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Maybe I'm a Lion [Priv.] {Sam, Carol & Gwen}

Gwendoline Edevane el Sáb Ene 26, 2019 3:48 pm

Maybe I'm a Lion [Priv.] {Sam, Carol & Gwen} C1mGTpR
Miércoles 23 de enero, 2019 || Apartamento de Gwendoline Edevane, Londres || 23:07 horas || Atuendo

Gwendoline abrió la boca en un sonoro bostezo, hasta el punto que escuchó crujir su mandíbula. Se tapó la boca con la mano, más por costumbre que por otra cosa: no había nadie en los alrededores a quien pudiera parecerle desagradable aquel gesto.

Ascendió los tres peldaños que conducían al portal de su edificio, cansada. El bolso colgaba de su hombro como un peso muerto, y no veía el momento de dejarlo caer en el suelo, tal era su agotamiento físico. Había pasado las últimas tres horas en el gimnasio, tanto haciendo ejercicio como entrenando defensa personal, rutina que había adoptado desde que había comenzado el año.

Así que su cuerpo en aquellos momentos era su enemigo. Como dirían algunos, ‘le pesaba el culo’, y sabía que al día siguiente tenía unas hermosas agujetas. Ya se lo había advertido su profesor: ‘Si sigues a este ritmo, mañana no podrás moverte.’

Aquello era una verdad a medias, pues su profesor de defensa personal no contaba con toda la información sobre Gwen: era bruja, y pretendía preparar un buen remedio para el dolor muscular en cuanto entrara por la puerta. Mil veces más efectivo que los baños de hielo y los remedios muggles.

Cerró el portal a sus espaldas y, casi arrastrando los pies, recogió el correo del buzón para luego subir poco a poco las escaleras de su dichoso edificio sin ascensor. Se distrajo ojeando las cartas que había recibido, sabiendo de antemano que lo único que se iba a encontrar era publicidad y más publicidad. Sin embargo, por extraño que pareciera, el camino escaleras arriba hacia el tercer piso se le hizo un poco más ameno.

Solo un poco.

Con la mirada puesta todavía en una carta de una aseguradora cuyo nombre no recordaba haber visto antes, Gwendoline se llevó una mano al bolsillo de sus vaqueros cuando ya alcanzaba el tercer piso, en busca de sus llaves. Siguió ascendiendo peldaño a peldaño, y para cuando llegó al descansillo frente a su puerta, Gwendoline se llevó tal susto que las cartas terminaron desparramadas a sus pies.

Ante ella se encontraba nada más y nada menos que Douglas Dagon, quien en pocas palabras era uno de los esbirros de Artemis Hemsley.

El joven estaba apoyado en la pared junto a su puerta, la mano izquierda en el bolsillo de sus tejanos, la mano derecha sosteniendo un humeante cigarrillo que se llevó a los labios para dar una calada profunda. Un segundo después, expulsó el humo por la nariz y por la boca, al mismo tiempo.

El susto inicial de Gwendoline dejó paso a un estado de nerviosismo y tensión que la hizo quedarse congelada donde estaba. El joven, por su parte, se separó de la pared y caminó hacia ella. Sacó la mano izquierda y la levantó a modo de saludo.

Buenas noches.Dijo, como si tal cosa. Como si aquello fuera una visita totalmente planeada.

—¿Qué estás haciendo tú aquí?—Preguntó Gwendoline, siendo por fin capaz de reaccionar a semejante situación.

He venido a hablar contigo. ¿Tienes un minuto?

¿Que si tenía un minuto? Gwendoline no podría estar más confundida ni aunque un elefante rosa hubiera aparecido en su descansillo al volante de un fórmula uno. Y es que no podía imaginarse escenario más surrealista.

Sin embargo, mantuvo la calma. Le costó un tremendo esfuerzo hacerlo, pues todo lo que estuviera relacionado con Artemis Hemsley la aterraba, pero lo consiguió. Asintió suavemente con la cabeza, y entonces se giró hacia la puerta para abrirla. Mientras lo hacía, observó cómo Douglas tiraba al suelo su cigarrillo, lo pisoteaba, y se agachaba para recoger las cartas desperdigadas por el suelo. Cuando la puerta estuvo abierta, el chico se las entregó. Las aceptó sin decir palabra, y entonces se hizo a un lado para dejarlo pasar.

Entró detrás de él, quedándose atrás deliberadamente no sólo para cerrar la puerta, sino para sacar su varita de la manga de su chaqueta. Dejó caer entonces bolso y cartas, y se volvió hacia Dagon.

Gracias por dejarme entrar. Lo que tengo que contarte es...Douglas Dagon nunca terminó aquella frase.

Gwendoline no esperó a que se diera del todo la vuelta, sino que conjuró un Desmaius no verbal en su dirección mientras se giraba. El chico se vio sorprendido por el hechizo, y enmudeció repentinamente. La morena lo había atacado con tal violencia que el hechizo no solo lo dejó inconsciente, sino que lo arrojó contra la pared del fondo.

La morena avanzó con precaución hacia él, varita en mano, apuntándole en todo momento. Cuando estuvo lo bastante cerca, le dio un ligero puntapié para comprobar si estaba inconsciente o si, por el contrario, estaba fingiendo. No lo estaba.

Dejó escapar el aire que se dio cuenta que estaba reteniendo en sus pulmones. Su cuerpo, en tensión hasta ese momento, se permitió relajarse. Sin embargo, su corazón latía a toda velocidad.

—Esto no puede estar pasando...—Dijo, incrédula, mientras caminaba hacia su bolso en busca de su teléfono móvil. Cuando lo tuvo entre sus manos, envió un mensaje de audio a Sam.—¿Puedes venir a mi casa? Y tráete a Caroline. Tenemos entre manos una...—Se pensó unos segundos el cómo definir aquella situación… y no se le ocurrió palabra mejor que esa.—...una situación.

Chess, que hasta ese momento había permanecido ausente, dio un salto desde el sofá al suelo y caminó hacia su compañera humana. La miró desde su pequeña altura y le dedicó un sentido maullido. Toda respuesta de Gwendoline fue lanzar un suspiro y dejarse caer sobre el reposabrazos del sofá. Y yo pensando que lo que me esperaba en casa era una ducha caliente y una poción para el dolor muscular…


PNJ - Douglas Dagon:
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Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Sáb Ene 26, 2019 6:26 pm

Ese día no sabía qué había por Londres, pero el Juglar Irlandés estaba lleno de gente todo el rato. Había llegado a su casa tardísimo en comparación a otros días y cansadísima. Estaba en uno de esos momentos en dónde el sueño y el cansancio ganaban hasta las ganas de comer, por lo que fue directamente al baño porque se olía a sí misma a café, cuando en realidad no olía a café. Pensó en tomar una ducha e irse a dormir directamente, pero al final optó por tomar un baño de burbujas: largo, caliente, tranquilo y relajante.

Cuando salió se vistió con un pijama de cuadros, unos calcetines gordos y sus zapatos de estar por casa, así como una pedazo de sudadera que sólo usaba cuando estaba enferma, para hacer la umbrasíntesis debajo de las mantas. Ahora mismo no estaba enferma pero... ¡es que era muy calentita! Se secó el pelo con el secador, se peinó, se echó crema en la cara y, para cuando terminó de hacer todo eso y salió del baño: le había vuelto el apetito y podía aguantar un poco despierta sin querer morirse en la cama. Así que avisó a Caroline por si quería que le hiciera alguna de las cosas que se iba a hacer para cenar y, como la pelirroja es una gordita, dijo que sí al postre.

Sam hizo dos sándwiches de hummus con queso, además de cortar plátano en trocitos pequeños y verterlo en dos boles junto a yogur de fresa, además se sirvió un vasito de leche. Los dos sándwiches era para Sam, por mucho que pudiese parecer que iba a compartir uno con Caroline. No, de repente estaba muerta de hambre, que no comía desde las doce del mediodía y sólo se había tomado un triste café a las seis. Avisó a su amiga y se sentaron en la mesa del comedor, en donde comieron mientras se contaban su día, con pelos y señales. Fue en una historia de Caroline, cuando Sam abrió los ojos de golpe. —Espera, ¿qué? —dijo Sam con la boca llena de su último trozo de sándwich. —¿Qué Santiago ya no se habla con Luanda? ¡No! ¡Me encantaban! ¡Eran mi OTP de la realidad y eso que ni los conozco! —Cualquiera podría asumir que se trataba de la trama de alguna serie que veían juntas, pero no. Santiago y Luanda eran dos compañeros de Caroline con los que muchas veces tenía que trabajar y Caroline siempre le contaba cómo era la relación entre ellos, en plan tira y afloja, se aman pero no. Entonces claro, como dos almas cotillas que eran, fangirleaban con ellos. —¿Y no te has enterado que pasa? Qué fuerte tía, pobrecitos.

Estaban viendo algo de fondo mientras hablaban a lo que no le estaban prestando mucha atención y fue mientras Sam se comía su yogur de fresa con trocitos de plátano, que le llegó una notificación al móvil de Gwendoline. Lo desbloqueó y al ver que era un mensaje de audio, se acercó el móvil a la oreja para escucharlo ella sola. Carol le miró con picardía al ver había cogido la costumbre de escuchar todos los audios de Gwen en privado ahora eran novias y Sam desvió la mirada tras rodar los ojos. Sin embargo, el audio sonaba más serio que de costumbre y con un tono mucho más preocupado. Antes de decirle nada a Caroline—quién ya se esperaba algo por la cara que se le quedó a Sam—le escribió a Gwen por el mismo chat un sencillo 'ya vamos'. Luego miró a Caroline. —Vamos a casa de Gwen, al parecer ocurre algo. No sonaba alarmada: no te pongas nerviosa. —¡Já! Y lo decía Sam, que a la mínima cosa extraña ya notaba subirle las pulsaciones.

Dejó su preciado yogur de fresa con plátano a la mitad y se terminó el vaso de leche.


Casa de Gwendoline Edevane — 23:10 horas

Sam y Caroline se aparecieron justo al lado de la puerta de entrada de Gwendoline y fue la rubia la primera en dar unos pasos hacia adelante para buscarla por la casa, ya que no estaba en el salón, pues era la única estancia que se veía nada más aparecer. Sin embargo, nada más dar un paso hacia adelante y mirar a la cocina, vio a Gwen de pie con cara de patata desconcertada mientras en la esquina de la cocina, en una silla y encadenado, había un chico. Si la situación no fuese preocupante, sería un momento idóneo para hacer un par de bromas, pero Sam ya tenía como respuesta inconsciente del cuerpo ponerse seria con esos asuntos y pese a que era curiosa la imagen, evidentemente ni se le ocurrió bromear.

Se acercó a Gwendoline, se colocó por detrás y puso sendas manos sobre sus hombros con suavidad, admirando la situación. —Definitivamente tenemos una situación. —Y sí, Sam lo reconocía. Era uno de los aliados de Hemsley, pues recordaba su cara junto con la de otro chico en los apartamentos en dónde se enfrentaron a ella. —¿Te ha atacado? —preguntó con preocupación mirándola como si quisiese adivinar si estaba herida, asumiendo que quizás lo había hecho pero Gwen lo había conseguido reducir y que por eso estaba encadenado a una silla.
Sam J. Lehmann
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Caroline Shepard el Miér Ene 30, 2019 5:45 am

Llegó de su trabajo a las seis de la tarde, había decidido irse a la hora para llegar a casa y poder tener un espacio solo para ella. Darle cariñitos a los queridos del hogar, darse una ducha, ponerse el pijama, rodearse de mantitas, prepararse un café y leer un buen libro en su cama al lado de la ventana, tratando de exprimir lo máximo de luz natural que pudiera. Y cuando la luz artificial hizo falta, cambió de lugar y se dispuso en su escritorio para comenzar a marcar sus páginas favoritas hasta el momento con separadores de colores,  rayar los párrafos en concreto con lápiz mina, resumiendolos en un palabra a un costado, para que al leerla recordará qué le había gustado de allí, o buscar el significado de algunas palabras que le llamaran la atención y hasta el momento no sabía su significado.  Por ejemplo, aquella tarde había sido el turno de la palabra arredraba, palabra que descubrió en la última novela que estaba leyendo. Le causó curiosidad cuando descubrió su significado, y más aún cuando algunos lugares, o diccionarios,  hacían la analogía que el temor se igualaba a retroceder.  

Y fue pensando en las cosas que la arredraban que escuchó la llegada de Sam a casa, sonido que la hizo sonreír, y no sólo a ella sino que también a Lenteja, quien pese a encontrarse enroscada y sumergida en lo que parecía un muy buen sueño, saltó enseguida quedando a cuatro patas cuando escuchó a la rubia y moviendo su colita partió en busca de los mimos de la maga.  La pelirroja dobló sus rodillas y levantó sus pies hasta que quedasen encima de su silla con rueditas, y de un empujón con ambas manos se impulsó hasta quedar lo suficientemente cerca de la puerta para ver a Sam.- Holí, soy una bola de mantas jijiji.- le saludó envueltas entera, dejando tan sólo su rostro al descubierto junto a una pose toda graciosa.

La legeremante se fue a bañar y Caroline volvió a lo suyo, le quedaban solo un par de capítulos, y estaba en ese momento crítico en que te gana la ansiedad de saber cómo es qué terminará todo, pero al mismo tiempo tienes una tristeza nivel titanic por pensar que quedan tan pocas páginas para su final. Porque después de un buen libro siempre viene el vacío, ese en que uno se pregunta "Y ahora ¿Qué?".

La voz de Sam hizo que la pelirroja se olvidara por unos momentos de la historia de Auxilio, el personaje principal de su libro, y recordará que si leer le gusta mucho, comer mucho más. Así que no dudo en aceptar cuando su amiga le ofreció hacerle un postre. Salió de su cuevita, que de vez en vez inverna y como buena comilona, se arrastró con mantitas y todo a la mesa junto a la legeremanete. Cuando llegó a su lado le dió un besito en la mejilla, para sentarse luego en la silla del frente. De fondo, un capítulo de FRIENDS, que a veces se torna más en una música de fondo que algo por ver, pero una muy divertida y buena música de fondo claramente.

Y ahí empezó un momento del día que a Carol le gusta mucho, ese en que ambas se cuentan sus  cosas y se ponen al día.  En esta ocasión, fue la pelirroja quien lanzó toda una bomba nuclear a la mesa con un cotillón de aquellos, de esos que hacen que tus ojos se conviertan en dos huevos fritos por el asombro. La magizoologista sonrió cuando vio el rostro de Sam al escuchar lo de Luanda con Santiago.-  Eran el OTP de todos, de todos...- susurró negando con la cabeza, con su manito al pecho, y un leve pucherito para intensificar el drama.- Y sí, lo sé todo. Luanda se sentó hoy conmigo a almorzar....-  comenzó a narrar la pelirroja, haciendo pausas dramáticas y todo, para ponerle más tensión.- Y bueno, sucedió lo que temíamos, adivina quién regresó de su pasantía en Alemania...- de animadora de un programa de adivinanzas se estaba dando la pelirroja, y lo estaba gozando a full.- ¡NOOOOOOOOOOOOOO! ¿YUBA? .- preguntó asombradisima la maga de cabellos dorados, mientras la pelirroja le asentía con su cabeza, corroborando sus palabras.- Luanda me contó que Yuba llegó y con todo. Casi diciéndole a Santiago que Alemania le había hecho entender que él era la persona con quién quería estar y blablabla...y Santiago va, y cae. Va y le dice, vale, revivamos el pasado. Fueeeeeeeeeerte, Sam. Muy fuerte.- le dijo junto a una mueca y un suspiró, mientras de paso se llevaba una cucharada de yogurt a la boca.- Pobre, Luanda...porque por más que dice que no está tan mal, todos sabemos que lo quería a mil ¿sabes? Y Santiago también a ella... ¡Bah! ¡Lo que pasa es que Santiago es un bobo! .- terminó por exclamar la pelirroja con el ceño levemente fruncido. Es que si hablaban de team, ambas magas eran hasta morir, team Luanda.

Cuando de pronto un sonidito proveniente del móvil de Sam distrajo su atención. Caroline sonrió de manera traviesa cuando vió que Sam se llevaba el móvil a la oreja para escuchar un audio, que todo indicaba que era de Gwen, la pelirroja le movió las cejas y todo, solo para molestarla y teñirle sus mejillas de color rosa.  Volteó su rostro para mirar el televisor y soltó una risa al ver que se trataba del capítulo en que Joey ocupa para todo comillas. Le iba a comentar, por decimoquinta vez lo divertido que encontraba ese programa a su amiga, cuando su rostro detuvo su accionar para mirarla con mayor atención y a la espera de que Sam le dijese qué había sucedido.

- Vamos.- fue lo último que dijo antes de pararse de la mesa e ir a preparar algunas cosas antes de marchar.

***

Llegó junto a Sam a la entrada de la casa de Gwen, la primera en entrar fue la rubia y luego le siguió la pelirroja que sostenía firmemente su varita en el bolsillo de su chaqueta de cuero. Sam le había recalcado que no había sido una llamada alarmante, pero aún así la experiencia le ha enseñado, que al menos con lo que respecta a la magia y la época en la que se encuentran, mil veces vale más prevenir que lamentar.

Pero sólo bastaron un par de pasos para descubrir cuál era la situación que se refería la castaña. Caroline elevó su cuello para mirar por detrás del hombro de Sam al chico que se encontraba encadenado. Arrugó su nariz pensativa, él rostro del joven enseguida lo asimilaba con Grulla, pero su nombre lo tenía muy lejos de la punta de su lengua. Desvió su mirada a Gwen cuando escuchó que Sam le preguntaba si estaba bien, y por inercia revisó con su mirada de pies a cabeza a la castaña, y cuando vió que al menos a al vista no había ninguna herida o daño, se hizo un espacio , quedando de frente al chico que aún permanecía adormecido y se acercó lo suficiente como para observarlo más detalladamente.

- ¿Qué vino a hacer acá? ¿Traía un mensaje o algo?.- preguntó de pronto, clavando su mirada en la castaña.
Caroline Shepard
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Gwendoline Edevane el Miér Ene 30, 2019 2:08 pm

Permaneció sentada en el reposabrazos del sofá el tiempo suficiente para asimilar lo que estaba ocurriendo: Douglas Dagon, uno de los secuaces de Artemis Hemsley, sabía dónde vivía.

Cabía suponer que no era el único, y que la información no venía de otra persona más que de Hemsley. La bruja, a su vez, la había obtenido de la cabeza de la propia Gwendoline, por la cual hacía unos meses se paseaba a sus anchas.

Estaba nerviosa. Mucho. Había intentado olvidarse de la situación de Hemsley en la medida de lo posible durante los últimos dos meses. Una pequeña parte de ella, irracional e ingenua, le decía que quizás se hubiera rendido, y había optado por ponerse una venda en los ojos y creer aquella mentira.

No debería haberlo hecho.

Había tenido el tiempo suficiente a Hemsley dentro de su cabeza como para saber que esa mujer jamás se rendiría hasta conseguir aquello que quería. Y quizás al principio lo único que quería era a Thaddeus Allistar, pero para entonces, Gwendoline estaba segura de que también las querría muertas a ellas tres. Ya no encerradas en el Área-M, sino muertas. Se había convertido en algo personal para ella.

Pero si quisiera acabar con nosotras, sería mucho más sencillo plantarse aquí, y no enviar a uno de sus esbirros, pensó Gwendoline, no sin cierta razón. A fin de cuentas, Hemsley había puesto al susodicho Dagon y a su amigo Arthur Payne a cargo de la famosa maleta única y exclusivamente porque quería que Sam y ella pudieran encontrarla. Los había utilizado para aquella labor porque dudaba profundamente de sus capacidades. Así que no tenía el más mínimo sentido que hubiera enviado a Dagon a por ellas.

Gwendoline sintió unos pinchazos en la sien, muy seguramente precursores de un dolor de cabeza fruto de la tensión.


***

Gwendoline se las arregló para subir el cuerpo inconsciente de Dagon a una de las sillas de la cocina, y entonces lo ató de pies, tronco y manos con cadenas mágicas, asegurándose de que no podría moverse de ninguna de las maneras.

También lo cacheó en busca de armas: llevaba encima una cajetilla de tabaco, un encendedor de gasolina, su teléfono móvil, su cartera, una pequeña navaja y, por supuesto, su varita. Todo ello lo dejó sobre la mesa del cuarto de estar.

Se trasladó, arrastrando la silla con magia tras ella, a la cocina, y una vez allí, esperó. Dagon seguía inconsciente, con la cabeza caída sobre el pecho. Parecía estar durmiendo el sueño más plácido de su vida, mientras Gwendoline se deshacía por dentro de lo nerviosa que la había puesto el encuentro.

Por fortuna, Sam y Caroline no tardaron en aparecerse en su apartamento. Y quizás su presencia no fuera un sinónimo de que todo saldría bien, pero al menos ella se sentía un poco mejor con las dos brujas cerca. Especialmente Sam, por evidentes motivos.

Las manos de Sam se encontraron con unos hombros temblorosos, pero la morena a pesar de todo se forzó a sonreír un poco. No le salió muy bien. Sin embargo, llevó su mano derecha a la izquierda de la rubia, que se encontraba sobre su hombro izquierdo, en busca de un poco de fuerza para sobrellevar aquella situación.

—No le he dado opción.—Respondió Gwendoline, negando con la cabeza. Se alegraba mucho de haber tenido el temple necesario para reaccionar como lo había hecho. Si hubiese sido Hemsley en lugar de Dagon, las cosas habrían sido muy distintas.—Con esta gente he aprendido a disparar primero y hacer las preguntas después.

Caroline, por su parte, se acercó un poco a Douglas Dagon y se inclinó para mirarlo mejor. Como quien observa una obra de arte curiosa, o algo que está tan fuera de lugar en un sitio que es imposible no reparar en él. Y, desde luego, Dagon estaba totalmente fuera de lugar en aquella cocina.

—No lo sé.—Respondió con toda sinceridad a las preguntas de Caroline.—Me lo encontré ahí fuera, en el descansillo, apoyado en la pared mientras se fumaba un cigarrillo, como si tal cosa.—La morena negó con la cabeza, pensando en lo harta que estaba de vivir en aquel estado de tensión.—Iba a decirme algo antes de que le atacara, pero preferí no arriesgarme. Si quiere hablar, que lo haga así.

Se llevó ambas manos a las sienes: efectivamente, la tensión del momento le había provocado un dolor de cabeza. El primero después de aquellos que Sam la liberara del control de Hemsley.

Quería saber qué hacía Dagon allí, más que nada en el mundo, pero también quería librarse de la persecución de aquella mujer. Vivir con aquel miedo no era vivir.

—Voy a tener que mudarme de apartamento. No puedo aguantar esta situación más tiempo.—Afirmó mientras echaba mano de su varita, la cual descansaba sobre la mesa de la cocina. La empuñó en la mano izquierda y apuntó con ella a Dagon.Ennervate.

La punta de la varita se iluminó y, solo unos segundos después, Douglas Dagon se despertó dando un respingo. Las tres dieron un paso atrás, una medida de seguridad, mientras el chico pestañeaba varias veces. Sus ojos reflejaban la confusión que sentía, y Gwendoline estuvo segura de que por un momento se preguntó dónde estaba, incapaz de identificarlo en su mente.

Aquello no duró.

¿Por qué coño me has atacado?Preguntó, casi con reproche, el aspirante a mortífago.

—¿Qué haces aquí, Dagon?—Volvió a preguntar Gwendoline, esta vez apuntando su varita directamente a la cara del joven.—Habla o te vas a arrepentir.

¡Calma, joder!Pidió Dagon, mirando la varita con desconfianza. No sabía que Gwendoline nunca le haría daño, más allá de borrarle sus recuerdos antes de mandarlo marcharse.Solo venía a hablar contigo.Insistió.

—¿Sobre qué? No tengo nada que hablar contigo.—Gwendoline seguía, como era natural, a la defensiva. Sin embargo, bajó un poco la varita, de tal manera que ésta apuntaba al pecho de Dagon.

Cambiarás de idea.Aseguró Dagon, asintiendo con la cabeza con convicción.Todas cambiaréis de idea.Aseguró mientras paseaba la mirada entre Caroline y Sam, para luego devolverla a Gwen.Porque estoy seguro de que tenéis tantas ganas como yo de ver muerta a esa zorra de Grulla.

Gwendoline sintió como si le dieran una bofetada en la cara, tan inesperada fue aquella información. ¿Había escuchado bien? ¿De verdad Dagon decía que tenía interés en ver muerta a Hemsley?

La morena intercambió una mirada llena de dudas con su novia, la única capaz de calmarla en momentos así. ¿Debían escuchar a Dagon, después de todo?
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Sam J. Lehmann el Jue Ene 31, 2019 2:59 am

Gwendoline había mantenido la compostura con Douglas en su casa, no habiéndole dado oportunidad de hablar y reduciéndolo para evitarse cualquier tipo de situación incómoda. Sam pudo entender a la perfección su inseguridad con respecto a su piso y es que... desde que habían conseguido huir de Hemsley, era obvio que el principal miedo de las tres era que sus ubicaciones eran de libre conocimiento para una persona que las había intentado asesinar. Ella misma siempre tuvo miedo cuando era consciente de que había gente malvada que sabía que vivía con Caroline, pero gracias por Merlín fue información que fue a la tumba... o al menos eso creía ella.

Sujetó la mano de Gwen cuando la subió en busca de apoyo, pero no dijo nada realmente. Despertaron a Douglas Dagon y fue curiosa su reacción: sorprendido. Sorprendido de que le hubiera tratado así después de que su jefa casi las matara, ¿qué esperaba, una taza de té?

Las tres se quedaron sorprendidas con lo último que había dicho: ¿matar a Grulla? Pese a que sonaba a un plan descabellado viniendo de uno de sus 'aliados', la rubia no vio en él ningún tipo de duda, ni mucho menos sopesó la idea de que estuviese mintiendo. De hecho, pese a lo desconfiada que era Sam normalmente, aquella declaración le sonó casi como uno de esos giros desesperados, en dónde te das cuenta de que el enemigo de tu enemigo, es en realidad un poderoso aliado. Y es que, piénsalo: ¿realmente había alguien junto a Hemsley que estuviese contento con su alianza con ella? Todos a los que habían 'conocido' o visto en los recuerdos, eran personas que vivían con miedo y la seguían por el mismo motivo. Y Savannah... esa pobre niña ya era un caso aparte.

¿Eres consciente de que no suenas muy creíble teniendo en cuenta para quién trabajas, no? ¿Cómo sabemos que no es una trampa o estás mintiendo?

Eres legeremante.

Ah, bueno, haber empezado por ahí. —Sacó la varita y dio un paso al frente. No iba a hacer nada, en realidad, sólo asustarlo.

¡No he dicho que quieras que te metas en mi puta mente! Sabes que no estoy mintiendo. Lo sabes. Si quería hacerle daño a tu amiga no me hubiera plantado en su puerta a que llegase a casa, no con todo lo que Grulla sabe de ella. —Las miró a las tres, una a una, buscando paz y carraspeando antes de volver a hablar. —Quiero ver a Grulla muerta porque, al igual que a ti, Gwendoline, nos ha destrozado a muchos. Y a Savannah a la que más. —Su rostro cambió al hablar de Savannah, cargándose de preocupación y pesar. —Yo he sabido guardarme las espaldas, no ser una pieza importante, no cagarla, sobrevivir, como dirían algunos, pero Grulla todo lo que toca lo rompe y está a punto de romper a Savannah si no es que decide ella misma romperse a sí misma. Está desesperada: vivir como vive no merece la pena. —Esperaba que se entendiese, aunque su tono de voz hablaba por sí solo. Hasta él se sorprendía, pero Douglas Dagon nunca había sido un hombre de alma sucia, sino más bien todo lo contrario. Y Savannah había conseguido sacar esa parte de él. —Quiero matar a esa perra del infierno porque quiero liberar a Savannah. No se merece todo lo que le está ocurriendo. No se merece nada malo...

No se lo merece, no... —le respondió Sam, con respecto a Savannah. Sam y Gwendoline habían tratado con ella y se habían dado cuenta de su verdadera naturaleza y que el miedo, como a la gran mayoría de esta sociedad, le había llevado a aceptar una vida junto a una persona horrible que ahora la controlaba. El miedo te hacía hacer cosas horribles, que se lo digan a cualquiera de las que estaba allí, frente a aquel chico encadenado.

Grulla merece morir, lo sabéis. Tarde o temprano vendrá a por vosotras y yo os puedo ayudar a llegar antes a ella. Podemos vencerla.

Como todo el mundo sabía, Sam era de la brigada anti-asesinatos porque no creía tener la potestad de matar a nadie, por muy cabrón que fuese. Pero debía de admitir que Artemis Hemsley muerta no sonaba nada mal y que después de lo que le hizo a Gwendoline, pues creía que se lo merecía. Estaba harta de ver a personas jugar con otras personas cómo si fuesen un muñeco de trapo y tras vivirlo con Crowley y no poder hacer absolutamente nada para sacarse a ella de la mierda o vengar su propia miseria, toda esa rabia que no había podido tener por él, se la tenía a ella por lo que le había hecho a su amiga.
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Caroline Shepard el Dom Feb 10, 2019 4:53 pm

Cuando abrió sus ojos aquel día, Caroline jamás presagió lo que venía por delante. Y mucho menos cuando se sentó junto a Sam en la mesa a tomar desayuno para ponerse al día de sus vidas y las risas se encontraban en cada esquina de su conversación. Es que a veces la pelirroja al lado de su amiga y sus animalitos en la seguridad y calidez de su hogar lograba olvidar lo que sucedía en el exterior. Su mente se ponía en pausa y simplemente se permitía disfrutar de los pequeños placeres que la vida le ofrece. Pero solo basta una llamada para llevarla de sopetón de vuelta a la realidad, y en esta ocasión fue de parte de Gwen.

No dudó ni un segundo en dejar allí todo tirado, y prepararse para partir enseguida en busca de Gwen y tenderle la ayuda que les había pedido por medio de mensajes a Sam. Al parecer no era nada grave, pero la pelirroja había aprendido que algo pequeño en un pestañar podía volverse un caos enorme. Por lo que antes llegarán a la casa de la castaña más rápido podría volver a sentir calma, en vez de esa presión que se había apoderado de su pecho.

Al llegar no tuvieron que preguntar demasiado para saber de qué se trataba el asunto que había pillado por sorpresa a Gwen, Carol tras cerciorarse que su amiga no tenía ningún daño se acercó al chico que se encontraba atado e inconsciente. Y por más que sabía que él pertenecía al grupo de Gulla sintió pena por él, porque no necesitaba saber su edad para deducir que era joven, no debía tener más que su edad, y por más que ella ya no se consideraba una niñita, sabía que jovenes al igual que ella y sus amigas, recién estaba comenzando a tomar las riendas de sus vidas, y deberían estar aprovechando de ejercer sus profesiones en vez de batallar guerras que eran problemas de otros que ni siquiera se ensucian las manos, y tan sólo los manejan como marionetas. - Hiciste lo mejor, Gwen. Ahora debemos averiguar qué es lo que quería apareciendo de esa manera en tu departamento.- dijo, junto a una mueca para volver a enderezarse y mirar a sus amigas con varita en mano.

El chico despertó, y las tres se alejaron de él. Caroline mantuvo su varita levemente elevada y dispuesta a atacar a la primera de cambio. Ya que por más que el chico le diera pena, hace un tiempo había comprendido que no podía sentir piedad por gente como el, ya que muchas veces eran controlados por gente que no dudará en hacerlas sufrir hasta la muerte, y Caroline a las únicas personas que le debía una fidelidad incondicional era a esas dos mujeres que se encontraban a su lado, a sus demás amigos y familia. A nadie más.

Se quedó en silencio mientras la castaña hablaba con el chico en busca de respuestas, elevó una ceja cuando escuchó que este decía que quería ver a Grulla muerta. Su primera reacción más que sorpresa fue de desconfianza, ya que cómo confiar en alguien que hace un tiempo era tan fiel a esa zorra y ahora la quería traicionar de esa manera. La pelirroja veía gato encerrado en todo aquello. Pero cuando el chico comenzó a hablar, no pudo evitar comprender sus palabras y lograr observar la preocupación por su parte al hablar de Savannah. Ella tan sólo la había visto un par de veces, en los recuerdos adquiridos por su amiga y esa tarde del ataque para rescatar a Gwen de los dominios de esa mujer. Y esas dos veces lo único que había concluído con respecto a la vida de esa chica, es que no se necesitaba hablar con ella para ver que le dolía vivir su vida. Y Sam se lo había confirmado al contarle todas las cosas que sabía de ella y cómo esta las había ayudado en una vana esperanza de poder liberarse de aquella mujer.

Caroline había descubierto tiempo atrás que matar no era lo suyo, que no sentía ese goce del que algunos se vuelven adictos, de hecho estaba segura que sería una sensación de la que toda su vida le perseguiría, pero a su vez, también había comprendido que hay personas que la vida los llevó a ser seres que sólo traían sufrimiento a su alrededor y que nada los haría cambiar. Y matarlos era la única opción viable para contribuir a que el mundo fuera un poquito menos horrible de lo que a veces podía llegar a ser.

Dió un paso hacia el chico.- ¿Qué tienes pensando?.- le preguntó mirándolo con rostro neutro.- Porque si te has aparecido de esa forma aquí es porque tienes un plan ¿no?.- elevó una ceja y miró al chico expectante.
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Gwendoline Edevane el Mar Feb 12, 2019 12:20 am

Después de tantas desgracias acaecidas en su vida, Gwendoline era reacia a confiar en otros. Daba igual cuán buenas fueran sus intenciones, cuán carentes de malicia fueran sus actos, ella desconfiaba.

Las otras dos mujeres reunidas en aquella cocina, junto a ella, eran la prueba fehaciente de cuáles eran las consecuencias de confiar. De esperar lo bueno de todo el mundo.

Así que tenía sus dudas, y a medida que Douglas Dagon hablaba, se resistió a creerlo. Sí, ciertamente sintió una punzada de culpabilidad y responsabilidad a la mención del nombre de Savannah McLaren, muchacha de cuya desgracia era parcialmente responsable. Y, sin embargo, siguió resistiéndose a confiar en él.

Dedicó una breve mirada de soslayo a Caroline cuando preguntó acerca del plan que Dagon tenía en mente, y le pareció una pregunta muy buena. Entonces, volvió a mirar al susodicho, y esperó pacientemente a que hablase, los brazos cruzados por debajo de sus pechos.

No sé si puede considerarse realmente un plan, pero lo que está claro es que es posible que no tengamos otro momento mejor para hacerlo.Empezó Douglas Dagon, incluyéndose en el grupo de una manera que Gwendoline, en lo personal, encontró de lo más invasiva. La morena, en cambio, no dijo nada.Está débil. Después de ese enfrentamiento que tuvo con vosotras, se quedó debilitada. Es ese anillo que lleva en el dedo. Ese onu...El chico frunció el ceño, buscando una palabra que se resistía a salir de sus labios.

Oni ringu.—Terció Gwendoline, a lo que Dagon asintió con la cabeza. La morena sabía por dónde iban los tiros.

¡Eso, sí! El oni ringu. Esa cosa le da un poder de la hostia, pero también la consume. Y por lo que se ve, tarda en recuperarse. Va por ahí con la varita de Savannah en la mano, como si fuera suya.Dagon apartó la mirada de ellas, y por la expresión de su rostro, casi parecía que estuviera masticando algo desagradable.No tiene puto derecho. Esa varita es suya y...

—Concéntrate.—Le cortó Gwen con una aparente frialdad, como si el asunto de Savannah no le importara; en realidad, sí le importaba, y mucho, pero no se sentía capaz de mantener la compostura si la conversación seguía por esos derroteros.

¡Vale, joder!Respondió él, casi ofendido, lo cuál no dejaba de ser risible: ni que ellas tuvieran culpa de la situación en que él solito se había metido.Ha estado dejándose ver menos que antes, precisamente por el estado en que se encuentra. Parece ser que ha utilizado demasiado el anillo, y que casi le cuesta la vida. Por eso no vino a por vosotras.

—Tiene sentido.—Dijo Gwendoline, mirando primero a Sam y luego a Caroline. Sobre la pelirroja fijó la mirada.—Es lo que dijo Aoyama cuando estuvimos en Japón: que ese anillo viene con un precio, y si se usa de manera continuada, a eso es a lo que te enfrentas.—Se notaba que la morena estaba un poco más inclinada a creer las palabras de Dagon, pero no se lo permitió a sí misma: clavó la mirada nuevamente en él.—Eso que nos dices no es nada que no supiéramos. ¿Es todo lo que tienes? Porque si es así, me parece que hemos terminado...

¡Espera, coño!Exclamó el joven, revolviéndose con desesperación en la silla. Gwendoline le prestó atención, en silencio.Esta semana tiene una reunión importante con algunos de sus contactos. No sé exactamente de qué va el asunto, pero por lo que sé, parece importante: nos ha ordenado a Arthur y a mí que la acompañemos, y el Chudley Skeegan de los cojones también estará presente. Sea lo que sea, es importante.

—¿Y cuál es exactamente tu plan, Dagon? ¿Que ataquemos a Hemsley durante una reunión con a saber quién? ¿Para que estemos en un inferioridad de condiciones y seamos un blanco más fácil?—Preguntó Gwendoline con incredulidad. No le sonaba nada bien ese plan.

El chico negó con la cabeza con vehemencia.

No, no, no quiero decir eso.Se humedeció los labios antes de proseguir. Estaba claramente nervioso.Todo tipo de trampa queda descartado si tenemos en cuenta las habilidades de tu chica.Indicó a Sam con un movimiento de cabeza, a lo cual Gwendoline respondió apretando los labios.Sé mucho de ella, y entre las cosas que sé se encuentra la dirección de su domicilio. Estoy más que seguro de que se irá allí a descansar nada más termine la reunión, pues por mucho que quiera aparentar, no está para muchos trotes.Hizo una pausa, mirándolas una a una, calibrando su reacción. Ninguna mostró emoción alguna, por lo que el chico prosiguió.Vive en una mansión que ha decorado como una de esas casas del Japón medieval que se ven en las películas. Es una puta friki. Tiene muchas trampas allí colocadas, y yo conozco algunas. Podemos usarlas en nuestro beneficio. También tiene criaturas mágicas allí: he visto un par de kappas en el estanque del jardín, y creo que tiene un occamy de unos doce metros también. No sé lo agresivas que serán...

Aquello podía seguir por aquellos derroteros un rato más, pero Gwendoline alzó la mano para indicar a Dagon que dejara de hablar. Entonces, se volvió hacia Sam, buscando su opinión de experta en materia de mentiras.

—¿Confías en él? ¿Dirías que está siendo sincero?—Preguntó la morena. Y nada más hacerlo, no pudo evitar mirar a Caroline también.

A fin de cuentas, la pelirroja se preocupaba por las criaturas mágicas. No quería ni imaginar lo que ocurriría si las tres descubrieran que Hemsley había estado maltratando a dichas criaturas, que por lo que sabían de ella no le servían más que como un trofeo o un elemento de decoración en su mansión de estilo japonés.

A fin de cuentas, si a las personas las trataba como instrumentos, ¿qué haría con unos pobres kappas que a nadie en el Ministerio le importaban?
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Sam J. Lehmann el Mar Feb 12, 2019 5:39 pm

A medida que aquel chico iba hablando sobre las debilidades de Grulla y de como ir a por ella, Sam cada vez veía más inconvenientes. Y es que sí, maldita sea, odiaba a esa señora y le encantaría que no estuviese ya en el mundo para que no fuese un problema para ellas. Pero eso de organizar un ataque contra ella, con el único motivo de matarla... es que le parecía tan terriblemente turbio e impropio de ellas que le estaba martilleando la cabeza.

Podía entender que en este nuevo mundo o matas o te matan, pero es que igualmente el simple hecho de estar organizando un asesinato le parecía demasiado. Y ahí se encontraba, en mitad de una batalla mental, moral e ideológica consigo misma. Y es que no, por una parte no podía negarse después de lo que les había hecho y lo que estaría por hacer si se dejaban estar y no aprovechaban esa oportunidad, pero por otra parte...

Suspiró con suavidad allí en donde se encontraba, dándose cuenta que ni los malvados en el poder se libraban de traiciones entre los suyos, porque Douglas Dagon había llegado a Grulla por algún motivo, pero debida a su locura inconmensurable, se había replanteado las cosas como para hablar con dos traidoras y una sangre sucia. Así que intentó mantenerse un poco al margen de la conversación mientras Gwendoline llevaba las riendas, fijándose sobre todo en la expresión corporal de Dagon, así como en sus palabras. Cuando terminó de hablar, mencionando la mansión, las tres chicas se miraron entre ellas, conformando una especie de piña en donde poder hablar. Sam negó con la cabeza a lo que dijo Gwendoline. —No confío en él, pero creo que está siendo sincero con nosotras —le respondió, en bajito. —Y no me cuesta creerlo después de todo lo que sabemos de Hemsley. Nadie en su sano juicio puede trabajar con ella sin llegar a la conclusión a la que está llegando él. —Ahora estaba siendo Savannah, ¿pero después de Savannah, quién iba a ser el siguiente pringado que se convirtiese en trapo sucio de Grulla? —Igualmente puedo cerciorarme si dice la verdad o no... —Dejó caer, para que todas estuviesen más tranquilas, aunque a Sam la verdad es que no le hacía falta.

Pero claro, a Samantha le hubiera encantado que Dagon se ocupase de sus inquietudes él solo y matase a Hemsley por su cuenta. Ella no diría nada y tampoco participaría, pero se quedaría terriblemente aliviada al no tener a esa persona tan peligrosa detrás de ellas. Sin embargo, ahí estaba, pidiendo ayuda porque solo era incapaz y creía que ellas tres sí podían tener algún tipo de oportunidad. Ella, aún así, no podía evitar pensar que era meterse de lleno en la boca del lobo y que de un mordisco alguna de las tres podría salir gravemente herida del lugar, si es que todas salían vivas después de esa locura de plan. Porque al fin y al cabo tenían la certeza de que el anillo la volvía más débil, pero era dar por hecho la debilidad de un enemigo cuando claramente es lo primero que te enseñan en Defensa contra las Artes Oscuras: no subestimes a tu enemigo nunca.

Así que Sam estaba un poco en stand by en ese momento y por su cabeza pasaban muchas cosas, por mucho que ahora mismo ella pensase que tenía le mente en blanco. —Sé que Hemsley es peligrosa, que puede venir en cualquier momento a por nosotras, que tiene mucha información y os puede destrozar la vida... y os juro que sé que no hay mejor lugar para ella que enterrada. —Y entonces tragó saliva, mirándolas con seriedad. Necesitaba apoyo y saber lo que pensaban ellas: ¿de verdad veían esa oportunidad como la oportunidad de oro y les daría igual entrar a una casa ajena para matar a su propietaria ahí dentro? —Si todo esto es verdad... ¿lo vamos a hacer?

No era un secreto para nadie que Sam para esas cosas no servía, tampoco era un secreto que con que una fuese derechita a esa casa a matar a Hemsley, Sam la iba a acompañar hasta el final pues nunca dejaría a una de sus amigas sola ante el peligro. Sin embargo, la duda estaba ahí. La duda por el peligro que suponía, la duda porque el fracaso era plausible y probablemente terrible por todo lo que podía ocurrir... la duda porque todo saliese de manera exitosa y... ¿entonces qué? ¿Sumaban un asesinato a su lista de cosas por hacer antes de morir? Sí, se libraban de una amenaza posiblemente mortal, ¡pero joder, es que no podía tomar una decisión así en ese momento!

Así que tragó saliva y miró a Douglas.

¿Cuándo es la reunión?

El domingo...

Y esa era otra: si por algún casual decidían aceptar todo eso, Douglas era un cabo suelto. Ya sabían todas lo fuerte que era Artemis con la legeremancia, ¿qué les aseguraba a ellas que no averiguaba las intenciones de su aliado y lo echaba todo a perder, haciendo que se metiesen en la peor trampa, en terreno enemigo?

¿Y tienes la certeza de que Hemsley nunca sospecharía de ti? Los dos sabemos su nivel con la legeremancia, ¿cómo sabes que no averiguará tus intenciones o que has venido al enemigo a pedir su muerte? —Le preguntó directamente.

Confía en Arthur y en mí... —Respondió. —Nunca ha usado la legeremancia en mí.

Que tú sepas... —añadió Sam a su respuesta. Era muy fácil para un legeremante manipular la mente del enemigo, como para que uno sepa que su mente no ha sido modificada.
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Caroline Shepard el Mar Mar 12, 2019 12:46 am

En cuanto Sam recibió aquel mensaje de la castaña la pelirroja no dudo en ir junto a ella a su casa. Allí se toparon con un evento, o mejor dicho una presencia inesperada. Uno de los adeptos de Grulla se había aparecido osadamente en la casa de Gwen. La castaña no tardó en aturdirlo y amarrarlo hasta que ambas magas llegaran a su lado a ofrecer ayuda y apoyo ante aquella situación.

Cuando el joven mago despertó, Caroline se mantuvo alerta, escuchando desde la distancia con mirada perspicaz. Quería confiar en sus palabras, pero lamentablemente la vida le había reducido, con el pasar del tiempo, considerablemente la lista de las personas en que la pelirroja confiaba a ojos cerrados. Y él, definitivamente no pertenecía a dicha lista. Es por eso que cuando terminó de hablar la magizoologista le preguntó lo que considero más idóneo tras las circunstancias en que se encontraban todos inmersos.

La pelirroja enarcó una ceja cuando el chico las incluyó en su "plan" pero se mantuvo en silencio, dándole realmente la oportunidad de que este el sorprendiera y le diera ese impulso que necesita para dar su visto bueno, y arriesgarse una vez en contra Hamsley.

Lo escuchó atentamente y movió su hombro inconscientemente en cuanto el chico nombró la última batalla que habían tenido contra la maga. Repasó mentalmente a su vez, todos los datos que habían recaudado de dicho anillo y las consecuencias que tenía su uso. Y uno de ellos era que mientras más poder, más te consume. Como dicen por ahí, ojo por ojo, diente por diente.

Entrecerró sus ojos cuando el castaño les dijo que tenía mucha información sobre Grulla y entre esas cosas se encontraba su paradero, y se preguntó por qué ahora él había decidido ir por ellas. Ya que era consciente de lo mucho que sufría la chica que nombraba, hace mucho tiempo tanto Gwen como Sam le habían contado de su presencia, es por eso que se preguntaba qué había cambiado, o qué había detonado que la bomba explotara desde adentro por medio de una alta traición.

Se perdió entre sus cavilaciones, eran muchas las dudas entorno a la presencia del chico y por mucho que ponía todo de sí para poder creerle algo se lo impedía, quizás el temor de que todo esto fuera una trampa y esta vez no lograran escapar. Es que la pelirroja pudo comprobar empíricamente el poder que ese anillo le daba a Grulla, y más que temer por una vez más tener que pasar por ello, temía aún más que alguna de las dos magas que se encontrase a su lado tuvieran que pasar por eso o más. Eso le aterraba hasta el punto de realmente replantearse si valía la pena unirse a esa especie de plan que les ofrecía el joven a las tres.  

Pero de pronto el mago dijo una palabra que lo cambió (casi) todo, el miedo de que le pasara algo a sus amigas seguía intacto pero ahora la rabia de que esa mujer estuviera contra su voluntad a Kappas se había equilibrado con la emoción anterior.- ¿Tiene a Kappas en un puto estanque?.- preguntó con los dientes apretados anonadada, sin poder creer la horrible persona que podía llegar a ser, en todos los sentidos, esa mujer.

Y con el ceño fruncido, y la respiración densa como cual rinoceronte se acercó al grupo aparte que tenían las chicas.- Cada día la odio más.- gruñó de brazos cruzados, para luego suspirar y sacudir su cabeza, para bajar un poco los humos.- Yo no puedo creerle del todo. Y de verdad que quiero, pero me es muy difícil. ¿Por qué quién nos asegura que no está siendo manipulado? ¿Quién nos asegura que esto no es una trampa y en vez de debilitarse ella está más fuerte? .- preguntó bajito junto a una mueca.- Yo propongo que Sam se cerciore, no podemos correr ni el más mínimo riesgo contra Grulla. Al menos no mientras tenga ese anillo.- terminó por decir.

En eso Sam hizo una pregunta crucial, y tuvo el impulso de responder "Matarla" pero no pudo, por una extraña razón las palabras se le quedaron estancadas en su garganta y formaron un nudo que no la hizo sentir para nada cómoda. Es que matar a alguien es algo que la pelirroja no se lo desea a nadie, al menos no a una persona cuerda y que la bondad domina en su mayoría su personalidad, porque después de hacerlo, después de observar el último aliento en tu oponente nada vuelve a ser lo mismo, por más que esa persona se lo merezca y por más que no exista otra solución viable, siempre hay un antes y un después de aquello. Y Caroline no quería que ninguna de sus dos amigas tuviera que vivir eso.- No lo sé...- soltó sincera.- No sé si existe otra solución más que...bueno, matarla.- tragó sintiendo su garganta seca.- Quizás ¿borrarle todos sus recuerdos? ¿Dejarla vacía?.- preguntó, siempre en voz baja.

Miró al chico mientras Sam le hacía preguntas, lo inspeccionó como cual felino detrás de un gran arbusto analizando todo a su alrededor.- Quizás lo mejor sea borrar todo esto de tu cabeza. Nos das la información que necesitamos, y bueno, como tú nos pides confiar en tí, después de esto simplemente tú deberás confiar en nosotras y esperar que iremos el domingo a dicha reunión...-le dijo al chico con rostro neutro.- Si es que decidimos hacerlo, claro.- agregó. Aún no estaba del todo hablado, era una decisión arriesgada e importante, por lo que decidir aquello a tontas y a locas hasta para una persona impulsiva como ella no era la mejor opción.
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Gwendoline Edevane el Jue Mar 14, 2019 8:08 pm

Confiar en Douglas Dagon o no. A eso se resumían sus opciones en aquellos momentos, y con toda la sinceridad que podía tener, la morena desearía que hubiera alguna más.

No creía que el señor Dagon estuviera mintiendo, ni nada por el estilo, y por lo que decía Sam, ella tampoco. A Gwendoline, la palabra de su novia le parecía suficiente, pues si existía en aquella habitación alguien capaz de detectar la mentira en un ser humano, ese alguien era Sam: no en vano, la rubia había estudiado no sólo el arte de la legeremancia, sino que había descubierto suficientes mentiras en mentes ajenas como para hacerse una pequeña idea de las reacciones que un mentiroso podía ofrecer.

A ella misma le parecía sincero, aunque no a Caroline; sin embargo, Gwendoline temía que la mención de los kappas y las criaturas mágicas podría haber enturbiado su juicio.

La pelirroja parecía ser la única que tenía reservas ante aquella historia que Douglas les contaba, y quizás fuese la más inteligente de las tres, pero la desmemorizadora no necesitaba más que la palabra de su novia: ella había tratado con mentirosos, mortífagos y cazarrecompensas suficientes como para entender esa parte del mundo que ni Gwendoline ni Caroline habían tenido que pisar nunca. No realmente, al menos.

—Yo no creo que sea necesario.—Aportó ella, posando su mirada sobre la de su novia.—Confío en tu juicio, pero si queréis comprobarlo, no creo que el señor Dagon vaya a protestar. No es como que tenga elección...

Lo que a Gwendoline le preocupaba en esos momentos no era exactamente el hacerlo o no, sino lo que la situación implicaba: atacar a una persona cuyos poderes mágicos estaban debilitados en su propia casa. ¿En qué las convertía eso? ¿En vulgares rateras? ¿Eran mejores que los mortífagos si entraban a asesinarla a traición? No se veía capaz de hacerlo, ni mucho menos…

Se llevó ambos dedos índices a las sienes y comenzó a frotarlas con ellos. El sólo pensamiento de Artemis la hacía recordar las terribles migrañas que la mortífaga le había causado cuando estaba bajo su control, y quizás ese dolor fuera más psicosomático que auténtico, pero lo que estaba claro era que la idea le provocaba una creciente tensión.

Toda vida humana es sagrada, recordó Gwendoline las palabras de su madre.

—Matarla, no.—Opinó la morena. ¿En qué momento aquello se había convertido en una parte de su plan?—No nos corresponde a nosotros decidir quién vive y quién muere, por mucho que a veces sea la mejor opción...—Gwendoline dijo esto mirando a Caroline, y no hizo falta que dijera a qué se refería exactamente: no quería que ella y sus amigas tuviesen que cargar con otro Sebastian Crowley sobre sus conciencias.

Sam preguntó los pormenores de la reunión de la que hablaba Douglas, y el chico les dijo que era el siguiente domingo. También les contó el dato de que Douglas y Arthur parecían ser ‘de confianza’, lo cual en términos de Artemis Hemsley muy posiblemente significara que no le habían fallado lo suficiente como para considerarse traidores a su causa. Porque fallarle a esa mujer era demasiado sencillo.

Caroline sugirió borrarle la memoria a Douglas, a lo cual el joven puso los ojos en blanco, negando con la cabeza.

¿Y si me borras la memoria, cómo pretendes que recuerde que he hecho un plan conjunto con vosotras? ¿Piensas dejarme sólo la información de que quedado con vosotras? Si me conozco cómo creo que me conozco, con eso sólo conseguiréis que se lo cuente a ella y os arruine el plan. Porque sabré que habéis jugado con mi mente...Dijo el joven, y Gwendoline pensó que tenía cierta razón.

—No funcionaría, tiene razón. Si vamos a colaborar con él, necesita tener todos sus recuerdos. Y asegurarse de no delatarse ante ella.—Douglas hizo un gesto con la cabeza ante las palabras de Gwendoline, como si quisiera decir que ahí quería llegar él.—Pero, no sé… ¿Soy la única a la que le parece que esto no está bien? ¿Que lo que estamos haciendo está mal? Si vamos a matarla… ¿en qué clase de personas nos convertimos?

Y no, antes de que todos lo penséis, Gwendoline no tenía a Sebastian Crowley en mente: la situación con el Crowley era diametralmente opuesta, y el muy salvaje se había asegurado de que lo único que podría liberar a Sam de su influencia era su propia muerte. Y si bien la morena no podía presumir de entender a todo mortífago sobre la faz de la Tierra, sí sabía que la gente como él tendía a desarrollar una especie de complejo divino, creyéndose inmortal.

La única forma de acabar con su influencia sobre Sam era acabar con el que se había convertido en el dios de su mundo.

Pero Artemis Hemsley era distinta. Artemis Hemsley era una amenaza por todo lo que sabía, el poder que tenía, y la capacidad que tenía en sus manos de hacer que el mundo de las tres se tambalease. Pero ninguna estaba bajo su influencia. Lanzarse de cabeza contra ella, en un plan potencialmente suicida a impreciso, con intención de asesinarla… no estaba bien, simplemente.

—Si hacemos esto… no quiero que muera.—Dijo Gwendoline, posiblemente la persona en aquella habitación con más motivos para odiar y desear la muerte a Hemsley.—Podemos intentar borrar su memoria para librarnos de ella, sí. Pero temo que con este plan todo acabe reducido a dos opciones: matarla o...

No terminó la frase: era evidente lo que iba a decir. Dos caras de la misma moneda. Sin embargo, aquella moneda no parecía serles favorable a ellas...
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Sam J. Lehmann el Miér Mar 20, 2019 2:52 am

La verdad es que Sam prefería no meterse en la mente de Douglas Dagon teniendo en cuenta que trabajaba para Artemis Hemsley y que probablemente hubieran cosas muy turbias en su interior. No era por nada y era bien consciente de que su habilidad con la legeremancia en esas ocasiones podía ser crucial, pero de verdad que no quería mirar si sabía que dentro iba a encontrar cosas que no le gustaban en absoluto y la iban a hacer sentir mal. Además, quería pensar que su juicio con respecto a Dagon era acertado. No había más que ver lo natural y asustado que parecía frente a simples amenazas, o el sudor cayéndole por la frente. Una persona manipulada no se aferra tanto a sus sentimientos, sino que actúa y hace lo que tiene que hacer, independientemente de lo que pueda ocurrirle. Pero vamos, entendía que Caroline no confiase al cien por cien en el juicio de Sam si no usaba la legeremancia.

Además, lo que decía el chico tenía lógica: en Japón ya se habían enterado de que ese anillo no eran sólo ventajas y que tarde o temprano podía hacer que Artemis se debilitase, por lo que a Sam todo le cuadraba. Y Douglas Dagon no tenía manera de saber que ellas tenían esa información.

No está mintiendo, Carol. Nos ha dado información que sabemos que es real, que se supone que es secreta y míralo… —Le echó una mirada de reojo. —Pese a que sabe que nosotros no vamos a matarlo, tiene miedo. Si estuviera siendo manipulado le daría igual su vida. Haría lo que tendría que hacer y no le importaría las consecuencias. Veo en él… arrepentimiento, un intento de querer arreglar las cosas y apostar por algo que no vaya a matarlo —respondió con sinceridad. —Además, no quiero meterme en su mente y tener que mirar sus últimas relaciones con Artemis.

No iba a decir en voz alta el por qué, pero asumía que ambas sabrían identificar el por qué de su negativa. Que ojo, si no había otra opción lo hacía; pero hacerlo cuando estaba bastante segura de lo que decía no le motivaba en absoluto.

Y como era evidente, la solución de matarla fue la que salió a la luz. Que a ver, podían ser muy optimistas con la vida, estar muy a favor con la integridad del ser humano, apoyar incondicionalmente la no violencia y buscar sólo soluciones en pos de su supervivencia que no vinieran acompañadas de una muerte… ¿pero de verdad alguna de las tres creía que realmente una manipulación mental podía llegar a hacer que Artemis Hemsley quedase al margen de ellas? Habría que hacerle tremenda manipulación mental que la dejarían reducida a alguien que no es, pues habría que ir muy atrás para quitar la semilla de su interés por Thaddeus Allistar y, por tanto, su relación con Samantha Lehmann. Por no hablar, claro está, que con lo obsesiva que era con todo lo suyo, a la legeremante no le parecía descabellado que tuviese alguna manera de curarse de este tipo de manipulación. ¿Quizás una copia de sus recuerdos a buen recaudo? ¿Un diario en donde lo haya escrito todo? Era una legeremante experta y, como tal, seguro que no dejaría su vida y sus recuerdos a ese tipo de suerte sabiendo lo 'fácil' que es hacerlo.

Sin embargo, Sam era de esas personas, de las que pensaban precisamente que podía hacerse por métodos menos agresivo y no acudir al asesinato. Lo había hecho muchas veces, aunque no con personas de la talla de Artemis Hemsley. Así que suspiró frente a lo que dijo su amiga. —No sé si con Artemis Hemsley servirá eso… es decir, si lo que quieres es dejarla vacía hasta el punto de que sea un vegetal sin identidad ni recuerdos, ¿acaso no es más benevolente matarla? —Cuestionó, soltando de nuevo aire. —No sé, por lo que sé de Hemsley y de su nivel con la legeremancia, no sé yo si la manipulación mental será una opción plausible…

Y decirlo así le daba hasta reparo, pues parecía que realmente estaba apoyando a la opción del asesinato. Y evidentemente no era así. Sólo quería que supieran su opinión al respecto, pues por mucho que Sam pudiera identificar todos los puntos que vinculasen a Artemis con ellas y que Gwendoline hiciera un perfecto trabajo de borrado, Sam seguía pensando de que esa mujer tendría que tener algo más.

Así que cuando volvieron a donde Douglas y Gwendoline declaró abiertamente que no le parecía bien, Sam no pudo evitar sonreír con pesar, casi con ironía. —¿En personas horribles? —Le respondió, para entonces apoyarse con la espalda en la pared, cruzándose de brazos. —Que podemos perfectamente auto-convencernos de que es por nuestra seguridad y nuestra supervivencia, que Hemsley es una persona horrible y estará mejor muerta, tanto por nosotras como par el resto de personas, o incluso que estamos dando un golpe de justicia frente a tanta violencia injustificada, pero… ¿eso quita que seamos unas personas horribles? No. Matar en medio de una guerra es feo lo mires por donde lo mires. —La guerra, en sí, es fea. Y cualquier cosa que ocurra en todas las batallas normalmente acarrean situaciones de ese estilo, que por mucho que estén justificadas, no dejan de ser horribles.

Que ojo, no quería decir: “matar, sea como sea, nos convierte en personas horribles” porque no era el caso. Sam estaba infinitamente agradecida con Caroline por haber matado a Sebastian Crowley, pues si no llega a ser por eso, ella no estaría allí en ese momento. Y Caroline era todo lo contrario a una persona horrible. Sin embargo, la situación actual a Sam le daba la sensación de que era bastante diferente. Así que tras lo último que dijo Gwen, la legeremante pensó durante unos segundos. —Yo, sinceramente… veo el plan como una oportunidad que no se va a repetir y que nos asegura tener ventaja sobre ella. Si no lo aprovechamos, tarde o temprano ella vendrá contra nosotras, teniendo ella esa ventaja. Puestos a elegir, es mejor estar nosotras por delante. Eso sí: no me gusta el plan porque es peligroso. —Y evidentemente meterse en algo así junto a ellas dos, al menos a Sam la estresaba muchísimo por lo que pudiera pasarles. —Es muy peligroso y no sé cómo de favorable tendremos las probabilidades de éxito pero… no sé. Si conseguimos vencerla, podemos intentar borrar sus recuerdos. Pero tengo la sensación de que es un riesgo muy grande.

Pero vamos, algo le decía que ‘vencer’ a Grulla en combate con ella todavía respirando no era una opción que se diese demasiado. Eso se le antojaba como un combate a muerte y, teniendo en cuenta el poder de Artemis, le daba miedo que realmente la única opción, en ambos sentidos, fuese la muerte. Que hubiese la mínima posibilidad de que alguna de ellas muriera, a Sam le quitaba las ganas de seguir cualquier plan, sinceramente. —Pero tenemos que pensar muy bien lo que vamos a hacer… no podemos ir allí sin un plan bien elaborado. O sea, no apoyaré nada en donde las tres tengamos claro lo que hay que hacer, nuestros límites y... todo. No quiero dejar nada al azar si nos enfrascamos en esta locura. —Matizó eso preocupada; muy preocupada. Era evidente que no le hacía ni pizca de gracia volver a enfrentarse a Artemis.

Yo os puedo dar información para que podáis crear un plan… —Interrumpió entonces Douglas, intentando ser favorable frente a la duda de las chicas. —Sé mucho de ella aunque ella crea que no. Os puedo ayudar a vencerla. No os dejéis influenciar por sus aires de grandeza y creencia de sentirse invencible: se le puede vencer y tiene debilidades. Lo que hay que saber aprovecharse de ellas.
Sam J. Lehmann
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Caroline Shepard el Lun Abr 08, 2019 3:17 am

Caroline frunció el ceño, es que entendía que ambas magas decidieran confiar en el chico y ella de verdad que quería hacerlo, pero con todas las cosas que habían pasado últimamente, desafortunadamente la confianza era algo que la pelirroja había ido perdiendo, mantenía su semblante sereno y cariñoso con las personas pero llegar a confiar plenamente en ellas le era algo muy difícil, y mucho menos en alguien que trabajó durante tanto tiempo para ese mujer. Simplemente no podía hacerlo tan fácil,pero al escuchar que las dos si lo hacían se encogió de hombros y lo dejó pasar. Siempre ha creído en el colectivo, y esta vez la mayoría había impartido su opinión y ella iba acatar. Y no fue hasta que Sam dió su última justificación de por qué no quería meterse en su cabeza que se destenso un poco, ya que a decir verdad ella tampoco quería que su amiga volviese a ver esa clase de imágenes desagradables que de seguro tenía ese chico junto al lado de Grulla en su cabeza.

La pelirroja decidió dar un paso al costado, no le gustaba hacia donde estaba yendo la conversación, le hacía sentir incómoda, como despertando fantasmas del pasado que por más que ha tratado de ir sanando siempre formará parte de ese tipo de recuerdos que uno decide mantener enterrados y bloqueados porque cuando están a la luz causan mucho daño. Se fue a un rincón, apoyó su espalda en la pared y se cruzó de brazos manteniendo su mirada en el suelo mientras las magas hablaban. No pudo evitar sentir una opresión en el pecho cuando escuchó decir a Sam eso de "personas horribles", sabía que no se refería a ella ni mucho menos a lo que había hecho, pero a veces, en las noches sobre todo, cuando bajaba toda guardia y pensaba que iba a dormir plácidamente pero terminaba despertando en las noches sudada tras una horrible pesadilla que tenía a Crowley como protagonista, la pelirroja si se sentía una persona horrible, y si sentía que quizás había otra opción viable en vez de aquella. Es por eso que este tema en particular la había mantenido más retraída y callada que de costumbre.

Mirando el suelo como si en el pudiera encontrar la respuesta que estaban buscando se encontró durante un largo tiempo, su cabeza funcionaba rápidamente, como el motor de un tren que va a toda velocidad, pero nada. Al parecer su mente se había vuelto en bucle y siempre volvía al mismo lugar de origen. Y se sentía frustrada, y cansada a la vez. Porque por más que se preguntaba ¿cuándo se iba a acabar todo esto? la respuesta siempre venía envuelta en un acontecimiento o una visita inesperada que se terminaba traduciendo en un "al menos por ahora, y un buen tiempo, no".

Tenía tanta rabia, ni de asomo a la que sentía por Crowley pero rabia de todas formas. Esa mujer les había causado mucho daño y al parecer no quería detenerse. Cada una de ellas se encontraba marcada de una u otra manera por sus garras, y pensar que más tarde que temprano volvería aparecer en sus vidas le perturbaba, suspiró frustrada.

Vencerla...— repitió las palabras del joven y soltó una pequeña risa sarcástica.— ¿Qué significa vencerla? — preguntó a los presentes elevando su mirada para clavarla en ellos.— ¿Luchar contra ella y dejarla débil para después qué? ¿Que nos tema y decida dejar de molestarnos? ¿O luchar contra ella y ganarle para dejarla encerrada en algún lugar y que no dañe a nadie más? Porque hasta donde yo sé en Azkaban ella tiene más amigos que nosotras. Grulla es una bomba de tiempo, y lo sabemos muy bien. Sabe dónde vivimos, nuestros nombres, que somos unas "traidoras del nuevo gobierno" y si ella quiere, puedes destruirnos sin siquiera usar una varita. Ahora está débil y tenemos una oportunidad, pero mi pregunta es ¿Qué tipo de oportunidad? Porque sabemos muy bien que si vamos para allá, aunque ella esté con menos fuerza va a luchar a morir. Y nosotras ¿qué? ¿dejarla inconsciente para así poder borrarle sus recuerdos? Y eso ¿la hará mejor persona o una que tiene rabia con el mundo porque sabe que algo le falta? Lo siento, vale. Sé que mis palabras no son ayuda alguna, pero de verdad que no quiero ir allá, poner nuestras vidas en peligro porque él se arrepintió y se dió cuenta que seguirle el amén a esa mujer es algo horrible. Él vino hacia nosotras y nos dijo textual "Quiero matar a esa perra del infierno porque quiero liberar a Savannah" ¿Podemos ayudarle? Quizás sí a liberar a Savannah, pero teniendo en cuenta lo que eso significa.— hizo una pausa y bajó la mirada para inspirar profundamente para elevar la mirada y decir.— Sé que matar nos convierte en personas horribles, porque yo también he sido una y la verdad no se lo recomiendo a nadie. Pero, nada...si decidimos ir, batallar y tratar de ayudar a esa chica, pues vamos...pero si las cosas se ponen feas, y no queda otra opción, pues yo me ofrezco a hacerlo. Y no es que quiera, solo lo digo por si no queda otra opción.— dijo con tono seco, para luego removerse incómoda.— Em...necesito ir al baño, estoy de acuerdo en lo que decidan. Ya vuelvo— señaló para darse media vuelta e ir hacía el baño.

Cuando entró en la habitación, y cerró la puerta dejó caer todo su peso en ella. Comenzó a respirar pausadamente con sus ojos cerrados tratando de dominar sus nervios, cuando abrió sus ojos nuevamente y se topó con el espejo del baño de Gwen y miró su reflejo en el, se dió cuenta que pese al paso del tiempo todo el asunto de matar no era un tema totalmente resuelto en ella. Y lo peor de todo es que cuando se fue acercando más al lavamanos y logró ver su rostro más de cerca, se dijo así misma que si tuviera la posibilidad de retroceder el tiempo quizás lo volvería a hacer, y si en unos días alguna de las mujeres que estaba afuera se encontrase en peligro de muerte a manos de Grulla u otra persona, tampoco dudaría en hacerlo.

¿ Por qué fue la primera y la única (a excepción del joven) pensar como posibilidad matarla? ¿Es que acaso había algo mal en ella? ¿había perdido esa bondad que creía tener?, se preguntó. Y todas las respuestas que surgieron le aterraron.
Caroline Shepard
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Gwendoline Edevane el Mar Abr 09, 2019 12:45 am

Lamia Amery, madre de Gwendoline Edevane y la primera persona que acudía a la mente de la desmemorizadora cuando pensaba en en una figura femenina con principios morales. Después de todo, había vivido en otra época, una en la que podía permitirse echar mano de aquellos principios.

Incluso cuando la morena era pequeña, dos habían sido las lecciones en las que más hincapié había hecho Lamia: protege aquello que amas, por encima de todo, y recuerda que toda vida humana es sagrada. Bonitas lecciones, preciosas, que habían calado en ella y que se había asegurado de seguir lo más fielmente posible.

Pero eran tiempos distintos. Tiempos guerra en los que el enemigo no tenía respeto alguno por tu vida. Tiempos en los que podías terminar muerta o entre rejas simplemente por ser diferente. Tiempos en que se te imponía una mordaza, siempre y cuando pretendieses conservar tu libertad o tu vida.

Tiempos en que las palabras no servían absolutamente para nada.

En aquellos momentos, Gwendoline no podía hablar con su madre, ni preguntarle si lo que estaban hablando en aquel lugar estaba bien o mal. Tampoco podía preguntarle acerca de la evidente contradicción en sus palabras: ¿Qué hacer cuando tu única opción para proteger aquello que amas es, precisamente, acabar con la vida de otro ser humano? Sam lo estaba diciendo, después de todo: con Grulla, quizás, no funcionarían los métodos habituales para lidiar con sus problemas.

Miró a Sam, casi derrotada, cuando declaró que aquello, simplemente, las convertía en personas horribles. Escuchó las palabras de la rubia y… sinceramente, no encontró ninguna manera de replicar. Porque no la había. Y pese a que unos momentos más tarde declaró que no quería que muriese… parecía ser la única que creía que podría solucionarse aquello de una manera pacífica. Quizás fuese una estúpida o una ingenua.

Sam dijo la pura verdad: aquella oportunidad no iba a repetirse. O lo hacían, o Grulla caería sobre ellas. Y viendo cómo les habían ido las cosas hasta entonces, sólo cabía esperar que el tercer encuentro con ella fuese el último… y seguramente, la victoria sería para ella.

—Pues entonces di...—Empezó a decir Gwendoline, cuando Caroline intervino tras un largo silencio. Su intervención fue básicamente como una ola: no hubo forma de pararla.

Gwendoline no se atrevió a decirle nada, pues ya en el pasado había recriminado a la pelirroja su actitud temeraria frente al peligro. Que dijese todo aquello, en parte, implicaba que había aprendido de sus errores, pero claramente nadie estaba proponiendo ir sin un plan. Un plan debía haber, después de todo.

Y cuando su discurso dio paso a la parte de lo horrible que resultaba matar, Gwendoline fijó la mirada en Sam: ambas sabían a qué se refería con aquello.

No creía que fuera necesario pensar todavía en quién tendría que ser la mano ejecutora en todo aquello, pues ni siquiera habían decidido si lo iban a hacer o no. La ocasión parecía la mejor, pero… el mero hecho de no estar seguras, quizás, era un indicativo claro de que estaban cometiendo un error. Y Gwendoline le habría dicho algo, pero la pelirroja no parecía querer hablar del asunto: se retiró hacia el baño.

Con la puerta cerrada separándolas, Gwendoline miró a su novia.

—Creo que… sería bueno que hablases con ella. Os entendéis mejor.—Dijo con franqueza, pues era un hecho que Gwendoline y Caroline tenían muchos más roces que los que podría tener la pelirroja con Sam.

Se llevó entonces los dedos índices a las sienes y ejerció una leve presión sobre ellas. Empezaba a dolerle la cabeza fruto de la tensión, e inevitablemente recordó los correctivos que le aplicaba Grulla, esos que la hacían sentir tan mal incluso días después. Finalmente, optó por tomar asiento a la mesa de la cocina, frente a Douglas Dagon. Le apuntó con la varita y le liberó de sus ataduras mágicas.

Gracias, joder. Ya me empezaban a doler los hombros.Dijo el joven, frotándose las muñecas con las manos a fin de aliviar un poco la tensión.

—¿Has estado en casa de Hemsley?—Le preguntó Gwendoline con suavidad.

Un par de veces, sí.Asintió con la cabeza el chico.No puede decirse que me haya invitado a un café, pero sí he visto la mayoría de las zonas del exterior. Tía, es una puta friki de lo japonés. ¡A su casa le falta una puta réplica del monte Fuji en medio del comedor!Douglas soltó un bufido, negando con la cabeza.

Gwendoline obvió su abuso de esa palabra que se usaba para definir a una mujer que practicaba el sexo a cambio de dinero y fue directa al grano.

—¿Serías capaz de dibujar un mapa? También me vendría muy bien que me prestases tus recuerdos relacionados con ese lugar.

¿Como hizo Savannah?Preguntó. Su tono de voz fue desdeñoso, y Gwendoline no pudo evitar reaccionar como si le hubieran dado un puñetazo en la cara. Dagon alargó la mano en dirección al lugar dónde estaban sus cosas, tomando la cajetilla de tabaco y su encendedor.Eso os salió de pena la última vez, déjame que te diga. ¿Puedo fumarme uno?Ante el asentimiento de Gwendoline, el joven extrajo un cigarrillo de la cajetilla, se lo llevó a los labios y lo encendió.

Gwendoline, que se sentía culpable lo lo que le había sucedido a Savannah—después de todo, había sido ella quien le había contado todo a Grulla, bajo la influencia de la maldición Imperius—, no se había sentido capaz de negarle a Dagon aquello. Y de la misma manera que Caroline necesitaba sacarse de dentro algunas cosas con respecto al asesinato de Sebastian Crowley, ella sintió la necesidad de explicarse.

—Respecto a lo de Savannah, ya sé que tengo la...

¿La culpa?Le cortó Dagon de manera bastante acertada, el cigarrillo bailando en sus labios mientras hablaba. A continuación, negó con la cabeza.La culpa la tiene esa zorra. Y créeme: tú, por lo menos, no tenías voluntad. A nosotros logra anulárnosla, de una manera o de otra. Y no me estoy excusando por mi comportamiento bajo sus órdenes, pero lo de Savannah es única y exclusivamente culpa de Grulla.Se retiró el cigarrillo de la boca y expulsó una bocanada de humo, girándose para no echárselo a Gwendoline en plena cara.Venga, dame algo con lo que dibujar y te haré ese mapa. Luego os dejaré extraerme los recuerdos.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Mar Abr 16, 2019 3:25 am

Dentro de la palabra ‘vencer’ podían haber muchas cosas: el asesinato, indudablemente, estaba entre ellas. Muchos dirían que era incluso lo más evidente porque borrarle la memoria podría dar más problemas que soluciones, además de que casi que era más benevolente matarla, que hacerla creer que era otra persona, por mucho que Sam se hubiese autoconvencido de lo contrario tanto tiempo. La legeremante nunca había matado, ni quería matar, por lo que la manipulación mental era su única salida a la supervivencia, ¿pero realmente era mejor? La verdad es que una de las cosas que más odiaba de toda la situación que las rodeaba eran ese tipo de decisiones: ¿en qué mundo una persona tiene que debatirse esas cosas? ¿En qué mundo tienes que plantearte el hecho de ser mala o ser peor? Era terrible…

Caroline entonces explotó y le sorprendió muchísimo. Caroline siempre había sido una roca; un muro que parecía poder con todo, que nunca había mostrado resentimiento, ni arrepentimiento, ni mucho menos… malestar por lo que había hecho. Pero claro, ¿cómo iba a mostrarse así de vulnerable frente a Sam, cuando precisamente había asesinado a un ser humano para salvar la vida de ella?

Así que cuando la escuchó hablar, se sintió hasta un poquito mal. Es decir: ella tampoco había hablado nunca con ella de eso, de manera profunda. Claramente ni Sam quería hablar de Sebastian Crowley, ni Caroline parecía querer hablar de lo que hizo con Sebastian Crowley. Así que cuando se fue al baño y tras escuchar a Gwendoline, fue detrás de ella.

Tocó con suavidad la puerta del baño, sin tener muy claro qué decir. Después de tocar y recibir una afirmación por parte de Caroline, abrió y entró. La vio mirándose en el espejo, justo en frente, por lo que Sam la miró a través, poniéndose detrás de ella. Quizás antes se había explicado de manera demasiado dura.

Carol... —Le puso sendas manos sobre sus hombros, mirándola por el espejo a los ojos. —Sé… que lo que he dicho ha podido sonar mal, pero yo jamás te vería como una persona horrible por lo que hiciste por mí. —Tragó saliva, sabiendo que podía sonar muy conveniente lo que estaba diciendo, por lo que esperaba que la pelirroja realmente entendiese la sinceridad con la que lo decía. Le había salvado la vida y ella sabía toda la gratitud que tenía por ella. —Odio todo lo que toda esta situación nos está haciendo hacer, sin que nosotras tengamos en realidad capacidad para decidir si hacerlo o no. Si yo tuviera que decidir entre matar a una persona, o perderte a ti, puedes estar segura de que ni plantearía la opción de no hacerlo. Total, el mundo está lleno de personas horribles.—Porque otra cosa no, pero estaba harta de tener que perder cosas por culpa de todo esto y la verdad que pocas personas creía que valían la pena, pero precisamente a las dos chicas que tenía como pilares en su vida, eran de esas. —Lo malo de la guerra es que pocas personas que sobreviven, pueden alardear de inocencia. Yo también preferiría no tener que matar a Hemsley, ¿pero qué nos queda? Prefiero matarla a ella, antes de que ella acabe con nosotras: os puede destrozar la vida a Gwendoline y a ti. —Y no se lo perdonaría. Porque mira tú, a Sam le preocupaban más sus amigas que ella misma, sinceramente, sobre todo porque por su culpa una cazarrecompensas especialmente peligrosa había llegado a saber que ellas dos eran ‘traidoras’. —Y si por alguna casual es imposible modificarle los recuerdos o estamos frente a la obligación de matarla… pues lo hacemos porque esa tía no es nadie para amenazar nuestras vidas y creer que puede tenernos en donde la da la gana, ¿vale? —Se le quebró un poquito la voz y tragó saliva, frunciendo el ceño. —Y no pienso dejar que lo hagas tú sola. Somos un equipo.

Sam ya lo había asumido hacía mucho tiempo: en algún punto de su vida, iba a tener que hacerlo. Ella tenía muy claro que no podría huir siempre o valerse de unas habilidades que no siempre son óptimas. Quería pensar que hasta la fecha había tenido suerte y había sabido elegir las batallas adecuadas, pero claro… había estado sola en muchas ocasiones, pudiendo hacer lo que quisiera porque solo estaba su vida en peligro, una vida que ni mucho valoraba, ¿pero ahora? Ahora… la cosa había cambiado considerablemente y ya tenía cosas que no quería perder bajo ningún concepto.

Tampoco quería parecer como que no le importaba matar a Hemsley, ¿pero sabes qué? Prefería parecerlo, sólo para creérselo ella misma y no achantarse frente a la cruda realidad. Era obvio que ninguna de ellas tres eran asesinas, pero en ningún momento han tenido en mente hacerlo sin razón: Hemsley las va a joder por traidoras y ellas sólo se estaban defendiendo. Y tampoco valía decirle a Douglas que la matase ella, llegado el momento. ¿Acaso no es lo mismo?

Sam animó a Caroline a que se girase, para entonces abrazarla, pasando sus manos por encima de sus hombros.

Era la única persona que había matado que Sam tenía en un pedestal. Quizás Caroline se preguntase muchas veces si podía haber otra opción, pero realmente con Sebastian era fácil: o moría él, o moría Sam. No había más. Por mucho que acudiese a otra técnica, Sam siempre iba a tener un juramento con él. La muerte era lo único que rompía eso.

Finalmente salieron del baño ambas, viendo como Douglas estaba dibujando como un niño obediente sobre la mesa de la cocina el dibujo de la casa de Grulla. Gwen observaba tranquilamente, mientras el tipo ponía todo el empeño mientras fumaba. Odiaba el olor a cigarro, pero tampoco iba a ponerse quisquillosa. Gwendoline les dijo a ambas chicas lo que había hablado de él, tanto lo del mapa, como lo de los recuerdos, a lo que Sam asintió. Como era evidente, no estaba segura de nada, pero también era consciente de que esa inseguridad se debía a lo que se debía. Y no pretendía seguir siendo la que se esconde mientras otros creen tener el poder de joder sus vidas cada vez que quieran. Hemsley estaba jugando con ellas, con su miedo y esa era la oportunidad que no podían perder.

Sam J. Lehmann
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