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Hatrið mun sigra. —Hellion.

Abigail T. McDowell el Miér Mayo 29, 2019 3:45 am

Hatrið mun sigra. —Hellion.  FPDzhNz
—Martes, 28 de mayo del 2019, 20:24 horas—
Pub 'The Darkest Basement' || Atuendo

Vicki Vale, la diva del cotilleo, había vuelto a dejar su sello inventándose cosas de la Ministra de Magia en aquel asqueroso periódico del corazón. Abigail solía hacer caso omiso a esas cosas y, de hecho, ni se compraba ese tipo de prensa que no aportaba nada en absoluto. Sin embargo, como se hablaba de ella, lo difícil era que alguien no terminase diciéndolo de alguna manera...

Se encontraba en ese momento en compañía del cazarrecompensas Aleister Corven, tratando asuntos profesionales en aquel lugar de confianza, para cuando Mercy, la camarera, le había llevado Corazón de Bruja a Abigail y compañía, diciéndoles que ambos salían como protagonistas de la sección más misteriosa. La pelirroja dejó de lado El Profeta—algo que aportaba mucho más que un mero periódico de cotilleos sin fundamentos—y cogió lo que trajo Mercy en compañía de dos nuevos vasos de whisky. Cuando leyó lo que ponía de McDowell y Corven, escrito por esa tal Vicki Vale, puso los ojos en blancos y se lo pasó a Corven, quién lo leyó de manera desinteresada, por mera curiosidad.

Daba igual con quién se dejase ver Abigail McDowell, que al parecer siempre sería un buen candidato para intentar atrapar su corazón. O algo así decían, como si Abigail tuviese corazón que pudiese ser atrapado. Al menos habían dejado de lado los rumores con respecto a Alexander, su asistente, pues le molestaba especialmente que pudiese asociarse su profesionalidad como Ministra con cualquier tontería que tuviera que ver con el amor o sucedáneos.

Cuando Aleister dejó de leer aquello, Abigail miró el reloj de su muñeca y lo miró:

¿Entonces todo claro? Evidentemente hablaba del tema que les había llevado allí en primera instancia, no de la tontería de Corazón de Bruja, revista que terminó sobre la mesa como posavasos. El cazarrecompensas asintió con la cabeza. No me mandes correspondencia: quedamos aquí en dos días y me cuentas lo que hayas descubierto.

—Que sean cuatro. No acostumbro actuar en un país diferente y sabes que no me gustaría presentarme aquí con las manos vacías. —Cogió entonces su vaso y se bebió todo el contenido de golpe, poniéndose de pie justo después. —Nos vemos pronto.

No hubo ningún tipo de trato de despedida: ni se estrecharon la mano, ni se dieron un beso, ni absolutamente nada. Ambos eran dos personas muy frías y la verdad es que ya eran años de confianza entre ellos. Habían pasado un límite en el que ese tipo de cosas quedaban relegadas a ser totalmente despreciables. Así que Abigail vio cómo se iba de allí hasta la puerta mirándole el buen culo que le hacía esos pantalones. La verdad es que comparado con el culo que tenía sus asistente dejaba mucho que desear: el culo de Alexander era otro nivel.

Cuando Aleister llegó a la puerta dejó pasar al hombre que estaba entrando, que se trataba de Hellion. Abigail había quedado allí con él a las ocho y media, justo después de su cita con Aleister, por lo que el cálculo había sido perfecto.

The Darkest Basement:
Hatrið mun sigra. —Hellion.  Txp5BqO

Aquel lugar se trataba de un pub regentado por una mujer de ideales puristas, probablemente de las pocas mujeres que se llevaban bien con Abigail McDowell, una chica que no solía soportar a otras mujeres. Era un lugar enteramente mágico, sólo para personas de confianza y con entradas ocultas que iban cambiando cada cierto tiempo. Era uno de los pocos lugares en donde una podía tener tranquilidad a la hora de tratar ciertos temas serios pero extraoficiales, ya no como la Ministra, sino sencillamente como Abigail McDowell. Habían muchas cosas que ella quería tratar, pero no quería utilizar el Ministerio de Magia para ello. Por ejemplo casi todos sus tratos con Aleister no tenían nada que ver con el gobierno que llevaba, por lo que intentaba mantenerlo al margen. Ahora mismo todo ‘The Darkest Basement’ estaba bastante vacío, con pocas personas en los diferentes sofás y con una muy tenue música de ambiente.

Se ve, que aún así, la dichosa Vicki Vale, su stalker número uno, parecía tener ojos en todos los lugares del mundo mágico.

Mercy se acercó a Hellion para señalarle en donde se encontraba Abigail, pues había sido previamente avisada que esperaba a otro amigo a las ocho y media. La pelirroja se encontraba en una zona más alta, en donde se encontraban dos sofás de piel blanca de dos asientos cada uno. En medio de ellos había una mesa alargada, en donde había algo para picar y el vaso a medio beber de la chica, así como aquel Corazón de Bruja, destinado a ser posavasos el resto de su vida.

Hellionsaludó a su amigo cuando llegó a su zona, poniéndose en pie para recibirlo de manera conveniente. Había quedado con él por propia petición del hombre, pues le había dicho que necesitaba hablar con ella de ciertos asuntos y teniendo en cuenta que no había asistido a su despacho para ello, suponía que poco tenía que ver con el Ministerio de Magia.

Mercy, por su parte, con su varita retiró los vasos vacíos sobrantes, los cuales salieron levitando hacia la barra.

—Hellion —repitió Mercy desde atrás tras escuchar el nombre del hombre. —¿Qué te pongo? —preguntó antes de irse y no volver a interrumpir.


Mercy Kerr:

Mercy Kerr
30 años Sangre puraAnti-muggles
HumanaCamareraBritánica
HISTORIA Y PERSONALIDAD
Personaje creado por Abigail T. McDowell

Datos:
PB:
NS/NC
ESTADO:
Soltera
TIPS DE LA PERSONALIDAD:
Traviesa, peleona, con muy mala hostia y con gran carácter
DATOS DE INTERÉS:
• Es la pequeña de sus hermanos y nunca ha querido seguir los negocios familiares. Se desvinculó y creó gracias a la fortuna de su familia 'The Darkest Basement', un pub de clase para magos puristas.
• Es anti-muggles, posee la marca tenebrosa y ha perdido la cuenta de las personas a las que ha matado.
• No es cazarrecompensas, pero su local está abierto para todos ellos. Tiene tolerancia cero con las personas con ideales pro-muggles.
• Las cicatrices de su rostro fueron hechas con una daga que estaba maldita, por lo que son cicatrices que no le desaparecen. Nunca cuenta cómo se las hicieron y hace un homenaje al Joker, inventándose cada vez que le preguntan una historia diferente. A Abigail ya le ha contado doce versiones diferentes.
• Tiene sus dos brazos, su pecho y su cuello tatuado. Sin embargo, sus piernas están totalmente vacías.

Relación con mi personaje:
Conoció a Mercy gracias a Nathaniel Kerr, un gran compañero de Hogwarts de Abigail. En un principio la relación entre ambas fue tensa y bastante hostil, hasta que terminaron destensando sus no demasiadas diferencias en la cama. Es una de las pocas mujeres que han sido 'la excepción' para Abigail. Años después Mercy empezó con el proyecto de su pub y cuando Abigail se convirtió en Ministra le ayudó para convertirlo en un lugar seguro en donde los fugitivos no pudieran tener acceso. No la ayudó para que cumpliese su sueño, la ayudó para tener un lugar en el que poder ir tranquilamente a tratar sus propios asuntos sin que nadie atentase contra su vida.

Actualmente Mercy le está muy agradecida, por lo que Abigail tiene todos los permisos y favores que pueda tener una persona en The Darkest Basement. Nunca se han  tratado como amigas convencionales, pero probablemente es lo más cercano que tenga Abigail a una amiga. Mercy profesa gran lealtad a Abigail, considerándola una persona de armas a tomar, por lo que jamás le traicionaría.


Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

T. Hell Drexler el Vie Mayo 31, 2019 11:09 pm

Tres semanas. Llevaba tres semanas con la mosca detrás de la oreja y de un humor de perros, algo que pasaba desapercibido ya que de normal Hell no era una persona demasiado accesible, pero aquello no tenía nada que ver, no, esto iba más allá.

Pocas cosas había que le sentasen peor que saberse traicionado, apuñalado vilmente por la espalda, sobre todo porque eso significaba que había bajado la guardia lo suficiente como para permitirlo. Si ya era poco tolerante con los fallos ajenos, imaginad con los propios.

El pasado octubre él mismo fue al despacho de Abigail a pedirle que el traslado de Garrick Fernsby se hiciese definitivo, por supuesto, en ese entonces ni siquiera sospechaba que el veterano inefable fuese, en realidad, un traidor que ayudaba a los fugitivos del nuevo gobierno. Hacía alrededor de tres semanas que Drexler había notado comportamientos extraños en el americano, al principio lo achacó al estrés, quizá le estaba dando demasiado trabajo, pero cuando se lo comentó, como el jefe atento y benévolo que era, Garrick lo negó abruptamente, asegurando que estaba perfectamente, y terminó de manera muy forzada la conversación. Desde entonces había estado más pendiente, atento a cualquier otro cambio, hasta que un día lo pilló en su despacho, husmeando unos documentos privados que no eran de su incumbencia y que debían de estar en el primer cajón de su escritorio, donde él mismo los había dejado. Fingió no darse cuenta, pero oliéndole ya todo aquello a chamusquina le pidió a un compañero mortífago que le debía un favor que le siguiese la pista, a ver qué podía averiguar. Tardó un poco más de lo esperado, Fernsby se cubría bien las espaldas, pero finalmente lo habían pillado tratando con fugitivos.

Lo que más le molestaba de todo aquel asunto era no haberlo visto venir, quizá porque no había querido verlo. Fernsby le venía muy bien a la hora de tratar con los inefables más inexpertos, tenía experiencia y toda la paciencia que a Drexler le faltaba. De cualquier manera había investigado su expediente antes de pedir él mismo su traslado, y no había visto nada sospechoso, lo que era lógico por otra parte, nadie va exponiendo sus actividades delictivas y menos cuando el gobierno británico era tan tajante con respecto al trato y ayuda a los fugitivos.

En fin, tenía pruebas suficientes para acusarlo oficialmente y dejar que el Wizengamot se encargase, pero en primer lugar, eso no era divertido, y en segundo, era un asunto personal. Quien se la hace a Hellion Drexler, acaba pagando. Por eso había decidido encargarse él mismo del tema, además, hacía bastante que no tenía ninguna misión y, ¿qué mejor ocasión para volver a las andadas que apresar a un traidor que había abusado de su confianza? Lo que le llevó a pensar en cierta pelirroja, con la que había compartido misiones similares con anterioridad, y a quien sabía que debía avisar de lo sucedido con Fernsby, al fin y al cabo era la Ministra de Magia y le había pedido personalmente que realizase el traslado del americano, por lo que también era asunto suyo. Pero, ¿por qué pedir cita con la Ministra un día cualquiera cuando podían retomar viejas costumbres?

Así es como llegamos a este momento, con Hellion entrando al pub conocido como The Darkest Basement donde una atractiva mujer con tatuajes y cicatrices en el rostro lo llevó hasta donde la pelirroja se encontraba.

Abigail —respondió a su saludo de la misma manera, fijándose a su alrededor antes de girarse hacía la mujer que lo había acompañado y que ahora le preguntaba por lo que quería tomar. Miró brevemente la mesa y señalo con un gesto el vaso de whisky que allí había. — Lo mismo.

Se fiaba del gusto de Abigail para el whisky, pues a ambos les gustaba aquella intensa bebida.

¿Te ha podido la vanidad? —le comentó tras tomar asiento, dirigiendo su mirada hacia la revista de cotilleos que descansaba sobre la mesa, con fotos de Abigail y el hombre con el que se había cruzado al entrar.

No tardó en llegar su vaso de whisky y, antes de cogerlo, dejó la carpeta que llevaba consigo encima de la mesa, al lado de la revista.

Iré al grano. Échale un vistazo —comentó con el vaso a unos centímetros de su boca, listo para beber después de decir aquello. Mientras la pelirroja cogía la carpeta, que contenía una serie de fotos de Fernsby junto a fugitivos, siendo la más interesante una en la que aparecía junto a un radical reconocido. — ¿Te suena? Con el pasado ataque salieron nuestras ratas, pero han llegado otras nuevas.

Su tono era afilado, parecía cargado de humor cínico, pero su enfado era palpable.


Atuendo.
T. Hell Drexler
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T. Hell DrexlerTrabajador Ministerio

Abigail T. McDowell el Lun Jun 03, 2019 1:41 am

Mercy recogió las cosas y se fue a la barra de nuevo para ponerle a Hellion su whisky, dejándolos de nuevo solos. A su compañero no le pasó desapercibido el hecho de que la Ministra de Magia tuviera el Corazón de Bruja en su mesa, una revista que no iba para nada con ella. Lo más gracioso, además, es que en la página que estaba abierta se veía una fotografía en movimiento de típico paparazzi, en donde Abigail se veía caminando por la calle con Aleister. En ningún mundo se podría considerar que dicho caminar separado y serio denotaría algún resquicio amoroso.

Abigail tenía por norma hacer explotar las cámaras fotográficas de todos los fotógrafos que veía en su vida, pero precisamente a ese no lo vio. Habían adoptado una nueva forma de ocultación contra la Ministra de Magia por el bien de sus pertenencias.

Mercy ha considerado que debo enterarme de todos los rumores que se inventan sobre mí. Al decirlo, apuntó con la cabeza a la camarera. Y es que si no llega a ser por ella, no sabría lo que la gente se inventa por ahí. Al parecer tengo un romance y yo no me había enterado.

Entonces cogió la carpeta que le ofreció Hellion, se cruzó de piernas y la abrió, ojeando el interior. Habían algunos documentos, pero sólo le hizo falta ver las imágenes que estaba sujetas con un clip. La mayoría eran estáticas y se podían ver a Garrick Fernsby, el mismo tipo que al que Abigail había hecho posible su traslado, en compañía de radicales que la pelirroja reconocía perfectamente. Frunció el ceño, pues, hasta dónde ella sabía, Garrick Fernsby todavía seguía trabajando en el Ministerio de Magia.

¿Y esto desde cuándo lo sabes?Lo miró, con el ceño fruncido. Éste tío debería estar ya en Azkaban por traición. ¿Por qué no has ido a apresarlo en el mismo Ministerio de Magia?Sonó un tanto 'enfadada' pues odiaba los traidores y no quería que pasasen ni un segundo de más en el Ministerio de Magia de poder evitarse.

Por desgracia, al ser estadounidense y tener una alianza—y sobre todo 'buen trato'—con ellos, el Ministerio Británico no podía juzgar a dicha persona de manera oficial a muerte. En realidad poder podía, pero era un gesto feo políticamente y probablemente el país pidiese algún tipo de absolución. Quizás Drexler era consciente de esto y precisamente no quería regalarle a Fernsby la oportunidad de librarse de un castigo pertinente que, en ocasiones, termina con la muerte.

Abigail siempre había sido de tomarse la justicia por su propia mano, hasta que se convirtió en la cara de un gobierno que pretende ser justo, pese a que tuviese unos ideales muy extremos.

¿No quieres que Wizengamot te quite el gusto de juzgarlo por tu propia mano?Enarcó una ceja, mirándole con cierta picardía. Como Ministra de Magia debería disuadirte de tal acción irresponsable en contra de la ley que yo misma defiendo, como tu amiga no permitiría que nadie te quitase el honor de matar a ese cabrón que ha jugado con tu confianza.

Sinceramente, Abigail tampoco acudiría a Wizengamot si era algo personal. Siempre había sido una mujer muy rencorosa y vengativa y si bien era una persona que confiaba poco en la gente, no toleraba el más mínimo atisbo de deslealtad. Ella no daba correctivos ni segundas oportunidades, por lo que el más mínimo resquicio de traición se pagaba con que Abigail te castigase y te sacase de su vida. Es por eso que entendía a Hellion y en ese momento era muy consciente de que no debía de verlo con la responsabilidad que ostenta el rol de Ministra de Magia.
Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

T. Hell Drexler el Vie Jun 07, 2019 10:29 pm

Oh, enhorabuena entonces, espero que duréis más que el último rumor de novio que tuviste —dijo con cierta sorna. ¿Quién podía tomarse en serio lo que escribían en Corazón de Bruja? Básicamente vivían de especulaciones, noticias falsas y rumores. Todo muy confiable, nótese la ironía.

Quizá en otro momento Hell habría aprovechado para burlarse un poco más de la vida amorosa que la revista siempre se empeñaba en darle a Abigail, pero no estaba de humor para ello.

Hellion se dedicó a mirar y a darle vueltas al contenido de su vaso, como si se aburriera y el whisky fuera lo más interesante en aquel lugar para distraerse, mientras Abi inspeccionaba los documentos que acababa de darle y que demostraban la traición de Fernsby, con nada más y nada menos que con los radicales. Por supuesto, el mortífago no estaba aburrido en lo absoluto, más bien podría decirse que aquella aparente y frágil indiferencia que estaba mostrando era solamente la calma que precede a la tempestad.

No tuvo que esperar demasiado por la reacción de la pelirroja, que no tardó en entender de qué iba todo aquello.

Se encogió de hombros y, sin perder su fachada desinteresada y calmada, contestó.

Lo llevo sospechando desde hace tres semanas, puede que un poco más. Pero no tuve la confirmación hasta hace tres días.

¿Qué por qué no lo había detenido en el Ministerio? Drexler alzó ambas cejas cuando la escuchó decirle aquello, pero no fue un gesto de sorpresa, sino más bien uno que decía sin palabras que aquella no había sido su intención ni por un segundo.

A buen entendedor pocas palabras bastan y otra cosa no, pero Abigail y él habían aprendido a entenderse casi a la perfección con el pasar de los años. Aquella no fue la excepción y la pelirroja pareció captar el mensaje sin necesidad de decirle nada. Efectivamente, tal y como ella estaba diciendo, no quería que el Wizengamot le quitase el placer de impartir su propia justicia, pero había algo más. Algo que bajo ningún concepto permitiría que ocurriese.

Él no lo sabía, pero los pensamientos de Abi y los suyos iban por el mismo camino.

No es solo eso. Si fuera británico podría entregarlo al Wizengamot con la seguridad de que pasaría el resto de su miserable vida en el Área-M, y podría conformarme con las oportunidades que ello me brindaría —se refería, evidentemente, al hecho de que él, como inefable, podía acceder a dicha área para probar sus experimentos directamente sobre los presos. Experimentos nada agradables.— Pero no es británico. Hay posibilidades de que el MACUSA, en favor de mantener la buena relación que han establecido con nosotros, nos dejase juzgarlo bajo nuestras propias condiciones. Pero hay casi las mismas posibilidades de que pidan su extradición para juzgarlo según ellos crean conveniente y consiga irse de rositas —relató con calma, como si todo aquel asunto no le molestase cuando en realidad tenía ganas de esparcir las vísceras de Fernsby por toda la maldita ciudad. Raras veces Hell hablaba de algo que no sabía, y aquella vez no estaba siendo diferente, sabía perfectamente lo que estaba diciendo.— ¿Recuerdas cuando te dije que nunca me había interesado pedir la doble nacionalidad? Bueno, pues en parte fue cierto lo que te dije, pero había algo más. Durante años ser mortífago se castigaba con cadena perpetua en Azkaban, si me daban la doble nacionalidad le daba carta blanca al gobierno británico para juzgarme, pero siendo estadounidense las cosas cambiaban. No pienso arriesgarme a que Fernsby se me escape.

Aquel era la quid de la cuestión. Garrick Fernsby se la había jugado y él, como la persona vengativa y rencorosa que era, quería cobrarse tal afrenta contra su confianza. Le daba igual el modo, siempre y cuando pudiera echarle el guante, pero hacerlo por lo legal le dejaba un margen para poder librarse y eso no pensaba permitirlo. Por lo que tendría que tomarse la justicia por su mano, algo que no es que le molestase precisamente.

Lo sé, por eso te pedí reunirnos fuera del Ministerio —señaló cuando Abi le mostró su apoyo como amiga, pero desaprobación como Ministra de Magia.— No me interesa la opinión de la Ministra McDowell, he venido por el apoyo de Abigail, la mortífaga que no he sido capaz de quitarme de encima ni con agua caliente. Podría hacerlo yo solo, pero… —y entonces esbozó una sonrisa que no tenía nada de la calma que estaba demostrando hasta el momento, sino que reflejaba a la perfección las ganas de sangre que tenía.— He pensado que sería más divertido hacerlo juntos.

Le dio un trago al whisky, clavando su mirada en la pelirroja, esperando por su reacción.

¿Qué me dices?
T. Hell Drexler
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T. Hell DrexlerTrabajador Ministerio

Abigail T. McDowell el Jue Jun 13, 2019 12:58 am

Había una parte de ella que de verdad que no entendía cómo es que en el Ministerio de Magia se podían colar tantos traidores después de todas las medidas que habían adoptado al respecto. ¿Es que eran unos perfectos mentirosos que conseguían colarse ya siéndolos, o personas que se habían corrompido una vez en el interior? En esa situación era muy complicado llegar a confiar en nadie, pues cualquiera podría llegar a apuñalarte por la espalda, así como Abigail había hecho con Milkovich. Ella misma era su mejor ejemplo de que habían personas muy zorras detrás de una buena fachada, por eso sólo se había acogido a aquello que podía controlar o que sabía leer.

Y precisamente el hombre que tenía delante lo sabía leer, pues se conocían desde hacía mucho tiempo. Quizás por eso también había llegado a la misma conclusión que él antes de que él mismo se lo dijera.

La verdad es que le sorprendió que en su momento, cuando hablaron de la nacionalidad de Drexler, Abigail no hubiese caído en ese detalle político tan importante. Siendo mortífagos antes del cambio de gobierno uno se arriesgaba o bien a morir, o bien a poner a prueba tu cordura en Azkaban durante el tiempo que te quedase de vida, mientras que el listo de Hellion tenía una puerta abierta para una segunda oportunidad. La pelirroja sonrió, dándole el crédito que merecía.

Bien jugado le reconoció. No caí en su momento en la ventaja que te otorgaba seguir siendo exclusivamente estadounidense.

Y lo entendía a la perfección, pues la propia pelirroja tendría un sentimiento similar si hubiesen sido a ella a quién se la hubieran jugado así. Confiar en alguien actualmente era un deporte de riesgo, por lo que el hecho de hacerlo y sentir la traición solía ser peor incluso que descubrir de primera mano que se trataba de un enemigo. Y por norma general enfadar a un mortífago, una persona que se ha acostumbrado a matar y a hacer daño casi por placer, era definitivamente una mala idea.

Así que en ese momento dejó de ser la Ministra de Magia y contestó solo como Abigail McDowell, la misma mujer con la que había compartido la toma del Ministerio de Magia sin que le importase nada más que el poder y su bando.

Te digo que Fernsby deseará haberse quedado en Estados Unidos.

No era muy fan del gobierno estadounidense ni de los grandes peces del MACUSA. Había ido ‘recientemente’ junto a Alexander para una cumbre política y había salido muy decepcionada por la altanería y la soberbia, poco profesional, del presidente. Nada de lo que había visto le gustaba, por lo que realmente no tenía ningún tipo de deber personal con ellos.

Así que volvió a mirar la carpeta que le había entregado, haciéndose un poco más a lo que había escrito allí. Tenía relación con fugitivos que habían sido reconocidos como radicales, por lo que el traidor ahora también servía como herramienta.

¿Y cuál es tu plan? preguntó, curiosa. Entiendo que tendrás ganas de reventar su cabeza contra el bordillo, pero teniendo en cuenta su relación con los radicales quizás deberíamos ser más sosegados para ver si podemos encontrar algo en relación con ellos. Quizás pueda llevarnos a algún escondite, o frente a alguien de quién podamos aprovecharnos.

En su mente había dejado de pensar como la ministra y sólo pensaba en la mejor manera de matar a dos pájaros de un tiro y de utilizar al traidor como caballo de Troya sin que él mismo fuera consciente. Pese a todo, la prioridad de Abigail tanto como ministra como mortífaga era acabar con la resistencia que quería ver caer el gobierno, por lo que no podía evitar buscar la parte más útil de todo aquello.

Ya sabes que tengo algo personal que quiero resolver con los radicales. No puedo dejar pasar la oportunidad si la tengo delante. Mostró una sonrisa un tanto falsa. La verdad es que si bien cuando Abigail era mortifaga no había tenido especialmente odio personal por nadie, la cosa había cambiado radicalmente desde que esa nueva organización había aparecido, atentando contra su vida tantas veces y dejándola, otras tantas, pendiendo de un hilo. Estaba siendo, sin duda, el peor enemigo que había tenido hasta el momento y eso que todavía no había pasado lo peor.
Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

T. Hell Drexler el Miér Jun 26, 2019 8:28 pm

Hellion no era de quitarse méritos, la falsa modestia no iba con él, y sabía que el conservar su nacionalidad había sido un movimiento inteligente, pero tampoco se recreó mucho en el reconocimiento que le otorgó Abi por ello. No estaba de humor para alardes y había cosas más importantes que tratar, como qué iban a hacer con Fernsby ahora que su traición estaba más que clara.

Todavía no entendía cómo había gente que, como Fernsby, decidía jugársela de esa manera poniendo su vida en riesgo por una panda de ratas sangre sucia. Para él lo más inteligente era adherirse al bando ganador, que claramente, era el suyo. Lord Voldemort había demostrado con creces ostentar el poder absoluto del mundo mágico británico, y los que no daban un duro porque mantuviesen el poder tras el golpe al Ministerio habían tenido que tragarse sus palabras, pues no solo seguían en el poder dos años después sino que también contaban con el apoyo de otros países. En definitiva, traía más beneficios acatar el nuevo régimen que ellos habían impuesto, que revelarse absurdamente. Pero el mundo estaba llenos de necios.

Asintió, complacido, cuando Abigail afirmó que Fernsby desearía haberse quedado en Estados Unidos.

Observó como la pelirroja volvía a examinar los documentos que le había entregado previamente, con más detenimiento esta vez. Era como si pudiera escuchar los engranajes de la cabeza de Abigail ponerse a funcionar mientras repasaba las pruebas de la traición de Fernsby.

El bordillo o cualquier otra superficie disponible, no soy fetichista en ese aspecto —corroboró las palabras de su compañera. Drexler puso un gesto de desagrado cuando Abigail recomendó actuar con paciencia, aunque no lo pilló desprevenido, él también lo había pensado.— Mi primer plan era el de sacarle las vísceras por la boca, pero por suerte suelo pensar antes de actuar —la calma con la que hablaba era significativa de que algo iba muy mal. Hell no solía dejarse llevar por la ira, al contrario, cuanto más enfadado estaba más tranquilo se mostraba. Pobre del desgraciado de Fernsby.— Por mucho que disfrutase ciñiéndome a mi primer plan, y por mucho que me disguste el darte la razón, la verdad es que yo también lo he pensado —reconoció.— Por lo que he podido ver Fernsby es un hombre con una vida apasionante —su voz era toda ironía en ese momento.— Todos los fines de semana, a la misma hora, saca a pasear a su perro por el mismo parque, va a la misma cafetería donde lee el periódico y hace recados en el callejón Diagón. Por ese orden —detalló lo que podía leerse en las hojas que había dentro de la carpeta. Cuando Hell había pedido que investigasen a Fernsby no solo había pedido evidencias de su traición, sino también costumbres, horarios, sitios que frecuentase, etc.  Estaba bastante seguro de que el inefable estadounidense ocultaba algo, por lo que quería toda la información que le pudiese ser de utilidad.—  Mi sugerencia es sacar provecho de su rutina, interceptarlo durante algún momento de la misma, y llevárnoslo a nuestro terreno, quizá alguno de los pisos francos, donde estaremos más tranquilos y seguros para poder dedicarle tiempo a hurgar en esa cabecita suya. No sabemos donde se reúne con los radicales o si oculta algo más, por lo que irrumpir en su casa no es una opción.

Los pisos francos de Manchester no les eran desconocidos a ninguno. Su primera misión en conjunto, cuando Abigail todavía era la molesta e irritante pupila de Jeffrey, los había llevado a visitar alguno de ellos, buscando a dos mortífagos traidores. Desde que habían conseguido el poder estaban mayoritariamente en desuso, pero para aquella ocasión eran una buena opción, allí no se expondrían a interrupciones de ningún tipo.

Hellion le dio un último trago al whisky, acabándolo.

Puedes estar tranquila, por mucho que quiera echarle el guante todavía pienso con la cabeza —le dijo respecto a la oportunidad que, como bien había dicho ella, tenían delante.— A mi también me gustaría ajustar cuentas con los radicales, todavía no he olvidado lo del ataque al Ministerio —y los cuatro días que había pasado ingresado después tampoco los había olvidado.— Es innegable que tú tendrás más rencillas con ellos, es el precio de ser la cara visible de este gobierno, pero estamos en el mismo barco. Dejaremos a Fernsby con vida hasta que le hayamos sacado todo lo que nos interese.

Drexler no olvidaba que había mordido el polvo el pasado junio, y a pocos días del aniversario de aquel evento, no podía evitar pensar en las ventajas de la información que podían obtener de Fernsby, por más que quisiera darle su merecido por haber traicionado su confianza. Sabía que el interés de Abigail era todavía mayor, como ya había dicho, al ser la cara visible del gobierno había sufrido numerosos atentados contra su persona y si él tenía algo personal con Garrick Fernsby, Abigail lo tenía con todos los radicales.

¿Algo que añadir u objetar al plan? —cuestionó. Ya que había accedido a hacer aquello con él, lo lógico era que estuvieran ambos de acuerdo.— Estoy abierto a sugerencias, pero no te lo tomes como una costumbre.
T. Hell Drexler
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T. Hell DrexlerTrabajador Ministerio

Abigail T. McDowell el Dom Jun 30, 2019 6:01 am

Si bien el último ataque que hubo al Ministerio fue realmente devastador, al estar Abigail en la última planta y bien protegida, no recibió demasiado daño, sino más bien un susto. Era cierto que en aquel momento podría haber muerto, pero la pelirroja tenía bien claro que si había soluciones, las iba a coger por muy poco morales que éstas fuesen. A ella esas cosas le daban igual con tal de sobrevivir, pues pocas cosas habían más importante que su propia supervivencia. La verdad que el ataque que más le había afectado a ella fue el del mundial de quidditch, pues no solo había afectado a nivel físico y emocional en la pelirroja, sino también a nivel profesional y político. Había sido un desastre por todos lados y, a día de hoy, seguían habiendo secuelas que eran imposibles de borrar. La cicatriz que tenía en el bajo vientre hablaba por sí sola.

Un hombre cargado de emociones fuertes ironizó entonces cuando mencionó la rutina que tenía Fernsby.

Asintió a su idea sobre cómo abordar al traidor, asumiendo que si lo era, probablemente su casa fuese conocida por los fugitivos y pudiese tener ayuda de ellos en el caso de verse en problemas. Hacía años que no pisaba uno de esos pisos francos de los que hablaba Hell, pero era consciente de que muchos de ellos seguían estando habilitados y precisamente dos mortifagos veteranos como ellos podían acceder a dichos pisos en cualquier momento.

Algunasmatizó cuando dijo que tendría algunas rencillas con ellos.

La verdad es que Hellion quizás no sabía dichas rencillas del pasado de Abigail, pero era la misma pelirroja que no imaginaba lo que estaba por pasarle en un futuro no tan lejano. Soltó aire entonces cuando le preguntó por si quería añadir u objetar algo, no sorprendiéndose en absoluto pese a su siguiente añadido. Hacía tiempo que Drexler la veía como un igual y no como una niñata aspirante con sobrante de ego y si estaba frente a ella era precisamente porque sabía que, pese a ser más joven, tenía más de lo que una necesitaba para ir con todo por delante.

Lo mejor es atraparlo en el Callejón Diagón. Es la zona mágica y nos aseguraremos de que no pueda haber ningún fugitivo por la zona que pueda ayudarlo o que esté vigilándolo. —Hizo una pausa, manteniendo el informe de Fernsby sobre su regazo. Lo único es que al ser zona mágica nos libramos de la posibilidad de que los fugitivos metan las narices, pero nos arriesgamos a ser vistos por magos. Y no quiero que haya sospecha ninguna de que hemos ido a por él de manera consciente para tomar la justicia por nuestra propia mano. Y no pensaba correr ese riesgo, porque no pretendía poner en peligro el hecho de que quedase en evidencia su juicio como Ministra y éste se viese pendiendo de un hilo.Un Imperio en el momento adecuado conseguirá hacerlo venir hacia nosotros sin que tengamos que exponernos. Sólo hay que desviar la atención para que nadie se de cuenta de que sacas la varita y lo maldices.

Y en ese momento lo miró con sendas cejas alzadas, quizás de manera un poco pícara.

Tú encárgate de hacerle ir a un lugar en donde podamos cogerle. Yo me encargo de desviar la atención y darte vía libre.


Al día siguiente

El plan en realidad era sencillo.

Todo partía de ir por separado, a la hora establecida, al Callejón Diagón. La idea era hacer que los tres se encontrasen en el mismo lugar y ya de por sí, Abigail hacía de distracción andante allí por donde pasease si dicha zona era un lugar mágico, pues su rostro había adquirido una grandísima importancia. La pelirroja no tenía intención de mantener ningún tipo de contacto con Fernsby, sino pasar de largo hacia Drexler como si hubiera quedado con él y continuar el camino, no sin antes llamar suficientemente la atención de muchos en mitad del paseo del callejón.

Llegó al otro lado del paseo, encontrándose a Hellion apoyado en la pared que daba hacia el Caldero Chorreante. Ella iba vestida con una falda de tubo ajustada por encima de la rodilla, una camisa blanca holgada que dejaba deducir el sujetador de encaje que tenía debajo, así como unos tacones de aguja bastante altos. Antes de dirigirle la palabra a su compañero, vio como Fernsby había cogido un rumbo fijo, pasando de largo de todo, casi de manera ausente. Al volver a mirar a Hell, curvó una sonrisa perversa, acercándose a su oído.

Vamos a por ese cabrónLe susurró y siguió de largo, a lo que los ladrillos del Caldero Chorreante se abrieron ante ellos.

La coartada era perfecta siempre y cuando no la cagasen, pues al fin y al cabo, habían testigos que habían visto como McDowell y Drexler se iban juntos en una dirección, mientras Fernsby se perdía en la contraria.
Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

T. Hell Drexler el Vie Jul 19, 2019 1:09 pm



Hellion no tuvo más que añadir al plan, estando conforme con lo que Abigail había propuesto. El callejón Diagón era la opción más segura en cuanto a fugitivos se refiere, y el problema de quedar a la vista pública parecía no ser un problema en realidad, al menos por el tono confiado con el que la pelirroja aseguraba que ella le daría la cobertura necesaria para que él pudiese lanzarle a Fernsby la maldición Imperio.

Bien. Ya tenían un plan bien ideado, nada complicado a decir verdad, pero en muchas ocasiones los mejores planes eran los más sencillos.

Al día siguiente, tal y como Abigail había dicho, su mera presencia bastó para que los murmullos y cuchicheos se adueñasen del callejón Diagón, incluso algunos magos y brujas salieron de las tiendas, dejando sus respectivas compras, para ver a la Ministra paseando por el paseo comercial. Drexler esbozó una ligera sonrisa al ver la expectación que causaba la pelirroja, pero dicha sonrisa se ensanchó cuando vio aparecer a Fernsby en su campo de visión.

Era como si los tres lo hubieran ensayado, aunque nada más lejos de la realidad, el plan estaba hecho hacía menos de veinticuatro horas.

Para cuando Fernsby se dio cuenta de la presencia de su jefe a su lado ya fue demasiado tarde, la maldición Imperio lo convirtió en un títere sin capacidad de expresarse o voluntad propia, pero totalmente dispuesto a cumplir la de Hellion, fuera la que fuera.

Tenía que encargarse de hacerlo ir a un lugar donde pudieran cogerlo, y eso fue lo que hizo. ¿Dónde lo mandó? Al cementerio de Highgate. Un poco cliché, tal vez, pero aquel gran cementerio tenía un buen montón de tumbas abandonadas y pasillos enteros de criptas que a ellos, en esa ocasión, les iban a venir muy bien. De todos modos no podían quedarse en el Londres mágico, Abigail llamaba la atención lo suficiente como para que siempre hubiera como mínimo un par de ojos sobre ellos.

Mientras Fernsby se alejaba, con la orden de Drexler en la cabeza, Abigail caminaba hacia él con una malévola sonrisa en el rostro. La postura del inefable, relajado y apoyado contra la pared, era signo suficiente de que todo había salido a pedir de boca.

Hell sonrió de la misma manera cuando la Abi se acercó para susurrarle al oído.

Las damas primero —habló Drexler sin perder aquella ladina sonrisa, haciendo un galante gesto para que la pelirroja pasase la primera a través de la pared de ladrillos.

Lamentablemente no tenían demasiado tiempo para tomarse un whisky en el Caldero Chorreante antes de aparecerse en el cementerio para esperar a Fernsby, pero quizá cuando acabasen con él pudiesen brindar con la satisfacción que da el haberle dado su merecido a un sucio traidor.

Cuando acabemos te invito a un whisky.



El cementerio de Highgate estaba abierto al público hasta las cinco de la tarde, hora a partir de la cual decidieron aparecerse allí, para asegurarse ninguna intromisión muggle. Huelga decir que cuando se tiene varita una puerta cerrada no es impedimento alguno, por muy grande que esta sea, y la de aquel cementerio no fue una excepción para ambos mortífagos, que entraron en el lugar como si tuvieran la llave.

Highgate Cemetery estaba desierto, silencioso a más no poder y con un toque de lo más lúgubre que habría puesto los pelos de punta a cualquiera. Todavía era pronto para que anocheciera, pero cuando se metieron por un camino de frondosos árboles y tumbas abandonadas, la luz empezó a escasear. No obstante no tardaron en dar con las escaleras que bajaban al pasillo de criptas en las que debían esperar a Fernsby, más concretamente en la séptima por la izquierda.

Le dije que diera unas cuantas vueltas antes de aparecerse aquí, que se asegurase que no lo seguía nadie —se apoyó contra la pared aquella cripta y se cruzó de brazos, dispuesto a esperar.— No debería tardar demasiado. Odio que me hagan esperar. Aunque, bueno, puestos a esperar es mejor hacerlo con buena compañía —comentó dándole una mirada pícara a la pelirroja.— Menuda suerte la tuya que yo esté aquí.

Diez minutos más tarde, por el mismo camino que habían llegado ellos, apareció el susodicho.

Vaya, vaya —se mostró complacido al verlo, regodeándose un poco en lo que todavía estaba por pasar.— Te ha tomado más de lo que esperaba, ¿te has asegurado que nadie te seguía?

Sí.

Bien —asintió conforme, acercándose con un par de pasos hasta donde estaba Fernsby.— ¿Tú qué opinas, Abi? Míralo, con esta cara de patán casi cuesta creer que tenga los cojones para traicionarnos —las palabras de Hell destilaban veneno.

Le dio una mirada significativa a la pelirroja para que se marcharan de allí. Todo había salido según el plan.
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Abigail T. McDowell el Lun Jul 29, 2019 11:22 pm

Terminar en el cementerio no estaba ‘dentro del plan’ común, sino que era cosa de Hellion, por lo que a la pelirroja le sorprendió que eligiese ese lugar como punto de reunión con Fernsby. Quizás era un poco oscuro, pero siempre le había gustado la estética de los cementerios, sobre todo de las criptas y de las estatuas, tan siniestras y ‘normalizadas’ en ese tipo de lugares. No pudo evitar pensar mientras bajaban a aquella cripta y al ver a Hellion apoyado en aquella pared que si bien siempre había tenido una amplia variedad en cuanto a sitios en donde tener sexo, jamás lo había hecho en un cementerio, mucho menos en el interior de una cripta. Le daba morbo el simple hecho de profanar a los muertos de aquella manera, o de romper el silencio del descanso de los fallecidos con los gemidos de placer...

Mientras su compañero evidenciaba el ego que parecía abrazarle en todo momento, Abigail pasaba una de sus manos lentamente por la fría piedra de las tumbas.

Qué suerte la mía tenerte a mi lado le respondió, clavando la mirada en él. ¿Y qué vas a hacer para hacerme la espera más agradable?

Había sonado de manera sugerente, pese a que era bien consciente de que no era momento ni situación para seducir a nadie. Sin embargo, era Hellion, por lo que cualquier situación era propicia para sonar como si quisiera llegar a la cama con él, algo que con el paso del tiempo había acabado sucediendo.


***

Diez minutos después, Fernsby hizo acto de aparición y Drexler tenía razón en lo que decía: era un tipo que no parecía tener lo que había que tener para tomar una iniciativa así. ¿Irse a trabajar a un país en donde había un gobierno poderoso y cruel y tener los santos cojones de traicionarlo? No, definitivamente Fernsby no parecía ser de esos. No parecía ser así de estúpido.

Te veo allí.

La pelirroja se desapareció, apareciendo en la habitación vacía de uno de los pisos francos que los mortifagos habían utilizado desde hacía ya muchos años. La habitación tenía solo una silla de hierro en mitad de la estancia, cuyos suelos estaban bañados de una gruesa capa de polvo, así como las ventanas selladas con unas cortinas oscuras que no dejaban pasar ni un rayito de luz del exterior. Sacó su varita en ese momento para apuntar a las paredes en donde habían unas antorchas, las cuales encendió. La casa en la que se encontraban ahora mismo era muy antigua, por lo que al estar abandonada ya no tenía electricidad.

Drexler apareció con Fernsby en cuestión de segundos y cuando su compañero soltó al traidor, fue Abigail quién lo sentó en la silla con un movimiento de su varita, aprovechando para quitarle el efecto del imperius que todavía tenía. Poco a poco la varita del hombre salió de su bolsillo, en dirección a la pelirroja.

No necesitaban eso para conseguir información, sería demasiado fácil y patético. Estaban allí no solo para buscar información, algo que podía conseguir Abigail fácilmente metiéndose en su mente al final, cuando todavía no hubiese rozado la fina línea entre la vida y la muerte, sino que estaban allí para castigarlo. No iba a ser una tortura para buscar en él algo, sino más bien para darle una lección.

Había una gran diferencia entre una cosa y otra: había mortifagos que se excusaban en que sólo hacían daño si era necesario, si con eso conseguían algún propósito, la búsqueda de información o la respuesta a algo, pero la verdad es que Abigail no era de esas. Ella hacía daño porque le divertía y le gustaba; siempre había tenido un gran deseo por alzarse por encima de todos, por lo que demostrarlo de esa manera solo era una de las muchas maneras que tenía de enseñar su poder. Sin embargo, por mucho que le gustase, siempre preferiría la acción real de estar en peligro y salir airosa, que el hecho de torturar a alguien débil que no es capaz de defenderse.

—¿¡Qué hago aquí!? —dijo entonces Fernsby, quien al salir del imperius del que era preso, debió de sorprenderse de estar en donde estaba. —¿Señor Drexler? ¿Ministra McDowell?

Miró a ambos lados, desesperado, sin saber qué hacer. Tuvo la inercia de ponerse de pie, buscar una salida e incluso la varita en sus bolsillos.

—¿Dónde estamos? ¿Dónde está mi…?

Y su mirada se perdió en la mano de la pelirroja, que sujetaba, además de su propia varita, la de él. Los labios de Abigail se tornaron entonces en una sonrisa ladina.

Siéntate, Garrick. Frente a la seriedad, el traidor solo pudo volver a sentar su trasero en la silla, obediente. Me ha dicho aquí nuestro amigo común Drexler que has sido visto en compañía de fugitivos, más concretamente los conocidos como radicales... Sabrás que esa organización es la que más por culo ha dado al Ministerio de Magia desde que está en el poder, que incluso han atentado contra mi propia vida en múltiples ocasiones…Comenzó a caminar alrededor de él. ¿Qué tienes que decir a eso?
Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

T. Hell Drexler el Sáb Ago 31, 2019 3:18 am

La relación entre Abigail y Hellion había ido evolucionando con el pasar de los años, habían pasado de no soportarse el uno al otro al respeto mutuo, e incluso a poder llamarse amigos, y en algún punto de esa evolución había nacido una atracción entre ambos que al inefable empezaba a hacérsele bastante dura de llevar.

Parecía que nunca era el momento adecuado, que nunca tenían la oportunidad real de hacer algo con esa tensión sexual que se iba acumulando entre ellos. La última vez que Hell había estado en el despacho de Abi, a solas con ella, salió de allí antes de tirarse al cuello de la pelirroja en plena mañana en el Ministerio, y en ese momento, en aquella cripta, la situación no era demasiado distinta.

La insinuación de Abigail lo hizo sonreír, una sonrisa pícara, de esas que indican que nada bueno pasaba por la mente del hombre, o precisamente que algo muy bueno ocupaba sus pensamientos. No necesitó más que aquel tono tan sugerente para imaginarse avanzando hasta la pelirroja, arrinconándola entre aquella tumba y su cuerpo y… paró en ese momento, dándose cuenta de que efectivamente, había comenzado a reducir la distancia entre ambos. Tuvo que parar porque si empezaba no iba a querer parar y Fernsby no tardaría en llegar, todavía tenían que llevarlo al piso franco para torturarlo e interrogarlo, pero si los interrumpía en mitad de la fantasía que había empezado a visualizar Hell, éste era capaz de matarlo sin contemplaciones en un segundo.

De nuevo, no era el momento.

***

Le asintió a la pelirroja antes de que ésta se desapareciera, dejándolo solo con Fernsby.

Se tomó unos momentos a solas con el hombre que había osado traicionar su confianza, evaluándolo con la mirada solo para reafirmarse en lo que le había dicho a Abigail momentos antes. Drexler estaba seguro de que Fernsby no estaba hecho de la pasta necesaria como para aguantar lo que se le avecinaba con entereza y dignidad, no tardaría mucho en quebrarse.

Una pequeña risa, con tintes muy macabros, abandonó los labios del mortífago.

Lo agarró del brazo y se desapareció de allí, dejando la cripta vacía y silenciosa.

La oscuridad del cementerio fue reemplazada por el resplandor proveniente de unas antorchas, que suponía que Abi había encendido, como única fuente de luz en la habitación. Aquella sala era la típica que con verla uno ya sabía que no había sido ideada para nada bueno, carecía de comodidades, solamente contaba con una silla de hierro en el centro, que ya estaba empezando a oxidarse, y las gruesas cortinas evitaban que cualquier atisbo de luz exterior pudiese filtrarse, así como también mantenían alejadas las posibles miradas curiosas de las atrocidades que allí podrían llevarse a cabo.

Drexler fue testigo silencioso de como Abigail se encargaba de sentar a Fernsby en la silla y liberarlo de la maldición imperius, quitándole también la varita en el proceso. Él se quedó cerca de la pared, en un puesto un tanto más relegado, viendo como Garrick poco a poco iba volviendo en sí y como la confusión se adueñaba de él, no entendiendo dónde estaba ni qué estaba pasando. Confusión que se vio incrementada en cuanto puso su vista en ellos, y entonces, tras unos segundos que su mente necesitó para procesar la información, a dicha confusión se le añadió el miedo. Lo último que recordaba Garrick era estar comprando en el Callejón Diagón, y de repente se encontraba en un lugar desconocido, en una habitación a saber dónde, con dos mortífagos que de sobra se sabía que eran peligrosos.

Las palabras de Abigail sonaron como una sentencia a oídos de Garrick Fernsby, que miró hacia Drexler, como si estuviera buscando algún tipo de ayuda en el que hasta la fecha era su jefe, y quien lo miró con los ojos entrecerrados, abandonando su postura más alejada para situarse al lado de Abigail.

La Ministra te ha hecho una pregunta, Garrick, y yo de ti contestaría, no te gustará verla enfadada.

El hombre tragó en seco, moviendo las manos nerviosamente y notando como el sudor empezaba a perlar su frente. Se sabía jodido, pero hizo lo que cualquier culpable haría en esa situación: negarlo todo.

Y-yo no-no sé a qué se está refi-fi-riendo. De-debe ser un e-error —hablaba con voz trémula, tartamudeando probablemente a causa del nerviosismo, pues hasta donde él sabía, Garrick Fernsby no era tartamudo.— Ja-jamás haría a-algo así. Sé lo que lo-los radicales han hecho y-y yo no-no… U-usted me conoce Señor Drexler, sa-sabe que yo nunca po-podría hacer algo como eso —su tono de voz se fue apagando.

Las cejas de Hellion se alzaron, mirando a Fernsby sin un ápice de piedad. Menudo espectáculo más lamentable estaba dando.

Garrick, si vas a mentirnos al menos hazlo bien, hombre —dijo con una sonrisa que no indicaba nada bueno para el pobre de Garrick.— Llevas ya unos cuantos meses trabajando para mi, ¿de verdad te crees que haríamos todo esto sin pruebas? —preguntó sin esperar ninguna respuesta.— Más allá de eso, me parece insultante que insinúes que me he equivocado. ¿O es que acaso intentas dejarme en evidencia delante de la Ministra?

Drexler dio un par de vueltas al rededor de la silla en la que estaba sentado Fernsby, mirándolo desde todos los ángulos, y desviando su mirada de vez en cuando hacía Abigail, a quien le dedicaba una sonrisa ladina y cómplice, sabiendo que todo aquello no era nada más que para prolongar la agonía y el nerviosismo del hombre sentado en la silla.

Si tienes las agallas para traicionarnos tenlas también para admitirlo y morir con dignidad —bisbiseó, parándose de nuevo frente a él.— La gente como tu me da auténtico asco —sentenció.— Aunque una cosa sí que te concedo, no pensaba que fueras capaz de traicionarnos. Mírate, sudando como un pollo y apenas llevas dos minutos sentado en esa silla, o eres un actor cojonudo y nos la estás colando bien colada, o de verdad que no entiendo de dónde sacaste las narices para hacer algo así.


N-no estoy actuando, no he hecho nada.

Al menos casi no había tartamudeado esa vez.
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