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How we deal with the enemy within {Laith&Gwen}

Gwendoline Edevane el Miér Abr 24, 2019 2:26 am

Recuerdo del primer mensaje :

How we deal with the enemy within {Laith&Gwen} - Página 2 UHvqhI1
Sábado 30 de marzo, 2019 || Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas || 11:00 horas

El día treinta de marzo dio comienzo una de las semanas más largas en la vida de Gwendoline Edevane: la semana que pasó ingresada en el hospital San Mungo, tras el secuestro y agresión por parte de Zed Crowley y su socio.

La morena odiaba los hospitales, dato curioso a tener en cuenta, dadas sus aspiraciones profesionales actuales. Sin embargo, su odio se focalizaba principalmente en la parte en la que le tocaba ser paciente, o familiar de un paciente. Aquellos roles solían estar relacionados con malas vivencias, y si bien en su vida no había experimentado muchas así, parecía llevar en los genes el odio a aquel rol.

Aquella mañana, hundida en una cama que no era tan cómoda como la suya propia, y vestida con un camisón de enferma que no le gustaba lo más mínimo, Gwendoline pensaba en esta y otras cuestiones trascendentales de la vida, aunque las abordaba con una apatía muy poco propia en ella.

Quizás se debiese a las pociones analgésicas que le habían dado.

En aquellos momentos, se sentía totalmente incapaz de apartar la mirada de su brazo derecho. Lucía una férula que abarcaba desde la mano hasta más o menos el codo, y desde luego que estaba bien inmovilizado: aunque lo intentase, no podía mover ni un solo músculo de su mano, quizás debido a algún tipo de hechizo que le quitarían en cuanto sus huesos hubiesen crecido lo suficiente.

No pudo evitar que la asaltase un recuerdo de la noche anterior: el momento en que Zed Crowley le había partido sin misericordia alguna, y tomándose su tiempo para hacer un buen trabajo, todos y cada uno de los huesos de la mano derecha. Un ‘pequeño correctivo’, una ‘advertencia amistosa’. Sintió escalofríos, y se obligó a apartar la mirada.

Se quedó mirando el geranio rojo de la mesita de noche, una imagen mucho más tranquilizadora que la de su brazo lesionado. Sintió entonces que se adormecía un poco, cosa que le había sucedido en un par de ocasiones a lo largo de la mañana, y que atribuía claramente al tratamiento para el dolor.

¿Cuánto tiempo pasó en la más completa inopia, a medio camino entre sueño y consciencia? Quizás un par de minutos, quizás media hora. El caso es que una voz la sacó de su estado de ensoñación, haciéndola dar un respingo.

—¿...Edevane? ¿Me escucha, señorita Edevane?—Era una voz femenina, la misma de la mujer que, esa misma mañana, le había explicado su situación.

Volvió la cabeza en su dirección—al lado opuesto de la cama en que se encontraba la mesita de noche—y vio ahí, de pie, a esa misma sanadora que le recordaba a Meera Reed de Juego de Tronos. Un fugaz pensamiento, nada relacionado con la situación, la hizo preguntarse si vería a la susodicha Meera en la temporada final de la serie; acto seguido, volvió a centrarse. Otra cosa que odiaba de aquella situación: las pociones analgésicas hacían que su mente fuese y viniese de un pensamiento a otro sin control alguno.

—¿Qué?—Preguntó de la misma manera que preguntaría un sordo… aunque sin levantar la voz. De hecho, su voz sonaba muy suave y algo ronca, como si acabara de despertarse.

La sanadora se hizo a un lado el flequillo rizo con un gesto de la mano, aunque este terminó volviendo a caer por delante de su ojo. Sus labios se curvaron en una sonrisa amable.

—Le preguntaba si se encuentra bien. Es que tiene una visita.—La informó la mujer, y Gwendoline frunció el ceño. ¿Visita? ¿Qué clase de visita podía tener?

—¿Qué visita?—Preguntó sin más. Enseguida pidió en silencio que dicha visita no fuese su padre.

—Un amigo y compañero, o eso me ha dicho. Es Laith Gauthier.—La sonrisa de la mujer se ensanchó un poco, pareciendo cada vez un poco más sincera.—¿Le digo que pase? Creo que quiere saber si está usted bien.

A Gwendoline le costó un poco hilarlo todo, pero enseguida se imaginó que Laith vendría de parte de Sam, quien no podía estar presente por obvias razones. Y pese a que no le apetecía demasiado ver a nadie… finalmente asintió con la cabeza. La consolaba el hecho de que Laith y ella no tenían tanta confianza, así que posiblemente aquello sería mucho menos desagradable que si la visita fuese de Caroline, su padre o su abuela.

Así pues, la sanadora fue a llamar a Laith, mientras Gwendoline la seguía con la mirada.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Laith Gauthier el Vie Jun 07, 2019 2:35 am

Ser capaz de experimentar y hacer una nueva poción era una tarea muy difícil, pero no por eso debía ser considerada imposible. Muchas personas se acomodaban al pensamiento de que todo ya estaba hecho, y la verdad era que se equivocaban, sólo que no podían ver que algo faltaba porque no habían encontrado esa necesidad. Una cosa era cierta: había quien se concentraba en lo que ya estaba hecho, y quien pensaba en cosas nuevas que nadie antes ha conseguido, causando una diferencia importante en cualquier profesión.

Ellos pertenecían a la segunda rama, siendo ella quien mencionó que quizá en el futuro descubriría algo nuevo… o habría desastre en el proceso. — Todo puede suceder —Laith aceptó, — lo importante es saber tomar las precauciones necesarias, incluso cuando no parecen necesarias —porque en una ciencia tan delicada y volátil como la elaboración de pociones, siempre se debía esperar lo inesperado.

Lo cierto era que el mundo era contradictorio con la extraña raza de los médicos y sanadores. Se esperaba de ellos empatía y bondad, como para querer ayudar a los demás de forma tan altruista que, si bien un trabajo era un trabajo, se preparaban por años para hacer las cosas bien en estudios desgastantes y estresantes. Al mismo tiempo, se les sometía constantemente al dolor y la culpa de perder a un paciente, incluso cuando el caso ya escapaba de sus manos, y se esperaba de ellos que lidiaran con ese hecho y siguieran adelante.

En el caso de ellos, era casi incluso lo que los había empujado en primer lugar al sitio donde estaban ahora, profesionalmente hablando. Aunque Laith no lo supiera, los dos habían perdido a su primera persona antes de ser sanadores, y tenían que convivir con la impotencia y la culpa de no haber podido ayudar a la persona que más los había necesitado. En el fondo, tenían más en común de lo que creían.

De los errores se aprende, o eso dicen. En su trabajo, tenían que ser impecables desde el segundo uno y no cometer errores en la medida de lo posible, porque esos errores pesaban mucho más que cualquier otra cosa.

Sí, creo que sonaba mejor en tu cabeza —le dio la razón, porque había sonado muy desagradable. — En todo caso, discrepo porque… por eso estás en el lugar en el que estás, aprendiendo de los que saben más que tú, porque aquí no puedes cometer errores, no tenemos ese privilegio de equivocaciones inofensivas, ningún error aquí es inofensivo —no se le dejaba a ningún practicante atender por su cuenta casos precisamente porque esos errores tenían que ser evitados a todo costo. — Pero es así, en realidad, cuando pasa, porque somos humanos… Hay que aprender de ello y seguir para adelante.

Ingenuo de Laith, que quería esforzarse en hacerse creer que la gente no solía pasarlo mal, incluso en la situación sociopolítica en que se encontraban.

***

El sanador se sonrió cuando Gwendoline tuvo que aceptar que estaba durmiendo, por mucho que intentara engañarlo. No es que la culpara o que le disgustara, porque estaba en un hospital y tenía que descansar para que sus heridas sanaran, sino porque tenía una cierta fijación con revelar las mentiras, sobre todo cuando eran tan lógicas y evidentes como esa misma, ¿a quién quería engañar?

Empezó a hablarle sobre los libros y cuadernos más importantes que llevaba, empezando por uno que no sólo había sido profesionalmente útil, sino que, en su caso, había sido casi terapéutico. Su mente desconectaba cuando se concentraba, y había llegado en una época donde de verdad necesitaba desconectar su cabeza.

Bueno, ya tienes tres palabras, es algo —sonrió divertido, negando con la cabeza. — Te vendrán bien, pero recuerda que tienes que descansar —la advirtió, porque no quería más tarde llegar como un padre a quitarle todo porque la hija no quería dormirse por estar leyendo. No creía en verdad que sucediese. — Depende mucho de la zona que quieras abrir —confesó, — muchas veces no difiere mucho de la medimagia, pero siendo todo manual… es más complejo —le contó, según su experiencia, pues incluso como sanadores había veces que uno tenía que abrir a alguien para tratar una herida interna. La magia no lo resolvía todo.

Laith tenía dos formas de escribir claramente diferenciadas, que eran la distinción de la atención que prestaba. Su caligrafía podía ser, primero, cuidada y pulcra, normalmente se veía en la actualidad en sus cuadernos y en asuntos formales; o bien más informal y rápida, que se veía en sus cartas o esas notas que escribía apurado. Asimismo, le sonrió cuando le halagó la letra.

Ella estaba… bien, preocupada sí, ella quiere verte, saber que estás bien, pero creo que no hará alguna locura… O sea, es lo que yo quiero creer —porque sabía que dijese lo que dijese, si Samantha lo quería podría hacerlo. — La puse al día con tu estado, estaba cansada —le contó, haciéndole ver que no había nada de lo que preocuparse. — Pronto saldrás y estarán juntas de nuevo —le aseguró con una sonrisa.
Laith Gauthier
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Laith GauthierMedimago

Gwendoline Edevane el Jue Jun 13, 2019 12:33 am

Estaba más claro que el suero en una bolsa de gotero que Gwendoline no se había explicado bien, o Laith no había acabado de entenderla, pues discrepaba de de algo que… era así. Quizás el fallo hubiese sido suyo, no lo negaba, pero pedirle que lograra exponer algo tan complicado mientras su cerebro estaba obnubilado por las pociones analgésicas—cuyo ingrediente principal parecía ser sapo arbóreo boliviano o algo similar—sería como pedirle que levantara dos dedos de la mano derecha: una petición complicada, por decir poco, de llevar a cabo.

Pero puedes discrepar lo que quieras, pensó Gwendoline, un poco a la defensiva en su estado de niña pequeña drogada, pues la curva de aprendizaje existe en todos los campos. Y los errores en este campo son mucho peores porque pueden llevarse vidas por delante, siguió por esa línea de pensamiento. Una cosa es que lo que haya dicho no haya sonado bien y otra muy distinta que no sea cierto, concluyó su disertación mental.

¿Que por qué no lo dijo en voz alta? Bueno, pues por una sencilla razón: ya había sonado mal la primera vez, así que dudaba que fuese necesario insistir más.

Además, si había soltado todo aquello había sido únicamente porque no quería hacer frente a la realidad: que por mucho que Laith intentara explicarle sobre la sensación de perder a un paciente, poco necesitaba ella saber. Lo peor ya le había sucedido, ya había experimentado eso por primera vez. Y no necesitaba que nadie le dijese que, la próxima vez, tendría que estar más atenta.

Tampoco necesitaba que nadie le dijese, encima, que había profesionales que la enseñarían. ¿Dónde estaban ellos cuando había muerto iO? Porque, hasta donde ella sabía, habían intentado localizar a uno, sin éxito, y al final no le había quedado más remedio que hacerlo ella, dentro de su inexperiencia.

Cálmate, ¿vale?, se dijo a sí misma cuando se notó tan airada. No es culpa de Laith el no saber por lo que has pasado. Así que cálmate un poquito…

—Ya...—Dijo sin más, sin querer seguir con aquella conversación e, incluso, apartando la mirada. Cualquiera pensaría que se había molestado por el sermón, pero… no. El tema era muchísimo más complicado que todo eso.


***

Para cuando Laith regresó, ese pequeño enfado de antes—que más bien era consigo misma que con él—ya se había disipado. Quizás la medicación se lo hubiese llevado consigo, o quizás hubiese sido el sueño. Como fuese, ya ni se acordaba de aquella sensación. Aquellos estallidos de mal humor y apatía le durarían semanas, después de lo sucedido con Zed Crowley.

Después de un pequeño desacuerdo respecto a si Gwendoline estaba durmiendo o no, la morena enseguida se vio cautivada por el material de lectura que el sanador le había traído, empezando por ese cuaderno manuscrito suyo en su lengua natal: el francés. No entendía casi ninguna palabra, pero de todas maneras lo repasó con interés, maravillándose de la impecable caligrafía del sanador.

Así que, después de todo, era un mito: no todos los médicos tenían letra pésima.

—Y requiere de buen pulso.—Dijo ella, vagamente. Intentó mover el brazo derecho, pero no hubo respuesta, así que alzó la mirada en dirección a Laith.—Supongo que no se ha notado, pero he intentado mover el brazo derecho. Una forma de decir que lo del buen pulso y el trabajo manual no va a ser lo mío en una temporada...—No iba a negarlo: la manera en que había dicho aquello había sido poco menos que asqueada con la vida.

Pero el tema importante pronto salió a la superficie: preguntó por su novia, dejando de prestar atención a la lectura del cuaderno por un momento. Laith calmó sus nervios: Sam estaba bien, aunque cansada. Y si bien ya se imaginaba que no tendría en mente hacer ninguna locura, no podía más que alegrarse de tener una confirmación.

—Gracias.—Le dijo, para acto seguido quedarse pensativa unos instantes. Su mano izquierda se posó sobre su vientre, el cual bajo el camisón estaba envuelto en vendajes. Bajo éste, había una herida, un corte profundo y suturado que le dolía cada vez que se movía.—¿Sabes? Esta… persona que me atacó… es alguien de su pasado. Y tengo miedo de que se sienta culpable por ello. Y si la conozco todo lo bien que la conozco… ahora mismo se estará sintiendo muy culpable.

El odio de Gwendoline hacia la memoria de los Crowley no hacía más que aumentar. Aquellos tres, incluso muertos, seguían arreglándoselas para volver y hacer de sus vidas algo miserable. ¿Qué se suponía que tenían que hacer para librarse de ellos? Parecían una maldición de la que una no podía librarse, por mucho que lo intentase...
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Laith Gauthier el Lun Jun 17, 2019 3:19 am

Había tenido infinidad de encuentros con distintas ramas de la medicina, en especial durante años donde no quería saber otra cosa que no fuera trabajar y estudiar, por lo que era casi una norma que tuviese que haberse enfrentado a la cirugía nomaj en algún momento de su carrera, más temprano que tarde. Era sólo una pequeña parte que enriquecía ya no sólo su currículum, sino a él mismo como medimago.

A pesar de ello, y prefiriendo mantenerse humilde en lo que a conocimientos y habilidades se refería, sólo sonrió cuando ella mencionó que era necesario buen pulso, y que el pulso en ese momento no iba a ser precisamente su fuerte.

Es un asco, pero tenemos que esperar los mejores resultados —admitió, haciéndole saber que la acompañaba en el sentimiento de impotencia. — ¿Alguna vez has tenido interés en la cirugía como tal? ¿Sin magia? —se animó a preguntarle, ya que, pese a que no estaba en el papel, seguía siendo de alguna manera un superior y por tanto sentía la responsabilidad ética de querer saber cómo ayudar a crecer a los practicantes.

No podía decir que lo sorprendía que mencionara el tema de Samantha tan pronto, y eso mismo le sacó una sonrisa, diciéndole lo que había visto de la rubia para hacerle saber que no había, por lo menos durante ese momento, motivos para preocuparse. Seguramente su amiga tuviese malos pensamientos arriesgados conforme se prolongara la estancia de Gwendoline en el hospital, pero confiaba en que tenía un buen juicio y sentido de la autopreservación para mantenerse alejada y esperar pacientemente.

Por supuesto —respondió sin pensar ante su agradecimiento, pues probablemente lo hubiese hecho sin que ella se lo pidiera en lo absoluto. — ¿De verdad? —preguntó más tarde. No sabía detalles, y no estaba seguro de si los quería. — Es probable que lo haga, y sería normal —le dio su opinión, — pero… Ella entenderá que no estaba en sus manos evitarlo —o eso es lo que quería creer.

Pese a todo, eso se lo apuntó en un sitio visible dentro de sus pensamientos. Si bien no tendía a utilizar su teléfono móvil durante el trabajo, pensó que no lo mataría enviar un mensaje de vez en cuando para asegurarse que todo estuviese bien con Samantha, suponiendo que podría ayudarla a, cuando menos, tener la mente despejada. Las cosas que uno hacía por amor.

La mejor manera de corresponderle es siendo una buena paciente y mejorándote pronto, así estarán juntas más rápido —le recordó con una sonrisa traviesa. — Resiste a la tentación de huir del hospital —la motivó con un tono divertido. Fuera de bromas… la verdad es que lo veía altamente posible, porque ya había sido dicho un sinfín de veces que realmente los sanadores eran los peores pacientes, ¡había que ver lo tercos que llegaban a ser a veces con sus tratamientos!

Más que decirlo por Gwendoline, la verdad era que se veía de alguna manera reflejado en ella. Y él, en todo momento, intentaría escaparse de tratamientos médicos que no autorizaba él mismo, su autoproclamado médico de cabecera, lo que evidentemente no le caía muy en gracia al resto de los sanadores que trabajaban con él y, en ocasiones, tenían que intentar tratarle.

Sin embargo… una duda se clavó dentro de él, y la pensó durante unos segundos mientras su propia cabeza ordenaba las ideas. Tenía un espíritu catastrófico y pesimista, lo que lo hacía pensar en todo como una posibilidad negativa; y, bajo esa percepción, pensó que era más que lógico que alguien intentase dañarla a ella o a su amiga como repercusión de lo que había sucedido en el evento con la persona mencionada anteriormente.

¿Yo tendría que tener algo de lo que preocuparme? —preguntó directamente, — Me refiero a, ¿hay alguna razón para creer que esta persona o alguien cercana podría querer tomar venganza? —porque era completamente lógico y comprensible.

Es decir, bastaba con oír que era “alguien del pasado”. Algo así como esos vengadores rencorosos que persiguen a la otra persona toda su vida hasta que alguno de los dos cae, pero traído a la realidad, sin acción y, por supuesto, sin ningún tipo de entretenimiento para los espectadores… Bueno, quizá eso dependía del tipo de espectador, considerando quiénes estaban al poder.
Laith Gauthier
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Laith GauthierMedimago

Gwendoline Edevane el Miér Jun 19, 2019 8:01 pm

En el tiempo que llevaba mostrando un interés más activo por la medicina y la medimagia, Gwendoline había explorado—en su mayoría de manera muy teórica y muy por encima—aspectos y técnicas muy dispares. Pero, en concreto, jamás había mostrado un interés por la cirugía más allá de lo estrictamente necesario.

Es decir, era consciente de que la cirugía abarcaba muchísimos campos. Una persona sin demasiados conocimientos tendía a identificar a un cirujano como alguien que realiza intervenciones en un quirófano, pero no necesariamente se limitaba a eso. La cirugía también servía en casos de urgencia, como lo podía ser el liberar la presión de una zona del cuerpo afectada por un traumatismo, o simplemente abrir una herida para limpiarla. Podía parecer una tarea sencilla, pero ella estaba segura de que no lo era: un corte en el lugar equivocado podía terminar con el paciente desangrándose.

Una se sorprendía al descubrir lo fácil que era matar a alguien por accidente.

—Teniendo en cuenta lo limitado de mis conocimientos antes de matricularme en la carrera, me he interesado por muchas variantes de medicina convencional. Pero reconozco que no estoy demasiado familiarizada con la cirugía propiamente dicha, más allá de sus aplicaciones en primeros auxilios.—Gwendoline incluso había ‘aprendido’ a hacer traqueotomías… sobre el papel, pues por fortuna nunca había tenido que llevarlo a la práctica.—He descubierto que es mucho más útil en la vida de lo que la gente se piensa. Todos suelen localizar esa especialidad exclusivamente en los quirófanos, durante las operaciones, pero se equivocan.

Cuando tocó hablar de Sam, y teniendo en cuenta que Laith era la única persona presente con la que podía compartir sus inquietudes, Gwendoline no pudo evitar confesar el motivo de todo aquello: Zed Crowley. No lo nombró, por supuesto, pero sí mencionó a ‘alguien de su pasado’. Aquello debió dar a Laith una idea muy clara de la relación que existía entre ese alguien y Sam.

Laith se empeñó en calmarla, y ella no pudo más que aceptar sus palabras. No estaba de acuerdo, en cambio, con la última afirmación: Sam se iba a mortificar por no haber sido capaz de impedirlo.

Explicar aquello sería complicado, pues estaba segura de conocerla mejor que Laith, así que se limitó a asentir con la cabeza.

—No creo que pueda.—Dijo, clavando la mirada en su brazo inmovilizado.—Tengo la ligera sospecha de que me han hechizado este brazo para que no pueda levantarlo de la cama. ¿Sabes si existe algún tipo de ‘hechizo-ancla’? Porque si existe… está claro que me lo han puesto...—Protestó casi como una niña. Otro efecto de las pociones con que la habían atiborrado.

Con lo que respectaba a Zed Crowley… Gwendoline ya no sabía que pensar. Con toda sinceridad, hasta el día anterior, ella lo había creído muerto, y con él todas las posibilidades de que algo así sucediese. Pero allí estaban: ella ingresada en el hospital, peor de lo que había estado nunca, y Zed Crowley, esperaba, reducido a cenizas entre los escombros de la sala de calderas del Hotel Gran Necrópolis.

Las dudas de Laith eran razonables, desde luego. Sin embargo, Gwendoline podía decir sinceramente que…

—No lo sé.—Fue una respuesta bastante sincera, desde luego.—Depende de lo cuidadosos que estéis siendo. Con todo y con esas, yo también me creía a salvo de cosas así. Me creía lo bastante cuidadosa… y mírame.

Estuvo a punto de decir que Crowley había muerto, pero no quiso hacerlo: no habían visto su cadáver, y eso en las películas solía significar que el malo no estaba muerto. De acuerdo con que aquello no era una película, pero Zed Crowley había burlado a la muerte una vez. Así que no era descabellado pensar que lo hubiese hecho dos veces.

—De todas formas… ser cuidadosos es una buena idea, haya o no ‘alguien del pasado’ buscando venganza.—Sugirió Gwendoline, para luego preguntar, con curiosidad verdadera:—¿Estáis siendo cuidadosos?

Parecía una pregunta trampa, una acusación enmascarada como pregunta formulada por una novia celosa, pero no: Gwendoline preguntaba de verdad, pues lo menos que quería era que se vieran en problemas por la amistad que tenían.
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Laith Gauthier el Lun Jun 24, 2019 6:29 am

El sanador no era un experto, y mucho menos podía jactarse de conocer cien por ciento a Samantha considerando el relativo poco tiempo que llevaba de conocerla, pero era algo muy típico en el comportamiento humano. Culpabilizarse y pensar que se pudo haber hecho algo para evitar las cosas era algo que tendía a suceder, y que no consideró como una imposibilidad.

Sí, ese hechizo-ancla nos ha dado muchos problemas, por suerte ya estamos intentando crear un contrahechizo, tú no te preocupes —la tranquilizó como todo un profesional, aunque los dos sabían que realmente no iban por ahí los tiros. Más bien la culpa la tenían los sedantes que actuaban en esa zona para minimizar las molestias. — Tendrás tu brazo como nuevo luego de que encontremos esa solución —hizo un gesto con su mano para restarle importancia.

En medio de las bromas, Laith tenía una importante y comprensible preocupación para saber si tenía que tomar medidas extraordinarias para un caso que a los ojos de cualquier otra persona podría ser ordinario. Porque hay que ser honestos: se habían incrementado exponencialmente los heridos por enfrentamientos y duelos mágicos desde que se cazaba a una gran parte de los magos y brujas que o bien no pertenecían a sus “estándares”, o bien se oponían a esos mismos.

Por eso suspiró. — Creo que tú y yo sabemos que San Mungo no es precisamente cuidadoso en lo que respecta a la seguridad post-ataque —le dijo, — se abre un caso si se levanta una denuncia y ya está, poco más… aunque generalmente en las peleas no suelen haber denuncias precisamente —lo que hacía precisamente que ese tipo de conflictos no fueran un caso atípico, y por tanto no se tomaran medidas.

Respondió primero por un “todo” en general, pues entre ellos no había temor a hacer ese tipo de revelaciones en voz alta, aunque fueran un secreto a voces. Él, por otro lado, y su constante paranoia, vivían siendo cuidadosos, aunque no lo pareciera.

Yo estaré siendo cuidadoso, es lo que puedo asegurarte —porque, si bien él no tenía el tipo de autoridad para que todo el personal tuviese la misma precaución, era consciente de sus propios actos y autonomía.

Era, en parte, por bienestar propio y porque siempre metía las manos en los asuntos personales de sus amistades, porque no le daba para no hacerlo. Era demasiado empático y se preocupaba demasiado por la gente que quería, que intentaba hacerlo todo por evitarles sufrimiento, incluso si no estaba en sus manos o siquiera se le había sido pedido.

Cualquier cosa que esté en mis manos hacer por ti, me la puedes decir con toda confianza —aclaró, además, haciendo notar que no estaba hablando sólo de cuestiones médicas. Aunque ellos dos no fueran muy cercanos, ella era cercana a alguien que era cercano a él, y bien dicen que los amigos de los amigos también son amigos. O algo así.

En todo caso… Laith recibió un mensaje en su teléfono móvil, y le hizo una indicación con una sonrisa, pensando que sería Samantha quien le escribiría. En ese caso, podría ayudar a que las dos tórtolas se comunicaran. Pero el mensaje que recibió le borró la sonrisa, en cambio dando lugar a un gesto intermitente entre el disgusto y la pena. No habría querido demostrarlo, sin embargo, él era más transparente de lo que le gustaría.

Habiendo pensado en abandonar su turno un rato por la tarde para cumplir la promesa que había hecho esa mañana, ahora sus planes estaban frustrados mientras le avisaban que había sucedido un “incidente” y que sería mejor que Kelsey estuviese tranquila y sin disturbios hasta el día siguiente. Por supuesto, preocupaba enormemente al sanador, quien resolvió simplemente aceptarlo por no querer presionar de más. Le era difícil saber cuándo tenía que dejar de presionar, y creyó que ese era el momento.

Lo siento —le sonrió a Gwendoline, intentando renovar su ánimo. — Pensé que era Samantha… ¿Quieres enviarle un audio? Quizá la alegre —le preguntó, apartando finalmente la mirada de la pantalla para ver a la mujer en la camilla.
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Gwendoline Edevane el Vie Jun 28, 2019 12:53 am

En los últimos tiempos, Gwendoline había escuchado todo tipo de historias referentes al hospital San Mungo, muchas de las cuales no dejaban a la institución en buenas manos: la más terrible, sin duda, hablaba de matasanos cuya única función era remendar lo que los cazarrecompensas hacían a los fugitivos, dejándolos lo bastante sanos como para comparecer ante sus juicios, los cuales solo tenían dos formas de terminar.

O bien eran ejecutados, o bien encerrados.

No quería pensar que Laith, quizás, hubiera tenido que verse en aquella situación alguna vez. Por cómo hablaba de ello, la morena interpretó que sí, que en más de una ocasión había tenido que salvar una vida únicamente para que el Ministerio dispusiera de ella a su antojo. ¿Al menos escucharían sus recomendaciones en materia de salud, o decidirían ellos cuando un paciente estaba lo suficientemente bien como para ser enviado al matadero?

Se quedó pensativa, su rostro un claro indicativo de cómo estaba procesando la idea. No era para eso para lo que había decidido estudiar esa carrera.

—De todas formas, espero que no haya necesidad de ser más cuidadosos… Siempre es bueno, pero… espero que lo peor ya haya pasado.—Lo peor no había pasado, ni mucho menos… pero de esperanzas también se vivía.

Con todo aquel material de lectura a su disposición, Gwendoline creía que Laith le había ayudado ya lo suficiente. No creía que pudiera pedir más—habiendo descartado ya el plan de fuga, claro—, por lo que en lugar de pedir nada más, señaló con su mano buena todo lo que tenía a su alcance: libros y cuadernos propiedad del sanador.

—Creo que ya has hecho suficiente por mí. Tengo material para unas cuantas horas.—Le dedicó una leve sonrisa, todo lo alegre que podía mostrarse en su actual situación, para entonces reparar en algo importante.—Aunque, si puedo pedirte un vaso de agua… No sé si puedo beber agua, pero tengo sed.—Creía que la herida del vientre no era lo bastante profunda como para haber necesitado sutura interna o algo por el estilo, pero nunca se sabía: había muchos motivos para no dejar beber a un paciente ingresado.

Cuando Laith prestó atención a su teléfono móvil, Gwendoline adoptó esa actitud de aquel que quiere ofrecer privacidad, pero que no puede abandonar la habitación: concentró su atención en el cuaderno de Laith, aún a pesar de que no fuera capaz de leer el francés como era debido.

Sin embargo, no pudo evitar echar un par de vistazos de reojo al sanador, y cuando lo hizo, se lo encontró un tanto pensativo, casi contrariado por algo. Ella frunció el ceño, extrañada, y por un momento se olvidó de sus propios problemas: fuera lo que fuera lo que había visto en su teléfono móvil, debía ser grave.

Laith quiso disimular, pero Gwendoline ya le había visto. Y a pesar de la mención a Sam, la morena se interesó por él.

—¿Va todo bien?—Respondió con otra pregunta, ignorando la oferta del sanador. Ya se acordaría más tarde de ella.—Se te ha puesto, como dice ella, cara de patata mustia por un momento...

La sinceridad tan brutal e indiscreta de la que hacía gala era un efecto secundario de la medicación. En otras circunstancias no habría formulado esa afirmación tan abiertamente, y habría optado por un acercamiento menos brusco. Quizás se arrepintiera un poco de sus actos una vez se sintiera ella misma, pero en aquel momento no.

En aquel momento, quería saber qué rondaba la cabeza de Laith.
Gwendoline Edevane
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Laith Gauthier el Miér Jul 03, 2019 4:25 am

No se sintió muy confiado con sus palabras, aunque pretendieran ser una calma. Prefería pasarse un poco de paranoico a que eso faltase y algo lo tomara desprevenido, así que se limitó simplemente a dedicarle una sonrisa, reservándose para sí mismo los pensamientos acerca de ello. Lo que tenía para hacer, como su propósito personal, era que Gwendoline estuviese cómoda y Samantha estuviera tranquila y a salvo.

No veo por qué no —pensó cuando le pidió un vaso con agua, tomando el vaso vacío que había sobre una mesita de noche y utilizando su varita para llenarlo con agua en un hechizo silencioso, entregándoselo. Todo estaba controlado, así que no debiese haber complicaciones a esas alturas por un vaso con agua.

El mensaje que recibió con entusiasmo, pensando que era otro de Samantha, le dejó el humor por el suelo brevemente. Quiso recomponerse rápidamente, ya tendría tiempo de llamar o quejarse al respecto, pero un paciente no tenía por qué enterarse de sus inconvenientes personales. Gwendoline, aún drogada con los narcóticos y todo, no pasó desapercibido el golpe al hígado que le habían dado con su mensaje.

Iba a decir que no pasaba nada, pero se le adelantó la mujer con una frase típica de su novia que le hizo sonreír a medio lado.

Se supone que iba a ver a alguien hoy —le dijo, y en un principio parecía que iba a hablar de un interés romántico. — Kelsey, mi niña… No es mía realmente, pero me di a la labor de que lo fuera hasta que encuentre una familia adoptiva —admitió con un suspiro. — No lo ha pasado bien en su última casa de acogida y eso le está dando muchos problemas, es demasiado para ella.

Samantha lo había ayudado con ese caso, aunque contaba con que no le hubiese dicho nada a Gwendoline porque era algo demasiado delicado y que él hubiese preferido guardarse en su momento, así que imaginaba que no tendría idea de lo que le hablaba.

Fui su psicólogo hace unos meses, tenía problemas sociales, emocionales y hasta académicos… Sólo para descubrir que la maltrataban donde se suponía que tenían que cuidarla —fue inconsciente, pero su voz se había contagiado por un instante de frustración y molestia. Tenía razones de sobra. — Está en tratamiento con otro profesional porque me involucré demasiado, y no parece haber muchas mejoras, así que me siento un poco inútil, la verdad —se sonrió, casi burlándose de sí mismo.

No importaba lo mucho que Samantha le recordase que tenía que delegar y dejar de intentar abarcarlo todo, él seguía sintiéndose inútil cuando pensaba que podría tener otro acercamiento y no era el mismo que la persona encargada seguía.

Tampoco estaba seguro de que Gwendoline fuera la persona más adecuada para escucharlo, pero era la que estaba disponible en el momento en que necesitó desahogarse un poco. Con toda seguridad, era algo que le iba a dar vueltas en su cabeza hasta que consiguiese comunicarse otra vez con la pequeña. Esperaba que fuese pronto, o que al menos tuviera más información de las personas que estaban a su cargo.

Creo que lo pienso demasiado, pero no puedo dejar de pensarlo —era algo que, aunque uno sabía, no podía evitarlo. Más o menos como decirle a la persona con depresión que deje de estar triste y sea feliz; decirlo era un millón de veces más fácil que hacerlo.
Laith Gauthier
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Gwendoline Edevane el Vie Jul 05, 2019 2:23 pm

Agradecida, Gwendoline intentó tomar el vaso que Laith le ofrecía con la mano derecha—fracaso total—y, tras pensarlo un par de segundos, optó por utilizar la mano izquierda. Se llevó el vaso a los labios con extremo cuidado, pues no tenía intención de darse un baño de agua fría en aquellos momentos, y bebió un largo trago. ¡Nunca le había sentado también un simple trago de agua! Casi se sintió revivir por un momento.

Cuando terminó, dejó el vaso sobre la mesita de noche—no sin cierto esfuerzo, pues estaba al lado derecho de la cama—y se secó los restos de agua de los labios con el dorso de la mano.

—Tienes mi eterna gratitud. ¿Seguro que no quieres decirme cuál es tu comida favorita? Te has ganado el derecho a que te invite a lo que más te gusta.—Insistió, medio en serio, medio en broma. ¿Era posible que un simple vaso de agua le hubiera mejorado tanto el ánimo? Por lo visto, sí.

Pero el ánimo de Laith no mejoró, sino que empeoró en el momento en que recibió un mensaje en su móvil que debía contener alguna noticia que no era de su agrado. Y Gwendoline, que podía estar drogada pero seguía siendo muy observadora, no pasó por alto su reacción. Tampoco tuvo pelos en la lengua a la hora de señalarla, cosa que no le habría sucedido de estar totalmente libre de sustancias mágicas calmantes.

El sanador compartió entonces con ella una historia curiosa: era, por lo visto, el padre de acogida, o algo así, de una niña que presentaba una serie de problemas que, a juzgar por la expresión del mago al relatarlos, debían suponer un serio problema para ella.

La bruja mantuvo su atención en todo momento, sin pestañear, la mirada fija en su interlocutor. Había escuchado decir a Sam que Laith trabajaba en casos relacionados con la mente humana, pero desde luego que no conocía aquella historia. Y sin muchos más datos, tampoco es que se le ocurriera mucho que decir.

Salvo lo más típico, claro.

—Suena… complicado.—Por decirlo de una manera suave: aquello sonaba unos cuantos niveles por encima de ‘complicado’.—Debo decir que no me esperaba en lo más mínimo que fueras padre… o algo parecido.—Le dijo con una leve sonrisa, intentando relajar un poco el ambiente. La imagen global que tenía del joven no encajaba mucho con la de un padre, pero a veces las apariencias engañaban.—Coincido contigo en que pensar demasiado es algo malo, y en que decir que no se debe hacer es mucho más sencillo que hacerlo...

Ahí dónde la veía, Gwendoline era de esas personas que pensaban demasiado las cosas. Una de esas personas que, si se dejaba llevar por sus pensamientos, podía llegar a quedarse paralizada sin saber qué hacer. Y si bien su forma de ser la había ayudado a tomar buenas decisiones en su vida, los momentos en que había sido más impulsiva tampoco la habían llevado por un mal camino.

De hecho, la impulsividad había sido lo que le había salvado la vida la noche anterior. Eso y un bote de desodorante en aerosol.

—¿Te gustaría hablar de ella?—Ofreció la morena. ¿Qué otra cosa podía hacer, después de la amabilidad de Laith?—¿De su caso y eso? Siempre y cuando no sea algo confidencial, claro...

Gwendoline ignoraba que Sam y Laith habían estado tratando de ayudar a aquella niña. Su novia había guardado el secreto del sanador a la perfección. También ignoraba que durante la conversación previa, su propio nombre había salido a relucir como una de las posibilidades a la hora de ayudar a la pequeña a hacer frente a sus demonios.
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Laith Gauthier el Mar Jul 09, 2019 11:34 pm

Sonrió cuando ella se sintió tan bien después de un vaso con agua, hasta el punto de ofrecerle su eterna gratitud y que le invitase a su comida favorita, aunque en ese momento no estaba pensando con el estómago, por lo que decidió tomarlo como una broma agradable y sólo dedicarle su mejor sonrisa, haciéndole ver que no tenía que preocuparse. No al menos en ese preciso momento, ya luego le exigiría un pago, ¿eh?

Una vez que recibió el mensaje referido a Kelsey, fue como si le robaran la energía vital del cuerpo, y se sintió honestamente desganado. No pudo ocultarlo tan bien como quiso, ya que Gwendoline lo había notado y le preguntó al respecto; ni siquiera le quedó ganas de querer mentirle y fingir que todo estaba bien, permitiéndose quejarse un poco de lo sucedido.

Sonrió a medio lado cuando le dijo que no esperaba que fuera un padre, encogiéndose de hombros. — Más bien es como si fuera su padrino —le corrigió, — aunque qué puedo decir, creo que siempre he tenido corazón de padre —porque eso explicaba fácilmente por qué los niños tenían ese espacio tan sensible en su interior, y las ganas de cuidarles y jugar con ellos, sin mencionar la facilidad con los pequeños que tenía.

A diferencia de Gwendoline, él era un hombre de acción que pensaba sobre la marcha. Que hacía, aunque luego tuviera que replantearse un plan a seguir. Por eso es que tener tanto tiempo para pensar y poco que hacer lo estaba volviendo loco cada día. Era impulsivo y se guiaba por sus presentimientos, aunque también supiera ser sereno y pensar dos veces antes de actuar, lo hacía en mucho menor medida.

Bueno, ella… es adorable, en realidad, y no lo digo porque la vea con ojos de cariño —se sonrió divertido, mirando sus manos que se entrelazaban. — Pero ha sufrido mucho, lo que le ha dado serios problemas de socialización, es muy desconfiada y tiene miedo en general del contacto humano, ganarse su confianza fue toda una odisea para mí —recordó con pesar. Y no pudo evitar culparse, pensando en que pudo hacer las cosas bien desde antes y ahorrarle dolor.

En el pasado, como era lógico pensarlo, entre la confidencialidad y que era su paciente todo era un poco más secreto, y por tanto Laith se sentía menos cómodo hablando de ello con otras personas. Ahora, si bien no quería divulgar a tontas y a locas información de la pequeña, había pasado a ser un problema donde se involucraba su propia vida personal, y la línea entre caso y persona se hacía menos perceptible.

Por decir lo poco… estos monstruos la lastimaban y, aunque se hizo el proceso legal tal cual tenía que ser… No por ello es que Kelsey va a dejar de sentirse con tanto miedo hacia los demás, en su cabeza no entiende que ahora está a salvo, y yo es que la entiendo, pero me jode que tenga que ser así —porque no estaba enfadado con ella por no poder olvidar de un día para otro, sino con el hecho de que haya tenido que pasar eso y por su causa ahora tuviese que vivir con el trauma. — No está lista todavía para volver al sistema de adopción, y honestamente dudo que ocurra pronto…

Faltaban numerosos estudios, citas terapéuticas, y mucho trabajo emocional para que eso sucediera. Y una vez ahí, Laith sería quien personalmente entrevistase uno a uno a cada familia que quisiera adoptarla. Pero era un camino sinuoso y largo todavía, mucho más de lo que sintiera que podía soportar.

He pensado a veces aprender a borrar recuerdos para quitarle eso de la cabeza —admitió con una sonrisa resignada y un suspiro cansado. No estaba tirando indirectas, sólo confesaba ese pensamiento que tenía pinta de resultar de mal gusto, pero que él creía que podría ser de ayuda. — Como ella no tiene magia es… complicado, pero pondría las manos al fuego por ella —le dirigió una mirada sutil, como si le preocupara que ella supiera que atendía a gente sin magia.

Su preocupación no era para con Gwendoline, sino con cualquier otro que pudiera oírlo y lo perjudicara.
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Gwendoline Edevane el Sáb Jul 13, 2019 9:58 pm

Desde el momento en que Laith comenzó a relatarle la historia de esa niña llena de problemas psicológicos y emocionales, Gwendoline pareció despertar del letargo en que se sentía sumida desde la noche anterior: la realidad volvía a abrirse paso a través de esa ilusión de bienestar creada por los remedios mágicos que le habían administrado. Fue como si su cerebro despertara, y permaneció tan atenta a las palabras del sanador que apenas pestañeó.

Incluso dejó de prestar atención al cuaderno del joven, cerrándolo y marcando la página con su dedo índice.

La historia de aquella muchacha era el retrato del sufrimiento, lo cual había dejado una profunda huella en ella. Gwendoline no era una experta en psicología ni en niños, pero sí había leído más de una vez esa máxima sobre la raza humana: lo que sucede en nuestra infancia es lo deja una huella más profunda en nuestra psique.

Laith no entró en detalles con respecto a lo que había sufrido, pero teniendo en cuenta cómo solían ser aquellas historias, Gwen se formó varias posibilidades mentales: malos tratos, pérdidas importantes, abusos de otro tipo… Estaba casi segura de que la respuesta sería o bien la primera opción, o bien la segunda. Con cierta inquietud, se mordió el labio inferior, tratando de imaginarse lo que sería pasar por algo así.

Los traumas no eran algo extraño para ella: no tenía más que pensar en el incidente de la noche anterior, en Zed Crowley y en su difunto hermano Vladimir, o en el propio Sebastian, para dar con una historia repleta de traumas psicológicos y físicos, personificados en la forma de su novia. Ella, que había padecido aquellas penurias de adulta, todavía arrastraba secuelas de aquello.

¿Cómo sería para aquella muchacha?

Cuando avanzó un poco más la explicación de Laith, efectivamente, hizo mención a monstruos que dañaban a la muchacha. El motivo de sus traumas quedó claro, y por desgracia no la sorprendió: aquello era demasiado común en la sociedad actual, y por mucho que lo que sucedía en el mundo mágico actualmente opacara los pecados de la sociedad no mágica, allí estaban, bien escondidos bajo una fachada de aparente normalidad.

Sintió asco, pero trató de no visualizar nada. En su lugar, se centró en el resto del relato de Laith.

Entonces, el sanador mencionó algo que hizo saltar una chispa en el cerebro de su paciente: borrar recuerdos para acabar con un trauma. Enseguida frunció los labios con desagrado, recordando casos en los que un uso indebido e irresponsable de aquel tipo de magia había conducido a resultados catastróficos. Una mente era un lugar complejo, muy frágil además, y si no se tenía cuidado…

Bueno, si no se tenía cuidado, se podía destruir ese lugar complejo y frágil.

—Eliminar recuerdos por la vía mágica de un cerebro no mágico no difiere demasiado de hacerlo en un cerebro mágico.—Le dijo con toda sinceridad, adoptando un tono casi académico, serio. No parecía estar bajo los efectos de medicación alguna. Incluso hizo un esfuerzo para incorporarse sobre la cama hasta quedar sentada.—Hipotéticamente hablando, eliminar recuerdos traumáticos podría incidir en una mejora de su condición, sí.—Concedió, asintiendo con la cabeza.—El problema es que los traumas dejan su huella a un nivel mucho más subconsciente, y si bien están relacionados con los recuerdos, el eliminarlos en muchos casos no elimina las sensaciones que dichos recuerdos traen consigo.

Sonaba negativa, y no tenía intención alguna de desalentar a Laith. Sabía que él quería lo mejor para esa niña, y por eso había pensado en recurrir a métodos tan drásticos. Le entendía. Sin embargo, tampoco quería mentirle: haría un mejor trabajo con ella si tenía sobre la mesa todas las opciones.

—Digamos que lo intentas, y que consigues borrar esos recuerdos. Es altamente probable que notes una mejoría en ella, precisamente por eso: las sensaciones ancladas en nuestro subconsciente se relacionan con nuestros recuerdos. Sin embargo, el día menos pensado, algún estímulo externo podría traer de vuelta dichas sensaciones, sin que ella comprenda de dónde vienen. Igualmente, le afectarán.—La idea no era mala, y de hecho, en medicina solía utilizarse. No sabía si seguía vigente actualmente, pero la terapia electroconvulsiva, utilizada para eliminar recuerdos del cerebro, había probado dar buenos resultados. Desmemorizar era infinitamente menos invasivo, y mucho más selectivo.—Creo que la terapia seguiría siendo necesaria para ayudarla a adaptarse a su nueva situación, de todas formas. Pero tendrías que ser extremadamente cuidadoso borrando sus recuerdos. Ser muy selectivo y saber qué debes borrar. Y en caso de que quisieras sustituir unos por otros, lo cual no recomiendo, tendrías que ser incluso más cuidadoso, y coherente.

Modificar memorias… era una arte. Era casi como crear un mundo nuevo a base de otro ya existente, y como tal, debía ser coherente. La falta de coherencia dentro de una mente humana era tan peligroso como un gran terremoto podía serlo para una ciudad. Una incoherencia llevaba a otra, e inevitablemente la mente humana terminaba cuestionándose prácticamente todo.

¿El resultado? Locura, generalmente. Desapego de la realidad… y a veces, cosas peores.
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Laith Gauthier el Miér Jul 17, 2019 8:13 am

Para Laith, toda aquella situación era una locura. Quizá lo que más le jodía es que no era una muchacha de trece o quince años que podía entender lo que había ocurrido, que no es que lo hiciera menos horrible, pero era sólo una niña de siete años que era incapaz de comprender y procesar maduramente todo lo que le había sucedido. Era algo con lo que el propio sanador no estaba consiguiendo vivir, por mucho que se esforzara en pensar que podría ayudar. No podía ayudar, ni él ni nadie.

Por eso, confesándose desesperado, mencionó aquella práctica. Cuando la decías ante un mago, todo de pronto adquiría una mayor seriedad, porque era posible. No agradable, no ético, pero posible. Él, que se había enfocado particularmente a estudiar los cerebros y mentes humanas, entendía que lo que estaba diciendo era una irresponsabilidad. Había cosas que hacían la moralidad una línea fina casi incapaz de mostrarse.

Lo sé —admitió con una sonrisa bañada en resignación. — He trabajado con cabezas, no borrando cosas, pero… Sé que es una tontería lo que estoy diciendo, y puede que pienses que soy imprudente… —aunque ella lo estaba tratando académicamente, y que sus especializaciones hacían que Gwendoline supiera mucho más que él en ese aspecto, tampoco era un camino que desconociera.

Lo que no esperaba es que ella no lo desalentara. Que, en cambio, le plantease una situación donde sí que funcionaba lo que estaba diciendo. Es decir, era obvio que Gwendoline debía saber cómo modificar una mente, siendo desmemorizadora de profesión, sin embargo… no pensó que fuera a decirle a él, que era reacio a tocar las mentes ajenas a menos que fuera necesario y consensual, cómo hacer una correcta modificación de los recuerdos de una persona.

Fue en ese momento en que Laith adoptó otra postura. Se habría contentado con quejarse de la vida y que lo llamasen insensato, porque sólo quería desahogarse. No obstante, el mero hecho de tener una posibilidad de hacer realidad lo que él pensaba que era lo más adecuado… era una opción que cuando menos quería intentar aprovechar.

Es la mente de una niña de siete años —le dijo, — ni siquiera ha madurado biológicamente por completo —puso un punto sobre una “i” imaginaria. — Este… trauma, la ha hecho desvincularse emocionalmente con el mundo que le rodea, vive con miedo, y es una cabeza que ni siquiera entiende del todo lo que ha pasado, y tú me dirás que hay niños de siete años capaces de entenderlo todo —pero levantó un índice, para hacer una aclaración. — Y yo como profesional te diría que sé que ella no lo está asimilando saludablemente porque ni siquiera ha empezado a asimilarlo. Su cabeza se desapegó tanto del mundo que era capaz de ver en la cara de su maltratador algo completamente distinto, otro rostro que no era de él —¿cómo lo sabía? ¡Fácil! Samantha se lo había dicho después de entrar en sus pensamientos.

Eso no era, sin embargo, lo que quería decir. No era contundente, pero la dejó asimilar lo que le había dicho antes de hacerle la verdadera pregunta, entrelazando sus dedos con los codos sobre las rodillas, encorvado sobre su propio cuerpo.

De ser así, los dos sabemos que sería difícil diseccionar sus recuerdos porque han “contagiado” otros que no tendrían nada que ver, en principio, ¿qué se haría en una situación así? —hizo la pregunta que realmente quería que le contestaran, antes de que comentara algo sobre los datos que él tenía más que claros.

Obviamente, Laith no lo preguntaba para ir corriendo a hacerlo. Eran cartas que no tenía en su juego y que necesitaba si quería tomar una decisión tan drástica, aunque por lo pronto estaba resignado a pensar que tendría que dejar a la terapia y psiquiatría actuar por su cuenta. No era la idea que más le gustaba, siendo honestos, pero sí sabía que era la más inteligente para hacer.

Desde el mero hecho de manipular la mente y con todo el riesgo a que saliese mal… sólo necesitaba dos dedos de frente para preguntarse cómo es que explicaría eso a un grupo de profesionales nomaj que no tenía ni idea de que la magia existía y que eso era posible. Más bien atribuirían el estado de la pequeña como una herramienta de protección del subconsciente mismo con el inminente peligro a tener una regresión. Laith tenía que pensar como nomaj cuando trabajaba con nomaj, porque explicar el sentido mágico era como explicarle teoría del color a un ciego de nacimiento.
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Gwendoline Edevane el Vie Jul 19, 2019 2:02 am

Desde que había decidido estudiar medimagia, Gwendoline se había hecho muchas veces una pregunta que podía parecer estúpida, pero era muy importante: si estuviera en sus manos salvar la vida de un muggle empleando métodos mágicos, ¿debía hacerlo o debía dejar que los muggles atendieran sus propios asuntos?

Claro estaba que, corriendo los tiempos que corrían, introducir a un muggle al mundo de la magia era una complicación que no querría tener en su vida, y posiblemente podría tacharse de inconsciencia pura y dura. Sin embargo, si ese mismo muggle sufría una hemorragia después de un accidente de tráfico, y estaba claro que la ambulancia no tendría tiempo de llegar antes de que se desangrase, ¿opinaría igual ese muggle? ¿Preferiría morir antes que complicarse la existencia?

Gwendoline tenía clara la respuesta.

El caso que Laith le estaba contando encajaba perfectamente en la idea que tenía ella de ‘complicación mágica’, y sin embargo, aquella muchacha tenía un desbarajuste tan grande en su cabeza que muy posiblemente pocos especialistas llegarían a comprender. ¿Preferiría seguir viviendo toda su vida en esas condiciones, o por el contrario aceptaría la complicación que suponía vivir, sana, en un mundo en el que existiera la magia?

No planteó estas dudas en voz alta, pues con toda seguridad Laith se sentiría inclinado a cuestionarse su plan. El sanador tenía buenas intenciones, y podía verse en sus ojos que su preocupación era real. Si no lo fuera, seguramente no estaría tan dispuesto a saltarse las reglas para ayudar a la muchacha.

—En ese caso...—Comenzó a decir Gwendoline, pensativa, valorando todos los datos de que disponía y los posibles resultados si algo salía mal.—...la opción que cualquiera pondría sobre la mesa sería… borrar la pizarra por completo.—Sonaba drástico, pero si una lo pensaba… ¿qué podía haber rescatable en su memoria si en lo poco que había vivido casi todo había sido malo?—No soy fan de esa opción.—Aclaró.

Meditó unos segundos más, repasando las palabras que Laith le había dicho. Su cerebro, ocupado en lo que mejor se le daba, parecía más despierto que en todo el tiempo que llevaba postrada en aquella cama.

—Dices que esos recuerdos han contagiado a los recuerdos sanos y distorsionado su forma de ver el mundo. Pero dicho ‘contagio’ se ha iniciado en un recuerdo concreto, así que...—Seguía pensativa, y casi parecía que hablaba para sí misma más que para Laith; de repente, lo miró y fue como si se diese cuenta por primera vez de que estaba ahí.—Hipotéticamente hablando, si el problema es que no está viendo lo que es real en base a un recuerdo que su mente ha alterado y que a consecuencia de ello ha alterado muchos otros, se podría localizar ese, llamémoslo, ‘recuerdo raíz’, el momento en que todo se rompió para ella… y tratar de hacerlo real.—Y sí, tal y cómo seguramente estaba imaginándose Laith, siendo tan inteligente como era, eso significaría enfrentar a la niña de nuevo a su trauma.—No sería bonito, y nadie nos garantizaría que no volviera a protegerse en un mundo ficticio, pero… lo que podría suceder es lo mismo que sucedió en primer lugar: que este recuerdo, esta realidad, ‘contagie’ al resto y asimile lo que le ocurrió.

El gran problema de todo aquello radicaba en que… Gwendoline no era psicóloga, psiquiatra, ni ningún tipo de especialista en la mente humana. Sabía cómo funcionaba gracias a su formación a tal efecto, pero también había aprendido a no subestimarla: la mente humana era imprevisible, y mil y un factores podían ponerse en su contra si intentaban aquello.

—Esta opción es más invasiva, delicada y peligrosa, y requeriría la ayuda de alguien capaz de sumergirse en sus recuerdos.—Enseguida pensó en Sam, y de repente, le surgió una pregunta que debería haberse hecho antes:—¿Has sacado todo esto que sabes simplemente de evaluaciones psiquiátricas? Si es así, debo decirte que es impresionante.

Ni idea tenía ella de que Sam y Laith habían trabajado juntos en aquel asunto.
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Laith Gauthier el Lun Jul 22, 2019 9:31 am

En una situación normal, Laith no tendría que hacerse esas preguntas. Había hecho un juramento que debía cumplir, el de preservar la salud y la vida de una persona por encima de todos los costos, pero una vez que se acercaba el terreno mental, la línea era más difícil de ver. ¿Qué pasaba si lo que peligraba no era la vida, sino la calidad de vida en sí misma? ¿Valía la pena ya no sólo meterse en problemas, sino quebrantar la ley?

No tuvo tiempo de contestarse, o no tuvo ganas de hacerlo. Borrar la pizarra por completo. Era una idea drástica y por la que Laith no se decantaría, seguramente bajo ninguna situación. Era una niña pequeña con recuerdos predominantemente desagradables, era claro, una huérfana obligada a vivir en casas de adopción por el mero hecho de no nacer en una familia, pero… incluso con eso, la historia de uno mismo era valiosa.

Esa idea, sin embargo, no lo escandalizó tanto como la que le propuso a continuación. Hacer real la raíz del trauma, siendo que eso era precisamente lo que el sanador querría evitar. Que dejara de tener ese recuerdo en su cabeza para comenzar a mejorar. No interrumpió, sin embargo, sino que la dejó terminar por si algo derivaba a otra solución más práctica.

Bajó la mirada cuando preguntó si todo lo sabía por su cuenta. — No, recibí algo de ayuda extra —pero no dijo de quién, porque no sabía si Samantha estaría de acuerdo con eso. — No puedo, no voy a hacer que enfrente este problema como “real”, no me perdonaría obligarla a revivirlo —estaba desesperado por opciones, eso se notaba, mas tampoco lo estaba tanto. — A esta niña la violaron —le dijo, con todas las letras de la palabra, que era delicada y capaz de desgarrar el corazón. — Hubo abuso físico y mental, es claro que su agresor era una figura “de poder” y ella… se refugió porque no sabía de qué otra manera entenderlo, eso lo puedo comprender, pero, ¿por qué tiene que ser así?

Como profesional era capaz de comprender cómo y por qué su mente había reaccionado de tal o cual modo. Como persona, encontraba indigerible el pensamiento de que algo así influyese en su vida desde tan corta edad. Como hombre, sólo Laith sabía cuánto tuvo que contenerse para no perder los papeles cuando se enteró.

No soy capaz de apostar tanto, no es un juego seguro —le dijo. Si le dijera que podían borrar esos recuerdos tras “limpiarlos”, otra cosa sería, pero no era así. Era un “quizá” donde había una posibilidad horrible. — Cuando… empecé a sospecharlo, tenía muchas cuestiones en contra, políticas, legales y morales, pero tuve que dar un salto de fe porque sabía que era lo mejor… Si no era lo que yo ya esperaba, entonces me ayudaría a obtener una solución —dijo, sin venir a cuento, aparentemente. — Así que pedí a alguien que revisara en sus recuerdos… Aquí me siento a ciegas, y no soy capaz de jugar esta ruleta rusa.

Era algo malo que estaba disfrazado de bueno, por lo menos bajo la percepción de Laith. Lo bueno era una pequeña probabilidad de… ¿qué? ¿Eliminar el contagio a otros recuerdos y conseguir borrar el recuerdo raíz sin daño? ¿O simplemente ayudarla a entender? Un precio demasiado alto para algo que tenía un millón de incógnitas. El costo podía ser volver al punto de partida o incluso retroceder en el mismo.

Es un trauma y debe tratarse como tal, en un sentido práctico, pero siendo sinceros… un trauma así de grande es… difícil, porque mucha gente está asustada de sanar porque su identidad completa se ha desarrollado alrededor del trauma que han experimentado… No tienen ni la menor idea de quiénes son fuera del trauma, y lo desconocido es aterrador —en especial para alguien tan pequeño. El pronóstico a largo plazo era regular, casi bueno, pero eso sólo significaba rezagarse en otras materias básicas de la infancia. Por eso un "empujón mágico" no sonaba como una locura.
Laith Gauthier
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Gwendoline Edevane el Lun Jul 22, 2019 11:42 pm

Toda aquella conversación había conseguido algo casi milagroso en la condición de Gwendoline: había dejado de pensar en lo sucedido la noche anterior. Si bien hasta entonces las pociones habían ayudado un poco a olvidar todo eso, el tema había seguido presente, como una especie de zumbido de fondo que escuchaba en todo momento, aunque a veces no fuera consciente de ello.

Algo le decía que así sería durante una larga temporada, pero no entonces.

Entonces, su mente había despertado, había recuperado gran parte de su agilidad perdida, y es por eso que no se le pasaban por alto los detalles. Detalles como que Laith había recibido ayuda… y que no le había revelado el nombre de dicha ayuda.

Ahora bien, ¿a quién conocía Gwendoline capaz de hacer, precisamente, todo eso? No tenía que mirar muy lejos, y si bien la morena no era aficionada a emitir juicios prematuros, por el momento la opción más sencilla le parecía la más plausible. No obstante, se guardó sus preguntas y sospechas para sí misma, pues en aquel momento el tema era secundario.

La niña. Ese era el tema importante.

Borrar la pizarra era la opción más fácil, pero que al mismo tiempo no ofrecía garantías; y convertir el trauma en algo real, sin máscaras de ningún tipo, era una opción horrible se mirara por donde se mirara. Y ese era el auténtico dilema: todo aquello podía tacharse de horrible, de malo, de poco ético… Estaban hablando de modificar o borrar recuerdos de una niña cuya mente era su mayor enemigo. Ninguna conclusión sería bonita.

Laith confirmó sus sospechas: una violación por una figura de autoridad. Desgraciadamente, no era algo nuevo en el mundo en que vivían, muggle o mágico. La gente perversa utilizaba cualquier arma a su disposición con tal de hacer daño a quienes les apetecía.

—El problema, tal y cómo me lo cuentas, es que realmente esa niña ha vivido muy poco en el mundo real a causa de su trauma.—Suspiró, apartando la mirada y buscando algo en lo que fijarla, encontrando únicamente la flor del jarrón en la mesita auxiliar. Se llevó los dedos de su mano sana a los labios, su rostro una máscara meditabunda.—Voy a serte totalmente sincera: nada de lo que se haga con respecto a este tema será bonito, ni ético, ni nada parecido.—Dejó un par de segundos de reflexión a Laith antes de continuar.—Y sé que he dicho que la opción de borrar la pizarra no me gusta, pero… en casos así, muchas veces ha probado ser la única opción. También cabe señalar que hablo desde el desconocimiento y en base a lo que me has contado, así que puedo estar equivocada.—Reconoció, y en esta ocasión guardó silencio, pero porque se quedó totalmente pensativa.

¿Qué hacer en un caso así? La realidad era peligrosa. El empezar de cero era drástico. Que viviera en su propio mundo durante la mayor parte de su vida era penoso. Y modificando recuerdos… Bueno, modificando recuerdos podían tener entre manos a un nuevo Henry Kerr, y dudaba que Laith quisiera eso.

—Hay alternativas menos invasivas.—Dijo, y mientras hablaba, pensaba sobre la marcha cómo explicarse correctamente.—¿Estamos de acuerdo con que hay algunos recuerdos que deberían ser eliminados?—Preguntó, refiriéndose al trauma, principalmente.—Supongo que sí.—Dijo, sin esperar respuesta, y prosiguió.—Su vida ha tenido que ser horrible, estoy segura, pero seguro que ha habido momentos menos horribles que otros. Y es por eso que se me ha ocurrido una especie de término medio entre ambas opciones. Puede sonar como una completa locura, pero… he tenido que hacer cosas parecidas durante el desempeño de mi trabajo.

Gwendoline suspiró una vez más, inclinándose un poco hacia delante, y volvió a fijar su mirada en Laith. Sus ojos volvían a estar muy despiertos, centrados, y cualquiera diría que no parecía una paciente ingresada en un hospital mágico.

—Cuando un muggle presencia un evento mágico, tenemos dos maneras de proceder: o bien lo borramos por completo, dejando una laguna en su memoria, o bien lo modificamos. Lo convertimos en algo creíble dentro de sus estándares. Propongo que apliques la primera opción.—Levantó el dedo índice, antes de que Laith tuviera ocasión de escandalizarse o interrumpirla. No sabía si lo iba a hacer, pero por si acaso.—El peor trauma, el de la violación… nos lo cargamos directamente. De esta manera, ese horrible episodio desaparece de su memoria, pero quedan otros. Supongo que habrá sufrido otras cosas de menor consideración que, en contraste, serán más fáciles de aceptar. Ya sabes: no duele tanto un pellizco como un puñetazo.—Gwendoline hablaba con la pasión de alguien que conoce la materia que está tratando.—Su mente quizás empiece a sanar por sí misma, pero se le puede ofrecer un pequeño estímulo: por medio de la legeremancia, se la podría ayudar a revivir sus vivencias más normales, incluso felices, de tal manera que su mente pudiera aceptar mejor el mundo real. Y el resto te lo pregunto a ti, como psicólogo: ¿Crees que podrías trabajar con algo así? ¿Que la ayudaría?

En cierto modo, Gwendoline se sentía satisfecha: de aquella manera, llenaba los huecos que faltaban. Si alguna vez la niña sentía pánico o miedo, podría atribuirlo a esos males menores ocurridos en su infancia, y podría lidiar con ellos. No tendría que recordar que había sufrido una violación.

Pero claro, quizás la morena se equivocaba, y quizás la violación había sido un ‘hecho aislado’, no existiendo maltrato previo y posterior.
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Laith Gauthier el Jue Jul 25, 2019 8:25 am

El sanador no era ignorante de que debía hacer cosas que no serían bonitas ni éticas si quería ayudar, pero tenía un límite claro. Y, aunque era un apostador, no iba a apostar nada por un juego que no era seguro. Si fuese lo contrario, podría pensárselo un poco más, pues era una solución. Esto podría ser tanto una solución como sólo otro problema, y ni siquiera estaba seguro de en qué proporción podía ser qué.

Mientras Gwendoline le explicaba qué era lo que tenía en mente para quitar el problema más grave, haciendo parecer graves otros no tan malos, pero malos, a fin de cuentas, se cruzó de piernas y se recargó en la silla, en un gesto pensativo, preguntándose cómo saldría eso en un diagrama de árbol que iba formándose a raíz de decisiones y posibles reacciones.

No tuvo intenciones de escandalizarse. Era un profesional que estaba buscando las decisiones más osadas para tomar, ¿cómo podría escandalizarse con algo que él mismo había propuesto? Cuando lo escuchó todo, miró hacia el techo como si ahí las cosas se materializaran y pudiese verlo con mayor facilidad.

Pudo imaginarse a sí mismo haciendo aquello, aunque en un sentido práctico era improbable porque no sabía cómo hacerlo, y una serie de alternativas que podrían desligarse del problema más severo, junto con las reacciones que esto provocaría, como un hilo largo que se ramificaba hasta llegar a una sucesión de posibles resultados.

Tendría que corroborar información, ¿el Señor Sonrisas era tal sólo cuando la lastimaba de esa forma, o en todo el maltrato? El Señor Sonrisas fue quien inventó para caracterizar a este monstruo —hizo la pregunta al aire. — Si no lo fuera, entonces habría que hacer que lo fuese, modificando la cara de este ser —porque se negaba a llamarlo “hombre” o “humano” cuando fuera, — por la del Señor Sonrisas, o habría una incongruencia importante —porque no hablaba sólo él, sino el cómo iba a verlo el actual terapeuta que había dejado de ser Laith.

Todo era un caso hipotético y, además, fuera de la normativa. Él ya no ejercía como su psicólogo porque, precisamente, estaba demasiado involucrado. Debería ocultar consultas personales para poder reforzar los resultados de la modificación y borrado de memoria, y cerró los ojos un momento.

Si quitáramos del panorama la agresión sexual, nos enfrentaríamos tan sólo con una niña con evidente maltrato físico, psicológico y emocional, habría que trabajar especialmente en su autoestima y la confianza en los demás, que es un camino duro, mas no imposible —abrió entonces los ojos, dirigiéndolos a ella. — Si yo estuviera constantemente dentro del panorama quizá sería un poco más sencillo, pero sigue haciéndome ruido que pueda considerarse el “olvido” como un bloqueo y se trate de incentivar a aceptarlo sin bloquearlo, y por lo tanto la niña se daría cuenta que eso que dicen que pasó no sucedió o no tiene recuerdos de ello —le dijo.

Volvió a encorvarse sobre sus rodillas, acercándose a Gwendoline mientras su cabeza trabajaba a toda velocidad. Estaba organizando cómo conseguir hacerlo ver como algo normal, y sólo podía si hacía una rigurosa investigación que respaldara el hecho como una posibilidad real y sana, cuando él en ese momento, en los zapatos del terapeuta, sospecharía que algo andaba mal.

Creo que ayudaría y que puedo trabajar con algo así, pero ya que yo no soy actualmente el médico mental de cabecera me pondría en una difícil tesitura —fue su respuesta, y al final se puso más serio. — En el hipotético caso yo hipotéticamente uniera todos los cabos e hipotéticamente creyese que es la mejor idea, no me sentiría cómodo haciéndolo yo mismo porque no sé hacerlo y me daría miedo hacerlo mal, hipotéticamente hablando… ¿crees que conocerías a alguien que hipotéticamente me ayudara? —todo muy hipotético, ¿eh?

La verdad le dio, en el fondo, risa. Porque así se lo había hipotéticamente planteado a Samantha cuando le pidió hurgar en la memoria de Kelsey, repitiendo cincuenta veces que todo era hipotético, y les había quedado decir “hipotético” aunque no tuviera sentido dentro de la conversación. Y esta vez, era la forma de plantearle a Gwendoline que necesitaba una mano. Si no la tenía de ella, podía intentar buscarla en otro sitio, aunque sería complicado ponerle al corriente de lo que habían hablado ellos dos.

Era difícil, no imposible, y él estaba dispuesto a jugarse el pellejo en ello.
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