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One and one is three. || Ryan.

Zdravka E. Ovsianikova el Miér Ene 09, 2019 12:22 am

One and one is three. || Ryan. OI0OVdD
Wembley || 4 de enero del 2019, 19:33 horas || Tienda de la familia 'Brown' || Zeta & Ryan

Acababa de llegar el camión con la mercancía pedida, por lo que Dexter y Zeta, por norma general porque eran los más jóvenes, eran los encargados de bajar todas las cajas y meterlas en el almacén mientras Aaron y Elise hacían recuento y se cercioraban de no pagar de más, ni tampoco de ser estafados. Pero como esta vez Aaron y Elise se fueron antes de la tienda para asistir a una función en el teatro, estaba Dex con el papeleo, quién tenía una mente indudablemente buena y avispada para los negocios, quién le echaba un último ojo a todo para que sus padres no cometiesen ningún error en su contra.

Y ahí estaba Zeta, acalorada y sudando en pleno invierno en Londres, porque aquellas dichosas cajas las cargaba el mismísimo Diablo. Uno podía pensar que el encargado en vez de meter latas de conserva en la caja metía piedras allí dentro y nadie notaría en absoluto el cambio hasta que todo estuviese perfectamente pagado y no se admitiesen devoluciones. En esos minutos eternos entre el camión y el almacén, en donde Zeta cargaba con las cajas, se le pasaban mil y una cosas por la cabeza: que eso no estaba pagado, que le iba a doler la espalda al llegar a casa, que si hubiese triunfado en la música le cargarían las cajas otros...  Pero lo peor de todo era cuando llegabas a la puerta del almacén cargada con la caja y la puerta se había cerrado. Era difícil abrirla con una caja sujetada con sendas manos, pero Zeta había desarrollado una técnica secreta que consistía en: darse la vuelta, bajar el manillar de la puerta con el trasero, empujar la puerta con el mismo y... voilá, entrada. Lo sé, algunos tienen el alohomora, pero ella tenía que conformarse con su trasero. ¡Y pensar que algunos sólo lo usaban para sentarse!

Cuando volvió sobre sus pasos, una pila de cajas estaba en la puerta y el camión ya se había ido. Dexter vio llegar a Zeta cansada y también vio como miraba con horror a la pila de cajas. Cuando fue a coger una, él lo evitó.

—No te preocupes, yo las llevo. Tu sigue colocando las cosas, a ver si nos podemos ir pronto, que estoy cansadísimo hoy —dijo él, que parecía que cogía las cajas como si estuviesen cargadas de plumas.

—¿Seguro?

—Cien por cien —le respondió, sonriente.

—Cien por cien es mucho, ¿eh? —Cuestionó divertida.

—¡Pues imagínate si estoy seguro! —Y retrocedió de espaldas, con la caja en sus manos, guiñándole un ojo.

—Gracias —le dijo con un guiño y una sonrisa, bien consciente de que se sacrificaba porque Zeta de verdad que se partía por la mitad como tuviera que cargar muchas cajas con ese peso.

Siguió de largo hacia el almacén, en la trastienda, mientras que Zeta se acercaba a la caja abierta que estaba en mitad del pasillo, pues antes de que llegase aquel camión del mal ella se encontraba reponiendo los estantes de cartones de leche y zumos.

En esos momentos de monotonía, también pensaba muchas cosas mientras repetía el vaivén de coger leche y dejar leche: que era un trabajo aburrido y que si hubiese conseguido ya su sueño, sería de esas que vienen a comprar leche y no a dejarla sobre el estante mientras saca bíceps de manera inconsciente. Menos mal que, aunque no le gustase su trabajo, era sin duda en el que mejor había estado desde hacía muchísimo tiempo y no podía quejarse por nada más que por su propia condición física, la cual era una mierda y la limitaba en las tareas físicas. Así que en un estado automatizado en donde colocaba aquello mientras tatareaba una canción muy conocida de Queen, continuó con su trabajo.

Dexter Fawcett:

Dexter Fawcett
34 años Sangre puraLealtad Pro-muggles
Oficial de RedFlúPareja de ZetaBritánico
HISTORIA Y PERSONALIDAD
PERSONALIDAD
Leal, justo y valiente. Debajo de esa aparente coraza de seguridad y prepotencia se esconde un hombre tierno y sencillo que sólo quiere una vida en dónde todos puedan tener cabida. No es violento, tiene una cultura exquisita y adora la seguridad y la tranquilidad. Odia mentir, pero se ha convertido en un perfecto purista prepotente de cara al nuevo gobierno, por lo que no es de extrañar que pese a su auténtica naturaleza, muchos magos le tachen de un imbécil empedernido.

BREVE HISTORIA
Perteneció a una familia humilde, cayó en Hufflepuff cuando internó en Hogwarts y siempre se interesó en los transportes mágicos, por lo que terminó trabajando en el Departamento de Transportes Mágicos, más concretamente en la zona de gestión de los trasladores. Debido a su profesionalidad siempre fue llamado para grandes eventos, para organizar tanto las chimeneas de Red Flú de manera internacionales así como gestionar los trasladores por todos los países.

Después del cambio de gobierno, finge seguir siendo leal a éste. Gracias a su historial impecable y su débil nivel en oclumancia ha conseguido pasar desapercibido, siempre posicionándose en el bando enemigo. Cuando los radicales atacaron el Ministerio no tuvo más que luchar por salvar su vida, pues por mucho que sea aliado de éstos, sufrió ataques de los mismos. No simpatiza con ellos demasiado, pues salió gravemente herido. Actualmente da cobijo de manera ilegal a los fugitivos que no tienen hogar, además de intentar conseguirles identidades falsas y sacarlos del país gracias al control que tiene con los trasladores internacionales. También ayuda a sus padres con la tienda, pues ambos ya son bastante viejos y no pueden con todo. Suele llevar la contabilidad.

HISTORIA CON ZETA
Conoció a Zeta hace dos años, ya que una de las amigas de Dex muggles 'de toda la vida' conocía al novio de Zeta de entonces, uniendo así ambos grupos de amigos en una noche en donde un tercero cumplía años. Ese curioso caso en donde dos personas que no tienen nada que ver con el grupo central terminan conociéndose. Dex se sintió atraído hacia Zeta, su persona y ese aura extranjera y exótica que la envolvía, pero debido a que ella tenía pareja se limitó a interesarse por ella sin ningún tipo de doble intención. Se agregaron al facebook y se dieron los números, pero jamás se hablaron al WhatsApp. Ella porque evidentemente no estaba interesada, él por vergüenza y respeto.

Hace nueve meses que se re-encontraron, ya que Zeta estaba buscando un nuevo trabajo al haberse acabado su contrato en el sitio en el que estaba. Dexter le ofreció trabajar en la tienda de sus padres, ya que éstos recientemente habían despedido al tipo que trabajaba con ellos. Ella aceptó. Debido a movidas que ya llevaban viniendo de largo, Zeta y su novio lo dejaron mientras ella trabajaba en al tienda de los Fawcett. Dexter y ella estuvieron meses acercándose, coqueteando, siendo él el reacio a querer tener una relación con una muggle, sabiendo lo que eso significaba tanto para él, como para ella. Además, todavía no le había dicho nada en relación con el mundo mágico y eso iba a ser un gran problema, un problema que no sabía cómo afrontar. Sin embargo, un día hace tres meses fue Zeta quién dio el paso y él, sencillamente, le siguió. Desde entonces están juntos, pero Dex todavía no le ha dicho de todo lo que es, ni de todo lo que hace. Suele mantenerla alejada de su 'otra vida' y Zeta se está dando cuenta de que algo le está ocultando.

FAMILIA
Jerome Fawcett: Padre sangre pura de Dexter. Es un hombre de 80 años, jubilado del Ministerio de Magia y el jefe de la tienda de comida que ahora mismo regentan en Wembley desde hace dos años. Tuvo que sacarse una identidad falsa de nombre Aaron Brown a la que tiene el nombre de la tienda. A ojos del Ministerio es un mago viejo más del que no preocuparse.

Anastasia Fawcett: Madre mestiza de Dexter. Es una señora de 77 años, jubilada del Ministerio de Magia y jefa de la tienda de comida que ahora mismo regenta en Wembley con su marido, desde hace dos años. Se sacó una identidad falsa con el nombre de Elisa Brown, la cual consta en los papeles de la tienda. A ojos del Ministerio es una bruja vieja más de la que no preocuparse.



@DasFlai

Zdravka E. Ovsianikova
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Ryan Goldstein el Jue Ene 10, 2019 3:09 am

Dexter volvió a enfrentarse a la pila de cajas frente a la fachada de la tienda. Esta vez trajo consigo el carro de mano, sonriéndole a Zeta al pasar y bromeando con un comentario. Lo cierto era que lo creyeron perdido, pero entonces Dexter lo encontró de casualidad… sobre un estante, hecho miniatura. Su madre tenía la mala costumbre de encoger las cosas y llevarlas en el bolsillo, para utilizarlas luego. Si no las llevaba en el bolsillo, las colocaba al alcance de todos, porque era una mujer práctica.

No lo hacía adrede, era sólo que en ocasiones se olvidaba que un muggle difícilmente se las arreglaría con un carro de mano en miniatura. Dexter se lo repetía pacientemente y no podía evitar amarla cuando la pobre mujer se llevaba las manos a la cabeza exclamando: “¡Oh, cómo pude hacer eso! ¡Otra vez! Lo siento, hijo, lo siento”. Él lo sabía. Que la magia era un hábito en un mago, tan natural como respirar. Pero no sabría cómo explicarle a Zeta que los objetos de la tienda sufrían drásticos cambios de tamaño, y mejor evitarlo.

—Vamos a ver…


Fue a tomar una caja de la pila para cargarla al carro, como había venido haciendo sin problema, y de pronto su rostro se endureció percibiendo algo extraño. Se sintió incómodo, pero probó mover la caja de nuevo. Nada pasó. Diríase que estaba intentando levantar una montaña. Quien lo viera no entendería por qué permanecía con las manos en la caja sin que pasara nada y con la expresión tensa del esfuerzo.

—Muy gracioso—susurró.

Desistió y soltó la caja, dando media vuelta con los labios apretados y entornando la mirada en busca de algo, o mejor dicho, alguien, que no debería estar allí. Suspiró. ¿Habría llegado al grado de disfrazarse? Mira que le había dicho que se apareciera allí sólo en casos de vital importancia. Bien consciente era de su situación, sólo esperaba que no se le ocurriera gastarle una broma con Zeta delante porque si no...

Entonces recordó, que Ryan le había pedido conocerla. Le había dicho que si quería hacer más creíble su tapadera de muggle y no preocuparse tanto por ocultar la verdad, tenía que presentársela o ella pensaría que era un amargado sin amistades. Dexter contestó que iba a pensárselo, y todavía lo hacía, pensárselo.

—¿Te ayudo?

Dexter fue traicionado por la espalda.

***

Ryan conoció a Dexter en la Orden del Fénix. Llevaron juntos una misión de rescate sacando refugiados del país a gran escala, y desde entonces seguían en contacto. De la afinidad, surgió la camaradería, y desde entonces le insistía para distraerlo un poco, distraerse ambos, de tanto en tanto, con un trago en el medio o una comida. Había descubierto que con Dexter era cuestión de insistirle.

Era muy amable como para declinar una octogésima vez y alguien agradable con quien compartir una larga conversación. Le cayó muy bien enterarse de que se había enamorado. Él no se expresaba así, pero el cambio era notorio. Sus preocupaciones también habían tomado otro giro.

Ahora no se trataba simplemente de ocultarle al nuevo gobierno que era una persona debajo del traje, sino que tenía que mentirle a alguien que empezaba a importarle, y en el fondo era demasiado bueno como para sentirse a gusto con esa situación.

Ryan, en cambio, era un excelente mentiroso. Así que tuvo a bien ofrecerle un par de consejos: “Preséntamela”, le dijo. Porque sí, así era con las mentiras. Tenías que sentirte cómodo con ellas, o a la larga, acabarían derrumbándote. Y cuanta más gente participara de tu pequeña mentira, más fácil consumarla.

Dexter tenía sus dudas al respecto.
Ryan Goldstein
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Jue Ene 10, 2019 4:51 am

Hubiera sido muy gracioso ver lo que ocurría entre Dexter y Ryan, pero seamos sinceros: Zdravka no se enteraría en absoluto de lo que estaría pasando. Y es que por mucho que una evidencia mágica se mostrase frente a ella, lo más normal es que no la tomase por algo real, sino como algo que su mente ha desvirtuado. Pensaría que ha alucinado, o que ha sido fruto de algún hecho aislado y poco común. Eso o iría ella misma al ala psiquiátrica del Royal Brompton.

Así que mientras ella seguía en su mundo dentro de la tienda sin entender cómo era posible que se perdiese UN CARRO DE MANO, Dexter se aseguraba de que no estuviese cerca, ni mucho menos atenta a la nueva compañía de su novio. No se fiaba mucho de Ryan y su varita tan suelta. Que ojo, el mago le parecía una persona genial, eran muy amigos y juntos hacían cosas muy buenas, pero no se fiaba al lado de Zeta. La verdad es que sólo llevaban tres meses juntos y ya se sentía fatal por estar ocultándole todo el mundo que se escondía detrás de él. Había tenido tiempo de sobra de contárselo antes de empezar una relación y, siendo un cobarde, había preferido mantenerlo en secreto. Ni sus padres estaban de acuerdo, pero al menos respetaban su decisión. Y es que creía que implicarla más de lo necesario no haría más que traerle solo problemas.

Aunque en realidad ese no era el auténtico miedo de Dex. Si se lo decía sólo habían dos opciones: se quedaba o se iba. Si se iba a Dexter le dolería mucho, pero si se quedaba… sentía que se iba a volver una pieza indispensable de sí mismo y tenía miedo de que haciéndola indispensable, su vida la hiciese peligrar todavía más o que él no fuese capaz de diferenciar ambos mundos. De esta manera… creando esa barrera que para Zeta era invisible, sentía que podía apartarla de sí mismo cuando hiciera falta.

—Eres un estrés de tío, de verdad —le dijo con sinceridad, llevándose una de sus manos a la frente para hacerse el pelo hacia atrás. —Te dije que me lo estaba pensando. Me estás presionando, ¿seguro que no somos pareja tú y yo? —Intentó bromear, fallidamente. Se ponía nervioso con ese tema porque que Ryan estuviese allí era sencillamente para hacer su mentira más creíble y eso le hacía sentir como la mismísima mierda.

Que ojo, algunas amistades de Dexter, probablemente—y sin ninguna duda las más muggles de todas—, habían aparecido por la tienda y habían conocido a Zeta, pero de manera totalmente natural y desinteresada, sin magia ni comentarios mágicos de por medio. Pero claro, como bien decía Ryan, habían sido muy poquitas y también era cierto que Zeta ya empezaba a pensar que Dex era un adicto al trabajo y no tenía precisamente muchas amistades con las que salir, pues casi siempre salían con las de ella. Aunque a decir verdad también le daba un poco igual que su novio fuese un forever alone sin amigos.

—Ayúdame, pero pórtate bien: como te vea con la varita fuera te la rompo, ¿eh? —Le amenazó con el dedo acusador en dirección a su rostro. —Tú llevas esta. —Y golpeó con el dedo la caja que pesaba como una montaña.

Cargó unas cuantas al carro de mano, sin apartar la mirada nerviosa del interior de la tienda, por si veía a Zeta salir. ¿Por qué estaba tan nervioso? Es que ya se imaginaba a Ryan presentándose frente a su novia con algún comentario ingenioso o bromista con respecto magia que tendría mucho sentido en contexto y él no iba a poder evitar quedarse con cara de subnormal.

—Entramos y te presento de paso, como si fuese totalmente natural, pero luego te vas. No me seas pesado. Ya vienes otro día y seguimos con tu estrategia del mal. —Y si Ryan tuviese que adoptar algún tipo de rol en la vida de Dexter, sin duda sería ese pequeño diablillo que se coloca en tu hombro derecho cuando estás en mitad de una decisión muy importante. Pues ahí aparece Ryan, con cara de demonio, diciendo que mentir está bien. —Vamos. —Así que entrando al interior mientras arrastraba aquel carro que sólo pesaba lo que pesa el carro, pues el resto de cajas estaban encantadas mágicamente, decidió empezar con la película. —¡Zeta, ven un momento!

Apenas tardó unos segundos en aparecer por uno de los pasillos con la cabeza, pensando que Dex sólo quería enseñarle o decirle algo. Sin embargo, vio allí al otro hombre, lo cual la hizo salir con un par de latas de guisantes en sus manos.

—Zeta, este es Ryan, un amigo de la infancia. Ha pasado por aquí y lo he usado de mula de carga. —Sonrió, bastante confiado en la mentira. —Ryan, esta es mi novia: Zeta.

—Encantada —le dijo sonriente, para darle la mano con la lata de guisante. Para cuando se dio cuenta rió, sujetando el bote con la otra mano para poder estrechársela a él. —Creo que Dex nunca me había hablado de ti, ¿o es ese al que le metiste sin querer el lápiz en la nariz en cuarto grado? —preguntó, esta vez mirando a Dexter como si se hubiese acordado. Siempre le contaba esa anécdota cuando estaba borracho, aunque el final siempre era diferente.
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Ryan Goldstein el Vie Ene 11, 2019 2:45 am



—Si lo repites tres veces en voz alta, se hará realidad—advirtió Ryan, con una sonrisa y apartándose los lentes negros de la cara, doblándolos y colgándoselos de la pechera—. Es lo que la gente supersticiosa dice.

Por gente supersticiosa, se refería sobre todo a los muggles. Hacía un tiempo que venía comentándole a Dexter sus conocimientos sobre Estudios Muggles, saliendo de tanto en tanto con una gama de curiosidades que poco probablemente hallarías en el programa, y de las que bien harías en dudar. Luego estaba el hecho de que era bibliotecario, y se hacía difícil adivinar si realmente sabía de lo que hablaba o te tomaba el pelo.

—Y ya es la segunda en esta semana—Hizo notar, con el asomo de un guiño en la mirada, de atractivos ojos azul celeste—Sé que lo dijiste, sí—reconoció, tocando el tema—, ¿te refieres a lo de apoyarte con tu nueva relación, verdad?—especificó como para asegurarse de que hablaban de lo mismo, sin que fuera necesario. En un acto reflejo, ojeó hacia dentro de la tienda, antes de volverse a su amigo con una rápida sonrisa—Pero créeme, sólo pasaba cerca y me acordé de ti.

‘Cerca’, con un mago podía significar ‘a unas cuadras’, o, ‘del otro lado del canal’. Ryan flexionó la rodilla subiendo el pie a una de las cajas y se dobló hacia adelante usando la pierna como punto de apoyo. Agachó la mirada, curioseando, y con un vago gesto de la mano, las señaló de pasada, cambiando casualmente de tema.

—Deja que te ayude, ya que estoy. No te matará.  


Alrededor de ellos, los muggles se paseaban concentrados en sus asuntos. Dos jovencitas los rodeaban avanzando entre cotilleos y tomadas del brazo. Involuntariamente cazaron algo de la conversación y se echaron a reír de forma disimulada. Ryan, con un dedo en la cara y colmado de amenazas, se sintió igual de risueño.

—Tú sabes que eso puede malinterpretarse, ¿verdad? Que ella no te escuche, porque pensará que soy un mujeriego. Me harás quedar como un amigo horrendo—se quejó, pero luego añadió—: Ok, venga.

Y se incorporó y agarró la caja. Esta se dejó tomar, ligera como una pluma. Demasiado ligera. Ryan le guiñó un ojo, sosteniéndole la puerta para que pasara con su carro de mano. Él llevaba la caja bajo el brazo. Se frenó con curiosidad cuando Dexter llamó a la chica del mostrador y le sonrió ampliamente al tenerla delante. Seguidamente arqueó las cejas con suma curiosidad quizá preguntándose qué hacer con los guisantes, pero la escena le sacó una risa.  

—Yo igual—Le estrechó la mano con una leve sacudida. Se sorprendió con la anécdota—.  Oh, por suerte que no—Tuvo la impresión de que a lo que realmente se refería no era a un lápiz, sino a una varita. Miró de reojo a Dexter, sonriendo suavemente—. Él nunca habla de mí con sus novias—añadió—Quiero pensar que es porque soy el lindo de los dos—reveló, en confidencia, a modo de broma—. Pero sí que me habló mucho de ti. Te digo algo, ¿por qué no hacemos algo tú y yo?—¿Eh?—Ya sé que eres fantástica—añadió, lisonjero, encogiéndose de hombros, como si no necesitara otra excusa y aludiendo a que, no mentía, le habían hablado ‘mucho’ de ella. Ryan miró alternadamente a Dexter y Zeta—Oh, tú estás invitado. Sólo si ella quiere. Entonces, ¿a dónde llevo esta caja?
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Vie Ene 11, 2019 3:26 am

—¿Se pensará que eres un mujeriego? —Cuestionó Dex, divertido. —¿Acaso no eres un mujeriego? —Y le ensanchó la sonrisa.

No sé, míralo. Dexter y él no intercambiaban demasiada información sobre féminas—¡o varones!—en el ámbito romántico o sexual de la vida. De hecho lo poco que sabía Ryan de Dexter es que hacía tres meses que había empezado con una muggle por la que estaba loquito y ya está. Y al revés no había mucha información, es decir, Ryan era muy conservador con esas cosas. Sin embargo, repito: míralo. Hasta Dexter que era un hombre terriblemente heterosexual podía admitir que Ryan tenía todas las de ser un mujeriego, con esa chispa tan traviesa y cautivadora. Quizás en otra época Dexter y él podrían haber sido muy buenos compañeros de ligues, sino fuese porque se había convertido en un romántico empedernido.

Dex presentó a Ryan y Zeta, mientras observaba la escena con nerviosismo.

—Creo que el del lápiz se llamaba Liam.

—Sí, Liam —corroboró Dex.

Y sí, fue una varita. Y sí, siempre se inventaba el final de la historia porque hasta estando borracho tenía filtro y tenía que inventarse algo para no decir nada mágico. Pero claro, lo decía borracho y nunca se acordaba de lo que decía, así que tenía que volver a improvisar con otra cosa.

Zeta miró a su novio con una mirada complacida cuando le dijo que le había hablado mucho de ella, llevando su mano al rostro de Dex para darle un cariñoso golpecito en la nariz. Llevaban solo tres meses juntos, así que podéis asumir que todavía estaban en esa época de cursilería. Pero claro, cuando Ryan le ofreció hacer ‘algo’, Zeta lo miró divertida.

—¿Sabes que somos pareja, verdad? —Insistió divertida, en broma, señalando de manera alternada a Dex y a ella misma, para finalmente mirarlo a él. —Si no supiera que es tu amigo, me sentiría muy halagada porque el ‘lindo’ de los dos me diga tantas cosas bonitas y me invite a hacer algo, ya que el ‘feo’ de los dos está muy cansado para salir a tomar algo siempre. —Picó a su novio Dex, quién puso los ojos en blanco en un gesto fingidamente molesto. En verdad tenía razón, Dex era Don Excusas. —Allí atrás, en la trastienda. La puerta está abierta.

Vaya que si estaba abierta, después de abrirla con su trasero se había asegurado de poner un pasador bajo la puerta para que no se volviese a cerrar. Cuando Ryan se fue, Zeta besó a Dex fugazmente.

—Era broma —dijo, en referencia a lo de salir.

—Lo sé —respondió él, yéndose detrás de Ryan con el carro de mano.

—Pero igualmente eres Don Excusas —añadió antes de que se fuera muy lejos, por lo bajo.

__________

—¿Hacer algo? ¿Salir? Ya te vale… —dijo Dex en el interior de la trastienda, rechistando por la idea de Ryan. Ya la había conocido y habían dado el pego como dos amigos de la infancia bien tranquilos, ¿de verdad que invitar a su novia a hacer algo era el mejor plan que se le ocurría? —Deberías haberme preguntado, ahora voy a quedar como un amargado cascarrabias que no quiere hacer un plan con un amigo de la infancia que hace tiempo que no ve. —Y entonces abrió los ojos y lo miró. —¿Era este tu plan desde el principio, mente del mal?
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Ryan Goldstein el Lun Ene 14, 2019 12:30 am

La caja fue a parar con otro montón, y Ryan se demoró recorriendo el lugar con la mirada, los brazos en jarras. Detrás de él, Dexter rechistaba. Le hizo gracia que se tomara tanto en llegar a la conclusión más evidente, y volteó con una sonrisa justo a tiempo para cazar la expresión de asombro en el rostro de Don Excusas.

—Lo que tú llamas ‘mente del mal’ es sólo un lindo sujeto siendo simpático. Creo que le gustó saber que presumes de tu situación romántica con tus amigos, ¿no? Pequeños detalles, Don. Pequeños detalles sacan las mejores sonrisas—comentó distraído, paseándose por la trastienda con la cabeza absorbida como un buscador de oro, pero, ¿qué buscaba examinando el suelo y las paredes?—. Y sí, fue una treta—admitió, el muy traicionero—. Se le llama ‘el arte de la socialización’.

Se detuvo frente a una pila de cajas vacías que se agitaron brevemente, atravesadas por un temblor invisible. Ryan mencionó entonces si acaso no tendría una plaga de doxys. En esa temporada había visto tiendas en el Callejón Diagón que abrían sus puertas y sacudían con fuerza alfombras o cortinas en un desesperado intento por deshacerse de las hadas mordedoras, que se aferraban con uñas y dientes. Era el clima, decían. Ryan corrió las cajas con el pie, pero no encontró nada, y tuvo un presentimiento que le hizo girar la cabeza, pero nada otra vez.

—Pensé, también, que querrías saber que encontraron a la familia de los Greengraves. A salvo—informó, casual—. Son la novedad ‘allá’. A veces, me siento de verdad un extranjero entre ustedes—añadió—. En Londres, el mundo parece un lugar en verdad muy chico, todos se conocen entre todos. Sarah Greengraves preguntó por los Fawcett, ¿amiga de la familia? Te lo dije, ¿verdad? Sólo pasaba cerca y me acordé de ti—Hizo una pausa—: Tú sabes, hace mucho que no recibían ‘allá’ una buena noticia. Asumí que querrías estar al tanto. Oh, vamos. De verdad no pensaste que vine a interponerme entre tú y el cielo. Se los ve muy cariñosos, eh. Me agrada ella.

***

En la tienda, una señora afroamericana entrada en años, con el pelo gris cortado al ras y una blusa negra que le caía suelta disimulando su sobrepeso, se acercó al mostrador con la expresión resuelta de las personas joviales, abierta la sonrisa como tenía el corazón.

Sally era una clienta regular, que tenía la costumbre de santiguarse sin ser católica, y a saber en honor a qué santidades, siempre que soltaba una exclamación sobre el clima, la situación del país, hombres, lo bueno y lo malo. En ocasiones ofertaba bijouterie y cremas que ella misma vendía, y si no las vendía, te las regalaba.

Estaba metida en una religión que decía llamarse Palo Mayombe, y solía aconsejar contra el empacho y el mal de ojo y cualquier tipo de dolencia en general, achacándole la culpa a los malos espíritus, que, como ella decía, estaban encarnados en las facturas, una interminable jornada laboral, y el vecino de su cuadra, un viejo cascarrabias del que a veces hablaba indignada, y otras, con un poco de pena.

Solía llamar la atención a quien quisiera oírla sobre presencias que eran invisibles a los ojos, sensaciones que no eran pura imaginación sino producto de algo más terrible, pobres almas despistadas que eran poseídas por criaturas que se escondían como nuestra sombra. La señora Brown decía de ella que la encontraba particularmente divertida.

—¡Oh!, ¡pero dónde tiene la cabeza la señora Sally, te dirás! ¡Mi monedero! Estoy segurísima que lo puse en mi bolso antes de salir, ¡pero si estaba aquí! ¡Los duendes!—Sally rió y se acodó sobre el mostrador, en confidencia. Había vaciado sobre el mostrador el contenido de su cartera: artículos varios, de todas las formas y tamaños, pero ningún monedero—Tú no me crees. Tú te dices “está loca la señora Sally”, ¡pero que me expliquen sino! ¿¡Cómo es que las cosas hacen para perderse solas!? ¡Treinta años! ¡En treinta años he tenido una memoria impecable! Si dejo las llaves sobre la mesita, ¡ahí es donde las voy a encontrar! ¿Pero te puedes creer, niña, que apenas te das la vuelta, las cosas se muevan de lugar? ¡O desaparecen de tu cartera! No le digas a esta vieja que nunca te ha pasado, porque no te creo. Hay pequeños duendes, mi hija, pequeños traviesos, que hacen de las suyas cuando no miramos… ¡Oh, aquí lo encontré!

Pagó y ya se iba, pero tuvo que regresar porque se había olvidado esta vez las llaves sobre el mostrador luego de vaciar la cartera. Se fue por la puerta, riendo y obsequiando sus mejores deseos. Se fue, y al cerrar la puerta, una lata de legumbres se separó de las demás yendo a caer al suelo con un ruido metálico, como movida por el viento.


***

—No creo que piense que eres un amargado—tranquilizó Ryan, ayudando a acomodar todo en su sitio—Pero te ha llamado Don Excusas—chasqueó la lengua, con fingida pena—. Estoy libre, por si te lo preguntas.

No importaba cuál fuera su excusa para estar ahí ese día, tenía un genio malvado.
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Zdravka E. Ovsianikova el Lun Ene 14, 2019 10:59 pm

El chico aún estaba relativizando las cosas: vale, la presencia de Ryan había sido totalmente repentina y para colmo había saltado con cosas que él no tenía en mente, ¡y como odiaba Dexter cambiar de planes! Pero dentro de lo malo y de su estratagema del mal, las cosas podrían salir muy bien. Era un hecho que Dexter le había hablado a Ryan de Zeta bastante bien, aunque más que alardear de su situación romántica, lo que hacía era mostrarse preocupado por las evidencias con respecto a su condición no mágica. Pero ojo, hablar, había hablado.

—Fue una TRAICIÓN, con todas las letras. Qué treta ni qué treta. —Se quejó a su amigo.

Y entonces, mientras apilaba las cajas con ayuda de la magia, aprovechando que no estaba Zeta cerca y aquellas cajas pesaban un montón, lo escuchó hablar de la familia Greengraves. Abrió los ojos, interesado por la noticia de esa familia, pues eran muy cercana a los Fawcett. Sonrió, contento por las nuevas bastante buenas. Por su comentario final, sin embargo, tuvo que mirarle de reojo con cierta diversión.

—Sí, es la mejor… —le respondió cuando dijo que le agradaba Zeta. Probablemente lo que más le jodía a Dexter era haberse encontrado con Zeta precisamente en este momento en su vida, en donde parecía que todo lo hacía incompatible. —Gracias por venir a avisarme de los Greengraves. Sí que son muy buenos amigos de la familia, sobre todo mis padres. Yo me llevaba bien con su hija, pero estoy bastante seguro que desde que ‘desapareció’ es porque está en el maldito Área-M. Intento no pensar mucho en esas cosas… —O si no iba a explotar por exceso de estrés en la cabeza.

Otra cosa: la jugarreta de Ryan iba a incidir de pleno y sin vaselina en Zeta y Dexter, pues la chica volvería a tener otro motivo para llamarle Don Excusas. Claro que ella desconocía de que en realidad Dexter evitaba salir a muchos sitios con ella sencillamente para que no le viesen juntos y pudiese ponerla en peligro. Ryan le animó, aceptando de pleno: evidentemente Zeta no pensaba que Dex fuese un amargado.

—Después de tu jugarreta no me va a quedar otra que aceptar tu proposición indecente para ir a tomar algo y ponerme ‘al día’ con mi amigo de la infancia. —Hizo una pausa, colocando la última caja sobre otra. —O Zeta va a pensar que odio a mis amigos de la infancia o algo. Como si tuviera muchos, sabes. —Y negó con la cabeza. Él había ido a Hufflepuff, lugar de hijos de muggles o muy amigos de hijos de muggles, por lo que la gran mayoría de sus amigos de la infancia reales estaban a saber en donde. —Vamos a salir y hacemos que me has convencido. Te convertirás en su ídolo.

Zeta, por su parte, todavía estaba alucinando un poco con la señora Sally y su paranoia. Y es que era normal: habían personas que no aceptaban que la edad del alzheimer estaba a la vuelta de la esquina, sobre todo ella, que ya empezaba a tener una edad. Tampoco era nada malo, a todo el mundo se les olvidaba en donde dejaban las llaves o el monedero, pero de ahí a echarle la culpa a unos duendes invisibles… Pero como Zeta se había prometido ser simpática en ese trabajo, por una parte porque era el negocio de Dexter y su familia y segundo porque si no se deprimía trabajando ahí y no de músico, le siguió el rollo.

—Ya decía yo que a veces se me desaparecían las cosas sin motivo aparente. Yo dudando de mi mente, pero no, son esos duendes… —Le siguió el rollo, en broma. Aunque Sally parecía tan obsesionada que se lo tomó en serio. Al final, echando pestes de los dichosos y traviesos duendes, se fue, no sin antes dejarse en evidencia olvidándose las dichosas llaves en el mostrador. Zeta se las sujetó para que las cogiera, divertida. —He vigilado, esta vez no fueron los duendes.

Sally la miró con ojos de reproche divertidos, para entonces irse con la misma jovialidad y simpatía que caracterizaba a esa mujer. Entonces, mientras Zeta miraba como se iba, una lata de legumbres cayó al suelo como por arte de magia. Y claro, se asustó. Se asustó porque una lata de legumbres pesa lo suficiente como para que el viento ni ‘la nada’ lo tire al suelo, por lo que tuvo que racionalizar otro motivo: ‘vale, estaba mal colocado y seguro que se cayó por eso. No sería la primera vez que las personas con mochilas golpean las cosas y las descolocan sin querer.’

Así que salió de detrás del mostrador y se agachó para cogerla, colocándola en su sitio con desconfianza. Esa dichosa lata de legumbres, haciendo que se cuestione hechos paranormales, ¿os lo podéis creer?

—¡Hey, Zeta! —dijo Dex, al salir de la trastienda, seguido por Ryan. —¿Tienes planes para esta noche? Dice Ryan que nos quiere invitar a tomar unas cervezas a su terraza favorita. —Y le dio dos golpecitos en el pecho en plan: ‘MIRA QUE BUEN AMIGO TENGO’, devolviéndole un poco la jugarreta. Él venía a hacerlos socializar, pero que él pagase las bebidas.

—¿En serio? —dijo, mirando a Ryan. —¿Le has convencido para salir? ¿Cuál es el truco? ¡Cuéntamelo, por favor! —Le imploró con falsa necesidad, sonando más divertida que otra cosa. —¡Dime tu secreto!
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Ryan Goldstein el Lun Ene 21, 2019 6:21 pm

Luego de que adulara a su novia, Dexter bajó la guardia, y aunque insistió en seguir a la defensiva con la propuesta de una salida, debía de estar comiéndose la cabeza con la presencia de ese otro hombre, Don Excusas. ¿No era hermoso estar así de prendido de alguien, enamorado? A Ryan le enternecían las parejas, aunque en lo personal nunca había sentido la prisa de estar dentro de una relación. Su mejor excusa era su trabajo. Y en todo caso, él estaba enamorado del amor en sí mismo, era todo un filántropo de la vida. Uno al que le gustaba apostar por la vida amorosa de sus amigos.

Salieron de la trastienda, y Dexter lo metió en una encerrona, pero Ryan no se quejó. A decir verdad, él siempre pagaba. No mencionó, claro, que su terraza favorita estaba en el Callejón Diagón, y todo sea dicho, no tenía idea de qué terraza sería esa que Dexter mencionaba. Imaginó que tampoco tendría problema en elegirla por él, porque mira que sería distraído, que se le había olvidado. No lo dirías, porque sonreía con toda la confianza, siguiéndole el verso, pero hubo de huir de la mirada de Zeta por un momento, distrayéndose con un movimiento entre las góndolas que percibió por el rabillo del ojo.

—Sí, en serio—Siendo Ryan, se recompuso enseguida de su momentánea confusión. Rodeó a Dexter con un brazo y le apretó el hombro, en confianza—. ¿Qué puedo decir?—titubeó, pensativo—Con Dexter, siempre funciona un poco de magia, ¿sabes? ¿No te dije que soy un mago?—inquirió, fingiéndose asombrado por su propia omisión (cuando no habían intercambiado ni tres palabras entre ellos). Iba muy en serio el hombre—. Te mostraré un que otro truco cuando nos sentemos a tomar esas cervezas.

Y es que, los trucos muggles se le daban… Bueno, ya lo descubriría Zeta, cómo se le daban. Le hubiera querido decir a su amigo que mejor volaran de allí, que efectivamente sí que tenía una plaga de doxys haciendo de las suyas por el local, pero a lo único que podría alcanzar sería a hacerle un par de señas en una extraña mímica, que de seguro parecería ininteligible. Así que se limitó a apurarlos a salir de allí, por si las moscas. Claro que, tenían que cerrar primero la tienda. Se preguntó si acaso al volver, aquello no parecería el caos luego de un robo muy, muy desordenado.

*

Las luces eran cálidas, las mesas estaban en el exterior y se oía el rumor de una mesa cercana, pero la suya era de por sí ruidosa. Ryan no había querido revelar su truco hasta que se bajó media margarita, y el suyo era un cóctel virgen.

Debía ser un sujeto dado a la improvisación, porque se sacó del bolsillo un mazo de cartas que aparentemente llevaba a todas partes. Aseguraba que podría adivinar la carta elegida, lo típico. La magia estaba en el espectáculo que se montó para presentar el truco. Así que partió tres mazos sobre la mesa…

En el medio, le confesó a Zeta lo poco que le gustaban a Dexter sus trucos de magia. Le achacó la culpa a que, en el pasado, solía tener más ligues que él porque, tú sabes, la magia hacía maravillas con las citas. Las caras de Dexter no tenían nada que ver con que lo tuviera sobre la mira, por si se le ocurría hacer magia real, no.

Se metió de lleno en el personaje de “Ryan, el mago”, y la verdad era que hasta llegabas a pensar que el truco no le estaba saliendo como lo había planeado, para nada, porque vaya que estaba haciendo un papelón. No le salió a la primera, ni a la segunda, y a la tercera... Tampoco, hasta que hubo una cuarta.

La pregunta era cómo lo había conseguido, porque seguro que había un truco matemático detrás de todo ese performance. Eso era la magia. Un instante de asombro y alcohol en el medio. Bajo una noche agradable, con compañía agradable, y luces en la oscuridad.

—Así que esto es mi hobbie: la magia—dijo Ryan, riendo, y guardándose las cartas. Le lanzó una mirada a Dexter. Sus ojos parecían reír también—. ¿Qué hay de ti?



magic trick:

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Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Ene 26, 2019 3:59 am

Una vez en la terraza, tanto Dexter como Zeta habían optado por una jarra grande de cerveza negra. Y si tenían algo en común esa pareja, era precisamente eso: les encantaba la cerveza, sobre todo la negra. De hecho, la misma noche que se habían conocido, la conversación con la que Dexter le entró fue precisamente porque ambos bebían la misma cerveza y no una cualquiera, no, una negra.

A Zeta le gustaba la magia; es decir, la magia de juego de manos y manipulación visual. Ese tipo de magia en dónde tenías que descubrir el truco con el que te habían engañado, porque al final la magia no existe y sólo era algo que simulaba cómo si realmente existiera. Sin embargo, Ryan no era un mago experto ni nada por el estilo y Zeta se perdió en medio de su intento de descubrir nada porque claramente que hubiese fallado tres veces antes de acertar su nueve de corazones, a cualquiera no le rompe los esquemas. La chica igualmente tuvo que reír, ya que le parecía divertido que se hubiese presentado como un mago espectacular que le robaba los ligues a Dex y en realidad no supiese hacer un truco a la primera.

—Pues para ser tu hobbie, ¿quizás estás un poco oxidado? —preguntó, sin mucha malicia. —Te ha costado dar con el nueve de corazones. ¿O es que tu truco especial como mago es descubrirlo todo a la cuarta? Esperaba que al haber fallado hasta la tercera, al menos la correcta me la sacases por arte de magia de detrás de la oreja, o algo. —Se quejó, fingidamente decepcionada.

Ay, cuando Zeta descubriese que en realidad sólo eran dos personas riéndose un poco de la ironía de la vida—y quizás de su ignorancia—y que en realidad la magia que ellos dominaban era mucho más real, hasta el punto de dar mucho miedo, la cosa iba a cambiar mucho.

Le preguntó por ella y primero bebió de su cerveza, para encogerse de hombros.

—Pues mi hobbie es tocar y hacer música. —Dicho así, quizás no se notaba el valor que ella le daba. —Quiero que mi música sea famosa y llegue a todas partes, pero ahí me ves, trabajando en la tienda de los Brown. —Miró de soslayo a Dex, quién la miraba con retintín. —Que es la mejor tienda del mundo, pero preferiría estar grabando un disco, ¿sabes? —Le dijo esta vez mirando a ambos, sonriente. —Pero es muy caro, yo soy muy pobre y encima llevo mucho tiempo sin escribir nada. Es un cúmulo de contras que me gritan que no es el momento.

En ese momento apareció el camarero, para dejar sobre la mesa unos bol con frutos secos en el interior, además de otro con aceitunas. No lo había pedido ninguno de los tres, sino que era un obsequio por parte de la terraza para poder picar algo mientras bebías. Zeta le agradeció al camarero, antes de coger una aceituna y llevársela a la boca. Sólo habían dos cosas que quedaban bien con cerveza: aceituna y altramuces. Pero se veía que los altramuces no entraban dentro del pack.

—Pero no me rindo, poco a poco yo sé que encontraré el camino hacia la fama. —Mira que Zeta podía ser pesimista para muchas cosas, menos para su sueño. Eran de esas que trabajaban a muerte para conseguirlo. —¿Tú sabes tocar algún instrumento? Dexter es incapaz de coordinar sus dedos para poner una nota en la guitarra. Y ya no quieras saber lo que se queja cada vez que tiene que rasgar las cuerdas, al parecer le hacen daño en los dedos.

—¡Pero Zeta! —dijo divertido. —Al menos lo intenté. —Eso lo dijo mirando a Ryan.

Pero si Zeta tenía un valor muy alto en virtuosidad, Dexter tenía el mismo pero en valor negativo. Ya no hablemos de la capacidad de coordinación—prácticamente nula—para tocar los instrumentos. Un día Zeta lo llevó a un estudio y sudó sólo de intentar coordinar su pierna con el pedal del bombo de la batería y el del platillo.
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Ryan Goldstein el Mar Ene 29, 2019 6:44 pm

—En mi defensa, pasó un tiempo desde mi último ligue—bromeó, excusándose. Reacomodó el mazo entre sus manos, mezclándolo distraídamente entre que se arrellanaba en el asiento con las piernas estiradas bajo la mesa. Escuchó con atención sobre Zeta, y se interesó—. ¡Música!—exclamó, encantado—Oh, ¿famosa…?, ¿y cómo funciona eso?

La intriga era genuina. No porque Zeta trabajara en una tienda, sino porque no se explicaba cómo funcionaba exactamente la fama en la comunidad muggle. El asunto de la música y la fama  le hizo recordar a un ex, más joven que él, que se había graduado de la Academia de Arte Dramático. Había ido a verlo algunas veces, solía presentarse en papeles para musicales. Su vocación era la actuación, pero desde hacía tiempo que tenía formada una banda en la que él era el cantante. Se preguntó qué sería de Joshua.  

Se carcajeó con el tema de Dexter y su poca coordinación. Palmeó el hombro de su amigo, en consuelo. “Sí, te creo”, le aseguró. No se explicaba qué planes tendría Zeta para conseguir su meta, pero supo apreciar que era alguien sumamente determinada…, ¿o lo diría en broma? Nunca se sabía lo que hacían un par de tragos de más. A lo mejor, le estaba tomando el pelo, a lo mejor su deseo de fama no era una meta en sí, aunque desde ya, un resultado deseable para una actividad que empezó siendo sólo un hobbie.

—Sí, de hecho… Mmm, el piano, sí. No soy realmente un genio, pero improviso muy bien; especialmente si estoy bebido. Aprendí alguna que otra canción, aquí y allá. Mi madre solía darme lecciones cuando era niño, pero nunca les hice mucho caso. Mi hermano, en cambio, él es el dotado para las artes. Yo sólo soy… Un músico de bar, él es el genio. Y… mi ex tenía una banda. Era el cantante—añadió, picando los snacks—. No era famoso, creo. Digo, era algo que llevaba con un grupo de sus amigos. Pero reunían gente, y tocaban. Me invitaba a muchos de sus recitales, pero más que nada, íbamos a los de bandas que a él le gustaban—Y dejó a su lengua hablar, recordando los nombres—: Las Brujas de…

Sintió un rodillazo en su pierna y se removió en la silla.

—Oh, bueno, no recuerdo los nombres—se interrumpió—. Él era más joven que yo, y… Bueno, yo la verdad es que no presto mucha atención a las bandas de ahora—Sonrió y levantó la copa brindando en el aire—. Por tu fama.

»Ahora, me gustaría escuchar algo tuyo. ¿Tienes algún estilo…?, ¿qué tocas?
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Feb 09, 2019 3:00 am

—Música famosa, sí, ¿sabes lo difícil que es conseguir eso? —respondió, poniendo los ojos en blanco. —Yo aún estoy aprendiendo cómo funciona todo esto, no sé si soy la mejor para contestarte a eso. Además de ser buena, debes de tener suerte. Y son dos factores muy complicados. Pero bueno, sigo en ello.

Ya Zeta era muy consciente de lo difícil que era conseguir su sueño, pero al fin y al cabo era su sueño, uno que le hacía mucha ilusión y por el que creía que merecía la pena luchar. Y sabía que le merecía la pena porque era muy feliz cuando hacía lo que le gustaba. No quería cambiar eso por nada del mundo, aunque tuviese que vivir siempre buscando su oportunidad. Era mejor eso que abandonar su sueño; vivir de poco a poco, feliz, que abandonarlo por comodidad.

No le pasó desapercibido un detalle. Su ex era el cantante de una banda y suponía que si llega a ser una chica, la hubiera declarado como femenina. Se sorprendió porque con el pique que se lanzaban éstos dos, uno pensaría que peleaban porque ambos eran dos rompecorazones en el ámbito femenino, ¿pero Ryan era gay? Bueno, o bisexual. A Zdravka le daba ciertamente igual, ya que ella misma era consciente de que podría llegar a enamorarse tanto de una mujer como de un hombre, pero igualmente por lo ligón que parecía, uno se pensaría otra cosa. Le pareció mono, en realidad, que uno fuese tan natural en mostrar sus gustos sin miedo al qué dirán.

—¿Las brujas de...? —preguntó, sorprendida, aunque no se pensó nada raro. —No me suenan, ¿son de aquí? Conozco muchas.

Zeta era de esas personas que tenía muchos conocidos, sobre todo en el ámbito de la música indie en Londres. Era cierto que sus amistades más cercanas no eran tan dadas a fantasear con ser famoso en al música en algún momento, pero sí que conocía a varias bandas, sobre todo para tocar con ellos y cantar. Además, le gustaba ese choque de gustos.

—Pues deberías, hay algunas muy buenas —le dijo ante la declaración de que no escuchaba muchas bandas de ahora, para entonces brindar en alto. —Pues... tengo un disco, gratis en spotify o por la módica cantidad de diez libras. Por ser tú te dejo que lo escuches en spotify. No sé qué estilo tengo, en realidad... hago un poco lo que me va surgiendo y el término alternativo me suena a uso comodín, pero creo que es lo que más me representaría, no sé, ¿tú que lo has escuchado qué dices?

Dexter se encogió de hombros, sin tener ni pajolera idea.

—Suena genial, pero no sé si es alternativo o qué —confesó él, bebiendo de su cerveza. —Y sabe tocar de todo: la guitarra, el ukelele, el bajo, el piano... ¡un día me enseñó cómo tocaba la batería y es de escándalo!

Zeta rió, rodando los ojos al recordar lo alucinado que se puso Dexter cuando ella tocó la batería, cuando era de lejos el peor instrumento que se le daba.

—Dexter es que se fascina hasta si sé tocar el triángulo.

—Seguro que lo tocarías genial.

Ella tocaba a golpes con un palo y seguro que Dexter se hacía fan de la melodía también. Pero bueno, no iba a ser Zeta quién se quejase, pues la verdad es que le encantaba que le apoyase con la música y que le gustase tanto lo que hacía. Era un gran apoyo.

—¿Y lo que tocas al piano es público o improvisas para ti solo? Estaría guay es escucharte. Seguro que eres modesto y en realidad eso de ser dotado para las artes viene de familia.
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Ryan Goldstein el Sáb Mar 09, 2019 11:26 pm

—Te da todo su apoyo—aprobó, riendo con la escenita de la pareja. Podía imaginarse perfectamente a su amigo fascinándose con ver a su novia tocar el triángulo. Era todo un detallista con los que tenía cerca. No le faltaban encantos—. O, eso es sólo cuando surge la ocasión—Rió—. No, créeme, no es modestia. Por otro lado, sí pienso que hay quienes tienen, lo que se dice, talento natural. Pero si no hay dedicación, no hay nada. Mi hermano solía practicar todo el tiempo. Era algo que lo completaba. Apuesto a que es así contigo.

Habían pedido, y finalmente se vio llegar la pizza. Ryan fue el primero en hacerle lugar.

—El piano—Dexter miraba su vaso de cerveza, tocándolo con el dedo pensativamente—. Sí, Ryan, qué modesto eres. A mí es que los instrumentos se me han dado fatal.

—Sólo nunca les diste una oportunidad. Hasta ahora—añadió, con un guiño cómplice a Zeta—Te acepto el disco—continuó—. Como muestra de apoyo al artista. Es algo importante—Se acomodó en la silla, cruzando las piernas y lentamente, pensativo y con la mirada vuelta a sus propias cavilaciones, agregó casi cautelosamente—: ¿Y spotify es…?

Dexter casi escupió la cerveza, y carraspeó.

—Su forma de compartir su música, sí. También ha subido cosas a Youtube. Pero has tocado en vivo y en directo, ¿verdad? Cuéntale de la vez que…

—Oh, sí, claro—Ryan se reacomodó en su asiento y se sirvió casualmente una porción de pizza—. Quizá si tú me lo mostraras luego…

—Sí, tú tranquilo.  

No era una broma, el amigo de Dexter comía bastante. Despacito, degustando sin prisas, se llegaba a comer una pizza entera, pero sin problema. Era alto, bien alto, así que bien podías decir que la altura la había sacado de algún lugar. Y esa complexión musculada se llevaba su buena cuota de calorías, porque a ése nada le sobraba. Incluso estaba decidido a pelearse por la última porción, y no tenía pinta de que fuera a dar el brazo a torcer.

—Te estoy poniendo de árbitro, Dexter. Sólo si cuentas la historia más vergonzosa… No, no, voy en serio. Quiero esa porción de pizza. Pienso pelear por ella. Así que mejor que estés dispuesta a contar tu secreto más bochornoso, o dile adiós a la pizza. Si no estás a la altura, tú perdiste, es mía. Dexter, recuerda ser imparcial. Y que soy tu amistad de toda la vida.

Sola y suculenta en la bandeja, la última porción de pizza se ponía en juego.
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Zdravka E. Ovsianikova el Jue Mar 14, 2019 3:38 am

La verdad es que le parecía muy, muy divertido, poder compartir una velada así con Dexter y alguna de sus amistades, ya que Zeta tenía muy poco contacto con las amistades de su novio. Él siempre decían que eran todas muy poco sociales y que cada uno ya tenía su vida independiente y era muy difícil quedar con ellos pero… vamos, todo el mundo tiene que tener un poco de vida social si no quiere deprimirse en una vida llena de responsabilidades.

Pero claro, lo que Zeta no sabía es que Dexter se inventaba una mentira tras otra con tal de solventar todas sus preguntas y dudas. Y ella se lo creía, porque Dexter era muy mono, bajo su propio juicio, como para mentirle. Él no haría nunca nada de eso.

—¿En serio no conoces spotify? ¿En qué siglo vives? —Tuvo que decir, divertida, para cuando Dexter dijo más o menos lo que era. —Es una plataforma de música. Pagas diez libras al mes y tienes toda la música que quieras. También puedes no pagar y acceder a la música, pero habría publicidad. Los artistas que suben ahí sus cosas se llevan cierto porcentaje de lo conseguido por las reproducciones de su disco, lo típico.

La pizza había llegado y como la compartían entre los tres, Zeta no se pudo pedir su favorita que era la de piña. Sin embargo, ella era una gorda y evidentemente quería la última porción. De hecho no hubiera tenido problema en dársela a Ryan, pero cuando propuso ese juego, fue incapaz de rechazarlo. Ella tenía anécdotas bochornosas para dar y regalar, así que se apoyó en el respaldar de su asiento, cruzó las piernas y puso un rostro pensativo.

—Venga, empiezo yo. Dexter, recuerda que por mucho que él sea tu amistad de toda la vida, yo soy quien te da sexo, ¿vale? —dijo totalmente seria.

Dexter fue el primero en reír, pero Zeta le siguió divertidísima. Madre mía, la cerveza le estaba subiendo un poquito.

—Pues a ver, yo tengo para dar y regalar, soy una mujer sin vergüenza después de todo lo que me ha pasado. —Hizo una pausa. —Un día, hace ya años, trabajaba de secretaria para un tipo ahí de una agencia de viajes. Era un tipo super elegante, muy respetado y se le notaba poderoso y bastante montado en la libra. El caso es que me había prometido llevarme con él a un viaje de negocios super chulo porque estaba haciendo muy bien mi trabajo. Sin embargo, un día hubo un evento al que me llevó y teníamos que dar muy buena impresión porque tenía que conseguir un contacto o no sé qué rollo, sinceramente, ni me acuerdo. El caso es que se me fue un poco la mano con el ginebra y creo que me sentó mal con unos dichosos canapés de salmón que habían. No sé en qué momento ocurrió, pero éste señor terminó por venirme a buscar al baño cuando estaba vomitando… No le vomité, pero me dijo claramente que tenía que guardar las compostura. Y yo lo intenté. —Hizo una pausa. —Lo intenté, repito. Cuando salimos afuera después de adecentarme un poco, lo primero que hice tras plantarme delante de su contacto fue vomitarle encima. En la ropa y hasta le entró en su copa de champán. Fue horrible. —Alzó ambas cejas, llevándose la cerveza a la boca para beber de ella. —Y por eso no tomo más ginebra. Y por eso también luego terminé trabajando en una tienda de perritos calientes.

—¿Y por qué yo no sabía que mi novia era una borracha de ese calibre?

—Sí lo sabías cariño, nos conocimos borrachos. Lo que tú eres más borracho que yo.

Iba a dejarle el turno a Ryan, pero entonces se rió al recordar otra cosa.

—¡Espera, espera! ¡Es que tengo otra! Cuando vine a Londres me metí en un curso de Producción Musical y las clases eran por la tarde, en el conservatorio de Nottingham. Me encantaba porque ahí conocí a un buen amigo que todavía conservo. El caso es que ese amigo es gay y siempre he tenido con él muchas conversaciones sexuales porque… no sé, los dos nos gusta hablar de sexo, no lo sé. —Y se rió tras dar esa explicación. —El caso es que llegamos a clase después de habernos tomado una cerveza y estábamos hablando sobre dildos y esas cosas sexuales que se encuentran en esas tiendas porque pasamos por una antes de llegar. Llegábamos con tiempo, por lo que en la clase no debería de haber nadie, así que entramos por la puerta de atrás con tan mala suerte de que entramos en la que no era. Era una sala llena de niños aprendiendo a tocar el maldito violín y yo entré mientras hablaba en voz alta y muy específicamente sobre lo mucho que me gustaba el uso de cuerdas y juguetes sexuales en la cama.

—Pero Zeta. —Dexter aún se estaba descojonando, casi en silencio mientras se llevaba la mano a la boca.

—¡Qué le voy a hacer! No tengo pelos en la lengua. Recuerden no darme ginebra y luego darme charla de sexo, porque puedo ser muy intensa y luego terminar vomitándoles encima —confesó divertida, encogiéndose de hombros.
Zdravka E. Ovsianikova
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Ryan Goldstein el Dom Abr 21, 2019 5:42 am

Tuvo que renunciar a su porción de pizza, porque no era competencia para la novia de su amigo. Dexter hasta se burló de su historia supuestamente bochornosa, recalcando que Ryan Goldstein no sabía cómo salir mal parado ni intentándolo mucho.

Porque sí, había que admitir que tenía su gracia eso de estar en medio de una conversación y confundir una palabra por otra en un idioma extranjero, insultando a un muy confundido interlocutor, pero si al final ibas a acabar ligándote al interlocutor, ¿qué tenía eso de bochornoso? Era más el relato de un casanova.

Dexter se excusó por su amigo, expresando que, después de todo y porque lo conocía bien, el hombre no tenía la vergüenza necesaria como para reconocerse a sí mismo en una situación bochornosa.

—¡Perdida! Venga, Zeta, atráncate querida. Lo has dejado por los suelos y lo has pasado por encima. Dos veces.

—Tenía una clara desventaja—acotó Ryan, haciendo un análisis de su derrota—Perdí cuando salió el tema del sexo.

Siguieron hablando, y la pareja siguió tomando. Dexter tomaba. Ryan pensó en una oportunidad que era cosa de milagro que Zeta no supiera a esas alturas un par de cosas sobre el mundo mágico, cuando parecía tan fácil que su amigo se fuera de la lengua.

—¿Y cómo es que acabaste trabajando con este de aquí, en la tienda?—preguntó Ryan en una oportunidad—. ¿La ginebra tuvo algo que ver?

Viniendo de algún punto incierto se oyó un ulular y el batir de plumas. Ni tiempo hubo de asimilar qué estaba pasando cuando el zapato de Drexler salió volando de su mano y fue a estrellarse contra, ¿qué?

—¡Pero eso…!, ¡eso es una paloma!—
exclamó Ryan—¡Y perdiste tu zapato!

Y es que este se había caído por la barandilla de la terraza, allí donde quizá había habido una paloma aterrorizada. ¿Por qué alguien le arrojaría un zapato a una paloma? Era un misterio. Pero las cervezas de más podían explicar demasiado por sí solas.

—¿Estás seguro de eso?—inquirió Drexler por lo bajo, más para sí mismo, aunque sin sentido—¡Bueno, me equivoqué!

Y se echó a reír.

—Creo que tu novio está para irse a casa—razonó Ryan, sonrisa de por medio.
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Lun Abr 22, 2019 9:43 pm

Se hizo con esa última porción de pizza y la mordió con gusto cuando se la ganó legítimamente. Le había gustado ese pequeño juego de sacar movidas bochornosas del pasado, pues hasta ese momento no se había dado cuenta de que tenías tantas que efectivamente podrían avergonzar a muchas personas. Ella ya estaba un poco ‘curada de espanto’ porque se había convertido en una pequeña sinvergüenza después de tanto tiempo en Londres.

—El tema sexo siempre gana todas las conversaciones —le respondió divertida.

Encima era un tema que a Zeta no le molestaba en absoluto tocar, sino que era muy liberal con esos temas y tenía cero pudor al respecto. Le parecía incluso divertido, un tema como otro cualquiera. Había quienes hablaban de sus experiencias en el gimnasio y quiénes te hablaban de sus experiencias en el sexo. Zeta entraba en ese último grupo porque jamás en la vida la verías en un gimnasio.

—Supongo que la ginebra tuvo que ver ya hace varios años —contestó Zeta al rubio. —Nos conocimos ya hace tiempo, ambos borrachos, aunque no sabría decirte si fue con ginebra de por medio o con vodka.

—Yo siempre he sido mucho de ginebra —apuntó Dexter.

—Eso es verdad, seguramente haya sido con ginebra —le dio la razón Zeta. —El caso es que después de conocernos no tuvimos más relación, pues yo tenía novio y a Dexter se le había notado mucho su interés por mí, por lo que era un poco incómoda la situación. Este año, sin embargo, nos reencontramos y yo estaba buscando trabajo. Él que tenía un hueco en la tienda me lo ofreció y, misteriosamente, la que empezó a estar más interesada fui yo y él se hacía el difícil. —Se encogió de hombros, por el cambio de perspectiva.

La diferencia, claramente, es que hacía años la sociedad mágica era normal y un mago podía estar tranquilamente con una muggle. ¿Ahora? Ahora eso podría ser motivo para pasar una larga temporada en Azkaban, en el caso de que decidas dejar esa vida y abrazar las nuevas leyes. En el peor de los casos la permanencia de Azkaban y la muerte de una muggle con conocimiento de la magia era lo más probable.

Y en mitad de esa conversación tan tranquila y divertida, Dexter decidió QUITARSE EL ZAPATO Y TIRÁRSELO A UNA PALOMA. Menos mal que Zeta ya se había terminado su poción de pizza o probablemente se hubiese atragantado con ella. Claro que para Dexter eso no había sido una paloma, sino una lechuza en busca de entregar una carta. ¿Habría sido paranoia o realmente era una lechuza de algún miembro de la Orden del Fénix? Se puso un poco nervioso, pero estaba tan borrachillo en ese momento que hacer parecer que había sido un error le fue fácil.

Y prefería perder un zapato que tener que explicarle a Zeta el por qué de que una paloma—o lechuza—le trajese correspondencia sellada escrita con tinta y pluma. Esas cosas no pasaban en el mundo del siglo XXI en el que vivía la muggle.

—¿Sí, verdad? Yo también lo creo —le dijo divertida. El camarero caminó hacia ellos para preguntar qué había sido eso del zapato y, como Zeta lo vio venir, decidió sacar otro tema antes. —Nos vamos ya, ¿sería tan amable de traernos la cuenta?

Y el camarero feliz. Los problemáticos del zapato y la paloma se iban a ir, por lo que retrocedió para ir en busca de la cuenta.

—Estoy bien —dijo Dexter, aparentando normalidad.

—Sí, claro, estás bien para ir a casa y dormir —le respondió Zeta.

Era gracioso, pero pocas veces habían podido Zeta y Dexter compartir habitación por la noche. Zeta vivía lejos, en un piso compartido con varias personas y evidentemente llevar compañía se podía, pero para ciertas cosas era incluso incómodo. Sobre todo para esas cosas que claramente iban a hacer Zeta y Dexter si se quedaban a dormir juntos en una misma habitación. Además, Dexter, para Zeta, vivía todavía con sus padres.

En realidad Dex tenía su propio piso, uno pequeñito en el centro, pero era el registrado en Ministerio de Magia y solía tener bastantes visitas de personas bastantes malvadas, por lo que no le había dicho nada a Zeta de que tenía una casa. En vez de eso le hacía creer que vivía con sus padres porque así de paso los cuidaba.

¿No era feo? Era feísimo. Dexter, mentir estaba fatal.

—Te acompaño a tu casa —le dijo Zeta a Dex.

—Se supone que eso lo debería hacer yo.

—¿Por qué? ¿Vives en un mundo regido por el patriarcado que no puede tu novia acompañarte a casa porque vas tirando los zapatos por ahí? —Le preguntó, enarcando una ceja.

Dex sonrió.

—Ryan y yo te acompañamos y ya Ryan me acompaña a mí, ¿vale? —Insistió Dexter. —No quiero que vayas sola si puedo evitarlo.

Zeta entonces miró a Ryan, sin saber si eso le parecería bien. Claro que también desconocía que en tres segundos podrían recorrer distancias kilométricas de manera muy fácil.
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