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Friday night — Gwendoline Edevane

S. Rox Jensen el Jue Mayo 16, 2019 11:45 am

Friday night — Gwendoline Edevane Vvy14GC
Viernes 17 de mayo de 2019 | Centro de Londres | 20:45 pm. | Atuendo.


Roxanne entró en la sala de personal arrastrando los pies y con un largo suspiro, había sido un día movidito en urgencias y muchos pacientes habían acudido a San Mungo con los mismos síntomas: mareos, desorientación, nauseas… Todavía no sabían exactamente la causa de dicha sintomatología, todo apuntaba a un virus pero hasta que los resultados de las pruebas no estuviesen listos no había manera de estar seguros. De momento estaban tratando los síntomas con pociones y hechizos genéricos, de hecho había sido mientras Rox le estaba administrando una poción contra los mareos a un paciente cuando éste le había vomitado encima.

Un gran día, sí señor.

Peeeeeeeero no todo estaba perdido, todavía había motivos para sonreír aquel día, porque sí, ¡era viernes! Y por primera vez en tres semanas Rox tenía aquel fin de semana libre. Faltaba un cuarto de hora para las nueve y tenía ganas de cenar fuera de casa y, por qué no, relajarse tomando una copa.

Cerró su taquilla después de haberse cambiado el uniforme por ropa de calle y caminó entre las taquillas buscando la cabellera morena de Gwendoline. La sala de personal estaba bastante concurrida a aquellas horas, no solo estaban allí los sanadores que recogían sus cosas para marcharse a casa, sino que también los que se preparaban para el turno de noche. La habitación estaba llena del ruido de las charlas entre sanadores, la propia Roxanne se paró a saludar y desear un buen fin de semana a algunos de sus compañeros para luego seguir hasta la taquilla que Gwendoline volvía a ocupar después de la baja que se había visto obligada a coger.

Hey —exclamó para llamar la atención de su alumna de prácticas.— Buena noticia: ya no huelo a vómito —bromeó con lo que había ocurrido unas horas atrás. Gracias a Merlín, Roxanne había podido escaparse a los vestuarios para darse una ducha rápida y cambiar su uniforme por uno limpio para continuar con su jornada. — ¿Cómo has estado, te ha dolido la mano? No tienes que forzarte, si en algún momento ves que no puedes me lo dices y te vas a descansar un rato o a casa. Y ya te he dicho todo esto antes, lo siento, me repito más que el ajo, pero me preocupo, no puedo evitarlo. Deformación profesional, supongo —se disculpó no queriendo ser pesada. Gwen ya era mayorcita para saber el tipo de esfuerzos que podía soportar estando recién incorporada y todavía en rehabilitación, pero Rox no podía evitar estar pendiente, en parte porque como sanadora era su trabajo cuidar de la salud de los demás, y también porque Gwendoline le caía realmente bien y quería que estuviese bien. — Por cierto, te quería comentar una cosa. No me ofenderé si me dices que no, eh. Seguirás siendo mi alumna preferida —y la única que tenía, pero vamos, que eso no hacía falta decirlo que le quitaba lo bonito al asunto.— Es mi primer fin de semana libre en muuuucho tiempo y han abierto un restaurante mexicano en el centro que me muero de ganas por probar —hola, la Roxanne glotona al habla.— ¿Te apetece venir? Si ya tienes planes lo entiendo, sé que es un poco repentino.

Quizá también podía sonar un poco raro que una alumna en prácticas y su tutora salieran juntas a cenar pero es que, tal y como había presentido Rox la primera que conoció a Gwen, habían hecho buenas migas. Tenían la misma edad y carácteres compatibles, pasaban ratos agradables en el hospital y oye, en su tiempo libre eran libres de hacer lo que quisieran.

Dicen que hacen unas jarras de margaritas increíbles y los mejores tacos de Londres, pero no intento convencerte —habló a la vez que subía y bajaba las cejas dándole una mirada que decía todo lo contrario, ¡por supuesto que trataba de convencerla!
S. Rox Jensen
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Gwendoline Edevane el Lun Mayo 20, 2019 1:55 am

Un chirrido quejumbroso brotó de las oxidadas bisagras de la portezuela de la taquilla mientras esta se abría, y Gwendoline se dio cuenta, por segunda vez en esa tarde, de lo mucho que había echado de menos ese sonido.

Su baja laboral—más larga de lo que le habría gustado—había concluido ese mismo lunes, y además de volver al Ministerio de Magia—encontrándose un tremendo desbarajuste armado por un sustituto que podría haber sido mejor—había retomado también sus estudios. Estos últimos, en realidad, no los había llegado a interrumpir, pero sí iba muy rezagada en la parte práctica. Y estando como estaban los exámenes a la vuelta de la esquina, más le valía ponerse las pilas.

Su cuerpo aquejaba la falta de ejercicio debida al reposo: estaba tan cansada que sentía su cuerpo tan pesado como si de repente pesase el doble. Su mano derecha, además, se había resentido un poco, y la sentía algo agarrotada.

En ropa interior frente a la taquilla, Gwendoline se ponía sus pantalones cuando la sorprendió la llegada de Roxanne. La recibió con una sonrisa, a pesar de su estado de semidesnudez: siendo pudorosa dentro de unos límites razonables, tampoco era del tipo de personas que enseguida corría a buscar algo con qué taparse. Suponía, además, que no tenía nada que la sanadora Jensen no tuviese también.

—Desde luego que es una buena noticia.—Le respondió con una sonrisa mientras abrochaba el botón de sus vaqueros… o mejor dicho, mientras lo intentaba: le dio un pequeño calambre en la mano derecha que le dificultó bastante la tarea. Ya la habían avisado de que podía suceder.—¡Oh, no te preocupes! Ya me avisaron de cómo sería la recuperación. Y, según me han dicho, ya he pasado la fase de reposo: ahora me toca ejercitarla.—Restó importancia tanto al agarrotamiento como a los calambres frecuentes que sentía, y trató de subirse la cremallera de la bragueta.

Fue mientras tomaba la camiseta de la taquilla y se la metía por los brazos y la cabeza que Rox le hizo aquella oferta: ir a cenar.

Gwendoline se quedó básicamente sorprendida, hasta tal punto había llegado su desconfianza con respecto a los otros habitantes del mundo mágico: no se esperaba para nada semejante invitación, y a consecuencia, se quedó con la boca abierta formando una ‘O’ durante un par de segundos, justo hasta el momento en que Rox insistió.

La tentación de Gwendoline fue negarse: no se le daba muy bien socializar, la verdad, y hacía tanto tiempo que no tenía un plan así que se sentía muy fuera de su zona de confort. Además, estaba cansada, como quien viene de trabajar en el campo.

Sin embargo, no se negó: Roxanne era una mujer fascinante y, si era purista o mortífaga, Gwendoline era monja. Y teniendo en cuenta las cosas que hacía la morena con Sam en su dormitorio, la idea de que fuese monja podía descartarse por completo.

—Pues, si te digo la verdad, estoy un poco cansada.—Empezó a decir, lo cual podía ser un claro indicativo de que declinaba la oferta, pero no. Se sentó en un banco cercano y comenzó a ponerse las botas.—Pero teniendo en cuenta que también tengo hambre, que me encanta la salsa picante, y que en mi casa llevamos una dieta vegetariana que no me importaría saltarme un día, no me importaría probar ese nuevo restaurante mexicano..—Añadió con una sonrisa, poniéndose en pie ya con ambas botas puestas.—Aunque para lo del alcohol vas a tener que ser demasiado persuasiva: tal y mi estado actual, estoy segura de que al segundo margarita estaré durmiendo en mi silla.—Bromeó, con una sonrisa divertida en el rostro.

Echó mano de su chaqueta y su bolso del interior de la taquilla, los dejó en el banco, y entonces la cerró. Sacó entonces su teléfono móvil.

—Voy a avisar a mi novia de que llegaré un poco tarde. Debería estar todavía trabajando, pero no quiero que se preocupe.—Le dijo, abriendo la aplicación del Whatsapp y buscando el contacto de Sam, codificado como ‘Melocotón’.

Le envió un sencillo mensaje, avisándole que iba a cenar con su tutora de prácticas y asegurándole que la quería tres mil—maldito Santiago Marrero, que le había metido en la cabeza esa frase—. Sam no respondió de inmediato, por lo que dedujo que estaría ocupada. Así pues, bloqueó el teléfono, se lo guardó en el bolso, y entonces se puso la chaqueta.

Con el bolso ya bajo el brazo, miró a Rox.

—Estoy lista cuando tú lo estés.—La informó con un tono desenfadado, muy distinto al que utilizaba mientras ejercía el rol de alumna.


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S. Rox Jensen el Vie Mayo 31, 2019 9:31 pm

Su humor había ido mejorando a lo largo del día, conforme se acercaba la hora del fin de la jornada laboral y por consiguiente el fin de semana, que Rox aspiraba a pasarlo en pijama o en chándal como máximo. Ojalá pudiese arrastrar a su espiral de vaguería a Eva, del mismo modo que estaba intentando arrastrar a Gwen para que saliera con ella a cenar. ¡Por intentarlo que no fuera!

Asintió, conforme, mientras Gwen le contaba lo que le había dicho sobre su recuperación. La francesa sabía que no podía dejar la mano en reposo eternamente, y que al principio le resultaría molesto volver a usar aquella mano, por eso no quería que se sobre excedería. ¿Pero quién mejor que Gwendoline para juzgar hasta dónde podía aguantar? No solo era una mujer adulta, sino que además estaba estudiando medimagia.

Observó momentáneamente sus movimientos al vestirse, sonriendo amablemente, como muestra de apoyo moral, cuando pareció costarle abrocharse el botón de los pantalones.

La cara de la morena fue de lo más graciosa cuando le ofreció salir a cenar, con la boca ligeramente abierta y todo. Rox reprimió una risa e insistió, para que viera que iba en serio, Gwendoline y ella no solo tenían la misma edad, sino que durante el tiempo que habían pasado juntas en San Mungo habían demostrado llevarse bien. No veía diferencia entre comer en la sala de personal un día cualquiera o salir a cenar un viernes, bueno, quizá si la hubiera pero simplemente le había apetecido.

Durante un momento Roxanne se vio venir el rechazo, y no pasaba nada, lo entendía perfectamente. Pero para su sorpresa Gwen terminó aceptando su petición.

¿Dieta vegetariana? —repitió con tono interrogativo y arrugando el ceño, mostrando su disgusto por las verduras. — Podríamos inventarnos un código secreto si quieres que algún día te traiga carne de contrabando —bromeó, aunque si fuera ella la de la dieta vegetariana no sería ninguna broma. ¡Con lo que le gustaba la carne! ¡Y el sushi!— Tranquila, lo de los margaritas era solo por si te ayudaba a decidirte, pero soy perfectamente capaz de bebérmela yo solita —le contestó a su broma con otra y riendo suavemente. Hasta qué punto aquella afirmación era una broma no estaba del todo claro.

Aprovechó que Gwen estaba mandando un mensaje a su novia para arreglarse un poco el desastre de pelo que llevaba, para terminar haciéndose una coleta baja y pasándosela por el hombro izquierdo. Lo llevaba demasiado largo, quizá se lo cortase dentro de poco, y puede que se volviese a cambiar el color, que ahora era de un rubio mucho más natural que el que había llevado la primera vez que conoció a Gwen.

Sí, yo también estoy —respondió dándose un último vistazo en un pequeño espejo que llevaba en el bolso. Bueno, algo más apañada sí había quedado. — ¿Te parece si usamos la red flú? —le preguntó cuándo empezaron a bajar las escaleras del hospital.— El restaurante está en el Soho, si usamos la conexión con Picadilly nos dejará muy cerca. Es que no me gusta demasiado aparecerme, siempre acabo mareada y ya me han vomitado una vez encima hoy —reconoció encogiéndose de hombros. Prefería usar las chimeneas de red flú o directamente el metro, medio de transporte muggle por excelencia en aquella ciudad. Pero el metro a aquellas horas debía ir lleno de gente regresando a sus hogares y no harían más que perder el tiempo.

San Mungo contaba con varias chimeneas conectadas a la red flú y, tal y como había previsto con el metro, también había algo de cola para utilizarlas. Sanadores, enfermeros, y demás personal del hospital que había acabado su jornada laboral esperaban su turno para usar el transporte mágico.

Odio hacer colas. Jamás he conseguido subirme al London Eye precisamente por la cola que hay que hacer. Bueno, por eso y porque no me gustan las alturas —contó como anécdota. Al poco de llegar a Londres Rox había hecho el típico recorrido turístico, pero los sitios en los que había que hacer cola se los había acabado saltando. — Tengo tanta hambre que como no se den prisa voy a comerme al de delante, sin salsas ni nada. A lo salvaje —bromeó. Por suerte la cola se dispersaba rápido y pronto les llegó su turno. — ¡Al fin! Ha sido su día de suerte, un minuto más y se queda sin brazo —comentó cuando el tipo que tenían delante desapareció en medio de las llamas verdes.
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Gwendoline Edevane el Miér Jun 05, 2019 1:17 pm

Desde que vivía con Sam—y en gran medida, desde algo antes—, Gwendoline había adaptado su dieta para reducir el consumo de productos de origen animal al mínimo, a excepción de cosas como los huevos, la leche, el queso… Le había costado un poco adaptarse a semejante cambio, y había echado mucho de menos la carne al principio. Sam insistía en que, realmente, no era necesario, pero… ¿por qué no intentarlo? A fin de cuentas, opinaba la morena, era un sinsentido que una de ellas hiciese tal sacrificio y la otra no. Solidarizarse era importante, y más en pareja.

Ahora bien… en aquella ocasión, no podía evitar ‘traicionar’ un poco dicha dieta. Ya se encargaría de hacer algún tipo de penitencia para satisfacer al pequeño Don Cerdito.

—No es tan horrible como suena.—Aseguró ante la sugerencia de Rox. Sonaba, de hecho, bastante peor de lo que era.—Llevo sin probar la carne alrededor de un año, y la verdad es que no la he echado de menos hasta que me he imaginado un jugoso taco con salsa súper picante. Y ahora me apetece ese taco.—Mientras decía estas palabras, se había quedado mirando al infinito. Como si allí, en la lejanía, visualizase el susodicho taco, jugoso y delicioso. Al término de dichas palabras, acabó riendo y negando con la cabeza.—Para compensar mi pequeña traición, me encargaré personalmente de que no acabes demasiado borracha.

Así que, después de avisar a Sam por mensaje de Whatsapp y de terminar de vestirse, Gwendoline estaba preparada para ese plan improvisado. La sanadora, también lista, sugirió que utilizasen la Red Flú, cosa que a Gwendoline le parecía perfecto. Sin embargo, no pudo evitar fruncir el ceño, extrañada, cuando Rox aseguró que se mareaba al aparecerse.

No pudo evitar evocar la imagen de su antigua enemiga, Artemis Hemsley, utilizando la aparición con tanta naturalidad y destreza como utilizaba sus propias piernas. También ella misma había aprendido a aparecerse de semejante manera, aunque no al nivel de canguro de la mortífaga.

Con todas estas cosas, resultaba sencillo olvidarse de la realidad: que la aparición era una magia complicada de utilizar.

—La Red Flú me parece bien.—Le dijo mientras caminaban en dirección a las chimeneas de San Mungo. No solía tener nada en contra de dicho medio de transporte, más allá del hecho de que a veces una salía con un cierto tufillo a humo, e incluso estornudando o tosiendo. Sin embargo...—O a lo mejor no me parece tan bien...

¿Y por qué no le parecía tan bien? Pues porque allí mismo había unas colas que, si bien no eran kilométricas, eran bastante largas. Y si Rox odiaba hacer cola, Gwendoline tampoco era lo que se decía amiga de esperar de pie detrás de un grupo de gente que avanzaba de manera tan insufriblemente lenta.

—¿Y a quién le gusta hacer cola, exactamente?—Preguntó Gwendoline, enarcando una ceja. De hecho, estaba muy tentada a coger a Rox y desaparecerse allí mismo. Sin darle tiempo a darse cuenta. Se dio cuenta que sería mala idea: posiblemente, terminaría como terminaba John Diggle cada vez que Flash lo llevaba de un lado a otro con su supervelocidad.—¿Sabes? Todavía estamos a tiempo de desaparecernos...—Dejó caer mientras Rox aseguraba que terminaría comiéndose a quien tenía delante.

Pero no hubo que averiguar ni si el brazo del pobre mago de delante era comestible, ni si Rox vomitaría si Gwendoline se la llevaba utilizando la aparición, pues la cola avanzó lo suficientemente rápido como para terminar con la desesperación del momento. Por lo que que ambas brujas se encontraron al momento ante las llamas, arrojando los susodichos polvos Flú, y saltando dentro del fuego verde que las llevó cerca de la dirección del restaurante.

—Sé que todavía no hemos llegado al restaurante, y que estas cosas suelen decirse cuando se acaba la noche, pero… deberíamos hacer más cosas así.—Sugirió Gwendoline, quien había descubierto que Roxanne era una gran persona, y si no eran todavía amigas, poco les faltaba.
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S. Rox Jensen el Miér Jun 19, 2019 12:54 pm

¡UN AÑO SIN CARNE! Por las barbas de Merlín… Rox podía notar como le daba un micro infarto solo de imaginarse en esa situación. Que oye, puede que Gwendoline tuviese razón y no fuese tan horrible, al fin y al cabo ella hablaba con conocimiento de causa, pero es que la sanadora no podía imaginarse qué comería si suprimía la carne de su dieta.

Por lo que a mí respecta, después de un año sin probar la carne, te has ganado ese taco y todos los que quieras —le dijo con una sonrisa divertida.— Me parece bien, que tampoco quiero pasarme mi primer sábado libre en tres semanas con resaca.

No, no. Entre las prioridades de Rox no estaba la de pasarse el sábado hecha un trapo suplicando por una muerte rápida y piadosa mientras agonizaba por la resaca. Sus planes para el sábado consistían en estar hecha un trapo en el sofá pero fresca como una rosa.

El gozo de Roxanne se fue directo al pozo cuando llegaron a las chimeneas y vieron que había cola, ¡como odiaba hacer cola! Lo odiaba casi tanto como cuando iba caminando por la calle y tenía delante a una persona que iba insoportablemente lenta, obstaculizando el paso y obligándola a caminar también a paso de tortuga. O quizá odiaba más hacer cola… Bueno, dejémoslo en que odiaba las dos cosas por igual. La lentitud era una cosa que la enervaba.

No sé, hay gente muy rarita por ahí suelta —contestó con tono algo distraído y encogiéndose de hombros. Seguro que sí había gente que pagaba por comprar zapatos usados por internet también había gente a la que le gustaba hacer cola. Se puso de puntillas para ver a cuantas personas tenían por delante todavía.

Suspiró.

Se quedó en silencio un momento, pensando seriamente en la propuesta inacabada de Gwendoline de desaparecerse. Acabaría mareada seguro, pero quizá se le pasase antes el mareo de lo que tardarían en poder usar la red flú. Por suerte no hizo falta hacer la prueba, pues la cola avanzó rápido y antes de lo esperado ya estaban envueltas en llamas verdes.

El aire era húmedo en las frías calles londinenses y la francesa no pudo evitar encogerse un poco dentro de su abrigo, cerrándolo bien para mantener el calor.

Estoy de acuerdo —asintió correspondiendo a las palabras de Gwen con una sonrisa amable.— El trabajo es estresante, y tú encima lo tienes por dos —no olvidaba que la morena además de las prácticas en San Mungo también trabajaba en el Ministerio.— Así que estos momentos hay que aprovecharlos al máximo. Pero de todas formas te lo preguntaré más tarde a ver si sigues pensando lo mismo, a lo mejor te llevo a un sitio tan horrible que no quieres volver a salir conmigo —bromeó.

En realidad podría ser cierto, lo de que el sitio fuese horrible, ya que Rox jamás había ido antes, solamente había oído hablar de él y había querido probar. Esperaba que no le hubieran mentido y acabase arrepintiéndose de haber llevado a Gwendoline a un sitio de mala muerte.

Tal y como había calculado, la red flú no quedaba lejos del restaurante y no tardaron en llegar. Menos mal, porque parecía que se iba a echar a llover en cualquier momento. ¿Lluvia en Londres? ¡Qué raro!

Parte de sus temores desaparecieron al entrar, al menos en apariencia el sitio estaba a la altura de las habladurías, esperaba que la comida no se quedase atrás.

Un trabajador las recibió en la entrada, con una sonrisa algo cansada.

Buenas noches, señoritas. ¿En qué puedo ayudarlas?
Queríamos una mesa para dos.
Por supuesto, ¿tienen reserva?

Ups.

Pues… la verdad es que no, acabamos de salir de trabajar y no he caído —se excusó, como si al camarero eso fuese a importarle algo.
Está bien, no se preocupen. Pueden esperar en la barra hasta que una mesa se quede libre. Serás unos quince minutos, más o menos.

El hombre les señaló la barra, al fondo del establecimiento y volvió a su trabajo cuando ellas se encaminaron hacía allí.

Quince minutos no está mal, ¿no? —le preguntó a Gwendoline mientras tomaba asiento en uno de los taburetes.— Podría haber sido peor. No sé cómo no se me ocurrió llamar para asegurarme de que tuvieran mesa, se me ocurrió tan de repente la idea de venir que ni siquiera lo pensé. Fallo mío.

En seguida la chica que estaba tras la barra les preguntó si querían tomar algo mientras esperaban, a lo que Roxanne pidió una cerveza, una Corona para ser más exactos.


Restaurante.
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Gwendoline Edevane el Dom Jun 23, 2019 1:52 am

Su vida en los últimos meses podría describirse perfectamente como una montaña rusa: no sólo había descubierto hasta qué punto podía estresar a una persona el trabajo en un hospital mágico, sino que además había tenido que hacer frente a un violento secuestro por parte de alguien que creía muerto, deviniendo en un sinfín de emociones dispares de las que todavía no se había recuperado del todo. Las heridas físicas habían sanado casi del todo, pero las que no se veían persistían.

Por suerte para ella, las cosas buenas ganaban por goleada a las malas.

Así que por mucho que Rox pusiera el estrés del trabajo en el plato de la balanza dedicado a las cosas negativas, Gwendoline no lo hacía: ese bendito estrés, esa normalidad y ese estado de ocupación eran, precisamente, aquello que ayudaba a Gwendoline a mantener su cabeza ocupada.

—Yo no describiría mi trabajo actual en el Ministerio como estresante. Aburrido sí, eso sí.—Le dijo con una sonrisa resignada. Sus palabras estaban cargadas de sinceridad: desde que había sido ascendida a directora de su oficina, lo poco que hacía era… papeleo y más papeleo. Si salía a la calle una vez a la semana, ya podía darse con un canto en los dientes.—¡Oh, ya te digo yo que seguiré pensando lo mismo si la salsa picante es buena! ¿Te he dicho ya que me encanta la salsa picante?

No creía que así hubiera sido, pues tampoco era algo sencillo de sacar en conversación: “¡Hola, Rox! ¡Soy Gwendoline y adoro la salsa picante!” Dato importante como pocos…

Mientras se dirigían al restaurante, el clima pareció lanzarles una clara amenaza en la forma de un gélido viento que le provocó un escalofrío a Gwendoline. Un gélido viento que, además, era húmedo. Llovería. La inglesa cruzó metafóricamente los dedos y pidió en silencio que el diluvio que se avecinaba no las pillara saliendo del restaurante.

Al menos, el inmisericorde clima londinense tuvo la consideración de no empaparlas antes de llegar al restaurante. Aquello sí habría sido malo.

De todas formas, Gwendoline entró en el restaurante soplando dentro de sus manos, para luego frotarlas la una con la otra en un intento de calentarlas. Había sido un trayecto corto y, aún así, sentía el cuerpo helado. La magia de Londres en estado puro.

El local—un mexicano tradicional, a todas luces—gozaba de un ambiente cálido, hasta el punto que el choque de temperatura hizo que a Gwendoline se le perlara la frente de sudor. Sin embargo, agradeció aquella calefacción como pocas cosas antes. Era de las que toleraban mejor el calor que el frío, y eso que no vivía en un lugar cálido, precisamente.

Cuando el camarero se dirigió a ellas, descubrieron con consternación que no quedaban mesas disponibles. Gwendoline maldijo en silencio, pensando que tendrían que volver a aventurarse a esas frías calles en busca de un plan de repuesto; sin embargo, el joven les sugirió esperar en la barra a que se fuera despejando un poco el local.

—Quince minutos está genial comparándolo con volver ahí fuera.—Señaló con su dedo pulgar en dirección a la puerta de la calle y el ventoso exterior que se escondía tras ella. Ella también tomó asiento en el taburete contiguo al de Rox.—No te preocupes. No nos vamos a morir por esperar un rato. A no ser que sigas pensando en comerte a alguno de los presentes, claro...—Aventuró Gwendoline con cautela, recordando a la Roxanne caníbal que pretendía abrirse paso a dentelladas hasta las chimeneas de la Red Flú.—Aviso que no soy comestible.—Añadió, por si acaso, en tono de broma.

Rox se pidió una cerveza Coronas para pasar el rato hasta la marcha de alguno de los clientes que ya tenían la fortuna de haber cenado. Gwen pidió lo mismo, y no tardaron mucho en tener sendas cervezas sobre sendos posavasos en la barra, junto a ellas. También les sirvieron un pequeño cuenco de totopos de maíz. Tomó uno y comenzó a mordisquearlo poco a poco.

—Bueno, de momento la cosa va bien: me gusta este sitio.—Comentó con sinceridad. De hecho, el dato de que estuviera lleno le parecía un indicativo claro de que la comida debía ser buena.—Y huele de maravilla.—También era cierto: el aroma de la comida llegaba a sus narices, haciendo que el estómago de Gwendoline rugiera de hambre. Miró a Rox, un poco sonrojada por aquel sonido.—Vale, creo que yo también tengo hambre...

Suspiró, echando un vistazo alrededor, quedándose con algunos detalles de la decoración: era la típica de los restaurantes mexicanos, que parecían estar todos cortados por el mismo patrón. Colores cálidos y vivos, carteles de cerveza en español adornando las paredes, mesas pequeñas y cuadradas… Hasta había un mariachi con su guitarra pintado en una de las paredes. Todo ello se complementaba con las rancheras que sonaban en los altavoces.

—Nunca he estado en México.—Comentó de manera casi automática y ausente. Era un extraño comentario, desde luego. Uno de esos que una decía sin pensar, quizás para empezar una conversación.
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S. Rox Jensen el Mar Jul 16, 2019 1:00 pm

El padre de Rox, Maël, trabajaba en el Ministerio francés y desde bien pequeña había pensado que era un trabajo aburridísimo. No sabía cómo sería trabajar en el Ministerio inglés pero seguro que, aunque se tratasen de países distintos, no había demasiada diferencia. Trabajos de oficina… Roxanne era incapaz de verse a sí misma atrapada detrás de un escritorio para siempre, bueno, para siempre no, hasta su jubilación. Pero que conste que lo había dicho Gwen, no ella, que al fin y al cabo la francesa no tenía conocimiento de cómo era trabajar en el Ministerio, pero si la morena decía que era aburrido pues ella la creía a pies juntillas.

No, que va, no tenía ni idea —respondió negando con la cabeza cuando Gwendoline le dijo que le encantaba la salsa picante.— Me alegro haberte dicho de venir a un mexicano entonces —sonrió.— La verdad es que a mi también me gusta la salsa picante, aunque bueno, yo diría que me gustan todas las salsas, así en general —y ahí estaba ese lado glotón de Roxanne, que si Gwendoline no había intuido ya, acabaría por descubrirlo aquella noche.

Como dato anecdótico, una vez Rox se hizo un bocadillo de salsa boloñesa y le estuvo bueno como pocas cosas antes. UF, que hambre le daba solo de recordarlo.

Por suerte, tal y como había predicho, no tardaron mucho en llegar desde la red flú hasta el restaurante. Eso sí, fue suficiente como para sentir el frío aire londinense calando en sus huesos, además de que la amenaza de lluvia seguía ahí. Al menos, si empezaba a llover ya estarían a cubierto.

La primera impresión era buena, porque sabía que era superficial, pero si el sitio tenía mala pinta pues no te daban ganas de quedarte a comer. Que luego era posible que en el peor de los sitios hiciesen la mejor comida, pero vamos, que no te daban ganas de pararte a averiguarlo.

Creo que podré aguantar un rato sin tener que comerme a nadie —siguió con la broma.— Pero que no se confíen, si tardan demasiado en alimentarme no me hago responsable de la seguridad de esa señora de ahí —señaló a una señora al azar que había en una de las mesas.

Por suerte, cuando les sirvieron las cervezas, les trajeron unos totopos para picar. Que oye, menos daba una piedra y seguro que servirían para calmar el hambre.

Se rió cuando el estómago de Gwen empezó a hacer ruidos, haciéndoles saber que también tenía hambre. Es que esperar mientras estás rodeada de personas comiendo debería ser ilegal, pensaba Rox.

Tranquila, el mío lleva ya un rato así también —dijo con diversión.— Es peor que mi gato cuando quiere comida —se llevó una mano al estómago, como si eso pudiera calmar sus ganas de comer. Muchas veces Rox comía más por gula que por hambre, pero siempre que salía del hospital después de una jornada extenuante su hambre era cien por cien real.— Encima huele tan bien que no ayuda nada.

Cogió un totopo para ver si conseguía engañar al estómago un poco con aquel triangulito de maíz. Huelga decir que no lo consiguió, pero bueno. El botellín de cerveza tenía un trozo de lima a mitad del cuello, haciendo que cuando le daba un trago tuviera ese regusto ácido tan característico y que tanto le gustaba. Cuando estuvo en México, durante las últimas vacaciones largas que tuvo, básicamente no bebió otra cosa que cervezas como la que tenía en ese momento entre las manos y tequila.

Y como si Gwen pudiese leerle la mente, dejó caer que ella nunca había visitado México y Roxanne no pudo más que sonreír con cierta nostalgia, recordando aquel fantástico viaje con Beatrice y Laith.

Yo sí, es precioso —comentó sin perder aquella sonrisa.— Estuve en Tulum el año pasado, en junio. Madre mía, dentro de poco hará un año… Necesito otras vacaciones —dijo al darse cuenta de aquello. ¡Un año desde sus últimas vacaciones largas! ¡Un año sin salir de Reino Unido! Tenía que hablar con Laith urgentemente.— En fin, lo que te estaba contando, que es un sitio increíble. Es como si estuvieras mirando una postal continuamente, sus playas son alucinantes. Me puse súper morenita, algo imposible de hacer aquí —le dio un trago a su cerveza.— También bebimos un montón de estás —añadió con una sonrisa, refiriéndose a la cerveza.— Fuí con Laith y otra amiga que trabajaba en San Mungo hace un tiempoantes del cambio de gobierno, pero aquello se lo calló.— Era el cumpleaños de ella y estaba un poco tristona, así que quisimos animarla un poco. Aunque se puso enferma al poco de llegar y se pasó todas las vacaciones pegada al váter —recordó con una sonrisa.

La pobre Beatrice había cogido una gastroenteritis de cuidado, y aunque intentaron ayudarla como buenamente pudieron, sin los ingredientes para elaborar las pociones necesarias no pudieron hacer mucho. Además, cuando se fueron hacía relativamente poco del encarcelamiento de Steven, el hermano mayor de Beatrice y gran amigo de Laith, así que se podría decir que su intento por animarla no había tenido mucho éxito. Poco después de aquello Beatrice había desaparecido y Rox todavía tenía sentimientos contradictorios sobre ello.

Se le escapó un suspiro ante aquellos pensamientos. Lo dicho, necesitaba otras vacaciones.
S. Rox Jensen
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Gwendoline Edevane el Vie Jul 19, 2019 2:02 am

Alejarse de un ambiente laboral íntimamente vigilado por los que eran leales al nuevo gobierno tuvo un efecto casi mágico: ambas habían adoptado un comportamiento más distendido.

Quizás no fuera el caso de Rox, quien en general parecía vivir su vida de manera alegre, distendida, y sin molestar a nadie, pero el de Gwendoline sí lo era: la morena era incapaz de mostrarse cien por cien cómo era en entornos laborales, sintiéndose vigilada en cada momento. La única nota positiva de todo el asunto era que había convertido el fingir en todo un arte, por mucho que en las últimas semanas se le hubiera hecho todo tan cuesta arriba.

Agradeció aquellos momentos de ocio en compañía de la que posiblemente fuera la jefa menos estricta que había tenido en su vida.

—¿Estás segura?—Preguntó, frunciendo el ceño y siguiendo la mirada de Rox en dirección a la mujer aleatoria a la que había señalado como posible primer plato de la noche.—Tiene pinta de estar, quizás, un poco dura. No sé si disfrutarías ese bocado.—Bromeó, sintiéndose un poco mal, incluso: lo suyo no era burlarse así de gente que no conocía, pero no había podido evitarlo.—Es broma. Estoy segura de que esa señora tiene muchas buenas cualidades que ofrecer al mundo moderno.

Pidieron un par de cervezas, que vinieron acompañadas con un pequeño cuenco de totopos que, Gwendoline estaba segura, habrían estado mucho mejor con algún tipo de salsa acompañándolos. Sin embargo, el hambre era tal que los estómagos hacían ruido, y cualquier cosa comestible era bienvenida. Así que no dudó en tomar uno y comenzar a mordisquearlo, haciendo tiempo hasta la hora de la cena.

—Desde luego que huele bien.—Coincidió Gwendoline, tan hambrienta como su interlocutora, mientras seguía disfrutando de su pequeño totopo y de pequeños sorbos de cerveza.—Ahora bien: no me preguntes cómo consiguen los mexicanos digerir este tipo de cosas correctamente. Está todo muy bueno, pero...

Gwendoline puso cara de circunstancias, dejando claro sin palabras a qué se refería: no todos los estómagos eran aptos para aquella gastronomía. Quizás se debiera al exceso de ingredientes vegetales y picantes, o quizás fuese otro el motivo, pero la pura verdad era… que aquella comida solía ser una bomba.

De manera ausente, seguramente inspirada por el lugar en que se encontraban y por la pintura del mariachi de la pared, Gwendoline dejó caer que jamás había estado en México. Era un comentario típico en un lugar así, especialmente si no conocías del todo a tu interlocutor. Sin embargo… no sabía que aquel comentario daría pie a muchas cosas.

Que Laith y Rox eran buenos amigos no la pillaba de nuevas: ninguno de los dos escondía el aprecio que sentía por el otro. Sin embargo, mientras Gwendoline escuchaba la anécdota de su tutora acerca del país de los mariachis y el tequila, no pudo evitar fijarse en que muchos datos de los que mencionaba Rox coincidían casi a la perfección con aquel viaje que había hecho Beatrice en compañía de Laith y otra persona más. No es como que Beatrice le hubiera contado nada: lo poco que sabía, lo sabía por Sam, a quien a su vez se lo había contado Laith.

¿Era posible que existieran semejantes coincidencias en la vida?

—Yo tenía una amiga que, por esas mismas fechas, fue en un viaje a México con Laith y otra amiga.—Se mordió el labio inferior, el ceño fruncido, mirando a Rox con mirada inquisitiva.—No creo que Laith haya tenido tanto tiempo libre como para hacer dos viajes seguidos en compañía de dos grupos distintos de personas, así que...—Gwendoline pensó cómo plantear aquella pregunta de una manera discreta, y lo único que se le ocurrió fue bajar la voz y acercarse un poco a Rox. Un gesto vano, teniendo en cuenta que estaban en un restaurante muggle.—¿Esa amiga era Beatrice Bennington?

Con respecto a Beatrice Bennington, Gwendoline había adoptado una actitud bastante… arisca. No quería pensar en ella, y seguía enfadada con ella por su falta de confianza. No sabía si alguna vez volvería a verla con vida, pues fuera lo que fuera lo que estuviese haciendo, estaba segura de que era peligroso.

Sin embargo, no sabía cómo actuaría si alguna vez aparecía: estaba demasiado resentida con ella. Había dado a aquella chica demasiado, recibiendo a cambio muy poco… y para colmo, su desaparición.

Actualmente, ya no la consideraba ni siquiera amiga.
Gwendoline Edevane
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