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Loving you Sunday Morning. || Edward.

Zdravka E. Ovsianikova el Mar Ene 15, 2019 4:53 am

Loving you Sunday Morning. || Edward. 2zKXEBK
Una esquina de Camden Town || 6 de enero del 2019, 10:30 horas || Atuendo || Zeta & Edward

Ese día tenía el día libre, pero para variar Dexter tenía que enseñar urgentemente una casa un maldito domingo porque sus compradores no podían ningún otro día, por lo que sus planes se vieron cancelados y tuvo que improvisar. Zeta, como eran de esas personas que no desaprovechan el tiempo libre, decidió tomarse ese día como uno de sus favoritos: en dónde va a tocar a la calle. Llevaba tiempo queriendo hacerlo otra vez, pero de nuevo no había pasado por el ayuntamiento para pedir permiso lícito. Así que, como otras tantas veces, iba a tener que hacerlo en contra de la ley y esperar que ningún policía le pidiese los permisos como para estar tocando en mitad de la calle. Es por eso que optó por un lugar más concurrido y menos central, yéndose a Camden Town, un lugar que todos los días se llenaba de gente y de turistas. Le encantaba tocar ahí. De hecho, creía que era su lugar favorito para ser un músico más de la calle.

Llegó bien tempranito, yendo a su lugar favorito. Se trataba de una de las entradas al mercadillo principal, la cual era a través de un puente que pasaba un pequeño río. Ella se ponía justo antes del puente para no obstaculizar el tránsito y así todo el mundo que entraba y salía por ahí, la encontraba. Además, era la entrada más cercana a una de las bocas de metro. Un lugar estratégicamente elegido.

Había preparado todo el lugar: se había llevado la guitarra y el ukelele, así como un altavoz y un taburete para cuando se cansase de estar de pie, pues pretendía quedarse ahí mucho tiempo. Iba cargadísima en metro, pero cuando llegó casi a las ocho y media de la mañana, tuvo el tiempo perfecto para colocarlo todo. Por suerte en su gran mochila cabía el altavoz, el pie de micro—que era extensible y modular—y el propio micro. La guitarra y el ukelele evidentemente los llevaba en la mano, con sus respectivos forros. Había dejado el forro de la guitarra abierto para que la gente pudiese tirar dinero en el interior, además a un lateral del forro había una montañita de su disco Z-Kaeka, por si alguien quería pagar las diez libras que costaba. Le encantaba tener eso ahí porque sentía un poco el interés de la gente por ello, el cual solía ser prácticamente nulo.

Por regla general, además, no solía tocar canciones propias a menos que alguien le preguntase específicamente por el disco y éste le pidiera que tocase algo para ver si se lo compraba o no. Como es normal, si querías tener ganancias en mitad de un lugar de compras, lo mejor era cantar canciones populares que conociese todo el mundo y versionarlas para intentar llamar la atención de éstos. Pero en realidad por mucha cultura popular que tuviese Zeta, siempre iba a optar más por la música menos famosa y más antigua, su favorita.

Así que ahí estaba a las diez y media, con el sol mañanero y suave dándole en la cara, cantando una preciosa canción de Sting. Ella sola y su guitarra. Y es que cuando se ponía a cantar, todo lo que estaba a su alrededor desaparecía para ella. Hacía un esfuerzo en sonreír o guiñar un ojo si alguien le dejaba dinero, pero cualquiera que la viera, se daría cuenta de que se metía mucho en la canción.

Spoiler:
Imagínate que ella toca la guitarra y canta. El resto no existe. <3
Zdravka E. Ovsianikova
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Edward Westenberg el Mar Ene 15, 2019 3:17 pm

Se estiró para luego rodearse en las sábanas para dar vueltas sobre la cama hasta llegar a una orilla donde hundió su cabeza para soltar un mini gruñido que se traducía en un “no quiero levantarme, no quiero” pero pese a las cero ganas de hacerlo lo hizo de todos modos, el deber llamaba. Y él era un hombre de deberes, que podía parecer un simple joven sin mayores problemas en su vida pero no era así, a su corta edad era el encargado del Caldero Chorreante y aunque en un principio le habían comentado que no sería tan difícil, el tiempo le ha demostrado que pese al buen ambiente y apoyo por parte de todo el equipo que trabaja allí, a veces ese lugar podía ser muy caótico, muy. Es por eso que pese a ser domingo en la mañana, su mañana libre, Edward se levantó con desgana para ir en busca de algo que hace un tiempo se le había metido en la cabeza: remodelar la estética del Caldero. Meses le había costado que la gente más clásica diera el visto bueno, y ahora que lo había conseguido debía poner todo de su esfuerzo para que no llegase a decepcionar.

Tomó un desayuno que parecía como para todo un equipo de fútbol y que él disfruto como si fuera once personas en uno. Frutas, pan, huevos, aguacate, jugos naturales, dulce de azucar, pastelitos, en definitiva asaltó todo lo que estaba en la cocina para terminar prácticamente con el ombligo afuera. Es que para Edward la comida era muy importante, muy pero muy importante, era la encargada del humor que tendría ese día, por lo que se presagiaba que aquel día andaría muy contento por la vida, de esos en que es difícil poder quitarle la sonrisa de su rostro.
Se repuso un poco en el sillón viendo los canales de música en la televisión, la puso a todo volumen, Stella no se encontraba en casa y cuando eso pasaba el castaño armaba conciertos donde él cantaba a todo pulmón y bailaba como si la vida se le fuera acabar. Aunque en esta ocasión no bailó tanto, más que nada porque se sentía un bolita, pero aun así movía sus brazos y caderas desde la comodidad del sillón.

Y cuando ya se sintió más preparado para salir y no correr el riesgo de tropezar y rodar hasta la eternidad por ser un glotón empedernido, salió de casa en busca de su misión. ¿Y cuál es? Se preguntarán, y la respuesta es: encontrar la inspiración para la remodelación del Caldero. El miércoles vendría una diseñadora para poder generar junto a él,  el boceto que más tarde tendría que presentar a los dueños del local para que estos le dieran el visto bueno. Y qué mejor lugar para inspirarse que Camden Town.  Vale, que no se volvería tan loco como para volver el Caldero en un Cyberdog, pero si sentía que debía haber un cambio considerable y que los locales de ese barrio le vendrían perfecto.

Tomó el metro y se fue escuchando el albúm “Please please me” de The Beatles, con los ojos cerrados sonriente. Abriéndolos de vez en cuando para cerciorarse de que aún no llegaba su estación, es que no sería la primera vez que se pasa por andar disfrutando más de la cuenta la música. Al llegar sacó de su mochila una libreta y un lápiz, para poder anotar cualquier cosa que se imaginase al ver esas fachadas tan únicas y llamativas de ese sector de Londres. A su vez tenía su móvil cerca para sacar fotografías, más que nada porque él es muy consciente que sus dotes en lo que dibujo se refiere son peor que los de un niño de cuatro años, miró su reloj marcaba las diez en punto y comenzó su ruta.

Media hora después ya tenía diez hojas llenas de bocetos, frases sueltas, colores y un montón de ideas. Al parecer aquella mañana su inspiración estaba en llamas y él no iba a desaprovecharla. Pero de pronto un dulce y magnético sonido llegó a sus oídos. Y si para Edward una de sus debilidades era la comida, aún más lo era la música. Por lo que cuando vio unos pasos más allá a esa chica junto a su guitarra no dudó en acercarse y poder disfrutar aunque sea unos minutitos de su arte.

Su voz era muy bonita y atrayente, era de esas que te envuelven y te hacen poner una boba sonrisa en el rostro. Edward sintió cosquillas en sus dedos por las ganas incontrolables que le dieron de unirse a su canto y poder hacer un dúo de aquel clásico tan magnífico. Pero se contuvo, y en cambió sacó su móvil y grabó unos segundos de su presentación para mandárselo a Danny con el siguiente texto: “Buenos días, guapa. ¿Segura que no quieres abandonar esos libros feos y venir para acá? Te prometo que este concierto callejero vale más que ese examen” más un cóctel de emojis sin sentido alguno cumpliendo su rol de mala influencia,  espero un poco para ver si la tejona le respondía y suspiró cuando no pasó para guardar su móvil, odiaba cuando venían periodos de prueba en la universidades de Danny, porque se la raptaban y él la extrañaba más de la cuenta.

Edward estaba fascinado con el repertorio de la muchacha, le estaba sonorizando su mañana de clásicos monumentales que lo único que hacían era darle mimos a su corazón musical. Por lo que no dudó en darle una buena suma de dinero y de paso tomar un CD. Y le estaba gustando tantotanto, que se quedó allí a la espera que ella terminase para ver si tenía la oportunidad de hablar aunque sea unos minutos con ella, y había dos alternativas o ella lo encontraba un freak por quedarse allí tarareando todas sus canciones o podrían terminar recorriendo el barrio hablando de música, y el castaño deseaba tanto que sucediera la segunda opción que haciéndose de valor y colocando su mejor sonrisa en el rostro, esa encantadora,  se acercó a ella cuando hizo un break.

- Hola.- le saludó moviendo su manito.- Sólo quería decirte que me ha encantado. Me atrapaste con la versión de Shape of my heart, y ahora no puedo irme.- le confesó con una sonrisa que hasta llegó a achinar sus ojos.- Pues nada, soy tu fan.- agregó mostrándole el Cd que había comprado para luego depositar la mirada en su guitarra.- Buenísima guitarra por cierto, yo tengo un bajo de esa misma marca.- le comentó, para ver si así ella se animaba a hablar un poco de música.

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Edward WestenbergMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Mar Ene 15, 2019 10:17 pm

Con una botellita de agua al lado para refrescarse la garganta de cuando en cuando, Zeta se pegó bastante tiempo cantando en aquel lugar en la calle, sin mucha más intención que pasárselo bien. Era bien consciente de que mostrando tu arte en la calle ganabas muy poco dinero, pero la verdad es que a ella le gustaba más el reconocimiento, las sonrisas de la gente y ver cómo más de uno se paraba a cantar contigo. Porque si fuera por dinero... directamente no cantaría en la calle. Cantó canciones como Lithium de Nirvana, Hallelujah de Jeff Buckley, Lay Down Sally de Eric Clapton, Jolene de Dolly Parton y algunas más actuales para los más jóvenes como Human de Rag'n'Bone Man, Can't stop the feeling de Justin Timberlake o Maps de Maaron 5. Y la verdad es que para su suerte aquel día había bastante movimiento por Camden Town, por lo que no se podía quejar de lo generoso que se habían vuelto los británicos con la música en directo.

La verdad es que a veces se metía tanto en su papel de músico incomprendido que no se percató de que por la zona había un chico emocionado con su música. De hecho, cuando terminó de cantar Jolene y se tomó un descanso para beber agua y coger un poco de aire, ese chico—del que si había dado cuenta que le había dejado dinero—se acercó a ella, con un saludo muy básico.

Le hubiera encantado saludarle con un 'hola' igual de simple, pero le cogió precisamente con la boca llena de agua, por lo que le saludó zarandeando la mano mientras cerraba la botella. Además, casi atenta a que lo escupiera todo con ese 'y ahora no puedo irme' tan resignado y divertido que le había salido. No lo iba a negar: le llena de orgullo  y satisfacción que personas como él reconocieran su trabajo y se parasen a decirle sencillamente que le había gustado un cover. Ya Zdravka se iba a casa feliz, sólo por eso. ¡Y ya cuando vio que se había hecho con el CD! Tragó, al fin, que de la emoción se le había olvidado hasta tragar.

—Gracias —le respondió, con genuina gratitud, para luego señalarle al disco que tenía en la mano. —En el CD no hay covers, son todas canciones mías. Lo que si me pongo a cantar canciones mías aquí, evidentemente no se para nadie. —Le advirtió. Lo ponía en un cartelito al lado del montoncito de discos, pero quizás no lo había leído. En realidad nadie solía leer ese dichoso cartelito, no sabía para qué lo llevaba.

Miró a su guitarra, apoyada en el taburete, cuando la mencionó. Era una guitarra electroacústica de color rojo, una APX de Yamaha. Le había costado LA VIDA comprarse esa guitarra, pero había sido una de sus primeras inversiones y le tenía un cariño incalculable a esa guitarra. La sujetó por el brazo, mostrándosela como quién muestra con orgullo a su perro dando la patita.

—Yamaha siempre es una apuesta segura —le respondió con una sonrisa. —Te presento a Mushu, mi guitarra electroacústica. La verdad es que la pobre ya tiene sus heridas de guerra... pero no la cambiaba por ninguna —añadió al darse cuenta de un raya en el lateral. Y sí, Zeta tenía cinco instrumentos propios y todos tenían nombre. Y es que ella no quería hijos y le ponía nombre a sus instrumentos, así era su vida de interesante. Tal y cómo estás pensando, su guitarra era roja como Mushu y como cualquier muggle adoraba Disney, por lo que todos sus instrumentos musicales tenían nombre de personajes de Disney, normalmente asociados a su color.—¿Entonces tocas el bajo? ¿Por... hobbie? —Intentó adivinar.

Y se aprovechó, por supuesto. Ya que el chico había ido a hablar con ella y ella se moría de hambre—pues es de las que desayunan un yogur y ya—aprovecharía para recoger mientras tiene una agradable conversación. Y luego iría a esa tienda en donde te vendían cereales especiales con leche especial. Llevaba siete años en Londres y todavía le maravillaba esa tienda de Camden Town. Era sin duda su favorita.
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Edward Westenberg el Mar Ene 29, 2019 1:44 am

Edward siempre ha encontrado la vida muy traviesa. Uno piensa que tiene las cosas muy claras y ordenadas y ella viene y te pone todos pies para arriba. O simplemente te otorga algo inesperado en tu camino, que hace que detengas aunque sea por unos minutos tu tan seguro andar.  En esta ocasión, lo que detuvo la ruta de "En busca de la remodelación del Caldero pérdida" que el castaño sostenía tan sonriente y seguro por las calles de Camden Town, fue una chica que llegó a su vida a través de sus oídos.  Y como una flautista de Hamelin profesional, con su voz lo atrajo hacia ella y lo dejó clavado allí hasta que esta se diera un break y el pudiera traducir en palabras lo que había sido escucharla durante ese breve periodo de tiempo.

Había reconocido cada una de sus canciones escogidas y había disfrutado de sus arreglos enormemente, siempre se creía que volver algo nuevo clásicos de ese calibre era muy difícil, más que nada porque su materia prima era tan buena que superar algo así era algo casi imposible.  Pero Edward pertenecía al grupo de músicos que creía que lo nuevo aún podía existir, y que sí podía suceder ese extraño suceso en que escuchas un cover y logra que al menos por una fracción de segundos olvides su origen y te entregues a esta nueva versión que esa persona confeccionó. Y la versión de Shape of my heart de esa chica, había logrado que Sting desapareciera por uno segundos de la historia de la música británica y ella fuera la única dueña de esa canción.  Y era tan bonito cuando eso pasaba, que hizo que el castaño se quedase allí, esperando poder hablar con ella, aunque fuera un poco de música, de la vida y nuevamente de música.

Sonrió cuando le escuchó hablar.-Pues deduje que eran todas tuyas. Ya que siguiendo la línea del concierto que hiciste ahora (uno muy bueno, por cierto) y de ese nivel de clásicos, creo (y que Apolo venga tras de mí sino) que jamás escuché uno llamado "Reliance" o  "Get rid of you", aunque pueden llegar a serlo algún día claro. Aunque si me apresuras, podría decir que el más tentador (al menos para mí) ha sido el título de la número cuatro, "Swim in fire".- le confesó junto a una sonrisa, encogiéndose de hombros.- Pues, creo que tampoco estaría mal que quizás entre medio de canciones vayas cantando algunas tuyas, así la gente estará más tentada de comprar tus Cds, yo lo hice porque, pues no sé, soy así. Me gustó tu voz, tu estilo, y me dije: Vale, algo más horrible que "Gangnam style" no creo que me encuentre.- bromeó divertido. - Ok no. Hablando en serio, pues, me gusto mucho tu voz y creo que este Cd puede ser muy bueno. Ya cuando lo escuche te buscaré por las redes diciendote si sigo siendo tu fan, o quiero devuelta mi dinero.- terminó por bromear nuevamente, soltando una risa, comprobando que eso de hablar en plan serio con alguien le costaba todo un mundo.

Soltó una risita que hizo que hasta sus ojos se le achinaran al escuchar el nombre que le tenía a su guitarra, él también le tenía nombre a su bajo. - Un gusto conocerla y escucharla, señorita Mushu.- hizo una pequeña reverencia hacia la guitarra electroacústica con su cabeza más unos movimientos de brazos, dignos de un gran caballero de la corte real, para luego reír.

La palabra >>hobbie<< le había caído un poco como una patada en pleno estomago. Pero sabía que esa deducción la podía sacar cualquiera, él no era el que andaba con todo un armamento de cosas para cantar sus canciones en las calles de Londres, sino que era un chico  cualquier que se había detenido a escucharla, y diciéndole que tenía un bajo de su misma marca. Además, se merecía ese título. Este último año había dejado muy de lado la música, pero eso mismo hizo que supiera que era eso a lo que quería dedicarse toda su vida, e hizo que comenzara a trazar sus planes a futuro para lograrlo.

- No creo que la palabra hobbie resuma la relación que tengo con "Yellow" (mi bajo), pero en la actualidad estamos teniendo una relación complicada, pero con ganas de mejoría. Estoy juntando el dinero para poder entrar a estudiar Composición e interpretación músical este otro año. He tenido que darme una vuelta más larga para poder tomar la decisión, pero ya lo he hecho y ahora estoy trabajando por ello.- le comentó sonriente, encogiéndose de hombros mientras se desordenada inconscientemente su cabello. Hace muy poco había tomado esa decisión por lo que decirle en voz alto aún le resultaba extraño.

En eso observó que la chica comenzaba a desmantelar todo y a guardarlo en sus respectivos bolsos.- ¿Necesitas ayuda?.- le preguntó acercándose a ella. Y sin siquiera esperar que le respondiera afirmativamente comenzó a ayudarla a guardar y ordenar las cosas.- ¿Tienes algo que hacer ahora?.- le preguntó curioso, clavando su mirada en ella.- Podríamos ir a tomar o comer algo.- agregó ofreciéndole una sonrisa encantadora. - La verdad es que ...- detuvo su accionar y la miró.- ...he tomado la decisión de estudiar aquello, pero aún tengo muchas dudas ¿sabes? y bueno ahora te ví y pensé que hace mucho no hablo con gente del rubro, con gente que me pueda hablar de cerca, y no sé...bah, que quizás te resulto ahora un chico todo molesto. Y vale, que sí, puedo serlo. Y no dudes en mandarme a volar, eh. Que soy de los que entiende a la primera y lo respeta. Pero mira, que sólo quiero hablar de música, y rayar un poco con ella que hace mucho no lo hago porque con la gente me controlo...que una vez hablé como tres horas seguidas como existió un antes y un después en Los Beatles después del álbum The White y me dejaron muy en claro que a veces me emociono más de la cuenta .- señaló divertido. Sus deseos eran sinceros, no se había acercado con planes de hacerse el lindo con la chica, que por más que la encontraba sumamente guapa, no había sido su belleza la que había capturado su atención, sino que su música y cómo es que ella la vivía y lograba transmitirla, de esa manera tan encatadora al resto.

- Entonces, ¿aceptas ir conmigo por un jugo, té o café?.- le preguntó ladeando un poco su cabeza y ofreciéndole la mejor de sus sonrisas. -
Edward Westenberg
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Edward WestenbergMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Feb 09, 2019 2:59 am

No lo iba a negar: se emocionaba cada vez que alguien compraba su disco y, sobre todo, cuando le dejaban ese feedback necesario después de haberlo escuchado. Y bueno, el hecho de que una persona se acercase a ella tras haberle comprado el disco, ilusionado por lo que poder encontrarse dentro, pues le hacía mucha ilusión a ella. El interés en su música, fuese como fuera, siempre era bienvenido y aumentaban sus ganas de seguir trabajando en todo lo que le gustaba. En estas ocasiones se daba cuenta de por qué perdía el tiempo trabajando en una tienda de comida, pero luego caía en que Londres era muy caro y sino lo hiciera tendría que vivir debajo de uno de los muchos puentes que cruzan el Támesis.

Curvó una sonrisa cuando mencionó alguna de sus canciones, aunque sobre todo la de ‘Swim in fire’, una canción que Zeta había compuesto hacía ya mucho tiempo. Con diferencia era la más sensual de todo el disco y él se daría cuenta cuando la escuchase, pues precisamente era eso: tentación. Eso de querer algo, de necesitarlo, pero saber qué está mal y que sólo te hace el mal. Ella no solía decir nunca de donde salía la inspiración de sus canciones y no le gustaba hacerlo, más que nada porque quería que otras personas pudiesen sentirse identificadas con las canciones en su propio mundo, no que se sintiesen identificadas con la historia precisa de Zeta. Se perdía la magia cuando un artista decía el por qué detallado de una canción; o al menos así lo creía ella.

—Es, sin duda —le confirmó cuando mencionó la cuarta canción del disco. Luego se encogió de hombros. —Es difícil porque la gente que suele venir a estos sitios es para hacer compras o pasar el rato en compañía y una buena conversación y, en ambos casos, música desconocida suele pasar desaparecibida a tus oídos. Mi intención es captar la atención del resto con cosas que sé que triunfan, ¿sabes? —Le contó el por qué de no tocar sus canciones. —Suelo dejar mis canciones cuando sé que hay gente que realmente quiere escuchar algo nuevo: en conciertos y cuando tocó para dar a conocer mi trabajo, no cuando quiero que me conozcan a mí. No sé, es diferente, creo… —Y mostró una divertida sonrisa, sin tener muy claro si hacía bien o hacía mal. Ella no era ninguna experta en el  tema, ni de lejos, de hecho le gustaba considerarse una novata en el tema y aprender en cada pasito que daba. —Bueno, ahí dentro tienes mis redes para que me puedas hablar al instagram echándome pestes de lo que has escuchado —le dijo divertida, señalando con la mirada el CD que todavía tenía en la mano.

Le ‘presentó’ a su guitarra como si fuese su mejor amiga de toda la vida y se puso a recogerlo todo tranquilamente. Tenía ganas de desayunar algo y era muy consciente de que probablemente la tienda de cereales estuviese hasta arriba de gente porque era domingo, pero le dio un poco igual. Ella quería cereales y punto. Así que mientras recogía, escuchó al chico.

—Bueno, un hobbie quiere decir que lo que haces es por gusto; por pasión. No hay nada más reconfortante que poder cobrar por algo que te apasiona, eso está claro, ¿pero acaso te crees que yo estoy aquí por otra cosa que no sea por hobbie? —Le preguntó, pues creyó que el chico estaba justificando el hecho de que no quería dedicarse sólo por hobbie a la música. —El punto está en cuánto te apasiona como para volcarte y dedicarte a ello, por muy difícil que sea.

Porque a veces Zeta pensaba que por qué no se metía en un trabajo mucho más fácil y se dejaba de ‘tonterías’ con lo de la música, con lo difícil que era triunfar. ¿Pero sabes qué? Se había dado cuenta que hasta un pequeño éxito, ya sabía a gloria. Y triunfar, por pequeñito que sea, en lo que te gusta, valía la pena totalmente.

Al ver que estaba recogiendo, él se puso a ayudarla prácticamente sin preguntar, ya que por mucho que lo hubiese hecho por educación, no dejó que Zeta dijese nada. Aunque bueno, qué iba a decir ella: con todo lo que tenía allí desmantelado, la verdad es que le parecía hasta de agradecer una mano amiga que le ayudase a recogerlo todo. Así que no dijo nada y sencillamente le escuchó. La verdad es que lo primero que pensó, por cómo lo había dicho, es que estaba ligando con ella: ¿ir a comer algo no sonaba a cita improvisada? Sin embargo, lo miró y lo analizó, viendo como incluso se puso un poquito nervioso con el hecho de que sólo quería hablar de música. La verdad es que a Zeta le encantaban esos planes improvisados, pero odiaba no ser clara con sus intenciones o no pescar a tiempo las intenciones de otras personas. Y lo último que quería era aceptar pensando que hablarían de música y que luego la otra persona tuviese otros intereses y se pensase que Zeta le estaba siguiendo el rollo.

Guardó la guitarra en su funda dura y comenzó a ordenar los cables, mirándole con una sonrisa por todo lo que decía.

—Cereales —le respondió a su última pregunta. —Y luego si quieres café, pero primero cereales. Supongo que conoces la tienda de Cereal Killer. Está en el centro, ahí dentro. —Señaló con el pulgar al mercadillo de Camden Town, que quedaba cruzando el puente que tenía a su espalda. —Tengo antojo de cereales.

Él no tenía por qué saber que Zeta tenía antojo de cereales todos los días a todas horas. De esa manera, podía pasar por una persona normal con antojo por los cereales de manera totalmente puntual.

—Yo tampoco me rodeo últimamente de muchas personas con las que poder hablar de música, así que me gusta tu oferta. No te conozco y no sé qué pretendes, pero ya te aviso de que tengo novio y espero que tu intención no sea ligar, porque si bien no te golpearé con la guitarra porque me costó mucho, sí te puedo golpear con el altavoz. —Le advirtió, muy divertida, señalándole con el dedo índice. Quiso sonar desenfadada sólo como aviso, pero en absoluto como una amenaza real. Zeta solía sencillamente darle la espalda a la gente que no le interesaba y que iban con esas intenciones. —Así que bueno… —dijo mientras se agachaba a coger algunas cosas y meterlas en su mochila. —¿Y qué dudas tienes? Yo justamente empecé a estudiar eso en mi país, pero cuando llegué a Londres estudié Producción Musical porque creía que era en lo que más cojeaba. —Y porque componer e interpretar, aunque todavía le faltaba mucho, mucho por aprender, quería creer que era lo que mejor llevaba. Eso sí, de cómo producir una canción no tenía ni pajolera idea antes de estudiarlo. —También he tomado clases de canto. Si bien me apasiona todo, he de admitir que lo que más me gusta es cantar.
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Edward Westenberg el Lun Mar 04, 2019 4:49 pm

Edward había detenido su andar sin pensarlo dos veces, era consciente de que la remodelación del Caldero no podía tardar mucho tiempo, pero también sabía que si no se quedaba a escuchar a esa chica con tan encantadora voz, más tarde se arrepentiría, y mucho. Imaginense en un futuro es la nueva Janis Joplin, o Patti Smith de la música y él simplemente pasó de largo porque tenía que cumplir deberes. Pues no, no se lo podría perdonar. Así que ahí se quedó, sonriente y disfrutando de la agradable música que las calles de Londres le ofrecían aquel día.

Espero hasta que la chica terminase para poder acercarse a ella y decirle lo mucho que le había gustado su concierto, tanto así, que hasta terminó comprando su Cd´s, y con muchas ganas de llegar a escucharlo en el primer equipo que se topara. Y dicho y hecho, haciendo gala de su sociable personalidad le habló a la castaña, y le comentó hasta qué canciones sólo de vista le atraían enormemente.

- Entiendo...- musitó cuando la chica le comentó el por qué no cantaba sus canciones. Él jamás había salido a las calles a cantar ni canciones conocidas, ni mucho menos sus propias canciones. Teniendo en cuenta que recién hace unas semanas había cantado por primera vez enfrente de alguien que no fuera él, eso lo veía muy lejano, pero no imposible. Por lo que podía dar su opinión pero más allá de eso, se lo dejaba a los expertos. - ¿Y tienes algún concierto tuyo pronto?.- preguntó curioso. Quizás llegaría a su casa y detestaría sus canciones, pero algo le decía que eso no es lo que sucedería, sino que todo lo contrario. Por lo que el castaño prefirió asegurarse de obtener todos los datos posibles, para luego tomar la decisión si ir o no a ver un concierto mucho más personal de la chica. Sonrió cuando dijo lo de tirar pestes por las redes y negó con la cabeza.- Que no, que jamás me he considerado un hater en las redes. Pero si quizás te mande un DM, diciendote: Devuélveme mi dinero, Señorina.- bromeó sonriente.- E.west, es mi instagram. Por lo que si un loco que sólo sube fotografías de paisajes o animales callejeros te habla un día, pues ya sabes quién es....yo.- dijo apuntandose con su dedo índice el pecho, sin perder jamás la sonrisa.

Cuando le presentó su guitarra no pudo no pensar en su bajo, y en como él también le había puesto un nombre porque desde que se lo habían regalo más que un instrumento se había convertido en uno de los mejores compañeros de su adolescencia y juventud. Y cuando observó que ella comenzó a recoger sus cosas, él no tardó en ayudarla en aquella misión, y de paso invitarla a comer o tomar algo por ahí.

- Es verdad...- musitó arrugando su nariz pensativo.- Jamás lo había visto de esa manera. Y así como lo dices, pues sí...la música es mi hobbie desde hace mucho tiempo.- terminó por decir convencido de la nueva visión de aquella palabra, que antes no la tenía en tan buen estima. Y sonrió porque eso es precisamente lo que le gustaba a la hora de conocer a personas nuevas, que traían a su vida nuevas visiones y le hacían replantearse las cosas que hasta el momento creía verdaderas, por muy banales que sean.

- ¡Claro que la conozco!.- exclamó cuando la chica nombró la famosísima tienda de cereales Cereal Killer.- La primera vez que vine a Camden Town, mis padres no hallaban forma de sacarme de allí.- confesó negando con la cabeza divertido, descubriendo que desde el origen de los tiempos siempre ha sido un glotón.- Pues, me parece perfecto ir para allá. Ya desayuné pero siempre, siempre hay espacio para cereales.- agregó divertido, mientras se daba palmaditas en su panza.

Soltó una risa cuando escuchó sus siguientes palabras y negó con la cabeza.- Pues no te preocupes, mi intención no es ligar, también tengo algo con otra persona y la quiero demasiado, así que tranquila. Es sólo hablar de música, de verdad. Bueno, también de otras cosas no soy tan monotemático, pero bueh... ya me entiendes.- le dijo desordenandose el cabello  mientras se encogía de hombros, y le ofrecía una sonrisa que achinaba sus ojos.

- Pues, la verdad he estado averiguando cuál puede ser el mejor lugar para estudiar música acá. He visto un par de opciones pero aún no estoy muy seguro. Aún no sé si entrar a una Universidad o Academia. Y lo otro es que a mí me gusta componer y cantar por igual ¿sabes? Desde pequeño flipe con no sólo escuchar la música sino que verla, poder verla en mi cabeza mientras la escucho. Y cantar, bueno también me gusta mucho pero tan sólo lo he hecho frente a una persona, y algo borracho. No sé, me es más difícil, pero me gusta, sólo que cuando me encuentro en la soledad de mi habitación.- soltó una risa y bajó la cabeza algo avergonzado, sólo un poco, ya que rara vez Edward Westenberg se sonrojaba.- Por lo que no sé aún si tomar de lleno composición músical o interpretación. No se sí me doy a entender...- terminó por  decir junto a una mueca.

Cuando ya todo estuvo guardado, tomó un par de cosas de la chica y comenzó a caminar junto a ella hacía la tienda de cereales.- ¿Tú hace cuánto te dedicas a la música? Dijiste que aprendiste en tu país, ¿de dónde eres?.- le preguntó curioso.
Edward Westenberg
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Edward WestenbergMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Miér Mar 06, 2019 12:35 am

—Desgraciadamente no suelo ser una músico con conciertos muy seguidos —le respondió con una sonrisa divertida, encogiéndose de hombros. —Las cosas suelen salirme de una semana para otra, cuando consigo la oportunidad. Si tantas ganas tienes, sígueme en redes que ahí lo pongo todo.

Por ahora tenía algo hablado con un tipo de un local, pero como no había nada confirmado, no quería ir diciéndolo por ahí. Odiaba dar publicidad a los sitios que no le han dado nada, así que hasta que las cosas no saliesen como debían salir, se lo iba a tener callado.

Le pareció gracioso que mencionase el perfil de su instagram, en donde solo subía cosas de paisajes o animales, todo muy instagramer, en realidad. Por su parte, el perfil de Zeta, de nombre Z-Kaeka, era muy diferente. Subía carteles de sus conciertos, pequeños vídeos de ella cantando alguna canción como cover, fotos profesionales de ella en donde salía realmente sexy y, como todas las personas un poquito payasas, alguna que otra haciendo el tonto. Aunque lo que más spammeaba, en realidad, eran conciertos y más conciertos. Pero vamos, ¿qué esperábamos de una persona que intenta ganarse la vida como músico? No por nada había conseguido ya casi veinte mil seguidores, ¡era un pasito! Se encargaba de mantener sus redes muy activas, la verdad.

—Oye, oye, esto ya no admite devoluciones, ¿eh? ¿No lo ponía en el cartel? Bueno, te lo digo yo: ese disco ya es para toda la vida —le bromeó con respecto a la posibilidad de que no le gustase y quisiese devolverlo.

Ella pasó mucho, mucho tiempo en su instituto tocando sólo por hobbie, pero luego se dio cuenta de que quería convertir precisamente ese hobbie en dinero. Eso podía ocasionar dos cosas: que terminases odiando tu hobbie por convertirlo en una responsabilidad o que terminases siendo feliz aunque no ganases dinero. Por suerte para Zeta, se había tomado todos sus años en Londres con muchísima filosofía después de una depresión tras otra por creer que este camino no era el suyo. Sin embargo, el camino hacia la fama es desagradecido y muy complicado.

Se mostró sonriente cuando dijo que le parecía perfecto ir al Cereal Killer y es que… era un lugar muy, muy agradable y acogedor. Y encima te daban de comer cereales en un ambiente infantil, ¿había mejor lugar en donde empezar a soñar con música?

—Ah, bueno —le respondió divertida cuando le contestó que no era su intención ligar. —No sería la primera persona que finge interés por la música y en verdad tiene interés en otra cosa. Es decepcionante cuando intentas mantener una conversación sobre música y sólo notas como se esfuerza por no parecer idiota. —Y lo decía sólo como anécdota y para que no se pensase el pobre chico que se creía ahí Miss London. En realidad no, pero ya había pasado mucho por eso y quería ahorrarse situaciones incómodas.

Mientras Zeta le contaba un poco lo que había estudiado y recogía las cosas, le preguntó a él por su experiencia y sus dudas, ya que básicamente le había dicho de hablar de eso. La verdad es que la chica era muy extrovertida y ya como le dijeses de hablar de música, se podía pegar hablando contigo horas, sobre todo si había un par de cervecitas en medio.

Entendía que le gustase eso de componer y cantar por igual, a Zeta le pasaba lo mismo, pero no entendía por qué él lo veía como algo negativo.

—Sí, claro que te das a entender —le respondió, para entonces mojarse los labios antes de contestar. —Eso es complicado en realidad, todo depende de tus preferencias y virtudes. Yo cuando llegué aquí estudié Producción Musical porque era en lo que menos sabía y quería sentarme y producir mi propio disco, ¿sabes? Pero porque aunque el resto de cosas necesite de estudio, es algo que vive más en ti. —No sabía si se estaba explicando, en realidad. —Es decir, ¿has compuesto ya algo? ¿Sabes cantar bien? Porque si ya has compuesto cosas, quizás lo único que necesites para seguir avanzando es cantársela a la gente, ver si en realidad es bueno, merece la pena... Y te lo digo en serio, a veces las clases te enseñan a perfeccionar, te dan trucos, te enseñan lenguaje musical, vale... pero si ya has compuesto es muy necesario que se lo muestres a la gente o nunca vas a salir de tu burbujita. Al principio cuesta, lo sé. Pero primero tienes que ver qué es lo que tienes, antes de elegir. —Le dio su opinión más sincera. —Que parece que yo tuve claro meterme en lo que me metí, pero ni en broma. Me pegué meses eligiendo en lo que me sacaba dinero repartiendo publicidad. —Se puso la mochila en la espalda, bien sujeta. —Pero vamos, elijas lo que elijas, la música es un todo. Si vas a una academia a aprender Equis, el resto de incógnitas las vas a tener que mejorar por tu cuenta.

La música: un continuo aprender. Y ya luego te metías en el trap y sentías que en tantos años no habías aprendido nada. ¡Ese dichoso estilo de música le volvía loca!

—¡Oh! ¿No se me nota? —Zeta tenía acento, aunque seguramente después de tantos años se le hubiera suavizado. —Soy eslovena. Empecé a los… a ver, depende. Mi padre me empezó a enseñar a tocar la guitarra a los nueve, pero no empecé a componer hasta los quince, ya en el instituto, en esa época en donde crees ir en contra del sistema y te creas enemigos sin sentido por las modas y las notas. Una época preciosa. —Ironizó, alzando sendas cejas. Ugh, el instituto, con lo poco que le gustaba a Zeta estudiar. Tras colocarse la mochila, cogió el forro de su guitarra con la izquierda y el altavoz con la derecha, para empezar a caminar. —¿Y tú? ¿Cuándo empezaste a darle amor a tu bajo?
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Edward Westenberg el Miér Mar 13, 2019 3:01 am

Tanto hablar de las redes y la plataforma de instagram hicieron que Edward terminara por sacar su móvil, abrir la aplicación, y en un rápido mover de desos, un click por allá y por acá, terminar por agregar a la chica.- Listo, agregadisíma.- le dijo, ofreciéndole la mejor de sus sonrisas, para luego volver a guardar su móvil, no sin antes revisar si Danny le había respondido su mensaje, pero tan solo le bastó volver a mirar la hora para darse cuenta que al menos en un par de horas más no iba a tener respuestas de la tejoncina dormilona.

- ¡Hey, pero esa es publicidad engañosa! Que si no sale en la portada lo de prohibirse la devolución, es que se puede.- exclamó divertido, poniendo postura de indignación y todo, para luego echar a reír.- Que no, no creo que tras escucharlo quiera devolverlo. A lo más, haré un insta stories etiquetandote en plan: "Aquí, escuchando a ...-hizo una pausa para volver a mirar su nick en la contraportada del Cd.- ...Z-kaeka".- terminó por decir simulando estar escuchando algo, haciendo un pasito que se repetía como cual boomerang.

Y de ahí comenzaron a hablar de un tema que a Edward le gusta montón: la música. De sus instrumentos, sus visiones, y reflexiones entorno a una arte que por más de ser muy difícil traía consigo mucha felicidad. A modo personal, al castaño le gusto mucho la forma que tenía de ver la música la castaña, su manera de expresarse al hablar de ella, y para qué hablar de la manera en que la transmitía a través de su voz...simplemente le parecía increíble. Es por eso que se aventuró a invitarla a comer por ahí, porque no quería que tan interesante conversación tuviera un final así sin más.

- Que pereza.- dijo junto a una mueca al escucharla decir que mucha gente se le había acercado para hablar de música y después sólo resultaban ser unos idiota ligones. Y que él no se creía una santo y  jamás diría que no hubiera intentando algo más que hablar de música con la castaña, ya que la encontraba muy guapa, pero en estos momentos no le nacía intentar nada con nadie que no fuese su tejoncita favorita.- Pues, yo prometo que mis intenciones son sólo musicales.- terminó por decir, llevando sus dedos al pecho donde hizo una cruz para terminar elevando su mano izquierda, en plan promesa bien prometida.

Cuando la castaña le dio el visto bueno para irse a otro lado a comer cereales, el mago comenzó a ayudarla a recoger sus cosas y de paso  le comenzó a hablar de sus inquietudes y dudas con respecto a sus siguientes pasos a seguir dentro de la música. Ya que si quería comenzar a tomarselo de manera más profesional, quería hacerlo de la mejor manera, y qué mejor que saberlo de una persona que ya llevaba bagaje encima.

Asintió cuando le preguntó si había compuesto algo. Lo hacía desde pequeño, donde en las tardes se sentaba junto a su madre quién aparte de aprender a no solo escuchar la música sino que poder verla, le explicaba como ella creaba sus canciones, y como todo niño, Edward no tardó en imitarla. En un comienzo creó canciones burdas como lo mucho que quería las pizzas, o lo increíbles que eran las vacaciones, para que luego, al pasar del tiempo, sus composiciones comenzaran a volverse cada vez más profundas.- La verdad, pues sí me gusta mucho componer, y sé que me falta eso de...salir de mi burbuja. No sé...bueno, es que mi madre es cantante de blues. Y siempre de más pequeño ella escuchaba mis canciones, y las alababa diciendo que llegaría a ser un gran músico, pero de un momento a otro, cuando llegó la adolescencia y todo lo que eso conlleva, me volví una ostra ¿sabes? bueno, a lo que música se refiere. Pero que va, sí. Eso ya es tiempo pasado.- dijo encogiéndose de hombros con una tenue sonrisa de lado.- Hace poco compuse una canción, y no es por ser egocéntrico y eso, pero creo que es lo mejor que he hecho hasta ahora. Y sí, creo que tomaré valor y se le mostraré a alguien.- terminó por decir convencido de sus palabras. Y esperando que esa convicción siguiera en él cuando su camino se separará de la muggle.

Comenzaron a caminar y las dudas comenzaron  asaltar la cabeza del castaño.- La verdad, ahora que lo dices, pues sí, se te nota.- le dijo sincero y sonriente, para luego escuchar atentamente su historia, o una pequeña reseña de ella, con la música. Luego vino su turno.- Bueno, como ya te dije mi madre es música, entonces prácticamente crecí en su habitación que convirtió en estudio. Pero no fue hasta los seis que comenzaron a probar distintos instrumentos para mí, el primero fue el violín, un desastre total, luego vino el piano, que me gusto pero no me apasionaba del todo, luego probé con la guitarra que también nos llevábamos bien pero aún no era la conexión total, hasta que en mi cumpleaños número 13 llegó a mi vida el bajo. Y fue como amor a primera nota ¿sabes? y bueno, desde ahí no lo solté más hasta que hace un par de años atrás, lo dejé un poco de lado, hasta que hace un tiempo lo volví a tocar y fue como si el tiempo no hubiera pasado. Pues no sé, volví a él más inspirado que nunca.- terminó por decir sonriente, contento de haber vuelto a sentir esa pasión por la música como cuando era más pequeño.

Llegaron al local y estaba repleto de personas, en su mayoría turistas que sacaban fotografías como locos a diestro y siniestro, y que claramente Edward mientras tenía oportunidad se colaba a sus fotos con rostros graciosos.- ¿Y aparte de la música te dedicas a algo más?.- le preguntó mientras esperaban en la fila. Ya que el castaño era muy consciente de que vivir de la música, y el arte en general era bastante complicado.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Jue Mar 14, 2019 3:39 am

La verdad es que en otra ocasión quizás no, pero no sabía por qué, ese tal Edward le inspiraba buen rollo con eso de que sólo tenía intenciones musicales. No sería, de nuevo, la primera vez que una persona le dice que nada de ligues y luego terminaba ligando igual. Mira que Zeta siempre había sido muy fácil a la hora de ligar—aunque no se acostase con cualquiera—pero siempre había sido muy fiel a sus parejas. Cuando tenía parejas, nada de nada.

Es por eso que fue junto a aquel chico al que le sacaría unos cuantos años al Cereal Killer a desayunar como dos buenos niños pequeños de corazón.

Él le contaba que desde jovencito había compuesto, pero que hasta hace poco no consideraba haber hecho algo que realmente mereciese la pena. Entendía muy bien todo lo que le decía, pues uno cuando se dedica a esto es muy crítico con sus propias cosas y uno termina pensando que todo lo que hace es una mierda. Por eso, precisamente, no está mal mostrárselo a otras personas de confianza. Si son realmente de confianza, te dirán si está guay o no, en qué debes mejorar o esforzarte más.

—No suena egocéntrico —le respondió para que no se sintiese mal. —Uno tiene que valorar lo que hace. Si no lo valoras tú, ¿quién lo va a hacer? —Bufó, pues era la cruda realidad.

A ella le costó mucho terminar de producir todas las canciones de su disco porque nunca estaba satisfecha con el trabajo y siempre creía que se podía mejorar más y más, pero claro, ¡todo se puede mejorar siempre! Había que ser contemplativo y pararse durante un momento a pensar que quizás todo ya esté bien y mostrársela a las personas para ver si gusta o no. El trabajo del músico es así, un proceso. A lo mejor te puedes pegar meses con una sola canción, luego la tocabas y no le gustaba a nadie. Y eso podía pasar perfectamente.

Le contó entonces la historia de cómo empezó con la música, haciendo sonreír a la eslovena. Le parecía muy bonito cuando todo venía de familia. En su caso su padre no era músico, pero siempre fue un fiel amante de la guitarra y se lo había contagiado desde bien pequeña a su primogénita.

—Eso está bien, a veces la vida te aleja de la música pero siempre puedes volver ahí, que te va a estar esperando para recibirte con los brazos abiertos —mencionó, casi con cariño hacia la tan adorada Música.

Una vez en el local, esperaron pacientemente en la fila. La verdad es que al menos ella no tenía prisa, pues no tenía ningún tipo de obligación que hacer después. Lo único que le molestaba es que iba cargada, pero vamos, tampoco le importaba. Con todo lo que había recaudado tocando esa mañana se iba a pagar el tazón de cereales más grandes y aún le sobraban veinte libras, aproxiadamente. No estaba mal para no haber tocado más de hora y media. Había sido el poder de los domingos, que Camden Town se peta.

—Sí claro, ¿qué clase de ser de clase media puede vivir sólo de la música? Todavía no he dado el boom como Ariana Grande. Cualquier discográfica me diría que se me ha pasado el arroz. —Se rió por su propia broma. —Ahora mismo soy dependienta en una tienda de comida, pero seguro que si me dices cualquier tipo de trabajo, puedo afirmar que lo he desempeñado en algún momento de mi vida. Cuando llegué a Londres jamás pensé que podría tener tremendo currículo a mis espaldas. Yo vine ilusionada en conseguir un trabajo y quedarme ahí para toda la vida. Mi yo del pasado, ilusa por todos lados. —Rodó los ojos, divertida. —¿Y tú? Antes me dio la impresión de que trabajabas por cómo hablabas de volver a estudiar, pero quizás me equivoco. Pareces joven, así que me desconciertas un poco.

—¡Siguiente! —dijo una voz estresada.

Como iban a pagar por separado, fue Zeta la primera en acercarse con confianza, para pedir lo que siempre pedía: un tazón de cereales grande, con leche de vainilla y dos tipos de cereales: los Golden Graham—sus favoritos—y los Unicorn Frootloops que no eran sus favoritos pero le gustaba como quedaban con los otros. También añadió trocitos de fresa y plátano porque… bueno, necesitaba un desayuno consistente en proteínas.

Dexter iba a matarle porque luego no iba a tener hambre a la hora de almorzar por haber ido a comer cereales con otro hombre.

Cuando le dieron todo, miró a Edward con su bandejita.

—Voy pillando sitio, te espero dentro. —Y tras caminar al interior del recinto y sentarse en una cama libre, dejó su bandeja y colocó todas sus cosas para que no molestasen al resto de transeúntes. Edward tardó poco más que ella, pues le había atendido una dependiente diferente a la que le atendió a ella. —¿Qué te has pedido? —Preguntó, como buena gorda y entendida de cereales que era.
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Edward Westenberg el Mar Abr 02, 2019 3:56 am

Edward en momentos como este agradece tener la personalidad que tiene, ya que de seguro una persona más tímida ni siquiera se le hubiera acercado a la cantante, y mucho menos sumarse a su panorama posterior, mientras le hablaba de la música como si esta fuera lo más importante del mundo entero, las galaxias y sus constelaciones. Y ahí estaba él, asegurándole que esa mañana no habían ganas de coquetear por su parte, sino que tan solo notas musicales flotaban traviesas por su mente, musicalizando sus ideas.

Y algo que motivó aún más al castaño de querer seguir conociendo a esa castaña de voz hipnótica fue el hecho de que aceptara su invitación de ir a comer a alguna parte, y no solo eso sino que de paso le dijo que fueran a una tienda que de manera personal el mago adoraba. Es que allí se sentía nuevamente de seis años caminando por el paraíso de los cereales.

De camino, le contó un poco sobre su historia con la música. Como desde el comienzo de su vida siempre estuvo allí, y como una gran banda sonora lo ha acompañado, de una u otra manera, durante todo este tiempo. También le comentó sobre su última creación, que de cierta forma lo tenía bastante animado, ya que hace mucho que no se sentía así de a gusto con una canción escrita por él, y de cierta forma hablar con la castaña le dio ese empujoncito para tomar un poquito de valor y querer quizás más adelante mostrarsela a alguien.

Nadie.— respondió tras las palabras de la muggle. Es que Edward podía ser muy seguro por la vida, pero habían cosas, como la música por ejemplo, que lo ponía en una situación muy frágil, siempre se sentía como caminando por sobre una cuerda floja, es que le gustaba tanto que le daba miedo fallar.

Es verdad, lo importante es saber volver ¿no? — dijo ofreciéndole una sonrisa. Era curioso pero hablar con la chica le tranquilizaba montón, era como ver a alguien que ya ha pasado por muchas cosas dentro de la música, y que pese a que tal vez no todo han sido buenas, ahí seguía al pie del cañon, y para Edward eso era muy inspirador.

Llegaron al local y como era costumbre estaba lleno, en su mayoría de turistas que sacaban fotografías como locos y miraban con rostro embobado todo a su alrededor.  Y ojo, que Edward también había mirado con ese mismo rostro la primera vez que había venido, pero de entonces ya muchos años han pasado, ahora podía disimular un poco mejor la emoción que siempre le producía ir a ese local.

¿Qué dices? No creo que piensen eso, yo creo que tu arroz esta en perfecto estado y que a la gente le encantará. Y así cuando te de el boom de la Grande, y digan "God is Zeta" yo diré: Yo la conozco, yo la conozco. Y te enviaré DMS por instagram diciendote: Déjame telonear tus shows cuando estés en Londres, donde de seguro me dejarás el visto mientras te preguntas ¿Quién es este loco que solo sube paisajes y perros?  y cuando te hagas esa pregunta, pues recuerda este momento y este rostro ¿vale? — le dijo poniéndole un rostro todo gracioso, para luego reír.— ¿En qué tienda trabajas?— preguntó curioso, para luego tener que disimular su incomodidad cuanta ella le preguntó sobre su trabajo, ya que perfectamente podría decir que es el encargado de un local pero ¿qué le diría cuando le pregunté cuál? Simplemente no puede.— Pues, dando clases particulares. Siempre se me dió muy bien las mátematicas.— le comentó encogiéndose de hombros, restándole importancia.

La fila avanzó más rápida que de costumbre, y cuando Zeta paso a pedir su pedido enseguida pasó Edward a pedir el suyo. Y mira si será glotón ese licántropo, que ahí sin saber qué escoger pidió dos porciones grandes y con todos los extras posibles.  Por lo que llegó a la mesa que había tomado la muggle con una gran bandeja.

Pues dos tazones, uno es versión chocolate extremo y otro con leche de almendras y cereales frutales, más dos tostadas con nutella, no pude resistirme.— miró a la chica divertido.— Hola, soy un glotón.— se presentó, ahí para que lo vaya conociendo bien desde la primera instancia, para luego todo feliz comenzar a comer sus cositas.— Pues, puedes sacar lo que quieras, eh.— le invitó, que él de seguro se terminaba todo eso solito, pero jamás ha sido egoísta con su propia comida, es más bien de compartir por mucho que parezca lo contrario.— ¿Y tú, qué te has pedido?— preguntó alargando su cuello para mirar mejor el interior del tazón de la castaña.

¿Cuáles son tus cantantes o bandas favoritas?— le preguntó ahí todo curioso, clavando su mirada en ella.

Lo que más le gustaba de conocer gente nueva, aparte de los nuevos conocimientos adquiridos, era que como no sabía nada de la otra persona existía todo un mundo por descubrir, y habían tantas preguntas sin respuestas queriendo ser descubiertas que hacían que Edward estuviera muy contento, porque jamás se imaginó que su día iba a tener un giro de esa magnitud, y lo agradece montón porque sentía como si la vida le estuviera dado señales para volver a la música, y fuera cierto o no aquello, realmente quería creerlo y aprovechar al máximo el tiempo que estuviese junto a esa muggle que sonoriza su mañana hermosamente.
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Zdravka E. Ovsianikova el Jue Abr 04, 2019 3:44 am

—Tal y como me va la vida, no creo que haga mucho boom, la verdad —le dijo con sinceridad, hablando desde el punto de vista más profesional. Ya tenía una edad y si bien había pasado página con eso de ser una estrella reconocida mundialmente, sí que soñaba con ser una estrella, a secas, con gente que la siguiese por gusto y otras tantas que se uniesen a la escucha de sus discos porque de repente conocían a alguien que debería ser más famosa de lo que en realidad es. —Pero no importa, en realidad… a día de hoy me siento contenta. Creo que he perdido muchas oportunidades pero el dos mil diecinueve será mi año. Lo presiento.

Zeta era feliz simple y llanamente tocando en salas de conciertos que ni tenían que ser de gran tamaño, ¿sabéis lo feliz que era, con su piano o su guitarra, encima del escenario, mientras cantaba de manera íntima y personal para todos los oyentes? Eso era lo que ella quería.

Vale que soñaba con llenar grandes estadios como Taylor Swift, pero si bien uno podía ser un poquito soñador, no podía estamparse con ese límite. Lo primero de todo era ser realista y Zeta tenía muy clara sus posibilidades.

—Trabajo en una tienda de comida, cerca de Camden Town pero no es Camden Town. —Se rió. —Nueve años en dichoso Londres y aún no me sé los sitios. Suena a ‘Houston, tenemos un problema.’ —Y tras cerrar los ojos un momento, sonrió. —¡En Euston! Se llama Brownie’s y antes de que te lo preguntes, sí, vendemos brownies. Pero es gracioso porque se llama así porque la familia se apellida Brown. —Asintió varias veces con la cabeza, en señal de que había sido una genialidad llamarlo así. —Es una tienda de comida convencional, lo que tenemos algunas cosas de repostería caliente. La señora Brown se dedica expresamente a eso.

Una vez pidieron y ya sentados, Edward se había pedido un desayuno para veinte personas para él solo. ¿Y sabéis lo que hizo? Invitar a Zeta. Estaba claro que el chico aún no conocía a la muggle, pero ahora mismo estaban sentados en su lugar favorito de Camden Town y habían muchos lugares espectaculares en Camden Town, por lo que podéis imaginaros el nivel.

—¿Estás invitado a una desconocida a que coma de lo tuyo? ¿Y si te quito una tostada qué? Probablemente no volveremos a vernos como para que me la puedas cobrar en un futuro. —Le dijo divertida, para entonces señalarle con el dedo. —Mi primer consejo como músico: ¡no compartas la comida! ¡Y menos con desconocidos que te pueden decir que sí! —Y Zeta estiró el brazo y le quitó una tostada con nutella, guiñándole un ojo y pegándole un mordisco. —Confía en mí, yo sé, hay gente muy gorda y aprovechada por ahí en la vida que siempre utilizará esos momentos de bondad en tu contra y te robará tu tostada con nutella. No te fíes de nadie. —Y le pegó otra mordida, sin poder evitar lo divertida que estaba por ese momento tan cómico. Luego le dejó de nuevo la tostada delante. —En realidad soy alérgica al chocolate, como coma más nutella me hincharé como una pelota y no cabré en el autobús de vuelta. Pero ten cuidado de a quién ofreces una tostada de nutella.

Comenzó a comer entonces sus cereales, para entonces escuchar la pregunta del millón entre dos amantes de la música, una pregunta que podía desencadenar una conversación que podía durar hasta que ambos se despidiesen, dentro de un rato. ¿Pero sabéis qué? A la muggle le encantaba conocer los gustos musicales de la gente, pues consideraba que decía mucho de ellos. Así que tras llevarse un par de cereales con leche y una fresa a la boca y tragar, lo miró.

—Indudablemente mi grupo favorito de la vida entera es Scorpions y me obligo a no escucharlo mucho porque sé que me puedo cansar y no quiero. —Hizo una pequeña pausa. —Pero realmente y siendo totalmente sincera, me gusta casi todo, siempre y cuando sea bueno, pero no le hago ascos a nada. —Eso podía parecer una frase con doble sentido y, de hecho, como a ella misma no le pasó desapercibido, alzó ambas cejas una vez. Realmente en otros ámbitos tampoco le hacía ascos a nada. —Pero así si tuviera que elegir actuales… adoro a Christina Aguilera y a Greta Van Fleet, ¿conoces a éstos últimos? Son como un Led Zeppelin actuales. Los ves y son cuatro niños que no parecen superar los veinte años que tienen un flow que… vamos. Los vi en directo en un festival y me quedé alucinando.

De hecho, Zeta sacó el móvil para buscar un vídeo en youtube de ellos porque suponía que Edward no los conocía. Quizás estaba suponiendo mucho, pero no le importó y se dejó llevar por la cara que puso de circunstancia. Puso una de sus canciones favoritas del grupo y le pasó un auricular. Dato: Zeta siempre tenía conectado los auriculares al móvil, pues lo usaba como reproductor de música casual.

Lo dejó escuchar mientras seguía comiendo.
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Edward Westenberg el Miér Mayo 01, 2019 5:23 pm

Sonrió, le gustaba la calma y optimismo de la chica. ― Bueno me retracto, para qué ser una grandiosa Ariadna, si puedes ser una increíble Zeta, eh. Ya estás dentro de tu boom, te sientes contenta y eso es lo importante. Mi madre siempre me decía que lo fundamental no es la fama sino sentirse a gusto con lo que se está haciendo, ser sincero e íntegro, y sobre todo siempre mantener los pies en la tierra, sin olvidar tu pasado y comienzo.  Por ejemplo mi madre, hace unos años decidió alejarse de los escenarios para comenzar a trabajar en proyectos comunitarios, y actualmente es profesora de música de niños y niñas sordomudas. ― le contó, ofreciéndole una cálida sonrisa. ― Es genial ― dijo en lenguaje de señas, era de las pocas cosas que sabía decir así, soltó una risita. ― Lo que quiero decir es que a veces uno suele pensar que con la música solo se puede ser cantante con aspiraciones de ser más conocido mundialmente, y sí es muy válido y genial, pero también hay muchos más rubros donde estar, como un amigo de mi madre que decidió trabajar solo junto a bailarines y ahora va de giras con una compañía de danza muy conocida del Norte, que ahora no recuerdo el nombre jejé. ― la miró divertido para luego encogerse de hombros. ― Tenemos todo un mundo para llenarlo de música, y debemos encontrar nuestro lugar. ― terminó por decir sin jamás perder la sonrisa, es que Edward era así por naturaleza, travieso y sonriente.

Y sí, este será tu año, también lo presiento. ― dijo, es que vale no poseía los dones de la adivinación pero  el castaño realmente creía que una voz como la que tenía la muggle debía ser escuchada por más personas.

Abrió los ojos sorprendido al escuchar la palabra “comida”. ― ¿Y buenos brownies?. ― le preguntó curioso, sintiendo como su estómago se ponía todo expectante de la respuesta, es que descubrir nuevos lugares increíbles para comer también era un gusto del castaño. ― Digo, sé que trabajas allí y no le harás mala fama, pero si piensas en la comida de tu trabajo ¿Se te hace agua la boca?. ― le preguntó clavando su mirada en la de ella. ― Lo siento, es que me gusta mucho la comida y me encanta descubrir nuevos lugares donde disfrutar de ella. ― confeso desordenándose el cabello, mientras sus ojos se ponían achinados por su gran sonrisa.

Llegaron al local y Edward como siempre pidió comida como para todo un equipo de Basketball. Se sentó junto a la castaña y lo primero que hizo fue ofrecerle de lo que había comprado. Soltó una gran carcajada que fue suprimida con su mano derecha para que no saliera volando el pedazo de tostada que se había llevado a la boca. ― Vale, recordaré ese consejo de aquí en adelante. ― le dijo divertido. ― ¿Eres alérgica al chocolate? Pero Zeta, ¿qué hiciste en tu vida pasada para tener ese karma encima? ―Le preguntó en broma, solo para molestarla. ― Pero está bien, más nutella para mí jiji. ― agregó después divertido mientras pegaba un gran mordisco a su tostada.

Y ahí ya instalados el castaño le preguntó algo que siempre le ha causado curiosidad en las personas, ya que sabiendo aquello sentía que podía conocer más la personalidad de la gente, es que la música que escucha alguien habla mucho de esa persona. Y cuando escuchó el grupo favorito de la castaña no pudo evitar silbar parte de la canción de Wind of change de la banda que había nombrado― Scorpions es una gran banda, sísí. ― le comentó para luego seguir escuchando sus gustos mientras él disfrutaba su comida. No pudo evitar detener su accionar cuando escuchó sus siguientes palabras y mirarla divertido con dejes de picardía y terminar soltando una pequeña risita al ver que ella también se había dado cuenta que lo que había dicho se podía tomar de muuuuchas maneras. ― La verdad es que no, no los conozco. ― confesó, y se emocionó cuando la vio sacar su móvil y buscarle una canción de ellos enseguida, y cuando se lo tendió dejó la cuchara a un lado y se puso los auriculares. Es que solo por música nueva valía la pena detener la acción de comer.

Muchas bandas ahora hacen sus videos como en un galpón abandonado, mola. ― soltó cuando comenzó a ver el video.  Cerró sus ojos para poder disfrutar mejor de lo que estaba escuchando. ― Tiene un aire a Led Zepellin, me gusta. ― comentó aún con los ojos cerrados, para luego con sus manos hacer la simulación de tener un bajo e imitar lo que él creía que era las notas que ocupaba el bajista de la banda.  Cualquiera que pasara al lado de los dos pensaría que el castaño se había vuelto al loco, es que Edward muy pocas cosas le avergüenzan, y eso de darlo todo con su bajo imaginario lo había hecho muchas veces. Y cuando la canción terminó abrió sus ojos y le ofreció una encantadora sonrisa a la castaña. ― Me gustaron, mucho. ― le comentó mientras se sacaba los auriculares. ― ¿Cómo es que se llaman? ― preguntó al aire para luego mirar al pantalla. ― Greta Van Fleet…― leyó en voz alta. ― Molan montón, gracias por enseñarmelo. ― le agradeció sincero, es que encontrar nueva y buena música era algo que valoraba mucho.

¿Has subido algún tema tuyo a YouTube? ― le preguntó curioso― Es que, ahora no puedo escuchar tu CD pero quizás si una canción ¿no? ― le dijo, moviendo sus cejas divertidamente.
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Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Mayo 04, 2019 3:02 am

El chico tenía razón y si en realidad la ambición más grande que podía llegar a tener Zeta era convertirse en una importante cantante reconocida mundialmente, tampoco lo era todo. Ella se conformaba con poder vivir de ello y poder compartir la música que hacía a la mayor cantidad de personas posibles: hacerlas bailar, hacerlas sentir, hacer que lo que ella hacía hiciese a otros sentir lo que ella sentía y… no sé, la música tenía mucho que ofrecer, como decía Edward y cada uno tenía que buscar su lugar.

Le sonrió cuando dijo que él también presentía que ese sería su año.

—Me conformo con atreverme a dejar el trabajo y ponerme a escribir para sacar un nuevo disco. Tengo muchas ideas, pero siento que el poco tiempo libre que tengo me está coartando la inspiración. No puedo componer y trabajar en una tienda de comida a la vez, no soy capaz. —Hizo una pausa, soltando aire resignada. —Necesito mi tiempo, mi espacio… y, no sé, a ver si lo hago.

La verdad se que la señora Brown podría tener muchos defectos, pero no precisamente en la cocina convencional, mucho menos en la repostería. Así que cuando le preguntó, Zeta le asintió con rapidez y ganas.

—Ya te digo yo que sí, son los primeros en acabarse por la mañana.Tenemos una cafetería en frente pero aún así entran a la tienda a llevarse los brownies para desayunar. —Zeta era alérgica al chocolate, pero aún así los había probado y sí que estaban buenísimos. Y eso que no era una gran fanática de los brownies. —¡Eso me pregunto yo! —Respondió cuando preguntó por su otra vida y el karma que la había condenado con una alergia injusta. —En realidad me he acostumbrado, ¿eh? Gracias a mi alergia al chocolate he descubierto otros grandes sabores. Creo fervientemente que la vainilla está muy infravalorada y no sé, no lo echo de menos. Si hay por ahí montón de cosas que le dan mil patadas al chocolate. —Y miró divertida al chico, encogiéndose de hombros. —Sé de muchos amantes del chocolate que me colgarían por tremenda afirmación propia de una hereje no perteneciente a esta sociedad.

Comenzaron a hablar de bandas favoritas y Zeta no pudo evitar fangirlear de la última que había conocido, recientemente, tan parecida a su adorado Led Zeppelin. Le parecía fascinante que un grupo de cuatro niños—pues parecían todos menores de veinte años—tuviesen tanta calidad musical y tan old school para cómo estaba la sociedad musical actualmente, basada en el tecno, el trap y todos los sonidos pasados por el autotune con miles de efectos. Que no era nada malo: la música evolucionaba y con ello venían nuevos sonidos y nuevas maneras de hacer las cosas, pero no dejaba de impresionarle tanta cultura de gente tan joven, cuando uno esperaría que se dejasen llevar por las nuevas corrientes.

—Te lo dije, son una pasada. Y míralos: no parecen tener más de veinte años y mira que nivel. Yo cuando los vi me quedé flipando. —Zeta recuperó su auricular y puso su móvil, junto a ellos, al lado de su desayuno. Edward le preguntó por sus temas en Youtube, ya que al parecer se había quedado con ganas de escuchar algo propio de ella. —Tengo un canal de Youtube en donde tengo tanto covers que he ido subiendo desde que empecé a tocar como mi disco. La verdad es que llega un momento en el que… una prefiere compartir las cosas gratuitamente y dejar libertad a quien quiera de pagar por ello. Me parecía un poco estúpido no ponerlo en Youtube sabiendo la gran plataforma de difusión que es. El nivel de marketing que yo tengo es mínimo: casi que valoro más la difusión que el dinero.

Que sí, que una cuenta de Youtube con cierta cantidad de seguidores y reproducciones recibía dinero, pero Zeta todavía no tenía tanto ni de uno ni de otro como para poder vivir solo de eso. Uno de sus propósitos para ese año era volver a darle vida a su canal porque sabía que podía conseguir bastante.

Entonces volvió a desbloquear el móvil y entró en Youtube, entrando directamente en su canal de nombre Z-Kaeka. Era fácil ese nombre: la ‘Z’ de su nombre Zdravka y el ‘Kaeka’ era el final de su primer nombre en unión de su segundo: Zdravka-Ekaterina. No era un nombre que te explotase la mente, pero a ella le molaba mucho ese juego de palabra que había hecho.

Abrió entonces la lista de sus canciones, cuyo fondo era todo el mismo: la portada del disco. Zeta se había ‘currado’ un poco los vídeos y en todos estaba la letra de la canción, que iba saliendo conforme se iba cantando. Estaba en inglés, a excepción de la canción Korenine que al ser en original en esloveno—pues esa canción hablaba de las raíces de Zeta—sí estaba tanto en esloveno como traducida a inglés. Zeta, por su parte, no eligió ninguna. Habían trece en las que elegir, por lo que le volvió a ofrecer el auricular.

—¿Me dijiste que te llamaba la atención ‘Swin in fire’? —Y se la señaló.

Tal y como podría esperarse, era sin duda la canción más sensual de todo el disco. Tenía una melodía atrapante, combinada con tonos hechos todos por ordenador. De hecho, seguramente era de las pocas canciones que más efectos por ordenador tenía para embriagar al oyente y no iba a mentir: Zeta hizo aquella canción pensando en sexo. La canción habla de la atracción más primigenia, de la pasión, de la necesidad a otra persona y, aunque no lo dijera claramente, quedaba implícita que hablaba de una relación tóxica de la que no quieres separarte.
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