Situación Actual
3º-10º
5 febrero -> luna nueva
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
KENNETH HURLEY pj destacado
JOSHUA E. & AYAX E. Dúo DESTACADO
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline

There’s broken silence |FB|

Freya Howll el Lun Ene 14, 2019 7:30 pm


27 de octubre de 2018.
Mansión Pendragon.


Sentía cada poro de mi cuerpo y cada una de mis células en llamas, consumiéndome en un dolor agonizante. Mi pulso se había vuelto errático y mi cuerpo convulsionó contra el suelo frío de la mansión del bastardo que estaba provocando esta tortura infinita en mí. Los músculos estaban tensos, tan tensos  y cansados de luchar al punto en que se consumían junto con mi escasa estabilidad. Quería respirar pero no podía hacerlo con normalidad, todo resultaba ser tan ajeno a mí… Tan distante que me impedía hacerme un hueco en esta cruda realidad. Interiormente no escuchaba mis propios gritos desgarradores que retumbaban entre las paredes acompañando al llanto incesante de Skadi.

Podía sentir como el hechizo jugaba con mi cuerpo intentando que abandonase la cordura mientras me desgarraba la garganta pidiendo piedad en alaridos. No hubo minuto alguno para pensar sobre el orgullo o la dignidad, estaban perdidos en el preciso momento que la palabra “crucio” salió de los labios de él. Sabía perfectamente que no le era necesario siquiera pronunciarlas pero quería que todos los que estábamos en la habitación seamos conscientes de lo que vendría a continuación.

Un dolor repentino e intenso.

La sensación de que no se terminase sofocaba mi ritmo cardiaco con latidos estrepitosos, me estaban arrancando de forma dolorosa la vida. Gritos desesperados se escuchaban en eco pero seguía sin asimilar cuales eran míos y cuales eran ajenos, me sentía en otro plano.

Los pasos  firmes ensordecían el camino hacia mi cuerpo tendido que no paraba de torcerse de manera extraña. Mi mirada corría por todos lados, no podía mantenerla firme en un lugar fijo, el sufrimiento no me lo permitía. El sudor empezó a deslizarse por mi frente, él se acercó y supe que todo podía ser peor.

Con rudeza, arrodillándose, tomó mi rostro para que lo viese clavando sus dedos en mi barbilla. Ardía. Era destrozada con cada segundo que sonaba en el reloj extravagantemente grande ubicado en una esquina libre de estantes.

-¿Pensaste que saldrías con la tuya? ¿Qué todo sería fácil para las hermanas Howll?- escupió el apellido con desprecio haciendo que mi cuerpo se crispara aún más. – ¡Cállate!- gritó sobre mis lamentos soltándome solo para dejar una marca carmesí en mi mejilla, resonando en el espacio y acallando tan solo los sollozos de Skadi que estaba inmóvil por el shock de todo lo que sucedía con sus ojos fijos en la escena. Le fue imposible no reír ante sus resultados expuestos. –Tus gritos me encantan, me recuerdan cuando eras una pequeña sabelotodo que no paraba de preguntar por su mamá. Esa asquerosa puta de mierda.- bramó con enojo ante el recuerdo de mi difunta madre que poco vivió entre nosotros.  -Quiero que sepas que tengo el conocimiento de que estuviste,  en tus tiempos de aprendizaje en Hogwarts, practicando ese deporte inservible.- volvió a sacudir mi cuerpo manualmente posando sus yemas sobre mi perilla, retomando su acción burda de apretarme a su antojo sin importar el dolor, es más, glorificándose de que no pudiese escapar del  tormento que significaba estar a su disposición tal como había sido años atrás. -¿Acaso llegaste a pensar que aquello sería de ayuda? Vaya imbécil que salió de mi esperma. Aunque debo culpar a la asquerosa desagradecida que te crió.- chasqueó la lengua con hastío.

Sin premeditarlo, sacudió mi cuerpo más de una vez mientras se reía de mis orbes acuosos. Luego se alzó con una mirada ladina de ser rey de toda tortura y me propició una patada en el vientre.

No.

Esto no podía estar pasando. Quería que se detuviera pero no salía palabra alguna de mis labios, solo lágrimas que rodaban por mis mejillas. Mi hermana era quién concedía la voz de este crimen. Entre el hechizo avasallador que me quitaba el poco  juicio que permanecía en mí, el golpe no hizo más que desarmarme. Podía sentir mis piernas mancharse y no, no era porque iba a dar a luz precisamente.

Los gritos se elevaban aún más y  el sabor de hierro en mi paladar no podía pasar desapercibido, no dudaría de que dentro de mi boca tuviese sangre, menos que me haya mordido la lengua por culpa de las convulsiones que progresivamente se volvían más fuertes al no detenerse el bastardo que sonríe al verme. –Y me siento un tanto decepcionado de que no te dignaras a mencionar que seré prontamente abuelo.- no es necesario buscar la reacción de mi hermana porque su chillido de asombro no tardó en llegar a mis oídos en el momento que coincidimos en esta habitación hace varios minutos atrás. -¿Quieres saber algo? No me apetece ser abuelo y menos que tú sientas un gramo de felicidad así que te hablaré de un trato bastante decente. Puedo asegurar que se me podría llamar misericordioso cuando te lo explique.- en un movimiento brusco empujó mi cabeza contra el suelo levantándose para alejarse. –Te dejaré salir de aquí, creo que eso te debería de bastar pero todos aquí sabemos que apareciste porque mencioné que libraría a tu inepta hermana.– chasqueó la lengua dejando en claro el desprecio que le tenía.

¿Cuál era su objetivo de todo esto? ¿Arruinar nuestras vidas? Desde hacía tiempo se había proclamado soberano de nuestras pesadillas.

No pude ignorar las terribles punzadas que perforaban mi estómago. Desde que había pisado esta casa, no había sentido más que temor llenando mi ser. Escalofríos recorriendo mi columna, mi corazón hundiéndose y luchando contra el frío que amenazaba con hundirme. ¿Hasta cuándo podría soportar? ¿Y cuánto más?

Otro grito estremecedor. ¿Un jadeo o un grito? Pude apreciar la reverberación en mi garganta pero nada más. ¿Por qué no podía terminar todo esto? Percibía los temblores de Skadi a la lejanía pero era inconsciente de mi cuerpo y sus emociones. Estaba más allá de lo que hubiese deseado, en un plano totalmente ajeno en el cual retumbaban las palabras del mal nacido que no paraba de lastimarme cuerpo y alma.

Y justo en ese instante, pasó todo tan rápido que no me dio tiempo siquiera a recuperarme. Skadi salió de su trance para correr hacia mi cuerpo, o eso creí cuando su trayecto cambió hacia donde mi varita había salido disparada de mis manos ante el primer ataque.

Rojo nublaba mi visión, estaba perdiendo lo poco que me sostenía. Los gritos de histeria volvieron y el hijo de puta quería arremeter contra la inocencia, si es que todavía no la había perdido en esta cruel mansión, de mi hermana. Ya no había un maleficio contra mi voluntad y no perdí tiempo cuando alcancé la mano de ella. Desaparecimos, como mi consciencia al llegar.

-Nos salvaste, vamos, quédate conmigo. No nos dejes…- el suplicio lleno de lágrimas de ella, aferrándose con fuerza a mi debilitado cuerpo. Me sujeté a sus últimas palabras pero sin ser lo suficiente fuerte, la abandoné. –Por favor…-musitó  ahogando su llanto en un abrazo. En mi fuero interno quería calmarla, decirle que todo había terminado y que estábamos bien. Tan solo un quejido se liberó de mis labios antes de que una presión se expandiera a lo largo de mi pecho, complicando mis sentidos y dándome el vago lujo de desplomarme fuera de cualquier mal que podría acecharnos hasta ahora.


***


Desconociendo por completo el tiempo transcurrido, cuánto estuve sumergida entre sueños. Ajena a la situación que ocurría en el plano real. Mi consciencia exigía pensar con claridad cada detalle, no era una entendida de mi destino y era complicado siquiera asimilar hechos. ¿Realmente todo había finalizado? ¿Al fin podría vivir una vida medianamente feliz lejos del hombre que solo donó el esperma para mi creación? Era difícil contestarme, no tenía el poder de conocer mi futuro. Ese poder que siempre mantuve bajo control y que al presente solo me obstruía el camino para llegar a tal mundo idílico.

No bailaría en el limbo por una eternidad. Por ello, al despertar, pude sentir los brazos de mi hermana rodeando mi cuerpo. Luego, el dolor llegó. No me hizo falta abrir los ojos para saber qué tan jodida me hallaba, mi garganta se encontraba seca producto de los alaridos que había propiciado durante mi tortura.  Las heridas eran otra cuestión, cubrían mi cuerpo ardiendo como el mismísimo infierno en vida. Pero estábamos a salvo. Eso era lo único importante porque desde mi ignorancia era incapaz de pensar en algo mejor o peor que eso.

Distinguí que su cuerpo se movía acompasadamente, estaba dormida. Con cuidado de no despertarla, intenté remover las mantas que cubrían mi cuerpo. Antes de que pudiera mover un solo dedo, un leve dolor de cabeza –pero punzante- se expandió a lo largo de mi cráneo como si lo perforara provocando un gemido ahogado escapando de garganta maltratada. Fue entonces cuando Skadi despertó. Abrazó cada extremo de mi cuerpo como si me fuese a esfumar. Provocó otro –nuevo- gemido que surcó por el borde de mis labios.

-¡Despertaste! ¡Estás bien!- exclamó radiante de alegría –como era ella habitualmente-, deshaciendo un poco el agarre para permitirme recobrar la movilidad. No estaba segura de que “bien” fuese la palabra correcta para describir mi estado físico y emocional. Preferí ignorar el dolor y acercarme a ella para sentir el aroma natural que emanaba de su oscura cabellera, idéntico al de nuestra madre. –Pensamos que te perderíamos.- dijo aunque, prontamente, se corrigió.- Que los perderíamos. No te haces una idea lo que te extrañé. No puedo imaginar cómo habría sido si no te hubieses aparecido. ¿Nos volveríamos a ver algún día? ¿Nunca me enteraría del bebé? Mamá dice que aún podemos encontrar lo bueno dentro de lo malo.- me dedicó una sonrisa curvando sus labios mientras no perdía el brillo de sus orbes. –Tampoco te puedes imaginar lo feliz que está ella por la noticia. Pasó toda la noche cuidándote y… ¡Iré a avisarle que despertaste! ¡Espera aquí sin levantarte!-

Las palabras se quedaron enredadas en mi lengua, sin que pudiera pronunciar alguna mi hermana corrió fuera de la habitación. Esto era lógicamente imposible, lo último de mis recuerdos era mi cuerpo desplomado en el departamento de Dante. ¿Cómo era factible que estuviese en esta habitación? Era la de mi infancia. La que guardó mis lágrimas luego de cada abuso. La que decoró mi madre para mí, en la que me ayudó a admirar los libros. Las que tenía memorias cálidas como borrascosas. La misma que estaba en la mansión de la que huimos. ¿Y acaso ella  había dicho que mamá estaba aquí?

Mis preguntas fueron respondidas con el regreso de Skadi. No estaba sola, mi madre se encontraba a su costado derecho y no hizo falta ningún saludo pues fue inevitable no abandonar la cama para lanzarme a sus brazos. Como la recordaba: hermosa y cálida como un rayo de sol acariciándote.

Perdí la noción de tiempo como de la lógica. Olvidé lo ocurrido, lo que me pesaba porque me sentí seguro por primera vez desde su partida. Las palabras no hicieron falta, tan solo me dediqué a observar con ojos llorosos cada facción de su rostro mientras ella me acariciaba la coronilla de mi cabeza en un gesto maternal que tantos años extrañé. Guió una de sus manos hacia mi vientre y esbozó una resplandeciente sonrisa, una de las que heredó Skadi.

-Mamá, eres tú.- afirmé en un susurro tembloroso, conteniendo la necesidad de encontrar la manera de fundirme entre sus brazos. Sentí el tacto en mi hombre, lo cual me extrañó y, por consecuencia, volteé para encontrarme frente a Eric, quien no dudó en pasar sus brazos por mis hombros y acercarme a su cuerpo. Podía decir millones de adjetivos negativos hacia su persona pero era un pilar en mi vida que no reemplazaría. Su mano –que recorrió mi cuerpo hasta llegar ahí- no deja de frotar mi vientre con una sonrisa que no es borrada por nada ni nadie. Del otro lado, Skadi me sonríe llena de dulzura aunque sus palabras son contrarias a las de mi amigo. De pronto se encuentran discutiendo sobre el nombre del bebé.

-Freya, no puedes pensar en ponerle ese nombre apestoso. Perdón si amas demasiado a tu hermana que lo considerarías pero es una humillación para el bebé llamarse así.- señala exasperado.

Sintiendo la atenta mirada de mi madre sobre nosotros,  un vergonzoso sonrojo apareció en mis mejillas. Esto nunca pensé que sucedería. –Mamá… él es…- sin finalizar la oración, arrugo mi entrecejo.

Algo gotea sobre mi sien, ese sentimiento cuando te cubren con un paño mojado para aligerar la fiebre. Mi visión comienza a ennegrecerse y todos me observan, intento decir que me estoy a punto de desmayar –o esa es la sensación que me recorre- pero ninguno me entiende. Estoicos no pierden de vista el momento de mi caída.

Oscuridad.

Pesar.

Aturdimiento.

Entre la penumbra, distingo aquella impresión mojada como una toalla frotándose en mi frente intentando aliviar mi angustia. Si es que eso era posible. Con cada toque, se sentía el ambiente más cálido y mi somnolencia comenzaba a desaparecer. La pesadez presionada en los ojos disminuía pero… ¿Realmente quería abrirlos? Todo lo anterior no era más que un sueño, un mundo idealizado por mi subconsciente que jugó con mis emociones. Con cada toque mi determinación para hacer control de daños se esfuma, no estaba lista para aquello.

Los murmullos de voces familiares me daban indicios de lo ocurrido y sentía mi alma romperse en silencio.

Había recuperado a mi hermana.

Pero había perdido a mi bebé.
Freya Howll
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Sara Sampaio
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitaria
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 9.452
Lealtad : -
Patronus : -
RP Adicional : 000
Mensajes : 131
Puntos : 46
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t5786-freya-d-howll https://i.imgur.com/OZ0DQVO.jpg http://www.expectopatronum-rpg.com/t5789-cronologia-de-freya-howll#85134 http://www.expectopatronum-rpg.com/t5792-correo-de-freya-howll
Freya HowllUniversitarios
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.