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Christmas Party at Edevane Manor. —Josh, Gwen, Amalthea & Ayax.

Ayax Edevane el Jue Dic 06, 2018 4:16 am

Recuerdo del primer mensaje :


Gráfico hecho por Güendolín — Mansión Edevane — 24 de diciembre del 2018, 19:36 horas —  Atuendo de Ayax Edevane

Para Joshua Eckhart:

Joshua Eckhart


Estimada familia Edevane,
me complace informaros de que este 24 de diciembre del 2018 yo, Rabrours Edevane, cabeza de la familia y propietario de la Mansión que un día nos legó Caulugus Edevane, quiero organizar la famosa cena navideña en donde todos volvamos a sentarnos en el gran salón como la gran familia que somos, compartiendo esta festividad que si bien no es de mi agrado personal, es un motivo para afianzar lazos familiares.

Como todos los años, Sr. Eckhart, nos gustaría contar con su presencia. La unión de los Edevane y los Eckhart siempre ha sido un honor para nosotros y usted un Edevane más en nuestra familia. Confirme asistencia, así como si llevará invitado.

El día 24 de diciembre, en la Mansión Edevane, a las 19:30 horas. Se pide puntualidad.

Atte. Rabrours Edevane



©️
Para Gwendoline Edevane:

Gwendoline Edevane


Estimada familia Edevane,
me complace informaros de que este 24 de diciembre del 2018 yo, Rabrours Edevane, cabeza de la familia y propietario de la Mansión que un día nos legó Caulugus Edevane, quiero organizar la famosa cena navideña en donde todos volvamos a sentarnos en el gran salón como la gran familia que somos, compartiendo esta festividad que si bien no es de mi agrado personal, es un motivo para afianzar lazos familiares.

Srta. Edevane, ha sido usted invitada a compartir estas señaladas fechas con toda su familia. Quizás haya sido un error por nuestra parte no haber contado con usted en anteriores ocasiones, pero nunca es tarde para darse cuenta de que todos los miembros de la familia Edevane nunca decepcionan. Usted incluida. Será un placer para nosotros conocerla al fin.

El día 24 de diciembre, en la Mansión Edevane, a las 19:30 horas. Confirme asistencia, así como si llevará acompañante. Se pide rigurosa puntualidad.

Atte. Rabrours Edevane



©️

Era navidad y la familia Edevane, como cada año, se preparaba para la famosa cena navideña en la mansión principal de la familia, junto a sus abuelos y el resto de familiares. Como siempre, Maille estaba de los nervios pues, como buena ama de casa y amante de la cocina, le gustaba participar en la creación de la cena y no dejarlo todo en manos de los elfos domésticos. Nunca había sido muy fan de la cocina de los elfos y adoraba conquistar a sus suegros por el estómago. Dejando eso de lado, toda la preparación iba de fábula de mano de Bruno, Evangeline y Ayax.

Estaba deseoso de llegar ya y poder estar con su hermana mayor, la cual llevaba ya un año viviendo con el marido, así como de volver a ver a su primo Joshua, con el que siempre tenía tema de conversación. Algunas más profundos que otras, eso sí. Con respecto al resto, nunca había tenido una gran relación con sus primos Xerox y Serinda y lo cierto es que prefería que fuese así, pues siempre que había algún tipo de roce solía estar lleno de sarcasmo y hostilidad. Y Ayax lo entendía, por supuesto, era complicado que en una familia de gran poder adquisitivo y económico, de siete descendientes, sólo hubiera dos varones con el apellido Edevane. Dejando eso de lado, también había una nueva noticia, una muy importante. Era bastante concurrido el tema familia de ‘la mestiza de los Edevane’, la hija que el imbécil de Duncan tuvo con nada más ni nada menos que con una hija de muggles. Sin embargo, al parecer apoyaba abiertamente al nuevo gobierno y había conseguido grandes hazañas dentro del Ministerio de Magia, por lo que sería mentir el negar la curiosidad que Ayax había sentido por tremendo espécimen. Uno empezaba a pensar que hasta siendo mestizo, uno puede ser un gran mago si se apellida Edevane. Si no mira ahí a Xerox y Serinda, retrasados pero decentes sólo por su apellido.

Ayax ya se encontraba frente a la Red Flu principal, mirándose al espejo para colocar con perfección la manga de su camisa, así como el repeinado hacia atrás. Bruno estaba con él, mirando el reloj. Como siempre, Maille y Evangeline se retrasaban.

—¿No te pones corbata? —preguntó el padre.

—No tenía ninguna que combinase con el estampado de la camisa —respondió Ayax. —Además, me aprietan la nuez y me molesta.

Problemas de hombres, vamos. Lo último. Lo primero era claramente un problema de que Ayax no sabía combinar y punto, además de que él creía que las cosas raras solían ser tendencia en la moda y sólo se las ponía él. De ahí ese estampado en la camisa. Lo peor de todo es que asegurándote de lo rarito que es Ayax, hasta su vestimenta le viene ni que pintada con su personalidad.

19:43 horas

Los cuatro miembros de la familia Edevane se presentaron en la mansión Edevane a través de la Red Flu. Ayax había hablado con Amalthea para que asistiera junto a él a la cena de navidad y poder presentarla al resto de la familia, pero trabajaba hasta tarde y le cogía muy justa la hora de llegada, por lo que había quedado con él en que llegaría desde que pudiera.

Así que se dirigieron al patio exterior, en donde estaban todos bajo una grandísima carpa tomándose un tentempié acompañado de alguna copa de champán para hacer tiempo hasta la cena. Como siempre, la familia de Bruno y Maille Edevane eran los últimos en llegar. No era una sorpresa para nadie, de hecho era lo habitual, ¿por quiénes creíais que siempre ponían 'rigurosa puntualidad' en la maldita invitación? Exacto, por aquellos quiénes los ignoran.

Todos comenzaron a saludarse, pero Ayax se quedó rezagado, carraspeando y buscando con la mirada a su primo favorito. Todos los allí presente sabía que no podía faltar una cosa viniendo de Ayax, por muchos años que tuviese o muy maduro que éste fuese. Madurar era seguir haciendo las cosas infantiles teniendo en cuenta que siguen siéndolo. Y nada ocurría. Uno ya no sabía qué le gustaba más, si seguir llamando a su primo de esa manera tan estúpida o simplemente convertirse durante ese momento en el centro de atención y ver como todos lo miraban como si no tuviese remedio. Lo cierto es que no lo tenía.

—¡JOSHUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! —Gritó, sin poder evitar sonreír por el espectáculo que siempre daba y, automáticamente, agacharse para evitar la inminente chancla que iba directa a su cabeza de manos—o más bien pie—de Popheg Edevane, la abuela de Joshua.

PNJs que usaré durante el rol:
Abuelo — Rabrours Edevane || #993366
Abuela — Hera (Masbecth) Edevane || #cc6666
Padre — Bruno Edevane || #9999ff
Madre — Maille (Dunne) Edevane || #ff99ff
Hermana mayor — Angelica (Edevane) Makrlík  || #ff9999
Cuñado — Mysha Makrlík || #0099ff
Hermana menor — Evangeline Edevane || #ff66ff


—Click para baúl de Ayax - Ficha de los PNJs—
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneBecario Área-M

Ayax Edevane el Lun Dic 17, 2018 3:32 am

Se hizo el derrotado frente a lo que dijo Astreia de que tenía las de perder, sin decir nada al respecto por puro respeto. Pero en realidad piénsalo: Joshua era un Eckhart, Astreia una Woodstein y Gwendoline por mucho que tuviera el apellido Edevane era hija de alguien como Duncan—un Hufflepuff, por favor...—y una sangre sucia, ergo no es que ninguno de los tres fuese un Edevane con todas sus letras. Los Edevane que realmente valiesen como tal estaba claro que iban a caer en la casa de Slytherin. Era una marca familiar que nunca había fallado.

—No, por favor, debo conservar mis neuronas y usted su zapato. —Y sonrió a Popheg frente a su broma del chancletazo por la 'falta de respeto' del pelirrojo.

Por suerte eso de hablar con la tercera de edad no iba con ninguno de los más jóvenes, por lo que Ayax se fue con Joshua a mantener alguna de sus filosóficas conversaciones sobre el significado de bofella, mientras que Angelica se unió a la mestiza. Por parte del pelirrojo, persiguió a su primo hasta los sillones del jardín que quedaban bastante alejados del foco principal de personas. Los primos siempre habían sido un poco asociales con respecto a eventos familiares de éste estilo, a excepción de cuando a Ayax le daba la vena de meterse en temas políticos con la familia o de hacerse valer como el mejor nieto de la familia. El resto de veces solía acompañar a su primo en su burbuja de ser asocial, ya que Ayax también lo era un poco y en eso se entendían.

La verdad es que se sorprendió de que Joshua le preguntase que si le importaba irse a otro lado con él, que le tenía que decir algo importante. Él aceptó, haciéndose ideas pre-concebidas: ¿habría decidido casarse, al fin? ¿Tendría intenciones de cambiar de carrera por el bien de la relación con su padre? ¿Hablarle sobre su interés en el Área-M?  ¿Quizás irse a estudiar fuera? ¿Comprarse un hipogrifo? Todos sabemos que la compra de un hipogrifo viene de la mano de muchas responsabilidades. Pero no, parecía todavía más serio y Ayax no conseguía imaginarse el qué sería. Es por eso que cuando se sentó en el sillón, Ayax se quedó de pie con los brazos cruzados, atendiéndolo con atención y sin hablar. No sabía por dónde le iba a salir con tanto sentimentalismo inesperado, pero cuando el culmen fue la mordedura de un licantropo, el pelirrojo enarcó una ceja y miró hacia donde estaba toda la familia, asumiendo por su manera de sincerarse que era el primero en enterarse. Evidentemente no se lo esperaba, pero como bien sabía Joshua, su primo no era una persona precisamente empática, sino más bien fría. Así que inevitablemente asumió la noticia de la manera mas metódica posible y para nada sentimental.

El pelirrojo no era muy fan de las criaturas mágicas como lo pueden ser los licántropos o los vampiros, pero debía de admitir que después de las experiencias que había tenido con éstos últimos, los licántropos subían muchos puntos en su escala de aceptación. Así mismo, Joshua no entraba en absoluto en el canon de licántropos que Ayax tenía en mente. Es por eso que tras su confesión, Ayax miró al cielo, para entonces desabrocharse el botón de su traje para sentarse frente a él, en la mesa, para hablar con él en discreción.

—Ahora entiendo tu mala cara —dijo, pues la luna estaba en su fase menguante, pero hacía dos días que había sido luna llena. —¿Soy el primero en enterarse? —preguntó, dejando de lado el drama de cómo se había convertido. Ya habían hablado de eso: los licántropos irresponsables que saben que no pueden controlarse y aún así no toman las medidas necesarias para no seguir contaminando al resto. Asumía que había sido algo de eso, pero ya le preguntaría más adelante si es que no tenía trauma por contarlo. —Porque si soy el primero en enterarse, siendo tu primo favorito el medimago, miedo me da preguntarte como has pasado todos estos meses bajo la influencia de la luna llena. —Hizo una pausa. —Me ahorraré el sermón del que asumo ya eres consciente. Pero te podría haber ayudado desde el minuto uno. —Ayax había dejado de lado un poco ese tono jovial y amistoso que solía traerse y, pese a que no era en absoluto hostil, si que sonaba serio. Y cómo no iba a sonar serio: su primo era un licántropo. —¿Necesitas ayuda, no? —preguntó finalmente, asumiendo que si después de meses se había decidido a contárselo era porque después de todo se habría dado cuenta de que no es algo con lo que lidiar solo. Ayax apoyó una de sus manos sobre la rodilla de Josh, en un gesto de apoyo.

Angelica Edevane

En compañía de la nueva integrante de la familia—al menos en las reuniones familiares—, Angelica caminó hacia el lago famoso de la mansión Edevane. La verdad es que teniendo en cuenta los temas que se trataban en ese tipo de eventos, la pelirroja—así como todos los jóvenes—solía preferir tratar temas menos intensos con los de su edad y evitarse polémicas. Eso sí, durante la cena la cosa cambiaba mucho. Desde que una persona fuese el foco de atención, podía rezar para que el resto de familiares no fuesen unos cabrones con las preguntitas, pues ahí sí que uno no podía huir de ellas. Angelica había ido preparada, asumiendo unas cuantas que le iban a llegar estando en compañía de su marido.

—No creo que nadie de los aquí presente tenga mucha idea de arquitectura. Huirán de una conversación como esa en dónde puedan quedar de ignorantes, de eso no cabe duda. —Y le sonrió frente al divertido sentimiento que compartían con respecto a ese tipo de situaciones. ¡Y eso que era la primera vez de Gwendoline! No le quería meter miedo, pero teniendo en cuenta que era su primera vez, bien podía pasar un poco desapercibida si la suerte estaba de su lado o podría acabar siendo la protagonista de la cena. Y a raíz de eso no le extrañaría no volver a verle el pelo en estos eventos. Era un momento muy incómodo cuando de repente todos te miran mientras sorben la sopa a la espera de que contestes preguntas que no tienes por qué contestar. —Si tía, Grindylows. Ya te podrías imaginar nuestras caras de pequeño. Las familias normales tienen perros adorables, nosotros teníamos Grindylows —bromeó divertida.

Atendió a su profesión, asintiendo con la cabeza. La verdad es que Angelica tenía siempre bastante curiosidad por todas las líneas de magia, pero la que tenía que ver con la mente nunca fue de esas. Eso de modificar la mente ajena le parecía un arte muy feo. Necesario para el Estatuto Secreto de la Magia, vale, pero no se veía capaz de hacer esas cosas. Evidentemente no dijo nada al respecto, ya que podía ofenderla. Y Angelica probablemente era de las pocas en esa mansión que no quería ofender a nadie, ni queriendo ni sin querer.

—Claro, estar encerrada ocho horas entre cuatro paredes vuelve loca a cualquiera, ¿no? Y más en ese trabajo, que con todo lo que está pasando debe ser un no parar —comentó en su favor. —Yo no tengo trabajo fijo, realmente. Estudié Runología y me busco la vida en dónde haga falta una Runóloga, que por suerte no hay muchas. A veces trabajo con el Departamento de Misterios, otras veces con organizaciones independientes... He pensado en dar clases, pero la verdad es que no creo tener la paciencia necesaria. —Confesó, negando con la cabeza, pese a que se le veía probablemente como una de las más pacientes de la familia. La realidad era que no le gustaba dar clases, pues era la salida más fácil y la más aburrida. —Además, ahora estoy sacándome una segunda carrera, la de Historia Antigua de la Magia. Ya por hobbie... —Y se encogió de hombros.

El sueño de Angelica era terminar viajando por el mundo en busca de todo a lo que los magos se le habían quedado atrás, conociendo nuevas culturas y descubriendo nuevos mundos. Lo malo es que con la vida que debía tener por presión familiar, eso era muy poco compatible. Según su reloj biológico adaptado por la familia Edevane en menos de dos años ya debía de tener un hijo. ¡Yupi! ¡Lo estaba deseando!

Paseando por el camino, llegaron a ver el lago desde lo alto. Debían de bajar unas escaleras de piedra para llegar a la orilla, pero ya la pelirroja le señaló la famosa 'piscina' de los Edevane.

—Ahí está —dijo, señalando a una extensión de agua de aproximadamente un kilómetro.
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Lun Dic 17, 2018 6:29 am

Al decirle aquello a Ayax, esperaba muchas cosas. Entre ellas no se encontraba que su primo respondiera al sentimentalismo con que había iniciado la conversación, un tema personal y profundo para él, al grado de querer ocultarlo de todos. Tan sólo pensar la reacción del resto de la familia, del mundo mágico en sí mismo, le escandalizaba. Recargó sus antebrazos en sus piernas, entrelazando sus propios dedos, esperando que su primo analizara la información que acababa de darle. Inhaló y suspiró, queriendo tranquilizarse.

Lo vio sentarse en frente de él, asintiendo al escuchar que a eso se debía su decadente estado. — Sí, de la familia —le contestó, — hay quien lo descubrió por accidente —pero de eso no quería hablar. Ayax era la primera persona en quien había confiado para decírselo directamente. — Sé que me hubieras ayudado, y lo siento por decirlo hasta ahora, pero al principio fui irresponsable y quería negarlo, la poción matalobos ayudaba, así que creí que podía… hacerlo solo —empezó a explicarle, entendiendo su tono de voz. — Pero ahora no sirve y no sé qué hacer, no ayuda en lo absoluto, me he metido en peleas con otros licántropos incluso —y había mordido a alguien, otro detalle donde mentiría por omisión.

A pesar de que fue un gesto muy suave, miró a su primo cuando sintió su mano sobre su rodilla en una señal de apoyo. Ayax no era una persona empática, pero le estaba mostrando su respaldo con el leve contacto. Durante un segundo consiguió tomar las riendas de sus emociones desbocadas, donde el miedo al rechazo se había hecho casi tangible en la tensión del momento.

Hago refugios apartados de la ciudad —empezó a explicarle su modo de operación, — con cosas para cuando amanezca. La tarde antes hago hechizos de protección y otros para mantenerme en el sitio, cadenas, jaulas, lo que haga falta —volvió su mirada a sus manos. — Pero siempre recobro la conciencia lejos, herido en mayor o menor medida, sea por enfrentamientos o por lastimarme inconscientemente con la vegetación, a pesar de que haya tomado todas las dosis de la poción, he intentado bebiendo pociones paralizantes pero tampoco sirven, creo que sólo lo empeoran al despertar —no se sentía bien diciéndolo, pero si quería ayuda lo mínimo que podía hacer era ponerlo al tanto.

Ya se había enfrentado a otros licántropos, cuya batalla, aunque en igualdad de condiciones, podía llegar a ser fatal con la bestialidad con que se atacaban. Ya había mordido a una persona, una jovencita de Hogwarts a quien le arruinó la vida por su inconsciencia, como a él otro antes se la había arruinado. Se temía que llegara el día en que ocurriese algo todavía peor. Algo de lo que verdaderamente hubiera repercusiones de las que no podría escapar.

Necesito ayuda, tu ayuda —reconoció. Si casi se sentía un adicto reconociendo que hay un problema. — No sé si el problema es la poción, o que tiene que ser así, o el lugar, o… O simplemente yo —porque lo había pensado, aunque era la opción que menos le gustaba. Que el problema no fuera nada más que él mismo, intentando negar lo innegable. — Esperaba poder decírtelo cuando lo tuviera controlado y te mostrase que era responsable, pero… Soy patético —confesó, soltando un bufido de risa para sí mismo, negando con la cabeza e irguiéndose. Ni siquiera esperaba que lo contradijese.

A pesar de todo, lo encontraba liberador. Como si se acabase de quitar un peso enorme de encima que era conllevado por el secreto que le ocultaba a una persona tan importante como lo era Ayax. Sólo esperaba que todo saliera bien y que a partir de ese momento, las cosas empezasen a ir a mejor. Que encontrase la manera de controlarse, o al menos de mantenerse a salvo a sí mismo y a los demás durante las transformaciones.

En el lago.

Para Emma Eckhart, las reuniones de familia eran muy aburridas. De hecho, muchas veces era el invitado que llega tarde a propósito, sólo cena y se va a su casa. No porque fuera descortés o no tuviera educación, sino porque en el fondo no se sentía cómoda con la familia política de su hermano. Prefería pasar las navidades en algún hotel elegante y tener una copiosa cena hecha por el personal del hotel, aunque seguramente Brooke creyese más conveniente quedarse en casa y pedir pollo frito como cena de Navidad.

Ese día habían llegado particularmente temprano. Por ello, habían decidido dar un paseo en los alrededores antes de presentarse en el evento formalmente, había ido a mostrarle por enésima vez el lago con los grindylows. Algo le contaba Brooke que Emma no escuchaba, concentrada en abrazarla por la espalda, deleitándose con su perfume que muy conscientemente Emma le había regalado hace dos semanas, especial para esa época. Y un vestido de su mejor colección, que Brooke lucía como un ángel a sus ojos, aunque la incomodidad de la alquimista no pasaba desapercibida. Zapato bajo, porque Emma era benévola, y no llevaba los tacones altos que ella usaba.

Ya te digo, no sólo el dedo de grindylow sirve para hacer pociones, faltan muchas pruebas por hacer, yo personalmente creo que sus cuernos… ¿Me estás escuchando? —Brooke se ensimismaba en contarle cosas sobre sus pociones y la transmutación de las sustancias, a pesar de que Emma no la escuchara en lo absoluto. — De verdad eres imposible —le dijo,  aunque no estaba verdaderamente molesta con ella.

Claro que te escucho, algo te oí decir sobre lo mucho que me quieres —no estaban hablando de eso, pero Emma aseguraba haberlo escuchado, sonriéndose. Sin embargo, algo la distrajo cuando oyó lo que creyó eran voces aproximándose. Se separó de Brooke para alzar su mirada allá arriba, donde visualizó dos figuras femeninas. — Oh, creo que tenemos compañía —le dijo, sonriente.

Emma era reconocida por ser la dueña de una gran empresa de diseño de modas y modelaje internacional. Brooke, por su lado, era mucho menos popular exceptuando un público específico. Era importante dentro de la alquimia y las pociones, aunque aún no muy acentuada dentro de la cultura popular. Por no mencionar que la edad ya había teñido de blanco el pelo de Emma, cuando Brooke estaba en su plena juventud, cuando mucho veinticinco años.

¡Hola, Angie! —saludó a la joven. — Es lindo verte, ¿quién te acompaña? —le preguntó, invitándolas a bajar con ellas. Brooke bufó, sin siquiera mirar en dirección a donde Emma había localizado dos personas.


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“Amiga” de la tía abuela: Brooke Maier - #ccccff
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Joshua EckhartUniversitarios

Gwendoline Edevane el Miér Dic 19, 2018 7:12 pm

Teniendo en cuenta el ambiente que reinaba en aquella fiesta, en la cual Gwendoline se sentía tan fuera de lugar como podría estarlo un pulpo en un garaje, Angelica Edevane supuso un soplo de aire fresco. Su prima segunda le recordaba mucho más a ella que cualquiera de los presentes, y quizás por su compañía, solo quizás, aquella fiesta tendría algo rescatable, algo que recordar. Algo que contarle a sus amigas sin sentirse asqueada por el hecho de haber pasado una noche entera rodeada de puristas.

Caminaban en dirección al lago, con mucha tranquilidad y conversando lo más animadamente que les permitía aquella reunión social tan indeseada. Y es que, si bien no conocía mucho a su prima, Gwendoline podría asegurar que estaba tan deseosa de marcharse como ella. Aunque claro, al menos la pelirroja había tenido la decencia de presentarse con sus familiares, o de saludarlos; Gwendoline se había limitado a quedarse esperando a que los otros llegaran y los había ido recibiendo lo más educadamente posible.

—Teniendo en cuenta las conversaciones sobre matrimonio, hacerles huir de una charla sobre arquitectura sería casi una venganza del karma...—Comentó la morena, curvando los labios en una leve sonrisa, para a continuación escuchar la explicación acerca del lago poblado por Grindylows que había en la propiedad.—Cierta persona que conozco defendería a capa y espada la adorabilidad de los Grindylows, aunque yo no creo que tengan nada de adorables. Pero no me extraña: mi amiga defiende hasta a los kappas, y los pobres son muy feos.—Opinó con sinceridad. Gwendoline adoraba a muchas criaturas que salían del mar o de los lagos, pero los kappas no entraban en ese grupo. Ni los Grindylows. En realidad, ninguna criatura mágica acuática que atacara sin motivo aparente le gustaba a la desmemorizadora.

Hablaron un poco sobre el trabajo y en general sus propósitos en la vida. Gwendoline confesó que trabajaba en el Ministerio de Magia como directora de la oficina de desmemorizadores, y asintió con la cabeza, con gran resignación, a las palabras de su prima. Se cuidó mucho de no decir que ese trabajo en su mayoría se veía relacionado con las acciones imprudentes de puristas, cazarrecompensas y mortífagos, que tenían más bien poca consideración para con las normas y para con sus víctimas. Aquella línea de pensamiento no iba a llevar muy lejos a Gwen, estando dónde estaba.

—Me paso con la cabeza metida en informes todo el santo día.—Negó con la cabeza, suspirando.—Al menos ya no me veo tan expuesta como antes a algún hechizo perdido por parte de algún fugitivo.—O por parte de algún mortífago, para el caso. A veces no sabía quién podía ser más peligroso de todos, si el fugitivo perseguido, que a fin de cuentas solo se defendía, o los que se suponía que eran sus aliados del Ministerio de Magia.

Angelica, por su parte, aseguró que no tenía trabajo fijo, que hacía aquello que iba encontrando en diversas ramas de la sociedad mágica, y mientras tanto estudiaba. Aquello sonó a Gwendoline como música para los oídos. ¿No sería maravilloso vivir así? ¿Trabajando lo necesario y estudiando aquello que te apasiona? La morena sintió una pequeña punzada de envidia hacia su prima segunda, pero pese a todo le sonrió amablemente.

—Desde luego, eres toda una Ravenclaw.—Afirmó Gwendoline, manteniendo la sonrisa.—Te comprendo respecto a las clases: yo no tengo paciencia. Lo más cercano a dar clases que he hecho es hacer de canguro de tres niños durante algún tiempo, y no es que me saliera muy bien. A fin de cuentas, a mí no se me dan bien los niños, no sé hacerme entender por ellos. Y me pongo nerviosa fácilmente. Sería una profesora terrible.—Gwendoline hablaba con toda sinceridad.—¿Y trabajas muy a menudo en el Ministerio?—Preguntó la morena con curiosidad.—Por cierto, yo también estudio, aunque en mi caso me he decantado por la medimagia.—Se cuidó de manifestar sus motivos, aún a pesar de que Angelica le daba buena espina. No parecía una purista orgullosa, a simple vista, aunque las apariencias siempre podían engañar.

Llegaron a una pequeña escalinata de peldaños de piedra labrados, de aspecto natural, que conducía al susodicho lago, y nada más verlo, Gwendoline tuvo que reconocer que era un lugar hermoso. Y eso que era por la noche: durante el día, aquel lugar debía ser espectacular. Con una leve sonrisa en el rostro, las manos entrelazadas a la espalda, Gwendoline empezó a bajar junto a su prima, peldaño a peldaño, sin perder de vista el agua oscura que tenían enfrente.

—Es precioso.—Dijo en voz baja.—Seguro que durante el verano, cuando las noches están despejadas y se ven las estrellas, la vista aquí es espectacular...—Y, sin poder evitarlo, pensó en Sam. Pensó en Sam y en ella misma en un lugar así, contemplando las estrellas y el reflejo de estas sobre la superficie del lago. Cogidas de la mano, susurrándose cosas al oído y...—¡Vaya! Parece que alguien se ha pedido ya este sitio...—Los pensamientos de Gwendoline fueron interrumpidos cuando vio a una pareja de mujeres, una joven y otra mayor, a la orilla del lago. Sobra decir que no llegó a verlas abrazadas.

La mujer madura saludó a Angelica por el mismo diminutivo cariñoso que Gwendoline todavía no se sentía en suficiente confianza como para utilizar. También preguntó por la morena, y Gwendoline respondió con una sonrisa. Dejó que Angelica hiciera las presentaciones, sin intervenir. Se limitó a saludar a ambas mujeres con la sonrisa más amable de que fue capaz. No se imaginaba que aquellas dos… se parecían mucho a ella y a Sam, y que también ellas disfrutaba el contemplar las aguas tranquilas del lago juntas.
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Ayax Edevane el Dom Dic 23, 2018 9:52 pm

Debía de admitir que el hecho de que Joshua fuese un licántropo le había cogido totalmente desprevenido esa noche. Es más, había ido con cierta mentalidad a aquella velada y la noticia de su primo le había roto totalmente los esquemas, haciendo que el pelirrojo adoptase una posición mucho más seria de la que se esperaba tener con él en una conversación.

—¿Quién te hace la poción matalobos? —preguntó directamente. —Si no te funciona es porque está mal hecha o porque no estás tomando lo necesario. La maldición de la licantropía puede variar dependiendo del sujeto y quizás necesites ciertas variaciones para que funcione —respondió como posible solución.

Y una cosa era cierta: Joshua había sido una persona muy irresponsable. Quizás podría verlo de otra manera al ver que había intentado adoptar soluciones por su cuenta, pero igualmente debería de haber contactado con un experto al ver que él no tenía ni idea de ese tipo de cosas o al ver que no funcionaba. Ayax se había mantenido sentado, frente a él, escuchando todo lo que tenía que decirle. No quería interrumpirle cada dos por tres porque esperaba que su primo se expresase con total libertad ahora que se había ‘liberado’ de la carga del secreto. Por lo que escuchaba, tenía el mismo problema que todos los licántropos: no entenderse a sí mismo. Sólo un necio pensaría que un licántropo puede cuidarse a sí mismo. La licantropía era una maldición y, como tal, siempre te iba a superar, por lo que no era algo que tuviese que tratarse en soledad. Uno nunca va a ser lo suficientemente duro consigo mismo como para hacerse daño o limitarse a sí mismo.

—Eres patético, primo —le respondió al final, dándole la razón al ver como se levantaba. Ayax aprovechó ese momento para quitarle el sitio y sentarse en donde estaba él hace un momento, apoyándose en el respaldo del sofá. —Ya sé que lo sabes, pero es mi deber como primo mayor, medimago y pocionista experto decirte que has sido un absoluto irresponsable. Podrías haber convertido a otras personas en licántropo por tu estupidez, por no hablar de que un ataque de licántropo en la mayoría de casos suele ser mortal. —Y, después de esa pequeña toma de atención, Ayax no tenía intención de seguir por ese camino, al menos por el momento. —Ahora, dejando de lado la parte moral y entrando en la profesional: es normal que tú solo no puedas pararte los pies. La gente dirá que has sido valiente por intentar encarar a una bestia tu solo, pero debes entender que la licantropía es una maldición: la bestia que llevas dentro no es tu amiga. Inconscientemente, no te vas a dar a ti mismo los mismos límites que podría darte yo. No vas a atentar contra tu propia vida o integridad si puedes evitarlo, se llama instinto y tu bestia interior no te va a dejar.

Soltó aire, sintiendo que ese tema podría ir para muy largo si Ayax se ponía a hablarle de todo lo que podría hablarle. Él era medimago, vale, pero no estaba especializado en Criaturas Mágicas. Sabía de licántropos sobre todo por los últimos meses en el Área-M y creía saber lo suficiente como para poder ayudar a su primo.

—Y el problema lo puede ser todo —añadió, cruzando una de sus piernas por encima de la otra. —Está claro que tu principal enemigo has sido tú mismo y tu miedo a compartir tu desgracia. Pero más allá de eso, la poción y los métodos de retención evidentemente han sido nefastos y no te han ayudado en absoluto a ganar confianza. Lo cual está bien, porque gracias a eso me lo has dicho o seguirías haciendo chapuzas. —A pesar de que hablaba en serio, Joshua debió de notar el tono de su primo sin hostilidad, sino cargado de seriedad y preocupación. La verdad es que por mucho que le molestase la irresponsabilidad de su primo, el miedo era una emoción muy poderosa en el ser humano y la entendía. Claro que la entendía, pues trabajaba rodeado de personas con miedo. Así que prefería optar por resolver problemas, antes que machacarlo por sus errores. —Te ayudaré. Y le daré el beneficio de la duda a todo lo que me has dicho, así que empezaremos de cero. Veremos si el problema eres tú o la poción matalobos estándar. Pero te digo de antemano que cuando la luna llena te convierta en una bestia, dejarás de ser mi primo, ¿te parece un buen trato? —Le dijo, sin apartar la mirada de él.

Angelica Edevane

—¿En serio hay una persona capaz de defender la belleza de los kappas? Pensé que eso era una especie de hecho universal: son feos y ya. —Admitió con diversión y sorpresa, imaginándose a una señora anciana amante de las criaturas mágicas y un poco loca, diciendo que los kappas eran los seres más adorables del mundo.

Hablar de batallas y guerras no era cosa de Angelica Edevane, quién las huía siempre que estaba en su mano. Es por eso que cuando mencionó lo del hechizo de un fugitivo, ella se limitó a encogerse de hombros y asentir, como sintiendo su alivio. La verdad es que de poder elegir una sociedad basada en la mentalidad de Angelica, posiblemente optase por un gobierno como el anterior simple y llanamente porque había menos violencia. Podía pensar que el purismo era muy válido para el mundo mágico, pero nunca sin desprestigiar a los magos nacidos de muggles, quienes tenían la oportunidad de ser los primeros de una nueva generación. Angie era, con diferencia, una de las Edevane que más se sentía entre la espada y la pared, sin saber qué pensar sólo por miedo a posicionarse. Al final, se había limitado a ser la nieta más callada, la nerd que habla de runas y obviar cualquier cosa relacionada con purismos, gobiernos, políticas y violencia.

—Pues ya somos dos —dijo divertida frente a su relación con los niños. —Mira que los niños me gustan, pero necesito una mente más formada para hacerme entender o me podría volver loca. —Y respecto a su siguiente pregunta, Angie se quedó un poco perdida, más que nada porque no había contado las veces que había trabajado con los del Ministerio. —Pues más o menos, no sé, depende del mes y de las necesidades del departamento. Por ejemplo en verano apenas trabajé por allí porque estaban con todas las reformas del lugar y de personal. Me llamaron en septiembre para corroborar ciertos estudios cuando estaban recuperando todos los informes. Pero vamos, habré trabajado dos veces más con ellos hasta ahora. Suelen ser cosas a largo plazo, a distancia y de investigación, así que no me quejo. No me gustan mucho los inefables, siento que todos tienen a alguien turbio en su interior hablándoles de profecías y cuestiones del universo —respondió divertida su opinión con respecto a los ‘raritos’ de los Inefables, pues a ella siempre le había tocado tratar con gente muy extraña. —¿Medimagia, en serio? —Preguntó, sorprendida. —Nunca diría que la medimagia vendría de la mano de alguien que trabaja como desmemorizadora, aunque no me sorprende del todo: mi hermano Ayax estudió medimagia y adora las cosas mentales.

Fue a corroborarle lo bonito que era aquel lugar de noche, sin nubes y sin luna, en donde cada estrella tenía su brillo de protagonista, pero no pudo, ya que Gwendoline divisó a alguien en la orilla del lago. Angie entrecerró los ojos para enfocar, aunque su voz fue bastante reconocible a primera instancia.

—¡Emma! —La saludó, alegre. — Ven, vamos, te caerán bien. —Le dijo a Gwendoline.

Emmaline Eckhart era la tía abuela de su primo segundo, Joshua. En realidad no tenían ningún vínculo de sangre con los Edevane, pero era una de las pocas Eckhart que tenían tan buena relación con los Edevane que siempre había sido invitada a todos los eventos familiares. De hecho, por mucho que la profesión de Emma y la de Angie fuesen tan dispares, la quasi-Ravenclaw siempre sentía que se podía hablar de cualquier cosa con ella. Y aunque no hubiese lazo familiar, siempre la trataba como su tía abuela tercera, o lo que sea que fuese.

—¡Siempre te escondes en todas los eventos! —Le reprochó, para finalmente señalar a Gwen con un matiz alegre en el rostro. —Ella es Gwendoline Edevane, hija de Duncan. La nieta de Astreia. Es la primera vez que nos acompaña en una velada familiar. —Y luego lo hizo en la otra dirección. —Gwendoline, ella es Emmaline Eckhart. Es la tía abuela de Joshua. —Y tras esa presentación y sin que nadie tuviese que presentarla a ella, pues Emma siempre le había dado muchísima confianza para prácticamente todo, se presentó a la acompañante. —Angelica, un placer. —Sonrió, risueña. Angelica, al contrario que Ayax, no tenía la imperiosa necesidad de repetir todo el rato su apellido para sentirse grandiosa.
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneBecario Área-M

Joshua Eckhart el Lun Dic 24, 2018 1:10 am

Había escuchado algo así, y había llegado a considerarlo. Sin embargo, sin experiencia, era estúpido pensar que podría llegar él mismo a hacer aquella variación necesaria. — Al principio lo hacía una profesora de Hogwarts —le dijo, y Ayax quizá lo recordaría de la conversación donde Joshua mencionó que habían echado a una licántropa del colegio. — Después intenté comprarla —en lugares potencialmente peligrosos, cómo no, mercados negros por ejemplo. — Ahora la hace… otro licántropo a quien conocí, a quien sí le hace efecto —respondió finalmente.

Se recargó en una de las columnas del techo, con las manos metidas dentro de los bolsillos, escuchando sin interrumpir el regaño de su primo. No se atrevió a decir nada al respecto. Al menos, que él supiera, podía dar constancia que, pese a haber mordido a uno, no había matado a nadie. Asentía con la cabeza, atendiendo lo que le decía, pues a esas alturas creía haberse dado cuenta de que esa era la realidad. De lo contrario, ya habría encontrado la manera de contenerse.

Miró a Ayax cuando éste le propuso ayudarlo para descubrir cuál era el problema, de entre todos los que a Joshua se le habían ocurrido. Y, por un momento, sintió inquietud. Se acercó a él, sentándose a su lado, y una vez ahí volvió a mirarlo. — Estoy de acuerdo, pero… prométeme una cosa —le pidió. — Si pierdo el control de mí mismo, harás lo que sea necesario para que no te haga daño —hablaba completamente en serio, más allá de “no ser su primo”. Lo había arrastrado a la posición de tener que verse las caras con la criatura que vivía dentro de él por su incapacidad de controlarla, y lo mínimo que podía hacer era darle la total libertad de actuar en su propia defensa.

Sabía que su primo era más mental que emocional y que quizá aquello fuera innecesario, pero quería estar seguro de que, pase lo que pase, Ayax iba a estar sano y salvo. No podría vivir con el remordimiento de haberle hecho algo, por lo que prevenir era mucho mejor que lamentar en esa situación. Era de esas pocas personas a las que no podría soportar dañar y quería que le prometiese que se pondría como prioridad en caso de que todo se torciera más de la cuenta.

De verdad te lo agradezco —suspiró al fin. — Quiero hacer las cosas bien —porque era claro que por su cuenta no lo había conseguido. Pero había una duda que se negaba a expresarse: si el problema resultaba ser él, ¿qué sucedería luego? No sabía si quería saber la respuesta. — Estoy seguro que era lo último que esperabas que te contase precisamente hoy —entrelazó sus manos, colocando sus codos encima de sus propias rodillas, encorvándose ligeramente y dirigiendo su mirada hacia la carpa con el resto de la familia.

Había algo más que no le había contado. Se quedó con la mirada perdida en un punto imaginario en dirección a la carpa antes de dirigirla al suelo, pensando en ello durante unos segundos. Se preguntó si era buena idea comentarlo, y al final, luego de todo lo que le había dicho, un “¿por qué no?” surgió en su mente.

Hay algo más —le dijo. — Me siento diferente, desde hace un tiempo, en distintos niveles —se sinceró. — Es como si… estando en un día cualquiera del mes, siendo totalmente humano… tuviera el impulso de la naturaleza del licántropo, no sé si me explico… También creo que he cambiado, que mi personalidad no es del todo la que era antes, incluso a veces me sorprendo a mí mismo buscando el conflicto —cuando normalmente huía del mismo. — ¿Sabes si es normal eso?

Emma & Brooke

Para las dos mujeres, fue una sorpresa haber sido encontradas en el lugar que, Emma presumía, era un escondite perfecto. Aunque Brooke no parecía estar del todo feliz, Emma resolvió con una sonrisa y su encanto natural el encuentro. Tenía una personalidad afable y, aunque la elegancia parecía llevarla como uno de sus mejores adornos, era una mujer de sangre liviana.

¡Y siempre te las arreglas para encontrarme! —se quejó en respuesta, saludando a ambas incluso antes de ser presentada con la compañía de Angie. — Es un placer conocerte, Gwendoline, espero que te diviertas en la velada —se acercó a saludarla a dos besos, quedándose cerca de su oído un segundo. — O siempre puedes venir a conversar con los gryndilow —le dijo en secreto antes de separarse del todo y guiñarle el ojo.

Soy Brooke —se presentó también la compañía de Emma, omitiendo el apellido porque la joven así lo había hecho. — Encantada de conocerlas —se volvió también hacia quien, como ella, debutaba en la reunión familiar.

Podría ser una escena graciosa la que hacían aquellas dos, pues eran más bien como agua y aceite, polos puestos: Emma era extrovertida, galante y podía pecar de ser un poco indiscreta; Brooke, por su lado, parecía muy introvertida y el clásico cliché de la joven nerd cuyos intereses distan de los comunes.

¿Cómo va su noche? ¿Ya intentaron convencer a sus padres de que les adelanten los regalos navideños? —les preguntó Emma con una sonrisa traviesa. — Aquí yo le contaba a Brooke sobre lo interesantísimas que son las conversaciones de mi hermano con tu abuelo sobre política, convenciéndola de ir a saludar —dio un pequeño golpecito con el codo a la mencionada, en un gesto de complicidad.

Sí, casi no puedo esperar… —Brooke sonrió, aunque todavía un poco socialmente entumida. Emma confiaba en que se relajaría pronto. — Aunque si ellos me empiezan a hablar de política, se tragarán que yo empiece a hablar sobre… No sé, ¿el papiro X de Leyden? —preguntó, aunque probablemente nadie, ni siquiera Emma, supiese que estaba hablando sobre uno de los primeros escritos sobre la alquimia.

Emma soltó una risa, no porque entendiera, sino porque se imaginó la cara de su hermano si le hablaban de eso. — Si consigues que Francis te escuche más de diez minutos, tienes cincuenta puntos —alzó un dedo. — ¿Qué tema usarán ustedes para salir de las aburridas conversaciones? —les preguntó a las dos jóvenes. — Hay puntos extra si usan un tema del que nadie más entienda —parecía ser un juego que la misma Emma se había inventado.

Sin embargo, algo le había llamado la atención de Gwendoline, mas no dijo qué era. Sólo le había sonreído, una sonrisa que no parecía provenir por ningún motivo en particular.
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Gwendoline Edevane el Mar Dic 25, 2018 7:01 pm

En aquellos momentos, Gwendoline se alegraba de que Caroline Shepard no estuviera presente, escuchándolas hablar de aquella manera acerca de los kappas. Y es que su pasión por las criaturas mágicas, especialmente aquellas en las cuales había especializado sus estudios, iba hasta el punto de defenderlas a muerte. Y si bien aquella pasión por parte de Caroline era una de las cosas que a Gwen le gustaban de ella… bueno, prefería no tener esa conversación con su amiga pelirroja. Tenía la ligera impresión de que la cosa no terminaría bien.

Sin embargo, respondió a la afirmación de su prima simplemente esbozando una leve sonrisa. Se sentía casi a gusto con Angelica, y eso viniendo de una mujer que detestaba estar en el lugar que estaba ya era mucho decir. Se preguntó con aire ausente qué estarían haciendo sus amigas en aquel momento; se preguntó qué estaría haciendo Sam, qué estaría haciendo Caroline… Incluso tuvo pensamientos vagos para Henry Kerr y Beatrice Bennington. Fuera lo que fuera lo que todos ellos estaban haciendo, seguro que estaban más felices que ella.

Gwendoline, que no conocía demasiado a su prima, tampoco supo qué más decir respecto al tema de los niños, pero pensó con gran acierto que, en caso de infantes, una profesora no solo debía tener formación, sino kilos y kilos de paciencia para tratar con lo que a todas luces eran pequeños demonios desobedientes y sin interés alguno por lo que un profesor les explicaba. Era lo que tenía la enseñanza obligatoria: los niños no querían estar ahí, y su forma de protestar era comportarse mal. O simplemente se comportaban mal porque les apetecía, y punto. Gwendoline no era una experta en niños, sobraba decirlo.

—Entonces ya comprendo por qué no me ha cuadrado de verte por allí. Me acordaría de ti… o mejor dicho, me habría acordado hoy de que te había visto por allí.—Dijo Gwendoline con respecto al trabajo de Angelica en el Ministerio de Magia.—Una pena que nuestros campos no se relacionen demasiado: el Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas es uno de los más mundanos dentro del Ministerio de Magia. No es tan fascinante como la Runología.—No mentía: quizás estudiar la mente humana como empleo regular o carrera pudiera ser fascinante, pero el hecho de modificar la memoria de un muggle que había presenciado eventos mágicos no tenía nada de fascinante, y con el tiempo se convertía en un proceso tan rutinario como cualquier otro.

Y en un asco, si tienes conciencia o principios morales, matizó mentalmente, cansada como estaba de su trabajo y haber ‘violado’ las mentes de más muggles de los que le gustaba recordar.

—Bueno...—Suspiró Gwendoline, con resignación.—No es que haya escogido el estudio de la mente humana por vocación, ni mucho menos. La responsabilidad de dicha decisión recae sobre los hombros de mi amado padre.—La palabra ‘amado’ iba cargada de puro sarcasmo.—Mi vocación, lo creas o no, era la magizoología, o la medimagia. Estaba dudando entre esas dos, cuando mi padre insistió en que un puesto en el Ministerio de Magia me daría mucho más prestigio en la vida. A los magizoólogos los considera una especie de hippies o vagabundos que se dedican a hablar con animales y plantas, y por lo visto no tiene claro que existen sanadores muy famosos y de mucho prestigio, ofreciendo cada día más y más adelantos a la medimagia.—Gwendoline negó con la cabeza, exasperada. Estaba harta de su padre, y se notaba con cada una de sus palabras. Decidió que lo mejor sería parar ahí, cuando aún no había dicho nada malo sobre su progenitor.—Perdona el discursito.—Y dedicó una sonrisa de disculpa a su prima.

La conversación no siguió mucho más allá de aquel punto, teniendo en cuenta que ambas brujas llegaron al mencionado lago. Y no solo se encontraron con el lago: allí se encontraba, como supo a continuación, Emmaline Eckhart y su joven acompañante, que respondía al nombre de Brooke. No muy segura ante la situación, pero sin poder improvisar un plan de fuga en aquellos momentos, Gwendoline siguió a su prima escalones abajo para reunirse con aquellas dos familiares suyas. Si es que eran familiares suyas, porque en cuanto Angelica empezó con las presentaciones, la morena no tuvo claro dónde encajaba ella dentro de aquel enorme árbol genealógico.

—Encantada de conocerla, señora Eckhart.—Respondió Gwendoline con una sonrisa educada, para luego recibir su saludo en forma de dos besos. Estaba pensando lo poco que le gustaba aquel protocolo de presentación, cuando la mujer susurró algo en su oído que la hizo fruncir el ceño. ¿’Conversar con los Grindylows’?, se preguntó. Su mente hizo una rápida asociación con el término ‘dormir con los peces’, empleado por la mafia. El contexto de la situación le decía que no podía ser ese el caso… ¿o sí? ¿Ya estaba pensando aquella familia en eliminarla, nada más conocerla? La presentación de la joven acompañante de Emmaline Eckhart le dio una vía de escape de aquel tren de pensamiento.—Hola, Brooke. Un placer.—Y la saludó con la mano y una sonrisa.

La jovialidad de Emmaline Eckhart cogió totalmente desprevenida a Gwendoline, quien esbozó una sonrisa. Claramente, aquella mujer no pretendía mandarla a dormir con los peces, o conversar con los Grindylows, o lo que fuera. Esta vez, en lugar de dejar responder a Angelica, fue Gwendoline quien respondió.

—La verdad es que ya han intentado casar a Joshua en el poco rato que llevamos aquí. Así que está siendo una velada...—Gwendoline buscó una palabra adecuada para describirla… y solo encontró una.—...interesante, cuanto menos.—Sonrió un poco más ampliamente.

Contempló la complicidad entre ambas mujeres, y una vez más se preguntó qué relación existía entre ellas. ¿Eran madre e hija? No sabía qué papel jugaba Brooke en todo aquello, así que tampoco podía ponerse a atar cabos. Sin embargo, no le encajaba eso de que fueran madre e hija: despues de todo, Angelica no parecía conocer a Brooke, quien había mencionado el papiro X de Leyden, dato con el que Gwendoline estaba familiarizada por sus estudios de pociones, paralelos a los de la medimagia.

—Leyden me parece un tema de conversación perfecto para espantar a cualquiera. Cualquier rama de la alquimia, en general: o eres apasionada de la materia, o lo único que verás serán fórmulas, números y jerga antigua.—Respondió Gwendoline ante los temas utilizados para librarse de conversaciones incómodas. Evidentemente, ella era apasionada de la alquimia.—Aunque Angelica y yo también hemos pensado utilizar la arquitectura como arma.—Dejó caer Gwendoline, dedicando una breve mirada a su prima. Sin darse cuenta, ya tenía una cierta complicidad con ella.

Emmaline Eckhart dedicó una sonrisa a Gwendoline, la cual la bruja le devolvió con educación. Todavía estaba dándole vueltas en su cabeza a la frase sobre los Grindylows. No, esa mujer es demasiado agradable. No tiene pinta de mafiosa, se dijo.


Off Rol:
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Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Ayax Edevane el Dom Dic 30, 2018 5:11 pm

Mira tú, su primo idiota, había pasado por una profesora de Hogwarts, luego decidió gastarse dinero y finalmente prefirió optar por la poción de otro licántropo antes que la de su primo… es que había que ser tonto. Raro le parecía a Ayax que no hubiese intentado hacerla él mismo con su predisposición a no ir a la solución más fácil: su primo medimago. Suspiró al escucharle, ya que es evidente que ser la cuarta opción no le gustaba a nadie. El número cuatro ya no era ni el postre, sino la gula del trozo de chocolate a mitad de tarde.

Cuando le hizo prometer aquello, Ayax ya tenía bien claro que un Joshua convertido dejaba de ser su primo. Lo normal en esos casos era precisamente perder el control, por lo que como bien había dicho Ayax, si le iba a ayudar no iba a tener eso mente: sólo tendría en mente que sería una bestia mortal.

—Descuida, ya te aviso que tendré mano dura —le aseguró, sin dar más detalles.

Obviamente no se esperaba que le contase esa noche—ni nunca—que era un licántropo y, de hecho, todavía le costaba imaginarse que precisamente Joshua había tenido la malísima suerte de haberse convertido en uno. Y la verdad es que seguía sin gustarle un pelo, ¿pero qué iba a hacer? Ahora, lo único, ayudarle.

—Yo también quiero que hagas las cosas bien. De hecho, siempre asumí que no tendría que decirlo: pero puedes contar conmigo para lo que quieras. Soy tu primo y creo que ambos coincidimos en que nos entendemos mucho mejor que con el resto de la familia… —Señaló hacia atrás, hacia la familia, con el pulgar. —Te puedo tender una mano siempre que lo necesites.

Porque otra cosa no, pero Ayax con la familia que apreciaba probablemente sea el Ayax más benévolo que verás nunca. Y no era un círculo muy grande: sus padres, sus hermanas y Joshua. Y eso que su obsesión con su apellido no había hecho que Joshua quedase al margen, pero mejor, porque teniendo en cuenta como se llevaban Ayax y Xerox, tenía bastante claro que era por el apellido y nada más, pues estaban compitiendo todo el rato.

—No debería ser normal, pero supongo que tampoco es un caso aislado. —Estaba hablando desde la ignorancia, pues de nuevo Ayax no era ningún experto en criaturas mágicas, sino que él conocía el cuerpo humano. —Es decir, partiendo del hecho de que una vez al mes te conviertes en una bestia indomable que convive contigo siempre, algo puede quedar e influenciarte. O quizás sencillamente es efecto placebo…  es decir, que en realidad a niveles biológicos nada influye, pero tus cambios de actitud y personalidad se han visto influenciado por el hecho de haberte convertido en hombre lobo, independientemente de que viva en ti —le explicó, encogiéndose de hombros. —Pero no podría decirte a ciencia cierta, al menos no ahora. En el Área-M hay varios especialistas en licántropos, así que puedo indagar. —Hizo una pausa, aún sentado, mirándolo. —Es muy común experimentar cambios en la personalidad después de un trauma, refiriéndonos a ‘trauma’ con haber sido mordido y tener que convivir con la maldición. En el hospital veo muchos casos parecidos. Pero de nuevo… ya te diré algo que esté probado por expertos.

Angelica Edevane

A Angelica le parecía maravillosa la Runología, motivo de que la hubiese estudiado, pero siempre había recibido rechazo de parte de la gran mayoría de personas, puesto que era una materia muy amplia, en muchos casos todavía desconocida y, sobre todo, muy densa. Y vamos, a nadie le gustaba Runas Antiguas en el colegio. Sin embargo, el comentario de la morena hizo que la pelirroja ladease una sonrisa.

—Da gusto que una Edevane aprecie la Runología —dijo divertida, siendo bien consciente de que probablemente Angelica fuese la única que la apreciase como una Edevane y lo reconociese sin ningún tipo de remordimientos. —En esta familia o tienes un trabajo rimbombante como medimago, fiscal o cualquier puesto político en donde cobres mucho o no te toman muy en serio. Pero creo que tu puesto como directora de la oficina de desmemorizadores está aceptado por ellos. Sobre todo después de cómo te ganaste al ascenso. —Y curvó una sonrisa, dándole la enhorabuena. Su familia, tan pesada con logros de ese estilo, que creían que daban una reputación.

Sin embargo, Angelica no apoyaba ese tipo de actos. Que te recompensasen por matar gente o salvarle la vida a alguien que ha matado a mucha gente, le parecía de lo más anti-ético. Pero claro, lo único que sabía la pelirroja es que Gwendoline era muy agradable, pero no se fiaba de eso: toda su familia podía llegar a ser muy agradable aunque por detrás hiciesen cosas horribles.

Lo siguiente que la escuchó decir la hizo sonreír ante lo irónico de la situación.

—Mis mismos padres, ambos son magizoologos, expertos y especializados, pero aún así muchos cuestionan su valía… —Puso los ojos ligeramente en blanco. —He de admitir que todavía no trago mucho tanta mente retrógrada. —Y es que imagináos a la pobre Angelica, que junto a Gwendoline era la nieta mayor y que, siendo la única ‘aprobada’ por sus abuelos, se metiese en Runología. Para una adolescente de diecisiete años recibir el rechazo de los que se suponen que son su familia no fue un chute de motivación, precisamente. —Las presiones familiares siempre suelen pesar demasiado: ¿al final te hiciste a tu profesión? —preguntó con sinceridad. —Porque para haber estudiado eso sin vocación alguna, he de admitir que me parece muy complicado. Meterse en la mente de otras personas y eso… debe de ser duro —confesó su más sincera opinión.

Emmaline Eckhart y compañía hicieron aparición y ambas chicas no dudaron en ir a saludarlas, Angelica con bastantes ganas pues la señora le caía especialmente bien. Saludó a Brooke con una sonrisa, para finalmente atender a todo lo que decían.

—Son armas muy potentes —respondió a lo de Gwen. —Creo que somos las únicas que podríamos interesarnos por algo como la arquitectura y hablar de ella con interés aunque no tengamos ni idea de ella. Podría ser nuestra manera de huir de las conversaciones incómodas: resaltar la belleza de la esquina de las molduras del salón principal y luego yo te diría que tendrías que ver la forma tan simétricamente bonita de las columnas de la biblioteca —añadió, divertida, para luego comentar lo de la alquimia. Angelica sabía lo que era, pero no tenía demasiado conocimientos al respecto. —Lo del Papiro de Leyden yo tendría más cuidado, que por ahí hay varios medimagos bien volcados en la materia y los Edevane somos muchos de meter las narices. Mi hermano el primero. El pobre, se vuelve un poco intenso —confesó, curando a Gwen de sus futuros acercamiento con el pelirrojo.

Angelica entonces recordó a su marido. Porque sí, aquella chica tan risueña y simpática tenía un marido y lo había abandonado junto con su padre. Que ojo, dentro de los Edevane, creía que Bruno era de los más divertidos, al menos.

—Pensabas quedarte por el lago hasta la cena, cenar rápido e irte como siempre haces, ¿Emma? —La miró, inquisidora. —Siempre haces lo mismo y no podemos hablar apenas un rato, ¿te quedarías un rato más hoy si utilizamos la técnica de huida en el caso de que alguien venga a molestar? —le preguntó, sonriente.
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Joshua Eckhart el Lun Dic 31, 2018 6:45 am

Notó que Ayax no estaba nada feliz de escuchar que no había sido el primero ni el segundo, sino el cuarto al que había recurrido. Una tontería en toda regla, eso sí, pero de la que ya no valía la pena intentar cambiar. Lo hecho, hecho estaba. Ya su primo lo había dicho: todos esos fracasos lo habían llevado a un verdadero avance, por estúpido e irresponsable que hubiese sido hasta ese momento.

Se sintió reconfortado por saber que para Ayax, no sería su primo ese día. Que haría lo que estuviese a su alcance para protegerse a sí mismo. Lo último que quería era una conciencia todavía más manchada. Entendía, sin embargo, que a su primo no le hacía nada de gracia toda aquella situación, por lo que una parte de su interior se estrujaba al darse cuenta que todos aquellos miedos que había tenido, si bien comprensibles, estaban injustificados. Le había tendido la mano tan pronto se la pidió, sin más preguntas, sin juzgarlo.

Lo sé, lo siento —suspiró, mirando en dirección a los demás. — No estaba pensando racionalmente, sé que estamos para cubrirnos las espaldas —le dijo. Desde que eran niños, habían servido de apoyo para el otro, Joshua no había pensado en lo estúpido que sería que aquello pudiese cambiar de un momento a otro. Se había comportado como todo un idiota.

Compartió una de sus inseguridades más importantes con su primo. Joshua no sabía a qué se debía, y a veces se sorprendía a sí mismo pensando que el lobo estaba haciéndose control de él, incluso en su forma humana, como esas criaturas supuestamente humanas cuya maldición les había arrancado la humanidad. Casos así, y en especial en el nuevo gobierno, eran frecuentemente carroñeros. Sabía que no estaba preguntando algo que pudiese explicarle con hechos, pues no era su materia de investigación, pero le tranquilizó con tres posibles causas y, encima, le dijo que investigaría. Lo único que quedaba era confiar en él y esperar.

Está bien —se conformó con su respuesta, volviendo a desviar su mirada hacia la carpa. — Quizá deberíamos volver, no vaya a ser que Xerox se piense que puede robar favoritismo —ironizó, intentando quitarle el hierro al asunto, cuando ambos primos estaban seguros que Xerox Edevane no podría compararse a Ayax. Se puso de pie y se alisó la camisa y el saco con las manos, antes de mirar a su primo un momento. — Gracias —le agradeció, dispuesto a cerrar el tema.

Sin importar lo que Ayax podría haber pensado de un hombre lobo, en especial uno descuidado como él lo había sido, había mantenido la compostura en todo momento, y no lo machacó por sus errores cuando tenía todas las cartas para hacerlo. Eso era algo por lo que estaba profundamente agradecido. Si bien Joshua físicamente seguía sin mejorar ni un poco, mental y emocionalmente se encontraba aliviado, marcando la diferencia en su estado.

Emma & Brooke

Emma respondió a la excesiva educación de Gwendoline con una mirada inquisitiva y una ceja enarcada, con una expresión por segundos inescrutable luego de haberla saludado a dos besos. — Soy “Emma” para ti —la corrigió, con tan severidad que parecía que había ocurrido justo lo contrario. La expresión tan seria le duró poco, sin embargo.

En realidad, Emmaline había querido, quizá fallidamente, hacerle saber que, si se aburría, era probable que se la encontrase a ella ahí en el lago, o bien indicar que era un buen sitio para alejarse de la familia a respirar un poco, justo como las cuatro habían decidido hacer en ese momento. Pese a ello, fingió interés por ir a integrarse a la reunión familiar, preguntando qué había ocurrido en su evidente ausencia. Lo que escuchó no pareció hacerle mucha gracia.

Oh, es que esta familia está loca por los matrimonios —le dirigió una breve mirada a Brooke, quien por su asentimiento estaba al corriente de la situación. — Parece que no tienen otro tema de conversación, y mira que a ti te consiguieron casar, ahora toca huir de las conversaciones sobre hijos —se dirigió hacia Angelica. — Y tú no te confíes mucho, que hoy te invitan a cenar y mañana te invitan a conocer a tu prometido —ironizó respecto a Gwendoline, con un poco de diversión impregnada en su voz.

No parecían agradarle mucho esos matrimonios por conveniencia, más bien, no le agradaba nada que tuviese que darse “porque así tenía que ser”, pero no iba a empezar la quema de brujas, metafóricamente hablando, con la recién integrada a la familia y con Angie, que no tenía la culpa de lo tradicional que era su familia. En cambio, se desvió hacia otro tema de interés, como lo eran los temas para evitar charlas incómodas.

A Brooke, sin embargo, la tomó por sorpresa que Gwendoline aprobase su tema de conversación para escaparse. — ¿Asumo que eres de las apasionadas? —preguntó por curiosidad, repentinamente interesada. Al final, sí que iba a ser un tema viable esa noche, lo que no hacía más que entusiasmarla.

Ustedes tienen puntos extra si usan un lenguaje rimbombante, de ese que deja a uno pensando si esa es una palabra o si se la acaban de inventar —apuntó Emma en cuanto escuchó que las dos muchachas pensaban hablar sobre arquitectura. — ¿Ya oíste? Puedes buscar al pelirrojo y ponerte a hablar de alquimia con él —le dijo después a su compañía, sabiendo que Brooke se interesaría en poder hablar de algo que ella consideraba más llamativo que la política y la economía.

Puedo hablar con el pelirrojo y con Gwendoline, tomo nota —bromeó.

Brooke era introvertida y se le notaba, pero su personalidad cambiaba cuando entraba en confianza. Diríase que tenía un aire que sugería que no todos los temas de conversación le parecían relevantes y, por tanto, no le interesaba hablar de ellos. Asimismo con las personas.

Emma sonrió cuando Angelica la sermoneó un poco. — Oh, ¿me he vuelto tan predecible? Qué puedo decir, me gusta mucho la cena de navidad que preparan aquí —hizo un gesto con su mano de desinterés. — También traje regalos, ¿los regalos no compensan llegar tarde e irme pronto? —preguntó socarronamente. Pareció pensarse, sin embargo, la propuesta de la muchacha. — ¿Cuándo te volviste tan manipuladora? —dramatizó. — Sí, bien, está bien, pero sólo un rato —aceptó como si le costase.

Miró a su acompañante, esperando algún gesto de ella que indicase que no estaba de acuerdo con quedarse más de lo que habían dicho que lo harían, pero no lo hubo. Emma supuso que estaba en su lugar feliz pensando en sus mejores temas de alquimia o pociones para utilizar si llegaba el momento de hacerlo.

Entonces, ¿de quién nos escondemos? —les preguntó a Gwendoline y a Angelica en confidencia. — Imagino que habrá llegado mi hermano, ¿no? —Francis Eckhart padre, por supuesto. No se imaginaba a nadie más que Francis y su esposa para molestar a su nieto con el tema del matrimonio.
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Gwendoline Edevane el Miér Ene 02, 2019 11:14 pm

Elitismo y clasismo, pensó una Gwendoline que empezaba a entender cómo funcionaban las cosas dentro de aquella familia a la que no estaba ansiosa de pertenecer. Aquel sentimiento se iría acrecentando con el paso de los meses siguientes, pues aunque la intención de la desmemorizadora fuera cumplir con su familia aquella noche y desaparecer del mapa, aquello no iba a ser tan sencillo. Su destino y el de los Edevane se volverían a cruzar en un futuro no muy lejano.

Y si todos los Edevane fueran como Angelica, aquello no estaría tan mal. Y es que podía lidiar con el elitismo, con el clasismo… pero no con el purismo. En su trabajo no le quedaba otra que trabajar al lado de puristas o no puristas, lo que tocase. Pero llevar aquello al terreno familiar, ese en que supuestamente debería sentirse cómoda… La idea la ponía enferma. Aquella gente jamás aceptaría su forma de ver la vida, ni el hecho de que su pareja fuera una hija de muggles.

Aquellos pensamientos la habían abordado casi a traición, en el peor de los momentos. No quería pensar demasiado en esas cosas mientras estuviera bajo aquel techo. Ya podría volver a ser ella misma cuando acabara aquella noche.

—Dudo mucho que el haber participado en aquella locura y luchado por salvar mi vida sea indicativo de mi profesionalidad, pero bueno...—Gwendoline se encogió de hombros. No podía decir la verdad: que haber obtenido el puesto de aquella manera la hacía sentir del todo menos orgullosa. ¿Por haber salvado la vida de McDowell? No, por eso no. Si estaba en su mano evitar su muerte, lo haría una y otra vez… Lo que odiaba era que, para salvarla a ella, otros hubieran tenido que morir.—Hubiera preferido que me premiaran por mi trabajo, si te digo la verdad.—Lo dijo en tono distendido y con una expresión relajada en el rostro, tan convincente como si fuera real. Mucho había ensayado para ser capaz de comportarse así, a pesar de lo que pudiera sentir de verdad.

Cuando Angelica confesó a Gwendoline que sus padres eran magizoólogos, Gwendoline no pudo evitar que se le escapara una carcajada. Se tapó la boca al momento, y teniendo en cuenta que su prima estaba hablando de sus padres, se apresuró a explicarse.

—Perdona, no me he reído de tus padres. Me he reído del mío.—Y se volvió a reír, para añadir a continuación.—Es que me gustaría ver a ese hombre acercándose a tu padre para decirle que su carrera no es una carrera de verdad. Si le conozco como creo que le conozco, en realidad le diría que está haciendo un bien al mundo. Porque mi padre es así...—Siempre arrimado al sol que más calienta, pensó Gwendoline, y capaz de vender a su propia esposa con tal de congraciarse con aquellos que ostentan el poder.

Ante la pregunta de si se había hecho a su profesión, la morena no pudo evitar recordar las tardes que pasaba con Sam, resacosa tras una noche de fiesta, ayudándola con sus deberes y a preparar sus exámenes. A Gwen se le dibujó una sonrisa en los labios al recordar a su amiga—ahora algo más que una amiga—levantando la mano para señalarle algún error. Ella era la auténtica experta en la mente humana de las dos.

—Mi mejor amiga me ayudaba. Ella me enseñó las cosas buenas del estudio de la mente.—Respondió la morena, obligándose a borrar aquella sonrisa de su cara antes de proseguir.—Al final, todo se limitaba a estudiar. Estudiar y estudiar. Quizás no fuera mi vocación, pero requería del uso de mi cerebro. Y todo lo que requiera del uso de mi cerebro me acaba fascinando. Aunque, si te digo la verdad, ahora mismo estoy cansada. Por eso he vuelto a estudiar. Quizás en un futuro me veas atendiendo pacientes en San Mungo.—Ojalá, pensó Gwendoline, aunque últimamente le había estado dando vueltas al asunto, y había pensado que casi prefería un puesto en un hospital extranjero. A poder ser, viviendo en una pequeña casita preciosa junto a Sam, el amor de su vida.

Nada más llegar al lago, ambas primas se encontraron con una curiosa pareja de amigas: Emmaline Eckhart y Brooke, quien al parecer tampoco era asistente habitual a aquellas reuniones. Gwendoline trató con educación a la mayor—como solía hacer, acostumbrada a la vida en el Ministerio de Magia—y ésta enseguida la corrigió. Emma. Trataré de recordarlo. Le costaría, y lo sabía.

Cuando la señora Eckhart—Emma, te ha dicho—se refirió a ella con el tema de los matrimonios, Gwendoline no pudo evitar componer una sonrisa burlona. No tenía la más mínima intención de ocultar sus inclinaciones románticas ante nadie. No pensaba andarse con misterios… y aquel era el momento perfecto para empezar.

—Se llevarían una terrible decepción: ya estoy con alguien, y es una mujer estupenda.—Dijo con toda la sinceridad del mundo, y con una naturalidad tal que parecía haber dicho que el cielo era azul. Y aunque no dijo el nombre de esa mujer estupenda, descubrió que sentaba estupendamente bien pronunciar aquellas palabras en voz alta. Se imaginaba que alguien preguntaría por qué no la había traído, y no le preocupaba: sabía mentir muy bien, y con mucha naturalidad.

La mención de Brooke al papiro de Leyden llevó a Gwen a descubrir una de sus cartas: su interés por la alquimia. Sabía que la alquimia estaba un nivel por encima de la elaboración de pociones, y que había expertos en la materia—Nicolas Flamel, por ejemplo—que habían llevado a cabo increíbles portentos. Sin embargo, ambas materias estaban íntimamente relacionadas, igual que la medimagia y la elaboración de pociones, salvando las distancias.

—Sí, me temo que sí, soy de las apasionadas.—Respondió una Gwendoline a quien empezaba a caerle bien Brooke.—Actualmente estoy cursando la carrera de Medimagia por mi cuenta, y siempre me han gustado mucho las pociones. Y siempre que he tenido ocasión, he intentado leer cosas acerca de la alquimia. Pero todavía soy una principiante en todo esto.—Una principiante que ya realizaba sus primeros experimentos en un intento de crear pociones nuevas, pero principiante a fin de cuentas.

Gwendoline prestó atención al detalle de que Ayax, ese muchacho pelirrojo que había tenido la poca delicadeza de señalar la procedencia mestiza y la cualidad de ‘mancha’ de la morena en el apellido familiar, también era medimago. Y mientras las tres mujeres intercambiaban comentarios al respecto, Gwendoline no pudo evitar recordar algo ocurrido durante la selección de las casas de que había sido su último curso en Hogwarts. Sentada a la mesa de Ravenclaw, la morena había escuchado al Sombrero Seleccionador decir, con toda claridad, su apellido. Por un momento se había llevado un pequeño susto, pero acto seguido el Sombrero había mencionado el nombre, Ayax. Eso era: Ayax. No recordaba su nombre, pero tenía que ser él. Era el único Edevane con el que Gwendoline había coincidido, aunque fuera brevemente, en su estancia en Hogwarts.

Se perdió un poco en estos pensamientos, no por nada en concreto, sino porque tampoco sentía que tuviera mucho que decir en aquella parte de la conversación. Solo volvió a intervenir cuando Emma les preguntó directamente a ella y Angelia de quien estaban escondiéndose. Gwendoline, sin demasiados tapujos, lo dijo:

—No me quejaré si no vuelvo a ver a mi padre en lo que resta de noche. O, de hacerlo, que sea en la distancia.—Confesó, sintiéndose un poco culpable por aquel comentario casi al momento. Y es que así era la morena: por mucho daño que le hubiera hecho ese hombre, todavía tenía un mínimo de cariño por él. El odio era mucho más grande, claro… pero era el único padre que tenía. No todas podemos tener a un Luca Lehmann como padre, pensó con resignación.—Es una broma.—Añadió, como para restar un poco de dureza a sus palabras.

Y es que recordaba un tiempo en que su padre, si bien obsesionado con las apariencias, era algo más que una figura a la que despreciar para ella. Recordaba aquella época en que, a pesar de todo, había sentido cariño por él. En que le había querido como solo una hija puede querer a un padre. Por distante que fuera, por mucho que le costara brindar a su hija un poco de cariño sincero, era su padre. Y una chica solo tiene un padre.

Se encontró a sí misma mordiéndose suavemente el labio inferior, pensando en aquella maldita época que le gustaría olvidar. Hacía muy difícil odiarle por la traición cometida contra la madre de la morena.
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Ayax Edevane el Dom Ene 06, 2019 3:59 am

A ver, a ver, no os creáis. No era el momento adecuado para meterse de lleno en el tema ‘mi primo Joshua es un licántropo, cómo narices ha ocurrido eso’, por lo que Ayax estaba en modo asimilación, intentando ser una persona coherente y razonable. No quería montar una escenita, tampoco, pues se notaba que su primo quería mantenerlo en secreto. Sin embargo, que Joshua no dudase ni por un momento que Ayax no sacaría el tema próximamente, en un lugar más adecuado y le diría todo lo que tendría que decirle con respecto a sus descuidos pasados y sus futuros métodos para prevenir que pudiese hacer cualquier tontería.

—Ya hablaremos, de todas maneras —le dijo claramente. —Aprecio que me lo hayas dicho, ¿pero hoy era el mejor día? Voy a mirarte a cada segundo y pensar que hace dos días estabas rascándote las pulgas. —Se metió con él.

Las dudas que tenía sobre la manera de comportarse sobrepasaban los conocimientos que tenía Ayax en ese momento, pero la verdad es que le llamaron muchísimo la atención y no tenía pensado pasarlos por alto. Preguntaría y se informaría, pues si bien uno de sus máximas pasiones era encontrar motivos a cosas extrañas, el ayudar a su primo con eso pues incentivaba sus intenciones.

—Oh vamos, no creo. Xerox es de esos que se hacen interesantes desde una esquina, aparentando inteligencia, porque sabe que si abre la boca queda en evidencia lo subnormal que es. —Ladeó una sonrisa, pues como era evidente, no tenía ningún tipo de simpatía por sus primos.

Se puso de pie a la vez que Joshua, imitándole para estirar su chaqueta y abotonársela. Ante su agradecimiento, se limitó a poner la mano sobre su hombro.

—No me des las gracias todavía —le respondió, pasando su mano alrededor de los hombros de su primo para caminar junto a él unos pasos, en dirección de vuelta a donde estaba todo el mundo.

Teniendo en cuenta que volvían a la fiesta, Ayax decidió acercarse a su padre, quién hablaban animadamente con Francis abuelo y Francis hijo.

Angelica  Edevane

Cuando habló de Duncan Edevane, la pelirroja alzó levemente una ceja, en plan: ‘sé a lo que te refieres’ mientras asentía una y otra vez. Y es que habían compartido muchas veladas juntos, así que sabía perfectamente a lo que se refería con lo de ‘su padre es así’. El adjetivo que más le parecía correcto a Angie era ‘incómodo’ y es que la actitud de Duncan normalmente era incómoda, seas tú el receptor directo o simplemente un oyente más. Pero a Angelica no le parecía un mal hombre.

Se encogió de hombros con resignación cuando Emmaline le recordó que se había casado por conveniencia y no por amor. Gracias, señora, gracias, como si la pobre Angelica no fuese consciente ya de eso. Al menos su marido era un buen hombre, algo que siempre agradecía a Merlín, ya que no se imaginaba estando con una persona del estilo prepotente y purista extremista como con los que solía lidiar su familia. Se tiraría de los pelos. La verdad es que el marido de Angelica parecía casi tan descontento con la idea de casarse con la pelirroja como ella misma, pero al menos habían aprendido a quererse y a convivir juntos. Y el sexo no era malo.

Continuó atendiendo a la conversación y cuando Emma sugirió que pronto casarían a Gwendoline, se sorprendió con la respuesta de ésta. Por una parte pensó que era una valiente por declararse abiertamente homosexual en una mansión cargada de puristas obsesionados con matrimonios que diesen hijos, pero por otra parte pensó que, si llega a ser la propia Angelica, hubiese dado muy igual que ya hubiese tenido pareja si el matrimonio ya estaba concertado. ¿Ves? En realidad Duncan era un buen tío. Dejaba que su hija fuese libre de decidir con quién estar y no la condicionaba a una tradición absurda en donde los matrimonios no son más que farsas para poblar el mundo de gente cada vez más idiota. Por un momento a Angelica se le pasó por la cabeza el típico pensamiento: 'no parece lesbiana' y luego se reprochó a sí misma: ¿qué esperaba ver: una persona totalmente estereotipada? Vivir con esa familia la iba a desvirtuar por completo.

—Iba a preguntar que porqué no la trajiste, pero luego recordé que mi abuelo Rabrours sigue vivo y en compañía de Francis. No sé cuál de los dos es más homofóbico —le advirtió de manera indirecta, para que se abstuviera de decir nada. No por cobardía, sino porque no se merecía que nadie criticase su manera de vivir. —Me alegro por ti. Has tenido suerte de que tu padre no haya querido seguir toda esa parafernalia horrible de los matrimonios concertados. —Y le sonrió, pues se alegraba por ella de verdad.

Hablar con Emma siempre era un placer, sobre todo cuando sacaba su lado más divertido. Bueno no, corregía: el lado que más le gustaba a Angelica era el que sacaba cuando mezclaba su perspicacia con su inteligencia, llegando incluso a ser un poquito mordaz. Pero luego le encantaba hablar con ella de manera desinteresada, pues le parecía una de las personas más auténticas de su familia, aunque no compartiesen sangre.

—Tus regalos siempre suelen compensar, sinceramente —respondió de manera inevitable, mirando entonces a Gwen. —Siempre traía los mejores regalos cuando éramos pequeños. Era nuestra tía abuela favorita. —Y amplió la sonrisa, para entonces reír ante la pregunta de Emmaline. —¿Yo, manipuladora? Será que se me contagia con los familiares de los que me rodeo. No sé cuál de todos es peor. —Puso los ojos en blanco de manera divertida. —Sí, Francis ya está por la zona. En realidad están todos: sólo faltabas tú y la prometida de Ayax, que se retrasa por trabajo. De todas maneras no sé cuánto más tardaremos en cenar...
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Joshua Eckhart el Dom Ene 06, 2019 5:39 am

Joshua, quien había pensado en mil maneras en las que aquello podría salir mal, estaba conforme con el resultado de ese día. Ya luego se encargarían de hondar en el tema, cuando el riesgo de su secreto no peligrase en medio de una escena, y cuando su primo lo hubiese analizado realmente. No le había dicho que se iba a teñir de azul el pelo, sino que había cambiado desde lo que él mismo consideraba su núcleo, era comprensible que no lo entendiese del todo en un primer impacto, pero ya tendría tiempo para preocuparse del futuro.

Iba a contestar en serio a su pregunta, cuando se quedó con las palabras en la boca al escucharlo decir que por lo que estaba mal era que hace dos días “tenía pulgas”. No pudo evitar darle un empujón leve por el hombro, mostrando su queja. — Yo no tengo pulgas —le dijo, y luego suspiró. — Además, qué esperabas, como si alguna vez hubiese sido bueno eligiendo momentos para decir las cosas —y se le notaba en el por qué había esperado once meses para decírselo.

El tema del por qué Xerox era subnormal siempre era un buen tema para distender el ambiente. Por eso, Joshua mencionó que podría intentar robar protagonismo cuando Ayax se había alejado durante un rato del evento. Ayax consideró que, muy por el contrario, se haría el interesante a solas, o seguramente con su hermana, desde un rincón en silencio. Una pequeña sonrisa curvó sus labios de sólo imaginarlo.

Caminó los pasos junto a Ayax cuando éste lo sujetó por los hombros, sin que el contacto le resultase molesto sino todo lo contrario, yendo al interior de la carpa. Su padre estaba hablando con su abuelo y el padre de Ayax, por lo que habría sido demasiado evidente que precisamente ese momento escogiera Joshua para apartarse de su primo. Y no porque quisiera apartarse, sino porque no le apetecía mucho conversar con su padre. He ahí el por qué habría sido tan evidente.

Entonces, si conseguimos concretar el acuerdo internacional, es probable que crezcan las oportunidades de comercialización, quizá incluso te enteres que son legales criaturas mágicas extranjeras —Francis hijo les estaba hablando sobre un tratado que, en su trabajo, llevaban un tiempo analizando y les mostraba una buena cara, así que se atrevía a mencionarlo. Entonces, divisó a su hijo. — ¿Dónde se habían metido?

Le estaba preguntando a Ayax sobre el área-M, estoy considerando opciones para las prácticas profesionales para empezar a pensarlo desde ahora porque la hija de Duncan comentó algo sobre el Ministerio de Magia —irguió una excusa lo más rápido que pudo, y no una cualquiera, sino una que pareciera ser del interés de su padre.

Francis lo miró directamente a los ojos unos segundos, como si estuviese pensando en algo, antes de retomar la conversación, complacido. Para él, siempre era importante que Joshua tuviese la mente en el futuro y en cómo planeaba desarrollarse, era lo mínimo que esperaba cuando ya había tomado la decisión de estudiar una carrera que a él no le hubiese gustado que eligiera.

Emma & Brooke

Brooke se sorprendió enormemente cuando, al hablarle sobre los matrimonios forzados, Gwendoline hubiese resuelto decir que ya tenía una pareja. Y no cualquiera: una mujer estupenda. Sería que su radar gay estaba estropeado, o que así de mala era para las interacciones sociales, que ni siquiera se le hubiese cruzado por la cabeza pensar que ella era lesbiana. O bisexual, cuando menos.

Emma, por su lado, estaba mucho menos sorprendida. — ¡Mira! Acabamos de conocernos y ya tenemos algo en común —y dicho eso, le guiñó un ojo y le tomó la mano a su acompañante, que no salía de su estupefacción. — Rabrours y Francis pueden pensar lo que quieran, ¿qué van a hacer? ¿Dejarnos sin herencia? —se burló con gracia, antes de ponerse un poco más seria. — Aunque seguramente haya que ser discretas, para llevar la fiesta en paz.

La mayor se lo había dicho a Brooke desde el principio, que seguramente se encontrasen con muchos prejuicios en esa celebración, en especial de su hermano que ni siquiera le entraba en la cabeza su relación y, con seguridad, pensaría que lo suyo era osadía por llevar acompañante cuando claramente le dijo que no lo hiciera. Seguramente tuviera razón. El punto era que Brooke ni siquiera se estaba esperando esa repentina presentación, aunque le había sentado muy bien.

Bueno, puedes sentirte libre de preguntar —le cedió la confianza a Gwendoline cuando ella le dijo que era una apasionada, pero que era principiante pese a estar estudiando medimagia, — resulta que la gente dice que soy buena en eso —hizo uso de cierta humildad, cuando siendo su carrera y vocación la que era, tenía que ser muy buena en ellas.

Pese a que a veces su sinceridad podría resultar abrumadora, Emma sentía aprecio por los niños que había visto crecer de la familia política de su hermano. No era raro encontrárselos dondequiera que su nieto fuera, por su particular apego al varón de los hijos de Bruno y Maille. Es por eso que se había vuelto costumbre traer regalos para ellos incluso cuando no compartían ni siquiera sangre, que se había preservado hasta la actualidad.

Angie, podríamos hacer apuestas sobre cuál familiar es peor, pero la etiqueta y la educación dicta lo contrario —le guiñó un ojo con diversión, suponiendo que incluso Gwendoline podría participar en el juego, pero era mejor no hacerlo. — Entonces el plan de ataque es evitar a tu padre y molestar a mi hermano, ¿todas de acuerdo? —se le notaba que se divertía de sólo imaginar cómo podría sacar de quicio a Francis. — Al menos hasta que sea hora de cenar, la hora de cenar es paz y tranquilidad —su momento favorito de esos eventos.

No sé por qué no me extraña —comentó Brooke en cuanto oyó que molestar a Francis se terminaba cuando empezaba la hora de la cena. — ¿Entonces vamos a ir ahora? ¿O nos quedamos con los grindilow otro poco? —señaló el lago. A ella no le importaría quedarse hasta la hora de la cena, pero entendería que su opinión podría no ser muy compartida.
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Gwendoline Edevane el Dom Ene 06, 2019 10:11 pm

La naturalidad con que Gwen confesó que su pareja era una mujer fue recibida con sorpresa: a excepción de Emmaline Eckhart, ninguna de las presentes se quedó como si nada. Brooke, quizás, fue la más sorprendida de las dos. Gwendoline no pudo evitar sonreír un poco ante las reacciones de las tres mujeres, especialmente la de la señora Eckhart. La mujer aseguró que tenían algo en común, y tomó la mano de Brooke, a lo que la sonrisa de Gwendoline se hizo más amplia. Podía decirlo: Emmaline Eckhart le caía muy bien, y más si había tenido valor de traer consigo a su pareja. En su caso, no solo la criticarían por tener una pareja de su mismo sexo, sino por la gran diferencia de edad que existía entre ambas.

Gwendoline, por su parte, encontró aquello hermoso: un amor que parecía superar todo tipo de barreras.

Al parecer, se respiraba un cierto aire homófobo en aquella mansión. Tanto Rabrours Edevane como Francis Eckhart Sr. eran un tanto intolerantes frente a las relaciones entre personas del mismo sexo. Gwendoline, de no ser porque se jugaba mucho más que un par de ceños fruncidos en aquella cena, hubiera disfrutado mucho subiendo la apuesta: ¿Qué les parecería que la mestiza e hija pródiga de la familia no solo confesara tener una relación sentimental con una mujer, sino también que ésta mujer era una bruja hija de muggles? Muy probablemente, lo mínimo que le sucedería sería que no volvería a ser invitada a aquellas fiestas de Navidad.

—Sí, he tenido suerte con mi padre.—Respondió Gwendoline con una sonrisa que enmascaraba lo que realmente pensaba: que de suerte nada, que su padre no tenía poder de decisión sobre su vida desde hacía ya un par de años, cuando Gwendoline había cortado toda comunicación con él.

El plan de Emmaline le pareció muy prudente a Gwendoline: tener la fiesta en paz era importante. La morena solo tenía que fingir ser alguien que no era durante aquella noche, y una vez se marchara, podría despedirse de todo aquello. Al menos hasta el año siguiente, y ya entonces se aseguraría de inventarse algún motivo para perderse la celebración. Y es que, seamos sinceras: era su primera Nochebuena como pareja de Sam, y lo que menos quería era pasarla alejada de ella.

Durante los siguientes minutos—después de asegurar a Brooke que se pondría en contacto con ella si alguna vez necesitaba saber alguna cosa sobre alquimia, cosa que seguramente haría teniendo en cuenta sus investigaciones—las conversaciones fueron distendidas. Gwen escuchó hablar de los regalos de la tía-abuela favorita de Angie, que no era otra que Emmaline Eckhart, con una sonrisa, pero tampoco tomó parte activa en la conversación. Teniendo en cuenta que era una extraña en aquella casa, por mucho que se apellidara Edevane, no guardaba recuerdos de aquellos fabulosos regalos. Y tampoco le salía del alma decirle a la mujer algo como “¡Estoy deseando comprobarlo por mí misma!” Seguramente, la mujer no tendría regalo alguno para ella, pues no había confirmado su asistencia casi hasta el último momento.

Cuando Brooke intervino, Gwendoline meditó seriamente la propuesta de quedarse acompañando a aquellas criaturas acuáticas que, hasta ahora, no se habían dejado ver. Sin embargo… sabía que sería buena idea que regresaran dentro. Demasiado antisociales parecían ya las cuatro, como para seguir siéndolo más tiempo.

—La verdad es que creo que sería correcto volver. Quizás pueda entretener un rato a mi padre para que deje de dar la vara a la gente.—La morena miró entonces a Angelica, y luego a Emmaline.—¿Hay sitios asignados en la mesa? Lo cierto es que me gustaría sentarme con vosotras...—En esta ocasión miró a Angelica.—Aunque en tu caso supongo que no te librarás de sentarte junto a tu marido, ¿no?—Compuso una sonrisa resignada.

Muy posiblemente, la cosa no sería tan sencilla. A Gwendoline la sentarían junto a su padre, su tío Frior, su abuela, sus primos Xerox y Serinda… Las grandes familias británicas, mágicas o no, solían ser así de ordenadas. Nada de anarquía a la hora de sentarse a la mesa. Quizás se equivocase… pero nada de lo que había descubierto esa noche la llevaba a pensar en los Edevane como una familia que rompe las tradiciones.
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Ayax Edevane el Lun Ene 07, 2019 3:16 am

Como todos sabréis, Ayax Ayrton Edevane, era una persona que no sabía mostrar muy bien sus sentimientos, es por eso que mientras caminaban de nuevo hacia los familiares con rostro impasible—como si no le hubiese contado algo tan importante—en realidad por dentro le estaba dando vueltas todo el rato, con cara de patata sorprendida. Y es que Joshua Eckhart era un licántropo y hacía dos días se había convertido en una bestia indomable capaz de destrozar la vida a cualquier persona que se le pusiera por delante. Y la verdad es que teniendo en cuenta lo que Ayax conocía a Joshua, por una parte se sentía contrariado porque creía que era algo que no le hacía justicia en absoluto y, por otra parte, lo poco que podía impatizar con una persona, lo hacía con él. No debía de haber sido fácil pasar todo este tiempo intentando integrarte a una maldición como esa. Idiota, es que era idiota.

Llegaron frente a Bruno y Francis, quiénes mantenían una conversación sobre Criaturas Mágicas y el extranjero. Vamos, una conversación SUPER EMOCIONANTE. Ayax puso los ojos en blanco, aún al lado de Ayax, buscando algo más interesante con quién compartir aquella velada. Y decía ‘algo’ y no ‘alguien’ porque después de haberse enterado de que Joshua era un licántropo, cualquier otro tema iba a ser una puta mierda en comparación, en cuanto a grado de intensidad se refería. De hecho es que ya estaba deseando ir al Área-M y poder investigar un poco al respecto.

Así que volvió a re-enfocar, para volver a tirar de Joshua e irse hacia donde estaba Rabrours y Popheg que, como buenos hermanos, discutían abiertamente por a saber qué cosas. Al llegar a ellos, el abuelo de Ayax tenía su opinión clara. Al menos una opinión que evidentemente no tenía que ver con la discusión, sino con el enfado sobre la discrepancia de opiniones.

—Popheg, de verdad, no sé como Francis te aguanta. Bueno, sí que lo sé, porque le obligaron a casarse contigo. Deberían hacerle un monumento. El día que le dijeron que tenía que casarse contigo debió de caérsele el mundo encima —decía, llegando a un punto de no retorno en la discusión que, a Ayax, ahora le entró curiosidad.

—Peor Hera, que debió de tocarle el marido más viejo, carcamal y cascarrabias de todos los hombres de apellido Edevane, ¿nos eres capaz de aceptar tu error, viejo chiflado?

Y Hera, probablemente la ‘abuela’ más joven de toda la fiesta debido a la gran diferencia entre Rabrours y su mujer, sonrió justo al lado de su marido.

—¡A mí no me metáis en vuestras discusiones! —Intentó huir.

—A ver, a ver, señores… —Entró entonces Ayax, llevando a Joshua con él. Como todo el mundo ya sabía en esa familia, los primos eran inseparables. —¿A qué viene tanto odio en plena nochebuena, eh? ¿Ya ha salido mi querido abuelo con algunos de sus temas en donde se enfada si no nos consigue convencer de su opinión? —Ladeó una sonrisa, acercándose entonces a su abuelo para darle un golpecito en la espalda, de manera cariñosa. Rabrours, sin embargo, lo miró con el ceño fruncido. —A veces te pones un poco intenso, abuelo.

—Eso es verdad.

—La abuela manda, ya lo sabes. Ella cocina esta noche, ella manda. —Rió Ayax, acercándose a su tan adorada abuela que, siendo bien bajita, le resultó bastante fácil para el pelirrojo ponerse atrás de ella y colocar sendas manos sobre sus hombros. —¿Qué habrá de comer hoy, por cierto? Espero que nada de marisco. Ya sufrimos el año pasado el ataque de la langosta asesina cuando Evangeline terminó salpicando el ojo de Francis Jr.

Angelica Edevane

—Etiqueta y educación… qué aburrido —confesó divertida, sacando ligeramente la lengua por fuera en un gesto de desagrado. Y mira que Angelica había sido criada con unas bases muy estrictas sobre etiqueta y educación, pero la verdad es que le parecía absurdo mantener esa clase de protocolos en familia, cuando se supone que ahí todo debía de ser natural y desenfadado. Sin embargo, ¿qué iba a pedir de una familia que concertaba matrimonios?  —Me parece un buen plan, Emmaline, tu capacidad estratégica sigue tan intacta e infalible como siempre.

Gwendoline contestó a Brooke, diciendo que lo mejor era volver. Lo cierto es que teniendo en cuenta cómo eran todos de desesperados, terminarían echándole la bronca a ellas por haberse ido de paseo antes de cenar. Además, no era propio de la etiqueta y la educación abandonar a tus familiares, mucho menos a tu marido. Pero por suerte para Angie, su marido era bastante abierto en ese tipo de reuniones y había encajado bastante bien con la familia Edevane, pues era abogado de vocación y tenía bastante cultura con los temas que más solían tocar sus abuelos y padres. De hecho solía ser él el que la invitaba a huir de esas conversaciones porque era consciente de lo mucho que le aburrían.

—Sí, yo creo que será lo mejor, para evitar que tengan motivos para quejarse. Seremos las heroínas por llevar a Emmaline y Brooke antes de que sea la cena… —Le dijo a Gwendoline, uniéndola a la tradición de Emma año tras año. —Sí, están asignados igualmente. Probablemente me toque entre Mysha y Ayax, como todos los años.

Para ella no era problema sentarse al lado de su marido, pues dentro de lo que cabía y el hecho de que se habían cansado sin quererse, se llevaban bien. De hecho hasta se reían. Y para Angelica era muy importante eso.

—Venga, vamos. —Y sin llegar del todo al lago, las cuatro volvieron sobre sus pasos hacia la fiesta.

Las primeras eran Angelica y Gwendoline, mientras que detrás iba Emmaline y Brooke. De hecho, con lo tímida que parecía Brooke le parecería muy raro que se fuese a hablar con otra persona sin Emma de por medio, al menos que fuese o Angelica o Gwen.
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Lun Ene 07, 2019 6:52 am

Joshua se esmeró en dejar el tema a un lado. No era complicado considerando el tiempo que llevaba haciéndolo, ignorándolo cuando sabía que estaba ahí. Al principio le había costado ignorar algo tan grande, pero, al final, era uno de sus secretos más privilegiados, que no todos podían saber. Fingir y mentir se había vuelto parte de su día a día, y no fue complicado hacerlo para apartarse de la pregunta de su padre. No duró mucho, sin embargo, dentro de su conversación, porque se dejó llevar por su primo a otro lugar.

Lo notaba. Era capaz de ver que a pesar de su comportamiento impertérrito su primo no estaba igual que siempre. No lo esperaba, tampoco, al menos durante el tiempo de asimilación, pero sí esperaba que nada de lo que le había dicho llegase a arruinar su relación. Tenía la sospecha que si se dañaba iba a ser por su culpa, por haberlo guardado tanto tiempo. Se esmeraba en no pensar en lo peor.

Llegaron a la conversación de sus abuelos que, más que conversación, era una abierta discusión. Joshua no era particularmente fan de las discusiones familiares, en especial porque podía dar por hecho que nada interesante venía o iba a salir de ella. Miró a otro lugar, porque válgame, ¿han visto lo interesante que es el tapiz de las paredes cuando uno planea distraerse de algo que no le importa ni un comino? Pues así de interesante se lo parecía a Joshua, qué detalle, todas las líneas…

Sabes cómo se pone tu abuelo —Popheg le dijo a Ayax. — Siempre perdiendo los papeles cuando se da cuenta que están a punto de destrozarle sus pobres argumentos —como si ella no se hubiera también puesto a directamente discutir, dejando totalmente de lado el tema que había, en principio, originado la discusión. — Tiene que haber algo de marisco, ¡es tradicional! —o no, y simplemente a Popheg le gustaba mucho el marisco.

¡Claro! ¡Cambia el tema! —se enfadó Rabrours, viendo cómo, según él, su hermana decidía escapar de su aplastante derrota en un argumento sin pies ni cabeza hablando sobre comida, creyéndose muy lista.

¿Qué va a haber de postre? —Joshua no se había olvidado que todo este tiempo había estado pensando en que le apetecía algo con manzana, y era el momento ideal para preguntarlo. Fue lo único que consiguió hacer que apartara la mirada del papel tapiz. De lo contrario, ya encontraría alguna manzana, sin un motivo particular más que lo que parecía un antojo persistente.

Se preguntó a sus adentros cómo sería la navidad de sus conocidos. Seguramente a la de Denzel le faltaría una conversación incómoda con su primo sobre su licantropía, al menos podía decir que se llevaba el premio a la velada incómoda. No conocía al resto de su familia, así que se aventuraba a juicios. También se preguntó si su cuervo sería capaz de entregar los presentes en tiempo y forma como lo habían acordado, y no pudo evitar preguntarse si le dejó agua a sus mascotas. Y si lo hizo, pensó en que quizá la habrían derramado. Y su mente se nublaba de pensamientos carentes de importancia, pero que, para él, parecía más interesante que la charla que se llevaba a cabo frente a él.

¿Joshua? ¡Joshua! —salió de sus pensamientos repentinamente con la voz de su abuela, que algo le había dicho mientras él estaba pensando en la inmortalidad del cangrejo. Joshua asintió sin pensarlo dos veces, como si creyera que le habían hecho una pregunta. — No sé dónde tienes la cabeza, ¿no te sientes bien? —le llevó la mano a la frente, midiendo la temperatura, habiéndose apartado con él un par de pasos del resto.

Estaba intentando recordar si apagué el horno antes de salir de casa —negó con la cabeza. Era tan sólo uno de sus pensamientos, pero no importaba. — Me siento bien, en serio —le dijo en confidencia.

Popheg le miró inquisitivamente, como si quisiera descubrir en él una mentira, y al final se suspiró, volviéndose al grupo. — Eso me recuerda que traje galletas, ¿dónde habrán quedado? De seguro te las comiste tú, cascarrabias —acusó a su hermano Rabrours, aunque sin fundamento alguno. Era una clásica discusión de hermanos.

Emma & Brooke

Emma tenía la idea de su noche, y no le importaba añadir compañeras a su plan. Una estrategia basada en encontrarse bien con todos y, particularmente, meterse con su hermano menor. Con un plan de acción, decidieron que lo mejor era regresar para evitar problemas. No pudo evitar reírse en cuanto Angie mencionó que iban a ser heroínas por presentarlas a la reunión antes de tiempo, como si hubiesen hecho una gran cacería para atraparlas.

No puedo esperar a sentarme al lado de Francis y escucharlo murmurar durante toda la cena —fingió emoción, cuando su hermano era, de acuerdo con Emma, todo un cascarrabias. — Intentaré cambiarle el puesto a mi sobrino para que al menos alguien nos separe —murmuró otro de sus planes secretos, mirando a Brooke para asegurarse de que todo estaba bien antes de comenzar a caminar.

Se habían quedado un poco detrás a propósito, ya que en un murmuro aprovechó para decirle que se relajara y que todo iba a estar bien. Que se irían antes de siquiera darse cuenta. Era necesario ese tipo de aliento para alguien que, realmente, no estaba por la labor de ir a un evento del estilo, y ni siquiera se notaba cómoda con la ropa que estaba vistiendo. Emma pensaba que quizá le agradase a su nieto, se entenderían en compartir el silencio.

Nada más entrar, fueron detectadas por la mirada de halcón de Francis, justo como lo pensó. Y este se dirigió hacia ellas sin pensar.

Ah, Francis, qué gusto verte, ¿qué tal va la fiesta? Luces encantador esta noche —le dijo Emma con un tono de fingida inocencia, con cierta mordacidad maquillada. — ¿Conoces a Brooke? —le colocó una mano al hombro a su acompañante para hacerla notar y dar un pequeño paso hacia el frente.

Es un placer —le contestó Brooke, sin extender su mano. Daba por hecho que iba a dejarla esperando y no le apetecía.

Hiciste lo que quisiste, ¿no es así? Te dije que no podías traer ningún tipo de —miró a Brooke con un gesto notablemente despectivo, — compañía de las tuyas —hablaba entre dientes, costándole no hacer una escena ahí en frente de todos, cerca de su hermana. Aunque no podía parecerlo a simple vista, él sabía que no era precisamente una amiga.

¿Qué problema hay con que traiga a una amiga? —se llevó la mano al pecho, fingiéndose profundamente dolida, y se acercó a decir a su oído un sutil: — Yo siempre hago lo que quiero —antes de apartarse. — ¡Hola, Francis! ¿Cómo te encuentras hoy? Esta es Brooke, y él es mi sobrino Francis, y Bruno —presentó a su compañía, y tuvo una corta conversación con ellos. — ¿Dónde está Joshua? —le preguntó a Angie y a Gwendoline cuando, saliendo de formalismos, tuvo la oportunidad de buscar a su nieto.
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Gwendoline Edevane el Miér Ene 09, 2019 10:52 pm

En compañía de las tres personas, aparte de su abuela Astreia, que mejor le caían en aquella fiesta, Gwendoline regresó a la carpa en que se reunían todos los asistentes a la fiesta. La sensación general que tenía era de gran pereza, y de la misma manera que había pensado al llegar, deseó que aquello se terminara pronto. Y es que sabía lo que tocaba ahora: más familiares desconocidos con ideales puristas que estarían sumamente interesados en presentarse ante la nueva incorporación a la familia.

La mestiza de la familia Edevane—quién en sus adentros empezó a considerarse algo parecido a ‘el bastardo de Invernalia’ de los libros de Canción de Hielo y Fuego—se mantuvo totalmente ajena a las conversaciones que ocurrieron alrededor. Incluso cuando Emmaline Eckhart presentó a su acompañante, Brooke, a quienes debían ser Francis Eckhart, Bruno Edevane y Francis Eckhart Jr. De pie junto a Angelica, se limitó a sonreír de manera ausente.

Se disponía a decirle algo a Angelia, y entonces Emmaline hizo una pregunta. De inmediato, Gwendoline se puso a buscar a Joshua con la mirada, pero no conocía tan bien a los integrantes de aquella familia como para identificar a Joshua simplemente por la parte trasera de su cabeza. Y mucho menos por el traje: allí, el que más y el que menos iba vestido de traje.

—¡Ahí estás!—Exclamó repentinamente la voz de Astreia Edevane, que se acercaba a grandes zancadas a Gwendoline.—Buenas noches, Emmaline. Siempre es un placer verte por aquí.—Las palabras de Astreia, refiriéndose a la señora Eckhart, eran totalmente sinceras. De hecho, saludó a la mujer dándole dos besos, para acto seguido dirigirse a Brooke.—Me temo que no nos han presentado. Soy Astreia Edevane.—Quien perfectamente podría haberse presentado como otra de las ‘extranjeras’, pues solo tiene de Edevane el apellido, y por matrimonio, pensó Gwendoline con cierta satisfacción.

Hecha aquella pequeña presentación, Astreia puso una mano en la espalda de su nieta y se la llevó aparte, disculpándose con Angelica y dedicándole una entrañable sonrisa primero. Cuando hubo privacidad suficiente, la antigua Woodstein habló a su nieta en un tono confidencial e íntimo.

—Has tardado muy poco en escaparte.—Parecía una reprimenda, pero en realidad no lo era. Gwendoline, en cambio, suspiró.

—Sabías que no quería venir. ¿Por qué has insistido tanto?—Dijo Gwendoline en el mismo tono de voz confidencial, un tanto exasperada.

—Porque creo que, a la larga, será muy beneficioso para ti conocer a esta familia. Así verás que no todos son como te esperabas.—Su abuela, claramente, se refería a gente como Angelica y Emmaline. Y sí, la morena se alegraba de conocerlas, pero dudaba mucho que aquel fuera su lugar. Cada vez lo tenía más claro.

—¿Sí? ¿Tú crees?—Preguntó Gwendoline con cierto sarcasmo. En este caso fue su abuela quien puso los ojos en blanco; la morena siguió hablando:—¿Con cuántos mortífagos me he cruzado ya esta noche, abuela? Y respóndeme otra pregunta: ¿mi padre lleva ya la marca tenebrosa? Porque ya sería lo único que le faltase...—Mientras hablaba, Gwendoline se dio cuenta de que cada vez estaba más exasperada, y a riesgo de alzar la voz más de lo que sería prudente, se obligó a sí misma a bajar el tono.

—Tu padre jamás haría algo así.—Ahora le tocó a Gwendoline poner los ojos en blanco ante la defensa tan vehemente que su abuela hacia Duncan Edevane. Estaba claro que tenía que hacerlo: era su hijo, después de todo, y el deber de defenderlo venía incluido en el paquete de la maternidad.

—Hace un par de años habría estado de acuerdo contigo.—Dijo Gwendoline, negando con la cabeza.—¿Hoy?—La desmemorizadora negó categóricamente con la cabeza.—Si fue capaz de entregar a su propia esposa sin resistencia, le creo capaz de todo...

Astreia abrió la boca para defender a su hijo, pero fue interrumpida por un carraspeo procedente de sus espaldas. Gwendoline apartó la mirada de su abuela y se encontró con su padre, un par de metros por detrás. Su semblante era serio, casi podría decir que herido. Y si bien Gwen sabía que no había dicho nada que no fuera verdad… se sintió increíblemente mal al ver aquella expresión. Y es que, pese a todo lo que Duncan Edevane hubiera podido hacer, pese a todo el daño que ya le había hecho con su indiferencia, seguía siendo el único padre que tenía. Mejor o peor, era el único padre que tenía.

—¿Necesitas algo, Duncan?—Preguntó Astreia a su hijo mayor, recuperando la compostura y la normalidad.

—Yo… simplemente quería presentar a Wendy a mi hermano.—El hombre miró a su hija, que mantenía una suerte de actitud defensiva. El orgullo podía al poco cariño y respeto que pudiera sentir por aquel hombre.—¿Te parece bien?

Gwendoline no dijo nada: se limitó a asentir con la cabeza, pensando que ojalá aquel hombre hubiera empezado a preocuparse por lo que a ella le parecía bien mucho antes. Dio un par de pasos adelante, y casi esperó que su padre le pusiera una mano en la espalda para llevarla con su hermano; no lo hizo, por lo que la morena se imaginó que, aunque no lo creía posible hasta entonces, había herido sus sentimientos. ¿De verdad tenía sentimientos aquel hombre? ¿Quería a alguien más que a sí mismo? Sin duda, estaba descubriendo muchas cosas nuevas esa noche...


Off rol:
Sigan con normalidad. El post ya me parecía lo bastante largo, así que corto justo aquí, y ya proseguiré en el siguiente con la presentación de Frior and family.
Gwendoline Edevane
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