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[FB] When you came into my life. —XyZ.

Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Jun 01, 2019 2:47 pm

Recuerdo del primer mensaje :

[FB] When you came into my life. —XyZ.  - Página 2 M5OXF58
Nueva casa de alquiler || Kensington, 9 de febrero del 2012 || 23:32 horas || Atuendo

Ataviada con un gran abrigo encima de esa poca ropa deportiva, daba saltitos frente a la puerta de aquel portal, esperando a que alguien le abriese. Estaba cargada con una gran mochila en la espalda, una maleta enorme de ruedas y otra un poco más pequeña que parecía que iba a explotar de todo lo que había en su interior. ¡Quién tuviese un palo de madera con el que agrandar las cosas por dentro mágicamente! Cargadísima, seguía esperando a que sus nuevas compañeras de piso, que ni conocía, le abriesen la dichosa puerta para dejar de empaparse con la lluvia que estaba cayendo en ese momento.

Veintitrés segundos después de haber tocado por segunda vez, la puerta sonó y se abrió. La empujó como alma que lleva el diablo, entrando a trompicones al interior con todas sus pertenencias. Se trataba de un apartamento de varios pisos y ella había alquilado una de las habitaciones del tercero izquierda, cuya casera, de nombre Iris Leithfield, sólo rentaba a mujeres porque consideraba que eran mucho más responsables y limpias que los hombres. La verdad es que a Zeta le venía genial porque después de su primera experiencia no quería tener que compartir nada con ningún hombre. A simple vista Iris parecía una casera relativamente simpática, pues había accedido a darle la entrada a Zeta ese jueves pese a que era a esas horas intempestivas.

En realidad todo la situación del alquiler había sido bastante precipitada, pues la eslovena quería dejar cuanto antes su anterior piso y había sido todo a 'a ver qué pasa'. Por suerte para ella, la señora Leithfield había podido acceder a las prisas y las ‘condiciones’ de Zeta, lo cual había sido todo un alivio para ella y un golpe de suerte. Por desgracia la señora no iba a estar presente a esas horas para recibirla, por lo que le había dicho que tocase que ya le abrirían sus compañeras de piso—previamente avisadas—y que les dejaría sus llaves allí dentro.

Así que allí estaba Zeta, empapada de arriba abajo, mientras subía por el ascensor al tercer piso. Una vez las puertas se abrieron delante de ella y pudo salir torpemente de allí, vio que en la puerta de su futuro apartamento había una chica apoyada en el marco. Era rubia, de rasgos perfilados y rostro fino. Estaba con los brazos cruzados, descalza y vestida con un pijama de esos calentitos.

—¿Ekaterina? —le preguntó la muchacha.

Con las prisas se había presentado así a la casera, ya que esperar que entendiese Zdravka era una pérdida de tiempo y hacerse llamar Zeta le parecía poco serio para un primer contacto y un futuro contrato. Su segundo nombre siempre la libraba de eso.

—Sí, hola. —Se acercó allí con sus maletas y la chica dejó hueco para que pudiera pasar, cerrando la puerta detrás de ella.

Se apartó de manera un poco repipi para no mojarse con las cosas empapadas, para meterse en lo que parecía su habitación, bastante cerca de la puerta de entrada.

—Bienvenida —le dijo a la muggle. —Yo soy April. Disculpa por haber tardado en abrir, estaba hablando con mi novio por Skype y pensé que Xenobia estaba disponible, pero se estaba duchando. —Miró entonces el reloj que tenía en la muñeca, alzando levemente las cejas y suspirando con reproche. —La señora Leithfield dijo que vendrías tarde, pero te has superado. Y bueno, tampoco son horas para estarse bañando con el ruido que hace el dichoso termo de esta casa. Menos mal que mañana libro. —dijo con un poco de mal humor. Zeta se quedó callada porque… ¿qué narices iba a decir a eso? —Bueno, te dejo que he dejado a mi novio hablando solo. —Pero antes de meterse, señaló a la siguiente habitación que había en el pasillo. —La siguiente habitación es la tuya y la siguiente es la de Xenobia. El baño es la puerta que encontrarás cerca de la comedor-salón y la cocina.

Menos mal que Zeta había visto fotos por internet porque estaba claro que con las indicaciones de aquella mujer no iba a llegar a la cocina con vida si estuviese muriéndose de sed.

—Gracias —le dijo con simpleza. —Hasta mañana.

—Buenas noches. —Se despidió secamente, cerrando su puerta.

Se quedó un momento un poco trastornada con respecto a ese momento tan incómodo de la perfecta imperfecta compañera de piso, pero pensó que nada podía ser peor que de donde venía—ilusa de ella pensar tan optimista tan pronto—y caminó hacia su habitación, queriendo simplemente tirarse en esa cama que probablemente sería muy incómoda.

La habitación era pequeña, lo justo y necesario para una cama individual, un escritorio, una silla y un armario empotrado. Tenía algunas estanterías encima de la cama y lo primero que hizo Zeta fue dejar sus cosas en el suelo y quitarse la chaqueta empapada, colgándola en la puerta.

Tenía que hacer la cama para poder dormir y lo peor de todo es que pese al sueño, le estaba ganando el hambre que tenía, pues no había podido cenar después del día de mierda que había tenido. Día de absoluta decadencia, estaba cansada de estar cansada, imagínate el nivel de cansancio. Así que suspiró y abrió su mochila para sacar su triste paquete de Golden Graham a punto de acabarse y un batido de vainilla. Era una cena muy triste, pero no tenía nada más. Mañana tendría que ir a comprar...

Ya estaba pensando en el día tan largo que le quedaba por delante mañana y todavía ni se había ido a dormir.
Zdravka E. Ovsianikova
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Xenobia Myerscough el Dom Jul 07, 2019 2:22 am

Mientras preparaba los cafés al gusto de cada una de las inquilinas del apartamento—ella lo tomaba con leche y azúcar, como el grueso genérico de la población mundial—, en el salón se sucedía una escena curiosa: April, igual que un depredador de la Sabana Africana, observaba amenazante a una pobre e inocente Zeta, cuyo único crimen había sido ingresar en su territorio con algo prohibido.

Y por si la metáfora no es lo bastante clara: April estaba amenazando a Zeta con la mirada, mientras la pobre eslovena simplemente rasgueaba las cuerdas de la guitarra.

La leona, a la que cariñosamente había bautizado como Lucifer, entró en la cocina a buscar su brebaje calmante. Xenobia la recibió con una sonrisa muy falsa, dándose cuenta de que en realidad no tenía cara de leona: tenía cara de perro cabreado, de esos a los que no les gusta que los humanos hagan siquiera un amago de tocar su cuenco de comida.

Con esa misma falsa sonrisa, Xenobia entregó a April su taza. Si su compañera de piso hubiera sido, quizás, un poco menos zorra—habría empleado el término ‘bruja’, pero si no eras nomaj, aquel término no era realmente ofensivo—, tal vez se hubiera percatado del pequeño detalle de que Xenobia le había servido el café en su taza favorita. O tal vez sí se percató, pero por lo visto, aquellos pequeños detalles no le llegaban al corazón.

«Estoy siendo muy generosa—, pensó mientras la zarpa de April le arrebataba la taza de la mano—. En realidad, dudo que April tenga corazón. Solo tiene algún tipo de ingenio nomaj que le permite seguir viva, quizás bombeando aceite de motor por sus venas.»

Su compañera de piso olisqueó incluso el café. ¿Quizás para detectar el aroma de la leche de almendras? ¿O acaso tenía complejo de sabueso de aeropuerto, capaz de detectar la droga dentro de una maleta? ¿A ella le funcionaba con la stevia, quizás? Fuera lo que fuera, pareció convencida de la autenticidad de aquella monstruosidad sin azúcar ni leche de verdad, pues le dio un pequeñísimo sorbo.

—Gracias.—Musitó, bajito, casi a regañadientes, para luego regresar a su cueva, quizás a refugiarse de toda la energía positiva que había a su alrededor y que tanto daño le hacía.

Xenobia, por su parte, tomó ambas tazas de café, la suya y la de Zeta, y regresó al salón con ella. La eslovena seguía tocando, por lo que, en honor a no interrumpirla, la americana dejó el café solo con azúcar en la mesita, junto al sofá. Sosteniendo su propio café delante de su nariz, escuchó la interpretación de la nomaj…

...hasta que regresó el ser del inframundo, claro.

Cuando escuchó a Zeta entrar al trapo, mofándose de April con una bonita ironía, Xenobia tuvo que contener una carcajada. Casi le dio pena April, pues exhibió tal inocencia que no parecía ella.

Bueno, salvo porque seguía siendo una maniática, claro.

Cuando Lucifer dio por concluida la conversación y se retiró hacia el mundo exterior, posiblemente a corromper las almas de los mortales y obligarlos a creer en su demoníaca eminencia, Xenobia le dedicó unas amables palabras cargadas solamente con un noventa y nueve por ciento de ironía, alzando su taza de café como si propusiera un brindis.

—Eres un rayo de sol en un día nublado, April.—La nomaj cerró la puerta tras de sí, y entonces Xenobia alzó de nuevo la voz.—¡Cuidado con ese rayo de sol, por cierto! ¡Los vampiros ardéis en contacto con la luz del día!—Y se le escapó una carcajada: tal vez aquella mujer fuera insufrible, pero chincharla, en muchas ocasiones, era el mejor momento de su día.

Así que las dos únicas personas normales del apartamento—si es que a Xenobia se la podía considerar normal, pues con la cantidad de veces que entraba al trapo, se notaba que le iba la marcha—, el ambiente se relajó muchísimo: la música de la guitarra pudo fluir con total normalidad, e incluso pudieron hablar la una con la otra sin que alguien alzara la voz para pegar un grito.

Y no, no se eximía de responsabilidad: ella también gritaba de cuando en cuando.

—Crecí en Nashville: creo que allí, todo padre que se precie intenta al menos una vez que sus hijos triunfen en el mundo de la música.—Comentó, evidentemente de broma: no todos los padres eran así… aunque su madre sí lo había sido, curiosamente.—¿Ocho? ¿Nueve? No sé, creo que fue por esa época cuando empezaron mis inquietudes musicales. No soy buena para las fechas.—Se encogió de hombros, bebiendo un sorbo de café.—Recuerdo, eso sí, que di clases. Mi madre se tomaba muy en serio mi talento musical.—Sonrió, divertida.—En realidad, creo que no soy ninguna virtuosa, pero sé leer una partitura e interpretarla. ¿Y qué hay de ti? ¿Cuándo descubriste ese amor tan evidente que sientes hacia la música?

No había más que verla: trataba a la guitarra como si fuese una amante, con la delicadeza justa y la decisión necesaria, apenas sin dudar. Si llevaba tanto tiempo sin tocar como decía, resultaba sorprendente que no hubiera perdido destreza. O quizás sí la había perdido, y en el momento en que la recuperase, la mandíbula de Xenobia se desencajaría de la sorpresa.
Xenobia Myerscough
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Zdravka E. Ovsianikova el Vie Jul 12, 2019 2:47 pm

Volvió a no ocultar su diversión frente al trato que Xenobia le daba a April, pues le salía con unas genialidades propias de una persona que ya estaba acostumbrada a tratar con personas tan insoportables como April. Hubiera sido gracioso ver la transición de esa relación para saber en qué momento y por qué cosas la americana había comenzado a hablarle así a la rubia.

Mientras punteaba con suavidad las cuerdas de la guitarra, asintió a la contestación de Xenobia mientras ella misma esperaba a que el café se le enfriase un poco. Al tomárselo solo, eso de que la ‘leche’ lo enfriase un poco no era una opción plausible.

Nashville sonaba bien como para intentar hacerte un hueco en la industria musical, aunque fuese pequeño, no como Liubliana. Nadie sabía qué narices era Liubliana; nadie se hace famoso en dichoso Liubliana y todavía su madre se preguntaba qué por qué se había ido a Inglaterra.

—Entonces tocas por hobbie a día de hoy, ¿no? ¿O tus inquietudes musicales siguen latentes? —le preguntó con curiosidad.

Le hacía ilusión encontrar a alguien con pasión por la música, realmente. Ya no solo por el hecho de que tuviera un instrumento y se lo prestase, que ya era genial, sino que le encantaba hablar de ese tema con personas y poder sentirse comprendida. Odiaba tener que hablar de ‘lo suyo’ con una persona que creía que o bien estaba tomando una decisión estúpida o bien que ni siquiera lo consideraba una oportunidad real de éxito. Era un mundo muy complicado, pero ese tipo de actitudes desmotivaban a cualquiera a siquiera intentarlo. El idiota de Kelvin había sido un mal ejemplo para tenerlo como primera referencia londinense, indudablemente. Zeta había hecho bien en dejar atrás todo lo que tuviera que ver con él.

—Nueve años, en casa —le respondió ella. —En mi caso vivía lejos de la civilización, así que tomar clases particulares no era una opción muy plausible. Me enseñó mi padre que siempre fue un amante de la música y, en sus años mozos, quiso ser una estrella del rock. Al final me enamoré tanto de la música que terminé siendo mi propia profesora y enseñándole yo a mis padres los trucos que aprendía. —De manera casi automática, sonrió al recordar aquellos momentos.

Recordaba también sus tiempos en el instituto, con sus amigos aprendiendo a tocar nuevos instrumentos e inventándose otros muchos con los que poder hacer música. Zeta en el instituto siempre tuvo de 'chica mala', la típica que se sienta al final de la clase, no hace absolutamente nada y usa sus ratos libres para meterse en la sala de música con el resto de sus amigos, un grupo selecto normalmente de chicos. Pese a todo, tenía muy buenos recuerdos de su tiempo en su país, aunque pareciese que se hubiese ido corriendo de allí.

Dejó de puntear las cuerdas para acercarse al café y tomar un poco, dejando de nuevo la tacita sobre la mesa de la sala de estar.

—Me vine a Inglaterra intentando buscar alguna oportunidad como música, para poder vivir de esto. Está claro que haciendo lo que estoy haciendo, todavía voy por mal camino… —Rió, pues no hacía falta más que ver que su doble trabajo no era para nada favorable para cumplir ese sueño: ni tenían que ver, ni le dejaban tiempo para dedicarse. Sin embargo, Zeta tenía otra filosofía: sin dinero no puedes conseguir nada, así que lo primero era tener una base sólida con la que poder trabajar. —Pero tú aguarda: algún día me haré rica y famosa.
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Xenobia Myerscough el Dom Jul 14, 2019 10:25 pm

Ya con la única compañía de Zeta y con el agradable sonido del punteo de sus dedos sobre las cuerdas de su guitarra, Xenobia se sintió en paz: era casi como si April, al abandonar el edificio, se hubiera llevado consigo toda esa mala energía que la acompañaba. Y lo peor de todo era que, tal y cómo se había criado y el mundo en que había vivido, Xenobia podía asegurar que ese tipo de energías existían. Quizás no entre los muggles, pero en los seres mágicos sí, definitivamente.

¿Acaso sería April algún tipo de criatura mágica maligna? Eso tendría mucho sentido, aunque lo más probable es que todo aquello fuera un fenómeno psicológico: simplemente, April y ella no se llevaban bien.

Como fuera, la tarde había mejorado con aquella paz, aquel café y aquella agradable música, especialmente ahora que los berridos de April no la interrumpían constantemente. Casi parecía que vivían en un piso compartido normal, habitado únicamente por personas normales.

—Algo de esas inquietudes todavía persiste, sí.—Respondió Xenobia, tomando asiento en el reposabrazos del sofá en que estaba sentada Zeta.—No es que me plantee dedicarme a escribir canciones, ni nada por el estilo, pero sigue gustándome improvisar de cuando en cuando.—Aunque estaba claro que, para ella, aquello no era tan serio como el periodismo, su verdadera vocación.

Le resultó curioso que, en el caso de Zeta, hubiera aprendido a tocar en casa, de la mano nada más y nada menos que de su propio padre. La escuchó con toda su atención mientras bebía sorbos de café, asintiendo sin perder la sonrisa. Seguro que aquel hombre no tenía nada que envidiar a su profesor de guitarra… si no es que resultaba ser incluso mejor. En aquel mundo había personas que nacían con un don, un talento natural para la música: sabían escucharla, identificarla, componerla e interpretarla, sin apenas esfuerzo.

Xenobia, para su desgracia, no era de esos: a ella se le había hecho bastante cuesta arriba, incluso recibiendo clases a nivel profesional.

—Creo que tu padre y tú habríais sido muy felices en Nashville. Quizás incluso hubiera podido cumplir su sueño de convertirse en una estrella.—Ensanchó su sonrisa: hablaba de manera sincera, y su afirmación pretendía ser un halago.

No es que Inglaterra fuera un mal lugar para dar comienzo a una carrera musical: no había más que ver a los Beatles, a Queen, a los Rolling Stones… Todas ellas bandas famosas de origen inglés. Si aquello no sentaba unas bases sólidas, nada lo haría.

Sin embargo, en los últimos tiempos, Inglaterra ya no solía asociarse tanto con la música, y aquellos menos duchos en el tema solían apuntar más bien en dirección a Norteamérica. Lo mismo que con el cine: lo había en todas partes, pero la gente únicamente pensaba en Hollywood.

Esa gente poco ducha en la materia se sorprendería de lo que Londres podía ofrecer.

—No tengo ninguna duda.—Le respondió con un guiño cómplice, sonriente.—Sólo espero que cuando llegue ese día, cuando tu vida sean lujos y conciertos, no te olvides de tu amiga, la periodista venida a menos que te protegió del mismísimo Diablo. ¡Espero que me concedas esa entrevista que me haga famosa!—Bromeó, especialmente en la parte que se refería a ella: confiaba que, si algún día Zeta se hacía famosa, ella no fuera una periodista venida a menos. Aunque, tal y cómo estaban los tiempos, cualquiera sabía.—¿Y has cantado en algún sitio en el tiempo que llevas aquí?

Xenobia, conociendo como conocía… bueno, todo tipo de noticias, pues le tocaba cubrir de todo un poco, en ocasiones se enteraba de lugares que ofrecían oportunidades a gente como Zeta: noveles que pretendían hacerse un hueco en el mundo de la música. A la ciudad de Londres le gustaba la cultura, y por fortuna, la música se consideraba cultura.

Así que algo podría salir por ahí. Tomó nota mental de informar a su compañera cuando así fuese.
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Zdravka E. Ovsianikova el Mar Jul 16, 2019 3:03 am

—¿No te ha pasado nunca que improvisando llegas a una melodía perfecta a la que tienes que ponerle letra? —le preguntó, con una sonrisa animada. —Esa sensación fue la que me hizo a mí ponerme a escribir una letra para cubrir el vacío. Porque hay canciones que no necesitan letra, que musicalmente te lo cuentan todo… pero hay otras que parecen pedírtelo.

A Zdravka en aquella época todavía le parecía mucho más fácil improvisar con los instrumentos en busca de algo bonito, que ponerse a escribir canciones coherentes. Consideraba que una canción tenía que tener un mensaje claro y saber transmitirlo en conjunto con la música, por lo que era complicado tener claro el Todo. Poco a poco se daría cuenta de que tendría más habilidad para escribir de la que creía, sobre todo cuando empezasen a pasarle cosas que la motivasen a empezar a escribir y compartir su experiencia. Tal y cómo estaba ahora, lo poco que había escrito y compuesto prácticamente ni lo había compartido.

Zeta siempre había visto a su padre con mucho potencial para ser un gran músico, pero en realidad teniendo en cuenta cómo lo conocía, siempre consideró que era un sueño que le quedaba muy grande y que realmente era casi platónico. No veía a Herman Ovsianik saliendo de su pequeño bosque de confort y metiéndose en una gran civilización solo para poder tocar profesionalmente. A veces la eslovena creía que ella había sacado justo todo lo que le faltaba a su padre.

—Seguramente… —le reconoció. —Si te digo la verdad es que creo que en eslovenia vivía en el peor sitio posible para intentar hacerme aunque fuese un hueco en una pequeña industria musical.

No le costó nada de nada confesarle sus verdaderas intenciones de cara a su futuro. Muchas veces solía preferir guardarse eso para ella, pero teniendo en cuenta que Xenobia parecía compartir su gusto y pasión por la música, casi que le pareció necesario que supiese que ella no quería ser secretaria o barman en dichoso Londres. Le sonrió cuando apoyó su visión de futuro.

—Por supuesto: te invitaré a mi mansión y te daré la exclusiva. Serás mi periodista de confianza a la que contarle toda la verdad para que así pueda desmentir los mil y un rumores que habrán de mí por ahí. —Soñó con los ojos abiertos y una sonrisa en el rostro, para entonces negar con la cabeza a su última pregunta. —Ojalá. Sé de muchos sitios pero básicamente mi problema reside en que no tengo dinero ni tiempo. Necesito gente con la que tocar, prepararme canciones y… bueno, llamar la atención de algún local, que en principio suele ser lo más complicado. —Y en ese momento, pese a que era una contestación un poco triste, Zdravka se encogió de hombros con conformismo y optimismo. Con una guitarra entre sus manos no podía ser pesimista. —Pero no tengo prisa, sé que tarde o temprano lo haré. Me gustaría que fuese más temprano que tarde, pero ya se verá como surge todo. Ahora mi máxima preocupación es ordenar mi cuarto sin molestar a April, no vaya a tirarme la estufa a la cabeza.

Y no pudo evitar reír frente a eso. Dejó de tocar la guitarra para pasársela de nuevo a Xenobia, pues no quería separar a su ‘hijo’ demasiado de su madre. Además, quizás a ella no le pasase, pero Zeta tenía el síndrome de “Culo veo, culo quiero” y sabía perfectamente que si alguien le cogía su guitarra para tocar y la tenía enfrente tocando, ella iba a querer tocar también. Así que asumiendo que todo el mundo era tan imperfecto como ella, le tendió la guitarra para que la tocase ella y, mientras tanto, continuó con su café.

—Tócame algo. —Y, como siempre hacía, sonrió de medio lado. Esa dichosa frase sonaba mal de todas las maneras posibles.
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Xenobia Myerscough el Miér Jul 17, 2019 1:21 am

Si bien Xenobia siempre había sentido la inquietud hacia el mundo de las letras—era de esas personas que guardaba bajo su almohada un cuaderno donde anotar sus inquietudes y pensamientos—, lo suyo jamás había sido enlazar la música con las palabras. Nunca había sido muy buena a la hora de encontrar esa simbiosis entre ambos elementos, y muy posiblemente por eso habían primado en su vida las letras por encima de la música. Era casi como si, dentro de su cabeza, fuesen dos mundos distintos.

Sin duda, no era el caso de la eslovena: ella hablaba como un músico de verdad, como alguien que disponía de la clave necesaria para armonizar aquellos dos mundos. Casi sintió envidia de ella.

—Ya me gustaría.—Se encogió de hombros y sorbió un poco de café de su taza.—Nunca se me ha dado demasiado bien eso de unir música y letras. Y ni siquiera tengo claro que mis improvisaciones sean algo digno de reseñar. Mi talento para las letras se limita… bueno, al periodismo.—Rió, divertida. De haber sido de otra manera, creciendo en Nashville—y siendo nomaj, claro—, quizás su vida hubiera sido muy distinta.

Alguien que sí hubiera tenido éxito en Nashville, sin lugar a dudas, habría sido su nueva compañera de piso: virtuosa para la música, con un sueño en mente… ¿cómo no iba a conseguirlo? Por desgracia, había caído en el punto geográfico equivocado: como bien decía ella, Eslovenia no era precisamente un referente en el mundo de la música.

Xenobia no dudaba que existieran buenas firmas de discos o empresas relacionadas en Eslovenia, pero en lo personal no conocía ninguna. En cambio, el que más o el que menos podía mencionar alguna discográfica americana o inglesa. Y desde luego, los músicos más conocidos solían orbitar alrededor de aquellos dos puntos geográficos, o habían dado el pistoletazo de salida a sus carreras en alguno de aquellos países.

Todo estaba monopolizado en aquel mundo.

No tuvo mucho que decir al respecto de ese tema: si una nativa de Eslovenia lo decía, sin lugar a dudas tendría razón.

—Lo has prometido. No vale echarse atrás.—Respondió Xenobia, señalando a Zeta con el dedo índice y alzando las cejas, cuando su compañera aseguró que la convertiría en su periodista de confianza.—Como Ellen Degeneres y Taylor Swift.—Y le dedicó un cómico guiño, para luego pasar a hablar de las actuaciones de Zeta desde su llegada a Inglaterra… que por lo visto habían sido nada más y nada menos que cero. Por desgracia.—¿Tienes una maqueta o algo de tu trabajo que puedas mostrar por ahí? Quizás en alguna de mis pequeñas aventuras periodísticas me encuentre con alguien interesado en artistas noveles. No es la primera vez que me piden que entreviste a dueños de locales de Londres. Nunca se sabe.

A Xenobia le costaba muy poco mostrarse desprendida, ofreciendo una mano amiga a quien la necesitase. A simple vista, podía no parecerlo, y más cuando se la veía interactuando con April, pero así era ella: generosa, y ni el paso de los años ni las tragedias venideras lograrían enterrar del todo aquella forma de ser suya.

Si podía ayudar a Zeta, la ayudaría. Poco se imaginaba ella que aquellos eran los inicios de la que sería su mejor amistad en el mundo. Y poco se imaginaba ella que, en un futuro que entonces se antojaba imposible, recordaría aquel momento en que habían tocado juntas la guitarra por primera vez como una de sus mejores vivencias.

Y la echaría muchísimo de menos.

—De acuerdo.—Xenobia dejó la taza de café sobre la mesita y tomó la guitarra que Zeta le ofrecía.—Pero promete no juzgarme muy duramente: no soy tan buena.—Acompañó aquellas palabras con una sonrisa, casi de disculpa.

Se colocó lo mejor que pudo sobre el reposabrazos, cruzando la pierna izquierda sobre la derecha para acomodar allí el cuerpo de la guitarra. Sujetaba el mástil con la mano izquierda mientras rasgeaba las cuerdas con la derecha. Comenzó improvisando un poco, sin propósito alguno, mientras decidía qué canción interpretaría.

—A ver, a ver… que se me ocurra algo…—Se quedó pensativa mientras acariciaba las cuerdas de una manera que podía parecer aleatoria, pero que no carecía de ritmo. Entonces, una sonrisa se dibujó en sus labios.—Ya sé. A ver si conoces esta.

Con suavidad, Xenobia comenzó a interpretar una canción que le encantaba: Hey Jude, de The Beatles. Sus manos se movían con destreza, y eso en combinación con la guitarra perfectamente afinada ofrecía un resultado muy bueno.

Y eso no fue todo: la americana también cantaba.

Hey Jude, don’t make it bad. Take a sad song and make it better.Comenzó, invitando a Zeta sin palabras a que cantase con ella si conocía la canción.Remember to let her into your heart. Then you can start to make it better...
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Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Jul 27, 2019 3:43 am

Para la eslovena no había sido fácil hacer una letra con la que sentirse a gusto, pero si había hecho suficientes pruebas como para que casi ya fuese un reto mejorar en buscar de una letra que tuviese el mismo valor que la música. Hasta la fecha siempre solía preferir el ritmo y la melodía antes que cualquier letra, por buena que pudiese parecer. También solía padecer de exceso de perfeccionismo con muchísima auto-critica, pero se había prohibido desde hacía par de años compadecerse o pensar que no valía, ¡ni mucho menos tirar nunca nada a la basura de lo que hacía! Bastante tiempo se había pasado desmontando sus logros, que había aprendido a ver qué en Londres si hacía eso, no iba a hacer más que retroceder.

Las palabras de Xenobia en realidad no le sorprendieron, pues la comprendía bien. Escribir era ya de por sí un arte complicado y no era lo mismo escribir algo que tenía como propósito cantarse, a algo que tenía como fin comunicar. Eran dos cosas casi extremas en diferentes sentidos. Zeta no podría ni siquiera ponerse a pensar a escribir un texto periodístico, pero se sentía muy suelta escribiendo en base a una idea, con figuras muchos más artísticas.

—Podrías hacer una canción diferente con estilo periodístico. La escribes como si fuera un artículo mientras reivindicas el… cambio climático. —Un tema por decir, el primero que se le había pasado por la cabeza. Luego rió, encogiéndose de hombros. —Musicalmente una puede hacer lo que le de la gana. —Y tras una pausa, añadió algo: —Pero de todas maneras te entiendo, es complicado hacer una letra y no sentir que la estás cagando. En plan: "joder, suena mejor sin letra."

Oye, oye, que Zeta tenía muy claro que se iba a hacer rica y famosa, ¿vale? El hecho de que la llamase como su reportera de confianza solo venía de la mano de que en ese momento siguiesen manteniendo el contacto. Sin embargo, no se tomaba a broma su futuro ni su sueño. Su madre siempre insistía en que siempre tenía que visualizarlo y que nunca se viniese abajo.

—Cuenta con ello. Pero cuidado con eso de asustarme que Taylor Swift es muy mona, pero yo lo mismo me vuelvo agresiva frente a los sustos. —Advirtió, prácticamente divertida. Una de las cosas más famosas(o las pocas que sabía de la relación de Ellen y Taylor)era que la presentadora siempre asustaba a la pobre chica. —Que va…

Puso casi cara de ser totalmente un desastre. Pero a ver, seamos sinceros: de donde iba a sacar tiempo para hacer una maqueta decente si es que desde que había llegado se había tenido que poner a trabajar para poder vivir y tener un colchón económico decente con el que vivir cómodamente. O al menos vivir sin estrés.

—En Eslovenia, en el instituto, empecé un canal de Youtube, pero hace dos años que no subo nada. Es el portfolio más triste del mundo. —Se llevó la mano a la frente. —He tenido poco tiempo que dedicarle a todo esto desde que estoy en Inglaterra, pero sé que debería tener algo en donde esté mi trabajo. Una página web, mantener activas las redes… —Entonces bufó, poniendo los ojos en blanco. —Quien pudiera ser Adam Levine o Taylor Swift, con familias millonarias que te mantienen mientras tú solo te enfocas en la música. Que injusticia. —Y se rió, pues obviamente hablaba con la mitad de verdad.

Zeta le devolvió la guitarra a su compañera de piso, animándola a tocar algo y así de paso veía como se desenvolvía. Ya de por sí la eslovena pensaba que nadie que tuviese una guitarra podía tocar mal. Nadie se compraba una guitarra así de buena si no sentías gusto por la música y, por tanto, le dabas a las cuerdas.

—Eso dicen todos los que son buenos. —Le echó una mirada confiada, acomodándose hacia ella para verla mejor.

Se terminó el café tranquilamente mientras la americana se ponía a tocar lentamente a la espera de decidir qué tocar. Cuando dejó su tácita sobre la mesa fue cuando empezó a reconocer aquellos acordes. ¿Quién, de su edad, no conocía a los Beatles? En realidad no sabía que edad tenía Xenobia pero al menos Zeta tenía muchísima cultura musical. En parte había sido gracia a sus padres, pero al final casi todo lo que conocía había sido por ella misma, aunque sus grandes descubrimientos los hubiese descubierto por sus padres. Scorpions era su grupo favorito, igual que el de su madre.

Sonrió a su compañera, moviendo la cabeza. No tuvo que insistirle ni nada, sino que simplemente la acompañó cantando desde que vio el hueco en el que meterse, casi llegando al estribillo. En la siguiente estrofa dejo de cantar pues… bueno, le gustan los Beatles pero no sé sabía entera la canción. ¡Y odiaba la gente que se ponía a balbucear mientras otra canta bien! Que así uno confunde.

Después de que terminase, Zeta le aplaudió, contenta. Estaba ya despierta total. Le emocionaba la idea de vivir con otra persona que le gustase la música, ¿sabes? No sé lo hubiera esperado.

—¡Buuuuu, tenías razón! ¡Tocas de pena! —Se metió divertida con ella, cruzándose de brazos con falsa decepción. Estaba sonriendo, por lo que se notaba a la legua que estaba siendo totalmente sarcástica. —Me ha gustado. ¡Y cantas y todo! ¿No estás interesada en formar un dúo profesional? —añadió, con un guiño bromista. —La verdad es que si me llegas a decir antes de ver la guitarra que tocas y cantas en este piso, me hubiera costado un poco creerlo. ¿La compi no se queja de esto o puedes tocar bien? —Porque tal y cómo se había puesto por los cuatro acordes que había tocado, ya se había imaginado que tocar allí iba a ser un suplicio.
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Xenobia Myerscough el Sáb Ago 03, 2019 12:34 am

En lo que a letras de canciones se refería, Xenobia no era ninguna experta, sobraba decirlo.

Con todo y con esas, sonrió, divertida, ante la curiosa sugerencia de su nueva compañera de piso: una canción con estilo periodístico. Y si le hizo gracia fue porque el mero hecho de imaginarlo la convenció de lo desastroso que sería. Si ya le costaba intentar ser profunda y metafórica las poquísimas veces que intentaba ponerle letra a alguna melodía, además de rimar, ¿cuánto más le costaría hacer lo propio con el cambio climático?

Con el ceño arrugado, comentó lo siguiente:

—Estoy segura de que sería todo un éxito. Seguro que algún programa infantil educativo está dispuesto a comprármela para ponerla como cabecera.—Era evidente que estaba siendo sarcástica en el buen sentido de la palabra.—Esa sensación que describes la tengo yo el noventa por ciento del tiempo. ¿Sabes lo que pasa? Que la música tiende a ser más profunda, más metafórica, por así decirlo. Y si bien en prensa te exigen tener un cierto estilo, un vocabulario rico y todo eso, al final del día estás contando una noticia para un público que no tiene por qué estar familiarizado con metáforas y letras profundas. Gente que busca informarse. Y no sé si todo el mundo se sentirá como yo, pero a mí personalmente me cuesta cambiar el chip. Soy muy literal para todo.

Había canciones que eran una maravilla, un deleite. Xenobia muchas veces se quedaba embobada escuchándolas en sus grandes auriculares de orejera, y pensando que ojalá a ella se le diera tan bien algo así. La realidad nunca tardaba mucho en golpearla: no era lo suyo, y más le valía concentrarse en el periodismo.

El ambiente distendido que existía entre ambas, tal vez, fuera fruto de una primera toma de contacto, y quizás con el paso del tiempo acabaran descubriendo manías de la otra que no soportaban, pero la primera toma de contacto había sido buena: hasta se permitían hacer bromas sobre el futuro de Zeta como estrella de la música, y el de Xenobia como periodista estrella.

Se compararon incluso con Ellen Degeneres y Taylor Swift, aunque esta Taylor, sin duda, sería mucho más peligrosa en caso de recibir un susto por parte de Ellen.

—Tomo nota: solo te pegaré sustos siempre y cuando en la habitación no haya ningún objeto que pueda utilizarse como arma, y vistiendo la apropiada armadura para proteger mi integridad física.—Y le dedicó un guiño cómplice.

Su nueva compañera de piso explicó que lo más parecido a un portfolio que tenía era un canal de YouTube bastante inactivo. Achacó esto al poco tiempo que tenía, y no pudo más que simpatizar con ella: el ciudadano medio del mundo no podía permitirse vivir como estrellas de la talla de Taylor Swift, que no solo tenían un colchón de seguridad por si se caían estrepitosamente, no; tenían un colchón que medía al menos doscientas hectáreas de terreno. ¡Qué felicidad!

—Y deduzco por tus palabras que te gustaría retomar la actividad de ese canal.—Le dijo con una sonrisa.—¿Me puedes decir el nombre? Así le echo un vistazo y te doy mi opinión.

Cuando llegó el turno de que Xenobia demostrara sus aptitudes para la guitarra, la bruja escogió Hey Jude, un clásico de The Beatles que, el que más y el que menos, conocía. Zeta la acompañó cantando, o al menos así lo hizo en las partes que se sabía, pero llegando al final, ambas cantaron al unísono.

Aquella parte de la letra era sencilla: Naaaa na na nanana naaaaa… Aquello se repetía durante varios minutos, pero Xenobia siempre lo acortaba: no sería quién para juzgar el estilo y la creatividad del grupo, pero no veía la necesidad de pasarse tres minutos cantando únicamente eso y Heeeeey Juuude.

Con la guitarra todavía en el regazo, Xenobia se llevó ambas manos al pecho con un gesto de dolor fingido ante la ‘cruel’ crítica de la nomaj.

—Eres una asesina de sueños e ilusiones.—Bromeó, para luego volver a colocar ambas manos sobre la guitarra. De manera automática, sus dedos comenzaron a moverse, interpretando los primeros acordes de Rock you like a hurricane.—Siempre y cuando no busques creatividad musical en mí, soy la compañera perfecta.—Respondió de manera sarcástica. Solía tomarse muy poco en serio en aquellas cosas.—April es un grano en el culo, como has podido comprobar, así que yo procuro ser el mismo tipo de grano en la misma parte de su anatomía. Nos hemos acostumbrado a coexistir de esa manera, y la verdad es que no nos va demasiado mal.—Levantó la vista de las cuerdas de la guitarra, mirando a Zeta con una sonrisa.—No me gusta hablar mal de ella, pero dado que vas a vivir aquí, te aviso: hay pocas cosas que no la molesten, así que… yo procuraría no hacerle mucho caso. Creo que tiene esa necesidad patológica de controlarlo todo, de que todo esté a su gusto.

Si Xenobia le hiciera caso a todas y cada una de las estupideces de April, directamente no viviría. De alguna manera, ellas dos habían creado una especie de equilibrio: ninguna de las dos conseguía derrotar del todo a la otra, y si bien solían lanzarse comentarios incisivos de cuando en cuando, al final del día, simplemente, coexistían. La bruja tenía la teoría de que April comprendía, muy en el fondo, que podría irle muchísimo peor con otras compañeras, y que Xenobia, a fin de cuentas, no era tan mala.

—Tú no le tengas miedo.—Recomendó a la eslovena.—Tampoco es tan mala como parece.
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Zdravka E. Ovsianikova el Miér Ago 07, 2019 9:57 pm

Comprendía bien lo que decía, pues a la hora de escribir, por mucho que tuviese que ver, era muy diferente escribir una canción que escribir un artículo. Una canción podía estar dedicada a un target en específico, o directamente estar hecha con un propósito metafórico que solo ciertas personas podrían llegar a entender, pero un artículo tenía que ser entendido por cualquier persona, por lo que la intencionalidad del mismo debía de ser clara y concisa.

—Sí, es complicado cambiar el chip. —Coincidió con ella. —Yo no es que haya hecho demasiadas, pero hay veces que simplemente suelto a lo cutre todo lo que me gustaría decir y luego ya hago un ejercicio de organización y narrativa, montándolo de manera más musical.

Pero no, eso que salía en las películas en donde te sentabas y de repente te salía la letra toda de seguido y luego no había que cambiar nada… No, eso no le salía. Con los años cogería más soltura, pero era imposible que Zeta viese que una de sus letras estaba bien nada más escribirla. Por norma general todo le parecía caca.

Se tomó su comentario como lo que era, una broma, por lo que le sonrió tras advertir de todo lo que tendría en cuenta antes de pegarle un susto a Zeta. No habría sido la primera vez que actuaba de manera defensiva frente a un susto, totalmente inconsciente. Era el típico instinto de supervivencia: te asustas porque piensas que algo te amenaza y… tú inconscientemente le pegas un puñetazo. Así es la vida.

—Estaría muy bien sacar tiempo para mantenerlo activo, recuerdo que había algo de ingreso y encima el feedback constructivo siempre venía bien. Sólo el constructivo. —Zeta era de las pocas privilegiadas que hacían bastante oído sordo a los haters de los comentarios. —ZetaKaeka, con un guión entre la zeta y Kaeka —le dijo sin problema ninguno. —También estaría bien porque eso me obligaría a dedicarle tiempo.

Xenobia había tocado muy bien, con soltura y sin fallar una nota, por lo que el teatro cruel y ‘odioso’ de final no era más que una broma para que no fuese tan modesta con lo que era capaz de hacer con la guitarra. No todo el mundo que tocase ese instrumento tenía la facilidad de poder cantar a la vez. Y mucho menos cantar decentemente, pues normalmente cuando intentabas afinar solías fallar con los acordes o viceversa.

Con los primeros acordes de una canción de Scorpions de fondo, atendió a las palabras de su nueva compañera de piso, sin poder evitar ocultar la sonrisa del rostro cuando al escuchaba hablar de April.

—Vale, vale… Entonces recomendación principal: hacer oídos sordos y tener paciencia. Supongo que ya no hay hueco para mí para ser otro grano en el culo, que tres ya son multitud. —Y la verdad es que no tenía nada de ganas de devolver ese tipo de comportamiento, pues normalmente en casa estaba siempre cansada y solo quería morirse en la cama durante horas y horas. —No, si miedo no le tengo, pero vengo de una casa bastante... mala y espero sentirme aquí en mi hogar y no estar preocupándome todo el rato de cumplir con las exigencias de nadie. —No lo dijo mal, simplemente como un sueño obvio que toda persona quiere tener: sentirse en casa estando en casa.

Se estiró con las manos hacia arriba después de terminarse el café, desperezándose. Vale que era el mediodía para la gente normal, pero ella que se acababa de despertar veía el día como si acabase de empezar.

—¿Y qué planes tienes para hoy? —preguntó, cambiando de tema, porque tampoco quería darle demasiado bombo al hecho de que su compañera de piso era problemática porque ni siquiera llevaba ahí una semana y, hasta la fecha, no había tenido gran problema con ella.
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Xenobia Myerscough el Sáb Ago 10, 2019 1:26 am

Xenobia conocía de sobra el método que Zeta mencionaba: el método de tomar toda la información disponible, vomitarla sobre una hoja en blanco, y ordenarlo hasta que adquiría tintes aceptables. Entonces, llegaba el momento de darle un estilo al texto y convertirlo en una noticia aceptable.

Eso lo había descubierto con el tiempo: ella no tenía textos perfectos, solo textos aceptables, lo que quería decir que podía releerlos sin sentir náuseas, pero sin tener la sensación de que había escrito una obra maestra.

¿Obras maestras? ¿Ella? Nunca.

—Salvo en lo musical, has descrito el noventa por ciento de mis trabajos periodísticos.—Bromeó, riendo con diversión.—Y si el diez por ciento restante no es así, precisamente se debe a que hasta un niño de diez años con un teclado podría hacerlo. ¿Sabes lo aburrido que es hablar sobre museos antiguos, como de sellos y cosas por el estilo?

En realidad, bromeaba: en sus días más bajos de inspiración, que todo el mundo tenía alguna vez, agradecía mucho aquellas notas de prensa, que en su mayoría se basaban en anunciar la inauguración de equis exposición, dirección, horarios, y dar algún dato interesante, como la obra estrella que se expusiera. Lo mejor para un día en que las neuronas funcionaban a media capacidad.

Con respecto al canal de YouTube mencionado por Zeta, Xenobia se mostró interesada. En 2012, la plataforma estaba en pleno apogeo, y los conocidos como youtubers empezaban a convertirse en las nuevas estrellas internacionales. Y entre toda la basura de críos jugando a videojuegos y pegando gritos, de cuando en cuando aparecían otros canales con otras temáticas.

El de Zeta, sin duda, era uno de esos que merecían la pena.

—Pues no es una mala idea, ¿eh? Ahora mismo, YouTube está en pleno apogeo. Hay quienes dicen que es el empleo del futuro. Cuando me dijeron que la gente cobraba por eso… no me lo creía. Pero se ve que sí.—Se encogió de hombros, sintiéndose casi como una vieja.—Zeta guión Kaeka.—Repitió, para cerciorarse de que lo había dicho bien.—¿Kaeka? ¿Tiene algún significado especial? ¿Es una palabra fea en esloveno o algo?

Eso último, evidentemente, fue una broma.

Mientras Xenobia, para mantener ocupadas sus manos, tocaba algunos acordes de Rock you like a hurricane, ofreció algunos consejos a la recién llegada para tratar con April. En esencia, le dijo que no todo era tan malo como parecía… aunque quizás estuviera maquillando demasiado la situación.

Simpatizó enseguida con el deseo de Zeta de tener un hogar en que le gustaría permanecer. ¿No quería todo el mundo eso, precisamente? El hogar era mucho más importante de lo que se creían aquellos que lo daban por sentado.

—Seguro que acabas sintiéndote como en casa, no te preocupes.—Dijo, consciente de que aquello eran palabras mayores. Sin embargo, para tranquilizarla un poco, añadió:—Cuando vuelva, a la noche, hablaré con ella. A ver si consigo que sea un poco menos ogro… Porque sí, aunque no lo parezca, a veces somos capaces de hablar como personas normales.—Y le guiñó el ojo de manera cómplice.

Sabía que, de conseguir algo así, no duraría. Con April, nunca duraba. Pero bueno… por intentarlo, que no quedase.

¿Y qué planes tenía exactamente Xenobia para ese día? Pues… los mismos que por la mañana: pasarse el día entero pegada al teléfono móvil por si acaso sonaba. Si sonaba, sería por trabajo, o porque Thomas quería hablar desesperadamente con ella.

—La verdad es que no tengo ninguno.—Confesó, con toda sinceridad.—¿Deduzco por las horas intempestivas a las que te has levantado que tú hoy no tienes que trabajar? ¿O estoy deduciendo demasiado?
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Zdravka E. Ovsianikova el Vie Ago 16, 2019 2:03 am

Lo de los sellos se lo compraba como algo muy aburrido, pero ahí en donde veías a Zeta era una persona muy curiosa a la que le gustaba saber un poquito de todo, por lo que los museos eran sitios que le gustaban mucho. Debía de admitir que el National Gallery, por ejemplo, era el típico museo que no le agradaba, pues era de arte, con cuadros y esas cosas. Pero ella en museos tipo el Museo Británico, el Museo Natural de Londres o incluso el Museo Imperial de la Guerra. Eran increíbles.

—Vale, lo de los sellos tiene pinta de ser aburrido —le concedió. —Y supongo que no es lo mismo vivir la experiencia de un museo a tener que escribir de manera limitada en un artículo. Supongo que si hablas sobre uno en concreto… ¿tu intención es publicitarlo? ¿O solo informar...?

Había ido tantas veces a algunos museos que consideraba que se sabía las mejores cosas de cada uno. Aunque claro, sería totalmente subjetivo, pero serviría para publicitarlo a personas como ellas.

Youtube podía ser un empleo perfectamente para quienes tuvieran muchísimo tiempo y fieles seguidores, pero en el caso de la eslovena lo usaba como un escaparate en donde mostrarse. Sería fantástico que llegase un día en el que tuviese tanto seguidores que por subir un video y tener un millón de reproducciones ella pudiera conseguir un dinero decente, pero esa no era su intención haciendo música. Le parecería un error total dedicarse a la música y tocarla siempre a través de una pantalla: ella era de directos.

—Sí, es ‘heces de castor’ —le respondió, para  entonces sonreír porque obviamente estaba de broma. —No significa nada, lo saqué de una unión de mis nombres. Zeta es por Zdravka y luego uní la ‘ka’ final de mi nombre de pila, con el principio de mi segundo nombre, que es Ekaterina. Me pareció que sonaba bien y al final le he cogido cariño.

Que había gente que podía decir: “MENUDA MIERDA” pero era su nombre y aunque no fuera el más original, a ella le gustaba. Tenía bastante que nadie en el mundo iba a tener un nombre como ese y, solo por eso, valía la pena. Además, a día de hoy no se imaginaba con otro nombre.

La verdad es que si Xenobia y April habían aprendido a convivir juntas pese a sus diferencias, no le resultaba una buena idea que le dijera que fuese menos ogro para que la nueva se sintiese más cómoda. Realmente hasta el momento no se había sentido incómoda, sólo molesta por el hecho de no haber hecho nada y tener la sensación de que ya tienes la culpa de todo, pero suponía que, con el tiempo, terminaría dándote igual esa falsa culpa y terminaría ignorando a April.

—¡Estás deduciendo bien! —Alzó sendas manos, en señal de victoria. —Llevo un fin de semana con el nivel de cansancio y estrés por las nubes. Hoy por fin podré terminarme la serie que estoy viendo y arreglar la habitación, que todavía tengo ropa dentro de la maleta y… —Entonces miró a Xenobia, con ojos más sombríos. —Y mañana a trabajar otra vez. Yupi. —Sonrió, tras rodar levemente los ojos.


Cuatro días después
Viernes 15 de junio del 2012, 09:34 horas | Atuendo

Había salido bien temprano para hacer unos recados para Rudy, volviendo temprano a casa para descansar pues esa noche tenía que trabajar en el Ministry of Sound. No tenía planes para ese día, por lo que se limitó a recoger la habitación, ponerse los auriculares con música para no molestar a April y ponerse en su escritorio a contar el dinero que tenía con el ordenador.

Tenía dos cuentas: una en donde ponía lo ahorrado y otra en donde dejaba lo necesario para sobrevivir con lo mínimo. No era extraño ver que Zeta vivía en modo lowcost totalmente, comprando todo marca blanca y lo mínimo y necesario. Quería comprarse una dichosa guitarra a la que ya le había echado el ojo y… ¡joder, por qué los instrumentos eran tan caros! Por desgracia para ella con toda la fianza y el alquiler de la nueva casa se había quedado sin lo ahorrado, por lo que había tenido que empezar de cero.

A veces pensaba que no estaría mal tener un tercer proyecto que pudiera tener una pequeña entrada de dinero, pero luego se acordaba de que no tenía tiempo material para ello y se le pasaban las ansias de seguir trabajando en cosas que no le gustaban.

—Hey, hola —dijo al ver a Xenobia pasar por delante de su puerta.

Zeta era bastante transparente: si la puerta estaba cerrada es que estaba ocupada de verdad en el interior o quería intimidad para cualquier cosa, pues normalmente la puerta de su habitación estaba abierta con ella en el interior por dos razones: usaba auriculares y no molestaba con el ruido y así había corriente y más fresquito, pues ahora en verano se notaba que vivían en una casa calurosa. Incluso cuando Zeta no estaba, con confianza dejaba la puerta abierta.

Se quitó entonces lo auriculares y se levantó para perseguirla hasta la cocina.

—¿Cómo estás? —preguntó al verla, pero en realidad le quería preguntar algo MUY IMPORTANTE. —Lo de mañana… ¿a qué hora era? ¿Por el mediodía, verdad? —Hoy trabajaba en la discoteca por lo que iba a traerse un buen Red Bull para tomárselo mañana por la mañana y estar cual buena animadora, despierta y activa. —Pensé que lo mejor era tocar canciones Disney épicas de toda la vida, que los niños siempre han visto Disney y se saben todas las canciones.
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Xenobia Myerscough el Lun Ago 19, 2019 11:51 pm

La prensa tenía sus entresijos, por mucho que la gente creyese lo contrario. Curiosamente, sucedía lo mismo con la música: pese a que existiesen diferentes estilos, orientados a su vez a un diferente tipo de público, siempre aparecería algún cateto a decir que si eres músico deberías ser capaz de interpretar todos los estilos musicales.

Afirmaciones como aquella la ofendían incluso a ella, que no aspiraba a convertirse en artista musical profesional: ¿realmente creían que podían poner a alguien como Taylor Swift—que por aquel entonces había comenzado a promocionar su nuevo disco, Red—, pura dulzura, interpretase canciones de heavy metal? Absurdo.

Sucedía lo mismo con la prensa: había mil y un estilos para una amplia variedad de público. Y había mil y un estilos de presentar una noticia, según fuese su contenido.

—Pues no te mentiré: en gran medida depende de cuanto haya pagado la galería en cuestión por la publicidad.—Xenobia sonrió, divertida, mientras hacía con los dedos el gesto del dinero.—Podrás imaginarte que la National Gallery, siendo el gigante que es, suele pagar bastante por su publicidad. Siendo así, generalmente aparece en portada en los periódicos y, además, tiene un artículo grande en las primeras páginas. Siempre y cuando no haya ninguna noticia inesperada que la eclipse, claro.—Matizó eso último, pues era importante: si el día anterior, por ejemplo, tenía lugar algo semejante al once de septiembre, publicitar una galería no solo resultaba absurdo, sino que podía llegar a herir sensibilidades.—Pero bueno, todo esto solo vale cuando tu periódico es importante. ¡Yo no tengo tanto caché! Lo mío son pequeñas notas explicativas, que sirven más bien para recordar que tal galería inaugura tal exposición. Y en caso de galerías pequeñas, que son las que se pueden permitir noticias grandes en los medios con los que trabajo, sí se me exige algún tipo de crítica. Como la de hace unos días.—Y claro, en su caso, portadas o primeras páginas se traducían en un artículo enorme en la página principal del periódico online para el que trabajaba. Todavía no eran demasiado populares entonces, pero con el tiempo, el papel iría quedando obsoleto.—¡Vaya rollo que te acabo de soltar! Nunca preguntes a una periodista por su trabajo.—Bromeó, riendo divertida.

De verdad, si había una cosa que a Xenobia le encantaba de la gente era la complicidad con sus bromas: prefería mil veces que alguien le siguiese una broma tonta, como la que acababa de proponerle, a que se sonrojase y enseguida la “desmintiese”. No tenía nada en contra de la gente tímida—ese comportamiento siempre lo adjudicaba a personas tímidas—, pero se sentía más en su salsa cuando la gente era tan bromista y deslenguada como ella.

Así que allí estaba, sonriendo divertida ante la respuesta de la que, descubrió, se llamaba Zdravka Ekaterina.

—¡Fíjate! Qué chulo, no lo habría adivinado nunca. Pero en mi defensa debo decir que me faltaban datos.—Se hizo la ofendida, como si aquello fuera un concurso o algo por el estilo, y estuviera acusando a su interlocutora de tongo.—¡No me habías dicho tus dos nombres todavía! Lo habría deducido si los conociera… En serio...—Seguía de broma.—Ya en serio… ¿Dravka? ¿Lo estoy diciendo bien? Vas a tener que enseñarme a escribirlo, pues seguramente en un futuro tenga que escribir algún artículo sobre ti.—Y le guiñó un ojo, con complicidad. No estaba de broma: eran ánimos sinceros.

Así que su nueva compañera de piso tenía la tarde libre. Cuando le mencionó todos sus planes para la tarde, que incluían trabajo, descanso y series, Xenobia asintió con la cabeza repetidas veces. Y cuando terminó de hablar… ahí intervino ella.

—Sí, sí, puedes hacer eso...—Convino, como quien no quiere la cosa. Entonces, alzó el dedo índice, abriendo mucho los ojos.—...o puedo secuestrarte y llevarte a merendar. ¿Tienes alguna objeción a ser secuestrada para comerte unos crepes rellenos de chocolate, nata montada, mermelada o lo que te apetezca?—Y alzó las cejas varias veces, como para resaltar lo tentador de la oferta.

⋆⋆⋆

Después de haber asegurado a Zeta que hablaría con April, Xenobia lo había hecho: al día siguiente, aprovechando que la eslovena trabajaba, la americana había cogido por banda a su compañera de piso y, extrañamente, le había hablado de una manera normal.

April, al principio, había sido muy reticente a hablar, pero finalmente y tras poner los ojos en blanco tantas veces que Xenobia creyó que se le quedarían así, vueltos hacia dentro, para siempre, había accedido a escucharla. Y la petición que le había hecho a la muggle había sido muy sencilla: dar un poco de cancha a la recién llegada, y procurar no enfadarse por tonterías como escuchar de cuando en cuando un acorde de guitarra. Xenobia le recordó que lo de los auriculares funcionaba en ambas direcciones, y que si necesitaba aislarse de cuando en cuando, podía prestarle los suyos.

Sí, hasta ese punto llegaba su generosidad: estaba dispuesta a compartir sus auriculares con el mismísimo Lucifer.

—Está bien.—Había dicho ella, poniendo otra vez los ojos en blanco.—Voy a ser la compañera de piso perfecta. Pero...

April había enumerado una serie de requisitos que… bueno, que Xenobia se esperaba, y dudaba mucho que a Zeta le molestase cumplir. La bruja sólo había pedido un poco de comprensión y, quizás, alguna palabra amable para la recién llegada. ¿Servía de algo, acaso, vivir en una guerra constante? April aseguraba que lo entendía, y que haría lo que estuviera en su mano, aunque lo dijera de mala gana.

Xenobia decidió darse con un canto en los dientes, y calculó que aquello duraría, como mucho, una semana; tras eso, la querida Lucifer volvería a hacer acto de presencia cuando se encontrase, por ejemplo, una cucharilla fuera de su sitio.

⋆⋆⋆

De esa conversación hacía ya varios meses, y sí: la paz había durado una semana, y el desencadenante de la ira de April había sido encontrarse con una mancha de mermelada en el suelo de la cocina. ¿Lo peor de todo? Que esa mancha ni siquiera era culpa de Zeta, sino que había sido la propia Xenobia.

De mecha corta, la americana no había dudado en enfrascarse en una discusión con April, y entonces se había restablecido el equilibrio natural de las cosas: el Diablo había regresado.

Habían aprendido a convivir con aquella situación, por supuesto: nada mejor que hacer piña en contra de un enemigo común. Si ya a April antes le costaba lidiar con Xenobia, ahora que tenía una aliada… bueno, las cosas se le habían complicado mucho.

La mañana del viernes quince de junio de ese año, Xenobia tenía que entregar un artículo a eso de las once y, como solía hacer cuando remataba uno, se lo había impreso en una hoja de papel y se paseaba con ella en la mano por toda la casa, releyendo y corrigiendo lo que no le gustaba.

Para cuando pasó ante la puerta de Zeta, abierta, llevaba varias anotaciones al margen de la hoja.

—Hola.—Respondió con una sonrisa, regresando del mundo privado que era su imaginación.—Pues bien, aquí me ves con...—Sacudió la hoja de papel. Ya Zdravka estaba familiarizada con su proceso creativo.—¡Ah, sí! Técnicamente, deberíamos empezar sobre las doce y media. Pero se me ocurrió que, quizás, querrías pasarte un poco antes. Para familiarizarte con el escenario, micrófonos y todo eso.—Y acto seguido, asintió con la cabeza ante las propuestas de Zeta: Disney era ir a lo fácil y a lo seguro, y desde luego que no podían ser muy exigentes con un público compuesto íntegramente por niños.—Es buena idea. A no ser que conozcas alguna serie de dibujos que vean los niños actualmente, claro. Ya sabes, cosas como esa de Ben 10. ¿Sigue estando eso de moda entre los niños?—Hablaba como la típica adulta: sin tener ni pajolera idea ni comprender lo más mínimo lo que los niños veían en televisión.—Por cierto, tienes que practicar con la guitarra. ¡No digo que no se te dé bien, evidentemente! Pero teniendo la fecha tan cerca, sería bueno que le dieses caña hoy. Todo lo que puedas antes del trabajo, claro.

Habían hecho un trato no mucho tiempo atrás: Xenobia le prestaba a Zdravka su guitarra siempre que la necesitase, a cambio de que alguna vez le permitirera grabarla tocando y cantando. Podía parecer un capricho absurdo, pero no: aquellas grabaciones iban a venirle muy bien, sobre todo cuando se encontrara con alguien que pudiera estar interesado en una artista de la talla de su amiga.

—¿Has decidido de qué te disfrazarás? Porque yo voy a ser Peter Pan.—Le dijo con todo su orgullo, sonriendo e incluso poniendo los brazos en jarras.
Xenobia Myerscough
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Xenobia MyerscoughFugitivos

Zdravka E. Ovsianikova el Jue Ago 22, 2019 3:38 am

Se mostró totalmente atenta e interesada en lo que le contaba de su trabajo, pues le gustaba aprender cosas nuevas de las que no tenía ni idea y ya te digo yo que de periodismo y revistas no tenía ni la más mínima idea. Sin embargo, después de eso no pudo evitar sonreír cuando Xenobia descubrió cuál era el motivo de su nombre, Z-Kaeka, nada más ni nada menos que un juego de palabras con sus dos nombres. En realidad no solo sonrió, sino que rió divertida ante la manera de contar que hubiera sido fácilmente adivinable si hubiese tenido los datos precisos.

—Pensé que lo sabríais: la señora Leithfield me llamaba Ekaterina porque no me atreví ni a decirle que me llamase Zeta ni que intentase pronunciar Zdravka —le confesó a su compañera de piso, para luego volver a sonreír ante su intento de pronunciar el nombre. —Casi, casi. No te preocupes, escribirlo es más fácil que decirlo.

Zeta tenía planes: ¿pero que podía posponerlos para salir a socializar con la compañera simpática de su piso? ¡Por supuesto! Recoger la habitación y sacar—de una maldita vez—la ropa de su maleta no era una prioridad después de haber estado ahí tres días seguidos. Estaba meditando seriamente que fuese su armario oficial. Además, por la noche le daría tiempo de colocarlo todo antes de irse a dormir, o eso quería pensar.

—Vaya —dijo de repente entonces, encogiéndose de hombros. —Parece ser que hoy tampoco organizaré mi habitación. Y tengo algo muy importante qué decirte ya que ha salido el tema: soy alérgica al chocolate. Sí, lo sé, es muy fuerte. No lo dije como ‘cosas importantes a tener en cuenta’ de la entrevista de la señora Leithfield porque no quería que me miraseis con ojos de monstruos antes de conocerme. —Todo eso lo había dicho con un tono falsamente dramático, para al final reír. —Está claro que April lo sabe y por eso me odia. Sabe que no soy de fiar.


***

Le hacía ilusión eso de participar como entretenimiento para los niños, pese su poco entusiasmo con los niños, por lo que estaba bastante motivada en practicar las canciones y ponerse junto a ellos a cantarlas de manera animada. Aunque no le gustase los niños, le encantaba verlos sonreír, jugar y ser felices. Cabe matizar que no le gustaban los niños a su alrededor, pero sí ajenos, siendo hijos de otros padres.

—¿Escenario? —Sonrió, algo divertida. —Yo me imaginaba sentada en un taburete en el jardín de alguna casa. Ahora me pongo nerviosa, Equis. —Había empezado a llamarla ‘Equis’ con la coña de poner solo la letra ‘X’ en todo lo que le pertenecía, pues para April ahora sus dos compañeras se reducían a ser etiquetadas por dos letras. Zeta se lo merecía; había sido ella quién se había presentado así. —¿Ben 10? ¿Qué es eso? —Rió divertida. —A ver, hay que partir del hecho de que tú eres americana, yo soy eslovena y dudo mucho que tengamos mucha idea de dibujos animados de Inglaterra dado nuestro círculo de niños pequeños a nuestro alrededor.

La televisión cambiaba muchísimo por países, por lo que algo le decía que ellas dos precisamente no iban a tener mucha idea al respecto.

—Podríamos preguntarle a April que es de aquí, ¿ella no tenía un hermano pequeño? ¡No! Su novio tiene un hermano pequeño. Ay, no sé. —Se llevó la mano a la frente. —Sé que hay algún hermano pequeño en la ecuación. Es que habla muy rápido, no la entiendo.

En su defensa tenía que admitir que hacía un esfuerzo por llevarse bien con April, pero es que cuando le veía con esas ganas de contar su vida después de haber tenido par de días de ser insoportable, Zeta a veces desconectaba.

—Sí claro —le respondió, con una sonrisa. —Ayer por la noche me puse a hacer recolección de todo lo que tenía pensado tocar, ahora hablaré con April antes de meterlas en un pendrive e ir a imprimirlas aquí abajo. —Sí, tenían la suerte de tener una copistería cerca de casa, pues obviamente Zeta vaciaría su tarifario y metería todas esas nuevas en el interior para llevarlas mañana y que los niños pudieran elegir y, por supuesto, tener la letra delante por si no se la sabían. —Entro en el primer turno hoy, así que no saldré muy tarde. Mañana también te despertaré con Pocahontas de fondo.

‘Colores en el viento’ era un gran temazo que estaba claramente en la lista.

Entonces se tensó momentáneamente: ¿disfrazarse? Miró a su compañera con cara de no haber roto un plato, pero haberlos tirado todos al suelo igualmente. Ya no hubo vuelta atrás: se había notado que se había olvidado POR COMPLETO de lo del disfraz. Cuando vio en la mirada de Xenobia la inmediatez de decir algo al respecto, ella se adelantó.

—¡No, no, no! ¡Ha sido culpa tuya que no me lo has recordado! —Y se echó a reír de repente, dejándose caer hacia atrás para apoyar la espalda contra la pared y llevarse las manos a la cara. —¡SOY UN DESASTRE! No pasa nada: voy ahora al chino más cercano y me compro el disfraz más mono que haya. Y si hay de Campanilla, de Campanilla. Será mi objetivo: Campanilla. —Y entonces negó con la cabeza, mirándola de nuevo. —Seguramente no haya ninguno de Campanilla y termine comprándome el de mariquita. O el de hada. Oye, el de hada. Campanilla es un hada. —Y se acercó a Equis, sujetándola por los hombros. —Soy una genio.

En ese momento estaba hablando con tanta diversión que no podía evitarse en lo pronunciado que estaban sus carrillos.
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Xenobia Myerscough el Dom Ago 25, 2019 2:31 am

No todo en la vida de Xenobia Myerscough era dedicarse a la prensa y la fotografía, como le hubiera gustado: a veces, la bruja no tenía más remedio que aceptar pequeños trabajos como aquel, que generalmente duraban días y significaban un pequeño apoyo a su economía.

Aunque, la verdad fuese dicha, jamás había sido animadora infantil.

No se veía sufriendo en ese trabajo, la verdad: quienes la conocían sabían que era el prototipo de madre, que le encantaban los niños y que en un futuro aspiraba a tener hijos. Por ese mismo motivo, de cuando en cuando también buscaba ofertas de trabajo de niñera.

Pero claro: desde que conocía a Zeta, y con la palabra “animadora” en el puesto de trabajo en cuestión, había tenido que ofrecer a la muggle la ocasión de participar. Su amiga eslovena estaba hecha para el mundo del espectáculo, y en cuanto había propuesto al dueño del establecimiento un número musical, lo había aceptado de muy buena gana.

—No es para tanto.—Restó importancia al tema del escenario con un gesto de la mano, para luego indicarle cual sería más o menos su altura. Bajó su mano derecha más o menos hasta la mitad de la pantorrilla.—Lo llaman “escenario”, pero en realidad es un palquito más o menos así de alto. Recuerda: van a ser críos sentados en el suelo.—Rió, divertida ante la imagen que ofrecerían ellas dos ante aquel selecto público.—Y si te motivas, no creo que haya ningún problema porque recorras la sala con tu guitarra y los animes a participar en la canción. Vas a tener libertad creativa, amiga mía.

¿Qué era Ben 10? Gran pregunta. Xenobia recordaba que su hermano estaba obsesionado con series de dibujos como esa, pero poco podía decir ella al respecto. ¡No tenía ni la menor idea de cuál era su trama, ni de las motivaciones de dibujantes y guionistas a la hora de hacerla!

Así que se encogió de hombros.

—¡Yo qué sé lo que es! Sé que a mi hermano le encanta, y creo que es una de esas series de...—Xenobia empezó a hacer gestos: primero, dio varios puñetazos al aire con una expresión facial falsamente agresiva, para luego emitir sonidos con la boca que emulaban a rayos láser, mientras con sus manos canalizaba energía imaginaria y la arrojaba en todas direcciones.—Ya sabes, de esas.

Cuando Zeta comenzó a liarse con el tema del hermano… Xenobia frunció el ceño y comenzó a señalarse a sí misma con ambos índices, sonriendo de manera exagerada. De hecho, el acabar de mencionar a su propio hermano era hasta gracioso: le brindaba una ocasión de trollear a su amiga.

—El único hermano dentro de la ecuación es el mío.—Le dijo, manteniendo esa falsa sonrisa durante algunos segundos, intentando que su pequeño “engaño” calase más hondo en Zdravka; de repente, se puso seria y desestimó lo que había dicho con un gesto de la mano.—Es broma. Es el novio de April el que tiene un hermano pequeño. Yo también, en eso no estaba bromeando, pero actualmente está de vacaciones… no sé ni dónde, la verdad. Ya me enviará una postal.—Sonrió, encogiéndose de hombros. Se tomaba la vida con mucha filosofía.—Pero bueno: aprovecho esta ocasión para señalar que lo mejor que podemos hacer es mantenernos alejadas de April y sus alrededores, y concentrarnos en Disney.

A pesar de que los ensayos podían entrar directamente en conflicto con April, en general, tendrían que capear ese temporal: Zeta no se iba a ir a ensayar a la calle, ni mucho menos, así que April tendría que vivir con ello. Solo iba a ser un día, y Xenobia quería pensar que su compañera de piso más antigua podía evitar ser un grano en el culo durante al menos unas horas. No era tanto pedir, ¿no? Además, si se le ocurría ponerse a protestar, Xenobia tenía en la manga unas cuantas réplicas, quizás hirientes, quizás satíricas, con las que contraatacar. No pensaba dejarse nada en el tintero.

—Antes de hablar con April, no te olvides de pasar por mi cuarto: tengo un crucifijo bendecido por tres Papas que te servirá de protección contra ese demonio.—Lo dijo con tanta naturalidad que cualquiera pensaría que hablaba en serio. Había convertido la ironía en una forma de vida, más que un aspecto de su personalidad.—Es broma: no tengo ningún crucifijo bendecido, así que vas a tener que hacer frente a ese demonio con el poder de tu fe. Te echaré un cable.—Le guiñó el ojo, para luego asentir con la cabeza cuando aseguró que la despertaría con canciones de Pocahontas. No sería un mal despertar.

Con respecto al tema de los disfraces… Xenobia tenía truco: sí, su disfraz iba a ser tan barato como el de Zeta, y lo adquiriría posiblemente en el mismo sitio, pero utilizaría la magia para otorgarle un toque… diferente. Y en sus planes entraba hacer lo mismo con el de Zeta, aunque evidentemente no se lo diría.

Pero… ¿cómo no utilizar su magia de una manera tan egoísta, buscando el beneficio propio, sin ningún tipo de responsabilidad y desoyendo el consejo del tío Ben? ¡Si Zeta estaba hecha un manojo de nervios!

—¡Espere un momento, joven! ¡Cálmese!—Exclamó Xenobia, alzando ambas manos en señal conciliadora.—¡Cálmese, he dicho!—Añadió, posiblemente de manera innecesaria. Estaba sonriendo, como casi siempre a lo largo de su vida.—¿Quieres un disfraz de Campanilla? Lo tendrás, pero déjalo en mis manos. ¡No te me estreses por el disfraz! Yo me encargo de eso. Solo necesito tus medidas.—Y, antes de que pudiera surgir ningún tipo de desconfianza, Xenobia añadió.—Soy la mujer que no tiene problema en prestarte su guitarra, ¿puedes confiar en mí con tu vestuario para la ocasión?

Y había otro detalle interesante al respecto de aquel trabajo que a Xenobia se le había olvidado comentar: se trataba de una fiesta de cumpleaños a la que acudían un pequeño estudio de fotografía y vídeo, contratado por la familia del cumpleañero. Grabarían toda la actuación, la celebración, el tema de los regalos…

Aquello le brindaba a Z-Kaeka una oportunidad de oro en YouTube.

—Van a estar grabando la actuación.—Le explicó.—Como ya llevas un tiempo queriendo reflotar tu canal de YouTube, he pensado que la ocasión no podrían pintarla más calva: tendrás a profesionales grabando, harán un vídeo del cumpleaños, y habrá un montón de imágenes tuyas.—Le dedicó una amplia sonrisa, abriendo mucho los ojos.—¡Y las canciones de Disney le molan a todo el mundo! Preveo que conseguirás visitas y algún que otro suscriptor.—Asintió con la cabeza, convencida.—Si me dejas hablar cinco minutos con los del estudio, creo que puedo conseguir que nos editen algunos fragmentos en que no aparezcan los niños. A no ser que sus padres te firmen un documento en que te autoricen utilizar su imagen en Internet. En lo personal, no creo que haya problema: creo que llevan dos cámaras, y una estará filmando el escenario en todo momento.

Solo esperaba que aquella noticia no hiciera ponerse de los nervios a su amiga. No les convenía, pues ya estaba lo bastante nerviosa sin la presión añadida.
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Zdravka E. Ovsianikova el Mar Ago 27, 2019 1:02 am

—Eso me suena a Kame Hame Ha, ¿seguro que no hablas de Dragon Ball? —preguntó divertida al ver a Xenobia haciendo ese teatro en el que intentaba hacer que Zeta adivinase. Si fuera un juego y estuviera haciendo mímica, indudablemente se trataría de Dragon Ball.

No sabía nada de Dragon Ball pero recordaba que el compañero que se sentaba al lado de ella en el instituto era un gran friki de series anime y toda la vaina. Ella no mucho, la verdad.

Lo que se le ocurrió fue acudir a los ingleses más cercanos—en este caso, desgraciadamente, April—para ver qué clase de dibujos veían los más pequeños de la casa. Ella creía que con las canciones de Disney en realidad iban sobradas pues eran películas que no pasaban desapercibidas para ningún niño, pero por tener más referencias. Eso sí, el simple hecho de tener que hablar con April pues hacía que la tarea le diese el triple de pereza que podría darle cualquier otra.

Cuando Xenobia mencionó entonces a su hermano, Zeta la miró, pensando que se había confundido. ¿Y si no era April ni el novio, sino Xenobia, la del hermano pequeño? Pero rápidamente cayó en que estaba de broma.

—¿Cuántos años tiene? —preguntó, por mera curiosidad, con respecto al hermano de Xenobia.

A lo mejor era guapo.

¡Argg! ¡Tenía que dejar de pensar en esas cosas, que lo acababa de dejar con un hombre! Pero si entre Xenobia y ella hubiera habido mucha más confianza, ya te podía asegurar que la pregunta hubiera sido: “¿y es guapo?” en vez de preguntarle la edad.

Rió entonces cuando le ofreció su crucifico santificado por todos los Papas de la historia. La verdad es que Zeta a veces pensaba que había que tirarle agua bendita directamente, sólo por si acaso.

—¿Y cómo has sobrevivido tanto tiempo sin un crucifico bendecido por cinco Papas? —respondió divertida. —En verdad estoy pensando que quizás no es TAN necesario hablar con April. Internet a lo mejor nos puede abrir los ojos. O con sólo Disney también vale. Todo el mundo ha visto Disney.

Era un poco mierda que Zeta fuera de eslovenia, pues las canciones infantiles que conocía eran todas en su lengua materna, pero quizás hubiera estado muy bien acudir a ese tipo de canciones típicas de fiestas de niños… Pero bueno, ella seguía en sus trece: Disney cumplía de sobra con lo pedido.

Pero entonces llegó la tempestad después de la calma: EL DISFRAZ. Casi había sido como cuando eras pequeño y te levantabas en mitad de la noche pensando en la cartulina, esa cartulina que tenías que llevar a clase y que se te había olvidado por completo pedirle a tu madre que te la comprase el día anterior. Y claro, en busca de una solución plausible, Zeta entró en modo resolutiva, buscando mentalmente el chino más cercano en el que poder buscar un disfraz bonito que sirviese para una fiesta infantil. Porque hay que decir que últimamente todos los disfraces parecían más para una despedida de solteros que otra cosa.

Pero entonces Xenobia la mandó a calmar y Zeta no pudo evitar contagiarse de la sonrisa de sus labios.

—¡Me calmo! —Repitió cuando ella se lo había repetido. Su ofrecimiento le liberaba de gran carga para ese día, además de que debía de admitir que no sabía ni a donde irse a comprar un disfraz, pues el chino más cercano sólo venía cosas de papelería. —Sí, claro… Ay…Se llevó la mano a la frente, declarándose una despistada. —Gracias y lo siento, se me fue totalmente la bola. —Ya bastante tenía con llevar la agenda de su jefe Rudy como para encima tener una suya propia. Así le iba. —No sé mis medidas… —Se miró de arriba abajo: —¿Cómo tú?

Zeta parecía un poco más alta, pero tampoco demasiado y las dos estaba bastante delgadas.

Ya bastante más relajada gracias a la aportación de Xenobia, así como declararse como tributo de la compra de disfraces, llegó otra noticia que no se esperaba. ¿En serio iban a grabar la actuación? ¿De quién era el cumpleaños al que iban a ir, de la hija no nacida todavía de Beyoncé? O sea, ¡y dos cámaras, decía!

Lo que Zeta se había imaginado sin disfraz, cantando familiarmente con los hijos, se había convertido en un mini-concierto que iba a ser grabado siendo ella campanilla. Que ojo, en el fondo le emocionaba la idea, pero como no lo sabía, le había cogido totalmente desprevenida. Pero antes de poder demostrar más que un poquito de pánico, llegó a una conclusión: iba a poder revivir su canal de Youtube con un sonido familiar para todo el mundo y encima haciendo un acto lúdico. Así que entonces asintió varias veces con la cabeza.

—Qué fuerte —le dijo entonces, ampliando una sonrisa. —Vale, vale, casi entro en pánico, pero he controlado mis emociones. ¿Cómo se te ocurre decirme lo del disfraz, lo del escenario y lo de la grabación el último día, tía? ¿Quieres que me de un infarto? —Se metió divertida con ella, pese a que era bien consciente que al menos lo del disfraz sí que se lo había dicho. —Quizás que nos editen fragmentos especiales para lo nuestro sea pedir demasiado o tener que apoquinar dinero: con que nos pasen los vídeos, nosotras podemos hacer un vídeo chulo. Siempre he querido familiarizarme con ese tipo de programas para poder editarme a mí misma cuando deje de ser una vaga y tenga tiempo para ponerme a grabar —le dijo, bastante motivada con la idea. —¿Tú sabes usarlos? ¿Los de vídeo para componer algo bonito?

Se había venido arriba de repente, pues le gustaba mucho la idea. Podría haber entrado en nervios pero seamos realistas: ¡de eso quería vivir Zeta! Ella no tenía problema en tocar su música para el resto de personas, ya había pasado esa fase de sentir vergüenza, por lo que ahora lo que quería era que llegase al máximo de personas posibles.

—¡Qué guay! —dijo de repente. —Voy a coger la guitarra y me pongo a darle caña. —Aunque antes de dirigirse a la habitación de su amiga, se paró y la miró: —En verdad puede ser de Campanilla, de niño perdido, de Wendy, del Capitán Garfio… Pero si es del Capitán Garfio no tendré garfio por evidentes motivos. —E hizo el gesto de tocar la guitarra, pues con un garfio sería complicado. —En realidad molaría ser Wendy o Campanilla y así ellos son los niños perdidos… —Tras una pausa lenta, miró de nuevo a su amiga a los ojos. —Creo que me estoy viniendo arriba, ¿no?

Ya es que no quería ni ir a trabajar, pues sentía que le iba a cortar el rollo de la motivación escuchando tanta música electrónica y de regguetón metida allí durante cinco horas seguidas. Miró el reloj de la cocina, viendo si era muy tarde para cambiar el turno, pues prefería ir mañana después de la fiesta infantil que hoy.
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Xenobia Myerscough el Jue Ago 29, 2019 11:18 pm

Xenobia no tenía la menor idea de temas de dibujos animados que gustaban a los críos de la edad de su hermano, pero creía estar segura de que no hablaba de Dragon Ball. Le sonaba vagamente alguna mañana, antes de acudir al colegio nomaj que había precedido a Ilvermorny, viendo de pasada un episodio de esa serie… y su madre cambiando de canal ante la exhibición gratuita de violencia que solían hacer en el programa.

No era ese, pero tampoco importaba: a sus ojos, todos los dibujos de ese tipo eran iguales.

—¿Siguen emitiendo eso actualmente?—Preguntó, frunciendo el ceño.—¡Bah, no sé! Pero seguro que no hablo de eso. Todos esos dibujos son exactamente iguales.

Xenobia dedicó a Zeta una mirada inquisitiva, una de esas en que se entrecierran los ojos con cierta suspicacia. No es que pudiera leer el pensamiento ni mucho menos, pero creía que empezaba a conocer a su compañera de piso, y creía que esa cara era la que ponía cuando algo le interesaba. No hacía falta otra cosa que ser un poco observadora para quedarse con esos detalles.

Pudo haber puesto a Zdravka en un compromiso, o hacerle una broma diciendo que el muchacho tenía más edad de la que tenía… pero al final, lo descartó.

—Catorce años. Está en el instituto.—Y por “instituto”, por supuesto, se refería a su cuarto año en Ilvermorny. Su hermano había nacido, igual que ella, con el don de la magia.—No creo que sea tu tipo.—Al final, no se pudo resistir, y terminó bromeando.—Aunque a lo mejor tú sí eres su tipo.—Y rió, divertida: su hermano, por las cartas que recibía de él, había entrado en esa época en que empezaba a interesarse por las chicas, y según le contaba, le gustaba una guapa estudiante de último curso.

Veía en su futuro un matrimonio con una mujer varios años mayor que él, aunque quizás se le pasase con el tiempo y terminasen gustándole las chicas de su edad. Una lástima pensar, en retrospectiva, que su hermano no llegaría a casarse con nadie: en agosto de 2018 sería asesinado por los mortífagos, mientras hacía un esfuerzo desesperado por proteger la vida de su padre.

Volviendo a aquel momento en el tiempo en que se desarrollaba la conversación entre Zdravka y Xenobia, la bruja no pudo evitar bromear con respecto a April; era la broma fácil, el ogro que convivía con ellas, por lo que resultaba inevitable. ¿En esta ocasión? Xenobia prometía prestar a Zeta un crucifijo bendecido que, por desgracia, no existía. De existir, además, dudaba que tuviera efecto sobre April.

Lucifer era demasiado poderoso para una protección tan escasa. Hacían falta balas de plata, como mínimo.

—Empiezo a pensar que sobrevivo gracias a la suerte...—Dijo, encogiéndose de hombros.—O eso, o a que no me callo ni una. ¿Te has dado cuenta de que no me callo ni una?—La pregunta bien podría haber sido retórica: si bien April era buena prendiendo la mecha, no creáis que Xenobia llegaba corriendo con un cubo de agua para intentar apagarla. Si acaso, traía un poco de gasolina.—Sí, quizás con Disney todo vaya bien. Hay suficientes clásicos como para hacer un concierto de dos horas. Y creo que si les cantas Hakuna Matata, Hay un amigo en mí y Un mundo ideal ya los tendrás en el bolsillo.

Siempre y cuando esos niños supieran apreciar lo bueno, claro. Esperaba que sus padres hubieran hecho una buena labor educándoles, y les hubieran dado las herramientas para conocer esas obras maestras, y no limitarse a los “kamejamejas” eso de las narices.

Ese día, Zeta se preocupaba básicamente por todo lo que le rodeaba, y el vestuario solamente era una pequeña parte. Xenobia tenía facilidades que su amiga nomaj no, y por cutre que fuera el disfraz que consiguiese, iba a parecer mucho mejor gracias a la magia.

Después de pedirle que se calmase un par de veces, para luego sugerirle el encargarse del asunto y preguntarle sus medidas, Xenobia se apoyó una mano en la barbilla, la otra en la cintura, y miró de arriba abajo a Zeta, entrecerrando los ojos. Asintió un par de veces, un complejo proceso mental teniendo lugar dentro de su cabeza, y finalmente asintió de nuevo con más fuerza.

—Sí, creo que algo que me quede bien a mí debería quedarte bien a ti, definitivamente.—Convino, sabiendo que, en realidad, no importaba: con la ayuda de la magia, aquello le sentaría bien de todas las maneras posibles.

Y por si su compañera de piso no tenía suficientes preocupaciones ni fuentes de nerviosismo, Xenobia recordó en ese momento que durante la fiesta estarían grabando tanto su actuación como la fiesta en sí. Lo harían unos profesionales contratados por la familia del niño, a quienes no debía faltarles el dinero, precisamente. ¿Un estudio profesional grabando un cumpleaños? ¡En su casa, de toda la vida, lo había hecho su padre con una vieja cámara de vídeo de la que se había enamorado en una venta de garaje!

Pero así eran las cosas… y Xenobia tenía suficiente cara dura como para aprovecharse del asunto. Era una de sus mayores virtudes, aunque otros lo considerasen un defecto. Ella estaba bien orgullosa de su propio descaro.

—Sé usar Photoshop.—La informó. En su trabajo era vital el manejo de dicho programa, pues se le exigía que las fotos que enviara a los periódicos que le pagaban llegasen editadas y listas para ser publicadas.—Pero supongo que siempre podemos recurrir a algún tutorial y al Sony Vegas, ¿no? Entre las dos, seguro que podemos hacer algo.

¡Qué ingenua había sido! Pasarían parte de la semana siguiente delante del ordenador con cara de no entender nada, buscando en Internet, y al final, sólo al final, conseguirían una edición decente. ¡Y sería decente porque la calidad de vídeo era impecable!

Entonces Zdravka, en una imitación más que aceptable de Sonic, el erizo, se encaminó hacia su habitación; por fortuna para ella, su frenada era impecable, pues se detuvo en seco para volverse hacia Xenobia. La bruja no se había movido y le prestaba toda su atención.

De disfraces iba la cosa.

—Te entiendo mejor de lo que crees, compañera.—La miró entonces de arriba abajo, pensativa.—Campanilla o Wendy están bien, aunque me has metido la idea del Capitán Garfio en la cabeza. ¿Sabes lo guay que sería eso? Pero no, nos ceñiremos a personajes con dos manos, o lo pasarás un poco mal para interpretar los acordes.—Rió, divertida, para acto seguido indicarle que siguiera su camino.—¡Venga, a tocar esa guitarra como si fuera el…! ...iba a decir algo muy soez, así que mejor lo dejamos justo aquí.

[FB] When you came into my life. —XyZ.  - Página 2 YJAVn1Z
Sábado 16 de junio, 2012 || Little Rascals Club, Londres || 12:23 horas || Atuendo

Un gran problema que suele presentarse cuando una acepta un trabajo… es que dicho trabajo no suele limitarse única y exclusivamente a aquello para lo que supuestamente la contratan. Xenobia ya lo había descubierto a las malas, pero aquel día… aquel día ya era el colmo de los colmos.

La oferta claramente hablaba de un empleo como animadoras infantiles, y nada más. Los motivos: baja laboral por enfermedad, la esperanza de los pobres habitantes de Londres que vivían en una situación precaria. El único problema es que… debía haberse puesto enferma la mitad de la plantilla, o algo así.

Xenobia Myerscough, ataviada con un disfraz de Peter Pan cuyas mallas, en su opinión, le sentaban genial y le hacían un culo precioso, se encontraba ultimando los detalles para la comida de los veintidós niños que acudirían a aquella celebración. No le había tocado cocinar, por suerte, pero allí estaba, poniendo la mesa, mientras se preguntaba dónde demonios estaban los demás empleados.

Zdravka se había ofrecido a echarle una mano con aquello, pero ella había negado rotundamente: su amiga, ataviada con su disfraz, tenía un trabajo mucho más importante, y éste consistía en afinar la guitarra, hacer pruebas con los micrófonos, y en general asegurarse de que todo estaba correcto.

If you want my future, forget my past. If you wanna get with me, better make it fast…Cantaba en voz baja, imitando las voces de cada una de las Spice Girls mientras iba de un lado a otro, colocando vasos de papel en la mesa.Now don’t go wasting my precious time…Al llegar a esta parte de la canción, puso los ojos en blanco. Aquello era, sin lugar a dudas, una pérdida de tiempo.

Se detuvo entonces en medio del salón. Se trataba de una estancia amplia que podía albergar perfectamente a cuarenta niños. Había varias mesas dispuestas de manera equitativa, cada una con cuatro sillas alrededor. Con motivo del cumpleaños que se celebraba, había sido decorada con globos de todos los colores, guirnaldas y carteles que rezaban “Feliz cumpleaños, Kevin”. Una piñata con forma de perrito azul colgaba del centro de la estancia.

Un pequeño espacio de unos dos metros separaba las mesas del escenario, el cual era, como había dicho Xenobia, apenas un palco que no alcanzaba los treinta centímetros de altura. En este espacio se sentarían los niños cuando tuviera lugar la actuación, o cuando terminaran de comerse todas las chucherías que les apeteciese.

Sobre dicho palco estaba Zdravka, encargándose de que todo funcionase correctamente con el equipo de sonido. No era ninguna maravilla, pero serviría.

—¿Todo bien por ahí?—Preguntó con fingido entusiasmo, para luego sonreír ampliamente.—Por aquí, todo correcto. No sé qué harían sin mí para poner las mesas...

Lo dijo con un deje irónico y, por fortuna, no había nadie más que ellas para escuchar aquello. Dudaba que diese una buena imagen de sí misma hablando así.
Xenobia Myerscough
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