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Christmas Party at Edevane Manor. —Josh, Gwen, Amalthea & Ayax.

Ayax Edevane el Jue Dic 06, 2018 4:16 am


Gráfico hecho por Güendolín — Mansión Edevane — 24 de diciembre del 2018, 19:36 horas —  Atuendo de Ayax Edevane

Para Joshua Eckhart:

Joshua Eckhart


Estimada familia Edevane,
me complace informaros de que este 24 de diciembre del 2018 yo, Rabrours Edevane, cabeza de la familia y propietario de la Mansión que un día nos legó Caulugus Edevane, quiero organizar la famosa cena navideña en donde todos volvamos a sentarnos en el gran salón como la gran familia que somos, compartiendo esta festividad que si bien no es de mi agrado personal, es un motivo para afianzar lazos familiares.

Como todos los años, Sr. Eckhart, nos gustaría contar con su presencia. La unión de los Edevane y los Eckhart siempre ha sido un honor para nosotros y usted un Edevane más en nuestra familia. Confirme asistencia, así como si llevará invitado.

El día 24 de diciembre, en la Mansión Edevane, a las 19:30 horas. Se pide puntualidad.

Atte. Rabrours Edevane



©️
Para Gwendoline Edevane:

Gwendoline Edevane


Estimada familia Edevane,
me complace informaros de que este 24 de diciembre del 2018 yo, Rabrours Edevane, cabeza de la familia y propietario de la Mansión que un día nos legó Caulugus Edevane, quiero organizar la famosa cena navideña en donde todos volvamos a sentarnos en el gran salón como la gran familia que somos, compartiendo esta festividad que si bien no es de mi agrado personal, es un motivo para afianzar lazos familiares.

Srta. Edevane, ha sido usted invitada a compartir estas señaladas fechas con toda su familia. Quizás haya sido un error por nuestra parte no haber contado con usted en anteriores ocasiones, pero nunca es tarde para darse cuenta de que todos los miembros de la familia Edevane nunca decepcionan. Usted incluida. Será un placer para nosotros conocerla al fin.

El día 24 de diciembre, en la Mansión Edevane, a las 19:30 horas. Confirme asistencia, así como si llevará acompañante. Se pide rigurosa puntualidad.

Atte. Rabrours Edevane



©️

Era navidad y la familia Edevane, como cada año, se preparaba para la famosa cena navideña en la mansión principal de la familia, junto a sus abuelos y el resto de familiares. Como siempre, Maille estaba de los nervios pues, como buena ama de casa y amante de la cocina, le gustaba participar en la creación de la cena y no dejarlo todo en manos de los elfos domésticos. Nunca había sido muy fan de la cocina de los elfos y adoraba conquistar a sus suegros por el estómago. Dejando eso de lado, toda la preparación iba de fábula de mano de Bruno, Evangeline y Ayax.

Estaba deseoso de llegar ya y poder estar con su hermana mayor, la cual llevaba ya un año viviendo con el marido, así como de volver a ver a su primo Joshua, con el que siempre tenía tema de conversación. Algunas más profundos que otras, eso sí. Con respecto al resto, nunca había tenido una gran relación con sus primos Xerox y Serinda y lo cierto es que prefería que fuese así, pues siempre que había algún tipo de roce solía estar lleno de sarcasmo y hostilidad. Y Ayax lo entendía, por supuesto, era complicado que en una familia de gran poder adquisitivo y económico, de siete descendientes, sólo hubiera dos varones con el apellido Edevane. Dejando eso de lado, también había una nueva noticia, una muy importante. Era bastante concurrido el tema familia de ‘la mestiza de los Edevane’, la hija que el imbécil de Duncan tuvo con nada más ni nada menos que con una hija de muggles. Sin embargo, al parecer apoyaba abiertamente al nuevo gobierno y había conseguido grandes hazañas dentro del Ministerio de Magia, por lo que sería mentir el negar la curiosidad que Ayax había sentido por tremendo espécimen. Uno empezaba a pensar que hasta siendo mestizo, uno puede ser un gran mago si se apellida Edevane. Si no mira ahí a Xerox y Serinda, retrasados pero decentes sólo por su apellido.

Ayax ya se encontraba frente a la Red Flu principal, mirándose al espejo para colocar con perfección la manga de su camisa, así como el repeinado hacia atrás. Bruno estaba con él, mirando el reloj. Como siempre, Maille y Evangeline se retrasaban.

—¿No te pones corbata? —preguntó el padre.

—No tenía ninguna que combinase con el estampado de la camisa —respondió Ayax. —Además, me aprietan la nuez y me molesta.

Problemas de hombres, vamos. Lo último. Lo primero era claramente un problema de que Ayax no sabía combinar y punto, además de que él creía que las cosas raras solían ser tendencia en la moda y sólo se las ponía él. De ahí ese estampado en la camisa. Lo peor de todo es que asegurándote de lo rarito que es Ayax, hasta su vestimenta le viene ni que pintada con su personalidad.

19:43 horas

Los cuatro miembros de la familia Edevane se presentaron en la mansión Edevane a través de la Red Flu. Ayax había hablado con Amalthea para que asistiera junto a él a la cena de navidad y poder presentarla al resto de la familia, pero trabajaba hasta tarde y le cogía muy justa la hora de llegada, por lo que había quedado con él en que llegaría desde que pudiera.

Así que se dirigieron al patio exterior, en donde estaban todos bajo una grandísima carpa tomándose un tentempié acompañado de alguna copa de champán para hacer tiempo hasta la cena. Como siempre, la familia de Bruno y Maille Edevane eran los últimos en llegar. No era una sorpresa para nadie, de hecho era lo habitual, ¿por quiénes creíais que siempre ponían 'rigurosa puntualidad' en la maldita invitación? Exacto, por aquellos quiénes los ignoran.

Todos comenzaron a saludarse, pero Ayax se quedó rezagado, carraspeando y buscando con la mirada a su primo favorito. Todos los allí presente sabía que no podía faltar una cosa viniendo de Ayax, por muchos años que tuviese o muy maduro que éste fuese. Madurar era seguir haciendo las cosas infantiles teniendo en cuenta que siguen siéndolo. Y nada ocurría. Uno ya no sabía qué le gustaba más, si seguir llamando a su primo de esa manera tan estúpida o simplemente convertirse durante ese momento en el centro de atención y ver como todos lo miraban como si no tuviese remedio. Lo cierto es que no lo tenía.

—¡JOSHUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! —Gritó, sin poder evitar sonreír por el espectáculo que siempre daba y, automáticamente, agacharse para evitar la inminente chancla que iba directa a su cabeza de manos—o más bien pie—de Popheg Edevane, la abuela de Joshua.

PNJs que usaré durante el rol:
Abuelo — Rabrours Edevane || #993366
Abuela — Hera (Masbecth) Edevane || #cc6666
Padre — Bruno Edevane || #9999ff
Madre — Maille (Dunne) Edevane || #ff99ff
Hermana mayor — Angelica (Edevane) Makrlík  || #ff9999
Cuñado — Mysha Makrlík || #0099ff
Hermana menor — Evangeline Edevane || #ff66ff


—Click para baúl de Ayax - Ficha de los PNJs—
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Joshua Eckhart el Jue Dic 06, 2018 5:36 am

¿Era ya navidad? ¿A dónde había ido su año, que parecía haber desaparecido de un día para el otro? Había sido un año lleno de cambios desde la última navidad: se había graduado, independizado y había comenzado la universidad. Había cambiado su naturaleza, incluso y como persona estaba evolucionando y creciendo, madurando se atrevía a decir. Seguramente, de no haber sido por la carta de Rabrours, Joshua ni siquiera se acordaría que aquellas eran fechas familiares.

Bueno, mentía. Había decorado un poco su departamento con Denzel, pero eso no significaba mucho. Lo peor de todo, de lejos, era que hace apenas dos noches había tenido una luna llena muy dura. En su expresión se notaba la enfermedad, la palidez y las ojeras marcadas, un poco desastre se atrevía a decir. Tampoco dormía bien, llevaba semanas con pesadillas horribles, cada cual peor que la anterior. La conciencia lo carcomía.

Con pereza y sin gana alguna, abotonó su camisa blanca y se quedó sentado en la cama. — ¿Y si no voy? —le preguntó a Viskars, quien recostado a su costado ronroneaba dulcemente. — Puedo escribirles una carta diciendo que me he muerto o algo… —se dejó caer de espaldas, tallándose el rostro. Viskars maulló. — Sí, ya sé que mi padre me mataría, pero… Joder, es que realmente no quiero ir —no, el gato no había maullado eso, pero Joshua hablaba solo y le daba una voz imaginaria, para no sentirse tan loco. — Bueno, voy, saludo y de vuelta, ¿no?

Se incorporó en la cama y tomó la corbata, su traje era bastante simple, negro y blanco, un monocromo que esperaba disimulase un poco lo abatido que estaba. Rangi intentó atársela con sus manitas de palito, el pequeño bowtruckle, pero Joshua tuvo que tomarlo entre sus manos y devolverlo a su casa-maceta con su árbol para que lo dejase tranquilo atarse la corbata y ponerse el resto del atuendo. Se guardó la varita, tomó algunos de los regalos que tendría que dejar en aquella casa, y se desapareció con rumbo al evento.

19:25 horas
Vestimenta

Joshua había llegado muy puntualmente a la mansión Edevane, acomodándose por última vez la corbata antes de dirigirse a la entrada principal, donde su padre lo interrumpió antes de que pudiese siquiera tocar la puerta.

Joshua, mira nada más cómo vienes, ¿es que no puedes cuidarte solo? —se quejó Francis Eckhart con su hijo, cruzado de brazos y con una expresión severa. — Espero que te hayas tomado una poción antes de venir, no quiero que contagies a toda la familia —asumió que se trataba de alguna enfermedad o un resfriado, Joshua asintió con la cabeza. — No nos hagas quedar en ridículo como lo haces siempre —lo advirtió, alzando un índice amenazante en su dirección, haciendo que su hijo suspirase y volviese a asentir con la cabeza.

Lo tengo todo controlado —le dijo, muy seguro. — Si seguimos entreteniéndonos aquí, vamos a llegar tarde —miró la puerta de entrada, donde ya se escuchaba el rumor de algunos invitados. — ¿Entramos? —hizo un leve gesto en esa dirección.

Padre e hijo accedieron a la fiesta, donde Joshua saludó a los invitados más relevantes conforme se los encontraban hasta llegar al patio exterior, llegando a la carpa y tomando cada quien una copa de champán, aunque la mirada de Francis le dijo todo a su hijo con estrenada mayoría de edad. Y es que, no sólo era un inexperto, es que Joshua no era bueno bebiendo, y era mejor mantenerlo sobrio. Cumplió lo que le había dicho a su padre… en principio, porque en cuanto escuchó a su primo mayor gritar su nombre, fue un irrefrenable impulso.

Sacando su varita y dirigiéndola a su garganta con un hechizo potenciador, gritó: — ¡¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?! —le respondió con la fuerza que tenían sus pulmones. — ¡AAAYAAAAAAAAAAAAAAX! —lo llamó de vuelta, con una sonrisa en sus labios. Su padre respondió dándole tal colleja que casi le tira la copa. — No sé si lo siento —le contestó, aunque rápidamente se aproximó hacia su primo, antes de que su padre pudiese analizar el contenido de sus palabras. Al llegar a él, lo abrazó sin pensar.

Lo había echado de menos, tenía que ser honesto. Era con toda seguridad su primo más cercano, casi como un hermano para él, y también se había convertido en uno de los protagonistas de sus recurrentes pesadillas. Por ello, verle de carne y hueso le pareció reconfortante. No le interesaba demasiado ninguno de los otros primos de aquella reunión, ni siquiera la noticia de que otra de sus primas segundas iba a integrarse al evento familiar.

PNJs:

Padre: Francis Jr. Eckhart - #009900
Abuela: Popheg Edevane - #ffcc99
Abuelo: Francis Eckhart - #cccc99


Última edición por Joshua Eckhart el Sáb Dic 08, 2018 4:02 am, editado 1 vez
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Gwendoline Edevane el Jue Dic 06, 2018 11:17 pm

Sábado, 1 de diciembre, 2018
Por la mañana

Gwendoline se encontraba enfrascada en la apasionante tarea de la limpieza general de su pequeño apartamento cuando Elroy hizo su espectacular entrada: la lechuza voló a toda velocidad en dirección a la ventana cerrada, dándose un importante trompazo.

El fuerte sonido llamó la atención de la bruja, que abrió los ojos como platos y dejó caer el cepillo que sostenía en la mano derecha. Se puso rápidamente en pie—hasta ese momento, estaba arrodillada peleando con una mancha especialmente tenaz—y caminó a zancadas en dirección a la ventana, abriéndola. Elroy, mareada, entró y aterrizó sobre la mesa del salón. Se sacudió la cabeza, para acto seguido dejar caer la carta que llevaba en el pico.

—Elroy, te lo he dicho miles de veces: cuando veas la ventana cerrada, da un par de golpes con el pico para que te abra. ¿Es que no…?—Gwen no terminó su pregunta, pues la carta que había sobre la mesa no le gustó nada. Se apresuró a hacerse con su varita y conjuró rápidamente un hechizo insonorizador.

Justo a tiempo.

La carta, igual que en una suerte de papiroflexia u origami mágico, tomó la forma de una boca. Gwendoline ya sabía lo que era aquello, y por un momento, deseó ser sorda. Se tapó los oídos como pudo… y se desató el infierno del vociferador.



¡QUERIDA GWENDOLINE! ¡SOY TU PADRE!

TENIENDO EN CUENTA QUE NO RESPONDES A NINGUNA DE MIS CARTAS, ME VEO EN LA OBLIGACIÓN DE PONERME EN CONTACTO CONTIGO POR ESTE MEDIO. LO SIENTO.
SUPONGO QUE ESTE AÑO HABRÁS RECIBIDO LA INVITACIÓN A LA CENA DE NAVIDAD ANUAL DE LA FAMILIA EDEVANE. TUS ÚLTIMAS ACCIONES, EN FAVOR DEL NUEVO GOBIERNO Y DEL SEÑOR TENEBROSO, HAN LLAMADO LA ATENCIÓN DEL RESTO DE LA FAMILIA. ES UN GRAN HONOR, Y CREO QUE DEBERÍAS ASISTIR.
TE SUGIERO QUE RESPONDAS A LA INVITACIÓN CUANTO ANTES, PUES TU TÍO ABUELO RABORUS NO ES FAMOSO POR SU PACIENCIA.
TODA LA FAMILIA ESTARÁ ENCANTADA DE RECIBIRTE, DESPUÉS DE LO MUCHO QUE HAS HECHO POR LA CAUSA.

CON CARIÑO: TU PADRE.


Con cariño… Seguro, pensó Gwendoline, quien a pesar de haberse tapado los oídos, había escuchado absolutamente todo.

El vociferador se desintegró de inmediato, y Gwendoline lanzó un suspiro de pura resignación. No era la primera vez que su padre le escribía una carta con respecto a dicha reunión, pero sí la primera vez que recibía un vociferador al respecto. También había recibido otros vociferadores de su progenitor, pero hacía meses que no se interesaba tanto por comunicarse con ella. Era lo que tenía el haber seguido un régimen estricto y basado en ignorar a su padre.

No tenía ni la más mínima intención de acudir a la reunión, y como tal, tampoco tenía intención de responder a su padre. Así que, tras premiar a su lechuza por haberle entregado el correo, Gwendoline prosiguió a continuar con la limpieza de su apartamento. Un asunto mucho más importante que la dichosa familia Edevane y sus dichosos ideales puristas.


Miércoles, 12 de diciembre, 2018
Por la tarde

En esa ocasión, cuando Elroy se estampó contra la ventana de su salón—y probablemente perdió unas cuantas neuronas en el proceso—, la lechuza entregó a la bruja una carta que no pertenecía a su padre, pero sí a otro miembro de la familia. Un miembro al que Gwendoline sí tenía cariño: Astreia Edevane, su abuela.

Gwendoline dejó el teléfono móvil a un lado—estaba comentando con Sam por whatsapp el último episodio de una serie española que estaban viendo juntas, La casa de papel—y se puso a leer la carta en cuestión.


Querida Gwendoline:

Hace una eternidad que no hablamos, desde mucho antes de que las cosas cambiaran en nuestro gobierno, y debo decir que te echo de menos. Eres mi nieta y no puedo evitarlo.
Con motivo de la celebración de la cena de Navidad anual en la Mansión Edevane, había pensado que quizás volveríamos a reunirnos, tú y yo. Últimamente he oído cosas buenas de ti, y no podría estar más orgullosa.
Sí, y tu padre ya me ha informado de que no le has respondido, y supone que no asistirás. ¿Hay alguna posibilidad de que cambies de opinión? De verdad, me gustaría verte, pues esta vieja no vivirá eternamente. Me gustaría aprovechar el poco tiempo que me quede.

Con amor, tu abuela, Astreia Edevane.


Gwendoline hizo rodar los ojos, negando con la cabeza ante aquel intento de manipulación. Sabía que su padre tenía que estar detrás de todo aquello, y le parecía fatal. Y le parecía fatal única y exclusivamente porque si había alguien en toda la familia Edevane capaz de derretir su corazón, ese alguien era su abuela.

Suspiró, negando con la cabeza, arrojando la carta sobre la mesa.

—No pienso ir.—Dijo, tanto al aire como a su gato, Chess. El animal estaba sentado sobre la mesa, y olisqueó la carta con cierto interés. Elroy, a su lado, se rascaba el plumaje con su pico, ajeno a todo.


Lunes, 17 de diciembre, 2018
Al mediodía

Gwendoline regresaba del Ministerio de Magia caminando. Rara vez lo hacía, pero cuando el tiempo acompañaba, la bruja prefería disfrutar de los pequeños placeres de la vida muggle. Porque sí, el caminar era, para ella, todo un placer.

Llevaba el teléfono móvil en una mano—la derecha—y la otra sobre el bolso, que colgaba de su hombro. Como era habitual en ella, estaba mandando mensajes de whatsapp a Sam, y con cada respuesta de la rubia, la sonrisa de Gwen se hacía mucho más amplia y sincera. Y es que Samantha Lehmann era la única persona en el mundo capaz de hacerla sentir de esa manera. Era lo que tenía estar enamorada.

Llegó un punto de la conversación en que tuvo que escribir algo demasiado largo para su pequeño dedo pulgar, el único que utilizaba para teclear en el móvil, y directamente optó por enviar un mensaje de audio. Así que pulsó el icono del micrófono y se acercó el móvil a la boca. Comenzó a hablar, mientras miraba alrededor y seguía caminando.

—No, no, ya te lo dije: los cambios en la línea temporal tardan en ‘compactarse’ por así decirlo, así que pueden rectificarlo antes de que ocurra viajando a la época en cuestión. Sí, ya lo sé, es un poco complicado, y no tiene mucha lógica a veces, pero créeme que si vieras The Flash, estarías aún peor. Y me hago cargo de sus preocupaciones: te he prometido una relación bollo, y habrá relación bollo. Espera a que conozcas a… ¡MI ABUELA!—Gwendoline soltó repentinamente el icono del micro y se detuvo en seco en medio de la calle, frente al portal de su edificio.

Y es que… ¿alguna vez habéis visto ante vuestra puesta a alguien que está totalmente fuera de lugar? Si sois magos, seguro: estaréis cansados de ver a otros magos intentando mezclarse con los muggles, llamando la atención aún a pesar de creer que están haciendo el papel de sus vidas. Y sí, en aquel momento, en efecto, la persona fuera de lugar era su abuela, la mismísima Astreia Edevane.

La mujer se volvió para mirar a su nieta, y fue un momento extrañamente incómodo: ambas brujas llevaban sin verse demasiado tiempo, y tampoco es que Gwendoline supiera qué decir. Su abuela, en cambio, sonreía de manera cálida.

—Mi pequeña Gwendoline. Has crecido mucho desde la última vez que nos vimos. Ven, abraza a esta vieja, ¿quieres?—Y, efectivamente, la mujer abrazó a su nieta. La situación era tan extraña que Gwen no sabía bien qué decir, y se limitó a responder al abrazo. Lo que seguiría a aquel reencuentro sería una de las conversaciones más injustamente conmovedoras que había experimentado la morena en mucho tiempo.


Lunes, 24 de diciembre, 2018
19:20 horas

Poco antes de la hora señalada en la invitación, Astreia, Duncan y Gwendoline Edevane se aparecieron por medio de la Red Flú en la susodicha Mansión Edevane. Y es que sí, al final, la mestiza se había dejado convencer por su abuela. No pensaba contarle jamás a nadie los argumentos que había esgrimido la mujer contra ella, ni el contenido de la conversación que habían mantenido el día anterior, sentadas a la mesa del comedor de Gwen, con sendas tazas de café delante de ellas.

Su padre había insistido en mantener una conversación, pero ante la ausencia de respuesta de Gwendoline, y la petición formal de silencio por parte de su madre, Duncan Edevane había optado por entrelazar ambas manos a la espalda y callarse. Su aspecto, con su melena plateada perfectamente cuidada, era más digno que la opinión que Gwendoline tenía sobre él.

—Comprendo tus motivos.—Aseguró Astreia, susurrándole a su hija mientras caminaban en dirección a la carpa.—Pero me gustaría pedirte que, durante toda esta noche, disimules un poco. ¿Podrás hacerlo?—Gwendoline, acostumbrada a la cara de póker y a disimular, asintió con la cabeza. Su abuela le echó un vistazo.—¡Y por Merlín, señorita! ¿Te habría matado ponerte un vestido? Una mujer con pantalones, por favor...

—Muchas mujeres llevan pantalones hoy día, abuela.—Se defendió Gwen, mordiéndose la lengua. Le hubiera gustado decir que mucha era la suerte de que hubiera decidido venir, en primer lugar. Tenía suficiente respeto hacia su abuela como para no decirle lo que pensaba.

Entraron en la carpa, y una vez allí, Gwendoline se sintió abrumada. Había demasiada gente que no conocía y que, muy posiblemente, no aceptarían sus ideas respecto a la pureza de sangre. Seguramente, también era la única mestiza bajo aquella carpa, lo cual no hacía más que hacerla sentir como un pececito en medio de un estanque de tiburones.

Bueno… Da igual, solo tengo que decir que sí a todo, no llamar la atención, y esto se habrá acabado antes de que me dé cuenta, se dijo a sí misma, intentando convencerse. Sabía que no sería así, pero al menos tenía experiencia: cada día trabajaba en el Ministerio de Magia, así que ya debería estar acostumbrada a fingir ser quien no era.

—Hay un buen ambiente.—Comentó su padre, casi con orgullo. Gwendoline le dedicó una mirada de reojo, pero no se molestó en responder. En su lugar, cuando uno de los elfos domésticos se acercó a ellos con una bandeja llena de bebidas, la bruja tomó una copa. No pensaba beber mucho, pero sería una excusa suficiente como para ignorar a su padre y hablar con otros integrantes de la familia Edevane en su lugar. Alguno debería ser normal entre tantos, ¿no?


Atuendo:

¡Pero morena!
PNJ’s que utilizaré:
Duncan Edevane (Padre de Gwendoline) = #ff933b
Astreia Edevane (Abuela de Gwendoline) = #f2eae4
Frior Edevane (Tío de Gwendoline y de Ayax) = #bf1c40
Serinda Edevane (Prima de Gwendoline y Ayax) = #f740c0
Xerox Edevane (Primo de Gwendoline y Ayax) = #749c61

Como ha dicho Ayax, las fichas de Duncan y Astreia podéis encontrarlas en el baúl de Gwen.
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Ayax Edevane el Sáb Dic 08, 2018 1:19 am

Interacciono con TODOS.
Arrastro a Joshua conmigo y termino presentándonos a la mestiza.

Toda su familia, que iba unos metros por delante de él, se giraron A LA VEZ cuando gritó de manera totalmente despreocupada el nombre de su primo segundo. Absolutamente todos eran consciente de que Ayax siempre había tenido esa especie de ritual satánico con su primo, pero la verdad es que pensaba que mientras más años tuviese, ese tipo de comportamiento iban a pasar de moda. Pero no. Ni de lejos. Mientras que sus padres lo miraron como si no tuviera remedio, sus hermanas se rieron, ya que ambas adoraban lo rarito que era su hermano y lo tan bien que lo llevaba. Su cuñado, por el contrario, no entendía nada y le preguntaba a Angelica qué narices había ocurrido.

El pelirrojo simplemente caminó hacia Joshua y le dio un fuerte abrazo, ya que hacía varias semanas que no lo veía. Mira que siempre había sido un hombre bastante despegado emocionalmente, pero con su familia era otra cosa. Valoraba mucho a todos los miembros de la familia Edevane, a excepción de sus primos de la otra línea del árbol genealógico. A esos nada.

—Tienes un aspecto horrible. —Fue lo primero que dijo Ayax nada más separarse de su primo, dándole un apretón con su mano en el hombro para admirarle de arriba abajo. La sinceridad ante todo. Mira que Joshua era una persona atractiva, pero esos pelos y esa cara de muerto viviente no ayudaban en absoluto. —¿Qué tal un peine? ¿O un ungüento para las heriditas? ¿Te peleaste con un kappa en tu primera práctica con ellos o qué narices te ha pasado? —bromeó divertidísimo, imaginándose que habían sido gajes del oficio.

Tras saludar a su Edevane—no Edevane—favorito y, haciendo gala de su educación exquisita a excepción de ese grito inesperado, animó a Joshua a que le acompañase a saludar al resto de los familiares. Él, como el antisocial de la familia que era, puso cara de pedo desganado, pero Ayax tiró de él. Iba a ser raudo, pues no esperaba intercambiar muchas palabras con ninguno en especial.

Caminaron, pero antes de que pudieran llegar a ningún sitio, Maille Edevane paró tanto a su hijo como a Joshua, saludando a éste último con un beso en la mejilla muy cariñoso. Era como su segundo hijo.

—Me alegro de verte, Joshua. Estás tan guapo como siempre. —Y le colocó, con su TOC la corbata, pues la tenía un poco torcida. —Mira que llevo años con vosotros y aún así nunca dejáis de sorprenderme con esos gritos, ¿algún día vais a parar o debo de ir mentalizándome de que moriré de un ataque por alguno de esos sustos? —bromeó, mirándolos a ambos.

Bruno también saludó a Joshua estrechándole la mano, así como Mysha. Joshua había sido invitado a la boda de Angelica y Mysha, pero como se había hecho durante su estancia en Hogwarts no había podido asistir, así que se acababan de presentar. Angelica y Evangeline le saludaron con un beso y un abrazo corto, ambas muy felices de verle, sobre todo Eva, quién parecía tener un crush extraño con su primo, ¿sería consciente de lo feo que sonaba eso?

Siguieron de largo y Ayax saludó a su abuelo el primero, recibiendo halagos y una suave bofella—mezcla de bofetón y colleja—amistosa por el grito de hace un momento. El abuelo estaba de buen humor, aunque su cara de mala hostia sempiterna dijese lo contrario. Tras mostrar sus respetos a todos los de la tercera edad—como le gustaba llamarlos a él—, fue a saludar a sus tíos. Apretón de mano y sonrisa para Francis Eckhart, el padre de Joshua y una sonrisa de lo más formal para Frior Edevane, así como su esposa. A Xerox y Serinda los saludó con falsa simpatía. Era cierto que les caía mal, pero Rabrours era un fiel amante de buen rollo familiar, ergo Ayax solo quería complacer al líder la gran herencia. Con una pérfida sonrisa le tendió la mano a Xerox y le dio un beso a Serinda, prometiendo una futura conversación sobre sus vidas que evidentemente no llegaría esa noche. O eso esperaba, pues debería de ser muy incómoda. No se quedó a esperar la cara de desagrado de ambos hermanos y siguió de largo.

Por último Ayax atisbó a Astreia Edevane, en compañía del idiota de su hijo y… ¡la mestiza! ¡Era como ver un unicornio en mitad de Trafalgar Square!

Se dirigió hacia allí, sonriéndole a la mayor. Tan galante como siempre solía ser con la tercera edad le sujetó la mano a Astreia con suavidad y le dio un beso en al mejilla. Le caía bien esa señora. En general el matrimonio de Rupert y Astreia Edevane siempre había estado presente en la familia y el pelirrojo tenía buenos recuerdos de ellos. El hecho de que su hijo Duncan fuese retrasado nunca lo extrapoló a ningún error de sus padres. Estaba claro que una vez cayó en Hufflepuff uno debió de atisbar que algo ya no estaba yendo bien.

—Un placer volver a verla, señora Edevane. —Le dijo con una sonrisa encantadora. Pensó en llamarla Woodstein, pero después de casarse con Rupert siempre sería una Edevane.

Luego dio unos pasos hacia Duncan, a quién le tendió la mano con desinterés.

—Duncan. —Se limitó a decir, sin intención de relacionarlo con su magnífico apellido.

Y por último llegó a la morena, a quién sonrió con curiosidad, mirándola de arriba abajo. No la miraba como si esperaba encontrarle una tercera pierna, propia de la deformidad de ser mestiza, sino más bien con curiosidad por conocer, al fin, a la mestiza de la familia Edevane. Después de tener en el Área-M contacto con Lamia Amery, ex-mujer de Duncan Edevane y madre de Gwendoline, pues uno creaba ciertas expectativas por saber qué clase de ser había salido de semejante unión. No iba a decir nada al respecto, por supuesto. Qué mala imagen daría en su primer acercamiento hablando de su madre encerrada. Ya se lo contaría a Joshua después, pero por el momento se conformaba con presentarse.

—Es un placer conocerte, Gwendoline: la famosa mancha mestiza en nuestro impoluto árbol genealógico. Teniendo en cuenta el despropósito que hizo Duncan con el árbol de los Edevane, siempre tuve curiosidad por saber quién era la chica que había salido de ahí —dijo con sinceridad, sin saber si la incomodaría. En realidad no lo dijo con maldad, simplemente resaltando la evidencia de la vida y de todo lo que había ocurrido, tomándoselo con humor. Si el resto de los Edevane aceptaban a Duncan a pesar de ser cómo era, él no era menos. E incluso una sonrisa de lo más natural surcaba su rostro risueño mientras hablaba. —Me llamo Ayax Ayrton Edevane. —Miró entonces a Joshua, quién le seguía a un lado, señalándole con una de sus manos. —Él es Joshua Eckhart. Somos tus primos segundos.
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Ayax EdevaneBecario Área-M

Joshua Eckhart el Sáb Dic 08, 2018 6:56 am

Interacción con todos.
Seguir a su primo a través de todo el evento saludando hasta presentarse con la mestiza.

Francis Eckhart pensó que había pedido demasiado a su hijo cuando le dijo que no hiciese el subnormal y les dejar en ridículo, mientras que sus abuelos voltearon a verles con una expresión entre resignada y frustrada, Popheg con zapatilla en mano dispuesta a atizar al primo que tuviese más a la mano. El griterío terminó con un abrazo cuando se encontraron los dos jóvenes, un abrazo fuerte y sentido que duró unos segundos para reducirse a la mano del pelirrojo encima del hombro de su primo menor, haciéndole notar que no pasaba desapercibido su aspecto.

Ahora siento que me hacen falta unas dos semanas de sueño —le susurró como si fuera un secreto, incapaz de decir que no, que estaba bien. — Me he peleado con una mantícora —se jactó, cuando bien sabían los dos que aquello no era cierto. Tampoco iba a decirle que tenía resaca de hombre lobo. — Si me desaparezco es porque me he escondido en la bañera por una siesta —lo advirtió, y aunque su tono parecía de broma, Joshua sabía que era completamente posible. A diferencia de su primo, él no tenía mucho que demostrar.

Joshua no competía contra otros primos por el apellido familiar, por ejemplo. No tenía que demostrar que el lado subnormal de los primos era subnormal, aunque lo fuera. Él estaba bien sólo con no hacer demasiado desastre, y desde un tiempo hacia acá no lo hacía más que aquel grito tan sorpresivo que a muchos les sacaba un infarto. Su primo, en cambio, tenía que ir a saludar a los familiares… sólo porque sí. La expresión de Joshua habló por sí sola, a pesar de que con muchas personas pudiese ser bastante inexpresivo: ¿tenía que acompañarlo?

¿De verdad necesitas saludar a todos los familiares? La mitad ya sabe que estás aquí y a la otra mitad no le interesa —le dijo, intentando en vano convencerlo de que no era una buena idea. A pesar de ello, iba siguiendo a su primo a través de la gente, hasta que su tía lo detuvo. Sí, era su prima-tía, pero eran detalles. — Lo mismo digo, gracias —le dijo con un mínimo de educación por su mentira, permitiéndole acomodarle la corbata. — Si tiene un infarto por un susto nuestro, le aseguro que le daremos el mejor funeral de toda la familia —con un humor un tanto oscuro, Joshua le hizo saber que no iban a terminarse aquellos sustos.

Saludó al resto de la familia tan brevemente como pudo: habiendo felicitado a la pareja que hacían Mysha y Angelica por supuesto. A pesar de no ser nada dado al contacto físico, tenía cierta costumbre con la familia que más cercana consideraba, por ello respondió de forma agradable a los saludos de sus primas. Desde aquel momento, su misión fue seguir a su primo saludando a los demás invitados, generalmente de mano, independientemente del género, excusándose con una horrible enfermedad que lo tenía así de desmejorado. A los primos subnormales de la familia, se negó incluso a tocarlos, no fuese a pegarse la subnormalidad, pero alzó su mano en un saludo distante que gritaba un “quédense ahí y no se acerquen”.

Joshua bufó una risa cuando escuchó a su primo saludar a Astreia. Cuando alguien no le interesaba dentro de la familia, normalmente disimulaba, pero ese día no tenía ni energía ni ganas de hacer uso de cierto tipo de hipocresía. De ese tipo que le hace a uno preguntar cómo está alguien quien realmente no interesa si está bien o no. Incluso, gracias a la mala memoria de Joshua para los nombres y rostros, por poco se le pasa el detalle de que estaban ante la mestiza de la familia. Con una mirada de arriba abajo, Joshua levantó su mano, como lo había hecho con Xerox y Serinda, decidiendo que no le daba la gana saludarle a ella muy específicamente, si bien lo hizo con su padre y abuela.

Hola —con su cara de nada, Joshua saludó cuando su primo lo presentó, con una verborrea innecesaria. Vale, se entendió el punto: era la oveja negra, no necesitaba que se lo restregasen, ¿no? Se aprovechó de su momento de no-protagonismo para abandonar su copa sobre la bandeja de un elfo doméstico que servía. — Gracias —le dijo, devolviéndose a los humanos. — ¿Ella es la…? —le preguntó en voz baja a su primo, sólo para confirmarlo. — Ah… Pues hola —reafirmó un sutil: “no tengo nada en particular qué decir”, no tanto como Ayax.

Sí, usualmente Joshua se esforzaba más en la indeseada interacción social, pero la familia tampoco estaba desacostumbrada a su desinterés. Que no era necesario ponerse un cartel al cuello que pusiese “Creo que tengo la rabia por mi última transformación en hombre lobo, mantenga su distancia” para que ellos pillasen la directa indirecta de “no voy a ser grosero pero no quiero hablar contigo”. Y probablemente eso a su abuelo y a su padre no les iba a agradar en lo más mínimo, pero no había nada que hacer. Su regalo de navidad podría ser un regaño.
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Joshua EckhartUniversitarios

Gwendoline Edevane el Sáb Dic 08, 2018 11:16 pm

Interacciones:
Duncan Edevane, Astreia Edevane, Ayax Edevane y Joshua Eckhart.
Menciones:
Frior Edevane, Emily Edevane, Xerox Edevane y Serinda Edevane.

Si Gwen dijera que conocía al dedillo el amplio árbol genealógico de la familia Edevane, mentiría como nunca había mentido antes. De camino a la cena, su padre y su abuela la habían puesto un poco al día: no solo conocería a familiares suyos que llevaban el apellido Edevane, sino también a los Eckhart. Así mismo, Astreia Edevane había tenido la bondad de descubrir a Gwendoline un secreto que estaba mejor sin conocer: que el apellido de soltera de su bisabuela era Kerr.

Si el mundo no es un pañuelo…, pensó Gwen al recordar aquel dato, negando con la cabeza. ¿Qué diría Sam cuando se enterara de aquello? De haber llevado encima su teléfono móvil, la morena habría corrido a enviarle a su amiga un audo de whatsapp al respecto. O tal vez no: de repente, se sentía sucia al recordar cada una de las bromas sexuales que Henry Kerr había intercambiado con ella, antes de que Sam o alguna otra persona le pidiera educadamente que parase. O no tan educadamente.

Duncan se encargó personalmente de hacer una breve presentación de cada uno de los invitados, y si bien Gwen tenía ganas de marcharse y dejar a su padre con la palabra en la boca, se limitó a escucharle y a seguir su dedo cuando señalaba a alguno de sus familiares.

—Y ese de ahí es mi hermano, Frior.—Duncan saludó al susodicho, que le devolvió el saludo con mucho menos entusiasmo del que demostraba su progenitor. Así era su padre: siempre buscando integrarse, incluso allí dónde no le querían.—Le conociste, pero seguro que no le recuerdas, Wendy: entonces eras muy pequeñita...—El ex-Hufflepuff compuso una sonrisa esperanzada y miró a su hija, buscando algún tipo de empatía por su parte.

—Te agradecería que no me llamases Wendy.—Respondió la bruja. No iba a encontrar empatía por su parte: bastante que había accedido a acudir a aquella pantomima.

La expresión en el rostro de Duncan se asemejó a la de alguien que acababa de recibir una puñalada directa al corazón. Gwendoline seguía guardándole rencor, y algo le decía a la desmemorizadora que aquel rencor nunca se iría. ¿Cómo puedes perdonar a la persona a la que culpas de que tu madre haya sido encarcelada? Gwendoline, por lo menos, no era capaz de encontrar una manera, y Merlín bien podría atestiguar que la morena había puesto todo su empeño en intentarlo.

—Los que están con él son sus hijos, Xerox y Serinda.—Prosiguió su padre tras carraspear, aclarándose la garganta.—¿Y esa bella mujer a su lado? Es su esposa, Emily Edevane. Forma parte de la noble familia Hawthorne.—Explicó Duncan.

Gwendoline se había prometido a sí misma—y a su abuela—que tendría la fiesta en paz. Que se mordería la lengua y que se comportaría. Sabía que era capaz de comportarse, pues no en vano trabajaba en el Ministerio de Magia, y posiblemente sería capaz de estrechar la mano a cualquiera de los presentes con una amplia sonrisa en la cara. Tal vez incluso podría elogiarlos con cumplidos.

Pero Duncan Edevane era un caso aparte. Gwen no llevaba alejada de él desde 2016 por capricho: estar en la misma habitación que él la ponía enferma. Y sentía deseos de decirle todo lo que pensaba de él.

Y por ese motivo, Gwendoline compuso su sonrisa más cínica y más falsa, se giró hacia su padre y, utilizando un tono confidencial para que solo le escuchara él, le escupió a la cara algo que llevaba mucho tiempo deseando decirle.

—¡Qué pena que mi madre no fuera una Hawthorne, ¿verdad?! Así tú también podrías presumir, orgulloso, de tu bella mujer.—Y tras soltar aquel venenoso comentario, que puso en los ojos de su padre una mirada sumamente herida, Gwendoline dio un sorbo a su copa.

—Gwendoline...—La reprendió su abuela, que estaba lo bastante cerca de ellos para haber escuchado su comentario. En su rostro había una expresión severa.—Tengamos la fiesta en paz, ¿quieres?—Pidió. Gwen, que se había quedado mirándola con sorpresa, asintió con la cabeza.

Y entonces, llegaron aquellos gritos.

Gwendoline se volvió al escuchar a alguien gritar, y observó ojiplática como otro alguien respondía también a gritos. Todas las miradas se volvieron en aquella dirección, y si bien los demás podían estar acostumbrados a aquello, Gwendoline no. Lo peor de todo era que, tratándose de una familia purista, la mestiza esperaba que hubiera una cierta seriedad y saber estar. A lo mejor me he precipitado al pensar que alguien normal debe haber, pensó la morena, dando otro sorbo a su copa.

—¿Y esos quiénes son?—Preguntó Gwendoline a su abuela, en relación a los dos jóvenes que se saludaron a gritos y que ahora compartían un abrazo. Viéndolos así de elegantes vestidos—dejando a un lado el horror de camisa que llevaba el pelirrojo—casi parecía imposible imaginárselos protagonizando la escena que acababan de presenciar todos los miembros de la familia Edevane.

—El pelirrojo es tu primo segundo, Ayax. Hijo de mi sobrino, Bruno. Es… un muchacho muy especial.—La forma en que Astreia Edevane frunció los labios hizo que Gwendoline alzase una ceja, con cierta curiosidad. ¿Especial en qué sentido? Su abuela no se lo dijo.—El otro es Joshua Eckhart. Es el nieto de Popheg Edevane, hermana de tu difunto abuelo Rupert, quien se casó con Francis Eckhart Senior.

Lo cierto es que Gwendoline no tuvo que esperar mucho para conocer a ambos: tras una ronda de saludos a toda la familia, y llevando casi a rastras a su recién descubierto primo Eckhart, les llegó el turno a aquella rama menos deseable de los Edevane.

La primera impresión de la desmemorizadora fue curiosa, cuanto menos. Y es que sucedió algo realmente extraño: a pesar de que Ayax Ayrtom Edevane, como se presentó ante ella, no tardó en señalarla como una ‘mancha’ en el árbol genealógico, la mestiza notó mucho más desprecio en relación a su padre que hacia ella. Resultaba gratificante ver cómo, después de todas las artimañas de su padre para congraciarse otra vez con su familia, algunos seguían despreciándole.

—¡Ayax Ayrtom Edevane!—Pronunció con tono y expresión serios Astreia Edevane.—Estoy segura de que tu padre te ha educado mejor que eso, ¿verdad?—Gwendoline dedicó una breve mirada a su abuela, casi deseando intervenir para que lo dejara estar.—Y haz el favor de darle un abrazo a tu tía abuela, ¿quieres?—’Su tía abuela’ no le dio ni opción a decir que no: se acercó al joven y lo estrechó entre sus brazos.—Cada año que pasa estás más grande y fuerte.—Comentó la mujer, volviendo entonces la mirada hacia Joshua.—Buenas noches, Joshua. Ese traje te sienta de maravilla.—Saludó la señora Edevane a aquel muchacho que difícilmente podría considerarse miembro de su familia. Incluso para Ayax, difícilmente podría considerarse de su propia sangre.

—Es un placer conocerte, Ayax.—Gwendoline se adelantó un paso para ofrecer su mano a su primo, saludo que había sido interrumpido con su abuela. Se abstuvo de comentar nada respecto a la curiosa camisa.—Buenas noches, Joshua. Un placer.—Saludó también al más joven, ofreciéndole a su vez su mano derecha.—Ambos estáis muy elegantes esta noche.—Y, por lo que a ella respectaba, el resto de las noches podían estar tan elegantes como aquel día, pues no les conocía de nada.

Sin embargo, ¿qué más podía decir? No es que le quedaran muchas ganas de hablar después de que la tacharan de ‘mancha’. Por no mencionar el hecho de que intimar con puristas no entraba en sus planes. Con suerte, no tendría que volver a ver a ninguno de los presentes después de aquella noche.

—¡Ayax!—Exclamó Duncan Edevane con una grandilocuente sonrisa, acercándose al pelirrojo y poniéndole una mano en el hombro.—Me han dicho que recientemente has empezado a trabajar en el Área-M.—La mención del Área-M hizo que Gwendoline clavara la mirada en su padre durante un segundo. No se esperaba algo así.—Permíteme felicitarte por semejante honor. Claro que te lo mereces: eres un joven muy brillante.—Y ahí estaba, por fin, el adulador de Duncan Edevane. Había tardado en salir.

Astreia Edevane, que no se preocupaba tanto por los modales como su nieta, puso los ojos en blanco y negó con la cabeza, como si su primogénito no tuviera remedio. Gwendoline estaba de acuerdo, pero fue mucho más discreta en su reacción.


Última edición por Gwendoline Edevane el Lun Dic 10, 2018 1:20 pm, editado 1 vez
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Ayax Edevane el Lun Dic 10, 2018 4:33 am

Le pareció curioso el comentario de su primo cuando asumió que a la otra mitad de la fiesta no le interesaba que ya hubiese llegado a la misma. Una cosa estaba clara: la importancia que para Ayax tenía todo el protocolo familiar a Joshua Eckhart le daba igual porque probablemente fuese el único varón con ese apellido y, aunque su padre estuviese decepcionado con él, la herencia iría para él.

—A todos les importa que haya llegado Ayax Ayrton Edevane —dijo con una sonrisa de lo más altiva, acercándose a él para exponer sus argumentos en voz baja. Sólo se permitía semejante nivel de altanería y ego junto a él, que no se lo tomaba del todo en serio. —Lo primero es no quitarse méritos, Josh. Y si no les importa, tú haces que les importe.

El pelirrojo ignoró por completo la conversación de su madre con Joshua, por lo que siguió de largo, llevándose a Joshua con él. Era gracioso porque primero aparecía Ayax, carismático y muy correcto, con una sonrisa aunque fuese por cordialidad, y luego aparecía Joshua, con cara de berenjena pocha intentando parecer correcto. Si aquello pudiese representarse de manera cartoon, Ayax sería un rayo de sol bien alegre y la aparición de Joshua vendría acompañada de una nube lloviznando.

Lo más interesante fue llegar a la familia de Astreia Edevane, pero no por el idiota de Duncan, sino por la mestiza. ¡Vaya, con la mestiza! No había ningún Edevane que hubiese hecho oídos sordos a la noticia de que nada más ni nada menos que una Edevane ayudó a la mismísima Abigail McDowell a no ser asesinada por los radicales. Eso, quieras o no, daba prestigio. ¡Y que una mestiza diese prestigio a la familia era sin duda notición! Sólo declaraba los inútiles que eran algunos, como Xerox y Senrida. Porque estaba claro que Ayax estaba en proceso de un renombre, sólo necesitaba tiempo en el Área-M y el apellido Edevane haría eco en el ámbito de la ciencia y la medimagia.

El pelirrojo no dudó ni un segundo en complacer los deseos de Astreia y la abrazó, para entonces sonreír con su sonrisa de tiburón ante su comentario. Iba a soltar uno de los suyos, de esos comentarios de humor de Ayax que sólo entendía la gente que conocía a Ayax. Por suerte, Astreia llevaba muchos años viendo crecer al pelirrojo como para entender su marcado humor de mierda.

—Señora Edevane, cada año que pasa usted está más bajita y encorvada, pero sin duda todo lo cascarrabias de la edad se lo estan quedando el resto de miembros de la tercera edad. —Y señaló con la cabeza al grupo de abuelos, que estaban todos reunidos, probablemente criticando todo. Es lo único que hacían. —Un día tenemos que terminar la conversación que empezamos la pasada navidad sobre esa visita a su granja.

Y justo después de terminar esa corta conversación que era bastante cordial y que, en un futuro cercano en esa misma fiesta, a Ayax no le importaría continuar ya que le gustaba mucho hablar con Astreia, la mestiza le tendió la mano como saludo. El pelirrojo acostumbraba a saludar a las mujeres con un beso, pero agradeció internamente que aquella chica se limitase a darle la mano, distante y correcta. No es que pensase que ser mestiza tenía algo que ver con algún tipo de enfermedad contagiosa, pero no la conocía de nada y Ayax era un maniático. No era casualidad que después de saludarlos a todos se sacase el pañuelo del bolsillo y se limpiase las manos, ya a solas con Joshua.

No le dio tiempo a entablar una conversación con la mestiza, ¡con la de cosas que tenía que preguntarle! Pero claro, el metomentodo de Duncan Edevane, necesitado de atención, tuvo que hacer aparición como si alguien le importase. Ayax desvió la mirada hacia él, mirándole de arriba abajo como si no supiese el papel que desempeñaba Duncan en todo eso. Bueno sí, el de poner el granito de ‘pureza de sangre’ en la sangre de aquella mujer que parecía tener más valor que él. Para lo único que sirve.

—Lo soy —respondió cuando terminó de pasar su lengua por el contorno de su ano. Metafóricamente hablando, claro. —Ahora veo que tu fascinación es sin duda real. Me hacía una idea de que apoyabas todo lo que hace en el Área-M, al fin y al cabo, ¿por qué si no ibas a ofrecernos a tu ex-mujer como sujeto de experimentación, no? Apoyando a la ciencia, así me gusta, campeón. —Y le sonrió con ironía, como si él no tuviera la culpa de haber sacado el tema, ya que el propio Duncan parecía ser lo suficientemente indiscreto y carente de empatía como para sacar el tema frente a su hija. Entonces miró a Gwendoline y Astreia, haciendo caso omiso—de nuevo, a ver si pillaba la indirecta—a Duncan. A contrario de lo que podría decirle a la mestiza, con Duncan sí que se le notaba el desagrado en el tono con el que le trataba. Ayax a él no tenía que demostrarle nada, ergo le daba igual el trato que darle siempre y cuando no incomodase o molestase a la amable de Astreia. —He terminado este año la carrera de medimagia y ando especializándome en neurociencia y psiquiatría. Todavía soy becario en el Área-M, pero ya estoy en proceso de convencer a Joshua de que cuando termine su carrera y sea un Magizoologo, se venga conmigo a cambiar el mundo allí dentro. Es en dónde más expertos se necesitan. —Y posó una de sus manos en el hombro de su primo, con una sonrisa orgullosa.

Que sí, que el Área-M objetivamente podía ser un lugar horrible, pero a base de cosas horribles se conseguían cosas increíbles. El avance era innegable y los medios sin duda cuestionables. Pero eso era cuestión de moralidad, una moralidad que el nuevo gobierno no tenía. O más bien le daba igual.
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Joshua Eckhart el Lun Dic 10, 2018 5:20 am

Miró a su primo cuando Ayax, con un gesto de lo más altanero, le decía que no había familiar a quien no le importase su llegada, como Joshua había dicho. — Claro, que me olvidaba que te alimentas de atención, primo mío —ironizó, picándole un poco. — Admite que sólo lo haces por egocéntrico, y porque te gusta remarcar que eres el posible heredero favorito —puso los ojos en blanco, pero sintiéndose divertido por dentro de aquella actitud casi infantil de Ayax al querer presumir a todos que ya había llegado.

Le tocó seguirlo, porque Joshua era débil a Ayax y le costaba decirle que no, yendo de pariente en pariente y sin ocultar lo poco que le agradaba la idea de su primo de saludar a todos. No se sentía bien física ni anímicamente, así que todos los demás podían irse al demonio un rato, para variar. Ayax Edevane, por el contrario, siempre correcto y simpático con la gente, haciendo gala de una impecable hipocresía aunque, a las espaldas y con su primo, admitiese cierto desdén a determinados miembros de la familia.

Siendo honestos, a Joshua le gustaba cuando su primo protagonizaba la conversación, porque eso le dejaba a él distraerse. Miró la decoración, por ejemplo, al tiempo que Ayax abrazaba a la mujer y le comentaba quién sabe qué cosas sobre su edad y su carácter. Y pensó en que se le antojaba un postre de manzana y que iba a ir a la cocina a preguntar qué habían planeado de postre. Todo eso pensaba antes de volver a concentrarse en la charla cuando Astreia se dirigió hacia él para halagarle el traje, por lo que asintió con la cabeza en un gesto educado.

Muchas gracias —contestó, y permitió que su primo siguiese la conversación presentándolos con la mestiza. Ella, que no entendió el lenguaje no verbal de no querer tocarle, le ofreció su mano y Joshua no tuvo más remedio que responderle, a riesgo de parecer maleducado de lo contrario. — Gracias… Sí, tú también —aunque “elegante” no sería la palabra que Joshua usaría para describir la apariencia de Gwendoline, no le dio más vueltas a la situación y le devolvió un cumplido por compromiso.

Miró, con una expresión serena cuanto inquisitiva, el intercambio de palabras entre Duncan y Ayax. El primero, lamiéndole todo lo que se llama culo a su primo respecto a su nueva posición en el área M, que significaba sólo el principio de una brillante carrera para él, y Ayax usando el tema de conversación que Duncan sacó a colación para dar dos estocadas, incluso tres si tenía buen tino: el primero claramente para Gwendoline, mencionando lo ocurrido con la que era su madre; el segundo para el mismo Ducan y probablemente el tercero fuese para Astreia. Sintió que tenía que decir algo, pero sólo encontró palabras para guardar silencio.

Le llamó la atención que entre su conversación, su primo encontrase la manera de hablar de él, cosa que lo hizo sonreír. Sí, era de esas poquísimas sonrisas que Joshua había tenido a lo largo de la noche. Joshua, normalmente inexpresivo, respondía mejor a sus personas cercanas, y se sintió por dentro orgulloso de la mención. Su primo insistía en verlo como un magizoólogo aunque no hubiese acabado la carrera, y se encargaba de acariciarle un poco el ego.

Es indudable que en el área M se está haciendo una significativa cantidad de avances mágicos y científicos, por profesionales como Ayax que dedican sus conocimientos al futuro de la comunidad —asintió con la cabeza, — sin embargo me temo que Ayax está exagerando, que en este año entré a mi primer año de la carrera —reconoció, con un poco de mejor humor. Que Joshua no era mudo como lo parecía algunas veces, sólo reservaba sus palabras para temas de conversación y personas relevantes. — Me sabrás disculpar —esta vez se dirigió a Gwendoline. — Trabajas en el Ministerio, ¿verdad? —quiso corroborar un dato en particular.

Joshua no tenía buena memoria para datos sobre personas, en especial si estos le parecían irrelevantes en su vida. Sin embargo, estaba consciente de la noticia de que la mestiza Edevane había ayudado a la Ministra de Magia durante un ataque de radicales. Y probablemente fuese lo poco que Joshua sabía, por lo que había escuchado de más. Quizá Gwendoline fuese la mujer de la limpieza en el Ministerio y no una trabajadora activa. El caso era que, aunque ni le fuera ni le viniera, lo cierto es que su ánimo había subido un poco en su barra medidora, al punto de buscar un poco y sólo un poco de información sobre la mestiza que tanto llamaba la atención de su primo.
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Gwendoline Edevane el Lun Dic 10, 2018 10:33 pm

Astreia Edevane, siempre había sido una mujer estricta, a la vez que familiar, o al menos así la recordaba Gwendoline. La mestiza había pasado demasiado tiempo alejada de su familia purista como para saber si la mujer seguía siendo así, o si siquiera lo había sido alguna vez. El mundo se veía de manera distinta a través de los ojos de una niña, y el paso del tiempo tenía tendencia a empañar los recuerdos. A la larga, recordamos con más claridad lo bueno que lo malo, y de Astreia Edevane, su nieta recordaba muchas cosas buenas. Quizás demasiado buenas para ser verdad.

Sin embargo, allí estaba, ofreciéndole un abrazo a Ayax Edevane, el joven primo pelirrojo que Gwendoline acababa de conocer, a la vez que le ofrecía una pequeña reprimenda por su forma de hablar con la susodicha morena. El pelirrojo devolvió este gesto… pero la reprimenda no funcionó lo más mínimo, a juzgar por la respuesta que el joven ofreció a la señora. Gwendoline, para quien todo aquello era nuevo, alzó una ceja mientras alternaba la mirada de uno a otro. Supongo que todo esto es normal aquí, ¿no?, pensó, intentando no darle vueltas a la situación.

—Nunca cambiarás, ¿verdad?—Respondió la anciana al… ¿cumplido?... que Ayax le había dispensado, con una de sus viejas manos sobre el cuello del muchacho. Ciertamente, en aquellas palabras había mucho más cariño y respeto que en las que dedicaba a Duncan.—Mis puertas están abiertas para ti siempre que quieras. Seguro que tu pequeña zarigüeya se lo pasaría muy bien correteando por los terrenos.—Astreia, entonces, echó un vistazo a su otro sobrino-nieto, Joshua.—También tú puedes venir, Joshua. He oído que te gustan los animales.—Y es que la granja de Astreia Edevane albergaba a distintas especies de animales, mágicos y no mágicos, por lo que Gwendoline sabía.

Todo iba todo lo bien que podrían ir las cosas en aquella extraña reunión familiar… hasta que Duncan Edevane decidió abrir la boca. Gwendoline, acostumbrada a disimular el noventa por ciento del tiempo, lo tuvo bastante complicado para permanecer inexpresiva cuando su padre mencionó el Área-M, el infame complejo de investigación fundado bajo los cimientos de la prisión de Azkaban. Lugar en que permanecía encerrada Lamia Amery, antiguamente Lamia Edevane, madre de Gwendoline. ¿Su delito? Ser hija de muggles, nada más.

Para Gwendoline, que su padre mencionara aquel tema delante de ella fue de una bajeza absoluta. Su abuela hizo rodar los ojos, pero no precisamente porque le ofendiera la mención del Área-M—o eso creía Gwendoline entonces, al menos, pues su abuela era una caja de sorpresas. Por fortuna, el karma parecía dispuesto a servir a su progenitor una buena taza de justicia. Quizás no por entregar a su propia mujer, pero sí por adulador. Y Gwen decidió aceptar aquella pequeña victoria, en forma de comentario incisivo por parte de Ayax.

Gwendoline no intervino en aquella parte de la conversación. Se limitó a sonreír, asintiendo con la cabeza. En un intento de disimular su incomodidad, que no era evidente en lo más mínimo, se deshizo de su copa vacía dejándola sobre la bandeja de uno de los elfos domésticos. El pequeño ser se detuvo para permitirle hacerse con otra copa, y cuando ella lo hizo, el elfo se alejó en dirección al resto de invitados.

—Eso sí sería entretenido de ver.—Respondió Astreia a Ayax con un tono de voz neutro. No parecía que la idea le resultara entretenida en lo más mínimo, aunque así era su abuela.—¿Y vais a dedicaros a pegar esos gritos por los pasillos? Ya sabes: “¡Joshuaaaa!”—Astreia hizo una imitación, en voz baja, de los famosos gritos del pelirrojo.

Ambas mujeres—y Duncan—miraron a Joshua cuando habló, aclarando que todavía era muy pronto para hacerse emociones: el joven estaba en primer año de carrera, por lo que no se le vería en el Área-M en mucho tiempo. Gwen no pudo evitar pensar en Freya Howll, su becaria, que no debía ser mucho mayor que Joshua. Sin embargo, se abstuvo de hacer comentario alguno respecto al Área-M: no quería decir algo que no debía, pues no era el lugar más indicado. Las probabilidades de salir de allí esposada eran muy grandes.

Así que, en lugar de eso, cuando Joshua se dirigió a ella directamente, optó por responderle. Abrió la boca para hablar… y Duncan Edevane decidió, de nuevo, interrumpir. Y ponerse en evidencia como el adulador que era. Se adelantó, poniendo un brazo alrededor de los hombros de Gwendoline, haciendo que la morena se tensara inmediatamente y lo fulminara con la mirada. Aquello no le detuvo, y con una amplia sonrisa, su padre se dispuso a presumir de su hija.

—Wendy no solo trabaja en el Ministerio, Joshua.—Dijo Duncan que, para redondear, utilizó un tono condescendiente con Joshua.—Tu prima segunda es, nada más y nada menos, la directora de la oficina de desmemorizadores. Un honor que recibió al proteger la vida de la Ministra de Magia durante el ataque de los radicales al Ministerio. Es un puesto muy importante.—Gwendoline no necesitaba ponerse en la piel de Joshua para que aquel tono condescendiente le molestase. Y, por supuesto, no pudo seguir callada.

—Sí, ‘papá’.—En la palabra ‘papá’, la bruja imprimió un tono distinto, desagradable. Astreia suspiró, negando con la cabeza, pero no intervino. Gwen prosiguió.—Y estoy bastante segura de que Joshua puede entenderte perfectamente sin que le hables como si fuera un niño de cinco años. Y también de que puedo hablar por mí misma. Así que, ¿qué te parece si te ocupas de tus propios asuntos de ahora en adelante?—Gwendoline se quitó el brazo de su padre de encima y le dedicó una falsa sonrisa muy exagerada. Duncan Edevane se quedó totalmente blanco, sin saber qué decir.

—Creo… creo que voy a saludar a mi hermano. Disculpadme.—Se excusó el hombre de pelo blanco, y entonces sorteó a los presentes, alejándose. Ya había recibido suficientes puñaladas para el poco aguante que tenía.

—Perdón por eso.—Se excusó Gwendoline, dando un sorbo a su copa. Quizás estaba bebiendo demasiado.—Como bien ha dicho mi padre, soy directora de la oficina de desmemorizadores.—Gwendoline se dirigía a Joshua, y esbozó una leve sonrisa para suavizar el tono, después de lo ocurrido.

—Y una deslenguada, también.—Añadió Astreia Edevane, negando con la cabeza, pero dedicando una breve sonrisa a su nieta. Gwendoline agradeció encarecidamente aquel gesto.

—Magizoólogo, has dicho, ¿verdad, Joshua?—Prosiguió Gwendoline.—Conozco a alguien en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. Si en algún momento estás interesado en realizar prácticas, o un trabajo a media jornada para formarte, estoy segura de que algo se podrá hacer. Actualmente, estamos escasos de personal confiable… por obvias razones.—Obvias razones, tales como la muerte de una gran parte de la plantilla a manos de fugitivos cuyas ideas eran un tanto... tajantes en cuanto al purismo. Dicho en aquel contexto, casi parecía algo normal.
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Ayax Edevane el Mar Dic 11, 2018 3:23 am

A Ayax le hacía mucha ilusión que su primo se sacase la carrera de Magizoologo—básicamente porque sabía que era la que a él le gustaba—así como que al final se animase a trabajar en el Área-M, algo que sabía que era mucho más complicado pues a Joshua no es que se le viese demasiado emocionado con la idea. Pero bueno, él estaba ahí para animarlo, pues creía en sus capacidades. Sonrió ante la broma de la abuela.

—Eso lo tenemos reservado para la familia, ¿acaso no habéis notado nuestro plan secreto de matar a todos los de la tercera edad con sustos? Es nuestro secreto para adquirir la herencia. —Y le guiñó un ojo a la abuela, sabiendo que evidentemente sería consciente de que estaba de broma. Lo único es que Ayax tenía un humor que sólo entendía él y, a veces, su primo Joshua. Él no entendía que bromear con la muerte de sus abuelos podía ser un poco de mal gusto, pero a él le parecía desternillante.

Duncan volvió a abrir la boca y un hedor a culo apareció en el ambiente. El pelirrojo lo miró, como quién mira al listillo de la clase que ha hecho la típica pregunta que a nadie le importa solo para llamar la atención del profesor. En serio, ¿por qué nadie le ofrece un bocadillo de polvorones para que así no pueda hablar? Miró a todos lados sin prestar mucha atención a lo que decía, en busca de pan y polvorones para hacer él mismo su propia técnica. Sin embargo, el tono cortante de Gwendoline hizo que el tema de repente recobrase cierta intriga. La mestiza cortándole el rollo al purista lameculos. Vaya por Merlín, los salseos familiares. Normal el mal rollo, el imbécil no había tenido suficiente con entregar a la madre de su hija a las autoridades mágicas para que la torturasen a favor de la ciencia en el Área-M, sino que luego va el bocazas y alaba al Área-M, ¿qué será lo próximo?

Así que cuando Duncan se fue con el rabo entre las piernas y Gwendoline se disculpó, Ayax mantenía una sonrisa divertida. No fue hasta que Astreia comentó lo deslenguada de su nieta que el pelirrojo se unió.

—¡Menos mal! ¿Soy al único al que le dan ganas de meterle veinte polvorones a la vez en la boca cada vez que la abre? —Comentó con jovialidad. —Lo siento, Astreia, no soporto a su hijo. Me sabrá perdonar mi poco aguante. Intento que no se me note. —Y una sonrisa orgullosa de tiburón cruzó su rostro: era obvio que le daba igual que no se le notase.

Mientras la mestiza hablaba con Joshua sobre futuras oportunidades de prácticas en el Ministerio de Magia, algo que en realidad no le interesaba demasiado pues el Ministerio de Magia le parecía lo más aburrido del universo, se percató de que sus dos hermanas se acercaban a él para saludar tanto a Astreia como presentarse a Gwendoline. Sin embargo, por el camino se encontraron con Duncan y al parecer les estaba contando algún tipo de historia que, por sus caras, no les interesaba. Qué raro, pobrecito. Quizás si se va a hablar con los elfos domésticos éstos sí le hagan caso porque no les queda otra. Ayax retrocedió unos pasos, las sujetó por el hombro y se acercó de nuevo a Astreia y compañía, abrazando a sus hermanas por sus respectivas cinturas como si presumiese de ellas. Y es que Ayax estaba muy orgulloso de sus hermanas. Es por eso que cuando terminó la conversación entre Joshua y Gwendoline, el pelirrojo hizo las presentaciones.

—Angelica y Evangeline, mis hermanas. Ella es Gwendoline Edevane, la hija de Duncan con la sangre sucia. —Las presentó, alegre.

Eva, la más tímida, se acercó a ella para darle un beso. Era una chica delgada de pelo largo, ondulado y pelirrojo. Su rostro era tan pálido y lleno de pecas como el de Ayax. En realidad los tres hermanos se parecían muchísimo, sobre todo por el tono de piel y las pecas. Las únicas diferencias es que Ayax era el más alto y tenía el pelo bastante rizado, en comparación a sus hermanas que lo tenían ondulado, prácticamente liso.

—Hola, encantada —dijo con cordialidad a Gwen.

Angelica fue un poco más amable y no parecía estar movida por un protocolo que parecía mover a la gente con engranajes oxidados. Se acercó primero a Astreia para darle un beso, un comentario de lo más cálido y agradable y un abrazo, para luego acercarse a Gwendoline. Aunque claro, ahí las hermanas se chocaron entre ellas porque una quería ir a saludar a la mestiza pero su hermana que quería saludar a Astreia estaba también en medio. Al final se chocaron entre ellas, formando en mitad del 'círculo social' una bonita evidencia de la estupidez humana.

—¿Habéis visto? Como dos cucarachas borrachas —comentó Ayax, sujetando a Eva por los hombros para atraerla hacia él, dejar pasar a Angelica y darle un suave empujón hacia Astreia.

Estas malditas celebraciones familiares me ponen de los nervios... Murmuró Angelica para sí misma, aunque la cercanía hacia Gwendoline hizo que lo escuchase. Al darse cuenta de que la mestiza lo había escuchado, fingió diversión poniendo los ojos en blanco y sacando ligeramente la lengua, divertida. —Un placer, Gwendoline. Puedes llamarme Angie para cualquier cosa —añadió con una cálida sonrisa. —Creo... creo que somos de la misma edad. Astreia siempre me lo decía, que me llevaría bien con su nieta, ¡sólo has tardado 29 años en presentármela! —Le reprochó a la abuela simpática.

Eva se acercó a Joshua por detrás de todo el mundo, en un intento de hablar con la persona con la que mejor se llevaba. O más bien, con la que más cosas tenía en común, ya que eran de la misma edad. Habían coincidido en Hogwarts durante todos sus años, aunque ella perteneció a Slytherin y él a Ravenclaw. Entre que él era un poco asocial con la vida y Eva no se separaba de su grupito de divas supremas, cuya líder era ella misma, en Hogwarts no es que tuvieran una relación muy estrecha.  

—¿Sabes que la elegancia del traje se pierde si no te peinas, Joshua? —le criticó su prima, ladeando una sonrisa. Era curioso porque Eva decía eso pero en su interior pensaba que daba igual que no se peinase, que estaba guapo igual.


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Ayax EdevaneBecario Área-M

Joshua Eckhart el Mar Dic 11, 2018 4:49 am

Por un momento, se imaginó en los pasillos del Área M junto con su primo llamándose a los gritos y le pareció la mar de gracioso, porque no se imaginaba ese tipo de cosas en un lugar tan estéril y científico, como lo veía dentro de su propia cabeza. Eso, sin embargo, no se vio exteriorizado a su físico, que permanecía con esa leve sonrisa que iba marchitándose hasta recuperar su serenidad. Joshua, quien sentía un intenso cariño por su primo, se alegraba cuando Ayax se mostraba orgulloso de él.

No obstante, tuvo que aclarar que recién comenzaba sus estudios y que el hecho de que su primo ya lo viese graduado y con un buen trabajo era aventurar demasiado. Así, con un recién adquirido buen ánimo, decidió preguntarle a la mestiza por su trabajo en el ministerio, respuesta que no le dio ella sino su padre, mismo que Joshua miró con una intensidad que decía más de lo que podía hablar. Lo estaba tratando, a él, como un estúpido, y no habría podido morderse la lengua para no decirle un par de palabras de no haber sido porque Gwendoline habló primero, haciendo que Duncan se marchase de ahí avergonzado.

Alguien dígale que ponga agua fresca en la quemadura —Joshua masculló, curvando sólo un poco la comisura de su labio en una breve sonrisa. Luego miró a su primo. — Si pones un poco de agua, los veinte polvorones se harán una masa viscosa y no podrá hablar en toda la noche —aconsejó a su primo con un pensamiento ingenioso de clásico Ravenclaw, como una estrategia para tener a Duncan callado. — Gracias por la oferta, lo consideraré —le respondió a la bruja al proponerle un contacto para prácticas o trabajo en el Ministerio.

Joshua dio un paso atrás cuando sus primas se acercaron a saludar a Astreia y a Gwendoline, distrayéndose al quitarse una basura imaginaria del traje. Todavía seguía dándole vueltas a la idea del postre, aunque la idea de desaparecer una media hora a descansar y reponer su batería de socialización parecía tentadora. Sin embargo, la presencia de Eva lo sacó de su ensimismamiento, criticándole el rebelde pelo. Joshua sabía que tenía pelo rebelde, en parte motivo por el que todos esos años usase un gorro siempre y ahora, precisamente ahora, tuviese el cabello así de desordenado al tenerlo al aire.

Ayax me dijo lo mismo —contestó sutilmente. Aunque no fuera la intención, se sobreentendía que lo había estado pensando desde que Ayax, Ayax y no otro, se lo dijo. — ¿Un mal día de pelo, supongo? —de pelo, y de color de piel, y de ojeras, y de todo. — ¿Alguna idea? —que sus primos intentasen peinarle si querían, pero el pelo de Joshua no se dejaba tratar, y por supuesto que no iba a cortárselo. — Puedo ir por el gorro —señaló con el pulgar a sus espaldas a nada en particular, pero era un gesto de “voy y vuelvo”.

Ni se te ocurra —lo interrumpió su abuela, Popheg Edevane. — Es peor que tengas ese trapo en la cabeza a que estés despeinado —le acarició la mejilla a su nieto con ese cariño de abuela, que no disimulaba la severidad con que reprendía el uso de la gorra, ¡que llevaba años intentando quitarle la mala costumbre a su nieto! — Luces encantadora —se dirigió esta vez a Eva, para seguir avanzando a quien había sido su cuñada cuando Rupert estaba en vida. — Siempre es un placer verte, ¿y esta será tu nieta Wendy? —sí, se le notaba haber hablado con Duncan.

Francis padre y Francis hijo tenían en común una seriedad que se presumía inquebrantable, y aunque Popheg era más relajada, dada al lado Edevane de la familia, tenía un carácter de hierro y una habilidad con la chancla que era mejor no poner en tela de duda. Se aproximó a Astreia y a Gwendoline, saludándolas a ambas con un beso educado, volviéndose entonces a los hermanos pelirrojos.

Uno despeinado y el otro sin corbata, válgame, ¡si hasta parece que se ponen de acuerdo! —dramatizó divertida Popheg, más bien resignada. — Ustedes, en cambio, lucen encantadoras como siempre —se dirigió a Angie y a Eva. — Ellos ya lo comprenderán cuando llegue el momento de sentar cabeza y casarse —se cruzó de brazos, mirando a su nieto cuando éste, de la sorpresa, se ahogó con su propia saliva.

Ahora que lo mencionas, voy a… A hacer algo por allá —no tenía nada que hacer, pero no quería iniciar una conversación de “búsqueda de prometida” como la que habían tenido sus primos. Que sabía que su abuela estaba intentando sembrar malas ideas dentro de la cabeza de su padre y era mejor huir con honor.

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Gwendoline Edevane el Jue Dic 13, 2018 12:03 am

Hacer leña del árbol caído no era algo de lo que Gwendoline fuera partícipe, por norma general; y si el árbol caído en cuestión era su padre, todavía menos. Quizás la mestiza despreciara a su padre hasta extremos que a veces la sorprendían a ella misma, llegando a ponerle verde cuando no estaba presente. Sin embargo, no participó en el linchamiento verbal que siguió, aún pese a haberlo causado ella con su comentario. De hecho, ese fue el motivo por el que prefirió mantenerse al margen, ignorar los comentarios que tanto Ayax como Joshua hicieron al respecto, y respondiéndolos con su mejor rostro inexpresivo que no denotaba emoción alguna.

En cambio, Astreia Edevane sí dijo algo al respecto. No fue muy dura, y su tono de voz fue el de una leve reprimenda, pero algo dijo. A fin de cuentas, mejor o peor, Duncan era su hijo. Y Gwendoline no tenía más padre que aquel. En ese sentido, ambas mujeres se comprendían bien.

—De acuerdo, caballeros. Suficiente. Vamos a olvidar este pequeño asunto y a fingir que somos personas distinguidas y educadas. ¿Podrá ser?—La mujer echó a ambos sendas miradas que a Gwendoline le dijeron mucho de la relación que la mujer tenía con ambos magos. Y si bien se mostraba un tanto más distante con Joshua, Gwendoline vio cariño en aquella forma de mirarlos. Así era su abuela: dura, pero justa, y actuando siempre desde el afecto hacia su familia.

Gwendoline no dijo nada al respecto, pero se prometió a sí misma moderarse. Era importante, teniendo en cuenta que muy probablemente, después de aquello no volvería a pisar aquella mansión.

O eso quería creer, al menos.

¿Qué importaba reprimirse? Era una noche, y después podría volver a su vida normal en su pequeño apartamento, con su gato y sus sentimientos hacia lo que ellos llamarían ‘sangre sucia’. O quizás actualmente la llamen ‘ladrona de magia’, pensó una Gwen que, de verdad, opinaba que aquel término había sido la estupidez más grande inventada por los puristas. Y una contradicción en sí misma: si la magia podía robarse, ¿no dejaba eso en muy mal lugar a los puristas? Quería decir que todos sus ideales se sustentaban sobre una base incoherente. Bueno, entre los puristas ha descerebrados como Forman, así que no sé de qué me sorprendo.

Su tren del pensamiento fue interrumpido cuando Ayax volvió con ellas llevando del brazo a dos chicas pelirrojas a las que presentó como sus hermanas. Gwendoline las observó con curiosidad, y esbozó una sonrisa cuando su primo se las presentó. Evangeline fue la primera en acercarse para dar un beso a Gwendoline, quien perfectamente podría haber pasado sin aquella muestra de afecto tan falsa. Sin embargo, respondió a ella con su mejor sonrisa.

—Es un placer conocerte.—Respondió la mestiza, para luego disponerse a recibir el saludo de la otra. Sucedió entonces aquella extraña colisión entre ellas, una total desincronización que solo podía darse o bien entre hermanas, o bien gente torpe y nerviosa. Ayax puso fin al problema, y entonces Angelica por fin se le acercó. No le pasó por alto el comentario que hizo su prima segunda mayor, y lo cierto es que no podría estar más de acuerdo: solo llevaba allí algo más de media hora, y Gwen ya quería marcharse.—Es un placer conocerte, Angelica.—Respondió Gwendoline, repitiéndose un poco, ante la presentación de la mayor. Todavía no se sentía con confianza suficiente como para llamarla ‘Angie’, como ella había sugerido.—Yo también he oído hablar de ti, pero no llegamos a coincidir en Hogwarts. Te recordaría.—En realidad, no había oído hablar absolutamente nada de ella antes de llegar a la fiesta, y en cierto modo se alegraba de no haber coincidido con ella en Hogwarts: después de todo, su vida podría haber sido diametralmente opuesta de haber coincidido con miembros de su familia en el colegio. Y se prefería como era actualmente, orgullosa como estaba de las amistades que había cultivado a lo largo del tiempo, y asqueada consigo misma cada día que pasaba fingiendo haber dado la espalda a todo aquello.

—Seguro que la espera ha merecido la pena, Angelica.—Comentó Astreia, utilizando un tono amable con su sobrina nieta, y acercándose un poco a ambas para adoptar un tono de confidencialidad.—Estoy segura de que vosotras dos os llevaréis bien. Ambas sois brillantes e inteligentes, y estoy segura de que, de no haber cursado Angelica sus estudios en Beauxbatons, habría terminado en la casa Ravenclaw de Hogwarts. Ambas os habríais llevado bien: sois brillantes y… buenas chicas.—Astreia pronunció aquello último de una manera un tanto misteriosa, lo cual llevó a Gwendoline a intercambiar una mirada curiosa con su prima.

La mestiza, por su parte, prefería seguir alegrándose por no haber coincidido con ella en Hogwarts. Seguramente, y de manera inevitable, aquello habría llevado al cafre que tenía por padre a intentar entablar relaciones más estrechas con Bruno Edevane y el resto de su familia. Por fortuna, no había sido así, y la voluntad de su madre se había impuesto. No es que entonces fuera muy difícil convencer a su padre, claro: ¿casarse con una hija de muggles descendiendo de una familia purista? Una jugada arriesgada, casi diríase que valiente… si no estuviera empañada por todo lo que vino después, claro. El caso es que a la familia aquello no le había gustado, y pese a que Gwendoline sabía que algunos habían hecho un esfuerzo por aceptar a Lamia, el veneno de los Edevane había terminado siendo demasiado para su madre. Bastante la odiaban solo por llevar el apellido de su noble linaje, y bastante felices se habían sentido cuando su matrimonio fue anulado.

Mientras Joshua mantenía una conversación con su prima menor, Evangeline, hizo acto de presencia otra de las mujeres Edevane: Popheg, abuela de Joshua Eckhart y tía abuela de Gwendoline. La mestiza y Angelica contemplaron la escena con curiosidad, y Gwendoline pensó que aquella familia casi parecía normal. Si una se olvidaba de que muchos de ellos probablemente llevarían cierta marca en el antebrazo, y de todo lo que dicha marca conllevaba, eran el prototipo de familia inglesa media normal. O de familia rica, dada la situación social en que se encontraban.

Popheg Edevane se refirió a Gwendoline como Wendy, apelativo que la joven odiaba personalmente. Sin embargo, no fue ella quien la corrigió, sino su abuela Astreia.

—Es Gwendoline, Popheg. Se pone un poco puntillosa cuando la llaman Wendy.—Ambas mujeres intercambiaron un gesto afectuoso, y Gwen se mordió la lengua. De otro modo, habría dicho que solo le molestaba que lo utilizara su padre.

—Un placer conocerla, señora Edevane. Me encanta su atuendo.—Dijo Gwendoline, intercambiando con ella otro gesto afectuoso de saludo y presentación. Aquellos gestos poco a poco iban perdiendo su sentido, a medida que seguían avanzando las presentaciones y la tarde.

El momento en que Popheg volvió a dirigirse a su nieto y mencionó el tema de sentar la cabeza fue un tanto incómodo para Gwendoline. Esperaba que nadie intentara ‘casarla’ con nadie aquella noche, pues se llevarían una gran decepción: Gwendoline recientemente había descubierto—ese mismo año, de hecho—que lo que le gustaba quizás no fueran los hombres, sino las mujeres. O mejor dicho, una mujer en concreto: una hija de muggles, por lo que quizás no fuera el detalle más apropiado para sacar a la luz.

El caso es que, de igual manera que para Joshua debió ser un pistoletazo de salida, Gwendoline sintió la urgencia de marcharse de allí. Así que se volvió hacia Angelica, con una sonrisa:

—¿Qué te parece si damos una vuelta y me enseñas este lugar? La mansión tiene una arquitectura exquisita.—Dijo Gwendoline en voz alta, para luego añadir en tono de voz más bajo y confidencial.—A mí tampoco me gustan estas reuniones. ¿Nos escapamos un rato y hablamos de ‘cosas de chicas brillantes e inteligentes’?—Propuso con una sonrisa de complicidad a su prima, quien quizás actualmente fuera la persona con la que más afinidad pudiera tener de todos los presentes.
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Ayax Edevane Ayer a las 4:14 am

Pronto llegaron Angelica y Evangeline, las hermanas de Ayax, a saludar a Astreia y presentarse a la mestiza. Bruno y Maille, sus padres, eran más de esperar a que las personas implicadas no estuviesen tan estresadas con protocolo y, sobre todo, esperar que los ‘nuevos’—en este caso la mestiza—fuese quien tomase partido en la presentación. Ellos no se molestarían en ir a presentarse, ciertamente.

Sin embargo, Astreia, Angelica y Gwendoline se enfrascaron en una conversación bastante cordial, hablando sobre todo de lo que pudiera haber pasado si las cosas hubieran salido diferente. La hermana de Ayax sonrió frente a la idea de haber caído Ravenclaw y es que, no iba a negarlo, pese a que su experiencia en Beauxbatons fue muy buena, siempre se le quedó la espina de ir al mismo colegio que el resto de su familia. E, indudablemente, la casa que más le gustaba era la de las águilas pese a que toda su familia siempre hubiese sido famosa por pertenecer a la casa Slytherin.

—Gracias, Astreia —agradeció Angelica por sus buenas palabras, ya que ella siempre había sido muy buena con aquella joven. —Siempre me ha visto con buenos ojos. Debió haberme visto en Beauxbatons haciendo pellas. —Y tras una sonrisa que declaraba que era broma, sonrió. —Pero creo estar bastante segura que de haber ido a Hogwarts, no me hubiera quedado más remedio que aceptar mi destino en Slytherin como el resto de mi familia.

—¡Bueno! Lo dices como si Slytherin fuese una casa mala y te resignases a aceptarla —dijo Ayax, metiéndose de por medio, siendo MUY CONSCIENTE de que su hermana en Slytherin no pegaba ni con cola y, seguramente, Astreia tenía razón. Sin embargo, meter en ese tipo de compromisos a su hermana le encantaba.

—No es eso, Ayax —dijo para salir del paso. —Pero…

—Si, ya, no sabes qué decir.

—Es que Slytherin no me gusta, pero yo te quiero mucho. —Y esbozó una sonrisa de lo más inocente.

—Deshonra —dijo Ayax, también divertido.

Mientras tanto, Eva estaba hablando con Joshua en un intento de acercamiento social y, antes de que ella pudiese decir nada con respecto al gorro que Joshua solía utilizar casi siempre en Hogwarts, apareció Popheg. Esa señora, no sabía por qué, le resultaba muy graciosa a Ayax. Seguramente fuese por su cara. O porque siempre que sacaba un tema incómodo—algo que parecía ser muy propio de ella—el resto hacía bomba de humo y la dejaban hablando con el más lento en escaquearse.

—Las corbatas están sobrevaloradas y me molestan. Siento que me cohíben los movimientos y uno debe de ser ágil para esquivar sus chancletazos, Popheg. Te estás volviendo muy predecible últimamente con ellos... —dijo Ayax, ladeando una sonrisa.

Y ahí estaba la conversación estrella: EL CASAMIENTO. Joshua fue el primero en tirar la bomba de humo al suelo y, sin currarse la excusa, dijo que iba a hacer algo por allá. Que bien podía ir a hacerse un bocadillo, como bien ir a hacer un streaptease. Por suerte nadie preguntó. Eva aprovechó ese momento también para girarse e irse a ningún sitio, en buscas de alguien que le salvase de aquella situación. Al final vio a su cuñado hablando con su padre y se dirigió allí como si esa conversación—posiblemente sobre política—fuese más de su agrado. Ayax, por su parte, se encogió de hombros.

—Hay gente que le hablas de matrimonio y huyen como cobardes. —Y tras ese divertido comentario, caminó tras de Joshua, sin ganas de tener que hablar demasiado él con Popheg de su futuro matrimonio ya concertado con Amalthea. Ya cuando llegase a la fiesta iban a tener ese tema de conversación para rato, por lo que prefirió evitarlo en solitario. Una vez al lado de Joshua, alejados del resto, se colocó de nuevo la camisa en la altura de su manga. —¿Ves? No ha sido tan difícil. Has durado bastante bien. Era de esperar que salieras corriendo ante el tema del matrimonio. Aún eres joven y tienes la suerte de que nadie te va a concertar nada, no tienes por qué huir. La que tiene que tener miedo es mi hermana. Mírala. —La señaló y Eva estaba mirando a todos lados, con miedo de que Popheg fuese a hablar con Maille y ella sobre posible candidatos. —Tu padre ni te mete prisa con casarte, ¿no? ¿O ya te está diciendo que como único heredero tienes que empezar a mover el culo para dar descendencia?

Mientras tanto, Angelica había aceptado la invitación de Gwendoline a huir de esa escena, dejando solas a Astreia y Popheg. Era cierto que ella ya estaba casada, pero igualmente le parecía una conversación de mal gusto—porque ya las había vivido—el intentar presionar a todos para que pensasen en el matrimonio cuando todavía uno no sabía ni qué estudiar ni qué hacer con su vida. La verdad es que para la pelirroja había sido una época de mucho estrés, el tener que pensar en una familia cuando sólo quería estudiar. Angelica era muy amable, muy mona y muy familiar, pero la verdad es que nunca quiso tener hijos y ya notaba la presión de una descendencia rápida en la mirada de todos sus abuelos.

—¿A quién le gustan las reuniones en donde los más adultos presionan a los más jóvenes a casarse? —Puso los ojos en blanco. —Yo ya estoy casada y todavía siento la presión en la sangre. —Y sonrió con jovialidad. —Y me gusta eso de hablar de cosas de chicas brillantes e inteligentes, aunque siento decirte que de arquitectura sé bien poco, pero la mansión es preciosa. Supongo que verla desde que tengo uso de razón le ha quitado gran parte de su encanto para mí —confesó, ya que pese a que era preciosa y ella lo reconocía, lo que no reconocía era ‘esa arquitectura exquisita’. —Ven, que te enseño los jardines. Mis abuelos son tan horteras y aburridos que en vez de tener una piscina tienen un maldito lago con Grindylows. Puedes imaginarte los dramas cuando éramos pequeños y sólo queríamos bañarnos en verano cuando milagrosamente hacía buen tiempo —contó como anécdota, divertida. Las criaturas que vivían en ese lago no eran hostiles y es que, como es normal, tenían un lugar para vivir en tranquilidad. Caminaron por un camino de piedra lisa, alejándose un poco del foco en donde estaban todos reunidos. A medida que caminaban, unas farolas se encendían mágicamente con una luz tenue, lo suficiente para iluminar el camino. —¿Y a qué te dedicas, Gwendoline? La verdad es que hace tanto tiempo que no veo a Astreia que te he perdido la pista.

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Joshua Eckhart Ayer a las 6:53 am

Joshua presenció el intercambio de palabras entre sus primos, Ayax defendiendo su casa y la de su familia. Si bien él se daba por enterado que era una broma, ya que Angie no tenía mucho de Slytherin, se vio con la necesidad de meter su cuchara en la conversación. — ¿Tienes algún problema con Ravenclaw, primo? —defendió no sólo a su casa, sino a Angelica para ayudarla a salir del pequeño aprieto en que la habían metido. — Que es una casa bastante buena también —si hubiese traído cualquier cosa de Ravenclaw, se lo hubiese puesto a Ayax en la nariz, presumiendo su casa.

No lo traía, y la nariz del pelirrojo se quedó bien y tranquila. Joshua no era un fanático de las casas, pero siempre era curioso cómo uno la defendía como un grupo predilecto. Es decir, habían pasado en ellas todos esos años, como para olvidar de un día para otro haber pertenecido ahí. Luego volvió a concentrarse en la conversación con Eva, que, para variar y como muchos de los presentes, no parecía muy feliz con la rebeldía de su pelo. Cuando él mencionó la posibilidad de usar su gorro, su abuela apareció como una invocación a negárselo.

¿Eso es lo que piensas? ¿Quieres retarme, muchacho? —Popheg se llevó la mano a la zona donde se guardaba la varita, dispuesta a usar un hechizo chancletazo contra Ayax, aunque hablando muy en broma. — Es que ya no hay respeto —se quejó después.

Y, claro, tuvo que decir la palabra mágica para que todos, todos salieran huyendo de ahí: casamiento. Su nieto no perdió dos segundos antes de inventarse una muy mala excusa para salir disparado fuera de la conversación, como eventualmente hicieron el resto de jóvenes, dejando a las dos mujeres con sus temas de mujeres mayores. Casi parecía que Popheg lo hacía a propósito para echar a todos de una conversación que prefería privada, sin interrupciones de muchachos.

La curiosidad mató al gato, primo mío, y espero que no case a Joshua —sonrió a medio lado. — Mi padre tiene otros asuntos en que pensar, pero mi abuela… Creo que espera que le traiga niños a la casa pronto con mi novia imaginaria —puso los ojos en blanco. Que ni siquiera sabía de dónde esa mujer pretendía que sacase él un bisnieto. — Cree que no lo sé, pero ya la he escuchado soltar el tema como quien no quiere la cosa con mi padre —se volvió hacia Ayax rápidamente, levantando su índice con aquella grave acusación.

El movimiento lo mareó, motivo por el que tuvo que dar un paso atrás y sacudir la cabeza. Inhaló y suspiró, no le estaba haciendo nada bien la falta de sueño por esas pesadillas recurrentes y encima esforzarse cuando las pociones no ayudaban. Dirigió la mirada entonces a Ayax, una de esas personas de confianza en las que podría poner su vida en sus manos, y sonrió ligeramente, una sonrisa que pincelaba abnegación. Quizá el Ayax de sus sueños tenía razón en una sola cosa: no podía hacerlo solo. Lo había comprobado en más de una ocasión, la poción matalobos no ayudaba a controlarse en lo más mínimo, y era cuestión de tiempo antes de que ocurriese algo que no podría encubrir ni enmendar.

¿Te importaría si… vamos a otro lado? Tengo que contarte algo —le pidió, señalando con su pulgar a sus espaldas hacia ningún lugar, pero con el gesto de apuntar cualquier otro sitio que no fuera ese. Emprendió el camino, dirigiéndose al exterior de la carpa y alejándose del bullicio de la gente. La valentía que había sentido cuando le pidió hablar se esfumó de repente.

Se dirigió al cenador de madera que había en el jardín, donde en reuniones mucho más pequeñas podían sentarse a conversar y que, por suerte, en ese momento estaba vacío. Se sentó en uno de los sillones tras abrirse el saco para no arrugarlo, relajándose un momento mientras miraba el cielo que empezaba a oscurecer poco a poco. No estaba seguro de cómo comenzar, así que se tomó su tiempo para mentalizarse antes de hablar.

Sabes que confío en ti, ¿verdad? —le preguntó, por comenzar. — Cubriría tus espaldas de cualquier cosa y te apoyaría en todo —¿a dónde quería llegar con tanto sentimentalismo? — Y también sabes que yo no te mentiría si no fuera estrictamente necesario, no te ocultaría nada importante si no pensara que es la mejor decisión al corto o mediano plazo, porque pensaría que… Y yo… —se interrumpió cuando se dio cuenta de que estaba hablando sin sentido. El silencio se extendió por su parte. — Me mordieron —soltó al fin. — Un hombre lobo me mordió hace meses —hace casi un año, pero ese era un detalle que podía omitir.

El corazón le latía desbocado en el pecho, en los nervios que tenía decir lo que estaba diciendo. Su primo ya se lo había dicho, que pensaba que un hombre lobo decente podía ser considerado humano, pero, ¿era él un hombre lobo decente? ¿Sin poder controlarse ni siquiera medicado? ¿Uno al que la poción matalobos no le funciona? ¿O que tiene guiños de su salvaje naturaleza en su forma humana? Lo único que sabía en ese momento era que necesitaba de su primo.
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