Situación Actual
14º-20º
18 mayo -> luna nueva
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
EVANS MITCHELL pj destacado
LAITH GUATHIER & SAM LEHMANN Mejor dúo
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline

El Señor Sonrisas. —Laith Gauthier.

Sam J. Lehmann el Jue Abr 18, 2019 3:48 am

El Señor Sonrisas. —Laith Gauthier. 3z0t9Py
Habitación de Samantha | 04/03/2019 | 16:32h

WhatsApp
Dario Naharis
20:42
Dario Naharis
EN LÍNEA.

Hola, si hipotéticamente tuviera cita el día seis de marzo, a las cinco de la tarde, con Kelsey, ¿te vendría bien?

Hipotéticamente depende.

Hipotéticamente de qué.

De...

...

En realidad si es hipotético me viene bien, pero si por alguna razón se vuelve realidad me surgiría una grandísimo compromiso que sólo podría cambiar si me pagas con chocolate.

Es un pago que hipotéticamente en la realidad podría pagar.

Ya te digo que en realidad no es hipotético. Tengo cita de verdad.

Y yo en realidad no tengo ningún compromiso. Me estaba haciendo hipotéticamente la interesante.

Entonces te secuestro 😌

Hipotéticamente, claro. 👀

Mi autocorrector me corrige todas las palabras por 'hipotéticamente' de todo lo que he usado la palabra hipotéticamente.

Pensé que era a mí solo.

Somos retrasados.

Sí.

Hipotéticamente, claro.

Obvio. 💁

¿Cuento entonces contigo?

Always I love you Allí estaré.








Y entonces se le cayó el teléfono móvil en la cara. Sufrió uno de esos ataques de miocardio en donde piensas que se te ha roto la nariz o has perdido un ojo.

Oh, ¡no! —Gritó, dolorida, llevándose la mano a la nariz porque parecía que se estaba desangrando. Su cerdito abandonó la cama dando una voltereta, asustado de repente.

Pero falsa alarma, no había pasado nada. No había sangre.

Sam se acababa de levantar de la siesta y había mantenido toda esa conversación en la cama, riéndose como una idiota por los dos tontos muy tontos que parecían hablándose con la maldita palabra ‘hipotéticamente’ en cualquier lugar que cuadrase, aunque careciese totalmente de sentido. Desde aquel día en el café, se había vuelto su muletilla más idiota.

La verdad es que desde que Laith le había propuesto el ayudarle y Sam había accedido, no tenía pensado echarse atrás. De hecho, se había mentalizado bastante de lo que podría llegar a encontrar en la mente de la chica, intentando no llevarse ninguna sorpresa. Como legeremante tenía que tener nervios de acero y no dejarse llevar por lo que viese en mentes ajenas, pero el problema de Samantha—algo de lo que no te avisan en primero de legeremancia—es que las personas demasiados empáticas lo pasan realmente mal en este tipo de trabajos.

Y por si no lo sabías: la rubia era terriblemente empática y ya se estaba esperando lo peor. Para colmo, no estaba nada acostumbrada en meterse en mentes infantiles y tampoco sabía cómo sería tratar con los sentimientos de una niña tan pequeña. Pero como se solía decir: era una profesional, así que haría lo que hiciera falta, más todavía si era para ayudar a una pobre niña.


Hospital Saint Thomas | 06/03/2019 | 17:01h | Atuendo

Llegado el día, sin embargo, estaba algo más tranquila. Había ido a trabajar normalmente por la mañana y por la tarde se había preparado para ir al Hospital Saint Thomas, que se encontraba prácticamente en el centro de Londres. Recordaba haber ido una vez a ese hospital de emergencias, pero la verdad es que ni lo recordaba porque habían sido emergencias nocturnas con un alto porcentaje de alcohol en venas. ¡Nadie se libra de historias patéticas de borracho en esta vida! Desde que estaba en Londres siempre había asistido a San Mungo y desde que es fugitiva no pisaba un hospital ni como Samantha Lehmann, ni tampoco como Amelia Williams.

Sin embargo, ese día fue allí como la señorita Williams, una joven alemana que se había ido a Londres a buscarse la vida como camarera. Menos mal que habían muchos perfiles así, o nadie se creería que en Inglaterra se vivía mejor que en Alemania. Por suerte, como Amelia Williams actualmente era muy libre, se había inventado una tapadera de psicóloga que poder soltar tranquilamente si alguien le preguntaba por su trabajo cuando estuviera tratando a Kelsey. Se lo había memorizado. Iba a optar por lo de la India, pero nadie se creería que alguien como Sam viene de allí. Eso sí, en sus estudios inventados se había pasado como cinco años estudiando en ese país su técnica secreta mental. Le había mandado ayer un audio a Laith explicándoselo todo, para que no fuesen subnormales en soltar cosas diferentes en el caso de ser necesario.

Entró al hospital y se sintió perdida, por lo que sacó el móvil y le mandó un WhatsApp a Laith, quién le dijo que era en la tercera planta, al final a la izquierda, en la zona infantil. Sam se aventuró y se metió en el ascensor, intentando seguir las directrices de su amigo. Unos tres minutos después, Laith salió de una habitación y pilló a Samantha caminando por el pasillo. Le llamó por su nombre falso, a lo que ella mostró una sonrisa.

Hola —lo saludó, besándole la mejilla por inercia. Estaba un poco nerviosa. —¿Cómo lo vamos a hacer al final?
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 24.396
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1078
Puntos : 842
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Laith Gauthier el Vie Abr 19, 2019 9:35 am


No había sido precisamente sencillo conseguir introducir a un tercero al hospital. Básicamente porque él era el externo que estaba metiendo otro externo en un hospital de renombre. Por suerte, había quien tenía confianza plena en él y no lo juzgaron de loco con su petición, sabiendo que era todo en pro del bien de la pequeña Kelsey.

En cuanto tuvo la aprobación, le escribió a Samantha para hacerle saber cuándo y a qué hora era su próxima cita. La que esperaba fuese la diferencia entre un antes y un después. Se sonreía como tonto cuando conversaba con ella, esas hipotéticas conversaciones donde lo hipotético estaba sólo porque era una palabra que les había gustado para introducir en su vocabulario, tanto que sus predictores móviles intentaban colarla en todos sitios. Si es que todo se parece a su dueño.

Llegó el miércoles como si viniese de rodillas: lento y tortuoso. Laith no podía esconder lo ansioso que estaba por esa cita, y cada día que pasaba sin respuestas parecía un día perdido en lo que respectaba a su caso.

Incluso él, que era bastante impuntual la mayor parte del tiempo, había llegado con mucha anticipación para retomar las notas del caso, repasándolas con detenimiento mientras esperaba que llegase Samantha y su paciente. Estaba en una habitación de personal donde tenía espacio, silencio y café para poder concentrarse, al menos hasta que comenzó a recibir mensajes de parte de su amiga haciéndole saber que ya había llegado. Debía ser momento de movilizarse al consultorio.

Nada más salir, la reconoció: le costó un poco, por el cabello castaño, pero sonrió apenas verla. — Amelia —la llamó por su nombre clave, ese que usaba para camuflarse entre los nomaj. — ¿Cómo estás? —la saludó, devolviéndole el beso en la mejilla como un saludo casual. — Bueno, ahora tenemos que ir al consultorio, Kelsey y sus padres no deben tardar en llegar —hizo un gesto con el índice con que sujetaba el vaso.

Empezó a caminar, con unas carpetas bajo el brazo derecho y el vaso en la mano izquierda, que ofreció a su amiga por si le apetecía un sorbo. Estaba negro y sin ningún tipo de endulzante: la azúcar entendería que no tenía tiempo para ella en ese momento. Se veía relajado, pero la verdad era otra.

Luces encantadora hoy —se animó a halagarla, habiéndose fijado en su atuendo. Se quitó las carpetas del brazo y abrió dos para comparar información, entregándole la segunda. — Esa es la información general, si te sirve de algo antes de empezar, pero por ahora todo va de acuerdo a lo que hablamos.

Los papeles del interior dirían más que nada los datos de la niña en cuestión psicológica y médica, junto con estudios, radiografías, e incluso algunas tomografías cerebrales. Samantha podría darse cuenta de inmediato que Laith había explorado literalmente cualquier alternativa antes de haber recurrido a ella por la cantidad de información que había recolectado en esos meses.

Será interesante —porque, incluso aunque no encontrasen literalmente lo que él temía, sí pensaba que iba a acercarlo mucho a la línea de meta de aquel caso. Tras ello, podría volver a seguir su vida sin sentir que arrastraba el peso de la incertidumbre.

El consultorio era como uno podía imaginarse: había, en una esquina, un escritorio con dos sillas a un lado y la silla del doctor detrás, más próxima a la pared trasera, y era lo más serio de la habitación. Las paredes, exceptuando el cubículo del escritorio, estaban adornadas con dibujos e imágenes coloridas y agradables, una habitación de tonos cálidos, con cajas de juguetes y hasta una casa de muñecas, todo para hacer sentir más cómoda a la pequeña persona que fuera estudiada entre esas paredes.

¿Nerviosa? —le sonrió, una vez ahí, dejando el resto de las carpetas sobre el escritorio, recargándose en una esquina del mismo sólo con la cadera. — Yo sí lo estoy —le contestó, incluso antes de que ella pensara en regresarle la pregunta. — Kelsey muestra un retraimiento social importante y su rendimiento académico ha empeorado a lo largo de este tiempo hasta convertirse en un problema, por más que recibe asistencia de profesores ajenos al colegio, presenta insomnio que no mejora con tratamiento médico y, si tuviera que aventurar una conclusión, diría que rechaza el tratamiento en casa, con descartadas anomalías que provoquen una imposibilidad crónica a dormir —le dio un diagnóstico general y de memoria, — se especula una ansiedad social que deriva en una falta de voluntad para establecer contacto interpersonal, y los padres de acogida mencionaron la sesión anterior algo que describieron como arrebatos a la hora de convivir en familia —se cruzó de brazos, pensándose eso último mientras lo decía.

Parecía que algo se le había venido a la cabeza, pero no tuvo tiempo a ponerlo en palabras antes de escuchar la puerta ser tocada. El señor Gernard era un hombre delgado y de corto cabello oscuro, que llevaba sobre el rostro unos lentes cuadrados que a Laith le había dado en su momento la primera impresión de ser amable pero condescendiente al extremo. La señora Gernard era de tez morena, rechoncha y siempre llevaba vestidos de colores pasteles; a diferencia de su marido, era una mujer de carácter fuerte y en más de una ocasión había confrontado a Laith (como al resto de psicólogos y psiquiatras) por no haber tenido avances en un tiempo que ella consideraría adecuado.

Finalmente, Kelsey, que era una niña menuda y algo más pequeña de lo que debiese ser a su edad, que podía ser completamente normal dadas sus condiciones. Una jovencita serena y paciente que no parecía ser impresionada con facilidad. Nada más entrar se dirigió en modo automático a una caja de juguetes, antes de siquiera reparar en los médicos.

Laith fue a encontrarse con los adultos. — Buenas tardes, esta es mi colega Amelia Williams de quienes les conté la sesión anterior —hizo un gesto hacia ella; la señora la miró con más aprensión de la que pretendía. — Ella me asistirá con un acercamiento nuevo en que está especializada, así que no tienen de qué preocuparse, ¿hay alguna noticia respecto a Kelsey? —se interesó en lo que ellos pudieran contarle de la niña.

Ninguno desde la semana pasada —lo informó la mujer, mirando a la niña. — ¿De verdad cree que otro acercamiento servirá? —la señora le preguntó. Antes que preguntar, parecía que cuestionaba.

El sanador no se dejó amedrentar. — Estoy optimista al respecto, ¿nos vemos cuando acabe la sesión? —los invitó a salir con su mejor sonrisa y un gesto en dirección a la puerta, educado pero apremiante.

Con una mirada de la mujer, y una ligera reverencia del señor, ambos se hicieron paso al exterior de la habitación con rumbo a la sala de espera.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : El Señor Sonrisas. —Laith Gauthier. Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 31.605
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1157
Puntos : 965
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Sam J. Lehmann el Lun Abr 22, 2019 9:29 pm

Tan lindo era Laith, diciéndole que lucía encantadora. Daba gusto vestirse bonito cuando alguien tan adorable te lo reconocía. Aunque bueno, teniendo en cuenta lo encantador que era su amigo, algo le decía que hasta en chándal y una coleta de caballo, él le diría que seguía estando bonita. Le sonrió en agradecimiento, para entonces aceptar la carpeta que le había cedido sobre el caso. La ahora castaña lo observó con detenimiento por encima, pero no vio mucho cambio de lo que en un principio le había contado su amigo.

Sí, yo vengo un poco nerviosa, no te voy a mentir. Ya te lo dije por WhatsApp, pero todo esto me impone bastante. —Él también dijo estar bastante nervioso, a lo que le prestó atención a todo lo que decía. Al parecer la situación de la niña había cambiado bastante en este tiempo, presentando no sólo una peor actitud en el colegio, sino también de manera social.

Laith adoptaba una posición bastante profesional tratando estos temas y, pese a que Sam estaba muy poco familiarizada con ese tipo de cosas, no le costaba nada seguirle el ritmo. Además, debía de admitir que al tratarse de un tema que le había interesado tanto desde la primera toma de contacto, seguirlo de cerca y saber los detalles ayudaba, sobre todo si se iba a meter en la mente de esa niña.

El consultorio era un lugar agradable y la verdad es que poco tardaron en llegar el resto de personas, lo mínimo para que Sam dejase su bolso sobre una de las sillas. Eran los padres adoptivos de Kelsey, acompañados de la niña. Mientras que ambos adultos se mostraban seguros y tranquilos, pese a que la madre era un poco intensa, la niña se mostraba bastante retraída, cómo si fuese tímida. Probablemente con Laith tuviese una relación mucho más cercana y de confianza, pero al ver una nueva persona allí dentro que la iba a 'estudiar' cómo muchos le habrían dicho, no se sentía del todo cómoda.

Buenas tardes —saludó Sam, de manera educada a los adultos. Sin embargo, al ver su actitud, se centró en la niña, poniéndose de cuclillas frente a ella. —Hola, Kelsey. Me llamo Amelia.

—Hola —dijo, sin más, uniendo sus manos frente a ella y jugueteando con sus dedos de manera nerviosa.

Los padres se fueron y se quedaron los tres en el interior de aquella consulta. Samantha miró a la niña y no le pasó por alto su manera de actuar, tímida, callada, retraída, como si no estuviese en aquel lugar realmente, sino que parecía actuar casi mecánicamente de manera muy sombría. Llevaba mucho tiempo tratando con personas de las que sabía muchas cosas, por lo que tenía cierta facilidad para leer un poco el saber estar de las personas, o sobre todo saber si mentían o no. Eso, después de tanto tiempo siendo legeremante, era algo que se le daba bastante bien.

¿Cómo estás? —le preguntó a la niña, con una de esas cálidas y risueñas sonrisas que caracterizan a la rubia. Ésta se encogió de hombros, sin evidenciar si estaba bien o mal. —No hablas mucho, ¿eh? Yo soy amiga de Laith y he estado con muchas niñas como tú —le dijo cariñosamente, aunque fuese mentira. Una mentira piadosa, para intentar que se sintiese a gusto en su presencia. —Ven, vamos a sentarnos.

Y se puso en pie, tendiéndole la mano a la niña para ver si se la daba o prefería ir por su cuenta. Sólo estaba observando cómo actuaba en base a la hospitalidad y cordialidad de Samantha, nada más. Entendería perfectamente que no le quisiese dar la mano si no se fiaba de ella.

Ahora, sin embargo, venía lo peor. Esperó a que Laith organizase todo, pues a fin de cuentas, la niña se fiaría más de él y de todo lo que éste le fuese a decir.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 24.396
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1078
Puntos : 842
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Laith Gauthier el Miér Abr 24, 2019 10:16 am

Laith estaba nervioso, y eso que había seguido el caso desde el principio, por lo que podía perfectamente imaginar a Samantha sintiéndose nerviosa cuando no sabía nada más que lo que él le dijo. En realidad, era agradable poder compartir aquello con alguien cercano, y al mismo tiempo le hacía inquietarse, sabiendo que, pasase lo que pasase ahí, quizá los dos saldrían con muchas cosas en las que pensar, para bien o para mal.

Todo estará bien —la chocó suavemente con el hombro en un gesto cariñoso. — Tú tranquila y yo nervioso, ¿de acuerdo? —le pidió no pensarlo demasiado, que de eso ya se estaba encargando él.

Incluso en medio del ambiente profesional, Laith tenía la sangre liviana y una palabra agradable. Por eso tenía éxito en su trabajo: no sólo era una persona amable que sabía tratar a la gente, sino también un profesional que sabía lo que estaba haciendo. Era un buen equilibrio. Así, no permitiría que Samantha tuviese que lidiar con todavía más que aquello que le había pedido, por lo que también podía empezar a relajarse, al menos esos minutos antes de que todo empezara.

Una vez que llegaron Kelsey y sus padres, él fue a saludar a los padres mientras que Samantha saludaba a Kelsey, sin obtener más de ella que brevedad. Lo esperaba, y no por eso le gustaba. Por lo mismo, se esmeró en sacar a los padres de ahí para comenzar cuanto antes, sabiendo que la madre podría retenerlo cuestionando sus métodos por lo que se presumía era mera preocupación.

La pequeña miró la mano de Amelia, sin fiarse del todo de su invitación. La miró, y procedió simplemente a ignorarla, dirigiéndose hacia los juguetes que había dispersos cerca de la casa de muñecas, enfocando su atención en un cochecito. Laith levantó la mano, haciéndole un gesto a su amiga para que no insistiera e hiciera una pausa. Él había también tenido su dosis de ser ignorado y que ella se concentrara en todo menos en lo que el médico hacía o dejara de hacer.

Hola, Kelsey, ¿cómo estás hoy? —la saludó, pero en lugar de pedirle ir a sentarse, se sentó en el suelo a su lado. La niña no lo miró, y se encogió de hombros, tal como lo había hecho con Samantha. — ¿Te parece bien si repasamos una vez más todo lo que hablamos al principio? Amelia es amiga mía, quiere saber tu historia, cree que puede ayudarnos con el Señor Sonrisas, ¿le damos una oportunidad? —usaba con ella una voz suave y calmada, no la típica voz que el adulto promedio usa con los niños.

Kelsey no respondió de inmediato. — No creo que deba hablarle de él —fue su respuesta, breve y en voz baja, mirando a Amelia por encima de su hombro, con una desconfianza atípica en un niño de su edad.

Bueno, ella me ha ayudado mucho a mí —le dijo él, poniéndose como ejemplo para que supiera que no había nada que temer. — Es muy inteligente, ¿sabes? —su tono de voz había disminuido, para hacer notar la confidencialidad y sacando por el momento a Samantha de la ecuación. — Sólo una oportunidad, ¿sí?

Con su propuesta, la niña buscó uno de los muñecos dentro de una caja y se puso de pie. El sanador la imitó, con diferencia de que tomó la casa de muñecas y la llevó a la mesa que había en la zona de conversación. Una casa de dos pisos muy bonita y abierta por la parte trasera, bajo la que la niña se sentó. Laith no empujó más de lo que podía, sino que atrajo una silla y se la ofreció a su amiga para que se sentara, él tomando lugar nuevamente en el suelo.

Esperó a que Samantha pudiera establecer una conexión con la pequeña y le diera la indicación de que podía comenzar.

¿Te parece bien si comenzamos con la primera vez que viste al Señor Sonrisas? —le preguntó amablemente, mirando el muñeco que ella tenía. Siempre tomaba al mismo cuando iba a hacer esa representación, aunque no tenía nada particularmente destacable.

Era un lunes, y no podía dormir —empezó a jugar con los muñecos, en la habitación que asemejaba lo que debiese ser su cuarto, movía a una pequeña muñeca, quien debía ser ella, — y fue la primera vez que vi al Señor Sonrisas, saliendo de donde vive —en la cocina de la casita, hizo acto de presencia el muñeco que debía representar al Señor Sonrisas. — Me quedé muy callada, pensando que se quedaría ahí, pero escuché un ruido —dejó caer la muñeca, y volvió su mirada hacia Amelia. — El tercer escalón, empezando de arriba, siempre cruje, así supe que vendría, así es como lo sé siempre… Cruje, se abre la puerta, y entra a mi cuarto.

¿Cómo es el Señor Sonrisas? —intervino Laith, y a Kelsey le tomó un momento antes de volverse hacia él, regresando a la mujer.

Tiene una gran sonrisa, demasiado grande… Siempre sonríe, pero no está feliz —y con sus dedos dibujó una sonrisa en su propio rostro, sin soltar al muñeco en su mano izquierda.

Laith suspiró. — Acabas de decir algo sobre que sale de donde vive, ¿dónde vive, Kelsey? —intentaba seguir la escena para ver si Samantha encontraba algo interesante. La niña se agachó más, metiendo al muñeco debajo de la mesa. — Bajo la casa, ¿en el sótano? —esa conversación la habían tenido cientos de veces, y él lo sabía bien. Pero Samantha debía escucharlo. Más importante: debía verlo.

Dentro de la cabeza de la niña, Samantha podría empezar a verlo todo como se ven los sueños: borrosos y sin mayor detalle, pero con escenas claras y ciertas partes importantes. El Señor Sonrisas no era un monstruo, como Laith lo había descrito en sus sueños y dibujos. Era una persona cuyo rostro estaba cubierto por una sombra, exceptuando su gran sonrisa. Generaba, incluso, un cierto déjà vu.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : El Señor Sonrisas. —Laith Gauthier. Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 31.605
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1157
Puntos : 965
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Sam J. Lehmann el Vie Abr 26, 2019 2:11 am

La rubia se apartó de la niña y le dejó espacio a Laith para que él se acercara a ella. Ni le sorprendió ni se lo tomó mal: tal y cómo le había explicado toda la situación, entendía a la perfección que la pequeña estuviese cohibida con el resto de personas y que precisamente la confianza no era algo que diese libremente. Las personas así de retraídas socialmente solían tener precisamente un problema con la confianza hacia los desconocidos. Sin embargo y, pese a todo, Samantha no perdió la oportunidad para intentarlo, aunque se llevase una negativa al respecto.

Pequeña y adulto se encaminaron hacia una zona en donde habían juguetes e intercambiaron unas palabras que la rubia no llegó a escuchar, aunque se podía hacer una idea de lo que podrían estar hablando, sobre todo por la mirada de desconfianza que le lanzó la niña en cierta ocasión. Podría decir que le pareció feo, pero debía de admitir que esa dureza en la mirada de una niña le dio bastante pena.  

En aquel momento aún no lo sabía, pero era normal que esa muchacha tuviese los problemas que tuviese y que no se fiase en absoluto de un rostro nuevo que intenta acercarse a ella de manera aparentemente desinteresada.

Tras el trato de Laith con la niña, ambos se encaminaron hacia donde estaba Sam. La verdad es que tenía muy claro cómo era Laith de atento y amable, pero verlo tratar con aquella niña le hizo darse cuenta de una nueva cara del sanador que era muy adorable. A decir verdad, no se esperaba hasta que se lo dijo el otro día en el café que trabajase además de en San Mungo, en hospitales no mágicos para ayudar a otras personas.  

Cuando se acercaron a la mesa, para Sam fue muy fácil crear conexión mental con la niña. Tenía la varita entre sus manos, en su regazo, y estaba sentada en una de las sillas, por lo que desde que la pequeña la miró en un momento, se metió sin problemas. Solo entrar ya le dio una sensación muy perturbadora y… fría. Esa incomodidad comenzó a crecer cuando Laith le preguntó sobre el Señor Sonrisas, creando una sensación muy oscura y lúgubre en el interior de aquella pequeña. Y Sam lo podía sentir absolutamente todo.

También veía y, en ese caso, veía como una figura que daba muchísimo mal rollo, cuyo rostro estaba conformado por una sonrisa atroz, aparecía en aquella mente tan inocente, produciéndole unas emociones muy fuertes.

Los recuerdos de la niña parecían claros pero… no parecían totalmente reales. Es decir: era imposible que aquella niña viese a aquella cosa realmente en su casa y era la primera vez que Samantha se enfrentaba a recuerdos así, manipulados de manera natural, por la defensa de una niña frente a algo.

La legeremante asintió muy levemente con la cabeza mirando hacia Laith, dándole a entender que todo estaba bien. Fue en ese momento cuando el sanador preguntó otra cosa importante: ¿qué es el Señor Sonrisas para ti? La niña frunció el ceño, se encogió de hombros y miró hacia su muñeco.

No es mi amigo... —le respondió a su médico de confianza, pese a que no le miraba directamente. —No me gusta el Señor Sonrisas pero… está ahí. Ahora siempre está ahí…

En ese momento a Samantha se le aparecieron varios recuerdos de ese mismo ente de terror de la niña, en donde el Señor Sonrisas aparecía en su vida. En cada momento, la aparición de aquella cosa hacía que a la niña se le bajasen las defensas y tuviese miedo. Le rodeaba un aura de incomodidad, debilidad y pavor.

Las memorias de la niña, sin embargo, no parecían estar del todo completos, como si por alguna razón la mente no quisiera recordar totalmente todo lo que ocurría en compañía del Señor Sonrisas. En este momento Sam comprendía el por qué: el Señor Sonrisas no le propiciaba en absoluto seguridad, sino que era algo malo. Todo lo que tuviera que ver con eso, que en principio sólo parecía mental, ponía a la niña en una situación en donde tu cuerpo incluso podía llegar a paralizarse. Cualquiera que viera lo que está viendo Sam, de esa manera tan inconclusa, podría incluso pensar que aquella niña en realidad sólo está loca y tiene un amigo imaginario muy malo en su mente. Por un momento, incluso, la legeremante pensó que así se vería la mente de un enfermo mental. Pero no, nada más lejos de la realidad.

Y pronto se daría cuenta de que el Señor Sonrisas era más real de lo que le hubiera gustado averiguar.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 24.396
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1078
Puntos : 842
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Laith Gauthier el Lun Abr 29, 2019 11:29 pm

Laith llevaba la sesión con calma, empezando por el principio y de vez en cuando miraba a su amiga para corroborar que todo estuviera bien y les fuera siguiendo el paso. Casi le disgustaba tener que pasar por esa conversación por enésima vez: sabía que debía ser todo menos bonito para Kelsey tener en su mente esos malos pensamientos que la ensombrecían un poco más, pero esta vez esperaba que hubiese realmente algo que los ayudara a descubrir qué estaba pasando en la vida de la pequeña.

No estaba seguro de qué era lo que Samantha había descubierto, pero sí lo que él mismo era capaz de ver y percibir de la niña. Pero tenía que continuar con sus preguntas, confirmando que el Señor Sonrisas no era un amigo, pero era una entidad constantemente presente. Las ideas surgían en su cabeza como burbujas, y se reventaban bajo la evidencia de los estudios que había hecho para descartar anomalías.

Le ofreció una mano a la niña, que Kelsey miró, pero no aceptó de inmediato, sin que Laith la apartara y dejara de ofrecerla. — ¿Qué hace el Señor Sonrisas cuando está ahí? —fue su siguiente pregunta.

A veces… sólo está ahí —le dijo, sin entender muy bien el rumbo de aquella pregunta. — Salimos a veces, y él viene —seguía jugando con sus muñecos, sin dirigir la mirada directamente al rostro de ninguno de los dos adultos. Sin embargo, en ese momento, se extendió el silencio. — Cuando no hay nadie más… me hace daño, tengo miedo —cuando dijo eso, aceptó la mano que se le ofrecía.

Laith estaba convencido que la gente era energía. Las personas estaban dotadas de ella, positiva o negativa, y esta podía pasar a través de otros seres vivos, compartirse. Cuando se dividía, se hacía más fácil lidiar con ella, por ello se prestó para apoyarla con una pregunta que, adivinaba, no era sencilla considerando qué representaba el Señor Sonrisas. La congoja se le asentó en el pecho, mas no lo demostró.

¿Físicamente? Si te pega, ¿queda una marca? —el sanador sabía, gracias a los estudios médicos, que realmente la niña carecía de contusiones físicas, por lo que era una pregunta engañosa, hasta para sí mismo.

No siempre —fue la respuesta, — a veces, se borran rápido —giró el muñeco en su mano libre, sin soltar con la otra la sujeción que tenía con el adulto.

En el exterior, lo que decía no era distinto a lo que otras veces había dicho. Y, de hecho, era natural para Laith: algunas enfermedades mentales causaban que uno mismo se hiciese daño en nombre de alucinaciones. Pero en la mente de la pequeña, ese recóndito espacio donde sólo ella tenía acceso hasta ese día, había escenas y recuerdos aterradores.

Kelsey se recordaba a sí misma, muchas veces en su habitación jugando a solas, y al Señor Sonrisas entrando por la puerta. Y la lastimaba, le pegaba, siempre con esa enorme sonrisa en el rostro, diríase que lo disfrutaba. Su voz, en la cabeza de la niña, sonaba aguda y retorcida, diciéndole que no hiciera ruido o no le dijese a nadie: nadie le creería y la culparían a ella de todo. Y un recuerdo, por la noche, que la pequeña apenas pudo conseguir bloquear antes de que apareciera del todo.

Laith lo notó por la forma en que apretó su mano. — ¿Quieres que hagamos una pausa? —su pregunta era suave y comprensiva, pero dirigió una mirada de reojo a Samantha, esperando detectar si habían encontrado información relevante.

Tenía que admitir que era un poco frustrante estar a ciegas. No estaba seguro de si estaban avanzando a su objetivo, o si simplemente estaban estancados. No era él quien estaba viendo y sintiendo todo lo que su amiga estaba compartiendo con la menor. Pero mantenía sus expectativas altas en aquella sesión.

No, estoy bien —al doctor no le gustaba escucharla decir que estaba bien. No era ese “estoy bien” sincero, sino más bien un “no tienes por qué preocuparte por mí”. Por supuesto, eso lo hacía preocuparse todavía más.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : El Señor Sonrisas. —Laith Gauthier. Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 31.605
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1157
Puntos : 965
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Sam J. Lehmann el Miér Mayo 01, 2019 3:22 am

Se le rompía el alma al ver a aquella niña hablar de esa manera. Ya se notaba que había hablado bastante del Señor Sonrisas con Laith, por cómo de tranquila parecía. Sam lo notaba: podía notar como se sentía en ese momento mientras contaba las cosas y también podía notar lo que sentía cuando sus memorias venían a su mente. Ahora mismo sentía tranquilidad porque parecía que el Señor Sonrisas no iba a aparecer, que estaba a salvo y que podía hablar con alguien de confianza. Laith la protegía; o al menos mientras estaba Laith, no estaba el Señor Sonrisas.

Pero cuando dijo que el Señor Sonrisas le hacía daño y que tenía miedo… En ese momento se arrepintió de haber sido convencida de hacer aquello por Laith. ¿No sabía lo empática y terriblemente sensible que era Sam? ¡Se veía que no! Se remojó los labios y se serenó porque era una profesional ante todo. O eso quería decirse a sí misma.

Laith le preguntó de nuevo, esta vez sobre si le pegaba. Fue en ese momento cuando los recuerdos de la niña comenzaron cada vez a ser más oscuros; más perturbadores.

Podía verse al Señor Sonrisas acercarse a ella y… tratarla como un maltratador trata a su víctima. Sin cuidado, con desprecio, sin que le importen las quejas de la niña o sin que tenga resentimientos por lo que pueda estar sufriendo. Sintió lo que sentía la niña: miedo, incertidumbre, dudas… y es que no entendía por qué el Señor Sonrisas le hacía eso, porqué le dolía o porqué tenía que pasar eso. La niña no lo entendía. Toda esa violencia se vio reflejada en diferentes memorias… Y vale… ¿quizás era una niña traumatizada porque la maltrataban? ¿Era en casa? Los recuerdos eran una habitación infantil y el Señor Sonrisas parecía comportarse como una figura autoritaria que entraba en su habitación, perturbando su tranquilidad. Y por mucho que pudiera pensarse que aquello era solo mental, no lo era en absoluto.

Poco tiempo pasó hasta que la mente de la niña fue totalmente absorbida por un recuerdo aterrorizante. Tanto para ella, como para Sam. De repente vio como el Señor Sonrisas se acercaba a ella de manera violenta, pero también… perturbadora. Comenzó a tocarla de manera enfermiza mientras le decía que eso sería su pequeño secreto, que no se lo podía contar a nadie o que si no se iba a enfadar… Mientras que Sam sentía un terrible sentimiento de asquerosidad, Kelsey se sentía indefensa, débil… ultrajada. No, eso no estaba bien, nada bien.

El rostro de Sam se mostró claramente afligido y cerró los ojos, agachando ligeramente la cabeza para apoyar su mano en su frente. No quería ver eso. Se estaba sintiendo fatal no sólo por la propia Kelsey, sino el hecho de ver eso. Y lo peor de todo era sentir cómo se sentía la niña que no sólo se sentía mal, sino que no entendía nada. Y no había sentimiento más ruin que sentir que estás sufriendo y no saber el por qué.


Y en ese momento fue cuando volvió a abrir los ojos y miró a Laith muy seriamente: pasaban cosas malas. Muy malas. La mente de la niña no era precisamente un lugar abstracto cargado de simple y turbia imaginación. Pero claro: teniendo claro que eso no era nada imaginario, como se podría quizás pensar, Sam no se desvinculó de la mente de la niña. Eso sí: evitó ver detalles que le incomodarían y también le dejarían un trauma a ella. Lo que quería era ver la identidad del Señor Sonrisas, ver quién estaba detrás de esa sombra.

Kelsey —le habló con suavidad y dulzura, fingiendo la mejor de sus sonrisas después de ver eso. Esperaba que Kelsey se la creyese, pero sabía que Laith no lo haría en la vida. —El Señor Sonrisas... ¿está aquí ahora?
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 24.396
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1078
Puntos : 842
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Laith Gauthier el Vie Mayo 03, 2019 11:06 pm

En ocasiones, la mirada verde del sanador pasaba de la niña al rostro de su amiga. Era una mirada bien breve, pero en la que intentaba detectar cambios en su expresión, saber si estaba descubriendo algo que él hasta entonces había pasado por alto. Cuando había empezado a pensar que quizá simplemente no habría nada, lo vio. En la expresión de Samantha, la aflicción y el malestar, y supo de inmediato que algo no estaba nada bien.

Asintió suavemente con la cabeza cuando ella, en el silencio, le hizo saber que algo estaba muy mal, y le permitió dirigirse a la niña que la miró con una expresión de curiosidad. Si creyó o no su sonrisa, no lo hizo notar, tal y como no lo hizo el hombre que definitivamente no la creyó.

No —le contestó. En su pequeña mente no habían ocurrido grandes cambios, porque así era: no estaba ahí.

Laith había hecho esa pregunta en ocasiones, más enfocada a la presencia de una alucinación antes que de una persona, como estaba sucediendo con la legeremante en esa ocasión. Por ello es que la pregunta le causó curiosidad, y miró a su compañera mientras intentaba ser él quien leyera su mente para entender sus motivos.

Sin embargo, antes de que pudiera preguntar algo, escuchó la puerta ser tocada y un par de cabezas asomándose sin ser invitadas. Las de los padres de Kelsey. Repentinamente, en todos los recuerdos de la pequeña, apareció un rostro en la sombra. Los golpes sí que provenían de una persona, y esas palabras hirientes. Incluso esas noches llenas de miedo y angustia, sufriendo en lugares que nunca debieron haber sido dañados.

Una cara, la de un hombre.

El señor Gernard.

Laith lo sintió como un escalofrío al tiempo que Kelsey le apretaba la mano. Respondió rápidamente, confrontando el asunto, y aproximándose hacia la pareja, bajo la mirada atenta de la pequeña. El padre y ella mantenían contacto visual, y la pequeña fue capaz de percibir esa sonrisa retorcida que se presumía amable. La del Señor Sonrisas, en ese rostro.

¿Qué sucede? —Laith preguntó en voz baja. — Estamos en medio de…

Sólo queríamos avisar que vamos a retirarnos un momento, volveremos cuando la sesión haya terminado, la secretaria no está —le dijo la mujer, interrumpiéndole las palabras, y dirigiéndole una mirada a Kelsey. — No salgas del hospital antes que lleguemos, ¿bien?

Yo me encargaré de ella hasta su retorno, no deben preocuparse —el sanador tomó toda responsabilidad, y cerró la puerta cuando la pareja se hubo retirado.

Se quedó unos segundos de esa manera, tomando el pomo y mirando la madera mientras su mente se organizaba, y en ese instante volvió su mirada hacia Samantha. Expresaba curiosidad y severidad al mismo tiempo, pero el resto de sus facciones estaban relajadas. Sus ojos eran ventanas y le costaba ocultar lo que había tras ellos.

Cuando la pareja se retiró, la mente de Kelsey volvió al punto de partida. En cada rostro en que Samantha pudo ver el del señor Gernard, volvían las facciones irreales del Señor Sonrisas que había visto desde el principio, un rostro ensombrecido con una mueca que asemejaba una sonrisa. La jovencita se esmeraba en bloquear de su propia mente aquello que pudiera afectarla en cualquier medida.

Bueno, eso nos dará un poco más de tiempo, ¿qué les parece si les invito algo de tomar? Creo que no me vendría mal un café —el caballero sonrió, abriendo sus manos en un gesto resuelto.

No iba a engañar fácilmente a la pequeña. — Tiene un café —señaló el escritorio donde había dejado con anterioridad su vaso.

Qué perspicaz —él le reconoció, — pero ya casi no tiene y para ahora debe estar frío, a mí me gusta mi café bien caliente —aunque con su estilo de vida laboral, normalmente acababa teniendo que beberlo frío. — Y sería descortés de mi parte tener algo que beber y ustedes no, ¿cierto? ¿Me acompañan?

Kelsey pareció pensárselo unos segundos antes de dejar los muñecos en el suelo y ponerse de pie para acompañar al médico, conformándose con su respuesta. Si todo iba bien, Laith esperaba poder tener unos segundos a solas con Samantha para escuchar lo que tenía para decirle.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : El Señor Sonrisas. —Laith Gauthier. Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 31.605
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1157
Puntos : 965
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Sam J. Lehmann el Sáb Mayo 04, 2019 2:56 am

El Señor Sonrisas no estaba, o al menos eso decía. Quizás su pregunta no había sido la más acertada, ni mucho menos la más cargada de detalles, pero... la verdad es que no quería insistir, ni matizar, ni nada. Continuaba viendo la mente de aquella cosa tan linda, que tenía una sensación y un miedo que parecía casi injusto que alguien como ella tuviera que estar viviendo esa perturbación en su mente.

Si bien había algo que no cuadraba en todo aquello, cuando la puerta se abrió y aparecieron sus padres, a Samantha se le aclararon todas las sospechas. De repente, el rostro del Señor Sonrisas, en la mente de la niña, fue adoptando la forma de una cara convencional. Y lo peor de todo es que no era cualquier rostro, sino el del señor Gernard. La legeremante sintió el miedo de la niña, la sensación de inseguridad cuando su 'padre' se acercó a ella, la emoción de saber de que él era el enemigo y quién le hacía sentir tan mal, tan horrible y tan... débil.

No fue capaz de decir absolutamente nada a la intromisión de sus padres, solo evitar que le diese una arcada muy evidente.

Jamás entendería ese tipo de comportamiento en un adulto, ni mucho menos el hecho de ver atracción sexual en una niña tan pequeña. Le daba asco; le parecía una práctica enfermiza que sólo practicaría los auténticos monstruos. La mirada que Sam le echó al Señor Gernard cuando se fue, fue la viva imagen de la asquerosidad. No era el asco que se sentía hacia un ser que odias, sino el asco que sientes al ver lo más ruin del ser humano.

Madre mía, es que se sentía tan impactada en ese momento que no era capaz de procesar ni lo que estaba diciendo su amigo Laith. Dijo algo de un café, pero al parecer ya tenía un café... ¡no se enteraba de nada! Sam tuvo que cortar la conexión con la niña, pues iba a vomitar como siguiese viendo la cara del Señor Sonrisas, sobre todo ahora que sabía su identidad. Prestó atención entonces, metiéndose en la conversación. Supo perfectamente lo que pretendía Laith con eso, por lo que asintió e intentó disimular su estado fingiendo una sonrisa.

A mí también me haría falta un café. ¡O un chocolate caliente! Me encanta el chocolate caliente, ¿a ti te gusta? —Le preguntó a Kelsey, quien, tímida, se encogió de hombros.

¡Arg! ¡No podía dejar de mirarla y pensar en su pensamientos y...!

Sí, si me gusta el chocolate caliente —respondió.

Entonces los tres salieron de allí en busca de la típica máquina de café, chocolate y té. Las expendedoras que solían estar en los hospitales, más concretamente en las salas de espera. Como la niña caminó durante todo el trayecto entre Laith y Sam, poco pudieron hablar, pero fue el sanador quién pidió primero el chocolate caliente una vez llegaron a la sala de espera, dándoselo a Kelsey y diciéndole que se fuese a sentar para que no se le cayese, pues estaba caliente y muy hasta arriba.

Fue en ese momento en el que Sam no dudó ni un momento en empezar a hablar, acercándose a él para hablar no solo en voz baja, sino de manera totalmente confidencial y privada.

Tío, eso es... —Se cruzó de brazos y apoyó su hombro contra la máquina, mirando a su amigo. —Es... es asqueroso. Pude ver al Señor Sonrisas... —Se ahorró decir que era más turbio de lo que ya se había imaginado. —Vi como aparecía, lo que sentía al verle y como le pegaba. Al principio pensé que sería sólo eso, lo que tú dijiste. No supe siquiera si podía ser real o imágenes que ella misma se había creado en base a otras experiencias pero todas eran en su casa, en una habitación infantil. Ella estaba jugando, dibujando, sencillamente tranquila y, de repente aparecía. Le pegaba y... —¿Pero por qué le costaba tanto? —El Señor Sonrisas es su padre. Es el asqueroso ese que ha entrado ahí como si nada y ha hecho como si no pasara nada, como si su hija estuviese así de mal por un motivo ajeno a él. ¡La ha mirado como si la quisiera o se la tratase como una reina, como si realmente quisiera buscarle solución cuando es él el problema! —Exclamó susurrante, con el ceño fruncido y una voz desesperada. La verdad es que le había afectado más de lo que le hubiera gustado admitir. —Ese asqueroso abusa de ella. Le pega y le dice que será su secreto, que no diga nada. Y no sólo abusa de ella físicamente. También...

Lo miró con un brillo cargado de rabia. ¡Laith, te odiaba ahora mismo por haberle hecho ver todo eso y hacerla sentir así de mal! Sin embargo, suspiró.

Laith, ese hijo de puta es un pedófilo —le dijo claramente, todavía en voz baja, sin poder evitar aquel insulto porque realmente lo sentía. Y vamos que si lo sentía... No era lo mismo saberlo que sentirlo; verlo con tus propios ojos. —He visto cómo. Lo he visto y... Ella... ella no lo entiende. No entiende nada de lo que le hace y sólo recibe horrores y amenazas. Eso es...

Se quedó sin saber qué decir. Así que en vez picar en el botón de chocolate caliente, picó en el de agua caliente con rabia. Se haría una tila porque necesitaba tranquilizarse después de aquello.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 24.396
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1078
Puntos : 842
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Laith Gauthier el Dom Mayo 05, 2019 6:11 am

Laith se dio cuenta que, en toda la habitación, en el círculo que habían hecho de comprensión, se generó una especie de reacción en cadena nada entraron los padres de la niña. Él mismo se vio influenciado por aquella sensación que ni siquiera estaba seguro de dónde provenía, pero de todos modos se lanzó presto a responder a los padres en la necesidad de que se marchasen tan pronto fuera posible.

Se dio cuenta que Samantha estaba perdida dentro de sus propios pensamientos, sino en los de la niña. Podía engañar a Kelsey, pero no a él. Por eso no contó con ella en el intercambio con la niña para convencerla de salir de ahí y tener un momento a solas con su amiga, intuyendo que algo fuerte había tenido que descubrir. Uniendo hilos, empezaba a esperarse lo peor.

Vamos a ser honestos: en verdad, el sanador estaba consciente de que podrían tener hasta un caso de abuso sexual ahí, pero había una parte de él, inocente y bondadosa, que quería pensar que la gente era buena y que eso no le iba a suceder a uno de sus pacientes. Que, como mucho, llegarían al abuso físico y psicológico, que ya era horrible si bien no lo era tanto como lo anterior.

Con esos pensamientos en la cabeza, sirvió un vaso con chocolate caliente. — Ven, vamos a sentarnos un rato para que no se te caiga —la dirigió hacia una hilera de sofá y entregándole ahí su vaso. — Ten cuidado de no quemarte, ya vuelvo —la advirtió, volviendo a la máquina y a la mujer.

Sabía que, llegando ahí, le tocaba a él escuchar a su amiga. “Es asqueroso”, para comenzar, no era un buen augurio, pero se limitó a asentir y mirarla, sirviendo un vaso con café negro mientras escuchaba. Definitivamente le pegaba y había un claro abuso psicológico. Su mirada se endureció en cuanto escuchó que el Señor Sonrisas tenía una identidad secreta: la del hombre que había dicho querer y cuidar de la niña, y algo dentro de él le sentó muy mal, pese a poder haberlo intuido.

En todo su silencio, nada lo preparó para escuchar que definitivamente tenía un caso de abuso sexual. Su cara se descompuso lo que dura un parpadeo entre la preocupación y la angustia, antes de tener que recomponerse. Tenía que permanecer profesional ante todo y, ya luego, tendría tiempo de derrumbarse y, por qué no, quizá hasta culparse de no haberlo sabido antes.

Lo siento por haberte hecho pasar esto, me has… Nos has sido de mucha ayuda —le sujetó el brazo en un gesto calmado y cariñoso. — De verdad lo lamento —porque entendía a lo que la había expuesto pidiéndole algo como eso. La había intentado advertir, pero de haberlo creído en verdad habría hecho más énfasis en ello. — ¿Te sientas con ella un segundo? Necesito hacer unas llamadas —hizo un gesto con la cabeza hacia la niña. — Trataré de compensártelo en otro momento —le aseguró.

Tenía el estómago revuelto, la cabeza hecha un lío, y en su mente no parecía haber nada claro. Incluso sus llamadas eran extrañas: “Por favor, no tengo pruebas, pero tampoco dudas; dame un voto de confianza y dos días para recabar evidencia”. Ahora sabía qué era lo que estaba buscando, y detestaba el momento en que aceptó ese trabajo, cuando al mismo tiempo se sentía agradecido de tenerlo él y tener amigos con herramientas que podían ayudarlo.

Así, Servicios Sociales fue enviado a la dirección de la pareja por los otros niños para ser tratados por especialistas y conseguir información, y la policía estaba en camino para iniciar una investigación. Su reputación y credibilidad estaban en juego, pero en ese momento era lo último que le importaba.

Regresó alrededor de veinte minutos más tarde, sin café y disimulando como bien podía que se sentía emocionalmente exhausto. Si él se sentía así, no podía ni imaginar lo que Samantha debía estar sintiendo.

Amelia, yo me puedo encargar a partir de ahora de nuestra sesión —la informó, usando su nombre falso. — Fuiste de mucha ayuda, creo que lo mejor será que vayas a descansar, te llamaré en cuanto tenga un rato libre —no quería escandalizar a Kelsey de lo que estaba por venir, pero él estaba seguro que “un rato libre” iba a tardar en llegar para él. — Gracias.

Kelsey los miró, sin entender mucho a qué se debían esas palabras. Para ella, la verdad es que ponía en juicio si había sido, o no, de ayuda, porque nada de lo que ocurrió lo sabía. Era ignorante todavía que realmente había sido el principio del fin de aquella pesadilla.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : El Señor Sonrisas. —Laith Gauthier. Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 31.605
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1157
Puntos : 965
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Sam J. Lehmann el Miér Mayo 08, 2019 3:56 am

Seguramente para ninguna persona fuese fácil ver aquello en la mente de la niña, mucho menos notar su miedo. Sin embargo, había que contar con que Sam era terriblemente empática y que ya había pasado por cosas así. Por fortuna jamás nadie la había tocado con esos fines porque, a juicio de sus ‘abusadores’ nunca tocarían a una asquerosa sangre sucia, pero las intenciones habían estado y Sam había pasado el mismo miedo. No hubo sólo una vez en donde Sebastian lo sugirió en su momento y también hubieron muchas veces en donde la amenazó de mucho más cerca. Y Sam, con su edad, su experiencia y todo lo que rodeaba su vida, había pasado miedo, por lo que ver aquello en la mente de una niña y, sobre todo, siendo consciente de que había recibido abuso real, le había dejado bastante mal.

Es por eso que ni intentó organizar sus ideas para hablar con Laith, sino que simplemente lo soltó desde que abrió la boca, casi como un atropello de palabras. Cuando estaba llegando al final, se agradeció a sí misma cierta serenidad como para haberse hecho entender a la primera sin tener que estar repitiendo las cosas o tranquilizándose a sí misma.

No pasa nada —dijo cuando él se disculpó. Vale que le había sentado mal, pero… ¿qué le iba a hacer? Hubiera preferido no verlo, pero la verdad es que si gracias a eso Kelsey iba a salir de ese lugar, sin duda alguna prefería verlo las veces que hicieran falta. Sam podía con eso y más, aunque le asquease, la niña no. Eso para la niña podía ser un antes y un después. —Sí…

No quería que se lo recompensara, por lo que antes de irse con la niña le acarició cariñosamente la barbilla y le miró a los ojos, dándole todo su apoyo. Luego cogió aire y, con el agua caliente y una tila en la mano, caminó hacia donde estaba la niña, intentando serenarse. ¿Cómo iba a tratar a la pobre niña con naturalidad después de todo lo que sabía? Sin embargo, si algo se le daba bien era fingir normalidad entre el caos, así que cuando llegó a su lado le regaló una sonrisa que, si bien no era la más sincera, era solo para ella.

¿Está bueno?

No sé, está caliente y no lo he probado.

Buena idea —le dijo Sam, sentándose a su lado. —A mi me gusta tanto el chocolate que normalmente me quemo la lengua cuando me hago uno.

¿Y por qué no te has pedido un chocolate caliente? —preguntó, avispada.

Duermo mal últimamente, así que prefiero no llevarme mucha azúcar al cuerpo. —No era la respuesta más sincera, pero era muchas veces cierta. —Además, los británicos somos famosos por tomar té, ¿no lo sabías?

Hablar con la niña le costó un poco, pero poco a poco, hablando de tonterías, la niña le devolvía ciertas palabras y conversaciones, pero la verdad es que a Sam le costó mucho. No podía quitarse de la cabeza lo que había visto y sentir una empatía de puro desazón por aquella cosa tan mona.

Tampoco se le pasó por alto el hecho de que siempre estaba atenta al cuerpo de Laith, que estaba bastante lejos hablando por teléfono móvil. Se le notaba incómoda sin Laith de por medio y es que, teniendo en cuenta que había sido su confidente durante todo este tiempo, debía de estar muy cómoda con él. Probablemente sólo con él.

Después de un rato, Laith volvió probablemente con nuevas, pero como hablar delante de la niña no era precisamente algo recomendable, simplemente se despidió de ella. La verdad es que tenía curiosidad, pero no le apetecía lo más mínimo seguir allí. Descubrir aquello era descubrir una verdad horrible y cada vez que te dabas cuenta lo que había ahí fuera, oculto, te dabas cuenta de que la vida era una ruleta y que había muchísima maldad maquillada.

Sam se despidió de Kelsey de manera más infantil y alegre, mientras que a Laith le besó la mejilla amistosamente.

Tomátelo con calma —le dije al final, sabiendo que estaría con la mente totalmente centrada en todo lo que había pasado.

Y tras una última mirada, se fue de allí, en dirección a la puerta.


Tres días después
11:32 horas

Cabe añadir que no se quitó eso de la cabeza en los próximos tres días. Y algo le decía que no se lo iba a quitar de la cabeza hasta saber qué narices había pasado con Kelsey y con sus padres. Sin embargo, no molestó a Laith con respecto a ese tema, pues sabía que cualquier trámite que hubiera que hacer, o cualquier decisión que tomase con respecto al problema, no sería inmediata. Por no hablar, claro, de las secuelas mentales de la pobre Kelsey…

Podrían quitarle al monstruo para que no siguiese hurgando en la herida, pero el monstruo ya vivía en ella.

Estaba en su casa, bañando a Don Cerdito, cuando le llegó un mensaje al móvil. Tenía las manos llenas de espuma intentando evitar que Don Cerdito no se fuese a ninguna parte, por lo que tras sujetarlo, se acercó a su móvil—que estaba sobre la tapa del váter—y lo desbloqueó con la nariz.

Si querías ver a un ser humano pareciendo retrasado, ese era el momento. Se imaginaba que sería Gwen, que no estaba en casa, pero no, era Laith. En ese momento dejó a Don Cerdito libre, el cual comenzó a moverse por toda la bañera intentando salir y salpicándolo todo cual Magikarp. Ella se quitó la espuma de las manos y se las secó, para abrir el WhatsApp de su amigo. Le decía que por fin tenía un hueco libre y que tenía muchas cosas que contarle, por lo que si podían quedar. Sam tocó el botón de audio.

¿Estás libre ahora? Ven a casa que hoy libro de mañana —le dijo, haciendo una pausa. —Estaba bañando a Don Cerdito y luego iba a regar el jardín, así que podemos hablar.

Le mandó el audio y el doble tick azul fue casi instantáneo. Apenas tardó en mirar como su cerdito lo había empapado todo de agua, para cuando escuchó los golpes en la puerta trasera de su casa. Miró de nuevo el teléfono y vio un ‘estoy en la puerta trasera’ de Laith. Le había dicho que podía aparecerse dentro si quería, pero como era una persona respetuosa lo evitaba y siempre iba por la puerta trasera para evitar miradas indiscretas de los vecinos muggles.

Estate quieto, ya vengo —le dijo al cerdo que, evidentemente, no le entendía y, aunque lo hiciera, no iba a hacerle caso.

Entonces Sam bajó las escaleras rápidamente y tras varias zancadas hacia la cocina, abrió la puerta a su amigo. Le sonrió y le dio un abrazo. Iba descalza, con pantalones cortos y una camiseta básica que parecía un poco más grande que su talla. Estaba mojada por algunas partes, debido a que el ataque de Don Cerdito había hecho su labor: mojar a Sam.

¿Todo bien? —le preguntó antes que nada, para entonces señalarle el piso de arriba. —Acompañáme que he dejado a Don Cerdito en mitad de su baño.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 24.396
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1078
Puntos : 842
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Laith Gauthier el Jue Mayo 09, 2019 9:11 am

El sanador agradeció aquella caricia antes de que se alejase para realizar las llamadas correspondientes que le tocaba hacer para sacudirlo todo por el bien de Kelsey. Admitía que era un poco más llevadero sabiendo que tenía el apoyo de Samantha, pero ella había hecho demasiado por él y no estaba dispuesto a dejarla inmiscuirse más de la cuenta, por su propia seguridad. Era mejor que ella quedase al margen y él se encargara de todo, como debía ser.

Desde la distancia y con el teléfono en el oído, miraba a su amiga junto con la niña con la pena atenazándole el corazón. No podía creer que aquello estuviese sucediendo de esa manera, y una parte de él se sentía irreal y creía que iba a despertar en cualquier momento. Tanto como para Kelsey, no había despertar en esa pesadilla, pero sí una puerta de salida que, si bien estaba lejana, existía. Tenía que controlarse y reconocer que lo que él sentía en ese momento estaba en un segundo plano, adquiriendo una actitud pulcramente profesional.

Colgada la llamada, era momento de despedir a Samantha y poner las manos al fuego. Sonrió a medio lado cuando ella le dijo que se lo tomase con calma, sabiendo que su amiga estaba consciente de que no iba a poder incluso si lo intentase.

Descansa, hablaremos pronto —le prometió, dejándola marchar y mirando a la pequeña.

Era momento de regresar al consultorio y tener la conversación más difícil que Laith había tenido en su vida. El tiempo lo apremiaba, y en ese caso necesitaba poner todas sus cartas sobre la mesa para conseguir todas las declaraciones que necesitaba, apoyado con una cámara de vídeo que registrara lo que más tarde tendría que usarse en un juicio.

Se sentía emocionalmente entumido, en su esfuerzo por limitar lo que sentía. En cambio, nada más vio a aquel hombre, agradeció que ya había llegado la seguridad y se interpusieron entre los dos. Una rabia incontenible, impropia de él, le cegó por unos segundos. ¿Cómo es que alguien podía hacer tales atrocidades y después actuar como si no tuviese la culpa de nada?

Lo más importante es que Kelsey lo necesitaba.


Tres días después.

No había podido dormir más que en intervalos cortos de tiempo desde el día en que había descubierto la verdad. Si no era porque tenía muchísimas cosas por hacer, era porque los pensamientos no lo dejaban dejarse caer rendido al sueño. Demasiado que hacer, demasiado en qué pensar, y muy poco tiempo. Había conseguido la declaración de Kelsey y también de dos de los niños que vivían en la misma casa que ella, uno que había sido maltratado psicológicamente por el padre y otro que había sido testigo mas no víctima. Pruebas médicas incluso, ahora teniendo conciencia de qué era lo que estaban intentando encontrar, y lo encontraron.

Ahora todo estaba fuera de sus manos y le tocaba encargarse al abogado del sistema de adopciones. Por su parte, sólo le quedaba apoyar a Kelsey en todo lo que pudiera y esperar al día de la audiencia donde iría a declarar. Después de deliberarlo con la administradora del sistema, había conseguido apadrinar a la niña y estaba Laith encargándose de que, cuando volviera a buscar una familia, iba a ser una familia buena y aprobada por él mismo.

En principio, la niña había estado confundida con la información recibida, y Laith estaba seguro que iba a necesitar terapia para un trauma como ese. Terapia que él ya no podía darle: estaba demasiado involucrado en su caso como para ser un psiquiatra objetivo. Esperaba, eso sí, que con el tiempo aquello pudiese ser superado por la pequeña.

Ni siquiera se dio cuenta del momento en que estuvo sentado en el sofá de su casa, sin saber qué hacer, sin tener nada más de lo que encargarse. Había estado tan agitado yendo de un sitio al otro, entre su trabajo en San Mungo y todo lo que estaba haciendo para el caso de Kelsey, que la calma le supo muy extraña aquella mañana.

Optó por tomar un largo baño de agua caliente y, cuando salió, se le vino a la mente que no había podido actualizar a Samantha de nada de lo que había sucedido hasta entonces, y seguramente fuera el momento ideal para eso. Buscó su teléfono para enviarle un mensaje preguntando si podían verse para actualizarla de toda la situación, y dejó el teléfono desbloqueado sobre la cama mientras se metía al armario para buscar ropa.

Salió con una camiseta militar y un pantalón negro, y su sudadera de Flounders (Sí, de La Sirenita) al hombro por si le daba frío más tarde.

Para ese momento, Samantha le había enviado un audio que escuchó con atención. Se sonrió imaginando que iba a pedirle ayudarle a arreglar el jardín aprovechándole que estaba ahí, lo que no representó un inconveniente. Inconveniente fue el que, acto seguido, le mareó al aparecerse en la puerta trasera de la casa que ella compartía con su novia.

Apoyó una mano en el marco de la puerta y con la otra tocó, recuperando el aliento. Tenía los ojos cerrados, la cabeza metafóricamente dándole vueltas y un nudo en el estómago que amenazaba con botar el café que había tomado esa mañana y el plato de cereal. No podría devolver mucho, por suerte, porque en verdad no había estado comiendo bien, como se le hacía costumbre cuando tenía cosas más importantes que hacer que cuidarse.

Ya estaba más recompuesto al momento de abrirse la puerta, recibiéndola entre sus brazos en su saludo y besándole la mejilla, sin importarle que llevaba la ropa mojada y quizá le humedecía la suya.

Qué malo de mí, que vengo a interrumpir el baño del pobre Don Cerdito —dramatizó, siguiéndola a través de su casa y dejando su sudadera en el primer mueble que vio. — Sí, creo que… dentro de todo, todo bien —lo bien que se podía estar después de una situación así de loca. — ¿Qué hay de ti? —le devolvió la pregunta.

Encontraba que Samantha y Gwendoline tenían una casa preciosa, y no se privó de mirarla mientras iba al piso de arriba para acompañarla al baño y dejarla terminar con lo que había estado haciendo antes de que él interrumpiese. Se cruzó de brazos y se recargó en el marco de la puerta, negándose a ser mojado por el magikarp Don Cerdito.

Han sido días muy duros —fue lo primero que dijo, como introducción, recargando su sien contra el marco donde reposaba su hombro. — ¿Cómo has lidiado con lo que… viste? ¿Has estado bien? —se preocupó primero por ella antes de descargarse todo lo que llevaba encima, teniendo claro que tampoco para ella había sido fácil.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : El Señor Sonrisas. —Laith Gauthier. Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 31.605
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1157
Puntos : 965
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Sam J. Lehmann el Vie Mayo 10, 2019 1:28 am

No entendía muy bien qué momento le había cogido tanto aprecio a Laith, pero... le era inevitable sentir un cariño muy grande por él. Sabía que no podía compararlo, pero en muchas ocasiones estar con él le producía la misma sensación que tenía cuando, antaño, estaba con Henry. Una especie de relación tan sana y divertida que... no sé, se sentía cómoda. No lo sabía decir. Le parecía una persona increíble y, aunque a simple vista podrían parecer dos polos opuestos en prácticamente todo, se complementaban muy bien. Algo le decía que eso de que ambos fuesen unos gordos tenía mucho que ver en la relación que habían afianzado...

Subieron las escaleras en dirección al baño superior—pues en el inferior no había ducha ni bañera, pues sólo era un aseo—mientras Laith le respondía a su pregunta. Quería detalles de ese 'todo bien' pero ya tendría tiempo de preguntar por cómo había salido todo con Kelsey. Estaba bastante segura de que hasta Laith venía con esa intención. Algo le decía, además, que al verlo tan tranquilo todo había salido bien. Otra cosa no, pero saber leer a las personas se le daba un poquito bien, más todavía si le tenía confianza.

Yo bien —le respondió, llegando al piso de arriba. —Me iría mejor si mi cerdito no odiase bañarse con agua, porque en el barro bien qué le gusta restregarse.

Hace poco había llovido un poco pese al buen tiempo que estaba haciendo, pero en el jardín se había conformado un charco de barro y... ¿sabéis quién había sido el cerdito malo que había ido a revolcarse? Sí, el único que existía allí dentro. Lo había aseado, pero ya era hora de darle un buen baño.

Entró al baño de nuevo y encontró a Don Cerdito mirándola desde la bañera con ojos suplicantes, intentando salir. Evidentemente sus pezuñitas no servían para mucho y no paraba de resbalarse. Estaba lleno de espuma y es que Sam todavía no le había quitado el jabón. Así que volvió a ponerse de rodillas sobre la alfombra, cogiendo la alcachofa de la ducha para quitarle el resto al cerdo. Escuchó perfectamente la pregunta de Laith detrás de ella, a lo que se encogió de hombros.

Pues de la única manera en la que una puede lidiar con esas cosas: asumiéndolas y pensando que el mundo es una mierda. No fue tanto lo que vi, sino más bien... cómo lo vi. Kelsey estaba pasando mucho miedo y la verdad es que no tuve estómago para ver más allá. —Miró levemente hacia atrás, dándole a entender que evidentemente no había visto nada explícito. No podía con eso. Había visto hasta la evidencia más evidente y punto. Cerró entonces el agua y cogió una toalla, envolviendo a su cerdito y levantándose con él sujeto. Con suavidad lo fue secando y ahí, Don Cerdito, sí que se quedó quieto y obediente entre sus brazos. —Y bueno, convenciéndome de que lo que vi la ayudaría también ayuda a tomárselo con cierta filosofía. No quita que sea horrible pero... al menos se toman medidas. De no haberlo visto... seguiría todo igual.

Se secó los pies en la alfombra y se acercó a Laith, frotándole la cabeza a su pequeño porcino.

De todas maneras, después de todo lo que he vivido tengo como una especie de capacidad mental de almacenamiento en donde guardar todas las cosas malas que he vivido y le he bajado como la importancia con la que debo recordarlas. Cada uno con sus métodos. —Le confesó, intentando sonar sin demasiada seriedad. —No es que sea muy efectivo, lo admito.

La verdad es que cuando uno pasa por cosas tan feas... intenta relativizarlo todo y era complicadísimo. Uno no podía simplemente olvidar las cosas que pasan en su vida, o que ven sus ojos, pero podía al menos elegir—con muchísima paciencia y voluntad—cómo te afectaban si lo recordabas. Sam ya tenía experiencia en momentos malos con los Crowley, por lo que seguía un poco el mismo ritmo con lo de Kelsey. El hecho de que fuera una niña le hacía sentir todo eso peor de lo que podría.

¿Y tú? —Le preguntó entonces, mirándole a los ojos. —No he querido molestarte porque sabía que estabas con todo eso. ¿Qué ha pasado? Por favor dime que ese hijo de Satán va a ir a la cárcel. —No le gustaba decir palabrotas, por lo que cuando estaba comedida y le tenían que salir intentaba disimularlo como podía. De hecho, se le notó hablar con rabia con respecto a ese pedófilo. —¿Y Kelsey? ¿Qué ha ocurrido con ella?

Cualquiera podría tomarse en serio a Samantha mientras secaba a un cerdito entre sus manos.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 24.396
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1078
Puntos : 842
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Laith Gauthier el Dom Mayo 12, 2019 12:18 am

Había un alivio dentro de él al ver a alguien que conocía. Laith no llevaba bien la soledad, y si podía llenar el hueco con una compañía que valoraba entonces era mucho mejor. Samantha se había vuelto una persona cercana para él en el tiempo viéndose y hablando, la apreciaba y realmente estaba agradecido de que hubiera pasado algo tan duro junto con él. No tenía la obligación, pero incluso así lo hizo para ayudarlo. Seguramente nunca terminase de agradecerle.

Se sonrió cuando le dijo que Don Cerdito le daba problemas porque prefería bañarse en barro que con agua.

¿Qué esperabas? Las películas y caricaturas te habían preparado para este momento, no puedes hacer nada para ir contra la naturaleza —porque no era rara la representación en la televisión o la pantalla grande del cerdito tomando baños de barro. La culpable era Samantha por esperar otra cosa.

La miró esperando a que terminase de bañar a su cerdito, preguntándoel sobre cómo había manejado todo. Era un proceso difícil, y pensaba que era un trauma en mayor o menor medida. Ella le confirmó que no había visto explícitamente nada, pero lo que había bastaba para ser impactante y desagradable al mismo tiempo. Y a veces se culpaba por haberla metido en esa situación.

Lo había manejado como buenamente pudo, almacenándolo en un sitio de su mente donde no podría acceder al horrible recuerdo fácilmente. Laith deseó poder ser un poco como ella y podérselo quitar de la cabeza, aunque fuera un momento.

Acabará siendo un mal recuerdo cuando menos lo esperes, uno que se te vendrá rara vez, espero —porque tenerlo presente todos los días no debía ser bueno para la mente y la estabilidad emocional. No lo estaba siendo para él, desde su punto de vista.

Oyó sus dudas y no respondió de inmediato. La miró a los ojos, sin saber qué decir en principio, y suspiró separándose de la pared y buscando un paño limpio para empezar a secar el baño, apremiado por algo dentro de su propio cerebro antes que porque Samantha se lo hubiera pedido. A veces le ocurría, en especial cuando estaba tratando de distraerse de algo peor.

Bueno, no hay mucha información por ahora —empezó a hablar, de cuclillas sobre la tina y el suelo a su alrededor para comenzar a secarlo todo y encargarse del jabón. — Kelsey vivía con tres niños, uno no sabía nada o no quiso decir nada, el otro declaró haber visto a ese hombre dañar a los demás y un tercero decía que este… individuo, solía referirse a él con insultos y despectivamente, haciendo mella en su autoestima —comenzó a explicarle. — Kelsey acabó empezando a comprender que el Señor Sonrisas no existía como tal, y al final también habló, y aunque no lo hubiese hecho… El examen médico riguroso confirmó todo —su voz se había apagado en ese momento.

No pudo seguir hablando, se tomó un momento mientras terminaba de limpiar el baño hasta sentarse al borde de la tina. Colocó su codo en su pierna y su mejilla en su mano, mirando un punto imaginario en el suelo.

Ya no puedo servir como profesionista calificado porque estoy emocional y personalmente involucrado y la ley dice que mi juicio ya no es objetivo, pero Kelsey regresó a un orfanato junto con los demás niños y ella junto con el otro nene están tomando terapia con especialistas en traumas —hizo un movimiento con su mano, como si visualizara algún tipo de escenario y seleccionara cosas en el aire con su índice. — Puedo ir a verla al orfanato y apliqué para apadrinarla, voy a declarar en contra, pero… ya nada está en mis manos y estoy angustiado porque siento que puedo hacer más; necesito hacer más.

Le dirigió una mirada a Samantha, y el verde en sus ojos decía cuánto estaba sufriendo. Estaba vulnerable y susceptible, lleno de rabia y emociones que estaba haciendo su mejor esfuerzo en controlar. Siempre podía controlar lo que sentía, sólo necesitaba tiempo para sanar. En ese momento sabía que, si decía algo más relacionado a ese caso, iba a llorar.

Tampoco he dormido mucho estos días —aceptó, poniéndose de pie. — ¿Te molestaría si nos acercamos a una ventana? Necesito un cigarrillo —le pidió, buscando su caja dentro de uno de sus bolsillos.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : El Señor Sonrisas. —Laith Gauthier. Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 31.605
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1157
Puntos : 965
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Sam J. Lehmann el Lun Mayo 13, 2019 4:32 am

No tenía excusa: Laith tenía razón. De toda la vida del señor los cerditos se bañaban en barro pero… ¡ella esperaba que al ser un cerdito doméstico se acostumbrase tarde o temprano a bañarse! ¡Pero no! Desde que había pasado tanto tiempo viviendo en la caseta mágica, tan propensa a estar cerca de charcos de barro, el dichoso cerdo se había acostumbrado de nuevo a lo malo. Y ahora que tenían un pequeño jardín también propenso a crear charquitos…

—Lo sé —le dijo casi de manera que parecía que estaba acostumbrada a ello. Y es que en realidad era así: los malos recuerdos no solían irse a ninguna parte, pero a medida que pasaba el tiempo y lo superabas, llegaba ese momento en donde ya recordabas sin que te influyese... o directamente aparecían con menos frecuencia. Ella sabía de eso, desgraciadamente. —Mientras tanto voy bien, no te preocupes.

Cogió a Don Cerdito entre sus manos mientras lo envolvía con su toalla rosa para secarlo poco a poco. Vio como Laith comenzó a secarlo todo, a lo que Sam supo perfectamente que por mucho que le dijera que no lo hiciera, lo iba a hacer igual. No sabía si ahora era parte de su TOC o sencillamente porque necesitaba distraerse con algo.

Sam se había sentado en el váter cerrado, sin perder la vista de Laith cerca de la tina y frotándole la barriga a Don Cerdito, quién estaba quieto y disfrutando de aquello. De vez en cuando se le había soltar un gruñido suave. Sin embargo, Sam casi que lo secaba de manera ausente, pues estaba prestando atención a todo lo que le estaba diciendo el sanador. Ella no sabía que habían dos niños más pero una parte de ella agradeció que ninguno de los otros dos hubiese recibido el mismo tipo de abusos que Kelsey. Pero cuando mencionó lo del examen médico… ¡De verdad, qué asco le daba ese tío!

—Pese a que todo es horrible, al menos hay pruebas para que ese tipo termine mal. O al menos no pueda seguir abusando de ninguna manera de nadie —dijo, viendo como Laith se sentaba en el borde de la tina, decaído.

Y lo siguiente que dijo fue… una solución feliz, pero él no parecía feliz. Él quería asegurarse de que ese tipo terminase entre rejas y que todos los niños encontrasen una casa justa y buena, sobre todo Kelsey, pero claro, ¿qué poder tenía él en todo eso? Sam tragó saliva, dándose cuenta de la mirada triste y frágil de Laith. Desde un primer momento se había dado cuenta de que era un tema muy importante para él y ahora que todo había ‘explotado’ se le notaba más indefenso que nunca por no poder hacer más por ellos. Pero claro, algo le decía a la rubia de que los problemas del futuro no le estaban dejando ver todo lo que había hecho por esos niños.

—No, claro, vamos al patio mejor —le respondió, haciendo un movimiento con la cabeza para que saliese él primero por la puerta. Sam se puso las zapatillas y ambos salieron del baño, bajaron las escaleras y caminaron hacia la cocina para salir al patio trasero. El sol estaba bastante alto, por lo que daba el sol allí. Sam se sentó en el banco que tenían, dejando a Don Cerdito allí, el cual se puso boca arriba cuando notó el sol darle de lleno. La legeremante, por su parte, miró a su amigo que se había mantenido en pie. —Entiendo cómo te sientes pero… no te olvides de todo lo que has hecho por ellos. Sé que te encantaría ver como se resuelve todo idealmente, pero eso ya no es cosa tuya. Piensa que gracias a ti esos niños tienen una nueva oportunidad para tener una familia que les quieran y cuiden de ellos. Les has librado de una infancia muy… mala. —Soltó aire, pues sabía que era una de esas cosas que le preocupaba a Laith: las secuelas de las experiencias; el trauma. —Sé que… han pasado por cosas que chicos de su edad no deberían pasar y que por mucho que la situación actual se haya arreglado, a largo plazo no está nada asegurado pero… —Se cruzó de piernas, incómoda. En realidad hablaba en plural pero en su cabeza sólo estaba el caso de Kelsey que había sido sin duda el más horrible. —No sé Laith... en este punto no queda más que intentar ayudarlos en todo lo que esté en tu mano. Sabes que si puedo hacer algo más por ti, no tienes más que decírmelo.

Y lo decía muy en serio, pues de verdad... después de lo que había visto, dudaba que nada fuese peor. Además, ese tipo de casos le parecían terribles y si bien no podía hacer mucho, si Laith consideraba que su ayuda podía servir para algo, no dudaría ni un momento.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 24.396
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1078
Puntos : 842
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.