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Priv. || The Magus Archives ||

Ryan Goldstein el Jue Feb 28, 2019 3:03 am

Recuerdo del primer mensaje :

La pluma vuelapluma es rebelde, y habiéndose deslizado del sobre como la serpentina, revolotea todo alrededor y se lanza impaciente por cumplir su cometido en las manos de una bruja, sin noción de momento.

Podía ser un fallo de fábrica, o es que la habían adiestrado así, para atacar en un desesperado intento por ser útil. Los artículos mágicos tenían la característica de estar desbordados de movimiento, ilusoriamente vivos.

Siendo el caso, aquella era una pluma muy atolondrada, y el doble de obstinada. En su despliegue locomotriz salpicó gotas de tinta. Y aun así, el propósito de una pluma vuelapluma adjuntada a la carta de El Archivo, era todo un misterio.

El sobre tenía un sello distintivo en dorado y la misiva se había escrito a mano en una cursiva estilizada y prolija. Una vez extraída la carta, era posible sorprenderse con cómo se desprendía una nota suelta de papel, que ojeándola, parecía fuera de lugar.



X/X/2019
Danielle T. Maxwell
Londres

Danielle T. Maxwell,

    Es de mi agrado informarle a través de la presente sobre las especificaciones relativas a su postulación en el puesto de aspirante a bibliotecario.

Ha sido seleccionada bajo la atenta recomendación de Ryan Goldstein, quien a efecto inmediato queda registrado oficialmente como padrino a cargo.

Queda convocada para acudir puntualmente a las oficinas de El Archivo, a las 16hs del próximo lunes, para su entrevista.

De apersonarse a la cita según lo previsto, firmar con la pluma vuelapluma dispuesta en el sobre al final de la misiva.

Se hace constar que una vez firmada la invitación se pone en activo un encantamiento vinculante de carácter inviolable y sin efecto retroactivo.

Atte.

Priv. || The Magus Archives ||  - Página 2 425OMb6
Etienne Mikuinski
Archivador
Oficina 403, Último Piso
El Archivo
5th Ave. con la 42nd St, NY 10018, Nueva York
 



Dany, Priv. || The Magus Archives ||  - Página 2 JW1jxpL
                                             
Ryan me ha hablado maravillas de ti. Prometo no morderte. Te espero con tarta de chocolate.
Hasta el próximo recuerdo.
Etienne.


The Magus Archive
Oficialmente, se reconoce a la biblioteca de El Archivo como cuna de la cultura: almacena libros de todo el mundo, archivando en sus arcas la historia del mundo mágico.

Es en sí misma un museo histórico, que recorre la historia mágica desde hace años, años atrás en el tiempo en los que la magia antigua era todavía más fuerte de lo que es la magia en la actualidad.

Está ubicada sobre la Quinta Avenida, o más apropiado sería decir que coincide exactamente con la ubicación de la biblioteca pública de Nueva York.

Es posible acceder a la secreta locación de El Archivo a través de pasajes estratégicamente distribuidos en el Bryant Park como hacia dentro de la biblioteca pública.

El más conocido tal vez sea el pasaje de la Quinta Avenida, al que se accede atravesando el pilar que sostiene a la estatua del león de la fortaleza.


Once upon a time…
the world was fill with magic
Your job?
Is to make sure that what remains
Doesn’t fall into de wrong hands


Lo que la biblioteca guarda son libros, a veces de un extraña magia, y ‘artefactos’, que vienen a ser instrumentos de curiosas cualidades mágicas. En ciertos casos, es necesario guardarlos contra aquellos magos que quieran hacer un mal uso de estos tesoros.

Por esto, otro de los trabajos de los bibliotecarios es el de ir a buscar los objetos de estas características que todavía quedan allí afuera y rescatarlos del tráfico ilegal en una carrera contra coleccionistas ambiciosos, mercenarios y magos con oscuros propósitos.


Breve reseña sobre los orígenes

Hubo una vez, hace más de mil años, tres hermanas que fundaron una sociedad entre magos y brujas. Sus nombres, Auríale, Adusa y Ateno, se hicieron conocidos a lo largo del tiempo y la historia.

Juraron servir al propósito de preservar y proteger la brujería, en una era en la que el conflicto y la persecución atemorizaba a los practicantes de magia.

Es así como nace El Archivo.

Las tres hermanas erigieron un templo a la cultura, la historia y el conocimiento como una forma de unirse contra el genocidio hacia los de su clase.

Se puede matar a un hombre, pero si quemas un libro destruyes su historia.

Con la idea en mente de preservar la vida y cimentar un futuro, hicieron un llamado a todos los magos y brujas, y no sólo armaron un refugio, sino que se convirtieron en bibliotecarios.

The very existence of libraries affords the best evidence that we may yet have hope for the future of wizards


Las tres hermanas

"El Jardín de Las Tres Hermanas" debe su nombre a las estatuas de las fundadoras, un monumento erigido en su memoria. Dicen que está encantado.

Se dice de ellas que se vieron obligadas a separarse cuando niñas, masacrada la pequeña comunidad en la que vivían junto con su familia, por acusaciones de brujería.

Cada una de ellas tomó un camino distanciado de la otra, hasta que años después se volvieron a encontrar en un paso que era una triple encrucijada, y que sería luego el sitio donde construirían El Archivo.

Los orígenes sobre la biblioteca son muy discutidos y las versiones varían. En una de ellas, las tres hermanas descansaban a la sombra de un manzano cuando una serpiente se deslizó por entre sus ramas y les habló.

Su dominio de la lengua pársel* les atribuyó una fama ambigua e incluso entre sus pares fueron vistas con el temor, y a veces la errónea adoración, que se le profesa a las Artes Oscuras.

A lo largo del tiempo, El Archivo hubo de enfrentarse contra la mala opinión pública, promovida desde las altas esferas de distintas comunidades mágicas por motivos políticos, sufriendo ataques y amenazas.

Hasta que luego de cambios y transformaciones logró consolidarse como una respetada institución bajo el amparo del Magicongreso de Estados Unidos.

Las tres hermanas, como fundadoras, iniciaron lo que sería el eterno legado de la biblioteca, expresado en su lema: “Sabiduría, unidad, fuerza”.

*Es por esto que se las representa habitualmente en grabados y esculturas rodeadas de estas criaturas, y en ocasiones, hasta con los cabellos tallados como sierpes.  



Estatua de las Tres Hermanas
Auríale, “La  carismática”. La hermana del medio. Mediadora cuando surgía un conflicto, mantenía el vínculo que unía a las hermanas, incluso en la discordia. Mucho se hablaba sobre sus dotes de oradora. Era creativa, virtuosa y generosa.

Se la suele representar tocando el laúd o con los brazos abiertos alegóricamente.

Ateno, “La guerrera”. Hermana mayor. En período de guerra participó activamente en campañas militares como cualquier otro soldado, siendo una mujer entre hombres.

Se la suele representar con una espada o un arco en una mano y la varita en la otra. Era leal, brava e impiadosa.

Adusa, “La sabia”. Hermana menor y cabeza principal al mando de El Archivo. Su afán por el conocimiento la llevó a muchos descubrimientos y querer difundir lo que sabía.

Decían que de mirarte a lo profundo de los ojos podía adivinar todos tus secretos.

Se la suele representar con una llave o un libro. Era juiciosa, emprendedora e inteligente.


A través del vestíbulo...


Desde sombreros turcos a botas de tiburón, capas flotando al ras del suelo y uniformes hechos a medida, túnicas de bordados exquisitos o puños desgastados y telas de los más diversos colores, todo tipo de vestimentas para todo tipo de gentes, eso es lo que podía encontrarse en el devenir atareado de brujas y magos provenientes de los distintos continentes.

Las grandes puertas que te engullían hacia dentro del gentío en movimiento se alineaban desde el extremo opuesto con las lenguas escaleras de mármol que a la vez se bifurcaban al llegar al rellano que precedía a la entrada del primer piso, la planta de la biblioteca. Lo indicaba el logo de la parte superior, un libro abierto.

Al pie de la escalera y hundido en el centro de una depresión circular pero tan grande que se mantenía bien a la vista de todos, un globo terráqueo con un aura brillante veteada de plata y azul levitaba sobre una plataforma apenas elevada sobre el nivel del suelo de mosaico. Dos soportes dorados se ceñían ilusoriamente a su circunferencia, apostados uno a cada lado.

Cubriendo los muros del gran y transitado vestíbulo la mesa de entrada se extendía todo a lo largo de las paredes a los costados. Detrás de numerosas ventanillas había alguien para atender a una cola de curiosas personalidades a la espera, desde extranjeros con sus incompresibles acentos hasta duendes y una multitud que sólo verías en el mundo mágico.

Brujas y magos y seres se aparecían y desaparecían dentro de un radio con el globo terráqueo como eje. Había quiénes se asombraban lanzando miradas a su alrededor, pero en su mayoría parecían saber exactamente a dónde ir, tanto si era para hacer cola, apresurarse por las escaleras o escurrirse hacia los costados y atravesar unas puertas altas y angostas que se mantenían siempre abiertas y conducían a salas contiguas, donde era posible tomar los ascensores. Aquí y allá pequeños grupos juntaban las cabezas en un murmullo dispar y confuso, y los pies se movían con prisa y sentido de la dirección.

La amplia sala crecía y crecía hacia arriba, hasta un techo de apariencia infinita del que pendía suspendida la proyección de un reloj astrológico que giraba sobre sí mismo y que daba la impresión de emitir una luz dorada que inundaba la sala como lo hacen los rayos del sol a través de los vitrales. Los pilares contra las paredes que encerraban al gentío estaban esculpidos con formas femeninas que se movían si posabas tus ojos en ellas por demasiado tiempo y se ofrecían amablemente a dar indicaciones.

Antes de llegar a las ventanas del servicio de atención había palmeras, tan altas como jamás se había visto en una palmera, que se alineaban formando cuatro esquinas. A sus pies había bancos de espera, magos que tomaban el sol en un pequeño terreno de césped, y tiendas. Una tienda de regalos exponía inventos y curiosidades además de suvenires, una tienda de diarios pregonaba sobre las noticias en los periódicos de todo el mundo, y por último y no sin provocar la impresión de ligera extrañeza, una tienda de relojes en donde, al parecer, hacían reparaciones y personalizaciones.




El Portero del Mundo
Planta Baja

¿Destino? ¡Oh!, ¡hola! Sí, sí, déjame ayudarte. Yo puedo llevarte a casi cualquier parte. Soy coordinador de viajes, pero todos me llaman El Portero del Mundo. ¿Ves este globo terráqueo? Es un canal de transportación y punto de aparición. Puede traerte aquí, mandarte de regreso e incluso mandarte a cualquier otra parte que tú quieras, ¡no hay coordenadas que yo no conozca! Porque no creerás que funciona solo, yo me encargo de todo eso. Ah, ¿pero aquí?, ¿en la biblioteca? No, imposible. Me pierdo hasta para ir al baño. ¿Las oficinas? Ah, sí, eso es… ¡Arriba! ¿Etienne? Ah, ese estirado, sí. Es un chico ‘afrancesado’, joven casi como tú, pero le gusta sermonear como un anciano, comportarse como el jefe, ¿me entiendes? Tú te ves como una buena persona, a que me entiendes. A mí edad, que un chico te ande cuestionando la profesión de toda la vida es para envenenarte la sangre. Y hace cada pregunta que consigue que uno quede como idiota, habrase visto. Pero cuando no se mete en mis asuntos, es un chico bastante tranquilo.


Salas de la Biblioteca
Primer Piso

Infinitas galerías que se interconectaban en un mar de secciones perfectamente organizadas, brujas y magos sentados en escritorios individuales y plegados sobre tomos abiertos. Estantes y estantes de libros, balcones y escaleras, y más hileras de estanterías, salas de lectura y esquinas secretas. En el recibidor había mostradores, pero ningún bibliotecario. Hasta que choca contigo.  

—¿Sí? Oh, sí, sí, claro—La bibliotecaria se acomodó los lentes al resbalárseles por el puente de la nariz, tarea difícil porque tenía las manos ocupadas con una pila de libros—¿Cómo?—replicó, contradiciéndose en el acto, y abrió mucho los ojos, parpadeando una, tres veces—¿El corredor de las oficinas?

Era una bruja alta y enjuta, de ojos avispados y un brillante cabello de tono cobrizo oscuro que llevaba atado en un rodete. Se enderezó en el lugar, cotilleando a través de sus lentes con cierto porte examinador.

—Ya veo, tú no vienes por un libro. Estás extraordinariamente perdida, sí, pero no te culpo. ¿Y con quién se supone que tienes que hablar? Porque el corredor es como una galería interminable, con infinidad de puertas… ¡Oh, Etienne!, ¿Archivador? Sí, claro que lo conozco. Un señor respetabilísimo. No recuerdo el número de placa de su oficina, ¡ah, pero no importa! Tú sube al último piso por ese elevador que ves al final del pasillo y pregunta al recepcionista de planta por un señor canoso, entrado en años pero tan buen mozo, el más educado y con un ligero acento ruso. Ah, y qué siempre viste un abrigo con cuello de castor. ¿Ves qué fácil? Mucha suerte, querida. ¡Oh, y vuelve siempre que quieras una credencial para la biblioteca! Estaré encantada de ayudarte.




Pasillo de las Oficinas
Último Piso

Pardon.

El morocho tenía una voz ronca, nerviosa, pero el porte más recto y serio del que era capaz. Había sido él el del pisotón apenas subir al ascensor, pero parecía ofendido. Tenía un corte de pelo tan recto como cuadrada era su mandíbula. Desprendía colonia, status y cierta arrogancia que intentaba encubrir con una fría amabilidad. No se entendía por qué tenía una mirada tan inquieta.

Al descender todos los demás ocupantes, sólo quedaron ellos dos cuando llegaron a al corredor de las oficinas. La expresión del muchacho se tornó desconfiada, pero fue galante, un perfecto caballero, y se apartó para ceder el paso. Del todo innecesario, porque la salida era lo suficientemente ancha como para que pasara un rinoceronte. Pero sus modales eran de etiqueta.

Al no haber nadie a quien preguntar, se guiaron por las señales. Había una Oficina de Ánimas, otra de Enlace y Comunicación, de Seguimiento, y también las numeradas, cantidad de despachos oficinas yendo para un lado u otro del pasillo. Cuando se hizo evidente que iban por el mismo lado (y prácticamente igual de perdidos), el chico pareció sentirse obligado a iniciar una conversación, como si se tratara de alguna clausula moral no escrita. El esfuerzo que hacía era notable. Puede que después de todo no le fuera fácil relacionarse, o que pecara de altivo. Se aclaró la garganta e indagó sobre algo que aparentemente lo tenía muy curioso, utilizando todo el tacto que le era posible.

No se sabía por qué intentaba ser tan cuidadoso al hablar, pero al hacerlo, se delató a sí mismo como aspirante, e incluso dejó caer que se había preparado arduamente para ser admitido—mencionando de paso, que había sido el mejor promedio de su promoción, pero considerando en un desliz de frustración y desdén que hasta eso parecía poca cosa en el momento de la verdad—, pero se mostró especialmente interesado respecto a la identidad del entrevistador.

—Etienne, ¿Etienne Mikuinski? No es una personalidad ordinaria en el ámbito académico. Una mujer muy respetable. Tengo entendido que es condesa. Sería un honor tener una conversación con alguien tan eminente.

Se despidieron frente a la puerta de la oficina 403, y el tal Clément Faure-Dumont casi se vio tentado a cambiarle el turno. Pero siguió andando, porque le faltaba camino. Se olvidó de desearle buena suerte, pero puede que el leve asentimiento con la cabeza que le dedicó antes de dar media vuelta fuera algo parecido. Lo único seguro es que debía tener rigidez en el cuello, de lo seco del gesto.


Oficina 403

Al tocar, la puerta se abrió sola. No parecía haber nadie. El despacho era una amplia habitación con segundo piso, accesible por una escalera espiral. Había estanterías, libros, aparadores de vidrio cargados de objetos curiosos. No había ni un anciano ruso, ni un muchacho francés, ni ninguna condesa. Nadie, no había nadie, ¡pero…!

—¡Aquí!

Había una niña, con un malsano gusto por los buenos sustos, y sin lugar a dudas confundiéndolo con sentido del humor. Pero al verla de cerca, tenía una expresión demasiado escéptica para una niña.

Sin duda, tenía algo peculiar.

Sorprendió a su visitante desde un rincón al fondo, en las sombras, apareciendo con un libro abierto en las manos y la boca manchada de chocolate. Era una bonita rubia, algo pálida y muy delgada. Se acercó y se mostró interesada.

—¿Y qué te ha pasado a ti?







Etienne

Observador-Afable-Socarrón

Archivador. Su labor es la de coordinar y asignar las misiones a los demás bibliotecarios (por extensión, todos son ‘bibliotecarios’). Lleva a cabo los reportes de las misiones, reportes que almacena y cataloga en los archivos de la biblioteca. Sabe muchos secretos, que guarda con su vida. Después de todo, los “archivadores”, son los que guardan bajo llave los artefactos que llegan a sus manos, además de conocer una infinidad de misterios y ser fuente recurrente de consulta. Raramente hacen “trabajo de campo”.



Eva Rogers

Determinada-Honorable-Negociadora

Rastreadora, se encarga principalmente de localizar e interceptar traficantes de artículos mágicos. Lleva la varita a un costado de la pierna, en una funda de cuero enganchada al cinto. Se siente orgullosa de ser parte de La Nobilísima Orden de Los Guardianes, título que se le concede a todos los bibliotecarios de El Archivo, y siempre se muestra atenta con los nuevos miembros.







Clément Faure-Dumont

Defensivo-Cauteloso-Apasionado

Aspirante. Aspirante a bibliotecario, ingresa al período de prueba al mismo tiempo que Danielle. A diferencia de ella, tiene ambiciones en la vida. Es un egresado de Beauxbatons y licenciado en Historia de la Magia. Tiene un máster que va de “Las hadas en el folklore popular”.

No le fue fácil hallar padrino. Su objetivo es ser Archivador y le tiene terror al trabajo de campo, pero está de acuerdo en que no puede ser una cosa sin la otra, y pone todo su esfuerzo, aunque le cueste el doble.

No es especialmente agradable o alguien fácil con quien tener una conversación, pero sí una fuente de consulta muy útil, y un acérrimo de la investigación a tiempo completo. Por cierto que tiene un crush académico con Etienne Mikuinski.  
     
Su padrino es Reginald Waters.



Reginald Waters

Enérgico-Impulsivo-Soñador

Cazador de Ánimas. Si hay un vozarrón, seguro que es él dándo los "Buenos Días". Tipo simpático si los hay, algo perdido por las apuestas. Está convencido de que las ánimas son seres a los que hay que tenerles lástima, y se siente en paz cuando "las saca de su miseria", pero no sin cierta pena. Después de todo, a veces la línea entre "seres" y "producto residual", se hace un tanto difusa... Tiene a Etienne Mikuinski en alta estima, pero nunca se lo oye soltar más que quejas sobre él, y sobre todo, su ambiguo sentido del humor.




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Ryan Goldstein
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Danielle J. Maxwell el Dom Jun 30, 2019 4:22 am

¿Era cosa mía o… aquel reloj era la solución a todos los problemas? Inevitablemente no pude evitar compararnos con los tipos de Men In Black, ¿sabéis quiénes son? Los hombres de negros, esa asociación que se encarga de todos los sucesos paranormales y alienígenas, que tienen un desmemorizador—cosa ovalada que parece un bolígrafo con cámara y flash—para hacer que todo el mundo olvide lo que ha visto y crea que también son la solución a todos sus problemas alienígenas, confundiéndolos para creer que son cosas normales.

Suponía que lo más normal era intentar evitar dar demasiados detalles. Los detalles siempre eran problemáticos si no eran necesarios y, para mentir de esa manera, sería más prudente limitarse a decir las cosas a grandes rasgos y sin decir realmente nada revelador. Era mejor que ellos asumiesen cosas, a que tú afirmases nada.


***

Después de dejar claro que era una mala idea eso de llamarlo ‘jefe’ o ‘compi’ y que era muchísimo mejor llamalo Ryan, terminaron yendo al lugar del crimen. Puff, no os voy a mentir. ¡Estaba nerviosa! Pero no nerviosa nivel examen, ni nerviosa nivel ‘los radicales están atacando y voy a morir’, sino nerviosa de… emocionada. ¿Era cosa mía o realmente parecíamos los de Men In Black? ¡O mejor, los de CSI!

No quería parecer demasiado inquieta, ni tampoco emocionada. La verdad es que lo último que quería es que Ryan notase en mí tanta ilusión por aquello por si creía que no estaba preparada o no podía tomarme las cosas en serio, ya que no era nada de eso. Sin embargo, entre la emoción y que precisamente yo no me sentía preparada para ese tipo de cosas, pues no había tenido ningún tipo de entrenamiento ni nada, lo cierto es que me sentía un poquito insegura. Muy insegura, en realidad, pero me habían dicho que lo primero para no sentirte insegura era intentar no creértelo, por lo que estaba intentando adaptarme al medio y ser lo más útil posible.

Entramos en el interior de aquella tienda de espejos sin mayores problemas y Ryan utilizó un hechizo que, para mí, era totalmente nuevo. No me fue difícil asumir los efectos, pues vernos a nosotros mismos entrar por allí fue bastante revelador. Lo que no me esperaba es que aquel polvo con forma de Rod Chapman desapareciese en dirección al espejo que estaba al fondo de la tienda. Si ya de por sí aquella situación daba un poco de mal rollo, por eso de vernos reflejados en todos lados, el hecho de que el señor Chapman hubiese desaparecido así agravó bastante el mal rollo.

—¿Me estás queriendo decir que el tipo se ha metido en el espejo? ¿Será una puerta mágica tipo el muro del andén nueve y tres cuartos? —pregunté, susurrante. —Quizás Rod... ¿es mago?

Te preguntarás qué por qué narices susurraba si allí dentro no había nadie, pero el hecho de estar en un lugar de manera ilícita, a oscuras y haciendo cosas mágicas, me sugería que susurrar era lo más prudente.

Entonces nos acercamos lentamente al espejo en cuestión. Por mi parte tenía la varita en la mano pero… por simple comodidad y efecto copia, pues cuando Ryan la sacó, yo lo imité por si hacía falta mi uso.

—¿Es a mí a la única que le da mal rollo que hayan tantos espejos por todos lados? Parece una película de terror. —Y di un pequeño bote en donde me encontraba sin motivos aparentes; un susto. Sencillamente me asusté con mi propio reflejo en un espejo que ni había visto venir.

Entonces ambos nos miramos en aquel espejo en particular en donde había desaparecido la copia de Rod y yo no podía evitar imaginar que de repente aparecería algo detrás nuestro en aquel espejo que nos mataría en la vida real o algo así, cual película gore de serie b. Sin embargo, no ocurrió nada de eso. Yo aún así tenía la sensación de que debía de mirar atrás sólo para cerciorarme de que no apareciese mágicamente algo que pudiese matarnos, por lo que través del espejo se pudo ver a una Danny girándose hacia atrás para mirar que todo estuviera bien.

El problema es que yo, la Danny real, no se había puesto a mirar hacia atrás precisamente porque no quería quedar como una miedica. Así que repentinamente me tensé, mirando a Ryan. La Danny a través del espejo miró a Ryan, como intentando disimular.

—¿Has... visto eso? —pregunté, para cerciorarme de que yo no estaba loca. Se me habían puesto los pelos como escarpias.
Danielle J. Maxwell
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Danielle J. MaxwellMagos y brujas

Ryan Goldstein el Dom Jun 30, 2019 10:15 am





En la penumbra de la tienda, las volutas de oro desaparecieron lentamente. La verdad de lo que había sucedido permanecía a oscuras. Ryan adoptó un semblante pensativo.

—No lo entiendo—confesó, al tiempo que atravesaba la distancia hasta el espejo y lo tocaba con la punta de su varita. Nada. Pero de pronto, pareció darse cuenta de algo. Volteó una expresión intrigada hacia Danielle y preguntó, bajando la voz—: ¿Por qué susurras?

Investigaron el espejo porque parecía que era una pieza dentro de aquel rompecabezas. Ryan lo rodeó examinándolo por alguna pista e insistió en revelar sus secretos con el toque de la varita, pero era inútil. A la pregunta de Danielle, respondió mecánicamente, aunque con una pequeña sonrisa entre que se lo veía ensimismado.

—Es una tienda de espejos—
remarcó, colocándose al lado de Danielle y de frente a su propio reflejo—. Quizá…—¿Que si había visto qué? Volteó la mirada hacia Danielle, sin entender—. ¿Ha pasado algo?

La intriga era genuina.

Los interrumpió, sin anuncio, el ring incesante del teléfono. Un teléfono sobre el mostrador de la tienda. Ruidoso aparato. Curiosamente, los móviles tanto de Ryan como de Danielle sonaron con la llamada entrante de un número desconocido.

Bajo esas circunstancias, Ryan se concentró en lo inmediato, pero sin subestimar ni un ápice la confusión en el rostro de Danielle. Después de todo, estaban allí para observar cualquier detalle inusual que los pusiera sobre la pista de lo que había sucedido.

Hasta ahora, Ryan sospechaba que algo había atacado a Rod Chapman. Sin embargo, la reconstrucción del escenario aquella noche en la que el buen hombre salía de la tienda camino a  casa había sido imprecisa. Y su atacante no tenía rostro o siquiera forma.

¿Se trataba, entonces, de un ánima en su forma más vulnerable…? ¿Qué había pasado con Rod Chapman?, ¿había huido?, ¿o allí terminaba la pista? Quizá no les viniera mal, un poco de ayuda.

—Es la biblioteca—explicó, demasiado seguro. Sonrió—. ¿Atiendes…?

Del otro lado, era Clément al habla. Ryan imaginó que desde la biblioteca pedirían un reporte de la situación o los pondrían al corriente de alguna nueva información.

Ellos no tenían mucho todavía, pero era normal que desde arriba realizaran un seguimiento. Eso casi siempre suponía una ventaja.

Ryan pensó en aprovechar el momento para detenerse en un debate sobre contra qué tenían que lidiar y qué podían encontrar. Pero pensaba poner las cabezas de los dos novatos a trabajar.  

—Ponlos al tanto—aconsejó, refiriéndose a la biblioteca.



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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Danielle J. Maxwell el Mar Jul 02, 2019 3:51 am

—Porque no sabemos si hay alguien en la tienda y lo mismo nos conviene que no nos escuche. —Le respondí a la pregunta del susurrar, sin que se me ocurriese nada mejor.

Solía ser bastante común el hecho de ver algo que en realidad no existía, solo porque tu mente está presa de cierta paranoia. De hecho, llegaba un momento en el que no podías estar seguro de si lo habías visto o había sido producto de tu imaginación, como cuando de repente te acuerdas de algo y no eres capaz de decir si fue un sueño o realmente lo habías vivido. Sin embargo, en aquel momento yo estaba bastante segura de lo que había visto, por eso cuando Ryan preguntó, señalé al espejo.

—Me moví —le respondí con simpleza, frunciendo el ceño. —Es decir, se movió mi reflejo. En realidad no estoy segura pero estoy un noventa y nueve por ciento segura.

Joder. Lo peor de todo es que pese a estar segura, no me veía con la seguridad de decir que lo estaba al cien por cien, ¿se podía ser más retrasada? Madre mía, yo creía que no.

Cuando de repente sonó el teléfono me asusté, sin saber quién me llamaría a esas horas, básicamente porque a mí no me llama nadie. Quizás sería mi abuela, preocupada por saber cómo iba todo. Ryan, sin embargo, decía que debía de ser la biblioteca y al ver en mi teléfono un número desconocido al cogerlo, supuse que tendría razón y que ya estaría acostumbrado a esas cosas. Me dejó a mí el atenderlos, poniéndolos al tanto de todo mientras él seguía… observando.

Yo me giré entonces para coger el teléfono móvil, recibiendo al otro lado a Clément. Hablar con él se me hizo muy raro por la poca relación que habíamos tenido hasta el momento, pero el muchacho se le vio bastante implicado en el asunto y casi que ni parecía él, por lo entregado que parecía; tan hablador. Entre todo el silencio, yo empecé a hablar después de una de las preguntas de mi compañero novato.

—Sí, por ahora todo está bien. Hemos ido a la comisaría a buscar la información de todas las desapariciones y hemos empezado a investigar la más reciente para aprovechar las evidencias mágicas que puedan haber. —Carraspeé, sin tener ni pajolera idea de si lo estaba haciendo bien. Miré hacia atrás de reojo a Ryan, quién estaba totalmente absorto en su mundo, frente a aquel espejo. —La pista se pierde en una tienda llena de espejos… —Entonces Clément interrumpió a través del teléfono móvil. —Sí. —Las preguntas me estaba cogiendo un poco desprevenida, así que me concentré. —No, eso no. —Y entonces añadí: —Lo mismo estoy flipando pero me pareció ver que el reflejo se movía en un espejo… —Entonces comencé a susurrar, aunque Ryan seguramente me escucharía. —¿Eso puede pasar? Clément, tú has estudiado mucho más que yo, ¿eso puede pasar?

Ryan me había hablado de los ánima, pero evidentemente mi comprensión era limitada y mis conocimientos muy pobres. Así que escuché todo lo que decía Clément a través del teléfono, para entonces recibir una noticia inesperada.

—¿Cómo? ¡¿Y me lo dices al final de la conversación!? —Una pausa en la que me interrumpió. —¡El protocolo es una mierda!

Colgué el móvil y entonces me giré.

—Han encontrado a Rod. Está en el hospital. —A lo mejor para Ryan eso es normal, pero para mí había sido un giro INESPERADO de los acontecimientos. —Dicen que no saben nada, que vayamos a preguntar para cerciorarnos de si tiene que ver con el caso o es un hecho aislado.
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Danielle J. MaxwellMagos y brujas

Ryan Goldstein el Miér Jul 03, 2019 3:05 am




Clément tomaba asiento en un amplio escritorio regado de libros. Le habían asignado el rol de soporte en una misión. No podía sentirse más en su terreno. En poco tiempo había organizado la biblioteca y los recursos de los que ésta disponía adoptando su propio sistema. En ese preciso instante hablaba por el tubo de un teléfono de diseño antiguo.

¿Eso puede pasar…?

—¿El reflejo?—repitió, empujando la silla en la que estaba sentado y trasladándose sobre las ruedas hasta el otro extremo. Mientras que hablaba, chequeaba información de los libros abiertos sobre la mesa. Hizo pasar rápidamente las hojas de un grueso tomo, recordando exactamente qué página tenía que leer. Su memoria era un privilegio—. ¿Es un espejo maldito? Claro que hay también un tipo de ánimas que habitan objetos, todo es posible. Si el ánima habita en los espejos te será fácil arrinconarla y cazarla, sólo tienes que destruir el objeto que contiene al ánima; pero ten cuidado… ¿Estás segura que fue eso lo que viste?

La conversación continuó hasta que salió a la luz la noticia de Rod Chapman.La ceja levantada de Ryan expresó claramente la sorpresa con que recibió la noticia. Habían encontrado indicios de magia residual pero el rastro moría allí, ¿puede que Rod Chapman hubiera visto contra qué tenían que lidiar?, ¿y cuál sería su estado para haber acabado en el hospital?

—Quizá sea lo mejor—concedió Ryan, lanzándole una última mirada al espejo. Ninguno de sus hechizos había funcionado con aquel, lo cual lo hacía un espejo común y corriente. Sólo quedaba una cosa por hacer—. Cúbrete—Le advirtió a Danielle, levantando la varita.

El espejo se rompió. Literalmente, habían allanado una tienda para destruir su mercancía. Y a pesar de las molestias que se tomaron, nada sucedió. Ryan esperó unos segundos, atento a su alrededor, pero silencio. Entonces, suspiró y se giró para marcharse. Detrás de él quedaron desperdigados los trozos de vidrio.

—Vamos.

Antes de cerrar la puerta detrás de ellos, agitó la varita nuevamente y el espejo volvió a su sitio, indemne. Abandonaron la tienda, y en la soledad de la mansa penumbra, una sombra furtiva se movió a través de los espejos en las paredes hasta regresar al espejo de pie, que había sido reparado y dejado como nuevo. Desde el espejo, el reflejo de Danielle observó la puerta cerrada con una mirada que no era la suya.

***

En el hospital de Laketown, el señor Rod Chapman había sido colocado en una camilla con una mordedura de perro en la pierna. Hacía dos semanas que no sabían nada de él y lo encontraron vagando en los alrededores de la casa de los Dickson, que tenían un criadero de rotweillers.

Se había mostrado reacio a abrir la boca para contar lo que había sucedido con él durante el tiempo que estuvo desaparecido, extrañamente hosco, y en cambio, daba señas de muy buen apetito. Cuando entraron al cuarto del hospital, Ryan sorprendió al buen hombre engullendo su tercer plato del día, y ni siquiera desvió la atención del tenedor para interesarse por los nuevos visitantes.

El policía Branson los recibió y los apartó en una esquina para murmurarles las nuevas. Aparentemente, no quería alarmar al paciente con lo que tenía para contarles. Describió los destalles sobre en qué estado lo habían encontrado, pero bajó la voz especialmente cuando relató un hecho particular: “Se altera si le muestras un espejo… Nunca lo había visto así”.

—Normalmente es un tipo macanudo—dijo—. Pero está algo extraño e insiste en que lo dejemos en paz. El Jefe está seguro de que lo suyo no tiene nada que ver con las desapariciones, ¿sabe? Dice que sólo quiso darse un respiro de su mujer… Pero yo no sé. Está tan raro… —En ese punto del relato, Branson parpadeó y los miró confundido—¿Y ustedes eran...?

Ryan se sonrió y le hizo un gesto a Danielle con la cabeza, instándola a responder.


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Danielle J. Maxwell el Vie Jul 05, 2019 4:04 am

Frente a la presión de Clément, solo pude negar lo que había visto. ¡Si me lo ponía así de complicado y de estresante, ¿cómo iba a estar tan segura de repente?! De hecho, desde que se me puso a decir todo eso, mi cabeza había asumido que todo lo que vi fue falso; totalmente falso. Ya lo que vi—o creí ver—era un mero recuerdo de mi mente inconcluso y para nada certero.

Cuando colgué a Clément y le di las noticias a Ryan, la próxima situación estaba clara: ir a ver a Rod Chapman. Eso sí, mi compañero no tardó en hacer estallar aquel espejo por precaución, sin que nada pasase. Mientras salíamos de la tienda, fue cuando me vino entonces la paranoia: ¿de verdad la había flipado? ¿Con qué motivo? Rara vez me pasaban esas cosas a mí. Es decir, nunca en mi vida me había pasado eso de creer haber visto algo, a excepción de con las estrellas fugaces y las snitchs, las cuales eran muy rápidas como para estar segura de haberla visto en un fragmento de segundo. Pero ahora… era raro.

Me fui de allí con mal cuerpo: por una parte por haber creído ver algo que no existía y, por otra, preocupada por aquello... ¿serían los nervios? Tenía que tranquilizarme.


***

Cuando aquel policía se acercó a nosotros, enarqué una ceja cuando habló de los espejos y el efecto que tenía en él. A ver… de repente todo parecía convertirse en un rompecabezas sin sentido en el que o faltaban piezas, o sobraban cosas. O bueno, el término ‘rompecabezas sin sentido’ ya era válido por sí solo, pues estaba claro que no había por donde cogerlo.

Al ver el gesto de Ryan, le devolví la sonrisa.

—Somos del FBI. —Y me tuve que aguantar mucho para no reír al decir aquello.

—¡Ala, qué fuerte! ¿Tan importante es…?

—Es confidencial, por eso es necesario tratarlo todo con cautela y discreción. ¿Podría dejarnos un momento a solas con el paciente? Tenemos que hacerle unas preguntas y mejor que no haya mucha gente, para que no se ponga nervioso.

El policía asintió varias veces, casi emocionado. Vivía en un pueblo aburrido, por lo que ahora mismo sentía que verdaderamente había pasado algo muy importante allí.

—Claro, muy bien. Avisaré por radio a mis compañeros por si hay más información.

—Gracias.

Entonces el tipo se fue, cerrando la puerta tras de sí. Yo miré a Ryan, siendo consciente de que había que ser profesionales, sin embargo no pude evitar bromear con aquello.

—Creo que podría ser perfectamente del FBI.

Pero si bien estábamos teniendo la conversación alejados de Rod Chapman, estábamos en el mismo lugar, por lo que cuando levantó la mirada de su comida, los observó directamente al escuchar unas palabras muy especiales. A nadie le pasa por alto las siglas del FBI, las cuales, debo admitir, no sé qué significan realmente.

—¿Del FBI, en serio? —preguntó, sorprendido. —¡Que no ha sido para tanto! ¡Que estoy bien! Juro que no he robado nada.

No sabía muy bien cómo abordar la conversación con Chapman, por lo que le dejé hablar a Ryan que sin duda era el más experimentado y la conversación con él podía ser crucial. Por mi parte me acerqué a Rod, de buen rollo.
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Ryan Goldstein el Sáb Jul 06, 2019 10:19 pm




Muchas veces dicen que la profesión forja el carácter, y siendo ese el caso, ¿qué decía de Ryan Goldstein que en su profesión se dedicara a mentir las 24/7? Por si fuera poco, arrastraba a otros a seguir sus pasos en la vida como un embaucador no privado de encanto. Si la abuela de Danielle lo hubiera sospechado, probablemente habría hecho todo por advertirla.

Para Ryan, por supuesto, mentir era tarea sencilla, y a día de hoy, no se le movía una sola ceja cuando soltaba las más increíbles afirmaciones como “Te ves delgada en ese vestido”. Por lo general, como su cara era cuadrada y difícilmente alterable, la gente a su alrededor se compraba sus mentiras con suma facilidad sin necesidad de ningún artefacto mágico de por medio. Puede que tuviera algo que ver también con saber el momento exacto en que era oportuno sonreír, o convencer con la mirada…

Rod Chapman, aun creyéndose la mentira del FBI, se mostraba reacio a un interrogatorio. Daba la impresión de que prefería que lo dejaran en paz. Negó toda relación de lo que le había sucedido con las actuales desapariciones —de las que estaba bien al tanto porque, como señaló con cierto hastío, en el pueblo “no se habla de otra cosa”—, pero cuando le tocó explicar qué le había sucedido exactamente, empezó a girar sobre sí mismo en la confusión.

—Bueno, yo estaba… Antes de eso yo… ¡Qué raro!, hubiera jurado que eso había sido el Martes… Yo no sé… No recuerdo… ¡Ese maldito perro!...

A Ryan le había quedado claro una sola cosa entre pregunta y respuesta: el buen hombre no tenía idea de cómo llegó hasta el momento en que el rottweiler le mordió la pierna. Era incapaz de ofrecerles detalles sobre los que estuviera plenamente seguro. Pero por supuesto, la mente tendía a engañarse a sí misma para cubrir las lagunas en la memoria, y, se hacía evidente a medida que continuaba su relato, Rod Chapman, con la ingenuidad propia de un nomaj, se aferraba a lo cotidiano de la vida intentando convencerse de que nada raro había sucedido realmente.

Llegados a cierto punto, Ryan dejó de fingir interés por las explicaciones que el nomaj se inventaba en el momento y lo dejó parlotear hasta que le puso un espejo de mano en frente y Rod Chapman se interrumpió profiriendo un grito de sorpresa que sonó a puro terror. El policía lo había comentado rato antes y a Ryan no había dejado de llamarle la atención: “Lo encontramos en la ruta y lo entramos en el patrullero. Cuando le lanzó una mirada al espejo retrovisor, chilló de espanto”. Era notorio que no podía controlar el impulso de cubrirse y evadir su reflejo, por mucho que quisiera aparentar normalidad. La ocurrencia de Ryan fue tan repentina, que casi pareció una crueldad.

—¡Pero…! ¿Qué…? ¡Baje eso!


Se había acercado con una silla para entrevistar a Rod Chapman y, sentado a horcajadas y con el respaldo de cara a la camilla, se había cruzado de brazos como un buen escucha. Desvió su atención, sin embargo, cuando decidió que era buena idea darle un susto de infarto al pobre hombre en la camilla. Ryan miró con curiosidad a Rod Chapman, luego al espejo en su mano, pero sin bajarlo inmediatamente.

—¿Está usted bien?

Rod Chapman no se atrevía a mirarlo, y de “bien” un cuerno.



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Danielle J. Maxwell el Vie Jul 12, 2019 2:45 pm

Si bien nos habían avisado de que Rod Chapman no estaba muy afectivo con respecto a los espejos, no me esperé que reaccionara de esa manera cuando Ryan le enseñó uno. En un momento me dio por pensar que era una mala persona por enseñarle eso de manera repentina, pero la verdad es que después de que le diese tanta vuelta a la historia del dichoso perro, sin llegar a nada en claro ni cómo terminó en aquel lugar, a mí también me había terminado por aburrir su verborrea sin finalidad y también necesitaba un poco de estimulación.

Lo de aquel espejo fue justo lo que se necesitaba, pues rápidamente Chapman cambió el chip de la situación. Había desviado su mirada y, por nada del mundo, quería observar de manera directa aquello que mi compañero ahora mismo tenía en la mano.

—¡No me gustan los espejos! —dijo entonces él.

—¿Por qué no? —le pregunté yo, creyendo que era la pregunta más idiota del mundo.

—Me dan… repelús. Tengo una sensación mala con ellos… Es raro, no sé explicarlo.

—Bueno, inténtelo…

Me miró, indeciso.

—¿Sabes esa sensación cuando caes por una montaña rusa? ¿Qué parece que todo tu interior se junta por dentro, se te ponen los pelos de punta y una sensación de escalofrío te remueve las entrañas?

—Algo me dice que no nos hemos montado en las mismas montañas rusas, Rod.

—¡Hablo en serio! —Se quejó, mirándome directamente mientras ponía una mano entre su cara y el espejo de Ryan. Al contrario del rubio, yo me encontraba de pie justo en la parte baja de la camilla, mirándole recto. —¡Es así de horrible!

—¿Y siempre te ha pasado eso con los espejos? ¿No tienes espejos en casa?

—Si tengo espejos en casa… pero los voy a romper todos cuando vuelva. —Me dijo a mí, para entonces mirar a Ryan por encima de su propia mano. —¿¡Puedes dejar de apuntarme con eso!? ¡Gracias! ¡Ya te he dicho que no me gustan! —Y volvió a mirarme a mí. —¡Dile que deje de apuntarme con eso!

—Deja de apuntarle con eso. —Yo, aquí, soberana y dictadora, como si Ryan tuviese que hacerme mucho caso a mí. Pero fue bonito que Rod Chapman pensase que tengo algún tipo de decisión en todo aquello. —Entonces su miedo irracional a los espejos es reciente, ¿ha sufrido algún trauma?

—N… ¿Ss…

—¿No? ¿Sí? —Enarqué una ceja.

De repente Rod parecía haberse roto, pero de manera muy extraña negó con la cabeza como si alguien se lo hubiera recordado repentinamente. Como si, realmente, no fuese una decisión de él.

—No, ningún trauma. No lo sé…

—No nos estará engañando, ¿verdad? Suena falso.

—¡He dicho que no! ¡Médico! —Gritó, intentando crear una distracción para cambiar de tema y dejar todo lo que tuviera que ver con los espejos detrás. —¡No quiero hablar más con esta gente! ¡Médico!

El médico entonces entró, sorprendido, sin saber qué narices había pasado. Sin embargo, por lo tenso que parecía su paciente y teniendo en cuenta que sabía qué cosas le ponía así, asumió que se trataba de un espejo. De hecho, ni preguntó, simplemente nos dijo a ambos que saliésemos para que Chapman pudiese tranquilizarse. Evidentemente no queríamos que al pobre hombre le diese un ataque al corazón, por lo que fuimos obedientes y salimos de allí.

No hacía falta ser un experto para llegar a un par de conclusiones, por lo que decidí sacar mi vena detectivesca desde que salimos y estuvimos en un sitio tranquilo en donde poder hablar. Era un pasillo en donde había una máquina para echarse agua, por lo que cogí un vaso de plástico.

—Está claro, ¿no? —Quizás me fui un poco por lo alto, pero terminé sonriendo. —¡O sea, es que míralo, no sabe decir nada! ¿Y si quizás tiene algo que ver con una modificación de memoria? No soy muy experta en eso —bueno, en nada soy experta, pero no era momento para empezar a matizar que lo único que se me da bien, y tampoco tanto, es perseguir a una bolita escurridiza y voladora—pero en la Orden del Fénix me he fijado en que muchos de los que reciben algún tipo de modificación mental, o suelen utilizar demasiado eso, terminan con lagunas mentales y miedos irracionales a cosas que no entienden. ¿Y si tiene algo que ver con eso? Eso o no quiere hablar, pero es que el tipo parece confundido. —Puse el vaso de plástico—con el que llevaba gesticulando un rato—bajo la máquina para abrir la boquilla y llenarlo hasta la mitad. —¿Tú qué opinas? ¿La estoy flipando? ¿Podría un ánima hacer eso o... no?
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Ryan Goldstein el Lun Jul 22, 2019 9:30 am




“¿Por qué no?”, Danielle hendió el aire con el filo del sentido común y llevó a cabo su propia indagación mientras que Ryan no perdía detalle de las expresiones en el rostro de Rod Chapman, sin importarle si a éste le incomodaba. El hombre pareció sentirse más abierto con Danielle. Al menos, ella no traía un espejo consigo. Pero todo lo que decía sonaba a sinsentido.

Debió interrumpir.

—Usted vende espejosenfatizó, remarcando la ironía con un semblante ensombrecido e incrédulo—en su tienda.

No había caso, porque Rod Chapman no debía ser muy bueno captando las ironías. Su estado era alteradísimo. La desconfianza que sentía hacia Ryan tampoco ayudaba. Si hasta lo acusó con su compañera. Intercambiaron miradas con Danielle y Ryan se sonrió al tiempo que se deshacía del espejo y alzaba las manos en son de paz, como buen samaritano.

Eso no consiguió que retiraran las sospechas sobre su persona.

Lo siguiente fue extraño, pero coherente con el episodio de confusión por el que Rod Chapman estaba atravesando. No bien empezó a gritar Ryan se aferró al respaldo de la silla con las manos utilizándola de apoyo para levantarse con toda la tranquilidad del mundo. Diríase que estaba acostumbrado a que lo echaran gritando de los lugares. El médico fue con ellos conciso pero severo.

Salieron al pasillo sin mayores problemas.

Llegando a la recepción, hicieron un alto. Enfermeros y batas blancas se desplazaban con la cabeza puesta en sus tareas, los visitantes traían consigo flores o globos o mucha prisa. Ryan lanzó una breve mirada alrededor, y utilizó el dispensador de agua como punto de apoyo recargándose sobre el codo. Observó a Danielle con el vaso de plástico en la mano, silenciosamente complacido de constatar que se hallaba animada.

Dudaba un poco sobre la claridad del asunto.

—¿Lo está?—
La sonrisa de Danielle irradiaba un brillo notoriamente optimista, y Ryan le cedió la palabra adoptando un silencio condescendiente, diríase que receptivo a dejarse convencer. Acabó asintiendo con interés—. El médico lo llamó un “caso de amnesia disociativa”. Podría ser obra de un ánima, sí. No son predecibles, así que por supuesto. Pero, es también posible que sólo sea la cabeza de Chapman negando las cosas que no puede entender… Porque pudo haber vivenciado una experiencia que nunca hubiera imaginado… O sólo por golpearse la cabeza de camino a casa.

Que había un ánima en todo el asunto, esa ya no era la cuestión para Ryan, sino qué tipo de ánima y cómo seguirle las huellas, cómo enfrentarla, cómo acorralarla. Se fijó distraídamente en la cartelera que tenían en frente, allí aparecían propagandas, anuncios sanitarios, y las caras de los desaparecidos.

—¿Un vendedor de espejos que le tiene fobia a su propio reflejo?—
preguntó en voz alta—. Puede que sí hayas visto algo extraño, después de todo.

Eso era bueno, podían empezar a descartar y a listar posibilidades. Usualmente, las ánimas anexadas a un objeto como un espejo vivían en dos dimensiones, la del mundo real, y la del “otro lado”. Le preocupaba que el ánima demostrara una inteligencia lo suficiente perspicaz como para esconderse.



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Danielle J. Maxwell el Lun Jul 29, 2019 10:23 pm

A ver, sí, claro, podían haber numerosas razones por la cual ese señor podía tener lagunas mentales e inexactitud en sus pensamientos, bien debidas a traumas naturales o a sucesos mágicos… En realidad, teniendo en cuenta que tratábamos con cosas de ambos mundos a la vez, era quizás demasiado pretencioso creer que todo tendría que ver con algo mágico, teniendo en cuenta que podían haber motivos más allá de la simple magia.

—Sí, a ver… pudo haber sido por cualquier cosa si nos ponemos a pensar detenidamente… Pero teniendo en cuenta que lo más probable es que estemos aquí por culpa de un ánima, ¿es lógico pensar que puede haber sido una confusión fruto de la magia, no? —Que no quería dármelas de lista, ¿sabes? Sólo quería entenderlo todo e intentar ver si lo que estaba pensando tenía sentido o no. Era nueva en todo esto y no sabía si mi concepto sobre todo lo que sabía y con lo que tenía que tratar era errado o estaba bien. —Pero bueno, no sé. Lo mismo sólo estoy viendo la opción más fácil…

Y es que una cosa era cierta: me faltaba visión profesional.

Que yo puedo ser una pro diciendo obviedades, ¿sabes? Pero eso no servía de nada, sólo si tu compañero no era capaz de ver las evidencias más evidentes, pero lo malo es que al faltarme experiencia, no sabía qué cosas eran plausibles y cuáles no. O cuales, directamente, eran poco probables.

Sin embargo, Ryan después de un momento pensativo, dijo algo que me dejó patidifusa: ¿de verdad había probabilidades de que yo hubiese visto algo en el espejo? Clément también había dicho que era posible, pero tampoco estaba cien por cien seguro de que hubiera podido ver eso a ciencia cierta. Y claro, ni yo sabía al cien por cien porque había sido sutil, casi imperceptible, pero de esas cosas que tú dices: ‘joder, he visto algo que no debería de haber visto, creo.’ Esas cosas que dan tan mal rollo que prefieres pensar que no ha sido verdad.

—Si hipotéticamente yo hubiese visto algo fuera de lo común en aquel espejo, se podría pensar que él pasó por lo mismo, con la diferencia de que pudo haber sido a otro nivel. Es decir, no sé qué grado de crueldad o travesura tienen las ánima, pero teniendo en cuenta la cantidad de espejos que había allí… uno puede asustarse mucho, sobre todo un muggle que no sabe nada de magia. —Y mira, que yo sí sé y podría habérmelo esperado, aún así me asusté. Que ojo, no es que yo sea aquí la chica más valiente del mundo. De hecho no lo era nada de nada.

Llegado a este punto, no supe muy bien qué debíamos hacer. Así que miré hacia arriba, buscando la mirada perdida de Ryan. Matizo lo de mirar para arriba porque Ryan era algo así cómo el señor más alto del mundo, mientras que yo era un tapón que se había quedado estancada en el metro sesenta y tres.

Él era el líder y quién decía lo que hacer, por lo que me crucé de brazos.

—¿Quieres que volvamos allí a ver si hay algo de verdad o debemos ir a otro lado primero?
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Ryan Goldstein el Jue Ago 01, 2019 7:07 am




Existe una pluma mágica que detecta el nacimiento de un mago y escribe su nombre en un largo pergamino o ‘libro de los nombres’ que hace constar entre sus páginas generaciones de tinta sin que ningún usuario de la magia quede excluido. En El Archivo disponían de un registro parecido, pero que en vez de nombres anotaba locaciones, y se destinaba para registrar la ubicación de las ánimas alrededor del globo, con un ínfimo aunque significante margen de error.

Era Etienne quien se encargaba de monitorear desde su despacho el registro de ánimas, para lo cual contaba con instrumentos tales como un compás y un mapa, la pluma mágica y una documentación sobre datos paranormales en las distintas regiones del mundo. Y por supuesto, con los bibliotecarios, que eran quiénes al final tenían la tarea fundamental de colocar la última pieza de un rompecabezas no exento de sorpresas. Porque las ánimas podían tener características similares o dividirse en clases, pero en sí, cada una de ellas era siempre un enigma por resolver.

Por eso mismo, contar con diferentes perspectivas para un mismo caso, valía como una ventaja. Al menos, para Ryan, las preguntas y las frescas deducciones de Danielle lo hacían repensar posibilidades. Dos cerebros puestos a trabajar sobre la misma pista era una actividad estimulante, por ponerlo en otras palabras. Esta era la razón de que la escuchara con interés mientras que tanteaba con secreta expectativa la máquina expendedora de café, junto al dispensador de agua. Con el puño en la boca parecía la viva imagen de la concentración, teniendo ante sí la difícil elección entre dos sabores que eran una tentación.  

Crueldad o travesura, era una curiosa forma de ponerlo en palabras.

—Pudo haber jugado con su mente—apuntó Ryan, mostrándose de acuerdo con la idea general, pero sin despegar los ojos de ese Moccacino. Sin embargo, se frenó momentáneamente en los ojos de Danielle, decidida a continuar—. Antes, un café—pidió— ¿Sabes? Las ánimas… ¿Tienes un billete?—preguntó de pronto, casual, interrumpiéndose al tiempo que se palpaba los bolsillos en un gesto mecánico. No llevaba dinero nomaj encima—. Las ánimas—continuó— son curiosamente impredecibles. A veces, y toma nota por si te encuentras en una situación difícil, la forma de salir de un apuro es la más sencilla. Podría bastar con un hechizo, que sea contundente, pero. Todo depende cuánto sepas del ánima con la que te enfrentas. ¿Qué sabemos hasta ahora?—inquirió, y saltó a responderse a sí mismo—. Sabemos bastante, sí. Dime tú, ¿qué sabes de los espejos en… los cuentos, por ejemplo? ¿Cuál es la simbología de los espejos?

Optó por un Mocaccino, y el chorro caliente se vertió en la taza con humo y aroma exquisito.

—Normalmente, es un elemento que aparece en los relatos a través del que vemos una realidad invertida…, otra dimensión. Nos atrae al mismo tiempo que nos aterra, porque todo lo que conocemos es diferente del otro lado, y esto, a veces, se siente como a una amenaza. Pero aparece también como un reflejo de nosotros mismos, quienes creemos que somos o lo que desearíamos ser… —La encaró, café en mano, cavilando en voz alta mientras que enfocaba la mirada en el líquido expreso que revolvía con una cucharita de plástico. Pero de nuevo, se interrumpió— ¿Me pones azúcar? Lo siento, es que… Tres sobrecitos está bien—Al cabo de un instante, retomó la palabra, caminando con un andar plácido y sin rumbo aparente. Los delantales de los enfermeros a su alrededor, iban y venían— Pienso que esta ánima es muy especial. Si le acierto, puede ser un ánima de terror, aunque no necesariamente. Digo, que en su historia original ella aterraba a las personas, ¿quizá hasta la muerte? Esperemos que no, Rod Chapman aporta esperanzas al caso de las víctimas desaparecidas, quizá sí podamos dar con ellas. Pero no en esta dimensión, o quién sabe, ¿me sigues? La cuestión, y que es sobremanera curiosa sobre los relatos, es que siempre suelen contener una… enseñanza, o una solución ‘mágica’ a la que llega el protagonista y que lo salva de sí mismo… Bueno, a veces, no, y es más lo contrario, porque el protagonista, bueno… es poseído o muere. Por supuesto, nosotros queremos ser más optimistas, ¿verdad? Pero sería interesante que empezáramos a pensarlo desde ahora. Si tuvieras un diálogo con tu reflejo en el espejo, ¿qué piensas que querría?, ¿y cómo lo detendrías? Hay una historia que me contaron una vez, en una tribu…  

El café se le derramó, y una mujer vestida de negro y de apariencia elegante levantó hacia él una mirada enrojecida. Se chocaron porque uno de ellos iba muy deprisa, sosteniendo un largo paquete entre sus manos que parecía frágil, un poco como ella. El nombre de la mujer era Miranda Lotto e iba directo a la habitación de Rod Chapman. Se deshizo en excusas, pero no hacía falta, porque estaba frente a un caballero. Con el pantalón enchastrado, pero un caballero al fin.


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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Danielle J. Maxwell el Vie Ago 02, 2019 2:59 am

“Antes, un café.”

La parsimonia de Ryan hizo que sonriese, con paciencia. Podría decirse que no había prisa, en realidad y que tomarse las cosas con excesiva desesperación podía hacer que no saliesen del todo bien. Había que tomarse las cosas con paciencia y estudiar bien todas las cosas que habíamos ido descubriendo.

—Monedas —respondí, sacándome de la mochila el monedero con un par de libras.

A contrario que muchos magos, yo vivía totalmente con dinero muggle, a excepción de cuando iba a comprar algo en alguna tienda mágica o iba a la universidad, pues claramente todo eso se pagaba con galeones. Mientras tanto, las libras eran y siempre serían mis monedas de confianza. Sabía, también, que los galeones eran muchos más valiosos, por lo que también me costaba más eso de sacarlos tranquilamente de casa en un monedero.

Tras darle el dinero, le presté atención a lo que decía, mirándole como quién mira al profesor de aritmancia sin enterarse ni patata de lo que estaba diciendo. Sin embargo, sí le estaba siguiendo a todo lo que decía. Mientras hablaba, sonreí mientras cogía los sobres de azúcar, los abría y los echaba dentro del café de mi compañero. Yo podría haberme pedido un café, pero no me gustaba su sabor: yo era de coca-cola. De hecho, miré para todos lados y encontré una máquina de comidas y bebidas, viendo en el interior desde zumos y bebidas energéticas, hasta una lata de coca-cola. Volví a sacar el monedero para pillarme una, aunque no dejé de prestar atención de las palabras de Ryan.

‘Chsssss’ sonó la lata de coca-cola al abrirse mientras caminaban. Bebí antes de mirar al rubio y hablar directamente:

—¿Me estás diciendo que el resto de desaparecidos es probable que estén al otro lado de un espejo? ¿En esa ‘realidad invertida’ u otra dimensión? ¿Eso se puede?

No sabía si estaba entendiendo bien toda la movida de la que estaba hablando, pero eso de meternos en el espejo me resultaba perturbador. Mientras caminábamos por los pasillos de aquel hospital, yo me planteé las preguntas que me había hecho, pero justo antes de que me dejase hablar, una mujer se chocó con él, derramándole el café en los pantalones. Llevaba un paquete en la mano pero yo, que soy más simple que el mecanismo de un chupete y que no consideré que esa señora era nadie importante, me quedé admirando la escena mientras bebía de mi  gaseosa y me reía interiormente de la mala suerte de Ryan.

La muchacha siguió de largo entonces, pues parecía tener prisa. Yo vi como se iba, pero entonces volví a mirar a Ryan sin comentar nada del tropiezo reciente, sino de lo que me había preguntado. Llevaba dándole vueltas desde que esas preguntas habían salido de sus labios.

—Quizás estoy siendo un poco infantil, pero los reflejos que actúan diferente  a ti en un espejo siempre me han transmitido maldad. Nunca me he imaginado a un reflejo independiente intentando algo bueno por ti, en plan mirándote en el espejo del baño e incitándote a cepillarte los dientes. Así que supongo que querría que hiciese algo malo, convencerme de algo que yo, por lo general, no haría. Y lo de detenerlo… no lo sé, es un reflejo, ¿no? No podría hacerme nada si yo me niego. Lo único es que siempre estaría ahí, molestando, supongo que hasta que consiga su objetivo...

En realidad, como estábamos hablando desde una perspectiva mágica todo parecía tener sentido, pero si hablábamos desde el punto de vista de un muggle que no entiende de estas cosas, claramente podría clasificarse a dicho muggle de estar loco. Ningún muggle se creería que otro pudiese hablar con su reflejo endemoniado, a menos que tachasen esas cosas de brujería, maldiciones o males de ojo. Me gustaría saber qué habría vivido Rod, como para terminar así.

—Molaría ser legeremante, ¿verdad? Entrar en la mente de Rod para ver qué es realmente lo que vivió. No sé cómo van esas cosas, pero supongo que una modificación se notaría, o ver si realmente está ahí lo que vivió, pero oculto entre confusiones. —Siempre había pensado que la legeremancia era una de las ramas de la magia más útiles para ayudar a las personas y entender sus casos, pero también era consciente de que era terriblemente inmoral y se podía usar con fines muy malvados. Además, era demasiado difícil para mí. Si ya me cuesta hacer una poción, imagínate leerle la mente a otra persona, quita, quita. —¿Quieres ir al baño a limpiarte un poco? ¿Quieres que te compre otro café mientras? —Le ofrecí, con una sonrisa, mirando sus pantalones y suponiendo que no quería ir así.

Yo ya me había olvidado de Miranda Lotto, la señora con prisas. Sin embargo, en ese momento, se pudo escuchar desde nuestra espalda, allá en donde se encontraba la habitación de Rod Chapman, un grito. El grito era femenino, cargado de pavor.
Danielle J. Maxwell
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Ryan Goldstein el Sáb Ago 03, 2019 6:02 pm



Paali solía inclinarse sobre la orilla del lago y contemplar su propio reflejo mientras se trenzaba el cabello. Paali era un alma alegre e imaginativa que hablaba con animales y plantas. Un día, ella habló consigo misma reflejada en el lago. Se sorprendió la primera vez, pero su naturaleza risueña y buena le hizo comprender que ese día había hallado a una nueva amiga. Le contó todos sus secretos. Todo sobre sí misma. A su alrededor, quienes la conocían empezaron a notar cómo las rosadas mejillas de la bella muchacha palidecían con el transcurrir de los días, cómo Paali se debilitaba atacada por una extraña enfermedad que parecía amenazar su vida. Pero no hubo día que Paali olvidara de ir al lago a conversar con su amiga, hasta que sus fuerzas la traicionaron y se vio a sí misma postrada en cama. Aun así, lloraba y rogaba que la dejaran ir al lago. Pensaban que lo suyo eran delirios a las postrimerías de la muerte. Y un día, sin embargo, desapareció. La buscaron por todos lados, incluso en el lago. No la encontraron. No había dolor más grande que perder a una hija. La familia de Paali estaba destrozada. Semanas pasaron hasta que el grito de la madre anunció su regreso. Apareció en la puerta de la casa, mojada de pies a cabeza. La recibieron con el alivio en los corazones. No obstante, por mucho que abrazara a su hija, la madre tuvo un presentimiento, uno que sólo las madres pueden sentir. Esa muchacha tenía el rostro, las hermosas trenzas, la risa risueña, la voz dulce, pero no era su Paali. “¿Quién eres?”, preguntó una y otra vez, “¿Quién eres?”. Nadie le creyó cuando dijo que aquella no era su Paali. Porque era imposible que existieran dos personas tan idénticas, como dos gotas de agua. Esa era la historia de “La niña del lago”.


*


—Hay una historia que me contaron una vez…

El accidente lo tomó por sorpresa. Se enredó momentáneamente en un juego de formalidades, estilo ping-pong, hasta que la señora o señorita le ganaron las prisas. Era para preguntarse por qué estaba tan preocupada, pero al tratarse de un hospital, la pregunta se respondía solas dentro de un marco de posibilidades. Había perdido el hilo de la conversación con Danielle, hasta que ella lo puso al día, de su situación. La cara que Ryan le devolvió fue una mezcla de impaciencia y despreocupación. A modo de contestación, se llevó la mano a la boca fingiendo un estornudo, y susurró un encantamiento. Sólo un niño con el brazo enyesado y sentado en la sala de espera inclinó la cabeza hacia un lado con curiosidad, y lo señaló, queriendo comentarle algo a su madre, que molesta, prefirió continuar leyendo su libro.

—No, está bien—dijo Ryan, guiñándole un ojo en mitad de una sonrisa de pillería—. Yo puedo—Pedirle otro café a la máquina, eso. Pero reparó entonces en otro detalle—Oh, disculpa… ¿puedes?

Estaba de nuevo en la máquina de café gastando el dinero de Danielle, cuando el grito se sintió del fondo del pasillo, atrayendo la atención. Ryan miró a Danielle con repentina seriedad antes de ir hasta allí. Al lugar había llegado primero una enfermera que pedía explicaciones. El suelo de la habitación estaba regado por trozos de vidrio y un espejo roto yacía en el suelo. El señor Chapman soltaba duras reprimendas en un estado de historia. Miranda Lotto había retrocedido con cara espantada de espaldas contra la ventana. Ryan la reconoció, pero era difícil sorprenderlo. Ató cabos rápidamente y fue hasta ella, ofreciéndose a tranquilizarla.


*



EN LA COMISARÍA
Oficina de Higgins


Mirando Lotto era una mujer que seducía por su misterio. No se la veía bien, sin embargo. Su aspecto actual era pálido y enfermizo. En su estado de ansiedad no costaba imaginarse que los nervios la habían puesto así. Sentada en la punta de la mesa como en mitad de un interrogatorio, restregaba entre sus manos un pañuelo y le lanzaba de tanto en tanto miradas incómodas a lo que había quedado de su espejo, hecho añicos sobre una silla.

—Entonces, es verdad que es usted—
lo miraba con expectación—… ¿espiritista?

La pregunta de Miranda hizo que espontáneamente Ryan arqueara una ceja en señal de lo inesperado. Él había tomado asiento en la punta contraria, y la observaba por encima de la mesa imbuido de una seriedad apacible. Delante de él Mike, por cortesía, había servido una bandeja de donas y café. No podía decirse que no se sentían como en casa.

En el hospital, se había presentado ante Miranda como “Bibliotecario”, pero resultaba curioso que lo que más sintiera necesitar la mujer en ese momento fuera a un espiritista. Habiéndose cruzado de pies, se removió ligeramente en su asiento, sin que su expresión hiciera percibir ni por un momento que se tomaba las palabras de la mujer en broma. Señaló a Danielle.

—Ella es—declaró—Yo, soy su asistente. La señorita Maxwell tiene una conexión muy fuerte con el “otro mundo”—continuó, dejando de lado cualquier posible duda. La confianza que tenía en su propia mentira transmitía una confortable idea de seguridad—. Por eso es que estamos aquí, en Laketown. Por eso es que nosotros quisiéramos…—Ryan se adelantó y tomó un café para pasárselo a Miranda, en una invitación—. Cuéntennos su historia, señorita Lotto. Porque tiene algo que contarnos, ¿verdad?



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Danielle J. Maxwell el Miér Ago 07, 2019 9:56 pm

Yo todavía estaba intentando interiorizar el hecho de que ahora soy espiritista, cuando Miranda Lotto perdía su mirada en los donuts que estaban en mitad de aquella mesa. Parecía que realmente sí tenía algo que contar.

—Estoy… preocupada —jugueteó con la tacita de café que le pasó Goldstein, nerviosa. —Verás yo… soy simplemente una profesora de primaria, ¿sabes usted? Conocía a Roddie desde hacía mucho tiempo…

El apelativo cariñoso denotaba que había cierta confianza, ¿no? Y bueno, sencillamente por cómo hablaba. Casi que parecía que no quería hablar con libertad por miedo a meter a Rod en un problema o algo por el estilo. Yo me apoyé en la mesa, observando con curiosidad.

—Éramos… algo. Nunca oficializamos nada pero… bueno, no se lo digan, pero yo llevo enamorada de él desde hace mucho tiempo. —Se puso roja y se dio cuenta de que eso no era importante en el tema. —Hace ya una semana… o quizás una semana y media que sé que ese que está en el hospital, traumatizado por un espejo, no es el mismo Rod del que yo me enamoré.

Que al final sí tenía sentido que dijese que estaba enamorada en una primera instancia.

—Sé que ha sido muy raro todo lo que ha ocurrido en el hospital… pero lleva semanas obsesionados con los espejos. Me decía cosas que no tenían sentidos que me dijese y… se volvía loco con cosas que habían por donde cogerlas. Se pasaba horas y horas en la tienda, mirándose a los espejos, como esperando a que se repitiese algo… —Se llevó sendas manos a la frente, apoyando los codos sobre la mesa. —Le llevé el espejo porque siempre me pedía espejos, pero no sabía que iba a reaccionar de esa manera…

Bebió medio temblorosa de la taza de café que le había dado anteriormente el rubio que tenía como compañero y luego terminó mirándome a mí porque… claro, yo era la espiritista, ¿recuerdan? No podía ser Ryan, no, que tenía más experiencia en todas estas cosas… no, tenía que ser yo que no sé ni siquiera a ciencia cierta que es una espiritista. Cuando me miró, yo me senté lentamente en la silla, intentando aparentar que estaba pensando cuando en realidad en mi mente ahora mismo había algo tipo:

mente de danny frente al estrés:
Priv. || The Magus Archives ||  - Página 2 Tenor

Pero me serené lo necesario y tras coger aire por la nariz, miré a Miranda Lotto.

—¿Qué cosas decía Rod al respecto de los espejos? ¿Qué es lo que no tenía sentido para usted? —Toda mi seriedad, concentración y serenidad puesta al cien por cien en esa frase tan sencilla.

Lotto parecía venirse un poquito arriba, sintiéndose cada vez más a gusto en la situación, además de que el café parecía haberle relajado un poco.

—Hablaba de que los espejos de la tienda tenían vida propia y que si te quedabas observando el tiempo suficiente, éstos se comunicaban contigo. Yo busqué en internet y… no lo sé, leí cosas de espíritus que se te aparecen a través de los espejos… —Vale, eso era estúpido y muy gracioso, pero no esbocé ningún tipo de sonrisa que declarase que me estaba riendo de ella. —El caso es que como luego cambió radicalmente, pensé que quizás pudiera haber tenido razón, ¿sabes? Dejó de quedar conmigo, se volvió obsesivo y todo él es diferente. Cualquiera que hubiese conocido un poco a Rod de verdad, se daría cuenta de que no es quién era.

Y continuó hablando, ¿eh? Mucho, además. Lotto se había abierto y había contado muchos detalles sobre Rod y los espejos que ella misma había ido visualizando durante todo este tiempo, en su etapa obsesiva. También dijo el por qué creía que era cosa de un espiritista, que internet le había abierto la puerta a no ignorar los hechos sobrenaturales. La verdad es que la mujer hablaba con tremenda seriedad del asunto que cualquiera que no supiera un poquito del tema podría hasta dejarse convencer. No había más que ver al inspector Mike, como miraba fascinado todo lo que decía.

Por mi parte, quería hablar con Ryan a solas porque evidentemente no se podía tratar el tema delante de los muggles de la manera en la que ellos dos iban a tratarlo. Así que de nuevo entré en mi rol de espiritista profesional.

—Puede que tengas razón, Lotto —dije, viendo como se le iluminaba la mirada. —Creo que puedo arreglarlo, pero ahora mismo necesito un momento a solas con mi compañero. Tú cómase ese donut tranquilamente, que todo saldrá bien. —Entonces miré a Ryan. —A menos que tengas alguna otra pregunta para la señorita Lotto...
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Ryan Goldstein el Dom Ago 11, 2019 1:06 am





Lo que tenía Ryan, era esta secreta afición por las historias de desconocidos. Siempre, o casi siempre, le resultaba interesante escuchar lo que otro tenía para contarle. Mientras que alguien más podría impacientarse frente al despliegue sentimental de la amiga de Chapman y las teorías que invadían su mente supersticiosa, eso no se daba con Ryan. No de forma aparente, al menos, y no con Miranda Lotto. Había en su actitud una insistencia por mostrarse silenciosamente receptivo, brindándole a ella la comodidad para seguir hablando incluso en una mesa de interrogatorio.  

Apuntó a Danielle como la profesional con absoluta seriedad, pero como parte de su personal sentido del humor. Le dejó a ella las preguntas, y estaban llegando a una conclusión luego de tanto relato, cuando su compañera le pidió de hablar aparte. Sí, puede que ya fuera hora de concluir. Asintió a la par que Danielle lo mencionaba, y se removió en el asiento dispuesto a levantarse. No tenía más preguntas, por lo que siguió a su compañera fuera de la habitación, cediéndole el paso y manteniéndole la puerta abierta al salir. Mike permaneció con Miranda Lotto y se le acercó para comentarle, lo que él creía, era una experiencia paranormal con las cenizas de su abuela, inclinado a creer en lo inexplicable.

—¿Has sentido alguna extraña presencia entre nosotros?—
inquirió Ryan en actitud confidente. Se habían retirado a un rincón, como dos personas que comparten un secreto y rehúyen de las miradas indiscretas, que era exactamente lo que eran. El muy bromista se sonreía, pero añadió, regresando al asunto de importancia—: Estabas en lo cierto, con Chapman—Se cruzó de brazos, apoyándose de lado contra una pared—. Pero tenemos un problema—añadió, con la parsimoniosa calma que le era característica. Se entretuvo con la mirada clavada en la nada y se repasó el labio con el pulgar en un gesto, pensativo—. Rompí el espejo en la tienda, y nada sucedió.  Me temo que aunque rompiera todos los espejos, nada sucedería. El ánima simplemente escaparía buscando un nuevo objeto que habitar.  Pero sabemos que está atada a los espejos.    

Se interrumpió, sonrisa de por medio, una mueca rebosante de calurosa simpatía nacida espontáneamente, sin razón aparente, que quebraba el momento de seriedad que estaban teniendo, cuando finalmente ataban cabos sobre un caso que tenía víctimas y un culpable suelto, extremadamente peligroso. Es que a veces se le daba por cambiar de tema, como si sus pensamientos estuvieran en otra parte, un poco aleatoriamente.

—Es atractivo verte cuando estás sobre la pista de algo—Otra forma de decirlo era que se le hacía hilarante observar pasar todos los pensamientos por su cabeza, pero él era muy caballero y sabía siempre qué decir. Se le hacía agradable el detalle, porque Danielle tenía la cualidad de contagiar con su entusiasmo, y a él no había nada que le sentara mejor que la buena compañía, a pesar de que se lo conocía por trabajar solo. Luego, añadió, volviendo a cambiar de temar, como para no perder a uno en una conversación—: No podemos entrar a la mente de Rod—dijo, aludiendo a la legeremancia, un arte por la que Danielle se había declarado interesada. En lo personal, Ryan no compartía ese particular interés—, pero podemos atracar su tienda.  

De nuevo, habría de aclarar.

—Sabemos que el ánima ha estado ahí, y que le habrás gustado. Quizá sea hora de “establecer contacto”. Preguntarle qué quiere. Aunque me pareció que estaba más interesada en ti, que en mí.




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Danielle J. Maxwell el Mar Ago 13, 2019 3:02 am

—Tío, que estas cosas me dan mal rollo. ¡No me gusta ser una falsa espiritista, con los espíritus no se juegan! —Todo eso lo susurré de manera inquisidora, casi enfadada.

En verdad había salido bien y ningún espíritu pareció ofenderse por el falso título que me otorgó, pero igualmente todas estas cosas paranormales y que tenían que ver con fantasmas, teniendo en cuenta que sé que existen, me daba sensaciones muy turbias.

Frente a su teoría de que estaba atada a los espejos y de quedarse sin ninguno, terminaría buscando el más cercano, se me ocurrieron algunas cosas que aportar, pero no dije ninguna porque su siguiente comentario hizo que la comisura de mis labios bajasen en un gesto que intentaba evitar una sonrisa. “Es atractivo verte”, dijo. Mira que pocas personas me han dicho esas cosas a lo largo de mi vida. Que ojo, Ed, no quiero quitarte méritos ni hacer que lo tuyo sea menos importantes: ¡pero me lo estaba diciendo un hombre guapo, adulto, rubio e inteligente! Pues me vengo arriba, claro.

Eso sí, no dije nada porque recordemos que soy una ameba y tengo mis límites evidentes en cuanto a lo que se refiere aceptar cumplidos. Que sí, muy guay, pero yo no me creía ninguno aunque luego me sintiese avergonzada. Así era la vida de la adolescente—no tan adolescente—promedio que tiene falta de autoestima.

La idea de la legeremancia era una idea plausible, pero complicada teniendo en cuenta que ninguno de los dos lo era. Por lo que la idea de atracar la tienda sí que era plausible.

—¿Quieres que me enfrente a la cosa que dejó medio idiota a Rod Chapman? —Eso lo dije un poquito más alto de lo que pretendía, por lo que Miranda Otto, por mucho que no lo hubiera escuchado mucho, al verme nombrar a su querido amor, me miró. —Bueno, es probable que Rod esté tan aturdido porque es muggle y que yo al ser una mag…

Iba a explicar los pros y contra, los motivos de querer hacerlo y de no querer hacerlo, ¿pero sabéis qué? ¿En qué momento parecía que yo tenía opciones de algo?


—Te odio.

Lo solté mientras miraba hacia arriba, sintiendo un leve empujoncito de ánimo de Ryan metiéndome de nuevo en la tienda de espejos en donde estuvimos para empezar a seguir pistas. ¿No había quedado claro ya que me daba mucho mal rollo las cosas con espíritus? ¡Pues me daban igual de mal rollo las cosas con espejos! Después de esto no me iba a poder lavar los dientes tranquilamente sin sentir que mi reflejo me iba a meter el cepillo en el ojo.

—¿Y qué se supone que hago aquí ahora? ¿Mirar a los espejos hasta que alguno de ellos decida comunicarse conmigo?

Priv. || The Magus Archives ||  - Página 2 Raw

Me encontraba sentada en el mostrador de la tienda después de a saber cuánto tiempo en donde no ocurría nada. Me había paseado varias veces por delante de los espejos y no había pasado nada de nada. Ahora mismo estaba frente a uno, mirándome fijamente en un intento de intentar asustarme, pero nada, que mi yo de allí era mi yo de verdad.

Sin embargo, después de a saber cuánto, noté algo raro. Desde mi rabillo del ojo—esa zona del ojo con capacidad suficiente para atisbar cosas importantes sin que te des mucha cuenta—vi como mi reflejo en un espejo en la pared se estaba moviendo un poco. Era yo misma, haciéndome señas en plan: “¡Danny real, aquí estoy yo, tu ánima de confianza!”

Me recorrió un escalofrío lento por toda la columna vertebral al ver aquello y, sin decirle nada a Ryan, me bajé del mostrador para dirigirme allí. Después de no haber dicho ni hecho nada en tanto tiempo, que me moviese ya debía de significar algo para Ryan. Al llegar frente al espejo, chiquitito y colgado en la pared a la altura de mi cara, mi propio reflejo me miró de arriba abajo, enarcando una ceja como lo haría una slytherin repipi que está juzgándome. Yo fruncí el ceño, sobre todo al verme esbozar una sonrisa casi cruel.

Tuve que mirar a Ryan antes de saber lo que tenía que decir.

—¿Qué quieres?
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