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we are happy, happy at home || Sam&Carol.

Caroline Shepard el Mar Ene 22, 2019 5:02 am


Invierno, 8°.
24 de diciembre, 2018.

Cuando Caroline espera con ansias un día es tanta su emoción que no necesita de ninguna alarma para poder despertar. Abre sus ojos solita y sonríe acurrucada en su cama, sabiendo que se le vendrá un gran día por delante. Y lo más bonito es que es un día en el que estará acompañada de su familia, la biológica y la de vida, haciendo que su corazón latiera fuertemente de las ansias de querer que ya llegase la hora de poder compartir con ellos ese día tan especial. Hoy era víspera de navidad, donde el olor a nieve y galletas recién horneadas se filtra por todos las grietas existentes, llegando a tu nariz para darte esa sensación única e inigualable, que sin importar que pasen y pasen los años te producirá lo mismo, una calidez y felicidad inexplicable.  

Este año Samantha y ella habían decidido tomar todas sus cosas y animalitos para pasar la navidad en la casa de los padres de la pelirroja. Caroline estaba emocionada porque no los veía hace mucho y de cierta manera su ser ya los extrañaba. Extrañaba los chistes aburridos de su padre, y la sonrisa estridente de su madre, las canciones improvisadas, y esa comida que uno solo come cuando está en su primer hogar. Además, para los padres de la joven maga la navidad era un evento importante, hasta más que el año nuevo porque si había personas con su alma infantil intacta eran los progenitores de la magizoologista.  Adoraban las luces, los calcetines colgados, los monos de nieve, los villancicos, y los regalos. Amaban la energía de la navidad y esa magia que venía inherente a ella y logran transmitirlo a todos los que los rodean.

Cuando miró su reloj y vio que era una hora decente para poder despertar a Sam, corrió descalza hasta su habitación y delicadamente se metió entre las sábanas de la rubia abrazándola y acurrucándose a su lado.- Hoooooolí.- le canturreó bajito en su oído.- Bueenos díaaas.- siguió cantándole dulcemente para despertarla de a poquito, sin bombos ni platillos sino que con cariño, de a poquito.- Ya llegó el gran día.- terminó por decir con una sonrisa, cuando una Sam comenzó a moverse como un gatito recién despertando entre sus brazos.

***

Las horas pasaron volando porque ambas estuvieron todo el día arreglando las últimas cosas para la tarde; guardar los regalos y  cambios de ropa, mandar algunas postales a amigos y llevar algunos comidas para la cena. A su vez, Caroline se había empeñado en hacer un postre, con sus propias manitas para llevárselo a sus padres y aportar en la cena de esa noche. Pero quien conoce a la pelirroja, sabe que ella y el cocinar no se llevan muy bien, por lo que esa tarta que debía demorarse dos horas como máximo, termino por hacerse en cuatro horas más un par de platos rotos. Pero lo había logrado y se sintió toda orgullosa, aunque aún no sabía si había quedado bien, pero esperaba de todo corazón que así fuera.  

A la hora acordada ambas se juntaron en el living con sus bolsos listos y  sus mascotitas. A Caroline le tocaba ser el medio de transporte ese día, era la más adecuada para llevarlos a todos hacia la casa de sus padres. Ya que por más que Sam ya había ido en más de un par de ocasiones, hace mucho que no lo hacía por lo que su recuerdo no era tan preciso y podrían ocurrir errores.

La pelirroja los llevó en dos tantas, en la primera iban: Sam, Don Gato, y Lenteja. Y en la segunda iría ella junto a Don Cerdito. Porque si iba a ser una cena en familia, no podían faltar sus hermosos animalitos.

Cuando llevó a sus queridos en la primera tanda hacia el living de la casa de sus padres, no había nadie alrededor, la pelirroja frunció el ceño confundida, dudosa si esa era realmente la hora acordada, ya que no entendía por qué es que sus padres no estaban ya allí, recibiendolos con los brazos abiertos y sonrisas enormes. Pero lo que si  le impactó fue no saber nada de Chuck, su dulce y viejito perrito que puede oler su presencia desde kilómetros para empezar a ladrarle amorosamente.- ¿Papás?.- exclamó al aire pero no hubo respuesta alguna, miró a Sam extrañaba y se encogió de hombros mientras dejaba su bolso sobre el sillón. - Deben haber ido a comprar algo…voy por Don cerdito y regreso, siéntete como en casa.- le dijo junto a una dulce sonrisa a su amiga para desaparecer y aparecer en menos de lo que uno alcanza a decir “Con mi burrito sabanero voy camino a Belén”.

Llegó y dejó a Don Cerdito en el suelo, quien no tardó en mover su culito para recorrer todo el lugar, olfateando todo, igual que Lenteja quien ya ni siquiera se observaba por el living.- Bueno, tiene alguno cambios pero es casi la misma casa de siempre. La misma que nos vio crecer por siete años Jota, verano tras verano.- le dijo a su amiga mientras miraba todo a su alrededor y respiraba profundamente, feliz de volver a sentir ese olor de hogar.

De pronto el sonido de unas campanas provenientes del patio llegaron a los oídos de ambas magas, Caroline sonrió radiantemente, y tomó la mano de Sam para llevarla hacia los exteriores de la casa de sus padres.- Jingle bells, jingle bells, jingle all the way...- se comenzó a escuchar, la pelirroja apresuró su paso ya que logró identificar la voz de sus padres, y cuando salió se quedó anonadada.- ¡BIENVENIDAS! ¡FELIZ VÍSPERAS DE NAVIDAD! .- exclamaron los padres de Caroline, mientras movían vigorosamente las campanas, haciéndolas sonar.

En el patio de los Shepard, que se encontraba teñido de nieve había un enorme trineo cubierto de luces, su padre estaba vestido de papa Noel, y su padre de señora Claus, y a su lado causándole una  ternura tremenda estaba Chuck con una gran bola roja en su nariz y cachitos de reno en su cabecita. También, no era menor el detalle de los monitos de nieve que simulaban a Sam, Caroline, junto a sus animalitos, porque sí señoras y señores, sus padres se habían dado el tiempo hasta de hacer a Don cerdito de nieve. Su madre movió su varita, y por fin Caroline pudo escuchar el ladrido de Chuck y verlo moviendo su cola hacia ella, haciendo soniditos de emoción y dándole besitos con su lengua de bienvenida, pero luego una bolita de pelo más pequeña que el llamó su atención.- Chuck, hermoso mío. Ella es Lenteja, tu nueva amiga.- le dijo entre caricias al perro que no tardó en ir a olfatear a esa revoltosa perrita que ladraba emocionada al ver alguien parecido a ella.

Los padres de la pelirroja fueron al encuentro de las magas, su madre fue primero a abrazar fuertemente a Sam, y su padre a Caroline.- Espero que les haya gustado esta bienvenida, tu madre tuvo  que silenciar y movilizar a Chuck porque sabíamos que se volvería loco cuando llegases .- le comentó su padre.- Está todo muy bonito, papá. Gracias.

- Ay, Samantha. Que alegría tenerte nuevamente por acá, esta casa y sus integrantes extrañaron mucho tu presencia .- dijo su madre, abrazando nuevamente a Sam de un costado apoyando su cabeza junto a la suya. – Y a ti también, señorita desaparecida .- agregó su madre, lanzándole la lengua a la pelirroja, quien le devolvió el gesto con ternura para luego ir a darle un abrazo.

Ambos llevaron a las jóvenes hacia el interior, donde hacía más calorcito, ya que pese a que habían armado un escenario todo bonito en el patio hacía un frío que te mueres.

- Vayan a dejar sus cosas arriba y luego bajen que le tenemos muchas cositas ricas para comer, a ustedes y a sus animalitos .- dijo el padre de la pelirroja con una enorme sonrisa, una que brillaba con luz propia.



THE SHEPARD:

Paul Shepard (muggle, 48 años) :Profesor de historia y un poeta empedernido, le encanta improvisar con su guitarra canciones. Le gusta coleccionar sonidos de risas por lo que anda por la vida contando chistes para hacer a la gente reír (su risa favorita es la de su esposa), es un amante de la vida, por lo que aprovecha todos sus días al cien por ciento. Ama a su hija con locura, y siempre le manda al menos un mensajito al día contandole chistes.
[#0066cc ]

Marie Walsh (maga, 45 años): Astróloga, sabe el nombre de casi todas las constelaciones existentes. Su risa es muy característica, cuando se ríe es como si se comiese el mundo y su sonido se llega a escuchar hasta la esquina. Le encanta saber el signo zodiacal de la gente y sacarles su carta astral. Ama los animalitos más que los humanos, al igual que su hija, a quien por cierto ama  locamente.
[#00ccff]
CHUCK:

Chuck: Perrito callejero que Caroline encontró cuando tenía diez años, desde allí se convirtió en uno de sus animales favoritos en el mundo. Ambos tienen una conexión inexplicable, ya que sin importar que pase el tiempo es como si el pudiera comprender en su totalidad a la pelirroja, sabiendo cómo se siente, qué piensa, y dándole un cariño inconmensurable. Ahora esta muy viejito, pero aún así no pierde su revoltosa y adorable forma de ser. Le basta con solo un olida para saber si esa persona le cae bien, a Sam, por ejemplo le movió su colita la primera vez que la vió.
Caroline Shepard
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Sam J. Lehmann el Miér Ene 23, 2019 3:14 am

Esa noche era la víspera de Navidad, más conocida como Nochebuena, y Samantha y Caroline iban a pasar esa agradable velada con los padres de la pelirroja. Sólo estaban ellas dos, ya que Gwendoline había sido convencida por su abuela para pasar las navidades en compañía de la familia Edevane, sí, esa familia purista cargada de retrógrados y gente rancia. Sam desconocía lo que le había dicho su abuela o si le había convencido con algo a cambio, pero tenía que ser una mujer terriblemente persuasiva como para que Gwen hubiese aceptado ir ahí. Le hubiera gustado pasar nochebuena las tres, pero bueno, tampoco pasaba nada. Ya le daría su regalo al día siguiente.

Sam, por su parte, estaba encantada de celebrar nochebuena con la familia de Caroline, ya que ella se imaginaba que lo más normal era pasarlo solas en casa, en compañía de sus animales y ya está. Sin embargo, Caroline le ofreció la idea días antes y, aunque Sam se viese un poco escéptica por su insistencia de mantenerse alejada de las personas para no meterlas en problemas, al final la pelirroja terminó convenciéndola. Y es que… el propio padre de Caroline era muggle, así que si los Shepard ya habían conseguido lidiar con eso y estar a salvo, dudaba mucho que la presencia de una fugitiva fuese una gran amenaza. Así que el mismo día veinticuatro, al ver que Caroline tenía intención de hacer un postre para la cena—y teniendo en cuenta lo nefasta que era en la cocina y mucho más con postres—Samantha se animó a hacer galletas y así de paso le ayudaba a ella a no quemar la cocina.

La rubia no era precisamente una manitas en la cocina, pero llevaba muchos años haciendo galletas. La verdad es que durante muchos años sus galletas no sabían del todo bien, pero poco a poco ha ido adquiriendo la técnica definitiva y ahora eran de esas galletas que daban ganas de meter en un tazón de leche, esperar que se empapen bien del líquido para comértelas y disfrutar. Siempre las hacía con pepitas de chocolate—evidentemente—y de un tamaño chiquitito. Así que aprovecho para hacer mucha masa y muchas galletas: así hizo un tupper que dejar en casa para los días venideros, otro tupper para Gwendoline y uno, el más grande, para llevarlo esa noche y que los padres de Caroline se quedasen con unas cuantas. Y sí, las había probado antes para cerciorarse: le quedaron muy buenas y orgullosa se sentía de ello.

Ya a una hora de haber quedado en la casa de los Shepard, Sam salió de la cocina para darse una ducha y vestirse. Aún con la toalla puesta le preguntó a Caroline que cómo se iba a vestir para saber el grado de emperifollamiento que debía de tener, pero su amiga le contestó que ‘normal’ y claro… decirle eso y nada era exactamente lo mismo, sobre todo porque para Caroline a lo mejor normal en navidad era ir con vestido y tacones y para Sam ponerse unos pantalones. Al final, como iba a ir a casa de otras personas y mirando un poco en su armario, decidió optar por un vestidito mono, pero no se iba a poner tacones. Así que cuando estuvo lista, se peinó dejándose el pelo un poquito alocado y se pintó los labios de rojo, así como la línea del ojo.

Cuando terminó, salió de su habitación mientras se colocaba el reloj en su muñeca izquierda, caminando hacia la cocina para terminar de organizar las cosas. Estaba todo hecho un desastre, pero menos mal que mañana tendrían a la bendita magia para recogerlo todo. Aún no entendía cómo es que había mancha de harina en el dichoso techo, ¿cómo llegó eso ahí?

***

Una vez en casa de los Shepard, Samantha sonrió al estar prácticamente igual que como la recordaba. Los primeros años no mucho, pero cuando Samantha y Caroline ya tuvieron cierta edad, era fácil que en verano los padres se pusiesen de acuerdo para una de ellas pasase un tiempo en casa de la otra. Luca había aprovechado mucho ese momento para visitar Londres y acompañar a Sam, enamorándose de Inglaterra. Seguramente fue una de las muchas motivaciones que tuvo para mudarse definitivamente cuando Sam se graduó. —Por muchos cambios que tenga, siempre será la casa de los Shepard. Puede estar cambiada, pero mi mente la recuerda tal cual está, por imposible que parezca. —Caminaron un poco por allí, a la espera de encontrarse con los padres, aunque no parecían estar por ninguna parte. Sam no pudo evitar ver ese baúl que estaba bajo las escaleras, el cual señaló con rencor. —Recuerdo ese baúl del terror. Mi meñique todavía le teme. No sé cuántas veces me di con ese dichoso baúl. —Y Sam sólo podía recordar aquel día, con dieciséis años, cuando corriendo por la casa descalzas, Sam había terminado en el sueño implorando por la vida de su meñique, tapándoselo con la mano y diciéndole a Carol que creía haberlo perdido. Qué recuerdo más traumático y gracioso.

Y fue entonces cuando escucharon las campanas en el jardín y salieron a ver lo que ocurría, viendo allí una escena de lo más tierna. Los padres se habían disfrazado, además de haber recreado en nieve a una Caroline, a una Samantha y, por supuesto, a Don Gato, Don Cerdito y Lenteja. Sonrió animadamente, feliz, echando un poco de menos a su propia familia.

El perro se acercó a ellas con una felicidad que sólo cabía en el cuerpo de un perro. Sam se agachó para acariciarlo, sorprendida de que ese perro todavía estuviese dando alegría a la vida, pues debía de tener un porrón de años. Luego se levantó, recibiendo con un abrazo a la madre de la pelirroja. —Muchas gracias, Marie. Me alegro mucho de volver a verte. —Se separó del abrazo, mirándola. —Sabes que a mí me encanta venir aquí, lo que Caroline no me trae nunca. —Miró de reojo a Caroline junto a su madre.

Se acercó a abrazar también a Paul con un fuerte y cariñoso abrazo, para entonces entrar rápidamente en la casa. Llevaba abrigo, pero la madre del amor hermoso, hacía un frío que pelaba los huesos. Una vez dentro, con la estufa calentando bien el hogar, Sam y Carol subieron las escaleras para dejar las cosas en la habitación. Se quitó el abrigo, dejándolo sobre la cama, así como su bolso. —Me encanta esta casa, me trae muy buenos recuerdos. Muy hogareños y felices. No sé. No pensaba que me fuese a sentir tan a gusto. —Caroline debía saber que habían tres lugares en el mundo en donde Sam se sentía cómoda en su situación: la casa que compartían, la de su amiga Gwen y el Juglar Irlandés. El resto de sitio era zona peligrosa. Sin embargo, la casa de los Shepard se había unido. —Me alegra ver que tus padres han conseguido la manera de volver a estar juntos, tuvo que haber sido duro haber pasado tanto tiempo separados solo para convencer al gobierno de que… —Se calló, perezosa. —Me da pereza hablar de eso, pero me alegro mucho por ellos, ¡el amor vencerá, siempre! —Y alzó el puño en alto, divertida y teatral.

Debían de vivir bajo tensión, sobre todo él. Se preguntaba si tendrían datos de lo que le había pasado a Sam por Caroline, pero la verdad es que esperaba fervientemente no tener que tocar esos temas tan desagradables. No es bueno hablar de lo miserable que ha sido—o podría seguir siendo—tu vida, sobre todo en nochebuena. Así que con una bolsa con los regalos y otra con el pastel y las galletas, bajaron a la sala de estar. Dejaron la bolsa con los regalos sobre ‘el baúl del mal’ mientras que la de las cosas dulces la llevaron a la mesa donde Marie y Paul terminaban de cocinar algunas cosas. —¡Madre mía, qué bien huele! —Y se acercó a donde Marie estaba revolviendo. —Carol, tienes que aprender a hacer esto para que nuestra casa también huela así de bien, ¿eh, Carol? ¿Me escuchas? —Mencionó divertida, para entonces sacar sus galletas. —Os he hecho galletas. —Mostró el tupper. —Prometo que esta vez me han quedado buenas, ¿vale? La experiencia hace al maestro. O eso dicen. —dijo sonriente, recordando aquella vez en donde Caroline y Sam hicieron galletas en esa misma casa y… madre mía, menudo desastre. Habían hecho galletas, pero diferentes y… menos mal que las de Caroline eran nefastas que las horribles de Sam pasaron ‘un poco’ desapercibidas.

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Sam J. Lehmann
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Caroline Shepard el Dom Feb 10, 2019 3:49 am

Apenas sintió sus pies instalarse en el piso, sintió ese calor que solo te invade cuando te encuentras en tu hogar de origen, ese que te vió crecer y que sabes que jamás olvidarás porque fue tu refugio durante años. Y lo más bonito, es que para ambas ese lugar era muy especial, ya que las recibió mucho veranos y les entregó innumerables buenos momentos, de esos que te hacen sonreír y suspirar feliz. Rió,- Ese baúl es una amante de los meñiques, todos han chocado aunque sea una vez con él.- dijo divertida, recordando como ella en más de una ocasión terminó gritando a los cuatro vientos por el dolor que sentía en su dedito más pequeño del pie tras chocar con aquel vil baúl.

Lo que le extraño fue no ver a sus padres, y más aún no escuchar a Chuck caminando rápidamente a su encuentro para abalanzarse a sus brazos y moverle su colita animadamente. Y cuando pensó que tal vez se había equivocado con la hora, escuchó unas campanas provenientes del patio que la hicieron sonreír radiantemente, para luego ir corriendo hacia el exterior para pillarse con la sorpresa de sus padres.

Caroline sintió su corazón agrandarse y palpitar animadamente, como si se encontrará bailando fervientemente su canción favorita. Y se sintió tan a gusto, tan feliz y protegida. Y pensó que al menos por ese día no iba a pensar en nada malo, simplemente se iba a dedicar a gozar al lado de las personas y animalitos que roban su corazón todos los días y se permitiría ser completamente feliz, sin importarle, sólo por hoy,  que a fuera hubiera una guerra en curso, llena de injusticias y matanzas.

Abrazó fuertemente a su padre, agradecida por tan linda y acogedora bienvenida.- ¡Hey! No me miren así, y menos tu rubita, que sabes muy bien que si yo estoy ocupada, tu lo estas el triple.- reclamó ante esas miradas acusatorias por parte de su madre y Sam. Porque claro que a ella le gustaría visitarlos más y mejor si era junto a su mejor amiga, pero la vida siempre tenía otras cosas pensada para ella antes de ir a ver a sus padres y su querido Chuck.

Entraron a casa rápidamente, ya que por más que la decoración del patio era muy bonita, el frío estaba cala huesos, de hecho la nariz de Caroline  no tardó en ponerse roja y muy heladita. Sus padres le dijeron que fueran a dejar las cosas arriba mientras ellos terminaban de arreglar los últimos detalles. Y mientras subía las escaleras junto a Sam y caminaban en dirección a su pieza la pelirroja sonrió con nostalgia, es que ese recorrido estaba lleno de recuerdos y para qué decir su habitación, eran tantos que sentía que su corazón iba a explotarle en cualquier minuto.

- A mí también, esta casa me trae solo buenos recuerdos.- dijo mientras miraba por todo el lugar, para luego suspirar junto a una sonrisa. Elevó su brazo al igual que Sam cuando esta dijo que el amor siempre vence.- Así es, Jotita. El amor siempre vencerá, es por eso que no debemos decaer nunca, porque tarde o temprano el amor derribará todas esas barreras que hoy no nos permiten vivir libremente.- le dijo ofreciéndole la mejor de sus sonrisas. No se refirió al tema de sus padres porque se había prometido, al menos por ese día, hablar solo de cosas bonitas, y ese periodo en qué su padre tuvo que escapar y refugiarse fueron muy difíciles para toda la familia Shepard. Y con Caroline lejos, fue peor aún, era un martirio diario no saber de su padre, y de sus mejores amigos.

Bajaron las escaleras y la pelirroja inspiró profundamente al oler ese exquisito olor que venía desde el comedor. Se mordió el labio inferior infantilmente mientras sentía su estomago despertar ante tal tentación de olores. Dejaron los regalos sobre el baúl amantes de meñiques, y fueron al comedor en donde estaban su padres dándolo todo con sus comidas. La rubia se acercó a Marie, que revolvía con ahínco un bol, mientras la pelirroja se acercó donde su padre que estaba terminando de adornar unos canapes de camaron, crema de espárrago y nuez, y que Caroline no tardó en robarse dos y llevarselos a la boca de un sopetón.- Hey, comilona. Que aún no los terminó, no me los robes .- le dijo con una enorme sonrisa su padre, mientras la maga sólo se digno a lanzarle la lengua juguetonamente.  

- ¿Qué me has dicho, Sam? Que no te escuché bien.- bromeó la pelirroja haciéndose la sorda, riendose bajito traviesamente.- ¡Sí! y le han quedado muy ricas, yo puedo dar fe de eso. Mientras no me veía me he comido como diez jijiji.- confesó divertida, y agradeciendo que estaba lejos de Sam para no recibir su ´furia´culinaria.-Oh, muchas gracias, Sam. No deberías haberte preocupado. De seguro están deliciosas .- le dijo Marie, ofreciendole una cálida sonrisa a la rubia.


- Yo también he cocinado.- exclamó inflando su pecho, mientras elevaba el pastel que había hecho esa tarde y que tanto le había costado.  Sus padres la miraron sorprendidos.- ¿Tú haz cocinado?.- preguntó la madre de Caroline deteniendo hasta su revólver por el asombro.- ¿Y no explotó la cocina? .- preguntó el muggle mirando a Sam boquiabierta.- Joder, que poca fe en mi persona.- les dijo haciéndose la indignada, ya que entendía la sorpresa de sus padres al escuchar aquello, ya que ella y al cocina jamás de los jamases se han llevado bien. Ambos se acercaron a su lado y miraron con ojos curiosos el pastel que tenía la pelirroja en sus manos.- A simple vista se ve muy bien, eh .- dijo de pronto Marie, Paul por su parte puso una mueca.-  Pero ese queque de naranja que hizo hace unos años también se veía así, y bueno...ya sabemos el resto de la historia ¿no? .- preguntó mirando a todos los presentes, ya que Sam justo estaba ese verano en que la pelirroja se había aventurado en la cocina, para luego terminar con un queque, que parecía más harina con trozos de naranja cruda que cualquier otra cosa.- Bueno, si no quieren, no lo coman. Me lo como todo yo solita.- exclamó toda orgullosa dejándolo nuevamente en la mesa de mala gana y haciendo el ademán de irse toda indignada en busca de Chuck, pero sus padres la detuvieron antes sonrientes para abrazarla de cada lado.-  Son bromas, llamita .- le dijeron cariñosamente, utilizando uno de los apodos que le decían de pequeña. Ya que desde siempre la pelirroja ha sido intensa y más cuando se pone en plan orgullosa, como una llama de fuego, y para bromearla cada vez que se enojaba,  terminaron por decirle así, llamita.-  De seguro te quedó delicioso...como las galletias de Sam, a ver...- dijo Paul ahora yendo hacia donde la rubia y robandose una galleta.-  Mmmm, estan maravillosas, Sam . - le dijo sonriente.

***


Se encontraban todos sentados en la mesa, una adornada entera de navidad, hasta los servicios tenían renos y duendes navideños en ellos. Los platos aún no estaban servidos porque antes los padres de Caroline llenaron las copas de todos para hacer un salud por tan especial ocasión.-  Bueno, antes de comenzar a comer las deliciosas cosas que todos hemos preparado y aportado para esta noche...sí, también me refiero a tu pastel,llamita .- bromeó el padre de Caroline, mientras esta de manera infantil susurraba "Llimiti" sin gustarle aún ese apodo que de pronto le había puesto a su persona, haciendo reír a su padre.-  Pues, nos gustaría hacer un salud por tenerlas nuevamente acá, junto a nosotros en estas fechas tan importantes para nosotros. Nos hace muy feliz estar con ustedes y ver que pese a los años y el hostil tiempo en que nos encontramos su amistad sigue igual de bella e incondicional. Decirle a Sam, que nos alegra mucho verte nuevamente, que esta casa y los seres que la habitan te hemos extrañado mucho y que queremos que sepas, que con o sin nuestra pelirroja las puertas de esta casa siempre estarán abiertas para tí. Y...llamita querida, siempre es un gusto ver tu sonrisa junto a la nuestra. Y ya, no me voy con más rodeos, porque nuestros estómagos se revelaran y armaron una orquesta de gruñidos, así que ...¡salud!. - dijo elevando su copa y chocandola con la de los demás. - ¡A los ojos, hay que mirarse a los ojos! Ya que nadie quiere siete años de mal...ya saben .- agregó su madre con sonrisa traviesa. Y a lo que Caroline sólo le respondió abriendo aún más sus ojos mientras chocaba su copa de manera divertida.

- Ahora ¡ A comer! .- exclamó Marie, levantándose de la mesa para ir en busca de los platos.- Esta noche hemos decidido hacer un menú totalmente vegetariano, ya que nos hemos enterado que ahora ambas lo son, me puse ha investigar y la verdad se pueden hacer cosas realmente extraordinarias y sabrosas sin necesidad de ninguna animal, así que... espero que les guste .- dijo la maga antes de ingresar a la cocina con una enorme sonrisa.
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Sam J. Lehmann el Mar Feb 12, 2019 5:38 pm

Puso las manos en jarras y miró a Caroline con falso reproche cuando confesó haberse confesado como diez galletas mientras ella no miraba. —¡Con razón luego no me daban las cuentas! ¡Y tú diciéndome que había contado mal! Me hiciste dudar de mis matemáticas. —Se mordió el labio inferior, mirándola divertida. No sabía qué era más divertida: esa situación o imaginarse a Caroline con la boca llena de galletas mientras Sam iba y venía de su habitación. Entonces escuchó a Marie, a lo que la rubia zarandeó la mano y la miró con tranquilidad. —Qué menos que traer el postre, ¿no? Mirad todo lo que habéis hecho: deberíamos de haber venido antes y así os hubiésemos ayudado.

Caroline confesó que ella también había cocinado, a lo que sus dos padres la miraron con sorpresa y es que una cosa estaba clara: si a Samantha no se le daba de todo bien la cocina, era un factor inquebrantable el hecho de que a Caroline Shepard se le daba terriblemente peor. Así que la reacción de los padres, además de ser muy divertida, también tenían mucha razón. —¡No explotó! —Respondió divertida Sam a sus reacciones. —Estaba preparada con el extintor, por si acaso. Pero he de decir que nuestra pelirroja ya ha aprendido a no quemar todo lo que toca en la cocina... —Miró a su amiga, con cariño. —Estoy exagerando, en realidad ha aprendido a cocinar algunas cosas sin supervisor y he de admitir que le quedan muy buenas. Yo creo fervientemente que se hacía la torpe en la cocina a propósito para no cocinar. —Vale, vale, Samantha tenía mucha confianza con los padres de Caroline, así que debía de admitir que estaba 'en su salsa' y bromear con respecto a su amiga le salía muy natural.

En un intento indignado de Caroline por defender su orgullo culinario, sus padres la abrazaron y fue Paul el primer—bueno, en realidad segundo—en probar las galletas de Sam. La verdad es que le gustó escuchar que estaban buenas de verdad y que, por fin, había aprendido a hacer galletas decentes. Ya era hora, a los dichosos veintinueve años.

Unos minutos después en donde terminaban de preparar la mesa y llevarlo todo, ya se encontraban los cuatro sentados en sus respectivas sillas, sirviéndose una copa de vino con la que el padre aprovechó para brindar. Sam sonrió, agradecida y feliz, cuando Paul le abrió la puerta de su casa, como siempre había hecho. Ella solo pudo agradecer en bajito, con la copa en alto, hasta que brindaron todos. Fue ante las palabras de Marie, que Sam miró de soslayo a su amiga. La verdad es que le gustaba mucho que tanto Caroline como Gwendoline estuviesen adoptando esa costumbre de comer vegetariano gracias a ella, cuando Sam en ningún momento había intentado convencerlas. —¿Sí, verdad? Al principio uno se pone a pensar en lo limitada que parece la cocina quitando algo tan importante como es el factor animal, pero luego resulta que puedes hace un montón de cosas. —Sonrió mientras se pasaban los boles y se iban sirviendo la comida. —Últimamente estamos probando muchas nuevas recetas y estamos enamoradas del humus casero. Otra cosa con la que Caroline no quema la cocina. —Volvió a bromear, mirando a su amiga, que estaba sentada justo a su lado mientras sus padres estaban ambos enfrente de ellas.

La cena fue super agradable, hablando de todo un poco. Llegó un momento en que fue Paul, un poco el que más empatizaba con la situación de Sam porque era de los 'apestados' de la sociedad, como ella, quién le preguntó por cómo le iba la vida. Suponía que ambos ya habían sido avisados de que preguntar por el pasado no era muy buena idea, por lo que la pregunta sólo se dirigía a la actualidad. Pilló a Sam justo tragando, por lo que tras hacerlo, se encogió de hombros. —Pues estoy genial la verdad... conseguí un trabajo a principio de año en una librería-cafetería por el centro y aproveché también para conseguir una identificación falsa para poder tener una vida normal. Y bueno... pese a todo, bien. He de admitir que todavía llego a mi casa exhausta de ese dichoso trabajo: acostumbrada a trabajar en una oficina, sentada todo el rato, a de repente vivir estresada porque no se me caigan los café... —Rodó los ojos, divertida. Se limitó a decir lo bueno, pues la verdad es que no tenía ganas de meterse en dramas innecesarios. —¿Y tú? ¿Has seguido escribiendo? —Le preguntó directamente, pues lo tenía en frente. —Hace mucho que no leo nada de ti. Recuerdo cuando Caroline me envió a casa el libro que publicó hace años... el de 'Súbete a las estrellas', ¿puede ser? Me encantó. En serio, me encanta. —Y bueno, es que Sam siempre había sido una lectora empedernida de todo lo que encontrase delante y el hecho de leer poesía tan bonita de alguien conocido, pues inevitablemente le daba mucho más sentimientos. —Pero claro, le he perdido la pista.

¿Ese es el último que has leído? ¡Pero Llamita! —Llamó con indignación a su hija, aunque realmente era más pura diversión. Al fin y al cabo, Caroline era el punto medio entre ambos. Si ella no le decía que su padre había sacado una nueva publicación, Sam no se iba a enterar. —He escrito más. Los años en los que estuve fuera no escribí tanto, pero cuando volví recuperé la inspiración. En realidad sólo he publicado un libro más, pero tengo bastantes bocetos por ahí con varios que he hecho aunque no los he publicado.

¿Estoy a tiempo de pedirlos por navidad? —Mostró una sonrisa, ilusionada. En realidad sí que le hacía bastante ilusión poder vivir desde sus poemas cómo había vivido él todo esto.
Sam J. Lehmann
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