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Only we can destroy fear (Lohran) (FB)

Níobe el Lun Abr 22, 2019 9:58 pm

Desde que me había llegado la noticia de que el colegio había sido atacado con mis dos hermanos dentro, había estado por darme un ataque de los nervios. Solo quería saber que estaban bien, volverlos a abrazar y que todo aquello hubiese sido solo una pesadilla. Los que no teníamos la estúpida sangre limpia estábamos siendo perseguidos, yo misma había tenido que huir sin saber el estado de mis hermanos, pero no quería irme de allí sin ellos. Porque si algo había importante en mi vida, eran Lohran y Lucy. Nadie sabía lo que sentía de verdad por mi hermano, el único hombre al que había amado, el único hombre al que le debía respeto, aquel que era mi mitad y con quien había crecido había sido el que había entrado en mi corazón desde hacia tiempo.

Había llegado a uno de los sitios donde habíamos dicho de mantenernos escondidos si pasaba algo, aún no entendía como había salido tan ilesa del ministerio… al principio, había pensado que me iban a coger y que moriría a manos de aquellos asesinos, pero había conseguido escapar y ahora solo me importaba que mis dos hermanos hubiesen salido ilesos de Hogwarts. Sabía que si no me estaba viniendo abajo era por ellos, por saber dónde y cómo estaban, por saber que estaban bien y que volverían a estar conmigo. Por saber que volvería a abrazar a Lucy y a llenarla de besos, que volvería a abrazarme al cuerpo conocido de Lohran, que buscaría sus labios en la intimidad y que los encontraría tan cálidos como siempre y que su cuerpo se amoldaría al mío como si fuéramos un puzle de dos piezas.

Ansiaba que ese momento llegase porque eso querría decir que todo se había acabado y que el miedo me podía abandonar. No podía estarme quieta, no podía quedarme parada en un solo lugar de aquel escondite. Rememoraba momentos con Lohran y Lucy, sonriendo en aquellos momentos donde Lucy era un bebé o donde mi mellizo y yo llevábamos aquella relación a salvo de los ojos ajenos. Siempre me habría gustado poder darle rienda suelta a todo lo que sentía, hacer lo que deseaba en todo momento pero eso no había sido posible, porque los dos sabíamos lo que podía pasar y nos habíamos escondido de todos.

Mis pasos repetían el recorrido una y otra vez, sin moverme de la sala más cercana a la única puerta de entrada y mi mente recorría todos los recuerdos que tenia con mis hermanos, juntos y por separado, también me acordaba de mi madre y de mi padrastro al que quería como si fuese mi padre. Antes de que pudiese darme cuenta, escuché la puerta de entrada abriéndose… todo lo que había pasado me había dotado de una desconfianza sin igual y más cuando estaba sola. Cogí mi varita y apunté hacia la puerta mientras avanzaba, pero en cuanto vi quien era, la dejé caer mientras las lágrimas caían por mis mejillas y me tiré encima de él abrazándolo. -¡Lohran!- No pude evitar el cogerlo por la ropa, meterlo dentro de aquel escondite y cerrar la puerta, mientras me pegaba todo lo que podía a su reconocido cuerpo, llorando todo lo que podía.
Níobe
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Lohran Martins el Vie Abr 26, 2019 4:08 pm

Escapar de Hogwarts había sido una completa locura, y Lohran Martins jamás se hubiera imaginado a sí mismo en semejante tesitura: los mortífagos habían atacado el castillo y, como en una especie de pesadilla muy vívida, habían logrado hacerse con su control.

Luciana y él habían logrado escapar de milagro, huyendo a través del bosque prohibido, así como muchos otros que habían tenido la mala suerte de verse involucrados en tan terrible acontecimiento. Y la persecución del enemigo había sido implacable, hasta el punto en que muchos habían caído por el camino. Si los dos hermanos no habían terminado de la misma manera había sido única y exclusivamente porque habían sabido esconderse.

Cuando todo estuvo despejado, cansados y heridos, Lohran y Luciana habían retomado la marcha, buscando un lugar desde el que desaparecerse. No se sintieron otra vez tranquilos hasta que se vieron en el Londres muggle, lugar al que no resultaba probable que llegase la persecución de los mortífagos. A fin de cuentas, y pensando con la mentalidad antigua, Lohran se imaginaba que no querrían montar un escándalo de aquellas proporciones.

Una vez llegaron a las proximidades del refugio, Lohran pidió a su hermana pequeña que se escondiese tras un contenedor de basuras, más que nada por si acaso. El escondite en cuestión era uno de los apartamentos que su padrastro tenía en propiedad, y si bien lo consideraban seguro, nunca se sabía. Así que el primero en comprobar que todo iba bien fue Lohran, quien subió las escaleras y abrió la puerta.

No había moros en la costa… a excepción de Prue, su otra mitad. En todos los sentidos.

—¡Prue!—Exclamó Lohran al escuchar a su hermana y amante, quien hasta hacía segundos le apuntaba con su varita; en aquel momento, lloraba desconsolada entre sus brazos.—Tranquila, todo va bien.—Le dijo, acariciando su pelo y besando la parte superior de su cabeza.

Y bueno, era cierto: todo iba más o menos bien, a excepción de un par de rasguños—en realidad, cortes y contusiones, el más profundo en la frente—. Había salido bastante bien parado para lo que podría haber sido, aunque estaba seguro de que iba a echar muchísimo de menos su varita, destruida por el hechizo de un mortífago en la huida.

—¿Estás bien?—Preguntó Lohran cuando los ojos húmedos de su hermana se encontraron con los suyos. Aquella había sido la misma pregunta que le había hecho, años atrás, cuando la había penetrado por primera vez, temeroso de hacer daño a su otra mitad. No se lo había hecho, por cierto, y para ambos había sido un momento mágico.—Tenía miedo de que no consiguieras llegar aquí...

Acarició su rostro y la miró no como un hermano, sino como su amante. Para ellos dos, ambas cosas eran igual de importantes: se amaban como hombre y mujer, y se amaban como hermanos. Por ese mismo motivo besó con suavidad los labios de Prue, en un intento de calmarla.

Agradeció que Lucy se hubiera quedado esperando fuera, pues ni siquiera ella conocía aquel secreto.
Lohran Martins
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Níobe el Vie Mayo 03, 2019 1:00 am

Era él, era él, Lohran estaba vivo y estaba allí. Gracias a Merlín de que no había pasado nada malo, sabía que de haber perdido a mí otra mitad jamás lo hubiese superado. Él cubría toda mi vida, en todos los sentidos posibles, él era mi vida y jamás podría dejar de pensar de esa manera. Lloraba sintiendo sus caricias y su beso, sabía que estando juntos las cosas habían cambiado, era mucho más fuerte cuando él estaba a mi lado porque era el único que podía hacerme sentir diferente y el único que me podía hacer sentir invencibles, juntos éramos invencibles.

Mi llanto se calmó, me separé un poco de él y alcé mis manos para coger su rostro entre mis manos, mirándolo temerosa de encontrar algo malo, pero aparte de algunos cortes y golpes, Lohran seguía como la última vez que le había visto y eso hizo que todo en mi se calmase, aunque seguía sintiendo mis ojos anegados en lágrimas. Clavé mi mirada en la suya, una mirada tan conocida que me hacía sentir totalmente protegida y que podía con todo si él estaba a mi lado. Su pregunta me transportó a años atrás, a un momento especial para ambos y no pude evitar una pequeña sonrisa por aquel pequeño y maravilloso recuerdo. -Ahora sí... estás aquí, y estás vivo. Jamás dejaría que nadie me impidiese el reunirme contigo, el dolor de no volver a verte, de no volver a tocarte es mayor que el dolor de la muerte.- Dije antes de sus labios se uniesen con los míos, subí mis manos a su cabeza, pasando mis dedos por ella sintiendo aquel cabello tan corto que le caracterizaba.

Todo el miedo, todo el temor se disipaban cuando los labios del hombre al que amaba y los míos se encontraban, un amor que pocos entenderían, unos sentimientos tan puros como el agua más cristalina de todo el planeta, algunos lo llamarían incesto, nosotros lo llamábamos amor. Tenía a Lohran a mi lado, no se había ido, había seguido conmigo y ahora no nos iban a separar. Mi cuerpo no quería hacer caso a mis pulmones los cuales pedían un poco de aire, todas mis terminaciones nerviosas veían el oxígeno como una nimiedad mientras los labios de mi hermano y los míos siguiesen unidos en un beso tan suave como necesario. Pero cuando ya fue algo de necesidad, nos separamos y apoyé mi frente sobre la suya, una sonrisa dibujada en mis labios, ya más tranquila. -Te amo, Lohran.- Me abracé más a su conocido cuerpo, si es que eso era posible, poniendo mi rostro en su cuello, oliendo aquel inconfundible olor que reconocería entre mil sin problemas.

Mi cabeza iba recogiendo los pedazos de información, entonces un fogonazo me iluminó las demás ideas. Me aparté un poco para mirar a Lohran, el miedo había vuelto a mí y esta vez era por la pequeña de los hermanos. Mi mirada llena de terror se clavó en la suya, sabía que con una mirada lográbamos entendernos, pero necesitaba darle voz a mis pensamientos. -Lohran... Luciana... ¿dónde está? Dime que está bien, dime que no le han hecho daño... dime que volveré a abrazar a Lucy...- Sabía que Lohran había protegido a la pequeña con su vida de haber sido necesario, tal y como haría yo, o cualquiera de los dos por el otro. Me encontraba con sus ojos clavados en los míos y con mis manos aferradas a su ropa.
Níobe
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Lohran Martins el Sáb Mayo 04, 2019 1:40 am

Decir que Luciana y él lo habían pasado mal durante el asedio de los mortífagos a Hogwarts sería quedarse peligrosamente cortos: hubo momentos en los que el brasileño pensó que no saldrían con vida, que su hermana tendría que verle morir para, poco después, caer derrotada ella misma.

Sin embargo, aún a pesar de las heridas, ambos estaban vivos. Y no podían quejarse: muchos otros no lo habían contado.

De haber tenido la mente más despejada y menos centrada en encontrar a su hermana y amante de por vida, Lohran quizás hubiera tenido tiempo de pensar en sus amigos en el Mundo Mágico: tanto aquellos con los que compartía risas y una cerveza los viernes por la noche en el Caldero Chorreante, como las personas a las que veía a diario en el Ministerio de Magia. En días venideros, seguro, tendría mucho tiempo para preguntarse qué habría sido de ellos.

Por el camino, sólo había deseado aquel momento: reunirse con ella. Volver a abrazarla, a besar sus labios. Hacer el amor con ella y dormirse abrazados. Despertarse a la mañana siguiente enredado en su cuerpo, descubriendo que todo había sido una horrenda pesadilla de la que por fin despertaban.

No tendrían tanta suerte.

—Ya estoy aquí, y no tengo pensado irme a ninguna parte.—Al mirarla sólo veía a la persona perfecta para él. ¿Que había tenido la desgracia de ser su melliza? Lohran no pensaba dejar que eso le impidiese amarla.—Espero que no hayas tenido problemas para llegar aquí. ¿Has sabido algo de papá y mamá?—Le había pedido que intentara localizarlos pero, como descubrirían al día siguiente, su madre ya había muerto, y su padrastro no tardaría mucho en seguir sus pasos.

Se besaron de una manera que no lo harían dos hermanos, sus labios y sus lenguas danzando juntas y sin querer separarse. Un beso que no se terminó hasta que les faltó el aire, y respirar fue inminente.

—Y yo te amo a ti.—Así le hablaba cuando se refería a ella como mujer, como su mujer, pues a pesar de que nunca pudieran casarse, para él ya eran casi un matrimonio. Y si pudiera darle un hijo, lo haría. Siempre llevarían aquella espinita clavada en sus corazones, pues resultaba una mala idea. Se mirase por donde se mirase.

Como era evidente, Prue notó la ausencia de Lucy, y enseguida se preocupó. Sabía lo importante que era la más joven para ella, pues también lo era para él, así que se aseguró de terminar lo antes posible con la inquietud de su hermana.

—No te preocupes, cariño: está a salvo. Le he pedido que esperase fuera, escondida, mientras me aseguraba de que el lugar fuese seguro.—Le dedicó una sonrisa tranquilizadora, acariciando suavemente su rostro angelical. Se perdió durante unos momentos en aquellos ojos oscuros que tantas veces había mirado, muy de cerca, mientras eran uno solo.—Voy a buscarla. Nos esconderemos aquí hasta que se aclare todo esto. Esta locura no puede durar mucho tiempo.

En aquel entonces, era un pensamiento lógico: los aurores del Ministerio de Magia controlarían la situación en menos que cantaba un gallo. Pronto volverían a sus vidas normales, y Lohran podría ir a comprarse una varita nueva para sustituir el trasto que llevaba desde su apresurada huida de Hogwarts.

***

Bajó las escaleras para reunirse con Lucy, y ambos volvieron juntos al apartamento. Al abrir la puerta, Luciana vio a su hermana mayor y, enseguida, corrió a darle un abrazo.

—¡Menos mal que estás bien!—Exclamó la pequeña, con una lagrimilla amenazando con rodar por su mejilla.—No te puedes ni imaginar lo chungo que lo hemos tenido en Hogwarts, tía. Pensé que no lo contábamos.

Lohran sonrió, mirándolas, y entonces, aquejado por un profundo cansancio, decidió sentarse en la butaca. Apenas había dormido la noche anterior, y empezaba a notársele. Aún así, mantuvo la sonrisa mientras miraba a sus dos hermanas, quienes intercambiaban sus batallitas. O más bien, Lucy lo hacía: le contaba con pelos y señales cómo habían logrado salir de Hogwarts, hablando muy rápido.

Mañana, esto estará solucionado, se dijo mientras se frotaba la cabeza con una mano. Esta noche, cuando Lucy duerma, Prue y yo haremos el amor, nos diremos lo mucho que nos amamos, y nos dormiremos abrazados. Cuando nos despertemos, iré a comprar El Profeta y leeremos en la primera página que el pequeño golpe de estado de Voldemort ha sido solucionado. Y todo volverá a ser normal…
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Níobe el Mar Mayo 14, 2019 10:10 pm

Por un momento, había llegado a pensar que los mortifagos habían sido ayudados por alguien, estaba claro que había sido así, pero por todo lo que habían atacado había llegado a pensar que alguien en las altas esferas les había dado el trabajo casi hecho... aquello era imposible... ¿no? Nadie en su sano juicio ayudaría a los mortifagos con su cruel cometido, estaba sufriendo tanto por la vida de mis seres queridos y amados que pensaba en cosas que eran mentira.

Mi vida había corrido peligro en varios momentos de mi huida del Ministerio de Magia, muchos de mis compañeros y amigos me habían acompañado en la carrera por nuestra vida, muchos nos habíamos escondido juntos cuando sabíamos que nuestros enemigos estaban demasiado cerca como para seguir corriendo. Pero no los había vuelto a ver cuando llegamos a la chimeneas y nos lanzábamos de cabeza a las que los mortifagos no vigilaban, suponía que aquellas habían sido liberadas por muchos de nuestros compañeros... quizás abatidos después. No sabía quién había perecido en la huida y me sentía egoísta por no preocuparme por aquellos con los que compartía los días de trabajo, pero encontrar al hombre que ocupaba mi corazón y a mi hermana pequeña había sido mucho más importante... preferencias.

Algo era lo que tenía claro, nadie me iba a separar ahora de Lohran. Sus brazos me rodeaban y me ordenaban las ideas, todos los momentos vividos juntos hacían que mi mente se ordenase sola, sabiendo que ahora éramos nosotros tres y nuestros padres, nada más y nada menos. -El Ministerio de Magia era un maldito caos... no sé cuántos han caído... he conseguido escapar por una de las chimeneas, aunque me he llevado golpes y algunos cortes como recuerdo. Pero estoy viva. He intentado contactar con ellos, pero no he dado con ellos. Pero papá y mamá son listos, seguro que han escapado en cuanto han visto lo que pasa y se han escondido, mañana nos encontraremos con ellos y volveremos a estar juntos.- Mi mano acariciaba la mejilla de Lohran en el proceso de hablar y tranquilizar a mi otra mitad en todos los sentidos, a veces desearía no ser mellizos, que nuestra relación estuviese bien vista a ojos de los demás, que pudiéramos casarnos como nosotros deseábamos aunque yo me había sentido como su mujer desde hacía mucho tiempo. Un hijo... aquello que deseaba y no podía tener, más de una vez había soñado con el amor de mi vida y yo teniendo un hijo que fuese parte de los dos... aunque al abrir los ojos sabía la cruda realidad y lo duro que era...

Mi inquietud se calmó al escuchar las palabras de mi mellizo, la pequeña Martins estaba bien y no había que lamentar nada. Su caricia me calmó de sobremanera, para después sonreír al mirarlo a los ojos, los mismos en los que me había perdido un número indefinido de veces y lo primero que había visto muchas veces al despertar. Cómo me había pasado tantas veces en el pasado, desee que aquel momento no se rompiese jamás, que siguiésemos Unidos hasta el fin, pero claramente el tiempo seguía avanzando. Asentí cuando dijo que la iría a buscar y esperé a que volviese, repitiendo en mi mente una y otra vez el beso anhelante que habíamos compartido y el abrazo que sus brazos seguros y protectores me habían dado.

No salí de mis pensamientos hasta que escuché como subían las escaleras y los dos aparecieron en mi campo de visión cuando abrieron la puerta. Mis brazos no tardaron en abrirse y acoger a mi pequeña hermana entre ellos, abrazándola con fuerza. Me la estaba comiendo a besos cuando ella empezó a hablar, esa forma adolescente que tenía me enamoraba... pasase lo que pasase siempre iba a ser mi hermanita.

Le sequé la lágrima que amenazaba con salir de sus ojos, escuchando en todo momento lo que me decía. Desvié mi mirada de forma sutil un momento hacía Lohran que estaba sentado en la butaca, estábamos bien, estábamos a salvo... todo se solucionaría en unas horas, al día siguiente volveríamos a ver a nuestros padres y todo estaría bien. -He tenido tanto miedo de no volveros a ver, Lucy. Pero estáis aquí y sanos y salvos que es lo que importa de verdad. ¿Me traes el botiquín antes de contarme cómo habéis salido de Hogwarts? Me gustaría más escucharlo mientras os curo a Lohran y a ti.- Mis palabras salieron de mis labios con una sonrisa, mi pequeña no tardó en asentir y salir pitando hacia el baño y traerme lo que le había pedido.

Aproveché para acercarme a Lohran, cogerle el rostro con las manos y besarlo tiernamente en los labios. -Todo saldrá bien... estaremos bien... Dije intentándolo convencer a él y a mí misma. Me senté en la butaca que había a su lado, acariciándole la mano con suavidad y mirando a Lucy cuando volvió, palmeando mis piernas. -Ven aquí, primero vienes tú.- Mi hermana me hizo caso y se sentó, empecé a curarla con cuidado, sabía que mi estado era parecido al de ambos, pero me importaba ellos en primer lugar. Después de ocuparme de las heridas más claras, le pregunté donde más tenía golpes o heridas y ella me lo iba diciendo.

Tras acabar con Lucy, la dejé sobre la butaca donde estaba sentada y me acerqué a Lohran. Me agaché a su altura y empecé a curarle con cuidado, dejando que mis dedos rozasen su piel como si fuese sin querer, aunque sabía que él lo entendía. Le pregunté donde tenía más golpes o heridas después de ocuparme de las visibles, acabando después y dejándome caer sentada en el suelo. Mis heridas seguían ahí, pero había curado a los dos que más me importaban, los miraba con diferente amor, pero al menos los tenía a mi lado, mi hermana pequeña y el amor de mi vida, además de mi mellizo.

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Lohran Martins el Jue Mayo 16, 2019 2:07 am

Saber que Prue había podido contactar con sus padres hizo que a Lohran se le quitase un peso enorme de encima: no había para él nada más importante que su familia—y con Prue, aquella necesidad de protección era incluso mayor—, y la mera idea de que pudiese ocurrirles algo malo le daba miedo. Mucho más miedo del que manifestaba en voz alta, y del que compartiría con Prue y con Lucy.

No podían dejarse dominar por el miedo, y menos en aquella situación.

—Menos mal que, al final, todos estamos bien.—Acarició con mucha suavidad el brazo de su melliza, de su otra mitad, sin dejar de mirarla a los ojos, y entonces sonrió.—Espero que les hayas demostrado a esos cabrones que han intentado atraparte cómo se las gastan los Martins. Yo te mentiría si dijese que no he tenido que pegarle a más de uno...—Y, quizás fruto del alivio de saber que todos estaban a salvo, Lohran se permitió soltar una carcajada. Porque sí, ellos dos se amaban como un hombre y una mujer, pero también tenían esa complicidad que sólo existía entre dos hermanos. Y Lohran no creía que pudiese existir una relación de pareja mejor que esa.

***

Pero aquello no sería una reunión de hermanos completa de no ser por la presencia de Luciana, su hermana pequeña que, a pesar de no compartir padre con ellos dos, era tan hermana como lo eran ellos. Al menos, así lo veía Lohran: no era muy difícil, teniendo en cuenta que para él, el padre de Luciana era más padre suyo que el que había puesto su semilla, y se había desentendido de ellos al saber que eran ‘bichos raros’ con el don de la magia. Por lo que a él respectaba, que le fuese muy bien en la vida, pero no le necesitaba en su vida en lo más mínimo.

En cambio, podía decir que en aquella habitación estaban dos de las tres mujeres más importantes de su vida, abrazándose con alivio tras una noche horrible: Luciana y Prue, sus dos hermanas.

Inevitablemente, Lohran visualizó el momento en que, al día siguiente, las tres mujeres estuviesen bajo el mismo techo, con ellos tres y su padrastro, esperando a que aquella locura transitoria que se había adueñado del mundo mágico terminase. Pronto volverían a sus vidas, y aquellos momentos huyendo de los mortífagos no serían más que el recuerdo de un mal sueño.

Aliviado, el mago se dejó caer sobre una de las butacas, más cansado de lo que había estado en mucho tiempo. Necesitaba cenar algo, una ducha, y dormir… además de entregarse al amor de Prue, si es que el sueño de Lucy se lo permitía.

Cuando la muchacha mestiza salió de la habitación para buscar el botiquín, Prue y Lohran robaron otro momento: compartieron un tierno beso, con la promesa de que todo saldría bien. Ojalá hubiera sido cierto.

—No sabes cuánto te quiero.—Le susurró a su hermana melliza, perdiéndose también en sus preciosos ojos.

Dicho momento romántico se interrumpió cuando Lucy volvió, pues Prue se entregó a la tarea de curar las heridas, primero de la pequeña, luego del propio Lohran. Luciana hizo rodar los ojos cuando su hermana mayor le pidió que se sentase en sus rodillas, y a pesar de lo tierno que pudiese resultar, la situación también era un tanto cómica: la pequeña de los Martins, en realidad, de pequeña no tenía nada, pues casi medía un metro ochenta.

—Creo que ya no es tan sencillo como cuando tenía diez años.—Bromeó Lohran, riendo a continuación.—Ahora, la hermana mayor parece Lucy.

—¡Eh, un respeto! ¡Yo no soy tan vieja como ella!—Respondió Lucy, a modo de broma. Tanto Lohran como ella rieron.

A Lohran le hubiera gustado decir lo que de verdad sentía al mirar a Prue: para él, ella no envejecía, sino que era una especie de diosa de piel de ébano. El amor de su vida, la perfección misma a sus ojos. Sabía que ambos estarían juntos hasta el mismísimo final de sus vidas, sin necesidad de buscar el amor en los brazos de nadie más.

Una vez las heridas de Luciana estuvieron curadas, le tocó el turno a Lohran. De manera furtiva y totalmente desapercibida a ojos de su hermana, Prue dedicaba caricias, roces y miradas que no se correspondían con las de dos hermanos. Lohran la miraba de igual manera, sintiéndose afortunado de que aquella mujer fuese suya, en todos los sentidos.

Una vez terminó, Prue se sentó en el suelo, y Lohran hizo un esfuerzo para bajarse de la butaca. Se sentó frente a ella, alargó el brazo para alcanzar el botiquín, y tomó los enseres necesarios para atender los cortes de su hermana.

Empezó limpiando con alcohol aquellos que estaban más a la vista, en sus brazos. Deslizó suavemente un algodón empapado en el líquido desinfectante, sus ojos puestos en la herida, y poco a poco fue repitiendo el proceso. Al final, Prue tenía algunos vendajes menores, igual que sus dos hermanos, y en general no había que lamentar ningún tipo de daño grave.

—Parece que vengamos de la guerra...—Comentó Lohran, como quien comenta que es un fastidio tener que trabajar en sábado. Y el tono de voz hizo gracia a Lucy, pues no pudo evitar reírse.

Más tarde, esa noche...

Habían acordado que Lucy y Prue ocuparían las camas que había en los dos dormitorios, y Lohran en el sofá. El brasileño había dormido en lugares mucho peores, y un sofá no era para tanto.

Tampoco es que planease quedarse toda la noche.

Tras asomarse brevemente al cuarto de Lucy y asegurarse de que su hermanastra dormía profundamente, Lohran cerró su puerta y fue a la habitación de Prue. También cerró la puerta, y llamó su atención tocando suavemente el brazo de la que también era su amante. Ella se incorporó hasta quedar sentada, y ambos se miraron brevemente a los ojos.

Sin mediar palabra, se unieron en un beso del que no se separaron.

Momentos después, la ropa de ambos yacía desperdigada por el suelo, y hermano y hermana se habían fundido en la danza del amor. Lohran estaba sobre ella, su boca unida a la de Prue, sus caderas moviéndose en vaivén. El calor incendiaba la piel de ambos, y entre sus besos se escapaban suaves gemidos.

Procuraban no hacer demasiado ruido para no despertar a la pequeña de los tres.

Sin detener sus movimientos, Lohran se separó brevemente de la boca de Prue, abrió los ojos y la miró. Sus rostros estaban desencajados en sendas muecas de placer, sus frentes perladas de sudor. El brasileño jamás había visto algo tan hermoso como ella.

—Te quiero, Prue...—Jadeó, segundos antes de volver a besar sus labios, y acelerar el movimiento de la danza del amor.
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Níobe el Mar Mayo 21, 2019 2:34 pm

Sí alguien supiese la necesidad que tenía de saber que mi familia estaba a salvo... había tenido pánico por la integridad de mis hermanos, pero en aquel momento que los tenía conmigo temía por la integridad de mis padres. Aquellas personas que yo amaba con toda mi alma, aquellas que darían la vida por nosotros y que la estarían dando sin que nosotros nos enterásemos, cosa que haríamos horas después.

No pude evitar la sonrisa que había salido de mis labios al ver la de mi hermano, su voz me calmaba y sus caricias no dejaban de provocar pequeñas descargas eléctricas por toda mi piel que lograba despertar cada músculo de mi cuerpo. -Esos cabrones han conocido a Prue Zita Martins cabreada y luchando por volver al lado de las personas que quiere y del hombre que ama. Y yo espero que les hayas dejando una buena marca a todos aquellos que hayan querido tocarte.- Dije riendo, besándole la clavícula con aquella tranquilidad que nos daba al sabernos a salvo y volver a estar con aquella persona que amábamos más que a nada, yo sabía bien que mi hermano era bueno luchando cuerpo a cuerpo y esperaba que más de uno se hubiese dado cuenta que no era bueno meterse con el mayor de los hermanos Martins, el único que me hacía reír hasta cuando el mundo mágico se había vuelto loco.

***

Los que sabían nuestra verdadera historia, decían que Luciana no era nuestra hermana si no nuestra hermanastra, nosotros acallábamos a esas personas porque nosotros teníamos a la actual pareja de nuestra madre y padre de la pequeña como el nuestro. Yo misma no quería escuchar hablar de aquel con el que compartía sangre, no quería sonar cruel pero si moría, no lloraría su perdida. Nos había hecho mucho daño y nos había echado a un lado tan solo por tener un don tan maravilloso como el que nos había sido concedido.

Una sonrisa se dibujó en mis labios cuando Lohran me dijo que me quería, está fue suficiente para hacerle entender que yo lo amaba con toda mi alma por no poder decirlo delante de Lucy. Mi risa se escapó de mis labios cuando Lohran empezó a bromear sobre Lucy, la verdad es que la pequeña era incluso tan alta como nosotros y yo me sentía enormemente orgullosa de verla crecer tanto, al escucharla a ella, intenté ponerme sería. -¡Oye, no soy tan vieja!- Dije mostrándome ofendida aunque no duré demasiado porque me eché a reír uniéndome a las suyas, después de lo que habíamos pasado... aquellos momentos se agradecían.

Sonreí cuando fue Lohran quien se acercó a mí para curarme, mis ojos no se separaban de él dejando que me curase como había hecho con él. Dedicaba miradas de soslayo a Lucy a quien se notaba cansada, pero que no se daba cuenta de aquellos pequeños gestos que nos regalábamos entre los dos mellizos. Al acabar, me sentí mejor porque mis heridas ya no ardían como hasta hacía pocos minutos, me apoyé levemente en Lohran como habíamos hecho miles de veces en cada cuando teníamos que hacer creer que éramos dos hermanos mellizos sin más, delante de Luciana era lo máximo que podía hacer y se sentía tan bien... las palabras de Lohran y la risa de nuestra hermana me hicieron reír a mi también, lo cual hizo el ambiente mejor.

***

Sabía que por la noche, Lohran aparecería en mi habitación por lo que me fui a ella despidiéndose de mi hermano como si no lo fuese a ver hasta la mañana y después besando la frente de mi hermana antes de entrar en mi cuarto. Me había estirado en la cama esperando a Lohran, quedándome dormida sin darme cuenta.

Solo el toque de mi hermano y amante consiguió despertarme, me senté y al poco, nuestros labios se estaban buscando y uniéndose como si hiciese años que no lo hacían. Era una sensación maravillosa que repetiría siempre mil veces, nuestra ropa pronto se desprendió de nuestros cuerpos y mi hermano entró en mi interior.

Nuestros cuerpos se habían hecho uno de nuevo, haciendo que sintiese la sensación más hermosa del mundo. Nuestras lenguas unidas en un beso que no queríamos terminar , un vaivén delicioso había empezado entre los dos haciendo que mis manos se aferrasen a su espalda. Mis gemidos morían en su boca e intentaba que estos no subiesen demasiado de nivel como otras veces porque no estábamos solos.

Las palabras de mi hermano me hicieron sonreír y me separé de sus labios, aunque unos gemidos querían escapar de entre mis labios al notar cómo iba más rápido. -Yo también te quiero, Lohran... eso jamás cambiará.- Dije atacando sus labios antes de que los gemidos saliesen de mi boca, sabiendo que saldrían con fuerza, ahogándolos así en su boca mientras nuestras lenguas se unían de nuevo.

Movía mi cadera contra la suya en la más hermosa de las danzas, llevábamos tanto tiempo que había perdido la cuenta y mi cuerpo estaba a punto de explotar. Mis manos se aferraron a sus hombros, trataba de no clavarle mis uñas porque no quería hacerle daño aunque el placer me empujaba a ello. Estaba sintiendo como el orgasmo estaba abriéndose paso en mi interior, hasta que tomo control de mi por completo y llegué al clímax, apretando mis manos en los hombros de mi hermano y amante, además de hacer más intenso nuestro beso para que mi gemido se muriese en su boca. Lo abracé contra mi esperando que él llegase también, posando mi boca contra su cuello, besándolo mientras recuperaba la respiración y esperaba sentir a mi hermano sentir lo que había sentido yo hasta hacía pocos segundos.
Níobe
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Lohran Martins el Jue Mayo 23, 2019 10:09 pm

Siempre sucedía de la misma manera: cuando Lohran se entregaba a la calidez del cuerpo de Prue, cuando ambos se convertían en uno, el mundo a su alrededor parecía tornarse en algo efímero. Algo irreal, fruto de un sueño muy lejano. Algo que no importaba.

Lo único que importaba eran ellos dos, el calor que compartían el uno con el otro, las sensaciones prohibidas que experimentaban juntos. ¿Y qué importaba si los demás no comprendían lo que existía entre ellos? Ellos lo entendían bien, ellos se lanzaban de cabeza hacia ese sentimiento, sin temor a quemarse.

Lohran se había preguntado en más de una ocasión qué pensaría su madre si conociera la naturaleza de la relación que existía entre ambos, o si ya sospechaba algo, siquiera. Sabía que nada de lo que pudiese decir su madre, por mucho que fuese la mujer que le había traído al mundo, podría apartarle de Prue, pero igualmente… ¿qué pensaría aquella buena mujer si supiese que sus dos hijos mayores eran amantes?

En aquel momento, esas preguntas estaban demasiado lejos, pues lo único que importaba era ella. Lohran se embriagaba en el placer de su amada, y experimentaba su propio gozo cerrando los ojos y entregándose a aquellos labios que conocían su cuerpo como ningunos otros labios.

Sintió su clímax, y casi de inmediato, el brasileño tuvo un orgasmo. Si las manos de Prue se aferraban a su espalda, las suyas se cerraron con fuerza sobre las sábanas de la cama. Tiró de ellas mientras, en involuntarios espasmos, culminaba el último de muchos encuentros sexuales con el ser más precioso del mundo.

Sin embargo, como siempre sucedía entre ellos, aquel acto de entrega no había podido ser todo lo completo que hubiesen querido: Lohran no podía arriesgarse a terminar dentro de ella, a menos que utilizasen protección. Y como en aquel momento ninguno de ellos contaba con algo así, Lohran había tenido que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para salir de su interior en el momento justo, luchando una batalla ardua contra sus instintos, y terminar sobre las sábanas.

Jadeante, sintiendo su propio cuerpo demasiado pesado como para seguir manteniéndose en vilo sobre el de ella, Lohran se dejó caer de espaldas junto a ella. Su cuerpo todavía temblaba fruto de aquel placentero y amoroso acto, y el sudor otorgaba a su piel un brillo similar al del caramelo.

Guardó silencio durante unos segundos, mientras intentaba recobrar el aliento; entonces, abrió los ojos y volvió la vista en dirección a su hermana, quien a todas luces era y sería siempre la mujer de su vida. Una sonrisa se formó en los labios de Lohran Martins.

—Siempre toco el cielo...—Le dijo, de manera muy significativa. Y resultaba curioso pensar que, en toda su vida, nunca había habido otra mujer. ¿Que estaban cometiendo incesto? Desde luego, eso era innegable, ¿pero por qué tenía que ser malo? ¿Por qué un hombre no podía encontrar el amor en su propia hermana?—Siento...—Señaló en dirección a las manchas en las sábanas.—...eso. No podía arriesgarme a...

Ella sabía de qué estaba hablándole, pues a fin de cuentas lo habían hablado en muchas ocasiones: no podían asumir ese tipo de riesgos. ¿Que a Lohran le gustaría darle un hijo a Prue y criarlo con ella? Por supuesto, pero ambos sabían que aquel era un sueño imposible. Porque los niños no salían de la nada, y a ojos de todos sus amigos, familiares y conocidos, Lohran y Prue eran solteros.

Lanzó un suspiro, sintiendo su respiración más relajada. A medida que pasaban los segundos, las deliciosas sensaciones del acto amoroso se iban diluyendo, y los miedos volvían a la mente de Lohran. En concreto: la situación que se vivía actualmente en el mundo mágico.

—No me puedo creer lo que ha pasado en el mundo mágico...—Le dijo Lohran a su hermana.—He escuchado a uno de esos cerdos mortífagos decir que Lena Milkovich está muerta. ¿Es eso verdad? ¿Han asesinado a la Ministra?

¿Por qué Lohran no había sacado ese tema antes, cuando los tres se habían reunido en el salón? Bueno, principalmente por Luciana: no quería que la joven se alarmase por una situación que, muy posiblemente, terminaría arreglándose en unas cuantas horas. Sin embargo, la muerte de la Ministra sí supondría un duro mazazo contra todo el mundo mágico, se solucionase todo o no.

No me puedo creer que estemos viviendo semejante locura…
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Níobe el Jue Mayo 30, 2019 10:51 pm

Infinidad de veces, estando a solas, mi mente había divagado en como serian las reacciones de las personas que conocíamos si se enterasen de la relación que nos unía a Lohran y a mí. Nuestra madre, nuestro padrastro, nuestra hermanastra... todos, pero sabía que nadie nos haría cambiar los sentimientos que sentíamos el uno por el otro. Cuando encontrabas a esa persona, lo sabías porque los sentimientos que sentías eran los más puros que jamás habías sentido y eso me pasó a mí con Lohran, primero habíamos estado juntos en el vientre de nuestra madre y al nacer... nuestro destino ya estaba escrito, el uno siempre al lado del otro.

No tardó demasiado en llegar él también al clímax, no dejé de observarle, sonriendo al ver aquel rostro que tengo amaba contorsionarse por el placer que estaba sintiendo, al igual que yo sentía como tiraba de las sábanas antes de sentir como salía de mi, ninguno de los dos podíamos arriesgarnos a que dejase su esencia en mí... algo que los dos deseábamos, pero que no podíamos tan solo por la forma en la que nos veían los demás, dos hermanos mellizos.

Sonreí cuando lo vi echarse a mi lado, admirándolo con el amor que sentía por él. Era la persona más hermosa del mundo, sentía por él un amor tan grande que sabía que lo amaría hasta el día en que me fuese de aquel mundo.

Cuando me miró, alcé mi mano y le acaricié su mejilla, escuchando lo que me decía sobre las manchas en la sábana y me alcé para acallarlo con un suave beso en los labios. -Conmigo no tienes que pedir perdón, lo sabes.- Me recosté en su pecho, con mi oído encima de su corazón. No podía reprimir los pensamientos de que más de una vez había intentado inventar una mentira para hacer real el deseo que Lohran y yo sentíamos... el tener un hijo juntos. Sabía que en la situación actual todo estaba en nuestra contra, pero había pensado en tantas cosas que... incluso habrían aceptado a los que los demás pensasen de mí, pero el amor por mi hermano era enorme.

No dejaba de pensar en sí a la hora de tener un bebé, saldría como él, nadie jamás podría pensar que era de él porque al ser mellizos yo llevaba sus genes y yo se los podría transmitir a mis hijos... sí tan solo encontrásemos la manera. Sería tan feliz. Ojalá todo pudiese ser algún día.

Mis ojos se habían cerrado con el latir tranquilo del corazón de la persona que amaba. Su voz hizo que alzase la cabeza y lo mirase, mordiéndome el labio ante sus palabras... los veía capaces de todos, aquellos mortifagos solo buscaban el hacer daño a otros y la idea de que matasen a alguien importante no era tan descabellada. Solo ellos podían ser tan rastreros.

Perdiéndome en los ojos de mi hermano, pensé bien en mi huida del Ministerio, en cosas que quizás había pasado por alto al no querer pensar demasiado en ello. -No lo sé, quiero pensar que la Ministra es alguien fuerte que no se deja vencer por nada. Cuando huía del Ministerio sólo podía pensar en ti y en Luciana. Todo era un caos... aunque... me ha parecido oír que mucha gente iba a proteger a la Ministra... ¿crees que puede ser verdad? ¿Habrán llegado a eso?- No era algo descabellado, pero daba demasiado miedo.

Me abracé al cuerpo de Lohran fuertemente, no había querido pensar en toda aquella estando con los tres porque sabía que Luciana sabía leerme como si fuese un libro abierto, demasiado aprendía aquella niña, pero ahora que estaba con la única persona que me entendía, podía permitirme el dejar salir todo lo que sentía... sabía que estando en aquella posición él podía sentir mi miedo y mi nerviosismo, mi hermano siempre sabía cómo me sentía.

Busqué una de sus manos con una de las mías para entrelazar nuestros dedos, suspiré y entonces comprendí, una vez más, que no importaba el lugar ni el momento importaba él con quién y yo con Lohran era feliz sin importar el momento. -No entiendo que está pasando... todo se está volviendo una locura. ¿Crees que todo acabará pronto?- Dije mirándole a los ojos, mordiéndome el labio ante todo lo que mi cuerpo estaba sintiendo.
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Lohran Martins el Sáb Jun 01, 2019 11:35 pm

Pedir perdón era inevitable, y más cuando sucedían cosas semejantes.

A Lohran le suponía un gran esfuerzo, una gran demostración de fuerza de voluntad, terminar fuera de su hermana: su cuerpo, simplemente, se sentía atraído por el de ella. Cuando estaba en su interior, era como si estuviesen hechos el uno para el otro, como si no existiese nada de antinatural en lo que hacían.

Todo lo contrario: parecía aquello que tenía que ocurrir.

La besó con suavidad en la comisura de los labios, deseando que en algún momento, en algún futuro, pudiesen tener la ocasión de experimentar lo que era ser padres juntos. ¿Existiría ese mundo ideal? Lohran no lo creía, pues sabía que con lo único que iban a encontrarse, si alguna vez se descubría la verdad, era con prejuicios. Nadie aceptaría aquel amor tan puro que sentían.

—¿Te he dicho alguna vez que eres lo más hermoso del mundo?—Le dijo con una sonrisa, cuando la cabeza de ella reposaba sobre su pecho. Pasó su brazo alrededor de los hombros, acariciando suavemente la tersa piel de su brazo.—Soy afortunado de tenerte.

Aquellos momentos de amor, de pasión, de sexo y de relajación eran hermosos, pero inevitablemente dieron paso a aquello que ocupaba la mente de Lohran en esos momentos: lo que estaba ocurriendo en el mundo mágico.

Los mortífagos habían atacado simultáneamente Hogwarts y el Ministerio de Magia, derrocando al poder actual e implantando su tiranía, o eso se comentaba. ¿Cómo no darle vueltas a un asunto tan importante, incluso después de yacer con ella y enredarse en la danza del amor, que tan bien ensayada tenían?

—No lo sé.—Confesó un Lohran que sólo había escuchado rumores nefastos acerca de la pobre Lena Milkovich. Horas más tarde descubrirían que sí, efectivamente, una de las mejores Ministras de Magia de los últimos tiempos había sido asesinada por su asistenta, ni más ni menos.—Podría ser. Después de lo que he visto en Hogwarts y Hogsmeade… No sé, Lucy y yo casi no lo contamos, así que puedo imaginarme que los altos cargos no estarán mucho más seguros. Pero espero equivocarme...

Y a pesar de semejante locura, Lohran tenía una firme convicción: que algo así no podía durar. Que inevitablemente alguien haría algo y le pondría remedio a la situación. No quería creer que todo era tan sencillo: un golpe de estado, y ya está, se acabó todo aquello en lo que habían creído hasta entonces.

Prue estaba intranquila, y buscó tanto su mano con la suya, como sus ojos con los suyos. Hizo aquella pregunta, y Lohran le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

—Es precisamente eso: una locura. Y las locuras no suelen durar.—Le dijo con toda su convicción.—Los puristas son una minoría, y seguro que en cosa de un par de días, la cosa se soluciona. Confío en el raciocinio de la mayoría.

Una pena que, a pesar de aquellas palabras, las cosas no fuesen a salir como él esperaba: aquel gobierno, a mayor de 2019, seguiría activo.

—Creo que no deberíamos pensar más en ello.—Sugirió Lohran, por difícil que fuese.—Creo que deberíamos intentar dormir, aunque yo no tengo demasiado sueño. No podría pegar ojo.—La miró significativamente, curvando una sonrisa mientras el brazo que rodeaba sus hombros descendía. Su mano se posó suavemente sobre una de las nalgas desnudas de Prue.—¿Se te ocurre alguna forma de pasar la noche que no sea dormir?

Evidentemente, era una pregunta retórica: ambos sabían cuál era la mejor forma...
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