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Take a sit | Gwendoline

Eris Masbecth el Dom Dic 30, 2018 3:47 pm

Aquel día se había levantado con el pie derecho, o eso quería pensar. Había pasado una noche terrible, y en su rostro se reflejaba el hecho de haber dormido pocas horas. Tal vez todo se debiera a no haber dormido cerca de su hijo, no dormir cerca de su hijo le quitaba el sueño. Ya no temía por su integridad por estar con su padre, apreciaba los esfuerzos que hacían Ian y sabía que él también quería que estuviera a salvo, así que por él no se preocupaba. Se estaba preocupando porque cada día que iba a trabajar veía más y más enfermedades, y ahora mismo tenía una idea que quería llevar a cabo para hacer la poción. Una poción para aliviar los dolores de la menstruación, algo bastante útil y que hasta el momento no tuvo lugar. Sin embargo, aquello debía posponerlo para horario de trabajo. Si, horario de trabajo porque en aquel momento debía ayudar a una persona.

Eris, como todos los días, llegó a San Mungo, pero aquel día con dos cafés. No sabía como le gustaba el café a su acompañante, pero esperaba que no le gustase demasiado cargado. Lo cierto es que solo había llevado la mitad del vaso del café, por si quería leche o no. — Aaron, ¿trajiste las muestras de mushorium? — Preguntó a uno de sus compañeros de trabajo, tras haber entrado en el laboratorio. Dejó los vasos de café sobre la mesa, lejos de los utensilios utilizables en las pociones para evitar futuros problemas. — Ya veo, está por aquí... — Diría ya en una voz un poco más baja, como para sí misma y tomó las muestras, tras haberse colocado unos guantes de látex.

Quedaba un rato para que llegase la mujer con la que había quedado, así que simplemente se puso a hacer sus mezclas. Un poco de mushorium, un poco de alga roja y un poco de baba de caracol tropical. Todos en las medidas justas. Ya se había pasado los días anteriores haciendo los cálculos pertinentes para la poción, debía buscar un ingrediente anti-inflamatorio y... No lo encontraba en la mesa. Así que prepararía la poción base con lo que tenía para solo añadir el toque final más tarde. Todo era para hacer tiempo, tiempo hasta que pudieran empezar las clases con ella como profesora. Esperaba que la susodicha fuera puntual, le gustaba la gente puntual, y como estaba de buen humor: ayudaría a no estar de malas con esa persona. La Masbecth tenía muy mal humor, un carácter muy reacio. No era un amor de persona, no tan fácilmente. Sin embargo, estaba de tal humor que ayudaba a que la cercanía fuera más posible, más fluida que en una situación normal. Ya sólo sería cuestión de ver cómo iba la situación.
Eris Masbecth
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Gwendoline Edevane el Miér Ene 02, 2019 1:34 am

Con motivo de la Navidad, Gwendoline se había cogido algunos días libres que tenía acumulados. Principalmente, la morena planeaba emplearlos en celebrar las fiestas junto a los pocos seres queridos que tenía en Londres. Sin embargo, todavía tenía una cosa que hacer antes de ser totalmente libre: unas cuantas horas prácticas en el hospital San Mungo, a fin de cumplir los requisitos de su carrera a tiempo parcial. Aprovechando las vacaciones, y con intención de tener la tarde libre para pasarla con Sam—a quien todavía le hacía gracia tratar de novia—, optó por realizar aquellas horas prácticas por la mañana.

Y allá que fue: utilizando como medio de transporte mágico la Red Flú, Gwendoline llegó a la recepción de San Mungo, saludando con educación y una sonrisa a la mujer del mostrador de recepción. Ésta le entregó un pedazo de pergamino con el sello de la universidad mágica. La bruja lo ojeó con interés, comprobando que en él figuraba la tarea asignada para aquel día: pociones. Aquello puso una sonrisa en su cara: las pociones no solo le gustaban, sino que se le daba bien.

Siguió las indicaciones para llegar al laboratorio de pociones. Según el documento oficial de la universidad, que había sido rellenado por la recepcionista con la información respectiva al hospital, Gwendoline daría sus clases con una mujer de nombre Eris Masbecth. El nombre no le dijo gran cosa, pero el apellido sí: ¿no era acaso la familia Masbecth propietaria del diario El Profeta?

Unos diez minutos antes de la hora, Gwendoline se encontraba llamando a la puerta del laboratorio en cuestión. Se anunció en voz alta.

—Buenos días.—Dijo a la puerta cerrada, con tono formal y serio, alzando la voz lo suficiente como para ser escuchada al otro lado.—¿Señorita Masbecth? Soy Gwendoline Edevane, y vengo con motivo de las clases de pociones.—Añadió como explicación, que nunca estaba de más.

Bajó el puño con que había llamado a la puerta y esperó a que le abriesen o le diesen paso. Estaba nerviosa, lo reconocía. De la misma manera que cada vez que se encontraba en un entorno nuevo. Y es que, si bien ya comenzaba a conocer San Mungo y a sus empleados, todavía no conocía a Eris Masbecth. Esperaba que las clases con ella fueran amenas, por lo menos, y aprender. Porque si bien Gwen hacía grandes progresos en el campo de la alquimia por su propia cuenta, ciertamente deseaba aprender más de profesionales titulados con años de experiencia a sus espaldas.

Quizás algo de lo que aprendiera aquel día serviría a su pequeño proyecto personal.


Atuendo:
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Gwendoline Edevane
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Eris Masbecth el Vie Feb 15, 2019 8:29 am

Estaba calmada, cabía decir incluso que no temía el volver a dar clases. Aunque pareciera mentira, había sido mucho tiempo dando clases ya, tanto en Dummstrang cuando las prácticas, como en Hogwarts e incluso en la Universidad Mágica. Se sentía segura de su experiencia, sobretodo en pociones. Amaba las pociones, aunque jamás dejaría de lado las clases de encantamiento que tanto le gustaba en Hogwarts. Tantos recuerdos. Mas cuanto más pensaba en Hogwarts, más recordaba su desliz con Ian y lo que le trajo al mundo: una serie de consecuencias entre las que venía su hermosos hijo.

Pensar en su hijo le hacía sonreír de manera inevitable, aunque en el trabajo prefería mantener su compostura de estirada Masbecth, porque había una imagen que mantener, y porque no quería que se pasaran de confianza con ella. Dos cosas que, por más sociables que se hubiera vuelto: no tenía intención de cambiar. Y todo esto realmente divagaba por su cabeza como simples ideas, unas ideas que rápidamente se fueron al escuchar la puerta.

Sin mediar mucha palabra, se acercó al pomo de la puerta y abrió ella misma para con un gesto invitarle a pasar al interior de aquel laboratorio. — Buenos días, señorita Edevane. Pase por favor. — Entonces volvió la Eris de siempre, aquella que muchos decían que tenía un palo por el culo que le hacía así de estrecha, pero el asunto realmente no iba así. Una vez entrase la castaña, cerraría la puerta tras de sí para acercarse a la mesa del laboratorio. Cuando recibía a alguien, solía hacerlo a la antigua usanza en vez de con varita, que hubiera sido mucho más fácil. Sin embargo, esta forma la veía más formal, no como si estuvieran de colegeo. Había que ser profesionales ante todo, y era a lo que más aspiraba Eris. — ¿Le ha sido difícil encontrar el sitio? Reconozco que esta parte está bastante escondida en San Mungo. — Comentaría con el afán de romper el hielo, pues bien sabía ya de años que no se podía aprender cómodamente en tensión.

Una vez se sentí en la banqueta de delante de aquella mesa blanca, y metálica, dispuso los ingredientes de manera ordenada a los lados del caldero. — Antes de nada, es importante que me informe de su conocimiento en la materia. Pues la información al respecto no me ha llegado de manera clara. ¿Qué experiencia o cuál es su contacto con las pociones? — Algo bastante importante, a tener en cuenta si se quería realizar las cosas de buena manera. No iba a ser dura con ella, no estaba allí para demostrarle que era una ignorante en la materia, pero sí que tenía que tener conocimiento para saber por donde empezar.
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Gwendoline Edevane el Sáb Feb 16, 2019 3:50 am

La mujer que la recibió—una Masbecth, nada más y nada menos—debía tener más o menos su edad, y sin lugar a dudas era la seriedad hecha persona. Y si bien otras personas quizás encontrasen aquello intimidatorio, Gwendoline se sentía cómoda en presencia de la seriedad: no sólo le transmitía profesionalidad, sino que estaba más que acostumbrada a tratar con gente cuya actitud era parecida en el Ministerio de Magia.

Con una sonrisa educada en el rostro, Gwendoline pasó al interior del laboratorio cuando la señorita Masbecth se lo indicó, y cuando la experta en pociones cerró la puerta tras de ellas, la siguió hacia la mesa del centro de la estancia, donde se acomodaban todos los útiles e ingredientes necesarios para el arte de la elaboración de brebajes mágicos.

—No ha sido muy complicado.—Respondió Gwendoline, sin pretender dárselas de interesante ni nada por el estilo: realmente, no había tenido problemas.—Me han hecho incluso un mapa, por si me perdía, pero no ha sido necesario: todo está muy bien señalizado.

La morena ocupó un lugar al lado opuesto de la mesa, frente a Masbecth, y desde aquella posición se permitió echar un buen vistazo al laboratorio. Y siendo como era un tanto friki del mundo de la elaboración de pociones, encontró el lugar muy acogedor. Perfectamente se visualizaba trabajando allí, rodeada de ingredientes y de los vapores y aromas de las mezclas hirviendo en los calderos.

Las palabras de Eris reclamaron nuevamente su atención, y Gwendoline fijó la vista en el rostro de la Masbecth.

—Pues lo cierto es que mi experiencia no es demasiado amplia: Hogwarts certifica que mi nivel en cuanto a elaboración de pociones es el medio. Eso sí, he estado investigando bastante por mi cuenta y he hecho mis propias prácticas. Especialmente desde que me decidí a estudiar Medimagia.—Respondió con total sinceridad, sabiendo que muy probablemente aquella mujer, fuera de su edad o no, habría acumulado mucha más experiencia de la que podía conseguir Gwendoline por su cuenta y sin ayuda.

Ciertamente, sentía curiosidad respecto a la experiencia de la rubia, pero decidió no preguntar: podría tomárselo a mal, o considerarla una metomentodo. A fin de cuentas, cada persona era un mundo, y como Gwendoline estaba allí en calidad de alumna, pretendía callarse y aprender de quienes sabían más que ella.
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Eris Masbecth el Sáb Feb 16, 2019 11:12 am

Estaba agradecida que fuera una persona tan educada y con tan buen porte como la mujer que tenía frente así, eso no era fácil verlo ni si quiera entre profesionales, pues más de una vez había visto alguno que se había querido pasar de listo, o de lista, en cuanto a formas de comportarse se hablaba. Ante la sonrisa amable de la contraria, Eris mostró una pequeña respuesta, pero pequeña. De no estar de tan buen humor de por sí, seguramente no hubiera conseguido ni un mínimo movimiento de sus comisuras. Aun así, tampoco es que la Masbecth se parase a pensar en eso. Ella estaba bastante decidida en sentarse donde le tocaba y atender a la respuesta de la contraria. Estaban dentro de tema de saber cual era el nivel de ella y con el que ayudarle. Conocía perfectamente cómo ayudarle, pues lo que Gwen necesitaba era el nivel de pociones de medimagia, enfocado a lo mismo.

Pues la información que me has dado es la que esperaba, sabiendo que quieres dedicarte a la medimagia puedo enfocar la enseñanza a las mismas. — La rubia había dado clases de pociones en la universidad, no sólo a los pocionistas sino también a futuros medimagos, pues la asignatura era de su departamento. Si había llegado tan lejos era por muchos sudores de frente y a su brillante mente, que no era un auto-halago de egocentrismo, era una realidad que Eris tenía una inteligencia mucho más desarrollada que la media y eso le había acarreado muchos problemas, pues a los que estaban dentro del rango que ella se podía ver el punto común: el cómo afrontaban sus sentimientos. Algo que estaba bastante a la vista, al menos para sí misma, en los últimos tiempos.

Estuve dando clases de pociones en la universidad, también a medimagos. Además, creo que aún tengo el proyecto docente de cuando estuve. ¿Te gustaría que llevásemos ese proyecto para tener un orden? — Dejó la varita a un lado, junto a unos ingredientes que estaban a su mano, porque lo iban a necesitar para la poción que tenía preparada aquel día. — Para mayor efectividad, podría pasarte el proyecto para que te prepararse las clases y así explicarte mejor aquí. — Siempre intentaba ser lo mayor efectiva, proponer las ideas más rápidas y directas al resultado que se quería conseguir. No era su primer año dando clases, ni esperaba que fuera la última vez que enseñase a alguien. Le gustaba la enseñanza, pero no tanto como dedicarse a algo que podría darle fama con sus propias pociones. Como aquella que pensaba traer para los días de menstruación. Eris era muy desconfiada de los métodos muggles, y consideraba que la magia podía conseguir mejores resultados.

Bueno, por lo pronto lo que tengo aquí es una poción anti-veneno de serpiente común. Algo básico, no sabía muy bien tu nivel, pero también me gustaría saber cómo te desenvuelves con el caldero. — Le acercó un papel con los pasos a seguir, las medidas y los tiempos. Todo aquello que necesitaba para hacer la poción por su cuenta. — ¿Te atreves a hacerlo tú sola para ver cómo te manejas? Estaré aquí para corregir si veo que puedes causar un accidente, no te preocupes. — Entonces mostró una sonrisa más abierta, tratando de transmitir tranquilidad y calma a la contraria.
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Gwendoline Edevane el Miér Feb 20, 2019 1:42 pm

La materia de Pociones no era ni mucho menos obligatoria para según qué ramas de la Medimagia, pero a ojos de Gwendoline, las pociones eran tan importantes como todo lo demás. Y no solo eso: se divertía haciéndolas, se entretenía con un mortero, ingredientes y un caldero. El tiempo volaba para ella cuando realizaba sus pequeños experimentos en la materia.

Le gustó saber, además, que Eris Masbecth había dado clases de manera profesional. Y es que en muchas ocasiones una se encontraba con profesores en prácticas que no tenían ni idea de enseñar y que, además, se les había impuesto un alumno en prácticas que no les agradaba demasiado: un novato siempre iba a retrasar el trabajo y a alterar rutinas y horarios. Por lo que resultaba refrescante pensar que iba a recibir clases de nada más y nada menos que una profesora experimentada.

Mientras escuchaba a Eris, asentía con la cabeza con una leve sonrisa en los labios. Parecía una mujer que sabía de lo que hablaba, y desde luego estaba claro que no era la primera vez que instruía a alguien.

—Por supuesto que me gustaría seguir tu proyecto. Y de hecho, creo que sería lo mejor, teniendo en cuenta que mis clases son solamente a tiempo parcial. Me vendrá bien tener un apoyo cuando tenga que practicar por mi cuenta.—Respondió Gwendoline, entusiasmada ante la idea. Y es que, aunque no lo pareciera, de aquella manera incluso podría llegar a conocer mejor a su profesora: un proyecto de aquel tipo era casi como un diario personal, pero orientado a clases, y dejaba ver mucho de su autor o autora.—Por cierto, ya que hablamos de eso, y si no es mucha indiscreción: ¿sería posible mantener algún tipo de contacto? Por si me surgieran dudas o algo por el estilo, o incluso para acordar entre nosotras los horarios de las clases que mejor nos convengan.

Esperaba de corazón que no se lo tomara a mal. Por lo general, no le gustaba pedir aquel tipo de cosas, pero considerando la situación, creía necesario, cuanto menos, cartearse con Eris para plantearle sus dudas. Siempre y cuando ella estuviera de acuerdo, sería fantástico.

Así que ante ella se presentaba la ocasión de elaborar un antídoto para veneno de serpiente común, algo que si bien era bastante sencillo, Gwendoline no había tenido ocasión de elaborar más allá de sus prácticas en Hogwarts. A fin de cuentas, una intoxicación con veneno de serpiente no solía ser lo habitual en el mundo actual.

Sin embargo, estaba más que dispuesta aprender, por lo que alcanzó las instrucciones que Eris le ofrecía y comenzó a ojearla. Se apartó un mechón de pelo de delante de los ojos, pasándoselo por detrás de la oreja, al tiempo que leía.

—Creo que me apetece probar suerte. Esperemos que no haya que lamentar ningún accidente.—Bromeó Gwendoline en respuesta, alzando la mirada del papel para encontrarse con una Eris Masbecth que sonreía. Aquel gesto la hacía parecer, en su opinión, una persona bastante cálida.—Deséame suerte.

Gwendoline dejó a un lado de la mesa, donde podía verlo simplemente con girar la cabeza, el papel con las instrucciones, y entonces se quitó el abrigo para trabajar más cómoda. Lo colgó del perchero junto a la puerta, enviándolo en aquella dirección con un movimiento de varita, y entonces dejó ésta sobre la mesa para alcanzar el mortero y los ingredientes.

Lo primero era un bezoar, que debía machacar en el mortero. Así que tomó uno de un frasco y lo colocó en el cuenco. Enseguida se puso a machacarlo con la mano de mortero, haciéndolo pedazos cada vez más pequeño.

—Así que has sido profesora, ¿no? Déjame decirte que se nota.—Dijo Gwendoline con una sonrisa, levantando brevemente la vista del trabajo que estaba haciendo.—Esas cosas, en mi opinión, hay que llevarlas dentro. Y creo no es mi caso.

Esbozó una sonrisa más amplia, casi una risa, al imaginarse del otro lado, siendo ella quien explicara la teoría. Seguramente no se le daría nada bien.
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Eris Masbecth el Vie Feb 22, 2019 9:21 am

Por lo general, Eris estaba bastante orgullosa de su proyecto docente de la universidad, también lo estaba del de Hogwarts, pero el nivel era increíblemente diferente. Pretendían que los niños de Hogwarts tuvieran el nivel al salir de la universidad, y eso suponía un bache considerable. Las primeras clases siempre eran introductorias, pero cuando ya entraban en materia realmente era un caos. No por ello era mala la educación universitaria mágica en Londres, pero podía mejorar notablemente, al menos a ojos de Eris. ¿Alguna vez se planteó ser directora de algún lado como para organizar las cosas?

Sólo sabía que algún día subiría de rango, cuando tuviera la edad necesaria para ello, o le dejasen por méritos. Lo que viniera antes. Esperaba que su pupila, que ahora era la mujer que tenía junto a sí, fuera la mejor en la materia como una vez lo fue Eris con su mentor. Ella era la primera pupilo, afuera de las clases.

Está bien, le haré llegar por lechuza el proyecto docente. También le enviaré prácticas para que pueda realizar las mismas en casa, y luego me traiga para comprobar el resultado. — Añadiría tras la castaña para después prestar atención a la petición de ella, extrañándose un poco. No estaba segura de si quería llegar hasta ese punto, pero recordó cuando ella era una alumna con ansias de más. — Te puedo dar mi dirección personal, ¿viene bien eso? No tengo muchos contactos directos por los que contactarme, a las malas puedes venir a mi casa. A una hora prudente, claro. — Tampoco esperaba que la contraria fuera las veinticuatro horas del día a verla para tutorías, ¿no?

Lo bueno, o quizá algo malo por ver, era que la contraria era al menos lo suficiente valiente para atreverse a algo de este nivel. Se trataba de una de las pociones que antes se daban, luego si se entraban en las variantes de serpiente, pitones o culebras... ¡Aquello si que era complicado! — Si haces las cosas tal como vienen indicadas, no deberías necesitar suerte. Las pociones son una ciencia, exactas. Perfeccionables en todo caso. — Le diría, no siendo brusca en la entonación pero mostrando determinación y confianza de que nada malo iba a pasar. Confiaba en sus propios apuntes.

Tomó la varita y se sentó bien en la butaca mientras se quedaba mirando cómo cogía las herramientas, cómo machacaba con el mortero y hasta que grosor lo estaba haciendo. Resultaba bastante importante lo polvoriento que estuviera, pues debería estarlo lo máximo posible para que el antídoto se disolviera en su totalidad y la energía pasaran bien por los ingredientes. Resultaba ser una poción bastante elegante, si se apreciaba bien su preparación. Pero la mujer parecía estar aún interesada en la carrera profesional de Eris, adjuntando un halago que le había subido el ánimo. No sabía si lo decía de corazón o se lo había inventado, eso le mantuvo un poco neutral pero sonrió con orgullo. — Muchas gracias, intento siempre dar lo mejor de mí. — Puede que la Masbecth no fuera la mejor relacionándose, porque siempre tuvo un impedimento y en ocasiones no sabía bien que decir, pero iba aprendiendo aún a sus años. —También di clases en Hogwarts y fui Jefe de Casa. ¿Tú asististe a Hogwarts? — No debía ser mucho mayor a Eris, o menor, tal vez rondando las mismas edad. Si alguna vez estuvieron en las mismas etapas: no le recordaba, pero sería algo interesante de recordar.
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Gwendoline Edevane el Dom Feb 24, 2019 9:01 pm

Gwendoline era una persona con una mentalidad muy particular en lo que respectaba a las figuras que ocupaban puestos docentes en la sociedad, tanto muggle como mágica: si estaban en dicho puesto, cabía suponer que habían demostrado merecerlo en algún momento.

Sabía que no era una norma escrita, ni siquiera una no escrita, y que existían muchas excepciones. Sin ir más lejos, no había más que mirar hacia Hogwarts, lugar en el cual, en sus tiempos, el puesto de Adivinación parecía entregarse a sorteo entre las personas más peculiares que el buen director Dumbledore pudiera encontrar.

Pero, generalmente, una persona que se embarcaba en la aventura de la enseñanza, y que además disfrutaba impartiendo clases, solía ser una persona perfectamente capacitada para la labor. Y si bien no sabía lo suficiente de Eris Masbecth como para aventurarse a decir si lo disfrutaba o no, por lo menos estaba demostrando paciencia con ella.

¿Y a qué viene toda esta reflexión? Bueno, muy fácil: Gwendoline creía que, si una persona había hecho algo para merecer un puesto en la enseñanza, esa persona siempre tendría algo que enseñarle, por mucho que ella creyera tener grandes conocimientos en la materia.

Por eso fue que se interesó en mantener el contacto con ella.

—Sí, claro. Siempre y cuando a ti te parezca bien. Y para más seguridad y no llegar en mal momento, quizás lo mejor sea que te envíe una carta para concretar fecha, hora y esas cosas.—Dijo Gwendoline, que tenía una muy sana costumbre de no meterse directamente en la casa de nadie sin avisarle previamente, aún a pesar de que dicha persona utilizara frases como “Ven cuando quieras”.

Puso todo su empeño no sólo en seguir las instrucciones de la receta, sino en hacer polvo aquel bezoar. No tenía pensado detenerse hasta que fuera, literalmente, un polvo tan fino como recomendaba el pergamino. A fin de cuentas, era demasiado meticulosa con aquellas cosas.

Mientras se dedicaba a esta labor, para que el tiempo pasara un poco más rápido, Gwendoline compartió con Eris Masbecth lo que para ella era una opinión sincera: que se le daba bien enseñar, y que debía llevarlo dentro. Así veía la educación, por mucho que fuera una visión demasiado romántica de la profesión. La respuesta de Eris fue un agradecimiento, y la confesión de que había impartido clases en Hogwarts, y que había sido Jefa de Casa.

—Fui alumna de la casa Ravenclaw.—Respondió Gwendoline con un asentimiento de cabeza y una sonrisa, sin perder de vista el mortero. Solamente levantó un momento la mirada de su trabajo cuando formuló la siguiente pregunta.—¿Y has impartido clases en Hogwarts? ¿Ha sido recientemente, o antes de…?—No acabó la frase, pues todo el mundo entendía lo que seguía sin necesidad de verbalizarlo, igual que ‘El que no debe ser nombrado’ y ‘Quien tú sabes’ no admitía otro significado.—¿A qué casa acudiste? Quizás coincidimos...

El polvo del bezoar se había vuelto tan fino como llegaría a ser, y para entonces ya sentía un poco entumecida la muñeca. Así pues, procedió con la siguiente parte de la poción: colocó una llama bajo el caldero de cobre que tenía delante, y cuando hubo precalentado, añadió cuatro medidas de polvo de bezoar y otras dos de ingrediente estándar, dejándolos calentarse solamente cinco segundos. Hecho esto, agitó la varita y apagó la llama bajo el caldero. Antes de pasar a la siguiente parte de la poción, ésta debía reposar treinta minutos.

—Creo que por ahora todo va bien.—Dijo Gwendoline, y tampoco es que se sintiera especialmente orgullosa: aquella primera parte era lo más fácil.

Tomó un reloj de arena correspondiente a media hora de la mesa y le dio la vuelta. El polvo comenzó a caer lentamente. Cuando hubiera caído del todo, proseguiría con la elaboración.
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Eris Masbecth el Jue Mar 14, 2019 8:57 am

Cuanto más tiempo pasaba planteándose el hecho de que alguien fuera a su casa, más incómoda se sentía, pero debía abrir esa posibilidad a alguien que se había sentido interesada de aquel modo con ella, algo que consideraba que no era fácil con la personalidad rompedora que podía llegar a tener. No sabía si lo había hablado antes con Ian, o quizá alguna vez lo habló con Stella cuando aún se hablaban, pero no era la mejor haciendo amistades, y de haberlas tenido siempre había algo que les había unido. Una oportunidad. Stella fue la misión de mortífagos, Ian el embarazo. Los demás que tenía en su vida eran compañeros, conocidos. Nadie que realmente hubiera sido importante para ella, en algún momento de su vida.

Está bien, te pasaré una dirección. Mientras haces la práctica prepararé todos mis datos que te pueda acceder para que puedas contactarme antes de venir. — Y comenzaría a hacer aquello que le había dicho en aquel momento, escribir su dirección en un papel con pluma y dejarlo a un lado para que no estorbase, mirando de vez en cuando que aquello que estaba preparando la contraria no estallase. Aquello era un detalle realmente importante en aquel momento, no quería morir por un traspiés, ni menos aún que le echasen del trabajo por algún error que no hubiera podido anticiparse.

Pronto llegaría el tema de Hogwarts nuevamente, trayéndole malos recuerdos de su lucha contra su hermano y la casi pérdida de su bebé aquel día. Un golpe bajo, en ambos de sus sentidos. Claro que Eris había completado la frase que dejó a medias la contraria, porque tampoco era muy difícil deducirlo en la época que estaban. — Pertenecí a Slytherin, cumpliré 27 años. No sé si eso nos sitúa en la misma franja, yo creo que estamos en edad, ¿no? — Respondería, abriéndose a la pupilo mientras observaba sus técnicas, pues cada cual lo hacía de una manera distinta y aquello era algo bello en un mundo como en el que estaban. La magia podía tomar muchas formas. — Ante tu anterior pregunta, fui profesora antes de lo ocurrido. Tras eso me marché de la escuela y empecé a impartir clases en la Universidad Mágica de Londres. — Le explicaría sin vergüenza alguna, eran cosas de la vida.

Observó cómo dio la vuelta al reloj y entonces se acercó a las distintas elaboraciones, su modo de asentarse y el cómo se comportaban los ingredientes, muchas veces te hablaban y decían como iban las cosas. — Fíjate en los colores que tomen, normalmente el color lila en pociones anti-veneno no suelen ser buena señal, por la propia materia utilizada, aunque eso no significa que no tenga solución. El tuyo... — Lo observó detenidamente. — Por ahora está en un color estable, lo que también es una buena señal. — Una pequeña sonrisa salió de sus labios, viendo que posiblemente tenía una bruja competente delante de ella y podía aprovechar su potencial, volviendo a su asiento. — ¿Y usted a qué se dedica actualmente? ¿Cómo es que quiere hacer ahora medimagia?
Eris Masbecth
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Gwendoline Edevane el Sáb Mar 16, 2019 3:42 pm

Se imaginaba que sería bastante extraño el acudir a una dirección particular durante sus prácticas de sanadora, y en lo personal prefería recurrir a ese privilegio lo menos posible. No porque desconfiara en concreto de Eris Masbecth, sino más bien por respeto: nunca era agradable recibir en casa a una persona con la que no se tenía demasiada confianza.

Quizás sobrepasasen ese escollo en algún momento del futuro, pero entonces no; entonces, eran unas desconocidas con un trato cordial.

Agradeció el gesto, no obstante, con un asentimiento de cabeza y una leve sonrisa, prometiéndose molestarla lo menos posible.

Mientras la elaboración de la poción proseguía, tanto una mujer como la otra manifestaron curiosidad—real o por mera educación, daba igual—por la contraria. Eris había sido jefa de casa en Hogwarts, y había impartido clases de pociones, lo cual a Gwendoline le pareció maravilloso a la par que imposible para ella: sólo imaginarse frente a una clase llena de alumnos preadolescentes—o adolescentes, directamente—le daba un ataque de nervios. Estaba segura de que no duraría demasiado: sabía, por experiencias previas, que lo suyo no era precisamente tratar con niños o con adolescentes.

Eris había pertenecido a Slytherin, y si bien durante sus años en Hogwarts había aprendido a evitar a los de la casa de la serpiente como si fueran perros rabiosos, con el paso de los años había comprendido que los prejuicios eran muy malos. De aquella casa había salido gente fascinante, aunque le costara admitirlo.

—Sí, casi. Estuvimos en Hogwarts al mismo tiempo, eso desde luego, pues tengo veintinueve.—Le respondió, alzando la mirada sólo un momento, para no desatender el trabajo que estaba haciendo.

Su etapa como profesora se había dado antes del cambio de gobierno, y Gwendoline se alegró por ella. A decir verdad, no conocía lo suficiente a Eris Masbecth como para poder afirmar si le gustaba o no le gustaba el nuevo gobierno, pero como hasta el momento le parecía una persona bastante normal, no se la imaginaba disfrutando de las nuevas políticas educativas de Hogwarts.

Quizás se equivocara, y quizás aquella mujer fuera una gran actriz.

—Habrás notado el cambio, ¿no?—Dijo Gwendoline con una sonrisa divertida, imaginándose a alguien pasando de dar clases a niños a impartírselas a adultos.—Por experiencias previas sé que los niños pueden ser todo un reto a la hora de intentar enseñarles algo. Que es bastante fácil perder su atención y que te pierdan incluso el respeto.—Los Beckett habían sido para ella esa clase de reto, y aún a día de hoy no comprendía en absoluto a esa familia. En general, no sólo a los niños.—¿Qué te gustó más? ¿Hogwarts o la universidad?

La verdad, sentía auténtica curiosidad por Eris Masbecth. Una persona tan joven impartiendo clases era digna de admirar, y sus experiencias en las aulas eran tan valiosas como los conocimientos de que disponía.

La primera parte de la elaboración concluyó con éxito, a juzgar por las palabras de la profesora. Gwendoline sonrió también, y no mentiría si decía que jamás había intentado hacer el antídoto en cuestión por su cuenta. No solía tratar con víctimas de envenenamiento, por fortuna.

Sin embargo, muchas de las nociones empleadas en la elaboración de distintos brebajes eran las mismas, por lo que los fundamentos sí los tenía. Aún así, se sintió orgullosa de sí misma por no haber cometido ningún error, por ahora.

—Bien. Entonces no saldremos de aquí hoy sin cejas y pestañas.—Le respondió, de broma: no creía que un antídoto como aquel fuera a explotar. De hecho, le daba más miedo que hubiera algún tipo de reacción cuando, más tarde, le tocara añadir a la mezcla un conjunto de venenos comunes. Eso sí le daba un poco de miedo, aún pese a estar en un hospital mágico en que podrían tratarlas de inmediato. Sería una muy mala forma de empezar una relación profesional con la señorita Masbecth.—He sido ascendida recientemente a directora de la oficina de desmemorizadores en el Ministerio de Magia.—Confesó, y a simple vista, aquello parecía tener menos relación con la medimagia que un hipopótamo con el cielo, así que se explicó.—No escogí esa carrera, la de desmemorizadora, por vocación familiar. Mi padre prefería que optara por un puesto en el Ministerio de Magia, que me daría más prestigio y todo eso…—Puso los ojos en blanco al decir aquello, llena de cierta amargura.—Mis opciones cuando me gradué eran magizoología y medimagia, pero con los años me he olvidado un poco de la primera. De la segunda no. Y creo que siempre ha sido mi vocación.

No era una historia muy profunda… y es que no era toda la verdad: Gwendoline quería ser sanadora para ayudar a aquellos que sufrían, especialmente los fugitivos que conocía.

Quería dedicarse a deshacer el daño que hacían los mortífagos.
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Eris Masbecth el Mar Abr 30, 2019 6:17 pm

Poder tener una conversación, más allá de la química de aquellas pociones, era ciertamente gratificante porque la slytherin podía ver que había cosas más allá de las cuatro paredes donde se veía normalmente: bien era el trabajo o también se podía encontrar su casa, junto a su hijo. Nunca hubiera pensado lo bello que era tener un hijo, pero si lo complicado que era ser una buena padre para él. Tener algo de relación social con alguien que no fuera su padre, le hacía creer que eso le hacía más humana y, por ende, mejor padre que le pudiera dar más conocimientos de la vida. Todo lo antes vivido eran puras experiencias enfocadas en una vida que no era suya, que era de los Masbecth. Eris había cambiado mucho a lo largo de los años, seguramente el que más cuenta se dio fue sus padres y su querido inseminador.

Recordar épocas como Hogwarts no era algo malo, excepto si uno se centraba en lo malo que era el enfrentamiento frente a su hermano rebelde, que aunque no compartía su visión de la sangre por completo era su hermano y le quería. — El cambio es bastante visible, no sólo por las edades, claro. La mentalidad de ambos pueden ser hasta similares en algunos casos. Sobretodo cuando hay prácticas. — Suspiraría algo resignada de algunos alumnos que tuvo que tan mal trabajaban en equipo. — La atención de los jóvenes es fácil si sabes lo que quieren, es cuestión de saber utilizar la información que tienes. — Explicaría desde su experiencia con esos jóvenes. — Eso sí, los adultos creo que son más complicados, porque suelen ser más cerrados mentalmente y poco receptivos de la información, tienden a creer que ya lo saben todo. Así que me gusta más Hogwarts, pero la universidad es más tranquila y ganaba más.

Luego el tema siguiente que se iba a tratar era el trabajo de la nueva alumna y sus aspiraciones deseadas en la medimagia. Eris era curiosa por naturaleza y si veía aquella mujer, tan buena siguiendo los pasos, sin duda era algo que aumentaba. Aquello eran cualidades a tener en cuenta, que no podía pasar por alto. — Tranquila, volverás con tu cara completa, no dejaré que pase nada y si veo algo te diré. — Quiso tranquilizarla, creyendo que su broma era debido a unos nervios de que pudiera pasar. Dado que la slytherin no era la mejor, en ocasiones, de interpretar las emociones ajenas, algo en lo que había perdido práctica al dejar de importarle eso, tal vez se estaba equivocando en aquel momento. —Viendo que sigues los pasos bastante bien, tendré que ponerte mayor dificultad más adelante. Lo bueno de haber tenido este encuentro antes de nada. — Lo tendría como una nota mental, para así saber la dificultad y que tipo de pociones mandarle a hacer.

La familia siempre es una de las mayores influencias que tiene un niño y, con la edad a la que se elige la carrera, seguimos siendo niños. Mis padres hubieran preferido que trabajara con ellos, seguramente. — Se acercó un poco a la poción para echarle un ojo a las burbujas que echaba, arrugó la nariz y cogió la varita para girar aquel líquido en dirección contraria. — Cuando veas que haces esas burbujas, en esta poción, es mejor que lo gires al contrario del reloj para que se estabilice. — Sacó la varita y la limpió con un paño, porque era así de tiquismiquis, a pesar de que ese líquido llegaba a ser bastante volátil. — ¿Has estado mirando cómo entrar en San Mungo o tienes echado el ojo a otros hospitales? ¿Quizá alguno privado?
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Gwendoline Edevane el Jue Mayo 02, 2019 11:50 pm

La visión de Eris Masbecth de la enseñanza difería un poco de lo que Gwendoline tenía en mente: habiendo tratado más que a menudo con los niños de la disfuncional familia Beckett, la morena había extraído un par de lecciones importantes, tanto acerca de ellos como acerca de sí misma. Especialmente acerca de sí misma, pues había descubierto lo mal que se le daba comunicarse con niños.

Sin embargo, tampoco podía ofrecer una visión personal y subjetiva de la enseñanza a adultos o a jóvenes universitarios, pues jamás había tenido ocasión de enseñar a ninguno. Masbecth seguramente tenía puñados de historias que contar sobre la universidad, así que no sería ella quien le discutiese tal afirmación.

—El dinero no está mal, pero en lo personal me quedo con la experiencia que sea más gratificante y enriquecedora. Es mucho más fácil arrepentirse de ganar dinero haciendo algo que no te llena que de arruinarte por intentar hacer lo que te gusta.—Dijo con toda sinceridad, pues sabía bien lo que era arrepentirse de la trayectoria de su vida. Su empleo era la viva prueba de ello.—Pero me resulta curioso: nunca creí que fuera más complicado tratar con adultos. Por aquello de que los niños están obligados a estudiar mientras que los adultos, se supone, eligen una carrera por decisión propia.

Claro que existían casos y casos. Gwendoline era la prueba misma de aquello: no había sido decisión suya hacerse desmemorizadora, ni mucho menos. Si tan sólo hubiera tenido más garra para imponerse cuando tenía diecisiete años…

Con respecto a la tarea que tenían entre manos, por lo visto estaba haciéndola bien. No le parecía el trabajo más complicado del mundo en lo que respectaba a seguir las instrucciones: todo estaba allí, sobre el papel, y los ingredientes estaban sobre la mesa. Literalmente, lo único que podría haber fallado habría sido su destreza a la hora de realizar la poción. Cosa que, por fortuna o por su propio esfuerzo personal, hasta el momento no había sucedido. Pero no cantaría victoria hasta tener aquella poción lista para ser administrada.

—Años de experiencia con la nariz enterrada entre libros, supongo.—Le respondió con una sonrisa divertida, haciendo alusión a todo el tiempo que había pasado en la biblioteca de Hogwarts en su época de Ravenclaw.—Pero no cantemos victoria: esto todavía puede estropearse.—Señaló el caldero, que todavía tendría que reposar durante unos cuantos minutos más antes de pasar a la siguiente parte de la elaboración. La más complicada, se suponía.

Le explicó a qué se dedicaba, y por qué había elegido esa senda profesional. No estaba muy orgullosa de haber cedido a la presión de su padre, pero así eran las cosas. Con todo y con eso, se había esforzado por ser la mejor versión de sí misma en dicha carrera. Y lo había conseguido, por mucho que actualmente estuviese cansada y deseosa de cambiar su camino.

Eris le ofreció su propia visión del asunto, bastante acertada, pero no exactamente como lo veía ella: en su caso, no había influido tanto la juventud como la inseguridad, una que jamás se había ido del todo. Y sí, quizás su juventud tuviese algo que ver, pero ella prefería echarle la culpa al miedo, ese viejo conocido que a veces era capaz de privar al ser humano de las mejores experiencias que podría vivir.

—¿No se supone que tiene que permanecer en reposo durante varios minutos más?—Preguntó, frunciendo el ceño con respecto a las burbujas que habían empezado a formarse en el líquido. Ni siquiera tenía el fuego encendido.—La verdad es que todavía no tengo demasiado claro que será de mí. Estoy en mi primer año de carrera. Pero supongo que sí, me gustaría trabajar en Inglaterra, y pese a todos los cambios que ha sufrido, sigue siendo mi hogar.

No estaba dejando claro que no le gustaba el nuevo gobierno ni mucho menos, pero tampoco le parecía una afirmación demasiado grave: el nuevo gobierno no tenía por qué gustarte, siempre y cuando no hicieses nada en contra de éste.

—¿Y a qué se dedican tus padres? Si no es mucho preguntar, claro.—Había escuchado que los Masbecth eran propietarios de El Profeta, pero quizás la información que tenía en sus manos no fuera del todo fiable. Tampoco se había preocupado mucho por saber quién llevaba el periódico mágico.
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Eris Masbecth el Vie Mayo 31, 2019 10:03 pm

Asintió, comprendiendo las palabras de la contraria respecto a lo de los alumnos jóvenes y adultos, la diferencia de elegir o no. Aquello claro que era uno de los mayores factores que influenciaba, no iba a negárselo. Claro que su rostro mostraba cierta duda y luego su mente cayó en algo que no pudo evitar comentar, porque era algo que posiblemente la contraria se sintiera identificada. — No todos los adultos eligen su carrera, pero aun eligiendo la carrera no significa que hayan madurado. — Se llevaría los dedos a la mejilla derecha para arrascarla mientras observaba medio perdida en la futura pócima que tenía frente a sí. Que si no se acababa convirtiendo en el resultado esperado, estaba lejos de explotar y de eso agradecía.

Ahora estaba entre manos el asunto del reposo y de ver como se afrontaba a las nuevas adversidades de la la vida mágica. — No canto victoria, pero tiene indicios de que va a salir bien resultado. Sólo hay que ser paciente, mira esa textura que va tomando. — Indicó con el dedo el interior, por los bordes se veía mucho más fluída que por el medio, pero iba poco a poco. — Normalmente las pociones tienden a consolidarse al reposo, pero esta es bastante peculiar dentro de su rama. — Explicaría, tal vez como un detalle a tener en cuenta para saber si se estaba haciendo bien o como un dato curioso. — Tener buenos pasados estudiantiles favorece al desarrollo personal en el futuro aunque se haya podido perder un poco de práctica. Quieras o no, que sigas mis indicaciones tan bien, del papel, demuestra el cómo voy a poder trabajar de aquí en adelante contigo. — Aquella era su idea, y no dudaba de que la contraria se diera cuenta.

Observó después las burbujas que empezaron a aparecer en el caldero, lo que provocó que la rubia se levantase del asiento y tomase el polvo de hueso de camaleón para echarlo en el caldero, poco a poco, tan solo unos miligramos. — Si, debería. Pero hay una pequeña probabilidad de que ocurra esto y tengas que equilibrarlo con polvo de hueso de camaleón, por sus propiedades adaptativas. — Y tras eso apuntó la cantidad que había echado, permitiendo que ella tomase las anotaciones que quisiera.  — Un claro ejemplo de que seguir indicaciones que por muy fiel que se hagan siempre hay un contenido mágico que a veces se nos escapa de las manos, que pueden ser corregidos y eso se aprende con la práctica principalmente. — Quizá hablaba demasiado para ser una simple explicación, pero era la costumbre de ser profesora, podría decirse.

Cuando le preguntó sobre sus padres, se extrañó que no lo supiera, quizá no se atrevía a hacer afirmaciones sin tener las de la rubia. — Dueños del Profeta. — Respondió mientras se volvía a colocar sobre su asiento con las piernas cruzadas y relajada, sus hombros ligeramente se pusieron en tensión. — Sin duda les hubiera gustado que fuera una reportera de renombre, una informante o vete a saber qué. Los padres son así, espero no ser como ellos. — Pensó en su querido hijo y esperaba no cometer los errores que tuvieron sus padres con ella, aunque tampoco lo hicieron tan mal los Masbecth porque Eris se sentía una persona exitosa, o al menos lo suficiente para satisfacerse a sí misma y sus pequeños logros personas que ella misma se atribuía. — A veces es normal no saber del futuro, más en tu primer año de carrera. — Volvió a ese tema, porque se sentía más cómoda hablando de ella que de sí misma. — Si, hubo muchos cambios y eso significa hacerse a ellos, pero Inglaterra sigue siendo un hermoso lugar para quedarse. San Mungo es muy bello, si trabajar en futuro aquí espero oír mucho de ti, eh. — No le importaba la ideología, al menos no en ese momento porque se había vuelto bastante más suave con esos temas.

Si alguien no le importaba el nuevo gobierno, allá él. Eris descubrió parte de sí misma al respecto de los mortifagos, no quería formar parte de ellos y ahí estaba por motivos familiares. El Gobierno para ella representaba eso, formar parte de algo que realmente no quería formar parte de él. ¿Odiaba a muchos muggles? Si, cierto. Pero... Tampoco para unirse a los mortifagos, aunque no negaría que le gustaba matar.
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Gwendoline Edevane el Jue Jun 06, 2019 2:43 pm

Ante aquello, Gwendoline no pudo discutir, sabiendo que había atribuido demasiado juicio a unos jóvenes que prácticamente acababan de salir de Hogwarts o del colegio mágico que procediesen, y que en su mayoría no eran tan responsables como lo había sido ella. La ex-Ravenclaw había afrontado la decisión de su padre con respecto a su futuro profesional con la entereza y la responsabilidad que se esperaba de ella, y se había esforzado por ser la mejor versión de sí misma que pudiese en la carrera. Sabía que su caso no era el más frecuente.

Sin decir mucho más al respecto, optó por prestar atención a la explicación de Eris sobre la poción en curso. Siguió el dedo de la Masbecth con la mirada, y escuchó sus palabras con atención. Asintió con la cabeza, tomando nota en su cuaderno de todo aquello que consideraba necesario. Y pocas cosas no consideraba ella necesarias en el campo de las pociones.

—No se me da mal seguir recetas.—Confesó, pues mantenía la opinión de que las pociones y la cocina no diferían tanto la una de la otra. Y ambas, por supuesto, dejaban lugar a la improvisación.—No obstante, también me gusta llevar a cabo mis pequeños experimentos. Si no he realizado esta poción antes en mi vida adulta ha sido porque no me he visto en una situación en que la necesitase.

Y aquello era muy cierto: de todos los problemas que afrontaban Gwendoline y sus amistades en sus vidas diarias, claramente el menos frecuente eran los envenenamientos, y para dichos asuntos siempre llevaba encima un bezoar, por si acaso.

Cuando la poción quedó en reposo, surgió algún tipo de problema relacionado con unas burbujas que brotaron en la solución, y que Eris solucionó aplicando un poco de polvo de hueso de camaleón. Le explicó el motivo, y Gwendoline, tras observar cómo el líquido volvía a asentarse, tomó nota de la explicación.

—¿Y es totalmente inocuo?—Preguntó con sincera curiosidad.—Quiero decir… ¿le puede llegar a restar pureza o efectividad al resultado final?—Porque, por lo que había entendido, lo que acababa de pasar era básicamente una eventualidad: podía ocurrir, o podía no ocurrir, y si bien el hueso de camaleón parecía ser una buena solución, le preocupaba que a consecuencia, dicho ingrediente restase eficacia al antídoto.

Aunque quizás no fuese para tanto: un antídoto menos eficaz, a lo sumo, tal vez simplemente requeriría de la toma de más dosis para que el paciente se recuperase.

Gwendoline conocía el apellido Masbecth, por supuesto, pero tampoco le gustaba hacer asunciones: Eris bien podría no ser hija de los dueños de ‘El Profeta’, sino una prima lejana o algo por el estilo. Así que preguntó… y por lo visto, de haberlo asumido, habría acertado.

—Había escuchado que los Masbecth eran dueños del diario, pero no quería asumir que usted fuera su hija.—Confesó con sinceridad, mirando de cuando en cuando el reloj para saber cuándo se había terminado el tiempo de reposo.—La carrera de periodismo me parece apasionante, pero creo que no está exenta de cierto riesgo. A fin de cuentas, si una reportera quiere ser la mejor, tendrá que ir donde haya noticias...—Y las noticias actuales solían incluir peligro, ya fuese de parte de un bando o del otro.

Gwendoline se mordió la lengua cuando de hablar del gobierno actual se trataba. Porque sí, Inglaterra seguía siendo hermosa, pero la poblaban los monstruos. Monstruos que ya no tenían que esconderse detrás de sus máscaras y valerse de la oscuridad para cometer atrocidades. Una vez más, la morena se preguntó cómo podía existir gente que creyese, con sinceridad, que un sistema de gobierno totalitario que perseguía a la gente por su sangre y sus ideales era algo bueno.

En serio: una parte de ella creía que, muy en lo más hondo de sus corazones podridos, los mortífagos tenían que saber que lo que hacían era indudablemente malo, y no favorecía a nadie.

O quizás les estaba concediendo una empatía que no tenían.

—Espero que así sea, y que volvamos a trabajar juntas, como compañeras.—Le dijo, y eso sí fue con toda sinceridad. Quizás, de conocerla mejor y saber lo que a ella le gustaba hacer, a Gwendoline no le apeteciese tanto la idea. Pero eso era lo bonito de la ignorancia y las apariencias: todo el mundo parecía bueno y normal a simple vista.

Llegó el momento de reanudar la elaboración, y Gwendoline se puso a leer las instrucciones. Venía la parte más rápida… pero la más complicada: añadió primero una pizca de cuerno de unicornio en polvo, removiendo dos veces la mezcla en el sentido de las agujas del reloj; añadió dos bayas de muérdago y removió la mezcla otras dos veces en sentido contrario; por último, agitó la varita para concluir la elaboración.


Para hacer esto un poco más dinámico, voy a tirar un dado para decidir el resultado de la poción.

Dado impar: La poción sale bien, pero si sale entre 1 y 9, digamos que el resultado es ‘mediocre’; si sale entre 11 y 19, digamos que el resultado es bueno.

Dado par: La poción sale directamente mal, y dejo en tus manos decidir qué ha fallado.

El resultado de esta elaboración te lo dejo describir a ti en tu próximo post, y así, si algo sale mal, puedes corregir el error que ha cometido.
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Maestro de Dados el Jue Jun 06, 2019 2:43 pm

El miembro 'Gwendoline Edevane' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Dado de 20' :
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