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Nuevos contactos {AXEL S. CROWLEY}

Invitado el Vie Jun 20, 2014 12:56 pm

Los días en San Mungo se hacían muy largos cuando no había ataques de Lord Voldemort. Era así, no es que yo desease el mal a nadie, pero la magia había mejorado tanto que las personas ya casi prescindían de los que nos dedicábamos a la medicina. La mayoría de los que pasaban por el hospital tenían dolores de estomago, o una pierna rota como mucho. Se hacía aburrido pasarse el día curando a ancianos y a niños, y mi jefa era consciente de lo mucho que me aburría estar en la zona de urgencias. Por eso, me trasladó a la zona de ingresados. Allí no tendría que hacer mucho más, pero al menos mis pacientes serían siempre los mismos y me podrían dar conversación. Eso sí, yo no llevaba al baño a nadie. Si alguien no podía ir por su propio pie... Ya arreglarían el desastre las enfermeras.

Entré a la habitación individual que me tocaba con firmeza. Me habría encantado llevar un traje de enfermera sexy y encontrarme dentro de un Orlando Bloom que me diera de lo mio. Pero la realidad era mucho más dura. Yo iba con una bata que se alejaba mucho de poder ser llamada "sexy", y lo que había ahí dentro era un crío. Le miré por unos instantes. Estaba dormido, lo cual era de esperar en aquel lugar tan aburrido. Me acerqué a su mesilla y cogí las anotaciones del anterior mago que le había atendido. Apenas había escrito nada.

Visto más de cerca el muchacho no parecía mucho menor que yo, tal vez 16 años, o incluso 17. Me daba pena verle ahí con la de cosas interesantes que se podían hacer con esa edad. Corretear, beber alcohol hasta caerte del embriago, enamorarte (o creer que te enamoras), desvirgar chicas inocentes... Esas cosas de jóvenes. -Eh, chico, despierta anda... -dije con demasiada dulzura para lo que era yo, mientras le pasaba una mano por la frente. Tenía algo de fiebre, pero no era preocupante. -Axel, ¿no? -murmuré para ver si al oir su nombre terminaba de despertar.
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Axel S. Crowley el Sáb Jun 21, 2014 12:53 pm

Todo había empezado como una pequeña y débil semana de gripe. La fiebre le subía cada dos por tres y los síntomas que padecía no parecían ser comunes en la gripe común que solía afectar en Hogwarts. Axel era un chico cuyos propósitos iban más allá de sus capacidades físicas, por lo que a pesar de estar malo, rendía igual o más de lo que solía hacer. Empeoró consecuentemente a sus actos y fue víctima de una enfermedad todavía peor. Desconocía exactamente cuál podría ser, ya que uno de los muchos temas que ignoraba Axel, respecto al mundo mágico, eran las enfermedades que en ellas existían. Lo máximo que se acercaba el chico a saber de eso, eran plantas medicinales y poco más. La enfermera de Hogwarts se vio incapaz de cargar con Axel durante tanto tiempo y, en vista de su mal estado y lo mucho que empeoró aun estando en cama, decidió que lo más sensato era llevarle a San Mungo. Allí había expertos, le diagnosticarían la enfermedad y le atenderían con mayor rigor.

Le habían metido en una habitación individual, puesto que al ignorar con qué síntomas venía, lo mejor era mantenerlo un poco aislado de los demás pacientes cuyas defensas podrían ser traspasadas incluso por el virus más insignificante. Desde que enfermó, solía estar cansado a todas horas, la fiebre no desaparecía nunca, aunque había tramos en dónde era mucho más baja de cuándo le subía de verdad. Los dolores de cabezas parecían inacabables y es que parecía no tener fuerzas ni para ponerse en pie. En aquellos momentos, desearía poder estar bien y enfrentarse a los EXTASIS para poder salir de Hogwarts, pero para su desgracia, algo que muchos odian y él adoraría hacer, no es capaz de hacerlo. Su capacidad de concentración era totalmente nula.

Aquel día se había pegado toda la mañana durmiendo, pero es que tampoco tenía mucho más que hacer. De vez en cuando abría el ojo y en cierta ocasión vio a su hermana a su lado, la cual le dijo que volvería por la tarde. Axel había recibido visita de su madre, pero su padre estaba demasiado ocupado con los negocios familiares en Noruega como para preocuparse de su pequeño. Así mismo, sus hermanos pasaban de él y la única con la que mantenía una buena relación era con su hermana.

Con los ojos cerrados y en séptimo sueño, escuchó como alguien le hablaba desde el más allá, aclamándole que se despertara. Los párpados le pesaron un quintal cuando intentó abrirlos, pero al escuchar la insistencia con su nombre, no tardó en mantenerlos entrecerrados en busca de que la luz no le encandilara. Era una enfermera, pero no la misma de siempre. Esta parecía joven, era rubia y no poseía el rostro de antipática de la anterior. Es más, parecía mucho más amable.

- Axel, sí -reafirmó el chico, incorporándose en la cama a su ritmo.- ¿Dónde está la anterior sanadora? Pensé que siempre tendría a la misma.-preguntó tras apoyar la cabeza en la camilla alta y bostezar. Al bostezar le dio un fuerte dolor en la cabeza, por lo que se llevó la mano a la sien.- Creo que voy a morir. ¿No podéis darme una poción que me mate lenta e indoloramente?
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

Invitado el Mar Jun 24, 2014 8:19 pm

Aquel día mi cabeza estaba más en otros asuntos que en los que realmente tenía que estar. En vez de prestarle atención a los medicamentos, me dedicaba a mirarme las manos y los pies como si fueran algo totalmente nuevo en mi vida. Ya me veía saliendo en "El Profeta" como una negligente que no sabía ni mantener a sus pacientes vivos. Pero no se me iban de la cabeza las últimas amenazas que había recibido, la cara de mi ex pareja saliendo de San Mungo con la varita agarrada, aquella mirada amenazante... Puede que yo no fuese la mejor persona del mundo, ni mucho menos, pero no era mala. Podía hacer daño a las personas, incluso queriendo, y albergaba muchos malos sentimientos. Pero nunca mataría por rencor.

El chico se despertó, más o menos. Parecía más dormido que otra cosa, posiblemente por la medicina. En el mundo muggle los medicamentos eran más lentos y menos eficaces, pero al menos no te convertían en un zombie. -Buenos días bello durmiente. -dije mientras deslizaba mi mano hasta su frente. Quería sentir si tenía fiebre. La cara que puso al bostezar me hizo pensar que tenía realmente un dolor de cabeza muy intenso. Aunque no me extrañaba, con lo que le habían estado metiendo en vena se podía sedar a un caballo.

Su pregunta me desconcertó un poco. Si echaba de menos a la anterior sanadora, gorda y bruta, que me lo dijera y yo me iría de vacaciones en menos que canta un gallo. -¿Echas de menos a Gretel? Hombre, yo creo que a mi me sienta mejor la bata que a ella, será que no tengo los suficientes botones desabrochados... -bromeé mientras me abría un poco más la bata, con una sonrisa simpática. Era solo un niño, pero me gustaba jugar. -Me temo que no, pero yo te haré sentir mejor. -guiñe un ojo y le tomé la mano para revisarle la vía que tenía puesta. Tenía un moratón enorme, pero de Gretel era el mínimo trato que te podías esperar.

-¿Como te encuentras? -comenté mientras me sentaba en el borde de la cama. No era lo más cortes, pero pasaba de cortesías. -Me imagino que no muy bien. Tienes Escrofungulus, aunque supongo que eso ya lo sabes. -iba comentando según leía su ficha medica. -El anterior sanador te ha estado aplicando unas medicinas muy fuertes para que no sintieras dolor, pero vamos a cambiar de método si te parece bien. -la verdad era que por muy mal que le pareciera, la que mandaba era yo. -Te administraré un suero más suave, tendrás un poco de malestar general pero al menos no te provocará jaqueca. Como se trata de un virus, no tenemos más remedio que esperar a que tu cuerpo lo elimine por si mismo.
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Axel S. Crowley el Miér Jun 25, 2014 1:03 pm

Gretel era una enfermera grande, obesa, con ciertas tendencias a mantener el ceño fruncido, lo cual hacía que su entrecejo se uniera todavía más en un cúmulo indescriptible de pelo en medio de su redonda cara. El pelo, las veces que lo había visto Axel, siempre estaba recogido de una forma muy descuidada, dándole un aspecto de lo más cascarrabias. Después de despertarse y restregarse los ojos, pudo darse cuenta que en comparación, aquella despampanante rubia que tenía delante no parecía ni de lejos una sanadora. El comentario de la chica hizo que Axel se sintiese desconcertado y avergonzado, ya que por una parte, de lo mal que se sentía pensó que se lo había imaginado. Sin embargo, fue inevitable que su mirada se dirigiese hacia los botones de su camisa cuando se abrió un poco más su uniforme, sintiéndose así de una manera cortada delante de la sanadora. “¿Aquello acababa de ser real?”, se preguntó Axel. “No sé quién elige mi destino, pero no sé a qué juegas mandándome a Gretel teniendo sanadoras como estas en San Mungo” añadió a sus pensamientos.

-No me cabe duda.-contestó. La mano que tenía libre de vía se repeinó hacia adelante, ya que la mera presencia de una sanadora como aquella le hacía sentir como si estuviera en su peor momento físico y nada más lejos de la realidad, aquello era cierto y Axel estaba bastante mal, por lo que intentó mejorar su apariencia,  aunque fuera por mera comodidad personal.

La enfermera se sentó en un lateral de su camilla y Axel se movió para dejarle hueco por mera cortesía. Gretel nunca se había sentado en la camilla y por Merlín, menos mal, pues de haberlo hecho podría haber volcado aquella débil cama. Meditó la respuesta a la pregunta de la enfermera, ya que no se encontraba bien, pero puestos a comparar…

-Mucho mejor que en Hogwarts, aquí por lo menos no sufro. –En Hogwarts su habitación parecía un nido de virus y es que sólo levantarse era doloroso para él. La fiebre se había convertido en una pesadilla. Escuchó las palabras de la enfermera y la idea de sentir todavía más malestar general no le gustaba lo más mínimo, pero ella mandaba y él no iba a decir nada al respecto. Con tal de no morir, se conformaba con que le cuidaran. No obstante, cuando dijo que simplemente habría que esperar, el gesto de Axel se volvió inconforme. Eso de esperar no le gustaba, ya que podría estar esperando meses hasta que su cuerpo le diera por fabricar anticuerpos ante efectos mágicos, algo a lo que no está acostumbrado. Por cómo se sentía con el otro suero, pensó que se trataba de poción calmante- ¿Qué suero me pondrá? ¿Poción vigorizante? –Preguntó con su actitud de Ravenclaw curioso. No tenía mucha idea de las pociones en el campo de la sanación, ya que era un campo que no le interesaba lo más mínimo, pero sabía de muchas que podrían serle útil.- ¿No hay un antídoto o poción que cure o aumente la rapidez de la sanación de este virus? Llevo así casi tres semanas, ¿cuánto tiempo más estima que debo esperar? –Agregó con algo de decadencia en sus palabras. Por cómo había dicho lo de esperar, algo le decía que los EXTASIS estaban tan alejados de hacerlo como de salir de allí.- Un chute de anticuerpos, una poción de la resistencia mezclada con alguna planta que acelere las defensas… -Se percató de que probablemente estuviera quedando como un sabelotodo desesperado y estúpido. Quizás fuera las tres cosas, pero sólo las dos últimas por aquella desesperada y estúpida situación.- Perdone, es que estar aquí es deprimente. ¿Cómo se llama? –Le preguntó, puesto que ignoraba su nombre. Le resultaba extraño tratarla de “usted”, pero tenía como costumbre hacerlo a aquellas personas que estaban social, laboral o físicamente por encima de él, pero aquella chica parecía muy joven como para que se llevasen tantos años. Inevitablemente –y al decir “inevitablemente” es totalmente cierto, pues el escote de la chica, al estar sentada en su misma camilla, quedaba en línea recta de sus ojos- se le fue la vista a dónde no debía, sintiéndose terriblemente incómodo y bajando la mirada como mecanismo de defensa.
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

Invitado el Miér Jul 02, 2014 12:16 pm

A pesar del aspecto joven y de la bata desabrochada, yo era posiblemente una de las mejores sanadoras de aquel lugar. No solo por haber recibido los mejores estudios, sino por conseguir que el 90% de los pacientes a los que atendía me hicieran caso. Era muy difícil para algunos pacientes masculinos negarse a tomar ciertos brebajes de asqueroso sabor mientras yo enseñaba escote y miraba con lujuria a sus ojos. A veces hacer esas cosas no era lo más agradable, pero siempre era totalmente efectivo. La verdad era que el muchacho que tenía en frente no era ni de cerca lo peor que había visto. Estaba bastante bien para ser tan joven. Aunque en realidad, tan solo nos separaban un par de años de edad. Un blanco perfecto para mis artimañas.

-No te preocupes Axel, no te muevas. -le dije retirándome un poco de la cama para que no tuviese que apartar los pies. Yo podía ser retorcida en mis propósitos, pero nunca cruel con quien no lo merecía. No era mala, solo traviesa. -Me alegra que aquí estés mejor. Puede que hasta el momento no te hayan prestado toda la atención que merecías, pero no te preocupes. Ahora yo soy tu sanadora, y no te voy a dejar ni un segundo desatendido. -sonreí al chico y me deslicé por encima de la cama hasta donde estaba su rostro. -Si necesitas cualquier cosa, solo tienes que pulsar este botón. -le expliqué, señalando la parte superior de la camilla. -Y estaré aquí en un instante. Sea lo que se lo que necesites, lo haré. Que no te de vergüenza pedir por esa boquita. -me encantaba jugar con las palabras. Pero en realidad así era, si necesitaba que le moviesen la almohada o lo que fuera, yo lo haría, no necesitaba enfermeras que hiciesen por mi el trabajo sucio.

El joven empezó a atacarme con preguntas sobre los medicamentos que le iba a administrar. Menos mal que la sanadora en aquella habitación era yo, porque por un segundo me sentía como la paciente. -¿Poción vigorizante? -dije con una sonrisa pícara y una mirada profunda. -¿Para que necesitas aquí eso? No te veo con fuerzas para ese tipo de actividades... -me burlé con sorna de lo que acababa de decir. Sabía perfectamente a que se había referido, pero él también sabía perfectamente el doble uso de ese término, y lo aproveché para ponerle nervioso. -Solo te voy a dar una poción herbovitalizante y muchos mimos. Ya verás como funciona mejor de lo que te crees. -dije, esta vez con sinceridad. En el fondo era buena en mi trabajo, y encima me lo pasaba bien. -Saldrás de aquí en una semana como mucho si me haces caso en todo lo que te diga. -respondí a su pregunta. No me extrañaba que estuviera harto de aquel lugar, la comida era un asco.

Sus miradas furtivas a la linea del escote me hacían sentir realizada. ¿Para que se necesitaban pociones de amor si teníamos tetas? Nada funcionaba mejor que eso para engatusar a un hombre. -Me llamo Brisa. Como la del mar. -respondí. -Y no me llames de usted, por lo que más quieras. Casi tenemos la misma edad, no me hagas parecer una vieja. Por lo que he leído aquí debes estar en el último curso de Hogwarts. ¿Que casa? Sorpréndeme. -le pregunté, interesandome por su vida. Si conseguía ganarme su confianza, sería un parte muy importante de mi vida en poco tiempo. Era el contacto perfecto en la escuela.
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Axel S. Crowley el Miér Jul 02, 2014 3:27 pm

La idea de tener a una sanadora así de atractiva a un solo pulsador de un botón era muy alentador para el chico. O para cualquier hombre en pleno uso de sus facultades visuales. Encima insistía en que podía llamarla para cualquier cosa. Era lo más incómodamente seductor que le habían dicho en mucho tiempo y él tenía que acomodarse a que solo se trataba de una sanadora y que probablemente no fuera su intención todo lo que le pasaba por la mente a Axel.

-Vale, gracias. ¿Incluso si pido un buen McDonald o eso sería sobrepasar el límite? -Agradeció el chico ante la increíble atención que su nueva sanadora le prometía.- Soy alguien que no pide mucho. Eso sí, ¿no sería posible poner una tele? –Bromeó, señalando con la cabeza el cuadro que tenía en frente.- Porque el único entretenimiento que tengo se trata de un perturbador cuadro que da mucho que pensar… -Dijo el Ravenclaw, mirando al cuadro que se componía, abstractamente, por una cabra, un gato egipcio e incuso aparecían unos senos femeninos en ese cuadro. Como había dicho, perturbador era poco.

Axel se sentía tan ignorante en el tema de la sanación y encima la anterior enfermera le informaba sobre tan poco, que por un momento quiso saber qué iba a cambiar en su receta médica. Le preguntó sobre la poción vigorizante y la contestación de la enfermera fue cuánto menos inusual. La penetrante mirada de la enfermera se posó en los ojos del chico ante aquel sugestivo comentario y Axel le mantuvo la mirada, esbozando una sonrisa de lo más tímida, la cual aumentó segundos después al sentirse divertido. El Ravenclaw nunca había tenido problemas al mantener las miradas y mucho menos cuando al mantenerla podía ver unos ojos de color azul intenso tan poco usuales.

-Tiene razón. En qué estaría pensando… -Le siguió el juego con diversión, haciendo que sus ojos se pusieran blancos durante un momento.- Pues empiece con las órdenes y las acataré sin rechistar, porque no es por menospreciar su buena compañía, pero este sitio es terriblemente aburrido. –Confesó.

La enfermera se llamaba Brisa, aunque el comentario de como la del mar, sobraba. Que él supiera, no había ningún otro tipo de brisa. Y si existía, era tan poco relevante que ni se acordaba. El chico asintió ante la petición de no tratarla de usted y la verdad es que parecía tan joven que se le hacía raro incluso hasta a él. Pero los padres siempre insistían en su educación e incluso los trataba de usted a ellos.

-Perdón, la costumbre. ¿Cuántos años tienes? Eres muy joven para ser una sanadora de nada más ni nada menos que de San Mungo. ¿Estoy delante de un genio de la magia de curación? –Porque de ser así, se podría convertir en una de las muchas personas que Axel admiraría.- Sí, soy de Ravenclaw. Por desgracia parece ser que tendré que ser Ravenclaw durante un año adicional. No hubo peor momento para que me entrase Escrunfugulus… -No era consciente de si había dicho bien la enfermedad, pero para ser sinceros, no le importaba haberlo dicho mal.- ¿Tú también? No es por clasificar, pero si es un genio es en dónde más pegaría y sería todo un honor estar en la misma casa. –Dijo con un gesto un tanto encantador.
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

Invitado el Sáb Jul 05, 2014 2:06 pm

La verdad es que entendía el aburrimiento del chico. Hasta yo me aburría constantemente en ese lugar. Estaba lleno de señoras mayores, de enfermeras ariscas y gordas, y de gérmenes flotando por el aire y esperando su oportunidad para colarse en tu organismo y producirte una enfermedad. En pocas palabras: aquel sitio daba asco de todas las maneras posibles. -Podría conseguir que te trajeran una televisión, pero posiblemente tendría que tirarme al jefe de sanadores encima de la mesa de su despacho. -dije con algo de asco en el tono de voz. -Creo que todavía no te tengo tanto aprecio. Tendrá, por lo menos, cincuenta años. -me reí mirando al suelo. No era broma, en el mundo real esa era la mejor forma de conseguir lo que querías. -Pero puedo traerte algún libro si te interesa. Para eso solo tengo que ir a la biblioteca.

La predisposición del chico a cumplir ordenes me resultó algo cómica. ¿Que era lo que tenía que hacer? ¿No moverse de la cama? No podía prohibirle no mirarle el culo a las enfermeras, igual que no podía pedirle que me dejase de mirar al escote. Eran cosas inevitables propias de su edad (y de todas las edades del genero masculino en el ser humano). Al menos así se entretendría imaginando sus cosas. Los hospitales tienen mucho morbo hasta que estas trabajando en ellos.

-¿Cumplirás cualquier orden que salga de mi boca? Mmmm...te veo muy servicial para ser tan joven. -bromeé dedicándole una leve sonrisa. A pesar de la dulzura de mi voz, las palabras que salían de mi boca podían llevar mucha maldad en ellas. -Deberías empezar por no moverte demasiado. Y si te aburres... No se. Podría ponerte en una habitación con un compañero. Solo que me temo que tendrá al menos sesenta años. Si quieres escuchar batallitas de guerra te cambio enseguida. -mi tono era tan serio que casi no parecía una broma. -Aunque yo considero mucho más cómoda la intimidad de una habitación individual. Así podemos estar solos, tu y yo.

-Tengo 19, y me temo que no soy ninguna genio. Solo me enseñaron los mejores. -respondí al interrogatorio con toda la brevedad posible. Me agobiaba que me hiciesen demasiadas preguntas. -Y no, adorable cerebrito de ojos canela. -dije eso con tono de abuela que mima a su nieto, mientras le pellizcaba la mejilla como si fuese un niño de cinco años. -Estudié en Beuxbatons. De allí sale lo mejorcito de la medicina mágica. -la verdad es que el 90% de las que estudiaban allí acababan viviendo de papa y mamá. Pero la verdad era que el otro 10% eran, en su mayoría, sanadoras. -Allí nos complicamos menos la vida que en Hogwarts. Es mucho más aburrido. Llevamos la falda corta pero no tenemos quien nos mire por debajo. Un peñazo. -me agaché para ordenar las vendas y para buscar las dosis de sedante. Si la anterior enfermera no hubiese estado tan gorda, posiblemente la habitación hubiese estado más organizada. Odiaba el caos.
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InvitadoInvitado

Axel S. Crowley el Sáb Jul 05, 2014 3:47 pm

Axel era una de esas personas que piensan y tienen fantasías, como cualquier adolescente de diecisiete años. Sin embargo, en aquel momento su mente se disparó eróticamente hablando cuando la sanadora le dijo que se tendría que tirar a su jefe sobre la mesa de su despacho. Sin poder evitarlo se imaginó a él mismo en vez del jefe y se sintió terriblemente incómodo. No entendía tampoco como alguien podía hablar de esas cosas con tanta naturalidad; Axel no es que fuese especialmente tímido, pero hablar con tanta soltura de eso le resultaba cuánto menos cómodo.

-Entonces creo que podré sobrevivir sin televisión.-Dijo claramente, ya que no quería tener que volver a imaginarse la situación de su jefe. Sobre todo porque ya le costaría que se le fuera de su mente.- A lo del libro no te voy a decir que no. Sorpréndeme; me gusta la lectura de todo tipo.-Movió la cabeza hacia un lado para que se percatase que en la esquina de la habitación había una torre de libros, que su hermana le había traído para entretenerse.- Aunque las novelas románticas me dejan sopa.-Necesitaba nuevo entretenimiento, le diría a su hermana que le trajese el violín, ya que lleva como los nueve meses de Hogwarts sin tocarlo y allí le vendría muy bien.- ¿Por aquí hay ajedrez mágico? Cuando te aburras y no tengas trabajo te reto. Por ahora sólo me ha ganado el mismísimo Dumbledore y porque su sabiduría parece ser infinita.-Aún recordaba ese día en dónde cogió al pobre Directo comiendo tranquilamente y Axel se acercó a él, poniéndose a jugar en la misma mesa de los profesores.

Lo de cumplir órdenes había sonado muy inocente en labios de Axel, pero el chico tenía la sensación de que todo lo que saliera por los labios de la rubia sonaba mucho más sugerente. ¿O es que todo ella era así de seductor? Aún estaba debatiéndose a sí mismo cómo es que le dejaba tan transpuesto, si era culpa de ella o de él. A Axel no le llamaba la atención tener un compañero de habitación y mucho menos si tenía que lidiar con alguien cinco veces más grande que él. La historia le gustaba, pero prefería omitir las particulares. Otro comentario salió de la boca de la chica y Axel se percató de la contrariedad de su esencia. Poseía un rostro francamente angelical, una mirada que rebozaba travesura y unos rasgos (como la oreja llena de pendientes) que le hacían parecer de lo más rebelde.

-Me has convencido.-Sonrió el chico.-No quiero que ningún ancianito robe la atención de mi sanadora. Además, prefiero leer a que me cuenten su vida.-Añadió.

Era la primera vez que conocía a alguien de Beauxbatons y no era difícil puesto que su círculo de amistades y familia, fuera de Hogwarts, habían pertenecidos todos a Slytherin o, en su defecto, a Durmstrang. Beauxbatons siempre tuvo, en la cabeza de Axel, una fama de repipis pijas sin muchos fervores, para qué iba a mentir. Pero una enfermera de 19 años no se ve todos los días, por lo que rectificó en sus creencias.

-Pues acabas de darme una lección con lo que pensaba de Beauxbatons. Si con sólo con 19 años ya estás aquí, creo que serás la próxima jefa de sanadores muy pronto.-Comentó con un tono de lo más divertido y elocuente.- Y la gente pensará en acostarse contigo para conseguir cosas.-Añadió hilando lo que ella anteriormente había dicho. Aunque seamos sincero, ya sin ser jefa muchos pensarían en hacerlo, siendo jefa todavía más, era una mujer muy atractiva. Pero iba a dejar de pensar eso, por Zeus, si era su sanadora.- Supongo que en Beuaxbatons no fomentan la rivalidad dividiendo a sus estudiantes en cuatro casas. No entiendo qué clase de propósito quieren conseguir más que se odien por la mente clasistas y prejuicios de todos.-Vio que se agachó, buscando algo.- ¿Qué buscas, mi eutanasia?  
Axel S. Crowley
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Invitado el Mar Jul 08, 2014 12:30 pm

Mi naturalidad para hablar de cualquier tema que se me pasase por la cabeza delante de cualquiera parecía estar incomodando al chico. Y no podía negarlo, eso me gustaba. Si se sonrojaba cuando hablaba de tirarme a mi jefe de sesenta años, estaba claro que lo que se le estaba pasando por la cabeza no era la imagen de mi jefe y yo. A no ser que fuese un enfermo, entonces sí, pero ese chico no lo parecía. De hecho, parecía un joven muy inteligente y meticuloso. Estaba claro porque pertenecía a Ravenclaw, tenía las cosas muy claras en esta vida y sabía apreciar la buena literatura. Esas eran cosas que apreciaba en cualquier persona y me hacían respetarla.

-Que te parece... "La Metamorfosis" de Franz Kafka. -dije abriendo mi bolso, que estaba sobre la silla, y tendiéndole el libro con una sonrisa. Yo también era una aficionada a la lectura, aunque seguro que no tanto como él. En la biblioteca de mi casa había una gran biblioteca llena de libros, y de ahí había salido este. -Seguro que te lo has leído, pero merece la pena repetir, ¿no crees? -siempre llevaba algún libro conmigo, y pensé que prestarle uno de mi propia colección afianzaría los lazos entre ambos. -Puedes quedarte esa edición si quieres, para que no te olvides de mi. Es una replica del manuscrito original, te entretendrás descifrandolo. -bromeé haciendo referencia a la mala caligrafía de Kafka.

La verdad era que el ajedrez mágico no era mi fuerte, pero si eso me servía para sacar la mente de mi trabajo por unas horas, entonces estaba hecho. -Claro. En el piso de abajo hay unos cuantos. -comenté con amabilidad. Me estaba volviendo demasiado permisiva con el chico, a cualquier otro le habría dicho que se buscase la vida y que se entretuviese mirando el techo. Pero se había ganado a pulso mi simpatía. -Si quieres más tarde subo uno y te reto. Aunque no me gustaría que llorases porque has perdido contra una chica. -Volví a tirarle ligeramente de las mejillas, como si en realidad le sacase veinte años y pudiese vacilarle de esa manera. Mientras su salud estuviera en mis manos, Axel aguantaría todo lo que le hiciera.

-Beauxbatons no está tan bien. Es bastante aburrido, todo lleno de chicas cursis y mimadas. -comenté alzando los ojos con gesto de cansancio. -Allí es muy complicado divertirse. Habría dado mucho por estudiar en Hogwarts. Puede que no hubiese llegado a ser sanadora, pero seguro que mi vida en el instituto habría sido mucho más divertida. -cuando llevabas tantos años metida en un instinto femenino, cualquier hombre mono se convertía en presa. Posiblemente si yo hubiese estudiado en Hogwarts, me habría desfogado en la escuela y luego habría sentado la cabeza. Sin embargo, yo estaba desfogandome ahora.

-No, es solo sedante para que duermas bien esta noche. -dije al levantarme mostrandole un frasquito que sostenía entre mis dedos. -Con una dosis como esta no te despertarías ni aunque te pasase un caballo por encima. -prefería que el chico durmiese en paz, parecía algo cansado del hospital, y así con suerte se tiraría más de 12 horas roncando.

El comentario del chico sobre el deseo de los hombres de acostarse conmigo para conseguir cosas me sorprendió. Era totalmente cierto. Muchos lo hacían por dinero, otros por contactos, otros por conseguir placer... Pero yo no era idiota, por mucho que fuese rubia y tuviese cara de niña, y no me dejaba engañar a no ser que yo quisiera obtener algo también. -Ah, ¿eso crees? ¿Que la gente solo querrá acostarse conmigo para conseguir cosas? -fingí un tono ofendido y miré a Axel a los ojos fijamente. -¿Tu también harías eso? ¿Te acostarías conmigo para salir antes de este antro si te digo que se como curarte rápidamente? -continué, manteniendo el tono y agachándome sobre su camilla para estrechar distancias. Puse mi mano sobre su cara y le acaricie lentamente la mejilla y el cuello. -Que tontería. Tú nunca harías eso. -mi sonrisa fue divertida, pero traviesa a la vez. Y volví a alejarme de él, fingiendo estar apuntando algo en su libreta. Ahora estos juegos eran divertidos porque la victima no podía moverse, pero si volvía a verle cuando estuviera en plenas facultades a saber lo que podría pasar.
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Axel S. Crowley el Miér Jul 09, 2014 10:30 pm

Axel se sorprendió ante el hecho de que su sanadora, una maga, conociera el famoso libro de “La Metamorfosis” de Franz Kafka. Axel por su parte no tenía demasiados conocimientos sobre lectura muggle y es un hecho que su familia repele muchas de sus artes. Pero por suerte ha conseguido abrirse un gran abanico de amistades, buenas y malas, que ha aprovechado para conocer más. Entre ellas está ese libro. El chico era un estupendo lector y cuando un libro como ese le apresaba, era imposible que lo dejara. Una de las cosas que Axel más valoraba en cualquier objeto, persona o situación era el simple misterio. Adoraba los misterios, pues han de ser resueltos o, como mínimo, entendidos. El chico consideraba ese libro muy bueno sólo por todo el misterio que engloba tanto a la historia como al personaje principal.

-No te veía leyendo esto.-Después de algunas cosas que la sanadora le había soltado a Axel, lo que más le pegaba era algo de lectura erótica. Esa lectura también la había probado Axel, pero más nunca, por su salud.- Me gusta mucho, con gusto me lo volvería a leer. A ver si así puedo encontrarle otro significado, pues estoy seguro que Kafka no quería dejarlo en un fácil entendimiento.-Sonrió, aceptando el libro. Lo abrió y fue entonces cuando escuchó a la chica, abriendo la boca sorprendido.- ¿En serio? Te habrá costado horrores conseguirlo. Puedes estar seguro que no me olvidaré de ti igualmente.-Le dijo en un tono caracterizado con cierto encanto. En realidad le hacía mucha ilusión quedarse ese ejemplar, no obstante, era consciente de que desprenderse de él era, desde su punto de vista, un desperdicio.

El chico nombró el ajedrez mágico como entretenimiento estrella. Adoraba ese juego y la cantidad de concentración que ha haber para poder jugar con propiedad. La sanadora aceptó y Axel asintió contento cuando dijo que luego podría subir uno.

El Ravenclaw atendió ante la propia experiencia de la chica en aquella institución mágica y la verdad es que por cómo lo pintaba, no parecía ser muy ameno. Por su parte no podía opinar, más que imaginándose cómo sería estar en un colegio en dónde todo fuese chicos y más chicos. Obviamente, teniendo en cuenta su dedicación por sus estudios y que muy pocas chicas llaman su atención –pues mayormente le atraen las mayores, no sabía por qué, o aquellas que realmente dejen un ardor de insaciabilidad en su interior-, pues hubiera sido algo un poco más aburrido pero igual de productivo. Incluso mejor todavía por no tener la inevitable distracción de la atracción.

-Eso no te lo niego, Hogwarts puedes llegar a ser muy divertido. Sobre todo cuando entra un basilisco gigante, o un recién preso que escapó de Azkaban o… bueno, o se hacen los juegos de la copa de los tres magos. La verdad es que estos últimos años han sido cuánto menos divertidos.-Sonrió al recordarlo.- Pero bueno, tienes diecinueve años. No te habrás divertido, pero ahora tienes un trabajo que cualquiera de tu edad soñaría con tener y todo lo necesario para divertirte como quieras.-Añadió un divertido guiño.

Axel asintió cuando le vio buscando algo y ésta le explico lo que era. El sedante le vendría muy bien, sobre todo para cuando la cabeza se ponía imbécil  con amenazantes palpitaciones explosivas que pretenden mantenerme toda la noche en vela. Axel intentó echarle un cumplido, pero la enfermera no tardó en entenderlo como una divertida ofensa. Por un momento el rostro de Axel se preocupó en buscar una manera de explicar su intención, pero no tardó en ver en los ojos de la chica esa pícara mirada de estar jugando con él.

-La gente no querrá, yo creo que la gente ya quiere. Y aunque no consigan cosas. ¿Te has visto?-Dijo con toda la sinceridad del mundo. Era un hecho, una verdad universal, una indudable cuestión visual ante cualquier persona humana que aquella sanadora era increíblemente atractiva. Y ella lo sabía, por lo que las palabras que dijo Axel no le hicieron incomodarse. Las evidencias deben decirse.- La verdad es que no.-Dijo tajante ante lo de acostarse con ella para salir de allí. Tras una leve pausa, añadió:- Prefiero que me mimes aquí dentro y luego ya me mimes cuando salga.-Se encogió de hombros con una amplia y cerrada sonrisa. ¡Ya le gustaría a él! Como había quedado un poco egocéntrico y quizás no se notase la broma, decidió remarcarlo.- Estoy de bromas. Bueno, claro que estoy de bromas. Soy un vegetal en cama, por lo menos tengo que ser gracioso.-Dijo con algo de encanto y con algo de diversión, colocándose mejor en la cama.- ¿Tienes muchos pacientes a los que atender hoy?-preguntó curioso, para ver cuánto tiempo podría robarle.
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

Invitado el Mar Jul 22, 2014 11:55 am

Había libros que aunque se leyesen un centenar de veces mantenían toda la magia y la intriga de la primera vez. "La Metamorfosis" de Kafka era uno de esos libros. Por muchas veces que lo leyeses, de la primera a la última palabra sin saltarte ni un solo renglón, nunca parecía ser la misma lectura. Tenía tantas interpretaciones, tantas metáforas ocultas que tardabas meses en descifrar... era sin duda uno de los mejores libros que había leído. Aún así mi biblioteca era muy variada: tenía desde clásicos hasta las obras más recientes de autores juveniles. No era una loca fanática de la literatura, pero si era uno de mis pasatiempos preferidos. Pero solo eso, un pasatiempo.

Al parecer el chico no se esperaba que le ofreciese una lectura de ese tipo. Posiblemente esperaba algo más simple y divertido, y por mi actitud algo erótico. Algo como "Cincuenta Sombras de Grey". En mi opinión ese libro era como un cáncer para la sociedad. Promovía el machismo, la chica era idiota, y que diablos... eran unos simples aficionados en la cama. Yo podría haberle enseñado un par de truquillos a Christian Grey que habrían hecho que el libro apenas durase veinte páginas. -No te preocupes. Tengo muchas reliquias parecidas en mi casa. -dije con una sonrisa. Podía hacer que no me olvidase de verdad. Quedarme grabada en sus fantasías hasta el fin de sus días. Pero eso, tecnicamente, estaba mal, ¿no? Últimamente no le preguntaba mucho a mi angelito bueno que debía hacer, así que si se me presentaba la oportunidad, lo que estuviese bien o mal me iba a dar bastante igual. Pero no en el hospital, no quería perder mi trabajo. -Tendrás que venir a visitarme cuando salgas de aquí. Es un pisito, pero está bien, te gustará lo que hay dentro. -dejé que mi voz sonase melosa en esa última frase. Ya sabía yo que le iba a gustar lo que había dentro, estaba yo y muchos libros polvorientos. Era un Ravenclaw, siempre podríamos hacer el amor contra una estantería y combinar los placeres de la vida.

Su compasión ante mi escuela estaba justificada. Todos decían que en Hogwarts se corrían tales aventuras durante la juventud que no volvías a ser el mismo niño que se sentó frente al sombrero seleccionador. En Beauxbatons toda la diversión residía en comparar la talla de sujetador o fantasear con los profesores (todos cuarentones), que eran para nosotras la única figura masculina. Así pasaba que al salir nos convertíamos en verdaderas fieras. Bueno, no todas, puede que algunas más que otras. Pero en mi caso, me tocaba ahora vivir aquellas aventuras. -Tengo el trabajo que me perseguirá hasta que cumpla por lo menos sesenta años. -completé su frase haciéndole ver que empezar tan pronto en un trabajo tan serio no era divertido. Me senté sobre la cama y puse mis manos a ambos lados de su cuerpo, atrapandole bajo mi cuerpo. En esa posición inclinada, la bata se abría y se podía apreciar mi escote. Aunque no era demasiado pronunciado, dejaba a la imaginación. -Yo tengo que aprovechar el presente para vivir mis aventuras. ¿No crees? -dije con tono pícaro. -Deberías llevarme a Hogwarts. Puedo ponerme un uniforme y ser buena chica. O al menos intentarlo. -le dediqué una sonrisa torcida, sexy y atrevida. Luego me retiré. Debía empezar a plantearme dejar al chico en paz, o al final acabaría pasando lo inevitable.

Respecto a lo de la gente y lo de acostarse conmigo. Si, puede que los hubiera, ¿para que negarlo? Una chica joven en un hospital lleno de sanadores adultos llamaba la atención. Pero para ser totalmente sincera conmigo misma, no había muchos sanadores atractivos en San Mungo, y mi trabajo me quitaba la mayor parte de mi tiempo libre. Por lo tanto, llegaba a casa sola todos los días, y los fines de semana, aunque saliese a buscar a alguien con quien pasar un rato divertido, estaba tan cansada que solía acabar en casa viendo alguna serie de televisión muggle. ¿Estaba perdiendo mis dotes de cazadora?

Aún así el chico consiguió que me sintiera halagada y no tuve más remedio que esbozar una sonrisa levemente sonrojada. Sentirme atractiva no consistía en que un hombre de casi cincuenta años me mirase el culo por los pasillos. Pero si un chico de casi mi edad me decía aquellas cosas, entonces me recargaba las pilas y me hacía sentir deseada. -Pero lo harías a cambio de un poco de amor. -bromeé dándole un golpecito en la nariz. Estaba empezando a anochecer y el chico tenía que sentirse cansado, a pesar de tirarse todo el día sin hacer nada. Puse el tubo con la morfina en la vía que tenía en la mano y me quedé de pie junto a él. -No te preocupes. Esperaré a que te duermas y luego me iré a casa. -le dije con cariño e incluso un cierto tono maternal. -Mañana nos vemos, ya verás como te encuentras mucho mejor. -él no lo sabía, pero iba a coger "prestada" del almacén una poción que le haría recuperarse mucho más rápido. Nos la tenían prohibida porque era muy difícil de conseguir, pero Axel se había ganado mi simpatía. Aunque por mi mente también pasaba el pensamiento contrario. No estaba segura de que quisiera que se fuera tan pronto.
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Axel S. Crowley el Jue Jul 24, 2014 1:12 am

¿Ir a casa de la sanadora que mejor te ha tratado después de salir del Hospital? Aquello sonaba muy bien. Sólo le sacaba dos años a Axel, lo cual hacía que el chico se sintiese terriblemente cómodo a su lado, además de que tenía una actitud afable y divertida con la que poder mantener una conversación. Sin contar esa pícara actitud tan destacable que por lo que se ve conseguía todo lo que quería, o por lo menos el Ravenclaw estaba bastante obnubilado con la rubia, algo que le mantenía fascinado por su forma de ser. Además le gustaba “la metamorfosis” de Kafka, por lo que no había nada por lo que negarse a algo así.

-Te tomo la palabra.-Enarcó una ceja y sonrió. No le cabía duda de que le gustaría lo que había dentro, al fin y al cabo sólo con decirle que estaría en su compañía y que tendría la posibilidad de encontrar buena lectura, era más que suficiente.-Cuando salga de aquí, volveré para recogerte un día por todas las molestias que te ocasionaré. Y no vale negarse, que no todos los días me sale este porte tan caballeroso.

Respecto al trabajo Axel entendió perfectamente la posición de la chica. Hasta dónde él sabía sus tres hermanos mayores trabajaban desde su graduación en una oficina haciendo siempre lo mismo. Debía de ser sumamente aburrido. Axel no tenía como meta algo tan aburrido y monótono. Su ambición era mucho más grande, pues quiere conocer todo atisbo de magia que reina el mundo mágico, mas está seguro de que falta mucho por descubrir. Al fin y al cabo, aquel que más conoce, más poderoso será. Al final todo era cuestión de poder. Ahí dónde veían un Ravenclaw, había una ambición de poder digna de un Slytherin pero está claro que Axel no cumpliría con ciertos requisitos de esa casa.

-Bueno, no tienes por qué trabajar hasta los sesenta en un Hospital. Siempre puedes ir a alguna institución académica y ser enfermera, ejercer como profesora de herbología si se te dan bien las plantas curativas. ¿Quizás pociones? Siempre he pensado que dedicarse sólo a una cosa en tu vida terminaría por cansarte.-También era lógico que pensase eso, pues él nunca había pensado que nada era su vocación.-Aunque si es tu vocación…-Dejó caer, dando a entender de que si era eso, no tendría por qué preocuparse pues lejos de aburrirse, se sentirá realizada. La enfermera se colocó con ambas manos a los laterales de Axel e inevitablemente su escote fue la musa de la inspiración para su imaginación, pues era imposible pasarlo por alto. Tenía una habilidad de lo más misteriosa para que todo aquello que saliera de sus labios fuera pura sensualidad.-Yo te acompaño a vivir esas aventuras, pero no te aconsejo ir a Hogwarts. Los dos sabemos que sin límites todo es más divertido.-Sonrió ladeadamente.

“Rechazar” hipotéticamente a una chica tan guapa nunca había entrado en la posibilidades de Axel, más lo que le dijo era cierto. Podía ser porque nunca había encontrado a una chica que realmente le llamase la atención, pero nunca había sido un mujeriego ni nada por el estilo. Solía tratar a todas las personas con sumo respeto y nunca le había llamado una simple noche de sexo. Bueno, no nos engañemos, si le llamaba la atención, como a cualquier hombre, pero no lo buscaba. Obviamente si se le presentaba, ya me diréis quién es el hombre que se puede resistir. No dijo nada sobre hacerlo a cambio de un poco de amor, sólo sonrió ante el gesto de la nariz de la chica. El Ravenclaw observó cómo le administraba algo por la vía y a primera instancia no sintió nada, más la triste emoción de que aquello tornaba a despedida. Se encogió levemente de hombros.

-Confío en sus dotes, enfermera.-Confesó.-Entre antes salga, antes podré volver a recogerle en mi flamante caballo… vale, ya creo que necesito dormir.-Bromeó ante su propia broma, acostándose y bajando con un simple botón la camilla para que dejase de estar curvada. Ahora si sentía algo de cansancio y lo que se le antojaba lo más perfecto en aquellos momentos era cerrar los ojos.- Pues que pases una buena noche, Brisa. Nos vemos mañana.-Le deseó.

No tardó en acomodarse y cerrar los ojos, antes de quedarse profundamente dormido. No sabía que le había echado, pero era un chute bueno de tranquilizantes.

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Axel S. CrowleyInactivo

Invitado el Jue Jul 24, 2014 1:55 pm

El chico tardó pocos segundos en quedar dormido. Su rostro tan indefenso e inocente me producía ternura, y de alguna manera, me recordaba a mi. Lograrse mi simpatía no era tan fácil, pero aquel chaval ya la tenía. Le rocé el pelo con los dedos, como si fuésemos amigos de toda la vida. Pronto podría estar fuera de aquel lugar lleno de ancianos y enfermos terminales. Él tenía que estar con sus amigos y estudiando, no en un aburrido hospital.

-Buenas noches, mañana estarás mucho mejor. -dije, aunque él ya estaba dormido y no iba a poder escucharme. Sonreí, con ganas de plantarle un beso en la mejilla, pero me contuve. Aún era demasiado pronto para eso. Me quité la bata y cogí mis cosas. Con paso relajado y algo desconcertada salí de la habitación, dejando la puerta cerrada.

Bajé hasta las taquillas de los trabajadores y dejé allí mi bata y mis pertenencias, cogiendo mi bolso, las llaves del coche y el resto de mis pertenencias. Sin la bata y con todo aquello incluso parecía otra persona. Decidí que al llegar a casa me iba a dar un baño de espuma mientras escuchaba música, y que luego puede que viese alguna película con mi gato. Estaba agotada, pero no tan triste como otros días. Aquella sonrisa tonta seguía en mis labios.
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