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We can be heroes || Ian H. & Stella T.

Stella Thorne el Jue Mar 07, 2019 3:50 am

We can be heroes || Ian H. & Stella T.  BaUKQu3
Londres | Jueves 07 de marzo | 20:00 hrs | Atuendo |

Aquel día en el refugio no se diferenciaba a cualquier día común y corriente, no había ocurrido ningún altercado, los horarios se habían respetado, los talleres se habían impartido normalmente, y la tranquilidad invadía cada rincón. Pero para una rubia de revoltoso ser ese día no era igual a ningún otro. De hecho se le podía ver como una particular sonrisa y más sociable que de costumbre. Dejó que Galleta le ordenara su ropa haciendo al elfo particularmente feliz, y jugó junto Anatolia en los invernaderos donde  la monita se entretuvo oliendo y escalando las ramas de los árboles que habían crecido en su interior. Y hasta se le vio dar una vuelta en el taller de pociones, y como cual gato curioso quedarse en una esquina mirando cómo los demás se sumergían en sus calderos y elaboraciones, donde de vez en cuando lanzaba bromas que hacía que todos sonrieran y destensaran sus hombros.

Es que para Stella Thorne aquel día le sonreía. Y por qué se preguntaran, pues hoy ella podría saborear un poquito de libertad. Y cada vez que eso ocurría es como si toda esa energía que antes desbordaba por borbotones volviera a formar parte de ella intensamente, transmitiendola a todo aquel que se cruzase en su camino. Hoy también se haría nuevos tatuajes, uno ya lo tenía pensando y los demás, pues simplemente quería pensarlos allí mismo, dejarse llevar por su instinto e improvisar en la marcha. Y por último, pero no por eso menos importante, vería a Ian Howells, mago que con su sola presencia hacía despertar su lado más alocado y risueño. A todas luces, aquel día nada podía salir mal. Porque aunque su condición siempre le indicaba que todo podía salir muy mal saliendo de aquella zona segura, ese día no se permitiría pensar en aquello.

Hoy la guerra no existía, se encontraba durmiendo en algún lugar mientras ella salía de fiesta. Hoy se permitiría, como dice aquella famosa canción de aquel cantante muggle Bowie, ser héroes junto a Howells, y pasar de todos aquellos que andan pisándole los talones en busca de encerrarla en cuatro escalofriantes paredes.

Había quedado con el castaño en su casa a las ocho, horario en que ese día ya no tendría más citas en su estudio y así iba a poder tener un tiempo para hacerle los suyos. Cuando quedaban quince minutos para la hora indicada, dejó a Galleta y Anatolia con una vecina amiga, una anciana de setenta años que adoraba a sus compañeros de aventuras y les daba muchos mimos en su ausencia.  Y en modo de gratitud, por su siempre buena disposición, se quedaba escuchando por décima quinta vez sus historias de adolescencia mientras le mostraba fotografías de aquellos tiempos dorados.

Cinco minutos estuvo junto a la mujer y sin importarle que partía diez minutos antes de la hora acordada, se despidió de la mujer y sus queridos para de un pestañar y sonriente andar aparecerse en la habitación de Ian Howells.

Se apareció sobre su cama, teniendo una caída de lo más cómoda y blandita. Miró a su alrededor y no encontró al castaño, sonrió traviesamente y sigilosamente salió de su habitación en su búsqueda. Al salir enseguida observó la espalda del castaño en el sector de la cocina y haciendo acto de su gatuno andar silenciosamente se acercó a él, y cuando se encontró a tan solo un par de pasos tomó un impulso y saltó sobre su espalda como cual koala, mientras imitaba  el rugido de un león.- ¡Guaaarg!.- exclamó, clavando sus dientes en su hombro izquierdo. Para enseguida bajarse y situarse a un costado sonriente.- Holo.- le saludó con mirada traviesa.- Uh, comida.- dijo, cuando un pan con aguacate capturó su atención. Claramente esa porción era para uno, y era la once del mago. Pero ella sin pudor alguno tomó un trozo y le dio un gran mordisco.- Ñamñam.- musitó con la boca llena.

Ya era oficial, la torbellino Thorne había llegado para desordenarlo todo.
Stella Thorne
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Miér Mar 13, 2019 1:45 am

Ese día era un buen día, porque era un día de NO HACER NADA. Y tú dirás: ¿cómo un autónomo como Ian puede permitirse un día sin hacer nada? Bueno, en realidad no se lo podía permitir, pero podía perfectamente tratar ese jueves como un sábado y el sábado siguiente como el jueves y así recuperaba las pérdidas. ¿Habéis visto? Luego le tacháis de tonto, cuando es terriblemente inteligente.

Estaban en pleno invierno, pero lo bueno de su casa es que siempre tenía un temperatura bastante cálida. Tanto a Alexandra como a él no les gustaba tener frío en casa, por lo que pagaban la calefacción todos los meses como auténticos burgueses. A Ian no le importaba, pues prefería ir por casa con pantalones cortos, descalzo y con camisa de manga hueca. Odiaba tener que abrigarse para estar en su propio salón viendo una película. A él eso de pasar calor bajo la mantita no le gustaba demasiado, pues era un tipo caluroso y con muchas capas se agobiaba. Es por eso que en ese momento, así estaba en su casa, en soledad. Hoy Alexandra había quedado con a saber quién, mientras que Perseo estaba de paseo con sus abuelos maternos y su mami.

La verdad es que Eris le había invitado a ir, pero como ya tenía planes con Stella, prefirió decir que no. No le había dicho que tenía planes con una fugitiva, sino que tenía trabajo atrasado. Se llevaba bien con los padres de Eris, pero tampoco quería forzar mucho esa relación teniendo en cuenta que tarde o temprano ‘el papi de Perseo’ sería reemplazado por la pareja seria de Eris.

Así que se puso a recoger la cocina con magia aprovechando que Alexandra no estaba y así hacía un poco de comida: pan con aguacate. Ian era de esas personas cuyo pecado favorito después de la lujuria, era la gula, así que empezó a comer como un gordito aprovechando que su compañera de piso había comprado aguacate esa semana.

De repente sintió ese abrazo por la espalda, acompañado de un ruido de lo más gracioso. Incluso le mordió el hombro, a lo que pegó un respingo hacia atrás. Le sonrió al verla, divertido.

—La fugitiva ha aparecido en mi casa a robarme la comida porque ella no tiene dinero —dijo en voz alta, divertido, al verla con la boca llena. Le encantaba meterse con su escasez de dinero por ser una sin techo. —¿Pan con aguacate? Pensé que atacarías mi despensa y dejarías a mi compañera de piso sin chocolate. Se cree que soy yo quién se lo robo, deberías dejarle una nota diciéndole que tú eres la culpable.

La primera discusión entre Alexandra e Ian: el respeto por el chocolate ajeno. La verdad es que Ian no era muy amante del chocolate, lo justo y necesario como para no robarle el chocolate a su compañera de piso.

Entonces se cruzó de brazos y se apoyó en la barra de atrás, mirando como se comía SU pan con aguacate. Se lo perdonaba porque él ya había comido unos cuantos y, bueno, era Stella, tenía que alimentar a la pobre fugitiva sin dineros y sin nada.

—¿Qué tal el día? ¿Muchas cosas de fugitivas? ¿Te cansa esconderte y esas cosas? —Le dijo con una sonrisa burlona. En realidad Ian ya le había dejado claro a Stella que prefería no saber nada de en donde se quedaba o de las personas con las que estaba. Él tenía que hacer cosas que no le gustaba y no quería que de cagarla estrepitosamente, pudiesen utilizar su información en su contra.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Sáb Mar 23, 2019 2:30 am

La sonrisa que se había apoderado del rostro del Stella durante todo el día no desapareció cuando se apareció en la casa del castaño. Y teniendo una caída de lo más blandita, juguetonamente salió de la habitación en busca del ex slytherin, tampoco es que fuera una misión muy difícil teniendo en cuenta la disponibilidad espacial de aquel lugar. Por lo que solo le bastó abrir de manera silenciosa la puerta de la habitación para toparse con la espalda del joven mago.

Fue a su encuentro al igual que un felino va tras de su presa, y tomando un pequeño impulso terminó encima de la espalda de Ian y con sus dientes clavados en uno de sus hombros. Para luego, tan rápido de como se había subido, bajar y robarle un pedazo de pan con aguacate que se estaba preparando para llevárselo a la boca y darle un gran mordisco.

Rodeó los ojos, y le dedicó un rostro gracioso tras escuchar sus palabras, para luego reír. Solo gestos podía hacer ya que su boca se encontraba saboreando y llevando a su panza la comida del castaño.— ¿Y quién ha dicho que he sido yo la que se los ha robado?— preguntó poniendo el mejor rostro angelical que tenía en su repertorio, pero que no alcanzó a teñir su mirada que seguía desprendiendo un brillo sumamente travieso y juguetón. Camino hacia una de las estanterías, justo aquella que contenía las cosas dulces, solo era una casualidad, no es que ella ya se sabía de memoria la localidad de comidas deliciosas que podía encontrar en esa casa, no, no, no. Abrió el mueble y sacó algo de su chaqueta.— Mi tregua ha sido entregada.— señaló sonriendo divertida mientras levantaba de pronto una barra de chocolate con un mensaje a Alex en el y lo dejaba en el interior. Es que siendo una amante del chocolate, algo había aprendido al pasar del tiempo, y es que con los chocolates ajenos no se juega. Por lo que si alguna vez robaba alguno de una despensa, hacía todo lo posible por devolverlo, porque no había nada más horrible que añorar una pedazo de chocolate y llegar a tu casa y no encontrarlo. Eso, eso era un pecado mortal— ¡Uh! tiene bombones rellenos de trufa.— se dió cuenta de pronto, para mirar a Ian con ojos brillantes.— ¿Son de ella o tuyos?— le preguntó esperanzada, porque si existía la posibilidad de que esos bombones fueran de Ian, ella los iba asaltar sin dudarlo.

Sonrió de lado al escuchar su siguiente pregunta— Todo menos aburrida. Ya sabes, hoy estuvieron a punto de capturarme tres veces, hasta con marcas me quedé...— mintió levantándose la chaqueta de cuero más la camisa que tenía aquel día para mostrarle unos rasmillones que tenía en el sector de la costilla izquierda, que en verdad se los había hecho esa tarde mientras escalaba los árboles junto a Anatolia. — Pero tranquilo, no sufras, Stella estará para mucho rato. Esconderme es mi especialidad.—  bromeó guiñandole un ojo.

Joder...había olvidado que en tu casa hace mucho calor.— dijo de pronto con el ceño levemente fruncido. Para luego sacar una barra extra de chocolate que había traído de su chaqueta, dejarla sobre una meson y tras echar una rápida mirada de que nadie no mago estuviera por los alrededores de una moviento cambió su vestuario demasiado invernal por uno mucho más ligero.— Ahí sí, mucho mejor.— comentó sonriente para volver a tomar la barra, y al abrirla pegarle un gran mordisco.— Que la fugitiva sin dinero hoy no te comerá toda la comida, ha traído la suya, y no piensa convidarte.— le dijo soltando una risita y sacándole la lengua, mientras saboreaba el delicioso sabor del chocolate en su boca.

Comenzó a caminar hasta llegar a un sofá donde dejó caer todo su peso.— Tengo pensado un tatuaje para hoy, aunque quiero hacerme dos. El segundo no sé muy bien qué hacerme, ahí tenemos que pensarlo.— le comentó, sacandose las zapatillas para subir los pies sobre el sofá. Cabía destacar que a la ex gryffindor, pese a no haber ido mucho a la casa del castaño se sentía muy cómoda en ella. — ¿Y cómo va la vida de padre y tatuador?— le preguntó clavando su mirada en el castaño.

Al menos la castaña no iba con horario límite, no iba apurada, todo lo contrario tenía todo el tiempo del mundo, para poder hablar, ponerse al día, hasta tomarse un par de cervezas antes de hacerse los tatuajes. De hecho, si de pronto aparecía una invitación para quedarse esa noche, lo más probable que su respuesta fuera afirmativa. Así que se acomodo en ese sofá mientras comía su barra, ya que para ella la noche aún era muy joven.
Stella Thorne
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Miér Mar 27, 2019 2:12 pm

—Son de ella —declaró divertido cuando preguntó por los bombones rellenos de trufa, haciendo que Stella dejase sus intenciones de robarlos a un lado.

¿¡Y SABÉIS LO MEJOR DE TODO!? ¡Era una mentira! En realidad eran de Ian, pero como había muchas probabilidades de que terminasen teniendo sexo, le hacía ilusión traerlos después de, siendo muy consciente de lo golosa que era su fugitiva favorita cuando acababa de llegar al clímax. Luego dirían, pero Ian era muy considerado con sus mujeres favoritas.

Cuando le bromeó con lo de que le habían intentado capturar tres veces, el chico lo pilló a la primera, pero el hecho de que dijera que tenía marcas y se las enseñara le preocupó, pues a lo mejor no era tan broma. No le parecía descabellado en absoluto que Stella le minimizase la información con tal de no preocuparlo, o que directamente no le dijese nada. Al final, como le guiñó el ojo, supo que estaba de coña, pero igualmente el rubio se quedó con el ceño fruncido.

—No me bromees con esas cosas, que me estreso, tía —confesó, rascándose la nuca. —Es decir, si un día estás mal sé que acudirás a Laith porque obviamente él sabe curar y yo no, pero avísame. O sea, ya sé que te he dicho que no quiero inmiscuirme mucho porque Perseo y eso pero... no sé, ¿sabes? Tú... yo y eso. No sé, ¿me entiendes? —¿Ian? ¿Qué te pasó? ¿Se te lenguó la traba? Tú normalmente no te explicas tan mal. La verdad es que no supo muy bien por qué no se explicó bien, pero en realidad es que se había quedado sin mucho que decir porque se estresó entre cosas sinceras y preocupación quizás excesiva. ¡Stella sabía cuidarse solita!

Se cambió de ropa, además de declarar abiertamente que aunque fuese una fugitiva sin dinero se traía su propia comida. Él negó con la cabeza: ¡encima que en su casa podía racanearle abiertamente toda la comida que quisiera! La verdad es que siempre le entraba curiosidad por saber de dónde sacaba dinero Stella, pues suponía que sus padres no le daba una paga ilícita a una cuenta privada ni nada así. Pero claro, luego siempre pensaba que mejor no hacer pregunta de las que no quieras saber respuestas, por si acaso.

—¡Yo pensando que me venías a dar sexo y lo que vienes es a hacerme trabajar! —Se quejó, sentándose a su lado o más bien tirándose en el sofá junto a ella, haciéndola moverse por lo elástico del sillón. —¿Vienes con la idea de hacerte dos porque sí, así a lo loco? Yo sigo pensando que deberías tatuarte la palabra 'chocolate' en algún lugar. O la frase 'Ian te amo, hazme un hijo' en algún otro lugar. Como en el culo. —Y entonces empezó a pensar él solo. —Aunque por ahí no se hacen hijos. —Reflexionó, mirando al techo como si ahí estuviese su acompañante de temas estúpidos. Finalmente miró a Stella y rió. —Pero mejor empecemos con lo de chocolate —bromeó, poniendo su mano sobre su pierna con confianza.

Su vida como padre y tatuador pues era... joder macho, qué pregunta tan difícil: ¿pues normal? ¿Qué narices le contestas a una fugitiva cuya vida es complicada siempre? ¡Es que así no es justo! ¡Ser padre es que parece hasta fácil! Ian se encogió de hombros.

—Pues bien tía, no sé. Ahora que Perseo es más grandito da menos el coñazo. O sea... —Que mal padre había parecido. —No es que de el coñazo siempre, pero ya sabes a lo que me refiero: que si los pañales, darle de comer siempre el biberón, que si hacerle eructar después de comer... Cuando es bebé es mucho más complicado. Ahora que ya sabe corretear y jugar él solo, es otro rollo completamente diferente. Creo que se ha convertido en mi mejor amigo, fuera de coñas. —Le confió divertido, abriendo los ojos con sorpresa. —Que me lo paso bien con él y todo, en plan jugando. Hacía años que no jugaba a esas cosas y no sé, es muy guay. Me gusta. Deberías venir un día que lo tenga en casa, en serio, nunca pensé que fuese tan divertido pasarse una tarde entera jugando con un niño de apenas tres años —relataba aquello con absoluta admiración por su hijo. ¿Pero claro, cómo lo iba a evitar? ¡Ian estaba enamoradísimo de su pequeño! Y se le notaba, por como hablaba con él, siempre desde el corazoncito que parecía no tener para el resto.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Lun Abr 08, 2019 4:57 am

La decepción que sintió tras escuchar la respuesta de Ian fue monumental, es que hace mucho que no probaba ese tipo de chocolates y de esa marca, que era una de las mejores y más sabrosas del mercado. Y cuando los vió allí, fue como si recordara lo mucho que los extraña sentir en su boca de sopetón, hasta se le hizo agua la boca. Estuvo tentada de robarselo de todos modos, al menos uno, pero se contuvo, acaba de regresarle un chocolate que ya le había robado a Alex, no podía volver a caer en lo mismo, ahí si que la chica la terminaría por odiar y guardar todas sus cosas bajo llave cuando ella fuese a esa casa, y no, no quería producir esa desconfianza en ella, ya que al parecer, al igual que Stella la compañera de piso de Ian era toda una amante de los chocolates.— Oh, vale...— susurró bajito, para volver a cerrar el estante y caminar hacia otro lado, bien, pero bien lejos de esa tremenda tentación.

Stella arrugó levemente el ceño cuando escuchó las siguientes palabras del rubio, más que nada por asombro que otra cosa. Ya que pensó que por el tono y el guiño que le había dado se notaba que eran bromas sus palabras, ya que jamás había pretendido ponerlo incómodo o algo con sus palabras. Pero lo siguiente que dijo la confundió aún más, es que más le parecía una trabalengua que una frase en concreto.— La verdad no mucho.— le confesó ofreciendole un cálida sonrisa de lado, para luego acercarse y clavar su mirada en la del mago.— Pero vale, prometo no bromear más con esas cosas y contarte si algo me pasa, pero si tu también lo haces ¿vale?. De hecho, esta herida me la hice hoy trepando árboles con Anatolia ¿te conté que me regalaron una monita y un Elfo?.— le preguntó, sin recordar si efectivamente le había contado aquello.

En eso una ola de calor la golpeó haciendo que recordarse que en la casa del rubio las temperaturas pese al invierno fueran altas, así que se cambió de vestuario con tan solo un movimiento de varita, pero no sin antes sacar una barra de chocolate que había guardado en la chaqueta de cuero que traía puesta. Y cuando por fin se sintió más ligera y su temperatura se nivelo, le dió un gran mordisco a su chocolate y se dejó caer sobre el sillón del mago. Allí le contó sobre sus planes de hacerse nuevos tatuajes, y mientras lo hacía se acomodó aún más sacándose las zapatillas para subir sus pies sobre el sillón.

Soltó una risita cuando escuchó las quejas del rubio mientras se dejaba caer a su lado y asintió cuando escuchó su pregunta, es que sabía que quería hacerse más tatuajes pero qué ni dónde, ni idea, era como una especie de adicción que sentía por la tinta, no igual a la que tenía por el chocolate pero bastante parecida, no es que pensará hacerse mangas de tatuajes como el rubio, pero si fuera por ella cada vez que visitara al maho se haría un nuevo tatuaje en algún lugar, por mera diversión. Soltó una carcajada cuando escuchó sus siguientes palabras, y rodeó los ojos ante las reflexiones de Ian, negando con la cabeza divertida.— Idiota.— dijo risueña, sonando de todo menos como un insulto hacia el mago.— Jamás había pensando eso del chocolate, que mala choco adicta soy, pero parece una buena idea, ahora debo pensar dónde...—arrugó su nariz pensativa.

Y luego le preguntó sobre Perseo, ese pequeñin que de lo poquito que había compartido con él logró robarle el corazón a Stella, es que la rubia no es que se llevara muy bien con los niños pequeños, ya que jamás ha tenido que compartir mucho con ellos, al ser hija única y eso, sin tener primos ni nada, compartir con bebés le era muy extraño, pero con el hijo de Ian conecto super fácil, y que el pequeño fuera una ternura con patitas se lo hacía aún más fácil. Sonrió ampliamente al escucharlo hablar así de él, porque se notaba que Ian se encontraba muy feliz como padre, si hasta los ojos le brillaban, era una imagen muy bonita de ver.— Me alegro que las cosas marchen bien— le dijo sincera,— Y vale, acepto esa invitación de venir un día cuando él esté.— agregó sonriente.

Un sentimiento tan agradable le invadió, ese que uno siente cuando la persona que uno estima se ve, se escucha y está feliz, haciendo que por consecuencia uno también lo esté. Se llevó otro trozo de chocolate a la boca y mientras lo saboreaba con su mirada clavada en Ian sintió un impulso, y como ella jamás se ha caracterizado por ser una chica controladita y detener sus arrebatos...elevó su pierna izquierda y la pasó por encima de las piernas de Ian hasta quedar sentada de frente a él en su regazo, llevó sus brazos hacia el cuello del rubio y los juntó detrás de su espalda, quedando sus rostros bien cerca.— Una cosa me gustaría aclarar: ¿Quién dijo que esta noche no va haber sexo?.— le preguntó en susurro antes de unir su boca con la del mago, boca que de seguro aún sabe a chocolate, sabor que el mago seguro estaba acostumbrado cuando se trataba de besar a Stella, la chocomaniaca.

Al separarse de él le sonrió, para morder nuevamente su barra.— Besos de chocolate— le dijo risueña, para volver a besarlo esta vez con un poco más de chocolate en sus labios.—Hey...— dijo de pronto, alejándose del rubio.— Podría tatuarme "chocolate" en labio de abajo. ¿Cómo es tatuarse el labio, muy terrible?.— le preguntó curiosa a Ian, que de seguro él sabía cuáles eran las mejores y peores zonas para tatuarse y le diría la verdad.— Porque si me dices que después es un culo comer, olvidalo, no me tatuare el labio jamás.— dijo sacando a relucir su tan conocido lado glotón.



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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Jue Abr 11, 2019 2:58 am

Con el nombre de Anatolia se quedó un poco en la nada, sin saber quién era es tal Anatolia y por qué Stella jugaba con ella en ÁRBOLES. Sin embargo, cuando habló de una monita y un elfo, las cosas comenzaron a tener un poco de sentido, porque tampoco tenía mucho sentido que un mono o un elfo se llamase Anatolia, pero ojo, que había de todo en esta vida.

Tampoco entendió muy bien cómo es que se preocupaba de Ian, si es que su vida era bastante tranquila ahora desde que había dejado de participar en tantas aventuras de mortífagos. Eso de hacerse pasar como un inútil se le daba de puta madre. Cualquiera diría que es inútil de verdad.

—A ver, por partes: ya sabes que intento no ir a ningún tipo de situaciones de… esas. Prácticamente han dejado de contar conmigo, pero sabes que si por alguna casual lo hacen, no puedo decir que no. Pero… —Se encogió de hombros. —Solo quería que lo supieras, que yo en realidad… creo estar bien. —No sabía si decirle eso era bueno, malo o de un pesado, pero se lo decía igual porque quería que tuviese la certeza de que no le estaba mintiendo con ese tema. De verdad que Ian se arrepentía muchísimo de haberse metido en todo ese mundillo. Más ahora, que literalmente lo convertía en un enemigo de alguien como Stella. —Y nunca me has hablado de un elfo y un monito, ¿quién te regaló eso?

La verdad es que no se imaginaba en absoluto a una Stella viviendo en compañía de un mono y un elfo, pero la información le supo bien. Es decir: era una fugitiva. Suponía que tener compañía ayudaba, por no hablar de la ayuda incuestionable de un elfo doméstico. Ian se hubiera llevado a su casa a Poppy si no viviese con una muggle, lo tenía clarísimo. Por algo siempre había sido su elfina doméstica de confianza desde bien pequeñito, la elfa encargada de que no saliese a la calle enseñando la pilila o con chocolate en la boca.

Ian le soltó una idea aleatoria sobre tatuarse la palabra ‘chocolate’, que al parecer le gustó bastante, sin embargo, luego se embriagó del amor de Perseo, hablando de él como si fuera la persona más grande del universo, siendo todavía tan pequeño. Pero era lo más grande del universo de Ian, ¿vale? Era de lo mejorcito que había tenido nunca. Por encima incluso de su adorable moto.

—Te avisaré, pero suelo tenerlo mínimo tres veces a la semana, así que es bastante. De hecho la semana que entra la tengo bastante petada de trabajo: podrías venir un día y me ayudas a cuidarlo y así no tengo que cancelar mis citas. —Y tras una pausa divertida, le sonrió. —He quedado como el típico super aprovechado, ¿verdad? Pero sé que te hace ilusión estar en mi habitación con Perseo jugando tranquilamente mientras yo trabajo… —Dejó sonar una leve pausa de silencio. —Te puedo pagar con chocolate. O con sexo. —No tuvo muy claro si el chocolate o el sexo, en su mundo, era mejor. Creía fervientemente que se había equivocado de orden. —O las dos cosas. —Así sí, campeón.

Y de repente, sin previo aviso cuando Stella estaba tranquilamente sentada a su lado, elevó una de sus piernas y se sentó sobre el regazo de Ian de manera MUY SEXY, por no hablar de que luego le besó tras declarar que esa noche habría sexo. En su mente había un Ian muy feliz, pegando saltos y gritando ‘yeeeeyyyy’ mientras que bajo sus pantalones también había un Ian controlando la felicidad del grandote, que con una Stella encima y ese beso pasional con declaraciones sensuales, tenía ganas de despertar.

Maldita Stella, si es que lo tenía super fácil.

—Tú —le dijo al separarse, mirándola con reproche. —Deberías dejar de ser TAN SEXY si no vas a darme sexo al momento porque yo tengo que lidiar con un ente aparte de mí, que no está bajo mi responsabilidad, pero sí bajo mis pantalones y al que le pones un mucho, ¿sabes? Y ahí está ahora, intentando hacerse notar mientras me pide que te lleve a la habitación y todas esas cosas. Así que contrólate, que a éste no le controla nadie. —Le advirtió con diversión en la voz.

Que las mujeres se creían que éramos tan difíciles como ellas en entrar en el momento. ¡No tía, nosotros entramos DEMASIADO RÁPIDO y luego mira lo que nos cuesta aguantar al tipo! ¡Tenemos una gran responsabilidad!

Cuando se le ocurrió lo del tatuaje en el labio le pareció una idea genial, tan genial que abrió los ojos y asintió con la cabeza mientras ponía sus dos manos sobre las piernas de la rubia.

—Oye tía, pues molaría mucho mucho —le respondió. —Sólo he tatuado el labio una vez y el tipo no parecía sufrir demasiado la verdad. ¿Lo bueno de todo? Tienes excusa para comer helado durante una semana mientras se te baja el hinchazón, así que tan mal no puede ser, ¿no? —Le sonrió divertido, para entonces ponerse más en serio. —No, ya, si te lo haces ahí no podrás echarte crema ni nada, por lo que tendrá que curar por sí solo, sin ayuda. Además, es un lugar en el que se te puede borrar con relativa facilidad, pero te lo repaso y listo. —Y entonces asintió con la cabeza. —Yo me lo haría ahí, indudablemente. Ahí o en la planta del pie. O en el culo. No sé, en sitios donde se vea, ¿sabes? —Bromeó, con un guiño. —¿Quieres ponerte con eso?
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Miér Mayo 01, 2019 10:19 pm

La llegada de Stella en la casa de Ian se hizo notar rápidamente, ya ni dos minutos habían pasado y ya le había robado comida al dueño y revisado sus estantes descubriendo una increíble reserva de chocolates que hacían que a la castaña se le hiciese agua la boca de tan solo verlos. Pero ahí se fue cabizbaja cuando Ian oso en mentirle que no eran suyos, y fue al encuentro del castaño para ponerse flashmente al día de sus vidas, haciendo que Stella descubriera que aún no le había hablado al mago de sus nuevos amigos.

Sonrió de lado tratando de disimular lo contenta que le ponía escuchar que ya no iba a esas cosas, y de a poco los Mortifagos habían empezado a no contar con su presencia, y eso la calmaba mucho, ya que de tan solo pensar que en un futuro los dos se pudieran volver a encontrar en un campo de batalla pero en distintos bandos le ponía malita. — Pues, me alegro que estés bien — le dijo junto a una encantadora sonrisa que se iluminó aún más cuando Ian le preguntó sobre la monita y su elfo. — Me los regaló un amigo del lugar en que me encuentro, él  decidió marchar junto a su familia a un lugar más seguro y bueno, me dejo a dos de sus queridos conmigo. Anatolia es una monita muy linda y divertida, y Galleta es el elfo más servicial y tierno del mundo entero. Debo admitir que en un comienzo me costó acostumbrarme a tener dos presencias constantemente conmigo, pero ya se han ganado mi cariño, así que no me imagino no andar con ellos por ahí...Bueno, ahora los deje con una vecina, pero si un día quieres puedo traerlos para que los conozcas. — le dijo encogiéndose de hombros, sin saber muy bien si a Ian le interesaría conocer a tan particulares seres.

Se acomodó plácidamente en el sofá no sin antes cambiarse de atuendo y sacarse los zapatos, allí temas como tatuajes o Perseo no tardaron en aparecer, y donde el último de ellos hizo que Stella aceptará un día venir a pasar el rato junto al pequeñín y su padre, es que lo poquito que había pasado con los dos juntos le había gustado montón, además que le gustaba ver a Ian feliz y cuando estaba con Perseo o simplemente hablaba de él, el castaño irradiaba felicidad y era algo muy bonito de presenciar.  Soltó una risa cuando el mago le dijo lo de que cuide a Perseo mientras él trabajase y asintió cuando él mismo reconoció haber sonado todo aprovechador, para luego enarcar una ceja y sonreír traviesa al escuchar sus siguientes palabras. — Vale, acepto. Me gusta tu forma de pago, Ian Howells. — admitió divertida.  — Más adelante acordamos que día vengo de la otra semana. — le dijo guiñandole un ojo.

Y luego en un impulso que le nació naturalmente Stella elevó una de sus piernas hasta quedar sentada sobre el regazo de Howells, y de paso darle un beso aclarando una de sus intenciones en este encuentro, y cuando se separó no pudo evitar soltar un pequeña carcajada tras notar esa mirada de reproche y escuchar las palabras posteriores. — ¿Y por qué no me llevas a la habitación y todas esas cosas? Sabes que conmigo no tienes que porque ser controladito, porque ¿para qué mentir? que de controlados, tú y yo no tenemos nada. — le dijo divertida, para luego robarle un beso de manera fugaz.

Pero en eso una idea de un nuevo tatuaje se le vino a la cabeza a Stella y se la compartió enseguida a Ian para ver si era recomendable.  — Comer helado durante toda una semana me parece un panorama perfecto — reconoció sonriente la castaña, ya lamiéndose los labios imaginando  una cassata enorme de helado de chocolate para ella solita. — Vale, entonces ese será. — concluyó, para luego arrugar su nariz pensativa cuando le propuso empezar ahora con ello.  — La noche es joven aún ¿no? Y pues, bueno...si me lo haces ahora, después habrán muchas cosas que no podré hacer con mi boca... — comenzó a decir acercando más su cuerpo con el de Howells. — Como comer, hablar tranquilamente... — le dijo, para luego darle un beso pausado e intenso. — ...besar— le susurró para luego ir a su cuello y darle un mordisco en esa zona, para luego subir y llevar su labios al oído. — morder, o ya sabes muchas cosas más. — dijo, agarrando con sus labios el lóbulo del castaño.

Es que Stella no mentía cuando decía que ella de controladita no tenía nada.
Stella Thorne
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Sáb Mayo 04, 2019 3:16 am

Le contó que la mona y el elfo doméstico se lo había regalado un amigo y, por cómo lo dijo, Ian intuyó que se trataba de un fugitivo que había huído del país. Inteligente, sin duda. Si podías irte del país con seguridad, Ian se lo recomendaba a todo el mundo, porque Londres era una mierda. La verdad es que nunca había tenido una mascota más allá que un elfo doméstico, por lo que el mono le parecía curioso, sin embargo, ya estaba muy acostumbrado a la convivencia con un elfo doméstico muy servicial, por lo que dudaba que el tal Galleta pudiese resultarle en algún grado interesante.

—Un día que Alexandra no esté por aquí o le puede dar una embolia cerebral como vea a un elfo doméstico —le dijo divertido, para entonces añadir: —Yo siempre he convivido con un elfo doméstico encargado al cien por cien de mí. No sé si lo sabías, pero se llamaba Poppy y era como mi… niñera particular. Se encargaba de que me pusiera los pantalones antes de salir de casa, de que no me rompiese la cabeza con las esquinas y de que no le tirara del pelo a mi hermana. Mi hermana también tiene uno, de nombre Ziggs. Poppy me preguntó que si se podía venir conmigo cuando me independicé, pero evidentemente conviviendo con una muggle… —Se encogió de hombros, pues en realidad le daba mucha penita Poppy y sabía que sería una gran ayuda, sobre todo con Perseo. Sin embargo, mira, en realidad no la necesitaba.

No le sonaba haberle contado esa historia a Stella y eso que Poppy siempre había estado en la vida de Ian. Ahora servía a los Howells en general y siempre que veía al Señorito Ian volver a casa con su hijo Perseo se ponía muy feliz. Dirán muchos que no, pero cuando un niño crece con la calidad del cuidado y el cariño de una elfina como Poppy… uno aprende a respetar a esas criaturas mágicas.

Por suerte, en la casa de los Howells los elfos domésticos siempre han sido tratado bastante bien, aunque tengan claro su papel de servidumbre.

Ahhhh, ¡pero Stella! ¡Que Mr. Howells—alias del pene de Ian—se pone muy contento si haces esas cosas! ¿Que por qué no la llevaba a la habitación para hacer todas esas cosas? Bien porque… ¡acababa de llegar y no quería parecer un obsesionado con el sexo! Es que si era por él se podían pegar toda la noche que entraba en la cama, ¿sabes? Capítulo, sexo, tatuar, sexo, cenar en la cama, sexo. ¡El sexo entremedias de todo!

Y vamos, la cosa empezó a caldearse hasta que la cosa estaba clara: no podía hacerle un tatuaje en la boca a Stella porque claramente luego no podía hacer muchas cosas. Y lo siento, por mucho que matizase lo de comer, hablar o besar… ¡Ian solo pudo pensar en otra cosa! Así que cuando le atrapó el lóbulo de su oreja, el chico bajó sus manos hacia su camiseta y la sacó del interior de los pantalones para quitársela hacia arriba, dejándola con un sujetador blanco. Tiró la camiseta por ahí e hizo la cabeza de Stella hacia atrás para besar su cuello y bajar hasta su escote. Al final, terminó volviendo a subir para besarle en los labios con ansias y ganas. Poco a poco sus manos bajaron hasta el trasero de la rubia y se puso de pie, cargándola con sus brazos. Ian estaba fuertito, pues iba al gimnasio, por lo que aunque le costó al principio, una vez estuvo de pie, ella lo rodeó con sus piernas y pudo caminar tranquilamente hacia su habitación.

Tiró a Stella de espaldas contra la cama y, antes de recostarse, se quitó él la camiseta y se acercó a la mesita para coger un preservativo. Luego se puso en la parte baja de la cama, puso las dos manos en las rodillas de la chica y abrió sus piernas para ponerse de por medio. Con una de sus manos quitó el botón de su vaquero, para entonces sonreírle.

—Te voy a enseñar yo los múltiples usos de la boca… —Le soltó el spoiler, para entonces tirarle la bolsita del preservativo en la frente. —Guarda tu eso mientras.

La confianza, que daba asco. ¿Pero y lo que te reías?


***

Cuarenta y cinco minutos después—minuto arriba, minuto abajo—ambos se encontraban en la cama y, al menos Ian, además de sentirse exhausto, se encontraba tremendamente en paz y… también con un poco de sueño. Era gracioso porque Stella era multiorgásmica y siempre le decía a Ian que tenía que aguantar lo suficiente o hacer lo que hiciese falta para que llegase mínimo tres veces. ¡No pedía nada la tía!

¿Veis como la confianza daba asco? Pero bueno, a Ian le encantaba hacer que las chicas llegasen al orgasmo y, sobre todo Stella, así que… ¿qué le iba a decir? ¿Qué no? ¡Já! ¡Nunca! ¡Cómo si tenía que hacer que llegase cinco! Mr. Howells podía con todo.

—Que te corras es cuestión de honor, pero… ¿tres veces? La virgen, tía, es que me dejas reventado. Mujer insaciable... —le dijo, boca arriba, con Stella apoyada en su pecho. Le encantaba estar así, la verdad, sin que hubiera ninguna responsabilidad que los hiciese salir de la cama, o ningún problema que los hiciera vestirse o ir cada uno por su lado. Así, tal cual, en aquella sensación de tranquilidad y paz. —Te iba a decir que ya he perdido las energías para todo el día, pero sé como recuperarlas, espera.

Se puso en pie y tal y cómo vino al mundo—pues Ian siempre había estado muy a gusto con su desnudez—salió hacia la cocina para coger esos bombones rellenos de trufa. Volvió en apenas un minuto y volvió a entrar en la habitación, mostrándoselos a Stella y volviendo a acostarse en la cama, esta vez un poco más levantado y apoyado en el cabecero.

—Eran míos, pero si te lo llego a decir antes te los hubiera zapando en tres minutos, pedazo gorda —le dijo divertido, abriendo la caja.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Sáb Jun 08, 2019 5:44 am

A la rubia aún le era extraño contar con la presencia de esas dos criaturas constantemente en su vida, pero como se lo había señalado a Howells, de a poco, paso a pasito, ambos fueron ganándose un lugar importante en la vida de la maga, dándose cuenta que su vida de fugitiva era mucho mejor yendo de la mano con una mona revoltosa y un elfo más dulce que un algodón de azúcar. Además, era una regalo de Drake, aunque el mago le hubiera dejado un murciélago con un ojo y siete patas que escupe fuego, la rubia lo estimaría igual.

Soltó una risa al imaginar el rostro de Alex al ver su casa llena de elfos domésticos  y una mona de culo inquieto.— Y descubrir de paso, que los elfos no son tan guapos como Orlando Bloom o Cate Blanchett. Estoy segura que eso le sorprenderá más a Alex que la magia— bromeó divertida. Es que está cien por ciento segura que más de un muggle, al ver El señor de los anillos deseó contar con un elfo en plan amoroso.  Cuidado con lo que piden muggles, que se lo pueden dar. Aunque si le preguntan a Stella, pese a la sublimidad de los elfos que presenta Tolkien, ella prefiere lo servicial e incondicional de los mágicos, para ella esa belleza es mucho mayor.  En eso Ian le contó sobre Poppy, la rubia arrugó el ceño pensativa, buscando en sus recuerdos si alguna vez el castaño le había comentado sobre ella, pero no encontró nada, así que puso el doble de atención, ya que siempre le ha gustado conocer cosas nuevas de las personas que estima, e ir de a poco armando un rompecabezas dentro de su cabeza. — Compadezco a esa pobre elfa...— soltó en broma.— Tio, es que no quiero ni imaginar de cuantas esquinas te tuvo que salvar para que no te partieras la cabeza de pequeño. Dile que tiene toda mi admiración.— agregó elevando ambos brazos y bajando su cabeza en plan "Myrespect,Sis, a donde sea que estés"— Bueno, pero puedes ir a visitarla ¿no? Que tú no eres perseguido por el gobierno, así que no tienes excusas, así que levanta ese culote y anda con Perseo a verla.— le dijo, apuntándole con el dedo índice y todo.— Pero no esta noche, porque estás oficialmente capturado por una fugitiva, Howells.— terminó por decir sonriente, atrapando su cintura con sus piernas.

Y bueno, cuando se juntan el combustible, el oxígeno y el calor todos saben que se produce el fuego, sucede lo mismo cuando la rubia y el castaño se encuentran. Quienes le es imposible no querer saciar el deseo que sienten por el cuerpo ajeno, o al menos sentir la tentación de cuando están cerca. Por lo que no fue mucho el tiempo que tuvo que pasar para que ambos se encontraran con su cuerpos entrelazados y de camino a la habitación de Howells. Stella soltó un especie de ronroneo cuando Howells logró levantarla del sillón, para continuar repartiendo besos no solo en la boca del mago sino que también su cuello, pegando de vez en cuando mordiscones en ambas zonas.

La rubia suspiro cuando Ian dejó caer su cuerpo sobre la cama, la felina e intensa mirada de la maga se encontraba clavada en la del castaño, sonrió coquetamente cuando este le abrió la piernas ocupando aquel espacio vacío con su cuerpo donde Stella no tardó en llevar ambas manos por debajo de su camisa poniéndolas en su espalda, ejerciendo un leve presión con sus uñas. Soltó una carcajada cuando sintió la bolsa del preservativo  en su frente. — Idiota.— dijo divertida, moviendo su cabeza para que la bolsa saliera de allí.— Mejor callate y ocupa tu boca para otras cosas, Howells.— agregó, para luego hacer presión con sus manos para acercar más el cuerpo del castaño al de ella, elevó su cabeza para atrapar con sus dientes el labio inferior del mago y besarlo intensamente.

***

La ex gryffindor se encontraba acurrucada al cuerpo del castaño, con su cabeza apoyada en su pecho y su brazo izquierdo rodeando su cintura. Sonreía, es que se encontraba plena en aquel lugar, en paz. Tanto así que por unos breves segundos podía olvidar que afuera aún existía un gobierno que ponía precio por su cabeza, y entregarse simplemente a disfrutar. Se encontraba con su dedo indice dibujando los bordes de algunos tatuajes del castaño cuando lo escucho hablar, se rió y levantó su cabeza para mirarlo mejor, apoyando su mentón en el pecho de Ian.— Vamos, no te quejes...que debemos practicar para un día llegar a los cinco.— bromeó, o quizás no. Bendita energía juvenil.

Arrugó su ceño confundida cuando de manera repentina Ian se levantó de la cama y la dejó allí con una gran signo de interrogación sobre su cabeza. ¡Joder, que estaba todo cómoda y se va sin más! pensó para sus adentros y se sentó en la cama aún sin entender mucho qué había ocurrido, e iba a levantarse ansiosa de saber qué era, pero antes de que siquiera hiciera el impulso para levantarse el castaño volvió aparecer en la habitación ¡Y con los chocolates de trufa junto a él! Los ojos de Stella brillaron radiantemente emocionados.

¡Eran tuyos!.— Exclamó sonriente haciéndose a un lado para que Ian volviese acomodarse en la cama. Puso un rostro gracioso, intentando parecer de indignación cuando dijo que le había mentido porque era una gorda ataca chocolates, y la rubia se lo hubiera rebatido pero, simplemente era defender lo indefendible.— No lo pude hacer antes, pero lo puedo hacer ahora, y en tan solo dos minutos.— le aclaró risueña, para tomar feliz como una niña en navidad dos de los bombones, y llevárselo a la boca de un sopetón. Cuando sintió cómo se derretían en su boca, su cuerpo también se derritió en un largo suspiro hasta quedar de espalda sobre la cama con su cabeza apoyada sobre el estomago desnudo del castaño.— Hmmm delicioso.— musitó, aún con los ojos cerrados para poder disfrutar mejor del sabor en su boca, y cuando sintió que ya no quedaba ni un poquito, abrió nuevamente sus ojos, y fue en busca de otro bombom. Y mientras le sacaba su envoltura recordó una imagen que le hizo sonreír traviesamente y mirar de reojo al castaño.— Deberíamos hacer esto un ritual, cada vez que nos acostemos tener chocolate para después. ¿A mi me parece perfecto, y a tí?.— le preguntó divertida, para luego levantarse y sentarse a un costado del mago.— O bueno, al menos me pido a un Ian desnudo entrando a mi habitación con una caja de bombones para mi cumpleaños.— bromeó recordando mentalmente la agradable imagen que hace unos segundos observó ante sus ojos, para luego llevarse a la boca el chocolate.— Hablando de cumpleaños ¿Cuándo es el tuyo?— preguntó curiosa, dándose cuenta que no tenía ni idea cuando era, o si lo sabía se le había olvidado completamente.


Última edición por Stella Thorne el Miér Jul 17, 2019 5:40 am, editado 1 vez
Stella Thorne
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Ian Howells el Miér Jun 12, 2019 11:38 pm

El castaño volvió a acostarse tranquilamente en la cama, desnudito. Siempre había sido un hombre que había estado muy cómodo con su físico y, desde pequeño, eso de enseñar la pilila nunca fue un problema para él. No es que fuese el tipo más guapo del mundo, pero él se consideraba a sí mismo muy guapetón y atractivo, por lo que le gustaba ‘alardear’ abiertamente de lo que él mismo pensaba. Era, sin duda, el típico ejemplo de persona con alta autoestima, pero tampoco rozar el ego enfermizo. Además, ahora que era más adulto y había vuelto a practicar kickboxing para algunas exhibiciones y competiciones, su cuerpo había adquirido un poco más de forma en su delgadez.

—Sí, eran míos: los compré ayer pensando en ti —le confesó, SIN INTENCIÓN ALGUNA de que sonase romántico, simplemente como una evidencia: ¿cómo narices no iba a pensar en Stella cuando compraba chocolate?

Él también se tomó un bombón mientras la escuchaba, diciendo de hacer aquello un ritual, pues le parecía perfecto. Ian asintió, todavía con la boca llena del bombón que se le acababa de explotar en el interior, dejando salir más chocolate del interior.

Veréis, es que a Ian le gustaba Stella mucho, pero el hecho de que fuera fugitiva le tiraba para atrás en cuanto a tener una relación mucho más seria o en donde ella fuese… ¿exclusiva? Qué feo sonaba eso. O al menos Ian se decía a sí mismo que era por ser fugitiva: ¿pero y si realmente es que estaba pasando por ese momento en el que cualquier relación medianamente seria, le daba alergia? Porque… Stella no pretendía eso, ¿verdad? ¿Ella pretendería que estuviesen en una relación seria, teniendo en cuenta la situación de ambos? Es decir: él era un jovenzuelo libre de pecado, con un hijo al que atender, mientras que ella, a ojos del gobierno, era una cruel asesina que podría acabar en Azkaban en cualquier momento, acompañada de aquellos que estuviesen encubriéndola.

Que, por si no había quedado claro: él era claramente una de esas personas.

—Tu cumpleaños es… ¿en julio, no? Quizás vas a tener que tener una habitación a donde yo pueda acceder, si no es complicado que pueda aparecerme desnudo con un bombón en el pene. Espera, ¿no era eso? —Rió divertido tras haber modificado su versión de la petición. —No me importaría regalarte un día cargado de placer y chocolate si quieres, aunque… ¿no te molaría ir a hacer… motocross? ¿O quizás paracaidismo? ¿Algo que nos haga explotar las glándulas suprarrenales por el exceso de adrenalina que tendremos? —Ofreció indecentemente, con una sonrisa de lo más picaresca. —Llevo tiempo queriendo ir a hacer motocross, la verdad. El paracaidismo siempre me ha llamado, pero después de hacer puenting lo he dejado aparcado. Y hablo del motocross de verdad: ese que es por las montañas, bajando grandes pendientes y subiendo otras tantas.

Le gustaban mucho ese tipo de cosas, por no hablar que obviamente adoraba las motos, por eso tenía una perfectamente capacitada para ir por tierra si era necesario. Sin embargo, eso que estaba hablando era totalmente radical: sólo motos de montañas y a la aventura.

—El mío es el catorce de noviembre. ¿También puedo pedir? Porque no estaría nada mal que apareciese una Stella en mi habitación con un par de cervezas y me lleve a hacer algo muy épico que poder terminar con sexo desenfrenado en algún lugar ajeno a mi habitación. —Alzó sendas cejas varias veces. —Me encanta tener sexo fuera de casa. Me da mucho morbo.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Miér Jul 17, 2019 6:58 am

Los ojos de Stella brillaron sin pedirle permiso cuando escuchó a Ian decir que había pensado en ella al comprar esos chocolates, ya que pese a que no era la primera persona que le decía aquello al ser desde que tiene conocimiento una adicta al chocolate, por alguna extraña razón sintió unos leves cosquilleos en su estómago al pensar de que de una u otra forma el mago pensó en ella y en la felicidad que le produciría la compra de ellos, pero no quiso darle mayor importancia y sacudió su cabeza mentalmente para alejar esos pensamientos, como hacía cada vez que algo en su cabeza involucraba más sentimientos de los debidos por el castaño. Evitar y torear esos pensamientos siempre ha sido su mejor opción, porque si se sumergía en ellos las aguas se ponían turbulentas y las conclusiones que llegaba con respecto a su sentir le daban un poco de miedo, porque jamás lo había sentido y al mismo tiempo sabía que lo mejor era simplemente no sentirlo, obviar y dejarlo pasar, y ya está.  

Me encanta que la gente piense en mí cuando ve chocolates, pero me gusta aún más que los compren y los compartan conmigo― dijo sonriendo ampliamente la rubia, quien no tardó en llevarse no un bombón sino que dos a la boca mientras volvía a quedar apoyada sobre el cuerpo de Ian. ― Recuerdo que cuando era más pequeña para una navidad, solo recibí regalos de chocolate y una compañera de mi escuela muggle se lamentó por mí porque no había recibido el juguete de moda, pero para mí, por mucho tiempo esa fue la mejor navidad que tuve en años. ― le confesó encogiéndose de hombros divertida, es que Stella tenía mil y una historias con el chocolate y esa solo era una de ellas.

Y ahí toda dichosa, de paso le ofreció al castaño volver aquello un ritual post sexo, es que para ella eso sería la perfecta guinda achocolatada que faltaba en esa deliciosa torta llamada Howells. ― Sip, el veintitrés de julio. ― le corroboró mientras se llevaba la punta de los dedos a su boca para saborear los restos que quedaban de chocolate en ellos, sin evitar soltar una sonora carcajada al escuchar sus siguientes palabras. ― Sí, Ian. Eso es exactamente lo que pedí, un gran lazo en tu pene con un bombón en su punta. ― dijo, rodeando los ojos mientras negaba con la cabeza divertida ante la peculiar imaginación del mago. Pero lo que no se esperaba la rubia eran las increíbles opciones que tenía paralelamente el mago que podrían hacer para su cumpleaños, y que hicieron que Stella sonriera de par en par y nuevamente ganara un brillo en sus ojos de puras ansias y felicidad porque llegase pronto su natalicio. ― No, motocross, no. Paracaidismo, o puenting, por favor. ― dijo, dedicándole un pucherito y ojitos de gato al mago. ― Digo, no es que la idea de andar en esas motos chulis no sea tentadora, porque sí, lo es y me encantaría hacerlo, y me apunto de las primeras de hecho para una próxima ocasión, pero...joder, Ian. Ni te imaginas las ganas que tengo de volar, bueno más específicamente de andar sobre una escoba pero, como sé que eso es mucho pedir …― hizo una pausa para suspirar, bajar melancólicamente un par de segundos su mirada y encogerse de hombros. ―… pero de verdad que la idea de hacer alguna actividad extrema que implique sentir el viento golpear fuertemente  mi rostro me basta. ― le confesó elevando nuevamente su rostro para clavarlos en la mirada de Ian.

Catorce de noviembre, catorce de noviembre, catorce de noviembre…― repitió bajito, con sus ojos cerrados y su dedo índice dando golpecitos en su sien derecha anotándolo mentalmente, para volver a abrir sus ojos cuando escuchó el resto de la frase acompañada de una amplia y traviesa sonrisa. ― Sé que te gusta y para ser sincera, a mí también me gusta y me da mucho morbo. ― le confesó mordiéndose el labio inferior para luego dedicarle una descarada mirada al cuerpo de Ian, terminando su recorrido en los ojos del castaño, recordando de pasos las veces en que había hecho aquello junto a Howells. ― De hecho, creo que esta es la segunda vez que lo hacemos en una cama…― agregó pensativa soltando una risita para luego ir acercando lentamente y felinamente su cuerpo al de Ian. ― Y vale, prometo regalarte todo aquello para tu cumpleaños…― le señaló para terminar agarrando el labio inferior del castaño en un mordisco que terminó en un fugaz beso por parte de la rubia― Y ¿sabes? Creo que puedo darte un pequeño adelanto…― agregó traviesa, para luego estirar su mano hacia su varita que estaba sobre el escritorio del castaño y desaparecer junto a ella.

A lo lejos se pudo escuchar como Stella abría el refrigerador y sacaba algo de su interior, para que en menos de dos minutos se le viera regresar, al igual que Ian aún completamente desnuda, pero con dos cervezas en sus manos, tendiendole una al castaño sonriente. ― Quizás hoy no podamos tener motocross ni paracaídas pero sí un par de cervezas heladitas. ― dijo mientras sin pudor alguno se sentaba sobre los muslos de Ian, poniendo una pierna a cada lado del cuerpo del mago y cuidando de paso no golpear ni aplastar esa zona delicada de los hombres. ― Salud…― le dijo antes de golpear su botella con la del mago, para luego dar un gran sorbo. ― Ñam, ñam. ― musitó, lamiendo los labios para saborear por completo el brebaje. ― ¿Cómo va ese recobrar de energías? ¿Listo para mi sesión de tatuaje o …vamos por otra ronda?. ― le preguntó enarcando una ceja junto a una coqueta mirada y traviesa sonrisa.
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Ian Howells el Sáb Jul 20, 2019 1:39 am

Mira que había que ser GORDA DE CHOCOLATE como para de pequeña preferir que Santa Claus te diese chocolate en vez de juguetes, pero no dijo nada al respecto porque… obviamente sabía que Stella era una gorda del chocolate desde hacía ya mucho tiempo. La verdad es que le sorprendía el hecho de que una persona fuese tan… obsesiva con algo, es decir, porque lo de su amiga era otro nivel de amor por aquel dulce. El muchacho intentaba buscar algo con lo que poder compararse pero de verdad creía que no había nada… ¿quizás el sexo? Hubo un momento en su vida en donde era casi parecido, pero luego llegó Perseo cual bofetón de realidad y se relajó.

Siempre le había hecho gracia bromear con lo de ponerse un bombón en el pene, o empaparlo de chocolate. ¡Total, con lo que le gustaba a Stella el chocolate seguro que eso era un regalo!

—A ver, yo prefiero claramente otorgarte mi pene achocolatado pero… —Y tras hacerse el ‘convencido’ volvió al tema que le hacía realmente ilusión a su amiga. —Oye en realidad no es tan complicado lo de ir a algún lugar recóndito, poner un par de barreras por si acaso haya muggles curiosos y volar un par de horas, ¿eh? —Le dijo tras pensarlo lo mínimo, pues él lo había hecho mucho en varias ocasiones con sus padres cuando era más joven, yendo a lugares en donde no molestasen para poder volar tranquilamente con su melliza. —¿No tienes escoba? ¿La perdiste cuando huiste de casa o algo? Yo te puedo prestar la mía. O incluso pedirle la suya a mi hermana que no la usa nunca. —Tras encogerse de hombros, le sonrió.

Juliette tenía la misma escoba que Ian porque al ser mellizos estaba la política de lo que uno tiene, debe tenerlo también el otro, pero claro, Juliette nunca en su vida había jugado al quidditch, mientras que Ian sí, por eso la Saeta de Ian estaba bastante en mal estado mientras que la de Juliette estaba perfecta.

—No sé, podemos verlo para ir un día y así te quitas el mono de poder volar —le ofreció, para entonces decidir sus preferencias. —Yo prefiero paracaidismo porque puenting ya hice y casi me cago. —Rió divertido, pues por mucho que hubiese estado acostumbrado a estar en escoba, era una sensación totalmente diferente. —Tengo par de contactos que hacen paracaidismo al que ya he preguntado precio, disponibilidad y todo eso. Si te mola de verdad pues te regalo eso para tu cumple. Pero tienes que hacerte la sorprendida, como si no te esperases nada de nada lo que voy a regalarte.

El cumpleaños de Ian no tenía pérdida ninguna si te dabas cuenta de que era justamente nueve meses después de San Valentín. En realidad era graciosa la anécdota de que era justo nueve meses después, pero en realidad Juliette e Ian al ser mellizos habían sido un poco prematuros, por lo que siendo técnicos no fueron concebidos en San Valentín.

Le sonrió pícaramente cuando ella confesó que también le ponía hacerlo en sitios públicos, sintiendo como le miraba. ¡Ay, era tan guay cuando la otra persona era quién te miraba con deseo! Tal y como era la vida de Ian, lo normal es que fuese él quién mirase al resto de esa manera. Le gustaba sentirse deseado por ella, pues le ponía casi que más.

—Sí, pocas veces hemos recurrido al método convencional —respondió divertido a su comentario. En realidad por mucho que le gustase hacerlo fuera, lo importante era HACERLO, por lo que él estaba contento fuese en donde fuese. Eso sí, valoraba muy positiva el hecho de que Stella no tuviera reparo alguno en hacerlo en otro lugar. Le parecía muy guay, sobre todo el hecho de que incluso hubiese perdido la virginidad en un lugar ajeno a una cama, cuando eso parecía ser como básico. —¿Sí, el qué…?

Pero Stella desapareció repentinamente sin decirle más nada. Eso sí, el sonido de la nevera le hizo un poco de spoiler a Ian mientras se acomodaba mejor en la cama, apoyándose en la cabecera con la espalda. En cuestión de segundos vio a Stella entrar por la puerta, totalmente desnuda, con un botellín en cada mano.

Cogió su botellín mientras notaba a la rubia sentarse a horcajadas sobre él y la observó mientras brindaba y bebía de la boquilla.

—Me parece una falta de respeto que creas que voy a querer hacer otra cosa diferente teniéndote desnuda sobre mí. Si quieres que te haga ese tatuaje hoy vas a tener que ser tú quién tome la dura decisión de vestirse y levantarse de la cama, ya te lo digo… —Y tras dejar el botellín casi a mitad en la mesita de noche, se irguió un poco para pasar la mano por detrás de la espalda de Stella y llegar a sus labios a besarlos. Le molaba mil besar justo después de haber bebido cerveza.


***

Es obvio que hubo una segunda ronda en donde, al estar esta vez Stella encima, fue quién le tiró el condón COMO VENGANZA en la frente a Ian. Ahí quién era el dominante era quién tenía la oportunidad de tirarle el preservativo al otro cual buen sumiso. Lo bueno entre ellos es que no había ningún problema es quién llevase las riendas, porque a ambos les gustaba ambos roles en la compañía ajena. Y eso le molaba: le ponía tanto llevarlas como que fuese la chica quién mandase.

En fin, el punto es que al final Stella terminó VISTIÉNDOSE y levantándose DE LA CAMA la muy hereje, por lo que Ian no tuvo otra que ir detrás de ella por mucho que hubiese insistido en quedarse en la cama todo el día.

—No debí de haberte dicho el truco para levantarnos de la cama. Ian del pasado idiota. —Se recriminó divertido mientras salían de su habitación y se metían en el estudio. Ian se había puesto unos calzoncillos y ya está, pues evidentemente después de tremendo día estaba acalorado. Y si se puso calzoncillos era por dos razones: Alexandra TODAVÍA no le había visto el pene y porque tampoco le gustaba ir con su miembro colgando porque era incómodo. ¿Sabes? Cuando algo te cuelga y se mueve para los lados a cada pasito es incómodo. Mucho.

Una vez dentro, se sentó en la silla de ruedas tras su escritorio, encendiendo el ordenador portátil que tenía allí.

—A ver, señorita Thorne, estoy a su disposición. Cuénteme qué quiere que le tatúe de manera permanente en la piel. —Se hizo el experto, uniendo las yemas de los dedos de ambas manos y apoyándose atrás en la silla. —Le recuerdo que el pago anticipado no está permitido en este negocio empresarial de tan alto calibre, ergo luego me va a tener que volver a pagar con sexo. Continúe —añadió antes de que empezase hablar, divertido.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Jue Ago 15, 2019 6:56 am

Stella de muy pequeña que ama las alturas, y la mayoría de su infancia la pasó con costras en su cuerpo por las innumerables caídas que tuvo antes de  lograr dominar la escalada por completo, y disfrutar tranquilamente sobre la rama más alta de un roble. Es por eso, que cuando la magia llegó a su vida y vió por primera vez una escoba voladora flipo arcoiris de colores, porque la punta del árbol o la cima de una montaña ya no era el límite, ahora podía volar y volar hasta que le faltara el aire...y joder, extrañaba tanto esa sensación de adrenalina que le producía el viento chocar contra su rostro a medida que iba ganando velocidad, como si con esa simple acción se fuera todo lo malo con el viento y dejara solo felicidad en su cuerpo. Es por eso que los ojos le brillaron y sonrió ampliamente cuando Ian le señaló que volver a volar al parecer no era tan difícil.

¿De verdad? ¿Tú conoces lugares donde podamos volar sin que un mago loco nos persiga o un muggle explote por vernos volar?― preguntó animadamente sorprendida.― Es que si es así ¡Claro que me gustaría ir! ― agregó rápidamente con su rostro iluminado de felicidad.― No, no la perdí, por suerte. Fuí de las pocas que tomó por decisión propia irse de Hogwarts por lo que pude decidir qué llevar y qué no. y claramente la escoba fue una de las primeras cosas que guardé.― le comentó sonriente.― ¿Cuál tienes tú? Digo, porque la mía es una Saeta de Fuego, y por más que la amo con locura si tienes una más actual que yo feliz vuelo en ella, eh.  Es que mi sueño es volar alguna vez en una profesional, sabes. Joder...es que deben ser tan liviana y rápidas. ― dijo con ojos brillantes, para luego suspirar.― Hubo un tiempo en que pensé que cuando todo esto terminase iba a poder dar las pruebas a las Arpías, pero ya después de dos años la verdad es que cada vez lo veo más lejano. Ya me veo dando las pruebas con ochenta años.― terminó por decir entre risas, es que mejor reír que llorar ¿no?.

Sonrió ampliamente cuando escuchó la propuesta del castaño.― Pues vale, tenemos un trato. Ya verás como me pego una actuación de Oscar cuando me des tu regalo de cumpleaños. ― dijo sonriente. Es que una de las cosas que le gustaba a Stella cuando se encontraba con Ian es que siempre todo podía suceder, podían comenzar quizás lanzandose de paracaidas pero sabía que al finalizar el día terminaría en un lugar totalmente distinto partiendose los dos de la risa de alguna locura que acaban de hacer.― ¿De verdad es tan terrible el puenting? joder, es que siempre me ha llamado mucho la atención, pero no eres el primero que me dice que no es tan bonito como se ve.― le dijo, con una mueca divertida en sus labios.

Y luego, como siempre entre los dos, una cosa dio a la otra y terminaron nuevamente enrollados y con sus cervezas a medio tomar en la mesita del costado de la cama de Ian. Aunque esta vez, a diferencia de la primera, fue Stella quien permaneció arriba, por ende era ella quien tomaba las riendas y tenía de sumisito al castaño. Le encantaba ese juego de intercambio de roles que sucedía entre los dos, porque por más que siempre le ha gustado tener el manejo de su vida y de las cosas en general, al menos con el ex slytherin, también disfrutaba mucho cuando él tomaba el dominio de la situación.  

Y ahí entrelazados una vez más fueron fuego.

***

Tras una satisfactoria segunda ronda, Stella reuniendo todo el valor del mundo, y pese a estar tentada a no solo tener una tercera, sino que ver el sol aparecer por la ventana con ellos aún entrelazados en esa cama, se levantó y fue  curiosear en el armario de Ian para terminar vestida solo con una camisa larga y ancha de Ian que le cubría hasta un poco más abajo del culo, más una tanga negra con flores blancas bordeadas que si elevaba su brazos hacía acto de aparición.

Caminó a pies descalzos hacia el estudio del castaño, y soltó una carcajada cuando escucho sus palabras.― ¿Y cuando salir de una habitación, o no contar con una cama ha sido un impedimento para nosotros a la hora de tener sexo?― le preguntó con una sonrisa de lado y una ceja alzada desafiante, rebatiendo sus quejas. Que vamos, que habían hecho una pausa, pero siempre podían volver a reanudar lo anterior en el estudio, en el living, en el baño, o hasta en medio de un desierto si es que les daba la locura y se aparecían en un lugar lejano.

Al llegar Ian adoptó una postura de seriote, que ni él se la creía, y que hacía que Stella se partiera de la risa.― ¿Así que estas a mi disposición?― preguntó enarcando una ceja divertida, solo para provocarlo, para luego de un salto quedar sentada sobre el escritorio de Ian,  sin pudor alguno.― Lo sé, recuerde que no es la primera que vez que vengo a su tan prestigioso negocio, señor Howells.― le dijo, adoptando también una postura de cliente negociador.― De hecho traje una sorpresa para cuando llegue mi hora de pagar, pero bueno...tendrás que esperar para saber qué es, porque como ya dijiste, no se aceptan pagos por adelantado ¿no?― le picó divertida, para luego bajarse del escritorio y comenzar a recorrer el lugar, consciente de la mirada de Ian sobre ella tras haberle soltado aquella bomba y luego irse sin más.

Habían cosas distintas desde la última vez que había venido, nuevas fotografías de tatuajes realizados, nuevos diseños, y si no se equivocaba podía jurar que hasta nuevas máquinas.― Joder, ¿a quién le hiciste esta maravilla?― preguntó al ver una fotografía de una espalda toda tatuada con un ave fénix de alas extendidas, donde en su mayoría era blanco y negro pero tenía como pinceladas acuareladas en ciertas zonas que hacía que se viera increíble. ― Te debes haber demorado un mundo, dos sesiones como mínimo ¿no?― le pregunto curiosa.

Se volteó a su dirección y le sonrió de lado.― La verdad es que hoy vengo por dos cosas muy simples. La primera es el signo de la mujer en el nudillo de mi mano izquierda, ya sabes ahora más que nunca hay que darle puñetazos al patriarcado para ver si se cae de una vez.― le comentó la rubia al castaño, es que pese a que se encontrase en el refugio Stella no se perdió la ola feminista que ha comenzado a expandirse por el mundo, y como desde bien pequeña Robert le enseño a poner en su lugar lugar a los machitos que se pasaban de listos con ella, bueno ahora quería dejarlo para siempre en su piel, recordando que sin importa qué, el patriarcado va a caer, va caer...― Y la palabra "Chocolate" en mis labio, fin.― le señaló abriendo sus dos brazos, para luego irse a sentar como buena chica sobre la silla de tatuajes.
Stella Thorne
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Lun Ago 19, 2019 3:01 am

―Yo también tengo una Saeta de Fuego, me la compró mi madre cuando estaba de golpeador en el equipo de Slytherin ―le respondió a su amiga, para entonces escuchar su deseo de haber intentado entrar en un equipo de quidditch profesional. ―¿En serio? ¡Pero si eras malísima! ―Y se rió.

Estaba de broma, evidentemente. Ian creía que todas las personas que practicaban quidditch en Hogwarts en algún momento sopesaban la idea de intentar hacer las pruebas por si había suerte y alguien te pillaba, pero seamos realistas: pocos valen realmente para eso. Ian mismo había pensado en que quizás como era un poco idiota podía intentar hacerse un deportista profesional pero... no, ni lo intentó porque se dio cuenta de que él no era especial en absoluto. Y vamos, seamos sinceros: no entendía como Lluna Forman había terminado un puesto cuando sólo había conseguido coger la snitch el último año. Y tampoco veía a Circe como alguien tampoco tan bueno.

Quizás porque veía a los jugadores profesionales demasiado pro como para compararlas con sus amigas.

―Un día te llevo sin problemas: Inglaterra es muy grande. Hay muchos lugares en donde poder volar libremente. Se crean un par de barreras por si acaso hayan muggles por los alrededores y listo.  ―Hizo una pausa. ―Así te pones a practicar por si algún día toda esta mierda acaba quieres intentarlo de nuevo con las arpías.

Soltó una carcajada divertida cuando se creyó que 'el puenting no era lo que parecía' solo porque Ian le dijo que se había cagado. ¡Cagado de miedo, hostia puta!

―Claro que mola el puenting, tía, lo que yo soy un puto cobarde y casi me hago caca encima cuando me tiré de aquel puto puente. ―Se encogió de hombros, sabiendo que a ella no le daría tanto cague. ―Tu fuiste a Gryffindor, seguro que es una bobería para ti.

Y en realidad se imaginaba a Stella saltando desde allí y gritando muy, muy fuerte, pues era un subidón de adrenalina y por muy valiente que fueras, siempre te iba a dar miedo saltar desde esa altura.


***

¿Una hora para la hora de pagar? Vaya, vaya... ¡VAYA! Ian la miró divertido, curioso e interesado, pero supo que por mucho que insistiese, la hora de pagar era después de haber dado sus servicios. Esperaría, paciente, pues por suerte estaba bastante 'saciado' a la hora de tener a Stella para él solito ese día.

Mientras seguía con lo suyo con el portátil, atendió a la pregunta de la chica, viendo el tatuaje del Ave Fénix del que hablaba.

―Fueron tres, en realidad, sin contar cuando quedamos para hacer el diseño. ―Le respondió. ―La chica no soportó bien el dolor la primera sesión, así que paramos y quedamos dos días después en donde le hice todo el delineado. Dos semanas después quedamos para colorear.

Le sorprendió que dijera que quería el símbolo de mujer en su nudillo. No por lo del nudillo, pues ya tenía un tatuaje en los dedos, sino por lo del símbolo de la mujer con el pretexto de que había mucho patriarcado. Podía llegar a entenderlo porque a la hora de la verdad el hombre siempre había estado por delante de la mujer, ¿pero decir que había quedarle al patriarcado para hacerlo caer?

―Sé que estás en contra del nuevo gobierno, pero deberías saber que es una mujer quién es Ministra de Magia, es una mujer quién es la directora de San Mungo y es una mujer quién lleva el Área-M. Por no hablar de que en Inglaterra está la Reina Isabel, nuestra monarca. ―Y entonces le sonrió. ―Entiendo el movimiento feminista, ¿eh? ¡Yo soy cien por cien feminista! ¿Pero a quién exactamente es a quién quieres quitar del poder? ―Ladeó una sonrisa.

Se esperaba que dijera Lord Voldemort, pero eso no era una cuestión de que estuviese en el poder por ser hombre, era una cuestión de que era el puto mago más poderoso de todo el planeta y, por eso, estaba en el poder. No era por tener polla, era por tenerla muy grande.

Copió varias veces la palabra 'chocolate' en el ordenador, haciendo que cada una de ellas tuviese una tipografía diferente. También cogió el símbolo de la mujer para ponerlo en la plantilla y así imprimirlo todo junto.

―¿Alguna tipografía que te guste más que otra? Habla ahora o calle para siempre.


—Sábado, 25 de mayo del 2019, 11:45 horas—
Casa de Ian Howells || Atuendo

Le mandó esa misma mañana un WhatsApp a Stella, siendo muy consciente que estaba libre ese día porque se lo había dicho―o más bien se lo había sonsacado―hace un par de días. El WhatsApp era bastante escueto y decía: "Ven a mi casa a las doce menos cuarto, que tengo algo que enseñarte."

Y es que desde que había hablado hace casi dos meses con Stella lo del motocross, se le había antojado cual mujer embarazada. Y pensó que era una bobería esperar al cumpleaños si Ian tenía los medios necesarios para hacerlo real en cualquier momento. Así que contactó con su amigo Francisco García, que regentaba un taller de motos y le alquiló por precio amigo dos motos de motocross.

Podría haber alquilado también la oportunidad de ir a un circuito, pero al menos a Ian no le gustaban los circuitos ya hechos, sino que le gustaba ir por las montañas y meterse él mismo por en medio de las carreteras de barro y tierra. Y bueno, que si Stella quería ir a un circuito, Ian sabía montones por Londres, por lo que no costaría nada ir y pagar lo necesario para comprar tu plaza. Por suerte Howells volvía a sentirse cómodo con su economía: ser tatuador te da bastante dinero, sobre todo si te iba bien, como le iba a él.

De repente le llegó un WhatsApp de Stella preguntándole que dónde estaba, que no estaba en su casa y es que Stella siempre se aparecía en su habitación, pero  ahora mismo Ian se encontraba afuera de la casa, junto a la carretera. Le dijo que saliera y, cuando la vio abrir la cortina de la ventana que daba hacia allí, le sonrió. Stella habría visto a un Ian en compañía de dos motos de motocross, una verde y una roja, en compañía de los cascos a juego.

Ian le hizo una señal para que saliera de allí y se acercase.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Sáb Ago 24, 2019 11:28 pm

¡Hey, que pesado! ― exclamó, dándole un pequeño empujón pero sin perder la sonrisa. ― Que no era tan mala…o bueno, no sé. Que tampoco pude estar mucho en el equipo, y ahora ni he podido practicar, así que quizás si…ahora soy un asco. ― terminó por concluir junto a una mueca, para luego suspirar y arrugar su nariz pensativa. ―Joder, creo que no he pensado en nada más  que hacer si todo esto se acaba. En un tiempo pensé volverme aurora, pero ahora me di cuenta que deben responder sin importar ningún ideal al gobierno que impere, así que  se fue lejos esa idea. Bueno, quizás  me vaya a recorrer el mundo, y volverme una trotamundos profesional ― reflexionó divertida, encogiéndose de hombros. ― ¿En qué me verías trabajando? ― le preguntó curiosa, quizás escuchando sus ideas se le ampliaba más el panorama.

Vale, te cobrare la palabra, eh. ― le dijo contenta, clavando su mirada en la del castaño como método de promesa inquebrantable. ― Ahí si me ayudas a practicar, y algún día me vuelvo una jugadora toda famosilla, te nombraré en mis discursos de agradecimiento: “A Ian , por ayudarme a volar y practicar en tiempos en que mi cabeza tenía precio” ― mientras decía la frase de agradecimiento abrió sus manos como si se tratara del titular de El Profeta, para luego reír. ― Soñar es gratis, déjame. ― agregó enseguida con mirada traviesa.

Soltó una buena carcajada cuando escuchó que él se había cagado de miedo en el puenting. ― Hey, los gryffindor también podemos temerle a las alturas. ― le comentó. ― Aunque no es mi caso, así que sí, lo probaré algún día, pero no contigo…miedosito ―le picó.

***

Ya en el estudio Stella le comentó que tenía una sorpresa pensada para el pago de sus tatuajes, pero como él castaño había señalado ella recién la sacaría cuando llegara la hora de retribuirle los servicios al mago. Así que después de dejar ese tema zanjado, comenzó como un gato curioso a recorrer el lugar que había cambiado un poco desde su última visita, deteniéndose en un dibujo de un ave fénix hermoso.

Buah, es un hermoso trabajo, Ian. ― le dijo sincera, deleitándose de los colores y forma del dibujo, para luego mirarla curiosa. ― ¿Cuál ha sido el tatuaje más difícil que has hecho?

A Stella le encantaba saber cosas que a otros le apasionaba, por ejemplo le fascinaba escuchar a Robert hablar horas y horas de los nuevos animalitos que había tenido que atender, o a su tío hablar de sus años dorados en Kickboxing. Más que aburrirse al estar callada y simplemente escuchando, pasaba un buen rato viendo como al otro le brillaban los ojos hablando y enseñando sobre lo que le gusta, era bonito.

En eso hablaron de sus tatuajes y Stella le comentó cuales se quería hacer y por qué. ― Pues, una mujer puede ser machista ¿sabes? Creo que es muy bueno que ahora cada día más las mujeres vayan tomando roles más importantes en la sociedad, ya que de seguro hace unos años atrás era impensado tal vez que una mujer fuera Ministra, o Directora, en fin…pero lamentablemente eso no conlleva a que no nos sigan matando, o violando, o viéndonos meramente como un objeto sexual. Aquí y en muchas partes del mundo ser mujer aún es muy peligroso…eso quiero que se detenga, que el ser mujer no signifique la desvalorización de su trabajo, obligación en la maternidad, muerte, o daño irremediable. ― le explicó. ― Por ejemplo, Edale es un pueblo muy pequeño, casi todos nos conocimos aunque sea de vista, al menos los de tu redonda, y jamás olvidaré cuando una mañana Robert llego a contarnos que Florence había desaparecido, joder Ian…esa mujer era increíble, era de esas que uno no podía evitar sonreír solo con verla, como que tenía una luz propia ¿sabes? Y un día desapareció, todos la comenzaron a buscar, hasta que la pillaron en el Lago del bosque, meses más tarde se supo que había sido su actual novio el causante, y recuerdo que ese día mi tío y mi padre se sentaron conmigo a conversar sobre ese tema, y a decirme qué cosas debía aceptar que no, que debía cuidarme…y me dio tanta rabia, porque no deberían estar enseñándome a mí  esas cosas, deberían enseñarles a los hombres a no violar, a no golpear, a no matar, pero bueno…ellos lo hacían por mi bien. No sé, desde ahí comencé a ver las cosas un poco distintas, fue como que si todas esas cosas que uno escucha se volvieran más reales.... ― le contó.

En eso Ian se puso a hacer cositas en su portátil para sacar los modelos. ― Confío en tu gusto ― le dijo encogiéndose de hombros, mientras se ponía a su lado para ver la tipografía que había escogido y el símbolo. ― Me gusta. ― le dijo sonriente. ― ¿Ian, tú me enseñarías a tatuar? ― le preguntó clavando su felina mirada en la de él. ― Que vale, no soy muy buena dibujante pero de a poquito podría ir probando ¿no?

Y no es que se le hubiera ocurrido de pronto como un capricho, hace mucho que ha tenido ese bichito, y siempre le pedía a su amigo de Edale que lo hiciera pero jamás llegaron a concretarlo, y quizás ahora con el castaño las cosas fueran distintas.

***

"Ven a mi casa a las doce menos cuarto, que tengo algo que enseñarte."

Así de escueto fue el mensaje que recibió la rubia esa mañana por parte del mago, y pese a no tener ni idea de qué podría tratarse no tardó en tomar algunas cosas y partir a la casa del mago. Es que si tenían algún beneficio ser fugitiva, era el de tener tiempo de sobra, y la verdad ese día estaba siendo igual a todos, no había pasado nada fuera de lo común ni le habían pedido su presencia en ninguna misión de la Orden que hiciese que no pudiese ir a ver al castaño. Además de que eso de que quería enseñarle algo había despertado esa curiosidad inagotable en la rubia.

Llegó en un pestañear a la habitación de Ian, miró por aquí y por allá, pero nada, arrugó su ceño y se cruzó de hombros. ¿Es que esto era una joda? Pensó para sus adentros.  Sacó su móvil y le mandó un mensaje al castaño, y este le respondió que estaba afuera, Stella enarcó una ceja para luego acercarse a la ventana y ver al exterior,  abrió sus ojos y boca sorprendida al ver a Ian junto a esas dos motos, para luego sonreír radiantemente, sintiendo como el corazón comenzaba a dar saltitos de pura emoción.

Salió rápidamente a la manera muggle de la casa del castaño, hasta que llegó a su lado. ― ¡Joder! ¿Y esto? ― preguntó de ojos brillantes y sonrisa de par en par, se acercó a la moto que estaba sosteniendo Ian, y sin importar que jamás se hubiera subida solo a una antes, se subió como si nada, ya que más allá de una fuerte caída nada malo podía pasar ¿no?. ― Buah…tío, están increíbles. ― dijo, mientras comenzaba a tocar todo lo que estuviera a su alcance de lo curiosa que era. Hasta que de pronto cayó en una cosa. ― ¿Quieres que ande en esto? Que yo nunca lo he hecho, eh. ― le comentó con una mueca toda graciosa en su rostro. ― Aunque dicen que aprendo rápido― agregó enseguida, porque ella no tenía miedo, no, no, todo lo contrario, tenía mucha emoción en esos momentos.

En eso se le detuvo el corazón una milésima de segundos.― Espera, ¿estás o estuviste de cumpleaños?― preguntó de pronto con rostro de patata al recordar que Ian le había dicho que quería hacer motocross para su cumpleaños, y como siempre se le ha dado falta recordar fechas pensó que una vez más había olvidado uno ― No, no, el tuyo era en noviembre ¿verdad?― le preguntó con su ceño afligido.
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