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Lo mal que estoy (y lo mucho que me quejo) |Priv. Zdravka O.

Joahnne Herondale el Vie Mar 01, 2019 3:02 am

Lo mal que estoy (y lo mucho que me quejo) |Priv.  Zdravka O. MdxEQTC

Después que a mí se me acabó el dinero…— canturreó implantando entre letras un acento un tanto latino que no le pegaba del todo. Tarareó las frases ignorando que levantaba más de una mirada en el camino. — Por andar de enamorado, se fueron mis compañeros…— se detuvo casi al instante, enarcó una de sus cejas recordando el significado de la oración. Se lo había olvidado, no era cuestionable. Una canción en otro idioma que poco manejaba era evidente que se olvidaría, como la gente que canta en inglés y poco entiende. Bufó sacando el aparato electrónico para desbloquear y darle al botón que representaba “siguiente” en el reproductor. En esta ocasión, una canción de una artista bastante conocida en este último tiempo porque su álbum completo estaba rompiendo un récord según escuchó a un joven, el cual veía y comentaba una de sus presentaciones en un televisor en exposición de una tienda de electrodomésticos. La cual fue uno de sus destinos para dejar su hoja de vida.

Y sí,  Joahnne era una del montón de gente que, esperanzada, dejaba su currículum en cualquier tienda que pudiera y fuese aceptada. Y no, no le estaba yendo para nada bien. Había estado en un local de indumentaria femenina que parecía ser reconocido por su amplitud aunque fue negada al darle un vistazo rápido a la presentación que yacía en sus manos, ahora. No tenía experiencia, nadie se lo estaba poniendo fácil. Tampoco podía mencionar que había atendido una temporada en el salón de té de Madame Pudipié. ¿Cómo agregaría una referencia tan delatadora de su mundo y poco creíble al ojo muggle?

Estaba a punto de resignarse, al menos por hoy. Un día fresco, lo suficiente como para tener el deseo de conseguir una bufanda, poco alentador con su búsqueda y menos que menos agraciado para responder con una sonrisa cada rechazo. Eran contados los casos que permitieron dejar sus datos aunque por las miradas era casi nulo que la llamasen y lo sabía. Suspiró exasperada.  ¿Alguien se apiadaría de ella? Reconocía que podría ser todo lo carismática posible, que tendía a ser correcta y amable hasta con desconocidos. ¡Podía ser muy buena en atención al público! Pero, no todos pensaban que eso fuese suficiente. ¡Malditos estudios! No se creía capaz de falsificar esos campos, maquillaba la verdad diciendo que estudió desde casa pero eso no tenía peso ante los ojos de gerentes necesitados de “personas cultas” según uno de los tantos que la rechazó.
 
“I want it, I got it, I want it, I got it”. Emitieron los auriculares, sus piernas seguían al tumulto de gente que atestaba las calles mientras repetía el estribillo. Era normal chocar hombros o codos, un poco mucho, cuando todos estaban apresurados en su andar. Aseguraría que tenía un moretón en uno de sus brazos, un joven castaño de unos treinta años corría con su maletín dando saltos a los costados. Un par de señores se quejaron de la juventud de hoy en día pero Joahnne es la que realmente se lamentó cruzarse con él. Un gemido de dolor escapó de sus labios cuando este desfiló por su costado permitiendo que el maletín golpeara sin piedad alguna.

Una verdulería, un negocio de lencería y una imprenta de fotografía después… Joahnne se detuvo en una tienda. Apretó sus labios en una clara mueca de cansancio, este sería el último. No quedaba más que dos hojas más que la destinada a este pero un sentimiento de pesadumbres la conquistó. Se adentró con sumo cuidado mentalizando un mantra. Iba a armar un altar a cualquier deidad que le facilitase un trabajo. A ese punto había llegado.  —Buenas tardes— alzó su voz mientras se encaminaba al mostrador. —Disculpa, vengo en busca de trabajo. —"O al menos que me tomen el contacto" completó. Mordió su mejilla negándose a sentirse rendida. No hasta que cruzase nuevamente la puerta luego de su ¿décimo rechazo? Era peor que ver Titanic sola.
Joahnne Herondale
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Zdravka E. Ovsianikova el Vie Mar 01, 2019 10:52 pm


Dentro de un par de meses hacía un año trabajando en la tienda de los Brown y a pesar de que era uno de los trabajos que más le había durado—probablemente porque se tiraba al hijo de los jefes—no estaba en absoluto contenta con él. Odiaba, con toda su alma, ser dependienta. Era aburrido, joder. La jornada laboral se resumía en tres sencillos pasos: sonreír cuando no quieres sonreír, cargar cajas cuando no quieres cargar cajas y reponer mercancía cuando no querías reponer mercancía.

Eso no era vida.

Zdravka estaba muy agradecida con Dexter y sus padres por haberle dado la oportunidad de trabajar ahí, por haberla tratado tan bien y... de verdad, los adoraba, pero sentía que sus jornadas no eran en absoluto buenas si de verdad quería terminar dedicándose a la música algún día. Así que estaba pensándose seriamente la opción de dejar el trabajo, aprovechar para estar unos meses con lo ahorrado y dedicarse totalmente a la música. ¿Arriesgado? Sin duda. Pero si quería cumplir su sueño iba a tener que arriesgarse en algún momento.

Estaba prácticamente sola en la tienda ese mediodía, ya que Dexter estaba en la trastienda haciendo a saber qué papeleos. Siempre insistía en que no tuviese nada que ver Zeta y los papeleos, no sabía si porque la trataba de tonta incapaz o sencillamente para ahorrarle el sufrimiento teórico. Fuese como fuese, Zeta tampoco se quejaba. La realidad era que Dexter trataba asuntos mágicos y había una habitación bajo tierra tras la trastienda en donde tenía cosas mágicas y en ocasiones hasta personas escondidas, ¿pero eso lo sabía Zeta? Ni por asomo. A ella le hablabas de magia y le venía a la mente el típico señor que te saca una moneda de la oreja.

Así que ahí estaba, en mitad de uno de los pasillos, tirada en el suelo como los indios, desmotivada con la vida y poniéndole etiquetas de precio a las nuevas latas de guisantes que estaba colocando. Sí, lo sé, un trabajo apasionante. Fue entonces cuando escuchó a una muchacha hablarle al mostrador vacío, pues esperaría encontrar a alguien detrás, sentado y aburrido. Zeta se hizo de notar, estirándose hacia el final de ese pasillo con las manos zarandeando.

—¡Eh, perdona, estoy aquí! —Exclamó desde el suelo. Probablemente desde la vista de Joahnne, pudo ver como una mano salía de uno de los pasillos, haciéndose notar. Zeta intentó ponerse en pie de un tirón demasiado optimista de su cuerpo, pero al parecer le pesaba demasiado el culo, pues cayó hacia atrás en el intento, haciendo que se riese de sí misma. La madre que me trajo, ¿desde cuándo me pesa tanto el culo? Susurró eso para ella sola. Para cuando quiso darse cuenta, una chica morena apareció a su lado. —Buenas, siento el desastre —le saludó, disculpándose por no saber levantarse sola y estar rodeada de latas de guisantes, así como de papel inservible de aquella dichosa máquina que no servía bien.

Dejándolo todo allí tirado por el momento, se apoyó en el suelo y se levantó, para entonces sacudirse las manos  y sonreírle. Menos mal que Dexter estaba demasiado enfrascado en los números o seguro que le echaba 'la bronca' por tremenda chapuza de día.

—¿Buscabas trabajo dices? ¿Aquí? —No, Zeta, busca trabajo en el McDonalds pero le han pedido a ver si sabe distinguir entre vacuno y cerdo y ha venido aquí a corroborarlo. La verdad es que la pregunta venía sorprendida por el hecho de que ella quería trabajo y Zeta quería irse, ¿no era acaso una sintonía preciosa del destino? —¿Has trabajado antes en este tipo de negocio? —preguntó entonces, entrando en tema serio.
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Joahnne Herondale el Jue Mar 07, 2019 5:07 am

Joahnne odiaba buscar trabajo.

Un gran sentimiento.

En resumidas cuentas, la pelirroja estaba en un mal día. Desde su mente, no se detenía -ni por un minuto-  aquella frase en repetición. Desinflada era poco para caracterizarla y decir que estaba “contemplando el fin de su existencia” sería agregarle demasiado dramatismo a la escena, uno del que no saldría viva si se lo permitía. Como cualquier joven adulto que daba vueltas en el mercado para ver quién lo cogía, a pesar que terminase como lavaplatos o fregando baños.

Y ella podía ser demasiado habladora o risueña a menudo, diría que tendría un gran trato hacia el cliente pero las miradas despectivas, los murmullos a distancia, las muecas harían que su voz se bajase un poco. Eran las circunstancias idóneas para ejercer su lado positivo pero este no se asomaba.

Cuando el amanecer  había revelado un nuevo día, la fémina despejó cualquier idea de rendición. No se permitiría bajar la cabeza. Se envolvió con todo lo que tenía a mano y se marchó. Otro día, otras oportunidades. Demasiado optimista se podría llamar. Con el paso de las horas visualizó el final de su búsqueda en una simple palabra: devastadora. Si habría que agravar la situación, agregaríamos el dato sobre la cantidad de días que llevaba en la misma rutina de madrugar para tener alguna oportunidad.

Los comerciantes la evitaban, pasaban de ella cada vez que balanceaba su carpeta a desbordar con sus hojas de vida, al caminar. Al acabar, tendría en su poder unas tres y aseguraba que varios basureros también contendrían una gran parte de ellas. Quería llorar con la simple idea pero eso tendría que esperar, de momento.

Dejándose llevar por la corriente humana que invaden las calles, se permite una última parada: una tienda. Cruzando los dedos se adentra a esta agradeciendo que la falta de una bufanda no sea algo que la moleste con el clima interior.  — Al menos que tomen el contacto. — murmuró, a pesar de que en su cabeza había sonado como un pensamiento. Se exaltó al escuchar a alguien, parecía ese meme de John Travolta buscando a quién pertenecía la voz.  Y sí, conocía al señor. Bueno, por películas de este que eso de tener a disposición internet la había vuelto una fanática —más de lo que ya era— del cine. Visualizó a la chica al acercarse, no parecía llevarle más que uno o dos años aunque no pondría las manos en el fuego. Joahnne nunca había sido buena adivinando la edad de los demás.

Negó con la cabeza. ¿Qué le pasaba? Desde cuando era tímida. Tengo que tener sexo, tocarme o algo. Mirando hacia otro lado por unos segundos para no quedarse embobada viendo a la que podría ser su jefa o compañera, si tenía suerte. Eso de haber tenido un momento caliente con un GRAN hombre y nunca más verse, no ayudaba. Y sí, con el paso del tiempo se había dado cuenta que apreciaba las vistas de un hombre como de una mujer pero no podía ir por ahí echando babas a todo ser humano. ¡Eso está mal Joahnne! Se reprendió mentalmente. —No hay problema— contestó escasamente junto a una sonrisa sincera.

Acomodando con nerviosismo las puntas de su cabello, rió. ¡Querida fuera esos nervios! —Pues sí, vengo en busca de trabajo. Aquí. De cualquier cosa, eh. — esa desesperación sí que se podía hasta oler. La pelirroja era ajena a que quién estaba frente de ella quería largarse de ese trabajo y le parecía un milagro del señor, de los teletubies o del universo que ella estuviese pidiendo un puesto. —Poco, estuve en una tienda de una gasolinera. Una temporada, aunque era parte de un pueblo y creo que necesitaban a alguien para irse de vacaciones. No entiendo como confiaron a la primera, no es que sea una muy mala empleada o robe pero…— chasqueó la lengua.  Ahí estaba vomitando palabras innecesarias para una entrevista. — ¿Vale decir que soy simpática? — con una mueca cambió el peso de su cuerpo a su otra pierna.


Última edición por Joahnne Herondale el Dom Mar 10, 2019 9:09 pm, editado 1 vez
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Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Mar 09, 2019 3:10 am

A ver, a ver, a ver, Zeta creía mucho que eso era una señal del destino: ¿ella pensando en irse del trabajo para poder dedicarle un tiempo a la música y de repente le venía una sustituta? O sea, si allí arriba había un alguien observándolo todo y ofreciendo las oportunidades, estaba claro que quería abrirle las puertas de la oportunidad a Zeta. Vale que a simple vista aquella morena parecía un poco tímida, pero no es un requisito indispensable eso de ser extrovertida en un trabajo de cara al público. ¿Ayudaba? Indudablemente, pero también se podía aprender a cómo tratar con las personas.

Por suerte para Zdravka, ella ya había venido de fábrica con esa habilidad integrada, pues siempre había tenido mucho carácter y mucha facilidad para tratar con las personas. Aunque claro, después de tanto tiempo trabajando en diferentes trabajos en Londres, era casi obvio que por mucho que no supiese, ya lo hubiera adquirido.

—Bueno, lo malo y bueno de estas tiendas es que son pequeñitas, así que si te contratamos seguramente tengas que hacer de todo —le respondió a la muchacha, que quería trabajar de cualquier cosa. —Es decir, limpiar, hacer los cambios de mercancía, recogerla, estar en la caja... Un todo en uno, vamos. —La sonrió, de manera amable y jovial. —Pero no te creas que es mucho, en realidad como pocas veces al día suele haber un gran tránsito de personas a la vez, da tiempo de hacer de todo. Y a la larga lo agradeces, porque estar sentada detrás del mostrador sin hacer nada a veces es desesperante. Casi que prefieres llegar a casa hecha polvo, que sentir que has perdido el tiempo sin hacer nada.

Le comentó que había estado trabajando de algo parecido en la tienda de una gasolinera, lo cual era prácticamente lo mismo, con la diferencia de que los precios no estaban inflados, había más cantidad de productos en este tipo de negocios y menos gente, pues las gasolineras se petaban. Se mostró divertida frente a su última pregunta.

—Por supuesto —le respondió. —¿A quién no le alegra el día encontrarse con una dependiente que sepa sonreír hasta en los peores días?

Porque seamos sinceros: no había nada más desagradable que ir a comprar algo y encontrarte con una dependienta que podría ser la nube más gris y triste de todo el cielo. Y al final salías tú hasta con mal cuerpo. ¿Y acaso no es super agradable encontrarte con alguien que te sonría hasta el punto de hacerte sonreír? Zeta se había dado cuenta con el tiempo, que hasta con mal día y malas noticias, una sonrisa te alegra el día. Siempre intentaba mostrarse bien, al menos de cara al público.

Se apoyó entonces en una de las columnas, mirando de reojo a la trastienda para ver si Dexter terminaba con lo que estaba haciendo pues, al fin y al cabo, ella no era la jefa de allí. Era Dexter en realidad quién tenía que entrevistarla, hacerle las preguntas pertinentes y, sobre todo, ver si le gustaba. Si le gustaba, Zeta podría hablar con él para cambiar su puesto por el de ella.

—Bueno yo no soy la jefa ni nada, solo una dependiente. El hijo del jefe está en la trastienda peleándose con el papeleo. —Se encogió de hombros y se cruzó de brazos. —Y en lo personal me encantaría tener una compañera más por estos lares, habría más días libres que dedicarle a otras cosas. —No le dijo que tenía intención de irse, porque la verdad es que ni siquiera lo había hablado con su novio Dexter y no quería cagarla mencionando algo de ese estilo. —Pero bueno, que no recae mucho en mí la decisión, pero soy muy persuasiva, así que cuando salga ya le decimos. —Le guiñó el ojo, dándole a entender que a ella le gustaba la idea de tener una compañera. —Soy Zeta, por cierto.
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Joahnne Herondale el Miér Abr 03, 2019 3:55 am

Y sí, venía en busca de empleo. ¿Qué más? ¿Decorar la tienda de manera gratuita? ¿Charlar unos cuantos minutos con el solo objetivo de alegrar la vida de la pobre dependienta? ¿Ver cómo aumentaron las latas de guisantes? No se metería en esos temas de inflación que no tienen atractivo alguno.

El tono de su voz desprendía la desesperación característica de un desempleado. Podría, en otra ocasión, parecerle vergonzoso entregarse de tal manera a cualquier propuesta hasta negarse a proyectar esa imagen de su propia persona. Pero, su realidad era como la de tantos otros desempleados. Con el transcurso de los días llegó a naturalizar estos comentarios que escapaban de sus propios labios. Necesitaba hacer algo con su vida, quería comenzar de nuevo y no podía depender de nadie más que de ella misma.

Respiró hondo. Un negocio más que la rechazaría —probablemente— pero podría decir que no destruyeron del todo su estado de ánimo. Además, llegaría con las manos vacías: sin aquellas hojas que mentían sobre una vida del todo muggle aunque un tanto particular. Tal vez, esa particularidad la dejaba fuera de la lista de potenciales contrataciones.  Estudiar “en casa” quitaba varios puntos pero no podía pasarse el límite de mentiras. ¿O sí?

— Aprendo rápido. — contestó acompañado de un movimiento de cabeza en señal de confirmación. Escuchó sobre el trabajo, realmente era un 32493249 en uno y no le molestaba porque podría sonar a desesperación —y lo era— pero quería el dinero, No era su sueño acabar de anciana en ese refugio si es que las cosas no cambiaban. Claro que no, la ex pelirroja quería formar una vida en la que huir de varitas enemigas no fuese pan de cada día y no le importaba desligarse de la magia de ser necesario, exceptuando de la puerta para adentro, por supuesto.

Haría los sacrificios necesarios para alcanzar tal objetivo. Desde un tinte en las hebras de su cabello hasta el cambio completo de identidad. Era duro. Temía abandonar su nombre porque el dramatismo era tanto en su cuerpo que pensaba que lo olvidaría. Olvidaría quién era. Sin embargo, no era necesario darle riendas a la desesperación. Fuera de la vista de los muggles volvería a ser Joahnne, solo debía atender a los dos nombres y no quedar como la rarita que miraba a los lados para que en el quinto intento asumiese que le hablaban a ella.

Sonrió ante la respuesta. Era total y absolutamente cierto aquello, las veces que una empleada la trató de manera grotesca decidió no acudir más al local en cuestión y todo el día estuvo con una incomodidad que ningún baño le quitó. Y es que Joahnne era bastante sentimental en esas cuestiones, los malos tratos no eran fáciles de sobrellevar a pesar de las experiencias en Hogwarts. Podría decirse que en las calles de Londres, rodeada de muggles, volvía a bajar la guardia pretendiendo que nadie escupiría en su rostro por no ser sangre pura o no patear para el mismo lado. Vaya error, en todos los ámbitos existían personas violentas, repulsivas, con mal carácter y poco predispuestas a un saludo. Lo sorprendente era encontrarlas en puestos de atención al cliente.

— ¿Son varios dependientes en la tienda? — indagó al instante. Poco común sería encontrarse dos personas en un mismo turno, de no ser que uno esté enseñando lo necesario al otro para defenderse más adelante. Pero, como era lógico, existían turnos para no esclavizar a una pobre alma a estar todos los días dispuesta a llevar adelante un negocio que no era propio. Sin embargo, cuantos más empleados estuviesen en la lista menos posibilidades tenía Joahnne de ser parte de esta. —Encantada acepto el trato. — contestó con rapidez. Desconocía la relación entre la chica y el hijo del jefe pero cualquiera se podría dar una idea aunque la ex pelirroja poco ahondó en ese tren de pensamientos.

Zeta. Repitió mentalmente. —Yo creo que no soy tan heterosexual como suponía. — murmuró por lo bajo como un balbuceo que poco se entendía. Y no podía evitar admirar la belleza de la fémina, cada día estaba más cerca de pensar que era bisexual aunque no le daba tantas vueltas porque su objetivo —conseguir trabajo— era lo único que podía tomarle todo el día. Pobre. La independencia; nunca la describieron tan dura. —Amy, Amelia. Bueno, en realidad soy Amelia Pond pero varios amigos acostumbran a llamarme Amy. — Había decidido que ese sería su nuevo rostro al mundo. Aunque dijese que muchos amigos le llamaban de tal manera, no había siquiera alguien para ser contado con una mano que la reconociera con ese nombre. Mentalmente bufaba pero debía defender a muerte esa nueva vida.

Carraspeó. —Daré una última confesión aunque también podría ser una pregunta. — tragando y con unos segundos de hiatus decidió continuar. —He sido rechazada de manera vergonzosa toda la semana. Me gustaría saber si, quien es el encargado de ver si cumplo con los requisitos de este empleo, será grosero ante mi planteo. ¿Es eso posible? He visto que actúo maduramente si son indiferentes, de lo contrario soy agresiva si me tratan despectivamente. — dibujó una mueca en sus labios. Ni ella comprendía su reaccionar. Sí, nunca más vería a la persona pero no era necesario despotricar alocadamente. — Parezco todo un gatito con sus garras. ¡Miau! — bromeó un poco mientras hacía un ademán con su mano como si fuesen verdaderas garras felinas.
Joahnne Herondale
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Zdravka E. Ovsianikova el Jue Abr 04, 2019 3:46 am

—No que va, somos pocos —le respondió mientras miraba a la trastienda. —Es un negocio muy familiar: están los dos jefes, el señor y la señora Brown, y luego está su hijo: Dexter. A decir verdad soy la única dependiente fuera del negocio familiar y entré un poco por cuña, ya que conocía a Dexter. —Hizo una pausa, mirando entonces a la morena. —El señor y la señora Brown en realidad ya tienen una edad como para estar cargando cajas o encargándose de la contabilidad, por lo que en realidad yo creo que vendría muy bien una nueva ayudante.

Que a ver, lejos de toda la suposición de Zeta, eso no era así. Si no habían más personas como dependientes de aquel lugar era precisamente porque aquel sitio no era una tienda convencional, sino una simple tapadera para ocultar fugitivos en el sótano que Zeta ni sabía que existía, pues se entraba por la trastienda. Ni a los Brown—cuyos apellidos reales son los Fawcett—ni a nadie les interesaba que hubiesen más muggles implicados en aquella situación.

De hecho, si Zeta trabajaba ahí era porque Dexter le había hecho un favor por un momento de debilidad y porque quería ayudarla, porque a cambio de darle ese trabajo hace casi un año, ha tenido que estar mintiéndole durante todo este tiempo. ¿Realmente merecía la pena?

—Amy —repitió entonces a su diminutivo, pensando en que llevaba mucho tiempo equivocada pensando que ‘Amy’ era un nombre propio y no un diminutivo. ¿Entonces la cantante de Evanescence se llama en realidad AMELIA LEE? Se le había roto un mito.

La muggle se prestó muy atenta a su última confesión, más que nada por pura curiosidad. Y le pareció muy acertada la advertencia, pues pocas personas advertían de que tenían mala leche o que no respondían bien frente a malas gestiones de la educación. No pudo evitar sonreírle cuando fingió ser un gatito peligroso, mostrando sus uñas.

—¿A qué clase de negocios has ido como para que te traten mal al rechazarte? —Preguntó, realmente sorprendida por la mala educación de algunas personas con los humos demasiados altos. Desde que una persona tenía dinero se creía que potestad de tratar mal a las personas. —De todas maneras Dexter no tiene maldad ninguna, no va a tratar de humillarte por intentar buscarte la vida. No sé con qué clase de personas has lidiado, pero eso da un poco de asco.

Como no quería darle falsas esperanzas a la morena, decidió ir directa al grano.

—Voy a avisarle, ¿vale? Tampoco quiero darte falsas esperanzas haciéndote esperar para luego nada, porque la verdad es que no sé qué quieren hacer o qué tienen en mente. —Pero vamos, ya sabía ella que como Dexter se portase mal con Amy, le iba a pegar un coscorrón que iba a sonar hasta en sudamérica. —Un momento.

Caminó hacia la trastienda, tocó dos veces en la puerta antes de entrar y se encontró a Dexter apareciendo de detrás de una de las estanterías, sorprendido, mirándome como si no me esperase. Era normal que no la esperase, la trastienda estaba llena de polvo y era oscura y deprimente. Zeta intentaba ir lo menos posible.

—Hay una chica ahí fuera que busca trabajo: ¿le echas un ojo?

—Ahora no tengo tiempo, Zeta.

—Es una buena candidata y no vendría nada mal una ayuda extra —le insistió. —Además, estoy pensando en dejarlo y quizás buscar a una nueva dependienta multiusos que lo haga todo vendría bien.

—¿Qué? —Dijo, con el ceño fruncido.

—Que buscar a otra dependienta multiusos que lo haga todo vendr…

—No, lo de que piensas en dejarlo, no me habías dicho nada, ¿y eso?

Zeta lo miró con reproche, como si Dexter estuviese muy ocupado con su vida como para olvidar que el sueño de la vida de la muggle era ser músico y no ser simplemente la dependienta de una tienda, por mucho que ésta perteneciese a sus suegros. Encima estuvo a punto de echarle en cara que últimamente apenas hablaban porque él siempre estaba muy ocupada, pero decidió ser formal y correcta. No era momento para discutir eso.  

—¿Te creías que iba a envejecer aquí? Anda, no seas vago y sal a tomarle los datos y conocer a la chica. No me seas rancio. Y sé simpático, que últimamente parece que todo te molesta. —La muggle otra cosa no, pero era sincera hasta las trancas y ya llevaba tiempo bastante descontenta con la actitud de su novio.

Así que cerró la puerta de nuevo y volvió sobre sus pasos, para hacer tiempo en lo que venía Dexter. Le sonrió de nuevo a la muchacha que le pareció tan simpática, para hacerle una señal para que la acompañase hacia el mostrador.

—Bueno cuéntame, Amy, ¿siempre ha sido tu sueño trabajar en una tienda pequeña de comida? —Era una broma, claramente, una manera jovial de comenzar una conversación. Tenía curiosidad por saber qué había estudiado—si es que había estudiado algo—o cuáles eran sus verdaderas intenciones. Pocas personas conocía que buscasen ese tipo de trabajo por vocación real, sino más bien por necesidad económica y punto.
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Joahnne Herondale el Jue Abr 04, 2019 5:49 pm

Alzó las cejas en una clara muestra de sorpresa ante sus palabras. Había imaginado que una u otra dependienta más estuviesen a cargo del local —junto a Zeta— mientras los jefes hacían el trabajo de jefes: papeleo interminable, contabilizar monedas ganadas, determinar cuáles fueron las pérdidas o tratar con la mafia. Sí, como que este último punto no tanto. Esta noche se acostaría temprano y no trataría de entretenerse en la televisión muggle, era su perdición.

La tienda no era lo suficientemente amplia para perderse entre pasillos pero no negaba que la idea de tener dos o tres empleados por turnos haría bien a la salud mental y física de cada uno de ellos. Sí, sería un costo económico que contemplar pero ahora Joahnne no tendría la idea de que Zeta era un tanto esclavizada entre estas cuatro paredes. Por ello, si su determinación era férrea hasta este preciso momento, ahora lo sería aún más. Pobre la dependienta, pobre Zeta que debía estar todos los días aquí. ¿O es que tenían un horario extraño de apertura? Se lamentaba no haber visto en la fachada algún cartel para ver si se mencionaba. ¿Sería su sueño atender clientes? Lo dudaba. Hasta diría que lo hacía por el mismo motivo que ella: dinero.

— Haré lo mejor para que me tomen, así aligerarte la carga. — sonrió amablemente. Joahnne era así. Se permitía sentir empatía rápidamente por los demás y, como ya había mencionado, bajaba la guardia cuando veía alguna especie de injusticia preocupándose aún más por la persona. Además, Zeta desbordaba simpatía y no tenía cara de ser un terrible villano saqueador de almas. Vale, debería empezar a trazar ciertos paramentos necesarios en una lista para considerar a alguien como “buena persona”.  

— Desde tiendas de música hasta locales atendidos por asiáticos. — bufó a lo grande recordando como un japonés la había echado con una escoba con la sola mención de necesitar empleo. Le dio la sensación que ni siquiera lo reconsideraría. No le había ocurrido una sola vez, sino tres. Para ella, estaban fuera de sus posibilidades aquellos locales. — Confiaré en tu palabra. — contestó recuperando todo el positivismo robado en la mañana. — Igual, de diez personas que me rechazaron solo cuatro fueron groseras. Es un número alto pero no tanto. — dibujó, en su rostro, una mueca. Tal vez, sería un poco difícil rescatar del todo aquel estado de ánimo optimista. — Algo es algo. —

—Vale, espero aquí. — añadió dejándose llevar por la vista. Tampoco era un paisaje extraordinario pero tenía buena espina. Un presentimiento. Deseaba que fuese positivo. Su mirada se trasladó por todo el establecimiento, entre las latas de guisantes hasta paquetes que contenían vaya a saber qué. Se acercó para dar con el nombre de una marca. No era una industria de móviles ni una cafetería que se agarrotaba de muchedumbre a hora pico, mucho menos una empresa de comida rápida con varias franquicias por el mundo. No parecía complicado el trabajo. ¡Podía ser simpática! Mientras no le vomitará a los clientes sobre sus dramas, todos estarían felices y contentos. ¿No?

Se fiaría que todo estaría bien y no tendría una cara larga mientras palabras pestilentes le herían su intento de prosperar en esta nueva etapa de vida. Total, Zeta aseguraba que no era antipático como el resto con los que había tratado. Observó cómo volvía la chica, de haber hablado con el dueño claro. Le sonrió de regreso, parecía que tenía buenas noticias o al menos accedieron a entrevistarla. O sea la noticia que fuese, su ansiedad quería saber ahora, ya. Con paso decidido e ignorando varios productos que decoraban el suelo del lugar, se acercó al mostrador.

Rió con ganas pero pronto cubrió los labios risueños con su mano. — Perdón. No, no es mi sueño trabajar en una tienda de este estilo. — acompañó la negativa con un encogimiento de hombros. Suspiró y pensó como su vida se había trastocado. — Estaba estudiando medim… medicina. — corrigió con una sonrisa vergonzosa. — Me independice abruptamente y terminé dejando la carrera. Ahora estoy buscando un trabajo que no me haga vivir debajo de un puente. — las curvas de su labio se arquearon ladinamente.  — O si es un puente, que sea lindo. — bromeó acomodándose una arruga inexistente de su camisa. — ¿Y tú? ¿Realmente es tu sueño esto? — indagó, con cierta curiosidad chispeante, mientras señalaba con su dedo índice el alrededor haciendo hincapié a qué se refería con “esto”.
Joahnne Herondale
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Zdravka E. Ovsianikova el Lun Abr 08, 2019 3:52 am

—Es difícil encontrar trabajo en tiendas de música, ya que piden un perfil muy técnico, sobre todo para saber vender todo lo que tienen ahí. Y parece que no les sirven el ‘yo aprendo rápido’ —dijo, en base a su experiencia, encogiéndose de hombros con resignación. Ella había intentado mucho el trabajar en tiendas de música porque le apasionaba, pero la verdad es que aunque ahora estuviese preparada, las personas solían ser muy exquisitas. —Eso es un cuarenta por ciento, es mucho, ¿eh?

Zeta contaba los porcentajes por dinero y era consciente de que menos de un treinta por ciento en cualquier cosa era poco, pero que para otras cosas era muchísimo.

No entendía a las personas tan asquerosas, pero entendía mucho la sensación de la muchacha, ya que a Zeta le había pasado mucho. Otra cosa no, pero experiencia consiguiendo trabajo y trabajando en miles de cosas tenía para rato. Al fin y al cabo, había tenido que ganarse la vida así durante todo el tiempo que había estado viviendo en Londres.

Después de eso fue a hablar con Dexter, pero ante una no muy buena vibración con respecto a él, salió de nuevo afuera, esperando que no tardase mucho a hablar con Amy. Al volver, le hizo una broma a la morena y se sintió socialmente satisfecha de que la entendiese, pues eso de relacionarse con Hester había hecho que se empezase a cuestionar si sus bromas eran graciosas o no. Así que tras llegar al mostrador, se quitó la gorra, se aireó el pelo y volvió a ponérsela mientras escuchaba a la chica.

—Medicina, qué fuerte —dijo sorprendida. —Para mí eso es otro nivel. ¿Estudiabas aquí en Londres?

Era una pena que lo hubiese dejado y, por mucho que hubiera tenido curiosidad, evidentemente no era un tema que sacar entre dos desconocidas. Quizás lo había dejado por motivos más fuertes que la simple independencia y la muggle tenía muy claro que preguntar podía acarrear cierta incomodidad si no era todo tan sencillo.

—Bueno, este trabajo te daría para vivir en una habitación en una casa compartida como mucho, ¿te parece mejor que un puente? Porque hay algunos compañeros de piso que creo que mejor un puente, ¿eh? —Le sonrió por la broma, pues ahora mismo en la casa en donde vivía Zeta había gente muy agradable, aunque una seguía haciéndole cierta tirria. Pocas veces había vivido en una casa en donde estuviese cien por cien contenta con sus compañeros. —No, claro que no. Sinceramente, a menos que seas tú quien lleve la tienda, dudo mucho que el sueño de los dependientes sea vivir de esto para toda la vida. —Bueno, ¿quién sabe? Quizás alguna persona sin complicaciones que le baste con el salario mínimo era feliz en un trabajo así, sin muchas responsabilidades. —Mi sueño es convertirme en una músico profesional nivel Taylor Swift que llena estadios y la conocen en todo el mundo —dijo, con voz soñadora. De hecho, sonó tan soñadora que hasta parecía que lo había dicho en broma y que realmente ese no era su sueño, sino un tópico más del que agarrarse. —No te rías, ¿eh? Hablo en serio. Quizás Taylor Swift es aspirar muy alto. Quizás mejor… Hmmm… no sé, ahora diga lo que diga parece que lo pongo a un menor nivel que Taylor Swift y me voy a sentir mal —confesó, rodando los ojos para sacar de detrás del mostrador una silla desplegable.

Desplegó la silla y la puso al lado, dándole un asiento a la muchacha. Zdravka, por su parte, se sentó en la silla desplegada que ya estaba detrás del mostrador.

—Siéntate porque no sé cuánto va a tardar Dexter. Estaba ocupado. —¿Con qué? Pues Zeta creía que con la contabilidad, la declaración de la renta, todas las cosas que traía hacienda… o qué sabía ella. La realidad es que estaba bastante ocupado con cosas que Zeta ni aspiraba a saber. —Ay… —Recordó entonces, suspirando derrotada. —Estaba colocando las dichosas latas de guisantes y me olvidé y ahora están todas ahí —dijo, mirando a todo lo que estaba en el suelo. Apoyó su cabeza sobre su antebrazo, que a su vez se había apoyado en la mesa, para entonces volver a soltar aire. —Creo que estoy perdiendo la cabeza. —Confesó, poniéndose en pie para ir a recogerlas.

Estaba al lado del mostrador, por lo que podrían seguir hablando perfectamente.
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Joahnne Herondale el Lun Abr 22, 2019 2:12 am

Asintió con una tímida sonrisa, su mano se alzó solo para acomodar un cabello rebelde detrás de su oreja. Era una manía de la que no terminaba de desligarse al estar nerviosa. —Estudié en el extranjero pero…— se detuvo por unos cuantos segundos para pensar cómo podría terminar aquella oración. —… pasaron cosas. — dijo con un poco de renuencia. Estaba claro que decir que su universidad estaba en Londres sería colgarse la soga al cuello, no había siquiera investigado para aprender nombres de instituciones u hojear planes de estudio para hablar con mayor seguridad.

Y sí, la Medicina era el equivalente a la Medimagia en el mundo muggle. No podría mentir sin salirle caro si es que mencionaba otra carrera. Era, ciertamente, otro nivel. Otro nivel referente al de este mundo. La varita jugaba un papel esencial en el aprendizaje como aquellos hechizos que uno se debía memorizar para poder recitarlos correctamente en ciertos tratamientos. Por ende, no era taaaaan parecida a la medicina muggle. No sabía más de lo que podía observar en películas o series sobre el tema, agradecía ser una aficionada al cine para entonces.

Justamente, su niñez fue caracterizada por ser compuesta de recuerdos bastantes ordinarios si se trataba a la magia como algo extraordinario —que lo era— permitiendo que supiese desenvolverse sin problemas en la actualidad. También, había tenido más de una amistad duradera que lamentablemente se vieron rodeadas de mentiras “piadosas” con respecto a su paradero desconocido en época escolar. No le diría a sus amigas que tomaba clases de magia en un internado que tenía muchas más particularidades de las que se pudiesen imaginar.

—No mentiré, extraño la vida universitaria pero ahora estoy aquí, necesito hacerme y no tengo a nadie más que a mí misma para ello. — sonrió a pesar de que sus palabras estuviesen cargadas de tristeza. —Tal vez más adelante pueda retomar mis estudios o tomar otra carrera. ¿No? — cuestionó con una burbujeante esperanza. No se lo había planteado con detenimiento pero si había decidido comenzar de nuevo con su vida, este sea otro paso que tomaría en un futuro.

— ¡Me parece estupendo! Todo es mejor que un puente. — respondió chispeante, no habían siquiera tratado con seriedad o profundidad el tema. Ciertamente, Joahnne estaba en el refugio con varios fugitivos más pero quería salirse de allí cuanto antes. Lo necesitaba, quería sentirse bien con ella misma y no lo lograría estando encerrada en cuatro paredes medianamente seguras siendo dependiente de otros. Y los compañeros de piso no serían un problema, muchos años viviendo en un castillo atiborrado de alumnos había instaurado una paciencia evidente en la pelirroja. Claro, siempre hay excepciones.

Era evidente que nadie quería ser esclavo de un trabajo de dependiente toda su vida. Se interesó cuando la fémina comenzó a recitarle su sueño, ser músico profesional. ¿Joahnne qué quería ser? Esa pregunta, sin lugar a dudas, cosquilló su mente. — ¿Taylor Suif? ¿Swig? ¿Swift? No me reiré porque no la conozco. — confesó incómoda. Sí, amaba la música y más de una vez escuchó canciones de aquella rubia a la cual aspiraba Zeta pero no la ubicaba. Podría tener buena memoria pero en este ámbito… escaseaba. Se sentía culpable pero una manía de ella, que no la cambiaría, era dejar el reproductor libre. Pondría alguna canción al azar y de esta se reproduciría las recomendaciones, pocas eran retenidas a conciencia.

—Oh, gracias. — murmuró mientras se sentaba en la silla desplegada detrás del mostrador. —No importa, este era el último local al que entraría a consultar si se necesitaban empleados. Demasiados rechazos para un día. — confesó con un tono en broma pero eran más que ciertas sus palabras. La observó alejarse del mostrador para terminar con su tarea interrumpida por ella al ingresar hacia unos cuantos minutos atrás. —Puede que suene tonta, o demasiado infantil pero… ¿Tú crees que podré quedarme? No soy de quejarme, te lo aseguro. — se atajó con sus manos danzando frente suyo como si quisiese darle hincapié a su verdad. —Realmente lo quisiera, podríamos turnarnos y tendrías más tiempo para dedicarte a la música. Y no es que te esté echando porque ni siquiera tengo asegurado el empleo. ¿O tú crees que sí? Ay, lo siento. Son los nervios que han vuelto. Prometo no hacerles estas escenas a los clientes, juro que sé comportarme y no soy todo este manojo de palabras todos los días. A veces me dicen que tengo vómitos verbales, no sé cómo es que con mi edad no he aprendido a controlarlo pero es algo muy fuerte. ¡Hasta Rubén le daba gracia! Aunque parece que no tanto si decidió hacer lo que hizo y alejarse de mí. Pero no hablemos de eso, por favor. Era mi mejor amigo, si te lo preguntas, y digo era porque se fue sin siquiera avisarme y ahora no tengo nadie que pueda decirle mejor amigo. ¡Oh! Tal vez Saoirse pero su hermano es bastante renuente a que me relacione con ellos, es claro porque siempre termino metiéndolos en problemas. — tomó una bocanada de aire dispuesta a seguir pero fue interrumpida. Por una parte, era lo mejor. Por otro, quería seguir descargándose de dolores pasados.
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Zdravka E. Ovsianikova el Lun Abr 22, 2019 9:42 pm

Le gustaban las personas fuertes, que tomaban decisiones arriesgadas y que se enfrentaban a la vida con todo al descubierto. Ella era así y no le había quedado otra que atenerse a lo poco que tenía y buscar siempre la manera de seguir hacia adelante, por lo que le gustaban las personas que no tenían miedo a dejar algo importante y luchar de nuevo por dar siempre un pasito más.

—Por supuesto, tía. —La tuteó con confianza. En realidad a ojo debía de ser unos cuántos años más joven que Zeta, por lo que le salió natural tratarla de esa manera. —Nunca es tarde para estudiar, ni para perseguir los sueños. A veces hay que hacer paradas en el camino, pero lo importante siempre es retomarlo cuando llegue el momento. —Se encogió de hombros, pues era una praxis complicada, pero si se quería seguir, Zeta creía que era el camino hacia ser feliz. Nunca desviarse de la meta, pero tener claro que si tardas en llegar… no pasa nada.

¿Cómo no iba a conocer a Taylor Swift? ¡Todo el mundo conocía a Taylor Swift! ¿De qué mundo venía? Ciertamente venía de un mundo en el que Taylor Swift es totalmente irrelevante y cuya sociedad está pasando por un momento caótico en cuya importancia la música popular también queda relevado a un escalafón subterráneo.

—La canción de… 'Cause the players gonna play, play, play, play, play, and the haters gonna hate, hate, hate, hate, hate… Baby, I'm just gonna shake, shake, shake, shake, shake —Hizo una pausa. —I shake it off, I shake it off. —Y entonces sonrió. —¿No, no te suena de nada?

En fin, tampoco era para tanto. Peor era que había personas por ahí que se atrevían a decir que eran amantes de la música y no habían escuchado a Queen. Eso era peor. Menos mal que hicieron una película sobre Freddie Mercury. Muchos decían: ‘Ahora es que a todo el mundo le gusta y van de possers’, ¿pero acaso no era mejor que hubiese ahora mucha gente por popularidad al hecho de que alguien tan grandioso como Freddie Mercury o la misma banda de Queen, quedasen en el olvido?

Después de hablar con Dexter, Zeta salió para seguir haciendo sus cosas y hablar mientras tanto con Amy. Le pareció graciosa su pregunta, tan inocente. No parecía tonta, ni infantil; solo inocente y bastante soñadora. Zeta había pasado por esos momentos de sentir que te rechazan hasta en la Iglesia, así que intentó ser empática.

Eso sí, tuvo que sonreír frente a ese vómito verbal de información.

—¡Pero tranquilízate! —Le dijo Zeta, mirándola con diversión. —A ver, ese Rubén es idiota. Un mejor amigo que se va sin decir nada no es mejor amigo. —La muggle tenía una política de tolerancia cero con las amistades: si de repente una amistad deja de estar ahí para ti, es porque tanta amistad no era. Dolía, sí, pero a veces era mejor tomarse esas cosas con una filosofía mucho más dura. Por eso ella se consideraba tan buena amiga y siempre estaba tan pegada a sus amistades. —¿Y crees que es un problema hablar mucho en un trabajo como este? ¡A los clientes les encantan que hables con ellos! Sobre todo si son ya de la tercera edad y buscan contarte anécdotas de la primera guerra mundial o algo así. —Había exagerado, claramente. —Y…

—Hola —dijo entonces Dexter, que había salido de la trastienda. Miró a las latas de guisantes y luego miró a Zeta como con reproche, sin embargo, no tardó en fijar su mirada en Amy y tenerle la mano. —Buenas, soy Dexter… Brown. —Se presentó con una sonrisa.

En realidad él era conocido como Dexter Fawcett y ese apellido tan típico solo era una manera de pasar desapercibidos en el mundo muggle. Y bueno, otra cosa no, pero Dexter Fawcett por mucho que en el mundo mágico estuviese fingiendo estar a favor del purismo y el nuevo gobierno, ayudaba a los fugitivos. No le pasó desapercibido el rostro de aquella chica. Ya había visto muchos carteles con su cara, por mucho que se cambiase el pelo de color.

Así que no dudó ni un segundo en despacharla. Era un riesgo tenerla allí como empleada, pero también lo era tenerla allí como cliente.

—Siento mucho haberte hecho perder el tiempo, pero somos una tienda pequeña y por ahora vamos bien —le dijo y, pese a que lo había dicho bien, se notaba que no estaba siendo del todo sincero. Hubiera sido cien por cien sincero si no llega a estar Zeta delante. —Quizás en otro momento. Me quedo con tu aplicación y… si ocurre algo, te avisaré. —Movió el papel con los datos de Amy y pese a que pareció decirlo con toda su buena fe, sonó a mentira.

El único lugar permitido para refugiar fugitivos en esa tienda era la trastienda. Zeta miraba a Dexter bastante incrédula: ¿acaso no le acababa de decir que ella se quería ir? ¿No era el momento perfecto para contar con una sustitución?

—Pero... —Intentó entrometerse Zeta, pese a que era consciente de que no debía.

—Zeta, por favor... —Le pidió.

—Al menos hazle unas preguntas o algo. —Mira que Dexter era su novio y lo quería mucho, pero odiaba esa manera tan indiferente de tratar a las personas.

—Amy, ¿te importa venir conmigo a la trastienda y así podemos hablar tranquilamente y te digo mis motivos? Zeta me intimida. —Intentó bromear Dexter con su novia, esperando que Amy aceptase. No quería quedar como un capullo, pero tenías las cosas bien claras. No llevaba sobreviviendo años como para arriesgarse a meter a una fugitiva a trabajar ahí.
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Joahnne Herondale el Jue Mayo 02, 2019 6:34 am

#TipsPelirrojos: Siempre se puede estropear una entrevista con tu vómito verbal.

Siempre. No hay ninguna prueba pero tampoco dudas.

Aunque, Joahnne, agradeció que este no fuese el caso. Se sintió acompañada por un sinfín de deidades cuando a Zeta le pareció natural que se diese así una conversación del día a día. Claro, no era el jefe con una gorra de policía que podría despedirte si andas hablando hasta por los codos sin entregar la bolsa de la compra.

— Rubén no es un… vale, sí lo es. ¡Me lo he dicho millares de veces!  ¿Vale? — resolvió indignada dramatizando, por demás, la escena o en su intento. Sí que le había tomado lo suyo poder asimilar que su amigo había sido un imbécil que la había dejado después de tener su primera relación sexual. ¡En estado de ebriedad! Todo lo que ella quería para su primera vez. Es sarcasmo, por si no se ha entendido. ¡Claro que se ha entendido! — Pero, sí. Después de unos días entendí que realmente no era un buen amigo si me dejaba lidiar con una gran resaca y sin recuerdo alguno de… bueno, una situación. — dijo con una mueca escondida entre sus labios. —Pues…— enmudeció cuando un hombre se acercó a ellas.

Bastante atractivo, se atrevió a pensar. Poco duró su escaneo de “ver qué tan guapo parece tu jefe” cuando recordó que podía ser su jefe, valga la redundancia. —Hola, me llamo Amy. — sonrió en respuesta. Parecía que este día podría llegar a su cama con las mejillas adoloridas por tantas sonrisas. — Amy Pond. — aclaró su garganta con una pequeña tos antes de mencionar su “nombre” completo.

Su rostro era completamente desconocido. Tal vez, si hubiese prestado más atención a sus círculos sociales podría haber tenido una pequeña pista de lo que pronto sucedería como la actitud que establecería Dexter al reconocerla. Joahnne en su instante de olvidarse que era maga, también olvidó que su cara podría estar adornando varias paredes en Hogsmeade, por ejemplo.

La noticia cayó de sorpresa, a pesar de haber sido rechazada más de una vez en un mismo día. Sintió como su cuerpo pesaba, como sus labios dibujaron un mohín de tristeza y desilusión.  —P-pero…— calló. Se había ilusionado con el empleo desde hablar carismáticamente con los clientes hasta acomodar las benditas latas de guisantes.

—No es necesario, Zeta. — murmuró. —Gracias. — habló agradecida intentando conectar con su mirada en tanto se levantaba de la silla que minutos atrás le había entregado. Asintió pero sin ninguna pizca de alegría, volvía a tener los ánimos por el suelo como al entrar en dicha tienda.

Siguió a Dexter sin esperanza alguna. Por una parte, creía aquel acto innecesario mientras que, por otra, apreciaba que no le diera las malas frente a Zeta. Sabía que su hoja de vida era una completa mentira, ella misma había investigado más de una vez en foros de internet pero seguía siendo ajena a ciertos conocimientos. Si escribía el nombre de una institución académica, ¿Llamarían para comprobarlo? Y claro, era inevitable pensar que estaba prohibido poner que había trabajado en la tienda de té de Madame Tudipié. No valía de nada decir que podías aprender rápido o estabas dispuesta a hacer lo que sea por el puesto de trabajo si no tenías experiencia laboral.

—Muchas gracias por tomar mi solicitud, la verdad es que no me parece extraño que la rechace. Sé que en el campo de educación he puesto en casa y no es algo muy bien recibido, por lo visto…— comenzó a divagar pero no fue mucho antes de que la interrumpiese.
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Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Mayo 04, 2019 3:02 am

Dexter fue un poco gilipollas y lo reconocía abiertamente, sin embargo, como no quería montar 'la escenita' con Zeta ahí fuera, cedió un poco y pidió a la supuesta Amy Pond que le acompañase al interior sin, esta vez, mentiras de por medio: y es que la muggle le intimidaba.

Zeta podía ser muy simpática, carismática, cariñosa y parecer un amor pero... ¡cuando se enfadaba no había quién la soportase! Además parecía tener un sentido arácnido de la justicia suprema y claro, cuando veía algo injusto—por ejemplo aquel rechazo sin precedentes—se ponía más intensa que nunca. Y al verdad es que suficientes cosas ya tenía Zeta como motivo para enfadarse con Dexter que no quería añadir una más a la cola y menos si podía evitarlo. Así que le dio paso al interior a Amy y ésta accedió.

La trastienda era un poco oscura, pero Dexter encendió una luz de color blanco que lo iluminaba sin que diese mal rollo y pareciese casi de día.

—Perdón por el desorden —dijo, pues realmente era un poco caótico porque no era precisamente una trastienda convencional. Cerró la puerta antes de comenzar a hablar, viendo a Zeta echar el ojo desde la zona de los guisantes. Cuando ya se quedaron aislados, Dexter la miró. —Me llamo Dexter Fawcett, trabajo en el Ministerio de Magia como un infiltrado de la Orden del Fénix y, lo siento Joahnne, si no te contrato en mi tienda es porque eres una fugitiva y podrías darme muchísimos problemas.

Fue clarísimo porque no era hombre que se andase con rodeos, no al menos en esas situaciones. Con la única persona con la que se andaba con rodeos, porque le intimidaba, era Zeta.

—Sé que intentáis buscaros la vida como podéis, pero precisamente yo no puedo ayudarte a darte un sueldo mensual por tus servicios. Si bien tener una tienda no es ilegal, la tengo a otro nombre y el Ministerio no sabe de ella, por lo que en cualquier caso si encima contrato a una fugitiva, creo yo que los dementores serán mi final más benevolente —le respondió, para acercarse entonces a la mesa en donde tenía un millón de cosas. Sacó la varita y con un movimiento hizo que todo se fuese ordenando en la medida de lo posible. —Ayudo a personas en tu situación: les intento buscar cobijo, les intento proteger, a salir del país... pero precisamente darte un trabajo desde mi 'cuartel' privado, cómo me gusta llamarlo, es ponerme en un riesgo muy innecesario y muy grande —añadió, con una sonrisa al decir lo de 'cuartel'. —Lo siento.

Entonces cogió un cuaderno de la mesa y lo abrió, pasando las páginas en busca de una lista que tenía. Tardó un poco porque era un cuaderno lleno de apuntes pero cuando llegó, cogió la página y la arrancó. Con un bolígrafo tachó algunas de las cosas de la lista, para luego enseñársela a Joahnne.

—Estos son lugares en donde buscan normalmente personal, te he tachado en donde ya hay gente como tú trabajando, para evitar confrontaciones y aumentar las probabilidades de que os pillen. —Hizo una pausa. —Son normalmente talleres o grandes naves industriales y básicamente necesitan personal de mantenimiento. Es el mejor lugar para pasar desapercibida, así que... intenta pedir por ahí. No le digas a Zeta que te he dado esto, porfa. Bueno, no le digas nada de todo esto porque ella no sabe nada de... bueno, nuestro mundo.
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Joahnne Herondale el Mar Mayo 07, 2019 12:06 am

La trastienda era oscura, medianamente lúgubre y ningún ser que amase la luz del sol decidiría, voluntariamente, pasar horas en aquel lugar siendo consciente de lo que encontraría. Tal vez, sólo tal vez lo aceptaría si estuviese urgido de dinero.

Como su caso.

Suspiró. Realmente había sido rechazada, no había vuelta atrás. No era una equivocación, era la triste realidad de los desempleados. Había sido ilusionada por la actitud carismática de Zeta, por supuesto, no era culpa de ella que se viese decepcionada y con los ánimos un poco por el suelo.

Quedó obnubilada ante la luz que, de un segundo para el otro, apareció iluminando la habitación. —No se preocupe, es entendible. — ¿Lo era? Realmente era desconocedora, solo adjudicaba el caos a que era una persona un tanto desorganizada. ¿No era eso nada más que una trastienda? ¿Un despacho para hacer sus cálculos y ver que el negocio no se caiga a pique? La puerta se cerró y la mirada que Dexter su “no” jefe le estaba dando era extraña. Pronto, entendió.

Joahnne.


Por lo visto, su rostro no había abandonado las paredes del mundo mágico y todos conocían su nombre. Inmediatamente, recordó el rostro de la risueña dueña del salón de baile con la que se había topado meses atrás. Ella y  su hermano, quien al día de hoy era un tanto arisco, habían puesto en juego su vida por ella.

Podrías darme muchísimos problemas.

Se formó un nudo en su garganta, la había dejado sin habla. En otra situación, sería gracioso esto. En esta, no. Eran tan ciertas aquellas palabras que todo lo conversado con Zeta se había esfumado entre sus dedos. Nunca escaparía de la magia, ni de sus persecutores. ¿Cuánto más debía pasar para que se rindiese y viese que no había un futuro “normal” para los de su clase?

Y es que ella, ya lo sabía. Solo quería esconderse en falsas ilusiones que su mente maquinaba para no caer del todo. ¿Por qué tenía que ser así?

Sus orbes se humedecieron mientras boqueaba como un pez, intentando hilar alguna oración que nunca llegó a su lengua.

Un riesgo muy innecesario y muy grande.

Si de algo pecaba Joahnne era de altruista. No quería arruinar la vida de otra persona solo por el hecho de haberse entrometido en su camino. Zeta. No pasó desapercibida ante el pensamiento la chica que soñaba con vivir de la música. No, no se dispondría a ser egoísta. Mucho  menos si perjudicaba a alguien que tenía sueños y estos se les fuesen arrebatados, como le ocurrió a ella en su momento.

Gente como tú.

Sonrió tristemente. Era todo una absoluta mierda. No había otra palabra para describir la situación que estaban viviendo los que desacataban las órdenes del gobierno de turno. ¿Cómo es que el mundo seguía en pie después de todo esto? ¿Después de tantas muertes, torturas y persecuciones? No lo sabía, no quería saberlo. Probablemente, la respuesta no le gustaría.

—Gracias Dexter. — agradeció sincera la ex pelirroja. Al menos eran recomendaciones y no estaría otro día repartiendo hojas que tirarían a la basura después de que abandonase el lugar. —No te preocupes, no le comentaré nada. No es un secreto que me pertenezca. — murmuró poniéndose de acuerdo con su pedido pero por dentro estaba espantada de que no le mencionase sobre ello. ¿Qué ocurriría cuando descubriesen que él formaba parte de la Orden? La integridad de Zeta se vería comprometida en un abrir de ojos. Mínimamente, debía conocer que existía un peligro eminente acercándose.

Se acercó al pomo de la puerta. Lo acarició antes de abrir. Quería voltearse y preguntar un millón de cosas pero eso no serviría de nada. Por una parte, estaba agradecida de que todas sus amistades se vieron distantes desde la universidad. Geraldine era la única con la que establecía contacto, un poco esporádico pero lo suficiente para saber que todo seguía igual.
Joahnne Herondale
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Zdravka E. Ovsianikova el Miér Mayo 08, 2019 4:08 am

Dexter se sintió fatal al ver la reacción de la chica a todo lo que le decía: ¿de verdad que se iba a poner tan triste? Pensó que siento totalmente sincero probablemente el ‘daño’ sería menor. Es decir: es mejor decirle que no la aceptaban por su condición de fugitiva que decirle que la mandaban a la mierda porque tenía un currículum horrible, ¿no? Dexter no sabía lidiar muy bien con esas cosas porque él tenía las cosas muy bien cuadriculadas: su tienda era para los muggles y la trastienda para los fugitivos, ¿pero una fugitiva pidiéndole trabajo? Era la primera vez que se daba y la verdad no sabía si lo estaba haciendo bien.

—Gracias —le respondió el mago cuando Joahnne pareció entender el no decirle nada a Zeta.

Por norma general nadie compartía la mentira de Dexter, pero como Zeta estaba con Dexter, nadie se entrometía en esa mentira. El mago no era mala persona, o eso quería pensar, pero una cosa estaba clara: estaba actuando fatal con respecto a la muggle. Sin embargo, debía de ser él quién tomase la decisión de decirle la verdad y nadie más.

Cuando Joahnne se quedó en la puerta, sujetando el pomo, Dexter suspiró.

—¿Estás bien? —le preguntó entonces, rascándose la nuca un poco perdido con la situación. —Sé que es feo lo que te estoy diciendo, pero supongo que me entiendes. No puedo arriesgarme así.

¡Se sentía hasta mal diciéndole todo esto! Se acercó a ella por la espalda, poniendo una de sus manos en su hombro como apoyo. Dexter entendía la situación de los fugitivos, por lo que no dudó en ofrecerle de nuevo una mano amiga por si no tenía ni idea de toda la ayuda que había ahí fuera, escondida, para personas como ellas.

—No estás en el refugio de la Orden del Fénix, ¿no? No me suena haberte visto, pero también es verdad que voy un poco cegado cuando voy allí —le dijo a la chica. —¿Estás bien? Independientemente del trabajo, ¿tienes un lugar en donde dormir? Porque si no tienes, con eso si puedo ayudarte. ¿O tienes qué comer? También puedo ayudarte con eso. —Trabajaba en una tienda de comida, después de todo. —Sé que he sonado como un capullo, pero… es todo lo que puedo hacer por ti.


***

Cuando Dexter y Joahnne salieron de la trastienda, ya Zeta había colocado todas las latas de guisantes en su sitio. La cara de ambos hablaba por sí sola, por lo que la muggle asumió que le había rechazado de manera menos cruel ahí dentro, dándole una explicación lógica que luego iba a tener que darle a Zeta. Probablemente justo antes de discutir porque Dexter sacaría a la luz el hecho de que Zeta se estaba pensando irse de la tienda sin decirle nada y luego comenzarían a discutir. Ya Zeta lo sabía.

Discutir, qué pereza.

Dexter se separó de Joahnne, habiéndole dado previamente un número de contacto por si necesitaba cualquier cosa. Antes de que el mago volviese a la trastienda, miró a Zeta.

—No me pongas muy verde —le pidió a Zeta, sabiendo que lo haría. Zeta le contestó sacándole la lengua.

Cuando Dexter se fue, Zeta se quedó frente a Joahnne.

—Lo siento —le dijo Zeta, acercándose a ella. —No sé qué le pasa últimamente, ni tampoco por qué no quiere a otra persona para ayudar. Pensé que se lo pensaría. Siento haberte dado falsas ilusiones.
Zdravka E. Ovsianikova
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Joahnne Herondale el Jue Mayo 16, 2019 8:41 pm

—Lo entiendo— suspiró. — Simplemente tenía la idea de comenzar de nuevo. — comenzó a explicar con cierta distorsión en la voz causada por la decepción. — Sin magia, sin nada. Estaba dispuesta a sacrificar lo que muchos anhelan con tal de no tener una varita apuntándome al pecho todos los días. — era un sueño un tanto descabellado porque nunca perdería de vista a los tipos que seguían sosteniendo carteles que describían cuánto valía su cabeza. Quería, realmente, desligarse de todas esas cosas esperando así poder vivir una vida. Antes de entrar a Hogwarts había vivido una bonita infancia, no se había sentido menos por ser “mundana”. ¿No podría lograrlo a esta altura? Lo dudaba, con esto sus pobres esperanzas se habían visto rotas. —Un poco ilusa, ¿no? — sonrió angustiada, el brillo no había llegado a sus orbes.

Una mano pesada cayó en su hombro, le reconfortaba que no fuese esa clase de persona indiferente ante el sufrimiento ajeno. Sintió crisparse al escuchar de parte de él la mención de la Orden del Fénix. Tenía sentimientos encontrados con dicha orden, bastante problemas internos, claro. Exhaló el aire que no había pensado que contenía. —Sí, actualmente estoy en el refugio. — si bien era habladora, no tenía la suficiente confianza con Dexter como para descargarse. Le era innecesario que se enterase como de vivir en un departamento terminó en un refugio por haber sido encontrada en un intento de entrar a una clase de baile árabe. Joahnne desde su fuero interno anhelaba que dentro de unos cuantos años eso sea una anécdota graciosa. —No te preocupes, haces demasiado por nosotros. — recalcó dando a entender que el “nosotros” era una simple referencia a los fugitivos. —Gracias por todo. — más calma agradeció.

Y ahí, giró el pomo de la puerta así salir de aquel lugar. Rápido se encontró con la mirada de Zeta, regalándole una sonrisa reconfortante. Dexter volvió a llamarla entregándole un número de contacto por si algo ocurría o necesitaba una mano. — Realmente, gracias. — porque tranquilamente podría haberle dado una patada en el trasero sin explicar nada y hasta luego pelirroja (ex pelirroja).

Lo único que le hacía ruido es el hecho de que Zeta no estuviese enterada de la magia. Tal vez, su postura de no querer vivir en la ignorancia estaba ligada a las mentiras que sus padres (tíos) le habían sostenido por tanto tiempo. Claro, no existían comparaciones exactas. La fémina podría tomárselo como un engaño en toda norma o exigir una tarde completa para que él hiciese su gracia. Joahnne no la conocía como para suponer tales cuestiones. Pero sí que había algo que la inquietaba, si se enterasen de esta tienda y sus fines ocultos poco tardarían en tomar represalias. Podría volverse un campo de batalla como el salón de baile que tuvo Saoirse. Zeta correría riesgo de estar en el lugar y momento equivocado.

Negó con la cabeza, era demasiado y había una vocecita que le exigía no meterse en asuntos ajenos. Dexter tenía sus razones y las respetaría, no era nadie para incomodar el presente.

—No te preocupes, Zeta. — dijo Joahnne. —Estoy lo suficientemente cansada como para reaccionar del todo que me rechazaron. ¡Ojo! No quita que pueda recrear toda una escena dramática con sollozos e insultos. — sonrió con gracia. — No, la verdad es que es entendible. — se encogió de hombros intentando huir del tema, no era su asunto, repitió. — Además, me recomendó ciertos lugares que parecen estar buscando empleados así que aún no bajo los brazos. — pronunció. —Muchas gracias Zeta, de todas formas. Había entrado a la tienda más allá de lo desesperanzada y pudiste hacerme ver que no todo era el fin. Sé que suena un tanto extremista o adolescente. —rodeó los ojos. Sí, sonaba como una niña. — Pero, no he tenido una buena semana como para pasar por alto tantas acumulaciones de rechazos. — dibujó una mueca en su rostro.

Quería bufar, irse a la cama y dormir hasta el día siguiente. En algunas ocasiones creía ensanchar sus problemas, en otros los resolvía en un abrir y cerrar de ojos. Podría decir que había madurado en muchas cuestiones pero en otras pecaba de ingenuidad o ignorancia. Estaba harta de todo eso. ¿Tan difícil era ser una adulta? ¿Tan difícil era conseguir empleo? ¿Cómo es que lo pintaban tan sencillo?
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