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Always watch your back. —Josyax.

Ayax Edevane el Lun Abr 29, 2019 12:59 am

Recuerdo del primer mensaje :

Always watch your back. —Josyax. - Página 3 OV0mYRq
25 de abril del 2019 || 18:32 horas || Atuendo

—No me puedo creer que digas eso.

—¿El qué, exactamente?

—Lo de que te da igual la vida de ese tipo.

Ayax enarcó una ceja, sin entender muy bien el valor moral que estaba aplicando su prometida en aquel momento. Estaban en medio de una de sus muchas decisiones para la boda, con la diferencia de que el pelirrojo había intercambiado con ella una opinión personal con respecto al trabajo. Hacía poco que uno de los ayudantes del Área-M había sido atrapado por traición, ya que se había comprobado que había estado mintiendo desde el día uno con respecto a su pureza de sangre. Actualmente se había confirmado que se trataba de un sangre sucia más y había pasado de ser un ayudante, a ser un preso. No era un extirpador, ni tampoco un becario. Había sido un medimago que había compartido clases tanto con Ayax como con Amalthea en la universidad de medimagia y trabajaba ayudando a los presos y asegurándose de que recibían un trato adecuado.

Amalthea, al parecer, se mostraba indignada por la poca empatía de Ayax con respecto a un viejo amigo y compañero de trabajo. Por no hablar, claro, de que según ella daba igual que fuera hijo de muggles si había declarado su lealtad, igualmente, al nuevo gobierno.

—Las cosas no van así y lo sabes. No importa que un sangre sucia sea masoquista y le de la espalda a los suyos por apoyar un gobierno que quiere matarlo. Un sangre sucia es y será siempre un problema para nuestra sociedad si apostamos por un mundo mágico puro. De eso trata el purismo y de eso trata este gobierno. ¿Tú a qué juegas? —Preguntó Ayax, tan metódico y literal como siempre.

—Ya, ya lo sé —respondió ella. De repente, se relajó al darse cuenta de que se había alterado más de lo normal. ¿Qué era lo que escondía? Ella parecía prometer no haber tenido relación con Jaime—el tipo recién preso—que la que tuvieron en la universidad, ¿pero de verdad le estaba contando la verdad a Ayax? —Déjalo, perdón. Es que me llevaba bien con él y la verdad es que me sorprende su traición. Ya sabes que me cuesta interiorizar todas esas cosas.

Siempre ponía las mismas excusas: que si el código de los médicos, que si era demasiado empática, que si su moralidad iba más allá de leyes… Y a Ayax no le molaba nada de eso. Entendía que un médico estudiaba lo que estudiaba porque quería salvar vidas, pero alguien como Amalthea debía de ser capaz de decidir qué vidas valían o no la pena y, sobre todo, no ser una pusilánime dubitativa.

—Pues no deberías sorprenderte su traición ni mucho menos afligirte por lo que le ha pasado. Denota duda y disconformidad y ambas cosas te hacen parecer débil y a favor de ese tipo de personas. Nuestro gobierno es claro y ha sido hasta benevolente con el castigo después de haber estado dos años y medios mintiéndonos a la cara —le respondió claramente.


***

No era la primera vez—y ya te digo yo que no sería la última—que Ayax y Amalthea tenían ese tipo de conversaciones. Mientras que el pelirrojo parecía tener clarísima su posición con respecto al mundo, Amalthea parecía que no. Desde un principio el Edevane se dio cuenta de que los ideles de su prometida, pese a que parecían apoyar el purismo, no eran en absoluto radicales ni parecían estar bien formados. Ahora, sin embargo, que parecían tener mayor confianza y conocerse un poco más, las cosas poco a poco iban cambiando. Ayax había llegado a comprender a la muchacha, mientras que ella sabía que no debía decir delante de él.

Y vale que Ayax podría tener ciertas dificultades para entender las cosas, pero uno de sus principales tareas antes de casarse con una persona era llegar a entenderla. Y la verdad es que después de conocer y comprender a Amalthea, algo… no le gustaba. Le chirriaba.

Sabía que tenía que casarse con ella y aceptarla a pesar de su fallos… pero algo le decía que su desconfianza hacia ella no era precisamente “un fallo”.


***

—¿Qué haces? —preguntó Ayax a través del espejo comunicador, hablando con su primo. Joshua acababa de salir de la universidad y el pelirrojo había recibido un mensaje de su entrenador como que hoy no podrían entrenar, por lo que tenía la tarde libre. —¿Quieres hacer algo? Tenía planes pero me los han cancelado. Debería quedar con Amalthea, pero no me apetece decirle que he cambiado de planes.

El pelirrojo estaba en su casa, en los jardines, a la espera de decidir qué hacer. La verdad es que cualquier cosa le parecía bien, con tal de no perder la tarde en mitad de su casa hablando de su padre de política o de su madre de zanahorias. Últimamente le había dado por las malditas propiedades de las zanahorias.
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneBecario Área-M

Ayax Edevane el Vie Jun 14, 2019 3:56 am

Realmente a Ayax no le molestaba en absoluto los squibs. Era cierto que eran una gran potencia de información en un mundo con el que no quieren compartir el secreto pero... al menos tenían antepasados mágicos, ergo era altamente probable que su descendencia también fuera mágica. Sí, era un eslabón perdido e inútil, pero no consideraba que fuese un acierto repudiar al squib sólo por el hecho de ser squib, pues pese a que no tenga magia puede seguir teniendo en sus venas sangre pura y seguir expandiéndola.

Era, sencillamente, mala suerte. No tenía nada que ver con los sangre sucias. Para esos era el milagro de su vida tener el gen mágico a partir de dos muggles que no tenían nada que ofrecer... Por eso era bueno ver si realmente lo que esa conferencia decía se podía hacer realidad.

—Te he despertado de un susto. —Hizo una pausa y miró a su primo, sin hacerle caso cuando dijo que no lo sintiera, para entonces sonreír. —Lo siento por eso también.

Estaba bien escuchar eso de la voz de otra persona: que no le molestaba que recurriese a él cuando lo necesitaba y que siempre iba a poder contar con él. Aquello era totalmente recíproco y esperaba que Joshua lo supiese; que Ayax le hubiese hecho ver, sin palabras, que él podía hacer exactamente lo mismo y que el pelirrojo no le iba a dar la espalda. Consideraba que su primo era una persona a la que proteger y también con la que se sentía protegido. Era una sensación extraña.

—¿Ah, no? —Preguntó, fingiendo sorpresa cuando le dijo que ser el mayor no venía con ciertas responsabilidades. —Llevo engañado toda mi vida.

Vale, eso sonó irónico, pero en realidad esbozó una sonrisa después que dejó claro que no se estaba burlando ni nada por el estilo. En realidad lo sabía, pero... ¿cómo lo iba a aceptar, teniendo en cuenta como era Ayax? Ya no solo es que fuese un poquito orgulloso, sino que odiaba no sentir que lo tenía todo controlado. Y no controlarse a sí mismo lo sacaba todavía más de su estado normal. Era como un ciclo sin fin; el pez que intenta morderse la cola.

—Esperaré a estar bien, no te preocupes. El té me ayudará, siempre y cuando me lo pueda tomar. —Y metió el dedo meñique en el líquido de su taza, dándose cuenta de que todavía quemaba. Así que cogió la taza por el asa, se la acercó a la boca y sopló con suavidad para que se fuese enfriando.

En realidad el derrame de Ayax tuvo que ver en lo que le había pasado y si bien había más posibilidades de que le pudiera ocurrir de nuevo a él, que a otra persona, por suerte estaba libre de peligro por el momento. Pese a lo mal que lo había pasado cuando era pequeño, el pelirrojo se había recuperado bastante bien, a excepción de la pequeña—no tan pequeña—amiga que se llevaba a su lado. Hubiera sido quizás bueno que cuando era pequeño alguien se diese cuenta de que Olivia, la amiga imaginaria de Ayax, era más real de lo que todos creyeron en la cabecita del pelirrojo. Era normal que un niño tuviera amigos imaginarios, ¿no? Ayax lo sabía, y también llegó un momento en el que él mismo supo que dicha 'amiga' era más real de lo que muchos creían y que si no quería volver a ser ingresado lo mejor era guardárselo para sí mismo. Nadie quiere reconocer al mundo que está un poco mal de la cabeza, ¿no?

De pequeño se cogió un trauma con hospitales, pero con ser paciente y pasar gran tiempo allí encerrado. Quizás por eso tuvo tan claro que vocación como médico, para saber curarse a sí mismo y no tener que volver a pasar tiempo en su interior.

Bebió entonces un poco del té, el cual estaba un poquito más templado para la lengua estándar de un ser humano. Y normal, pues Ayax se había puesto a soplarlo un buen rato. Se apoyó entonces hacia atrás en el sillón, acomodando sus piernas bien abiertas. Entonces resopló y miró a su primo.

—Mañana yo también tengo que trabajar —dijo de repente, mirando el reloj y dándose cuenta que TODO se había alargado más de lo que él hubiera previsto en un primer momento. Apoyó su cabeza hacia atrás, mirando hacia el techo. —Pensaría en no ir, pero creo que teniendo en cuenta lo poco que voy a dormir de intentarlo, me va a sentar bien mantener la cabeza ocupada.

Tenía muchas cosas en mente que estaba delegando para el Ayax de mañana: no solo tenía que informar de la muerte de su compañero, sino también hablar con Amalthea. Y era consciente de que eso último podía ser bastante complicado, pues ella no admitiría nada, no después de que Ayax la hubiese cuestionado tantas veces. La buena mentirosa ya debía de tener un arte para decir lo que más le convenía.
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Sáb Jun 15, 2019 11:18 am

Respecto al mundo en general, Joshua tenía una mentalidad bastante simple: si no le afectaba directamente, no tenía mucho de lo que preocuparse. Por eso es que el tema de aquella investigación iba más por saciar la curiosidad científica más que por cualquier otra cosa. Y, siendo honestos, también había implícito el placer de buena compañía mientras se aprendía algo nuevo, por lo que, en todo caso, eran todo beneficios.

Trató de convencer a Ayax de que no quería disculpas, pero inevitablemente le devolvió la sonrisa cuando lamentó haberlo despertado de un susto. — No te voy a quitar razón en eso —porque era sólo la verdad, — pero soy benevolente, así que acepto tus disculpas —reconocía que aún tenía un poco de migraña por despertar tan bruscamente, pero en realidad ni siquiera se lo tomaba en cuenta a Ayax. Ya pasaría, después de todo.

No había otra verdad; Joshua sabía que ese malestar, el sueño, eran pasajeros y que sólo bastaría un poco más de descanso para que se borraran por completo. Era algo que podía esperar. La situación de Ayax, muy por el contrario, aunque quizá también era pasajera, requería de él en ese preciso instante, sin opción a “hacerlo más tarde”. Si su primo necesitaba de él, todo lo demás sabía a poco y podía esperar, pues había prioridades que atender.

Lo cierto era que lo había aliviado escuchar al pelirrojo bromeando con él, sabiendo por su sonrisa que no se estaba burlando de lo que decía, aunque no debiese ser secreto. — Yo sé que te acabo de revelar el misterio de tu existencia como primo mayor, no me lo agradezcas —le siguió el juego entonces.

Era obvio y lógico asumir que, durante mucho tiempo, Ayax fue la seguridad y el refugio de un Joshua al que el mundo le quedaba grande, mientras que las aportaciones al contrario habían sido, si bien existentes, significativamente menores. No había cambiado mucho conforme fueron creciendo, hasta llegar a esa relación que tenían de mutua confianza donde estaban seguros que el otro estaría ahí justo cuando le necesitaran. Joshua pensaba que era cuestión de que su primo abandonase su orgullo para que se diese cuenta que ahora estaban en igualdad de condiciones, y tanto como él lo había y seguía ayudando, el moreno podía responderle al mismo nivel.

Creo que lo preparé para beberlo pasado mañana, lo siento —le sonrió, sabiendo que tampoco él había podido dar apenas un sorbo por lo caliente del agua, ahora hecha té.

Mientras que el otro optaba por soplar su té, Joshua decidió esperar a que se enfriase por su cuenta, con muchos pensamientos dándole vueltas en la cabeza. Debió imaginar que, ya que era entresemana, Ayax también tendría que cumplir con su compromiso en el Área-M dentro de su trabajo, y se preguntó si era lo más adecuado. La respuesta era, de hecho, simple: cualquier cosa que mantuviese su cabeza concentrada en otra cosa que no fuera la traición de su prometida era de ayuda.

Podrás compensar luego las horas de sueño perdidas —lo animó, pensando que a él no le motivaría mucho. — Al menos debes agradecerme que te he entrenado para durar una noche sin dormir y ser medianamente funcional —se jactó de ello, como si fuera un logro.

Era casi seguro que los dos preferirían dormir antes que tener que enfrentarse a un lobo que no cedía una vez al mes, pero era lo que había. Todavía no perdía la fe en que el científico conseguiría modificar la poción matalobos para hacerla útil en su situación particular, pese a que, hasta donde habían conseguido observar, no había habido mucha suerte.

Hundió la espalda contra el respaldo del sofá y subió un pie, flexionando la rodilla y entrelazando sus dedos encima de ella. Dirigió la mirada hacia su primo, pensando en todo lo que tendría que estarle pasando por la cabeza en ese momento. Decidió romper el silencio, para atraer de nuevo su atención. — Si pudieras hacer cualquier investigación en tu rama… ¿sobre qué sería?
Joshua Eckhart
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Mar Jun 18, 2019 3:59 am

No le iba a quitar razón en eso último que había dicho: las múltiples cartas que Joshua le mandaba de madrugada, de manera totalmente arbitraria, habían hecho que Ayax acudiese en más de una ocasión al Área-M sin dormir sus horas mínimas. Por norma general ir a trabajar sin dormir lo suficiente solía ponerlo de mal humor, pero si el motivo era intercambio de información con su primo pequeño pues… hasta se despertaba con un humor mucho más agradable. De hecho se desvelaba, se iba a la cocina a tomar un desayuno bastante temprano y… empezaba su día antes, con sencillez.

—Eso no te lo quito —respondió, divertido. —Ahora que lo pienso, lo mismo te debía el despertaste con un susto después de todas las veces que tu cuervo ha empezado a golpear mi ventana en mitad de la noche.

Intentó beber un poquito de su té sin quemarse demasiado, para entonces copiarle en pose, aunque sin poner los pies sobre la mesa ni nada. Solo se abrió un poco las piernas por comodidad mientras pensaba en la respuesta a esa pregunta tan difícil. Y era complicada porque tenía muchas opciones en mente, no porque no tuviera ninguna. Él siempre había sido un chico con mucha iniciativa y no se había hecho medimago por cuidar personas, sino por el conocimiento que eso le daba para futuros estudios e investigaciones.  

—Qué difícil… —Y mantuvo la taza entre sus manos, que si bien estaba caliente, podía sujetarla con tranquilidad. —En realidad mi intención es poder hacer muchas de las investigaciones que tengo apuntadas de mi rama, pero si tuviera que priorizar, digamos por una hipotética oportunidad que me den en el Área-M supongo que me decantaría por… —Hizo una ligera pausa, representativa. No supo ni por qué dudó, si lo tenía clarísimo. —Seguramente haría un estudio sobre la inestabilidad mental en los enfermos, evidentemente, mentales. Ya sabes que un trauma puede ocasionar ciertas lesiones cerebrales que dan lugar a anomalías, pues… eso. Me gustaría ver si hay permanencias, soluciones a esas pérdidas… Es complicado, en realidad… Sería un estudio que me llevaría mucho tiempo porque en su mayoría serían casos a largo plazo, pues a corto no se podría estudiar prácticamente nada. —Entonces hizo una pausa, mirando a su primo, pues le había dicho todo eso con la mirada fija en la mesa, en un libro que estaba allí apoyado. —Pero creo que eso sería demasiado ambicioso para mi primer estudio. Eso debería enfocarlo cuando tenga poder de verdad en el Área-M como extirpador. Como un becario… debo de apostar por cosas con resolución inmediata, o que al menos tengan soluciones a corto plazo, ¿sabes? Dar resultados para que confíen en mí.

Y sí, Joshua, después de todo, había conseguido su propósito. Ahora mismo Ayax le estaba dando al coco y si bien tenía que ver con lo que era Olivia, no estaba pensando en nada de eso, sino en sus oportunidades, su lista de objetivos y en su trabajo en el Área-M. Incluso había dejado de pensar en Amalthea y las ganas que tenía de arrancarle la cabeza, por lo que después de eso la cosa se tranquilizó bastante, hasta el punto de que se pudo beber el té tranquilamente mientras terminaba prácticamente dormido en aquel sofá.

Fue el mismo Joshua quién lo hizo aparecer en su casa para evitar riesgos, dejándolo sano a salvo y su habitación.


Al día siguiente
Jardín de la Mansión Davies

—¿Qué te pasa? —Preguntó Amalthea, quién paseando con Ayax lo veía muy ausente, como si no le importara nada de nada lo que ella tenía que decir con respecto a la boda.

Lo cierto es que no le importaba una mierda porque no pensaba casarse con esa traidora. Ayax entonces se paró, mirándola con una mirada fría y paciente. Estaba haciendo bastante trabajo para no perder la compostura, pues hace un momento los padres de ella estaban presentes y no consideraba que declararla traidora frente a sus padres fuese demasiado inteligente.

—Amalthea… Ayer… —No pensaba acusarla directamente, pues tampoco le resultaba inteligente. Ayax podría saciar sus ansias de venganza por mentirle matándola, ¿pero luego como respondía frente a su familia y frente al Ministerio de Magia por un asesinato, aparentemente, sin precedentes? No podía hacer eso, necesitaba que confesase frente a él.

—¿Qué ocurrió ayer…? —La médico se dio cuenta de que al pelirrojo le pasaba algo y, de hecho, estaba fingiendo sentirse contrariado, triste y algo desesperado. De hecho parecía tan personal que Amalthea no pensó ni por un momento que podía referirse a algo que tuviese relación con ella. —¿Está todo bien, Ayax?

—Ayer salí del entrenamiento con Rawson y… me encontré con un ex-compañero de Hogwarts de frente. —Hizo una pausa, para entonces fingir trabarse. —Sabes que siempre he… he apoyado todo lo del purismo, creo que las cosas se están haciendo bien… Siempre soy muy duro contigo y…

Entonces la morena se paró frente al pelirrojo y puso sendas manos sobre su rostro.

—Tranquilo. —Se la notaba realmente preocupada y muy curiosa por lo que tenía que decir, sobre todo porque le convenía. —Cuéntame…

—Ese ex-compañero está en los carteles de Se Busca y… Quería guardármelo, dejarlo pasar… ¿pero cómo voy a dejar pasar una traición así? Estaba herido y me pidió ayuda. Yo debería de haberle llevado al Ministerio de Magia pero… no pude. —Bajó la mirada.

Hasta la fecha Amalthea había estado siempre frente a un Ayax frío, serio y que jamás en la vida había dicho ninguna mentira. El pelirrojo se caracterizaba por ser una persona totalmente honesta en todos los sentidos, hasta el punto de herirte si te soltaba la verdad a la cara. Es por eso que en ese momento la muchacha no pudo darse cuenta de que le estaba mintiendo y, frente a su gran actuación, tampoco pudo atisbar ningún tipo de manipulación. Para ella, aquello era real: su prometido se había derrumbado frente a sus propios sentimientos, quebratando sus propios ideales. Y en el interior de la muchacha, tan débil como era, cayeron en escombros su muro frente a su prometido, ese muro que la protegía del pensamiento tan radical del pelirrojo.

— ...Siempre he sido muy duro porque es lo que hay que hacer actualmente. Hay que actuar porque hay unas leyes pero… hay veces que no se puede. Yo no puedo. Ayer no pude… Ahora cualquiera podría venir y tacharme de traidor; meterme en Azkaban y acabar con mis días… —Masculló entre dientes; enfadado. Ese enfado, en realidad, no lo tuvo que fingir. —No debería de haberlo hecho… Tú misma podrías llevarme ahora mismo ante un juez y…

—No, no, no… —le dijo, intentando buscar su mirada con la suya. —Ayax, somos médicos: es nuestro deber salvar vidas. Siempre lo ha sido. Da igual quién diga el gobierno que es bueno o que es malo. No está en nuestra mano matar personas ni dejar que mueran: tenemos una responsabilidad en nuestra espalda y…

—Sabes que eso da igual actualmente, Amalthea…

—No, no da igual. Yo no pienso permitir que un gobierno me diga qué es lo que debo hacer, o que me obligue a quedarme con los brazos cruzados cuando veo injusticias delante de mis ojos. Ayax, tenemos la oportunidad de crear la diferencia y…

Ayax se hizo el sorprendido.

—¿A qué te refieres?

—Que yo también lo he hecho y no me arrepiento de nada… No es justo que gente inocente tenga que morir por culpa de un gobierno corrupto, Ayax. Las leyes rozan límites inhumanos y apoyar eso es apoyar una caza colectiva que no se sostiene por ningún lado —respondió. —Ayer mismo… recibí la llamada de un amigo que necesitaba ayuda y estaban heridos y no pude negarles la ayuda. Eran fugitivos pero… ¿qué voy a hacer? Me pasó como a ti y…

Entonces Ayax la abrazó.

Y en ese momento Amalthea sintió, por primera vez en todo el tiempo que llevaban como prometidos, que había conectado por fin con Ayax Edevane. Mientras la abrazaba, Ayax abrió los ojos y vio a Olivia detrás de Amalthea. Esta vez no le dijo absolutamente nada. ¿Para qué? La mente de Ayax estaba bien aclarada en ese momento. Es por eso que cuando se separó de Amalthea, ésta incluso estaba emocionada.

—¿Sabes qué les pasa a los traidores? —preguntó Ayax.

—No nos pasará nada, Ayax. Juntos podemos evitar cualq… —Y entonces se cayó de repente.

Davies se llevó la mano al cuello, pues sentía allí que se asfixiaba. Ayax tenía la varita apuntando hacia ella y, a medida que giraba su empuñadura, la presión en su cuello subía. La mirada del pelirrojo ya no tenía ni un poco de atisbo de arrepentimiento o desesperación, sino que era fría y totalmente rabiosa.

—Los traidores como tú deberían terminar en Azkaban, pero yo no permito que nadie que me traiciona de esta manera siga con vida. —El cuerpo de Amalthea se alzó frente a él mientras él retrocedía un paso, ahogada por su magia. —Me da asco que hayas tenido engañada a mi familia todo este tiempo y que pretendieras casarte conmigo cuando estás por ahí salvando al enemigo. Tú me das asco. Tu debilidad, tus emociones… todo tú: eres lo más débil que he conocido nunca. El eslabón más patético de nuestra sociedad. —Entonces movió a Amalthea y la acercó a él, para hablarle bien de cerca. Era médico, no iba a asfiaxiarla hasta que terminase de escucharle. —Y me costará caro esto: pero pienso que sea un aviso para todos los que están por venir y que nadie se crea que pueda jugar con un Edevane.

Entonces soltó a Amalthea y la liberó del hechizo que pretendía ahogarla. La morena, asustada, sacó su varita, pero Ayax se la quitó con un zarandeo de mano, haciendo que volase en dirección a un arbusto.

—Ayax, por favor…

—Córtale la cabeza —decía Olivia. Ayax miraba con una mirada vacía a su prometida. —Castígala, Ayax. No la mates con benevolencia. No se lo merece.

Pero el pelirrojo sabía que no podía mutilar a la mujer que tenía delante por mucho que quisiera, pues estaba en casa de sus padres. No era lo mismo matar a una traidora tras cogerla con las manos en la masa, a mutilar a una persona a unos metros de sus padres, quienes estaban en el interior de la mansión.

—Ayax… —Pero entonces Amalthea pudo notar como sus labios, lentamente y con mucho dolor, eran cosidos mágicamente, uniéndolos sin que pudiese abrir la boca. Lo miró desesperada.

—Deja de mentirme o hacerme ver que eres una persona que no eres. —Su boca se cosió por completo. —En realidad ya sabía que eras una traidora: ayer te vi. Ayer era yo el compañero del tipo al que tus fugitivos mataron. Y frente a un atisbo de humanidad en mí... has caído en la trampa más evidente. —Amalthea se puso en pie para correr hacia su casa, a buscar protección de sus padres.

Ayax no hizo nada, solo miró como se acercaba, pero cuando estuvo lo suficientemente cerca de la casa, la apuntó y conjuró un Avada Kedavra. Cayó justo delante de la puerta de su mansión, a lo que el pelirrojo se acercó a tiempo de que la puerta se abriese y la madre viese allí a su hija muerta, con sangre en la boca por culpa de aquellas cuerdas que no eran más que un castigo por sus mentiras. Un castigo piadoso sólo porque era consciente de lo que estaba por venir. La madre de Amalthea miró a Ayax con odio y sacó la varita para atacarlo, pero Ayax se limitó a conjurar una barrera de aire frente a él que evitaría cualquier cosa.

—Su hija colaboraba con los fugitivos, señora Davies. Denuncieme por matar a su hija sin un juicio justo, lo mismo podrá llevarse una gran cantidad de dinero de la familia Edevane, pero he hecho mi labor como ciudadano matando a una garrapata como lo era Amalthea. —Hizo una pausa. —Y los dos sabemos que defender a su hija con las pruebas que tengo, solo incriminaría a la familia Davies. —Fue tan frío como siempre era, sin mostrar ni una pizca de empatía por aquella pobre madre que estaba viendo a su hija perder el calor.

—Vete ahora mismo de esta casa —le dijo, casi de rodillas en el suelo y con lágrimas en los ojos, pero sin dejar de apuntar al pelirrojo. —¡VETE AHORA MISMO DE ESTA CASA!


Al día siguiente del asesinato de Amalthea Davies
Mansión Edevane

Evidentemente la familia Davies había denunciado a Ayax Edevane por haber matado a Amalthea Davies de esa manera sin un juicio justo. El juicio por homicidio sería en dos días, pero por falta de pruebas el pelirrojo estaría libre hasta entonces. El pelirrojo entendía la desesperación de la familia, pero como aspirante a las filas de mortifagos y fiel mago que apoya al gobierno, tenía todas las de ganar. No solo tenía contactos, sino que tenía pruebas. Se sometería al veritaserum y a un legeremante con tal de corroborar su parte de razón y, como bien le había dicho el pelirrojo, como mucho podría ganar mucho dinero por parte de la familia Edevane, un dinero que a la familia Edevane no le importaría otorgar; un dinero que más que tranquilidad, le iba a parecer a la familia Davies un dinero podrido.

Ayax había tomado la decisión de matar a Amalthea después de pensarlo seriamente, pues evidentemente no quería terminar en Azkaban por matar a una persona que pudiese causarle problemas. Sin embargo, la ley actualmente está corrupta y un asesinato de ese calibre, si hay pruebas de traición, queda bastante impune. Por suerte para Ayax el tema no había ido más allá ni había salido en la prensa, por parte de los Edevane y de los Davies, era algo que se prefería que quedase entre las familias.

Maille y Bruno Edevane estaban sorprendidos, pero pese a su actitud actual con respecto a los mortifagos, seguían siendo cien por cien puristas, ergo pese a que pensasen que la decisión de Ayax había sido bastante radical, lo apoyaban. Eva no sabía qué pensar, mientras que Angie había evitado opinar al respecto, declarándose en contra de esa actitud tan poco humana.

Esa noche caminaba tranquilamente por un parque que ya estaba hasta cerrado y, en mitad de su soledad, pensando si había actuado correctamente, llamó a Joshua por su espejo comunicador. Cuando vio la cara de su primo al otro lado, Ayax paró el caminar.

—Pasado mañana tengo un juicio en Wizengamot. —Le informó, frío. —Los padres de Amalthea me han denunciado por matar a su hija por traidora.

No, no se lo había dicho. El día anterior había estado demasiado ocupado asesinando a Amalthea y enfrascado en una discusión entre familias que intentaban evitar una masacre vengativa. Los Davies deberían de saber que tenían las de perder, pese a querer justicia.

—Iba a salir impune si la mandaba a juicio… Personas como ella que te mienten en la cara y solo esperan el momento de traicionarte por la espalda no se merecen una segunda oportunidad. Sé que ganaré el juicio, eso no me preocupa... —Seguía con la mirada fija en Josh, a través del espejo del reloj. —En realidad no sé si hecho bien, pero no me arrepiento en absoluto…

Quería matarla: eso estaba claro. Si no sabía si había hecho lo correcto era por cómo le iba a influir él, de manera social, todo aquello. Evidentemente le importaba lo que pensara el resto teniendo en cuenta la vida que le esperaba a Ayax próximamente y que se había quedado sin futura mujer y con una familia purista respetable que ahora lo odiaba.
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Jue Jun 20, 2019 1:12 am

Se sonrió cuando su primo le dijo que ya le debía despertarle de un susto cuando él y su insomnio enviaban a su cuervo para llevarle las cartas esas noches de desvelo donde su energía no parecía quererlo dejar dormir, por muchos consejos de Ayax que siguiera para cansarse y relajarse con el propósito de descansar.

Joshua se sorprendió a sí mismo de que su mente apenas funcional encontrase una pregunta tan buena que hacerle al pelirrojo para que desviara su atención de lo que lo había angustiado y asustado hasta llevarlo a él para buscar consuelo. Aunque a veces no entendía de qué estaba hablando, siempre era un placer escuchar a su primo hablar sobre las cosas que lo entusiasmaban, en especial lo hacían su trabajo y sus investigaciones, pues alma de científico no le faltaba.

Primero oyó sobre su estudio ideal sobre los traumas y los pacientes mentales, que era una investigación a largo plazo y que era poco realista para considerarla en el futuro próximo, antes de caer a la realidad y comenzar a hablar sobre esos estudios a corto plazo y de soluciones rápidas. Una vez habían tomado ese hilo, fue difícil sacarles del mismo, con el menor preguntándole cuanto se le ocurriera sobre esos planes que tenía, con té de por medio y esa conversación que derivó más tarde a otros temas igual de interesantes.

No mencionó el cansancio de su primo hasta que cayó rendido por completo en el sofá, haciéndolo emitir un suspiro tranquilo. El tiempo se les había pasado, lo supo cuando vio el reloj, y el cansancio le pesó en los huesos, así que decidió dejar descansar al pelirrojo un momento sobre su sofá hasta que alcanzara un sueño medianamente estable donde poder transportarlo sin que hubiera riesgo de que se despertara y el proceso empezara de nuevo.

Al aparecer junto con Ayax en la habitación de su casa en el Valle de Godric, lo sostuvo mientras deshacía la cama para meterlo ahí. En verdad, encontró gracioso que después de que el otro lo hiciera tantas veces por él tras las lunas llenas, le tocase esta vez devolverle el favor, quitándole los zapatos y arropándolo en la cama, dejándolo descansar tranquilo mientras se sentaba al borde de la misma mirándole.

Tratando de asimilar todo lo que había sucedido desde que despertó en ese momento, sólo llegaba a la conclusión de esperar que el día siguiente no fuera tan duro para el medimago, repeinándole los pelirrojos cabellos hacia atrás con una caricia. Dejó una nota donde le pedía comunicarse con él si le necesitaba antes de aparecerse de vuelta en su propio departamento, dejándole la difícil decisión de qué iba a suceder con su propio día.


Dos días después
Departamento de Joshua

Si alguien se lo preguntaba… sí, había ido a la universidad aquel día, y todo había vuelto a tomar su rumbo, especialmente después de una merecida siesta cuando regresó a su departamento. Y esperó todo el día por la llamada que no llegó nunca de Ayax, siendo que él decidió no molestarlo hasta que el otro lo requiriera, consciente de la difícil situación en que se vería involucrado. No le necesitaba a él molestándole mientras hacía sus cosas.

Pasó ese día, y el siguiente, sin respuesta alguna. Si era sincero, le había estado dando vueltas a la situación de su primo una y otra vez, negándose a pensar que Ayax sucumbiría a su rabia por venganza. Para ser honesto, no había encontrado ninguna respuesta que creyese más posible o contundente a comparación de las demás.

Esa tarde la había pasado con Bodhi, ese amigo licántropo que, según Ayax, tenía nombre y apodo de perro, ninguno mejor que el otro. Habían estado conversando, si a lo que hacían se le podía llamar conversación: Bodhi estaba sentado en el sofá mirando el televisor y tratando de integrar a Joshua en su programa, que este a su vez encontraba totalmente aburrido y estaba leyendo un libro con los pies sobre el sofá y recostado de lado contra el respaldo del mismo.

El dueño de la casa respondía con monosílabos y ruidos a sus intentos por hablarle del programa, con muchos “¡No estás mirando!” de por medio. Por costumbre, así lo hizo cuando el otro habló de algo que sí era importante.

¿Entonces el martes al mediodía? —confirmó el otro, a lo que finalmente los ojos azules se apartaron del libro para mirarlo. Su curiosidad hablaba por sí sola. — Te dije de quedar —le aclaró.

Joshua enarcó una ceja. — El martes no puedo —corrigió su respuesta. — Tengo planes —y no dio más explicaciones, porque, vamos, no se las debía.

¿Con tu primo? —no era la primera vez que bateaba al pobre Bodhi porque tenía planes con Ayax, y el otro era un cotilla de cuidado que metía su nariz en donde no lo llamaban, muy por encima de que Joshua casi nunca le revelase información que no consideraba necesaria.

Esa vez, sin embargo, no era con Ayax con quien había hecho planes. Pero se lo calló, porque el otro no tenía por qué saber.

Casi como invocado, escuchó ruido venir de su espejo comunicador.

Voy a ocuparme —le dijo, — nos vemos el… No sé, te escribo —no le dio la gana hacer un plan sacado de su manga.

Pero el programa todavía no- —fue cortado.

Joshua aclaró la garganta, haciendo evidente la directa indirecta. — Nos vemos.

Bodhi se enfurruñó, aunque, por su gran tamaño y complexión, daba hasta gracia verlo como un crío enfadado porque lo echaban de esa manera sin consideración alguna. Debía ser que tenía la paciencia de un santo que no había mandado todavía a Joshua a tomar por culo por cómo se comportaba algunas veces, o que simplemente entendía la forma ocasionalmente pesada de ser de su compañero de pulgas. Sea como fuese, desapareció en el acto.

Entonces el moreno procedió a atender su espejo comunicador, donde apareció la esperada cara de Ayax del otro lado. No pudo ni saludar antes de recibir la información sobre el juicio en el Wizengamot, haciéndolo recuperar una postura más adecuada, bajando los pies del sofá y encodándose en sus rodillas mientras sostenía el reloj frente a él.

Espera, ¿qué? —le preguntó, deteniéndolo, saturado por la información tan repentina y sin introducción alguna.

Lo último que había sabido del pelirrojo fue que se quedó en su cama dormido, por supuesto no que había matado a su ahora exprometida. Escuchaba lo que estaba diciendo, sin embargo, su mente no mostraba capacidad para poder analizarlo con velocidad.

A ver: lo del juicio ya lo habían dejado aquella noche, sabiendo que sería difícil mostrar pruebas de la culpabilidad de Amalthea, pero de ahí a matarla y ser Ayax quien tuviese que enfrentar un juicio por ello había un trecho enorme que no estaba seguro de cómo se había cruzado. Abría la boca, la cerraba, porque de ahí no había palabras que pudieran salir mientras su mente no pisara el freno.

¿Mataste a…? ¿La mataste? —fue lo primero que le salió, corroborar lo que había escuchado. ¿Cómo se supone que reaccione uno cuando su primo mayor llega a decir que mató a alguien? Y eso sin mencionar que era alguien de familia respetable.

Nunca había visto a su primo como un asesino. Incluso sabiendo que era un aspirante a mortífago, su mente había conseguido bloquear bien por el momento el dato indiscutible de que alguna vez mataría a alguien, si no lo había hecho ya. Era de ese tipo de cosas que uno barre bajo la alfombra, porque pensarlas es así de horrible. Tampoco sabía qué pensar, si mostrarse en contra o apoyarlo, gracias a la naturaleza entumida de sus propias emociones.

Mentiría si dijera que estaba horrorizado, como también lo haría si dijera que no le provocaba nada en lo absoluto. Se preguntó si la incapacidad de conmocionarse era propia, gracias a su entorno o debido a su naturaleza animal, pues se sentía aturdido.

¿Dónde estás ahora? —preguntó, con clara intención de verse y hablar cara a cara, sin los espejos de por medio.

Algo le dijo que la respuesta estaba más clara de lo que imaginaba. Que, al final, pensara lo que pensara o creyera lo que creyera, acabaría apoyando a Ayax por el mero hecho de ser él, su familia, independientemente de que Joshua estuviese a favor o en contra.
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Ayax Edevane el Sáb Jun 22, 2019 2:47 am

El pelirrojo había soltado la bomba sin ningún tipo de delicadeza y, como era evidente, a Joshua le había cogido desprevenido.

Debido a su experiencia y lo mal que estaba de la cabeza, siendo totalmente sinceros, no le costaba nada a Ayax matar a una persona. ¿Que le gustaba matar? No, no os equivoquéis, no le gustaba matar. Él no veía ningún tipo de gratificación en matar a ninguna persona, así como a torturarla. Él… sin embargo, no veía ninguna de las dos cosas mal si era necesario acudir a dichos métodos. Consideraba que si una persona hacía algo mal y merecía un castigo o reprimenda, sí se merecía o la muerte o un correctivo. Eran cosas diferentes y aunque muchos ahora pudieran ver a Ayax sólo como un monstruos sin compasión y que sólo buscaba la muerte, no era así. Frente a mortífagos que matan por placer, él solo mataba por convicción.

Hace mucho tiempo que tiene interiorizado lo que está bien y lo que está mal y el hecho de que actualmente su gobierno respaldase sus pensamientos más radicales hacía que la ley estuviese a su favor, brindándole unas oportunidades que antes no tenía.

—Estoy en el St. James’s Park. Está cerrado. —Informó, para que no tuviera reparo en aparecerse en el interior.


La comunicación entre los relojes se cortó después de eso, pues evidentemente había preguntado para ir a verse con él en persona. Ayax siguió caminando y, en cuestión de dos minutos, encontró a Joshua en el mismo camino en el que él se encontraba, acercándose a él en dirección contraria.

Sabía perfectamente que Joshua no era un asesino y que seguramente por su educación, por mucho que fuera purista, abogaría por un juicio justo y no por tomar la justicia por tu propia mano. El gobierno actual podía ser muy malo, pero sería mucho mejor si no hubiera por ahí personas matando todo lo que no les gusta, sino que se limitasen a hacer juicios justos con las leyes nuevas. Seguiría siendo un gobierno purista, pero no se rebajaría a una violenta causa que vuelve loco a la gente y que, inevitablemente, hace que los más moralistas se cuestionen los métodos.

—Sé que debería de haberla llevado ante un juicio... —Reconoció a unos pasos de él, a suficiente distancia como para que lo pudiera escuchar, pese a que aún no habían llegado el uno al otro.

Reconoció su error, pese a que por dentro la cosa era complicada. ¿Servía de algo admitir que te equivocaste, pese a no arrepentirte ni un poco? ¿Era hipócrita? ¿Útil? Quizás a ojos de Wizengamot sí que sirviese, como moraleja, pero ahora viendo todo lo que rodea a Ayax… ¿de verdad serviría para algo?

Y la verdad es que ahora mismo, aunque su primo estuviese ahí, era consciente de que no iba a recibir el apoyo que siempre le brindaba. Él mismo lo había dicho ayer: llevarle a un juicio era lo que había que hacer, ¿no? Ayax, sin embargo, seguía pensando que tenía motivos de sobra para haberle arrebatado la vida, aunque decirlos en voz altas fueran pruebas que pudiesen darle más penas frente a la ley de las que le gustaría tener.

Simplemente dejó que su primo tuviese la oportunidad de reaccionar en vivo a lo que había hecho Ayax.
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Joshua Eckhart el Sáb Jun 22, 2019 9:57 am

En cuanto se cortó la comunicación, el tiempo que le tomó a Joshua aparecerse había sido el que le llevó encontrar y ponerse los zapatos, pues llevaba todo encima ya que no llevaba mucho tiempo en casa. De un segundo a otro, la sala de estar de su departamento cambió para ser un parque a oscuras, con la única luz de las escasas farolas que iluminaban los caminos. No había tenido tiempo todavía de asimilar nada, y creyó que encontraría en su cabeza las cosas para decir cuando tuviera al pelirrojo en frente.

Miró alrededor y vio a lo lejos una figura humana, caminando en su dirección, por lo que fue al encuentro. Lo oyó hablar, y claramente tenía que haberla llevado a un juicio, por mucho que los dos supieran que podría ser inútil. Joshua no consentía matar arbitrariamente por “justicia”, sin importar que los pensamientos oscuros de una parte que no era él mismo dijeran lo contrario.

Por eso, su primera reacción fue la de darle una bofella. Sí, si hubiese estado a sus espaldas o a su lado le habría dado una colleja, porque no quería darle una bofetada. Lo suyo no había sido para hacerle daño, seguramente ni siquiera le habría dolido, era más bien un “reacciona”.

¿Es que estás tonto? —le preguntó, ya puestos a ello. Sí que las palabras vinieron a él. — ¿Te das cuenta de lo que hiciste? No, déjame hablar —sí, estaba haciendo preguntas, pero eran retóricas. — Yo entiendo, sé que estabas molesto, yo también lo estaba, pero los dos sabemos que esta no era la solución, fue demasiado extremista —no estaba de acuerdo con lo que su primo había hecho, y no iba a decirle lo contrario por decirle lo que quería escuchar.

Joshua adoraba a Ayax, y sabía que probablemente aquello al final no cambiase eso ni un poco, pero parte de su relación era poderle decir al otro a la cara cuando había hecho algo mal. Ayax lo había hecho cuando fue necesario, diciéndole lo imprudente que había sido con su condición de licántropo, y esta vez era Joshua a quien le tocaba hacerlo.

Como si no fuera ya lo bastante malo que mataras a alguien, con o sin razón, sin un juicio justo, sabes que puedes ponerte a ti y a tu familia en el punto de mira, has asesinado a la hija de una familia importante en el mundo mágico —vamos a ver, que era comprensible pensar que la situación social estaba corrupta, pero igualmente era algo muy importante a tomar en cuenta. — Creo que te equivocaste y que no debiste lidiar así con esta situación —le dijo claramente.

Fue claro y transparente con Ayax, porque si lo decía era porque pensaba que era verdad y no había cabida para mentiras ni para esfuerzos por complacerle.

No estoy de acuerdo con lo que hiciste, pero tú sabes que voy a apoyarte en lo que pueda —concluyó finalmente, tomando una inhalación profunda y exhalando lentamente. Su lealtad y afecto iban más allá de lo que consideraba correcto e incorrecto, así que vio importante remarcárselo al pelirrojo, sin importar que seguramente Ayax estuviese consciente de ello.

A pesar de su clara ineptitud emocional, Joshua nunca se había caracterizado por ser una persona despiadada. Y, dentro de él, siempre había cuestionado al nuevo gobierno y sus métodos, si bien nunca abiertamente. Siendo realistas… a Joshua le daba igual, siempre y cuando no lo afectase directamente ni a la gente que quería. Antes que sentir lealtad a un gobierno o un movimiento antisistema, su lealtad estaba con la gente que quería.

¿Qué dijeron tus padres? —preguntó con un suspiro, teniendo el presentimiento de que su opinión podía no distar mucho de la propia. — No leí nada en ningún sitio, asumo que lo están manejando con discreción —después de poner todos los puntos sobre las íes sobre su postura al respecto, se interesó en saber en la situación como un todo.
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Ayax Edevane el Dom Jun 30, 2019 4:17 am

No se esperaba esa bofella, por lo que Ayax abrió los ojos repentinamente, sin saber cómo reaccionar a eso. Para colmo, empezó a hablar sobre la marcha, por lo que el pelirrojo se quedó un poco patidifuso y, cuando intentó decir algo, simplemente obedeció al silencio de su primo para dejarle hablar.

Ayax sabía exactamente lo que había hecho: había matado a la hija de los Davies, una familia poderosa. ¿Por qué la había matado? Porque había sido una traidora delante de sus narices durante casi un año, mintiendo a los Edevane como si no fuesen una familia a la que mostrar respeto. Le había mentido a él cuando él siempre había sido totalmente sincero y... la verdad es que el muchacho no llevaba nada bien las traiciones. Él había pensado en todas las posibles consecuencias, incluido el hecho de que los Davies quisiesen venganza. En su juicio creía que eran una familia demasiado pusilánime como para enfrentarse a los Edevane por un asunto político-ideológico, pero... era cierto que el riesgo estaba ahí y que, inconscientemente, había puesto a sus seres queridos en peligro. Un peligro hipotético, pero... un peligro que podía pasar.

—Sé que no actué bien. Me dejé llevar por... mis impulsos. —Olivia, de segundo nombre Impulso, al parecer. —Iba con intenciones de que confesase... de manipular un poco la situación para que lo soltase ella misma pero cuando empezó a hablarme de todo lo que había hecho, de que realmente creía que esa causa era la más noble y la correcta... no pude evitarlo.

Había apretado los dientes, hablando con rabia. Le había dado más rabia el hecho de que le hubiera mentido durante tanto tiempo con algo tan importante, que el hecho de que realmente fuese una persona que quería salvar a todo ser humano, fuese traidor, sangre sucia o sangre limpia. Obviamente odiaba a los traidores, pero teniendo en cuenta cómo conocía a Amalthea después de todo este tiempo... ahora que lo sabía no le sorprendía en absoluto. Siempre la había visto como una mujer débil.

Aún así se alegró que su primo le apoyase, aunque no estuviese en absoluto de acuerdo con lo que había hecho. Esa era precisamente la lealtad que él valoraba: ¿cómo iba a esperar menos, teniendo el listón tan alto con su primo? Suspiró, asintiendo con la cabeza.

—Mis padres tampoco están contentos. No están escandalizados porque su hijo haya matado, en realidad... más bien por las repercusiones familiares. El hecho de que tu hijo haya hecho eso y no tenga 'repercusiones' pues da una imagen... complicada. Sí estamos tratando las cosas con discreción, en realidad ni ellos quieren que se sepa lo que ha ocurrido porque no les interesa divulgar que su hija era una traidora, sobre todo porque todavía no estoy muy seguro de las lealtades de sus padres... —Miró de reojo a Joshua, volviendo a mirar al suelo, dándole a entender que no tenía intenciones de seguir metiéndose con esa familia.

No tenía mucha idea de cómo surgirían las cosas, pero él estaba positivo. Quería pensar que si seguía vivo y las cosas en Wizengamot iban tan favorablemente... que todo saldría bien. Evidentemente sus actos habían sido de moral dudable, tanto para un purista como para uno que no lo era. Era casi tan falto el matar a un aliado de esa manera sin otorgarle el valor de poder defenderse ante un tribunal... pero lo sentía, Ayax no pretendía hacer que las formalidades y un mero apellido librasen a esa mujer del castigo que se merecía. Había estado ayudando a los asesinos del compañero de Ayax que había muerto y eso era tanta culpa como haberlo matado.

Posó sus dos manos en su baja espalda, carraspeando.

—Mi hermana mayor es la que más en contra está. Ya sabes como es Angelica... nunca ha estado muy a favor de la violencia. —Se encogió de hombros. —Pero bueno, tampoco espero la aceptación de nadie. Hice lo que... creí que debí hacer en su momento. Posiblemente no lo haya hecho bien, pero ya está hecho.
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Joshua Eckhart el Lun Jul 01, 2019 2:40 am

Cuando comenzó a hablar, no pudo detenerse hasta haber tocado los puntos que sentía que tenía que mencionar. No le gustaba lo que su primo había hecho, y tuvo que hacérselo saber porque la honestidad entre ellos siempre había sido importante, así como Ayax comprendió su petición de dejarlo hablar y expresarle lo que quería. Ya le había dicho que por mucho que supiera que no había actuado bien, la verdad era que no se arrepentía; por su forma de expresarse, estaba bien consciente que así era.

Joshua estaba al tanto de que muchas personas tenían el sentido de la moral bastante polarizado. No le era difícil entender que hubiese alguien capaz de matar por sus ideales, o por haber sido engañado, como era el caso de Ayax. Había quien por menos mataba. Lo que le estaba causando un conflicto importante, encima de que él no tuviese esa moralidad polarizada, era que había querido pensar que el pelirrojo no era así, incluso cuando nunca le dio razones para pensar lo contrario.

No estuvo seguro de qué decir cuando supo la situación panorámica, desde la opinión de sus padres y las inquietudes que tenían a nivel social como familia. Fue el turno de Joshua de escuchar en silencio, porque no acababa de decidir cómo responder al respecto. Por una parte, por supuesto, estaba aliviado de que al parecer todo fuera a detenerse ahí y que las cosas fueran favorables para Ayax. Por el otro, ese lado más racional y objetivo, consideraba surrealista que todo fuera tan sencillo. Había, cómo no, cierto miedo a pensar en que era tan sencillo acabar con la vida de una persona y salir impune. Como si no valiese nada. El mero pensamiento lo disgustaba, así como era lógico saber que estaba disgustado con su primo por ello.

Es normal viniendo de Angelica —admitió, y por un momento se sintió aliviado de no ser el único que estaba en contra. Dio la vuelta, dirigiéndole una mirada a Ayax antes de empezar a caminar, invitándolo a pasear por ahí con él, en la dirección que el pelirrojo iba siguiendo antes de su llegada. — No es lo que yo habría hecho —¿era eso cierto, Joshua? — No sé qué decirte —admitió, mirando el camino al frente.

Se dio un momento para pensarlo, preguntándose qué era lo que él hubiese hecho en el lugar de Ayax. ¿Habría podido limitarse a recibir una confesión y poner la jugada en contra de Amalthea en un juicio? ¿Qué habría pasado si, de hecho, salía impune ella? Eran muchas preguntas que no tenían respuesta.

¿Es la primera vez? —preguntó, y se dio cuenta que no estaba seguro de si quería saber la respuesta. — Que matas a alguien —aclaró. Porque no entendía cómo alguien podía estar tan tranquilo después de matar a otra persona.

No quería enfrascarse en ese hilo porque apostaba que no iba a agradarle seguirlo. No cuando tenían mentalidades tan evidentemente dispares. La mirada se le clavó en un punto imaginario del suelo, negando con la cabeza para sacudir de su cabeza todas esas preguntas de las que no quería una respuesta.

¿El juicio va a ser público? ¿Quieres que vaya como oyente? —le preguntó, pues no pensaba que sirviera de ninguna otra manera. Al menos podría darle apoyo moral desde la audiencia. — Es más, sólo dime la hora y estaré ahí, esperando fuera si es necesario —se corrigió, llevándose la mano a la cabeza y peinando su cabello hacia atrás entre sus dedos.

No pensaba que fuese a haber ningún tipo de conflicto mayor, como que un grupo de mafiosos atacasen a la familia al salir o algo parecido, pero quería estar ahí en presencia, cuando menos.
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Ayax Edevane el Mar Jul 02, 2019 2:27 am

Quizás en su mundo estuviese más ‘normalizado’ el hecho de asesinar a una persona, pero en realidad no era algo que debiese normalizarse, ni en ese mundo ni en ninguno. Matar a otra persona era algo MUY importante que a la gente empezaba por darle igual, pero dejar sin vida otro cuerpo que vale exactamente lo mismo que el tuyo era muy fuerte. Sin embargo, en el mundo mágico eso, desde hacía mucho tiempo, no se veía con los mismos ojos.

En el mundo no mágico uno veía con ojos lleno de pánico un asesinato, mientras que en el mundo mágico, después de años y años de desigualdad en la ideología, de la creación de prácticamente una ideología basada en el fanatismo de un Todopoderoso, aquello se había hasta vuelto un medio para conseguir un fin. ¿En qué cabeza cabía el hecho de que una persona pudiese matar a otra por pensar diferente? ¿Os imagináis en el mundo muggle a un tipo matando a otro tipo por decir que la pizza con piña no es piña? Vale, quizás ese ejemplo era demasiado suave. Quizás, si extrapolamos el purismo con el racismo, la cosa cambiaría.

Y ahí estaba: la comparación que siempre se hacía entre los nazis y los mortifagos. Y en realidad no estaba para nada desencaminado, pues los mortifagos seguían exactamente los mismos principios. Ya no hace falta más que ver la evidente comparación del Área-M y las múltiples zonas de experimentación con humanos que había en mucho de las áreas nazis en plena guerra.

—No es la primera vez que mato a alguien —le respondió a su primo, sin mirarlo. No entendía demasiado bien por qué le daba vergüenza reconocerlo frente a él. ¿Era miedo al rechazo? Podría haber mentido, pero no quería mentir a su primo porque sabía que ni se lo merecía, ni tendría por qué, sin embargo, temía que actuase de la misma manera que su hermana Angie—a la cual apreciaba muchísimo—y también se viese en la obligación de despegarse del pelirrojo. —Es la primera vez que mato a una persona porque quiero matarla. Las otras veces que lo he hecho ha sido en defensa propia o sin querer, en mitad de un duelo. —Hizo una pausa y se animó a mirar a Joshua. No había mentido: Ayax a menos que fuese totalmente necesario, no solía matar a nadie, pues prefería encerrarlo en el Área-M y hacer uso de él, además de que pocas personas se merecen realmente la muerte. No era tan monstruo como muchos, pese a que en ese momento lo pareciese. —Me preguntaste ayer si había estado en una misión y… en realidad llevo casi año y medio participando activamente en la fila de los mortifagos.

¿Aquello merecía explicación alguna? Es decir… ¿qué había motivado a Ayax a unirse a la fila de los mortifagos? Él, en realidad, no había tenido hasta la fecha apenas contacto con los muggles más que el socialmente establecido por la unión de ambas sociedades. Era cierto que abogaba por un futuro de separación total entre muggles y magos, apostando por magos puros que no tengan que ver con ningún no mágico. Sin embargo, ¿se necesitaba optar por métodos tan violentos para conseguirlo? Ayax siempre había sido de mente cerrada y se había mimetizado con el pensar de sus padres, retrógrados y bastantes radicales en muchos de sus pensamientos.

—No creo que sea un juicio público teniendo en cuenta como lo están tratando ambas familias. —Evidentemente Ayax no estaba inmiscuido en nada de eso, pues la familia Davies no quería ver a Ayax bajo ningún concepto hasta el juicio oficial. Las cosas las estaban tratando sus padres. —Es a las doce de la mañana.

Hubo entonces un momento de silencio. Entre que Joshua no sabía que decir—y con razón—y que Ayax también estaba un poco en mitad de un huracán de incertidumbres, dudas y pensamientos, ambos se quedaron callados. No fue un momento incómodo, en absoluto. De hecho para el pelirrojo, el hecho de que su primo estuviese ahí apoyándolo aunque no aceptándolo, ya significaba mucho. Toda su familia le había echado la bronca y evidentemente seguían enfadados, por lo que apreciaba que al menos él se hubiese quedado enfadado a su lado y no dado un portazo antes de salir.

Sin embargo, ya que había salido toda esa conversación, Ayax no pudo evitar comentar lo que hacía poco le había dicho su padre, pues consideraba que era el momento. Se metió las manos en los bolsillos antes de empezar a hablar.  

—Mi padre me ha dicho que estás interesado en meterte también como aspirante… —Le ojeó de reojo durante un momento. —Recuerdo que mi hermana hará un año me preguntó cómo era todo esto porque su intención era seguir mis pasos y le dije que no se metiera porque no quiero que ella tenga que sufrir todo esto. No creo que tenga lo que hay que tener. —¿Machismo? Quizás. ¿Preocupación? Sin duda también. No hacía falta ser mortifago para demostrar tu apoyo al purismo. Eran cosas muy diferentes. No todo el mundo estaba preparado para ser el 'soldado' de un ejército. —Valoro la vida de mi hermana y en realidad ser aspirante es ofrecer tu vida a cambio de un servicio. —Obviamente también valoraba la vida de Joshua y, de ser él, prefería que sus seres queridos estuviesen fuera de esas filas y no tener que preocuparse de la vida de ninguno, sin embargo, esa no era su decisión. —¿Tú estás preparado para pagar el precio?

Parecía que estaba cuestionándole, pero en realidad lo estaba preguntando con preocupación, aunque pareciese una piedra fría. No había conocido a su primo nunca en mitad de ningún duelo, ni de ninguna batalla.
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Joshua Eckhart el Miér Jul 03, 2019 4:25 am

Había una clara brecha entre lo que debiese ser y lo que era, pues la cultura de la que se había hecho fama el movimiento purista y mortífago de ser capaces de matar a alguien sólo por tener distintos pensamientos, ¡por meramente haber nacido diferente! Existía, estaba ahí, y a veces parecía que había llegado para quedarse. Pensamientos demasiado radicales que habían insensibilizado a magos y brujas por igual, al grado de que era normal leer sobre homicidios en la prensa. Al parecer, tampoco era raro tener familiares que lo hicieran.

Por mucho que Joshua se esmerase en negarse a pensar que ninguno de sus parientes tenía la etiqueta de “Asesino” colgando… con Ayax, en ese momento, el teatro había caído y no había forma de fingir más. Lo miró con una mezcla de pena y decepción cuando escuchó que no era la primera vez que mataba a alguien, si bien nunca antes por deseo, sino por necesidad o por accidente. En algún punto de él lo sabía, era sólo que su cariño lo volvía un necio que se enceguecía a la evidencia.

Lo sabía, lo de los mortífagos… —era un secreto a voces del que nunca se hablaba entre ellos dos, pero estaba ahí. La mirada se le cayó al suelo de nuevo, lo que parecía ser esa noche lo más interesante para ver. — Tendrás tus razones, imagino —aunque en ese momento no podía decir muchas para justificar que su primo hubiese entrado en las filas de los mortífagos, pensando en que quizá no debía inmiscuirse, tal y como no lo había hecho hasta entonces.

El universitario asintió, decidiendo que iría un poco más tarde queriendo cazar el final del juicio, pensando que lo más probable era que no pudiese entrar a verlo. Por supuesto, podría ser oído y escuchado por ojos y oídos equivocados y hacerse todo aquello un desastre a nivel social, por lo que comprendió que no debía ser público.

Estaba honestamente disgustado, hasta enfadado tal vez por lo que su primo había hecho, y no lo justificaba de ninguna manera. No sólo eso, sino que estaba lidiando con el impacto de saber que ni siquiera era la primera vez que se tomaba la vida de otra persona, bastante más de lo que querría saber de su primo. A pesar de todo… no estaba en sus planes darle la espalda. No se veía capaz de dejar de lado a Ayax si estaba consciente que lo necesitaba, aunque no se lo dijera explícitamente.

Dentro de su caminata, de vez en cuando Joshua pateaba una piedra imaginaria del camino. No le apetecía ser él quien rompiese el silencio, porque todo lo que rondaba su cabeza eran cosas que no quería decir y no quería escuchar tampoco. Lo sorprendió, sin embargo, escuchar el tema que su primo decidía utilizar para sustituir la nada.

Por un momento, las dudas entraron en su cabeza, queriendo saber a cuento de qué decidía hablar sobre su… ¿Iniciación, tal vez? ¿Queriendo hacerle ver que no era tan malo porque seguramente él acabase haciendo lo mismo…? Se dio cuenta, más temprano que tarde, que lo suyo era mera preocupación, poniendo como ejemplo a Eva y lo que sucedió con su conversación.

Inhaló profundamente y soltó aire despacio, pensando en sus opciones. Mentir, como a todo el mundo tenía que mentirle a la cara, o simplemente ser honesto.

No —fue claro y conciso. — No estoy preparado, no me veo capaz, ni siquiera quiero hacerlo —y era liberador, casi catártico, poder decir al fin esas palabras que se decían poco, pero eran pesadas y agotadoras de llevar encima. — No está en mí ese interés —porque aunque era él quien lo llevaba a cuestas, era alguien más quien tomaba la decisión. — Tú sabes que yo nunca he podido decirle que no —no dijo a quién, pero estaba implícito.

Joshua, como muchos otros críos con padres desapegados, había crecido carente de una aprobación que yacía en la naturaleza de los niños. Era un poco lo mismo con otra cualidad de Francis: era dictatorial. Lo suyo era ordenar, y lo de Joshua obedecer buscando aceptación. Era debido a aquello que tanto le había costado inclinarse por la carrera que quería, y no la que querían para él. Por eso es que no sabía decirle que no a ese hombre cuando le imponía entrar al suicidio porque era lo que quería ver en Joshua.

Había pensado en cómo sería cuando llegase el momento de finalmente formar parte de los mortífagos. En él no había la convicción de dañar por creencias, o al menos el deseo de quererlo. Lo suyo meramente complacer a costa de su propio bienestar. No era la primera vez: ya desde Hogwarts ocurría, y esta vez con Giselle las cosas habían sólo subido su nivel de dificultad. Pero verse haciendo eso toda su vida… ya había un trecho enorme que cruzar.

¿Y tú? —lo miró al rostro. — ¿Tienes lo que hay que tener? ¿Estás preparado para pagar el precio? —igual que Ayax, no lo estaba cuestionando ni estaba dudando de él. Sólo estaba preocupado. — ¿Por qué decidiste unirte a ellos? —preguntó directamente.

Uno nunca quería pensar en el peligro que podrían correr los seres amados, por lo que era difícil comprender por qué es que alguien podría unirse a la causa. ¿Era la convicción de erradicar a los sangre sucia? ¿Tal vez la justificación de poder tener un respaldo a sus despreciables acciones, al deseo de sangre? ¿Pensar en una utopía donde todo estuviese bien para los sangre pura? Cualquier motivo parecía poco.
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Ayax Edevane el Sáb Jul 06, 2019 3:39 am

—Pues si no estás preparado, ni te ves capaz y sobre todo no estás seguro de querer hacerlo, da igual todo. —Frunció el ceño, hablando muy en serio. —Dile a tu padre que si te conviertes en mortífago, es posible que se quede sin descendencia. Esto no es cuestión de seguir una tradición; esto se cobra muertes de verdad y no todos los magos están preparados para esto ni física, ni mental, ni mucho menos mágicamente.

No ponía en duda sus habilidades. Ni siquiera sus capacidades como mago, ni como humano, eso no tenía nada que ver. Simplemente habían personas que no estaba hechas para ese tipo de situaciones, ni para tomar decisiones tan drásticas. Ser mortífago era muy complicado y venía de la mano de situaciones muy locas. Tenías que poner por delante de todo La Causa, independientemente de todo lo demás. Te enseñaban a hacer cualquier cosa por una defensa férrea y por mucho que una persona pudiese ser cien por cien purista, eso no decía absolutamente nada de sus capacidades para poder ser un mortifago. Eran dos cosas independientes, aunque muchas personas se empeñasen en decir que no.

—Las cosas en este tema tienen que ser claras: no es lo mismo seguir una tradición purista, a tener que meterte en las filas de Lord Voldemort. El Señor Tenebroso reclama por guerreros para poder tener su ejército. No sirve de nada gente que no tenga las cosas claras. —Ayax se pasó la mano por la cabeza, haciéndose su pelirrojo pelo hacia atrás, aireándoselo. No se refería a tener las cosas claras con respecto al purismo, sino con respecto a lo que te pedía el ser mortifago. —No dudo de tus capacidades, pero lo primero de todo es tener interés y verte capaz.

¿Y él? ¿Él estaba preparado y tenía lo que había que tener? Él creía que sí. No sólo lo había visto como una de sus ambiciones desde que tenía uso de consciencia y sabía quién era Lord Voldemort, sino que además se sentía preparado en todos los niveles. Mentalmente sus ideales estaban férreos, inamovibles y no dudaba; llevaba mucho tiempo preparándose para eso. Físicamente estaba mejorando, pues era lo que más cojeaba, pero mágicamente creía tener mucho. No solo era muy bueno con la varita—cosa indispensable—sino que además tenía amplios conocimientos de medimagia y un grandísimo interés en investigación en pos del avance mágico.

—Sí que lo tengo —le respondió a su primo. —Quiero pensar que no voy a tener que pagar el precio nunca porque estoy perfectamente preparado. Tengo mucho que aprender todavía pero aprendo rápido. Una persona que no cree tener lo necesario no debería meterse. —Carraspeó entonces. —El precio que tienes que pagar es… morir si fallas, pero uno siempre intenta no fallar y lo último que piensa es morir. Quizás muchos piensen que el precio es tener que arrebatar una vida; no el morir, sino el matar.

Lo miró, encogiéndose de hombros, ya le había dicho que había matado, por lo que es precio sin duda también lo había pagado. Podía hablarle sobre lo que se siente al matar, o la diferencia entre matar a la primera persona o matar a un segundo, pero la verdad es que no le parecía un tema que le apeteciese demasiado hablar. Él era medimago, siendo sinceros no le gustaba nada arrebatar una vida si no era estrictamente necesario. Podrían verle como un asesino ahora mismo—que lo era—pero no era uno de esos asesinos que matan por matar; que disfrutan con ello. Él no era así y, de hecho, si pudiera evitar hacerlo, lo haría. La única cosa que se le interponía en el camino era su deber, así como el hecho de tener que demostrar algo frente a los de mayor rango, así como Olivia.

Le preocupaba mucho que Joshua no fuese capaz de decirle que no a su padre. Era cierto que conocía la relación que tenían en esa familia, pero no era nada justo. Su primo sabía que, pese a tener sus limitaciones—ser homosexual, por ejemplo—tenía que dar descendencia, cumplir con ese objetivo por el bien de su familia y perpetuar el apellido, pero no  podía complacer todos los deseos de su padre.

—Si no eres capaz de decírselo a tu padre y realmente no quieres inmiscuirte en todo esto: yo se lo diré. —Le ofreció, hablando claro. Él no tenía ningún problema con Francis y, de hecho, consideraba que era una persona razonable y que no querría perder a su hijo en un intento de poder golpearse el pecho porque su hijo tenía tatuada la marca tenebrosa. —O mi padre.
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Joshua Eckhart el Mar Jul 09, 2019 11:32 pm

Decirlo era más fácil que hacerlo. La cuestión hace tiempo había dejado de ser si estaba preparado o tenía intenciones de pertenecer o no, sino que la pregunta fundamentar ahora era: ¿Joshua era capaz de enfrentarse a Francis Eckhart para decirle que no quería lo que él le estaba obligando a hacer? Con diecinueve años encima de sumisión y obediencia, la verdad es que era un asunto de pensarse.

Llevaba entrenamiento mágico desde sexto año del colegio, por lo que, si bien no se jactaba de ello, supondría que sus habilidades serían un poco mejores a la media. Pero eso no valía nada cuando no había detrás una motivación por hacer las cosas, y esa motivación para él no existía en lo absoluto.

Le gustaría pensar decir que lo sorprendió escuchar a su primo hablar sobre lo que tenía para formar parte de los mortífagos, pero… la verdad era que no lo sorprendió.

Eres demasiado soberbio —Joshua se quejó. — Eso te lo van a cobrar algún día —y no es que le estuviera deseando mal, pero era lógico pensar que así tenía que ser. La gente demasiado soberbia y orgullosa tiende a dejar cabos sueltos porque piensan que son mejores que el resto. — ¿Por qué tiene que ser así? —preguntó, pero su pregunta iba al aire.

No hablaba ya de la caza a los fugitivos, o la predominancia purista, sino el hecho de tener un ejército de ese tipo. Más que eso, tener un ejército cruel y capaz de matar de forma indiscriminada, con gente que por supuesto responde a las expectativas y otros que son víctimas de las circunstancias. Le parecía una locura, y Joshua no consentía la idea de que algo así pudiera suceder en un mundo medianamente normal.

Quiso pensar que, de no haber sido por los mortífagos, Ayax no se habría visto en la posición de tomar la vida de una persona porque no correspondía a sus propias expectativas. Antes de eso: no habría matado a ninguna persona, tal vez. No lo sabía, y estaba confundido. Y era horrible para un Ravenclaw declararse suficientemente perdido al grado de sentirse así de confundido.

Se guardó las manos en los bolsillos y pateó una roca imaginaria del suelo mientras pensaba en la propuesta de Ayax. Lo analizó como una suerte de mapa de árbol, con sus respectivas consecuencias posibles basadas en un rápido sistema de probabilidad. No le gustó el resultado.

Tengo que decírselo yo —le contestó, — es sólo que no sé cómo, pero tengo que poder —se encogió de hombros, su voz sonaba casi frustrada a esas alturas. — No hay mucho que perder, ¿no? —y aquella frustración se convirtió en resignación.

Imaginaba que, si se lo decía algún Edevane, fuera Ayax o su padre, Francis lo señalaría ya no sólo de cobarde por alejarse de los mortífagos, sino todavía más por no haber sido capaz de ser él quien lo dijera y tuviese que enterarse por alguien más. O, peor, lo ignoraría hasta que Joshua lo hiciera y eso sería inútil. Por otro lado, Joshua tenía el razonable sentimiento de que en verdad no le importaba tanto a su padre, ¿por qué otro motivo querría empujarlo al abismo sabiendo que no tenía alas para volar?

Qué más da —interrumpió, por si Ayax quería decir algo más. No quería escucharlo, ya él lo resolvería por su cuenta. — El punto es que, en serio… Tienes que quitarte de la cabeza la idea de que puedes matar a quien sea y salir impune de eso, tú no tienes el derecho de decidir quién vive o quién muere, no importa qué haya hecho se merece un juicio —retomó el tema que los había llevado ahí en primer lugar. — Nunca te he dicho nada más serio en mi vida —y quería que lo tomase en cuenta como tal.

Porque, sí, aunque pudieran hablar sin insultos de por medio y sin resentimientos, la verdad es que Joshua seguía molesto por lo que Ayax había hecho. Sabía que no era un niño al que mandar al rincón, sino un hombre que tenía que comprender que sus actos no estaban bien y que, aunque hoy no hubiera repercusiones, debía que entender que eso no le permitía repetirlos.

Debes aprender a controlarte a ti mismo.
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Ayax Edevane el Mar Jul 16, 2019 3:08 am

Entendía la pregunta de su primo: ¿por qué debía de ser así? Todo, en general. Nadie quiere vivir en medio de una guerra, ¿verdad? Sería todo más fácil si en vez de haber dos bandos, solo hubiera uno, sin embargo, siempre habría diferencia de opiniones con respecto al tema del purismo, a menos, claro está, se exterminase por completo a todos aquellos que pensasen de otra manera. ¿Y eso de qué serviría? Siempre nacerían nuevas personas que pensarían que es una locura ese ideal y que, humanamente, deberían de aceptarse también a las personas nacidas de muggle en cualquier sociedad mágica.

Sin embargo, en todo aquello había mucho más que simplemente una componente de apoyo al ideal o no. Allí, lejos de hablar del ideal o no, se hablaba de las maneras en las que se trataba todo y de la evidente batalla que había actualmente en el mundo por liderar Inglaterra con una idea.

—No es que yo sea un soberbio, Josh, es que de por sí nuestra clase es poderosa y se ha esforzado durante años en esconder todo lo que nos rodea de los muggles. Eso nos ha hecho separar los dos mundos y es lógico que después de tanto ahínco en preservar el secreto mágico, termine por crearse un pensamiento más férreo y radical. —Se metió las manos en los bolsillos del pantalón. —También hemos normalizado la magia no solo como una ayuda, sino como un arma. Y… bueno, hemos hecho lo mismo que han hecho muchas veces los muggles: imponernos frente a otro colectivo, utilizando la violencia. —Hizo una pausa. —No es cosa nuestra como magos; sino como humanos. La única manera de implantar una idea radical por encima de muchas opiniones es por la violencia. No es un caso especial lo nuestro, ni tampoco aislado. A lo largo de la historia ha pasado millones de veces en diferentes sitios.

Ayax entonces esbozó una pequeña sonrisa, algo decaído. Se había dado cuenta del pelmazo que le acababa de soltar a su primo, pero le había salido totalmente natural, sin ni siquiera darse cuenta de que Joshua había lanzado esa pregunta casi al aire.

—Siento la clase de historia innecesaria —dijo a tiempo, para entonces añadir: —Solo digo que es así porque debe de ser así. Siempre habrán personas que no estén de acuerdo con el poder y que presenten resistencia. Siempre. Hace años fuimos nosotros, pero las condiciones eran diferentes.

El pelirrojo hasta se había ofrecido a decirle a Francis que su hijo no quería participar activamente en la fila de los mortifagos. No era para tanto. De hecho, era algo lógico que debía de hacerse y de preguntarse, pues así muchos padres imbéciles y realmente soberbios no perderían a sus hijos por una causa que le quedaban muy grandes.

No tenía ningún tipo de duda de que Joshua sí que podía hacerle frente a su padre, pero el único problema es que su primo nunca había tenido realmente confianza con su figura paterna, como para poder hablar bien con ella. Sin embargo, confiaba en que Francis no dijera nada al respecto y tomase la noticia como un aviso a tiempo. Ayax no quería ni imaginarse el hecho de que Joshua, sólo por hacerle el gusto a Francis, pudiese salir herido o asesinado de alguna misión. No, no quería ni pensarlo.

—No tienes nada que perder, no —le respondió, encogiéndose de hombros.

El último aviso del Eckhart hizo que el pelirrojo volviese a poner su mirada sobre el camino del parque. Ayax no tenía la idea de que pudiese matar a cualquiera, ¿acaso no veía que estaba UN POQUITO arrepentido? Sin embargo, no dijo nada que pudiese ser detonante de que no se lo  estaba tomando en serio, pues realmente para él era muy importante la opinión de Joshua. Asintió varias veces con la cabeza, para entonces alzar una ceja cuando dijo lo último: ¿controlarse a sí mismo? Eso era precisamente… lo que más miedo le daba. Si él supiera que realmente matando a Amalthea como la mató se había controlado hasta un límite que hacía mucho tiempo ni conocía… Si no llega a controlarse, probablemente Olivia hubiera preferido no avisar del asesinato de Amalthea o dejar el cadáver irreconocible.

—Ya… —dijo casi de manera ausente al pensar en Olivia, para entonces soltar aire lentamente. —Puede no parecerlo, pero… lo sé. Sé que no soy nadie para elegir, ni tengo en la cabeza la idea de que puedo hacer lo que yo quiera…

Casi que podía sentir a Olivia reírse en su interior aunque ahora mismo no estuviese allí en ninguna de sus maneras. Pero si bien sabía eso y sabía muy bien que su primo tenía razón, estaba el problema de que Ayax muchas veces no podía simplemente elegir no hacer algo, sino más bien luchar por no hacerlo contra sí mismo.

Decidió dejar el tema de lado y aceptar su derrota.

—Siento haberte decepcionado —le dijo con sinceridad, carraspeando después.

La verdad es que le jodía bastante haber decepcionado sobre todo a Angie y a Joshua, pero ya la había cagado y no quedaba otra más que pedir perdón. La verdad es que Ayax no tenía intención de convertirse ahora mismo en un justiciero, sino que iba a seguir con su vida de manera normal, por lo que pretendía intentar, al menos, que todo siguiera de la misma manera con las personas más importantes de su vida, pese a que ellos no aceptasen lo que había hecho.
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Joshua Eckhart el Miér Jul 17, 2019 11:03 am

Comprendió la respuesta de su primo, pero eso no significaba que le gustó. Se quedó mirándolo como si en su cara pudiese desentrañar los secretos de la historia, guerra tras guerra, hasta llegar a ese día. Muchos dirían que eran tan sólo granos de arena en la historia del mundo, pero, para cada persona individual, era el protagonista de su propia historia.

¿No se supone que como seres medianamente racionales deberíamos aprender de la historia y dejar de repetirla sólo porque “ha pasado millones de veces”? Si sabemos que una guerra es hacer que otro muera por sus ideales antes de que nos mate por los nuestros, ¿es necesario seguir un camino así de bárbaro? —le preguntó, pero sabía que su pensamiento era más bien utópico. — El que no aprende de su historia está condenado a repetirla —suspiró, bajando los hombros.

Sabía que Ayax no estaba teniendo mala intención. A su modo, le daba una dosis de realidad para ponerle los pies en la tierra, porque sabía que de otra manera Joshua estaría equivocado. Incluso hizo lo mismo cuando le habló directamente sobre su postura con los mortífagos al descubrir que no estaban en la misma posición de ideología.

Si concordaban en algo era en que Joshua no debía entrar si no quería hacerlo, para empezar. Valoró, sí, que el pelirrojo se ofreciera a abogar por él con su padre, pues a Joshua siempre lo había movido el miedo a perder a una persona que nunca había llegado a tener realmente. Tenía que poder plantarle cara antes de que hiciera de su vida un desastre, sólo necesitaba tiempo y valor.

Era un tema, sin embargo, que no quería tocar demasiado. Siempre le había gustado involucrar a Ayax en su vida, pero esa era una decisión y un proceso que debía hacer por su propia cuenta y que era mejor que se mantuviera así.

También le dio un punto final al tema sobre el asesinato de la prometida de su primo, dejándole claro que no quería que pensara, aunque ese evento no tuviese repercusiones muy fuertes sobre el pelirrojo, que iba a ser así siempre. Debía aprender a controlarse para que no volviera a suceder y entender que él no era juez ni verdugo. Ayax le hizo saber que él estaba consciente de eso, lo que hizo que Joshua diera un ligero suspiro.

Lo miró cuando escuchó que lo sentía por haberlo decepcionado. Se pensó dos segundos qué hacer antes de rodear los hombros del pelirrojo con un abrazo de lado, sin haber dejado de caminar. Apretó su hombro con cariño.

Eres mi primo, por encima de cualquier cosa —le dijo, — ya te lo dije, voy a apoyarte —aunque no esté de acuerdo, pero eso Ayax ya lo tenía bastante claro, así que recalcarlo le pareció innecesario. — Voy a estar ahí cuando me necesites —lo miró de reojo antes de volver la mirada hacia el camino que tenía en frente. — Aunque esté molesto o lo que sea, eso no significa que te odie.

Le había tocado la fibra sensible ver a su primo, de alguna manera, vulnerable. Inevitablemente lo llevó a aquella noche cuando había llegado a su departamento, tras haber descubierto la traición de Amalthea, y volvió a él el sentimiento de querer protegerlo de todo. Estaba plenamente consciente de que Ayax no necesitaba protección, pues podía cuidarse bastante bien por su propia cuenta, pero… se sentía motivado a querer estar ahí.

A Angie también se le pasará en algún momento, sólo ten paciencia con ella, entiende que es… un golpe duro, y estará molesta, pero eso no quitará que seas su hermano —o por lo menos era lo que Joshua quería pensar. No podía ser el único que se hacía a la idea de que, incluso aunque Ayax hubiese asesinado a una persona, no iba a dejar de quererlo. — Eventualmente, todo volverá a caer en su lugar —y no estaba seguro de si lo decía para sí mismo o para el pelirrojo. Seguramente para ambos.
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