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Your spirit never dies! —Charlotte.

Danielle J. Maxwell el Miér Mar 06, 2019 12:39 am

Your spirit never dies! —Charlotte. Wf9m9M6
Calles de Folkestone | 05/03/2019 | 20:32h | Atuendo

En compañía de Blake, un tipo de la Orden del Fénix que últimamente trabajaba mucho conmigo debido a que soy una de las aspirantes más jóvenes que no es reconocida como traidora por la ley, nos habíamos trasladado a Folkestone, una ciudad que queda a dos horas en autobús de Londres, en busca de Loïc Hatters, un tipo que trabajaba en el Ministerio de Magia, mortífago reconocido y poseedor de unos documentos muy necesarios para la Orden del Fénix.

Blake Hyles era compañero de ese tal Loïc Hatters, por lo que conocía todo de él, ya que lo había investigado muy bien. Sabía que vivía en Nottingham con su familia: mujer y una hija y que por mucho que fuese mortífago, ya prácticamente no ofrecía sus servicios a Lord Voldemort como agente de campo, sino que se dedicaba totalmente a su desempeño en el Ministerio de Magia. Claro que… ¿eso que nos importa? Es decir, el hecho de que una persona ya no haga cosas horrendas, no le quita en absoluto la culpa por haberlas hecho. Había gente que creía en eso de la redención, pero yo creo que si una persona es horrible, siempre seguirá siendo horrible.

Sin embargo y por mucho que tanto a Blake como a mí nos asquease ese tipo de gente, ninguno era capaz de alzar la varita mortalmente contra una persona a menos que fuese una cuestión de vida o muerte, por lo que en realidad nuestro cometido era ir a por él, coger esos documentos antes de que se lo diese a su contacto esa noche, desmemorizarle e irnos. Un plan pacífico para personas pacíficas, ¿no? No nos convenía llevárnoslo ni nada por el estilo porque Blake quería seguir investigándolo, ya que era consciente de que se movían muchos hilos detrás de Hatters y que seguramente de manera lenta y progresiva descubriese más que interrogándolo en la Orden del Fénix. Era consciente que personas como él preferían morir por la causa, así que no quería arriesgarse a perder a una persona como él.

Así que ahí estábamos, en aquella cafetería tan mona tomándonos en mi caso una coca-cola y en el suyo un café, con plenas vistas hacia un bar que estaba justo en frente. En realidad yo también me pedí un donut porque me dijo que me invitaba, así que como soy una gorda no desaprovecho mis oportunidades para comer gratis. Así soy yo.

Todavía no había llegado Loïc, pero estábamos esperando a que de un momento a otro lo hiciera. El plan era muy fácil en realidad: él lo encantaría con un confundus, fingiría preocupación, lo llevaría al baño y en lo que todo eso ocurría, yo le robaría los documentos. Ya habíamos visto que el bar era una basura, bastante pequeño y con poca gente, por lo que no habría nadie de por medio que molestase. El único problema sería actuar antes de que llegase su contacto—lo cual era fácil porque nuestro enemigo era un amante del alcohol y seguramente apareciese antes para poder tomar tranquilo—y, sobre todo, actuar rápido y eficaces, pues Hatters sospecharía si ve a Hyles ahí.
Danielle J. Maxwell
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Charlotte Hargreeves el Miér Mar 06, 2019 1:56 am


Because I know I'll kill my enemies when they come
Calles de Folkestone,  20:32h , Danielle J. Maxwell  

05/03/2019


   Podría acostumbrarme a este sitio.

Un lugar tranquilo y barato, donde puedes conseguir casi cualquier alcohol de dudosa procedencia con lo poco que lleves en los bolsillos. Lo mejor es que prácticamente estoy sola, con la única compañía de varios jóvenes demasiado ciegos de solo Merlín sabe que diversas hierbas, una mezcla explosiva con el alcohol barato que les tiene metidos en una especie de burbuja ilusoria de la que no desean salir.

Les envidio.

Como excepción visto con unos sencillos vaqueros y una sudadera azul con una capucha que cubre mi cabeza, para rematar, unos guantes de tela negra sin dedo sobre mis manos. Ropas que esperas ver en alguien que pasa sus horas día tras día en un bar de mala muerte.

Levanto la mirada y mis ojos atraviesan el cristal para posarse en la pareja que se encuentra sentada en la cafetería de enfrente. Mi informante no se equivoca y allí están, esperando pacientemente a que Loïc Hatters haga aparición.

Se trataba de uno de los hombres con poder en el nuevo Ministerio, alguien que tenía todo lo necesario para hacer una carrera envidiable dentro de la gestión del Mundo Mágico, pero seguramente no me hubiera cruzado en su camino si no fuera por lo que portaba aquella tarde con él. Mi atención se centra ahora en la puerta al escuchar como esta se abre y mis pupilas se dilatan al comprobar que mi ‘cliente’ ha llegado.

Camarero, tráigame una botella de aquel mueble, ¿quiere?  La más barata a poder ser. —Señalo un estante alejado de la barra donde descansan botellas polvorientas, y en el preciso instante en el que me da la espalda para hacer su trabajo me aparto de la barra, deslizo mi varita de la manga de mi sudadera y me pego al mortífago tan rápido que los únicos testigos que quedan presentes no llegan a percatarse de lo que ocurre.

Loïc Hatters no tuvo tiempo ni de procesar lo que iba a ocurrir a continuación.

Imperio. —Mi susurro recorre su espina dorsal y al instante sus ojos se tiñen en nieblas cuando mi varita lanza una tenue luz de color amarillento, apoyada contra él. —Ve al baño de mujeres. —Mientras le sigo, miro atrás y veo como la pareja de la Orden del Fénix está pagando en la cafetería.

Me quedan un par de minutos.

Entramos al baño y me permito un segundo para deleitarme con aquel momento.

Qué pena que no tengamos tiempo, cariño, nos lo íbamos a pasar muy bien. —La idea de obligarlo a estallarse la cabeza contra el retrete era tentadora, pero estábamos allí por trabajo, no por placer. Le registro y de entre los pliegues de su túnica saco tres sobres sellados con la marca del Ministerio. —¿No tienes nada más escondido, verdad? —Niega con un leve gesto y sonrío, satisfecha, mientras mi varita apunta directamente a su rostro.

Avada Kedavra.

El verde resulta cegador y antes de que el cuerpo caiga al suelo le sostengo entre mis brazos, arrastrándolo hasta uno de los retretes y cerrando el pestillo por dentro, dejándome a solas con el cadáver.

Escucho pisadas fuera y como alguien abre la puerta del baño justo en el momento en el que desaparezco del lugar y me aparezco en el callejón contiguo al bar, donde lanzo mi último hechizo, esta vez apuntándome a mí misma.

Multicorfors.

Mi ropa cambia a unos pantalones de corte militar, una camisa negra que me queda algo grande y un pañuelo blanco que vuelve a cubrir mi rostro.

Lo sé, no es un hechizo igual de excitante, pero si es extremadamente útil.

Guardo los sobres bajo la camisa y salgo a la calle, guiando mis pasos al lugar donde mi compañero me espera para recoger la mercancía.

Un trabajo limpio.

O eso parecía hasta que escuche su voz a mis espaldas.


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Danielle J. Maxwell el Miér Mar 06, 2019 3:24 pm

—Vamos, acaba de entrar.

¿Vamos? ¡Mierda! Me comí los últimos bocados del donut, que correspondían a dos mordidas grandes, de solo una, por lo que podéis imaginaros cómo me levanté de allí, con los mofletes a punto de estallar. Esperé a que Blake no me viese hacer eso, porque además de ser todo lo contrario a lo que se hace por educación, tampoco quería que pensase que me desvivo por el donut. Que sí, porque estaba relleno de chocolate, pero no quería que lo pensase. Así que tras comerme eso rápido y beberme lo último de la coca-cola, salí detrás de Hyles.

Pese a que no lo pudiera parecer, estaba concentrada y seria. Este tipo de misiones me ponían bastante nerviosa porque no solía hacerlas y poco a poco han estado confiando en mí, por lo que iba con todas las intenciones de que saliese bien. Además, las que había tenido no es que hubiesen salido del todo bien… por lo que esperaba poder ir cambiando eso.

Cruzamos la calle directamente hasta el bar, en donde ya habíamos visto entrar a nuestro objetivo. Mi compañero se guardó la varita en la manga de su chaqueta para poder tenerla muy a mano cuando le hiciera falta y yo lo imité, siguiéndole un pasito por detrás. Yo entré por la puerta principal, mientras que Hyles entró por la trasera, para que en el caso de que Loïc mirase hacia aquí, no viese a su compañero entrar de manera amenazante. Sin embargo, cuando ambos entramos en el bar, lo único que vimos fue al otro con cara de patata idiota, sin encontrar a Hatters por ningún lado. Y eso no era normal: ¿quizás nos había visto y había huído nada más entrar? Una cosa era cierta: no es que Blake y yo fuésemos los maestros del disfraz o del ocultismo, pero Blake era de esos en los que decía que siendo evidentes se pasa desapercibidos.

No sabía yo cuánto margen de error había en esa frase.

El caso es que yo me puse a caminar por mi parte del lugar, mientras que mi compañero miraba en la parte trasera, en los baños… Justo cuando voy a volver a donde está él, veo que abre la puerta del baño de mujeres, en donde un cadáver yacía en el suelo y una persona desaparecía delante de nuestros ojos sin poder hacer nada. Vi como Blake se agachó para comprobar si tenía los documentos, pero nada. No tenía nada. Lo supe por cómo me miró, derrotado.

¿Había sido sólo una persona? No podía ser solo una persona… Rápidamente me di la vuelta, saliendo de aquel bar de nuevo a la fría calle. Miré para ambos lados, queriendo encontrar un motivo, un error o un algo. ¡Lo que fuera! ¿Cómo era posible que nos hubiesen adelantado? ¡No, peor! ¡Cómo narices sabían que Loïc iba a estar ahí y nosotros también! ¿En serio me vais a decir que tenemos un informante entre los de la Orden del Fénix? Me cago en la leche, ¿se puede tener peor mala suerte?

Y en ese momento... la vi. Vi a una mujer cruzar la calle. Podría haber pasado desapercibida porque yo soy subnormal y no me doy cuenta de cuando algo obvio pasa delante de mí, pero por desgracia para ella, por mucho que llevase ese pañuelo tapándole el rostro, la reconocí. Y no solo eso: sabía que se había pasado para el bando enemigo no tan enemigo. Al final los radicales y la Orden del Fénix tenemos el mismo propósito, lo único que distan son las formas. Sin embargo, en este tipo de situaciones no parábamos de pisarnos para estar por delante del otro y… al final parecíamos subnormales, pudiendo cooperar.

—¡Eh, tú!

Y llamadlo intuición femenina, el poder de la fuerza, quizás el hecho de que los radicales y la Orden del Fénix ya tenían historial suficiente en tocarse los cojones o sencillamente que aquello era muy sospechoso, pero no me creía que esa tipa estuviera allí de casualidad.

—¡Espera! —Y la verdad es que no me lo pensé dos veces: corrí tras ella.

Estaba bastante harta de fallar. Al final me iban a echar de la Orden del Fénix por inútil.
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Charlotte Hargreeves el Jue Mar 07, 2019 12:12 am


Because I know I'll kill my enemies when they come
Calles de Folkestone,  20:32h , Danielle J. Maxwell  

05/03/2019


No iba a ser tan fácil, ¿verdad?

Me giro y al instante la reconozco, una de las jóvenes promesas de la Orden del Fénix. De corazón noble, de esos tan blandos que dan ganas de pegarles un bocado. Seguro que sabe a algodón de azúcar y su sangre a chocolate.

Un caramelo para los mortífagos.

Se llama Danielle, recuerdo que vino hasta mi rincón del cuartel general para presentarse personalmente. Lo que no alcanzo a recordar es que le dije, pero a buen seguro no fue nada demasiado amable. Quiero pensar que la razón por la que no ha alzado su varita contra mí cuando ha tenido la oportunidad de hacerlo sin que me pueda defender es por no estar segura de sí he sido yo la que he matado a Loïc Hatters o es casualidad mi presencia justo a diez metros de lugar.

Quiero pensar eso, la otra opción es que no haya aprendido nada después de todo. Fuera como fuese, no soy ese tipo de persona que prefiere usar la dialéctica para salir de situaciones que puedan ser comprometedoras.

Esa es la razón por la que la Orden nunca podrá vencer o ser relevante, son demasiado blandos incluso con monstruos como yo. Fuera como fuese, no soy de ese tipo de personas que prefieren usar la dialéctica para salir de situaciones que puedan ser comprometedoras.

Sígueme. —La guío al interior del callejón y, sacando mi varita lanzo un hechizo de camuflaje para que nadie al mirar al lugar logre distinguirnos con el resto de los elementos allí presentes. —Muffliato. —Ahora tampoco podrán escucharnos. Bajo la mirada hasta su mano, donde veo que sujeta la varita con fuerza. No me tiene miedo, podría olerlo, pero en su interior se está debatiendo si debe atacarme o no. Bajo el pañuelo para que pueda ver mis labios mientras hablo.

No lo hagas, Danielle. —Detestaría tener que eliminarla. —No voy a negar lo evidente y voy a ir al grano, esta vez habéis perdido, nos hemos anticipado a vuestro movimiento y hemos ganado. Déjalo estar, créeme, estos papeles no merecen la pena como para que sacrifiques tu vida por ellos. —Una amenaza velada que espero que capte. —Quizás así puedas estar mejor preparada la próxima vez. —Una pausa de apenas unos segundos y una media sonrisa se dibuja en mi rostro a la vez que la idea cobra forma en mi mente.

Puedo ayudarte en eso.



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Danielle J. Maxwell el Vie Mar 08, 2019 9:49 pm

Por un momento me sentí en un dilema moral. Yo iba con toda las de perseguir a aquella mujer, ¿sabéis por qué? Porque pensé que iba a huir y si una persona huye, pues lo normal es perseguirla. Sin embargo, cuando su semblante fue tan tranquilo y sereno y me pidió que le siguiese, yo ya no tenía tan claro de querer perseguirla. Ya no me parecía tan buena idea. Pese a esa sensación que me recorrió, no me sentí amenazada en ningún momento. Charlotte podría ser una persona peligrosa, pero me gustaba pensar que como antiguas ‘compañeras’ de la Orden del Fénix e indudables aliadas en la causa contra el gobierno, atacarnos de manera violenta era una auténtica estupidez.

Claro que no sabía yo cuánto podía confiar en la no estupidez humana.  

También quería pensar que alguien como ella no atacaría a alguien como yo, cuando yo en realidad no le he hecho nada de nada, sólo llamar su atención porque tiene MIS documentos. Quizás estaba teniendo mucha suerte de encontrarme con ella y no con otro radical con más mala leche que no dudase en quitarme de en medio.

Pero pese a todo y antes de que saliese mi compañero, la seguí hasta el callejón, adentrándome en la oscuridad para que no se pudiese ver desde fuera nada y viendo como ella encantaba la zona para ocultarnos. Yo, aún así, la apuntaba con determinación. Otra cosa no, pero sabía que al menos no debía de bajar la varita, ni mucho menos la guardia. De hecho, si ahora mismo mi compañero estuviese a mi lado, me diría claramente que la atacase con tal de recuperar esos documentos que eran nuestra misión. Pero seamos claros y justos aquí, ¿qué clase de oportunidad tenía yo contra Hargreeves? La había visto luchar y sabía que eran nulas. No quería suicidarme todavía.

Encima me había amenazado CLARAMENTE. ‘Déjalo estar o si no voy a tener que patearte el trasero y vas a salir perdiendo.’ Básicamente me había dicho eso.

—Seguro que si llegamos a estar en el mismo equipo, me dirías que no desaprovechase una oportunidad así contra el enemigo —dije entonces cuando me salió la voz.

Y lo siguiente que dijo, me hizo abrir los ojos un poco más de lo normal. Para estar mejor preparada había que entrenar, ¿y me iba a ayudar con eso? ¿Me estaba tendiendo la mano para invitarme a los radicales? ¿Estaba loca? Evidentemente no interpreté, en absoluto, que su intención podría ser entrenarme aún estando en diferentes posiciones. ¿Quién en su sano juicio entrenaría ‘al enemigo’? Que yo no era su enemiga, pero la gente consideraba que los radicales y los miembros de la Orden del Fénix debían de ir por separado… ¡yo qué sé!

—No me voy a unir a los radicales, no me va ese rollo —le respondí con falsa seguridad. —No tenías que matar a Hatters para conseguir los documentos, así solo haces lo mismo que siempre han hecho ellos.

En realidad siempre me había cuestionado los métodos de la Orden del Fénix, pero si los abrazaba era porque yo era incapaz de hacer nada más y creía que era lo que iba conmigo y lo que se debía de hacer, sin violencias innecesarias e intentando siempre ir por lo justo. Sin embargo, era indudable que los métodos de los radicales, al menos a mi juicio, conseguían más cosas y se hacían notar más que los de la Orden del Fénix, por lo que siempre he pensado que… quizás sí que había parte de razón en cómo actuaban. Pero no se lo iba a reconocer en este momento.
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Charlotte Hargreeves el Sáb Mar 09, 2019 12:44 am


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Calles de Folkestone,  20:32h , Danielle J. Maxwell  

05/03/2019


   Por Merlín, no puede ser que me esté soltando ‘el rollo’.

¿Cómo?, ¿No sabéis a que me refiero? Bueno, ‘el rollo’ es lo primero que oyes cuando entras en la Orden del Fénix, lo único que escuchas durante los entrenamientos y lo que se repite constantemente en cada misión que realices. Hasta que te lo creas, te lo creas hasta tal punto de que no dudas de que aquello puede ser en el mejor de los casos una mentira, y en el peor una gilipollez.

‘El rollo’ dice que no es necesario usar la ultra violencia siempre, que se puede ganar la guerra con Expelliarmus y Flipendo, que hacer uso de las que antes eran las maldiciones imperdonables nos convierte en monstruos que no se diferencian a nuestros enemigos. ‘El rollo’ te dice que no todos los malos son tan malos y que hay algunos que no tienen que morir, que existe el perdón, la misericordia y, en definitiva, si no es necesario no hay que atentar contra la vida de un mortífago salvo en casos en los que no haya otra alternativa.

La Orden del Fénix cree en ‘El rollo’ como si fuera un credo, una religión impulsada por un grupo de hombres y mujeres con la piel tan fina que casi son transparentes, con el alma aun blanca como las barbas de Zeus.

Lo que ‘el rollo’ no te dice es que tus enemigos torturan, violan y asesinan a los nuestros con total impunidad.

No te dice que, por diversión, usan Imperio para que un padre mate a sus propios hijos.

Que todos, sin excepción, son conscientes del mal que imparten y del sufrimiento que dejan allí por donde pasan.

No te dice que ellos no tendrán piedad, misericordia y que desde luego no saben perdonar. Si caes en sus garras, reza para morir antes de que te lleven a Azkaban.


Los mortífagos son una peste que arrasa con todo lo que encuentra en su camino, lo que no puede matar, torturar o follarse lo usa en su propio beneficio hasta exprimir la última gota. La Orden del Fénix ha llegado a compararnos con ellos y para mí era razón más que suficiente para que no volviéramos a colaborar jamás, pero entre los míos también existe alguna que otra oveja.

Escuchar a Danielle empezar a soltarme ‘el rollo’ hace que ruede los ojos, exasperada. Una chica con su potencial no debería dejar que esa secta le metiera ideas estúpidas en la cabeza, y, aunque puede que ya no sea capaz de rescatarla no pierdo nada intentándolo.

No te he pedido que te unas a nosotros, te estoy ofreciendo la posibilidad de que te enseñe todo el conocimiento del que dispongo a la hora de combatir. Y algo de táctica creo que tampoco te vendría mal. —A ella y a la mitad de la Orden del Fénix. —Hubieras sido una buena auror, Danielle, y quiero mostrártelo. No hace falta que lo decidas ahora, si algún día decides aceptar mi oferta tan solo tendrás que venir a ese bar y pedirte un whisky on the rocks. Del resto me encargaré yo —Saco los sobres y los dejo sobre uno de los bidones del callejón, apuntándoles con la varita. —Geminio. —Al instante aparecen otros tres sobres idénticos a los originales, los cuales le ofrezco tendiéndoselos. —Cógelos. Se echarán a perder pero tendréis tiempo más que suficiente como para que obtengáis la información que hay en ellos. —Antes de que los coja, los aparto un poco y prosigo, con una sonrisa. —Hatters debía morir. Era un asesino y, además, con amplio conocimientos en política y táctica. Su muerte es un golpe para el Ministerio y dejarlo vivo era un atentado contra el Mundo Mágico. —Además de que lo he disfrutado como un niño que pisa por primera vez Honeydukes. Vuelvo a tenderle los sobres, a la espera de si decide cogerlos o no. —Con gusto me convertiré en el monstruo que creéis que soy si con eso salvo vidas de otros magos, exterminando a sus verdugos.



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Danielle J. Maxwell el Lun Mar 11, 2019 1:07 am

Sentía que en todo lo que me estaba diciendo, algo fallaba. Para empezar, no entendía porqué de que alguien como ella quisiese ayudar a alguien como yo a ser más competente: no soy su amiga, ni siquiera somos ya del mismo grupo, por no hablar de que todos suelen tener pensamientos bastante desagradables con respecto a la otra organización fugitiva. Así que inevitablemente, no pude evitar pensar que quizás quería ‘hacerse mi amiga’ y ‘acercarse a mí’ solo para intentar conseguir a través de mí información de la Orden del Fénix. No era la primera vez que alguien intentaba utilizarme pensando que soy idiota o no voy a darme cuenta, pero en ese momento era lo único que podía ser lógico para que alguien como Charlotte, quisiese ‘perder el tiempo’ con alguien como yo.

No, ni de lejos hubiera imaginado que realmente ella viese que yo podía llegar a tener potencial. Cuando me dijo que hubiera llegado a ser una buena auror, no supe bien por qué lo dijo: yo nunca he querido ser auror. El hecho de que mis padres lo fueran y hubiesen muerto por hecho, me ha hecho cogerle bastante respeto y distancia a dicha profesión. ¿Quizás sabía que mis padres eran aurores? No lo creía. A decir verdad, no había conocido a nadie nunca que hubiese conocido a mis padres.

—¿Por qué ibas a ofrecerme eso? —pregunté directamente, sin querer quedar como la idiota que no se da cuenta de que parece todo muy raro. —¿Así, sin más? ¿Sin nada a cambio?

Y no sé si como acto de buena fe, o quizás solo porque podía, duplicó aquellos documentos para que la Orden del Fénix también pudiese tenerlos. Fui a cogerlos, pero ella me los quitó de delante, defendiendo lo que había hecho con Hatters. En realidad comprendía su punto de vista y hasta lo compartía: no me parecía nada justo que un mortífago asesino recibiese benevolencia cuando personas que no han cometido nunca ningún delito, son juzgados por ellos a muerte o a estar encerrados de por vida. Lo mirases como lo mirases, era injusto. Yo, sin embargo, no era capaz de ver ‘el asesinato’ como algo permisible, por mucho que estuviese justificado.

Posiblemente era porque nunca había matado a nadie, pero tampoco es que me apeteciera hacerlo.

Así que cogí los documentos al fin, mirándola con cierta desconfianza.

—Gracias —le dije por los documentos, para entonces bajar la varita.

—¡DANNY! —Se escuchó desde atrás, pues su amigo Blake acababa de salir del bar y al no verla entró algo así como en pánico.

—Me tengo que ir —le dije rápidamente, retrocediendo par de pasos.

Pensé en decir algo más con respecto a su ofrecimiento, lo de Hatters o lo que fuese, pero me puse nerviosa. Me limité a mirarla antes de girarme, para entonces correr en dirección a mi amigo Blake. Evidentemente me iba a pedir explicaciones de cómo narices había conseguido esos documentos y no pensaba mentirle: le diría que había sido Charlotte y que me los había dado en señal de buen fe.


—Miércoles, 13 de marzo del 2019, 18:32 horas—
Bar de Folkestone || Atuendo

Aunque no lo pudiera parecer y sobre todo porque no se lo he dicho a nadie: había estado barajando lo que me había dicho Charlotte aquel día. No se lo había comentado a nadie porque… ¿a quién se lo voy a comentar? ¿A mis aliados de la Orden del Fénix que no simpatizan con esas personas y me van a decir que me dejen de tonterías? ¿A mi amiga Dorcas, que claramente está en contra de todo eso? ¿A Edward, que ni sabía que estoy en la Orden? ¿A mi abuela para que me desherede?

El punto es que sentía que no debía, pero yo quería.

Iba a dejarlo estar y no caer en la tentación—amén—pero hacía dos días en donde en la Orden del Fénix había pasado una cosa terrible. El fin de semana hubo una misión en donde nos separamos en dos grupos, con tal mala suerte de que el grupo en el que yo no estaba, fue atacado. Lo formaban cuatro personas, pero solo sobrevivieron dos. ¿Lo peor de todo? Habían sido atacados por una persona en concreto que anteriormente fue retenida por la Orden del Fénix y que había sido dejada en libertad, cuando no solo había sido un torturador asqueroso y asesino, sino que además fuimos nosotros quiénes volvieron a soltar a la bestia. ¿Con qué pretexto? Ni idea, pero la verdad es que no me importaba. Y las palabras de Charlotte resonaron por mi mente: “dejarlo con vida es un atentado contra el mundo mágico.” Cuánta razón.

Así que aquel día, sin saber si estaba haciendo lo correcto, pero creyendo que estaba haciendo, al menos, lo que quería, volví a ir a aquel bar de Folkestone.

—Un whisky on the rocks —le pedí al camarero, una vez me senté en la barra.

—¿No eres tu muy jovencita para pedirte un whisky a estas horas de la tarde, muchacha? —Me preguntó divertido el hombretón. —¿Tengo que pedirte el carnet de identidad?

—Soy mayor de edad —le dije.

—Bueno, bueno… ¡mi padre siempre decía que la edad no la marcaba un carnet, sino por la cantidad de alcohol que pudieses aguantar! —Y soltó una gran carcajada. Puso el vaso frente a mí y me sirvió el whisky. —¡A ver cómo te sienta!

Yo en verdad no me lo quería beber, pero ese señor parecía tan emocionado que tuve que beber un poco. La cara de limón ácido que se me quedó reveló que yo no estaba acostumbrada a beber esa mierda. ¡Que yo soy de vodka con limón! ¡Mucho limón! Él se rió y yo me quedé allí intentando que mi lengua no se cayese a trocitos. En realidad no sabía qué estaba haciendo allí, ¿cómo narices se iba a enterar esa señora de nada por mucho que yo me pidiese una bebida en específico? Aquello era un error...
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Danielle J. MaxwellMagos y brujas

Charlotte Hargreeves el Dom Mar 24, 2019 5:05 pm


Because I know I'll kill my enemies when they come
Calles de Folkestone,  20:32h , Danielle J. Maxwell  

05/03/2019


   Observo como camina al exterior del callejón y una sonrisa se dibuja entre mis labios. Danielle era una buena chica y me ve como a un monstruo, es incapaz de concebir que sus manos puedan mancharse de sangre por muy justificada que este la causa pero si algo he aprendido es que en el interior de todos nosotros existe un ser capaz de hacer cualquier cosa con tal de sobrevivir.

De prevalecer sobre sus enemigos, sin importar cuantos cadáveres deje a su paso.

¿Quién sabe? Quizás algún día ella abra los ojos, por ahora al menos he conseguido sembrar la semilla de la duda en su interior. Pensará que pretendo manipularla para obtener información de la Orden y está bien que así sea, si algún día vuelve a acercarse a mí no conocerá mis intenciones hasta que sea demasiado tarde.

Soy una hija de puta, que le voy hacer.

De todas formas puede pasar bastante tiempo hasta que Danielle decida aceptar mi propuesta si es que llega a hacerlo.

Me aseguro de que ya no andan por la zona y vuelvo al bar, extrayendo de un bolsillo interior una cuartilla de papel que parto en dos mitades simétricas. Todo está en calma y tal y como suponía el otro miembro de la Orden se ha encargado de deshacerse del cadáver, son demasiado sutiles como para que se les relacione con un asesinato y que queréis que os diga, a mí me resulta bastante cómodo que vayan limpiando por donde paso. Igual hasta los contrato a tiempo parcial, fíjate.

Disculpe. —Espero hasta que el dueño del bar se acerque a mí y dejo una mitad del papel sobre la barra, con varios billetes al lado. - ¿Recuerdas a la chica joven que ha venido antes? Rubia y guapa. —Asiente y prosigo. —Si alguna vez vuelve y pide un whiskey on the rocks me gustaría que mancharas este papel con varias gotas de vino. – Señalo el dinero y lo acerco hacia él mientras le regalo un guiño, divertida.

Podrás hacerlo por mí, ¿verdad? Es una sorpresa.

—Miércoles, 13 de marzo del 2019, 18:35 horas—
Refugio de los Radicales. || Aspecto

¡ESO ES UNA LOCURA!
¡DEBEMOS ENTRAR POR LA PARTE TRASERA DEL EDIFICIO!
¡CHARLOTTE Y MURDOCK DEBERÍAN SER LA DISTRACCIÓN!
¿¡QUIERES QUE MUERAN!?

La discusión prosigue entorno a la gran mesa de reuniones de la División XI en un ambiente crispado por la complejidad de la misión que se presenta ante ellos. Charlotte se encuentra en la zona más alejada, sola, con los pies sobre la mesa y un cigarrillo entre los dedos << Pueden seguir así durante horas. >> pensó mientras da una lenta calada y observa como el resto expone sus argumentos sobre qué es lo que deben hacer. A su juicio no era tan complicado, bastaba con entrar lanzando maldiciones a diestro y siniestro mientras duermen, fácil, sencillo y divertido.

<< Sobre todo divertido. >>

Pero no era esa la parte que le correspondía, no era quien tomaba las decisiones en lo que concernía a la preparación previa de las misiones y aunque siempre tenía algo que decir aunque fuera por joder un poco a los cerebritos, sabía cuál era su lugar. << Solo soy un arma, y las armas no juzgan sobre quien disparan ni a quien aprieta el gatillo. >> Mira de reojo a Lily, una nueva adquisición para la División XI y con ideas que a Charlotte le parecían tan estúpidas como atrevidas, pero al menos parecía ser la única que no se había dejado llevar por el calor de la discusión y mantenía un semblante de profesionalidad que a ella le parece cómico hasta más no poder.

<< Pronto sabremos si tienes lo que tienes que tener para estar aquí. >>

Vuelve la vista al centro de la reunión y, justo cuando abre la boca para decir algo una ligera sensación de humedad aparece repentinamente bajo su guante de cuero negro. Enarca una ceja sorprendida y se desprende de la prenda, dejando que caiga un papel perfectamente doblado tintado de carmesí. << Vaya, esto sí que es una sorpresa. >> Una sonrisa se dibuja entre sus labios y sin decir nada, desaparece del lugar dejando que la silla caiga al suelo.

Aparece a unos metros del bar, vestida con una cazadora de cuero negro y unos pantalones vaqueros bastante ceñidos. La cicatriz ha sido camuflada con un encantamiento hasta hacerla invisible y su pelo ahora es completamente negro << Ya he venido muchas veces aquí, no quiero que alguien se fije demasiado en la borracha de la cicatriz. >> Entra al bar y observa con disimulada satisfacción a Danielle para en silencio, situarse junto a ella y tomar el vaso de whiskey para ella.

Deja que pase unos segundos antes de hablar y de un sorbo bebe lo que queda del alcohol.

¿Que necesitas de mí, Danielle?



Charlotte Hargreeves
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Danielle J. Maxwell el Mar Mar 26, 2019 2:12 am

Beber aquello me había dejado un sabor de boca muy desagradable que no me gustaba en absoluto, pero antes de poder pedir agua para quitármelo, el tipo ya se había ido de nuevo al interior de la cocina. Miré para todos lados por si había otra persona que pudiese atenderme y darme un vaso de agua, e incluso pensé en ir a beber agua al lavabo pero… nada más mirar hacia la puerta del baño, la imagen de aquel hombre muerto y mi compañero pensando que en qué había salido mal, volvieron a mi mente.

Y de nuevo no pude evitar sentir que estar allí estaba mal. En realidad es que piénsalo: ¿qué iban a pensar de mí todos los que creen en que soy una buena persona? Es decir: ¿en qué me convertía el hecho de colaborar con una radical? Quería pensar que mi interés en estar aquí no era para inmiscuirme en ningún tema de esa organización, sino simple y llanamente de aprender de alguien que sabe realmente cómo va todo este mundo. Alguien que, aunque no hubiera tenido ningún tipo de presión u obligación, tuvo la iniciativa de ofrecerme su ayuda.

Así que me quedé en aquella posición, apoyada sobre la barra y con un sabor de boca terrible, con la mirada perdida en ningún sitio, pensando en que a la mínima, me iría por donde había venido.

Pero no me dio tiempo de llegar a esa fase, pues una mujer se sentó a mi lado y cogió deliberadamente mi whisky. No dije nada porque yo no soy de confrontación inmediata, sino que miré con curiosidad a la morena y, por mucho que estuviese cambiada y su rasgo más característico—la cicatriz—con la que le había conocido no surcase su rostro, reconocí a la mujer. Todavía no entendía muy bien cómo era posible que realmente supiese que yo estaba allí pidiéndome un whisky on the rocks. Cuando habló, me quedé un poco congelada porque… bueno, no podía evitar sentir que estar allí estaba mal, ¿vale? Encima nadie lo sabía: inevitablemente sentía que lo que estaba haciendo estaba prohibido o algo así.

—Necesitar no necesito nada —respondí al fin, sin darle importancia a que se bebiese ‘mi bebida’ pues yo no la iba a volver a tocar. —A ver, en realidad no sé si debería estar aquí pero… ¿sabes esa sensación de ver y creer que nada se está haciendo bien? —No sabía por qué le había hecho esa pregunta, pero tampoco quería que la malentendiese. —Es decir, en ningún sitio. Siento que todo se está haciendo mal.

Y ya no solo a nivel de organizaciones: Orden del Fénix o radical, sino que yo creía que todo alrededor de mi vida estaba dejándose llevar un poco por eso: todo está mal y nada se está haciendo bien. Y quieras que no, a nivel personal me estaba terminando por hasta agobiar, no solo por lo que era correcto o no, sino incluso por mi futuro. Tal y como estaba viviéndolo todo, tan de cerca con la Orden del Fénix, es que me sentía muy inútil. Ni útil con respecto a mi vida privada, ni útil con respecto a ella. Quería poder hacer algo de verdad y no servir ciegamente a algo que no me termina de convencer. Tener… la capacidad de elegir.

—¿De verdad me entrenarías? —le pregunté entonces, sin irme por las ramas. En realidad estaba un poco nerviosa. Cualquiera que supiera leer un poco las expresiones o los gestos se daría cuenta. También es que yo soy muy de libro abierto y no sé ocultar cómo me siento. —Pero sin cuestiones morales de por medio. Ni tampoco dándole importancia a donde yo pertenezco o tú perteneces.

Quería pensar que aunque tuviese la sensación de que todo se estuviese haciendo mal, yo al menos podía hacer las cosas un poquito bien. Y en la Orden del Fénix por mucho que me hubieran tratado muy bien, era consciente de que no daba la talla para crear la diferencia y que nadie se molestaría en hacer de mí alguien competente con la varita, o de cara a las misiones. La gente parecía muy ocupada.
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