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Un crimen casi perfecto [Priv. Arys J. Gresham]

Laith Gauthier el Dom Mayo 19, 2019 1:02 pm

Si cuando Laith eligió su carrera le hubieran dicho que acabaría lidiando con contrabandistas, no se lo hubiera creído.

No era extraño, después de todo: era considerado por muchos como un hombre sin apenas malicia, transparente en sus intenciones, y bondadoso. ¿Qué pintaba él, entonces, en negocios clandestinos? Pues, a fin de cuentas, había acabado pintando más de lo que hubiese llegado a pensar que lo haría, en algún momento de su vida.

Todo comenzó hace años, con un proyecto de su propia autoría, cuando todavía estudiaba la universidad. No había sido fácil superar el trauma de la muerte de su abuelo en frente de un caldero, pero una vez hecho, se mostró entusiasta con seguir los pasos de aquel hombre, un reconocido pocionista, y hacer sus propios experimentos.

No todos ellos contenían materiales que se podían comprar con facilidad en cualquier tienda.

Por supuesto, esta inquietud la había compartido con Cormac Rushforth. Él siempre había sido un hombre particularmente misterioso, y obraba de formas que a veces sólo él entendía. Era profesor en la Universidad Medimágica de Londres, impartía la clase de “Heridas por Magia Oscura”, y eso ya tenía que decir mucho acerca de cuáles eran sus intereses más personales. Laith, quizá, había sido demasiado ingenuo, y se había convertido en su pareja estable.

El caso es que, contra lo que el entonces universitario hubiese podido creer, Cormac conocía a un contacto que podía facilitar el acceso a los ingredientes más inaccesibles del mundo mágico. Desde la primera vez que se encontraron, mucho antes de aquel momento, se había mostrado elegante y soberbio; imposible de impresionar, por el contrario: impasible. Hablaba poco, pero daba la impresión de que siempre iba varios pasos adelante y todo lo planificaba a la perfección.

Había ido junto a él la primera vez que vio a Gresham, cuando decidió confiarle a ese contacto. El primer día que se vieron, Laith se había mostrado como un joven discreto, sereno y equilibrado. Más bien controlado por alguien a quien le gustaba llevar el mando. Y así fue durante los próximos encuentros, que se extendieron a través del tiempo a lo largo de varios años.

El negocio continuó, con el estudiante a sanador requiriendo diversos materiales de pociones de distintas naturalezas en sus peticiones. Las de Cormac, que siempre hacía solo y por su cuenta, eran mucho más excéntricas, y por supuesto mucho más privadas.

Gresham debió creer, durante un par de años, que el negocio había acabado, cuando ninguno de los dos volvió a solicitar su servicio. Y, quizá, así debió haber permanecido durante mucho tiempo, mas no fue así. Laith volvió, esta vez por su cuenta, como una persona completamente distinta a la que era cuando Cormac le acompañaba, pero con los mismos intereses del pasado.

Llegados al presente, desde aquella ocasión hasta la actualidad su relación de negocios se había mantenido estable. Y, justamente ese día, Laith aguardaba en los alrededores de su estudio en el Callejón Knockturn esperando a que Gresham llegase para poder realizar un pedido, esta vez distinto a los que había hecho. Esta vez no quería ningún veneno, ni parte de criatura, ni planta protegida. Esta vez pensaba a lo grande.

Fumaba sentado en una banca, como esas personas tristes que no tienen dónde ir. En su mente daban vueltas las ideas: siempre hacía esas cosas por sí mismo. Siempre se las había apañado. Sin embargo, sabía admitir cuando algo se le escapaba de las manos.

Era un domingo, a mediados de mayo, y los domingos siempre le habían parecido deprimentes, sin ninguna razón aparente. No ayudaba el clima londinense, nublado y amenazando con lluvia. Se abrigaba en una gabardina negra de cuello alto y con un sombrero a juego, las manos enguantadas porque los tatuajes en sus dorsos eran fáciles de identificar. Cualquier precaución era poca.

Cuando aquel hombre dio señal de estar dentro de su estudio, Laith se puso de pie y apagó la colilla del cigarrillo con su botín, adentrándose a aquel lugar. Dio un rápido vistazo alrededor antes de quitarse el sombrero y mostrarse tal cual era. Sus labios sonreían, pero sus ojos no expresaban otra cosa que seriedad. Esos ojos verdes rara vez mentían.

Arys —lo saludó, como hacía siempre desde que hubo descubierto su nombre, por más que lo hubiesen intentado corregir. Los formalismos y el trato por apellido estaban de sobra. — Tiempo sin vernos —le dijo.

Debía ser alrededor de febrero o marzo cuando había hecho una petición especial de partes de acromántula. Esas jodidas acromántulas. A Laith le daban pavor las arañas, faltaba más para imaginarse cuánto repelús le daba una araña gigantesca.

¿Qué tal estás? —preguntó, tendiéndole la mano en un saludo.
Laith Gauthier
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Arys J. Gresham el Dom Mayo 19, 2019 2:41 pm

Las viejas relaciones eran sus favoritas. Uno nunca podría precisamente dejar de ser cauteloso en su línea de trabajo, pero los clientes que habían demostrado ser confiables, y él para ellos, le salvaban la mayor parte del análisis y el juicio y, lo más importante, de preocuparse por sus intenciones y discreción después de que la transacción hubiera finalizado. Debido a esto, Arys Gresham se encontraba bastante tranquilo a pesar de la visita que esperaba. No había visto a Gauthier en unos pocos meses y, aunque el bienestar de sus clientes no era algo que le carcomiera la cabeza día y noche, saber que los más antiguos aun estaban en el negocio siempre era bueno. El contrabando y la caza de recompensas siempre tendrían una buena demanda, lamentablemente la mayor parte de esos clientes llevaría a cualquiera a la ruina.

Ya que estaba en los confines de su estudio, Arys había elegido atavío más cómodo. Su habitual sombrero de copa y sobretodo negro habían sido desechados por el momento: botas, cinturón, pantalones y una camisa de algodón de manga larga en los tonos oscuros y terrosos que comúnmente elegía comprendían su atuendo. El estudio estaba bastante vacío y desprovisto de decoración alguna, solo las necesidades ocupaban su espacio. Ordenado, monótono, práctico. Una pequeña cocina, una mesa, una estantería y, más al fondo y lejos de la vista, una habitación más los estantes y cofres donde permanecían guardadas sus posesiones, tanto personales como comerciales, más importantes. Tuvo la decencia de preparar una tetera; fuerte té escocés, negro y amargo, siendo su propia elección de bebida y la única disponible en su austera casa sin una graduación alcoholica. Arys siempre tuvo la tendencia de ignorar las cortesías de manera magistral, pero no fue educado sin modales y hacía un mínimo, verdaderamente pequeño, esfuerzo para aquellos a cuya presencia ya se había acostumbrado y tenía en mayor o menor estima.

Finalmente, su cliente anunció su llegada y Arys se apresuró a dejarlo entrar. La anonimidad era una parte importante de su trabajo, tanto para él como para sus clientes, y no serviría de nada tenerlo parado afuera de su puerta por más tiempo del que era necesario. Los ojos oscuros del cazarrecompensas se encontraron con los de Laith por un segundo, aceptando su mano en un saludo firme y breve. Era de pocas palabras, sí, pero lo compensaba con su practicidad y su infalible naturaleza de ir al punto importante de manera inmediata. Sin ser quien para iluminar una habitación con sus respuestas, la voz baja y ronca del cazarrecompensas finalmente rompió el silencio que había perseguido al estudio durante los últimos días. — Vivo, trabajando. Suficientemente bien para mi. —No era la oda al carisma de ninguna manera pero nadie dudaría -al menos en este momento- de la honestidad que enlazaba aquel grave tono de voz.

Adentrándose en el apartamento junto con Laith, le ofreció un asiento en la mesa y una taza de té caliente. Los que lo conocían también sabían que siempre tenía a mano bebidas mucho más fuertes y si se necesitaría una para que la conversación venidera, Laith solo tenía que preguntar. Después de prepararse una taza, Arys apoyó los pesados ​​codos de sus brazos en el borde de la mesa, y ahora sus ojos mostraban toda su atención y seriedad. — Si necesitas ingredientes, recibí un envío de los regulares la semana pasada. Probablemente cualquier cosa que precises ya la tengo aquí. —Declaró, pues en verdad sería algo muy útil y cómodo para él el cerrar el trato sin la necesidad inmediata de tener que coordinar una entrega. — A menos que estuvieras buscando algo menos habitual. -Tomó un largo sorbo de su taza después de sus palabras, esperando pacientemente a ver qué se le exigiría hoy. Mientras tanto, auqellos tatuajes encantados que en algún momento se había hecho habían elejido danzar sobre el costado de su cuello.

Estaba acostumbrado a las peticiones más locas y más impensables, lo había convertido en un hombre difícil de sorprender. Sin embargo, también había aprendido a nunca adelantarse a sí mismo en tales situaciones. Era mejor esperar con la mente abierta, calculadora y fría que subestimar la dificultad que a menudo imponía el contrabando y arriesgar absolutamente todo en el proceso. Y hoy, particularmente, algo le decía que habría más en este encuentro de lo que esperaba. Bueno o malo, aún no lo podía definir.
Arys J. Gresham
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Laith Gauthier el Miér Mayo 22, 2019 10:49 pm

Sin poder evitarlo, Laith sonrió cuando Arys, haciendo gala de su excepcional carisma, le decía que estaba bien porque vivía y trabajaba. Sabía que lo decía en serio, o al menos era la impresión que le daba, si lo conocía suficientemente bien. No era un hombre dado a los rodeos ni las bromas, por lo que era inútil pensar que podría haber algo más detrás de lo que era.

Lo siguió al interior del departamento, tomando asiento primero en la mesa. — ¿Tienes whisky? —preguntó como respuesta a su ofrecimiento de té. No le gustaba mucho el té, y aunque era muy temprano, pensó que lo ayudaría a calmar los nervios.

Esperó que le diera el vaso de whisky, siempre de la misma marca: Jack Daniel’s. En su tiempo, era la misma que había pedido Cormac cada vez que se encontraban, y era probable que fuera un gusto adquirido de Laith. O un recuerdo que, consciente o inconscientemente, el sanador se había negado a dejar marchar.

Arys intentó adivinar sus intenciones, y tenía motivos de sobra. Siempre quería ingredientes, por lo que no lo culpaba de intentarse adelantar. Laith no contestó de inmediato, sino que tomó un sorbo de su vaso y sintió arder la garganta por el licor mientras pensaba cómo ponerlo en las mejores palabras posibles. Al final, suspiró.

La verdad es que estoy buscando algo más… delicado, hoy —le hizo saber, como introducción. — Tengo el presentimiento de que tú eres el que puede ayudarme —no era tanto un presentimiento como la clara noción de que Arys era un hombre de armas tomar. — Y si no puedes hacerlo, cuento con tu silencio y discreción —y lo miró directamente a los ojos, como esperando ver si algo en esos ojos oscuros le decía lo contrario.

Había un suspenso, y daba la impresión de que lo que sucedía era importante. Tal como estaban las cosas, donde el gobierno atrapaba antes de preguntar y para cuando tenían la sentencia uno ya estaba encerrado, era así. El régimen purista no admitía ningún tipo de deslealtad, y Laith nunca había podido ser leal a un gobierno selectivo e injusto. Lo correcto cuando las leyes no eran justas era desobedecer.

Supongamos que tengo un grupo relativamente grande de personas, ¿unas diez, aproximadamente? —dio otro sorbo, haciendo un ademán con su índice en un círculo para denotar que era una agrupación. — Y digamos que este grupo no puede ser visto por la comunidad mágica y tiene que salir ya no del país sino directamente borrarse del mapa para estar a salvo —empezó planteando un caso hipotético. — Básicamente porque son nacidos de gente sin magia y las leyes creen que son criaturas de lo más peligrosas —puso los ojos en blanco. — Si tuviera este problema, y dinero, ¿tú resolverías cómo sacar a estas diez personas y posicionarlas en un país donde tengan asilo?

Estaba teniendo cuidado con sus palabras, aunque los dos sabían que de suposición no tenía nada. Si lo estaba planteando era porque estaba ocurriendo. Laith podía sacar una persona, dos, tres incluso, pero ya un grupo grande era cosa más delicada. Y si descubrían por dónde él conseguía ayudar, entonces podrían rastrear a todos los demás. Por eso es que se veía incapaz de hacerlo todo por su propia cuenta.

Por otro lado, Laith no sabía que Arys tenía una postura firme hacia lo que sucedía con la comunidad mágica. En ese momento, el sanador podía pensar tan sólo que Arys quizá podría cobrar una recompensa del Ministerio por entregar a un traidor. El peligro siempre estaba presente.
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Arys J. Gresham el Jue Mayo 23, 2019 2:26 am

La palabra whiskey le traía sentimientos mezclados, la bebida solía estar presente en sus mejores y sus peores momentos y ya se sentía como un juego de ruleta rusa que solo él podía entender. Cada vez que se abría una botella en su presencia, lo esperaba algo inexplicablemente oportuno o un problema. ¿Qué tocaría hoy? No había manera de saberlo. Era como quedar totalmente relegado al puesto de espectador, ya no había más que hacer excepto esperar a que la baraja fuera repartida y desear que su mano no fuera tan terrible. Y claro, muy rara vez tenía ese tipo de suerte. Entonces, ya seguro de que no estaría oyendo las palabras que había esperado esa tarde, Gresham siguió los pasos de Laith y volcó el Whiskey sobre su taza, sin importarle que aún quedara té en el fondo o que no fuera, para nada, el vaso correcto para tal bebida. A sus ojos el whiskey era whiskey, su sabor ya era como una segunda naturaleza para su lengua.

Silencio. El silencio era una herramienta que muchas veces había utilizado, pero el silencio en una petición podía representar algo peligroso. Y vaya que las palabras que le estaban siendo confiadas podían ser muy, muy peligrosas en estos tiempos. La atención de Arys estaba enfocada por completo en Laith, procesando su pedido de la manera más fría y objetiva que le fuese posible. Sabía, por mucho que hubiera intentado negárselo, que ayudar a los fugitivos inocentes era un acto que nacía de la poca compasión y abnegación que le quedaban y que había tratado de ahogar, pero eso no quitaba que eran asuntos demasiado delicados y meticulosos como para dejarse guiar por las emociones. Si lo atrapaban ya no podría ayudar a nadie y eso significaba que siempre que elegía asistir a un grupo de personas estaba lanzando una moneda, apostando a que no fueran las últimas.

Tomó aire, respirando hondo y alejando su torso de la mesa para apoyarse contra el respaldo de la silla, brazos cruzados enfrente a su ancho pecho. Los ojos oscuros estaban perdidos en algún lugar en el piso cerca del extremo de la mesa de Laith. Arys habría desenfundado su varita contra cualquiera que se atreviera a entrar a su casa, sin alertarlo de que estaban al tanto de esta otra cara de sus actividades, e hiciera tales peticiones. La mayoría gente que trataba con estos temas de traición tenía maneras mucho más sutiles de sugerirlo, pero no todos. Sin embargo, a Laith lo conocía de hace tiempo y ya lo había dejado hablar lo suficiente como para que su preocupación se dirigiera al tema en cuestión. Eran diez. Había sacado a grupos de ese tamaño en algunas ocasiones, decir que la metodología para lograr aquello era complicada debía ser con seguridad el mayor eufemismo en el universo.

Llegaba la hora de responder, y el cazarrecompensas estaba midiendo bien sus palabras antes de dejarlas fluir. Llevó una mano a su bota, de cuyo costado produjo una larga y oscura varita, sin mucha belleza estética que apreciar. — Imperturbate —Murmuró, con un movimiento corto y rápido de su varita apuntando a la puerta del estudio. Había muchos oídos hostiles en Knockturn y, aunque dudaba que alguien sospechara de él en este sentido, no era nada raro que los cazarrecompensas trataran de espiarse y adquirir conocimiento sobre los trabajos de otros.

Diez personas son muchas personas. —Comenzó, el mensaje detrás de sus palabras no era difícil de descifrar. No solo era un buen número, sino que más personas implicaba un mayor margen de error. Se sentía presionado a preguntar más, pero decidió que, si Laith estaba dispuesto a responder por la fiabilidad de esta gente, eran dignas de la poquísima confianza que él podía dar también. — Podría ayudar, sí. Todavía hay maneras de salir de Inglaterra si mueves las cuerdas correctas. Pero necesito saber a quienes estoy moviendo. ¿Están siendo seguidos? —Inquirió, por supuesto se refería a si estaban siendo buscados particularmente. Todos los hijos de muggles corrían peligro y luego estaban aquellos que, por alguna razón u otra, tenían la mala fortuna de ser los objetivos principales de la caza del Ministerio. Aquellos que tenían sus caras imprimidas en carteles por todas partes representaban un desafío mayor que un “impuro” promedio.
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Laith Gauthier el Sáb Mayo 25, 2019 10:51 pm

Laith no se quejó cuando el whiskey se mezcló con el resto del té, tenía cosas más importantes en la cabeza, y así se lo presentó a Arys, explicándole qué era lo que estaba pidiéndole. Había sido rápido, concreto, y sin demasiados detalles, todo en pro de la seguridad de ambos. Saber demasiado era un peligro en el mundo actual. En verdad, el sanador se preocupaba por todo el mundo por igual, Gresham no era una excepción, por más que llegase a tener sus reservas de qué tanto podía confiar en él a veces.

Con todas las cartas sobre la mesa, era momento para él de callarse y escuchar qué era lo que el otro pudiera aportar. O si era momento de sacar la varita en defensa propia. Dirigió una mirada sutil a la puerta que apuntó con la varita, preparándose para una conversación extremadamente delicada, o para atraparlo sin hacer mucho ruido. Era un pesimista y de pensamiento catastrófico, siempre esperaba lo peor.

Para su sorpresa, Arys le contestó afirmativamente. Más bien, mostrándole sus preocupaciones respecto a la cantidad de personas que estaban tratando. Se relajó en el asiento, dando otro trago a la taza de whiskey mientras pensaba en su pregunta, y decidiendo revelar cada carta que había.

Tengo tres que han sido dados por muertos, con ellos podría yo mismo encargarme de sacarlos; cinco tienen diferentes niveles de relevancia, todos con cargos falsos en su nombre y por supuesto están en búsqueda y captura, no hay forma de hacerlos pasar ningún control mágico sin cambiar su apariencia radicalmente y no tengo tiempo de hacer tanta poción multijugos —le explicó rápidamente, sin dar nombres ni detalles. — Los dos restantes son un asunto mucho más delicado, incluso me temo que habría que dejarlos atrás, están en el punto de mira, pretenden buscar apoyo externo, eso por supuesto ya no nos compete a nosotros y no habrá nada que nos incrimine, pero el riesgo de que sean reconocidos se multiplica.

La bondad de Laith también terminaba ahí donde su propio pellejo se ponía en peligro. Siempre lo había pensado: él, como fugitivo, no aportaba absolutamente nada al mundo actual. Dentro del mundo mágico era un sanador que podía responder y curar a quienes peleaban por sus vidas, entregar medicamentos. No era comodidad, sino inteligencia y supervivencia. Y estaba seguro que ningún traidor a la sangre encubierto pensaba distinto a él.

Estoy totalmente dispuesto a meter las manos al fuego y ayudar si vas a aceptar, haré lo que pueda para colaborar y que todo salga bien —le hizo saber. Entendía que su petición podía ser excéntrica, para Arys era un peligro que no tenía por qué correr. Él estaba dispuesto a correrlo así tuviera que hacerlo solo. — Conozco alguien que puede debilitar algún punto de control para comprar tiempo, pero eso no asegura nada.

Arys estaba tanteando las aguas, lo podía notar. Creía conocerlo lo suficiente, porque lo había hecho en el pasado, cuando su petición, aunque siguiendo la línea de los ingredientes, excedía la facilidad de obtención. Por eso es que él mismo se puso como garantía, y le hizo saber cuál podía ser un apoyo al momento de actuar.

Cruzó las piernas, mirando al cazarrecompensas. Su expresión era seria, madura, y profundamente preocupada. — Hay cuatro adultos, tres adolescentes, dos niños y un infante —le habló con su lado más humano. — Me urge sacar ya como mínimo a los menores de inmediato —quizá Gresham no lo supiera, pero Laith era una persona emocional, demasiado para la sociedad actual, y tenía particularmente un punto sensible para los más jóvenes.

Sólo le quedaba esperar que el otro decidiera colaborar, y con ello su ratio de éxito se incrementaría respecto a la probabilidad de que su misión fracasara y todos, él incluido, acabaran entre rejas.
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