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It's a mad, mad world we live in —Lohran Martins.

A. J. Seward el Vie Mayo 24, 2019 9:51 pm

It's a mad, mad world we live in —Lohran Martins. 8peJDOx
Miércoles 22 de mayo del 2019 | Highgate Wood (norte de Londres) | 19:43 pm | Atuendo.



Los radicales contaba con una red de furgonetas repartidas por toda la ciudad, pero las más importantes eran dos de ellas, que conectaban el refugio con el exterior mediante una red flú. Era una manera rápida y segura de desplazarse y precisamente por eso la estaban usando Lohran y AJ, que tenían una misión que cumplir.

Uno de los infiltrados que tenían en el Ministerio les había dado el soplo de que estaban pisándoles los talones a un pequeño grupo de fugitivos, por eso dos compañeros habían salido a buscarlos, queriendo adelantarse  a los movimientos del enemigo. De eso hacía ya tres días. Era plausible que hubiesen tenido algún percance y por eso hubieran demorado más en contactar con el refugio o alguna de las furgonetas, pero después de dos días sin tener noticias de ellos se había decidido que, al día siguiente, saldrían a buscarlos. Y aquel era el trabajo que tenían Lohran y AJ.

El soplo que habían recibido los radicales ubicaba a los fugitivos en Highgate Wood, al norte de Londres, lo que les dejaba con 28 hectáreas de bosque que escudriñar pero al menos sabían por dónde empezar, ya era algo.

Tened cuidado —fue la despedida de Merary, una de las sublíderes de los radicales y que estaba a cargo de aquella furgoneta.

AJ asintió con un simple movimiento de cabeza, no era un hombre de muchas palabras, al menos con quien no tenía confianza. Por suerte su compañero aquella noche no era otro que Lohran, su viejo amigo de Hogwarts, a quien durante muchos años había considerado más un hermano que un amigo y con quien había tenido la suerte de reencontrarse meses atrás. Si su trasero iba a correr peligro prefería tener cerca a Lohran, pues se fiaba de él completamente, no habían sido pocas las veces que habían peleado codo con codo, y aunque ahora las cosas fueran mucho más complicadas que sus batallitas en Hogwarts, AJ seguía confiando en su amigo como en los viejos tiempos.

¡Me cago en la puta! —fue lo primero que exclamó el fugitivo cuando salió de la furgoneta. Parecía que estaba cayendo el diluvio universal sobre Londres, y ahora más concretamente, sobre él.

Le hizo un gesto a Lohran señalando un pequeño lugar en la acera que estaba resguardado por un balcón. Quizá tuviesen suerte y la lluvia no llegaba hasta Highgate Wood, concentrándose solo en la ciudad.

Esto ha empezado realmente bien —ironizó. Se quitó la gorra y se pasó una mano por el pelo ligeramente mojado, ahora mucho más largo de lo que lo había llevado nunca. Cosas de no poder permitirse una peluquería.— Deberíamos buscar un sitio seguro para poder aparecernos cerca del bosque, ¿o te apetece invitarme a un taxi? —comentó con cierta gracia en su tono. Ninguno podía permitirse el lujo y derroche de un taxi, además de ser súper innecesario cuando se podía aparecer.


Última edición por A. J. Seward el Miér Mayo 29, 2019 11:31 am, editado 1 vez
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Lohran Martins el Miér Mayo 29, 2019 2:07 am

Lluvia. Una maldita lluvia torrencial que tan poco frecuentes eran en su Brasil natal, y que tan a menudo sacudían la ciudad de Londres.

Cuando se apearon de la furgoneta, el maldito diluvio universal caía sobre sus cabezas, y pese a que ambos se apresuraron bajo la cornisa de uno de los edificios cercanos, para cuando llegaron los hombros y la capucha de la sudadera de Lohran ya estaban mojados.

El brasileño contempló el pedregoso cielo lleno de nubes de tormenta. Empezaba a oscurecer, y si el clima no mejoraba, aquella noche sería muy fría. Muy fría, y muy larga, teniendo en cuenta lo que se les venía encima.

Lohran quería pensar que aquello saldría bien: si bien se moverían prácticamente a ciegas, también lo harían amparados en la oscuridad, y aquella podía ser su baza. No tenían precisamente un grupo numeroso, siendo únicamente A.J. y él los integrantes, y estaba seguro de que el enemigo—que, si estaban en lo correcto, allí estaría—sería mucho más numeroso.

Sin embargo, si les habían enviado a aquella misión solos era porque confiaban en sus habilidades. Lohran no pretendía defraudar al grupo.

—¿Taxi? ¿Estás de coña, o algo?—Lohran respondió a su amigo, su hermano de otra madre, con un tono de voz jocoso, apartando la vista de las nubes para mirarlo directamente a la cara.—Tengo demasiado caché para ir por ahí en un sucio taxi. ¿Dónde han quedado los tiempos de las limusinas?—Seguramente, en un universo paralelo: Lohran jamás habría podido aspirar a semejante lujo innecesario.

En los labios del brasileño se había formado una sonrisa burlona, pero enseguida la abandonó para dar paso a la seriedad y la concentración: tenían una misión importante entre manos, y no cabía lugar a fallos.

—Busquemos un sitio con algo de privacidad...—Convino el negro, metiéndose ambas manos en los bolsillos de los pantalones y separándose de la pared.—...y esperemos no pillar una maldita pulmonía. Solo jodería...

Aquello sería irónico, cuanto menos: iban a una misión para localizar a sus compañeros perdidos, y volvían a casa con un constipado. Sería la guinda para el pastel que eran sus vidas en los últimos tiempos.

Echaron a caminar, sin más remedio, bajo la lluvia. Lo único bueno de aquel clima era que las calles estaban casi vacías: a excepción de algún que otro viandante bajo su paraguas, o un coche que pasaba con los faros encendidos y una velocidad excesiva sobre los charcos formados en la calzada, Londres parecía una ciudad fantasma.

Pronto dieron con un lugar aceptable: el callejón trasero de lo que en otro tiempo debió ser una hamburguesería. Actualmente, el lugar estaba cerrado y ostentaba un cartel de ‘Se vende o se alquila’ cubierto de polvo, y dicho callejón convertido en un nido de basura y el hogar de una pequeña manada de gatos que huyeron despavoridos al ver llegar a los dos desconocidos.

—No pensaba que fuéramos tan feos, pero si ellos huyen, por algo será.—Se burló Lohran, con el mismo tono cínico que utilizaba siempre.—Este es un buen lugar, supongo. ¿Vamos para allá?

Lohran mentiría si dijese que no estaba nervioso: lo estaba, igual que antes de cualquier misión importante, pero esperaba que las cosas saliesen bien esa vez.

Por lo menos, ahora, ya tenía consigo una varita que le obedecía: la de su hermana, que había recuperado en las mismas vías en que se habían enfrentado a los mortífagos que la habían atrapado, mientras buscaba pistas. La consideraría su amuleto de la suerte…

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Imagíneselo usté negro… y sin gafas.
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A. J. Seward el Lun Jun 03, 2019 12:19 pm

Oh, perdone usted, no sabía que estaba hablando con su majestad la reina —se cachondeó con su amigo y su culo demasiado fino como para ir en taxi. Y todo quedaba en eso, en una broma, porque tal y como estaban las cosas iba a pasar mucho tiempo hasta que pudiesen permitirse coger un taxi, cuanto menos una limusina.

A pesar de estar en confianza y poder permitirse el estar bromeando, el ambiente no era lo que se dice jocoso, no habían quedado para tomar unas cervezas y charlar animadamente, ni tampoco para recrear la escena de bailando bajo la lluvia, aunque pudiera dar esa impresión por el aguacero que caía sobre ellos. No, su cometido era más peligroso que el riesgo a pillar un constipado.

Asintió, empezando a buscar un sitio lo bastante resguardado como para poder aparecerse sin que nadie los viese, claro que había tan poca gente por las calles de Londres que casi podrían haberlo hecho en mitad de la calzada. Casi.

No tardaron demasiado en encontrar un callejón que parecía fiable. Fiable para sus propósitos, claro, porque aquel era el tipo de callejones en los que una madre te advierte que no te metas.

Oye habla por ti, que yo gané el premio a la sonrisa más encantadora —le contestó después de que los gatos huyesen ante la presencia de ambos fugitivos. Era cierto, poco después de que lo nombrasen capitán del Puddlemere United le habían dado aquel dichoso premio, por el que hasta sus hermanos pequeños se había estado metiendo con él durante una buena temporada. Un reconocimiento que no servía para nada más que para echarse unas risas. Claro que, de aquella encantadora sonrisa ya no quedaba nada.

AJ miró de nuevo hacia la entrada del callejón y luego miró hacia arriba, por si acaso había alguna ventana o balcón con alguien asomado. Nada. Era un callejón oscuro, sucio y seguro.

Está bien, vamos —extendió el brazo, tendiéndoselo a su compañero y en cuanto hicieron contacto desaparecieron como si jamás hubiesen estado allí.

En el bosque de Highgate los recibió un viento frío y una lluvia que, comparada con la que caía en la ciudad, apenas era un chispeo. De cualquier modo ya era un caso perdido, en lo que respectaba a AJ sentía hasta sus calcetines empapados.

Hay mucho bosque que recorrer, pero lo mejor será no separarnos. Prefiero tardar más a que nos pillen solos, ¿tú qué piensas? —puede que no encontrasen a nadie, que ya fuera tarde y que sus compañeros no fueran más que un añorado recuerdo, pero también podían encontrarse con los mortífagos, carroñeros o cazarrecompensas que habían ido tras el grupo de fugitivos que originalmente habían ido a ayudar sus compañeros. — Los muggles frecuentarán los caminos, por lo que deberíamos alejarnos de ellos, no creo que se hayan arriesgado a quedarse tan cerca y ser descubiertos.

Miró a su amigo, a ver qué opinaba él, a pesar de ir casi a ciegas debían de tener un plan o serían como ratas en un laberinto.
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Lohran Martins el Sáb Jun 08, 2019 2:17 am

Por muy rotos que pudieran estar por dentro, y por mucho que apenas quedara nada de las personas que habían sido cuando eran apenas unos estudiantes, siempre quedaría en su interior esa pequeña chispa: la chispa de la amistad, de ser casi hermanos, y de estar ahí para apoyarse el uno al otro.

Lohran rió ante la réplica de su amigo, y por mucho que no fuese una de esas risas plenas y libres de toda preocupación, como las de antaño, fue algo. Algo que ayudó a rebajar la tensión de la que podía convertirse en una misión peligrosa.

—Es mi título oficial. No me lo gastes, plebeyo.—Continuó con la broma, divertido a pesar de las circunstancias que les tocaba vivir.

Caminaron por las lluviosas calles de Londres, ciudad sobre la que parecía haber caído la noche de manera prematura, buscando un lugar discreto desde el que desaparecerse. El clima intempestivo les ofreció una cobertura extra: se cruzaron con muy pocos viandantes, apenas dos o tres pobres diablos ingleses que luchaban contra viento, lluvia y sus propios paraguas para llegar a sus casas con un poco de dignidad y, con suerte, mínimamente secos.

Lohran no tendría demasiadas esperanzas de estar en su lugar.

Pasaron totalmente desapercibidos, solo un par de viandantes más que no habían sido previsores y no habían llevado consigo paraguas, y eso hizo sentir más tranquilo a Lohran: quizás estuviesen a punto de dejar atrás a cualquiera que pudiese fijarse en ellos, pero siempre había preferido no llamar la atención. Especialmente desde que su vida misma había sido declarada ilegal.

Encontraron un lugar perfecto para la tarea que pretendían llevar a cabo: un sórdido callejón detrás de una hamburguesería cerrada, lleno de basura y habitado únicamente por una colonia de gatos. Los animales huyeron despavoridos, cediendo momentáneamente su territorio a los dos humanos, y Lohran no pudo evitar bromear al respecto.

—Perdone usted, Miss Londres.—Replicó de manera jocosa Lohran, antes de juzgar que aquel sería un lugar perfecto para desaparecerse.

La misión les esperaba.

***

Aparecerse en el bosque supuso no sólo un cambio de escenario, sino también de clima: la lluvia inclemente que les azotaba fue sustituida por una leve llovizna, mientras que el viento frío les golpeó en la cara en el momento en que sus pies volvieron a tocar el suelo. No fue una sensación agradable, pero acostumbrado como estaba a las frías calles de Londres en invierno, aquello no fue nada. Lo soportaría.

Además, tenían cosas mucho más importantes de las que preocuparse.

—Opino lo mismo: no sabemos lo que nos espera ahí dentro.—Comentó con respecto a lo de permanecer juntos. Ya no tenían ventaja numérica frente a nadie, a no ser que se tratase de una sóla persona, y lo que menos les convenía era ponerse a pasear por el bosque en solitario. Con la posibilidad de perderse, además.—No sé si veremos a muchos muggles por aquí hoy, pero tampoco merece la pena arriesgarnos.—Coincidió Lohran, pensando específicamente en la seguridad de dichos muggles. Ellos no tenían nada que ver con aquello, y lo que menos le apetecía a Lohran era que se viesen en medio de un posible enfrentamiento entre los mortífagos y ellos.—¿Conoces algún camino a través de los árboles? Porque, si te soy sincero, mi sentido de la orientación en medio del bosque es una mierda.

Lohran solía ir a correr a zonas boscosas, mas siempre utilizaba los caminos. Con aquella negrura en el cielo y con su pésimo sentido de la orientación, si él guiaba la marcha, acabarían perdidos.

Solo esperaba que no sucediese lo mismo en caso de que la liderara su amigo.
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A. J. Seward el Vie Jun 21, 2019 6:50 pm

Hacía un frío del carajo pero no les quedaba de otra que apretar los dientes y empezar a recorrer el bosque, buscando a sus compañeros desaparecidos. Sinceramente, AJ no tenía demasiadas esperanzas de encontrarlos, sabía que sería más fácil que se diesen de frente con carroñeros o mortífagos que con los dos radicales extraviados. Si de normal era complicado encontrar a alguien pasadas las cuarenta y ocho horas, lo decían todas las series y películas sobre desaparecidos, en un mundo como el suyo en el que tenían precio por sus cabezas más todavía. Cuando alguien desaparecía solía ser para siempre.

De haber sido cuatro podrían haberse dividido en dos y dos, pero siendo solo Lohran y él lo mejor sería que no se separasen. Los radicales no estaban como para tener más bajas después de lo ocurrido en el Ministerio el pasado verano y por eso los grupos para las misiones solían ser reducidos, a veces podía ser una ventaja pero otras podía jugarles en contra.

Alguna idea tengo —respondió cuando su amigo le preguntó si sabía de algún camino. Por suerte o por desgracia aquel era uno de los bosques que AJ había frecuentado durante sus transformaciones las noches de luna llena.— Pero si me preguntas a mi tu sentido de la orientación es una mierda sea donde sea, no tiene nada que ver con el bosque —se metió un poco con su amigo, porque aunque sus vidas fueran una mierda seguían esforzándose por sonreír.

Lo habían perdido prácticamente todo, pero siempre les quedaría el humor, un humor con sabor amargo pero que ya era algo. Quizá estaban tan jodidos que ya se habían acostumbrado y eran capaces de vivir con ello, o puede que el ser humano fuese capaz de ver los pequeños momentos de alegría aun cuando conscientemente uno pensaba que ya no existían. Fuese como fuese, para AJ era más sencillo bromear y sonreír desde que se había reencontrado con el brasileño y habían recuperado aquella hermandad de los buenos tiempos, y puede que fuera porque después de haberlo perdido todo el saber que contaba con un hombro sobre el que apoyarse era motivo más que suficiente como para hacer el esfuerzo de sonreír.

Hay una cabaña abandonada al sur, podríamos empezar por allí —comentó una vez se internaron entre los árboles y comenzaron la que prometía ser una larga caminata. Allí era donde alguna vez AJ se había refugiado esperando a que saliese el sol y, aunque últimamente prefiriese el bosque prohibido, todavía la recordaba aunque no lo suficiente bien como para aparecerse allí directamente.— Y el sur está… —murmuró más para sí mismo que para Lohran. Se acercó a un tronco y se fijó en el musgo que en él crecía, pues en el lado donde creciera más abundante señalaría el sur.— Para allá —señaló la dirección.

Cualquiera diría que era un entusiasta de la naturaleza, pero nada más lejos de la realidad, todo aquello lo había tenido que aprender a la fuerza, para orientarse si durante alguna caótica noche de transformación perdía su varita.

No es que no me fíe de mí mismo, pero por si acaso —y realizó uno de los encantamientos más básicos de la historia, que se aprendía durante el primer curso en Hogwarts: el bendito Oriéntame, que hacía que la varita apuntase hacia el norte. Que de vueltas daba la vida ya que no habían sido pocas las veces que lo había utilizado y cuando lo aprendió pensó que sería uno de esos hechizos inútiles que jamás volvería a usar.

AJ tenía razón y el sur estaba hacia donde había señalado previamente, pero no se la quiso jugar y acabar más perdidos que un pulpo en un garaje, con el frío que hacía lo que les faltaba sería perderse.

Anda vamos, que no hace falta que te diga lo que se me está congelando —la mano en la que llevaba la varita podría ser un buen ejemplo, o la nariz, pero no se estaba refiriendo a ninguna de esas precisamente.
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Lohran Martins el Jue Jun 27, 2019 12:17 am

A más de uno podía parecerle exagerada aquella afirmación por parte de A.J., pero en honor a la verdad, Lohran era pésimo orientándose: salvo por sus carreras a través de los senderos menos transitados del bosque de Epping y alrededores, Lohran solía tener el sentido de la orientación allí donde la espalda perdía su nombre.

Vamos, en el culo.

Aquello se debía, precisamente, a su lado más urbanita: había vivido tanto tiempo en la hermosa Londres que había perdido toda necesidad de orientación. Sí, quizás hubiera dedicado gran parte de los últimos dos años a moverse por lugares poco transitados, en busca de refugio y con la única intención de sobrevivir. Sin embargo, aquello tenía más de memoria que de orientación propiamente dicha.

—¡Eh, déjate de calumnias!—Protestó en un tono que buscaba parecer serio.—Tú me pones un mapa delante y sé señalar dónde está el norte.—Siguió con la broma de su amigo. Sin aquellos pequeños momentos, terminaría volviéndose totalmente loco… si no lo estaba ya.

Se internaron juntos entre los árboles, A.J. por delante. La lluvia caía inclemente sobre ellos, y el viento los azotaba sin piedad. Pronto estuvieron calados hasta los huesos. Lohran se guardó ambas manos en los bolsillos, intentando evitar que se le congelaran los dedos.

Su amigo sugirió buscar en una cabaña que se encontraba al sur de su posición, que para Lohran era lo mismo que decirle que se encontraba ‘a tomar por culo’: no tenía ni idea de dónde estaba el sur. Por suerte, el bueno de Seward tenía dotes para la orientación, cosas que Lohran solo conocía de oídas o de programas de televisión: averiguó la posición del sur por medio del musgo de los árboles, aunque luego se cerciorase con magia.

—¿Desde cuándo eres Bear Grylls?—Preguntó Lohran, enarcando una ceja, con diversión.—Vamos a buscar esa puta cabaña. Si no les encontramos allí, hacemos una parada. Con esta lluvia y este viento no vamos a ver una mierda.

Se pusieron en marcha, siguiendo tanto al musgo como al hechizo de A.J. En su camino no se encontraron nada más que árboles, oscuridad, y aquel maldito viento racheado que no hacía más que zarandearlos. Lohran caminaba con un brazo en alto, cubriéndose los ojos entrecerrados para protegerlos de la lluvia. Notaba los pantalones empapados del contacto con las briznas de hierba altas, y le daba la sensación de que pesaban diez kilos más de lo normal.

Perfectamente podrían estar siendo acechados por mortífagos o carroñeros, pero dada la poca visibilidad que tenían, habría dado igual: ni ellos los habrían visto, ni sus enemigos a ellos. El bosque era un mar de negrura, y apenas podían ver nada.

Debieron recorrer como medio kilómetro bajo aquellas condiciones tan adversas antes de atisbar la forma del tejado de la cabaña recortándose contra el cielo nocturno que se veía, apenas, a través de las copas de los árboles. Fue entonces cuando Lohran apretó un poco más el paso.

—Supongo que esa es tu cabaña.—Dijo, alzando la voz para hacerse escuchar por encima del rugido del viento.—Si estás como yo, a estas alturas ya debes tenerlo todo congelado. ¡Vamos!

Las prioridades de Lohran habían cambiado: en aquellos momentos, más que encontrar a sus compañeros, necesitaba un fuego y ropa seca. Tal vez aquella cabaña les ofreciera un merecido reposo, y una posibilidad para poner en orden el plan.

O quizás tuvieran muchísima suerte y se encontraran a sus compañeros sanos y salvos jugando al póker allí dentro. Soñar era gratis, ¿no?
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A. J. Seward el Lun Jul 08, 2019 6:50 pm

A pesar de no estar mirándolo en ese momento, AJ notó la actitud desenfadada de su amigo cuando lo comparó con aquel muggle que hacía un famoso programa de supervivencia, pero sabiendo la auténtica razón por la cual él sabía todo eso fue incapaz de corresponderle de la misma manera. En su lugar, simplemente se encogió de hombros, sin mirarlo a la cara, y siguieron su camino a través de la incesante lluvia.

Podría haberle dicho que de pequeño había sido boy scout, lo cual probablemente Lohran se habría tomado a broma, pero AJ no sentía ganas de mentirle a su amigo a la cara. Ya bastante cargaba a sus espaldas para encima añadirle el cargo de mentiroso. Muchas veces había pensado en contarle la verdad al brasileño sobre lo que le había pasado cuatro años atrás, pues si había alguien en quien AJ confiase para compartir su oscuro secreto ese era su mejor amigo, pero nunca encontraba el valor para hacerlo. Tenía más que ver con él mismo y sus propios prejuicios que con el temor a la reacción de Lohran,  pocas personas lo habían juzgado más duramente de lo que lo hacía él mismo.

El camino hasta la cabaña fue más bien una carrera de obstáculos, siendo los principales la lluvia y el viento, pero sin olvidar lo irregular del suelo, las ramas sobresalientes y las rocas, que parecían esperar el momento en que menos visión tenían para aparecer en medio de su camino y hacerlos trastabillar.

Su ropa era ya un caso perdido, totalmente calada; la gorra que había estado usando, ahora la llevaba en la mano después de que casi saliese volando a causa del viento; el pelo largo y  totalmente mojado, como si acabase de salir de la ducha, se le pegaba al rostro; y sentía que había metido los pies en un río, por toda el agua que había en el interior de sus zapatillas. Caminar bajo aquellas condiciones climáticas era cien veces más cansado que de normal, y a punto estaba AJ de mandarlo todo a la mierda y desaparecerse de allí, cuando escuchó la voz de Lohran entre el ruido del viento.

Ahí estaba la condenada cabaña.

Lohran no necesitó decírselo dos veces, AJ apresuró el paso todo lo que el viento y la lluvia le permitieron para llegar cuanto antes a la cabaña.

Cuando llegaron solo hizo falta un simple hechizo para abrir la puerta, que cedió sin mayor complicación. El interior de la cabaña estaba frío y húmedo, haría falta un buen fuego para calentar aquello, pero de eso tendría que encargarse Lohran, pues él era incapaz de conjurar una llama sin entrar en estado catatónico.

Todo lucía exactamente igual que AJ recordaba, salvo con la excepción que había más polvo y más telarañas.

El ex jugador de Quidditch entró en la cabaña y se quedó mirando con aire ausente las marcas que había en las ya de por sí viejas paredes, marcas de garras, de las suyas para ser más exactos. Pero no eran los únicos signos de que allí se había escondido una bestia, también había un sofá que estaba tan roto que el relleno se le salía por varios sitios, un par de sillas destrozadas, y un espejo y varios cuadros hecho añicos. De manera inconsciente se llevó una mano al hombro izquierdo, donde tenía la cicatriz que le había dejado la mordedura del licántropo, y que junto con el resto de marcas que plagaban su torso y espalda, parecían picarle como si quisieran recordarle su verdadera naturaleza.

Fue incapaz de decir nada, todo aquello lo había hecho él, cuando usaba aquella cabaña como refugio en las noches de luna llena. De repente fue como si no sintiese el frío o  la ropa mojada. Un ruido lo sacó de sus oscuros pensamientos, probablemente alguna rata o roedor que también usaba aquella cabaña como refugio.

¿Enciendes tú el fuego? —fueron las primeras palabras que salieron de su boca desde que habían puesto un pie en la cabaña. Por suerte la chimenea estaba intacta.

AJ sacó su varita y se cambió la ropa mojada por otra seca, seguía teniendo frío pero agradeció quitarse el peso muerto que era la ropa totalmente empapada. Sin embargo, aunque la ropa estuviese seca, su cuerpo seguía mojado, y los vaqueros y camiseta empezaron a pegarse a su cuerpo incómodamente mientras iban absorbiendo la humedad de su piel y las gotas que caían de su pelo.

Muy inteligente, AJ. Se maldijo a sí mismo mentalmente.

Se acercó al fuego de la chimenea, sintiendo un escalofrío que nada tenía que ver con el frío, y se quitó la camiseta para dejarla frente al fuego y quedarse él también cerca, buscando calor y secar la humedad de su piel y pelo. En realidad estar tan cerca del fuego hacía que sintiese náuseas y escalofríos, incapaz de olvidar lo que le había ocurrido a su padre, o a él mismo, que todavía tenía las marcas de las quemaduras en la parte baja de su espalda. Pero con el frío que hacía era o eso, o sufrir una hipotermia.
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Lohran Martins el Vie Jul 12, 2019 2:57 am

Cada segundo que pasaba bajo aquella torrencial lluvia, azotado por el viento, Lohran se sentía más y más cerca de perder la razón: el aullido del viento en sus oídos le revolvía las ideas, y la inclemente lluvia hacía el resto. No había que ser un genio y estudiar en la universidad de Harvard para comprender que en aquellas condiciones no iban a encontrar a nadie.

Brevemente, mientras ambos se dirigían a la cabaña, Lohran se preguntó cuál sería el paradero de sus compañeros. A medida que se aproximaba a la pequeña edificación, las esperanzas de que estuvieran allí dentro se desvanecían: ya tendrían que haber visto una columna de humo brotando de la chimenea, o el tenue resplandor de la fogata a través de las ventanas.

Nada más cruzar el umbral de la puerta, quedó claro que allí no había nadie.

El interior estaba vacío, como era evidente. Sin embargo, algo había sucedido allí: esas marcas en los tablones y los muebles, provocadas por lo que parecían las garras de una bestia, y los cuadros hechos pedazos… Lohran no pudo evitar recordar su encuentro con el único licántropo que conocía: Joshua Eckhart, muchacho que se haría tristemente célebre entre los radicales cuando, en menos de un mes, asesinase a Sybella.

Aquel lugar había sido destrozado por un licántropo, y el brasileño enseguida hizo una asociación: buscaban a sus compañeros, quienes posiblemente estarían siendo perseguidos por mortífagos y carroñeros. Y entre las filas de los carroñeros podía encontrarse de todo, incluidos hombres lobo.

¿Sería posible que hubieran acabado así?

—Joder...—Murmuró entre dientes, sin saber si sentirse tranquilo allí dentro. Dio un par de pasos vacilantes hacia el interior, sus ropas goteando y formando un pequeño charco a sus pies.—Parece que aquí ha habido una buena fiesta...

Todavía contrariado por aquella imagen, y sintiendo escalofríos en la espina dorsal que bien podrían ser fruto del frío o de la inquietud, Lohran asintió con la cabeza ante la pregunta de su amigo. Y recuperándose de la sorpresa inicial, se encaminó hacia la chimenea, sacando la varita de su hermana del bolsillo. Con un sencillo giro de muñeca, hizo brotar una pequeña llama, la cual prendió los leños ennegrecidos que descansaban en el brasero. Con otro hechizo, hizo crecer estas llamas, y pronto una cálida luz anaranjada y titilante invadió el interior de la cabaña.

Lohran se desembarazó enseguida de su suéter empapado, quedándose con la camiseta de tirantes que llevaba por debajo. Si bien ésta estaba relativamente seca, algo de la humedad del suéter se había filtrado. No obstante, sería soportable.

Se sentó junto al fuego en compañía de un A.J. a pecho descubierto. Fue entonces cuando reparó en las cicatrices que mostraba su amigo, aunque no dijo nada: tenía otras cosas en mente en ese momento, como podían ser sus compañeros desaparecidos… y lo ocurrido allí dentro, que a la luz del fuego era mucho más impactante, si cabía.

No obstante...

—No hay sangre.—Dijo, la mirada fija en las marcas de la pared más cercana, surcos profundos hechos con lo que parecían garras afiladas como cuchillos.—Al entrar pensé que todo esto podría ser fruto del ataque de unos carroñeros, pero… no hay sangre. No creo que hayan atacado a nadie aquí. Y eso es bueno: quizás nuestros compañeros aún sigan con vida...

Cerca del fuego había un atizador de hierro negro de aspecto antiguo, y Lorhan alargó la mano para cogerlo. Golpeó el fuego con él, haciendo que los pedazos de madera medio quemada se partieran, abriendo las brasas en el proceso. De esta manera, el fuego tuvo más oxígeno y ardió con mayor intensidad.

—¿Dónde te parece que deberíamos buscar? Dudo que sea buena idea seguir esta noche, pero es bueno tener un plan.—Quizás fuera la inquietud que sentía, o quizás fuera el frío, pero a Lohran se le habían quitado las ganas de bromear. Ya no le hacía gracia la situación, y menos si sus compañeros estaban ahí fuera.

Quizás no hubieran sido atacados en aquella cabaña, pero la criatura que había hecho aquellas marcas podía haberlos perseguido a través del bosque. Y de ser así, sin lugar a dudas los habría atrapado. ¿Cómo iban a correr más que un hombre lobo? Su única opción habría sido desaparecerse… y de haberlo hecho, habrían llegado ya al refugio.
Lohran Martins
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A. J. Seward el Miér Ago 28, 2019 11:57 pm

Nada más poner un pie en aquella cabaña la mente de AJ se dirigió hacia sitios muy oscuros, recuerdos de noches salvajes en las que él mismo era su mayor enemigo. El murmullo de Lohran fue como un eco lejano, mientras AJ pasaba una de sus manos por las marcas en la pared y guardaba silencio, hasta podría parecer que trataba de asimilar aquella grotesca escena, pero en realidad estaba tratando de lidiar con sus demonios.

Sí, una buena fiesta —repitió con un tono ausente. Hacía solo unos días que había pasado la luna llena, por lo que la sensación de ser un animal estaba muy presente en AJ.

El crepitar del fuego lo sacó de sus funestos pensamientos, Lohran había encendido el fuego y ahora la estancia se iluminaba con colores anaranjados, dándole un aspecto más inquietante todavía a la cabaña. El calor, sin embargo, era reconfortante después de venir del diluvio que caía fuera, y la piel húmeda y los huesos fríos lo agradecieron.

AJ estaba tenso, con los puños cerrados y haciendo fuerza para mantenerse cerca de las llamas, que tan malos recuerdos le daban, peores incluso que aquella cabaña. Pero la necesidad de entrar en calor era mayor, y la hipotermia algo que preferiría evitarse.

Para él mirar fijamente el fuego era como una tortura y aun así no apartó la vista, sintiendo que una parte de él se merecía aquel sufrimiento.

No, no han sido carroñeros —a pesar de que gran parte de él estuviese lejos de aquel lugar, recordando cosas que preferiría olvidar, las palabras de Lohran le llegaban y contestó de manera ausente, sin siquiera pensar en lo que estaba afirmando.

AJ se apartó del fuego casi de un salto cuando su amigo atizó el fuego para avivar la llama, y su mente, que había estado sumergida en el pasado hasta ese momento, regresó al presente de manera inmediata a causa del miedo, saliendo del letargo en el que se había sumido desde que habían entrado en aquel lugar.

De vuelta en el presente la situación lo golpeó, dándose cuenta de que no tenía respuesta a la pregunta de Lohran. Dio un par de vueltas por la cabaña, como un león enjaulado, pensando en alguna posible solución. La verdad es que estaban jodidos, el temporal fuera no parecía querer amainar pronto y la lluvia y el viento se llevarían cualquier rastro que pudiera haber de sus compañeros. Se pasó la mano por el pelo largo, todavía algo húmedo, mientras suspiraba, realmente exasperado con la situación.

No tengo ni idea —dijo con total sinceridad, y a diferencia de las escuetas palabras que había dicho desde que habían entrado en la cabaña, ahora se notaba que estaba con los cinco sentidos puestos en la conversación. Había vuelto a la realidad, y la realidad al igual que el pasado, apestaba.— Este bosque es inmenso y este temporal… joder. Sinceramente dudo que vayamos a encontrarlos —probablemente fuera por estar en aquella cabaña, pero AJ estaba mucho más negativo que de normal.

Aquello era algo que ya había estado pensando, ¿cómo no pensarlo dada la situación? Ni siquiera en sus mejores tiempos, cuando rebosaba optimismo por los cuatro costados, habría sido tan iluso como para pensar lo contrario. Pero que no había querido decir nada  en voz alta, porque haciéndolo no ayudaba a nadie.

Respiró hondo, buscando un poco de claridad entre tanto pensamiento negativo. Puede que tuviera razón, que no fueran a encontrarlos, pero al menos les debían a sus compañeros el intentarlo, porque si fuera él quien estuviera desaparecido le gustaría que alguien lo buscase.

Lo primero que notó all alejarse del fuego fue que su piel ya estaba seca, pero fría, por lo que se puso de nuevo la camiseta, notando como se le había puesto la piel de gallina.

Vale, a ver, repasemos —dijo en voz alta, dirigiéndose a su amigo.— Hace tres días que vinieron a buscar al grupo de fugitivos del que nos dieron el chivatazo —paró mirando a Lohran, por si se había equivocado en algo que lo corrigiese.— Es entendible que tardasen un día en dar con ellos o en convencerlos de que estarían más seguros en el refugio. Pero tres días es demasiado, estamos de acuerdo en eso, ¿no? —volvió a hacer una breve pausa.— A no ser que tuvieran problemas, en cuyo caso tenemos varias posibilidades. Si se enfrentaron y ganaron deberían de haber vuelto al refugio. Si se enfrentaron y perdieron… bueno, es obvio. ¿Pero y si consiguieron escapar pero no han sido capaces de volver? —cuestionó.— Quizá perdieron las varitas y no han sido capaces de aparecerse, o están heridos. Si ese fuera el caso, ¿qué harías tú?

AJ suspiró, sabiendo que las opciones eran pocas. Si habían perdido las varitas, y además cargaban con algún herido, lo más lógico sería intentar volver a pie hasta una de las furgonetas, pero claro, eso los dejaba en una posición muy vulnerable para desplazarse por el bosque y con la amenaza de volver a ser atacados. Cada vez veía más negro todo el asunto…
A. J. Seward
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Lohran Martins el Dom Sep 01, 2019 11:56 pm

Lohran Martins formuló una hipótesis que le parecía acertada, basada en la mera observación del lugar en que se encontraban, sin intuir siquiera que amigo ya conocía la respuesta a aquel enigma.

Tampoco sospechó nada cuando A.J., con rotundidad, negó que lo sucedido en la cabaña que actualmente les servía de cobijo frente a la tormenta se debiese a un ataque de carroñeros. Supuso que había llegado a la misma conclusión de él, dada la falta de restos de sangre.

Sin embargo, no le pasó por alto que su amigo y compañero de misión se mostraba ausente, como si estuviera perdido en sus propios pensamientos y el presente no importase demasiado. Se imaginó que debía estar dándole vueltas a la misión que les ocupaba, pensando en las posibilidades del paradero de sus compañeros desaparecidos, o urdiendo algún plan para dar con ellos.

Cuando atizó el fuego para avivarlo un poco, su amigo se retiró de un salto, haciendo que Lohran diera un respingo y frunciera el ceño. Fue entonces cuando empezó a preguntarse si su estado actual se debería a la misión… o a algo más.

No obstante, como no sabía exactamente cómo abordar el tema, y tampoco tenía intención de mostrarse paranoico nada más empezar la misión, Lohran optó por preguntar dónde podían empezar a buscar a sus compañeros.

La respuesta de A.J. no pudo ser menos tranquilizadora.

—Ya empezaba a sentirme mal por ser el único que pensara así.—Se sinceró. No era la primera vez que pensaba en la posible fatalidad de aquella misión: quizás dieran con sus compañeros, sí, pero después de todo ese tiempo desaparecidos, no iban a encontrarlos tomándose un whisky y jugando a las cartas en algún bar, ni mucho menos. ¿Cómo era eso que decían en las series de polis? ¿Después de cuarenta y ocho horas, se buscaba un cuerpo? Algo así. Llevaban tres días desaparecidos.—Joder...

En situaciones como aquella, en las que el tiempo no acompañaba y una misión parecía estar a punto de acabar muy mal, resultaba muy sencillo caer en el desespero. Lohran no era la persona más indicada a la que acudir cuando se buscara pensamiento positivo, teniendo en cuenta todo lo que había perdido. Si alguien podía imaginarse lo peor, ese alguien era él.

Y eso mismo estaba haciendo, allí sentado, con los brazos apoyados en las rodillas, mientras contemplaba las danzantes llamas en la chimenea, devorando la leña con la voracidad del mismo tipo de animal que había provocado todos aquellos destrozos en la cabaña.

Los visualizaba muertos, su cadáveres medio enterrados en el lodo, mientras los gusanos devoraban su carne y sus órganos; los visualizaba cautivos, encerrados quizás en la celda contigua a la de su hermana, mientras esperaban su turno para ser cobayas de los mortífagos; los visualizaba padeciendo torturas a manos de aquellos que les habían atrapado, quizás en otra cabaña semejante a aquella, mientras resistían estoicamente en un intento no sólo de proteger a los radicales, sino de proteger la propia integridad de sus recuerdos.

Todos sabían lo que sucedía si hablaban.

Suerte que A.J. optó por alejar todo aquello, por ponerse serios y pensar lo que harían de ahora en adelante, o Lohran habría terminado en una espiral descendente, pensando en todos y cada uno de los peores escenarios posibles.

Escuchó las palabras de A.J. y se quedó en silencio, pensando en cuáles eran sus posibilidades. Lo más evidente era que hubiesen buscado refugio en algún sitio, pero para ello necesitaban triangular la zona: el epicentro, sin duda, sería el refugio de los fugitivos que habían ido a buscar.

—Empezaría buscando el refugio al que vinieron.—Dijo, todavía con aire pensativo.—Es el último lugar en que sabemos que estuvieron, aparte del bosque en sí. Si damos con el refugio, y no están ahí, podemos rastrear el perímetro en busca de pistas. Quizás alguno de ellos nos haya dejado un mensaje o algo por el estilo.—Suspiró, llevándose una mano a la frente, forzando su cerebro, poco acostumbrado a planear y más a ejecutar, a pensar.—Tampoco vendría mal tener un mapa de la zona. Saber qué hay en los alrededores. Si no están en el refugio, estarán escondidos en algún otro sitio.

También había que esperarse lo peor: que los hubieran descubierto y sus perseguidores todavía estuvieran en la zona. De ser así, la cosa iba a complicarse mucho, y no se iban a librar de luchar.

Lohran se puso entonces en pie y se dirigió a la cocina. Una vez allí, comenzó a abrir cajones y rebuscar en ellos. Necesitaban un mapa de la zona con el que poder orientarse un poco. Viendo el estado de abandono general del lugar, no las tenía todas consigo: en los cajones sólo aparecían trastos inútiles, como cubiertos viejos, algún cuaderno, bolígrafos…

—¿Tan difícil es encontrar un puto mapa?—Protestó, cerrando un cajón de golpe. Empezaba a sentirse muy frustrado.
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