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Taki Taki Las Vegas |Priv. Dante Fiore

Joahnne Herondale el Vie Mar 01, 2019 5:42 am


Este viaje no estaba siendo ni un ápice de coherente, no para la vida que estaba llevando. O la que, esos tipos poco cuerdos, provocaron que llevase. No mentiría, no se engañaría a ella misma diciendo que estaba en sus mejores momentos en aquel entonces y que se arrepentía de haber colaborado a que un inocente huyese de sus garras. Volvería a tomar la misma decisión, una y otra vez aunque eso modificase su actualidad. Era la única de la cual se sentía orgullosa. Las demás eran poco significantes en comparación. Uno siempre puede hacerse llamar un león y vitorear en un partido de Quidditch defendiendo a su casa, hasta participar de un torneo donde el premio sea seguir vivo, uno consciente. Pero pocos rugen como uno, otros eran gatos atemorizados hasta que se detienen frente a un espejo y descubren lo que les falta para alcanzar ese nivel de superación, de determinación. Tenía la sensación que en ese punto, dejando detrás su libertad y su comodidad, había sido la leona que siempre quiso ser. Sin embargo, ahora volvía a ser de esos pequeños felinos que maúllan fuera del edificio donde vivía.

La pelirroja que seguía cubriendo el moretón de una de sus piernas con base de maquillaje a horas tardías, siguió deambulando entre pensamientos. Ciertamente, la Orden había forjado en ella un ideal que poco a poco se había esfumado en un abrir y cerrar de ojos por temor a perder su vida, siendo una cobarde. Algo que había jurado a gritos que nunca sería. Encerrada entre libros, rutinas, obligaciones excesivas se había escondido como un ratón para no admitir que se detestaba y que no quería un futuro de ese modo. Suspiró cuando la esponja se deslizaba por la mancha morada verdosa que descansaba por debajo de la rodilla, al adentrarse en el aeropuerto –antes de siquiera tomar el taxi hasta el hotel- había hecho un escándalo con su valija, todo para llegar a los baños. Esa divina marca era un recordatorio sobre su vejiga pequeña. Podría dejarlo pasar e ir de fiesta, con esas personas nuevas que eran más que amistosas, pero el capturar más de una mirada la había hecho pasar por un momento incómodo el cual no quería volver a presenciar.  

Se acomodó en aquella posición: sentada en la cama con las piernas flexionadas casi tocando su pecho que subía y bajaba con tranquilas respiraciones. A los segundos, se recostó en una de las almohadas aliviándose por lo esponjosas que podían ser. —Debería de llamar a mis padres para avisarles que sigo viva y en Las Vegas. — comentó sarcástica. —Hasta podría hacerlos enloquecer diciendo que me casaré con el primer hombre que se me cruce…— chasqueó su lengua con hastío. Ni siquiera podía reírse. —Debería de hablarles. — concordó.

No estaba dispuesta a desaprovechar la experiencia de merodear por Las Vegas cuando las luces se encendían y comenzaba el show. Menos que menos inhibirse quedándose en un taburete de discoteca siendo espectadora de los demás.

Tenía unos cuantos vestidos para la ocasión, si no se equivocaba la rubia con la que fue amiga de vómito, un mes atrás, habló sobre ir a uno de esos casinos de renombre. Rímel por aquí, labial por allá. La comisura de sus labios se ladearon componiendo una sonrisa, el reflejo era alucinante. Sexy, poderosa, orgullosa. Un vestido negro, con botones decorativos pero que debajo de estos se abría la tela permitiendo una vista de sus piernas blancuzcas aunque contorneadas. El escote también era un escándalo, si se descuidaba enseñaría más de lo que estaba dispuesta.

Dejando la habitación se encaminó a la que su amiga compartía con el otro rubio que la hizo suspirar al recobrar la cordura luego de esa fiesta en abril, tocó dos veces y no hubo respuesta. Otra vez más. Nada. Una tercer intento. Silencio absoluto.

Debía consultar a alguien. Freya no era Miss Simpatía, al menos no con ella pero no perdería nada preguntando. Esperaba que ella tampoco se hubiese ido. Con dos toques en la puerta, esta se abrió mientras daba a conocer a una castaña con una cara de querer mutilar lentamente a medio continente. — ¿Te encuentras bien? — indagó la pelirroja que escaneaba disimuladamente la apariencia desastrosa, la misma mujer que altivamente la ignoraba. Por sorpresa de todos, negó con la cabeza dejándola pasar mientras una pregunta salía disparada de sus labios “¿Qué haces así vestida?” y no quería juzgar pero ella debería ser la de las preguntas. ¿Cómo es que andaba en pijama –hay que admitir que era bonito- a esta hora en la ciudad del pecado? —Será porque saldremos de fiesta ¿No? ¿No era hoy? — dudosa sin moverse más de lo permitido. No llegó una negativa y se había pegado en la frente mentalmente al recordar que en todo el día Freya se había rehusado a compartir desayuno, almuerzo o excursiones con el grupo alegando que no se encontraba del todo bien. — ¿Te sientes mejor? — O era de pocas palabras o la detestaba, apostaba por la segunda porque un gruñido y un “no” se lo confirmaron con creces. — ¿Quieres que llame a alguien? ¿A alguno de los chicos? ¿Al guía? ¿A un chico guapo? — bromeó aunque su mal humor estimuló que una mueca se plasmara en su rostro. —Enviaré un mensaje. — no pasó desapercibido el balbuceo  “Tampoco me cuentes tu vida” pero lo ignoraría. ¡Si es que hasta se preocupaba por su salud!

Minutos más tarde, la joven de nombre nórdico yacía recostada mientras Joahnne suspiraba desde el baño al tiempo que se cambiaba de vestimenta. Parecía que los dos rubios habían decidido irse, ellos solos sin avisar a nadie. No era de extrañar, no permanecerían todo el viaje unidos haciendo lo mismo aunque no le hubiese molestado que le avisasen. —Para tu preocupación altruista, Dante vendrá a verme nuevamente. Antes de que empieces con comentarios de mojigata quiero aclarar que es por mi salud. Puede que me haya intoxicado con algo que comí ayer. — No la estaba tratando como una peste. ¡Un progreso! —Vale, a mi preocupación altruista, como la llamas, está más tranquila

***

La pelirroja bufó liberando todos los sentimientos negativos que llevaba encima. Fulminó con la mirada a la castaña que la observaba con burla, jadeó al ver su siguiente gesto. —Eres una tramposa, así no se juega. ¡Quiero ver dónde está escrita esa regla! — se quejó mientras intentaba buscar en la caja el dichoso papelito donde daba indicaciones, precauciones y demás del juego. Estaban jugando al Uno. Dante se había sumado al instante. Siendo Joahnne alguien que no le gustaba salir sola, terminó lanzando una idea un tanto casual pero tranquila, considerando el estado de malestar de Freya. Un juego de cartas aunque se sorprendieron que el guía, el cual no parecía tener otro objetivo más que estar disponible para ellos, fuese quién les entregase un mazo. No cualquiera, sino del Uno. — ¡Dante di algo! — vociferó.
Joahnne Herondale
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Dante Fiore el Vie Mar 08, 2019 10:50 pm

Dante siempre se había imaginado en un maravilloso viaje a Las Vegas, no iba a mentir, desde muy joven, siempre había sentido la necesidad de visitar la ciudad del pecado, sin embargo, este viaje no era para nada lo que él siempre se había esperado. ¿Viajar a Las Vegas con desconocidos? Ese nunca fue su plan.

Vale, que si conocía a varias personas. A Laith, por ejemplo, ya sus ojos se habían acostumbrado desde hace más de un año, al verlo a diario en los pasillos de San Mungo, y en las últimas semanas, aquel contacto entre ellos se había vuelto un poco más frecuente. Ryan, en su lugar, era casi un desconocido. Vale, admitía que habían follado ya, pero no le conocía más que de dos noches que habían pasado juntos, y aquella vez en la que lo vió durante la fiesta de primavera. También estaba Freya, la peculiar mujer que había conocido en las urgencias de San Mungo, cuando llegó con alguien parecido a un aminovio porque éste había tenido un contratiempo con su pene, fuera de ahí, no habían mantenido mucho contacto, únicamente cuando Dante se preocupaba por el desarrollo de Erik, se comunicaba con ellos, y siempre acababa teniendo una corta pero trivial charla con la morena. También habían dos personas totalmente desconocidas, una rubia que parecía haber llegado con Ryan, y por lo que entendía eran marido y mujer o al menos simulaban serlo, y una pelirroja graciosa que estaba tan emocionada de estar en Las Vegas que llegando se clavó el primer golpe. Un grupo bastante peculiar, al menos para sus gustos.

No podía quejarse. Su estadía en Las Vegas había sido muy divertida, había pasado muy buenos momentos con los dos otros hombres de la aventura, conoció a las dos mujeres que vió por primera vez al llegar, y se había acercado un poco más a Freya, quien, por lo que pudo notar, era una persona vulnerable que intentaba mantener un aspecto de mujer ruda e inquebrantable. No con Dante, porque si había algo difícil, por no decir imposible, era mentirle a un sanador con su experiencia, tanto en la vida como en el trabajo.

La mujer de cabello castaño había solicitado su presencia aquella noche en su pieza, por presuntos problemas de salud en los cuales no había hecho énfasis, y había omitido en su totalidad los detalles. El italiano, a pesar de no estar trabajando, era medimago de profesión y vocación, y no podía negarse a aquella clara petición de ayuda, no cuando se trataba de la salud de una persona, en especial, sabiendo que no era una desconocida.

•  •  •  •

Los dedos índice y pulgar de su mano izquierda acariciaban ligeramente los vellos de su barba, mientras que, con su mano derecha, sostenía sus armas para la guerra, sus cartas de UNO. Todos sabían lo profesional que podía ser Dante la mayor parte del tiempo, un hombre bastante sabio para su edad, y muy enfocado, sin embargo, si querías que dejara todo lo que estaba haciendo para que se entretenga unos minutos, solo bastaba sacar un juego de mesa de cualquier índole, y ya sus ojos se iban a clavar sobre él, y su mente iba a empezar a maquinar un sinfín de estrategias para que el competitivo sanador de haga con la victoria, como casi siempre solía ocurrir. Detestaba perder, e incluso consideraba que era un mal perdedor, porque jamás asumía la derrota por completo, y siempre intentaba ir a por una revancha antes que quedar humillado y derrotado.

La visita a la pieza de Freya se acabó convirtiendo en una noche de juegos de mesa entre ellos dos y la cómica pelirroja, quien parecía desconocer completamente las normativas del juego, y encima, hacer berrinche porque la castaña hacia una buena jugada.

Dante puso su puño cerrado justo frente a sus labios y carraspeó ligeramente antes de volver a su posición anterior y hablar — En la parte inferior izquierda de la caja hay un pequeño normativo plegable de color blanco. Lee la regla número 7, lo que ella hizo es correcto, e igual, no creo que ninguna de las dos se deba preocupar, si de igual manera ganaré yo — Este último comentario, vino acompañado de una sonrisa traviesa y cierto aire de superioridad, aunque no fuese más que un pequeño chiste para ver a las mujeres ponerse a la defensiva, y comenzar a llevar mejores estrategias en el juego para intentar que Dante no se llevara la victoria.

Vamos, Joahnne, continúa tú turno, así acabamos de una vez — Asintió de forma leve con la cabeza, dirigiendo sus palabras hacia la pelirroja, quien aún hacía puchero al enterarse que había hecho un berrinche en vano, porque después de todo, su comentario no había sido nada certero. El hombre elevó su mirada directamente hacia el rostro de Freya. Podía ver que tenía ojeras y los ojos un tanto inflamados, o no había dormido nada, o había pasado un buen rato llorando, o una bastante común combinación entre ambas. No era demasiado agradable para él ver a aquella mujer en ese estado, quien siempre solía mantener un fuerte aire de superioridad ante los demás, hacer comentarios sarcásticos y/o graciosos, con esos penetrantes ojos que te miraban tan agradablemente o de manera tan cruel, siempre dependiendo de la ocasión y de la persona — Freya, y luego de esto a lo que vinimos, no quiero muchos rodeos, ¿vale? — Comentó, con un tono de voz firme y claro, si creía que le había invitado aquella noche por su salud y luego le iba a evadir el tema, estaba completamente errada.
Dante Fiore
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