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We can be heroes || Ian H. & Stella T.

Stella Thorne el Jue Mar 07, 2019 4:50 am

Recuerdo del primer mensaje :

We can be heroes || Ian H. & Stella T.  - Página 2 BaUKQu3
Londres | Jueves 07 de marzo | 20:00 hrs | Atuendo |

Aquel día en el refugio no se diferenciaba a cualquier día común y corriente, no había ocurrido ningún altercado, los horarios se habían respetado, los talleres se habían impartido normalmente, y la tranquilidad invadía cada rincón. Pero para una rubia de revoltoso ser ese día no era igual a ningún otro. De hecho se le podía ver como una particular sonrisa y más sociable que de costumbre. Dejó que Galleta le ordenara su ropa haciendo al elfo particularmente feliz, y jugó junto Anatolia en los invernaderos donde  la monita se entretuvo oliendo y escalando las ramas de los árboles que habían crecido en su interior. Y hasta se le vio dar una vuelta en el taller de pociones, y como cual gato curioso quedarse en una esquina mirando cómo los demás se sumergían en sus calderos y elaboraciones, donde de vez en cuando lanzaba bromas que hacía que todos sonrieran y destensaran sus hombros.

Es que para Stella Thorne aquel día le sonreía. Y por qué se preguntaran, pues hoy ella podría saborear un poquito de libertad. Y cada vez que eso ocurría es como si toda esa energía que antes desbordaba por borbotones volviera a formar parte de ella intensamente, transmitiendola a todo aquel que se cruzase en su camino. Hoy también se haría nuevos tatuajes, uno ya lo tenía pensando y los demás, pues simplemente quería pensarlos allí mismo, dejarse llevar por su instinto e improvisar en la marcha. Y por último, pero no por eso menos importante, vería a Ian Howells, mago que con su sola presencia hacía despertar su lado más alocado y risueño. A todas luces, aquel día nada podía salir mal. Porque aunque su condición siempre le indicaba que todo podía salir muy mal saliendo de aquella zona segura, ese día no se permitiría pensar en aquello.

Hoy la guerra no existía, se encontraba durmiendo en algún lugar mientras ella salía de fiesta. Hoy se permitiría, como dice aquella famosa canción de aquel cantante muggle Bowie, ser héroes junto a Howells, y pasar de todos aquellos que andan pisándole los talones en busca de encerrarla en cuatro escalofriantes paredes.

Había quedado con el castaño en su casa a las ocho, horario en que ese día ya no tendría más citas en su estudio y así iba a poder tener un tiempo para hacerle los suyos. Cuando quedaban quince minutos para la hora indicada, dejó a Galleta y Anatolia con una vecina amiga, una anciana de setenta años que adoraba a sus compañeros de aventuras y les daba muchos mimos en su ausencia.  Y en modo de gratitud, por su siempre buena disposición, se quedaba escuchando por décima quinta vez sus historias de adolescencia mientras le mostraba fotografías de aquellos tiempos dorados.

Cinco minutos estuvo junto a la mujer y sin importarle que partía diez minutos antes de la hora acordada, se despidió de la mujer y sus queridos para de un pestañar y sonriente andar aparecerse en la habitación de Ian Howells.

Se apareció sobre su cama, teniendo una caída de lo más cómoda y blandita. Miró a su alrededor y no encontró al castaño, sonrió traviesamente y sigilosamente salió de su habitación en su búsqueda. Al salir enseguida observó la espalda del castaño en el sector de la cocina y haciendo acto de su gatuno andar silenciosamente se acercó a él, y cuando se encontró a tan solo un par de pasos tomó un impulso y saltó sobre su espalda como cual koala, mientras imitaba  el rugido de un león.- ¡Guaaarg!.- exclamó, clavando sus dientes en su hombro izquierdo. Para enseguida bajarse y situarse a un costado sonriente.- Holo.- le saludó con mirada traviesa.- Uh, comida.- dijo, cuando un pan con aguacate capturó su atención. Claramente esa porción era para uno, y era la once del mago. Pero ella sin pudor alguno tomó un trozo y le dio un gran mordisco.- Ñamñam.- musitó con la boca llena.

Ya era oficial, la torbellino Thorne había llegado para desordenarlo todo.
Stella Thorne
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Mar Ago 27, 2019 2:03 am

―Eso no es así, tía ―le respondió, sin estar de acuerdo. ―Los aurores no tienen que apoyar al gobierno sin importar ningún ideal. O yo, al menos, no lo veo así. Creo que ahora mismo todos aquellos que se hacen llamar 'aurores' no presentan ni de lejos los estudios requeridos, sino que están ahí posicionados como el ejército del gobierno, simplemente. Los aurores que de verdad se sentían identificados con una causa, ya no están en el gobierno. ―A menos que sean traidores, claro, pero Ian no iba a buscar ese punto en concreto. ―Lo que digo que no viene arraigado a la profesión, viene arraigado a la persona. Y lo sé porque me he encontrado con muchos 'aurores' que ya te digo yo que no son aurores ni de puta coña.

Lo de recorrer el mundo y hacerse una trotamundos profesional le hizo gracia, pues eso debería ser la vocación de todo el mundo. ¿A quién no le gustaba viajar, conocer mundo y poder vivir en la hermosura de todo el planeta?

Te vería trabajando de... profesora, quizás de kickboxing. Te pega repartir caña. Aunque yo sería mejor profesor por eso de que soy mejor que tú... pero tú ya me entiendes. ―Matizó, divertido, para entonces enarcar una ceja. ―Oye, que ya yo hice puenting y sobreviví. Puedo volver a hacerlo sin hacerme caquita esta vez. ―Y rió.


***

―Pues probablemente ese ―dijo con respecto al ave fénix que había mencionado, pues al tener tanto detalles y ser tan grande, le había llevado bastante tiempo, preparación, concentración...

Sabía que había mujeres que podían ser machistas, no había que ver a las mujeres que apoyaban partidos políticos opresores para ellas mismas y podía entender que quisiera tatuarse eso simplemente como apoyo al feminismo, pero sólo quería saber si se refería a algo en concreto, pues precisamente ahora no podríamos tener más mujeres en el poder, al menos en el mundo mágico. Su anécdota era triste pero… realmente era el pan de cada día. Era una putada: sí, pero había hombres que se creían con ese poder. Lo que había que hacer era cortarles el pene a todos y así ya se arregla. Era la mejor pena para los violadores.

Que podían violar con otras cosas, pero lo mismo la falta de pene le hace replantearse las cosas.

―¿Enseñarte a tatuar? ―preguntó, sorprendido, porque nunca le había dicho nada. La verdad es que eso de ser profesor no es que le llamase demasiado. ―Te he visto rayar un papel de manera muy poco bonita, Stella. Mi hijo de dos años dibuja mejor que tú. ―Se rió de ella, divertido. ―¿Estás tú segura de que quieres aprender? Que si me traes las naranjas y los plátanos yo te enseño, pero a mí no me tatúas. ―Volvió a reírse, totalmente desconfiado.


***

Hubiera sido super guay mandarle el mensaje que le envió, motivándola con que tenía algo que enseñarle y… ¡DE REPENTE SE VE A IAN CON LA POLLA AL AIRE! Pero no, se le ocurrió demasiado tarde. Llega a pensar un poco más y lo mismo le hubiera hecho la broma, pero estaba demasiado emocionado con la idea de irse a hacer motocross por la montaña.

Se sorprendió cuando le dijo que no había conducido nunca una moto. ¿¡Estaba de broma?! ¿¡Le decía que quería hacer motocross y luego no sabe conducir una moto!? A Ian se le cayó un poco las expectativas, pensando que aquello iba a ser un desastre y no iban a poder ir a ningún sitio. Conducir una moto no era fácil y hacer motocross era todavía más complicado: no era lo mismo llevar una moto por carretera que llevarla por tierra, con piedras, baches y barro.

―¿Me estás vacilando, Thorne? ―Preguntó, bastante en serio.

Negó con la cabeza con lo del cumpleaños, para luego asentir cuando le dijo que si era el noviembre. Recordaba bien.

―¿En serio no sabes montar en moto? ¿Pero entonces por qué me dijiste que querías hacer motocross, pedazo de loca? ―Le dijo claramente. Había confianza para decirse las cosas tal cual uno las pensaba. ―Es fácil llevar una moto, pero se necesita práctica. Eres… eres…

Ian se acercó a ella, señalándola con sendas manos como si le diese ‘rabia’ su actitud motivadora para todo PARA QUE LUEGO NO SUPIERA CONDUCIR UNA MOTO. Finalmente posó sendas manos en su cabeza, una a cada lado.

―Eres idiota. ―Y tras soltarle eso, le dio un beso en los labios.

No estaba enfadado. Estaba molesto porque él quería hacer motocross y ahora iba a tener que hacer de profesor, cosa que no le importaba porque le gustaba sentir que podía enseñarle cosas a Stella, pues siempre la consideró más inteligente.

Otra cosa importante: Ian no solía besar a Stella normalmente de esa manera tan… cariñosa y porque sí. Él había dejado claro sus sentimientos con la chica aquella vez en casa de Laith, pero siempre había sido bastante frío con quién consideraba sus ‘follaamigas’ porque no quería que ninguna se confundiese con lo que había entre ambos. Sin embargo, ni él mismo se dio cuenta de que ese beso le había salido de manera totalmente natural.

―A ver, pues entonces no hay tiempo que perder. Ponte el casco que me dan los choques estar frente a mi casa con una fugitiva de la ley. ―E Ian le metió el casco por la cabeza. Stella entendería que estar en ese lugar era peligroso para él, por lo que con el casco todo se arreglaría. ―Mira, súbete. ―Era gracioso porque le había dado el casco de un color y la hizo subirse en la moto del otro color. ―Soy un rebelde, un antisistema. ―Ironizó divertido, para entonces darle una clase de lo que había que hacer.

Le enseñó con qué pie se cambiaba las marchas y que con la mano izquierda se apretaba el embrague antes de hacerlo. También le dijo cuál era el freno delantero―mano derecha―y el freno trasero, que se hacía con el otro pie. Le enseñó la maniobrabilidad del manillar, pues era mucho más dura que la de una moto convencional, para poder tener más estabilidad en las zonas con baches y desniveles.

―Venga, mete primera e intentar arrancar sin matarte. Algo me dice que hoy vamos a tener día de iniciación.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Sáb Sep 14, 2019 3:36 am

Cuando escuchó la respuesta del chico volvió a mirar admirada la fotografía de aquel tatuaje, preguntándose de paso si ella se haría uno de ese tamaño alguna vez, respondiéndose enseguida que sí pero surgiéndole una nueva interrogante: ¿De qué sería?. Porque algo así de grande jamás iba a pasar desapercibido en su cuerpo, por lo que debía pensarlo muy bien.

En eso le contó una anécdota al castaño que le hizo sentir un sabor medio amargo en la boca, por fortuna Ian cambió de tema y volvió a enfocar la atención en los tatuajes que se iba a realizar esa noche, Stella se acercó a su lado para mirar la forma de ellos y de paso preguntarle algo que hace un tiempo le había dado vueltas por la cabeza.  Soltó una carcajada cuando el mago le señaló que sus dibujos dejaban mucho que desear. ― ¡Que poca fe me tienes, Howells! Me duele.― le dramatizó en broma, llevándose la mano al corazón como si sus palabras hubieran sido un vil puñal, para luego sonreírle de todos modos. ― Pero vale, sí. Dibujar se me da fatal, pero quizás puede ser una tatuadora más minimalista, o solo la que tatúa palabras, o frases… Mi letra sí que es chula, eso no me lo puedes negar, eh. ― le señaló, en un vano afán de querer defender su orgullo roto. ― Y ya, qué más da. Si no quieres le diré a mi amigo Tim que me enseñe, y ahí ya me verás luego abriendo un local que será tu principal competencia, Howells. ― bromeó para picarlo con sus ojos entrecerrados, ya que era sabido que no era posible, porque desde un tiempo  su padre y su tío Tim, le han comentado que Edale de vez en cuando era visitado por personas extrañas que se situaban cerca de su casa, la rubia suponía que eran cazarrecompensas, que desesperados por dinero iban a los lugares de algunos fugitivos para ver si tenían suerte y lograban pillar alguno, así que ir a su pueblo estaba cien por ciento descartado, al menos para ir a visitar a Tim, si iba a correr ese riesgo era por su familia.

Cuando ya todo estuvo listo, Stella se instaló cómodamente para comenzar todo el proceso de tatuado, el primero fue el signo de mujer en su dedo anular, y la verdad es que pese a estar bien cerca de un hueso no le dolió nada, y fue tan rápido que ni tiempo le dio de realmente sentirlo. Pero luego vino el de la boca, y ahí se puso algo nerviosa, porque era en un lugar nuevo no había piel, y quizás era toda la sensibilidad…pero al final inspiró profundamente y decidió entregarse a la mano de Ian, que hasta el momento siempre ha sido muy cuidadoso con ella a la hora de tatuar.

Aunque no sin antes acercarse a la boca de Ian y darle un beso no menor, ya que después de eso la cosa sería más complicada. ― Ya, ahora sí podemos seguir con el otro. ― dijo sonriente al separarse de la boca del castaño, para luego tomarse con ambas manos su labio inferior para que el mago pudiera tatuarle.


***

Stella simplemente no podía creer lo que veían sus ojos, frente suyo estaban dos motos increíbles, de esas que uno ve en la televisión y se dice: “Joder yo quiero montar esa brutalidad y andar a toda velocidad”. Es que Stella siempre ha sido así, como adicta a la adrenalina, y sin temor a lo nuevo por más que todos digan que sea peligroso, ella siempre ha sido de la filosofía del ver para crear, o más bien el de hacer para saber.

Soltó una risita como la de una niña pequeña que fue descubierta haciendo una travesura cuando vio el rostro incrédulo de Ian al saber que ella no tenía ni puta idea de cómo andar en moto, pero las ganas le sobraban, eh. ― A estas alturas ya deberías saber que soy así…loca. ― le dijo divertida, encogiéndose de hombros, como si ese hubiera sido el mejor argumento para su pregunta, es que ya eran muchos años conociéndose como para que ahora el castaño se extrañara de su loca forma de ser.

Soltó un pequeño gemido de queja cuando el castaño se separó tan pronto de sus labios, quedándose con gusto a poco, aunque bueno, últimamente siempre se quedaba con gusto a poco cuando llegaba la hora de separarse del castaño, porque siempre quería un poquito más, de tiempo a su lado, de él, de los dos… pero al final, siempre terminaba controlandose, y reprimiendose como ahora, porque sentía que dejar libres sus impulsos con el castaño podía ser muy peligroso, podía seguir profundizando algo que en un punto se le podía ir de las manos, y no, no eran buenos tiempos para eso. ― Idiota serán tus polainas, Howells. ― le dijo, apretando sus labios en un vano intento de ocultar una sonrisa.

Vale, vale que no te ataques más. ― dijo dedicándole una coqueta sonrisa antes de ser su rostro cubierto por el casco, para luego subirse a la moto, en cuanto sus manos tomaron el manubrio sonrió ampliamente sintiendo una escalofrío de energía que empezada de sus manos hacia el resto de su cuerpo. Escuchó atentamente las indicaciones que le daba el castaño, y cuando este término la rubia volvió a repetirle todo lo que le había dicho para ver si, al menos teóricamente, había comprendido.

Bueno, no será la primera vez que tenemos una iniciación  en algo los dos…― le susurró divertida, y bajo el casco se podía vislumbrar su traviesa mirada. Se acomodó y respiró pausadamente, ya que eso le permitía bajar la ansiedad que despertaba en ella cuando se enfrentaba a algo nuevo y que necesitaba toda su atención. ― Bien, intentémoslo. ― dijo, para luego dar el primer arranque. ― Wou, wou, wou. ― exclamó, cuando por apretar muy fuerte el acelerador salió disparada, y por desesperación apretó el freno haciendo que se detuviera con la misma intensidad de su partida. Su achocolatado corazón le latía a mil, pero de adrenalina no de miedo. ― Vale, vale no tengo que apretar tanto el acelerador. ― gritó entre risas al castaño que había quedado atrás y que con rostro contraído se acercaba a ella. ― Lo intentaré de nuevo, ahora sí que sí…― dijo en tono seguro, volvió a intentarlo y esta vez sí que lo logró, iba lentito pero lográndolo al fin y al cabo, sonrió ampliamente. ― ¡Hey! Que lo estoy logrando…― exclamó toda contenta al castaño que cada vez estaba quedando más atrás. ― ¿Quién iba a decir que sería tan buena…― comenzó a regodearse, sin saber que la suerte de principiante tenía un buen amigo llamado karma que le encantaba hacer callar a los que se creían más de la cuenta, así que no alcanzó a terminar su frase cuando se empezó a ir para al lado, por fortuna recordó rápidamente que hacer para no darse un fuerte golpe y lograr detenerse un poco más dignamente. ― Ok, vale. No puedo hablar y manejar a la vez, sino enfoco toda mi atención…― hizo un silencio he hizo un gesto con su mano cortándose el cuello. ― Lo siento, creo que podremos empezar a recorrer, eh. Me tengo fe, pero será un camino medio silencioso jiji. ― soltó una risita traviesa. ― Pero vamos, vamos, démosle con todo. ― dijo animosa.

Es que lo divertido de Stella es que era de esas que no le temía a la parte de probar hasta  el cansancio algo hasta lograrlo, por más que eso sea duro, o hasta a veces un poco peligroso, las cicatrices que tenía en su cuerpo lo demostraban, ya que antes de saber que era bruja y contar con esas increíbles cremitas que hacen que se borren las marcas de guerra, se quedó con algunas muy características, como esa esa que tiene parecida a una carita feliz a un costado de su cuerpo, cerquita de su cadera izquierda, que se la hizo la primera vez que intento escalar hasta bien arriba un roble, y por una mal pisada terminó incrustada en el suelo clavándose una ramita de paso. Es por eso, que según de la perspectiva que se mire, Stella podía resultar una muy buena alumna, ya que al no tener miedo se atrevía a más cosas que la gente normal, aunque bueno, como todo, a veces le daba muy buenos resultados y otras veces no tanto.

||Cuarenta minutos después||

Soy la mejor alumna que te pudo haber tocado, eh. ¿A que sí? ― le preguntó ahí toda vanidosa, aún con el casco en su cabeza.― ¿Cómo me veo, eh?― le preguntó poniendo poses arriba de la moto.― Sacame ahí un foto, para subirla a mi instagram "Fugitiva19" con la bajada "Atrapame, si puedes"― bromeó entre risas, para luego bajarse.

La rubia había logrado después de unos cuantos intentos fallidos, arrancar y lograr mantenerse en equilibrio andando por la carretera, pero después de un tiempo, de estar sobre mega concentrada el estómago le reclamó no haber comido, es que en su defensa ella no se había imaginado que terminarían fuera de la casa de Howells recorriendo la carretera sobre dos mega motos, aunque  para ella fue una muy grata sorpresa, bueno menos para su panza. Es por eso que se detuvieron a mitad de camino, para comprarse unos kebab en un local, para luego buscar un lugar apartado a un costado de la carretera para detenerse unos momento,  disfrutar de la comida y el paisaje.

Me siento como una integrante de los Duft punk. ― dijo divertida mientras hacía poses de robot mezclado con un extraterrestre y tarareaba uno de sus canciones más conocidas. Luego miró para ambos lados, no se veía rastro de humanidad así que se sacó el casco, ya que aunque quisiera era imposible comer con esa cosa en la cabeza, lo dejó encima de su moto y caminó hacia donde estaba Howells. ― Holo. ― le saludó divertida acercándose a su rostro como si le fuera a dar un beso pero…― ¡El que pestañea pierde! jejé. ― le dijo después de robarle un mordisco a su kebab. ― Ñam, que rico. ― señaló junto a una sonrisa traviesa, aun saboreando los restos que quedaban en su boca.

Yo creo que después de recargar energías no es mucho lo que me falta para ya lanzarme a andar por otros terrenos, ¿tú qué piensas?― le preguntó, es que vale, ella quizás tenía una visión de sí misma muy diferente, ya que ahí el experto era Howells. En eso voltea un poco su rostro y notó un resto de salsa que le había quedado en la comisura izquierda del labio al castaño, y ahí tentada de hace un buen rato no pudo evitar llevar su boca  a los labios del mago y agarrar su boca entre sus dientes, y pasarle la lengua en ellos, para luego separarse como si nada. ― Tenías un poco de salsa…nada de comida se puede perder, eso es pecado máximo. ― terminó por decir excusándose, para luego darle un mordisco a su kebab junto  a una coqueta y traviesa sonrisa.
Stella Thorne
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells Ayer a las 5:30 am

Stella estaba convencidísima de que era capaz de hacer grande trayectos en moto cuando claramente tenías sus claras lagunas de información y de habilidad. Ian, por supuesto, no estaba tan de acuerdo, pero teniendo en cuenta varios factores, no se vio tampoco con demasiadas ansias de negarse.

El primer factor es que ya había alquilado las motos por el día entero y sería una pena no utilizarlas solo porque Stella es una masoquista kamikaze, el segundo factor era que Stella era mayorcita para decidir por su cuenta si quería ser una masoquista kamikaze y… el tercer factor es que Ian tenía gran predilección por las masoquistas kamikaze… ¿no era super divertido ver a Stella intentando hacerse a la conducción de una moto? ¡Já! ¡Le faltaban las ganas para verla intentar coger los baches con tierra de por medio!

―Claro que no puedes manejar y hablar a la vez, ¿qué te crees, mujer? ―Y se rió de ella. ―¿Sabes que todo lo malo se pega? A lo mejor te he pegado mi capacidad limitada de tareas.

Pero después de haber hecho un poco de entrenamiento básico y enseñarle lo mínimo que tenía que tener en cuenta, Ian se puso el casco y se subió a la otra moto. Le hizo una señal con la mano para que le siguiera, aunque el chico no tenía intención alguna de separarse demasiado de ella, por si se caía o sencillamente porque sabía que se iba a quedar atrás debido a su poca estabilidad con la moto.

Sin embargo, había que admitir una cosa: a Stella se le daba bien ser una masoquista kamikaze, pues como bien había dicho, era una buena alumna. Eso sí, Ian apostaba porque era una manitas y ese tipo de cosas sin duda le pegaban. Quizás hacer punto de cruz o pintar un óleo le costaba más, ¿pero conducir una moto? ¡Si es que Ian ya creía que sabía hacerlo!


Cuarenta minutos después

Habían parado cerca de un kebab, en un área de descanso en mitad de la autopista. Ian aparcó rápidamente la moto sin ningún tipo de problema, para entonces quitarse el casco y dejarlo sobre el asiento de la misma. No tenía miedo de que se lo fueran a robar, pues los ingleses eran tan cortados hasta para eso, por no hablar de que había estacionado justo en frente de la ventanilla de una gasolinera. Fue a comprar los kebabs, volviendo a la moto para seguir con el trayecto, parando tiempo después de otro área de descanso pero solo con un merendero.

Stella llegó detrás de él unos segundos después y sus comentarios sobre instagram hicieron que el chico alzase las dos cejas.

―He visto fotos increíblemente sexys de chicas con motos, lo mismo podría hacerme fotógrafo por un día y con los filtros de instagram hacerte SUPER SEXY. ―Resaltó, motivado por la idea. ―O sea, tú ya eres SUPER SEXY, digo de hacer fotos SUPER SEXYS, ¿sabes? Para eso también hace falta un buen fotógrafo. No vale solo con la modelo. Que aquí en donde me ves soy un fotógrafo de primeras.

No, ni de coña. La única cámara que sabía utilizar era la de su móvil y era el típico que tenía que sacar la foto veinte veces para que saliera enfocada porque se le olvidaba pulsar en la pantalla para que se enfocase la zona en cuestión. Además de que su experiencia como fotógrafo se limitaba a sacar fotos a los tatuajes que hacía, además de los selfies con su hijo.

Ya sentados y comiendo el kebab, la chica le robó un trozo del suyo, a lo que Ian la miró con reproche, siendo bien consciente de que él también haría algo para recuperar lo perdido.

―Opino que te vas a romper por la mitad como te metas con la moto en barro y tierra. ¿Sabes lo diferente que es llevar la moto por asfalto que por tierra? No, no lo sabes porque eres una masoquista kamikaze y hasta hoy no habías cogido una moto nunca. ―Y no se dio cuenta de que se había manchado de salsa, por lo que cuando se acercó a lamer los restos de salsa que se le había quedado en los labios, Ian se quedó algo en shock. ―Pero tía. ―Se quejó, sin poder evitar sonreír. ―¿Qué clase de manera de quitar la salsa es esa? ¿Estás intentando seducirme? ¿Es eso? ¡Estamos comiendo, no puedes lamerme de esa manera! ―Ian tenía la mente más simple del universo y cada vez que Stella le lamía cualquier parte de su cuerpo, se imaginaba que era el pene. Pero de manera totalmente inconsciente, ¿sabes? ¡Y claro, así no había quién tuviese una charla normal! ―Tú vuelve a hacer eso que nos vamos a casa a la de ya y te quedas sin la experiencia de caerte con la moto. ―Le ‘amenazó’, pues Stella no era precisamente de esas mujeres a las que pudiera amenazar con sexo, pues siempre tenía tantas ganas como Ian.

¡Era su chica perfecta!


Media hora después

Ian había dejado ir a Stella primero por el camino de tierra, con algo de barro, para poder vigilarla e ir a su ritmo. Iba con unos diez metros de diferencia para no chocarse con ella. Era indispensable ir levantado de la moto para no hacerte daño con los baches, pero claro, Stella no estaba acostumbrada a ir levantada en la moto, por lo que entre eso y los baches, la cosa estaba clara…

En un principio Ian vio bastante bien a Stella, como si lo fuese a conseguir, pues la verdad es que se le daba de puta madre. Sin embargo, se hizo ilusiones demasiado pronto y pudo ver delante de él como la moto de Stella se chocaba de frente con una piedra muy grande y Stella salía volando hacia adelante.

Ian rápidamente se bajó de la moto, la dejó caer y recorrió la distancia que les separaba corriendo, notando como sus piernas y zapatos se llenaban de barro. Para cuando llegó a donde estaba su amiga, se puso a su lado y se quitó el casco, dejándolo sobre el barro.

―¿Estás bien? ―preguntó. ―Espera, no te quites el casco. ―Y le abrió la parte de cristal, la cual se atascó un poco y estaba llena de barro. ―Has caído de cabeza, ¿eh? ―Y bufó al ver sus ojos algo confundidos debajo del casco. Entonces sujetó uno de los brazos de Stella, para ayudarla a poner de pie con suavidad. ―¿Te has hecho daño?

Se iba a reír de eso toda la vida, pero prioridades. Precisamente Ian sabía la importancia de una caía con la moto, pues podía haberse hecho mucho, mucho daño. Lo primero era saber si estaba todo bien o tenía que llevarla a un hospital. Y seamos sinceros: no tenía ganas de llevarla a un hospital por lo que es podría suponer. Él era tonto, pero asumir que el gobierno mágico tenía vigilado los hospitales era como super obvio.
Ian Howells
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