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Christmas Party at Edevane Manor. —Josh, Gwen, Amalthea & Ayax.

Ayax Edevane el Jue Dic 06, 2018 4:16 am

Recuerdo del primer mensaje :


Gráfico hecho por Güendolín — Mansión Edevane — 24 de diciembre del 2018, 19:36 horas —  Atuendo de Ayax Edevane

Para Joshua Eckhart:

Joshua Eckhart


Estimada familia Edevane,
me complace informaros de que este 24 de diciembre del 2018 yo, Rabrours Edevane, cabeza de la familia y propietario de la Mansión que un día nos legó Caulugus Edevane, quiero organizar la famosa cena navideña en donde todos volvamos a sentarnos en el gran salón como la gran familia que somos, compartiendo esta festividad que si bien no es de mi agrado personal, es un motivo para afianzar lazos familiares.

Como todos los años, Sr. Eckhart, nos gustaría contar con su presencia. La unión de los Edevane y los Eckhart siempre ha sido un honor para nosotros y usted un Edevane más en nuestra familia. Confirme asistencia, así como si llevará invitado.

El día 24 de diciembre, en la Mansión Edevane, a las 19:30 horas. Se pide puntualidad.

Atte. Rabrours Edevane



©️
Para Gwendoline Edevane:

Gwendoline Edevane


Estimada familia Edevane,
me complace informaros de que este 24 de diciembre del 2018 yo, Rabrours Edevane, cabeza de la familia y propietario de la Mansión que un día nos legó Caulugus Edevane, quiero organizar la famosa cena navideña en donde todos volvamos a sentarnos en el gran salón como la gran familia que somos, compartiendo esta festividad que si bien no es de mi agrado personal, es un motivo para afianzar lazos familiares.

Srta. Edevane, ha sido usted invitada a compartir estas señaladas fechas con toda su familia. Quizás haya sido un error por nuestra parte no haber contado con usted en anteriores ocasiones, pero nunca es tarde para darse cuenta de que todos los miembros de la familia Edevane nunca decepcionan. Usted incluida. Será un placer para nosotros conocerla al fin.

El día 24 de diciembre, en la Mansión Edevane, a las 19:30 horas. Confirme asistencia, así como si llevará acompañante. Se pide rigurosa puntualidad.

Atte. Rabrours Edevane



©️

Era navidad y la familia Edevane, como cada año, se preparaba para la famosa cena navideña en la mansión principal de la familia, junto a sus abuelos y el resto de familiares. Como siempre, Maille estaba de los nervios pues, como buena ama de casa y amante de la cocina, le gustaba participar en la creación de la cena y no dejarlo todo en manos de los elfos domésticos. Nunca había sido muy fan de la cocina de los elfos y adoraba conquistar a sus suegros por el estómago. Dejando eso de lado, toda la preparación iba de fábula de mano de Bruno, Evangeline y Ayax.

Estaba deseoso de llegar ya y poder estar con su hermana mayor, la cual llevaba ya un año viviendo con el marido, así como de volver a ver a su primo Joshua, con el que siempre tenía tema de conversación. Algunas más profundos que otras, eso sí. Con respecto al resto, nunca había tenido una gran relación con sus primos Xerox y Serinda y lo cierto es que prefería que fuese así, pues siempre que había algún tipo de roce solía estar lleno de sarcasmo y hostilidad. Y Ayax lo entendía, por supuesto, era complicado que en una familia de gran poder adquisitivo y económico, de siete descendientes, sólo hubiera dos varones con el apellido Edevane. Dejando eso de lado, también había una nueva noticia, una muy importante. Era bastante concurrido el tema familia de ‘la mestiza de los Edevane’, la hija que el imbécil de Duncan tuvo con nada más ni nada menos que con una hija de muggles. Sin embargo, al parecer apoyaba abiertamente al nuevo gobierno y había conseguido grandes hazañas dentro del Ministerio de Magia, por lo que sería mentir el negar la curiosidad que Ayax había sentido por tremendo espécimen. Uno empezaba a pensar que hasta siendo mestizo, uno puede ser un gran mago si se apellida Edevane. Si no mira ahí a Xerox y Serinda, retrasados pero decentes sólo por su apellido.

Ayax ya se encontraba frente a la Red Flu principal, mirándose al espejo para colocar con perfección la manga de su camisa, así como el repeinado hacia atrás. Bruno estaba con él, mirando el reloj. Como siempre, Maille y Evangeline se retrasaban.

—¿No te pones corbata? —preguntó el padre.

—No tenía ninguna que combinase con el estampado de la camisa —respondió Ayax. —Además, me aprietan la nuez y me molesta.

Problemas de hombres, vamos. Lo último. Lo primero era claramente un problema de que Ayax no sabía combinar y punto, además de que él creía que las cosas raras solían ser tendencia en la moda y sólo se las ponía él. De ahí ese estampado en la camisa. Lo peor de todo es que asegurándote de lo rarito que es Ayax, hasta su vestimenta le viene ni que pintada con su personalidad.

19:43 horas

Los cuatro miembros de la familia Edevane se presentaron en la mansión Edevane a través de la Red Flu. Ayax había hablado con Amalthea para que asistiera junto a él a la cena de navidad y poder presentarla al resto de la familia, pero trabajaba hasta tarde y le cogía muy justa la hora de llegada, por lo que había quedado con él en que llegaría desde que pudiera.

Así que se dirigieron al patio exterior, en donde estaban todos bajo una grandísima carpa tomándose un tentempié acompañado de alguna copa de champán para hacer tiempo hasta la cena. Como siempre, la familia de Bruno y Maille Edevane eran los últimos en llegar. No era una sorpresa para nadie, de hecho era lo habitual, ¿por quiénes creíais que siempre ponían 'rigurosa puntualidad' en la maldita invitación? Exacto, por aquellos quiénes los ignoran.

Todos comenzaron a saludarse, pero Ayax se quedó rezagado, carraspeando y buscando con la mirada a su primo favorito. Todos los allí presente sabía que no podía faltar una cosa viniendo de Ayax, por muchos años que tuviese o muy maduro que éste fuese. Madurar era seguir haciendo las cosas infantiles teniendo en cuenta que siguen siéndolo. Y nada ocurría. Uno ya no sabía qué le gustaba más, si seguir llamando a su primo de esa manera tan estúpida o simplemente convertirse durante ese momento en el centro de atención y ver como todos lo miraban como si no tuviese remedio. Lo cierto es que no lo tenía.

—¡JOSHUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! —Gritó, sin poder evitar sonreír por el espectáculo que siempre daba y, automáticamente, agacharse para evitar la inminente chancla que iba directa a su cabeza de manos—o más bien pie—de Popheg Edevane, la abuela de Joshua.

PNJs que usaré durante el rol:
Abuelo — Rabrours Edevane || #993366
Abuela — Hera (Masbecth) Edevane || #cc6666
Padre — Bruno Edevane || #9999ff
Madre — Maille (Dunne) Edevane || #ff99ff
Hermana mayor — Angelica (Edevane) Makrlík  || #ff9999
Cuñado — Mysha Makrlík || #0099ff
Hermana menor — Evangeline Edevane || #ff66ff


—Click para baúl de Ayax - Ficha de los PNJs—
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneBecario Área-M

Ayax Edevane el Vie Ene 11, 2019 2:51 am

Mientras Popheg y Rabrours seguían discutiendo como dos niños pequeños, pues al fin y al cabo se conocían desde muy pequeños y parecía que nada había cambiado a pesar de los años, Ayax se puso a hablar con su abuela, Hera Edevane. Ella era una Masbecth, por lo que siempre mostraba especial interés por su otro lado de la familia, sobre todo porque eran unas de las grandes en la sociedad inglesa. Además una de las Masbecth más jóvenes había sido candidata para ser la prometida de Ayax. Sin embargo, precisamente esa familia había dejado de lado la conveniencia matrimonial y al final no se pudo llevar a cabo aquel trato. Ayax no la conocía, pero las malas lenguas—y su familia, que en términos generales todos tenían una lengua viperina estando en confianza—decían que era una mujer terrible, por lo que Ayax tampoco creía haberse perdido nada del otro mundo. La verdad es que siendo sinceros, siempre le dio un poco igual la mujer, pues nunca había prestado especial interés en ese tipo de cuestiones más íntimas. Creía poder adaptarse a cualquiera.

La conversación con su abuela se vio interrumpida por Popheg preocupada por Joshua, así como la declaración de que había galletas. Sin embargo, Ayax vio de lejos a Emmaline acompañada de su hermana mayor, por lo que sabía que probablemente a Joshua le hiciese ilusión estar con su tía segunda. Además, a él también le caía bien, por lo que lo que iba a hacer era una acción interesadamente egoísta. Como quien regala un juego a un amigo pero porque él también quiere jugar.

—Yo no me he comido las dichosas galletas. Ya tienes una edad, ¿seguro que no se te olvidaron? —Se quejó el abuelo, tan digno como siempre. Para gordo él, la del alzheimer era ella.
ff
Por su parte, el pelirrojo se dejó de líos y se limitó a disculparse con su abuela para acercarse a Joshua, sujetarle del hombro y—como siempre, en pack—girarlo para caminar en dirección contraria. Antes de que pudiera decir nada, le señaló con el dedo índice en dirección a Emmaline y compañía. Estaba junto a su abuelo y padre, pero era bien consciente de que si Joshua y Ayax se quedaban a una distancia prudencial, podían evitar tener que volver a hablar con Francis al cuadrado. Que ojo, el padre era muy buen conversador, pero el abuelo… era como Duncan, ¿en serio había alguien que lo soportase de verdad, sin contar Popheg, que era algo así como obligado?

Angelica, que se había unido de nuevo a Mysha, su marido, dio dos suaves golpecitos en el hombro de Emmaline parar alertar de por donde venían Joshua y compañía cuando preguntó por su sobrino nieto.

—Por ahí viene —le dijo, siendo consciente de que así de paso se libraba de Francis y su tan poco tacto con la vida ajena.

Ella también aprovechó para acercarse a Joshua y Ayax junto a su marido, de quién se había enganchado en uno de sus brazos. No sería el matrimonio que más amor se profesase, pero al menos tenían las cosas claras y había cariño y confianza—para decirse las cosas—de por medio.

—¿A donde te fuiste? —preguntó Ayax que, aunque se hubiese separado para hablar con Joshua, no le pasó desapercibido que se fue a dar una vuelta con la mestiza.

—Le enseñaba a Gwendoline nuestra agradable piscina de verano —ironizó divertida. —Y nuestras queridas mascotas, por supuesto.

—¿Los Grindylows? —preguntó Mysha, quién no había tenido el honor de haber visto a ninguno por el momento, aunque cada vez que iba a esas reuniones solían hablar de ellos.

—Esos mismos.

Y en ese momento Emmaline y compañía se acercaron a ellos, un grupito que se había formado en mitad de la fiesta. Angie mantuvo silencio, pero Ayax fue el primero en alzar una de sus manos y zarandearla con suavidad.

—Buenas noches, Emmaline. ¿Está segura de que no ha ideado la poción de la eterna juventud? Tengo la sensación de que siempre la veo igual. Bueno, quizás juventud no sea la palabra, pero usted ya me entiende —dijo con confianza, echándole un cumplido a medias. Era vieja, pero el pelirrojo creía que desde que tenía uso de razón apenas había cambiado un poquito.

Esperó a que Joshua saludase a su tía segunda, metiéndose las manos en el interior de los bolsillos del pantalón.

—¿Cómo le trata la vida? ¿Todo bien?
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneBecario Área-M

Joshua Eckhart el Vie Ene 11, 2019 4:35 am

Los adultos mayores seguían discutiendo como si la vida se les fuera en ello. Y le parecía, en el fondo, algo gracioso. Sin embargo, desvió su atención cuando sintió que su primo le tomaba del hombro para llevárselo, sin que Joshua opusiera resistencia alguna. Estaba acostumbrado a dejarse hacer por Ayax: si éste quería ir ahí y deseaba que lo acompañase, quién era Joshua para negarse. Ni siquiera tenía que pedirlo para que el primo menor decidiese cumplir su voluntad, caminando a su lado sin saber, en principio, a dónde se dirigían.

Su mirada se encontró con la figura de su tía abuela hablando con su padre y su abuelo. Iba en compañía de una mujer que Joshua no recordaba haber visto nunca, aunque bien podría ser gracias a su mala memoria para los rostros. Leyó en el silencio que la estrategia era esperar a ser notados para no tener que encontrarse con el resto de su familia, y le pareció lo más adecuado.

¿Tienes caramelos de manzana? —le preguntó a su primo, sabiendo que esos eran precisamente los que no le gustaban. Qué sabía Joshua, quizá tenía alguno ahí marginado entre sus caramelos cítricos.

Emma, por su lado, reaccionó cuando Angie le dijo dónde se encontraba su nieto. Se dirigió hacia el par de primos con su acompañante, así con Angelica y Mysha. Ayax fue el primero en saludar, zarandeando su mano.

Buenas noches, Ayax —Emma le dirigió una sonrisa un tanto altanera. — Sabes que no podría decirte si tengo o no la poción de la eterna juventud, son políticas de la empresa —le dijo, como si realmente hubiese inventado algo parecido y que no estuviese en sus manos compartir. Para ser tan mayor, al menos se conservaba bien.

Emma encontró a Joshua abrazándolo con fuerza, de esos abrazos sentidos. Joshua era reacio al contacto físico, incluso entre su propia familia, pero Emmaline era de esas personas a las que no les negaba un abrazo. Duró unos largos segundos antes de que decidieran romperlo.

Este es mi nieto, Joshua, y su primo segundo, Ayax —le dijo a Brooke, a quien parecía darle gracia que, de entre todas las personas con quienes se había presentado, incluida Astreia Edevane, se notase el exceso de estima de Emma. — Ella es Brooke —Emma terminó las presentaciones.

Joshua y Brooke se miraron un momento, como dos patatas retrasadas. Era así cuando presentas a dos introvertidos que no saben nada de las relaciones personales. Cuando uno se acercó a saludar de beso, el otro extendió la mano, y repitieron el proceso inverso. Resolvieron estrechar las manos, porque parecía lo más lógico para hacer.

Es un placer, Emma me ha hablado mucho de los dos —les sonrió Brooke.

Joshua aclaró la garganta, porque no podía decir lo mismo. O no, que él recordase. — El placer es mío —respondió con educación, mirando cómo Brooke, esta vez sin hacer el retrasado, le extendía la mano al pelirrojo para finalizar su presentación.

Tú sabes, todo bien, escuché que ya estás trabajando —Emma comentó, pues su nieto se lo había comentado en una carta. Incluso la mujer pensaba que si alguna vez Joshua le escribía y no mencionaba nada sobre Ayax, podría pensar que le usurparon la identidad. — En el área-M, ¿verdad?

Es egresado de Medimagia —añadió a la acompañante de su tía abuela, porque siempre le parecía más fácil hablar de Ayax que de sí mismo. — Yo estoy estudiando Magizoología.

Yo soy alquimista —respondió Brooke.

Emma se reía por dentro de ver las interacciones más básicas surgiendo de esos dos. Podía notar que les costaba el mero hecho de intentar pensar en qué decirle al otro, pero se esforzaban por educación.

Mysha, también es un placer verte —no pretendía hacer sentir fuera de la conversación al marido de Angie.
Joshua Eckhart
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Joshua EckhartUniversitarios

Gwendoline Edevane el Lun Ene 14, 2019 12:52 am

Lo poco que recordaba Gwendoline de su tío Frior se remontaba a su más tierna infancia. Entonces, Duncan y la entonces Lamia Edevane todavía mantenían algo de contacto con la familia paterna de Gwendoline. Entonces era muy pequeña, y había pasado tanto tiempo que no guardaba recuerdo alguno del hermano de su padre.

Según tenía entendido, la decisión de cortar toda relación con aquella parte de su familia había sido de su madre, y Gwendoline podía imaginarse el motivo: una puede soportar los desprecios de los puristas durante un tiempo determinado. La morena podía dar fe, además, de que incluso cuando intentaba ser lo más educado posible, un purista seguía siendo un purista, y los desprecios hacia los nacidos de muggles seguían apareciendo. Lamia Edevane, anteriormente Amery, estaba orgullosa de sus orígenes no mágicos, y para aquella familia debía haber sido todo un dolor de muelas tenerla delante y no poder hacerle nada.

—Se habrá terminado antes de lo que crees.—Aseguró su abuela Astreia, y Gwendoline negó con la cabeza sin decir nada. Ambas caminaban un par de pasos por detrás de Duncan, quien llevaba ambas manos a la espalda y caminaba en silencio. Gwendoline, que sabía que lo había ofendido, no podía evitar sentirse un poco culpable. A veces, en momentos como aquel, odiaba su lado más humano.

El hombre en cuestión, Frior Edevane, se encontraba unos pasos más allá, en compañía de su esposa—la susodicha Emily Hawthorne, que en efecto era una belleza—y de sus dos hijos—Xerox y Serinda, tan pelirrojos como su madre—. Su tío sostenía una copa en la mano, al igual que su esposa y sus hijos, y vestía un elegante traje negro. Su cabello también era negro, y llevaba gafas. A simple vista, y a ojos de Gwendoline, tenía un aspecto muy similar a Jonathan Crane, el Espantapájaros de las películas de Batman, de Christopher Nolan. Sus hijos, por su parte, parecían un tanto aburridos con la conversación que estaban manteniendo, especialmente Serinda: la expresión de su rostro era de puro asco, como si estuviera oliendo algo muy desagradable que tuviera justo debajo de la nariz. Gwendoline dudaba que fuese una persona tan amable como Angelica.

Duncan recorrió los últimos pasos a grandes zancadas, enarbolando una amplia sonrisa en el rostro. Puso una mano en el hombro a su hermano, intercambió un par de palabras con él, y Frior asintió con la cabeza. Entonces, buscó a Gwendoline con la mirada. El mayor de los dos hermanos la señaló con su mano derecha.

—Aquí la tienes, hermano: Wendy en persona. No os veíais desde que era una cría.—Dijo su progenitor, mientras Gwendoline fingía una sonrisa alegre.

—Gwendoline.—Dijo Frior, casi como si corrigiera a su padre, mientras caminaba un par de pasos hacia la susodicha. Le tendió su mano derecha, mientras en sus labios aparecía una sonrisa totalmente antinatural: aquel rostro parecía diseñado para permanecer serio en todo momento. Sus ojos, además, eran fríos como el hielo.—He oído hablar mucho de ti durante el último año. Y todo han sido cosas buenas.

—Tío Frior.—Respondió Gwendoline, estrechando la mano de aquel hombre. Tenía un apretón firme.—Agradezco sus palabras, pero no ha sido para tanto. Un placer verlo después de tanto tiempo.—Añadió con toda su educación, y deseando encontrarse en cualquier lugar menos aquel.

—Y además, modesta. No hay necesidad de eso: eres la prueba viviente de que el talento puede encontrarse en los lugares más insospechados.—El hombre siguió con aquella sonrisa que tan poco encajaba en su rostro, y por algún motivo, Gwendoline sufrió un escalofrío.—Y por favor: nada de tratarme de usted.—Gwendoline asintió con la cabeza, y Frior Edevane señaló a su mujer e hijos con su mano libre.—Permíteme que te presente a mi esposa y a mis hijos.

El mago le puso una mano en la espalda, y repentinamente ella se sintió muy pequeña. Aquel hombre no le daba buena espina, en lo más mínimo. Se dejó guiar por él, y tras ellos caminaron Duncan y Astreia Edevane. Una vez junto a ellos, Frior realizó las pertinentes presentaciones, y Gwendoline estrechó las manos de sus familiares—a excepción de Emily Edevane, que optó por dar un par de besos y un breve abrazo a la mestiza—. Serinda no escondió su asco, al cual Gwendoline respondió con una sonrisa educada y falsa.

—¡Una agradable reunión, sin duda!—Exclamó Duncan, dando un paso al frente y poniendo sendas manos en la espalda de su hija y en la espalda de su hermano.—La familia Edevane al completo. ¡Qué bella postal!—Parecía más animado de lo que la situación ameritaba.—¿Sabías que tu tío es profesor de medimagia en la universidad? También se dedica a la investigación de distintos patógenos mágicos, y ha escrito varios artículos en publicaciones medimágicas.—Informó Duncan.

—Eso es de lo más interesante.—Dijo Gwendoline, fingiendo una sorpresa que pareció casi sincera. De hecho, el tema sí le parecía interesante, pero no le apetecía ahondar demasiado en él.

—No te creas: en su mayor parte, consiste en observar la evolución de distintas muestras. Podríamos decir que es un nombre bonito para lo que en esencia es mirar por el microscopio.—El hombre ensanchó su sonrisa… y por algún motivo, el hecho de que sus ojos parecieran igual de fríos que siempre resultó de lo más escalofriante.

—¿Quién peca ahora de modestia, hermano?—Bromeó Duncan, riendo alegremente. Parecía estar totalmente en su salsa.

—Así que directora de la oficina de desmemorizadores, ¿eh?—Intervino Serinda, mientras los dos mayores se metían de lleno en una conversación acerca de los avances medimágicos del menor de los dos. El rostro de la pelirroja seguía pareciendo de puro asco.—Suena… apasionante.—Lo dijo como si sonase justamente a lo contrario.

—Gracias.—Respondió Gwendoline, con su sonrisa más educada.—Me temo que no me han dicho a qué os dedicáis vosotros.—Añadió, no sin cierta mordacidad: no se lo habían dicho, ni le interesaba. La mueca de desagrado de su prima fue más que evidente.

—Este año me he graduado en Leyes y Políticas Mágicas, actualmente soy becaria en el Wizengamot.—Dijo, visiblemente herida, y dándole a su puesto de becaria una importancia que hasta ella sabía que no tenía.

—Yo me licencié hace un par de años en Economía Mágica y actualmente trabajo en el Departamento de Juegos y Deportes Mágicos.—Respondió Xerox, quien parecía algo más amable que su hermana. Gwendoline, más pronto que tarde, descubriría que Xerox, más que amable, era un hipócrita. Un hipócrita cuyos hilos los movía Serinda Edevane, más lista y ambiciosa de lo que parecía.

—Trabajos con mucho futuro. Vuestro padre seguramente estará orgulloso de vosotros.—Dijo Gwendoline. Vio en el rostro de Serinda que estaba a punto de decir algo, posiblemente algo mordaz relacionado con la sangre mestiza de la morena, pero no tuvo ocasión: Duncan interrumpió la conversación.

Bueno… la de Gwendoline y sus primos, y la de todos los asistentes a la fiesta, pues se puso a dar golpecitos con una cuchara a una copa, para acto seguido alzar la voz y llamar la atención de todos los presentes. Los dos pelirrojos y la morena volvieron la mirada en su dirección, y le escucharon hablar.

—¡Familia! ¡Escuchadme todos un momento!—Exclamó, y Gwendoline se pudo imaginar que no pocos le mirarían con desagrado. No era plato del gusto de todos en aquella familia.—¡Ahora que estamos todos aquí reunidos, me gustaría proponer un brindis!

Gwen puso los ojos en blanco, negando con la cabeza. Allí estaba, el perfecto adulador, dispuesto a proponer un brindis en honor a todos los presentes, a la familia. La morena deseó que en aquel momento se la tragase la tierra, y en un momento que tuvo ocasión, se alejó de su padre. ¿Hacia dónde? Pues hacia Brooke y Emmaline, a las cuales divisó no muy lejos de allí. Por favor, que no me llame…


Recordatorio de PNJ’s:
Duncan Edevane (Padre de Gwendoline) = #ff933b
Astreia Edevane (Abuela de Gwendoline) = #f2eae4
Frior Edevane (Tío de Gwendoline y de Ayax) = #bf1c40
Serinda Edevane (Prima de Gwendoline y Ayax) = #f740c0
Xerox Edevane (Primo de Gwendoline y Ayax) = #749c61

Pido perdón por la calidad de este post. Muy probablemente no será la mejor, pues lo he hecho mientras experimentaba serios problemas técnicos con mi ordenador. Si no queda con la calidad necesaria… es por eso.
Y ya de paso: mil perdones por haber tardado tanto :pp:
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Amalthea Davies el Lun Ene 14, 2019 12:56 pm

Llevaba semanas oyendo decir por los pasillos de San Mungo que los turnos que coincidían con las fiestas navideñas eran terribles. En su mente, Amalthea había estado comparándolos con los temibles exámenes finales de Hogwarts. Al final había sido incluso peor, porque una podía prepararse duramente para superar un examen, pero no para superar un turno. Los niveles de estrés y ansiedad eran brutales, y la preparación mental no era suficiente. En un primer momento se había alegrado, pero ahora no le parecía tan buena idea que las prácticas de la carrera no cubrieran los periodos de vacaciones. De haberlo hecho, al menos habría sabido qué esperar.

El caso era que la sanadora tenía planeado asistir a la cena de Navidad a la que su prometido la había invitado. Estaba preocupada porque no conocía a nadie, pero estaba claro que después de aquel dichoso turno... Una noche con los Edevane (todos los Edevane) iba a ser coser y cantar. Tener la mente en otro lado le había afectado en su trabajo, por lo que una curación que en principio tenía que ser limpia, había terminado por ser bastante sucia.

Eso significaba que no podía ir a la fiesta des del hospital tal y como tenía previsto. De nada le había servido llevarse aquel precioso vestido a San Mungo y esconderlo en su taquilla, enfundado en plástico para evitar que se arrugara y, de paso, protegerlo del polvo. Tendría que pasar por casa, darse una ducha, arreglarse el pelo y la cara y perder bastante tiempo en el proceso. ¿Por qué los vestuarios no estaban preparados para estos casos? ¿Y si había una emergencia?

Afortunadamente, contaba con el carnet de aparición, así que sólo tardó unos segundos en aparecerse en medio del salón, ante la mirada inquisitiva y sorprendida de su madre.

¿Por qué tienes ese aspecto tan horrible? —preguntó la buena mujer.

No podía negarse que la señora Davies era sincera, incluso cuando a veces aquello era más un defecto que una virtud.

¿A caso te has olvidado en casa ese vestido malva que te compró tu padre?

Mamá, sólo... —Suspiró llevándose una mano a la frente—. He tenido un mal turno. No tengo tiempo para ponerme a charlar, no quiero llegar todavía más tarde a la fiesta.

***

Pero sucedió que cuando estuvo lista sintió la imperiosa necesidad de sentarse en un puf junto a la chimenea. Daba vueltas a su varita entre sus manos, visiblemente nerviosa. Era incapaz de acercarse al fuego, echar un puñado de Polvos Flu y pronunciar aquellas dos simples palabras: Mansión Edevane.

No conocía a nadie excepto a Ayax. La idea de cenar con unas personas que aún no eran su familia se le antojaba extraña. Sentía su mente vacía, como si estuviera muy lejos de allí, salvo que sabía perfectamente dónde estaba. ¿Y si no les caía bien? Ella no se había opuesto al gobierno del Señor Tenebroso y no tenía intención de hacerlo, pero Ayax ya había notado que no estaba muy a favor de ciertos métodos, como los del Área-M. ¿Y si ahora también notaba que no sentía la animadversión hacia los muggles y los sangre sucia que se suponía que debía sentir? ¿Y si después de aquella cena ya no quería casarse con ella? Sería una gran decepción para todos, una deshonra para su familia, y además le costaría mucho encontrar un buen prometido que estuviera a la altura de la familia Davies. Si el apellido se perdía, debía ser a cambio de uno que mereciera la pena.

Respiró profundidad unas cuantas veces antes de levantarse de aquel asiento, exhalando el aire por la boca lentamente, tratanto de relajarse, aunque realmente sólo se había levantado porque la apremiante voz de su madre así se lo había ordenado, recordándole lo tarde que llegaba.

Ya llego tarde —respondió en tono ligeramente molesto, con el ceño fruncido y una mueca de desagrado en la cara—. ¿Qué más da si me retraso 5 o 10 minutos más?

Pero no valía la pena engañarse: había llegado el momento.

Se recogió los bajos del vestido para no ensuciarlo con las cenizas que rodeaban la chimenea, cogió un puñado de Polvos Flu y, tras echarlos directamente al fuego y esperar a que las llamas se tornaran verdosas, se metió en la chimenea y puso su mejor sonrisa justo antes de pronunciar, alto y claro:

Mansión Edevane.

A esas alturas ya había asumido que todo el mundo iba a quedarse mirándola. Era normal, llegaba muy tarde. Al menos, sabía que no era la única novedad, pues había una mestiza entre ellos, aunque que ella supiera, la chica mestiza conocía a algunos de sus parientes.

Un elfo doméstico la acompañó hasta una carpa exterior, dónde todos los asistentes a la fiesta estaban charlando animadamente. Debió de hacer algún ruido, porque en cuanto entró en la carpa, se hizo un silencio sepulcral.

H-hola... Soy Amalthea Davies... —pronunció claramente nerviosa.

Era consciente de que había perdido la sonrisa encantadora que tanto se había esforzado en poner apenas unos segundos antes. Seguro que tenía cara rara. Y encima, como siempre que estaba nerviosa, se le había escapado un marcado acento de Gales.

Y, para colmo, parecía que alguien había propuesto un brindis. La mayoría de los presentes aún no tenían una copa en la mano, pero estaba claro que la aparición de Amalthea les había interrumpido, al menos, las conversaciones que mantenían entre ellos.

Buscó a Ayax con la mirada, sin saber si debía ir a buscarlo o si era mejor esperar que él se acercara a ella y le presentara a todo el mundo.
Amalthea Davies
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Ayax Edevane el Lun Ene 14, 2019 10:09 pm

Ayax, con un apetito ya bastante pronunciado y mirando la hora para ver cuánto más se retrasaría Amalthea—pues había pedido específicamente de no empezar a cenar hasta que llegase, como es evidente—, se sacó de su bolsillo interior de la chaqueta unos cinco caramelos. Siempre solía llevar muchos, para poder elegir, aunque la gran mayoría solía ser siempre de los mismos sabores. Joshua se dio cuenta, preguntándole que si tenía uno de manzana, siendo bien consciente de que Ayax y los caramelos de manzana no eran fieles aliados.

—Sabes que no me gustan los de manzana —le respondió a su primo, enseñándole la mano abierta. —Limón, naranja, pomelo y lima, ¿te gusta alguno en especial? —Él, por su parte, cogió el de pomelo, lo abrió y se lo metió en la boca con naturalidad, metiéndose el envoltorio en el otro bolsillo interior. No los llevaba en el bolsillo del pantalón porque si no se notaba el relieve y quedaba feo. Aunque no lo pareciese, Ayax cuidaba mucho su imagen.

Luego se unieron a Emmaline y su compañera, de nombre Brooke. Ni por asomo Ayax dedujo que se trataba de su ‘compañera sentimental’ pues como ya sabemos todos él era un pelirrojo muy poco dado a empatizar con ese tipo de relaciones y tampoco las veía en otras personas. Simplemente pensó que era su amiga sin familia que prefería pasar las navidades con gente desconocida. Triste, pero real. Había gente así. Después de que Joshua y Brooke se enfrentasen a una de las máximas ridiculeces del ser humano—no ponerse de acuerdo a la hora de saludarse—, Ayax se alegró de que eligieran estrecharse la mano, pues sencillamente luego les imitó.

—Encantado, Brooke. —En realidad Brooke, a simple vista, le parecía una del montón sin nada que ofrecerle y eso de estar encantado era básicamente formalismos. Claro que cuando descubriese que era una friki de la alquimia, quizás Ayax cambiase de opinión. Por ahora… era como ese cero a la izquierda al que a nadie le importa.

Le llenó de orgullo y de satisfacción que Joshua hubiese hablado bien de él y, sobre todo, que ambos hablasen de él en ese momento para presentarle frente a la ‘cero a la izquierda.’ Ladeó una sonrisa bastante contenta.

—Sí, todavía soy becario, pero espero poder hacerme con el puesto de extirpador pronto para poder empezar con todo lo que tengo en mente. Estoy en proceso de convencer a Joshua de que como magizoologo podría tener mucho futuro en el Área-M como investigador, pero creo que mi primo prefiere eso de vivir en el campo con muchas criaturas. Deberías hablar con Astreia para ir un día a su granja y así empiezas a familiarizarte con tu futura vida de ermitaño —bromeó, dándole un pequeño codazo de complicidad. —¿Alquimista? —preguntó entonces, sorprendido. Vaya, la ‘cero a la izquierda’ había pasado a ser alguien. —Pues mira, recientemente he tenido ciertas dudas sobre algunas cosas que estudio en el Área-M y me vendría bien preguntarle a una experta. Los medimagos tenemos gran base en el área, pero ni de lejos nos podemos comparar con una alquimista de los pies a la cabeza. —En realidad era gracioso, porque ese ‘recientemente’ realmente había sido hacía unos minutos, hablando del posible fallo de una poción matalobos. —Después de la cena, si Emmaline no decide irse tan rápido como siempre, te cuento mis dudas.

Entonces fue ese momento majestuoso en donde… ¡Mysha se sintió integrado! ¡Oh, sonrió como un niño pequeño! ¡Míralo, qué feliz! Angie también sonrió al ver como su marido le tendía la mano a Emma y Brooke, con educación y simpatía. Era un hombre sencillo, cargado de naturalidad y bondad. Y menos mal. Angelica cada día agradecía a Merlín por no haberla comprometido con un purista asqueroso con ganas de comerse todo lo que tenía por delante.

Luego, fue cuando la voz de Duncan volvió a sonar por encima de las de todos los presentes, pidiendo un brindis. El pelirrojo fue entonces cuando observó las manos de los seis que estaban reunidos allí en aquel pequeño grupo: ni Joshua, ni Emma, ni Brooke, ni Angelica, ni Mysha, ni mucho menos él—que no bebía—tenían en la mano una copa. ¿No sería más conveniente hacer un brindis en la mesa, en donde indudablemente todo el mundo iba a tener una copa de algo? Este Duncan… siempre haciendo las cosas fuera de onda, ¡luego decían que era Ayax el que no se ubicaba en los eventos sociales!

Sin embargo, los elfos, tan serviciales como siempre, arreglaron la situación. En mitad de ellos seis apareció uno de orejas torcidas y nariz grande, alzando una bandeja con seis copas de champagne para el brindis. Ayax, por su parte, alzó la mano en negación. Era el elfo de nombre Kled; Ayax y él se conocían muy bien.

—¿Un zumito?

El elfo chasqueó los dedos y una de las copas llena de líquido espumoso y burbujeante se convirtió en una copa llena de líquido naranja y mucho más denso. Era zumo de zanahoria, de sus favoritos.

—Tan eficaz como siempre, Kled.

El elfo entonces se fue y se dispuso a hacer caso al brindis de Duncan. Pudo darse cuenta de cómo la mestiza huía de la cercanía de su padre y pensó que era una sabia decisión, porque a saber qué decía ese señor o en qué fregados la metía. Sin embargo, antes de que Duncan pudiese decir nada, un elfo junto a Amalthea acababan de hacer acto de aparición en aquella hermosa nochebuena. Tenía cara de susto, pero Ayax no se lo iba a tener en cuenta: cualquiera que ve a Rabrours y al abuelo Francis se quedaría con cara de susto. Ayax no sabía decir con certeza cuál de los dos tenía más cara de culo.

—¡Oh, Duncan, perdona que te interrumpa! —Saltó Ayax, sin ningún tipo de pudor. —Ha llegado mi prometida, dejarás por favor que la presente a todos antes de hacer ningún brindis. —Y Ayax ya estaba a medio camino, abandonando a sus cinco acompañantes para acercarse a donde estaba Amalthea a zancadas, justo en la puerta de salida. Una vez estuvo a su lado, pasó una de sus manos por la cintura de manera educada y alzó su mano con el zumito hacia su familia. Amalthea estaba preciosa con su vestido, pero Ayax era demasiado Ayax como para decir algo en ese momento. —La gran mayoría no la conocéis: se llama Amalthea, de la familia Davies, proveniente de Gales. Y algún día del próximo año, cuando nos pongamos de acuerdo con las fechas, nos casaremos. Como futura Edevane, la he invitado para que os conozca y no se lleve la sorpresa directamente el día de nuestra boda o me dirá que no después de darse cuenta de la familia de locos que tengo. —Él el primero, lo que lo disimulaba bien. Pero míralos: uno loco de la cabeza, un licántropo, dos pelirrojos retrasados, un Duncan Edevane, una mestiza… ¿qué más faltaba? Ah sí, el abuelo con alzheimer. Ayax creía que el primero en caer sería Francis, pero Rabrours y Popheg también tenían papeletas.

Entonces el pelirrojo señaló a la zona en donde estaba Duncan, Frior y compañía. Emily siempre le pareció una mujer excepcional, pero como siempre se rodeaba de las dos almorranas de Xeror y Serinda—lo cual es normal, son sus hijos—, el pelirrojo había hablado muy poco con ella.

—Ese grupo de ahí son la línea sucesoria de nuestro difunto Rupert Edevane, quiénes han unido a grandes familias como son los Woodstein o los Hawthorne con nosotros. —Le explicó a Amalthea. Ayax tenía en mente el apellido Amery, pero no lo mencionó porque evidentemente no tenía ningún valor, sino todo lo contrario. —Él es Rabrours Edevane, mi abuelo, quién ha unido a los Edevane con los Masbecth. Y mi padre, quién se casó con la formidable Maille Dunne, nada más ni nada menos que una de las familias más prestigiosas de Irlanda, ¿pero qué voy a decir yo? Es mi madre y si no luego me regañará si no digo cosas bonitas de ella. —Quiso bromear con la mala leche de su madre. —Y por último Popheg Edevane, quién se casó con nuestro abuelo favorito y más cascarrabias, Francis Eckhart. Lo mejor que tiene es el apellido y que su hijo tuvo a mi primo favorito. —Señaló a Joshua, sonriente.

Amalthea probablemente hubiese escuchado de la boca de Ayax hablar de Joshua, pues era del único de su familia—sin contar sus hermanas, por supuesto—de quien hablaba con orgullo. Del resto, probablemente no tuviese ni idea. Bueno, quizás en algún momento mostró su descontento por Xerox y Serinda, sus otros dos primos segundos, frente a su futura mujer, pero había sido bastante cauto con las palabras que decía.

Así que tras ese pequeño discurso sobre las grandes familias y, sobre todo, la mejor: la Edevane, Ayax le había robado el brindis a Duncan. El elfo Kled, tan servicial como siempre, apareció al lado de Amalthea cuando vio que Ayax alzó su copa con zumito de zanahoria en el interior, tendiéndole a la chica una copa de champagne y otra de zumito, ya que el pobre elfo no sabía si la prometida del pelirrojo era tan rarita como él como para querer zumito en vez de champagne para un brindis.

—Me perdonarás, Duncan, me he emocionado. —Se disculpó, divertido, sin intenciones reales de arrepentimiento. —¿Brindamos por nuestra maravillosa familia? —Ladeó una sonrisa.
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Joshua Eckhart el Mar Ene 15, 2019 12:24 am

Joshua sabía que los caramelos de manzana no le gustaban a Ayax, de la misma forma en que sabía que esos pobres caramelos excluidos podían colarse por accidente en el bolsillo de su primo. Preguntar no le costaba nada. Como era de esperarse, no era su día de suerte, y tuvo a su disposición una gama de caramelos ácidos. Miró un momento su mano extendida antes de decantarse por el de naranja, agradeciéndole y guardando el envoltorio vacío en el pantalón tras meterse a la boca el caramelo, porque para él era menos importante la imagen.

A Emmaline no le hacía gracia alguna el área-M. No era tan raro pensar que una mujer como ella, liberal y de mente abierta, juzgase los métodos que consideraba arcaicos de la ciencia dentro de las puertas. Cuando mencionó que su nieto podría tener futuro como investigador, miró un momento a Joshua con una mano en el mentón, intentando imaginar en él a un investigador científico.

El blanco le luciría bien —dijo, más como una broma al hablar del color aislado. Bien podía imaginarse una bata blanca, como una camiseta. — Yo también creo que prefiere la vida de ermitaño, al menos tendría una granja donde desconectar y vacacionar, mientras no nos diga de ayudar —bromeó con ellos, suponiendo que invadirían la granja de Joshua para perderse un poco de la urbanidad y del mundo mágico en general.

Brooke, por su lado, asintió cuando le pidió confirmar su profesión. Era del tipo de alquimistas que viajaban muchísimo para encontrar los ingredientes más raros y clasificarlos, cuando también podía quedarse en casa días enteros jugando con solutos y solventes en su intento de crear nuevas pociones, o bien mejorar las que ya estaban en existencia. Por supuesto, le alegró que el Edevane de quien le habían hablado efectivamente se interesara y le diera la posibilidad de hablar de lo que más le gustaba.

Por supuesto, yo me aseguraré de que se quede un poco más de la cuenta —le dijo Brooke, guiñándole un ojo a Emma. Ya era bien sabido para ella la tendencia a escaparse de esos eventos sociales, así que no la tomaba por sorpresa.

Emma y Brooke saludaron a Mysha amablemente, notando en él la alegría al verse integrado a la conversación. Que era muy feo que lo dejaran de lado cuando era, como ellos, de esos especímenes un tanto aislados del resto de la familia. Compartía con las mujeres, por ejemplo, ni siquiera ser de la familia realmente, sino haberse integrado de alguna manera. Emma, por culpa de su hermano, Brooke por culpa de Emma.

Duncan llamó la atención del grupo y todos volvieron su mirada hacia ellos, con diferentes expresiones. En el rostro de Emma, por ejemplo, había cierta pena ajena, mientras que Brooke no entendía nada. Joshua, por otro lado, tenía su rostro inexpresivo cargado de resignación. No le hacía gracia escucharlo, pero como todos los demás, exceptuando a Ayax, tomó una copa de champaña del elfo para realizar el brindis. Y lo hubieran hecho, de no haber sido porque de pronto llegó alguien.

Amalthea. Joshua sorbió de su copa, por mero aburrimiento, mientras veía a su primo dirigirse a ella con una punzada de desagradable envidia. Había pensado, en un punto de él, que no se presentaría, y no podía estar más complacido con su pensamiento. Por supuesto, hubiese sido de mala educación y… Bufó ligeramente, una respiración fuerte que pasó desapercibida, cuando menos para su abuela y su acompañante, procediendo a fingir que no pasaba nada, cosa que no se le complicaba.

Ya cumpliste con tu dosis de buena hija, ahora huye de él el resto de la fiesta —le sugirió Emma a Gwendoline en un susurro divertido cuando ésta llegó a su grupo, que por supuesto era, a sus ojos, el mejor de toda la fiesta.

Todos brindaron cuando Duncan pudo terminar su suerte de brindis. Tras hacerlo, y antes de que todos empezaran a desesperarse por la cena, ya que había llegado la persona que esperaban, Joshua abandonó su copa a medio tomar con un elfo y se disculpó con rumbo al baño. Con Ayax no le pasaba, pero cuando estaba sin él, tendía a aislarse para buscar un momento a solas, como los minutos que pasó sin hacer nada dentro del baño antes de decidirse a salir.

Emma le hizo un gesto a Brooke para que se quedase con el grupo actual mientras ella iba, muy felizmente, a saludar a sus anfitriones. — ¡Hola! Una maravillosa velada, como siempre, muy felices fiestas —les decía, la muy aduladora, y tras una charla bien breve, dijo su principal propósito. — Me muero de ganas por comenzar esa cena tan deliciosa que preparan siempre, ¿a qué hora…?

Y así fue como todos empezaron a movilizarse para cenar.

Brooke, que lo observó todo desde su lugar, puso los ojos en blanco y una sonrisa. — Siempre hace lo mismo —susurró. Si bien sólo había ido una vez a cenar con los Edevane, la había acompañado a otros eventos similares, dada la vida famosa que Emma llevaba. — ¿Se casaron hace mucho? —quiso hacer conversación con Angeline y Mysha, porque no le daba la gana ir a meterse como hambrienta a la multitud que se dirigía al comedor, y su compañía patata no había vuelto del baño todavía.
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Gwendoline Edevane el Miér Ene 16, 2019 9:11 pm

Duncan Edevane tenía no solo una larga lista de defectos que Gwendoline conocía y que le daba pereza ponerse a enumerar, sino que por lo visto también tenía el don de la oportunidad: su propuesta de brindis—que casualmente también provocó la huida en desbandada de su hija—fue totalmente eclipsada por la llegada a la fiesta de la invitada más rezagada de todas. Apenas un par de minutos más tarde, Gwendoline descubriría que la invitada en cuestión no era otra que la prometida de Ayax, el primo más deslenguado que la morena había conocido en toda aquella velada.

Su llegada coincidió con el momento en que, expectantes, todos guardaron silencio. Duncan, a pesar de haber vuelto al redil, por así decirlo, no era el Edevane más respetado ni mucho menos.

De hecho, muy probablemente sería el menos respetado de todos.

Gwendoline, que a pesar de todo lo que tenía que reprocharle a Duncan, seguía pensando muy en el fondo en él como en su padre, se sintió genuinamente mal en aquel momento: su progenitor muy posiblemente fuera motivo de risa. Seguro que muchos le consideraban un payaso adulador, una fuente de risas asegurada. Y muy probablemente se lo mereciera, pero… simplemente no, no estaba bien. Gwendoline no se sentía bien. Y por ese motivo se limitó a responder el comentario de Emmaline con una tensa sonrisa.

Y por si fuera poco, la llegada de la que se presentó como Amalthea Davies no fue la única interrupción con la que tuvo que lidiar su padre: Ayax presentó a la joven como su prometida, y sin ningún tipo de descaro robó el protagonismo a su padre. Se pudo ver en el rostro del mago que sonreía de manera forzada, y Gwendoline pudo imaginarse que se sentía totalmente fuera de lugar. ¿Quizás debería haberse quedado a su lado? Quizás, pero una pequeña parte de ella seguía pensando que se lo merecía.

Tras la introducción de Ayax—presentando a todos los familiares que importaban algo en aquel mundo mágico—, Gwendoline ya se sentía totalmente irritada. Y se dio cuenta, muy a su pesar, de que podía contar con los dedos de la mano a las personas que le caían bien en aquella fiesta. Y se prometió a sí misma que en cuanto terminara la cena, se marcharía. Suficiente para ella.

—Eh… sí. ¡Claro, claro! Un brindis a la salud de nuestra amada y poderosa familia.—Respondió un Duncan que apenas se sobreponía a la humillación inicial, alzando su copa al aire.

Gwendoline, que sostenía entre sus dedos una copa que uno de los elfos domésticos había tenido la amabilidad de proporcionarle, alzó la copa con todos los demás, pero cuando la bajó solamente tomó un sorbo. Entonces, buscó al mismo elfo que se la había dado—creía que era el mismo, al menos—y se la devolvió. Tan fuera de lugar como se sentía, la mestiza de los Edevane decidió ocupar un discreto segundo plano en lo que restaba de noche, o al menos así fue hasta que Emmaline Eckhart consiguió que los preparativos de la cena se pusieran en marcha.

Volvió entonces con su abuela, su padre, su tío, la esposa y los hijos de este, que seguían conversando. Mantuvo con ellos una pequeña charla muy trivial acerca del trabajo—con Frior Edevane mirándola como si fuera un artículo de supermercado que no sabe si comprar o no—y entonces se dirigieron a la mesa. Duncan puso una mano en la espalda de su hermano—tenía esa mala costumbre—y caminó con él por delante; por detrás iban Emily Edevane y sus dos hijos, charlando a saber sobre qué; un poco por detrás iban Astreia y Gwendoline Edevane.

Su abuela la miraba con esa media sonrisa suya tan enigmática.

—¿Qué pasa?—Preguntó Gwendoline sin más. En otros tiempos, habría añadido ‘abu’ al final de aquella pregunta. Pero habían pasado años desde esos ‘otros tiempos’.

—Tienes pinta de que estás a punto de desintegrarte en medio de un montón de cenizas.—Bromeó su señora abuela, negando con la cabeza.

—No te preocupes por mí. A ver si acabamos ya con esta puñetera cena y puedo volver a mi vida.—Las palabras salieron casi con rencor de sus labios.

—Esa lengua, Gwendoline.—Advirtió Astreia Edevane, y su nieta le protestó, alegando que ya era mayorcita.—Pues con más razón. Ya tenemos una edad para comportarnos.

Entonces fue Astreia quien puso una mano en la espalda de su nieta, aplicándole una suave caricia que le recordó a aquellos ‘otros tiempos’, cuando las cosas eran más sencillas. Normal que lo fueran: las veía desde los ojos de una niña que no conocía el odio. Poco o nada quedaba de aquella niña, por lo que en cierto modo fue reconfortante volver a sentirla allí, asomando.

Pero no te regodees en eso, se dijo a sí misma. Esta familia ha estado siempre cargada del mismo veneno, así que no quieras volver a aquella época de ignorancia. Ponerse una venda en los ojos no es manera de vivir. Con aquellas palabras, muy ciertas, en la cabeza, Gwendoline y su familia esperaron pacientemente a que se les asignaran sitios en la mesa. Todo el resto de la familia estaba allí, esperando por lo mismo.
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Amalthea Davies Hoy a las 10:00 pm

Sabía que era imposible escaquearse de llamar la atención. Lo había sabido incluso desde antes de llegar, consciente de que llegaría indecentemente tarde y de que todas las miradas se fijarían en ella. Ayax, pero, no se lo hizo más fácil.

No sabía el motivo por el que alguien había propuesto un brindis, pero estaba claro que no contaba con que Amalthea fuera partícipe de él. Era normal. A fin de cuentas, era la recién llegada. Su prometido era el único que la conocía, y era la única que no llevaba el apellido Edevane con orgullo (de momento). A decir verdad, no era la única, pero así era como se sintió ella hasta que Ayax mencionó a los Eckhart.

No le molestó que le pasara un brazo por la cintura, pero sí que le costó disimular su sorpresa. Aunque ya se habían visto en varias ocasiones y tenían un trato bastante más cercano que en un inicio, no era demasiado habitual que su prometido la tocara así de sopetón, por voluntad propia.

Estuvo bastante atenta a los nombres de todos, y aunque no consiguió memorizarlos todos, sí murmuró unos cuantos mucho gusto y encantada de conocerle. De todos los nombres que había mencionado, el único que le sonaba era el de Joshua, y aun así se llevó una agradable sorpresa al ver que estaba entre los presentes. Agradable porque parecía que su prometido había hecho muy buenas migas con ese pariente, y la joven estaba encantada de conocer a alguien que se llevara bien con Ayax, y sorpresa porque creía que todos los presentes conservarían el apellido Edevane. Era bonito ver que las mujeres que habían perdido el apellido al casarse también tenían cabida allí, acompañadas de sus respectivos maridos e hijos, incluso si sólo había un caso así. Parecía que en esa familia abundaban los varones.

Miró alternativamente las dos copas que el elfo doméstico le tendía, indecisa. ¿Tenía que beber champagne o beber un zumo de zanahoria como su prometido? Además, parecía que el pobre sirviente estaba en un apuro al no conocer sus gustos. Difícil decisión que Amalthea decidió posponer al tomar las dos copas, una en cada mano.

Alzó la copa de champagne en el aire, decidiendo que era la más adecuada y, como todos, brindó. Tomó un único sorbo del alcohol, vaciando el resto del contenido de la copa en una maceta cercana mientras nadie miraba y terminando por beber zumo.

Está delicioso —le comentó a Ayax con una sonrisita, para después preguntar con curiosidad:— ¿Siempre te preparan este tipo de jugos?

Era evidente que quería quedarse charlando un poco con el pelirrojo y quizás conocer un poco más a los miembros de la familia que parecían importarle, que básicamente eran los que había mencionado, pero también le apetecía conocer al resto. Una no iba a una fiesta de ese calibre y se iba sin escuchar los nombres de todos los presentes al menos una vez.

Desgraciadamente, eso no iba a ocurrir, al menos de forma inmediata, pues la medimaga había retrasado tanto la cena que todo el mundo parecía tener demasiado hambre como para prestarle atención. Nada malo, teniendo en cuenta que ella era el motivo por el que tenían tantísima hambre. Al menos, parecían haberse olvidado de ella o, por lo menos, decidido ignorarla.

¿Dónde me siento? —preguntó en voz baja, otra vez con ese dichoso acento.
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