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Maybe I'm a Lion [Priv.] {Sam, Carol & Gwen}

Gwendoline Edevane el Sáb Ene 26, 2019 3:48 pm


Miércoles 23 de enero, 2019 || Apartamento de Gwendoline Edevane, Londres || 23:07 horas || Atuendo

Gwendoline abrió la boca en un sonoro bostezo, hasta el punto que escuchó crujir su mandíbula. Se tapó la boca con la mano, más por costumbre que por otra cosa: no había nadie en los alrededores a quien pudiera parecerle desagradable aquel gesto.

Ascendió los tres peldaños que conducían al portal de su edificio, cansada. El bolso colgaba de su hombro como un peso muerto, y no veía el momento de dejarlo caer en el suelo, tal era su agotamiento físico. Había pasado las últimas tres horas en el gimnasio, tanto haciendo ejercicio como entrenando defensa personal, rutina que había adoptado desde que había comenzado el año.

Así que su cuerpo en aquellos momentos era su enemigo. Como dirían algunos, ‘le pesaba el culo’, y sabía que al día siguiente tenía unas hermosas agujetas. Ya se lo había advertido su profesor: ‘Si sigues a este ritmo, mañana no podrás moverte.’

Aquello era una verdad a medias, pues su profesor de defensa personal no contaba con toda la información sobre Gwen: era bruja, y pretendía preparar un buen remedio para el dolor muscular en cuanto entrara por la puerta. Mil veces más efectivo que los baños de hielo y los remedios muggles.

Cerró el portal a sus espaldas y, casi arrastrando los pies, recogió el correo del buzón para luego subir poco a poco las escaleras de su dichoso edificio sin ascensor. Se distrajo ojeando las cartas que había recibido, sabiendo de antemano que lo único que se iba a encontrar era publicidad y más publicidad. Sin embargo, por extraño que pareciera, el camino escaleras arriba hacia el tercer piso se le hizo un poco más ameno.

Solo un poco.

Con la mirada puesta todavía en una carta de una aseguradora cuyo nombre no recordaba haber visto antes, Gwendoline se llevó una mano al bolsillo de sus vaqueros cuando ya alcanzaba el tercer piso, en busca de sus llaves. Siguió ascendiendo peldaño a peldaño, y para cuando llegó al descansillo frente a su puerta, Gwendoline se llevó tal susto que las cartas terminaron desparramadas a sus pies.

Ante ella se encontraba nada más y nada menos que Douglas Dagon, quien en pocas palabras era uno de los esbirros de Artemis Hemsley.

El joven estaba apoyado en la pared junto a su puerta, la mano izquierda en el bolsillo de sus tejanos, la mano derecha sosteniendo un humeante cigarrillo que se llevó a los labios para dar una calada profunda. Un segundo después, expulsó el humo por la nariz y por la boca, al mismo tiempo.

El susto inicial de Gwendoline dejó paso a un estado de nerviosismo y tensión que la hizo quedarse congelada donde estaba. El joven, por su parte, se separó de la pared y caminó hacia ella. Sacó la mano izquierda y la levantó a modo de saludo.

Buenas noches.Dijo, como si tal cosa. Como si aquello fuera una visita totalmente planeada.

—¿Qué estás haciendo tú aquí?—Preguntó Gwendoline, siendo por fin capaz de reaccionar a semejante situación.

He venido a hablar contigo. ¿Tienes un minuto?

¿Que si tenía un minuto? Gwendoline no podría estar más confundida ni aunque un elefante rosa hubiera aparecido en su descansillo al volante de un fórmula uno. Y es que no podía imaginarse escenario más surrealista.

Sin embargo, mantuvo la calma. Le costó un tremendo esfuerzo hacerlo, pues todo lo que estuviera relacionado con Artemis Hemsley la aterraba, pero lo consiguió. Asintió suavemente con la cabeza, y entonces se giró hacia la puerta para abrirla. Mientras lo hacía, observó cómo Douglas tiraba al suelo su cigarrillo, lo pisoteaba, y se agachaba para recoger las cartas desperdigadas por el suelo. Cuando la puerta estuvo abierta, el chico se las entregó. Las aceptó sin decir palabra, y entonces se hizo a un lado para dejarlo pasar.

Entró detrás de él, quedándose atrás deliberadamente no sólo para cerrar la puerta, sino para sacar su varita de la manga de su chaqueta. Dejó caer entonces bolso y cartas, y se volvió hacia Dagon.

Gracias por dejarme entrar. Lo que tengo que contarte es...Douglas Dagon nunca terminó aquella frase.

Gwendoline no esperó a que se diera del todo la vuelta, sino que conjuró un Desmaius no verbal en su dirección mientras se giraba. El chico se vio sorprendido por el hechizo, y enmudeció repentinamente. La morena lo había atacado con tal violencia que el hechizo no solo lo dejó inconsciente, sino que lo arrojó contra la pared del fondo.

La morena avanzó con precaución hacia él, varita en mano, apuntándole en todo momento. Cuando estuvo lo bastante cerca, le dio un ligero puntapié para comprobar si estaba inconsciente o si, por el contrario, estaba fingiendo. No lo estaba.

Dejó escapar el aire que se dio cuenta que estaba reteniendo en sus pulmones. Su cuerpo, en tensión hasta ese momento, se permitió relajarse. Sin embargo, su corazón latía a toda velocidad.

—Esto no puede estar pasando...—Dijo, incrédula, mientras caminaba hacia su bolso en busca de su teléfono móvil. Cuando lo tuvo entre sus manos, envió un mensaje de audio a Sam.—¿Puedes venir a mi casa? Y tráete a Caroline. Tenemos entre manos una...—Se pensó unos segundos el cómo definir aquella situación… y no se le ocurrió palabra mejor que esa.—...una situación.

Chess, que hasta ese momento había permanecido ausente, dio un salto desde el sofá al suelo y caminó hacia su compañera humana. La miró desde su pequeña altura y le dedicó un sentido maullido. Toda respuesta de Gwendoline fue lanzar un suspiro y dejarse caer sobre el reposabrazos del sofá. Y yo pensando que lo que me esperaba en casa era una ducha caliente y una poción para el dolor muscular…


PNJ - Douglas Dagon:

Diálogo = #7f6eff
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Sáb Ene 26, 2019 6:26 pm

Ese día no sabía qué había por Londres, pero el Juglar Irlandés estaba lleno de gente todo el rato. Había llegado a su casa tardísimo en comparación a otros días y cansadísima. Estaba en uno de esos momentos en dónde el sueño y el cansancio ganaban hasta las ganas de comer, por lo que fue directamente al baño porque se olía a sí misma a café, cuando en realidad no olía a café. Pensó en tomar una ducha e irse a dormir directamente, pero al final optó por tomar un baño de burbujas: largo, caliente, tranquilo y relajante.

Cuando salió se vistió con un pijama de cuadros, unos calcetines gordos y sus zapatos de estar por casa, así como una pedazo de sudadera que sólo usaba cuando estaba enferma, para hacer la umbrasíntesis debajo de las mantas. Ahora mismo no estaba enferma pero... ¡es que era muy calentita! Se secó el pelo con el secador, se peinó, se echó crema en la cara y, para cuando terminó de hacer todo eso y salió del baño: le había vuelto el apetito y podía aguantar un poco despierta sin querer morirse en la cama. Así que avisó a Caroline por si quería que le hiciera alguna de las cosas que se iba a hacer para cenar y, como la pelirroja es una gordita, dijo que sí al postre.

Sam hizo dos sándwiches de hummus con queso, además de cortar plátano en trocitos pequeños y verterlo en dos boles junto a yogur de fresa, además se sirvió un vasito de leche. Los dos sándwiches era para Sam, por mucho que pudiese parecer que iba a compartir uno con Caroline. No, de repente estaba muerta de hambre, que no comía desde las doce del mediodía y sólo se había tomado un triste café a las seis. Avisó a su amiga y se sentaron en la mesa del comedor, en donde comieron mientras se contaban su día, con pelos y señales. Fue en una historia de Caroline, cuando Sam abrió los ojos de golpe. —Espera, ¿qué? —dijo Sam con la boca llena de su último trozo de sándwich. —¿Qué Santiago ya no se habla con Luanda? ¡No! ¡Me encantaban! ¡Eran mi OTP de la realidad y eso que ni los conozco! —Cualquiera podría asumir que se trataba de la trama de alguna serie que veían juntas, pero no. Santiago y Luanda eran dos compañeros de Caroline con los que muchas veces tenía que trabajar y Caroline siempre le contaba cómo era la relación entre ellos, en plan tira y afloja, se aman pero no. Entonces claro, como dos almas cotillas que eran, fangirleaban con ellos. —¿Y no te has enterado que pasa? Qué fuerte tía, pobrecitos.

Estaban viendo algo de fondo mientras hablaban a lo que no le estaban prestando mucha atención y fue mientras Sam se comía su yogur de fresa con trocitos de plátano, que le llegó una notificación al móvil de Gwendoline. Lo desbloqueó y al ver que era un mensaje de audio, se acercó el móvil a la oreja para escucharlo ella sola. Carol le miró con picardía al ver había cogido la costumbre de escuchar todos los audios de Gwen en privado ahora eran novias y Sam desvió la mirada tras rodar los ojos. Sin embargo, el audio sonaba más serio que de costumbre y con un tono mucho más preocupado. Antes de decirle nada a Caroline—quién ya se esperaba algo por la cara que se le quedó a Sam—le escribió a Gwen por el mismo chat un sencillo 'ya vamos'. Luego miró a Caroline. —Vamos a casa de Gwen, al parecer ocurre algo. No sonaba alarmada: no te pongas nerviosa. —¡Já! Y lo decía Sam, que a la mínima cosa extraña ya notaba subirle las pulsaciones.

Dejó su preciado yogur de fresa con plátano a la mitad y se terminó el vaso de leche.


Casa de Gwendoline Edevane — 23:10 horas

Sam y Caroline se aparecieron justo al lado de la puerta de entrada de Gwendoline y fue la rubia la primera en dar unos pasos hacia adelante para buscarla por la casa, ya que no estaba en el salón, pues era la única estancia que se veía nada más aparecer. Sin embargo, nada más dar un paso hacia adelante y mirar a la cocina, vio a Gwen de pie con cara de patata desconcertada mientras en la esquina de la cocina, en una silla y encadenado, había un chico. Si la situación no fuese preocupante, sería un momento idóneo para hacer un par de bromas, pero Sam ya tenía como respuesta inconsciente del cuerpo ponerse seria con esos asuntos y pese a que era curiosa la imagen, evidentemente ni se le ocurrió bromear.

Se acercó a Gwendoline, se colocó por detrás y puso sendas manos sobre sus hombros con suavidad, admirando la situación. —Definitivamente tenemos una situación. —Y sí, Sam lo reconocía. Era uno de los aliados de Hemsley, pues recordaba su cara junto con la de otro chico en los apartamentos en dónde se enfrentaron a ella. —¿Te ha atacado? —preguntó con preocupación mirándola como si quisiese adivinar si estaba herida, asumiendo que quizás lo había hecho pero Gwen lo había conseguido reducir y que por eso estaba encadenado a una silla.
Sam J. Lehmann
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Caroline Shepard el Miér Ene 30, 2019 5:45 am

Llegó de su trabajo a las seis de la tarde, había decidido irse a la hora para llegar a casa y poder tener un espacio solo para ella. Darle cariñitos a los queridos del hogar, darse una ducha, ponerse el pijama, rodearse de mantitas, prepararse un café y leer un buen libro en su cama al lado de la ventana, tratando de exprimir lo máximo de luz natural que pudiera. Y cuando la luz artificial hizo falta, cambió de lugar y se dispuso en su escritorio para comenzar a marcar sus páginas favoritas hasta el momento con separadores de colores,  rayar los párrafos en concreto con lápiz mina, resumiendolos en un palabra a un costado, para que al leerla recordará qué le había gustado de allí, o buscar el significado de algunas palabras que le llamaran la atención y hasta el momento no sabía su significado.  Por ejemplo, aquella tarde había sido el turno de la palabra arredraba, palabra que descubrió en la última novela que estaba leyendo. Le causó curiosidad cuando descubrió su significado, y más aún cuando algunos lugares, o diccionarios,  hacían la analogía que el temor se igualaba a retroceder.  

Y fue pensando en las cosas que la arredraban que escuchó la llegada de Sam a casa, sonido que la hizo sonreír, y no sólo a ella sino que también a Lenteja, quien pese a encontrarse enroscada y sumergida en lo que parecía un muy buen sueño, saltó enseguida quedando a cuatro patas cuando escuchó a la rubia y moviendo su colita partió en busca de los mimos de la maga.  La pelirroja dobló sus rodillas y levantó sus pies hasta que quedasen encima de su silla con rueditas, y de un empujón con ambas manos se impulsó hasta quedar lo suficientemente cerca de la puerta para ver a Sam.- Holí, soy una bola de mantas jijiji.- le saludó envueltas entera, dejando tan sólo su rostro al descubierto junto a una pose toda graciosa.

La legeremante se fue a bañar y Caroline volvió a lo suyo, le quedaban solo un par de capítulos, y estaba en ese momento crítico en que te gana la ansiedad de saber cómo es qué terminará todo, pero al mismo tiempo tienes una tristeza nivel titanic por pensar que quedan tan pocas páginas para su final. Porque después de un buen libro siempre viene el vacío, ese en que uno se pregunta "Y ahora ¿Qué?".

La voz de Sam hizo que la pelirroja se olvidara por unos momentos de la historia de Auxilio, el personaje principal de su libro, y recordará que si leer le gusta mucho, comer mucho más. Así que no dudo en aceptar cuando su amiga le ofreció hacerle un postre. Salió de su cuevita, que de vez en vez inverna y como buena comilona, se arrastró con mantitas y todo a la mesa junto a la legeremanete. Cuando llegó a su lado le dió un besito en la mejilla, para sentarse luego en la silla del frente. De fondo, un capítulo de FRIENDS, que a veces se torna más en una música de fondo que algo por ver, pero una muy divertida y buena música de fondo claramente.

Y ahí empezó un momento del día que a Carol le gusta mucho, ese en que ambas se cuentan sus  cosas y se ponen al día.  En esta ocasión, fue la pelirroja quien lanzó toda una bomba nuclear a la mesa con un cotillón de aquellos, de esos que hacen que tus ojos se conviertan en dos huevos fritos por el asombro. La magizoologista sonrió cuando vio el rostro de Sam al escuchar lo de Luanda con Santiago.-  Eran el OTP de todos, de todos...- susurró negando con la cabeza, con su manito al pecho, y un leve pucherito para intensificar el drama.- Y sí, lo sé todo. Luanda se sentó hoy conmigo a almorzar....-  comenzó a narrar la pelirroja, haciendo pausas dramáticas y todo, para ponerle más tensión.- Y bueno, sucedió lo que temíamos, adivina quién regresó de su pasantía en Alemania...- de animadora de un programa de adivinanzas se estaba dando la pelirroja, y lo estaba gozando a full.- ¡NOOOOOOOOOOOOOO! ¿YUBA? .- preguntó asombradisima la maga de cabellos dorados, mientras la pelirroja le asentía con su cabeza, corroborando sus palabras.- Luanda me contó que Yuba llegó y con todo. Casi diciéndole a Santiago que Alemania le había hecho entender que él era la persona con quién quería estar y blablabla...y Santiago va, y cae. Va y le dice, vale, revivamos el pasado. Fueeeeeeeeeerte, Sam. Muy fuerte.- le dijo junto a una mueca y un suspiró, mientras de paso se llevaba una cucharada de yogurt a la boca.- Pobre, Luanda...porque por más que dice que no está tan mal, todos sabemos que lo quería a mil ¿sabes? Y Santiago también a ella... ¡Bah! ¡Lo que pasa es que Santiago es un bobo! .- terminó por exclamar la pelirroja con el ceño levemente fruncido. Es que si hablaban de team, ambas magas eran hasta morir, team Luanda.

Cuando de pronto un sonidito proveniente del móvil de Sam distrajo su atención. Caroline sonrió de manera traviesa cuando vió que Sam se llevaba el móvil a la oreja para escuchar un audio, que todo indicaba que era de Gwen, la pelirroja le movió las cejas y todo, solo para molestarla y teñirle sus mejillas de color rosa.  Volteó su rostro para mirar el televisor y soltó una risa al ver que se trataba del capítulo en que Joey ocupa para todo comillas. Le iba a comentar, por decimoquinta vez lo divertido que encontraba ese programa a su amiga, cuando su rostro detuvo su accionar para mirarla con mayor atención y a la espera de que Sam le dijese qué había sucedido.

- Vamos.- fue lo último que dijo antes de pararse de la mesa e ir a preparar algunas cosas antes de marchar.

***

Llegó junto a Sam a la entrada de la casa de Gwen, la primera en entrar fue la rubia y luego le siguió la pelirroja que sostenía firmemente su varita en el bolsillo de su chaqueta de cuero. Sam le había recalcado que no había sido una llamada alarmante, pero aún así la experiencia le ha enseñado, que al menos con lo que respecta a la magia y la época en la que se encuentran, mil veces vale más prevenir que lamentar.

Pero sólo bastaron un par de pasos para descubrir cuál era la situación que se refería la castaña. Caroline elevó su cuello para mirar por detrás del hombro de Sam al chico que se encontraba encadenado. Arrugó su nariz pensativa, él rostro del joven enseguida lo asimilaba con Grulla, pero su nombre lo tenía muy lejos de la punta de su lengua. Desvió su mirada a Gwen cuando escuchó que Sam le preguntaba si estaba bien, y por inercia revisó con su mirada de pies a cabeza a la castaña, y cuando vió que al menos a al vista no había ninguna herida o daño, se hizo un espacio , quedando de frente al chico que aún permanecía adormecido y se acercó lo suficiente como para observarlo más detalladamente.

- ¿Qué vino a hacer acá? ¿Traía un mensaje o algo?.- preguntó de pronto, clavando su mirada en la castaña.
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Gwendoline Edevane el Miér Ene 30, 2019 2:08 pm

Permaneció sentada en el reposabrazos del sofá el tiempo suficiente para asimilar lo que estaba ocurriendo: Douglas Dagon, uno de los secuaces de Artemis Hemsley, sabía dónde vivía.

Cabía suponer que no era el único, y que la información no venía de otra persona más que de Hemsley. La bruja, a su vez, la había obtenido de la cabeza de la propia Gwendoline, por la cual hacía unos meses se paseaba a sus anchas.

Estaba nerviosa. Mucho. Había intentado olvidarse de la situación de Hemsley en la medida de lo posible durante los últimos dos meses. Una pequeña parte de ella, irracional e ingenua, le decía que quizás se hubiera rendido, y había optado por ponerse una venda en los ojos y creer aquella mentira.

No debería haberlo hecho.

Había tenido el tiempo suficiente a Hemsley dentro de su cabeza como para saber que esa mujer jamás se rendiría hasta conseguir aquello que quería. Y quizás al principio lo único que quería era a Thaddeus Allistar, pero para entonces, Gwendoline estaba segura de que también las querría muertas a ellas tres. Ya no encerradas en el Área-M, sino muertas. Se había convertido en algo personal para ella.

Pero si quisiera acabar con nosotras, sería mucho más sencillo plantarse aquí, y no enviar a uno de sus esbirros, pensó Gwendoline, no sin cierta razón. A fin de cuentas, Hemsley había puesto al susodicho Dagon y a su amigo Arthur Payne a cargo de la famosa maleta única y exclusivamente porque quería que Sam y ella pudieran encontrarla. Los había utilizado para aquella labor porque dudaba profundamente de sus capacidades. Así que no tenía el más mínimo sentido que hubiera enviado a Dagon a por ellas.

Gwendoline sintió unos pinchazos en la sien, muy seguramente precursores de un dolor de cabeza fruto de la tensión.


***

Gwendoline se las arregló para subir el cuerpo inconsciente de Dagon a una de las sillas de la cocina, y entonces lo ató de pies, tronco y manos con cadenas mágicas, asegurándose de que no podría moverse de ninguna de las maneras.

También lo cacheó en busca de armas: llevaba encima una cajetilla de tabaco, un encendedor de gasolina, su teléfono móvil, su cartera, una pequeña navaja y, por supuesto, su varita. Todo ello lo dejó sobre la mesa del cuarto de estar.

Se trasladó, arrastrando la silla con magia tras ella, a la cocina, y una vez allí, esperó. Dagon seguía inconsciente, con la cabeza caída sobre el pecho. Parecía estar durmiendo el sueño más plácido de su vida, mientras Gwendoline se deshacía por dentro de lo nerviosa que la había puesto el encuentro.

Por fortuna, Sam y Caroline no tardaron en aparecerse en su apartamento. Y quizás su presencia no fuera un sinónimo de que todo saldría bien, pero al menos ella se sentía un poco mejor con las dos brujas cerca. Especialmente Sam, por evidentes motivos.

Las manos de Sam se encontraron con unos hombros temblorosos, pero la morena a pesar de todo se forzó a sonreír un poco. No le salió muy bien. Sin embargo, llevó su mano derecha a la izquierda de la rubia, que se encontraba sobre su hombro izquierdo, en busca de un poco de fuerza para sobrellevar aquella situación.

—No le he dado opción.—Respondió Gwendoline, negando con la cabeza. Se alegraba mucho de haber tenido el temple necesario para reaccionar como lo había hecho. Si hubiese sido Hemsley en lugar de Dagon, las cosas habrían sido muy distintas.—Con esta gente he aprendido a disparar primero y hacer las preguntas después.

Caroline, por su parte, se acercó un poco a Douglas Dagon y se inclinó para mirarlo mejor. Como quien observa una obra de arte curiosa, o algo que está tan fuera de lugar en un sitio que es imposible no reparar en él. Y, desde luego, Dagon estaba totalmente fuera de lugar en aquella cocina.

—No lo sé.—Respondió con toda sinceridad a las preguntas de Caroline.—Me lo encontré ahí fuera, en el descansillo, apoyado en la pared mientras se fumaba un cigarrillo, como si tal cosa.—La morena negó con la cabeza, pensando en lo harta que estaba de vivir en aquel estado de tensión.—Iba a decirme algo antes de que le atacara, pero preferí no arriesgarme. Si quiere hablar, que lo haga así.

Se llevó ambas manos a las sienes: efectivamente, la tensión del momento le había provocado un dolor de cabeza. El primero después de aquellos que Sam la liberara del control de Hemsley.

Quería saber qué hacía Dagon allí, más que nada en el mundo, pero también quería librarse de la persecución de aquella mujer. Vivir con aquel miedo no era vivir.

—Voy a tener que mudarme de apartamento. No puedo aguantar esta situación más tiempo.—Afirmó mientras echaba mano de su varita, la cual descansaba sobre la mesa de la cocina. La empuñó en la mano izquierda y apuntó con ella a Dagon.Ennervate.

La punta de la varita se iluminó y, solo unos segundos después, Douglas Dagon se despertó dando un respingo. Las tres dieron un paso atrás, una medida de seguridad, mientras el chico pestañeaba varias veces. Sus ojos reflejaban la confusión que sentía, y Gwendoline estuvo segura de que por un momento se preguntó dónde estaba, incapaz de identificarlo en su mente.

Aquello no duró.

¿Por qué coño me has atacado?Preguntó, casi con reproche, el aspirante a mortífago.

—¿Qué haces aquí, Dagon?—Volvió a preguntar Gwendoline, esta vez apuntando su varita directamente a la cara del joven.—Habla o te vas a arrepentir.

¡Calma, joder!Pidió Dagon, mirando la varita con desconfianza. No sabía que Gwendoline nunca le haría daño, más allá de borrarle sus recuerdos antes de mandarlo marcharse.Solo venía a hablar contigo.Insistió.

—¿Sobre qué? No tengo nada que hablar contigo.—Gwendoline seguía, como era natural, a la defensiva. Sin embargo, bajó un poco la varita, de tal manera que ésta apuntaba al pecho de Dagon.

Cambiarás de idea.Aseguró Dagon, asintiendo con la cabeza con convicción.Todas cambiaréis de idea.Aseguró mientras paseaba la mirada entre Caroline y Sam, para luego devolverla a Gwen.Porque estoy seguro de que tenéis tantas ganas como yo de ver muerta a esa zorra de Grulla.

Gwendoline sintió como si le dieran una bofetada en la cara, tan inesperada fue aquella información. ¿Había escuchado bien? ¿De verdad Dagon decía que tenía interés en ver muerta a Hemsley?

La morena intercambió una mirada llena de dudas con su novia, la única capaz de calmarla en momentos así. ¿Debían escuchar a Dagon, después de todo?
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Ene 31, 2019 2:59 am

Gwendoline había mantenido la compostura con Douglas en su casa, no habiéndole dado oportunidad de hablar y reduciéndolo para evitarse cualquier tipo de situación incómoda. Sam pudo entender a la perfección su inseguridad con respecto a su piso y es que... desde que habían conseguido huir de Hemsley, era obvio que el principal miedo de las tres era que sus ubicaciones eran de libre conocimiento para una persona que las había intentado asesinar. Ella misma siempre tuvo miedo cuando era consciente de que había gente malvada que sabía que vivía con Caroline, pero gracias por Merlín fue información que fue a la tumba... o al menos eso creía ella.

Sujetó la mano de Gwen cuando la subió en busca de apoyo, pero no dijo nada realmente. Despertaron a Douglas Dagon y fue curiosa su reacción: sorprendido. Sorprendido de que le hubiera tratado así después de que su jefa casi las matara, ¿qué esperaba, una taza de té?

Las tres se quedaron sorprendidas con lo último que había dicho: ¿matar a Grulla? Pese a que sonaba a un plan descabellado viniendo de uno de sus 'aliados', la rubia no vio en él ningún tipo de duda, ni mucho menos sopesó la idea de que estuviese mintiendo. De hecho, pese a lo desconfiada que era Sam normalmente, aquella declaración le sonó casi como uno de esos giros desesperados, en dónde te das cuenta de que el enemigo de tu enemigo, es en realidad un poderoso aliado. Y es que, piénsalo: ¿realmente había alguien junto a Hemsley que estuviese contento con su alianza con ella? Todos a los que habían 'conocido' o visto en los recuerdos, eran personas que vivían con miedo y la seguían por el mismo motivo. Y Savannah... esa pobre niña ya era un caso aparte.

¿Eres consciente de que no suenas muy creíble teniendo en cuenta para quién trabajas, no? ¿Cómo sabemos que no es una trampa o estás mintiendo?

Eres legeremante.

Ah, bueno, haber empezado por ahí. —Sacó la varita y dio un paso al frente. No iba a hacer nada, en realidad, sólo asustarlo.

¡No he dicho que quieras que te metas en mi puta mente! Sabes que no estoy mintiendo. Lo sabes. Si quería hacerle daño a tu amiga no me hubiera plantado en su puerta a que llegase a casa, no con todo lo que Grulla sabe de ella. —Las miró a las tres, una a una, buscando paz y carraspeando antes de volver a hablar. —Quiero ver a Grulla muerta porque, al igual que a ti, Gwendoline, nos ha destrozado a muchos. Y a Savannah a la que más. —Su rostro cambió al hablar de Savannah, cargándose de preocupación y pesar. —Yo he sabido guardarme las espaldas, no ser una pieza importante, no cagarla, sobrevivir, como dirían algunos, pero Grulla todo lo que toca lo rompe y está a punto de romper a Savannah si no es que decide ella misma romperse a sí misma. Está desesperada: vivir como vive no merece la pena. —Esperaba que se entendiese, aunque su tono de voz hablaba por sí solo. Hasta él se sorprendía, pero Douglas Dagon nunca había sido un hombre de alma sucia, sino más bien todo lo contrario. Y Savannah había conseguido sacar esa parte de él. —Quiero matar a esa perra del infierno porque quiero liberar a Savannah. No se merece todo lo que le está ocurriendo. No se merece nada malo...

No se lo merece, no... —le respondió Sam, con respecto a Savannah. Sam y Gwendoline habían tratado con ella y se habían dado cuenta de su verdadera naturaleza y que el miedo, como a la gran mayoría de esta sociedad, le había llevado a aceptar una vida junto a una persona horrible que ahora la controlaba. El miedo te hacía hacer cosas horribles, que se lo digan a cualquiera de las que estaba allí, frente a aquel chico encadenado.

Grulla merece morir, lo sabéis. Tarde o temprano vendrá a por vosotras y yo os puedo ayudar a llegar antes a ella. Podemos vencerla.

Como todo el mundo sabía, Sam era de la brigada anti-asesinatos porque no creía tener la potestad de matar a nadie, por muy cabrón que fuese. Pero debía de admitir que Artemis Hemsley muerta no sonaba nada mal y que después de lo que le hizo a Gwendoline, pues creía que se lo merecía. Estaba harta de ver a personas jugar con otras personas cómo si fuesen un muñeco de trapo y tras vivirlo con Crowley y no poder hacer absolutamente nada para sacarse a ella de la mierda o vengar su propia miseria, toda esa rabia que no había podido tener por él, se la tenía a ella por lo que le había hecho a su amiga.
Sam J. Lehmann
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Caroline Shepard el Dom Feb 10, 2019 4:53 pm

Cuando abrió sus ojos aquel día, Caroline jamás presagió lo que venía por delante. Y mucho menos cuando se sentó junto a Sam en la mesa a tomar desayuno para ponerse al día de sus vidas y las risas se encontraban en cada esquina de su conversación. Es que a veces la pelirroja al lado de su amiga y sus animalitos en la seguridad y calidez de su hogar lograba olvidar lo que sucedía en el exterior. Su mente se ponía en pausa y simplemente se permitía disfrutar de los pequeños placeres que la vida le ofrece. Pero solo basta una llamada para llevarla de sopetón de vuelta a la realidad, y en esta ocasión fue de parte de Gwen.

No dudó ni un segundo en dejar allí todo tirado, y prepararse para partir enseguida en busca de Gwen y tenderle la ayuda que les había pedido por medio de mensajes a Sam. Al parecer no era nada grave, pero la pelirroja había aprendido que algo pequeño en un pestañar podía volverse un caos enorme. Por lo que antes llegarán a la casa de la castaña más rápido podría volver a sentir calma, en vez de esa presión que se había apoderado de su pecho.

Al llegar no tuvieron que preguntar demasiado para saber de qué se trataba el asunto que había pillado por sorpresa a Gwen, Carol tras cerciorarse que su amiga no tenía ningún daño se acercó al chico que se encontraba atado e inconsciente. Y por más que sabía que él pertenecía al grupo de Gulla sintió pena por él, porque no necesitaba saber su edad para deducir que era joven, no debía tener más que su edad, y por más que ella ya no se consideraba una niñita, sabía que jovenes al igual que ella y sus amigas, recién estaba comenzando a tomar las riendas de sus vidas, y deberían estar aprovechando de ejercer sus profesiones en vez de batallar guerras que eran problemas de otros que ni siquiera se ensucian las manos, y tan sólo los manejan como marionetas. - Hiciste lo mejor, Gwen. Ahora debemos averiguar qué es lo que quería apareciendo de esa manera en tu departamento.- dijo, junto a una mueca para volver a enderezarse y mirar a sus amigas con varita en mano.

El chico despertó, y las tres se alejaron de él. Caroline mantuvo su varita levemente elevada y dispuesta a atacar a la primera de cambio. Ya que por más que el chico le diera pena, hace un tiempo había comprendido que no podía sentir piedad por gente como el, ya que muchas veces eran controlados por gente que no dudará en hacerlas sufrir hasta la muerte, y Caroline a las únicas personas que le debía una fidelidad incondicional era a esas dos mujeres que se encontraban a su lado, a sus demás amigos y familia. A nadie más.

Se quedó en silencio mientras la castaña hablaba con el chico en busca de respuestas, elevó una ceja cuando escuchó que este decía que quería ver a Grulla muerta. Su primera reacción más que sorpresa fue de desconfianza, ya que cómo confiar en alguien que hace un tiempo era tan fiel a esa zorra y ahora la quería traicionar de esa manera. La pelirroja veía gato encerrado en todo aquello. Pero cuando el chico comenzó a hablar, no pudo evitar comprender sus palabras y lograr observar la preocupación por su parte al hablar de Savannah. Ella tan sólo la había visto un par de veces, en los recuerdos adquiridos por su amiga y esa tarde del ataque para rescatar a Gwen de los dominios de esa mujer. Y esas dos veces lo único que había concluído con respecto a la vida de esa chica, es que no se necesitaba hablar con ella para ver que le dolía vivir su vida. Y Sam se lo había confirmado al contarle todas las cosas que sabía de ella y cómo esta las había ayudado en una vana esperanza de poder liberarse de aquella mujer.

Caroline había descubierto tiempo atrás que matar no era lo suyo, que no sentía ese goce del que algunos se vuelven adictos, de hecho estaba segura que sería una sensación de la que toda su vida le perseguiría, pero a su vez, también había comprendido que hay personas que la vida los llevó a ser seres que sólo traían sufrimiento a su alrededor y que nada los haría cambiar. Y matarlos era la única opción viable para contribuir a que el mundo fuera un poquito menos horrible de lo que a veces podía llegar a ser.

Dió un paso hacia el chico.- ¿Qué tienes pensando?.- le preguntó mirándolo con rostro neutro.- Porque si te has aparecido de esa forma aquí es porque tienes un plan ¿no?.- elevó una ceja y miró al chico expectante.
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Gwendoline Edevane el Mar Feb 12, 2019 12:20 am

Después de tantas desgracias acaecidas en su vida, Gwendoline era reacia a confiar en otros. Daba igual cuán buenas fueran sus intenciones, cuán carentes de malicia fueran sus actos, ella desconfiaba.

Las otras dos mujeres reunidas en aquella cocina, junto a ella, eran la prueba fehaciente de cuáles eran las consecuencias de confiar. De esperar lo bueno de todo el mundo.

Así que tenía sus dudas, y a medida que Douglas Dagon hablaba, se resistió a creerlo. Sí, ciertamente sintió una punzada de culpabilidad y responsabilidad a la mención del nombre de Savannah McLaren, muchacha de cuya desgracia era parcialmente responsable. Y, sin embargo, siguió resistiéndose a confiar en él.

Dedicó una breve mirada de soslayo a Caroline cuando preguntó acerca del plan que Dagon tenía en mente, y le pareció una pregunta muy buena. Entonces, volvió a mirar al susodicho, y esperó pacientemente a que hablase, los brazos cruzados por debajo de sus pechos.

No sé si puede considerarse realmente un plan, pero lo que está claro es que es posible que no tengamos otro momento mejor para hacerlo.Empezó Douglas Dagon, incluyéndose en el grupo de una manera que Gwendoline, en lo personal, encontró de lo más invasiva. La morena, en cambio, no dijo nada.Está débil. Después de ese enfrentamiento que tuvo con vosotras, se quedó debilitada. Es ese anillo que lleva en el dedo. Ese onu...El chico frunció el ceño, buscando una palabra que se resistía a salir de sus labios.

Oni ringu.—Terció Gwendoline, a lo que Dagon asintió con la cabeza. La morena sabía por dónde iban los tiros.

¡Eso, sí! El oni ringu. Esa cosa le da un poder de la hostia, pero también la consume. Y por lo que se ve, tarda en recuperarse. Va por ahí con la varita de Savannah en la mano, como si fuera suya.Dagon apartó la mirada de ellas, y por la expresión de su rostro, casi parecía que estuviera masticando algo desagradable.No tiene puto derecho. Esa varita es suya y...

—Concéntrate.—Le cortó Gwen con una aparente frialdad, como si el asunto de Savannah no le importara; en realidad, sí le importaba, y mucho, pero no se sentía capaz de mantener la compostura si la conversación seguía por esos derroteros.

¡Vale, joder!Respondió él, casi ofendido, lo cuál no dejaba de ser risible: ni que ellas tuvieran culpa de la situación en que él solito se había metido.Ha estado dejándose ver menos que antes, precisamente por el estado en que se encuentra. Parece ser que ha utilizado demasiado el anillo, y que casi le cuesta la vida. Por eso no vino a por vosotras.

—Tiene sentido.—Dijo Gwendoline, mirando primero a Sam y luego a Caroline. Sobre la pelirroja fijó la mirada.—Es lo que dijo Aoyama cuando estuvimos en Japón: que ese anillo viene con un precio, y si se usa de manera continuada, a eso es a lo que te enfrentas.—Se notaba que la morena estaba un poco más inclinada a creer las palabras de Dagon, pero no se lo permitió a sí misma: clavó la mirada nuevamente en él.—Eso que nos dices no es nada que no supiéramos. ¿Es todo lo que tienes? Porque si es así, me parece que hemos terminado...

¡Espera, coño!Exclamó el joven, revolviéndose con desesperación en la silla. Gwendoline le prestó atención, en silencio.Esta semana tiene una reunión importante con algunos de sus contactos. No sé exactamente de qué va el asunto, pero por lo que sé, parece importante: nos ha ordenado a Arthur y a mí que la acompañemos, y el Chudley Skeegan de los cojones también estará presente. Sea lo que sea, es importante.

—¿Y cuál es exactamente tu plan, Dagon? ¿Que ataquemos a Hemsley durante una reunión con a saber quién? ¿Para que estemos en un inferioridad de condiciones y seamos un blanco más fácil?—Preguntó Gwendoline con incredulidad. No le sonaba nada bien ese plan.

El chico negó con la cabeza con vehemencia.

No, no, no quiero decir eso.Se humedeció los labios antes de proseguir. Estaba claramente nervioso.Todo tipo de trampa queda descartado si tenemos en cuenta las habilidades de tu chica.Indicó a Sam con un movimiento de cabeza, a lo cual Gwendoline respondió apretando los labios.Sé mucho de ella, y entre las cosas que sé se encuentra la dirección de su domicilio. Estoy más que seguro de que se irá allí a descansar nada más termine la reunión, pues por mucho que quiera aparentar, no está para muchos trotes.Hizo una pausa, mirándolas una a una, calibrando su reacción. Ninguna mostró emoción alguna, por lo que el chico prosiguió.Vive en una mansión que ha decorado como una de esas casas del Japón medieval que se ven en las películas. Es una puta friki. Tiene muchas trampas allí colocadas, y yo conozco algunas. Podemos usarlas en nuestro beneficio. También tiene criaturas mágicas allí: he visto un par de kappas en el estanque del jardín, y creo que tiene un occamy de unos doce metros también. No sé lo agresivas que serán...

Aquello podía seguir por aquellos derroteros un rato más, pero Gwendoline alzó la mano para indicar a Dagon que dejara de hablar. Entonces, se volvió hacia Sam, buscando su opinión de experta en materia de mentiras.

—¿Confías en él? ¿Dirías que está siendo sincero?—Preguntó la morena. Y nada más hacerlo, no pudo evitar mirar a Caroline también.

A fin de cuentas, la pelirroja se preocupaba por las criaturas mágicas. No quería ni imaginar lo que ocurriría si las tres descubrieran que Hemsley había estado maltratando a dichas criaturas, que por lo que sabían de ella no le servían más que como un trofeo o un elemento de decoración en su mansión de estilo japonés.

A fin de cuentas, si a las personas las trataba como instrumentos, ¿qué haría con unos pobres kappas que a nadie en el Ministerio le importaban?
Gwendoline Edevane
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Sam J. Lehmann el Mar Feb 12, 2019 5:39 pm

A medida que aquel chico iba hablando sobre las debilidades de Grulla y de como ir a por ella, Sam cada vez veía más inconvenientes. Y es que sí, maldita sea, odiaba a esa señora y le encantaría que no estuviese ya en el mundo para que no fuese un problema para ellas. Pero eso de organizar un ataque contra ella, con el único motivo de matarla... es que le parecía tan terriblemente turbio e impropio de ellas que le estaba martilleando la cabeza.

Podía entender que en este nuevo mundo o matas o te matan, pero es que igualmente el simple hecho de estar organizando un asesinato le parecía demasiado. Y ahí se encontraba, en mitad de una batalla mental, moral e ideológica consigo misma. Y es que no, por una parte no podía negarse después de lo que les había hecho y lo que estaría por hacer si se dejaban estar y no aprovechaban esa oportunidad, pero por otra parte...

Suspiró con suavidad allí en donde se encontraba, dándose cuenta que ni los malvados en el poder se libraban de traiciones entre los suyos, porque Douglas Dagon había llegado a Grulla por algún motivo, pero debida a su locura inconmensurable, se había replanteado las cosas como para hablar con dos traidoras y una sangre sucia. Así que intentó mantenerse un poco al margen de la conversación mientras Gwendoline llevaba las riendas, fijándose sobre todo en la expresión corporal de Dagon, así como en sus palabras. Cuando terminó de hablar, mencionando la mansión, las tres chicas se miraron entre ellas, conformando una especie de piña en donde poder hablar. Sam negó con la cabeza a lo que dijo Gwendoline. —No confío en él, pero creo que está siendo sincero con nosotras —le respondió, en bajito. —Y no me cuesta creerlo después de todo lo que sabemos de Hemsley. Nadie en su sano juicio puede trabajar con ella sin llegar a la conclusión a la que está llegando él. —Ahora estaba siendo Savannah, ¿pero después de Savannah, quién iba a ser el siguiente pringado que se convirtiese en trapo sucio de Grulla? —Igualmente puedo cerciorarme si dice la verdad o no... —Dejó caer, para que todas estuviesen más tranquilas, aunque a Sam la verdad es que no le hacía falta.

Pero claro, a Samantha le hubiera encantado que Dagon se ocupase de sus inquietudes él solo y matase a Hemsley por su cuenta. Ella no diría nada y tampoco participaría, pero se quedaría terriblemente aliviada al no tener a esa persona tan peligrosa detrás de ellas. Sin embargo, ahí estaba, pidiendo ayuda porque solo era incapaz y creía que ellas tres sí podían tener algún tipo de oportunidad. Ella, aún así, no podía evitar pensar que era meterse de lleno en la boca del lobo y que de un mordisco alguna de las tres podría salir gravemente herida del lugar, si es que todas salían vivas después de esa locura de plan. Porque al fin y al cabo tenían la certeza de que el anillo la volvía más débil, pero era dar por hecho la debilidad de un enemigo cuando claramente es lo primero que te enseñan en Defensa contra las Artes Oscuras: no subestimes a tu enemigo nunca.

Así que Sam estaba un poco en stand by en ese momento y por su cabeza pasaban muchas cosas, por mucho que ahora mismo ella pensase que tenía le mente en blanco. —Sé que Hemsley es peligrosa, que puede venir en cualquier momento a por nosotras, que tiene mucha información y os puede destrozar la vida... y os juro que sé que no hay mejor lugar para ella que enterrada. —Y entonces tragó saliva, mirándolas con seriedad. Necesitaba apoyo y saber lo que pensaban ellas: ¿de verdad veían esa oportunidad como la oportunidad de oro y les daría igual entrar a una casa ajena para matar a su propietaria ahí dentro? —Si todo esto es verdad... ¿lo vamos a hacer?

No era un secreto para nadie que Sam para esas cosas no servía, tampoco era un secreto que con que una fuese derechita a esa casa a matar a Hemsley, Sam la iba a acompañar hasta el final pues nunca dejaría a una de sus amigas sola ante el peligro. Sin embargo, la duda estaba ahí. La duda por el peligro que suponía, la duda porque el fracaso era plausible y probablemente terrible por todo lo que podía ocurrir... la duda porque todo saliese de manera exitosa y... ¿entonces qué? ¿Sumaban un asesinato a su lista de cosas por hacer antes de morir? Sí, se libraban de una amenaza posiblemente mortal, ¡pero joder, es que no podía tomar una decisión así en ese momento!

Así que tragó saliva y miró a Douglas.

¿Cuándo es la reunión?

El domingo...

Y esa era otra: si por algún casual decidían aceptar todo eso, Douglas era un cabo suelto. Ya sabían todas lo fuerte que era Artemis con la legeremancia, ¿qué les aseguraba a ellas que no averiguaba las intenciones de su aliado y lo echaba todo a perder, haciendo que se metiesen en la peor trampa, en terreno enemigo?

¿Y tienes la certeza de que Hemsley nunca sospecharía de ti? Los dos sabemos su nivel con la legeremancia, ¿cómo sabes que no averiguará tus intenciones o que has venido al enemigo a pedir su muerte? —Le preguntó directamente.

Confía en Arthur y en mí... —Respondió. —Nunca ha usado la legeremancia en mí.

Que tú sepas... —añadió Sam a su respuesta. Era muy fácil para un legeremante manipular la mente del enemigo, como para que uno sepa que su mente no ha sido modificada.
Sam J. Lehmann
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