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Clases de cómo espantar a una chica en cinco minutos {Zdravka E. Ovsianikova}

Henry Kerr el Dom Mayo 05, 2019 1:55 am

2 de Mayo de 2019
11:00 PM

The London Pub, Londres

_____________________________


El mundo se había vuelto loco, eso estaba claro. Y no, no hablaba del mundo de forma genérica. No se trataba del planeta en sí, sino de su mundo, en mayúsculas y letras de neón de cantosa luminiscencia.

Era evidente, que el cambio de gobierno de hacía unos años había transformado el mundo mágico. Algo que, por también evidentes razones, afectaba a muchas más personas que sus preocupaciones personales. Más todo individuo debe pensar en sí mismo de vez en cuando, y para Henry, esto no era diferente.

Para la inmensa mayoría de magos, sobre todo los que se encontraban en el bando perdedor y pro-muggle, que él hubiera sido traicionado por su propia familia no era algo muy importante, por no decir que poco les importaría. Ya tenían muchos problemas, como para andar sufriendo por las penas de un mago de familia rica y además de ideología purista. Pero para él…. Para él era todo un acontecimiento. Uno tan importante que había cambiado su vida por completo, y que por esa misma razón no podía quitárselo de la cabeza.

Le  era imposible saber que camino habría seguido el Henry original, pero pese a ello tenía una sensación de estafa continua sobre sus hombros. El saber de que esa senda después del cambio, por aleatoria que pudiera llegar a ser, nunca sería tal cual como la que había vivido. De entre todos los mortales de la Tierra, había sido elegido para ser el protagonista de una tragedia griega, de corte mágico y ambientación escocesa, pero tragedia de todas formas.

Era exasperante. No podía saber que habría sido de él si no lo hubieran cambiado en  contra de su voluntad, y además dicha traición había sido realizada por su propia familia. Permítanme la vulgaridad, una auténtica patada en las pelotas de proporciones bíblicas.

Con ello tenía que vivir, no obstante, todo no iban a ser penas en la vida. Henry no era de los que se amilanaba fácilmente ante un reto. No estaba dispuesto a que sus problemas le amargaran y le convirtieran en alguien diferente. No al menos en ese aspecto. Ya le había cambiado su mente, sus recuerdos, pero no estaba dispuesto a perder nada más de su ser por el camino.

No. Para nada. El rubio estaba más que dispuesto a disfrutar del tiempo entre mortales que le quedaba antes de encontrarse con sus antepasados en el más allá. Y cómo buen escocés, para disfrutar no le hacía falta nada más que una buena botella de whisky y grata compañía. Así pues, ese rubio norteño se encaminó en las frías, aunque ya no tan frías, calles de Londres una vez más. Armado sólo con sus jeans y una chupa de cuero, y bueno, una varita, porque cómo se diría en más de un gueto: “el barrio se había vuelto peligroso”.

Pero vamos, en definitiva, era sólo un hombre con ropas sencillas en busca de aventuras sencillas de la noche londinense. Y qué diablos, había sido enseñado a odiar a los muggles que se internaban en el mundo mágico, pero qué forma más sencilla de alejarse de sus actuales problemas, que siendo él, esta vez, el que traspasara la frontera en sentido contrario.

Con esa premisa el rubio no tardó en perderse en el Londres más muggle y corriente. Un viaje en el que no tardó en encontrar un antro aceptable en el que pasar el rato. Nada extravagante ni caro, pero tampoco un local que tiraba para atrás por la mierda pegada en sus paredes. Un lugar tan sencillo como el Henry simple de esa noche, ni más ni menos.

Y así, con toda la naturalidad del mundo, un purista mortífago acababa la noche rodeado de personas sin don para la magia. ¿Irónico? Quizás, pero no dejaba de ser el camino más fácil, y la gente, salvo que fuese imbécil o tuviera ganas de marcha, solía usar el camino sencillo para llegar a su destino.

El destino de Henry era diversión, alcohol y grata compañía. Ya había conseguido parte de la primera y la segunda, pero de la tercera…

Fue entonces cuando nuestro particular ex ravenclaw la vio. Morena, de ojos oscuros, que atravesaban tu cuerpo hasta llegar hasta el fondo más recóndito de tu alma, si te perdías en ellos. Hermosa, sí, pero con esa sensualidad que iba más allá del superficial físico y se palpaba sin palabra alguna, sólo con un cruce miradas. Una mujer con un aura atractiva, por ende.

Su mundo era un puto caso, pero qué cojones, ni el suyo, ni el mágico, ni ningún otro mundo iba a explotar porque hablara con una muggle. Los pasos que lo habían llevado hasta allí era alejarse de su propio mundo, y allí sólo había un modo de tener la grata compañía que le faltaba para cumplir con una buena velada escocesa. Así pues, ni corto ni perezoso se acercó a la chica con paso firme y seguro.

- No me conoces, no te conozco, pero sólo hay un modo de que este desgraciado problema se solucione-, le dijo, nada más acercarse hasta ella. Eso sí, con una sonrisa bien dibujada en el rostro. - Y así, con esta manida presentación de horroroso ligón se presenta Henry Kerr-, comentó seguido, en tono de broma y suave y seguro de sí mismo, justo antes de dedicarle una elegante reverencia. Una que por perfecta que fuera, no dejaba de ser parte de su atrezo de “chico simpático” con el que se presentaba a la joven. - Pero por mal que se me den los saludos a desconocidas, le pido que no salga corriendo, y que, por favor, deje que la invite a una copa. A una al menos-, dijo finalmente, poniendo ojos de cordero y pegando las palmas de sus manos en gesto de súplica. Una mirada y gesto que no pegaba para nada con la media sonrisa pícara que se mostraba en sus labios.
Henry Kerr
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Zdravka E. Ovsianikova el Miér Mayo 08, 2019 4:05 am


Lo estaba intentando.

Ya que no se veía con lo necesario para dejar el trabajo tan cómodo que había conseguido en la tienda de Dexter, estaba intentando compaginar eso con su nueva meta para componer. Llevaba meses queriendo ponerse de nuevo con la composición de nueva música, pero es que no le daba la vida con todo lo que tenía que hacer y sentía que si no tenía tiempo libre, no le iba a llegar nunca la inspiración necesaria para lo que quería hacer.

Esa noche, después de una tarde totalmente desaprovechada, decidió salir un rato a un bar por el simple hecho de cambiar de aires y estar sola. Dexter estaba ocupado con no sé qué rollo de una casa, por lo que se abrigó y salió a dar una vuelta. La verdad es que el hecho de no estar haciendo lo que realmente quería le estaba agobiando bastante últimamente y sentía que le faltaban horas al día.

Entró en The London Pub, un bar bastante bonito en donde nunca había tenido problemas. El problema es que no había mesas libres, por lo que tuvo que sentarse en la barra. Se puso en una de las esquinas de la barra, intentando pasar desapercibida del resto de personas. Eso sí, el camarero que no le había quitado la mirada desde que entró, fue hasta ella.

—Buenas noches, ¿qué te pongo?

—¿Tienes cerveza negra?

—La guinness y una hecha por nosotros.

—Déjame la echa por vosotros.

—¿Copa o jarra?

—Jarra.

—¡Marchando!

Mientras tanto, Zeta se quitó su gran abrigo, dejándolo sobre una taburete a su derecha junto a su mochila. Sacó del interior de ésta un estuche y una libreta y si bien había entrado allí dentro con los auriculares puestos, se los quitó. Le era imposible sacar ideas con música en su cabeza.

En realidad no había ido allí a componer o a crear una letra prodigiosa. Era incapaz de hacer eso ahí, sin ningún instrumento a mano, pero sí que quería escribir sobre lo que quería expresar con sus nuevas canciones, aunque todavía no hubiera ninguna en mente. Escribió la fecha en la parte superior de la libreta, para cuando el camarero le llevó la jarra. Le sonrió devuelta y se fue a atender al resto, dejándola sola.

Se puso a escribir un buen rato y, como dato curioso, ella escribía todo eso en esloveno, su lengua materna y por tanto la que más fácil le era para esas cosas. Además, le gustaba que todo lo que escribía posiblemente nadie lo entendiese a menos que ella quisiera. Era como una manera de… proteger todo lo que pensaba. Ella era muy transparente en todo lo que escribía y ahora mismo seguramente hubiesen muchos sentimientos encontrados con respecto a Dexter. En ese 'brainstorming' de ideas era transparente, por eso luego en las canciones tenía que no serlo tanto. Odiaba ser literal.

Una hora después, sólo quedaba el culo de su cerveza y cuando fue a pedir otra, un hombre se sentó a su lado y le habló. Le habló tan rápido que a Zeta no le dio tiempo de decir nada, sólo sonreír por su patético intento de ligón que hasta él mismo sabe que no funciona. Pero ojo, que había personas que creyendo que haciendo eso podían llegar incluso a ligar más. ¿Pero sabes qué? Zeta no tenía ni un pelo de tonta, por lo que aceptó esa copa. ¿Beber gratis? Se notaba el peso del dinero en los bolsillos de la gente y Zeta, jamás de los jamases, rechazaba una cerveza gratis.

Zeta señaló su jarra que estaba delante, arrastrándola un poco hacia Kerr.

—A mí pídeme otra como ésta, el camarero sabrá qué es —le dijo al hombre que, objetivamente, era muy guapo. De hecho, cumplía perfectamente con el tipo de chico que le gustaban a Zeta: altos, delgados y rubios. No había que ir muy lejos para darse cuenta de que eran su tipo, sólo mirando a Dexter y a la mayoría de sus novios anteriores. Sin embargo y por desgracia para Henry Kerr, Zeta en ese momento no estaba disponible. Quizás, de ser otro momento, no le hubiera molestado aceptar su propuesta de ligar. —Desde ya te digo que tengo pareja, así que si tu intención es ligar conmigo, creo que… puedes aprovechar el tiempo en otra cosa más productiva. Eso sí, la cerveza a la que me has invitado ya no tiene vuelta atrás. Corre de tu cuenta de intento de ligón. —Le dijo, encogiéndose de hombros, como si hubiera una ley una escrita de ‘propuesta en la mesa, propuesta que pesa.’ Le sonrió de vuelta, sin ánimos de ganas de ser cortarollos después de haber sido clara. —Soy Zeta.

Zeta no era de esas personas que huían de los hombres sólo por tener pareja. Si un hombre parecía simpático y le ofrecía una copa, ella aceptaba, siempre y cuando el hombre no le quisiese tocar una teta o llevársela insistentemente a la cama, además de dejarle claro previamente sus intenciones y que tenía novio. Compartir una copa no era poner los cuernos y, lo sentía por Dexter, pero ya que él no la sacaba a tomar nada, qué menos que aprovecharse de los hombres serviciales que se encontraba por ahí.
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Henry Kerr el Lun Mayo 13, 2019 6:04 pm

¡Bang! De repente la chica movió la jarra que tenía delante y la acercó a donde se encontraba él y pudo escuchar el sonido de la victoria resonando con solemnidad dentro de su cabeza.

Al rubio le era imposible saber si había sido pura potra, o si realmente la joven había captado su estilo simpático tras el teatrillo de ligón fracasado, pero fuera como fuese, la señorita a su lado no salió corriendo como alma que lleva el diablo y eso significaba que había conseguido captar su interés.

Aunque un apunte sí tenía que hacer al respecto. Sí esperaba que fuera más por lo segundo que por mera suerte, ya que ello significaba que la morena era de las que gustaban de las bromas y chicos simpáticos. Dicho detalle significaba que ya tenían algo en común y que tendrían más posibilidades de conectar y llevarse bien.

- ¡Amigo! - captó la atención del camarero.  - Dos cómo esta, por favor-, le indicó en cuanto miró hacia él, guiñándole el ojo justo al final.

Lo pidió con su estilo desenfadado. Con ese toque tan Henry que la gente que lo conocía sabía a la perfección que significaba. Con chispa, buen talante y seguridad en sus decisiones, y hasta, aunque esté mal que este narrador lo diga, un toque de elegancia. Y eso que no lo había tenido nada fácil porque…

¡Qué carajos! Esa chica era tan rápida en la réplica como miembro del cartel colombiano. Las había visto con más sutileza en la vida, pero… tenía que reconocer eso le gustaba.

Sinceridad. Una cualidad muchas veces devaluada y menospreciada, más a nuestro Henry le encantaba. Si bien, él prefería que la mentada sinceridad se usara con más delicadeza, más no por ello se iba a quejar. Eso sí, fue inevitable que la balada de victoria se cortara de forma estridente, como si se sacara un disco de vinilo con mala leche del tocadiscos, para luego sustituir dicho disco por uno con el contenido de la   canción instrumental tocada con el violín más pequeño y triste del mundo.

- ¡Ah, mi corazón! - dijo de repente, con tono sufrido, agarrándose el pecho y fingido dolor en el rostro. Luego de forma igualmente repentina cambió el gesto y volvió a la normalidad. - Bueno, no pasa nada, señorita Zeta. No soy hombre celoso, seguro que algo podemos apañar-, comentó vacilón, dibujando una sonrisa en el rostro. - ¿O debería decir señora? - sugirió sin perder el tono divertido en su voz, enarcando una ceja y marcando una pícara sonrisa en el rostro.

Qué podemos decir. Nuestro Henry era un ser incorregible. Descarado desde el principio hasta el final.

- Sólo bromeo. No me lo tenga en cuanta-, comentó con tono suave, para luego guiñarle un ojo.

Después, el rubio tomó una de las jarras que justo en ese instante colocaba el camarero delante de ellos.

- Aquí tienen, que la disfruten-, dijo el susodicho, antes de marcharse a atender más pedidos.

- Gracias, buen amigo-, respondió, nada más catar el contenido de la jarra. - Delicioso, me encanta la cerveza negra-, dijo esta vez, dirigiendo su voz y su mirada otra vez hacia la chica. - Cómo puedes ver, si aún no me he ido es porque acepto de buen grado ese trato de pasar el rato contigo sin necesidad de ligar. Eso, o es que prefiero beberme la cerveza que pagué con mi cuenta de intento de ligón, antes de irme-, bromeó para luego reír suavemente. - Ahora en serio. No sé, me das buenas vibraciones. Pareces simpática, o por lo menos no me has dado un bofetón de buenas a primeras con lo pesado y tonto que puedo llegar a ser-, se sinceró. - Aunque también has picado mi curiosidad. Ese acento, diría que no es de por aquí-, preguntó con sutileza.

Henry no tenía necesidad de llevarse una mujer a la cama. Ni siquiera tenía esa intención. En aquella noche, sólo quería alejarse de sus problemas en el mundo mágico, beber un poco y tener grata compañía. Digamos que si Zeta no se asustaba de sus tonterías, ya tenía el cupo completo.

Cómo dirían en la jerga militar: Misión Cumplida.
Henry Kerr
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Zdravka E. Ovsianikova el Jue Mayo 16, 2019 4:00 am

—Uffff. —Su ceño se frunció, divertida, frente a su declaración de que no era celoso. —Lo mismo mi novio sí lo es un poquito.

Y por su siguiente comentario con lo de 'señora', Zeta no pudo evitar sacar ya una idea preconcebida de aquel tipo: de esos tíos graciosos que intentan picar y hacer reír a las mujeres por partes iguales. Parecía encantador; sin malicia, pero la verdad es que Zeta no se fiaba tampoco demasiado teniendo en cuenta las experiencias que había tenido y la gran cantidad de personas, aparentemente buenas, que luego terminaban siendo malas.

Su respuesta frente a lo de 'señora' fue enseñarle sus dos manos, en donde habían anillos pero ninguno que pareciese una alianza en el dedo anular de ningún dedo.

—Por ahora no soy la señora de nadie. —Y frente a su matización de que solo bromeaba, Zeta zarandeó la mano, sin darle importancia.

Le gustaban las personas que le hacían reír y, pese a que sus bromas le parecían por ahora muy típicas, el tipo parecía carismático. Y, pese a todo, se había sentado a su lado después de haberle dicho claramente que no tendría oportunidad ninguna con ella. Otra cosa no, pero Zeta nunca le había puesto los cuernos a ninguna de sus parejas y hoy no iba a ser la excepción de la regla. Si estaba con alguien es porque quería a ese alguien, no para hacerle daño con la traición.

El camarero trajo de nuevo dos jarras de cerveza negra y Zeta pilló la de ella, aprovechándose del buen bolsillo del tipo Kerr.

—A mi me encanta la cerveza... en todas sus variantes. —Respondió ella frente a su declaración de amor por la cerveza negra. La cerveza era como el sexo, en todas sus variantes. —Pero me encanta probar las 'casera' de los bares. —Entonces él intentó excusar el por qué de haberse quedado ahí, a su lado: ¿quizás porque no quería ligar o porque ya había pedido la cerveza e irse a otra mesa era un poco solitario? Fuera como fuese, Zeta sabía qué contestar a eso. —Soy simpática y estoy en contra de la violencia gratuita. Hasta la fecha no he pegado a un hombre que me invita a una cerveza. He de admitir que no me gusta eso de 'invitar' para ligar, pues parece que estás comprando la atención de la otra persona, pero yo soy pobre y una jarra de cerveza negra gratuita siempre es bienvenida. —Se encogió de hombros, sonriente, tras esa tan sincera afirmación. No tenía nada que ocultar, realmente. —Y no, mi acento no es de aquí. ¿De dónde dirías qué es? —Se llevó la cerveza a los labios para beber de nuevo, saboreando de nuevo la cerveza bien fresquita, pues la otra se le había terminado por calentar después de un buen rato.

Cerró entonces la libreta que tenía delante y guardó también su bolígrafo en el estuche que tenía con forma de pollito. Todo se lo había comprado en el Tiger: desde la libreta negra hasta el estuche de pollito. Lo apartó a un lado, sin intención de seguir escribiendo nada más, pues ahora que tenía un acompañante poco se iba a concentrar. Le parecía hasta gracioso haber aceptado la bebida y proponerse a hablar con él. Estaba deseando llegar a casa para contárselo a Dexter para ponerlo celoso. ¡Y que le dijera algo!

—¿Y tú? Tu acento es bastante británico: ¿eres de aquí o también eres un inmigrante en busca de oportunidades y con una mayor retención del acento inglés? —preguntó, cruzándose de piernas en dirección a Henry.
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Henry Kerr el Mar Mayo 28, 2019 1:27 am

El comentario de los celos tuvo una reacción de lo más lógica por parte de la chica, más su expresión dejaba bien claro que se lo había tomado con buen humor. Ello, añadido al gesto posterior mostrando sus manos para enseñarle a Henry sus dedos, decía con pocas palabras y señas que la chica pertenecía a ese grupo de féminas que le caían bien al bueno del rubio. Y por qué no decirlo, del grupo selecto de mujeres que podían soportar el aspecto más ácido, sarcástico y burlesco de su personalidad.

En todo caso, el exravenclaw se giró, dándole la espalda a la barra, y apoyó su zona lumbar contra la madera del mostrador al tiempo que apoyaba sus codos sobre esta. Todo ello sin perder la sonrisa.

- Ah, deberías buscarte otro novio. Mira que ponerse celoso porque un rubio descarado intente ligarte sin pudor alguno-, bromeó, manteniendo el gesto sonriente y divertido, aunque dándole una vuelta de tuerca a su sonrisa para mostrar un gesto más lobuno y burlón que en momentos anteriores. - Señorita Zeta-, dijo de seguido, segundos más tarde, dándole el especial y merecido tono y tiempo a su distintivo. - Mis más sinceras disculpas. No seré yo quien case a la gente antes de tiempo-, siguió en el mismo tono distendido que antes.

En ese momento el rubio aprovechó para colocarse de costado a la barra, aún sentado sobre el taburete. Después tomó su jarra de cerveza negra y disfruto de aquel néctar tan delicioso. Hacía bastante tiempo que no se tomaba una de esas, y lo cierto, es que aquella noche no podía ser mejor día para acabar con la sequía de aquel tipo de cerveza.

En cuánto dio buena cuenta de su oscuro y rico mejunje, el Kerr dejó la jarra sobre la barra y apoyó el codo, del mismo brazo que había usado para beber, sobre la madera de la misma.

- Yo, para ser sincero, que se note que soy muy sincero y buena persona-, bromeó con aquello último. - La verdad es que soy aficionado de licores más fuertes. Se podría decir que el whisky es lo mío, más nunca se le puede hacer ascos a una buena cerveza negra.

Ahora mismo Henry se encontraba en el paraíso. En su salsa, cómo se solía decir. Con lo duro que habían sido los últimos meses desde que descubriera lo que su familia había hecho con él… No podía expresar lo agradable que era tener una conversación distendida con otra persona, aunque la acabara de conocer. No importaba a dónde le llevara su charla con Zeta, el mero hecho de poder olvidarse de todo era cómo abrir la puerta blindada del banco del tesoro nacional de un rico país.

- Tomar los productos propios de cada local, es siempre una buena excusa para conocer nuevos lugares dónde comer y beber-, añadió, en cuánto ella comentó que le gustaba tomar las cervezas caseras. Luego no pudo evitar sonreír con mayor amplitud ante los siguientes comentarios de Zeta. - Yo también estoy en contra de la violencia gratuita, sobre todo cuando esa violencia puede ser ejercida sobre mí-, dijo con la guasa perfecta para acompañar tan divertida plática. - La verdad, yo tampoco he pegado  ningún hombre que me haya invitado a una cerveza. No soy homosexual, ni bisexual, pero, oye, una cerveza gratis es una cerveza gratis-, comentó socarrón. - Bueno, siguiendo reluciendo mi gran y alargada sinceridad, debo confesar que yo suelo usar esta táctica. Aunque no diría que sea una forma de comprar a la mujer que me quiero ligar, sólo una excusa para beber juntos y ver a partir de ahí a dónde nos lleva el destino-, dijo con verdadera sinceridad, pero manteniendo el tono y maneras divertidas, que acompañó con un guiño al final.

Por ahora la charla estaba siendo de lo más amena, no obstante, la joven Zeta decidió responder a las indagaciones del mago con una pregunta añadida. Ello, por supuesto, no hizo más que incrementar su innata curiosidad y aceptar el sencillo juego que le había propuesto.

- Mmm, difícil. He visto mucho mundo, pero acertar con los acentos es complicado. Este planeta azul está demasiado lleno de países-, bromeó con lo último. - Pero al menos creo que puedo decir que es de Europa del este, aunque no me termina de sonar de allí. Quizás los Balcanes-, le pensó durante unos segundos, tomando su jarra y meneando su contenido mientras lo pensaba. - Me la voy a jugar en un lugar en el que he estado, ¿eres de Hungría?

Había estado en dicho país estudiando colacuernos de la región, y aunque hacía años de su visita, el acento de Zeta le recordaba al de los lugareños de tan bella nación. Tenía que regresar algún día, albergaba gratos recuerdos del céntrico país del viejo continente.

- Uff, eso ha sido duro. Cómo has dicho británico espero que con aquí te refieras a la isla y no a Londres-, comentó haciéndose el fingido ofendido, De un modo tan falso que se notaba a la legua que estaba de cachondeo. Después tomó un trago de su cerveza y volvió a dejar la jarra sobre la barra. [color=#009900]- Pues sí, soy de aquí-, dijo aquí a la vez que hacia el gesto de entre comillas con los dedos de ambas manos. - Soy escocés, para más señas. Un aguerrido norteño que hoy salió de casa sin su falda. Hey, pero mejor uno simpático y con vaqueros, que uno aburrido y con falda, ¿o no? Dios sabrá qué tipo de norteño depravado te podría haber tocado. Mejor un Henry, sin duda-, comentó, para seguidamente dibujar una media sonrisa en sus labios.

En cualquier caso, la gatuna curiosidad  de Henry no lo había llevado a pensar solamente sobre el acento y procedencia de la chica. Tenía más curiosidad que apaciguar y era una excusa más que perfecta para seguir hablando y conociendo a la joven.

- De todos modos… No soy inspector de policía haciéndote un tercer grado, ni nada de eso, pero es que me da en la nariz-, se dio dos toques en la nariz con uno de sus dedos en ese justo momento, - que tu verdadero nombre no es Zeta. Ay, ya decía mi madre que debería haberme metido en algún cuerpo policial o en inteligencia. Entre tú y yo, está claro que tengo una perspicacia del todo desperdiciada-, bromeó una vez más, manteniendo la sonrisa.

Después alzó su jarra y le guiñó un ojo para acompañar el brindis.
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Zdravka E. Ovsianikova el Miér Mayo 29, 2019 2:41 am

—Uhhhh, whisky… ewgggg… —Sacó la lengua incluso para enfatizar su evidente desagrado por esa bebida tan fuerte y de sabor tan horrible. —¿Qué eres: un hombre de sesenta años escondido en el cuerpo de un chico de treinta? —Preguntó divertida, sin poder entender que a una persona joven le gustase tremendo alcohol tan terrible. Para ella el whisky era bebida de personas mayores, ya con unas papilas gustativas desgastadas y que necesitaban sabores fuertes para sentir algo.

Mira que precisamente Zeta era una mujer que toleraba bastante bien las bebidas e incluso se había hecho algo fan de la ginebra últimamente porque a Dexter le gustaba mucho, pero definitivamente el whisky nunca fue una bebida que pudiese soportar. Odiaba su sabor y aunque muchas veces uno bebiese a pesar del sabor terrible de alguna bebida alcohólica solo para emborracharse, es que el whisky era como el top de lo peorsito.

—Es mi excusa —le respondió al rubio, cuando dijo que probar productos propios era un buen motivo para visitar nuevos lugares. —Me gusta mucho descubrir lugares nuevos, sobre todo si tienen cerveza tan buena. Tú eres pro-whisky, pero yo soy pro-cerveza. —Alzó levemente su jarra de cerveza negra, para entonces sonreír con lo que decía Henry, sin duda un hombre bien parlanchín y con un humor que le venía bastante bien a Zeta en ese momento. —¿Cuántos hombres te han invitado a una cerveza gratis, señor heterosexual? —Le preguntó por mera curiosidad frente a ese comentario, para entonces alzar el dedo índice para matizar una cosita. —No, comprar a la mujer no, comprar su atención. ¿O qué harías si la mujer acepta la copa a la que le invitas y luego ella decide irse a seguir hablando con sus amigas? —Mostró una sonrisa divertida. —Yo lo he hecho y por experiencia sé que al tipo no le sienta demasiado bien haberse gastado el dinero si no consigue nada a cambio. Y creo que hay mejores maneras de romper el hielo con una mujer que invitándole a una copa —le dio su humilde opinión como mujer que era y que tantas veces había intentando ser cortejada.

Le retó a intentar adivinar de dónde venía el acento de Zeta, pero ya de por sí la eslovena suponía que no lo iba a adivinar. No es que Eslovenia fuese un país demasiado rimbombante, por no hablar de que los acentos de todos los países del este eran bastantes parecidos. Sin embargo, Henry pareció enfocar bastante bien la zona de donde podía venir, aunque al final se equivocara en sus predicciones.

—Uy, casi. Por poquito. —Le respondió, bastante sorprendida por su proximidad. —Soy de un país más pequeño, al suroeste: de eslovenia. Pero oye, no te ha estado nada mal. La última vez que le pregunté a una persona que intentase adivinar de dónde era me mandó para los países nórdicos. Así que nada mal, señor Kerr. —Asintió varias veces con la cabeza, dándole sus más sinceras felicitaciones. —¿Viajas mucho o es que tienes un don?

El hombre se vio visiblemente ‘ofendido’ cuando la muchacha le dijo que si era de aquí, porque la verdad es que apenas le notaba un acento remarcado como para que fuera de un país diferente. De hecho, podría poner la mano en el fuego con que era del mismo centro de Londres.

—Me refería a Londres —reconoció divertida. —¿Escocés? ¡Oh, venga! ¡Tienes de escocés lo que yo de rubia! ¿Los escoces no tienen fama de tacaños y andas por aquí invitándome a cerveza? Y la última vez que vi a un escocés de pura cepa me escupía a la cara cada vez que hablaba de su acento tan fuerte y que no se entendía. —Estaba exagerando, por supuesto, pero le parecía divertido hablar de estereotipos porque cada vez que decía que era de eslovenia le salían con mil y uno de su país. —Venga, ahora sé sincero conmigo, Don Sinceridad: ¿eres escocés de corazón pero cuántos años llevas viviendo aquí? Porque tu acento es impecable. Y no llevas faldita. —Bebió entonces, divertida, de su jarra, para entonces pasarse la lengua por el labio superior antes de continuar hablando: —Los escoceses llevan faldita. Está claro que prefiero a un Henry que a un aguerrido norteño escocés tacaño que me escupe en la cara, pero la faldita no puede faltar. —Le siguió con la broma.

Era el primer escocés que conocía de esa manera, sin contar a ese señor escocés que había mencionado que había sido un cliente en su tienda y nada más. Mira que había conocido a personas de muchos lugares del mundo, pero nunca de un país tan cercano a donde actualmente residía.

—¿Seguro que no eres inspector de policía? Dicha acusación es realmente arriesgada. —Ironizó divertida, cruzándose de piernas para sonreír a su broma. —Definitivamente, tanto sentido de la observación debería estar aprovechándose en la NASA por lo menos. —Y tras beber junto a él, apoyó la jarra sobre la barra. —No me llamo Zeta, no, pero me llaman así porque la gran mayoría de personas son incapaces de pronunciar bien mi nombre de pila y frente a enredar lenguas, decidí optar por un mote más asequible para el resto de mortales —le resumió, visiblemente divertida. —Tú te llamas Henry Kerr, un nombre pequeño, de fácil pronunciación y yo me llamo Zdravka Ekaterina Ovsianikova. —Lo pronunció con perfecto acento esloveno, tal y como se pronunciaba su nombre. —¿Te ves capaz de pronunciarlo o nos quedamos con Zeta? —Le retó, traviesa.
Zdravka E. Ovsianikova
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Henry Kerr el Sáb Jun 08, 2019 2:18 am

- Oye, que aún estoy en la flor de la juventud. No sabía yo que el whisky era exclusivo para vejestorios-, respondió, con fingido orgullo herido. - No sabría decirte, lo tomo desde que era un niñato y siempre me ha gustado. Si es licor de ancianos, ya entiendo eso que dicen de la sabiduría de la tercera edad-, bromeó, guiñándole un ojo al mismo tiempo.

Se podría decir que al rubito le había sorprendido el comentario de la joven, sobre todo porque nunca había pensado que su tan querido whisky era bebida de octogenarios. De todos modos, aunque lo pillara por sorpresa, no podría haberle contestado a la chica de otra forma distinta a la que usara, con humor al estilo Henry. Después de todo, aquello, cómo casi cualquier placer de la vida, era cuestión de gustos, y nada más que eso.

No iba a reprocharle a Zeta que considerara el whisky una bebida antigua y solamente apropiada para hombres y mujeres de edad avanzada. Si ella lo creía así, pues estaba en su derecho. Además, el benjamín de los Kerr no perdía nunca una oportunidad para hacer una broma, aunque el motivo fuese su propia persona o lo que le gustara beber.

- Ah, ya veo. Una mujer que no tiene miedo a la aventura. Se notó desde el mismo instante que toleró mi presencia-, comentó tan afable como sonriente. - Nada como una buena dosis de aventura en lo desconocido para sentirnos un poco más vivos. Se podría decir que no hay nada más humano que la exploración-, dijo con cierta nostalgia de sus tiempos persigue dragones.

Tiempos hermosos. De país en país. Conociendo nuevas culturas, nuevas formas de entender el mundo mágico en cada lugar al que arribaba, nuevos acentos y peculiaridades.

- Oh, qué curiosa, señorita Zeta, ya voy a empezar que la hermosa curiosidad puede ser un punto de unión y amistad entre nosotros-, comentó sin perder la sonrisa, acariciándose el mentón segundos más tarde mientras buscaba la respuesta más adecuada a su mentada curiosidad. - Pues no se lo va a creer, pero tengo buen… Cómo decirlo sin sonar pedante. Bueno, digamos que debo tener cierto atractivo-, dijo, con una sonrisa lobuna marcada en el rostro. Después aprovechó para echar un trago a su cerveza. - Al menos entre el género masculino. En fin, no hace falta que sumar dos más dos. Muchos hombres a lo largo de la vida me han invitado a copas, así que, o soy guapo en general, o debo tener un aspecto muy gay. Lo que los dioses de la apariencia sexual hayan decidido-, bromeó, mostrando las palmas de sus manos y encogiéndose de hombros aún sonriente.

Luego, Henry tomó otro trago del contenido de su jarra, y pensó una respuesta sincera para lo comentado por Zeta.

- Bueno, supongo que la misma mala cara que si la saludan a esa mujer y esta contesta con un hola, adiós y se va a conversar con sus amigas, de todos modos-, rió, porque por estúpido que sonara, no dejaba de ser cierto. - Ya que estamos tan filosóficos esta noche, la realidad es que los humanos somos un poco, poquitito, poquititico egoístas-, iba diciendo, al tiempo que se apoyaba en la barra, sin perder la sonrisa, y con la mano diestra iba acortando la distancia entre su dedo pulgar e índice. - En fin, ya me entiende. Cuando nuestras ilusiones, deseos o caprichos no se cumplen, todos ponemos mala cara aunque no queramos. ¿O acaso piensa, que cuando una mujer se acerca a hablarme y me marcho con mis amigos, no siento el calor de su mirada asesina en mi nuca? - la tanteó. - Oye, que triunfo entre los gays, pero alguna que otra chica me invita a una copa también-, bromeó, ampliando la sonrisa. - Y no, no vale eso de que los hombres siempre aceptamos cualquier cosa de una mujer. No somos tan desesperados. Eso sólo ocurre el noventa y nueve coma nueve por ciento de las veces-, bromeó socarrón, antes de tomar un nuevo trago de cerveza.

Da ese trago, le hizo pensar en un detalle que no había sopesado hasta ese instante. Solía tomar bebidas más fuertes, pero la cerveza negra era dulzona y pegaba poco a poco y sutilmente, cómo se descuidara un poco, esa muggle iba a tener que llevarlo en carretilla hasta su casa.

- ¿En serio? ¿Casi acierto? Ah, coño, qué poco me ha faltado-, respondió en el tono divertido que en todo momento llevaba la conversación, pero cerrando el puño en señal de maldición interna, pues había estado muy cerca de acertar. - Rayos, acento nórdico. Esa persona estaba muy bebida o de acentos no tiene ni pajolera idea. El nórdico suena más…-, lo pensó por unos instantes. - No sabría explicarlo. Más seco. Más cerrado. Aunque no sean términos muy exactos. El caso es que el nórdico es un acento que se acerca más al alemán que a los acentos de los países del este o centro sureste europeo.

Henry se lamentó una vez por el tiro fallido, consolándose con esa cerveza de la que ya parecía haber olvidado que tendría que tomar de forma más moderada si no quería acabar abrazado y besando una farola.

- Pues sí, viajé bastante en mis tiempos de mozo. Ya que por lo visto soy un viejo bebedor de whisky-, bromeó sin acritud ninguna. - Cuándo acabé la carrera pensé en qué hacer con mi vida, y llegué a la conclusión de que, antes de asentarme en alguna parte, no estaría nada mal hacerse algunos viajes por el mundo-, se sinceró, pero obviando, por evidentes razones, que los motivos eran la búsqueda de dragones. No era el momento de quedar como un pirado ante la muggle. - Uno de los países que tuve el gusto de visitar es Hungría, por eso tu acento me sonó de allí. Espero no haberte ofendido por haberte cambiado al país vecino-, se disculpó, alzando las manos para pedir perdón.

Ah, qué buena noche. Hacía tiempo que no se lo pasaba así de bien. Por irónico que pudiera parecer, sólo había necesitado alejarse del mundo mágico, que tanto había defendido de los intrusos hijos de muggle barra sangres sucias que llegaban para robarles la magia, e irse, precisamente, al mundo de esos muggles roba magia que mantenía a raya y fuera de sus supuestos dominios. Irónico, sí, muy irónico.

En cualquier caso, Henry no pudo evitar partirse de risa ante la exagerada caricatura del buen escocés que había hecho la morena.

- Pues, no, no soy de Londres. Al menos no nací aquí, ya que sí ando residiendo por estos lares-, dijo, cual hidalgo caballero de novela renacentista. - Cómo bien has atinado, ya llevo unos años por aquí. Además, con respecto a los escocés debo apuntar, que sí, somos algo tacaños, pero eso, amiga mía, sólo ocurre cuando no hay alcohol de por medio-, bromeó, siguiendo el juego a la joven. - Y si quieres rebusco en mi baúl de los recuerdos. Alguna falda de buen escocés debe haber en su interior. De mis tiempos, exacto, bella Zeta, ha acertado. De mis tiempos de mozalbete, cuando los jóvenes bebíamos whisky-, bromeó, marcando una amplia sonrisa.

Fue en ese momento, cuando un obús al que nos referiremos a él como: Nombre completo de Zeta, impactó de lleno contra su cerebro y le hizo olvidar quien era, quien era en realidad antes del borrado de memoria, sus clases de magizoólogo, de pociones, de runas, y seguramente sus clases de matemáticas dónde aprendió a sumar y restar.

- No sé si podré trabajar en la NASA, aún estoy descifrando tu nombre en clave. Me da que mi madre se equivocaba y no valgo para la policía. Por lo menos para la científica seguro que no-, bromeó socarrón. - Z… Zaka. Zavka. Drakva-, empezó a intentar pronunciar, exagerando su ineptitud para pronunciarlo. - Ekaterina, lo dejaremos en Ekaterina-, bromeó, antes de guiñarle un ojo y tomarse otro trago de su cerveza negra.

El rubio, nada más posar el culo de la jarra otra vez sobre la madera de la barra, se dio cuenta que esa cerveza no le duraría mucho, así que le hizo una señal al barman para que le trajera otra.

- Zdravka Ekaterina Ovsianikova-, se dejó de juegos y lo pronunció como mejor pudo. - Mmm, creo que ahora no ha estado del todo mal, aunque seguro que todos tus antepasados se andan revolviendo en su tumba después de escucharme-, se sinceró, observando por el rabillo del ojo como el camarero le dejaba una nueva jarra de cerveza junto a la medio a acabar. - Zeta está bien, por si quieres que deje de destrozarte el nombre. En cualquier caso, bonito nombre. El mío, sí, más sencillo, pero más corriente. Me gustan los nombres exóticos como el tuyo. Palabrita de don escocés sincero y poco tacaño-, dijo, bromeando con la última frase. - Pero venga, ya que esta noche somos unos traviesos, curiosos, adivina adivinanzas, que tal si seguimos el juego. No pude evitar verte escribir en esa libreta. Digamos, que no creo que sea un diario, así que optaré por: A, eres universitaria o andas haciendo un máster en esta hermosa y lluviosa ciudad. B, eres una promesa de la escritura eslovena. La Luka Dončić de las letras. C, estudias el género británico y anotabas con normal alarma, lo tacaño, escupidores y amantes del whisky que somos los escoceses de pura cepa-, comentó, mirándola con una media sonrisa y la travesura reluciendo en sus ojos. - Vamos, seguro que he acertado, parece improbable no hacerlo-, bromeó, tras las extravagantes estupideces que había sugerido.
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Henry KerrMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Lun Jun 10, 2019 4:55 am

¿Pero de dónde había salido este tipo tan charlatán y jovial? Ahí donde la veías, Zeta estaba sorprendida que, lejos de ser un ligón típico que se rendía a la segunda frase, era un hombre con labia suficiente como para mantener una conversación no solo interesante, sino también divertida. Pocas personas le conseguían sacar una sonrisa tan sincera a la muchacha, sobre todo porque ya estaba bastante acostumbrada a fingir para que sus clientes se creyesen que no estaban frente a una persona amargada.

—Me gusta tirarme a la deriva a ver qué ocurre —le dio la razón con lo de ser aventurera y haber aceptado su presencia esa noche. —No, no, no. —Movió el dedo índice de un lado para otro. —Lo más humano en esta vida es equivocarse e incluso me atrevería decir que el sentido de supervivencia… pero te concedo el tercer puesto para la exploración —dijo Zeta, sin un motivo más que ponerse tiquismiquis por una evidencia muy evidente, válgase la redundancia.

Tuvo que reír cuando se puso pensativo mientras asentía al hecho de que los hombres le hubiesen invitado a más de una copa, preguntándose que cuál sería el motivo. No iba a volverse ciega sencillamente porque tenía novio, pero aquel hombre era muy apuesto y eso no se lo quitaba nadie. Ya había mencionado que, de no estar con nadie, probablemente Henry Kerr entraría perfectamente dentro de su estereotipo de chico perfecto.

—Ya te digo yo que no tienes un aspecto en absoluto homosexual —le dijo, para entonces matizar una cosa: —Es decir, como el típico estereotipo homosexual. A menos que alguien tenga un radar, yo diría que a simple vista podrías tener cualquier tipo de orientación sexual. Quizás por eso los gays consideran que pueden tener una oportunidad contigo y luego tú les rompes el corazón diciéndoles que sólo te van las mujeres. —Y ladeó una sonrisa, para entonces preguntar lo más obvio: —Porque sólo te van las mujeres, asumo, ¿me equivoco? —Y todo eso lo estaba sacando de su comportamiento, así como de lo que estaba diciendo.

La verdad es que aunque su aspecto y su manera de actuar no desvelasen en absoluto sus inclinaciones, la verdad es que en ese momento podría ser cualquier cosa. Quizás era una persona perfectamente bisexual, como ella y en ese momento estaba tirando por las mujeres. ¡Vaya usted a saber!

¿Que los humanos eran UN POQUITO egoísta? Pocos seres humanos no pecaban de eso, pues uno siempre tira por sí mismo y tiene que tener mucha empatía o amor por el resto de personas como para que decida poner a otra persona por delante. Quizás también eso hubiera valido para añadirlo a la lista de ‘no hay nada más humano que ser egoísta’. Pero la verdad es que Zdravka no puedo argumentar demasiado, pues volvió a reír cuando admitió de esa manera tan graciosa que los hombres aceptarían cualquier cosa de una mujer. Definitivamente Henry era un payaso, pero de esos payasos guays y no de los que te quieres quitar de encima.

—Yo he escuchado nórdicos hablar y no entiendo por qué a mí me meten en ese saco, sinceramente. —Se encogió de hombros, dándole la razón al rubio. Era verdad que sonaban más toscos, mientras que el acento de Zeta sonaba hasta exótico.

Su broma con respecto a ser un viejo bebedor de whisky y haber ido a la guerra, hizo que Zeta negase con la cabeza, aún sonriente.

—¿Cuándo volviste de la guerra? Más o menos… ¿algo así cuando terminaste la universidad? ¿Cuántos años tienes? No creo que tengas más de treinta y cinco y creo que me estoy pasando. —Intentó adivinar a ojo. —Y nada, no me ofende. No me ofendería aunque me dijeras que soy de Finlandia o algún otro país nórdico. Yo soy malísima con los acentos, así que me parece un poco hipócrita criticar lo mismo, sobre todo cuando después de haber pasado tanto tiempo en Inglaterra no sé ni qué acento tengo ya.

La verdad es que viendo el comportamiento de Henry Kerr, el escocés gracioso, se lo imaginaba perfectamente con una falda propia de su país, un buen whisky en una de sus manos y de fiesta mientras algún compañero toca la gaita. Es que le pegaba muchísimo. Seguro que en las fiestas escocesas que se hacían en Londres, él era el primero en asistir con la gaita bien en alto.

Que la llamasen Ekaterina, con el nombre entero, le sonaba a abuela, pues su abuela se llamaba así. Sin embargo, debía de admitir que después de que Hester le llamase tanto Kat, lo había interiorizado como algo mono y bonito. Eso sí, ella a lo que estaba bien acostumbrada era Zeta, después de años siendo casi su nombre de pila.

—Oye mira, nada mal —le reconoció cuando consiguió decir su nombre completo. —Probablemente sí, pero la versión de mí que todavía ama el esloveno, te lo perdona. No ha estado tan mal para un escocés borracho de edad anciana. —Le guiñó el ojo, siguiéndole el juego por lo de ser un viejo bebedor de whisky. —Gracias, a mí me gusta también mucho mi nombre aunque el dos por ciento del universo sea capaz de pronunciarlo bien. Me tengo que acostumbrar al Zeta. —Tenía que admitir que cuando alguien le pronunciaba bien el nombre, sentía hasta placer. Era un nombre que sonaba muy bonito siendo pronunciado y, teniendo en cuenta de que actualmente nadie le llamaba por su nombre real, lo echaba un poquito de menos. —Vaya, vaya, Henry, ¿está seguro que su segundo nombre no es Henry Stalker Kerr? —Apuntilló con una sonrisa traviesa.

Le estaba hablando de la libreta que estaba escribiendo y no pudo evitar mantenerse callada para escuchar sus dos teorías sobre lo que estaba haciendo. Que oye, que la tratase por una universitaria era muy bonito, pues las patas de gallos estaban ahí… y lo del escritura no estaba nada mal.

—¡Has aceptado! Era la C. —Y rió divertida tras su broma, para entonces beber de la cerveza y sincerarse: —En realidad sólo escribía tonterías. Un mezcla entre diario e ideas que me van surgiendo durante el día: me gusta apuntarlas porque si no me olvido y luego me enfado conmigo misma porque me olvido de mis genialidades. —Exageró, con una sonrisa.

En realidad también escribía lo mal que le caía su novio a veces, lo admitía. No sabía qué le pasaba con Dexter, que en muchas ocasiones sentía que era el hombre perfecto pero… en otras sentía que ella no era nada para él.

—También creo que es bueno para la vida esto de tomarte tiempo en pensar en lo que has hecho y desahogarte contigo misma. La gente está acostumbrada a desahogarte con otras personas y buscar siempre apoyo en el resto… y llegan momentos en donde a lo mejor no hay nadie en quién apoyarte, así que tienes que aprender a gestionar esa falta y ser suficiente contigo misma. —Y sí, porque ahora mismo sus amistades más cercanas eran Hester y Alpha y si bien la primera era amiga de Dexter y no podía desahogarse con ella, Alpha era el típico al que le caía mal Dexter y cuya opinión era totalmente inútil. En aquel momento necesitaba a Equis y la verdad es que pensar en eso le hacía ponerse bastante triste. —Aunque he de admitir que intento sacar mi rabia para hacer canciones, porque no me has reconocido, pero soy una cantante super famosa. —Era broma, obvio, pero no dijo nada al respecto todavía solo para ver su reacción.
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Henry Kerr el Lun Jun 17, 2019 12:56 am

¿Cuántas jarras de había bebido ya? ¿Una? ¿Dos?

Sin duda era una cifra aproximada, y no, no podía estar seguro al ciento por ciento de ello. Nuestro Henry había perdido la cuenta de las cervezas que albergaba en el interior de su cuerpo con la grata conversación que mantenía con la bella Zeta. De lo único que podía estar seguro es que a su mencionado cuerpo aún le faltaba combustible como para llegar a al punto de “estar contentito”, cómo se solía decir coloquialmente, y mucha cerveza tendría aún que beber para acabar siendo un zombie sostiene farolas.

Demonios, aunque no llevara falda no dejaba de ser un buen escocés. Al menos en ese sentido, Henry daba el tipo de típico norteño y siempre había tenido buen aguante para el alcohol y buen codo para beberlo sin miedo o pudor.

El único problema de no estar seguro de cuántas se había tomado era la posterior cuenta… Pero, bah, que importaría. Su cartera estaba a rebosar de billetes británicos de muggle. Esa noche no era de las de pensar demasiado.

- Claro que sí, a veces lo mejor es dejarse llevar. Yo por un tiempo fue una hoja al viento. Fue una buena época-, rememoró una vez más sus viajes persiguiendo dragones. - Sí, tienes razón, lo más humano es equivocarse y el sentido de supervivencia diría que más bien es algo de todo animal mortal, inclusive nosotros mismos-, estuvo de acuerdo con ella. - Pero maldita sea, ¡qué sería de la vida sin la aventura! Morir todos morimos, vivamos un poco antes, ¿no cree? -, contestó muy animado, con esa sonrisa que solía acompañarle cuando todo iba tan bien como en esos instantes.

No existían dos personas iguales en ese maldito planeta. Todos éramos tan parecidos, con deseos e intereses personales que a veces muy similares, todos éramos una masa social… pero al mismo tiempo cada persona era un mundo en sí mismo.

Zeta y Henry no serían distintos en ese aspecto, claro que no, más, según pasaba el tiempo, el rubio sentía que la morena podría ser una amiga de toda la vida sin problema alguno. Diferían en algunos aspectos, como era lógico y pasaba con toda persona, pero sentía que los puntos en común eran más abundantes y fuertes.

Al menos hasta ahora, sentía que más allá de pasárselo bien, tenía una especie de alma gemela a su lado.

- ¿Seguro? - siguió el hilo divertido y cómico de la conversación que mantenían. - ¿Seguro que no tengo un aspecto gay? No miento cuando digo que soy un imán para los chicos del colectivo homosexual-, se sinceró, aunque sólo lo dijera medio en broma para hacer reír a su fémina compañía. - Ah, bueno, entonces es solo que soy jodidamente guapo-, bromeó con gran chulería, pero en un tono que sonaba más bien cómico y no soberbio. - Pues sí, no tengo nada contra los hombres, pero es que comparados con las mujeres son bien feos-, dijo, antes de dibujar una sonrisa en los labios.

Oh, qué bien se lo estaba pasando. Había ido a ese bar para distraerse de los problemas que le acosaban diariamente, pero si llega a saber que iba a conocer a una chica apodada Zeta y a pasarlo tan bien hablando con ella, lo habría hecho mucho antes. Habría entrado en escoba a toda velocidad por la ventana del bar… para luego llamar a los cerebritos borra recuerdos para no acabar en las noticias de los periódicos británicos muggles, y bueno, por qué no decirlo, también mágico.

Pasen y lean, cómo un mago rubio imbécil asusta a varios muggles con su puñetera escoba y su nuez por cerebro. Algo así, quizás con más educación y finura, sería la portada del periódico. O tal vez no, cada día la gente era más sensacionalista.

- Pues regresé de la guerra cuando me dieron un tiro en la pierna, allá por el mil novecientos dieciséis de nuestro señor-, bromeó, siguiendo el juego de la vejez hablando como lo haría un hombre de otra época. - Pero bueno, jovencita, diría que mi pierna se ha curado la mar de bien. Estoy listo para mi siguiente batalla-, le guiñó un ojo.

Después, Henry tomo un trago de su deliciosa cerveza, y dejó la jarra sobre la barra al tiempo que se acariciaba la barba de su mentón. Un gesto pensativo que no perdió al contestarle.

- Los borrachos escoceses de edad anciana tenemos una sabiduría milenaria. El alcohol nos conserva, como buen formol-, bromeó, momento en el cual dejó de aparentar sabiduría con su gesto pensativo, y adquirió una pose más normal, apoyando su brazo diestro sobre la barra. - Pues lo digo en serio. No es mera cortesía. Tu nombre es muy bonito, por aquí es muy exótico y los Henry estamos muy vistos y oídos-, comentó tan divertido como sincero. - Incluso los Henry Stalker están muy vistos-, dijo seguido, antes de romper a reír.

La verdad es que el rubio se había pasado con tanta pregunta, pero cómo dicen por ahí, el que no pregunta no aprende. Sí de verdad quería conocer a Zeta tenía que convertirse en don preguntón.

- Mis disculpas, a veces se me va la mano con mi curiosidad-, se disculpó, con una voz más suave y cálida que anteriormente. - ¡Pero sabía que era la C! - gritó de repente, en un cambio repentino e inesperado de su actitud. Por supuesto, nada más hacerlo volvió a reír, aunque más suave que antes. - Pues es una buena idea. Eso de apuntarte las genialidades. Creo que es algo que todos deberíamos hacer-, dijo, retomando el tono afable y cálido.

Y no era ninguna mentira. A todos nos pasaba que alguna gran idea se quedaba en el tintero porque cuando la teníamos no era el momento idóneo para sacarla a relucir. Luego el tiempo hacía el resto… Muchas buenas ideas quedaban de este modo en el olvido.

Después de que la chica le comentara a que se dedicaba, a Henry le parecía aún mejor idea de lo que había pensado inicialmente. Una persona creativa como ella, debía tener siempre un bloc a mano.

- Claro, joder, salías en un tema cantando con Madonna ¿no? - bromeó. - Ay, lo siento, Pero para las caras y los nombres de los famosos soy un desastre. A veces olvido hasta los nombres de las canciones y debo rebuscar entre mis cosas y mi música para encontrar la que quería-, dijo, antes de negar con la cabeza, pues seguro parecía un tonto con tan poca retención para las canciones. - Así que sí eres famosa te pido disculpas de ante mano-, comentó más serio. - Y sí, muchos se desahogan con otras personas. No es una mala técnica, pero cierto es, que todos debemos aprender a tener nuestros momentos en soledad. Saber interiorizar nuestros problemas y llevarlos por nuestra cuenta es importante-, estuvo de acuerdo con la morena.

Y sí, es lo que ustedes piensan. Henry no solía ser olvidadizo, salvo con sus recuerdos robados. Pero, bromas aparte, la realidad es que tales comentarios camuflaban un bajo nivel en sabiduría muggle. Conocía canciones, películas y a muchos famosos, pero al grado de estar al día en cuestiones muggle… pues a tanto no llegaba.

- Pero bueno, que mal caballero estoy siendo. Dejaré el acoso a un lado y me pondré cual gallardo hidalgo a su servicio. Ya que me ha contestado a tantas cosas, creo que sería bueno ser un tanto recíproco. Al menos sería lo justo. Por tanto, ¿no le pica la curiosidad de saber algo sobre mí? - aventuró. - No todos los días te encuentras en un bar a un Henry Stalker oriundo del norte de Britania-, dijo sonriente.
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Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Jun 22, 2019 2:45 am

La eslovena seguía un poco esa filosofía de vivir y… que ya pasaría lo que tuviera que pasar. Era cierto que no era una muchacha muy aventurera, básicamente porque estaba todo el día trabajando o haciendo cosas, pero sí que era de esas que no decía que no a nada, literalmente. Su filosofía era la del sí, pues consideraba que los “sí” te abrían puertas, mientras que la negativa te las cerraba en la cara. Y siempre era bueno probar cosas nuevas, ¿no?

Zeta le fue honesta: Henry no tenía pinta del típico estereotipo de hombre homosexual, pero era cierto que si lo veías podías intuir que cualquiera orientación le podía pegar. Sin embargo, él contestó con lo que la muggle había supuesto de un principio: por mucho que ligase con hombres del colectivo LGTB—y las letras que quieran unirse—no le iban más que las mujeres.

—Oye, no seas así —le respondió divertida, pese a que le hacía gracia que él mismo considerase a los hombres feos. —Cada uno tiene su atractivo especial. No se puede comparar a uno con otro.

Y eso lo decía con sinceridad: Zeta nunca había tenido problema en ver el atractivo de ambos sexos. Por una parte la fuerza y tonificación de los hombres, en contraposición con la sensualidad y las curvas de las mujeres. Era cierto que siempre se había decantado por el sexo masculino, pero sólo y exclusivamente porque no había habido ninguna mujer que la llamase de esa manera.

Comparando el nombre de Henry Kerr con el de Zdravka Ekaterina Ovsianikova, la verdad es que el grado de dificultad y exclusividad eran muy diferentes. No sabía si la dinastía—por llamarlo de alguna manera—de los Kerr era muy amplia, pero estaba claro que Henry era bastante común.

—Muy agradecida de que te guste mi nombre aunque no sepas pronunciarlo. —Asintió, sincera. No era la primera vez que se encontraba con algún borracho se metía con su nombre, por lo que siempre era bonito.

Entonces se rió, ya que había conseguido que hasta el propio Kerr acogiese su segundo nombre de Stalker y con razón, pues se había dado cuenta con detalle de lo que estaba haciendo Zeta antes de llegar. Que precisamente no le importaba, pero no dejaba de ser curioso. Precisamente la muggle solía tener observación cero cuando estaba en ese tipo de sitios, aunque también era verdad es que estaba bastante a su rollo en ese momento, sin fijarse en nada más.

Rió entonces, para zarandear con la mano.

—En realidad no son genialidades, pero… siento que muchas veces es importante hacer una introspección de ti mismo… —¿Era redundante decir ‘introspección de ti mismo’? ¿Una introspección ya se daba por hecho de que era de tú, no? —Pasamos por muchas etapas y momentos y al final lo que sentimos y pensamos lo dejamos pasar como si no importara. Y en realidad esas cosas son importantes: el cómo actuamos, el que pensamos en ese momento… No sé, te hacen reflexionar. Lo mismo hoy he querido pegarle una patada a mi jefe y sé que eso está mal, por lo que pensar en ello no es mala idea para saber que tengo problemas de ira. —Era broma, claramente.

Luego le bromeó con que era una cantante famosa, aunque evidentemente era broma. Y esperaba que pillase que era broma: ¿qué narices iba a hacer una cantante famosa en un garito como ese, a esa hora, sin paparazzis o sin firmar autógrafos? No, Lady Gaga no podría tomarse una cerveza tranquila a menos que alquilase el local entero para ella esa noche.

—Te perdono porque todavía no soy famosa: pero no olvides esta cara que algún día rozaré los éxitos de éste país y del mundo entero. —Primero se señaló al rostro, para luego señalarle a él como ‘advertencia’ divertida.

Era de ser muy optimista eso de pensar en llegar a número uno, pero uno tenía que ponerse metas altas si quería llegar lejos y al menos Zdravka eso lo tenía bien claro.

Luego Henry Stalker Kerr comenzó a hablar con una jerga… complicada. Entre que hablaba con una jerga propia del caballero del siglo XII y, recordemos, Zdravka era eslovena y su nivel de inglés era bueno, pero básico, así que ese tipo de cosas no las llevaba nada bien. Encima Henry hablaba rápido y… ¿gallardo hidalgo? ¿Oriundo del norte de Britania? Zeta lo miró con los ojos abiertos, a punto de reírse.

—¿En qué idioma me estás hablando? —Bufó, con los ojos achinados. —¡Deja de usar palabra del siglo de los dinosaurios, señor escocés anciano de sabiduría milenaria! —Y entonces rió, divertida. —Qué aprendí inglés cuando llegué aquí, ¿vale? Mi vocabulario es muy limitado. ¿Qué narices significa ‘gallardo hidalgo’? —Repitió las palabras, sin tener ni pajolera idea.

Bebió entonces de su cerveza, para entonces hacer que pensaba algo que preguntarle a Henry. A ver, sinceramente: no tenía nada especial que quería saber de él. ¿Su trabajo? ¿Para qué? Era algo que, en ese momento, ni le iba ni le venía. Era un poco aburrido conocer a una persona y preguntar siempre lo típico.

—Siempre me da curiosidad saber qué tipo de música escucha la gente e intentar adivinarlo. A ver… apostaría que tu… ¿escuchas pop del viejo? ¿Michael Jackson? Te pega bailar Thriller cuando estás borracho. —Le sonrió, cruzándose de piernas en el taburete para girarse hacia él. —Si no, ¿cuál es tu grupo favorito?
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Henry Kerr el Vie Jun 28, 2019 12:56 am

¿Se podría decir que Henry estaba intrigado? Pues claro que sí, eso era obvio. Bien conocida era la curiosidad que yacía viva y ardiente debajo de su piel, un quemazón de placentero dolor que le forzaba a avanzar sin remedio hacia la oscuridad de lo desconocido. No en vano, para toda persona ávida de conocimiento, con ansiosos deseos de aprender, la curiosidad para desvelar nuevos misterios era su mayor fuerza y virtud.

En el caso de nuestro rubito exravenclaw no era distinto, más, no por ello era fácil deducir que era lo que más atraía la atención del caballero norteño.

Oh, por supuesto que la joven era una belleza de exquisita figura y no menos destacable exotismo. Pero no, había que ser algo más que bonita por fuera para atrapar al rubio y activar de esa manera su mencionada curiosidad.

¿Era lo que estaba escribiendo antes de acercarse hasta ella?, ¿qué pese a darle calabazas para un noche de pasión, le agradara su compañía más allá de las cervezas gratis? Qué era lo que hacía de esa chica tan atrayente, ¿su simpatía?, ¿su sinceridad tan natural? ¿Qué demonios era?

Todas esas preguntas giraban cómo un torbellino dentro de la mente del menor de los Kerr, sin embargo, ese ruidoso huracán quedó acallado con otra pregunta que centelleó con la fuerza de un relámpago en mitad de la noche, dentro de la tormenta que se había formado en el interior de su cabeza. Con una sola pregunta todo terminó.

¿Acaso importaba?

Una pregunta que quizás no encajara con la personalidad de un chico tan deseoso por saberlo todo, pero, después de todo, tampoco era tan extraño. Sí, disfrutaba aprendiendo, pero también con la pasión y diversión que buscar la verdad le reportaba. Así pues, ¿para qué hacerse todas esas preguntas?, cuándo conversar con Zeta y descubrirlo in situ era mucho más gratificante.

- Bueno, bueno, te tomaré la palabra. A partir de ahora dejaré de pensar que los hombres son feos. Sobre todo este que tienes delante y presente-, bromeó, alzando su jarra a modo de brindis con una amplia sonrisa dibujada en el rostro.

Vale, reconozcámoslo, Henry tenía tenía una curiosidad bien marcada en su personalidad, más no se podía decir lo mismo de su modestia.

- Ah, que bien sienta creérselo un poco. Pero bueno, no me lo creeré demasiado, que luego puedo llegar a caer mal por ello-, dijo en tono de humor, cerrando su frase con un guiño.

Por suerte para el Kerr, aunque no era demasiado modesto, ni humilde, al menos no llegaba al punto de ser un creído antipático.

- Más allá de las bromas, no te subestimes, ¿quién dice que no son genialidades? - comentó con voz sincera y cálida. - Para ti seguro que lo son. Si a ti te gustan, es lo que verdaderamente importa. Lo digo de verdad, de corazón, aunque, por supuesto, que si tus genialidades les gustan a más personas, te harás rica con tus canciones-, bromeó con el cierre de sus frases, antes de reír suavemente, para después tomar un trago de cerveza dedicándole otro guiño.

Bromas aparte, era agradable escuchar de boca de otra persona oraciones sobre pensamientos que tú mismo firmarías con sangre. Quizás, después de todo, la respuesta a todas las preguntas que desembocaban en la atracción que despertaba Zeta, se resumían en ello.

A veces, las relaciones eran así de simples de explicar. Sin importar si la relación era profesional, de amor pasional, fraternal o amistad,  o incluso de recién conocidos, al final, todo se reducía a lo bien que te hacía sentir la persona a tu lado.

- No me lo tengas en cuenta, la verdad es que sí te lo he dicho con el corazón. A nadie le gustará lo que hagas, sino te gusta a ti primero. O al menos eso es algo en lo que creo-, se sinceró. - Y es bonito eso que has dicho. Es cierto que la introspección es muy importante, y pensar en lo que sentimos y pensamos en cada momento. Al fin y al cabo, la única persona de la que nunca nos separamos es nosotros mismos, por eso es bueno pensarlo y conocernos un poco mejor-, estuvo de acuerdo con ella. - Yo bien lo sé. Es muy importante conocerse y saber quién eres en este mundo.

El rubio había dicho aquello último con cierto deje de pesar, más no tardó en cambiar el chip y regresar al Henry divertido y amable que deseaba conocer mejor a la simpática eslovena.

- Oye, pues deberías darle una patada a tu jefe. Todo el proletariado está contigo-, dijo solemne, pese a notarse que estaba de guasa. - ¿No es lo que todo trabajador a deseado alguna vez? Ellos te apoyarán. Dale en las pelotas, eso siempre duele, no importa la casta social de la que seas-, bromeó, antes de volver a reír.

Luego, Henry no pudo evitar sonreír ante las siguientes palabras de la joven, aunque no era una sonrisa de burla, sólo fruto del disfrute que le suponía hablar con Zeta. Cierto era, qué sonaban un poco exageradas, más… ¡Qué diablos! Si esa chica quería progresar en el exigente mundo de la música debía ser así de ambiciosa.

- Ah, ya veo. Ya me extrañaba que no hubieran periodistas por aquí, Aunque a lo mejor están todos camuflados de borrachos y camareros-, siguió dándole rienda suelta a su lado más bromista. - Ahora, pongámonos serios-, comentó seguido, haciendo un gesto con la mano que parecía indicar que así fuera y mostrando un rostro mucho más serio. - Cuando seas famosa, no me olvides. No todos las noches se conoce un tipo tan genial, simpático y que además te invita a cervezas. Eso me lo tienes que conceder-, volvió a bromear, pese a que había dicho que se pondrían serios.

Por supuesto, nada más soltar esa tontería, El rubio rió otra vez y cuando terminó de hacerlo, tomó otro trago para refrescarse la garganta.

- ¡Qué sería de esta vida sin los pequeños placeres de la vida!, ¿no crees? - soltó de repente, dejando sobre la mesa el vaso de cerveza. - Pero bueno, lo cierto es que las mejores personas de este mundo son las que nos hacen reír. Te daré un consejo, así de gratis, para que veas la persona buena que soy y de verdad no me olvides cuando seas jodidamente rica. Disfruta de la vida y de las personas que te hagan reír, hay pocos placeres tan gratificantes como ese-, le dijo, de soslayo, sin mirar directamente hacia ella, para luego girarse y mirar directamente hacia ella y dedicarle un nuevo guiño. - Y gallardo hidalgo significa valiente caballero, y no menos apuesto que atrevido-, volvió a bromear, marcándose una media sonrisa sin dejar de mirarla.

Pues sí, a nuestro Henry no le sobraba modestia alguna, más había que  reconocer que sabía hilar conversaciones a la perfección. Cómo se solía decir, al César lo que es del César.

- Con franqueza, es la forma de hablar de la época en la que nací. Pero en fin, haré un esfuerzo para hablar la jerga actual-, comentó en broma, con cierta pompa y exagerado dramatismo. - Y sí, me has calado un poco. Me gusta Thriller de Michael Jackson, pero, ¿a quién demonios no le gusta? - bromeó de seguido. - Ya que te gusta adivinarlo, dejaré a ver si lo consigues en un par de intentonas. Y para ser justos, también me lanzaré de cabeza a la piscina y…-, se acarició la barbilla, pensativo, durante unos segundos. - Imagino que te gustaran cosas modernas, ¿Katy Perry quizás? - preguntó sin perder la pose de pensador. - No, no. Mejor, Dua Lipa. ¿A que ahora sí acerté? - dijo finalmente, dejando la pose de filósofo, para colocarse de un modo más natural y mirar hacia ella con una nueva sonrisa marcada en los labios.
Henry Kerr
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Henry KerrMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Lun Jul 01, 2019 2:02 am

Quizás algunas cosas sirviesen para hacer canciones, quizás otras cosas de las que escribía sólo sirviesen para hacerla pensar y reflexionar… y quizás otras cosas solo sirviesen para reírse de la Zeta del pasado o rellenar de manera insulsa las páginas de un diario con el que solo te desahogas. Genialidades sin duda las justas, pues no le solía dar valor a nada de lo que escribía. Sin embargo, el Kerr tenía razón, pues no había que subestimarse nunca.

Pero entonces se volvió un poco melancólico, sincerándose de manera más seria y dejando la broma a un lado. Por un momento hasta a Zeta le pareció ver a un chico vulnerable entre tanta gracia y broma, sorprendiéndose por ese cambio repentino en ese tema de conocerse a uno mismo.

—Es difícil, en realidad. Hay veces que las cosas te hacen cambiar tan repentinamente, o que una persona te influye de cierta manera que… no sabes ni quién eres hasta que intentas entenderte. Es complicado. Desde que estoy en Londres he pasado por muchas etapas en las que ni yo misma me comprendo. —Entonces apoyó uno de sus antebrazos en la barra, mirando al rubio. —Lo dices como si supieras de lo que hablases.

¿Darle una patada a su jefe? Rió, inevitablemente, sin poder evitarse imaginar cómo le pegaba una patada en el culo a su SUEGRO, pues sus jefes eran los padres de su novio.

—Mi suegro es mi jefe, lo mismo es mala idea pegarle una patada en el culo, ¿no? —Respondió divertida. —A mi novio lo mismo sí se lo merece de vez en cuando, pero él es un señor digno y muy mono.

Le hacía gracia. Cada vez que conocía a alguien nuevo y le decía que era músico en plena expansión de su fama—o al menos intento—le decían que no se olvidasen de ellos. ¡Cómo si el hecho de conocerse un día en un bar no fuese a hacer que se olvidase al día siguiente! Pero no fallaba, ¿eh? Era reconfortante, al menos, que todos los borrachos y personas optimistas te dijeran que llegaría lejos en algún momento en la vida. Zeta cogía todas esas buenas vibraciones, aunque estuviesen dichas con el mismo amor y sinceridad que el típico ‘¿cómo va todo?’ que le sueltas a un cualquiera que te encuentras por la calle por compromiso.

—Sí, eso lo sé. Hay que rodearse de la gente que te hace bien. A veces es difícil saber quiénes son las buenas personas y quiénes no, ¿eh? Pero lo sé, lo sé. —Precisamente esa filosofía de vida sí la había aprendido con el tiempo y por su propia experiencia, sin que nadie se lo tuviera que decir.

Le preguntó por sus gustos musicales, un tema que para Zeta siempre funcionaba y no pasaba de moda. Además, como es super evidente le encanta hablar de música y también tenía un juego propio. Le encantaba conocer a la gente, intuir lo que más le pegaría escuchar y luego preguntarle a ver si acertaba en algo. Sin embargo, Henry le dejó con las ganas ya que no le dijo nada, sino que lo adivinase. Zeta lo miró sin ganas de jugar a eso porque… ¡no habría por ahí estilos musicales! Aún así se arriesgó con lo que había asumido de él.

—Siendo honesto me gusta todo, tengo una gran aceptación musical con casi cualquier estilo pero si tengo que elegir mi favorito me quedaría con el blues y el rock antiguo de las banas de Queen, Scorpions y Pink Floyd. Y de las actuales te equivocaste de diva del pop: soy de Christina Aguilera. —Rió, encogiéndose de hombros divertida. —Y diría que tú eres de… no sé, ¿ritmos folklóricos de gaita escocesa? —Se metió con él, para entonces negar con la cabeza y la mano y ponerse más seria. —No sé… ¿Jazz? ¿Quizás swing? Te pega escuchar algo especial. No me decepciones diciéndome que te gusta Bad Bunny.

En verdad debía de admitir que ALGUNAS CANCIONES de Bad Bunny estaban bien, pero aún así lo tenía en poca estima.
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Henry Kerr el Miér Jul 10, 2019 12:19 am

La noche estaba siendo magnifica para el ya no tan joven rubito practicante de magia. Estaba encontrando todo aquello que buscaba esa noche cuando decidió mover sus piernas para ir hacia un lugar desconocido por aquel entonces. Un sitio donde pudiera encontrar olvido, paz y, por qué no, una buena dosis de diversión envasada y etiquetada de cualquier manera.

Ese lugar había resultado ser The London Pub, más decir eso era pecar de mentiroso en cierta manera. O al menos en no decir toda la verdad. Sí, por supuesto que ese bar era el sitio donde Henry había encontrado todo lo que buscaba esa noche, pero lo cierto es que hubiera sido cualquier bar, restaurante o parque donde se hubiera encontrado Zeta.

La eslovena tenía una simpatía a flor de piel que ayudaba a sentirse cómodo a cualquiera que se molestara en acercarse a ella, pero más allá de ese detalle, la realidad es que Zeta estaba lo suficientemente lejos del mundo mágico cómo para que nuestro simpático mago pudiera olvidarlo por un rato.

Porque así era para Henry. Para el rubio la cantautora era una morena muy bella, creativa al parecer, y con un don para la conversación fuera de toda duda, que estaba muy alejada de la magia y de los problemas que perseguían y acosaban al exravenclaw.

Ay, si las paredes hablasen y Henry supiera la verdad sobre la mujer que acababa de conocer…

No, la joven no estaban tan lejos de la magia como el benjamín de los Kerr creía, más se podría decir que en esa noche era más que suficiente. A veces, y en casos muy excepcionales, la ignorancia podía llegar a ser una bendición.

- Sí, ya creo que es complicado-, contestó a la chica, pero dejando el pesar atrás, en la maleta en el que lo había metido antes de lanzarlo al Tamesis.

Henry hubiera preferido esconder mejor sus sentimientos sobre conocerse a uno mismo, más con todo lo que había vivido en los últimos meses le había sido del todo imposible. Eso sí, en esa noche no tocaba entristecerse ni nada por el estilo, por lo que sería más cauto de aquí en adelante.

- Y sí, sé bien de lo que hablo. Aunque yo diría que es algo que todos debemos hacer alguna vez en la vida-, comentó. Ninguna mentira, más estaba claro que se refería a entenderse uno mismo, porque dudaba que muchas personas fueran cambiadas mentalmente por medio de la magia por decreto de terceras personas. - Imagino que todos tenemos que aprender y conocernos mejor. Diría que es parte de la vida y que todos, más tardo o temprano, tenemos que acabar haciéndolo. Así que bueno, supongo que no soy ningún genio, y que saber esto es sólo cuestión de vivir lo suficiente-, bromeó, antes de reír suavemente.

No, para nada pensaba recordar a su familia y todo lo que le habían hecho. No al menos lo que duraba un segundo y un suspiro. Hoy Nathaniel no tenía cabida en ese bar y mucho menos en el interior de sus pensamientos.

- ¿Tu jefe es tu suegro? No jodas, venga ya. Que malo hiciste en otra vida para merecer esto-, dijo en broma, parra después romper a reír. - Oye, pues pensándolo mejor, quizás deberías darle la patada de verdad. Eso seguro que te aleja de tu novio pero por otro lado te serviría para desahogarte. Total, qué importa, mis brazos siempre están abiertos para corazones rotos y compungidos-, comentó en el mismo tono bromista, antes de guiñarle un ojo a la morena.

El descarado, doblemente, tiple y hasta cuádruple descarado rubio, hacía tiempo que había renunciado a acostarse con la chica, e incluso diría que se notaba en sus formas y en el tono que usaba para hablar con ella. Pero, eh, estamos hablando de Henry, eso no significaba que no pudiera bromear en un combinado pack de patadas en sagradas pelotas de suegros, novios tan enfadados como celosos y sexo reconfortante con amigos siempre disponibles para echar una mano o dos.

- Porque demonios, para eso estaban los amigos ¿no? Para estar cuando hacen falta-, dijo con su habitual descaro, hilando sus palabras con sus propios pensamientos burlescos. Por supuesto, no pudo evitar volver a reír y tomar un trago después de dar rienda suelta sus tonterías. - Bueno, si es un hombre tan digno y mono, dale las patadas a su hijo barra noviete tuyo-, le guiñó el ojo, aunque esta vez sin picardía. Esta vez solo mostraba pura y amistosa complicidad. - No sé, parece que estáis muy unidos. Y no, no lo digo porque trabajes con tu suegro. Noto que tienes algo especial con ese afortunado chico al que clasificas como tu novio. Me ha picado la curiosidad, cómo se llama ese muchacho tan especial-, se atrevió a preguntar. - ¿Y quién cojones es Bad Bunny? - preguntó, enarcando una ceja de manera cómica.

No, pero en serio, quien demonios era ese o esa artista. No la había oído mencionar en la vida. Y menudo apodo tenía. ¿Se suponía que debía imponer, hacer gracia, o sonar sexy? Por Merlín, los muggles podían llegar a ser más raros que un dragón sin escamas.

- Y diría que has acertado en general. Sí, soy un cacharro viejo, ya lo sabes. Me va todo lo antiguo y de mi época-, comentó medio en broma, dibujando una sonrisa y centrando su mirada en ella. - Me gusta el blues, y por supuesto me encanta Scorpions. Esos hombres son dioses en la tierra. De Queen sobran las palabras, no hace falta decir nada sobre ellos. Y Pink Floyd me gusta, aunque soy más de Depeche Mode, son más, cómo decirlo, sensuales-, comentó finalmente, alzando y bajando ambas cejas en un intento de gesto cómico.

Al exravenclaw le agradaban otros tantos grupos muggles de música, más con los que había mencionado ya daba una idea clara de lo que le gustaba. Qué podía decir, había sido criado, o mejor dicho, cambiado, para creer que los muggles no debían internarse en el mundo mágico. Ni siquiera sus hijos con don para la magia tenían ese derecho. Pero aún así, entendía que había espacio para los muggles en su lado de la valla, y tenía que reconocer que algunas artes se le daban bien. Tenían música maravillosa.

- Joder, lo de decir de donde es la gente no se te dará bien. Pero atinar con sus gustos musicales se te da de maravilla-, dijo con aprobación. No era para menos, le había sorprendido lo cerca que había estado de acertar con casi todos sus favoritos. Y, ¿Cristina Aguilera? ¿En serio? No lo habría atinado ni en un millón de años-, le reconoció. - Pero la Cristina actual, o la antigua, que era más pija que  una hija de Trump consigo mismo-, bromeó con el recuerdo presente de aquella Aguilera que en sus inicios parecía una Britney Spears. Sí, seamos sinceros, era algo menos pija que esta, pero con ese aire y ese estilo... - Brrr-, dijo de repente, agitando la cabeza, en un gesto que demostraba claramente que intentaba borrar algo en el interior de su mente. - Acabo de recordar una pesadilla-, bromeó, haciendo alusión y siguiendo el hilo de lo que antes había comentado sobre la cantante.

No faltó, siquiera, ese trago de alcohol después de la pesadilla para ahogar las penas y borrar tan ingrato recuerdo.

Oh, por Merlín, que tan buen actor se había perdido el cine y el teatro.
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Zdravka E. Ovsianikova el Mar Jul 16, 2019 3:02 am

Pese a lo que se pudiera creer, realmente su suegro actual era demasiado mono, tanto como para que adorase el hecho de que en realidad también fuese su jefe. Sabía que cualquier otra persona sería peor, pero precisamente el señor Brown trataba a Zdravka como a una más de la familia y eso a la eslovena le encantaba, pues le hacía sentir parte de algo y, sobre todo, más cercana a Dexter. Eso sí, era un poco incómodo cuando entre su novio y ella pasaba algo, pues sus padres solían enterarse los primeros aunque ellos no dijeran nada. Precisamente por el trato que tenía con sus suegros no le hizo especial gracia el comentario del escocés, pero bufó igualmente.

—Mis suegros son unos amores de personas, no tengo necesidad de pegarle la patada a nadie. He tenido peores jefes anteriormente y aún así me los he tenido que aguantar. A estos los aguanto hasta con amor —confesó, honesta y divertida. Quizás quedaba feo decirlo pero… uno de los muchos motivos por los cual adoraba a Dexter era por lo increíble que eran sus padres.

Como es evidente en todas las relaciones de pareja: sí, Zdravka había pensado en dejar la relación varias veces, pero precisamente la familia y lo buena que eran con ella era un motivo para no hacerlo. Uno de muchos, evidentemente.

—Se llama Dexter —le respondió a la pregunta del nombre del novio. Zeta en un principio también pensó que entre ellos había algo especial pero… a día de hoy ya no estaba tan segura de eso. Habían pasado por muchas cosas juntos y estando junto a él se había dado cuenta de muchísimas cosas que no le gustaban de él. Sin embargo, como le quería, pues estaba ‘haciendo tiempo’ para ver si era cuestión de costumbre o todo iba a ir a peor. Normalmente decían que si pasas ciertas cosas con tu pareja, llega un momento en el que todo ya da igual. —Bad Bunny, el trapero ese que está de moda ahora y canta como si estuviese cansado todo el día, sin vocalizar, ¿no sabes en serio? ¿En qué burbuja vives?

La eslovena no tenía muy claro por el camino por el que había ido la conversación, pero algo le decía que aquel muchacho ya había bebido mucha cerveza como para seguir un orden lógico en aquella conversación. De hecho, le escuchó divertida a sus contestaciones, sobre todo cuando dijo que había ‘acertado’ sus gustos cuando sólo estaba diciendo los de ella. El blues era el estilo musical favorito de Zdravka, por no hablar que Scorpions, Queen y Pink Floyd eran sus grupos favoritos. Y vamos, Zeta no se creía por nada del mundo y por muy buena estima que tuviera a Scorpions, Queen, Pink Floyd y el mismo Blues, que hubiese una persona a la que le gustase exactamente las mismas cosas.

Esas cosas no existían.

—¿En serio te gustan esos grupos o estás utilizando la táctica más rastrera de todos los tiempos de hacer que te gusta lo mismo que a mí para fingir que somos parecidos, poder hablar del tema e intentar llevarme a la cama? Señor Kerr, me conozco todos los trucos. No quiera jugar con una experimentada en el campo. —Le advirtió, sin ganas de estar frente a uno de ESOS tíos, pues se le acabaría totalmente el interés en aquella conversación. —Christina Aguilera siempre ha sido legendaria, tanto antes como ahora. Me gusta en todas sus variantes.

En realidad ella no opinaba igual con respecto a Christina Aguilera, pero porque había empezado a conocer a esa cantante con Dirrty, una canción en donde salía tope guarrilla y para nada niña pija a los Britney Spears. De hecho estaba bastante segura de que Christina Aguilera había sido pilar indispensable en su momento en el descubrimiento de la bisexualidad de la eslovena.

—Bueno, pero no te me conformes con todo lo que te he dicho: ¿qué te gusta de verdad? Algo que yo no haya nombrado, porque parece que no tienes ni idea de música e intentas hacerte pasar por un entendido. Aunque debo reconocerte lo de Depeche Mode. —Y alzó ligeramente su cerveza para brindar por su minúscula aportación musical.
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Henry Kerr el Vie Jul 19, 2019 11:48 pm

Entonces llegó el turno de palabra de la joven Zeta, la cual no tardó en expresar lo mucho que apreciaba a sus suegros. Puede que solo dijera que eran unos amores, sin añadirle mayor edulcorante ni artificios, pero el tono usado, la forma en el que lo había dicho y su gestualidad corporal, mostraba a Henry en letras de neón, bien grandes y luminosas, que los quería mucho.

Se notaba que había algo más que la típica relación, ya fuera buena o mala, entre nuera y suegros.

- Vaya, vaya. Quién lo diría. Parece ser que una nuera puede querer a sus suegros. Pues va a ser cierto eso que dicen, nunca te acostarás sin saber algo nuevo-, bromeó, con su característica y fiel sonrisa dibujada en los labios. - Bah, venga, dejaré de ser un capullo un momento y me pondré serio. Por supuesto que existen las nueras que quieren a sus suegros, pero si me lo permites, creo que tu relación con ellos es especial. No sé, puede que sean alucinaciones mías, sin embargo, me ha dado la impresión de que a los padres de tu novios les tienes un aprecio muy grande, algo que va más allá de tener una relación con ellos, por eso, por ser precisamente los padres de Dexter.

Sí, así lo había mentado la morena. Ese era el nombre del chico que había robado el corazón de Zeta, pues, del mismo modo que nuestro Henry había notado lo mucho que la eslovena apreciaba a sus suegros, también le era evidente que estaba coladita por ese cada vez menos desconocido Dexter.

- Dexter-, dijo para sí mismo, mirando hacia la estatería de las bebidas tras el mostrador. - Me suena de algo. ¿No era el nombre de una serie de dibujos animados o algo por el estilo? - comentó, pensativo, sin desviar la mirada de la estantería. - Ahhhh, “El carnicero de la bahía” -, dijo de repente, clavando su mirada otra vez sobre la morena. - Claro, cómo no lo había reconocido. Ya no sé ni en que Escocia vivo-, comentó en broma, al tiempo que se llevaba una mano a la sien. - Claro, claro, el jodido Dexter. Buena serie, por cierto-, le dijo más serio lo último. - Aunque supongo que no son la misma persona y ahora mismo no debo temer por mi vida ¿no? - bromeó, siguiendo el hilo divertido que esa conversación estaba llevando.

Y sí, puede parecer extraño que un purista escuche música muggle y vea películas y series igualmente muggles, más como se ha dicho en más de una ocasión, nuestro rubio escocés sólo quería evitar la “invasión de muggles” a su mundo mágico. No tenía problema en reconocer las habilidades de los no mágicos en sus campos y oficios de su lado de la frontera.

- ¿Qué me gusta a mí? ¿No estabas adivinando lo que me gusta a mí? - comentó confuso, mirando hacia su jarra de cerveza y acariciando el contorno del cristal. - Vaya, supongo que me he liado y es hora de dejar el mejunje por un rato-, dijo antes de reír. - Brrrr-, expresó en una onomatopeya sonora mientras agitaba la cabeza. - Por muy escocés que sea, esta cerveza está muy rica, y ya se sabe lo que se dice: Cuánto más rica, mejor pega-, enseñó un poco de su cultura popular, después de despejarse un poco con sus sacudidas de cabeza.

Qué tonto había sido. La chica le había comentado sus gustos, más él le había entendido que le estaba adivinando más grupos de los que le gustaban a él. Y rayos, ahora que lo pensaba, lo cierto es que tenían gustos muy parecidos.

- Vaya, cuánta probabilidad había de que nos gustaran esos mismos grupos. Bueno, igual son grupos muy famosos y con muchísimos seguidores, quizás no sea tan raro-, comentó, antes de encogerse de hombros. - Sí, ya sé que dije que he bebido demasiado pero esta noche no tengo límite de alcohol-, hizo una broma con la bebida, mirando de soslayo a la joven. - Postdata: Mi cama es muy calentita, no deberías hacerle ascos sin conocerla primero-, bromeó socarrón, aún mirándola de soslayo. Luego volvió a partirse de risa y se bebió todo lo que quedaba en su jarra, antes de pedir dos más. - Yo al menos me beberé otra, si no quieres esa pues…-, dijo, enarcando ambas cejas de forma cómica.

Oh sí, estaba siendo una de esas noches en las que incluso un despiste en la conversación daba juego para que la velada siguiera con el mismo ritmo divertido que llevaba. Estaba claro que estaba en uno de esos días señalados que perduraban en la memoria por lo casi perfectos y maravillosos que habían sido.

- Pues claro que debes reconocerme lo de Depeche Mode. Estos tíos son canela en rama, bella Zeta. Surrender me encanta, y debo permitirme ser vulgar y decir que con esa canción se le pondría dura hasta al más de los estirados ingleses y haría que un convento de clausura se convirtiera en las cataratas del Niágara-, bromeó picarón, antes de guiñarle un ojo y tomar un trago de su… ¿cuántas cervezas llevaba encima? - Y bueno, no soy muy fan de Cristina, pero sí, tiene par de canciones que están bastante bien. La verdad es que soy más de canciones que de grupos, y si algo suena bien, pues joder, al césar lo del césar, sea quien sea el autor de la canción.

Aunque Henry había dicho algún que otro disparate durante la noche, unas veces por hacer la gracia, otras por despistado y borrachín, lo cierto es que podía decir, bien alto y claro, que no le había mentido a la joven Zeta. Y la verdad, no le apetecía hacerlo. Quería y le apetecía ser sincero con ella, con todo, claro está, menos con su condición de mago. Con ello siempre tendría que mentirle, aunque igual tampoco pasaría nada si se le iba la lengua, sólo lo tomaría por un loco o, más lógico, por un hombre que había bebido demasiado.

- ¿Un rapero? Pero qué cojones. Con razón no tenía ni puta idea de quién era el conejo furioso ese, oscuro, ¿cómo coño era? En fin, el rap y el hip hop están prácticamente vetados para mí-, respondió, haciendo el símbolo de una cruz encima de su pecho entrecruzando dos dedos de ambas manos. - Y bueno, para extenderme más y no parecer un vil copión que quería llevarte a su catre. También me gusta Metallica, los Red Hot y todo lo que sean baladas heavy y el rock en general. Por cierto, hablando de los Chili Peppers, Can't stop me encanta y debería ser el lema de esta jodida cerveza-, comentó en broma, antes de darle otro trago a su jarra.
Henry Kerr
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