por dentro.

Podría sonar un poquito egoísta, pero esperaba que no se lo pegase porque odiaba ponerse malo de la barriguita.

Así que ahí se encontraba, sentado en una de las sillas del ala pediátrica de San Mungo, a la espera de que le tocase su turno. Había ido sin cita, por lo que tenía que esperar a que entrasen las tres personas que tenía delante. Mientras tanto, Ian tenía a su hijo sobre su pierna, moviéndola como si estuviese sobre un caballito. Su hijo, sonriente y sudoroso—por la fiebre—se movía con ilusión sobre la pierna de su padre mientras éste le acariciaba la espalda.

Había tenido que cancelar unas citas ese día para tatuar, pero tener a Perseo malo le quitaba muchísimo tiempo y, como es evidente, con el mal rollo que existía ahora mismo con sus padres, prefería pedirle lo mínimo posible. Estaba en ese proceso de independencia y adaptación en donde quería, ante todo, que sus progenitores se diesen cuenta de que Ian podía ser un hombre independiente que no tuviera que depender ni de su economía ni de su techo. Y bueno, siempre podía haberle dicho a Alexandra que le ayudase con Perseo, pero no quería abusar de la hospitalidad de su compañera de piso, por mucho que adorase a Perseo. Además de que prefería llevarlo a San Mungo en vez de a un médico muggle. A decir verdad, Perseo no tenía ni documentación ni registros muggles, por lo que no tenía médico asignado en ninguna consulta no mágica.

Papi —dijo Perseo, girándose para mirar a Ian. Él le atendió. Perseo no sabía hablar bien, pues solo tenía año y medio, no obstante, sabía algunas palabras con las que comunicarse. —Barriga duele —añadió, frunciendo el ceño.

¿Barriga duele? —preguntó Ian, sorprendido.

Entonces cogió a Perseo, lo puso boca arriba sobre su regazo y comenzó a hacerle cosquillas suaves por todo el tronco. El niño rió divertido, hasta que se le salió un pedo. Al salir el pedo, el niño paró de reír de golpe y se llevó las manos a la cara, como avergonzado.

¡Pero bueno, Persie! —Rió Ian, fingiendo que olía mal.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Freya Howll el Miér Nov 28, 2018 3:58 am

And we thought we were different. || Freya [FB] IL6rNg0

Sonreí instantáneamente cuando sentí el flash hacia mi persona. Una foto.

Mi abuela se había enterado hace unos pocos meses sobre mi estado, no quitaré el crédito a Eric quién fue el culpable de su reciente conocimiento. Necesitaba un apoyo y erré al comentarle a mi amigo que por fin diría que estaba embarazada y lo llevaría a cabo hasta que naciera. Después de ello fingía demencia para no admitir que lo más probable sería responsabilizarme de esa vida que saldría de mi coño y me dolería grandes infiernos pero ese sería problema de la Freya del futuro dentro de unos cuatro meses, el mío eran los controles y el paradero de Skadi.

Había vuelto a Hogwarts pero su estado era desconocido para mí, quien me había servido de chivo expiatorio desapareció  después de las vacaciones. No, no había muerto o eso creía actualmente. Solo una vez nos cruzamos en Hogsmeade y se había negado a hablarme. Ese era un claro mensaje de que nuestro trato había terminado como su tiempo libre en casa, intentaba pensar que no se había enterado la mierda de progenitor que estaba en busca de información sobre mi hermana. Mis abuelos eran otro caso del cual intentaba mantener al margen –desconociendo completamente que estaba entre las filas de los mortífagos- pero conociendo la situación no podían quedarse tranquilos. Nadie lo estaría si supiesen lo que el bastardo era capaz de hacer. Tampoco entendíamos como estaba tan tranquilo el ambiente, no queríamos pensar lo peor –que los abusos que se encargaba de hacerlo en contra de mi persona eran ahora destinados a Skadi-. Todas sus órdenes eran acatadas, si uno lo ponía en perspectiva no eran nada pero, al menos yo, suponía que se vendría pronto lo peor.

El móvil, a mi costado, vibró insistentemente. Ese debía ser Eric. Con él había aprendido que era mejor tener el modo vibrador que el volumen a tope. Solía darme migraña los momentos donde me olvidaba que tenía un amigo bastante intenso. Vi por encima los primeros mensajes, salí de la aplicación en busca del calendario. Confirmé que hoy era la bendita consulta aunque puedo jurar que tenía tantas visitas a San Mungo solo porque Dante así lo quería,  verme con la tripa hinchada.

Chasqueé la lengua cuando la obstinación de Eric me tocó un poco la paciencia. Ignoré los otros cuatro mensajes restantes luego de leer que hablaría con Ryan, rogaba a Merlín que no fuese de esa manera. Tener a un hombre sobre mí era una cosa pero ya dos… demasiado. Le dejaría tocar mi barriga a Dante por la lealtad que me mostró. No todos los controles debíamos estar los tres porque, sostengo, siento que hay algunos que son innecesarios y solo sirven para platicar con el sanador que de muchas me ha salvado.

Por ello de estar en el hogar de mis abuelos maternos, estaba dando vueltas por San Mungo al área de pediatría. Más mensajes hicieron que el móvil me sonase pero estos se notaban que eran de Dante, no sé en qué momento había puesto un tono específico para él. Un suave tarareo de una canción bastante popular en el mundo muggle. No era necesario revisarlos, seguro me decía que me estaba esperando aunque recordé que estaba teniendo complicaciones con cierto caso antes de salir de casa por eso me detuve en la sala de espera –de pediatría- mientras controlaba que no se me hubiese tarde o si él era quien tardaría.

Inconscientemente me mordí el labio inferior a ver un joven con un bebé jugando a las cosquillas. Era una escena cargada de inocencia y ternura pero no podía evitar pensar que ese chico era bastante atractivo hasta que vi bien de quién se trataba. ¿Ian? Fruncí mi ceño acercándome. Vale, esto era algo de no esperarse. ¡Como mi embarazo! ¿O sí lo eran?

-¿Ian? ¿Eres tú?-
cubrí mi rostro de indignación por unos breves segundos.- Claro que eres tú, si estás igual ni que te hubiese salido un tercer ojo.- me respondí sarcásticamente.- ¿Es tu hijo? Y disculpa pero no te creería que voluntariamente quisiste traer a un niño a pediatría como una buena acción del día.- expliqué aunque todo podía ser. Hasta yo estaba embarazada con solo diecinueve años y eso que me cuidé con todos los métodos posibles. Me senté junto a él, esto de tener un bombo todavía era extraño a pesar de los meses transcurridos y me sorprendí descubriendo que me era llevadero si me sentaba encima de unos cojines pero a falta de estos no me quejaba de un asiento de hospital.


Última edición por Freya Howll el Mar Ene 15, 2019 12:27 am, editado 1 vez
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Ian Howells el Miér Dic 05, 2018 4:45 am

Estaba jugando tranquilamente con el hijo, haciéndolo reír y tirarse pedetes como si fuese lo más normal del mundo, cuando una voz femenina dijo su nombre. Alzó la mirada, pensando que se trataría de alguna enfermera, pero no: nada más ni nada menos se trataba de Freya Howll y lo más gracioso de todo es que se podía ver a simple vista que estaba embarazada. Y que le perdonen, pero le parecía fascinante que después de tantas mierdas que se habían echado a la cara, los dos fuesen tan iguales y TAN CAFRES como para traer un niño al mundo con menos de veinte años. Porque vamos, algunos lo llamarán valentía, pero nadie en su sano juicio traería a un niño a esa edad por decisión personal: NADIE.

Freya —la saludó, con cara de panoli. Podría haber sonreído por 'alegrarse' de verla, pero seamos sinceros: ni con lo capullo que era Ian le deseaba tener un hijo a nadie a los diecinueve años. Que sí, que él estaba encantadísimo de la vida con Perseo y no lo cambiaría por nada del mundo, pero era una grandísima putada igualmente. —No, es evidente que todavía no me he vuelto un altruista por la vida. Quién nace capullo, se conserva capullo. —Hizo una pausa, sentando bien a Perseo sobre uno de sus muslos. —Y sí, es mi hijo. Perseo. Ya tiene año y medio.

Y fue en ese momento en el que se dio cuenta de que hacía muchísimo tiempo que no la veía, ¿cuándo había sido la última vez? ¿Aquella en dónde un cerdo cruzó la carretera y habían terminado encerrados hasta que apareció su madre para sacarlo de allí? ¿O quizás...? ¿Cómo era posible que no se acordase? Bueno da igual, seguro que ella tampoco se acordaba de cuándo le había visto por última vez, tampoco era nada tan importante.

Pero vamos, hace mucho que no nos vemos —dijo, para entonces curvar una sonrisa. —Ya no solo por los años de este grandullón... —Puso las manos en los hombros de Perseo y luego miró con bastante interés la barriga de Freya. —¿Tú qué? ¿Mucho meterte con que soy un inútil en la vida y luego sigues mis pasos de cafre? Yo al menos no  tuve que parir, pero la madre de mi hijo me dijo que no era nada bonito. —Ahí iba a estar Ian, dando apoyo siempre a las madres solteras a las que le quedarían tres mesesitos para enfrentarse al peor de sus vidas sacando a un bebé por la vagina. —¿No vino el padre de la criatura a la revisión? ¿O me vas a decir que te dejó embarazada el espíritu santo? —preguntó, con curiosidad totalmente cotilla. No lo iba a negar, quería saber quién era el padre. Quién había osado en meterse en semejante interior sin usar protección. Había que ser valiente sin duda.

Y bueno, tampoco fue difícil adivinar que se trataba de una revisión, ya que Ian había acompañado a Eris a casi todas desde que se enteró de que estaba embarazada.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Freya Howll el Lun Ene 14, 2019 6:34 pm

Realmente nunca había llegado a imaginar que estaría en esta situación. Prácticamente el malestar que llevaba hoy era leve comparado con otros días y agradecía a Merlín que el pequeño frijol se mantuviera en su lugar sin provocar desastres hormonales o algo peor. Aunque sería gracioso si los desechos estomacales terminasen por dar un gran show en plena sala de espera. Las caras de los futuros padres, acompañando a sus mujeres, asqueándose por un poco de vómito. Un punto del cual serán parte por largos meses o con suerte uno. Por mi desgracia, estaba pasando por un embarazo bastante asqueroso según Dante y no era necesario que me lo dijese para verme sufriendo náuseas y llantos en medio del baño.

El bulto de mi vientre –del tamaño de una pelota de playa- no me facilitó la acción de acomodarme sobre uno de estos asientos del hospital pero me las ingenié para no caer en el intento. El saludo no llegó con todas las alegrías que debería de recibir una joven embarazada pero él ni yo mentiríamos con esto. Éramos y siempre seremos  unos completos imbéciles por tener hijos antes de cumplir las dos décadas. Un poco de mala suerte y podías ver como tu futuro se tergiversaba con solo haber tenido sexo. –Ian.- respondí dando por sentado que mi período de estúpida mono neural había finalizado. –Debo admitir que hiciste bien tu trabajo en eso de aportar genes.- comenté por lo alto. No era mi intención subir su ego pero se estaba de acuerdo con que él hizo bien ese niño. –Aunque no desmereceré lo que haya dado su madre porque varias facciones no son tuyas.- mencioné sin detallar demasiado mi opinión sobre la progenitora del niño. Que vamos, no sería raro si me dice que la chica en cuestión lo abandonó con el bebé porque era demasiado capullo ni mucho menos que era una romántica empedernida que estaba junto a él para cambiarlo y así hablar sobre su historia de amor cliché. Todo podía ser lógicamente posible. ¡Estábamos ambos en pediatría esperando los controles! Con eso bastaba para reconocer que cualquier cosa era esperable.

Tenía que darle un punto al chico ante el comentario. En Hogwarts, teníamos bastantes piques entre nos por ser similares aunque dijésemos que no. Tantos que terminamos en un embrollo en una cárcel muggle pero más situaciones se nos presentaron para alegar que nos detestábamos aunque no era del todo cierto. Transcurrió un largo tiempo para volvernos a topar, ignoraba cual era el último suceso en el que ambos participamos. No era importante, al menos para mí. Menos en este período donde el embarazo nublaba cualquier otra preocupación –si no tenemos en cuenta el estrés que me provocaba ingeniármelas para dar con Skadi-

Negué con mi cabeza mientras mis labios se curvaban en una sonrisa.- Demasiado.- añadí sosteniendo su afirmación mientras cruzaba en mi mente un flash sobre pocos sucesos entre ambos.- Me ha salido el tiro por la culata por tanto reírme de tu estupidez. Y es increíble que ese apoyo era todo lo que necesitaba escuchar de tu parte para quedarme tranquila.- ironicé pasando, inconscientemente, mis dedos sobre mi vientre de forma que se dibujaban círculos que tranquilizaban el malestar que surgió de un minuto al otro.- Ya quisiera que el espíritu santo haya sido el ente que me embarazó, mínimo me hubiese enterado que terminaría preñada a los segundos y traería un tal salvador.- me permití carcajear ante la imaginación de Ian.- Pero no, es un mago que está haciendo bien su trabajo de acompañarme con todo esto. Y realmente si viniese a todas las revisiones el padre de la criatura… estaríamos ambos junto a Eric internados en este hospital. Dante es bastante sobreprotector en cuanto a mi bebé y quiere verlo dos veces a la semana, si no es más. Y por Dante me refiero a Dante Fiore, el sanador que se hizo cargo de mi caso de maternidad.- puntualicé para no crear confusiones.-Aunque todos están demasiado encima de mí por esto.- apunté mi vientre con un deje de fastidio. Mi mente no acababa de resolverse y no ayudaba para nada que la mayoría incomodara con opiniones.

Mi curiosidad aumentó al darme cuenta que era la única compartiendo información cuando hace unos años no hubiese sido tan… ¿agradable? Con Ian. – ¿Y tú? ¿Qué me cuentas de toda tu vida con hijo incluido? ¿Te casaste y estas en rehabilitación? ¿O sigues contagiando gente y creando más herederos?- cuestioné mientras observaba al niño llamado Perseo, según lo poco que había comentado.
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Ian Howells el Lun Ene 14, 2019 10:04 pm

¡Claro que hizo de puta madre su trabajo de aportar genes! Sólo esperaba que Perseo cogiese de él los de la belleza de varón seductor y no los de su inteligencia. ¡Por favor, Merlín, espero que le hayas aportado a Perseo los de su bendita madre! Pero bueno, por desgracia todavía quedaban muchos años para ver cómo salía el niño. Lo que Ian tenía clara era una cosa: no iba a dejar que su pequeño fuese TAN CAFRE como lo había sido él. Y mira que tenía experiencia en el sector, por lo que se encargaría expresamente de evitarlo. Esperaba conseguirlo. Mira que el tatuador adoraba su vida, muchísimo, pero sabía que no había sido lo mejor y ahora que era padre era consciente de que ni de lejos es lo que quieres para un hijo. Ahora entendía a sus padres mejor que nunca.

—Ya te digo yo de antemano que toda la belleza es gracias a su madre —le dijo, adulador. Y no era ningún secreto: Ian Howells tenía en un pedestal a Eris Masbecth. El simple hecho de haberle dado la oportunidad de ser parte activa del cuidado, crecimiento y educación de su hijo le había ganado por completo. Eris se había comportado con él de una manera que él nunca creyó que fuese a conseguir de parte de una mujer como ella, teniendo en cuenta lo imbécil que era. Es por eso que se había visto en la 'obligación' de cambiar, para dar la talla que se esperaba de él. —Aunque creo que tiene mi nariz. —Ian levantó a Perseo, quién se puso de pie en su regazo junto a él. Ian señaló ambas narices y Perseo rió, tocando la nariz de su padre.

Entonces le preguntó directamente por su vida: quería saber quién era el padre, si era deseado... o si por el contrario, le había pasado lo mismo que a él: un desliz catastrófico. En realidad la diferencia era clara: ella estaba embarazada mientras que Ian tenía a una embarazada, pero uno ya no sabía qué era peor: ¿estar mal todo el día o ser quién soporta a la loca del mal? Nadie se ponía en el lado de los pobres padres que no sabían si darle chocolate a la madre con antojo o un calmante en contra de la ansiedad.

Rió frente a lo del 'salvador' y es que aunque Ian obviamente no lo sabía, cualquiera pensaría que daría lugar a un Harry Howll, encargado de derrocar al malvado Lord Voldemort. ¡Já! Pero no.

No entendió muy bien lo del tal Eric, pero dejó que terminase con la historia antes de interrumpirla. Cuando terminó, Ian sentó de nuevo a Perseo sobre su pierna y comenzó a moverla en un vaivén suave, como si fuese un caballito.

—Es normal, tía —le dijo con claridad. —Cuando yo me enteré de que la madre de Perseo estaba embarazada, me volví un paranoico total. Después de pasar la fase de negación, que literalmente me duró cinco minutos, estuve detrás de ella todo el rato. Me convertí en su siervo personal. Pero es normal, ¿sabes? La que lo está pasando mal y está creando vida en su interior eres tú. El padre y el médico que te lleva todo esto estarán preocupado en que todo salga bien y tengas todo lo que tienes que tener. —Se encogió de hombros, defendiendo a esos dos pobres hombres—padre y médico—que al parecen la agobiaban. —Pero vamos, estás embarazada y con las hormonas a flote. Siempre puedes darles un grito en que te dejen en paz un rato, que necesitas estar sola. A mí Eris me pegó unos cuantos así. Muchos, de hecho. —Se encogió de hombros ante la cruda realidad. —Pero bueno, tú ya sabes que puedo ser muy intenso. —Rió, con un claro 'mea culpa' en todo eso.

Sus preguntas fueron graciosas: ¿sentaste cabezas o sigues como pene loco por ahí? En resumidas cuentas. En realidad ni una ni otra. Ian había sido bastante conservador y el hecho de enterarse que iba a tener un hijo, así como su cambio de rutina y de vida, simplemente habían hecho que dejase de lado esa 'prioridad adolescente' de meter el pene en todos lados. Ahora era mucho más... tranquilo. Si surgía un ligue bien, sino pues no. Tenía sus amigas con derecho a roce a las que llamar cuando apetecía y... poco más. Nada en comparación a cuando Freya y él compartían discusiones y claras disputas al respecto.

—Estoy en busca y captura de la madre de mi segundo hijo —bromeó, ladeando una sonrisa. —Es broma. En realidad me he relajado bastante y me he centrado en el futuro. Eris y yo... —Se dio cuenta de que no había presentado a la madre de su hijo, así que matizó: —La madre de mi hijo y yo tenemos una relación de amistad muy buena y criamos a Perseo entre los dos, pero yo ahora mismo me estoy centrando en sacar adelante mi estudio de tatuajes. He dejado la universidad y me he independizado, así que entre eso y que tengo a Perseo varios días a la semana, apenas tengo tiempo para mucho más. ¡Creételo, Freya! ¡Con hijos y sin follarnos a todo lo que hay en las esquinas! ¡La gente puede cambiar! —Rió divertido, declarando de que había cambiado, pero seguía siendo tan inmaduro como siempre. Bueno, un poquito menos seguro. Se dio cuenta de que lo había dicho bastante alto y algunas personas miraron, por lo que se encogió de hombros. Al fin y al cabo seguía siendo Ian Howells. —Pero... tengo una duda, de antes. ¿Eric quién es? ¿El nombre de tu futuro hijo o el padre? ¿No ha venido hoy?
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Ian HowellsMagos y brujas

Freya Howll el Miér Ene 16, 2019 5:11 am

Debo hablar por el mundo –porque más de uno coincidiremos- que pedimos que ese niño herede la personalidad de su madre desconocida –por mí, al menos-  que de Ian. Sin conocerla, podría decir que no fue demasiado sensata por acostarse y procrear con él pero daremos el beneficio de la duda pensando que fue su gran error en la vida. Y no es que Ian fuese un asesino maniático dispuesto a acabar la población mágica pero no era el joven más maduro que un padre aceptaría para su hija –o hijo-  sin contar que su pene era una extremidad con vida propia que no podía parar de esconderse en hoyos ajenos. Que, oigan, pudo haber cambiado teniendo un niño a su par pero, últimamente, soy de las que deben ver para creer.

-Me gusta ver que le das los honores a ella por este niño precioso.- añado mientras mi mirada se fija en todas las facciones que componen al niño de un año y tantos meses que es levantado por Ian. Felizmente sonríe tocando la nariz de su papá como si fuese el primer descubrimiento. No puedo perder este momento porque me parece de lo más tierno, más allá de que nunca pensé que Ian Howells fuese protagonista de este. –Puede ser, es bastante similar aunque no tengo a la madre como para comparaciones.- Me quedo dubitativa por unos segundos pero estoy registrando que podría tener de Ryan su cabello, ojos, sonrisa hasta su encanto. Viéndolo de ese modo, podría tener mucha de sus cualidades y parece encantarme la idea.

Pero, entonces, también podría tener mis rasgos o heredar el amor por la mitología nórdica por culpa mi madre. No negaré que hablaré demasiado de ella a falta de una abuela. Quizás, mi abuela misma sea quien hable de la obsesión de su hija por esas cosas explicando el significado de mi nombre como el de Skadi, su tía. Por Merlín, Skadi será tía sin saberlo a este paso.  Mi semblante se contrae, pensar en ella no es un hecho que me haga bien  y ya me han regañado suficiente por ello.

Y respondiendo sus preguntas terminé dando por sentado varias situaciones que con el tiempo uno se olvida si no es parte de la misma vida. Y esta es la cosa del tiempo, no puedes devolver ni controlarlo. Cada acción que fue cometida, ya lo está, no hay un rebobinar como en una película. Pero aunque pudiese cambiar algo de todo lo hecho en mi vida no haría ningún cambio, ciertamente. Ni eso de haber perdido noción de que los antibióticos anularían el efecto de la píldora. Sin contar que estaba demasiado drogada como para pedirle a Ryan que se cuidase.

Respiré hondo ante el recuerdo de dos hombres peleándose por quién era el padre de este bebé. –Ya que estamos entre confesiones, diré que fui yo quien entró en negación al enterarse que estaba embarazada. No es idóneo enterarse en pleno viaje que te crecerá la barriga y al final de nueve meses saldrá por tu vagina una  cosita del tamaño de una sandía.- Lo dejé terminar sin perder en cuenta que estaba defendiendo tanto a Ryan y Eric como a Dante por la intensidad. Lo acompañé, a los segundos, en su risa. Sí  que era insistente cuando se lo proponía.- Sonará extraño pero desearía que fueras uno de ellos, ya he pegado gritos y mis momentos de silenciosa tranquilidad duran alrededor de cinco minutos. Hasta diría que menos porque si no son ellos son otros los que están detrás tratándome como una muñeca de cristal que fuese a romper con cualquier paso.- dije un tanto disgustada. ¡Es que ni al baño podía ir sin que llamasen a la puerta para ver si seguía viva y no en el suelo!

Una de mis cejas se alzó ante su primera respuesta. No negaría que esa broma era algo esperable de él y me alegraba que no haya perdido el humor en un intento de madurar. ¡Oye! Ser un ente sin sentido del humor no era signo de madurar o no pero se entiende el hecho que quiero dar.

Conjeturé que el nombre de Eris correspondía al de la madre de su hijo y rápido fue acertada mi suposición cuando lo aclaró. Era una caja de sorpresas o yo estaba bastante enternecida,  gracias al embarazo, que me parecía que todos a mi alrededor se llenaban de bendiciones siendo su mundo de color de rosas. Hasta podría ponerme a llorar por la suerte de Ian. –Es inaudito pero te creo. Y con que estudio de tatuajes, podría pasarme un día a hacerme uno si me aseguras que no dibujarás el aparato reproductor masculino que tanto adoras usar. Claro, luego de que el bebé nazca.- sonreí mientras mis ojos buscaban mi vientre hinchado acariciándolo como por novena o décima vez. Podría ser poco tolerante con las confianzas que otros se otorgaban para tocarme pero mis manos no podían despegarse de mi cuerpo. –Pero es verdad lo irónico de nuestras vidas aunque si le preguntas a alguien seguro primero se ríe de nosotros para comentar que era lógico que terminásemos con hijos a temprana edad con lo que nos encanta follar.- admití sin perder las risas. Porque no diría en pasado el verbo "encantar" cuando hasta el día de hoy tengo mis necesidades queriendo ser saciadas.

Ignoré a las personas que se voltearon a vernos. Algo que aprendí cuando mi tripa creció y muchas mujeres con miradas juiciosas hablaban al pasar por su costado. De manera grosera e hipócrita.

-¿No lo recuerdas? Eric, Eric Kortajarena, el Slytherin que tiene unos años más que nosotros. Con el que medio Hogwarts me vio ligármelo y en otras circunstancias mucho más íntimas.- aclaré aunque mi explicación estaba muy verde. Salteándome la parte que era una de las personas que comenzó una pelea en pleno casino de Las Vegas porque no era el padre o que era mi vibrador humano, por ejemplo.- Si no ha venido es porque lo he bloqueado del móvil para que me deje respirar unos minutos, demasiado con Dante que me hace venir por tercera vez en esta semana a por un control. Antes de que lo preguntes, estoy bien de salud como el bebé pero creo que le entusiasma ver cómo crece aunque eso me hace preguntar ¿Qué haces aquí? ¿Está bien?- refiriéndome a Perseo. Lo último que faltaba: que me dijese que estaba enfermo y mis lágrimas darían la imagen desaliñada de una magdalena. Tan revueltas estaban mis hormonas que habré llorado en la semana porque Eric no llegaba con el kilo de helado que había pedido.
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Ian Howells el Jue Ene 17, 2019 2:41 am

Debía de ser muy incómodo enterarse de que estás embarazada de viaje, sin duda alguna. Y lo iba a repetir todo el rato: no era lo mismo ser un hombre y saber que una mujer iba a tener a tu hijo, a ser la mujer y saber que ibas a tener que sufrir en tus propias carnes todo el proceso. Por desgracias para el castaño no había estado con Eris desde que se enteró, pero por lo que le había contado ella también pasó por una etapa de absoluta negación. Y teniendo en cuenta que es de una familia purista y no estaba ni casada, Ian a veces pensaba que incluso Eris pudo llegar a pensar en no tenerlo sólo por las apariencias. Por suerte, la única de esa familia a la que le importan las apariencias es a Circe. No se podía decir mucho del gay de Apolo y el drogata de Odiseo.

—Bueno, si te pones a gritar en mi presencia ya te digo que diré que estás loca. No me preocuparé por ti y tu estado, así te sientes diferente y no tendrás ganas de abofetearme por la pesadez del ser humano —le respondió, dándose cuenta de que ahora mismo estaba bastante harta de sobre-atenciones.

Después de declararle que YA NO FOLLABA TANTO COMO ANTES por sorprendente que sonara, ella la creyó. ¡Milagro, alguien que cree de verdad que alguien como Ian Howells puede llegar a cambiar un poquito! Y es que era cierto, ahora mismo Ian terminaba tan cansado normalmente de trabajar y de tener a Perseo—los días que lo tenía—que era acostarse en la cama y ni ganas de auto-satisfacerse tenía. Y es que un niño te robaba todas las energías. Quizás, en los días que no tenía a Perseo sí sacaba ganas para quedar con alguna amiga cercana con la que compartir un poco de anti-estrés en forma de sexo, pero tampoco es que fuese algo continuo.

—¿Te cuento un secreto? —dijo, alzando sendas cejas. —Entre todos los tatuajes de mis dos brazos, hay un pene escondido. —Ahora mismo tenía un suéter, por lo que solo podía verse las muñecas tatuadas. —Perdí una apuesta y no me quedó otra que hacérmelo. Un Howells siempre paga sus deudas. —Y rió, pues evidentemente no se lo iba a mostrar. Nunca en la vida se lo había mostrado a nadie, pero sí que lo sabía mucha gente. Y era gracioso ver cómo de vez en cuando escrutaban sus tatuajes en busca del famoso pene. —Así que tranquila, que dibujar penes no está en mi lista de tatuajes favoritos. Así que cuando tengas a tu bebé, te espero por mi glamuroso estudio. —Luego sencillamente rió frente a su comentario. Y es que tenía razón: hasta el padre de Ian se lo había dicho: ‘Hijo, con lo desastre que eres, lo que me sorprende es que no me hayas dado tres nietos más.’ —Bueno qué les vamos a hacer, somos los típicos. ¿Sabes si será niña o niño ya, o prefieres que sea sorpresa? —preguntó, con curiosidad.

Eric Kortajarena. Pues claro que no se acordaba de ese tal Eric. Le pareció gracioso que matizase lo de que medio Hogwarts sabía la relación íntima entre ambos y es que directamente medio Hogwarts sabía la predisposición de Freya para intimar con cualquiera. Pero bueno, hacer especial al padre de tu hijo siempre es importante.

—No le ubico. —Pero era normal, Ian solo recordaba chicas, pues los chicos se la traían floja normalmente y su base de datos de ‘caras y nombres’ se llenaba solo con las de las mujeres, despreciando así a los hombres.

Le preguntó por Perseo, a lo que sonrió. Alzó ligeramente el dedo para que Freya prestase atención, para entonces mirar a su hijo.

—Persie —llamó su atención, recibiendo su mirada ilusionada. —¿Qué haces aquí?

—¡Médico! —dijo, señalando hacia un punto inconcluso, como si en algún lugar estuviese su médico.

—¿Y por qué estamos en el médico? Díselo a ella. —Señaló a Freya.

Perseo giró la cabeza y se llevó una de las manos a la barriga.

—Malito. —Se golpeó suavemente varias veces la barriguita. —Mucho popó y… y… duele aquí. —Y terminó acariciándose la barriga, mirando a su padre para ver si lo había hecho bien.

—¿Pero estás bien, verdad?

—Chi, estoy bien —dijo, sonriendo de nuevo, mostrando sus dientes a Freya.

Entonces Ian miró a su ex-compañera, encogiéndose de hombros.

—Es un niño muy positivo. Con tal de no dejar de jugar, no te va a admitir nunca que está malito —admitió divertido. —Es solo una intoxicación. O eso espero, porque como sea algo más, su madre viene como una histérica.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Freya Howll el Sáb Ene 26, 2019 8:05 am

Entonces, sin siquiera planearlo me encontraba con Ian Howells hablando de una manera civilizada sobre nuestros cambios de rutina gracias a nuestra irresponsabilidad. Uno con su pene que necesitaba estar sí o sí en un agujero y el otro, yo, que necesitaba no sentirse vacío por tanto tiempo. Aunque si analizas mis palabras, daba un poco de asco pensarlo.

Es exactamente en este instante en el que mi mente comienza a divagar en cada detalle de aquel día en el que me enteré. Cada uno de ellos que compusieron una anécdota que será contada dentro de unos meses a mi bebé intentándolo dormir. Me recorre un escalofrío pensarlo. ¿Quién diría que estaría embarazada con diecinueve años? Ciertamente, muchas personas que desconocían lo paranoica que era al cuidarme. Si algo no quería en esta vida, era un hijo. Me bastaba con ser quién se responsabilizaba de su hermana como si de una madre se tratase, más de allá no quería. Tampoco creo que mi sangre esté maldita por haber nacido bajo el manto del donador de esperma que no hizo más que arruinar nuestras vidas. Especialmente la de mi madre. Pero era mi elección no querer hijos y eso rondó por mi mente muchos días hasta tomar la decisión.

Y sí, no era solo mía. No era solo mi bebé. Ni mucho menos me había abandonado el padre de este para anular su opinión en la toma de decisiones. Cada noche me acostaba y rodaba por la cama hasta desaparecer la pregunta que me atormentaba. ¿Quería ser madre? No quería aceptarlo pero sí quería. ¿O cómo se explicaría que seguía tomando todos los controles que me exigía Dante? ¿Cómo era que seguía tomando vitaminas y prohibiendo de mi dieta aquello que le haría mal a su desarrollo? En un abrir de ojos, había aceptado serlo.

Me lo volvía a cuestionar cuando Eric o Dante me sometían a las preguntas diarias sobre cómo me encontraba o si necesitaba algo. A pesar de que me quejase de aquello, era un gesto bastante lindo. No dudaría que tuviesen un grupo de Whatsapp para ver quién recogió mayor información en el día. Sino no me explicaba el cómo no repetían en el día las preguntas y sabían el momento justo para traerme algún antojo aunque se lo haya mencionado al otro.

Le creía. Verdaderamente le creía. Porque los primeros meses no había querido siquiera intentarlo aunque mis hormonas, con el tiempo, pidieron que mi cuerpo tuviese un poco de atención. Agradecía a mi vibrador humano que se ofreciese. Reconocía que las embarazadas intentan intensificar su relación con quién es el padre del niño pero ¡Oye! Lo de Ryan fue una sola noche, ambos somos conscientes de ello.  Por otro lado, mi relación con Eric, no cambiaría. Vale, podría hacerlo cuando el bebé deje de estar en mi vientre pero sí en mis brazos. Sería bastante extraño tener que explicarle como él no era su padre aunque se divirtiese con su madre unas cuantas noches. Eso estaba fuera de discusión.

— ¿En serio Ian? ¿Un pene? —
negué con la cabeza entre risas. No era descabellado pero seguía sorprendiéndome. — Me deja tranquila que no me vayas a hacer uno, con eso me basta para ir hasta tu estudio. —Dije confiándole una sonrisa. —Que por cierto, deberías de pasarme la dirección, así puedo ser espectadora de tu arte. Hace bastante tiempo que quiero uno y no lo haré en el primer lugar que caiga, no seré estúpida. — certifiqué observándolo. Mi próximo comentario trajo aún más risas. Y es que no era extraño, pocos pondrían, si es que ninguno que nos conociese, las manos sobre el fuego diciendo que no tendríamos hijos hasta sentar cabeza. Negué por consiguiente. — No he querido preguntar porque están apostando entre todos para ver qué será y sus posibles nombres. Me es divertido el drama que se están montando, y es que en la última consulta me negué a que me dijesen.  Dante es bueno guardando el secreto siendo el único que sabe. — añadí. — ¿Tú sabías de antemano el sexo de Perseo? Sé que sabiendo es más cómodo elegir sus atuendos o para regalos, aunque tampoco quiero que si es niña todo sea de color rosa o, bueno, siendo niño sea de azul cada recoveco de la habitación. — era cierto lo que decía, sin embargo, me preocupaba la cuestión de la habitación. Había hablado con mis abuelos para que pudiese amueblar la mía para tener una especie de cuarto de juegos para el bebé pero tenía que elegir si volvería con ellos o mi departamento ser cambiado. Y esa era otra cuestión: Londres. Mi trabajo como modelo corría peligro y todos mis ingresos comenzarían a desaparecer. Y escapar por tanto tiempo, ocultando mi estado, no sé si resultaría como quería. Se suponía que yo sería la tía divertida, no la madre responsable. ¡Skadi sería la del futuro soñador!

No era de entrañar que Ian se olvidase de quién era Eric, a pesar de haber convivido en la misma sala común al ser de Slytherin. Si es que él recordaría la lista de mujeres antes que las de los hombres, de eso se tenía que estar seguro. Tampoco había dado suficientes pistas para refrescar una memoria, se sabía que Eric no era el único que había pasado por entre mis piernas. Algo que me avergonzaría admitir frente a mi hijo si es que preguntase en un tiempo. ¡Si estaba preocupada por ello! ¿En quién me había convertido en estos pocos meses? —Vale, no es necesario tampoco que lo ubiques. — reflexioné. —Aunque si agradezco su presencia en todo esto, si bien el padre de la criatura se hace responsable… nunca se puede negar la ayuda de un mejor amigo. —y sí que la necesitaba en varias ocasiones.

Sin embargo, no se me había pasado por alto que estábamos en un hospital esperando que nos atendiesen. ¿Qué hacía realmente Ian con Perseo? Mi atención se intensificó en el niño que comenzó a hablar.

Sin pensarlo demasiado, al sentir que me señalaban y su mirada se posaba en mí, le regalé una sonrisa. Lo último que quería era que no me tomase como alguien amigable, no pasaría mucho para que yo misma me pusiese sentimental y llorase mares. Lo repito, el embarazo me desestabilizaba de una manera que me odiaba.

— ¿Ella no sabe que están aquí hoy? — cuestioné alarmada. Si Ryan o Eric, o cualquiera, no me avisaba que mi niño o niña estaba en una sala de espera, en un hospital, los mataré. —Espero que se mejore y no sea nada…— hice un mohín al sentir el movimiento del bebé. Creí percibir hará unos días que quizás este pequeño frijol era un poquito más grande y quería darse a conocer. Al comienzo eran falsas alarmas, pero en cuanto me estresé sentí una patadita. Era nuestra manera de comunicarnos que nos teníamos el uno para el otro, o yo pensaba eso. —Creo que quería presentarse él también. — digo con un tono de voz cariñoso que si fuese la anterior Freya, me sorprendería. Mi vientre vuelve a ondularse y mis dedos, que recorren mi abdomen, distinguen el movimiento. —O ella. — agrego. —Hace poco descubrí esto, al comienzo es incómodo, aun más si es por sorpresa pero es rápido como me adapto a sentirlo. Es bastante maravilloso. —Sin contenerme, una lágrima recorre mi mejilla. —No puede ser que esté por llorar ¿Qué me pasa? — pregunto retóricamente sin perder la sonrisa. Admito que bebé en camino me está transformando y vivo algo que nunca pensé vivir.
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Ian Howells el Jue Ene 31, 2019 2:44 am

Habían personas que se tatuaban el pene y habían personas que se tatuaban un pene, ¿vale? Estaba claro que Ian Howells era de todo menos predecible y… bueno, eso era algo bueno, ¿no? Rió ante la reacción de Freya, pues cada vez que se lo decía a alguien la reacción solía ser muy divertida.

—Claro, te mandaré una carta con la dirección. En realidad no es un estudio público, sino privado. Al mudarme me cree un lugar en donde poder tatuar en mi propia casa. No es por alardear, pero me ha quedado bastante guay. —Sonrió con cierto orgullo. No orgullo altanero y altivo, sino orgullo de verdad, de ese que te llena la sonrisa por haber conseguido algo que querías. No estaba alardeando, simplemente informando. —Podemos quedar un día y hablar de todo lo que quieras para un tatuaje, en realidad. Ya cuando estés menos… —Miró su barriga, para ladear una sonrisa y añadir: —Gorda.

Entendía el motivo de su decisión por no saber el sexo del bebé, pero evidentemente no lo compartía. Por desgracia, Ian no había tenido ni voz ni voto en esa decisión pues Eris le había dicho que iba a ser padre cuando ya sabía el sexo del bebé, por lo que directamente se enteró de que iba a tener a un varón.

—Me enteré de que iba a ser padre cuando la madre ya lo sabía, así que la noticia me llegó con sexo del bebé incluido —le informó a Freya, encogiéndose de hombros. —Sí, a Eris le costó contármelo, pero normal, no la iba a culpar. De todas maneras, me hubiera gustado saber el sexo del bebé antes de tenerlo. Ya no por los regalos o por el color, eso es una tontería… sino más bien para hacerte a la idea. Ambas opciones hacen ilusión, pero no es lo mismo visualizarte con una niña que con un niño, no sé… es raro. La verdad es que esto de la paternidad es un mundo completamente diferente.

¿Quién le iba a decir al Ian de hace dos años que iba a estar hablando con Freya tan tranquilamente de sus hijos, como si no hubiese pasado nada? Díselo al Ian de antes, que sólo se metía con ella porque era divertido y no había conversación en la que no terminasen hablándose de mierdas o, peor, en la maldita cárcel por no tener culpa de nada. Si es que sin quererlo ni beberlo, tenían anécdotas divertidas juntos cuando ni siquiera habían sido muy amigos en ningún momento.

Cuando mencionó al ‘mejor amigo’, se sintió ligeramente identificado. La verdad es que ahora que tenía a Laith, sentía que las veces que quedaba con él se liberaba un poco de todo ese peso de la paternidad y era muy agradecido que él también se viese motivado con la idea de estar en compañía de un bebé. Sin embargo, seguía echando de menos a Stella. Creía que a esa leona le encantaría estar con Perseo.

—No, no lo sabe, pero no es nada grave —le respondió. —Cuando salga de consulta le avisaré de que todo está bien. No quiero preocuparla en el trabajo cuando puede no ser nada, ¿sabes?

Y entonces Ian notó un cambio en Freya. De hecho lo notó por cómo se llevaba la mano a la barriga, tocándosela con delicadeza. El chico entendió todo lo que estaba viendo y no pudo evitar sonreír. Recordaba la primera vez que Eris le había permitido tocar su barriga cuando Perseo daba patadas y… ¡tío, es que era una sensación inexplicable! Cualquiera que los viera parecían dos imbéciles ahí mirándose con amor a los pequeños, ¿pero qué iban a hacer? ¡Nadie podía comentar nada de todo esto hasta que lo viviese en sus propias carnes! A Ian se le habían caído las lágrimas dos veces durante el embarazo de Eris: en ese momento y cuando cogió a Perseo en el hospital, por primera vez, entre sus manos. Era bonito ver que un cafre como él era capaz de hacer algo tan bonito, ¿sabes?

Así que le sonrió.

—Claro que es maravilloso, ¡tienes vida en tu interior, tía! ¡Es tu hijo! —Le exclamó, motivado. —Lo raro es que no llores, ¿acaso no ves que está ahí avisándote de que dentro de poco estará aquí fuera? —Y ladeó una sonrisa. —No, en serio, es normal que llores. Recuerdo que Eris en menos de dos minutos, a apenas unas semanas de parir, me tiró un plato a la cabeza cabreada, luego lloró desconsoladamente y finalmente me convertí en su mejor amigo. Todo eso en dos minutos. Ahora mismo tienes las hormonas en otro mundo. —Y aquello era así y no tenía más que lidiar con ello. Había a quién le tocaba lidiar con las hormonas e intentar no matar a nadie, y luego el resto: los que lidian con las personas con las hormonas alteradas y evitan morir por platos asesinos. —¿Cuánto se supone que nacerá? Yo creo que te pega una chica. Yo tengo a un niño para evitar que sea tan cafre como yo; tú debes tener una niña para que no sea tan cafre como tú. —Se metió con ella, sin ningún tipo de malicia. Al final era sólo la realidad.
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Freya Howll el Sáb Feb 16, 2019 5:52 pm

Podría decir que este era el día más feliz de mi vida pero estaría mintiendo. Aunque, no era el peor. Este podía estar catalogado como uno de esos días decentes donde el pequeño frijol que habitaba mi vientre no era grosero con su madre. Sin vómitos, sin mareos, sin malestares en general. Podría agregar que tampoco estaban las hormonas furiosas jodiendo cada puto segundo de mi vida como si ese fuese su real objetivo vital. Y esas palabras tan poco bonitas deberían desaparecer de mi vocabulario, como otras tantas, para no pegarle la manía a mi bebé. Mi bebé. Seguía asombrándome.

En tal caso, felicidades por el logro Ian. — negué con la cabeza con una pequeña alegría brotando de mis labios. — Es increíble que esté aquí  felicitándote por algo, sea lo que sea. —  expresé siendo  esto algo de no ocurrir unos años atrás. ¡Perdón pero esto es de no creer! Y lo mencionaré todas las veces necesarias hasta que lo contemple como la realidad. — Tomo la sugerencia. Tengo varias ideas pero estoy decidida con respecto a una de ellas. Temo que no soy tan buena en el dibujo o en eso de ser creativa, así que confiaré que el boceto que hagas será espectacular cuando te la cuente. —  Mi brazo instantáneamente se levantó mientras mi mano se cerraba en un puño dejándose caer con poca amabilidad –sin llegar a ser agresiva- en su cuerpo. Sin dañar, ni desestabilizar porque había un niño en su regazo.   —Te salva tener un hijo o no vivirías para repetirlo. — bromeé sonriendo.

¡Sonriendo al lado de Ian Howells! El imbécil que no paraba de fastidiarme y que en algún momento deseé tenerlo entre las piernas. Qué tiempos vacíos de bebés y problemas de adultos.

En muchas ocasiones, planté la idea de ser una persona sin sentimientos. Indiferente y fría, seca de empatía y poco comprensiva. No negaré que permití que se divulgara tal imagen pero, a la hora de poner las cartas en la mesa, podía ser mucho más amigable que cualquier piedra con la que tropieces en el camino. Ser una oreja para quejas o un abrazo para recomponer el ánimo. No ocurría con cualquiera, vamos,  pero era posible. No podía evitar sentir un pinchazo de disgusto, si bien me había enterado en pleno viaje sobre mi estado no dudé en contárselo al padre –después de descartar que Eric no había sido el descuidado dejando su semilla en mí-. Mi mente no estaba clara con el futuro de mi embarazo pero era consciente de que él debía saberlo, tenía el derecho desde mi punto de vista. Seguramente había sido algo difícil de digerir pero necesario. — Es broma, no deliro por no saber de qué color pintaremos la habitación del bebé o si un varoncito tendría vestidos rosados con volados. Son tonterías. —  suspiré mientras mi mirada se entornaba hacia uno de los umbrales donde nos podían llamar para ser tratados por un sanador especializado en pediatría. —Al día de hoy, todavía concibo el pensamiento de querer estar en cualquier otra parte. Posando para alguna campaña de lencería con mi vientre plano o saliendo a beber en una noche de discoteca levantando tiendas de campaña a mí alrededor. — mis dedos sobaron la cima de mi estómago, leves caricias. —Nunca me visualicé siendo madre, era puntual con el horario de mi método anticonceptivo y nunca permití que alguien me metiese su amiguito sin condón. — expliqué. — Una noche donde todos los errores ocurren y… — imité el ruido de una explosión de manera melodiosa sin atraer tantas miradas entrometidas. — comienzo a vomitar por todos lados, me siento cansada y descubro que tengo una vida dentro. La cual en unos meses será expulsada, con mucho dolor de mi parte,  para gritar a todo pulmón que viene a conocer a todos y que preparen su paciencia ante tanto llanto. — mis ojos se humedecieron  pero no me permití llorar, no ahora. —Pero, heme aquí asumiendo lo ocurrido e intentando no ser un posible  desastre como madre. — con unos segundos de silencio, me aventuré. — La verdad de no querer conocer el sexo del bebé es que lo hará mucho más real. No estoy diciendo que no, quedando como una total loca que debería estar internada, solo es duro. — Esta fase de negación estaría yendo demasiado lejos pero era mi miedo. —Aunque quién dice que no vaya a tener un arranque de valentía y lo pregunte hoy.  Sin dejar de lado que espero sea cierto todo eso del instinto maternal resurgiendo cuando lo tenga en mis brazos. — ironicé ignorando como mi voz se vio afectada por la confidencia. Y esto último, se debía a que me veía reflejada en Ian. No éramos tan diferentes, al fin y al cabo. Menos ahora.

Claro, se vería aún más afectada interrumpiéndola en el trabajo. — concordé con él apagando la alarma en mi mente por el desconocimiento de la madre sobre el malestar del niño.  

Una patadita –realmente vaya uno a saber con qué parte del cuerpito- contra el vientre lo onduló llamando mi atención. Rueda por mi mejilla más de una lágrima. — No sé si es tan normal que llore cada vez que ocurre. ¡Debería poder controlar la emoción! — mencioné mordiendo mis labios después de que las palabras salgan por estos. Limpié la humedad con los dedos con la alegría plasmada en mi rostro. —Hubiese pagado para presenciar cómo casi el mundo se salva de no tenerte pisándolo. — Podría sorprenderme de que tuviésemos una conversación civilizada pero tampoco desaprovecharía el momento de meterme con él, no me quedaría atrás. —Entiendo a Eris, no quiero contar la cantidad de emociones que me provocan estas hormonas, una llega a odiarlas. — ¿Cómo no hacerlo? Si hasta Eric, quién ha estado a mi lado estas últimas semanas, ha querido buscar el botón que las apagase. No lo culpaba había estado saltando de manera erótica sobre él para terminar llorando porque de cena no había comido tallarines. Todo muy normal.

Me tomé  unos segundos para contabilizar mentalmente cuanto me faltaba para dar a luz a mi frijol. — Según los cálculos, comienzos de febrero debería estar dando la bienvenida a un bebé. — respondí. —Tendría su gracia que fuese niña. De serlo, le enseñaría a desconfiar de las bebidas en las discotecas y que siempre para la fiesta se necesita gorrito. — asqueada por la idea, mi cabeza se movió al compás de una negación. — Me haré creyente de cualquier religión con tal de que mi hija no imite mis pasos. Si quieres pediré por Perseo, además, para que no sea un imbécil en celo como su padre. —  me sobresalté ante el sonido de una voz masculina llamando por el apellido a una mujer embarazada con un niño de unos cuatro años aproximadamente, que lo siguieron para su consulta. — Entonces, sigues siendo un alma libre pero con unas grandes responsabilidades sobre tu espalda. ¿Cómo logras no morir en el intento de ser un buen padre? — pregunté para introducir tema. — ¿Cómo lo hacen con Eris? ¿Se turnan días a la semana o una semana cada uno? Porque si les resulta, en serio, los imitaré.

Al cabo de unos minutos, un sanador agitado que parecía haber corrido en un maratón salió nombrando mi nombre con cierta calidez en su tono. Dante, con esa mirada de admiración hacia mí. A veces se podían poner más tontos de lo que eran, no dudaba que quisiese tocar mi vientre más sabiendo que había comenzado a tener los primeros movimientos.

Bueno, este es mi turno de retirarme. — me dirigí a Ian, mientras, con ayuda del respaldo del asiento, me levantaba para poder caminar hasta el cubículo donde se controlaría mi estado. —Adiós Persie, espero que te mejores y hagas enojar mucho a tu papi. — inclinando un poco mi cuerpo pero sin perder la estabilidad, toqué delicadamente su nariz con las esperanzas de que se viese así de encantador mi futuro hijo provocaban que quisiese conocer el sexo para darme la idea. — Tienes un hijo precioso, de verdad. —  Mi nombre volvió a sonar, esta vez con mayor insistencia. — Vale, vale, ya voy. — exclamé hacia mi amigo, el insistente. — Hasta luego, Ian. — dejé que mis labios se curvaran en una sonrisa con la compañía de mi mano moviendose en plan despedida.  

Sin embargo, en unos días, sería borrada completamente.
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Ian Howells el Miér Feb 20, 2019 2:39 am

No era fácil ser padre, mucho menos ser padre tan joven, por lo que Ian entendía a la perfección las palabras de Freya hacia él, en donde declaraba que ni ella misma se entendía por las hormonas o todas las dudas que empezaban a sugirle de repente a estas alturas del embarazo. Ian nunca había sido mujer—gracias a Merlín—ni mucho menos había parido, pero creía estar al menos informado de todo lo que era vivirlo desde un segundo plano muy cerquita, pues no se había separado de Eris en aquella época, ofreciéndole todo lo que tenía. Quizás fuese un chico terrible para muchas cosas, pero al menos creía haber cumplido muy bien como padre, además de acompañante frente a la madre de su hijo.

—Bueno, creo que coincidimos en que ninguno de los dos quiere que su hijo salga tan desastre como él —dijo divertido ante su comentario. —Tú tranquila, que yo a Persie ya sé que decirle para que nunca trate a las mujeres como yo hacía. Lo he estado pensando largo y tendido, porque como salga igual que a mí, a los cuarenta seré abuelo y no sé si estaré preparado. —Rió entonces.

Y entonces le preguntó por cómo ‘lo hacían’ Eris y él para turnarse a Perseo y tener una buena vida en compañía de su hijo. La verdad es que era curioso, pero Eris e Ian estaban muy unidos y solían compartir muchos momentos de calidad como madre y padre, unidos, junto a Perseo. Sin embargo, los dos eran conscientes de que cada uno tenía su vida pese a la gran relación que mantenían, por lo que la gran mayoría del tiempo era separado. Y era fascinante lo mucho que Eris había cedido a Ian y lo mucho que confiaba en él como para realmente despreocuparse de Persie, sabiendo que con Ian estaría bien.

—Pues lo fliparías, ¡pero se puede no morir en el intento de ser un buen padre! Y si yo puedo, todo el mundo puede. —No quería quitarse méritos, que se lo había currado MUCHÍSIMO, pero era una realidad. Quien quiere, puede y eso siempre es así. —Y con Eris super genial, la verdad. Para la historia que teníamos… y lo recelosa que estuvo al principio, la verdad es que hemos conectado muy bien como padres y nunca nos peleamos por Perseo pues misteriosamente los dos somos muy generosos. Sobre todo ella, pues claramente el que aquí sale ganando soy yo. —Sonrió, encogiéndose de hombros un poquito. —Lo que hacemos es turnarnos los días de la semana. Ella suele tener cuatro días y yo tres. A lo mejor ella de domingo a miércoles y yo de jueves a sábado, así ambos podemos aprovechar el fin de semana. Y si no, pues pasamos el fin de semana juntos. —Le explicó, contento. —La verdad es que yo creo que el truco es llevarte bien con la otra parte, sino eso es un lío… y todo el mundo va a querer siempre tirar para su propio beneficio. Y con un niño de por medio es importante que el único beneficiado sea él.

Ella fue la primera en ser llamada, lo cual le pareció terriblemente feo porque Ian llevaba más tiempo esperando. Sin embargo, no el mismo médico el que se encargaba de las embarazadas que el que se encargaba de la pediatría. Debería de haberse dejado de tonterías y llevar al niño con Laith: así se ahorraba esperar y se tomaba una cerveza. Pero bueno, Eris había insistido en que a San Mungo siempre y él, como buen padre, tenía que obedecer a la madre. Eso era así.

—Gracias —le agradeció. —Mucha suerte con todo, Freya. Nos vemos.


Universidad Mágica, Academia de Desmemorizadores — 12:30 horas — 12 de febrero 2019 — Atuendo

Y te preguntarás que qué cojones hacía Ian ahí, si no pintaba nada en la academia de desmemorizadores, pero al parecer ahí estaba la biblioteca favorita de su hermanita y él, como siempre, hacía de recadero. Había quedado con ella para que le devolviese una cosa que necesitaba, por lo que tuvo que ir a ese sitio, al que nunca antes había ido, sólo para esa tontería porque la friki de su hermana no quería perder ni una milésima de segundo en estudiar porque en un par de días tenía unas pruebas importantes.

CACA. Eso era lo que era, una caca.

Pero bueno, Ian se lo tomó con filosofía porque ese día por la mañana tampoco tenía mucho que hacer. Era una pena no tener a Persie para aprovechar ese día tan poco emocionante, pero había decidido irse a alguna cafetería, sacar la libreta que tenía en donde había comenzado a bocetar y dibujar un poco. Le apetecía dibujar realista y copiar lo que veía con sus propios ojos, ya que era algo que se le daba pésimo, pero sobre todo quería empezar a controlar mejor las perspectivas, pues eso era algo que se llevaba mucho en los tatuajes.

Mientras caminaba por los pasillos para irse ya de ese lugar recóndito, vio por el pasillo a Freya caminando. Y se sorprendió, pues ni recordaba que Freya cursase esa carrera. Sin embargo, al verla de lejos le vino a la cabeza el recuerdo de ella misma diciéndole que saldría de cuentas en febrero y… ¡estaba flaca! Así que se adelantó hacia ella, movido por la ilusión más evidente.

—¡Hey! —Llamó su atención, zarandeando una de sus manos. —Cuánto tiempo, te veo algo diferente... —Y miró con doble intención su barriga, sonriente, de manera totalmente inocente y para meter el tema del que quería preguntarle: su hijo.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Freya Howll el Miér Feb 20, 2019 4:50 am

Universidad Mágica, Academia de Desmemorizadores — 12:27 horas — 12 de febrero 2019 — Atuendo

Era una puta mierda, todo era una absoluta y jodida mierda.

Cuando desperté supe que debía quedarme en cama, cubierta por sábanas y una excelente calefacción que no congelaba mis dedos mirando algún programa muggle de chimentos. Sin embargo, desistí a la idea. Dentro de unas cuantas horas, en ese entonces,  entraba a clases y no podía perder el promedio, mucho menos si deseaba conservar mi puesto de becaria en el Ministerio. Una oportunidad que no dejaría ir, mientras pudiese evitarlo. Claro.

El frío que se colaba entre mis prendas no era el culpable de mi mal humor. Era Eric. Siempre lo era.

Los mensajes habían detonado en mí la ira por desear tan solo un minuto de silencio. Pero no acababa ahí. ¡Ahora eran puras llamadas perdidas! Eric no se detenía, estaba a instantes de ir hasta donde mierda se encontrase para callarlo un poco y dejase de tocarme las pelotas. ¡Y no tenía ni una puta pelota! Parecía que hoy era el día de molestemos a Freya con cualquier cosa. ¿Respira? Listo, hay que joderla con que debe vivir la grandiosa vida de mierda. ¿Está comiendo? Hagamos un escándalo por su alimentación, que está demasiado delgada para nuestro gusto y que hasta le compramos la tienda entera de ser necesario. ¿Habla con ese chico? ¡Por supuesto! Alabemos de manera exagerada que está socializando y no se hunde en un puto hoyo negro, profundo.

¿Cómo mierda siquiera se daba cuenta de todo aquello? Fácil. ¡Se había hecho puto amigo de un compañero de clases! ¿No debería ser ilegal acaso? No podía ir al baño que hasta este le contaba. Agradecía, aunque no debería, que no se metiese conmigo hasta en el mismo cubículo para ver como mis necesidades eran satisfechas.

No era mentira que mi salud podría estar en el infierno. Aunque no deliraría como mi amigo lo hacía. No. Las manchas purpuras que se formaban por debajo de mis ojos no eran fáciles de ocultar con el corrector de ojeras, lo intentaba y resultaba por ahora. Pero, ¿Cuánto más? Mis noches estaban repletas de pesadillas si es que no coincidían los astros, Jesucristo, Merlín y unas cuantas otras deidades –la que conozca y quiera tener presente- para darme una de ellas en absoluto silencio.  

Mira Eric, seré todo lo amable que puedo en este momento porque al fin y al cabo tengo un poco de cariño hacia tu persona. — un suspiro huye de entre mis labios intentando juntar toda la paciencia posible. — ¿Por qué cojones estás acosándome? ¿Cuántas veces debo decir que estoy bien y no muriendo desangrada? No sé si solo eres un gilipollas conmigo o con todo el mundo. Eso explicaría como los ligues no te duran más que una noche. — exclamo con un bufido bastante audible para él.

Los murmullos detrás de la línea no salieron de un oído al otro. Frunzo el ceño, dos voces más según lo poco que llegaba a escuchar. Cuando quería podía ser un traidor, como cuando se jugaba Uno entre todos, pero hoy parecía querer morir como un mártir –o no sabía cuál sería la muerte más dolorosa-. El silencio lo había dicho todo. Las suposiciones vinieron a mí en un segundo. Lo más probable es que Monika y Claryssa estuviesen acompañando a mi gran amigo. No tardo en comprender como los mensajes eran demasiados risueños o  bastante salidos de tono.

Dejen de fastidiarme, solo harán que me enoje y termine descargándome en ustedes. — el celular pegado a mi oreja mientras camino con paso apresurado. No había un porqué de esto. Llego a oír un breve comentario: “Al menos se descargará…” —Han pasado meses. Estoy bien, en serio.— digo finalmente y, con hastío,  corto la llamada. Guardando el aparato en el  bolsillo delantero de los vaqueros puesto, frotando con los dedos mi sien.

Habíamos concordado con Gwendoline de hoy no asistir al Ministerio. Y por mucho que desease volver a la cama, debo terminar de leer unos cuantos textos que tendría que retirar de la biblioteca. Una lectura ligera, dirían.

¿Qué?

Ian. — respondo con cierto recelo. Desde el último encuentro no me había comunicado con este, tampoco es que fuésemos amigos de toda la vida y nos hubiésemos pasado el número de whatsapp. Tampoco tenía en consideración las cartas que me llegaron desde hace meses, técnicamente Skadi pasaba todo su tiempo en casa y ayudaba con ello. Pero a lo que nos incumbe, ruego en mi fuero interno que no haga mención alguna de la última conversación.

Instantáneamente me bloqueo. Mi mirada se pierde e intento inventar una excusa convincente para negarme a contestar y pasar de él. —Tengo asuntos más importantes. — con un tono gélido empiezo a caminar hacia la biblioteca. Mis pasos comienzan a hacerse lentos y muerdo mi labio. Un pequeño pero significativo flashback es traído al presente. Los dos en San Mungo, hablando de nuestro futuro con hijos. Mi mano sobre mi barriga abultada mientras una pequeña intenta mostrar que escucha todo. Porque sí, ese día me había atrevido a preguntarle a Dante qué tendría.

Llevo mi mano envuelta en un puño a mi boca. Gimo y me detengo en pleno pasillo ignorando las miradas curiosas. Sigue doliendo. Seguirá siempre doliendo pasen los meses que pasen.


OFF: Te robé el pequeño code para poner el atuendo. ¡Disculpa!
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Ian Howells el Miér Feb 27, 2019 2:54 am

¿'Tengo asuntos más importantes'? ¿¡Que tiene asuntos más importantes!? ¿Qué va a tener más importantes que hablar con Ian Joseph Howells, eh? ¡Nada! La verdad es que esa manera de tratarlo del dolió profundo en el corazón, ya que siempre se habían tratado bien con piques o bien, la última vez en San Mungo, con unas formas mucho más adultas. Pero claro, esa manera tan fría y cargada de indiferencia... pues no, no le gustaba. ¿De verdad le parecía una manera de tratar a otra persona?

—Pero bueno tía, ¿de qué vas? —Le preguntó directamente, con claro tono de mala hostia. Como es evidente, no le gustaba que le tratasen así. Era un ser con sentimientos.

De repente vio como sus pasos, que parecían decididos a irse a saber a dónde y pasar del culo de Ian, se fueron parando en mitad de aquel pasillo. Las miradas que venían en dirección contraria la miraron con curiosidad, cierta pena e inclusos algunos con el típico cotilleo de 'mira esa está llorando' y claro, Ian era experto en ese tipo de situaciones, sobre todo por ser el que dice el cotilleo y se ríe de las personas. Sin embargo, en ese momento supo ver la diferencia y lo peor de todo es que empatizó con ella: tener un bebé era terriblemente estresante y podía estar pasándolo mal con su hijo teniendo en cuenta que estaba intentando conservar su vida universitaria y todo.

Así que después de mirar mal a unos tipos que cuchichearon y empujarlos hacia un lado para echarlos, llegó hasta Freya, quien tenía un rostro que probablemente Ian no hubiese visto nunca. Como ya he dicho antes, Freya e Ian solo habían intercambiado momentos de piques, por lo que ver las 'debilidades' del otro era totalmente nuevo. Así que le cogió totalmente desprevenido, pero como ya no era un imbécil estúpido de dieciséis años, su rostro se mostró realmente interesado en lo que le pasaba, sobre todo porque debía de haber sido importante como para tratarle peor que uno trata a la mierda.

—Tía, ¿estás bien? —preguntó, a su manera, preocupado. Había posado una de sus manos en su hombro, con suavidad, mientras que su mirada intentaba buscar sus ojos. —¿A quién tengo que partirle las piernas, eh? —preguntó entonces, esbozando una sonrisa, creyendo que su malestar se debía a un hombre.

¡Já! ¡Qué iluso! Como si a Freya le importasen tanto los hombres, ¿verdad? Normalmente era ella quién dejaba a los hombres mal teniendo en cuenta su carácter y sus prioridades. Pero claro, Ian no quería ni imaginarse la remota posibilidad de que su excompañera de Hogwarts hubiese perdido la grandiosa oportunidad de ser madre. Y a decir verdad, era tan reacio a pensar esa opción, que no le pasó ni por la cabeza. Y es que ahora mismo no se podía hacer una idea de lo fatal que podía estar pasándolo Freya después de haber estado meses con un hijo en la barriga y que tuviese que vivir con el peso de haberlo perdido. Joder, es que debía de ser horrible.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Freya Howll el Dom Mar 03, 2019 8:02 pm

Si Eric estuviese presente en la misma habitación lo mutilaría, le cortaría las pelotas, exprimiría un limón en sus ojos para condimentarlos con sal, pagaría para que trajesen lobos para comérselo, le quitaría cada uña de a poco mientras hecho pimienta en su nariz.  Y no me importarían sus lloriqueos, ninguno. Era un grano gigante y  horrible lleno de pus en mi trasero. No se detenía, ante mis negativas, con las llamadas y mucho menos con los mensajes. ¡Deseaba que nunca hubiese conocido Whatsapp! Que le costase un ojo en la cara cada mensaje por desperdiciar dinero de sobremanera. Debía pedirle a alguien que estropease su móvil o finja un robo para así tener al menos unos días tranquilidad.

Esta semana había sido un infierno, el mismísimo demonio había llamado a mi puerta para incluirme entre sus tropas. Era todo una metáfora, claro. Los malditos  recuerdos me mantenían en vela y las manchas moradas eran imposibles de tratar, todos esos consejos de maquillaje aprendidos en el modelaje no servían. Ya no prestaba atención a ciertos comentarios como tampoco evitaba caer en esos lapsus de tiempo, esos  donde quedas con la mirada fija en un objeto mientras tu mente divaga entre pensamientos. Cuando no ocurría todo lo nombrado –y más–, podía vivir medianamente bien. El trabajo, por otra parte, era un gran método de evasión. Un modo de distraerme y abstraerme en otros asuntos que no tenían ninguna relación con el hecho de que ya no tenía esa redondez a la cual había querido en el corto tiempo.

El reencuentro con Ian no había sido el dibujado por una adolescente fanática del amor y  como este puede cambiar a una persona, ni la loca que intenta shipear a dos extraños porque le parece una bonita pareja. No. Esto no era una historia muggle. Mucho menos un drama romántico.

Mi hostilidad salió despedida como si se tratase del veneno de una serpiente. Tenía miedo, sentía como mi cuerpo comenzaba a temblar. Quería gritar, quería reclamar una injusticia oculta para muchos. Si me apresuraba, podría salir del aprieto. Hago oídos sordos ante su cuestionamiento.

Si Ian se había intentado contactarme, no lo sabría. Skadi seguramente sí. Mis abuelos la mantenían bajo su cuidado, la noche de explicaciones había sido corta por mi condición de salud pero no podía aletargarla mucho más. Debían saberlo. Asumía que mi silencio no había contribuido nada positivo pero tampoco lo hubiese hecho la verdad. Confiando en ellos confesé que estaba ligada a los mortífagos contra mi voluntad, no exigieron mucho más. Intuía que mi actual yo era culpable de que todos pensasen qué hacer antes de actuar.

Retomando el fugaz tropezón con Ian. La relación de ambos había progresado pero poco importaba si quería preservar mi estabilidad. En este momento, yo era mi prioridad hasta que llegase a ser destruida, nuevamente. Hasta esperaba que llegase ese día más temprano de lo que otros pensarían. Mis piernas me traicionaron como la angustia que colonizaba todo a su paso. No escuchaba más que las palabras de Dante sobre el sexo del bebé, los latidos del ultrasonido, mi risa ante el descubrimiento. Volviendo a esa burbuja que me desarma por completo.

Las miradas hostiles y prejuiciosas abundaron a mí alrededor, no era consciente de estas ni de sus cuchicheos. Tampoco de aquellas que intentaban acercarse con preocupación evidente en su tono de voz. No podía salir, trastabillaba en el borde del hoyo oscuro y no estaba cerca de casa como para dejarme caer en la oscuridad.

Me estremecí ante su contacto, alzando la cabeza contemplé el extraño no tan extraño. Mordía con fuerza mi labio inferior permitiendo que mis orbes siguiesen  humedecidos. Varias personas se encaminaron a su destino, otros seguían curiosos. —Al hijo de puta de mi progenitor. — respondí seca en un tenue murmullo. Los golpes en mi vientre, la histeria corriendo por mis venas, los gritos desgarradores, los gimoteos, la estupefacción de Skadi, la risa asquerosa que salía entre sus dientes por ser causante de mi desgracia, todo volvió a mí. Una cachetada hubiese dolido menos.

Por favor, sácame de aquí. —  rogué. Sí, rogué a Ian Howells.
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Ian Howells el Miér Mar 06, 2019 1:15 am

Era evidente que teniendo en cuenta la poca relación que habían tenido Freya e Ian durante todo este tiempo, que él no tuviera ni idea de lo que era su padre para ella. No sabía que era un hijo de puta, ni mucho menos lo que había hecho en el pasado, cuando Freya no era más que una niña. Como es evidente, tampoco se esperaba lo que había hecho hace poco. Y es que Ian no tenía ese concepto—ni se esperaba, en absoluto—de padre, por lo que en ese momento no entendía cómo es que 'su progenitor' podía ser el motivo de que pareciese tan mal. Una cosa estaba clara y es que Ian no sabía apenas nada de Freya, pero sí lo suficiente como para notar que estaba mal, muy mal. Y si al principio lo pudo pensar, cuando le pidió casi suplicando que la sacase de ahí, no le cupo la menor duda.

¿Freya hablándole así a Ian, en qué mundo? Así que ablandando el corazón del castaño que, desde su hijo, se había vuelto más gelatinoso que nunca, enlazó su mano a su antebrazo, para empezar a caminar con ella. Por el camino vio a más de uno y una mirando hacia allí con curiosidad, ese cotilleo que no puedes evitar pasar por alto y hacer que tu mente divague en por qué una persona está tan mal en un sitio público. Ian no se cortó ni un pelo.

—Tú, métete en tus asuntos, pedazo subnormal —le dijo a un chico, para entonces fijarse en un par de chicas que miraban disimuladamente, cuchicheando entre ellas en voz baja. —Vosotras dos, ¿os doy una leche o qué?

Y siguió de largo, hasta llegar al baño de la universidad, el de hombres. Podría haberse metido en el de chicas, pero estaba segurísimo de que los hombres no se quejarían si ven a una chica en su baño, mientras que las mujeres montarían una huelga nacional por ese despropósito. Por suerte para ambos, en el baño de chicos no había nadie y había sido recién limpiado, pues olía super bien. Podía parecer un detalle de mierda, pero era muy importante y sorprendente que el baño de los chicos oliesen bien.

Así que una vez dentro, soltó a Freya, puso ambas manos sobre sus hombros y la miró directamente a los ojos, con seriedad.

—¿Necesitas algo? —le preguntó directamente.

No iba a evidenciar que estaba mal, ni tampoco a preguntarle qué le había pasado. Entendía que preguntarle eso requeriría por su parte el tener que contarlo y, tal y como estaba, dudaba mucho que eso fuese lo que quería o que él fuese el receptor que ella desease: recordemos que tampoco es que fuesen muy buenos amigos. Así que optó por preguntarle si necesitaba algo, porque fuese lo que fuese lo que necesitase, ahí él podía ofrecérselo. Un oído que la escuchase, unos brazos que la abrazasen, un hombro al que pegar, un idiota al que insultar, ¿qué más daba? Lo que quisiera. Nunca se le habían dado bien las chicas tristes, mucho menos las chicas tristes que no están tristes por culpa de él, pues esa incertidumbre y el no saber qué hacer, le ponían bastante nervioso.
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