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At a coffee shop [Priv. Sam J. Lehmann]

Laith Gauthier el Mar Mar 05, 2019 4:15 am

Recuerdo del primer mensaje :

24 de febrero del 2019. 19:36

Missandei
MENSAJE
Te tengo una propuesta indecente.

Tú, yo, café y donas.

Sé el lugar perfecto.

Ha enviado una ubicación.

¿Martes a las 14h?


@mm




Febrero 26, 2019.
Zona comercial de Londres, 14:10pm.
Semi-despejado, 16ºC.
Vestimenta.

Un maravilloso día de martes, los pájaros cantaban, el sol brillaba y… La verdad era que Laith tenía algo de frío. Normalmente no era un tipo que sufriera mucho por el frío, pero cuando se sentía incomprendido su cerebro provocaba una respuesta neurológica que lo ocasionaba. Había días y días, y ese, aunque no uno de sus mejores, no estaba saliendo tan mal.

Ya se había recuperado de la resaca después de embriagarse con amigas el viernes, y cómo no si era motivo de celebración su cumpleaños, que siguió el sábado y el domingo habría continuado de no haber sido por su trabajo. Mientras trabajaba, liado de aquí para allá, recordó que hace tiempo no se encontraba con Samantha, y se le ocurrió que quizá podrían ponerse al día con un café de por medio y algo para almorzar.

Le escribió, y pronto recibió una confirmación que lo hizo sonreír. Ese día estaba de buen humor, aunque estaba un tanto cansado, y había una espina de preocupación dentro de él. No había estado durmiendo bien últimamente, suponía que podía estarse viendo afectada su capacidad de análisis debido a ello, y se prometió a sí mismo que iba a tomar algo para dormir si no conseguía descansar esa noche.

Iba tarde, como de costumbre. Por algún motivo, Laith siempre tenía tendencia a llegar tarde, por muy temprano que saliera para el lugar de la cita en cuestión. No mucho, pero la hora estaba por dar y todavía no llegaba. La había avisado de camino hacia ahí que podía entrar y pedir mesa mientras lo esperaba, porque calculaba unos diez minutos de retraso. Los audífonos en los oídos y cantando para sí mismo, inmerso en su buen rollo interno.

¿Desanimarse o enfadarse porque estaba cansado e inquieto? Para nada, todo lo contrario, con su fiesta personal mientras se dirigía hacia la cafetería. Si podía resolver un problema, no tenía por qué preocuparse, y si no podía no tenía que preocuparse tampoco, y definitivamente no iba a solucionar ninguno de sus problemas en una cafetería hablando con Samantha. O eso pensaba él.

La miró a través del cristal exterior de la cafetería, sentada y de espaldas a la puerta, en una esquina escondida del lugar. Entró, quitándose uno de sus audífonos, y acercándose sigilosamente en su dirección. Cuando la tuvo suficientemente cerca, le colocó su audífono.

Singing Radiohead at the top of our lungs, with the boom box blaring as we’re falling in love. Got a bottle of whatever but it’s getting us drunk singing “Here’s to never growing up” —le cantó al oído que tenía desocupado al estar usando el otro para que escuchara la voz de Avril Lavigne en la canción que estaba escuchando, cosa que lo hizo sonreír divertido. — Buenas tardes, señorita, ¿desea compañía esta tarde? —se estaba riendo para sí mismo, quitándole su audífono y quitándose el que le quedaba para quitar el ruido desde su teléfono móvil y guardarlo todo en su bolsillo.

Se sentó en la mesa en frente suyo, llevándose la mano a la boca para atrapar un bostezo que se le había escapado. Miró en la carta las cosas que podía pedir.

¿Cómo has estado? ¿Ya pediste algo? —preguntó, mirando en su muñeca derecha el reloj. Diez minutos, ni más ni menos. Y uno se preguntaría cómo era tan bueno calculando el tiempo y, al final, siempre llegaba tarde. — Siento el retraso, se me cruzó un pendiente en casa justo cuando venía para acá —suspiró, — mi erizo no quería volver a su jaula y me hizo buscarla hasta bajo la cama —su mascota, regalo de una de sus amigas más cercanas el año pasado en aquellas fechas.
Laith Gauthier
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Sam J. Lehmann el Jue Mar 28, 2019 3:46 am

Vale, ese era un dato que no sabía. Había asumido por su trabajo que la niña era una paciente de San Mungo, pero en realidad era una muggle y Laith, no sabía exactamente por qué, estaba tratando con ella en un hospital no mágico. Por un momento no tuvo muy claro cómo es que su amigo tenía tiempo para hacer tantas cosas en su vida.

¿También trabajas en un hospital muggle? —Tuvo que preguntar, sorprendida por la noticia. —Pensé que la niña estaba en San Mungo…

Por un momento pensó que Laith disponía de un giratiempos. A ver, ¿cómo era posible que trabajase en San Mungo, en un hospital no mágico, llevase las riendas de un negocio de juguetes sexuales y encima estuviese llevando a cabo estudios sobre la mente humana? ¡Ah, sin olvidarse de que tenía una vida promiscua muy activa! ¿Sabéis lo que costaba mantener activos y contentos a tus follaamigos? ¿No? ¡Pues Sam tampoco lo sabía porque nunca había tenido, pero asumía que debía de ser mucho tiempo!

¿Pero de dónde narices sacas el tiempo, tío? —Abrió los ojos, pues no le daban las cuentas. Que ella iba a trabajar al Juglar por la mañana, al gimnasio por la tarde y ya quería dormir doce horas para recuperar fuerzas.

Pero claro, ahora todo tenía sentido: no era fácil el hecho de contar con algún profesional que te ayudase con un caso muggle en un trabajo ajeno al que tienes en el mundo mágico, sobre todo con lo criticada que está la relación con los muggles actualmente por culpa del gobierno. El hecho de ayudar a un muggle usando la magia probablemente podría llevar consigo ciertos problemas, sobre todo si le pedías ayuda a una persona de dudosa ideología, pues por suerte sigue habiendo magos buenos ahí afuera.

No, claro que no, eres un exagerado —le respondió cuando mencionó sarcásticamente aquel hipotético acercamiento a Gwendoline tan gracioso. En realidad su novia sabía mucho de Laith porque Sam estaba muy feliz de poder haber hecho una amistad así en las condiciones en las que vivía, por lo que le hablaba mucho de él. De hecho, seguramente Gwendoline ya esté curada de espanto en cuanto a ‘experiencias traumáticas’ y sería una buena candidata.

Sin embargo y volviendo al tema importancia, Sam soltó aire justo antes del llevarse a la boca el último trozo de su tarta de chocolate cuando le dijo que sólo había una persona capaz en la que podía confiarle algo así. Masticó lentamente, aprovechando ese breve momento para pensar en todo lo que le estaba diciendo. ¿La verdad de la buena? Lo notaba realmente entregado con el tema, pero sobre todo algo desesperado. Era normal desesperarse cuando no tienes respuestas y el control escapa de tus manos y lo que más rabia le daba a Sam de toda la situación es que era un chico que realmente quería ayudar y no tenía las herramientas necesarias para ello.

Pero cuando consiguió tragar, fue cuando Laith le dijo esa pregunta hipotética. No pudo evitar sonreír por la repetición tan redundante de sus palabras, para al final negar con la cabeza. No le molestaba en absoluto que le hiciera una pregunta HIPOTÉTICA. A menos que fuese más comprometida, claro.

Si se diese ese hipotético caso, te respondería que… siempre he sido partidaria de utilizar la legeremancia para hacer el bien y que si consideras que es lo necesario para ayudar a esa niña, me parecería egoísta no acceder y negarme cuando soy tu única opción a solventar su problema, o al menos intentarlo... —le respondió, para entonces coger el trozo de donut que Laith había dejado en su plato para volver a ponérselo en el suyo, con una sonrisa infantil y juguetona, aunque finalmente se puso algo seria de nuevo. —Mantengo mi opinión sobre la legeremancia y su uso inmoral porque llevo toda mi vida con esa dualidad, pero al final la moralidad es subjetiva. Si no que se lo digan al nuevo gobierno, ¿no es así?

¿De verdad era de moral cuestionable utilizarla si con eso ibas a dar con el foco principal del trauma de un ser humano tan joven, con el que podrías ayudarla a tener una vida plena? ¿No merecía la pena? A ver, por una parte es que Sam era demasiado buena: no podía negarse a Laith viéndolo tan afectado por ese tema. Sin embargo, debía de admitir que no se sentía para nada segura metiéndose en la mente de una persona tan pequeña, sobre todo sin tener ni idea de qué se iba a encontrar. Había vivido ya muchas cosas feas y creía estar ‘preparada’, pero en su caso ese tipo de cosas le afectaba más y no menos.

Si hipotéticamente me lo pidieras, seguramente terminaría accediendo.

Quizás si Laith fuese consciente de lo mucho que Sam odiaba actualmente la legeremancia o todo lo que había pasado por culpa de ello, no se lo hubiera ‘hipotéticamente’ pedido, pero quería pensar que utilizando su habilidad para cosas buenas, un poco sanaba su mal karma por el pasado y volvería a cogerle ese amor vocacional que siempre tuvo por ello.

Entonces tomó de su café, mirando al chico por encima de la taza. La volvió a poner sobre el platito de la mesa.

Pero dime ahora la verdad: ¿qué intuyes que es lo que pueda tener esa niña ahí dentro? Si llevas tanto tiempo estudiándola, has debido de sacar conclusiones o sencillamente hacer… qué se yo, ¿hipótesis? Si es un caso que te ha dado tanto quebraderos de cabezas, tienes que tener ahí posibilidades… —le dijo, cogiendo su cucharilla para coger un trocito del flan PARA COMPARTIR que estaba en medio de los dos. —¿Cómo se llama? —No quería cogerle cariño, pero quería ponerle nombre.

La verdad es que si dejando de lado lo hipotético, Laith le pedía eso, no quería ir con las expectativas bajas, sino al revés: todo lo alta que pudiera. No quería tener que sorprenderse con nada que pudiese afectarle dentro de su mente, sino todo lo contrario, decepcionarse por no encontrar nada o que sea mucho menos de lo que ella ya hubiese pensado.
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Laith Gauthier el Dom Mar 31, 2019 2:43 am

Laith negó con la cabeza. — No trabajo “trabajo”, sino más bien como… presto servicio sin pertenecer al hospital como empleado, para un caso en específico al que la directiva del hospital me invitó a colaborar —le explicó cómo era su situación, porque no le daría la vida para tener su ritmo actual con dos empleos a tiempo completo, y menos cuando los dos empleos son tan exigentes como lo es un hospital. — O sea, me gusta una vida agitada, pero no TAN agitada, ¿está bien? —se defendió, abriendo las manos como si intentase tranquilizar una fiera.

Además de tener un trabajo a tiempo completo en San Mungo y uno situacional en el mencionado hospital nomaj, él estaba consiente que tomaba en cuenta su negocio personal, sus numerosos hobbies y su vibrante vida social. Y uno se daba cuenta, si lo pensaba suficiente, que el tiempo lo aprovechaba precisamente de dormir poco, porque por suerte su batería todavía estaba como nueva, tanto como para convertir una noche de tres o cinco horas en una reparadora noche de ocho. Y ya Laith lloraría cuando su batería interna se dañase y no tuviese energía de nada.

Respecto al cómo conseguir ayuda, Samantha se dio cuenta de cuánto se complicaban las cosas si salían del ambiente mágico, precisamente porque no tenía muchos amigos en quienes confiara realmente como para arriesgarse tanto. Era un potencial suicida, sí, pero no sólo involucraba su seguridad, sino la de todo el hospital a donde intentase llevar a la supuesta persona que iría a ayudarle, en caso de que no fuera precisamente de fiar.

Gwendoline, por el momento, parecía ser una idea descartada. No porque no confiase en ella respecto a sus tendencias suicidas, sino porque no había la suficiente confianza de pedirle algo como aquello, que podría perjudicarla. Con Samantha, aunque era su amiga y tampoco querría involucrarla en algo potencialmente desagradable, se sintió suficientemente conectado como para plantearle un escenario totalmente hipotético donde le pedía su ayuda, para ver cómo sería su reacción.

Ella estaba de acuerdo en acceder, si era la mejor alternativa. — La moralidad hoy en día… —Laith suspiró, de acuerdo con ella y el nuevo gobierno, que no le gustaba para nada en su ideología de odio. — De verdad, te juro que sólo quiero ayudar, y me desespera sentir que estoy tan cerca y al mismo tiempo tan lejos, ¿entiendes? —le confesó cómo se sentía en la situación: nada le aseguraba que iban a encontrar algo de lo que él pensaba, pero al menos sería un punto muy importante ahora descartado. De lo contrario, habrían dado con el problema de lleno.

Tomó el trozo de donut devuelto para comérselo, dejándose llevar por sus pensamientos durante un momento. Antes de pedírselo seriamente, quitando la hipótesis de en medio, quería poder decirse a sí mismo que la opción era la mejor y no había otra manera de llegar al núcleo si no era de esa forma. Por lo que, de nuevo, se envolvió pensando en cosas que pudiese no haber considerado, y no encontró nada particularmente relevante que lo hiciera cambiar de parecer.

El asunto de qué pensaba encontrar era mucho más delicado. No sólo porque Laith era un extremista que pensaba siempre lo peor, sino por la evidencia que lo había empujado a pensar en eso en primer lugar.

Se llama Kelsey —cambió de posición en la silla, cruzándose de piernas y colocando un codo en la mesa apoyando su mentón en el puño. Miró un punto imaginario en su plato, recordando. — La trataron otros psicólogos antes de mí, y por eso April me llamó, como último recurso, porque nadie estaba teniendo avances con ella… Es una niña retraída y taciturna, no habla mucho, es… cerrada, emocionalmente hablando, el problema original era que había empezado a bajar su rendimiento poco luego de haber llegado a su nueva casa de acogida, se quedaba dormida en clase —le dio el antecedente con el que contaba. — Puede ser normal, ¿sabes? Hay periodos de adaptación diferentes en cada niño, no es fácil vivir en una casa de acogida.

Laith pareció pensárselo, tomando su taza de café y dando un sorbo, manteniendo la taza cerca de su boca durante unos segundos. Se le notaba esforzándose en pensar en que, entre toda la sintomatología, había algo que se le estaba pasando por alto, y que no lo estaba encontrando.

Hay algo que me llamó la atención desde la primera vez que me lo contó —le dijo. — Ella lo llama “El Señor Sonrisas”, según ella es… un algo, una persona, que ve cuando es de noche, ya te lo mencioné antes, dice que vive debajo de su casa, y creo que estoy obsesionándome con la idea —bufó, dejando la taza de nuevo en su plato. — Al principio, claro, pensé que podía ser una pesadilla o una alucinación, como cualquiera, pero… ¿y si fuera una persona? Todo dice que es el origen del problema, más que la mudanza, y ella, en su mente, lo ve como un monstruo porque… la alternativa es peor —estaba violando cientos de acuerdos de confidencialidad, y en ese momento lo necesitaban. — Si mi hipótesis es correcta, hay por lo menos un abuso psicológico y emocional muy fuerte. No quisiera tener que decir esto, pero yo no podría descartar cualquier tipo de abuso por horrible que parezca —él suspiró, poniendo las manos en la mesa. — Y, si estuviera en lo cierto, tiene que ser una persona cercana que la aterrorice tanto enfrentar que ha tenido que crear a un personaje para protegerse.

Miró a la rubia, haciéndole notar la severidad de su hipótesis, y por qué no podía actuar sin poner en riesgo su juicio como médico. ¿Se imaginaba que Laith acusase a alguno de los padres de acogida sin pruebas suficientes y que se equivocase? Su credibilidad se vería afectada, y, aunque no ejercía en la medicina no-mágica, quería mantenerse intacto por motivos lógicos, por no mencionar que sería inmediatamente retirado del caso. Decidió alegrarse un poco tomando su propia cuchara para tomar del flan PARA COMPARTIR que ese sí que iba a tomar sin que hubiese discusiones de gordos de por medio.
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Sam J. Lehmann el Lun Abr 01, 2019 3:00 am

La moralidad hoy en día... era sencillamente arbitraria. Para una sección de la sociedad debía de ser terriblemente inmoral lo que para la otra era lo justo y necesario. Y de esa manera era imposible llegar a un acuerdo común. Es por eso que había ocasiones—esta, por ejemplo—en donde uno tenía que dejarse llevar por el corazón y lo que creía correcto y no precisamente por lo que estipulasen las normas. Y ya no era solo cuestión de ámbitos mentales como podía ser la legeremancia o la manipulación mental, sino en todo lo que se te apareciese delante. Uno debía de anteponer lo que creía correcto, a lo que estaba establecido.  

Pero antes de que ese hipotético se hiciese realidad, Samantha preguntó al respecto, sobre todo por las teorías que él mismo habría sacado de todo ese estudio. Si había estado estudiando tanto tiempo a la niña—de nombre Kelsey—probablemente tuviese más de una hipótesis con la que lidiar. En principio él se acogía a que su rendimiento había cambiado tras haber llegado a su nueva casa de acogida. Sam por suerte nunca había tenido que experimentar ese tipo de cosas, pero asumía que no debía de ser fácil meterte en una casa con desconocidos que de repente se convierte en tu familia. Podría extrapolarse un poco a cuando una persona introvertida termina en Hogwarts, alejada de su familia y teniendo que lidiar con un mundo nuevo, ¿no?

Puede ser solo cosas de la edad y el desequilibro familiar, ¿no? —Opinó, pues evidentemente ella sobre psicología no sabía tanto como le gustaría. En realidad, ojalá fuese solo eso.

Bebió un poco de su café, para entonces seguir prestando atención a todo lo que decía. Y la verdad es que no le gustó nada de nada lo que le estaba diciendo, sobre todo por lo que estaba sugiriendo de un trauma físico o psicológico frente a una persona cercana. Una no quería pensar lo más horrible que podría ser por el bien de tu propia salud mental, pero es que había tantas posibilidades horribles... que hasta te daba escalofrío pensarlo. Encima, Laith no le había dicho como era ese 'señor Sonrisas' pero teniendo en cuenta que él creía que era una especie de figura de protección frente a algo malo, se lo imaginaba un poco psicodélico.

Así que si la intención de Laith era demostrarle a Samantha la magnitud del caso, sin duda lo había conseguido. No es que Sam tuviese muy buena aceptación de esas cosas, por lo que hacerse una idea de lo que podría haber detrás de todo ese trauma tampoco le hacía demasiada gracia.

A ver... entonces... —Dejó el café sobre el platito de la mesa y lo miró, pensativa. —Lo que me estás diciendo es que lo más probable es que haya sufrido algún trauma con su nueva familia, ¿no es así? ¿Con sus padres o sus nuevos hermanos? —Le daba mucha pena hablar de esas cosas, en realidad, pues todas esas cosas en donde había una persona ‘débil’ frente a una fuerza mayor que la oprimía le hacía sentir las cosas mucho y empatizar demasiado. —¿No pudo haber sido en su nuevo colegio o algo? ¿O sigue yendo al mismo de siempre?

Era por poner otras cosas en la mesa, pues en realidad no tenía mucha idea.

Quizás… ¿simplemente les da miedo su nueva familia y se ha intentado proteger? Es decir… —Hasta ella sabía que estaba siendo demasiado optimista, pero podía ser una solución igualmente, ¿no? —Si ha cambiado tanto de familia y ha estado en orfanatos, hospitales y casas de acogida… ¿no es normal que haya adoptado al Señor Sonrisas como su amigo incondicional e inamovible que siempre está con ella, otorgándole estabilidad? No sé Laith, yo solo suelto ideas partiendo de la base de que lo que tú sugieres me da un poco de mal rollo. —Le dijo con confianza, intentando dar otras ideas que probablemente a su amigo hubiese valorado.

Continuó comiendo del flan PARA COMPARTIR pero todavía no había probado el donut que la camarera había traído a 'traición', dejándolo para el final para que su amigo al final se apiadase de su amistad y también lo compartiesen. Aunque debía de admitir que aquel flan de galletas estaba mucho más bueno de lo que hubiese dicho en un principio.

Pero vamos, entiendo que después de todo el tiempo que llevas con ese caso y tu experiencia... ya tengas claro que se debe a un trauma específico y no a su vida en general... —le dijo, para entonces suspirar levemente. —¿Conoces a su nueva familia o...? —preguntó. —Digo, ¿al conocerlos te siguen dando la sensación de que pueda ser cosa de ellos?
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Laith Gauthier el Miér Abr 03, 2019 7:33 am

Era de esperarse que las cosas que Samantha le dijera Laith ya las hubiera repasado doscientas veces cada una, pero incluso así éste hacía gala de paciencia para explicarle por qué no consideraba que fueran viables las causas que ella pensaba que podrían tener algo que ver en el caso que estaba tratando.

Lo pensé —reconoció, — no es sencillo salir de lo conocido, la “zona de confort” para ir a otro lugar totalmente nuevo a integrarse con gente que no conocía hasta entonces, uno diría que es hasta normal un golpe así —asentía con la cabeza, para darle peso a lo que estaba diciendo. — Hay, sin embargo, otros signos de alarma, y la diferencia es catastrófica en las referencias de sus antiguas casas de acogida —le comentó. — No es la primera vez que pasa este proceso, sí la peor.

Todos los sanadores tienen un código muy claro: no maquillan la verdad ni dan falsas esperanzas cuando se trata de la salud, física o psicológica. Era su deber tener la información más probable sin hacer asunciones de ningún tipo. Por eso Laith basaba una hipótesis en casos similares, sin que por ello tuviesen que desenvolverse exactamente de la misma manera. Era un hombre de evidencias y datos, a fin de cuentas.

Especialmente era importante porque si iba a pedirle a Samantha ver dentro de la cabeza de Kelsey, tenía que saber con qué Laith sospechaba que podría encontrarse, desde lo más cotidiano a lo más cruel. La quería preparar para cualquier tipo de trauma, porque había evidencia probabilística de que eso sucediese.

Cuando fue el turno de ella para intentar ver si había conseguido captar toda la información, Laith se dedicó a distraerse con su café y las cosas que tenía para comer: sus donuts y el flan PARA COMPARTIR.

No cambió de colegio, así que es poco probable que haya surgido un cambio así de intenso de una etapa a otra que se refiera al ambiente educativo —justificó el por qué estaba mirando a la familia antes que cualquier otro sitio. — Por no mencionar que es más sencillo investigar a grandes rasgos un colegio que una familia —y estaba diciendo implícitamente que se había apersonado en el colegio para hablar con el profesorado.

Tomó el café y le dio un sorbo mientras pensaba en el hecho de que pudiese temerle a su nueva familia, sólo porque son extraños y no porque haya ocurrido nada. O que el Señor Sonrisas fuera de hecho un amigo imaginario, que Laith se permitió preguntarse qué clase de niño sano tiene un amigo imaginario como en su mente concebía a dicha entidad.

Es poco probable, mas no imposible que sea un miedo totalmente irracional hacia su nueva familia, por lo mismo que no es su primera vez —habló, por comenzar, y se tomó un momento más para considerar al amigo imaginario. — El Señor Sonrisas llegó exactamente tres días luego de que ella se instalara en la vivienda, de acuerdo a las versiones de Kelsey y de sus cuidadores, y yo no creo que sea precisamente un “otorgador de estabilidad”, ¿sabes? —usó con cuidado esas palabras. — En alguna sesión hablamos sobre su tendencia a encerrarse en paredes imaginarias para evitar el daño, y lo que ella me dijo es que el Señor Sonrisas puede traspasarlas, no precisamente de buena manera, además que según su descripción visual he creado una imagen en mi mente y yo estoy seguro que no me daría ni una mierda de seguridad algo así.

No tenía el dibujo con él, pero si Samantha lo veía necesario podría mostrárselo en otro momento, aquel que hizo hace meses en su habitación tras una de sus tantas pesadillas. Era claro que podría no ser lo que Kelsey viese, pero sí podría ser algo parecido. Por obvias razones, se había abstenido de mostrárselo, para evitar darle todavía más realismo a la criatura.

Les conozco lo justo y necesario para un trabajo pediátrico, no conozco a los otros niños que viven con ella, pero los padres de acogida parecen… bastante normales, diría yo, hemos tenido varias conversaciones sobre el progreso de la niña, son una pareja que trabaja con niños y tienen una cierta experiencia y… creo que eso es lo que más me preocupa —le confesó un miedo totalmente comprensible que tenía: en el caso de que ellos fueran los responsables de lo sucedido, ¿sería Kelsey realmente el único caso?

Laith tomó una cucharada de flan PARA COMPARTIR con cierta fuerza, como si el pobre flan tuviese la culpa de sus dudas existenciales respecto al caso. Tenía sus evidentes dudas, porque nada era un hecho todavía, pero se esmeraba en tomar las mejores decisiones, pese a que no parecieran buenas al corto plazo.

Siempre me ha disgustado más la incertidumbre que las malas noticias —le confesó con una sonrisa, tomando un trozo de donut y remojándolo en su café, viendo con atención las burbujas que salían al absorber el líquido. — Si yo te hipotéticamente llevara, tendríamos que inventar alguna historia convincente y no sólo “Ah, traje a esta chica para que mire a tu hija fijamente toda la sesión” —porque se imaginaba que así era una lectura mental de un legeremante.
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Sam J. Lehmann el Jue Abr 04, 2019 2:58 am

Pero a ver…

La verdad es que la psicología sobrepasaba un poco su entendimiento, por lo que imaginarse lo que una persona—más todavía una niña—podría tener en la cabeza, le quedaba un poco grande. Ella podía llegar a comprender el por qué de que alguien crease un amigo imaginario, pero no entendía como un amigo imaginario, como era el caso del Señor Sonrisas, podía otorgarle algún tipo de beneficio en una situación dañina.

¿El poder de la mente es realmente tan fuerte?

Estabilidad tiene que darle, ¿no? —No entendió su negación a lo de ‘otorgador de estabilidad’, por lo que lo preguntó con total inocencia. Le gustaba, mucho mucho, preguntar siempre que no sabía. Como buena Ravenclaw que era, adoraba aprender y odiaba quedarse con dudas. —Es decir: está frente a un problema que es nuevo en su vida y ha creado a un ‘algo’ en su mente que es su amigo, ¿no? Inevitablemente le está otorgando una estabilidad que en realidad no tiene. Si lo que dices es real y la muchacha tiene un problema en su vida, el Señor Sonrisas es en realidad un modificador que… normaliza su vida. ¿O no? ¿O estoy equivocada? —Y entonces no pudo evitar sonreír porque se estaba haciendo un lío. —Perdón si me hago un lío o te hago un lío. Suelo hacer a la gente un lío cuando yo me hago un lío.

Y eso era así y había quedado clarísimo por la redundante cantidad de veces que había repetido la palabra ‘lío’ sin haberse percatado de ello.

Entonces le preguntó que si conocía a los padres de Kelsey y su respuesta fue afirmativa, además de que al parecer los veía bastante normales. No solo eso, sino que trabajaban con niños y eso no le gustaba. Le fue fácil suponer el por qué y es que… por mucho que Laith no hubiera querido dar muchos detalles al respecto y tal y como estaba en la actualidad el tema de los pedófilos, le fue fácil recurrir a esa teoría.

Le daban arcadas solo de pensar en la posibilidad de que fuesen ese tipo de personas y tuviesen un trabajo dedicado exclusivamente a los niños. De hecho, Laith le estaba diciendo tantas evidencias que… hasta la propia Sam ya quería saber qué era lo que ocurría. Quizás el sanador no era consciente, pero al final había hecho que hasta la legeremante sintiese la preocupación necesaria como para realmente querer ayudar a esa niña, sobre todo después de tantas cosas que apuntan a un trauma tan… jodido.

—Las malas noticias se asumen y se intenta buscar solución, ¿pero con la incertidumbre que haces más que machacarte la cabeza una y otra vez con lo que puede pasar? —Le dio totalmente la razón, apoyando esa afirmación al máximo. —Si tu hipotéticamente me llevases, nos inventamos que soy tu compañera de trabajo, de prestigio absoluto, de la universidad metropolitana de Indianópolis y que necesito estar a solas con su hija porque ese tipo de terapias se hacen en soledad y no en compañía de sus padres, ¿o es que cuando estás con ellos están también los padres? —Cayó entonces. —¿No es normal que no diga nada entonces? O sea, si ellos hipotéticamente son el problema, ella se sentirá intimidada. Tiene que estar sola. Y bueno… —Se encogió de hombros. —Si hipotéticamente te ayudo, tiene que estar sola.

Y entonces cogió ella el último trozo de flan PARA COMPARTIR porque estaba, contra todo pronóstico, demasiado bueno para la vida. Ella nunca había tenido reparo en llevarse el último trozo, más conocido como ‘el de la vergüenza’, pero qué vergüenza ni que nada. Ella era vegetariana y le faltaban proteínas, ella luchaba por la comida de calidad como ese flan.

Pero quiero que sepas que si hipotéticamente me lo pides, yo sólo hipotéticamente aceptaré si tú aceptas comerte el donut de la discordia como un acto solemne de amistad para compartir la gordura. Si no puedes ir olvidándote de nuestro hipotético caso. —Obviamente estaba fingiendo con eso último, porque la verdad es que ahora mismo se sentía incapaz de rechazar la petición de ayuda de su amigo, pero sí era verdad que quería que el donut de la discordia se convirtiese en un nuevo alimento PARA COMPARTIR entre ambos. —¿Qué hipotéticamente me dices? —Le sonrió, con dulzura, sabiendo perfectamente que ese ‘hipotéticamente’ ahí estaba metido con calzador y que no tenía sentido ninguno.
Sam J. Lehmann
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Laith Gauthier el Dom Abr 07, 2019 2:02 pm

Laith entendía el pensamiento de Samantha, que era perfectamente comprensible, mas no lo compartía en aquella situación el pensamiento, precisamente porque tenía más información de la que tenía la rubia.

Comprendo tu punto, es común que los niños tengan amigos imaginarios, en especial cuando no tienen una vida estable y están en constante cambio, alejándose de quienes conocen, necesitan a alguien que siempre esté ahí —le explicó la teoría básica que existía en los amigos imaginarios en casos similares. — El problema aquí es que el Señor Sonrisas no es un amigo: todo lo contrario, es quien le asusta y le hace daño, a eso me refiero cuando digo que no es quien le está brindando algo que la reconforte —él no se estaba haciendo líos, pues tenía el caso asentado y a partir de ahí podía construir sus hipótesis, de modo que sabía cuándo algo no estaba en la mesa.

Laith estaba honestamente preocupado, y no pensaba que era casualidad que se sintiese personalmente afectado por el caso. Es decir: era ese tipo de médicos que se involucraban con sus pacientes y era esa cercanía la que solía ayudar durante los casos. La gente necesitaba en alguien en quien confiar cuando se encontraban en una situación difícil. Pero incluso él estaba consciente de que ya no estaba en una posición donde fuera normal involucrarse tanto.

Le confesó que no le gustaba sentir esa incertidumbre, incluso más de lo que le disgustaban las malas noticias, y Samantha fue perfectamente capaz de entender cómo se sentía. Manteniéndose en el caso hipotético, ella le sugirió decir que era una compañera de trabajo con un acercamiento nuevo y que era la forma más sencilla de acercarse en total soledad.

Estamos a solas y podemos conversar en una habitación tranquila y privada, pero eso no quita el hecho de que ellos estén enterados de lo que está sucediendo dentro —le explicó cómo era el procedimiento cuando él estaba ahí. — Por eso es que si hipotéticamente vas a revisarla, tendríamos que decirles hipotéticamente lo que vas a hacer a grandes rasgos, pero podríamos hacer una mentira piadosa, en ese hipotético caso —se le notaba que disfrutaba de remarcar lo “hipotético” que era todo, cuando estaba seguro que cada vez se volvía menos hipotético en realidad.

Se ahorró el drama de decirle algo sobre llevarse el último trozo de flan PARA COMPARTIR, porque, aunque era un buen amante de la comida, nunca se había visto en la necesidad de ser egoísta con ella. Lo que sí es que se sonrió divertido, porque ya sabía él que iba a estar delicioso, y eso que Samantha lo había rechazado en principio sin darle una oportunidad al pobre flan.

¿Sabes qué? Mejor no, olvida todo, lo bueno es que era hipotético —hizo un gesto con su mano, barriendo el aire con ella, como si estuviese cien por ciento seguro que no iba a ayudarla a comerse aquel donut. Los dos sabían que aquello no iba en serio. — Te hipotéticamente diría que te enviaré un hipotético mensaje con toda la información para llegar a una hipotética cita —su conversación parecía empezar a carecer de sentido, pero la verdad era otra.

Estiró una de sus manos, atrapando el dorso de la mano de Samantha de esa manera. Era un apretón suave, pero sentido, que le agradecía en el silencio. Laith tenía claro que podría no ser una misión fácil ni bonita, pero que, en caso de que tuviera razón, haría un bien mayor. La mejor manera que había encontrado para agradecerle no era otra que esa, pues era un hombre físico y se dejaba llevar fácilmente por el contacto.

Cuando la hubo liberado, siguió comiendo sus donuts, cuando ya iba en el segundo. — Sólo te ayudaré con tu donut si prometes que la próxima vez que te visite al trabajo vas a darme helado gratis —puso su condición, guiñándole un ojo en un gesto travieso. Se le notaba de pronto aliviado, como si una carga muy pesada que llevaba encima finalmente se hubiese disipado.
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Sam J. Lehmann el Mar Abr 16, 2019 3:20 am

No lo entendía. ¿Por qué una niña crearía un ente imaginario que en realidad le hace daño y le asusta? Eso no era... ¿estúpido? Vale, sí, quizás no era lo más acertado el hecho de cuestionar la mente de una niña, sobre todo porque era muy inocentes, pero entonces todo esto no tenía nada que ver con la creación de la 'paz' por un amigo imaginario que la protegiese, sino más bien una creación totalmente inesperada, probablemente creada por un trauma. Y se ponía a pensar: ¿cada vez que le pasaba algo malo, también aparecía el misterioso Señor Sonrisas? O sea, Sam había estado equivocada todo este rato y el Señor Sonrisas en vez de ser algo que le ayudase, parecía estar haciéndole el mal.

Esas cosas le daban mucho mal rollo, debía de admitir. El simple hecho de tener un amigo imaginario ya debía de ser complicado de asimilar, más todavía si dicha persona era algo malo que acosa tu mente frente a las adversidades. Aquella pobre niña le estaba dando muchísima pena sólo de pensar en cómo debía estar pasándolo. O más bien, qué tuvo que pasar para crear a eso.

¿Explicar lo que voy a hacerles? Son muggles, ¿cómo van a entender le hecho de que voy a leerle los pensamientos? —Quizás se estaba perdiendo entre tantos 'hipotéticos' o algo por el estilo. —Nos podemos inventar que es algún tipo de práctica oriental; de la India. —Los indios siempre hacían cosas raras, así que podía resultar incluso plausible. —Que el hecho de que yo la mire fijamente es para ver... sus respuestas a las preguntas que tú puedes ir haciéndole. Sabes que en realidad no necesito que esté atenta a mí. Desde un primer contacto visual, tengo libertad en su mente. Tú podrías estar preguntándole cosas y así puedo ver qué es lo que aparece en su mente cuando sugieres cualquier situación que consideres importante.

Samantha era una legeremante experta y la persona en cuestión una niña muy pequeña, por lo que desde que tuviera contacto visual, podría entrar en su cabeza. La niña sería por un lado incapaz de darse cuenta de que alguien estaba en su mente, pero todavía sería más improbable que pudiese sacar a Samantha, aunque estuviese despistada. Una vez la rubia hiciese la conexión, seguramente no finalizaría hasta que la propia legeremante quisiera. Eran ya muchos años de experiencia.

Entre tantas situaciones hipotéticas, al final quedaron en que hipotéticamente Laith le mandaría un mensaje. Sam sonrió, bastante tranquila. Era cierto que el caso en sí de la niña le daba un poco de mal rollo, pero le daba mucha más pena la posible situación de la muchacha, por lo que entre eso y que quería ayudar a su amigo, no necesitaba más para dar ese paso hacia adelante.

Eso sí, cuando le puso la condición para ayudarle a comerse el donut, la chica negó con la cabeza.

Lo dices como si normalmente no te diera helado gratis. —Le respondió divertida. Sam era de esas personas que solían dar gratis las cosas a sus seres queridos que iban a verla, poniéndolo bien de su dinero o directamente poniéndole una cara simpática al jefe. Y no pasaba nada. Es decir, el Juglar Irlandés era un lugar bastante modesto, pero por el pedido de una persona cercana no iba a irse a pique ni nada por el estilo. Ni Alfred ni Erika ponían pegas al respecto. Y, sinceramente, a Sam no le nacía cobrarle ni a Gwen, ni a Caroline, ni mucho menos a su padre. No después de todo lo que habían hecho por ella. Y Laith era demasiado mono como para ir con la cuenta, así que normalmente le llevaba una cuenta falsa con una cara feliz dibujada y un: 'invita la casa' escrito. —Pero acepto, por supuesto. —Y arrastró el platito con el donut hacia Laith. —Come, gordo.

Ella también cogió un trozo de ese donut, algo así como la tercera parte del donut entero. Tenía totalmente la intención de dejarle a él el resto, pero es que de verdad que la tarta le había llenado muchísimo. Así que se llevó el trozo a la boca, comiéndoselo con ganas como si fuese su último pecado de ese día. La verdad es que otra cosa no, pero entre lesbiana y la incidencia continua del pecado de la gula, Sam debía de estar construyendo de oro su espacio VIP en el infierno.

Debemos quedar más para comer como gordos sin resentimientos —dijo, como una gorda. Que en realidad era gracioso, pero Sam nunca se sentía mal por comer mucho, pero cuando comía cosas tan 'malas' sólo por gula, inevitablemente se imaginaba como una pelotita rellenándose con chocolate.
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Laith Gauthier el Miér Abr 17, 2019 9:22 am

Laith tenía a su favor que no le gustaba que cuestionasen sus métodos, pero también que era sumamente transparente y, en general, no le importaba dar una breve explicación de lo que haría. Si era sólo terapia conversacional, por ejemplo, o si pretendía hacer ejercicios para conseguir resultados. Sabiendo de sí mismo que eso era lo que podría esperarse, y lo que los padres habían recibido de él, pensaba que tendría que tener una coartada por si acaso. Y gracias a Samantha tenía un par de cosas en mente para decir, de ser necesario.

Tenía, por otro lado, el no saber cómo sería, en realidad, una lectura de mente con un legeremante. Por ello es que se asesoraba con ella para parecer lo más seguro que pudiese del procedimiento que los dos iban a emplear. Al parecer, ella leería mientras él preguntaba cosas que evocaban en su mente los recuerdos que podrían ser específicamente los necesarios para resolver el rompecabezas que tenían entre manos.

Entonces yo hago preguntas para que piense en las cosas que nos interesan y a partir de ahí tú puedes investigar más a fondo —corroboró, para estar seguro que no estaba pasando nada por alto.

Resolvió en que iba a enviarle un mensaje cuando estuviese listo y pudiera llevarla a una sesión con él. No era algo complicado, pero tenía que mover hilos y conversar con personas, pues no era su consultorio para hacer y deshacer a su antojo. Pero estaba seguro que no iba a tener mayor inconveniente en que alguien lo acompañase a una sesión, siendo que su reputación lo avalaba.

Con Laith claramente más calmado y relajado respecto a esa situación que, literalmente, le quitaba el sueño, retomaron sus bromas y juegos de gordos diciéndole que sólo iba a ayudarla con su donut a cambio de helado gratis.

En realidad, su broma no tenía mucho fundamento. El sanador, que era de esas personas orgullosas que preferían pagar por su propio consumo, se había enfrentado a cuentas falsas que le decían que la casa pagaba, por mucho que él insistiera en que le trajese la verdadera cuenta. Acababa resignándose y agradeciéndole, por supuesto. Pero el caso era que no había tenido que pedirlo nunca antes de que Samantha por su cuenta decidiese regalarle comida.

Eso es porque soy demasiado mono y te nace engordarme —le dijo en una queja divertida, tomando un trozo del donut ahora que había aceptado comer más de lo que había pronosticado gracias a su amiga.

Por suerte para los dos, Laith era ese amigo basurero al que podían darle las sobras de las comidas y su estómago no parecía saciarse del todo nunca. Eso minimizaba mucho el desperdicio de comida, que era casi un pecado para el sanador, con tanta gente en el mundo pasando hambre y otros desperdiciando. Era claro que su hambre voraz llevaba una subsecuente rutina de ejercicio físico para equilibrar las calorías que entraban en el cuerpo y las que se quemaban, de modo que su peso y figura sólo variaban mínimamente. Era un pago que estaba dispuesto a hacer.

¿Alguna vez comes como gorda con resentimiento? Qué mal lo llevas, qué triste tu vida —se lamentó como si fuera lo peor del mundo, pero con una sonrisa divertida en el rostro. — Me suelo arrepentir más de lo que no como que de lo que como —filosofó, cambiando esa frase que decía que uno se arrepentía más de lo que no hacía que de lo que sí para su propio beneficio alimenticio. — Pero que quede claro que siempre puedes invitarme a comer a cualquier sitio —aunque la invitación fuese sólo palabras, pues como el caballero que era se ofrecía a pagar él por la cuenta.

Era divertido, y la verdad era que adoraba pasar tiempo con Samantha. Era de ese tipo de personas con quienes tener conversaciones de adultos maduros, así como de críos con muchas bromas de por medio, en la misma salida. De ese tipo de personas que tienen magia, y no la que el gobierno dice que puede robarse, sino que pertenecía a ellos intrínsecamente, incluso aunque fuese nomaj.
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