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How we deal with the enemy within {Laith&Gwen}

Gwendoline Edevane el Miér Abr 24, 2019 2:26 am

Recuerdo del primer mensaje :

How we deal with the enemy within {Laith&Gwen} - Página 3 UHvqhI1
Sábado 30 de marzo, 2019 || Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas || 11:00 horas

El día treinta de marzo dio comienzo una de las semanas más largas en la vida de Gwendoline Edevane: la semana que pasó ingresada en el hospital San Mungo, tras el secuestro y agresión por parte de Zed Crowley y su socio.

La morena odiaba los hospitales, dato curioso a tener en cuenta, dadas sus aspiraciones profesionales actuales. Sin embargo, su odio se focalizaba principalmente en la parte en la que le tocaba ser paciente, o familiar de un paciente. Aquellos roles solían estar relacionados con malas vivencias, y si bien en su vida no había experimentado muchas así, parecía llevar en los genes el odio a aquel rol.

Aquella mañana, hundida en una cama que no era tan cómoda como la suya propia, y vestida con un camisón de enferma que no le gustaba lo más mínimo, Gwendoline pensaba en esta y otras cuestiones trascendentales de la vida, aunque las abordaba con una apatía muy poco propia en ella.

Quizás se debiese a las pociones analgésicas que le habían dado.

En aquellos momentos, se sentía totalmente incapaz de apartar la mirada de su brazo derecho. Lucía una férula que abarcaba desde la mano hasta más o menos el codo, y desde luego que estaba bien inmovilizado: aunque lo intentase, no podía mover ni un solo músculo de su mano, quizás debido a algún tipo de hechizo que le quitarían en cuanto sus huesos hubiesen crecido lo suficiente.

No pudo evitar que la asaltase un recuerdo de la noche anterior: el momento en que Zed Crowley le había partido sin misericordia alguna, y tomándose su tiempo para hacer un buen trabajo, todos y cada uno de los huesos de la mano derecha. Un ‘pequeño correctivo’, una ‘advertencia amistosa’. Sintió escalofríos, y se obligó a apartar la mirada.

Se quedó mirando el geranio rojo de la mesita de noche, una imagen mucho más tranquilizadora que la de su brazo lesionado. Sintió entonces que se adormecía un poco, cosa que le había sucedido en un par de ocasiones a lo largo de la mañana, y que atribuía claramente al tratamiento para el dolor.

¿Cuánto tiempo pasó en la más completa inopia, a medio camino entre sueño y consciencia? Quizás un par de minutos, quizás media hora. El caso es que una voz la sacó de su estado de ensoñación, haciéndola dar un respingo.

—¿...Edevane? ¿Me escucha, señorita Edevane?—Era una voz femenina, la misma de la mujer que, esa misma mañana, le había explicado su situación.

Volvió la cabeza en su dirección—al lado opuesto de la cama en que se encontraba la mesita de noche—y vio ahí, de pie, a esa misma sanadora que le recordaba a Meera Reed de Juego de Tronos. Un fugaz pensamiento, nada relacionado con la situación, la hizo preguntarse si vería a la susodicha Meera en la temporada final de la serie; acto seguido, volvió a centrarse. Otra cosa que odiaba de aquella situación: las pociones analgésicas hacían que su mente fuese y viniese de un pensamiento a otro sin control alguno.

—¿Qué?—Preguntó de la misma manera que preguntaría un sordo… aunque sin levantar la voz. De hecho, su voz sonaba muy suave y algo ronca, como si acabara de despertarse.

La sanadora se hizo a un lado el flequillo rizo con un gesto de la mano, aunque este terminó volviendo a caer por delante de su ojo. Sus labios se curvaron en una sonrisa amable.

—Le preguntaba si se encuentra bien. Es que tiene una visita.—La informó la mujer, y Gwendoline frunció el ceño. ¿Visita? ¿Qué clase de visita podía tener?

—¿Qué visita?—Preguntó sin más. Enseguida pidió en silencio que dicha visita no fuese su padre.

—Un amigo y compañero, o eso me ha dicho. Es Laith Gauthier.—La sonrisa de la mujer se ensanchó un poco, pareciendo cada vez un poco más sincera.—¿Le digo que pase? Creo que quiere saber si está usted bien.

A Gwendoline le costó un poco hilarlo todo, pero enseguida se imaginó que Laith vendría de parte de Sam, quien no podía estar presente por obvias razones. Y pese a que no le apetecía demasiado ver a nadie… finalmente asintió con la cabeza. La consolaba el hecho de que Laith y ella no tenían tanta confianza, así que posiblemente aquello sería mucho menos desagradable que si la visita fuese de Caroline, su padre o su abuela.

Así pues, la sanadora fue a llamar a Laith, mientras Gwendoline la seguía con la mirada.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Gwendoline Edevane el Vie Jul 26, 2019 12:03 am

A medida que había ido creciendo, convirtiéndose en adulta, y estudiado la memoria humana para su trabajo, Gwendoline había ido comprendiendo cada vez más lo inmoral que podía resultar aquella práctica. Cualquier disciplina mágica que involucrara el que una persona examinara los pensamientos y recuerdos de otra, de la manera que fuese. Era la invasión a la privacidad definitiva, y el ponerlo en palabras en la confidencialidad de aquella habitación de hospital no hacía más que poner de manifiesto aquella inmoralidad.

Parecía que estuvieran conspirando.

Sin embargo, no mencionó esto, y trató de convencerse a sí misma de que era para bien: proponían teorías, se realizaba algún cambio en la memoria de la niña, y gracias a ello podía vivir una vida más o menos funcional.

Laith también parecía haberse convencido. Estaba claro que tenía un conflicto interno semejante al de Gwendoline cada vez que se veía en la necesidad de utilizar sus habilidades en la memoria de algún muggle que había presenciado algo que no debía, solo que seguramente peor: él conocía a la niña, y Gwendoline por lo general no sabía quiénes eran las personas a las que privaba de sus recuerdos.

El gran problema de todo aquello… radicaba en los muggles que rodeaban a la niña. Siendo como había sido su caso, por lo que contaba Laith, Gwendoline se imaginó que el tráfico de información entre distintos médicos habría sido constante: especialistas consultando a otros especialistas. Seguramente, aquel caso no era precisamente desconocido, por lo que había otro dilema que atacar: ¿debían modificar la memoria de aquellos que habían tenido contacto también con la niña, a fin de evitar sospechas?

Era un asunto complicado.

Gwendoline se quedó pensativa, valorando las opciones, cuando el exceso del uso de lo ‘hipotético’ en el discurso de Laith llamó su atención. Frunció el ceño y, si bien todavía bajo los efectos de algunas de las pociones más persistentes, entendió… que aquello era una petición en el tono más discreto posible.

—Hipotéticamente hablando, se de alguien que lo haría y, además, se aseguraría de hacerlo bien.—Le respondió de la misma manera, asintiendo con la cabeza.—Pero… hipotéticamente hablando… necesitaría algunos detalles más.

Gwendoline se estiró como pudo para mirar en dirección a la puerta, buscando algún moro en la costa dispuesto a interrumpir la conversación. Esperó un par de segundos y, cuando creyó estar segura de que no entraría nadie, dejó el cuaderno de Laith a un lado, dejando de marcar la página con el dedo, e hizo al sanador un gesto con ese mismo dedo para que se acercara. Cuando lo hizo, le habló en susurros.

—Necesito saber si hay algún registro público del caso: un juicio contra el culpable, algún tipo de repercusión mediática… Puede parecer una tontería, pero es necesario: en base a eso, actuaremos.—A Gwendoline le quedaba la esperanza de que las identidades del culpable y de la víctima hubieran sido protegidas por la prensa, de tal manera que cualquier avance en el estado de la niña no pudiera filtrarse a la prensa. No le apetecía que los periódicos comenzaran a hablar de ‘recuperaciones milagrosas’ que llamaran la atención del Ministerio.—¿Y qué puedes decirme de la persona que se encarga de su caso? ¿Sabes si ha compartido información con otros médicos? ¿Si ha mantenido todo el proceso como algo confidencial? Eso último nos facilitaría las cosas.

Porque sí, Gwendoline no lo estaba diciendo con palabras, pero sus preguntas iban en una sola dirección: toda persona involucrada en el caso, posiblemente tendría que sufrir una alteración de su memoria. Algo que hiciera creíble que, de la noche a la mañana, la agresión sexual hubiera desaparecido de la mente de la niña.

—Esa será la parte más fea.—Matizó, sin mencionar lo que debían hacer, pero suponiendo que Laith se lo imaginaría.

¿Y lo peor de todo? Que Gwendoline estaba acostumbrada a hacer cosas así. ¿Sonaban mal? ¿Sonaban inmorales? Lo eran… pero el gobierno mágico, ya desde mucho antes de que estuviera en manos de los puristas, era la mano que impulsaba este tipo de operaciones dudosas. Ella y los de su departamento actuaban como si fueran una especie de Hombres de Negro, aunque en su caso no borraban toda evidencia de la existencia de vida extraterrestre; borraban toda evidencia de la existencia de la magia.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Laith Gauthier el Mar Jul 30, 2019 5:59 am

Entre lo “hipotético” del asunto, la verdad es que de ficticio no tenía nada. Si Laith juzgaba, al final y con toda la información sobre la mesa, que era lo mejor, iba a saltar al abismo en un salto de fe. Luego se atendría a las consecuencias de sus actos. Cuando él le preguntó si estaría dispuesta, del modo más discreto posible, a colaborar con él, o darle un contacto que lo hiciera, ella aceptó y pidió más detalles. Eso era comprensible, así que esperó sus preguntas.

Volvió a relajarse sobre la silla, cruzándose de piernas y entrelazando sus propios dedos encima de su rodilla, emitiendo un silencioso suspiro que murió al breve. — Hay un registro, sí, pero es confidencial por la naturaleza del crimen y lo que esto implica, así que es lo más discreto posible, no vamos a encontrarlo en televisión o noticias, pero sí en burocracia —le explicó rápidamente lo que había conllevado la justicia de aquel juicio. — Hay cuatro médicos implicados además de mí, tres miembros del sistema adoptivo, un juez y unos cuantos policías que no creo que tengan mayor impacto —pero las primeras ocho personas era más complicado.

Habían colaborado, entre todo, dos doctores que habían corroborado la información de Laith, un psiquiatra y un terapeuta. Lo habían mantenido en pequeño, y eso podía jugarles a favor. Por supuesto estaba excluyéndose a sí mismo y a Samantha, por ser su contacto de máxima confianza en aquel caso, que había puesto las manos al fuego sólo porque él se lo pidió.

En general yo me preocuparía por cinco personas —admitió, — el psiquiatra y terapeuta que están colaborando para tratar de enmendar lo que ha sido dañado en su interior, además de los tres trabajadores del sistema de adopciones, que son quienes tienen actual contacto con la niña —iba enumerando con sus dedos las persona que mencionaba, habiendo alzado su mano izquierda. — Yendo a un extremo podríamos ver de los doctores por si acaso hubiese un chequeo para ver la evolución de las heridas —porque ninguna precaución era suficiente.

Aquello era una misión secreta, arriesgada e ilegal en todas sus formas. Si le preguntaban a Laith si estaba seguro, la respuesta sería que no, pues era una bola de nieve enorme que empezaría a girar y se temía no poder detenerla luego. Si le preguntaban, en cambio, si estaba dispuesto a intentarlo… las cosas cambiaban por completo.

En el caso de que hipotéticamente se realizara, me veo suficientemente capaz como para convocar a todos los involucrados en una misma habitación y… facilitar el proceso —propuso. No era difícil convocar una reunión así, pues tendría como excusa estudiar el caso y, con lo implicado que los demás lo sabían, costaría un poco convencerles que era necesario, pero no era imposible de lograr.

Luego hubo otra pregunta. Entre una cosa y la otra… ¿estaba en lo correcto queriendo mantenerlo cercano? ¿O tendrían, en cambio, que “atacar” las mentes de literalmente todos los involucrados? Eso era mucho más complicado; no imposible, quizá, pero todavía más complicado e ilegal que lo anterior.

Si creyeras necesario que desaparezca del todo, incluso del papel, me veo completamente capaz de jugármela por conseguirlo —aclaró. — Quiero que no escatimes en precauciones que creas necesarias, estaría dispuesto a todo —le afirmó, sabiendo que podría dudar en hacer una cosa u otra por ser demasiado arriesgada. Seguramente, si le dijeran que escalar el Everest parado de manos iba a resolver sus problemas, lo haría sin pensarlo dos veces.

¿Demasiado involucrado? Quizá. ¿Demasiado sensible? Siempre. Laith no soportaba que la gente sufriera, y mucho menos si quien estaba sufriendo era un niño. Era simplemente demasiado para que él pudiera quedarse de brazos cruzados quejándose de lo difícil que era la vida, ¡especialmente si había un as bajo la manga que podía usar! ¿Uso indebido de la magia? ¡Por favor!
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Laith GauthierMedimago

Gwendoline Edevane el Jue Ago 01, 2019 2:03 am

Un profesional de la salud, alguien que ya tuviera su correspondiente titulación en el bolsillo, quizás recomendaría a Gwendoline no tomar decisiones como aquella bajo los efectos de los brebajes que le habían administrado para paliar el dolor.

¿No era precisamente eso lo que se recomendaba? ¿No manejar maquinaria pesada y no tomar decisiones importantes? Algo así había oído.

Sin embargo, dudaba que hubiera tomado otra determinación de no estar bajo los efectos de las pociones. ¿Que se lo habría pensado un poco más? Sí, seguramente, pero al final habría terminado accediendo de igual manera. Porque así eran las cosas, y así era Gwendoline. Por eso mismo había terminado uniéndose a la Orden del Fénix, y había decidido estudiar medimagia: porque muy arraigada en su interior habitaba esa necesidad de ayudar a aquellos que sufrían.

Tal vez no le ponía cara a la pobre muchacha, ni conocía su nombre, pero conocía a Laith. Y veía en él una preocupación real… que ella misma podía aliviar. Estaba en su mano ayudar a aquella chica perjudicada por las circunstancias de su vida.

Así que con o sin pociones por dentro, manejando o no maquinaria pesada, Gwendoline habría tomado la misma determinación. Ahora bien, debían asegurarse de cubrir sus huellas lo mejor posible, y a fin de comprender a qué se enfrentaban, hizo las preguntas pertinentes: implicados, datos que hubieran podido salir a la luz, juicios públicos…

Con sinceridad, se había imaginado algo mucho peor de lo que Laith le contó: en resumidas cuentas, el caso se había llevado con bastante discreción, y del asunto solamente estaban enteradas un puñado de personas, entre ellas unos cuantos agentes de policía que, efectivamente, no importaban a nadie. ¿Qué médicos compartirían sus informes con agentes de la ley, más allá de su testimonio en el susodicho juicio?

Gwendoline escuchó toda esta información con aire pensativo, acariciándose suavemente la barbilla con los dedos de su mano izquierda, a la par que asentía repetidamente. No sería tan complicado como había esperado en un inicio.

—Teóricamente, no debería ser extremadamente complicado: si, como dices, el caso no ha trascendido a la prensa ni ha tenido mucha repercusión, bastará con asegurarse de que ninguno de los implicados más cercanos recuerde la agresión. Esos que has mencionado.—Hizo un gesto con la mano en dirección a Laith, aunque su mirada seguía pensativa.—Los agentes de policía tampoco me preocupan demasiado: más allá de su testimonio en el juicio, no me los veo intercambiando notas con los médicos. Y, seamos sinceros… no creo que les preocupe demasiado a todos ellos hacer un seguimiento del caso de una niña con traumas. Seguro que es el pan nuestro de cada día para la mayoría de ellos.

Sonaba triste y desalentador plantearlo de esa manera, pero así era: los agentes de policía trataban con cosas parecidas casi a diario. No obstante, a Gwendoline le pareció importante señalar algo.

—Eso sí: si han ofrecido testimonio en el proceso judicial, no sería mala idea mantenerles vigilados.—A fin de cuentas, no sería bueno que en los informes médicos de la niña figurara una información que no se correspondía con los cargos por los que el culpable había sido condenado.

Asintió con la cabeza ante la propuesta de Laith de reunirlos a todos en la misma sala. Sería una buena idea, pues el asunto tendría que hacerse lo más rápido posible si no querían que cualquier cabo suelto, cualquier pizca de información acabara llegando a oídos de la niña, haciendo inútil todo su trabajo.

Laith se ofreció, incluso, a hacer desaparecer información, y la verdad es que, por peligroso que sonara, debía hacerse: en los informes médicos debía figurar lo mismo que en las cabezas de los médicos, y los demás implicados debían estar convencidos de que esa era la realidad. Así que, sin duda, habría que falsificar documentos.

—Será necesario, seguramente, pero intentaremos hacerlo de una manera discreta. Sin exponerte en el proceso.—Intentó tranquilizarlo, pues sabía cómo moverse en ese sentido, y si tenían cuidado, ninguno de los dos se vería expuesto.—Mi principal preocupación es dejar algún cabo suelto y que llegue a oídos de la niña información que no queremos que sepa. Si por un momento duda de lo que le hemos modificado, seguramente acabará indagando en el tema… aunque eso no creo que deba preocuparnos, al menos hasta que tome conciencia de las cosas que le ocurrieron. Pueden pasar años hasta ese momento.

Asintió repetidas veces con la cabeza, una vez más, para terminar mirando a Laith. Incluso un amago de sonrisa afloró en sus labios.

—Ahora solo falta que pueda salir de aquí para hacerlo...—Por desgracia, para eso todavía quedaba una semana. Sin embargo, ese tiempo podía servir a Laith para recopilar toda la información posible, y hacerse una idea de la gente con la que tendrían que “reunirse” para asegurar que la pequeña superara aquel trauma.

Y sí, de acuerdo: estaban hablando de algo, cuanto menos, inmoral. Pero inmoral era también que la muchacha tuviera que vivir con las consecuencias de los deseos más bajos de un ser que no podía considerarse humano, siquiera. Inmoral e injusto que las acciones de otros determinaran el curso de su vida.

Nadie se merecía eso.

—Una pregunta.—Dijo Gwendoline entonces, dándose cuenta de que se había quedado algo importante en el tintero.—En el futuro, cuando tenga edad para asimilarlo, ¿valoras la posibilidad de decirle la verdad?—Podía parecer algo justo y necesario. Su mente infantil no podía lidiar con ello en la actualidad, pero quizás sí pudiera en un futuro.

En tal caso, no es que Gwendoline tuviera idea de mostrar a la chica lo que habían borrado, cosa altamente cruel, pero quizás Laith sí tuviera interés en conservar algunos de los recuerdos que eliminaran, a fin de facilitar el proceso posterior.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Laith Gauthier el Sáb Ago 03, 2019 10:36 pm

Había sido tal vez la gravedad de Laith lo que hizo a Gwendoline imaginar algo peor, pero, para él, era así de malo, porque no era él quien sabía hacerlo. Podía, pero nadie le aseguraba que lo haría bien y, por supuesto, las consecuencias podrían ser catastróficas. Dejó a la mujer escuchar la información que recibió, misma con la que él contaba, quitándoles de encima el velo de misterio y secreto, pues ese velo sólo entorpecería la comunicación tan vital en algo así de serio.

Ella lo hacía sonar demasiado simple, pero no lo era. Tampoco es que fuera un caso aislado y que no se diera en el mundo, aunque fuera horrible y desagradable pensar en ello. Seguramente, de poder, Laith se daría a la tarea de convertirse en el quién para todas esas personas. Pero no lo era, no podía, no le daba la vida. Lo único que podía hacer era tratar de arreglar la existencia de la persona a quien más cerca tenía.

Puedo modificar records médicos fácilmente, con los legales va a ser un problema un poco más grande, no imposible sin embargo —le hizo saber. Su licencia y el prestigio que había formado en el hospital donde la niña fue atendida le permitirían un poco de libertad, mas eso no funcionaba en la burocracia legal. Para eso había que ser un poco más estratégicos, como colarse sin permiso y cambiar papeles.

Había peligro, eso sí, en que se descubriera todo. Ya no sólo el hecho de que lo supieran las autoridades mágicas que debían representar un problema porque lo que hacían no podía ser legal, sino que la niña podría verse mucho más perjudicada si llegaba a sospechar que había algo mal dentro de su cabeza, que podría costarle su propia esencia y salud mental.

Laith sabía que la medicina mágica era peligrosa en nomaj, no debía ser diferente la utilización de hechizos tan delicados en ellos.

Por otro lado, y en medio de tanta seriedad, al sanador se le escapó una sonrisa cuando le dijo que todo su plan estaba hecho menos su disponibilidad en el exterior, pues debía estar dentro del hospital por una semana mientras terminaba de curarse por completo de las heridas que llevaba encima.

Bueno, eso me dará tiempo para hacer una investigación, ultimar detalles y comprobar que sea la mejor opción —le dijo, haciéndole ver que estaba bien que se tomase su tiempo para recuperarse.

Él era un sanador y nunca iba a recomendar que alguien se saltara su tratamiento tal cual había sido planificado… incluso aunque el propio Laith a veces lo hiciera. Eran detalles, a fin de cuentas, meros gajes del oficio.

Sin embargo, la pregunta lo tomó por sorpresa, mientras él decidía meditarlo durante unos minutos para saber cuál era la mejor opción. Trató de ser lo más objetivo que pudiera al respecto ya que, después de todo… aquello podía generar problemas. Ya no que fuera malo, sino que a nivel psicológico era un impacto quizá demasiado fuerte no ser capaz de recordar algo tan malo que ha ocurrido. Se preguntó si ella sería lo suficientemente fuerte como para resistirlo.

En principio, no creo que sea una buena idea —le dijo, todavía con el tono perdido. — Aunque tenga la capacidad de lidiar con esa información, creo que es peligroso enfrentarla a ello, principalmente porque si no lo recordase y se lo dijera ella empezaría a dudar de su propia mente y sus recuerdos… Creo que es una parte de su vida que vale la pena omitir —le contó, de acuerdo a lo que decidía.

Podría entender explicarle todo lo que había pasado con el maltrato físico y psicológico. El sexual era algo mucho más delicado y que pensaba no iba a hacerle falta alguna ni ahora ni cuando fuese mayor, así que esperaba que fuera la mejor decisión.

Es mi opinión como psicólogo, ¿cuál es tu opinión como desmemorizadora? —le preguntó su opinión meramente profesional. Ser objetivos cuando el caso era tan subjetivo era difícil, pero tenía que hacerse para elegir las mejores opciones de “tratamiento”.
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Gwendoline Edevane el Mar Ago 06, 2019 1:30 am

Se podía imaginar lo complicado que podía resultar a ojos de alguien externo al Ministerio la forma de trabajar que tenían en aquella institución.

Una persona común y corriente, mágica o no, seguramente creería que las historias que se contaban de aquel edificio eran, precisamente, historias fantásticas: los muggles lo achacarían a teorías conspirativas, mientras que los magos creerían que exageraba, y que posiblemente habría esferas del mundo muggle a las que ni el Ministerio de Magia podría acceder.

O al menos eso creería un mago medio sin ideales puristas, claro.

Si por un casual Gwendoline consiguiera una autorización oficial para acudir a cualquiera de las instituciones relacionadas con la niña, muy probablemente pocos límites existirían: contaría con documentación falsa que la acreditaría para ello, y permiso para utilizar su magia de manera casi indiscriminada, siempre y cuando cubriera bien sus huellas.

Y, con las nuevas políticas puristas, ni siquiera tendría que preocuparse por utilizar maldiciones imperdonables o dejar algún cadáver tras de sí, cosa que no tenía intención de hacer.

El caso era que los tentáculos del Ministerio de Magia eran mucho más largos de lo que la gente se imaginaba, y llegaban muchísimo más profundo de lo que parecía. Por fantasioso que sonara, si entrara en los planes de Voldemort, perfectamente podrían reemplazar al actual Ministro del Interior, o incluso a la mismísima Reina.

—No te preocupes demasiado por eso: todo puede hacerse de manera relativamente sencilla. Aunque quizás lleve más tiempo, todo puede hacerse.—Sonaba confiada, y como si fuera sencillo… porque era insultantemente sencillo modificar las vidas de unos cuantos muggles para el mundo mágico. Si una cosa hacían bien los magos, esa era esconderse.

Lo único que les separaba en aquellos momentos de ponerse a trabajar esa… la incapacidad de Gwendoline para abandonar aquella habitación. Tampoco contaba con una varita, por lo que quizás tuvieran que aplazar ese asunto un poco más una vez le dieran el alta. Y de hecho, así sería: Gwendoline desarrollaría un temor justificado a aventurarse en el mundo mágico, y dicho temor no lo superaría del todo.

En un futuro, tendría su varita, pero sólo después de que Sam la convenciera para acompañarla al Callejón Diagón, poción multijugos mediante.

—Vale.—Asintió con la cabeza.—Mantenme informada. Ya sabes dónde encontrarme...—Y, al darse cuenta de que seguramente le quedaban unos cuantos días allí dentro, puso los ojos en blanco y negó con la cabeza. Se la notaba considerablemente más animada, ahora que tenía la cabeza ocupada con otras cosas que no fueran el ataque de la noche anterior.

Había, en cambio, un tema delicado: contarle a la niña la verdad cuando fuera adulta y su mente pudiera asimilarla de mejor manera. Laith debía decidir al respecto, pues a fin de cuentas era él quien quería eliminar esos recuerdos traumáticos. Y como responsable de ello, tal vez quisiera ser sincero en algún momento.

No le discutiría lo perjudicial que podría llegar a ser para ella enfrentarse a sus temores a nivel psicológico, pero si lo hacían bien, posiblemente no hubiera problema: quizás le despertara algún tipo de escalofrío o sensación desagradable, pero si efectivamente no dejaban ningún rastro dentro de su memoria, podría pensar que lo había olvidado como una manera de protegerse, y verlo desde una perspectiva ajena.

Saber la verdad sin que ésta le hiciera daño.

—Pues… desde la experiencia que tengo, si haces un buen trabajo, la mente debería ser lo bastante fuerte como para no cuestionarse a sí misma. También depende de cómo decidas enfocarlo.—Apretó los labios un segundo, su mirada pensativa.—Si decides contarle toda la verdad, y con toda la verdad me refiero a...—Alzó su mano izquierda, con intención de abarcar aquello que les rodeaba. Evidentemente, no se refería a San Mungo, sino al mundo mágico en general.—Si decides contárselo, podrás decirle por qué no lo recuerda. Pero si esa opción no te gusta, supongo que podrás encontrar algún motivo a nivel psicológico, ¿no? Ya sabes: un bloqueo o algo así. No sé exactamente cómo funciona, pero he oído que en ocasiones la gente que sufre traumas tiende a olvidar cosas como forma de autoprotección. ¿Es algo así?—Arrugó la nariz. No quería pasarse de lista con cosas que desconocía.—Existe la opción de que conserves los recuerdos que eliminemos para estudiarlos. ¿Te podrían servir para abordar casos semejantes?

Dichos recuerdos podían ser muy valiosos, y si bien no había preguntado a Sam al respecto, estaba segura de que la rubia no tendría problema en prestarle su pensadero. O invitarle a casa cada vez que lo necesitara.

Aunque también podría Gwendoline regalarle uno, en caso de no tenerlo.
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Laith Gauthier el Jue Ago 08, 2019 5:39 am

Era quizá demasiado ingenuo en pensar que habría algún tipo de respeto entre una legislación y otra. En especial ahora, que los magos se creían así de todopoderosos, era comprensible adivinar que tuviesen la mentalidad absurda de que eran ellos más que los nomaj, y por tanto sus asuntos eran más importantes que los ajenos. Era algo agotador para Laith pensar en que el mundo era así, porque nunca había formado parte de su educación.

Debía ser por eso que no, no le gustaba la idea de que fuera sencillo. Si fuera difícil, aunque significase un problema para ellos, sería una suerte de justicia inexistente. No la había desde hace mucho tiempo, quizá incluso antes de haber cambiado el gobierno.

Por supuesto —asintió, pues mantenerla informada era tan sólo lo mínimo que podía hacer cuando lo estaba ayudando en un asunto de ese tipo. — Estás más espabilada, haberme dicho que la solución era proponerte un plan suicida y lo hacía más rápido —le sonrió, ya que no había pasado desapercibido para él.

Cuando Gwendoline pensaba que lo mejor era tener eso en su cabeza a diferencia de los otros problemas que abundaban en su mente, Laith daría cualquier cosa sólo por poner su mente en blanco un momento y dejar de dar vueltas a aquel asunto que ya llevaba clavado en su cabeza por meses sin darle un momento de descanso.

No habían acabado con las cuestiones difíciles. Involucrar a la magia era un asunto muy peligroso ya no sólo por el Estatuto del Secreto, sino porque peligraba la estabilidad mental de la pequeña cuando creciera. Laith se lo pensó durante unos segundos, relajado en su asiento.

¿Vienes de familia mágica? —Laith preguntó de primera oportunidad. — Los magos muchas veces pasan por alto que para los nomaj… este es un mundo desconocido, y lo desconocido da terror —le dirigió una mirada circunstancial. — Imagina que no tienes ni idea de la magia, y hoy vengo yo a decirte que tengo la capacidad de modificar tus pensamientos y hacer con ellos lo que me plazca… No es que lo vaya a hacer, pero está la posibilidad, ¿te das cuenta de cuánto poder tengo sobre ti? ¿Cuántas cosas pensaste u ocurrieron que yo habré cambiado y ni siquiera lo sabrías?

Era un asunto delicado que necesitaba mucha empatía, en especial si el mago en cuestión nunca había socializado mucho con gente sin magia. Por eso es que, en el pasado, los magos habían sido perseguidos y repudiados. Eran algo desconocido y más poderoso, por lo que el instinto humano quiso exterminarles.

Si algún día se lo dijera, creo que el acercamiento más adecuado sería desde el modo más nomaj posible, excusarlo con que es un trauma y un proceso de autodefensa mental, así que ella no necesitará tener nada en su cabeza —¿por qué complicar más algo ya de por sí complicado? Era difícil ser quien tomase las decisiones de una vida que no era la suya, pues el riesgo a equivocarse era demasiado elevado. Le llamó la atención, sin embargo, que quisiera conservar los recuerdos. — ¿Qué tienes en mente?

Laith estaba familiarizado con la extracción de recuerdos por su investigación, pero no tenía un modo propio de verlo que pudiese ser confiable. Su experimento estaba enfocado en otras cuestiones y por eso era mejor no usarlo demasiado como un pensadero cuando no lo era, a riesgo de romperlo o dañarlo.
Laith Gauthier
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Gwendoline Edevane el Sáb Ago 10, 2019 12:50 am

Su actual estado de concentración y alerta podía deberse, o bien a las horas que había podido dormir, o bien a que había empezado a pasársele el efecto de la medicación, pero sin duda aquella conversación había tenido mucho que ver: su mente de Ravenclaw se había puesto a pensar, a trabajar, y no había nada que la despertase más.

—Ha ayudado, desde luego.—Coincidió con una leve sonrisa.—Pero creo que también se me ha empezado a pasar el efecto de las pociones. No sé qué hora es, pero seguro que no falta mucho para mi próxima dosis.—Y se dio cuenta de lo frustrante que era estar allí: ni siquiera era consciente del paso del tiempo.

El tema de revelar la verdad a la chica era un tema, sin lugar a dudas, delicado: por un lado, estaba lo que mencionaba Laith—que, desde luego, no era nuevo para ella, trabajando dónde trabajaba—, pero por el otro lado estaba la sinceridad. El sentirse cómodo o no con guardarle a alguien que formaba parte de tu vida un secreto tan grande como ese.

En lo personal, ella no tenía demasiada relación con sus abuelos muggles, pero sabía que éstos eran conscientes de que su hija, la pobre Lamia Amery, era una bruja. ¿Cómo no saberlo, si habían recibido la carta de Hogwarts en su propia casa, y habían sido testigos de los prodigios que su hija había obrado antes de alcanzar los once años?

Lo poco que sabía de ellos era que aceptaban el lado mágico de su hija, pero tal y cómo estaban las cosas, seguro que estaban mucho mejor en su casa en el campo, sin saber lo que estaba ocurriendo en el mundo mágico ni lo que había sido de su hija.

No mentiría: muchas veces había sentido la tentación de ir a hablar con ellos, y decirles lo que estaba ocurriendo.

Y los Amery no eran el único ejemplo: también estaban Luca Lehmann y Sophie Ebner, padres de Samantha. Ellos eran un claro ejemplo de lo bien que podía llegar a aceptar la gente del mundo muggle el mundo mágico. Cierto que tampoco conocían demasiados detalles respecto a la situación actual, pero por lo menos Luca estaba dispuesto a formar parte de la vida de su hija.

Sin embargo, si esa era la decisión de Laith, no se lo discutiría.

—Si crees que eso es lo mejor, no seré yo quien te lleve la contraria.—Le dijo, sin entrar en demasiados detalles con respecto a su familia. La gente podía creer que Gwendoline era bruja hasta la médula, pero no tenían ni idea: cada día se sentía más y más apegada a este otro mundo privado del don de la magia.—En casa tenemos un pensadero.—Explicó, respondiendo a la pregunta de Laith.—En realidad, no es mío, ya me entiendes. Pero estoy segura de que ella no tendría ningún problema en prestártelo siempre y cuando lo necesites. Te sorprendería la cantidad de detalles que puedes encontrar si examinas recuerdos dentro de un pensadero.

No estaba dejando de lado lo evidente: que observar los recuerdos de otros era, cuanto menos, una clara invasión a la privacidad, y seguramente una actividad de moralidad dudosa. Pero… ¿acaso no llevaban un buen rato hablando de actividades de dudosa moralidad? ¿Qué más daba un poco más?

Además… siempre podían pensar que lo hacían por el bienestar de futuros pacientes.

—Quizás sea útil.—Trató nuevamente de encogerse de hombros… consiguiendo encoger únicamente el izquierdo.—Pero no tienes por qué decidirlo ahora. Tenemos tiempo de sobra hasta que me quiten el ancla que tengo en el brazo.
Gwendoline Edevane
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Laith Gauthier el Sáb Ago 10, 2019 7:52 am

Eso también es posible —le concedió el sanador cuando le dijo que quizá era que su próxima dosis se encontraba cerca y por eso ya iba espabilando poco a poco.

La intención del sanador no era realmente indagar en la familia de Gwendoline, así que ni siquiera esperaba respuestas. A lo que quería llegar era que se trataba de una información catastróficamente aterradora. Los padres de hijos magos lo tenían un poco más sencillo, pero, ¿para qué develarle el secreto a una niña cuya única referencia mágica es el hombre que la intenta ayudar? La cantidad de variables que podía salir mal era enorme, y, en opinión de Laith, ni siquiera valía la pena.

Todo lo decidiría él en su momento. Por ahora, lo importante era lo que tenían sobre la mesa y lo que ya habían hablado, y era, en realidad, una limitación positiva y negativa a un tiempo que Gwendoline estuviese encerrada en el hospital. Le daría tiempo para pensarlo todo.

Será antes de lo que imagines —él le sonrió, queriendo, de alguna manera, apoyarla en lo que tenía que enfrentar dentro de las paredes de aquella habitación. El aburrimiento y el encierro, además de extrañar a su novia. — Es cuestión de tiempo.

***

Habían pasado algunas semanas desde aquella conversación, incluso tiempo luego de que hubiera Gwendoline salido del hospital. Ya que todo ameritaba una serie de cálculos y estrategia importantes, Laith no lo había querido tomar a la ligera, así que varias de sus noches de guardia las pasó ahí discutiendo y ultimando detalles hasta que se vieron preparados de comenzar con el plan en cuestión.

Lo primero había sido aclarar puntos principales: Laith había decidido no involucrar a Kelsey en el mundo mágico y también había decidido conservar el recuerdo, eso porque le pareció importante. Aquel caso había sido extraño y extenso para él que lo necesitaba, como una suerte de aprendizaje por si en el futuro algo parecido ocurría, aunque no tuviese intenciones de verlo pues dudaba que el estómago le resistiera.

Además, el sanador se había sorprendido de cuánta facilidad había tenido Gwendoline para cambiar archivos burocráticos legales, mientras que él se había encargado de los records oficiales en el hospital donde la pequeña había sido atendida. El papeleo era primordial, puesto que no era su palabra contra la de ellos, sino un papel impreso que pesaba más.

Entonces comenzó el trabajo más serio. A Laith le había costado lo suyo, pero había conseguido convocar una mesa redonda de aquel caso con todos los involucrados, poniendo en tela de duda su juicio de por medio, pues había alegado que había ciertas incongruencias en todo el desarrollo.

Era un miércoles por la mañana y estaba lloviendo. El sanador había estado en la habitación donde se llevaría a cabo todo aquello, esperando. Esperando no sólo a los involucrados, sino lo mejor.

Había llevado a Gwendoline con él desde el principio a lo que era una oficina en un departamento judicial, pues estaban requiriendo la presencia de un juez. Los había citado en intervalos para que, al llegar el último, todos los demás ya tuvieran la versión “nueva”.

Es demasiado tarde para pensar que es una mala idea, ¿verdad? —se sonrió divertido, viendo el reflejo de Gwendoline a través de la ventana. — Me puede la culpa —admitió. — Cuando terminemos aquí podremos ir a ver a Kelsey y terminar con esto de una vez —pues la había dejado para el final, ya que era lo más importante.
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Gwendoline Edevane el Mar Ago 13, 2019 2:31 am

La semana que había pasado en San Mungo había sido, con creces, una de las peores de su vida.

De acuerdo: había recibido visitas de sus seres queridos, entre ellos Caroline y su abuela, y Laith había estado muy pendiente de ella, pero el no poder salir del hospital había sido horrible. Y, después de meses juntas, dormir sola en aquella cama… Cada maldita noche echaba de menos a su novia, y ni siquiera tenía su teléfono móvil para llamarla o escribirle algún mensaje de Whatsapp.

Con todo y con esas… había logrado sobrevivir, y a pesar de haber pasado mucho tiempo en un estado de apatía general, el simple hecho de respirar aire puro que no oliese a San Mungo le había sentado bien.

Y tenía aquella varita nueva. Sam había sido muy persuasiva, consiguiendo convencerla para hacer un pequeño viaje con ella al Callejón Diagón a hacerse con una.

Tendría que acostumbrarse a aquella varita: a pesar de que, cuando Ollivander se la había puesto en las manos, ésta la había reconocido, Gwendoline se sentía como si le hubieran arrancado una parte de ella. Sam se había ofrecido a devolverle su vieja varita, esa que había llevado encima desde los once años, y ella había sopesado la posibilidad de aceptar. Pero, al tenerla en sus manos, había sentido algo, como una ligera resistencia por parte del artefacto. ¿Tanto tiempo había pasado con Sam que había dejado de “recordar” a su anterior portadora?

Resumidamente, ahora tenía una nueva, y si bien le respondía a la perfección, extrañaría la anterior: creía firmemente que esa varita había sido con la que mejor había entrado en comunión.


***

Laith y ella habían estado ultimando los detalles para modificar la historia de Kelsey, la niña a la que estaba intentando ayudar, y para entonces, tenían un plan sólido ya puesto en marcha. Lo único que restaba era la parte final, la más complicada y delicada: modificar la memoria de todos los implicados en el caso, a fin de que la nueva versión de aquello fuera coherente.

No iba a mentir: estaba nerviosa, y una parte de ella no se sentía preparada para lo que estaban a punto de hacer. No se sentía preparada para nada, en realidad, y aquello podía agradecérselo a Zed Crowley y su agresión.

Todavía llevaba la mano derecha y parte del antebrazo cubiertos por una férula, pero ya no necesitaba de cabestrillo. No obstante, llevaría a cabo el procedimiento utilizando su mano izquierda, la única totalmente sana por el momento.

Si ella estaba nerviosa, habiendo hecho aquello muchas más veces, Laith debía estar todavía peor. Su comentario respecto a volverse atrás provocó una leve sonrisa en los labios de Gwendoline, que no pudo evitar hacer una pequeña broma al respecto.

—Algo me dice que sí, porque hemos dejado una serie de documentos atrás que provocarán a su vez una serie de debates muy acalorados entre algunas personas.—No quería ni imaginarse la cara de alguno de esos doctores, abriendo mucho los ojos al ver documentos de su puño y letra, y con su firma, que no se correspondían con lo que recordaban haber escrito. Podría ser muy gracioso desde fuera… pero dudaba que ellos lo encontraran gracioso.—No te sientas mal: será como si nunca hubiera sucedido nada, y tampoco es que lo estemos haciendo por interés propio.—Trató de confortarle, asintiendo con la cabeza cuando mencionó que Kelsey sería el último cabo a atar.—¿Quién es el primero de la lista?—Preguntó, más por matar el tiempo hasta que llegase que por otra cosa, pues el procedimiento iba a ser exactamente el mismo con todos: los pondría a dormir, modificaría sus recuerdos, y para cuando despertasen, recordarían las cosas como ella quería.

Sí, Laith tenía razón: la facilidad con que podían modificar recuerdos asustaría a cualquiera ajeno al mundo mágico, pues poseían un poder digno de cualquier villano de cómic.
Gwendoline Edevane
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Laith Gauthier el Miér Ago 14, 2019 12:12 am

Una sonrisa apareció en su rostro, girando sobre su cuerpo para encontrarse con Gwendoline ahí, escuchando que los documentos ya cambiados les darían problemas no a ellos directamente sino entre los implicados. Las versiones se habían hecho sólo lo que ellos querían que fuera, y a pesar de todo, encontró en esa mujer una complicidad que tenía mucho que ver con lo que hacían, pero también con el qué les hacía sentir. Los dos sabían que era inmoral y que no estaba bien, pero que estaban intentando ayudar.

Quizá debí arrepentirme un poquito antes —suspiró, pero ya no estaba hablando en serio. Quería convencerse de que todo era por un bien. A veces, cuando uno quería hacer algo bueno, tenía que ser el malo de la historia. — Primero llegarán los que forman parte del sistema de adopciones, todos con intervalos para darte tiempo a trabajar la memoria de cada uno, seguirán los doctores y especialistas, y finalmente el juez que trató el caso —le dijo, en resumidas cuentas, exhalando suavemente.

Se guardó las manos en los bolsillos en un gesto de inseguridad. No era propio de él estar tan tenso, pero no había nada que pudiera hacer para sentir más confianza en sí mismo. Ni siquiera consentiría, en un sentido más neutral, que aquello se realizara de aquella manera, sólo le quedaba aceptar que no estaba siendo objetivo.

Al final te deberé yo esas clases de las que hablamos —le dirigió una mirada, queriendo distraerse los escasos minutos que tenían antes de que todo comenzara. — Ya debes saberlo, pero siempre que necesites algo… puedes decírmelo —aprovechó el momento para recordarle que, si bien sabía que no lo hacía por una compensación, se sentiría predispuesto a ayudarla en cualquier cosa en que él sirviera.

El aire le sobraba, lo descubría por los suspiros que se le escapaban. Miró su reloj en su muñeca izquierda impaciente, recargándose sobre la mesa, pero no duró mucho ahí. Comenzó a caminar de un lado a otro, como un león enjaulado, pretendiendo que se distraía con lo mínimo: la decoración de las paredes, la textura de las sillas, lo que fuera.

No puedo ser el único que está tan nervioso, ¿no? —volvió a detenerse, esta vez cerca de Gwendoline, poniéndole una pausa a su inquietud. — No sé cómo lo haces —admitió, encogiéndose de hombros. — Debería invitarte a algo luego de esto, ¿aceptarías? Una cerveza, un café, una película, una maratón de Alien con palomitas de maíz y pizza, tú pide, puedes incluir a Samantha en el plan si quieres —porque no sabía si ellas ya estaban conscientes de que, en realidad… ambas habían sido una gran ayuda con ese caso.

Podría decirse que había sido trabajo en equipo: Laith había sacado sus conclusiones, Samantha las había confirmado, y Gwendoline iba a corregirlas. Eran un poco una mezcla antiética de trabajo que les había venido bastante bien, y el sanador esperaba que fuese una primera y última vez. Todavía pasaba noches en vela preguntándose qué habría pasado si tan sólo se hubiese equivocado: tenía un orgullo así de grande, que admitir que querría haberse equivocado era mucho que decir.

La primera persona está por entrar —dijo cuando sólo faltaban unos minutos para la hora señalada. — ¿Cómo se supone que hagamos esto? ¿La hago entrar, que se siente cual interrogatorio para dormirla y empiezas? No lo sé, me siento algo perdido aquí —porque si bien alguna vez había presenciado una modificación de recuerdos por defensa propia, aquello era mucho más profesional y rebuscado que amenazar a alguien a fuerza de varita.
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Gwendoline Edevane el Vie Ago 16, 2019 2:44 am

No había sido un secreto—para ninguno de sus allegados que estuvieran dispuestos a escucharla—lo mucho que había terminado por despreciar su propio trabajo. Si bien se había convertido en toda una experta gracias a los años que llevaba ejerciendo su profesión, en los últimos tiempos había desarrollado una aversión terrible a modificar memorias ajenas.

Se había dado cuenta de lo inmoral del asunto, especialmente por el hecho de que ayudaba a aquellas personas que más despreciaba.

Se dio cuenta de esto último en el momento en que se puso sobre la mesa el asunto de Kelsey: por una vez, y después de mucho tiempo, aquello en lo que realmente era buena se utilizaría para ayudar a alguien, y no para ayudar a los seres despreciables que gobernaban en el mundo mágico actual.

Aquello, indudablemente, pesaba mucho menos sobre su conciencia.

—Bien.—Asintió con la cabeza, su mirada ausente y pensativa. En su cabeza, ya organizaba las cosas como era debido: a diferencia de Kelsey, Gwendoline no contaba con la guía de Sam, que había visto la mente de la niña.—Esa gente prácticamente no sufrirá modificaciones en su memoria. El riesgo de que algo salga mal es prácticamente inexistente.—Y por mal, se refería a fastidiarles algo en su mente. La prioridad en todo aquel asunto era mantener la integridad mental y física de aquellas personas intacta.

Le dedicó una sonrisa a Laith, una cálida, de esas que solamente veían las personas cercanas a ella. Había cogido cariño al sanador, no sólo por lo que Sam le contaba de él, sino por todo el tiempo que habían pasado planeando aquello.

—Ya te imaginarás que eso va en las dos direcciones, ¿no? Pero si es por todo esto, insisto: no me debes nada.—Gwendoline era una persona acostumbrada a ofrecer su ayuda a aquellos que la necesitaban, siempre y cuando estuviera en su mano. Por eso quería ser sanadora, y por eso se había unido a la Orden del Fénix.—Esto es lo correcto.

No resultaba difícil pensar que aquello, todo lo que Kelsey había sufrido, era horrible y antinatural. Un ser despreciable había decidido alterar la dirección de su vida, enviándola directamente hacia un barranco, sin frenos. Si existía una posibilidad de ayudarla a tomar el timón de nuevo, a reconducir su vida en una dirección mejor, debían hacerlo.

Con respecto a los nervios… sí, ella también lo estaba, aunque era mejor disimulándolo. Años trabajando en el Ministerio de Magia la habían ayudado a controlar sus impulsos nerviosos. Sin embargo, no pudo evitar sonreír, divertida, al ver cómo Laith iba y venía de un lado a otro de la sala.

—Estoy nerviosa, pero por desgracia, he tenido que aprender a controlar mis miedos. Trabajando donde trabajo… ya puedes imaginarte. Eso era una jungla antes incluso de...—Dejó la frase en el aire. Se sabía perfectamente de qué hablaba, y por norma general solía evitarlo: a nadie le gustaba ese tema.—¿Una copa?—Se sorprendió ante la invitación de Laith.—Sí, claro, no estaría mal. Aunque teniendo en cuenta la tensión por la que vamos a pasar, mejor será que nos ahorremos el café.—Esbozó una sonrisa. Se sentía tan despierta y tan alterada que un poco de café sería, como poco, redundante.—Podemos ir a expiar nuestras culpas al Juglar Irlandés, si quieres. Sin abusar del café irlandés, claro.

Aquel plan ya incluiría a Sam, pues ambas habían hablado sobre el tema largo y tendido. A la rubia le hubiera gustado estar presente, pero no había podido simple y llanamente porque estaba trabajando. ¡Nunca sabía cuándo le tocaría trabajar! Era uno de esos misterios del mundo moderno.

Los minutos pasaban… pues lentamente, como suele suceder cuando alguien espera algo. El tiempo se convierte en un goteo lento, una tortura para aquellos que lo padecen, y parece que las cosas no llegarán a suceder nunca. Justo lo opuesto a lo que sucede cuando una persona se divierte.

Por fortuna, lento o rápido, el tiempo siempre acaba pasando, y ya faltaba poco para que la primera persona entrase.

—Pues, básicamente, sí. Es eso.—Dijo Gwendoline, encogiéndose de hombros. Sonaba simple, sencillo, pero así era.—Y por si te lo estás preguntando, no es un procedimiento doloroso. No se darán cuenta de nada, y habremos terminado antes de que te des cuenta. Y mañana, estarán tan tranquilos en sus vidas, ignorando lo sucedido.—Gwendoline frunció el ceño, y para relajar el ambiente, hizo un comentario de broma.—Si lo piensas, es casi como si creáramos una línea temporal alternativa, como en esas películas de viajes en el tiempo.

Alguna vez había visto así su trabajo, pero pronto se daba cuenta de la realidad: de línea alternativa no tenía nada. Era un mero trabajo digno de los hombres de negro. Si había que comparar su vida con una película, esa sería Men in Black.
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Laith Gauthier el Sáb Ago 17, 2019 9:51 pm

Era natural pensar que Laith, sin tener algo horrible con qué compararlo, no tenía modo de sentirse menos culpable porque lo que hacía era un poquito más moral que servir a un sistema corrupto para borrar y modificar memorias. A pesar de eso, su trabajo de sanador era, en San Mungo, parcial también: su deber era curar a todos por igual, pero, ¿qué pasaba si tenía que curar a alguien muy malo o, por el contrario, alguien que iría a la cárcel? Lo suyo debiese ser proveer salud sin juzgar, pero había un peso importante que no siempre era fácil de ignorar.

Gwendoline, más experimentada que él, le aseguró que no tendría nada que preocuparse. Todo sucedería según el plan y el riesgo era inexistente. Asintió con un suspiro, aunque no debía preocuparse le preocupaba. Debía ser por su necesidad de querer pensar en otra cosa que se aprovechó del momento para recordarle que estaba de alguna forma en deuda con ella.

Por supuesto —le dijo, — pero, igual, para que lo tengas en cuenta —le guiñó un ojo, sonrisa de por medio, en gesto de complicidad. Sabía que iba en ambas direcciones, pero vio necesario recalcarlo.

Al menos tenía la tranquilidad de que en aquel barco no estaba solo. A veces se sorprendía preguntándose si estaba haciendo lo correcto, si debió involucrar métodos mágicos en todo aquello, y la respuesta siempre era la misma: no lo sabía, pero era lo que había hecho y no podía cambiarlo ya. El “hubiera” no existía.

Yo sólo puedo ponerme el chip de trabajo cuando estoy trabajando —se cruzó de brazos, enfurruñado. — Esto no es trabajo, es más bien una locura —se burló estirando una pequeña sonrisa. — Pues una copa será para calmarnos cuando todo esté en orden —decidió, asintiendo seguro dos veces con la cabeza. — Que nos traigan una ronda de café irlandés desde ya —bromeó, contradiciendo que “no iban a abusar del café irlandés”.

Laith permitió que el paso del tiempo lo arrollara un instante, tratando de pensar en cómo sobrellevar toda la situación y controlar sus propias emociones. Para él no era fácil, para él no era típico, así que las palabras de Gwendoline eran más bien lo único que tenía en contacto con la materia, pues él no tenía experiencia en ese ámbito.

También deberías implantarles algún recuerdo de lo que sucedió en esta reunión que no me haga ver como un loco, te lo agradecería —recordó, ya que obviamente Laith había tenido que convocar aquella reunión y era algo curioso considerando que el tema ya había sido legalmente zanjado aquellos monstruos yendo a prisión. — ¿Línea temporal alterna? —preguntó, dudándoselo un momento. — Más bien es como los Hombres de Negro, mira aquí —se sacó el bolígrafo del bolsillo, simulando aquel aparato borrador de memorias de la película.

Volvió a guardarse el bolígrafo y se acomodó la ropa de un gesto antes de que entrase la primera persona: era Gladis, una de las principales involucradas por ser la encargada de la investigación parental antes de conceder una adopción.

Gladis, un placer que nos acompañes —Laith la saludó como si todo el nerviosismo se hubiese apartado con el soplo del aire que se lleva las hojas de los árboles en otoño. — Pasa, ponte cómoda —estrechó su mano y saludó a dos besos, cerrando la puerta y acompañándola a sentarse en una de las sillas.

Laith sacó de un gesto su varita de su manga y con un hechizo no verbal que la mujer no fue capaz de percibir, la sujetó para que no cayese de frente contra la mesa, apoyándola en el respaldo de la silla con cuidado. La culpa le brilló en la mirada, pero esta vez sí era demasiado tarde.

Toda tuya —le dirigió una mirada a Gwendoline, dando un par de pasos en retroceso para permitir que fuera su compañía la que hiciera su trabajo. Él se acercó a la puerta para vigilar que no sucediera nada mientras la magia, literalmente hablando, se llevaba a cabo.
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Gwendoline Edevane el Dom Ago 18, 2019 3:53 pm

Locura era, desde luego, se mirara por donde se mirara: dos personas engañando a todo un sistema, y llegando hasta el punto de trastear con la memoria de los implicados en el caso de una niña que había sufrido cosas que no debían haber ocurrido nunca. Como bruja experimentada en la materia, era capaz de verlo, en parte, como algo bueno y casi cotidiano; como ser humano… sí, era una locura, se mirara por donde se mirara, y estaba segura de que los implicados no darían su consentimiento para semejante cosa.

Tampoco se les había ocurrido preguntarles, ni creía que hubiera sido una buena idea.

—Eso mismo pensé yo cuando me hablaron por primera vez del departamento en que trabajaba, y no era más que una cría de dieciséis años, en Hogwarts.—Respondió Gwendoline, sonriendo con cierto anhelo al recordar esa época que, en su mayoría, había sido muy buena.—Ahora sigue pareciéndomelo, no te voy a engañar, pero cuando aprendes a ver el mundo en gris y no en blanco y negro, es más fácil asimilarlo.—Aunque a veces añoraba su inocencia infantil. Las cosas serían mucho más fáciles si pudiera seguir viendo la vida de aquella manera tan pura e inocente.

Cuando aquello terminara, estaba claro, se irían de cabeza al Juglar Irlandés. Sam estaría allí, seguramente, y quizás también Santi. Seguro que en cuanto los viera juntos empezaría a hacerles preguntas de índole mágica hasta que Sam lo reprendiese, recordándole que nadie más que él conocía el secreto del mundo mágico en aquella cafetería.

No pudo evitar sonreír, dándose cuenta de que su vida valía la pena gracias a aquellos pequeños momentos.

—Trato hecho.—Le dijo, aunque preferiría no tocar el café irlandés, por lo menos, hasta hacer aquel trabajo como era debido.

Mientras el tiempo pasaba, y en un intento de calmar los nervios de su compañero de “misión”, Gwendoline explicó el procedimiento a Laith, resumiendo que básicamente todo saldría bien. Simplemente hacía falta concentración, cuidado, y atar cada uno de los cabos sueltos que pudiera haber.

—¿Qué deberían recordar?—Preguntó Gwendoline en respuesta a la inquietud de Laith.—Es decir, supongo que sería algo así como una comprobación rutinaria, ¿no? Para ver cómo va el caso. ¿O quieres que recuerden algo concreto?—Se imaginaba que la cosa sería diferente con cada persona: los del sistema de adopciones recordarían a Laith preguntando cómo va el tema, si hay padres aptos para tratar con una chica como Kelsey, mientras que sus doctores recordarían alguna nueva propuesta sobre la salud mental de la chica.—Me has leído la mente. Se te están pegando las habilidades de alguien que yo me sé.—Bromeó, en respuesta a la referencia a los hombres de negro, parpadeando con fingida sorpresa cuando Laith le “borró la memoria” con aquel inofensivo bolígrafo.

Y, como a pesar de todo, el tiempo suele pasar de manera inexorable, llegó la hora de tratar con la primera persona de la lista: una mujer que respondía al nombre de Gladis. Laith la invitó a entrar, agradeciéndole su presencia, y todo sucedió bastante rápido: el mago la inmovilizó en una silla, y antes de que cundiera el pánico, la mujer ya dormía plácidamente. Aquella era casi la peor parte.

—Esto es lo que menos me gusta de este trabajo: a veces es imposible evitar que tengan miedo de lo que hago.—Se sentía fatal por ello, aún a pesar de que la muggle no recordaría nada de aquello.—Un momentito...

Gwendoline bordeó la mesa para llegar junto a la mujer, y lo primero que hizo fue tomar el portapapeles que traía con ella. Lo abrió, y se encontró lo que esperaba: perfiles de posibles adoptantes para Kelsey. Se los entregó a Laith.

—Échales un vistazo. Cuando se despierte, Gladis creerá que en ningún momento ha caído inconsciente, y retomará una conversación que nunca ha existido. Es buena idea que memorices algún nombre, como si te hubiera hablado de ellos. Luego, colocaremos los papeles sobre la mesa, y todo parecerá real.—Explicó, dándose cuenta de que parecía estar dirigiendo una escena en una obra de teatro o el rodaje de una película.

Tomó asiento en la silla contigua a la de Gladis, que dormía un sueño casi reparador, y sacó la varita. La apuntó a la sien de la muggle, y enseguida comenzó a trabajar.

Durante el proceso de desmemorización, generalmente no se veía nada a ojos externos, salvo el brillo azulado en la punta de la varita y en los ojos de Gwendoline. Dicho brillo representaba la conexión mental que se establecía entre mago y objetivo, y si bien se parecía un poco a la legeremancia, había notables diferencias: el mago solo podía observar recuerdos, nunca pensamientos actuales, y por supuesto era incapaz de verlo como si lo hubiera vivido. Tampoco experimentaba emoción alguna fruto de la conexión, sino que más bien observaba los recuerdos como si fueran una película.

Y como si estuviera editando una película, Gwendoline invirtió algunos minutos en hacer un buen trabajo, borrando lo que no necesitaba, añadiendo lo que no estaba, y asegurándose de que el resultado era coherente. Al terminar, cortó la conexión entre Gladis y ella, parpadeó un par de veces al regresar al mundo real, y tanto sus ojos como su varita perdieron ese brillo azulado que tenían segundos antes.

—Ya está.—Dijo, volviendo la mirada hacia Laith.—Vamos a colocar los documentos sobre la mesa. Entonces, la despertaré. Recuerda: no recordará haber caído inconsciente, y continuará con una conversación acerca de...—Gwendoline se irguió para poder ver los documentos en manos de Laith, y señaló con la varita uno de los perfiles.—Este matrimonio, los Hanssen.—Volvió a mirar entonces a Laith.—Cuando tú me digas.

Estaba segura de que el proceso había salido perfectamente bien con Gladis, por lo que no habría problema alguno. El tema serían los demás: podía haber más o menos complicaciones. En el caso de Gladis, había sido muy fácil: la mujer no era psicóloga, por lo que la mayoría de tecnicismos se le escapaban, igual que a la propia Gwendoline.

Cuando tuviera que modificar las memorias de los médicos, tendría que consultar a Laith para hacerlo lo mejor posible.


Última edición por Gwendoline Edevane el Lun Ago 26, 2019 2:35 am, editado 1 vez
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Laith Gauthier el Miér Ago 21, 2019 12:57 am

Bastaba ver la situación para saber que no era precisamente algo normal. Si bien podía ser rutinario para Gwendoline, que trabajó en ese departamento específico, la verdad es que no era un tema agradable ni ético, si se pensaba con detenimiento y empatía. Sabía ver el mundo en escalas de gris y no en blanco y negro, pero había colores que se parecían tanto que a veces eran imposibles de identificar.

Por lo menos los dos llevaban claro que, una vez que todo hubiese acabado, podrían ir a tomar algo de café con alcohol para celebrar un trabajo bien hecho y ahogar la culpa y las penas que les habían ocasionado, así que asintió con la cabeza cuando hicieron el trato de ir directamente al Juglar Irlandés nada más terminar con aquella labor. Sería divertido cambiar de aires, conversar con Samantha y, quién sabe, puede que incluso con Santi, un nomaj con algo de contacto con el mundo mágico.

Te iré diciendo según quién sea lo que debería de recordar, más que nada para que tengas una suerte de guion que yo pueda seguir y estemos en el mismo canal —le dijo, pues sería raro que con alguien que no competía hablase cierto tema en particular. — Con la primera el tema sería básicamente las familias que tiene contempladas a futuro —le dijo. — Todos tienen una razón de ser en este rompecabezas —y era el motivo por el cual estaban involucrados y no otros.

Después de haberle “borrado la memoria” al puro estilo de los Hombres de Negro, el juego se acabó para pasar a la labor, cuando hizo pasar a Gladis y la asaltó de inmediato con naturalidad y mucha amabilidad, como solía ser él la mayor parte del tiempo, para que no sospechara nada. A traición había sido que le quitó la consciencia con un hechizo que la hizo dormir.

No me gustaría acostumbrarme —admitió, mirándola buscar los papeles de posibles adoptantes y pasando las hojas. — Nunca me había disgustado que alguien sintiese confianza en mí, siento que la traiciono, no sé si me explico —le fue contando mientras buscaba alguna familia que le llamase la atención, de acuerdo a las indicaciones de Gwendoline.

Leyó ficha tras ficha mientras ella hacía su trabajo, realizando el propio para hacer creíble aquella escena. Eligió a los Hanssen principalmente porque el nombre rimaba con el de su mejor amiga Jensen y sería fácil de memorizar ahora que estaba interiormente tan nervioso, si bien no lo demostraba exteriormente.

Adelante —le dijo, una vez que se sintió preparado, tomando asiento a un lado de ella con una expresión corporal preocupada.

Cuando Gladis reaccionó, él se mostró interesado en si se sentía bien por la forma en que se había desconectado de la conversación, cosa que en la realidad no había sucedido. Tras una conversación sobre la familia que habían estado “comentando” y unas cuantas otras, Laith se resolvió con mostrarse circunspecto con la idea y expresar su cautela con el tema. Lo que habría hecho realmente.

Después de eso se despidió de ella y la dejó marchar, con suficiente tiempo para que saliera del edificio antes de que llegase la próxima persona.

Laith se permitió perder un poco la compostura y colocó la frente sobre el escritorio un segundo. — Me alegra mucho no ser actor —porque, si bien se le daba bien, controlar los nervios estaba siendo un verdadero problema para él. — Va uno —se recompuso, volviendo a ponerse de pie y acercándose a la puerta para cazar al siguiente.

***

Todo había sucedido de acuerdo al plan. Entre ambos levantaban la escena que tenía que presentarse como excusa para la visita y ellos se iban sin esos recuerdos horribles que Kelsey no tendría más, dejándolos con ideas de maltrato y violencia emocional, pero no sexual.

En cierto punto, el sanador había dejado de pensar y se había concentrado en hacer, adoptando esa seriedad característica de su trabajo como su personalidad, al menos hasta que la última persona, el juez, abandonó la habitación. Todo había salido bien, en principio, pero lo más difícil estaba por venir, que era la atención a la única persona que Laith le preocupaba que no tuviera esos recuerdos.

Salieron del edificio y Laith montó su motocicleta para acercarse al orfanato donde permanecía la pequeña. — Sube —invitó a Gwendoline, prestándole el casco motero y colocándose uno menos seguro, pero un casco, a fin de cuentas. — No me voy a aparecer —porque le preocupaba que dado su estado emocional le costase más recuperarse físicamente.

Efectivamente, el orfanato no estaba precisamente lejos, así que en poco tiempo Laith se encontró ahí. Era un terreno que tenía un edificio y se alcanzaban a ver otros dos paralelos con un jardín en medio, todo cercado y protegido para los pequeños que convivían ahí a la espera de ser adoptados.

El edificio administrativo era agitado, pero le bastó compartir palabras con la recepcionista para que entendiese que iba a ver a Kelsey sin que le pusiese traba alguna, ni siquiera a que iba acompañado de una extraña para la organización, y al cabo de un momento ya estaban en una sala esperando a por ella.

Vengo de vez en cuando —le dio a conocer, por si le causaba curiosidad lo rutinario que aquello pareció. — No parece molestarles, ayudo un poco con los niños —aunque por supuesto desde que su paciente volvió ahí había visitado con mucha más frecuencia.
Laith Gauthier
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Gwendoline Edevane el Vie Ago 23, 2019 12:04 am

A pesar de que no lo mencionó en voz alta, pues no tenía intención de añadir más preocupaciones a la cabeza de Laith, a Gwendoline le parecía “bien” que a ninguno de los dos les resultara fácil, libre de culpas, realizar aquel trabajo.

Solía decirse que la culpa era la esencia del ser humano, el sentirse mal al hacer cosas cuestionables. Nacía de la empatía, y era en esencia lo que les diferenciaba de las bestias.

O al menos, así debía ser: la historia de Gwendoline y las personas que la rodeaban probaba que existían en el mundo seres humanos mucho peores que las bestias, incapaces de un simple ejercicio de comprensión ajena, para los que segar una vida era tan rutinario como estampar su firma en un documento.

Triste consuelo pensar que ellos no eran así… pero consuelo, a fin de cuentas.

—Ese es el tema: confianza.—Asintió Gwendoline con una sonrisa resignada en el rostro.—Nunca he modificado los recuerdos de alguien a quien conociese bien. Siempre han sido desconocidos que han tenido la mala suerte de presenciar lo que no debían.—Sonaba fatal, pero teniendo en cuenta la alternativa con el gobierno actual—una muerte, que a ojos de los muggles se convertiría en una desaparición sin rastro—, modificar unos simples recuerdos parecía la opción menos mala.

Pero mala, a fin de cuentas.

Modificar la memoria de la primera de la lista, Gladis, había sido muy sencillo: la mujer no era psicóloga, y sólo tenía una leve noción del tema debido a todo el tiempo que pasaba en compañía de otras personas que sí lo eran, además de niños que mostraban ese tipo de problemas.

Sin embargo, la dificultad para Laith no radicaba en eso, sino en que debía ser él quien actuase con normalidad ante la situación. Y comprendía su agotamiento, tanto físico como mental, frente a la situación.

Podría haberle consolado diciendo que lo había hecho bien, pero… dudaba que ese fuera el problema. Así que, en su lugar, dijo otra cosa mejor.

—Pronto habremos terminado con esto.—Y dejó escapar un suspiro: “pronto” equivalía, por lo menos, a un par de horas, y eso sin contar con el acto final.—Pronto nos habremos olvidado de esto.

Tampoco estaba tan segura de eso.


***

Esperó que el tema entrañase mucha más dificultad, pero con la ayuda de Laith, todo había salido bien: cada uno de los asistentes había entrado en aquella sala sabiendo una cosa y había salido sabiendo otra ligeramente diferente. La historia oficial de Kelsey, por fin, había sido modificada, quedando un único cabo que atar.

Mientras caminaban en dirección a la calle, Gwendoline recordaba la primera vez que había participado en algo parecido, trabajando en el Ministerio de Magia. No la habían dejado hacerlo a ella directamente, pero se había marchado con una sensación muy extraña: un montón de personas que antes conocían una historia ya no la recordaban, o recordaban algo totalmente diferente.

Había sentido un vértigo adueñándose de ella, y no había podido evitar hacerse la típica pregunta: ¿Y si mi mundo no es tal y cómo creo recordarlo?

Procuró no darle vueltas a esa sensación, y lo tuvo fácil desde el momento en que Laith le mostró su motocicleta.

—Nunca había montado en una de estas.—Dijo con una leve sonrisa, mientras obedecía a Laith y se montaba detrás.—Y definitivamente nunca me había puesto uno de estos.

No, jamás se había puesto un casco, y en cuanto lo hizo, sintió que su cabeza pesaba como el doble, y que se balanceaba un poco sobre su cuello. Fue una sensación rara, desde luego, pero procuró no hacerle mucho caso: el caso era sinónimo de protección, y estaba cansada de ver anuncios de televisión que hablaban sobre su importancia.

Laith condujo su moto hacia el orfanato, que no estaba demasiado lejos. Gwendoline, sujeta al conductor de aquel trasto tan veloz, se permitió echar un vistazo al edificio principal, afincado sobre un pequeño y cuidado jardín, así como a los dos edificios aledaños. La imagen global del lugar estaba clara: pretendía transmitir una falsa sensación de felicidad, como si en aquel lugar no ocurriera nada malo.

Lo dudaba.

Se apearon de la moto, y Gwendoline devolvió a Laith su casco. A partir de ahí, la bruja se limitó a guardar silencio y seguir al mago, que se conocía aquel lugar mejor que ella. Una pequeña conversación con la recepcionista y un par de minutos más tarde, y ambos se encontraban camino a encontrarse con Kelsey.

—Estoy segura de que a este lugar no le vienen mal las ayudas voluntarias, en general.—Respondió Gwendoline, echando un vistazo alrededor. Las paredes estaban cuidadas, sí, pero acusaban lo mismo que todos los edificios muggles financiados con fondos públicos: escasez, necesidad.—Tengo que reconocer que esta parte sí me pone algo nerviosa: sé lo que debo localizar, y lo que debo modificar, pero Sam me ha dicho que no será tan sencillo. Ya sabes...

Por el tema de su visión distorsionada de la realidad, básicamente: le habían hablado, tanto Laith como Sam, del tal Señor Sonrisas, y por lo visto él iba a ser su enemigo personal en aquella ocasión. Esperaba que los consejos de ambos le sirvieran...
Gwendoline Edevane
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