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Maybe I'm a Lion [Priv.] {Sam, Carol & Gwen}

Gwendoline Edevane el Sáb Ene 26, 2019 3:48 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Maybe I'm a Lion [Priv.] {Sam, Carol & Gwen} - Página 2 C1mGTpR
Miércoles 23 de enero, 2019 || Apartamento de Gwendoline Edevane, Londres || 23:07 horas || Atuendo

Gwendoline abrió la boca en un sonoro bostezo, hasta el punto que escuchó crujir su mandíbula. Se tapó la boca con la mano, más por costumbre que por otra cosa: no había nadie en los alrededores a quien pudiera parecerle desagradable aquel gesto.

Ascendió los tres peldaños que conducían al portal de su edificio, cansada. El bolso colgaba de su hombro como un peso muerto, y no veía el momento de dejarlo caer en el suelo, tal era su agotamiento físico. Había pasado las últimas tres horas en el gimnasio, tanto haciendo ejercicio como entrenando defensa personal, rutina que había adoptado desde que había comenzado el año.

Así que su cuerpo en aquellos momentos era su enemigo. Como dirían algunos, ‘le pesaba el culo’, y sabía que al día siguiente tenía unas hermosas agujetas. Ya se lo había advertido su profesor: ‘Si sigues a este ritmo, mañana no podrás moverte.’

Aquello era una verdad a medias, pues su profesor de defensa personal no contaba con toda la información sobre Gwen: era bruja, y pretendía preparar un buen remedio para el dolor muscular en cuanto entrara por la puerta. Mil veces más efectivo que los baños de hielo y los remedios muggles.

Cerró el portal a sus espaldas y, casi arrastrando los pies, recogió el correo del buzón para luego subir poco a poco las escaleras de su dichoso edificio sin ascensor. Se distrajo ojeando las cartas que había recibido, sabiendo de antemano que lo único que se iba a encontrar era publicidad y más publicidad. Sin embargo, por extraño que pareciera, el camino escaleras arriba hacia el tercer piso se le hizo un poco más ameno.

Solo un poco.

Con la mirada puesta todavía en una carta de una aseguradora cuyo nombre no recordaba haber visto antes, Gwendoline se llevó una mano al bolsillo de sus vaqueros cuando ya alcanzaba el tercer piso, en busca de sus llaves. Siguió ascendiendo peldaño a peldaño, y para cuando llegó al descansillo frente a su puerta, Gwendoline se llevó tal susto que las cartas terminaron desparramadas a sus pies.

Ante ella se encontraba nada más y nada menos que Douglas Dagon, quien en pocas palabras era uno de los esbirros de Artemis Hemsley.

El joven estaba apoyado en la pared junto a su puerta, la mano izquierda en el bolsillo de sus tejanos, la mano derecha sosteniendo un humeante cigarrillo que se llevó a los labios para dar una calada profunda. Un segundo después, expulsó el humo por la nariz y por la boca, al mismo tiempo.

El susto inicial de Gwendoline dejó paso a un estado de nerviosismo y tensión que la hizo quedarse congelada donde estaba. El joven, por su parte, se separó de la pared y caminó hacia ella. Sacó la mano izquierda y la levantó a modo de saludo.

Buenas noches.Dijo, como si tal cosa. Como si aquello fuera una visita totalmente planeada.

—¿Qué estás haciendo tú aquí?—Preguntó Gwendoline, siendo por fin capaz de reaccionar a semejante situación.

He venido a hablar contigo. ¿Tienes un minuto?

¿Que si tenía un minuto? Gwendoline no podría estar más confundida ni aunque un elefante rosa hubiera aparecido en su descansillo al volante de un fórmula uno. Y es que no podía imaginarse escenario más surrealista.

Sin embargo, mantuvo la calma. Le costó un tremendo esfuerzo hacerlo, pues todo lo que estuviera relacionado con Artemis Hemsley la aterraba, pero lo consiguió. Asintió suavemente con la cabeza, y entonces se giró hacia la puerta para abrirla. Mientras lo hacía, observó cómo Douglas tiraba al suelo su cigarrillo, lo pisoteaba, y se agachaba para recoger las cartas desperdigadas por el suelo. Cuando la puerta estuvo abierta, el chico se las entregó. Las aceptó sin decir palabra, y entonces se hizo a un lado para dejarlo pasar.

Entró detrás de él, quedándose atrás deliberadamente no sólo para cerrar la puerta, sino para sacar su varita de la manga de su chaqueta. Dejó caer entonces bolso y cartas, y se volvió hacia Dagon.

Gracias por dejarme entrar. Lo que tengo que contarte es...Douglas Dagon nunca terminó aquella frase.

Gwendoline no esperó a que se diera del todo la vuelta, sino que conjuró un Desmaius no verbal en su dirección mientras se giraba. El chico se vio sorprendido por el hechizo, y enmudeció repentinamente. La morena lo había atacado con tal violencia que el hechizo no solo lo dejó inconsciente, sino que lo arrojó contra la pared del fondo.

La morena avanzó con precaución hacia él, varita en mano, apuntándole en todo momento. Cuando estuvo lo bastante cerca, le dio un ligero puntapié para comprobar si estaba inconsciente o si, por el contrario, estaba fingiendo. No lo estaba.

Dejó escapar el aire que se dio cuenta que estaba reteniendo en sus pulmones. Su cuerpo, en tensión hasta ese momento, se permitió relajarse. Sin embargo, su corazón latía a toda velocidad.

—Esto no puede estar pasando...—Dijo, incrédula, mientras caminaba hacia su bolso en busca de su teléfono móvil. Cuando lo tuvo entre sus manos, envió un mensaje de audio a Sam.—¿Puedes venir a mi casa? Y tráete a Caroline. Tenemos entre manos una...—Se pensó unos segundos el cómo definir aquella situación… y no se le ocurrió palabra mejor que esa.—...una situación.

Chess, que hasta ese momento había permanecido ausente, dio un salto desde el sofá al suelo y caminó hacia su compañera humana. La miró desde su pequeña altura y le dedicó un sentido maullido. Toda respuesta de Gwendoline fue lanzar un suspiro y dejarse caer sobre el reposabrazos del sofá. Y yo pensando que lo que me esperaba en casa era una ducha caliente y una poción para el dolor muscular…


PNJ - Douglas Dagon:
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Diálogo = #7f6eff
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Gwendoline Edevane el Mar Jun 18, 2019 3:39 pm

El rostro de Gwendoline, parcialmente oculto bajo las sombras que proyectaba la capucha, se mostraba inexpresivo y laxo. Difícilmente podría reflejar los nervios que estaba experimentando en aquel momento.

Cuánto más repasaba mentalmente el plan en su cabeza, más se arrepentía de estar allí: sí, en teoría tenían un plan, uno bastante elaborado, pero Hemsley no era alguien a quien debieran subestimar. Y mucho menos cuando estaban entrando, literalmente, en sus dominios. No podían prever lo que se encontrarían, por muchos mapas y localización de las posibles trampas de que dispusieran.

Douglas Dagon parecía bastante seguro de sí mismo, bastante confiado… y eso a Gwendoline le daba muy mala espina.

—Vuelvo a preguntártelo:—Susurró Gwendoline, una vez hubieron pasado de largo al guarda de seguridad y se encontraron en aquel extraño jardín que parecía sacado de una película sobre el japón feudal. Estaba segura de que esa lluvia constante de pétalos de cerezo tenía algo de mágico.—¿Estás seguro de que va a funcionar?

En esta vida, no hay nada seguro.Gwendoline puso los ojos en blanco. ¿De verdad iba a ponérseles filosófico en aquel momento?Pero lo hemos planeado lo mejor que hemos podido, así que si puede salir bien de alguna manera… es así.Añadió. Resumen: no estaba seguro.

Gwendoline miró a Caroline de soslayo. La pelirroja llevaba consigo el arma que podía hacer frente a Hemsley: una de las katanas de Aoyama, tan poderosa como la que tenía Grulla. Si llegaba a darse el caso de tener que luchar… lo más lógico era que lo hiciera ella, pues era quien tenía experiencia. La morena se había entrenado brevemente con el maestro de su enemiga cuando habían visitado Japón, pero unos días de entrenamiento no la ayudarían a vencer a alguien como Hemsley.

—Recuerda lo que te dije.—Esta vez, hablaba con su amiga.—Si llega a darse el caso de que tienes que luchar con ella, aprovéchate de sus debilidades: siempre va a buscar tu espalda, o en su defecto, tu lado izquierdo. Y no te olvides de la lesión que se produjo durante sus entrenamientos...—Hiroshi Tahiri había dicho a Gwendoline que durante el largo proceso de entrenamiento, Hemsley había sufrido daños en su brazo izquierdo, los cuales la habían dejado con una lesión permanente.

¿Podemos cortar el rollo y seguir adelante, por favor?Dijo Dagon, interrumpiendo la breve charla de las chicas.

—Sí, de acuerdo.—Confirmó Gwendoline.—Aquí es dónde nos separamos...—Aquella afirmación hizo que a Gwendoline se le formara un nudo en el estómago.

Si todo sale bien, nos veremos pronto.Pero, generalmente, cuando se hacía una afirmación de ese estilo… las cosas no solían salir bien.


***

Habitación de Artemis:
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Artemis Hemsley estaba de un humor pésimo: la reunión había sido un fracaso, y sus negociaciones no habían llegado a buen puerto. Y por mucho que ese cerdo de Graham la desagradase, no le iba a quedar más remedio que seguir tratando con él hasta conseguir llegar a un acuerdo.

Si no tuviera algo que le interesara, ese cabrón ya estaría muerto.

Llevaba unos minutos en su habitación, con la única compañía de Savannah McLaren. La temblorosa muchacha, cuyas cicatrices la hacían parecer sonriente a cada segundo del día, estaba de pie a un par de metros de ella, sin decir ni palabra, luchando para no descomponerse del pavor que, obviamente, sentía ante su presencia.

Hemsley sonrió de manera perversa.

¿Qué pasa? ¿Ya no eres tan habladora como solías serlo?Le preguntó de manera jocosa, perfectamente consciente de que así era. Aquella cría se había roto como una ramita ante ella.

No dijo nada, por supuesto, y Hemsley se regodeó en la sensación.

No tienes que exagerar: podría haberte hecho mucho más de lo que te hice. Podría haberte reducido a una masa suplicante de carne cuyo único deseo es morir, y no creas que no me apetece.Savannah tragó saliva, y su cuerpo tembló ligeramente, de manera perfectamente apreciable.No lo descarto: cuando no te necesite, posiblemente me divierta un rato contigo. Jugaremos mucho juntas.Le guiñó el ojo, como si le hubiera gastado una broma llena de complicidad; el rostro de la muchacha no mostraba, en absoluto, esa complicidad.Venga: sírveme un poco de sake. Haz algo útil con tu asquerosa vida.

Hemsley se sentó en el borde de su cama, observando cómo Savannah trabajaba. Las manos de la chica temblaban tanto que a punto estuvo de derramar el sake. No sucedió, y tuvo suerte: de haber sucedido… habría recibido uno de los peores correctivos de su vida.

Esas mismas manos temblorosas ofrecieron a Hemsley el sake. Savannah se acercó a la mortífaga de la misma manera se acercaría al fuego: con cuidado, procurando no tocarlo. Su maestra le arrebató el pequeño recipiente de porcelana de un manotazo y se lo acercó a los labios.

Ni siquiera esto se te da bien...

***

Mientras esperaban a que Hemsley, con suerte, se bebiera la poción adormecedora, las tres ex-Ravenclaw tenían una clara misión: debían dividirse y, utilizando los datos que Douglas Dagon les había proporcionado, desactivar todas las trampas y alarmas mágicas de la mansión, para luego conjurar una serie de protecciones que, entre otras cosas, impidieran el uso de la aparición en el interior.

Así mismo, cada una tenía una misión complementaria: Sam tenía como objetivo crear una pequeña burbuja de realidad alternativa en uno de los jardines interiores, hacia la cual atraerían a Artemis en caso de necesidad; Caroline debía echar un vistazo a las localizaciones de las criaturas mágicas, no sólo para liberarlas sino para asegurarse de que, si alguna era demasiado peligrosa, estuviera bien retenida; y Gwendoline, por su parte, debía sabotear el armero de Hemsley.

Un dato curioso sobre las armas de Artemis Hemsley: su manera de ‘sacarlas’ de la nada no tenía nada de místico, sino que era mágico. Las mangas de su ropa estaban conectadas mágicamente al armero en cuestión, que no era otra cosa que un armario evanescente cuya entrada era… la ropa de Hemsley. Una idea inteligente, desde luego: por eso, cuando en plena batalla extraía un shuriken de dichas mangas, parecía que lo sacaba de la nada.

Su objetivo era cortar la conexión entre el armero y la ropa de Hemsley. Sencilla.

Con ayuda del plano que Douglas había dibujado para ellas, y con la localización de las trampas en mente, Gwendoline no tuvo ningún problema para localizar el lugar. Se encontraba al fondo de un pasillo del ala este, tras una puerta de biombo cerrada mágicamente. Douglas también había pensado en eso y les había entregado copias de llaves mágicas que abrían dichas puertas.

El interior del armero era más grande de lo que parecía desde fuera. Una colección de espadas, que más parecían de exposición que reales, ocupaba el centro de la estancia. Las paredes de ésta estaban llenas de distintos tipos de shurikens, kunais y otras armas cortas. También había algunas lanzas e, incluso, arcos y mosquetes.

Aquel lugar sería el sueño de cualquier coleccionista.

Hora de cortar a Hemsley el suministro de armas, pensó Gwendoline mientras pasaba al interior, sacaba su varita y se disponía a trabajar.

Fue todo bastante más sencillo de lo que parecía: lo único que tuvo que hacer fue romper el hechizo que vinculaba el armero con las mangas de Artemis. Se sintió aliviada al comprobar que, al menos aquella parte, funcionaba bien. Sólo quedaba reunirse con sus amigas para ir a por Hemsley, que para entonces ya debería estar sufriendo las consecuencias de la poción adormecedora.

Sin embargo, antes de abandonar el lugar, Gwendoline se detuvo a recoger un par de sai japonesas que servirían como refuerzo en caso de tener que librar un combate contra Hemsley.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Sáb Jun 22, 2019 2:24 am

Vale, ya estaban dentro de la mansión Hemsley y había llegado el momento en el que tenían que separarse para cada una cumplir su misión. Sam entendía perfectamente que separarse quizás era necesario para optimizar el tiempo, ¿pero de verdad ella era la única que recordaba la norma número uno de las películas? #1 Separarse era siempre malo, muy malo. ¿Acaso no era obvio, cuando todo siempre salía mal cuando las personas se separaban?

Mira que ya de por si el plan de meterse en casa de Artemis Hemsley no le emocionaba especialmente y había muchas partes del plan que no le convencían, pero es que eso de separarse… de verdad, ¿qué necesidad? ¿No podían ir todas cogidas de la mano a cada uno de los puntos estratégicos? No. Separadas, como tres idiotas.

Les pidió tropecientas veces que tuvieran cuidado antes de separarse hasta el punto al que tenía que ir, esperando que todo saliese bien. Esperaba que el plan de dejar dormida a Hemsley funcionase, porque ahora mismo Sam estaba con el corazón en el pecho que se le iba a salir sólo de pensar en volver a enfrentarse a ella y que alguna de las tres pudiese salir malherida… pero se había prometido mantener la calma y…

—¡Pero…!

¡Tranquila, tía! Susurró.

—¿Qué narices haces aquí, Dog? ¡Me has dado un susto de muerte, me cago en la leche! —Si no se le había salido del pecho el corazón es porque era literalmente imposible anatómicamente hablando, pero si hubiera sido un dibujo animado, hubiera llegado a una galaxia muy, muy lejana. —No deberías estar aquí asustándome, ¿en donde narices se supone que debías estar?

Estaba comprobando la posición de la guardia personal de Grulla, pero no hay nadie.

—¿Por qué? ¿Cómo lo sabes?

Porque estás en donde deberían estar patrullando uno y no hay nadie. Sam volvió a dar un bote.

—No me jod…

Tía, es que te has equivocado de camino. Tenías que ir a los jardines de la parte izquierda, no estos. Estos son los que están más lejos del dormitorio de Grulla, la idea era hacerlo en el más cercano para que, si las cosas salen mal, poder atraerla con facilidad.

—Es que esto es un laberinto.

Pero te di un mapa.

—¡Ya sé que nos diste un mapa! ¡Cállate! ¡Estoy nerviosa! —Estaba susurrando, de manera muy alterada. —¡Llévame a donde sea que tengo que hacer eso!


***

Después de haber hecho con éxito esa burbuja mental en base a sus conocimientos y lo que sabía, por experiencia, de la mente de Grulla, volvió junto a sus amigas en donde habían quedado volver a reunirse. Dog la volvió a guiar porque los nervios le estaban jugando una mala pasada y se le había olvidado toda la dichosa disposición de la mansión. Años de ser Ravenclaw para ésto, pero de verdad que estaba alteradísima por el momento en el que llegase Artemis Hemsley y la posibilidad de que las cosas se torciesen. Al menos, eso sí, separarse no les había costado la vida.

Nada más llegar las tocó a ambas en el hombro, por un lado porque eso de hacer ilusiones mentales le hacía emparanoiarse con la realidad y, por otro lado, porque las amaba y tenía miedo.

—Dog me ha dicho que no hay guardias ni nada. —Y menos mal porque Sam, después de haber visto a Grulla luchar, no se veía tampoco muy por la labor de enfrentarse primero a ninjas convencionales para luego enfrentarse a Artemis Hemsley, la ninja maestra, porque Douglas no les había dado demasiado detalles, pero Sam se imaginaba a sus secuaces como ninjas. —Y lo sé porque me he equivocado de lugar y él me ha corregido diciéndome que por ahí solían haber guardias. No sé chicas, yo ya he tenido mi suerte de hoy, lo mismo es hora de irnos y dejarlo para otro día. —Entonces cogió aire y volvió a serenarse. —Preguntó y llevan sin venir un par de días porque Artemis está más susceptible que nunca y lo mismo era ella quiénes mataba a sus protectores. —Carraspeó.

No iba a insistir porque estaban ahí como tres personas valientes que quieren conservar su libertad. Pero lo mismo deberían irse y barajar la opción de alquilar un misil nuclear con el que bombardear todo eso.


***

Entonces las chicas comenzaron a caminar en dirección a la zona en donde se encontraba Grulla. Lo más lógico es que estuviese en su dormitorio a esa hora, pero bien podría estar en su despacho—justo al lado—o en la sala de estar, que también estaba cerca. La ubicación exacta era desconocida, pero Sam solo esperaba que, fuera cual fuera, encontrarse a Grulla durmiendo. Algo le decía que eso era demasiado bueno para que fuese real.

Ya cerca de allí se volvieron a separar un poco, aunque sin perderse de vista. La idea de entrar por la puerta no le gustaba, pero tampoco consideraba una opción eso de entrar por la ventana. O por el techo. La verdad es que ninguna opción le parecía buena, por lo que se separó lo suficiente para cubrir a Caroline, que era quién iba a abrir la puerta. Sam se acercó a la zona de la ventana, lentamente, para cuando lo escuchó:

Mocosa inútil…Era la voz de Grulla, hablando seguramente con Savannah.

Entonces Sam, que no podía hablar para no hacer ruido, apuntó a Caroline con la varita y congeló su movimiento hacia la puerta. Cuando recibió la mirada de la pelirroja, la deshechizó y le hizo una señal de calma, señalando al interior como que Grulla estaba allí, despierta.

Sin embargo, pese a que las tres creyesen que todo estaba bien y nada se había torcido, sino que su presencia allí seguía siendo un misterio para Artemis, se equivocaron. De repente la puerta que estaba frente a Caroline y que había estado a punto de abrir, le explotó justo delante de su cara. Salió despedida hacia atrás y Hemsley apareció en el interior de su habitación, con la varita en su mano, mirando con rabia a través de su puerta. Sabía que estaban las tres pese a que sólo hubiera visto a la pelirroja.

¡Vaya, vaya! Parece que tengo visita y nadie me había avisado para recibirla como es debido...Empezó hablando con su tono rimbombante de siempre, pero el final de esa frase sonó cargado de rabia, pues no permitía que nadie entrase a su casa de esa manera.
Sam J. Lehmann
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