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These are the nights that never die — Stella Thorne

Alexandra L. Dyer el Jue Mayo 16, 2019 11:31 am

These are the nights that never die — Stella Thorne YxnYduM
Viernes 3 de mayo de 2019 | Piso de Ian Howells y Alexandra Dyer | 20:14 pm. | Atuendo.

¿Entonces si te compro las diez cajas de Mombasa Strawberry me mandas los vasos de regalo? Ya sabes, esos tan molones con forma de calavera —preguntó al teléfono. Hablaba con uno de los proveedores de la discoteca, que le estaba haciendo una oferta de ginebra rosa. La ginebra rosa estaba de moda aunque seguía sin venderse igual de bien que la normal, su proveedor lo sabía y por eso le había ofrecido los vasos gratis, para convencerla de que hiciese un pedido tan grande. Pues había funcionado. — Doce vasos por caja, o sea un total de ciento veinte, ¿no? Ajá. Bueno, está bien. ¿Cuándo me lo traes? El martes, perfecto —tenía puesto el manos libres del móvil mientras iba tecleando en el ordenador para apuntarlo todo en el documento de Excel que usaba para registrar todos los pedidos.

Colgó tras despedirse y tachó la ginebra de la lista. A principios de cada mes se hacía inventario de todo lo que había que reponer en la discoteca y en ello estaba Alex, llamando y haciendo los pedidos necesarios. Estaba sentada en uno de los taburetes de la cocina, con el portátil abierto encima de la barra y una agenda donde también iba anotando cosas. Le gustaba tener todo bien apuntado tanto a ordenador como a mano, por si las moscas.

Tenía un escritorio precioso en su cuarto donde podría hacer todo eso, pero la verdad es que le gustaba hacerlo en la barra de la cocina, se había acostumbrado a sentarse en aquellos taburetes y a tener la nevera bien a mano por si le entraba el gusanillo del hambre.

Pues con este ya está —exclamó contenta cuando colgó la que era la última llamada del día. Ya había hecho todos los pedidos, apuntado la fecha, el coste y el día de entrega. Guardó el Excel por enésima vez, no fuera a ser que se le cerrase de improviso, e hizo un par de anotaciones más en la agenda. ¡Yuhu! Se había ganado una copa de vino de blanco bien fresquito.

Oscar fue corriendo hasta su dueña al escuchar cómo se abría la nevera, a ver si a él le caía algo también, pero no tuvo suerte. Alex notaba que se estaba poniendo un poco gordito y había decidido ponerlo a dieta, aunque sospechaba que Ian seguía dándole de comer a sus espaldas. A este paso iba a terminar siendo un perro croqueta en vez de uno salchicha.
                 
Sacó una copa de uno de los armarios y se la lleno de manera generosa mientras buscaba un último número entre sus contactos.

Hasta que te dignas en coger el teléfono, maldito —saludó cuando el susodicho respondió a la llamada. Dave Halstrom era uno de los camareros de la discoteca, a quién Alex conoció cuatro años atrás, cuando entró a trabajar allí. Cuando el puesto de encargado se quedó libre muchos pensaron que se lo darían a él debido al tiempo que llevaba trabajando allí, pero Dave era un adolescente en el cuerpo de un adulto, por lo que el puesto fue a parar a manos de Alex. Sin embargo nunca hubo rencores entre ellos, de hecho eran muy buenos amigos, incluso durante un tiempo intentaron ser algo más, pero de aquello hacía ya mucho y, aunque de vez en cuando se daban un revolcón para recordar viejos tiempos, ahora lo único que los unía era una bonita amistad. — No quiero tus excusas, Dave —intentó que sonase a que estaba enfadada, pero fracasó miserablemente. — En realidad solo te llamo para recordarte que hoy abres tú. Ah, y me ha llamado el representante del DJ de esta noche y me ha confirmado que llegará a las once, ¿te encargas tú? —lo preguntó por cortesía porque se tenía que encargar él sí o sí, pero no le gustaba ser una mandona. — Me ha dicho que no bebe durante la sesión pero que va acompañado de unos amigos así que ya sabes, les preparas una de las salas VIP y las botellas corren de nuestra cuenta —esperó mientras Dave le contestaba que estaba todo controlado. — Vale, perfecto. Sí, claro que iré, pero no sé a qué hora estaré allí —estaba caminando hacía el sofá con la copa de vino en una mano y el móvil en la otra cuando llamaron a la puerta.

Qué raro, no estaba esperando a nadie e Ian no estaba así que no podía tener ninguna cita para tatuar. Giró sobre sus talones para abrir la puerta. Que sea un guapo millonario que viene a pedirme matrimonio, ¡porfa porfa porfa! Rezó mentalmente la rubia, que oye, pedir era gratis.

Espera un momento, llaman a la puerta —informó. Sujetó el móvil contra su oreja y el hombro y se las apañó para abrir la puerta con la mano que le había quedado libre.— ¡Anda, Stella! Qué sorpresa, pasa  —exclamó haciéndose a un lado y dejándola pasar. Stella era una amiga de Ian que a Alex le caía tope de bien, no se conocían más allá de haberse visto un par de veces por el piso pero le había parecido muy maja desde la primera vez que la vio, aunque le robase sus chocolates.— La reina Isabel, ¡a ti qué más te da quien sea! No seas cotilla —exclamó contestándole a Dave cuando le preguntó por el otro lado del teléfono que quién había llamado a la puerta. Volvió a coger el teléfono con la mano y cerró la puerta con el pie, y después le hizo un gesto a Stella para que esperase un segundo mientras terminaba la llamada.— Te voy a colgar, ¿vale? Cuento con que te encargues de todo hasta que yo llegue, si necesitas cualquier cosa llámame. No, ya te he dicho que no sé a qué hora iré, tú solo intenta que no arda la discoteca hasta que yo llegue, ¿podrás hacerlo? —preguntó con una sonrisa en el rostro. Le gustaba meterse con Dave. — Vale, nos vemos luego.

Alex solía ser la que abría la discoteca y se encargaba de prepararlo todo, pero había noches que delegaba en Dave y ella llegaba más tarde, justo como pensaba hacer aquella noche. Es que se había pasado toda la tarde haciendo los pedidos para reponer el inventario, ¡se merecía un descanso!

¡Stella, hola! —la saludó como una persona normal, sin el teléfono de por medio. — Lo siento, era una llamada de trabajo —se excusó guardándose el teléfono en el bolsillo trasero de sus pantalones. — Esta noche iré más tarde a la discoteca y tengo miedo de que haya explotado cuando llegue —bromeó.— Supongo que vienes a ver a Ian, pero no está y si te soy sincera no tengo ni la más remota idea de dónde ha ido. Estaba trabajando cuando me ha dicho que se iba y no le he hecho ni puñetero caso al despedirse —fue hasta la barra de la cocina y recogió el portátil y la agenda, no queriendo que estuviera por el medio. Qué vergüenza, si su madre la viera la desheredaría inmediatamente por no tener la casa perfectamente recogida cuando había visita. — No sé cuándo volverá pero puedes esperarlo aquí, yo te hago compañía si quieres —le ofreció con una sonrisa.— Me acabo de poner una copa de vino, ¿quieres una mientras lo esperas? O una cerveza, o lo que quieras.
Alexandra L. Dyer
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Alexandra L. DyerMuggle

Stella Thorne el Dom Jun 16, 2019 9:02 pm

Era viernes, era viernes y el cuerpo de Stella lo sabía. Pero ya iban a ser las ocho de la noche y el refugio no daba señales de hacer algo entretenido esa noche, todo lo contrario parecía como si en vez de primavera estuvieran en invierno donde todos invernan como cual osos en sus habitaciones. La rubia es un ser social por naturaleza, le gusta compartir y conocer gente nueva, hablar, divertirse, hacer locuras, y ser fugitiva le arrebató eso y un más.

Se encontraba tendida sobre la cama, mientras saboreaba el último cuadrado que le quedaba de la barra de chocolate. A los pies de la cama estaba Anatolia plácidamente durmiendo, mientras a un costado, estaba Galleta ordenando su ropa por color en su armario, la ex gryffindor suspiro, el elfo detuvo su accionar y miró a su chocolatosa compañera de habitación.— Señorita, Stella...— comenzó a decir el elfo, a lo que la rubia lo miro.—... Es la cuarta vez que la escuchó suspirar en un período de...— hizo una pausa para elevar su pequeña cabeza hacía donde se encontraba colgado el reloj en forma de snitch de la maga.— ...diez minutos. ¿Le pasa algo? ¿Puedo ayudarla?— preguntó la criatura clavando sus grandes y dulces ojos sobre Stella, esta sonrió dulcemente para acomodarse y quedar sentada sobre su cama, cruzó sus piernas y apoyó sus codos en sus rodillas para tender su rostro sobre sus manos.— Quiero salir, Galleta. Es un viernes en plena primavera, de seguro afuera las calles permanecen alumbradas porque la luna está en todo su esplendor y el viento te golpeaba dulcemente el rostro, refrescandote...— dijo, para terminar cerrando sus ojos e inspirar profundamente mientras se imaginaba aquel viento primaveral, para luego suspirar pesadamente y abrir sus ojos.—...y yo estoy aquí.— terminó por decir, observó como el elfo bajaba su cabeza algo triste, quizás dañado por sus palabras a lo que la rubia enseguida aclaró.— Con esto no quiere decir que no lo pase bien con ustedes, no, no, no. Yo lo paso de maravilla, lo que yo quiero es salir, Galleta. Saaaaaalir y ser libreeeee.— terminó por decir levantándose hasta quedar de pie sobre su cama, girar sobre ella y saltar hasta quedar con sus pies sobre el piso de su habitación. Galleta rió, la humana siempre lo sorprendía con sus alocadas acciones. Anatalia producto de tan brusco accionar abrió sus ojos con su ceño fruncido, para luego tras dedicarle una mirada regañadora, saltar sobre el escritorio y doblarse hasta armar un perfecto circulo con su cuerpo para volver a dormir. Stella le dedicó una mirada divertida al elfo, quién hizo un puchero arrepentido por haber despertado a la mona, ya que todos los presentes eran conscientes cuánto odiaba la animal ser despertada cuando descansaba.

¿Y por qué no va a visitar a alguno de sus amigos? Yo feliz la acompaño a ver a su amigo Laith, él es un humano muy divertido.— señaló el elfo sonriente, sonrisa que la rubia no tardó en devolver.— Está de turno en el hospital— le respondió con un leve puchero, la criatura arrugó la frente pensativa.— ¿Y visitar a su padre y tío? La última vez que lo fuímos a ver me dijo que me llevaría a pasear en su auto, sería muy divertido también ir a verlo.— agregó la pequeña criatura a lo que Stella respondió bajando sus hombros y dejándose caer a su cama pesadamente.— Hace tres días volvió a ver esa pareja de hombres vigilar la casa desde la cafetería de la esquina. Yo le digo que son solo paranorias de él, ya que ¿quién perdería tanto tiempo de su vida en mí? pero él me dice que prefiere que vayamos la próxima semana o al menos cuando deje de verlos por el vecindario.— le contó la rubia, llevando sus manos a su rostro para cubrirlo y resoplar cansada.

Es que aveces, solo quería ser una simple adolescente que sale a divertirse un viernes por la noche.
¿Era tanto pedir? Solo pedía una noche.
Solo una.

La rubia sintió, pese a tener sus ojos cubiertos, como un pequeño cuerpecito se subía a la cama hasta sentarse a su lado.— Señorita Stella, dedicarle el tiempo a usted jamás será una pérdida de tiempo, no diga esas cosas.— la ex gryffindor sonrió y sacó sus manos de su rostro para toparse con el dulce rostro del elfo. — Aunque espero que jamás alguien ocupe ese tiempo para poder capturarla. Ya verá cómo los días pasando volando y  volveremos a ver su padre y tío para pasarla muy bien.—le animó la criatura. Podría sonar extraña la analogía, pero para la rubia Galleta era la versión elfo de Drake, ya que siempre está ahí mostrándole el vaso medio lleno y animandola, al igual que el mago— ¿Y si va donde el señorito Ian? Usted siempre nos cuenta que lo pasa muy bien con él.— Stella sonrió cuando escuchó nombrar al castaño.

Pues sí, claro que ir a visitar a Ian era una muy buen opción este viernes en la noche.


Casa de Ian y Alex | Viernes 03 de mayo 20:14 | Atuendo

La rubia se apareció en un callejón cerca de la casa del castaño, tenía puesta sobre ella una capucha, ya que pese a encontrarse en un vecindario muggle, no quería poner en peligro la seguridad del castaño, por lo que siempre tomaba el doble de las precauciones. Venía sola claramente, ni Galleta ni Anatolia pudieron acompañarla, porque por más que Alex, sea un ser de luz toda cariñosa, divertida y abierta de mente, si estaba en casa y la veía llegando con una mona y un elfo de la mano, serían muchas las explicaciones que tendría que darle, la existencia de la magia, por ejemplo.

Estar allí había sido un arrebato de la rubia, ni siquiera le había texteado al castaño para avisarle, simplemente cuando Galleta le dió la idea, no lo pensó demasiado y lo hizo. Además, lo más terrible podría ser que Ian no esté en casa o que estuviera con otra chi...bueno, y eso. Stella arrugó el ceño al pensar lo último, para luego sacudir su cabeza para alejar esos pensamientos y tocar la puerta.

Alex fue la que le abrió la puerta, Stella le dedicó una sonrisa y movió su mano derecha a modo de saludo, para entrar y dejar que la muggle terminara de hablar por télefono tranquila. La maga soltó una risa cuando escuchó a la rubia regañar a su interlocutor. A la ex gryffindor le encantaba la personalidad de la compañera de piso de Ian, habían sido pocas las veces que habían compartido pero de buena calidad, y eso era lo importante. Mientras la chica hablaba la maga intentó mirar hacia la habitación del castaño, luego al estudio, y al parecer no estaba. Menudo bajón.

¡Hola, Alex! ¿Cómo va todo?.— le saludó sonriente, para luego hacerle un gesto con las manos para que no se preocupara por lo de la llamada. ¿Había dicho discoteca? se preguntó mentalmente, sonrió..quizás después de todo la idea de terminar bailando esta noche no estaba del todo perdida para la fugitiva.— Pues sí, venía a verlo. Pero vine sin avisar así que...esto podía pasar.— le señaló con una mueca en sus labios y encogiéndose de hombros,— Le enviaré un mensaje para ver si viene pronto y así lo espero...o no.— le comentó para sacar su móvil, sonrió al escuchar las últimas palabras de la rubia.— Feliz te acepto una cerveza.— le dijo sonriente.

Le escribió rápidamente al castaño por WhatsApp, para luego ir junto a Alex, quién le tendió una cerveza.— ¿Hoy tienes turno de noche?.— le preguntó para luego tomar un sorbo.— ¿En qué discoteca trabajas? Creo que una vez me lo dijo Ian, pero mi memoria es muy frágil.— confesó la rubia junto a un rostro gracioso.
Stella Thorne
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Stella ThorneFugitivos

Alexandra L. Dyer el Miér Jun 26, 2019 6:57 pm

Finalmente le colgó el teléfono a Dave, que parecía estar más charlatán que de normal, y pudo centrarse en al inesperada visita de Stella, pero no por ello menos agradable. Había veces que Alex se sentía un poco vieja rodeada de tanto joven, pero era un pensamiento que se iba igual de rápido que venía. La verdad es que no tenía problema en relacionarse con gente más jóven, y Stella le caía especialmente bien, ¡si hasta le dejaba notas disculpándose cuando cogía de su chocolate, y también lo reponía! Era un cielo de chica.

Un poco cansada, pero todo bien —le respondió con una sonrisa cuando le preguntó cómo le iba.— Hay veces que pienso que viviría mejor si trabajase en un supermercado o algo así, pero bueno, tampoco quiero quejarme. ¿Tú qué tal?

En realidad a Alex le gustaba mucho su trabajo, pero era cansado a veces, eso de vivir más de noche que de día a veces podía llegar a ser agotador. Pero de momento le encontraba más ventajas que inconvenientes, y en el momento que dejase de ser así pues buscaría otra cosa. Si otra cosa no, pero había tenido más trabajos que la Barbie y aquel era el que más le estaba durando.

Le supo mal por Stella que se hubiese hecho el camino hasta allí para ver a Ian y éste no estuviese, que Alex no sabía si la chica vivía cerca o lejos, pero bueno, eso era lo de menos. No podía hacer que Ian volviese pero lo que si podía hacer era ofrecerle su compañía y una cerveza y eso hizo, sacándola de la nevera cuando la rubia le aceptó el ofrecimiento. Si otra cosa no, pero cerveza nunca faltaba en esa casa.

Le pasó la lata fresquita y ella se rellenó su copa de vino.

Tú tranquila, no te apures —le dijo cuando vio como le escribía a Ian un mensaje.— Puedes quedarte el tiempo que quieras, como si estuvieras en tu casa —fue sincera al decir aquello, la presencia de Stella allí no la incomodaba para nada, de hecho agradecía tener a alguien con quien conversar después de haber pasado toda la tarde frente al ordenador y al teléfono hablando de trabajo.

Fue hacía el sofá, haciéndole un gesto a Stella para que la acompañase y así estuvieran más cómodas. Se había pasado unas cuantas horas sentada en uno de los taburetes de la cocina, y hasta que no se había levantado no se había dado cuenta de que le dolía el culo.

De tarde y de noche, llevo casi todo el día trabajando —respondió encogiéndose de hombros.— Por eso he llamado para decir que iré más tarde, necesitaba relajarme un rato —bebió un poco del  vino blanco que se había puesto, que también estaba fresquito y le sentó de maravilla.— Fabric —le contestó.— Está en Charterhouse St. cerca de la parada de metro de Barbican, ¿has ido alguna vez?

Después de Ministry of Sound era de las discotecas más conocidas de Londres, pero eso no significaba que Stella la conociese, quizá le gustase más otro tipo de discotecas, o que no le gustasen las discotecas directamente. En realidad, las pocas veces que había coincidido con Stella le había parecido una chica muy alegre y con mucha energía, con mucho desparpajo, y se la imaginaba perfectamente bailando en una discoteca y pasándolo bien, pero no la conocía tanto como para poner la mano en el fuego por aquella primera impresión.

De hecho, el otro día me acordé de ti mientras estaba trabajando —le comentó con una sonrisa. Más concretamente había sido el fin de semana pasado.— Recibimos una bebida nueva en la discoteca que sé que te encantará. Estoy tan segura que me juego el brazo derecho —se apostó como si de verdad le fueran a cortar el brazo si a Stella no le gustaba, pero es que estaba tan segura de sus palabras que no le habría importado si fuera una apuesta real.— Así que si te animas, vente una noche y la pruebas, pero después no querrás beber nada más, te aviso.

Justo ese fue el momento que eligió Oscar, su perro salchicha, para aparecer y empezar a olisquear a Stella. Alex se preguntaba dónde habría estado metido todo ese rato el perro, esperaba que no le hubiera dado por morder sus zapatillas o las de Ian, llevaban ya muchos meses sin un incidente como ese y ojalá seguir así.

El perro decidió que era buena idea subirse el sofá también y tumbarse boca arriba, claramente estaba pidiendo atención y mimos. Era todo un divo.

No le hagas caso —dijo Alex, con una sonrisa divertida por la actitud del animal.— Es un pesado, siempre quiere ser el centro de atención.
Alexandra L. Dyer
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Alexandra L. DyerMuggle

Stella Thorne el Jue Ago 15, 2019 5:27 am

Y así todo impulsiva como era ella, Stella hizo aparición en la casa de Ian sin avisarle a nadie, y como quien apuesta a ciegas puede ganar o perder, la castaña llamó a la puerta ansiosa por saber qué le depararía esa noche los azares del destino. No estaba Ian, vale. Pero sí estaba Alex, y pese a que la rubia iba en busca de otra cosa a esa casa, era de las que si la vida le da limones no tardaba en hacerse una limonada. Además, no se le pasó por alto que la chica había dicho algo de una discoteca, y ella hace mucho que no iba a una, por lo que una sonrisa apareció en su rostro, ya que quizás después de todo las cosas esa noche podían ser entretenidas igual.

Alex colgó y su atención volvió a centrarse en Stella, quién toda sonriente se había quedado en su lugar esperando que la rubia terminase de hablar. — Buah, ánimo.— le dijo junto a una mueca. La verdad es que Stella sabía muy bien que ese trabajo a veces podía ser una mierda, lo había hecho por dos años consecutivos en sus vacaciones de quinto y sexto año para obtener dinero extra para ella y no tener que pedirle a Robert, y comprobó que como habían clientes maravillosos también habían de esos que uno solo quería prenderles fuego, pero no, no se podía, a lo más quizás escupirle su comida, pero más que eso no se puede, uno debe seguir sonriendo si se quiere la propina, y eso a veces sentaba fatal. — ¿Yo? Pues la verdad no hay mucho que contar...aún no sé bien que estudiar ni hacer con mi vida, así que mientras no lo descubra seguiré buscando y viviendo la vida.— mintió, es que no le iba a contar que era perseguida por unos magos locos y que esa semana se había ido de misión para ayudar a unos fugitivos que se encontraban de nómades por bosques en los alrededores de Londres.

Sonrió cuando la chica le ofreció una cerveza, y enseguida se sintió como en casa, bueno, ambos siempre la hacían sentir así cuando se encontraba allí, y realmente ha pasado muy buenos momentos en ese lugar que ha hecho que le tuviera cariño y todo, es que cuando se anda de fugitiva se agradecen mucho lugares que te hacen sentir así, segura y cómoda.— Gracias.— le dijo sincera, ofreciendole una cálida sonrisa antes de que tomara un gran sorbo de su cerveza.

Siguió sin pensarlo a Alex al sofá y se sentó a su lado sonriente, es que le encantaba la energía que desprendía esa mujer, es...electrizante.—Tía, pero ¿cómo te da el cuerpo? — preguntó sorprendida, es que vale entendía que la necesidad a veces te llevaba a sobrecargarte más de la cuenta, pero aún así no podía dejar de verlo como algo terrible, muy terrible. — ¡Pues claro,  que te mereces un descanso! Salud por eso.— dijo sonriente, mientras hacía chocar su birra con la copa de la rubia. Stella arrugó la nariz pensativa, mientras buscaba en su memoria si alguna vez había oído de aquel lugar pero no, nada.— Noup, no he ido nunca. ¿Es bueno? ¿De qué va?— le preguntó curiosa, esperando que pese a que Alex trabajase allí fuera sincera con ella.

La maga no conocía muchas discotecas, teniendo en cuenta que la mayoría de sus años lo pasó en un Castillo que lo más cerca que le queda es un pueblo que las discotecas brillan por su ausencia, y más para menores de edad. Y cuando ya fue legal, cambió el gobierno obligándola a vivir refugiada la mayoría del tiempo, pero algo le decía que si las cosas fueran diferentes de seguro conocería muuuuchas discotecas más, tanto mágicas como muggles, es que a Stella le encantaba la parranda, era de esas que pueden bailar hasta la madrugada.

¿De verdad? ¿Y eso?— preguntó toda animada, estirando su columna y volteandose para quedar de lado y  tener un mejor panorama de la rubia.— ¿Te la juegas por tu brazo derecho? ¿Así de segura?— preguntó divertida ante la seguridad de la muggle.— ¡Pues vale! me apunto, es que con ese preludio imposible no querer ir y descubrirlo. ¿Tiene chocolate?— preguntó mientras se mordía el labio inferior sonriente.— Es que si lo tiene, te advierto que serás la causante de que me vuelva una borracha, Alex Dyer— bromeó entre risas.

En eso una presencia pequeñita, revoltosa y peluda hizo acto de aparición, moviendo su cola frenéticamente.— ¡Oscar!.— exclamó Stella mientras el perrito movía su cabecita que curiosa olía a Stella como queriendo reconocerla a través de su nariz, y cuando lo hizo con todo el desplante y divismo se subió al sillón en busca de mimos, a la maga le brillaron lo ojos, es que STELLA AMA A LOS PERROS.— ¿Qué te acaba de decir está humana? ¿Qué eres un pesado? ¿Pero qué dice? si tú eres un mono ¿verdad? un perrito bonito, chi, chi...— iba diciendo Stella, mientras le hacia cariñitos en la pancita al perro, que feliz se movía de un lado a otro.— Lo siento, amo los perros, creo que son lo más lindo del mundo.— confesó, tomando a Oscar en brazos y apachurrarlo, para luego volver a dejarlo sobre el sillón.

En eso sintió su móvil vibrar, lo sacó y vio que eran mensajes de Ian, y de apoco a medida que iba leyendo su sonrisa fue desapareciendo, hasta que al terminar de leer solo escribió un "Vale" y bloqueó su móvil sin ganas de volver a verlo por un tiempo. Tomó un sorbo de su cerveza y sonrió, aunque más débil que antes.— Ian esta con Eris, y al parecer no llegará.— le comentó encogiéndose de hombros, como restándole importancia. Pero en el fondo, igual había sentido una espinita clavarse en su corazón achocolatado, porque no podía evitar pensar qué estarán haciendo los dos, y le cargaba pensar en esas cosas y sentir ese desagrado, porque ella e Ian eran amigos, y él podía hacer lo que quisiera, y ella también, pero aún así...¡ash! sacudió su cabeza y  tomó otro sorbo.— Pero vale, que no lo necesitamos para pasarlo bien esta noche.— agregó, elevando su birra e improvisando pasos de baile con sus hombros.

Y de pronto recordó algo que había traído y una sonrisa traviesa apareció en su rostro.— ¿En cuánto tiempo más entras a trabajar?— le preguntó curiosa.— Es que le había traído un regalo a Ian, pero en vista de que no llegara...— hizo una pausa, y sacó una caja del bolsillo derecho de su chaqueta.—...podríamos fumar nosotras.— terminó de decir moviendo sus cejas divertidamente, mientras le abría la caja mostrando un caño de marihuana en el. ¿Cómo había llegado a ella? Uff, una historia muy larga, pero en resumen fue el pago de un favor muy grande que le hizo a un chico del refugio, ella no le había pedido nada a cambio pero él aún así quiso darle un retribución, y cuando Stella lo vio no se quejo para nada. La verdad es que no sabía si Alex fumaba de eso, pero algo le decía que aunque no lo hiciera tampoco es que se lo tomaría mal, sino que simplemente le diría que pasaba y ya está.
No perdía nada con preguntar.
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