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Down to a pile of ashes {Harper et Fayette}

Fayette Holmes el Mar Mar 05, 2019 12:38 am

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Viernes 8 de marzo, 2019 || Caldero Chorreante, Callejón Diagón || 20:53 horas || [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

Fayette llevaba sentada en uno de los taburetes, ante la barra de la taberna mágica, cerca de diez minutos, con una bebida ante ella que todavía no había probado: podía parecer algún tipo de bebida alcohólica exótica, tal y cómo había sido engalanado el vaso, pero no era más que agua con hielo y limón.

Fayette no bebía alcohol. Nunca. Lo aborrecía.

¿Por qué llevaba tanto tiempo allí, esperando? Sencillamente porque era fiel a su puntualidad: prefería llegar diez minutos antes que dos después. De hecho, ni siquiera le gustaba llegar justo a la hora acordada. La educación que había recibido en su infancia la había marcado mucho, igual que muchas otras vivencias.

Mientras revisaba su cuaderno de notas—siempre lo llevaba consigo, en su bolso—, sintió el impulso de llevarse las uñas de la mano izquierda al antebrazo derecho y rascarse allí, donde escondía las cicatrices que se había causado en su adolescencia. Logró reprimirlo, haciendo acopio de toda la rectitud que había acumulado con los años, depositando la mano sobre la barra, junto al cuaderno.

¿Y qué clase de anotaciones tenía ante sus ojos? Principalmente, los apuntes de sus investigaciones personales con plantas e ingredientes. Porque sí: Fayette, tanto como disfrutaba haciendo gritar a sus víctimas en el potro de tortura y a los hombres atados a su cama, disfrutaba del cuidado de las plantas.

Y se le daba sorprendentemente bien.

Su último experimento tenía que ver con mandrágoras: las exponía a distintos estímulos externos, así como a distinto tipo de suelo y sistema de riego, consiguiendo resultados de lo más interesantes que, muy posiblemente, aburrirían a cualquiera que leyera aquel pequeño diario.

Un diario hecho con esmero, cabía señalar: incluso se había preocupado de realizar ella misma, de su propia pluma y tintero, esquemas y dibujos de las plantas con las que trabajaba. Se sentía particularmente orgullosa de ello.

Consultó su reloj de pulsera, no con impaciencia. No todavía, al menos, pues comprobó que faltaban aún siete minutos para las nueve. Este gesto no pasó desapercibido a uno de los clientes, sentado muy cerca de ella y agarrado a su jarra de cerveza como un náufrago a un pedazo de madera que lo mantiene a flote.

—¿Te han dado plantón, guapa?—Preguntó el susodicho, al cuál Fayette no había prestado atención hasta ese momento.

—Realmente, no.—Respondió con suavidad, alzando la mirada de sus apuntes, y fijándose por primera vez en el joven: alto, moreno, piel aceitunada… No le costó imaginárselo atado a su cama, y quizás se lo hubiera propuesto de no ser porque tenía una cita con una amistad.—Me he citado con una amiga, pero he llegado pronto.—Sus palabras tenían un ligero deje del acento francés, lo cual, según algunos, le confería un toque sensual a su voz.

—¿Ah, sí? Bueno… si tu amiga no aparece, quizás pueda invitarte a una copa.—Sugirió el chico, alzando ligeramente una de sus cejas.

Peut-être...—Respondió ella con una enigmática sonrisa, devolviendo entonces la atención a su cuaderno. Sabía que dicha invitación no tendría lugar esa noche: Harper Jones nunca había fallado a una cita con ella, y en cierto modo la tenía en alta estima.
Fayette Holmes
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Harper Jones el Mar Mar 19, 2019 1:53 am


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Sin importar que la noche anterior se hubiera ido de fiesta o haya estado hasta altas horas estudiando y repasando sus apuntes, Harper Jones se levantaba sólo un par de horas más tarde de que el sol hiciera su acto de aparición. Tenía como una especie de alarma personal, que sin importar nada ni nadie, hacía que sus ojos se abrieran, y que a diferencia de la mayoría de las personas, ella agradece ser una especie de despertador humano, ya que así puede aprovechar bien su día.

Además, el ritual de las mañanas de la maga era muy particular, llevaba horas en que: relajadamente nadaba en su piscina y de paso entrenaba su cuerpo, luego se bañaba para luego escoger minuciosamente el vestuario o vestuarios que ocuparía aquel día, se maquillaba dependiendo de la ocasión, para terminar tomando su desayuno que se encontraba pulcramente situado en la mesa, y donde si no se encontraba alguno de sus familiares, se disponía a leer libros de gusto personal.

Ya en la Universidad empezaba el caos, que cabe destacar, pese a la extensa carga horaria que ella de manera personal se puso encima, haciendo maniobras y calculando exactamente todos sus asignaturas, lograba ordenarlo y llevarlo de buena manera. Hoy, por ejemplo, había tenido que rendir dos exámenes más una presentación. Y cuando el día universitario llegó a su fin,  se sentía exhausta, y no por los nervios o cansancio acumulado de todos los días que llevaba estudiando, eso jamás, ya que la maga amaba estudiar y exponer sobre una de las cosas que más le apasionaba en el mundo. Lo que le agotaba y hasta le hacía levemente enojar, era el poco oficio y trabajo que ponían sus compañeros en sus exposiciones. Que en su opinión eran en su mayoría, mediocres, como para sacar el paso, en vez de ser una real aporte.

Pero el enojo se le fue rápidamente cuando al salir recordó que más tarde se juntaría con una amiga de infancia, muy cercanas en su paso en Hogwarts, y que ahora, años después sus caminos volvieron a reunirse en Londres. Por lo que dejando todo su día atrás, se preparó para dicho encuentro. Y repitiendo el mismo ritual de su mañana, cambiando sólo el desayuno por una merienda salió de su casa rumbo al Caldero Chorreante.

Al llegar al local, la castaña observó por los ventanales la pelirroja cabellera de la maga y sonrió de lado. Sonrisa que no permaneció por mucho tiempo al ver al segundo, como un hombre se le acercaba a la maga y sin tener necesidad de escucharlo, sabía que sus palabras estaban siendo melosas mientras que con su mirada se comía a su amiga. Ver aquella imagen le hizo rodear los ojos y resoplar, sintiendo impotencia al pensar de que jamás una mujer  podía estar tranquila en una barra sin que una gilipollas viniera a contarle historias repetidas y melosas.

Al entrar caminó a paso seguro hacia donde se encontraba Fayette, y cuando estuvo a punto de llegar movió su varita para luego guardarla rápidamente, haciendo que la silla en que se encontraba sentado aquel hombre se tambalease y por poco lo hiciese caer de bruces al suelo si no fuese porque se aferró a la tarima.

Y Harper por su  puesto puso rostro de sorprendida al llegar a su lado.— Oh, ¿Estas bien? — preguntó con falso interés, ladeando su cabeza para mirar el rostro del mago, y sin esperar, ni importarle su respuesta,  en un rápido movimiento le arrebató su puesto y se sentó al lado de la pelirroja, para inspeccionarla de piez a cabeza terminando con una sonrisa en sus labios.— Tú, como siempre, guapísima.— le dijo, para luego saludarla dándole un beso en cada mejilla.— ¿Vamos por una mesa?.— le preguntó bajandose de la silla, e invitando a la pelirroja seguirle los pasos hacia una mesa libre del local.— Así podemos hablar más tranquilamente...— le dedicó una mirada de reojo al mago para enseguida volver a depositarla en los claros ojos de Holmes.  

Caminó en dirección a una mesa que se encontraba en un rincón, bien iluminada, con las mesas libres a su alrededor, y lo más importante, limpia y dispuesta para ser usada. Se sentó, dejó su cartera colgada en uno de los respaldos de su silla, miró alrededor y buscó entre la gente algún camarero, cuando lo pilló le hizo una señal con su mano para que viniera.— ¿Y cómo ha estado tu día, eh?.— le preguntó mientras esperaba que tomaran su pedido.
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Fayette Holmes el Vie Mar 22, 2019 1:06 am

No podría decirse que Fayette Holmes rechazó los insistentes intentos de cortejo por parte del mago. A fin de cuentas, no sería la primera vez que una noche de pura diversión a su estilo empezaba de aquella manera, con un desconocido medio borracho en un bar.

Pocos se esperaban que algo tan angelical, algo de aspecto tan delicado como lo era la francesa, terminase siendo lo que era de verdad: una criatura depravada que pocos o ningún límite tenía en lo que a sexo y dolor se refería. Y no solía hacer distinciones a la hora de mantener relaciones sexuales: lo mismo podía practicar sexo con un sangre sucia que con el más orgulloso purista.

Por supuesto, el primero tendría un trato mucho menos delicado… y seguramente no saldría con vida del encuentro.

Así que aquella viuda negra disfrazada de inocente universitaria estaba allí, fingiendo prestar atención a sus notas y sonriendo de manera coqueta a los comentarios poco discretos de aquel mago, cuando éste sufrió un extraño percance: le estaba contando lo atareado que estaba con su trabajo en el Departamento de Cooperación Mágica Internacionel, Fayette fingiendo que le interesaba, cuando su taburete aparentemente se desplazó por sí solo.

A consecuencia, el hombre estuvo a punto de caer al suelo. Logró mantener el equilibrio aferrándose a la barra con ambas manos, derramando en el proceso su copa por encima del elegante traje que llevaba.

Fayette se sorprendió un poco por esto, pero en el momento en que Harper Jones hizo acto de presencia, supo lo que ocurría: el temperamento de la morena no le era desconocido, y no se andaba con medias tintas.

Otra noche será, pensó cuando la bruja se sentó en el taburete que le robó, descaradamente, a su apuesto príncipe de taberna.

—Siempre es un placer verte, Harper.—La saludó con suavidad en el momento en que la morena elogió su aspecto.—Tú también eres todo un deleite para la vista.—Añadió, mirándola de arriba abajo.

Fayette no se sentía atraída en absoluto por las mujeres, pero sabía reconocer la belleza y el atractivo en una cuando la veía. Y más si era de las pocas amigas que tenía en el mundo, un bien escaso que no valoraba tanto como debería.

Asintió con la cabeza cuando su amiga le sugirió ocupar una de las mesas. Enseguida cerró su cuaderno de notas y tomó la bebida en la mano libre, dirigiéndose a la mesa que Harper había escogido. No sin antes dedicarle un guiño discreto al mago que había estado intentando cortejarla, y que en esos momentos utilizaba su varita para secar su empapado traje. Un traje que, cabía señalar, le favorecía mucho.

Fayette escogió el asiento que se encontraba directamente enfrente de Harper, dejando sobre la mesa el vaso y el diario con tapas de cuero.

—No ha sido un mal día.—Respondió a la pregunta de la morena con su suave voz salpicada de ese acento francés tan agradable al oído.—He estado trabajando en unos cultivos de hierbas, que progresan según lo esperado. A este paso, no me costará hacerme con el puesto de profesora de Herbología que ansío.—No solía ser vanidosa, pero estaba bastante segura de que la Herbología se le daba de maravilla. Y tenía la mirada puesta en Hogwarts.—¿Y cómo te encuentras tú, mon amie? Me atrevería a decir que tu humor no es el mejor, a juzgar por el percance que ha sufrido ese caballero.

Dibujó una sonrisa en su rostro, formulando lo que en su lenguaje era una broma. Esperaba que Harper pudiera entenderla por lo que era, pues una cosa estaba clara: Fayette Holmes no era precisamente la mujer más dada a bromear. Su sentido del humor, de hecho… era un tanto retorcido y sólo se ponía de manifiesto cuando torturaba a una víctima.

Entonces, se volvía sumamente divertida.
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Harper Jones el Miér Abr 17, 2019 4:52 pm

Harper no era de mucho amigos, pero si muchos conocidos, y de esas personas a muy pocas les entregaba su lealtad. Pero eso ocurría principalmente por su crianza, ya que desde pequeña le enseñaron que su incondicionalidad solo debía estar con los de su familia, los demás todo eran reemplazables en su mundo. Es por eso que cuando murió su abuelo sintió que un gran pedestal se cayó a pedazos, y aún no encuentra a la persona que llene ese gran vacío que le quedó. Aún así, había gente que la castaña le tenía un cariño particular, y muy buena estima, una de esas personas eran Fayette Holmes. Una chica que conoció en sus años en Slytherin y que pese a no haber estado mucho en aquella escuela habían forjado un bonito lazo entre las dos que perduró pese al tiempo y la distancia.

Su día no había estado del todo bueno, sus compañeros de carrera cada día la hacían enojar más y tenía que respirar muchas veces durante el día para no terminar haciendo explotar la sala con todos adentro. Y fue allí que la pelirroja cobró protagonismo, convirtiéndose en la motivación del día, ya que pese a que su día hasta el momento había sido una mierda algo le decía que al encontrarse con Fayette las cosas cambiarían para mejor. Es por eso que cuando llegó al Caldero y observó que un mago se encontraba a su lado claramente filtrando con ella, no lo pensó dos veces y de un movimiento de varita lo sacó del camino, es que ella no quería tener mosquitos revoloteando alrededor de su amiga, la quería para ella solita. Sí, era una egoísta con la gente que estima y lo reconocía abiertamente.

Sonrió coquetamente de lado al escuchar las palabras de la pelirroja.— Muchas gracias— respondió, de pequeñita también le enseñaron que siempre que ella reciba un elogio no debe cuestionarlo y rebatirlo, solo agradecerlo.

Fueron en busca de una mesa y Harper se instaló cómodamente para empezar la ronda de preguntas de rigor cuando te encuentras con alguien. La castaña sonrió al escucharla hablar, es que si había algo que le gustaba en el mundo a la universitaria era escuchar hablar apasionadamente de su carrera a alguien, y Fayette era una de esas personas, hasta le había hecho replantearse tomar un curso de herbología por la manera en que hablaba de ella. Era muy parecida a su abuela, de seguro ambas magas se llevarían de maravilla, pensó para sus adentros.— Me alegro, me hubiera encantado tener una profesora como tú en Hogwarts.— le comentó.— Aunque, debo confesar que jamás te imaginé rodeada de niños, más bien te veía investigando, escribiendo artículos, libros y yendo a conferencias. Bueno, uno no quita lo otro pero ¿estas segura que quieres enseñarle a niños en vez de universitarios?— preguntó curiosa, es que al menos ella imaginarse en una sala llena de magos que con suerte podían mantenerse callados le daba repelús.

Soltó una pequeña risita, y ladeó su cabeza a un lado juguetonamente.— Me encanta cuando me hablas en francés. Ahora que sé que te da lo de profesora ¿me enseñarías ese idioma? Es que lo encuentro fascinante. Y sé que viene muy de cerca la recomendación, pero todos mis profesores dicen que soy una muy buena alumna.— le comentó sonriente.— Y mi día...— arrugó su nariz y puso una mueca en su boca.— ...ahora está mejorando considerablemente.— le dijo mirándola con una media sonrisa.— Y ¿qué quieres que te diga? No te veo hace mucho, te quiero solo para mí, no con mosquitos babosos alrededor.— le confesó con toda la normalidad del mundo, encogiéndose de hombros.

En eso un camarero llegó a su mesa.— Bienvenidas.— les dijo el mago tendiendoles a ambas el menú del local. — Mi nombre es James, y seré su camarero el día de hoy. ¿Qué desean ordenar?— les preguntó el joven.

Harper miró el menú un par de minutos y elevó su mirada.— Me gustaría ordenar un jugo detox, y...— dió vueltas un par de páginas.—...una tabla vegetariana, por favor.—terminó por decir.

Desvió su mirada a Fayette.— Pide lo que quieres, yo invito.— le dijo guiñandole un ojo.
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Fayette Holmes el Sáb Abr 20, 2019 2:01 pm

Más de una vez, Fayette se había hecho aquella pregunta: ¿Realmente se veía a sí misma instruyendo a un aula entera llena de ingratos preadolescentes el noble arte de la herbología?

Y más de una ocasión, la idea la había asqueado profundamente: los niños, a sus ojos, no eran más que pequeñas ratas repugnantes sin ningún tipo de respeto hacia sus mayores, por no mencionar el poco interés que podían mostrar por una materia tan infravalorada como era el cuidado y la crianza de las plantas.

Sin embargo, las nuevas políticas en cuanto al trato que los profesores de Hogwarts tenían permitido dispensar a sus alumnos le encantaban: no había ningún tipo de problema a la hora de dispensar un castigo físico, o mágico, y siempre y cuando se contuviese y no redujese a aquellos críos a un montón de cenizas, las cosas irían bien. Acabarían aprendiendo a escuchar, por las buenas o por las malas.

—Desprecio profundamente a los niños, en eso te daré la razón.—Lo dijo como quien dice que no le gustan las acelgas hervidas para comer, añadiendo incluso una sonrisa casi cálida al final de sus palabras.—Y, ciertamente, los universitarios apreciarían bastante más mis dotes como profesora.—Al menos ellos habrían elegido la carrera por voluntad propia… en su mayoría.—Sin embargo, al mismo tiempo que enseño me gusta la idea de moldear esas jóvenes mentes a imagen y semejanza de los nuestros ideales. Ya sabes, ¿a quién le amarga la posibilidad de borrar una sonrisa de autosuficiencia del rostro de un adolescente creído?—Y dicho aquello, se acercó la bebida a los labios, celebrando su gran idea.

Fayette sonrió casi coqueta cuando Harper elogió su forma de hablar francés, y una vez más—una de tantas, a lo largo de los años—se dio cuenta de que, de tener inclinaciones sexuales que la llevasen a sentirse atraída por mujeres, Harper y ella habrían compartido algunos momentos muy intensos juntas. O al menos lo habría intentado.

Y sí, había intentado sentirse atraída por mujeres. Había tenido a alguna que otra fugitiva a su disposición en más de una ocasión, explorando sus cuerpos en un intento de dar con ese je ne se quoi que la llevase a hacer con ellas lo mismo que con los hombres… pero no, no estaba ahí. Lamentablemente.

De todas formas, aquello permitía a Fayette sentir genuino respeto y cariño por Harper. A sus ojos, los hombres no eran más que herramientas con distintos usos: placer, tortura, músculo, brindarle conocimientos en algunas ocasiones… Pero jamás había establecido con ellos una relación real.

—A ti, ma cherie, te enseñaría todo lo que quisieses. No tienes más que pedirlo.—Y le guiñó un ojo de manera cómplice. Con aquello no se refería únicamente a herbología, francés o demás cosas que se pueden aprender en escuelas: más bien, hacía referencia a todo aquello que su instructora y amiga, Fantine, le había enseñado.

Le sonrió de manera cómplice cuando mencionó al mosquito en cuestión, echando un vistazo de soslayo en dirección al taburete que ocupaba el susodicho en la barra. Su opinión de los hombres no era mucho mejor.

—¡Oh, no te preocupes por tipos como ese! Los hombres son todos iguales: se creen que con cuatro palabras, un buen empleo y un buen traje puede conseguir lo que quieran.—Volvió a mirar a Harper con una sonrisa mucho menos inocente de lo habitual.—Si en realidad supieran que quienes llevamos el timón de la situación somos nosotras, posiblemente no se sentirían tan satisfechos de sí mismos.—¿Y qué decir tenía lo que ocurría después, cuando uno de esos incautos acababa en la cama de Fayette? Muchos, desde luego, no se lo esperaban… y no estaban ansiosos porque sucediera, precisamente.

Y hablando de mosquitos, un camarero cuyo nombre era James llegó a la mesa y les preguntó qué querían tomar. Fayette tomó con desinterés la carta que le ofrecía, la revisó apenas unos segundos, y volvió a entregársela al camarero. Dejó entonces hablar a Harper, y después de la invitación de su amiga, dijo:

—Tomaré lo mismo que ella.—A lo que el camarero, tras asentir, se marchó por dónde había venido.—Gracias por la invitación, pero sabes que no es necesario, ¿verdad? Ventajas de entregar a los sucios traidores de mis tíos al gobierno: todas sus posesiones y sus fondos han pasado a ser míos.—Y es que ahí estaba la gran diferencia entre Harper y Fayette: mientras Harper amaba profundamente a su familia, Fayette no tenía respeto alguno por ella. A una parte la había liquidado por medio de fuego, y a la otra la había entregado al Ministerio. Sobraba decir que desconocía la existencia de su padre biológico, y que creía que el difunto Rufus Holmes era dicho padre.—¿Cómo te ha ido todo últimamente? ¿Alguna novedad interesante en tu vida?
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Harper Jones el Miér Jun 05, 2019 5:23 pm

Harper le sorprendió el hecho de que Fayette le dijera que quisiera ser profesora en Hogwarts, no por que dudase de sus capacidades, sino que el simple hecho de imaginarse a ella rodeada de niños le generaba un escalofrío que recorría toda su espina dorsal, y como siempre ha creído que entre ambas existían muchas más similitudes que diferencias, no podía aunque lo intentase imaginarse a la pelirroja teniendo que lidiar con aquello.

Una risita se escapó de su boca al escuchar sus palabras, dándose cuenta que sus reflexiones no eran tan erradas, y que efectivamente son en varios aspectos muy parecidas. Para la castaña le era muy agradable la sensación de reconocerse en otra persona, ya que muy pocas veces le sucedía, por no decir nunca. Arrugó la nariz divertida.— El poder que tiene una profesora es muy grande, es verdad. Además, mientras más pequeña es la persona,  su mente absorbe más intensamente y censurando mucho menos, no filtra solo absorbe.— reconoció admirada, ya que pensó que la idea de la pelirroja de instaurar los ideales desde la educación, por más que podía verse como el camino más largo, era para su gusto, la más asertiva.— Nunca dando una puntada sin hilo. Me encantas, Fayette Holmes.— terminó de decir divertida. Harper podía llegar a ser muy vanidosa y orgullosa, pero jamás se quedaba callada a la hora de halagar a personas que para su visión eran un aporte para la sociedad.

Y luego los oídos de la castaña agradecieron el escuchar el encantador sonido de una lengua ajena, un idioma desconocido que pese a no entender, posee una cadencia que al menos a Harper, le generaba una agradable sensación. Cabe señalar que la maga siempre ha tenido una especial fijación por los idiomas, y no tardó en hacérselo notar a la pelirroja, pidiéndole enseguida que se lo enseñase, para agregar uno nuevo a su colección.

—  Buenísimo, ahí coordinamos qué día nos reunimos.—  le dijo ofreciéndole una encantadora y por naturaleza coqueta sonrisa.—  ¿Te gusta nadar?—  le preguntó curiosa.—  En mi casa tenemos una piscina que se tempera mágicamente, y pese a encontrarse al aire libre contiene una barrera para aislar dependiendo del clima, o lo que uno quiera. Por si te animas, podemos estudiar y luego relajandonos allí.—  le invitó, al menos para ella era una propuesta muy tentadora.

—  Sé que no hay que darles importancia, pero a veces, dependiendo generalmente del humor de mi día, mi paciencia es mucho menor y me entran una ganas incontrolables de simplemente hacerlos a un lado, sacarles del tablero como...—  hizo una pausa para encontrar las palabras precisas.— ...los mosquitos que son.—  terminó por decir, haciendo el gesto con sus manos como si apartará una molestosa mosca. Harper, al igual que Fayette, no era de establecer relaciones sentimentales con las personas que mantenía una cierta "intimidad". Lo de ella era más bien ir saciando ciertas necesidades que a veces le surgían, pero ir más allá, era una terreno desconocido para la castaña, y para ser sincera tampoco le atraía mucho explorarlo. Y en ese sentir, los hombres más que las mujeres cuando están en plan ligon, a veces le resultaban más un  estorbo que atracción.

En eso llegó el camarero que la atendería aquel día a su mesa, Harper tenía claro su pedido y tras decirlo la pelirroja se le unió. Cuando el mago se marchó la castaña rió, no era mucho lo que sabía de la familia de Fayette, pero sí era consciente que todo lo que les ha pasado se lo merecían y con creces, y empatizar con la pelirroja era algo que a Harper jamás le ha costado.—  Sé que no es necesario, pero no nos veíamos hace tiempo. Dejate querer, Holmes.—  le dijo sonriente. Al escuchar su pregunta, se enderezó orgullosa, es que la universitaria estaba muy contenta de como está yendo su vida, y cómo sus anhelos van tomando forma cada vez más.—  Pues, los entrenamientos con Abigail van cada vez mejor, en la compañía de danza me han dado el rol protagónico para la última pieza (que se estrena en dos meses más, y que de paso estas cordialmente invitada), y  cada día que pasa amo más a mi carrera y me va mejor.—  le enumeró sonriente.—  La verdad es que estoy muy feliz, tiempo atrás cuando ví lo que se me venía por delante, admito que en un momento tuve miedo a no poder manejarlo, explotar y que mi cuerpo, que es mi herramienta más preciada, no lo soportara. Pero ahora, que los meses han pasado creo que lo llevó muy bien y todo lo que hago me llena mucho.—  comentó orgullosa de sus logros hasta el momento. —  ¡Oh! se me olvidó una cosa.—  exclamó súbitamente, pegando un saltito de la emoción.—  Hace un par de meses fuí a una conferencia de neurociencia mundial en Egipto, y allí logré generar contacto con Susana Bloch. Yo te he comentado que la amo, que es mi máximo referente ¿no? Bueno, si no lo he hecho, ella es lo máximo. Y bueno, desde allí nos hemos reunido una vez al mes, para conversar de sus estudios, comentarle mis reflexiones...realmente he aprendido mucho.—  le dijo, con mirada radiante.—  Así que debes andar con cuidado, pelirroja. Porque cada día que pasa aprendo a poder leer mentes más sigilosamente.—  le dijo entrecerrando sus ojos, moviendo sus cejas y con altiva sonrisa.
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Fayette Holmes el Dom Jun 09, 2019 2:42 am

La francesa había desarrollado en su vida una gran variedad de problemas psicológicos, cada uno tan curioso o más que el anterior, pero sin duda el más censurable era su desprecio por los infantes.

Si tratase de hacer un pequeño ejercicio de introspección, uno que no le requeriría más de un par de minutos, Fayette posiblemente acabaría descubriendo ahí, en su interior, escondido tras una puerta bien cerrada, el origen de dicho desprecio: su hijo no nato, el que compartía padre con ella misma. Aquel había sido uno de los mayores puntos de inflexión en su vida.

Las violaciones y los abusos de su padre, sin duda, tenían mucho que ver en lo retorcido de su personalidad, pero el aborto había sido ese momento en que algo, algo diminuto e importante, se había partido en su interior. Algo que jamás pondría recuperar, y que la había llevado al metódico plan para acabar con las vidas de sus padres y su hermano.

Había sido toda una delicia culminar su venganza, pero desde entonces, despreciaba todo lo que tenía que ver con los niños.

—Y mucho mayor es su poder si una organización no le pone límites.—Añadió con una sonrisa, sabiendo que Hogwarts, en la actualidad, era el patio de juegos privado de los mortífagos. Cualquiera podía satisfacer sus instintos más bajos dentro del colegio de magia.—Me reconforta pensar en la cantidad de pequeños psicópatas que están forjándose allí mismo en estos momentos...

Que Harper le pidiese clases de francés le parecía curioso. No porque su amiga se interesase en su lengua materna, sino porque nadie le había pedido nunca que le diese clases de ningún tipo.

No sería un problema, por supuesto: tenía a la morena en alta estima, y lo que ella le pidiese, lo tendría. Bueno, casi todo, pues si llegaba a pedirle algún tipo de ‘relación íntima’, Fayette dudaba que pudiese satisfacerla: no es que la idea le repugnase, sino más bien que no le producía la más mínima sensación, dejándola en una especie de estado de indiferencia emocional y sexual.

Y aquel estado de ánimo no era una buena señal para algo así.

—Debo confesar que no soy una gran nadadora. Mi elemento, más bien, es el fuego.—Y no precisamente para nadar en él, por mucho que en más de una ocasión hubiese fantaseado con la idea de que su vida terminase en medio de un vendaval de llamas abrasadoras que consumiese su carne e hiciese arder sus pulmones por dentro.—Quizás puedas enseñarme tú. ¿Te parece un trato justo?—Y le dedicó un guiño y una sonrisa.

Fayette otorgaba a los hombres un valor similar al de los objetos: tenían su utilidad para algunas cosas, por supuesto, pero más que eso, no les confería más importancia que la que daría a un cuchillo de cocina.

Adoraba utilizarlos para satisfacer sus placeres más perversos, y adoraba consumirlos poco a poco, hasta que suplicaban la muerte. Había tenido a muchos bajo su control hasta su último aliento, y jamás había sentido el más mínimo atisbo de piedad hacia ellos. De hecho, se emborrachaba en su sufrimiento, lo disfrutaba mucho más que cabalgar sobre ellos.

—Tú y yo, ma cherie, tendríamos que ‘sacar del tablero’ a algún que otro mosquito. Quizás debería llevarte conmigo de cacería en alguna ocasión.—Le dijo, inclinándose hacia ella y adoptando un tono mucho más confidencial. Una pérfida sonrisa, afilada como un cuchillo, se dibujó en sus labios.—Quizás debería mostrarte aquello que no conoces de mí. ¿Te gustaría pagar esa frustración que tienes hacia ellos de una manera directa?

Era lo más parecido a una proposición indecente que Fayette podía hacerle a Harper. Y bastante indecente era: si su amiga participaba con ella en sus juegos, vería una faceta de la pelirroja que, generalmente, nadie que presenciara vivía para contarlo. ¿Pudor? No sentía ni el más mínimo.

Un camarero se pasó por su mesa a tomarles la comanda, y Fayette lo recibió con tanta indiferencia que parecía que el joven no estaba presente. Sin apenas revisar la carta, no se complicó demasiado: pidió lo mismo que su amiga, quien insistió en invitarla.

—De acuerdo: tú ganas en esta ocasión, mon coeur.—Cedió la pelirroja, para luego preguntar a su amiga cómo le habían ido las cosas últimamente.

Y resultó que tenía mucho que contar. Fayette le prestó atención mientras hablaba, tomando nota mental de todos los detalles. No le sorprendió descubrir lo ajetreada que se había vuelto la vida de la morena, pues siempre la había considerado una mujer talentosa que, si seguía por el camino que iba, recibiría el mismísimo mundo en bandeja de plata, sólo para ella.

Quizás no fuese imparcial del todo.

—¿Abigail?—Preguntó, curiosa.—Tu relación con nuestra señora Ministra ha de ser muy buena si puedes referirte a ella por su nombre de pila.—Había tenido la suerte de que la mismísima McDowell, asesina de Milkovich y uno de los modelos a seguir de Fayette, la hubiese aceptado como su pupila. Un gran triunfo para Harper, desde luego.—No dudes ni por un segundo de que acudiré a verte triunfar en el escenario. ¿Qué clase de amiga sería yo si no lo hiciese?—Le dedicó un guiño y añadió:Tu est magnifique, ma petite.

Le explicó entonces que, en uno de sus viajes recientes, había conocido a una mujer que, en resumen, había conseguido afilar sus ya de por sí interesantes habilidades como legeremante. En lo personal, Fayette no otorgaba demasiado valor a la legeremancia como técnica de interrogatorio, lo cual no quería decir que no la considerase útil: todo lo contrario, la consideraba muy útil… pero prefería obtener la verdad por otros medios.

Sin embargo, se alegraba por Harper.

—Deberías extremar la precaución su decides echar un vistazo a lo que hay aquí.—Se tocó suavemente la sien con un dedo, medio de broma y medio en serio.—No te encontrarás precisamente un páramo tranquilo y apacible en que desconectar del mundo. Pero si por algún motivo, algún día te atreves a abrir esa puerta… estaré encantada de que me muestres cuán poderosa te has vuelto.—Quizás, en su interior, viese cosas terribles que la asustarían… así que no la forzaría a practicar la legeremancia con ella.

Entonces, sucedió algo que llamó la atención de Fayette: el mismo tipo que había intentado ligar con ella hizo acto de presencia nuevamente. En esta ocasión, abandonó su lugar en el taburete que ocupaba junto a la barra, y echó a caminar hacia la puerta. No sin antes echar un vistazo poco discreto en dirección a la mesa de Harper y la pelirroja. Ésta última lo miró de reojo, pues el hombre se había detenido a un par de pasos de la puerta sólo para fulminarlas con la mirada.

Fayette no le prestó más atención, y el tipo pronto abandonó el local.

—Parece que el caballero tiene algo en nuestra contra.—Comentó con cierto deleite Fayette.—¿Crees que nos esperará fuera? Porque sería un grave error para él...

Tenía que reconocerlo: Fayette disfrutaba del conflicto. Disfrutaba cuando alguien intentaba agredirla, e incluso cuando lo conseguía. Disfrutaba tanto el dolor, como la posibilidad de devolverlo después. Por eso, la mera idea de que dicho sujeto las esperara fuera la hizo sentir un agradable cosquilleo interior.

Podría ser un buen compañero de juegos...
Fayette Holmes
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Harper Jones el Lun Jul 22, 2019 3:49 am

Harper al igual que su familia (o al menos la gran mayoría) era fiel seguidora de los ideales puristas, le reconfortaba saber que ahora el mundo mágico se encontrase bajo un gobierno con los mismos pensamientos, y que mantenían para su bienestar a todos los hijos de muggles o traidores lejos de su presencia. Y encontrarse con Fayette es dar rienda suelta a esos pensamientos sin límite alguno, ya que la pelirroja siempre sacaba a relucir el lado más sádico y cruel de Harper.  

Imitó la sonrisa de la maga cuando escuchó sus palabras.— Así es, en el aula nadie podrá decirte nada, podrás estar a tus anchas e implantar la semilla que quieras en sus mentes.— le corroboró, junto a una mirada entre admiración y picardía, hasta por unos momentos hasta se le pasó por la cabeza la idea de llegar a ser profesora en un futuro, pero solo le duró un par de segundos, es que ella y los niños no se llevaban muy bien.— A mi me reconfortaría si me aseguran que después no saldrán de la escuela y se unirán a los malditos de los radicales, porque esos también son psicópatas pero unos que hay que destruir de raíz. No entiendo como han dejado que avancen tanto, cada vez son más...— comentó con el ceño fruncido, sintiendo una sabor amargo en la boca, es que Harper por los radicales sentía repulsión. — Pero saber que pronto quizás tu seas su profesora, me tranquiliza enormemente, me da esperanza en el futuro.

Ma chère...— dijo imitando lo mejor posible el tono francés, llevándose la mano al pecho con gesto de sorprendida.— ...mi elemento también es el fuego, de hecho me especialice en el en danza.— le comentó sonriente.— Tú y yo somos gemelas separadas al nacer, cada día lo corroboro más.— agregó sonriente.— Y vale, tenemos un trato. Tú me das clases de francés y yo de nado.— terminó por decir.

En eso comenzaron a hablar de aquel hombre molestoso, y Harper en su defensa le comentó a su amiga lo que a veces le producían los hombres como ese.— ¿De cacería? ¿Cómo es eso?.— le preguntó curiosa, muchas imágenes se le venían a la cabeza al escuchar esa palabra, y quería que la pelirroja pusiera fin a su gran imaginación y le dijera en qué realmente consistía aquello, y de paso ver si ella querría unirse próximamente. Se acercó a la pelirroja, clavó su mirada en la de Fayette y se mordió el labio inferior al escuchar sus siguientes palabras, sintió un cosquilleo en su estomago, como cuando sabía que vendría algo incorrecto, pero muy, muy tentador a la vez.— Conocer un lado desconocido de Fayette Holmes y desquitar mi frustración contra este sistema patriarcal de manera directa, uff...un plan muy, pero muy tentador. Cuéntame más, por favor...— le susurró felinamente.

En eso llegaron a tomar su pedido, Harper pidió y Fayette le imitó, y cuando el camarero terminó por irse la castaña comenzó a ponerse al día con su amiga, contándole los datos más relevantes que le habían pasado durante el último tiempo. La pelirroja habló de Abigail y Harper no pudo evitar soltar una carcajada.— Ay, Fayette, qué dices, si la Ministra me escucha tratarla por su nombre me quedo sin lengua, o bueno, no...pero si recibiría una mirada afilada que me haría sentir que lo mejor hubiera sido que me la cortase.— agregó rápidamente, para que su amiga no se diera una imagen errónea de su relación con su tutora, quién en más de una ocasión le había llamado la atención por la forma en que se dirigía a ella.— Tenemos una buena relación, pero aún no logro llegar a esos niveles de confianza, no, no. Pero espero que pronto.— terminó por decir encogiéndose de hombros, esperanzada de que de tanto trabajar y esforzarse  dieran frutos con Abigail.

Harper puso una pose coqueta cuando al hablar de su próxima pieza de danza, la pelirroja le dijo que iría a verla sin dudarlo.— Me encanta que me hables en francés, mucho.— le repitió nuevamente sonriente.— Y que genial que vayas, me alegra mucho. Te reservaré dos entradas, así si quieres puedes invitar a algún amigo, o compañero de trabajo, no sé, a quien quieras.— terminó por decir encogiéndose de hombros.

Y como siempre en la vida de Harper, tarde o temprano hablar de la mente y todo lo que ella conllevase se hacía presente en sus conversaciones diarias, la castaña le comentó a su amiga su reciente viaje y cómo en él había podido conocer y generar un contacto directo con su amada Susana Bloch. Cuando escuchó a la pelirroja hablar así de su mente, hizo que a Harper le entraran unas ganas incontrolables de cruzar esas puertas y descubrir cómo era el mundo al interior de la cabeza de Fayette, en ese instante la primera imagen que se le vino a la cabeza al pensar en la mente la pelirroja fue fuego, mucho, pero mucho fuego.

Tenemos un trato entonces, cuando cumpla mis estudios, esté certificada y lista iré en tu búsqueda, para introducirme a esas tierras desconocidas y al parecer nada apacibles dentro de tu mente, Holmes.— le dijo con traviesa mirada, es que si algo le producía encanto y algo de morbo era tener la facultad de entrar en la mente de las personas, y a veces descubrir cosas que ni la misma persona conocía de sí misma, y algo le decía que la recovecos en la cabeza de su amiga podía ser muy...interesantes.

La castaña sintió una molesta mirada encima suyo, y miró de reojo para descubrir de dónde podía prevenir aquella energía, y se topó nuevamente con la presencia del mago que se encontraba con su amiga al llegar, resopló al escuchar a la pelirroja que al igual que ella se había dado cuenta de la actitud que proyectaba el hombre hacia ellas.— Claramente será una error, cualquier que quiera meterse con nosotras dos, tanto juntas como separadas comenten un gran error, mi querida.— dijo con tono vanidoso, es que Harper siempre se ha tenido en muy buen estima, y a sus amigos también, de lo contrario simplemente no podría considerarlos  sus amigos.

La comida llegó y Harper no tardó en darle un gran sorbo a su jugo, tanta conversa le había dado sed.— Y tú mi querida, ¿aparte de la herbología y el próximo trabajo deseado, algo más que contar?.— le preguntó, mientras clavaba su tenedor en un papa para llevarla a su boca.— ¿Podríamos salir un día de estos? ¿Te gusta bailar? Podríamos ir a bailar un día de estos...no todo en la vida es trabajar y estudiar ¿no?— agregó risueña.
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Fayette Holmes el Jue Jul 25, 2019 3:12 am

En la medida de lo posible, Fayette Holmes se encargaría personalmente de borrar las ideas nocivas de las mentes de aquellos imberbes que cayesen bajo su tutela cuando, no lo dudaba, se convirtiera en profesora de Herbología en Hogwarts.

Algo que pocas personas sabían de ella era lo creativo de su mente: siempre estaba ideando formas nuevas de hacer aquello que se proponía. Sin embargo, solía enfocar esta creatividad hacia asuntos un tanto truculentos, como lo podía ser la tortura de aquellos hombres incautos que caían en sus manos.

De hecho, tenía un pequeño proyecto personal con sus víctimas: descubrir cuánto tiempo eran capaces de sobrevivir a sus inmisericordes juegos, los cuales incluían una combinación de salvaje maltrato y sexo desenfrenado. ¿El récord hasta la fecha? Apenas dos días y medio.

—Si se les ocurre cometer semejante estupidez, ya sabes lo que se nos permitirá hacer con ellos.—No pudo evitar curvar los labios en una perversa sonrisa. Incluso se habría relamido, dado el cosquilleo que sintió en su bajo vientre, pero le pareció algo demasiado vulgar.—Siempre hay rebeldes… y para eso estamos nosotras: para asegurarnos de extirpar todas y cada una de las partes podridas de esta sociedad.

Poco después de esto llegaron a un pequeño acuerdo: Fayette desentrañaría los misterios de la lengua francesa a Harper—sin inquirir en dobles sentidos de ningún tipo—, y la morena enseñaría al ser de fuego a moverse bajo el agua. Su amiga también llegó a la conclusión de que debían ser hermanas, a lo que Holmes respondió con un guiño cómplice y una sonrisa en su rostro de porcelana.

La conversación comenzó a adquirir tintes mucho más serios e interesantes cuando Fayette sugirió llevarse a Harper de cacería en alguna ocasión. Al descubrir el interés en los ojos de la morena, la pelirroja no pudo más que regocijarse: siempre había disfrutado mucho con sus pequeños juegos en solitario, pero la idea de compartirlos con alguien con quien tenía una gran amistad simplemente… le resultaba excitante.

Sexualmente excitante, tal era el nivel de daño mental que sufría la joven Holmes.

Sin ningún tipo de disimulo, Fayette alargó la mano en dirección a la de su amiga, acariciando con sus dedos de manera coqueta su suave piel morena. Se mordió el labio inferior, manteniendo la mirada fija en los ojos castaños de Harper.

—A sus ojos, a los ojos de ineptos que piensan con lo que tienen por debajo de la cintura, eres una criatura hermosa, frágil y delicada. Buscan protegerte. Buscan tu agradecimiento en la forma más carnal posible.—Ensanchó su sonrisa, que adquiría matices lupinos.—No saben que, en realidad, están cayendo ellos en tus redes.—Deslizó su mirada por toda la anatomía de Harper y, a pesar de no sentirse atraída por las mujeres, se concentró en visualizarla bajo aquella ropa. Lo que se imaginó fue hermoso.—¿Eres consciente del poder que tienes sobre ellos?—Volvió a mirarla a los ojos para, por fin, hablar de una parte suya que solía mantener oculta.—Adoro esa sensación. Adoro mostrarme como una indefensa damisela, y darles un motivo para protegerme. Adoro ir más allá, y darles lo que buscan… para luego tomar lo que yo quiero de ellos. ¿Ves por dónde voy?

Quizás Harper se escandalizase ante semejante proposición. Quizás no hubiera descendido tan profundamente en su oscuridad como lo había hecho Fayette. Sin embargo, si ella estaba dispuesta a caminar por esa senda, la pelirroja, gustosa, la llevaría de la mano y le mostraría los placeres que podía obtener a cambio.

Le había extrañado el hecho de que Harper se refiriera a la Ministra de Magia en persona por el nombre de pila. Le costaba imaginar a su amiga en una relación tan cercana con alguien que, a su juicio, parecía tan alejada del mundo como ella. McDowell, a fin de cuentas, no era una mortífaga común y corriente.

No le extrañó descubrir que no existía tal relación de confianza.

—Si me aceptas un consejo, no pierdas la ocasión de congraciarte con ella. McDowell es todo lo que podemos soñar con ser algún día.—Manifestó con toda sinceridad su admiración hacia la mujer pelirroja.—A diferencia de la gran mayoría de nuestros compañeros en las filas del Señor Tenebroso, ella no teme las consecuencias de sus actos. El ataque al Ministerio de Magia y el asesinato de Milkovich pudieron haber terminado muy mal… y aún así, lo hizo. Es digna de admiración.—La pelirroja se permitió soñar con un final no muy distinto para su propia vida: envuelta en llamas, siendo lentamente consumida por su amado fuego, llevándose por delante cuantas más vidas de traidores mejor.

Holmes sonrió a su vez cuando Harper mencionó que le encantaba que hablase en francés, y le dedicó otro guiño. Si sintiera algún tipo interés por las mujeres, Harper estaría conquistando su corazón en aquellos momentos, y posiblemente aquella noche la terminarían muy juntas… pero no era así.

J'aime ton sourire.Le dijo, de una manera dulce, para contentar sus deseos de escucharla hablar en francés.—Con esa sonrisa y esas palabras, si me interesaran las mujeres, ya me habrías conquistado.—Confesó con toda sinceridad.—Es un bonito gesto por tu parte, ma fleur, pero me temo que no llevaré compañía. Tampoco la necesito: te tengo a ti.—Y volvió a dedicarle un guiño lleno de complicidad.

Con una mirada enigmática, y una sonrisa semejante a esa que exhibía la Mona Lisa, Fayette asintió con la cabeza ante la propuesta de Harper de escrutar dentro de su propia mente. Dependiendo de cómo transcurriera la noche, tal vez, su amiga podría hacerse una pequeña idea de las cosas que se encontraría allí dentro. O, por lo menos, tendría un pequeño anticipo, para no asustarse.

La mirada del hombre que, como Fayette había explicado con anterioridad, había visto en ella un objeto de protección y deseo hasta la interrupción de Harper, seguía fija sobre ellas dos, y no les pasó desapercibida. La pelirroja propuso un escenario en que ese hombre decidía esperarlas fuera, quizás con algún tipo de revancha en mente.

Su amiga no se equivocaba demasiado: de hacerlo, encontraría un final muy triste y desafortunado… aunque quizás, antes de eso, se divertirían con él.

—Verás: la realidad detrás de todo esto es que no sabemos si este hombre es un reputado miembro de la sociedad mágica. Quizás si levantamos la manga de su chaqueta, incluso, veremos la tan ansiada marca tenebrosa.—Se volvió para mirar a Harper.—Pero yo tengo una norma: si me hacen daño, si me atacan primero, no me responsabilizo de lo que pase después.—Y sonrió de una forma muy afilada.—Así que… déjale cometer ese error. Sería incluso divertido.

Lo cierto era que Fayette… era una persona muy dedicada a sus aspiraciones profesionales y a sus metas dentro de las filas del Señor Tenebroso. La poca vida social que tenía… bueno, el mejor ejemplo de dicha vida social estaba en esa noche: citarse con alguna buena amiga, las cuales eran escasas, y pasar una agradable velada.

Por no mencionar sus encuentros con hombres, claro, aunque éstos poco tenían de sociales.

—Poca vida social tengo. Hasta que nos hemos citado, poco o nada había hecho en ese aspecto.—Comentó de manera casual, revolviendo con su tenedor la comida que acababa de llegar. Se aventuró a llevarse a la boca un poco, y después de masticarlo con la boca cerrada, tragar y acompañar con un pequeño sorbo de zumo, prosiguió.—No soy aficionada al alcohol, eso sí puedo decírtelo.—Demasiados traumas con un hombre que, además de emborracharse, solía utilizar a su hija para pagar sus frustraciones personales.—No quiero ser una aburrida, pero estoy bastante segura de que puedes encontrar una compañera de fiesta mucho mejor que yo.—Lo dijo sin ningún tipo de acritud, e incluso sonreía: los pocos amigos que Fayette tenía sabían cómo era, y lo incómodo que podía ser llevársela de fiesta.—Se puede decir que soy una obsesa del trabajo, o lo seré cuando tenga uno de verdad.

No cerraba la puerta a acompañar a Harper alguna vez de fiesta, pero estaba claro que aquello no era lo suyo: si alguna vez salía por la noche, y visitaba lugares frecuentados por borrachos, lo hacía con el único motivo de atrapar a alguna víctima incauta. En ese sentido, podía decirse que era una depredadora.
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Harper Jones el Miér Ago 21, 2019 2:06 am

Así es ― le corroboró junto a una maliciosa sonrisa. A Harper le encantaba Fayette por muchas razones, pero una de las más importante era esa, el hecho de que podía hablar deslenguadamente con ella, porque pese a que se encontraban bajo un gobierno purista, en su Universidad no se estaba permitido hablar tan abiertamente de esos temas, principalmente por respeto a esa pluralidad y empatía por las diversas sensibilidades de cada uno, eso y que a la castaña sus compañeros de generación no le motivaban mucho, al crecer rodeada toda su vida de gente mayor, encontraba a los demás la mayoría del tiempo muy infantiles, y con gente así la universitaria simplemente no perdía su tiempo. Diferente era con la pelirroja, a ella le daba todo el tiempo que quisiese.

En eso la palabra cacería entró al baile, y Harper sintió unos cosquilleos en su estomago de pura curiosidad y goce, no sabía por qué, pero las palabras de la pelirroja le producían aquello. Como cuando pequeña te decían que eso era prohibido y a uno le daban más ganas de hacerlo. La mirada de Fayette era realmente magnética, te atrapaba, y era tanta su intensidad que aunque quisiera (que no era el caso) Harper no podía desviar su mirada. Es por eso que solo sintió como su piel se volvió de gallina ante su contacto, como si sus pieles se reconocieran en esa hermandad y se estuvieran saludando. Y cuando sintió la mirada de la pelirroja recorrer sus piel, su estomago dio un vuelco, y su respiración se comenzó acelerar, deseosa, y no sabía muy bien si era por Fayette, o de lo que decía. Lo más probable es que fuera todo lo anterior. Asintió a su pregunta y estuvo tentada de decirle que también se lo producía a las mujeres, pero prefirió callar, consciente de que su amiga aun no terminaba de decirle todo. Esos ojos azules nuevamente se fijaron en los suyos y sonrió, ampliamente, tanto que hasta sus ojos ganaron brillo. ― Sí, creo que comprendo por donde vas, y me encanta. Ir contigo de cacería, mi querida, debe ser todo un placer. Así que, me apunto de las primeras.

Luego Harper tuvo que explicarle su relación con la Ministra, y que la libertad con la que hablaba de ella no era ni por asomo la misma que utilizaba para hablar con ella. Le había costado incorporarlo, pero ya después del segundo aviso lo había hecho. Por lo mismo que le señalaba su amiga, porque era consciente de lo afortunada que era de haber sido aceptada por MacDowell, y no quería perder esa hermosa oportunidad por no poder hablar de manera correcta. Sí debía tratarla de usted hasta el fin de los tiempos con tal de seguir a su lado aprendiendo, lo haría, y gustosa. ― Lo es, ahora que he podido pasar más tiempo con ella, me he dado cuenta que lo que uno ve desde afuera es solo la punta del iceberg, realmente sabe mucho y de todo tipo de cosas. Es una mujer increíble. Espero poder llegar a su altura. ― dijo inspirando profundamente.

Soltó una risita cuando escuchó sus palabras, y se mordió el labio cuando le señaló que si le gustasen las mujeres la hubiera conquistado. ― Mira, no es el caso, porque eres mi amiga. Pero, déjame decirte que si realmente te quisiera conquistar, esta noche tú, mi pelirroja de fuego, terminarías en mi cama. ― le dijo con una ceja enarcada y sonrisa coqueta de lado. ― Vale, te anotare solo a ti. Que emoción que me vayas a ver, me alegrara mucho verte entre el público. Ya después me esperas y vamos a comer algo por ahí y me cuentas qué te pareció. Con total sinceridad, eh. Que sino, no se aprende. ― le comentó sonriente.

Hay miradas deseadas, otras sorpresivas, o cariñosas, pero la que estaban recibiendo en ese preciso momento por parte de ese hombre no era ninguna de esas, todo lo contrario, Harper la encontraba repudiable. Es que odiaba esa mirada de superioridad de algunos hombres, como si se creyeran el rey de la selva, sin ser conscientes que de rey no tienen nada, ni una misera corona de cartón.

Sonrió maliciosa. ― Amiga, creo que me estoy enamorando de ti. ― bromeó sonriente, es que no se había dado cuenta de lo mucho que extraña su ser hasta que la tuvo frente a su ojos, escuchandola, viendo su intensa mirada, y filudo accionar. Simplemente le encantaba tener una amiga así, que sin importarle nada, tenía como ley de vida “ojo por ojo, diente por diente”, algo que pese a no explotarlo mucho en ella, a Harper le motivaba enormemente. ― Entre nos…ojalá que se equivoque. ― terminó por decir con ladina mirada.

Puede sonar extraño, pero me gusta ser de esas pocas personas que te sacan de tu cueva. ― señaló risueña― Y vale, quizás la pista de baile no es lo nuestro, pero sí innumerables cosas más, así que por mi bien. ― agregó encogiéndose de hombros, mientras imitaba a la pelirroja y probaba un bocado. ― Creo que yo también lo seré en su momento, por eso estoy aprovechando a full estos años que me quedan de universitaria. Ya sabes, yo soy tu opuesto en ese aspecto, y soy de excesos a la hora de ir de parranda. Ahora, en mi defensa, debo decir que he bajado mi dosis desde que empecé a entrenar con MacDowell, ya que llevar una vida así nocturna y luego tener que entrenar al otro día a las ocho de la mañana no van muy de la mano. Aún así, hay días que me doy ese gustito. ― admitió.

La conversación con Fayette siempre se daba muy bien, era fluida y agradable. Ya que pese a tener personalidades diferentes, tenían muchos puntos en común que las hacía sentirse a gusto con la presencia ajena, y cuando eso pasa el tiempo pasa volando, desafortunadamente. Debería ser lo contrario ¿no? que mientras mejor se pase el tiempo transcurra más lento, para disfrutarlo más. Pero no, la vida es así a veces, injusta.

La luna hizo acto de aparición indicandoles que lo mejor era retornar a sus hogares, pagaron la cuenta y Harper elevó su cuello para mirar al exterior para luego mirar a Fayette. ― Podemos desaparecernos y aparecer enseguida en nuestras casas, pero…te apetece caminar un poco bajo las estrellas. Esta noche ando romantica. ― dijo risueña para tenderle la mano a su amiga y ayudarla a levantarse de la mesa, como todo un caballero. Y cuando la pelirroja estuvo de pie, Harper se acercó a su oído. ― Además, podemos comprobar si ese idiota realmente es un gilipollas de tomo y lomo. ― le susurró bien cerca del lóbulo de su oreja.
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Fayette Holmes el Jue Ago 22, 2019 1:12 am

La propuesta de la pelirroja era sutil, quizás, pero inequívoca: le mostraría a su amiga una forma de control única, su forma de control, sobre aquellos que se consideraban superiores a ellas.

La sóla idea provocaba un cosquilleo agradable, un cosquilleo íntimo, y le hacía desear con todas sus fuerzas que llegara el momento de jugar en compañía de Harper. ¿Qué no podrían hacer ellas dos juntas? Podrían poner a cualquier hombre a sus pies, y destruirlo poco a poco hasta que no quedase más que una masa sanguinolenta y suplicante.

¡Qué delicia!, pensó la francesa.

—Te tomo la palabra.—Le dijo en tono susurrante, esbozando una afilada sonrisa lupina, mientras sus dedos acariciaban la piel tostada de su amiga. Una excitación nueva y desconocida crecía dentro de ella: quería compartir aquellos momentos con ella.

Con respecto a la Ministra de Magia, Fayette tenía las ideas muy claras: cualquier aspirante que se preciase debía aspirar a ser, como mínimo, la mitad de bueno que ella. No había llegado a dónde estaba por ser pura palabrería, precisamente.

—Lo lograrás.—Le dijo con convicción, cuando Harper manifestó su deseo de llegar a ser como ella.—No lo digo porque seas mi amiga, pero sé que estás destinada a cosas grandes.

Fayette puso sobre la mesa un tema que, en realidad, jamás se había cuestionado: una posible atracción hacia individuos de su propio sexo, más concretamente su amiga, allí presente.

Alguna vez lo había pensado, sí, pero de una manera vaga: existía ese tipo de atracción, y tenía entendido que podía ser muy placentera, pero jamás había pensado en llevar a cabo algo así. Su sexualidad estaba tan retorcida como todo lo demás dentro de su mente, y el buscar el placer por el placer, sin la sensación de controlar o ser controlada, sin el dolor con el que solía gustarle aderezar sus sucios actos, nunca había sido una prioridad para ella.

Pero… ¿llegaría a probarlo alguna vez? No sentía una fascinación especial, pero…

—Tal vez...—Le dijo, mordiéndose el labio inferior, para luego volver a mirarla de arriba abajo, todo lo que la mesa le permitía; finalmente, volvió a mirarla a los ojos.—Por lo menos, estoy segura, disfrutaría contemplando esa obra de arte que escondes bajo la ropa.

Sabía apreciar la belleza, y eso sí podía decirlo: el cuerpo femenino era belleza pura. No pocas veces se había sorprendido a sí misma, totalmente desnuda, su piel blanca salpicada con la sangre de alguna de sus víctimas, contemplando su reflejo en un espejo.

Y deleitándose con lo que veía.

Hicieron planes, planes que casi las hacían parecer personas normales en lugar de demonios vestidos con piel de mujer, y Fayette aceptó acudir a ver bailar a su amiga. No tenía pensado negarse, por supuesto: la apoyaba, y a su manera era una buena amiga. No era la mejor, desde luego, pero trabajaba con lo que tenía.

Asintió con la cabeza: por supuesto, estaría dispuesta a quedar para comer con ella, a fin de criticar su forma de bailar de la manera más honesta posible. Aunque, sinceramente, el baile no era lo suyo; la música clásica, por otro lado, sí la entendía un poco más.

—Brindo por la estupidez. Siempre podemos contar con ella.—Sonrió, echando una mirada de reojo al hombre que no les quitaba la vista de encima. Podía ser un gran compañero de juegos para ellas.

Fayette fue sincera: el alcohol no le gustaba, no lo probaba. Demasiados recuerdos negativos referentes a su padre, quien no sólo gozaba de los placeres de la bebida, sino también de los placeres de su hija de cabellos de fuego.

Pero, sin duda, ambas podían encontrar una manera de divertirse.

—Cuenta conmigo siempre que quieras que alguien te escuche.—Le ofreció con sinceridad y un guiño cómplice.—Por lo que veo, ambas estamos condenadas a vivir encerradas en nuestras respectivas oficinas. Sí, definitivamente, necesitamos aprovechar las contadas ocasiones en que la vida nos permita disfrutar.

Continuaron comiendo, terminándose la comida mientras conversaban, para al final darse cuenta de que la noche ya no era tan joven como solía serlo. Lo cual solo significaba una cosa: tocaba volver a casa.

Aunque, por lo que Harper sugirió… no tenían por qué irse directas a casa.

—Caminemos, ma petite.—Le dijo en un susurro, sin separarse de ella. Sus rostros estaban a escasos milímetros, y todo lo que Fayette veía eran los ojos de Harper.—Siempre puedes contar conmigo para un poco de romanticismo y diversión...—Le acarició seductoramente la mejilla, mientras su sonrisa se iba ensanchando. Entonces, en un tono todavía más bajo, añadió:—Nos vamos de cacería. Por favor, no te contengas. No me escondas nada esta noche.

Podría haberla besado, si se hubiera querido dejar llevar, pero en lugar de eso tomó su mano. La sujetó con firmeza, con intención de transmitirle todas sus energías. Toda el hambre que sentía en esos momentos.

Echó un vistazo fugaz al hombre de la barra y se lo encontró mirándolas con voraz interés.
Quizás fuera demasiado pronto para decirlo, pero tal parecía que el pez había mordido el anzuelo. Si jugaban bien sus cartas, tendrían un compañero de juegos, y la pelirroja podría mostrar a Harper aquello que escondía al resto del mundo.

No podría sentirse más excitada.

✴✴✴

Minutos más tarde, bajo un cielo nocturno salpicado de nubes y con una brisa suave y gélida meciendo sus cabellos, Fayette Holmes y Harper Jones caminaban de la mano por una de las calles del East End de Londres, más conocida como la ruta de Jack el Destripador.

Como casi cualquier ser humano que se precie, Fayette Holmes disfrutaba de una buena dosis de ironía de vez en cuando: en las mismas calles que casi siglo y medio atrás habían sido escenario de los asesinatos de un montón de mujeres a manos de un hombre, dos aparentemente incautas féminas caminaban de la mano, seguidas por un hombre.

Sí, el mago las había seguido, aunque no parecía tener muy claro lo que hacer con ellas.

Fayette empezaba a temer que no se atrevería. Sería una gran decepción para la pelirroja si aquel individuo optaba por seguir alejado, creyéndose oculto en las sombras, para en algún momento replantearse sus prioridades, buscar un callejón con suficiente privacidad y, simplemente, desaparecerse rumbo a su casa.

—Es tímido.—Susurró Fayette al oído de Harper, para acto seguido soltar una risita fingida.—¿Por qué no hacemos que se olvide un poco de sus reparos?

Y con esas palabras, Fayette empujó con suavidad a su amiga, de tal manera que la espalda de la morena se pegó a una pared. Sin perder tiempo, la pelirroja pegó su cuerpo al de ella y, tras mirarla unos segundos y dedicarle una sonrisa, hizo lo que jamás había hecho antes: besar sus labios.

Fue una sensación… diferente. Fayette atribuyó el calor y la excitación que sentía a la posibilidad de atrapar una presa fresca, no al hecho de estar besándola a ella. Sin embargo, no fue desagradable: sus labios eran suaves, carnosos, y su sabor era dulce. Muy distinto al de cualquier hombre.

El mago solitario, por su parte, se había detenido a unos cuantos metros de ellas, refugiándose en un soportal para observarlas a hurtadillas.

Fayette casi podía sentir la excitación que emanaba de él.

—Creo que funciona...—Susurró entre beso y beso.
Fayette Holmes
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