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Viviendo en gerundio. —Edwanny.

Danielle J. Maxwell el Lun Jun 10, 2019 4:59 am

Viviendo en gerundio. —Edwanny.  6nKkqrA
Epping Forest Camping | 07/06/2019 | 21:55h | BSO | Atuendo

—Sabes que no —le dije a Edward, mirándole con la típica mirada de reto, esa que decía: ‘sabes que no tienes razón pero me estás chinchando a propósito para sacar lo peor de mí’.

Estábamos de acampada en el bosque de Epping. Era una zona alta y si bien estaba cerca de una zona de camping, nosotros nos habíamos ido un poco al interior, rodeado de árboles y más a nuestro rollo, sin tener que compartir nuestro espacio con otra gente desconocida.

Habíamos aprovechado que Edward tenía libre para irnos un par de días al campo, con la promesa de encontrar un erizo, un zorro y descubrir la Cueva de las Maravillas en versión Londinense y en versión bosque también. Habíamos visto la nueva de Aladdin hace poco y estábamos motivados, por lo que también habíamos puesto como norma ir a modo muggle: nada de magia ni para hacer la comida, ni para hacer la tienda de campaña y nada. Me hacía ilusión, después de todo, volver a nuestras costumbres muggles. Actualmente con cómo estaba la sociedad mágica, me apetecía sencillamente desconectar del todo e ir a la aventura.

Era el primer día y habíamos estado todo el día haciendo nuestro ‘campamento’ el cual se componía de una hoguera en el centro y detrás la tienda de campaña, sujeta a dos árboles para su estabilidad. La tienda también era muggle y de dimensiones reducidas y si bien ambos habíamos conservado nuestras varitas por pura comodidad y costumbre, la idea era no usarlas ni para hacer el fuego de la hoguera.

—Son malísimas las nuevas películas de Star Wars, deja de intentar que vaya con hype a la de este año porque me voy a llevar la misma decepción que con la anterior. No entiendo cómo te gustan, si es que son una copia mal hecha pero con mejores efectos especiales que la primera saga. —No era un secreto para nadie lo fan que era yo de Star Wars y tampoco era un secreto lo decepcionada que estaba con la nueva saga, que para mí no era nada nuevo y encima mal hecho. —Menos mal que te gusta Rogue One, o si no nuestra relación sería imposible.

Porque encima había gente que odiaba Rogue One y amaba la nueva saga, en serio, ¿qué clase de problemas tenían esas problemas? Bueno, vale, quizás este pensamiento por mi parte era un poco cruel e injustificado, pero no entendía como un auténtico fan de Star Wars podía no amar Rogue One, sabiendo lo bien que era y todo lo que metía nuevo en la ambientación, mientras que idolatraba una saga aburrida y con falta de argumento útil.

Estábamos comiéndonos unos patatas de bolsa, para cuando Edward se sintió OFENDIDO por haberle dicho que sus gustos en Star Wars eran muy importantes para que yo lo hubiese aceptado como pareja.

—¿Qué? Es que yo no podría estar con alguien que ama la nueva saga. Menos mal que no te gusta tanto porque si no tendríamos problemas de… Eh. —Entonces vi que se levantó. —¿Qué haces?

Y me levanté rápidamente dejando la bolsa de patatas en el suelo, para entonces salir corriendo porque Edward el ofendido quería ‘castigarme’ por haber dicho tremenda osadía. Así que salí corriendo porque huir era lo más sensato cuando alguien te amenaza con cosquillas. Me metí entre los árboles y corrí por detrás de la tienda de campaña, usando ésta de cobertura. Él continuó corriendo detrás de mí y al final dio conmigo, sujetándome por la cintura por detrás y alzándome para que no pudiera seguir corriendo. Yo me estaba riendo muchísimo porque no había nada más divertido que hacer el retrasado con alguien que quiere hacer el retrasado contigo.

—¡Noooooo! —Y reí divertida, esperando a que me soltase.
Danielle J. Maxwell
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Danielle J. MaxwellMagos y brujas

Edward Westenberg el Lun Jun 17, 2019 12:29 am

Hace un tiempo Edward había quedado con Danny en irse unos días acampar a algún lugar, solos y sin nada de magia. Panorama que al licántropo no podía parecerle más perfecto, bueno aunque para el castaño todo panorama que involucrara a la rubia en el le parecía increíble, este en particular lo animaba montón. Ya que desde pequeño que con sus padres salían a acampar por ahí para pasar sus vacaciones en medio de la naturaleza, por lo que poder vivir una experiencia así con su novia le parecía algo maravilloso. Es por ello que no tardó en pedir un par de días libres e irse junto a su adorable tejoncita a Epping Forest Camping. Allí buscaron un lugar más apartado de las demás personas y se dispusieron a acomodar todo.

Las horas habían pasado y ambos se habían dedicado a situar todo de la mejor manera para que aquel lugar fuera lo más parecido a un hogar durante esos días. Edward se encontraba acomodando  leña, ramas y pedazos de diario doblados para luego comenzar a prender el fuego, ya pronto caería la noche y quería que la fogata estuviera prendida para ese entonces.

El castaño sonrió traviesamente cuando escuchó ese "Sabes que no" por parte de la rubia, la miró negando con la cabeza divertido. Le gustaba hacerla rabiar, pero así en bromas, es que si pudieran ver lo guapa que se ponía la ex hufflepuff con su ceño fruncido y mirada desafiante, entenderían por qué él simplemente no podía evitar picarla un poquito.— ¡Hey! que no te metas con la primera saga.— le reclamó arrugando su ceño, que quizás para algunos no eran las mejores pero él siempre le tendría un cariño especial, fueron las primeras que vio y las que hicieron que él se enamorara para siempre de esa saga.— Ellas no tienen la culpa que las películas de ahora sean...— hizo una pausa divertido al ver como Danny ponía cara de "Vamos, admite de una vez que son tan malas como pegarle a la mamá".— ....no tan buenas.— terminó por decir divertido para luego sacar un gran puñado de papas fritas y llevarlas a la boca.  Enarcó una ceja cuando escuchó sus siguientes palabras.— ¿Así que imposible? — preguntó junto a una mueca.— Mira tú,  interesante saberlo...— susurró haciéndose el ofendido, y sacar otro puñado más de papas.

Y ya, vale. Que a Edward le gustaba molestarla un poco por lo guapa que se veía la rubia ahí con su ceño fruncido, mejillas rojas y sus tentadores labios en una mueca. Cuando era en broma, la maga ´enojada´ era una encantadora versión de jigglypuff que solo daban ganas de comérsela a besos. Pero para ser sinceros, su versión favorita era la de Danny riendo a más no poder, así que ya cansando de esa discusión boba se levantó del tronco en que se encontraba sentado junto a la rubia y le dedicó una mirada que solo significaba una cosa: ¡ataque de cosquillas! La maga entendió enseguida el mensaje y se levantó de sopetón para luego escapar de las manos de Edward.

El licántropo le dió una pequeña ventaja para luego salir corriendo detrás de ella, Edward es jodidamente rápido corriendo por lo que no tardó en dar con ella, y cuando lo hizo rodeó con sus brazos la cintura de Danny para alzarla en los aires divertido, para luego bajarla y voltearla. Y sin alejarse de ella un poquito, caminó  hasta dejarla pegada a un árbol.— El lobo ha capturado a Caperucita...— le susurró divertido uniendo más su rostro con el de ella.—¿Señorita Maxwell está preparada para ser devorada por este lobo a...?.—comenzó  a preguntarle con pícara mirada.—¿...besos y mordiscos?.— terminó por preguntar para llevar su boca al cuello de la rubia y darle un mordisco en el risueño. Dió unos pasos para atrás, estrechando su mano con la de la chica en el camino.— Bueno, no sé para qué me hago el ofendido, a mí me pasa lo mismo. Si a ti no te gustara MK de seguro que ni me hubiera fijado en tí...— bromeó, mientras traviesamente una sonrisa se le escapaba sin su permiso, deshabilitando sus palabras al acto.

Vale, volvamos. Que quiero lograr prender el fuego antes de que se vaya el sol por completo....— dijo desviando su mirada hacia el horizonte donde el sol estaba despidiéndose.— Ya que no queremos pasar frío ¿no? Igual por si acaso traje una botella de vodka que nos puede ayudar, mucha comida y un mazo de cartas para que juguemos un par de juegos .— le comentó. — Uh, podrías apostar algo…— agregó con traviesa mirada.

Cuando volvieron al lugar donde acampaban, el castaño se puso manos a la obra, y sacó un encendedor de su pantalón para comenzar a prender el fuego. —Además, no sé por qué dices eso, si sabes que igual en el fondo, irás emocionada a ver las películas. Y estarás toda nerviosita mientras esperamos en la fila del cine, porque eres la friki de Star wars más fanática y guapa que existe . — terminó por decir antes de ir y arrebatarle un fugaz beso.
Edward Westenberg
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Edward WestenbergUniversitarios

Danielle J. Maxwell el Sáb Jun 22, 2019 2:45 am

Era super obvio que Edward iba a terminar dando conmigo, ¿sabéis por qué? Porque yo tenía patitas de Hobbit y era imposible que una chica de un metro sesenta haga frente a un larguirucho de casi metro ochenta.

Me sujetó por el vientre y cuando me volvió a dejar en el suelo, me dio una vuelta para terminar pegada a un tronco, justo entre el árbol y él. Y entonces ocurrió uno de esos momentos: el susurro bien pegado a mí, unido a esa frase, para finalmente terminar acercándose a mi cuello para darme un cariñoso mordisco. ¿Y sabéis lo que era eso para mí? SENSACIONES. Y así lo digo, sin más, porque era absolutamente eso. Lo que sentía con Edward era literalmente la primera vez que lo sentía: como un mero susurro me hacía sentir un cosquilleo y como el roce de sus labios, su respiración o su barba en mi cuello me hacía sentir directamente unas cosquillas inquietantes. Y sí, sabía perfectamente lo que era, ¿vale? Seré un puto ladrillo, pero sé cuándo lo que siento es excitación.

Y debía de ser una buena noticia, ¿no? ¡Yey, no soy una piedra emocional! ¡Pero no! No era una buena noticia. Cada vez que me pasaba eso, como no estaba nada acostumbrada, entraba en una especie de estado de pánico de SÍ pero NO. Es decir: SÍ quiero más y NO por favor que no sé qué hacer. Yo sabía muy bien que uno de mis problemas con… ‘dar el paso’ era hacer el ridículo frente a él por mi falta de experiencia y no saber qué hacer, o cómo hacerlo o…

En fin, lo importante en todo esto es que cuando Edward me mordió de esa manera bajo la oreja y luego se separó, lo miré con cara de patata. Patata de ‘sí pero no’ recordemos. Claramente el pobre Edward no sabría interpretar mi cara de patata de ‘sí pero no’, porque si ni yo me entendía bien a veces, no entendía como él podría hacerlo.

Arranqué cuando mencionó el Mortal Kombat, pasándome el pelo por detrás de la oreja por los nervios momentáneos y dando un paso hacia él. No era un secreto que tenía un tick muy evidente: pasarme mechones de pelo por detrás de la oreja cuando mi mente estaba en otra cosa muy distinta al tema actual.

—Los dos sabemos que lo que te hizo fijarte en mí era precisamente que fuera mejor que tú en los videojuegos, ¿a que sí? —Volví a la normalidad, con una sonrisa. —No querías a una novia que no supiera coger un dualshock porque esas son aburridas… —Y me crucé de brazos, ‘alardeando’ de mi habilidad con el mando.

Qué mal había sonado eso, menos mal que no lo había dicho en voz alta.

Seguí entonces a Edward a donde habíamos reunido un par de tronquitos con paja para hacerlas arder, sentándome de nuevo en el tronco en donde estaba antes. Me quedé allí sentada, escuchando su proposición.

—¿En serio: vodka solo? ¿No trajiste nada con lo mezclarlo? No voy a ser tan masoquista de tomarme eso solo, ¿eh? Que tú tienes hígado de licántropo poderoso, pero yo solo soy una mortal humana con hígado débil. Yo no puedo tolerar esas cosas sin vomitarte encima. —Y como yo soy así, si bien esa ‘indirecta’ de juego de cartas y APUESTAS podrían fácilmente relacionarse con un streeppoker o similares, yo me imaginé un póquer convencional en donde nos apostásemos cosas como a ver quién grita más alto ‘patata’ o quién invita al McDonalds el próximo día que vayamos al cine. Porque así era mi vida, ¿vale? Inocente y pura. —¿Apostar el qué? La verdad es que no sé muchos juegos de carta de dos personas.

Sonreí entonces como una niña pequeña cuando admitió aquello de las películas de Star Wars antes darme un beso, pues desgraciadamente… TENÍA RAZÓN. ¿Sabéis eso de que en una relación siempre en las discusiones la razón la tenía la mujer? Bueno, en nuestra relación, aunque todavía no hubiésemos discutido de nada especialmente importante, siempre solía tener la razón Edward.

—La verdad es que sí, iré emocionada porque siempre tendré esperanza. ¿No sabes eso de que la esperanza es lo último que se pierde? Bien, incluso después DE LA TREMENDA BOÑIGA que han hecho y aunque las critique como una hater, siempre esperaré que hagan alguna película que me haga salir del cine flipando pepinillos. —Y sonreí, llevándome la mano al pecho. —Así somos los fans: haters y amantes al mismo tiempo.

Edward consiguió prender aquello, lo cual no era muy difícil pues… tenía un mechero. Hubiera tenido más valor si lo hubiera hecho con dos piedras o un palo, en plan neandertal, pero un mechero era como el nivel principiante del Mortal Kombat en donde matas a uno de una patada. Así que saqué lo propio de mi mochila, que estaba justo en la entrada de la caseta que habíamos montado como dos campeones: los malvaviscos. También nos habíamos llevado unos sándwiches, batidos de chocolate, chocolatines y todas las cosas poco sanas que se puedan llevar a una acampada.

Entonces abrí la bolsa y cogí dos palos, tendiéndole uno a Ed. Me senté en el suelo, apoyando la espalda en el tronco, para poder estar más cerquita de la hoguera que poco a poco iba cogiendo más fuerza gracias a la ligera brisa que corría.

—Tío. —Eso había sonado super serio y la verdad es que yo tenía la habilidad de hacer pensar que iba a decir algo super serio, cuando en realidad te iba a decir alguna paranoia que me había pasado por la cabeza. —Si pudieras… meterte en el interior de algún videojuego, de todos los que existen… —Entonces pinché el malvavisco en la punta de mi palo, asegurándome de que no se me iba a caer porque yo era la típica que movía el palo y el malvavisco, tristemente, caía al suelo. Yo me imaginaba al pobre malvavisco gritando: ‘nooooooooo’. —¿En qué videojuego te meterías? ¿Qué te molaría vivir? El otro día no podía dormir y me pegué en vela en la cama pensando en eso. Y es super difícil.
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Danielle J. MaxwellMagos y brujas

Edward Westenberg el Vie Ago 02, 2019 6:56 am

Edward no podía mirar a la tejona sin sentir amor, admiración y deseo, a veces por separado, a veces todo junto, pero siempre a mil. Y era tan bonito sentir aquello, ese apretón en el estómago que como si de un imán se tratase te llevaba a ir en busca del cuerpo ajeno, deseoso de más. Es por eso que cuando la pilló y la tuvo entre sus brazos escuchando su apacible risa, simplemente no pudo evitar voltearla y arrastrarla hasta quedar pegados al árbol más cercano y terminar atrapando un pedacito de su cuello entre sus dientes, se separó rápidamente (muy a su pesar) e intentó en vano hacerle creer que estaba con ella solo por su habilidad en los videojuegos. Frunció levemente el ceño y ladeó su cabeza a un costado, dedicándole una fugaz mirada de pregunta a la tejona cuando observó que se llevaba su cabello detrás de la oreja, miles de preguntas se apoderaron de su cabeza: ¿Por qué está nerviosa? ¿Fue el mordisco? ¿Será un nervio mal o bien? y unas cuantas preguntas más que hace mucho rondaban en su cabeza. Pero lo dejo pasar, solo por el momento, la noche aún es joven y él tenía pensado de antes hablar ese tema con Danny, quería entender qué pasaba en su cabeza que no le permitía dar el siguiente paso, porque él podía jurar que ha sentido como la rubia lo mira con deseo, disfrutando y que quiere pero luego…no ¿Tendrá miedo? ¿Pero a qué? En fin…quería hablarlo, y no para apresurar ni presionar, sino para comprender y que la espera no le carcomiera la cabeza con trillones de interrogantes. Estrechó su mano con la suya y sonrió embobado al escuchar sus palabras, acercándose modo imán a la boca de Danny, separarle sus brazos para depositarlos sobre mis hombros y susurrarle antes de besarla. — Sí, esas son muy aburridas.

Estrechó su mano con la de la rubia para devolverse al campamento, y en el camino le comentó que había traído una botella de vodka en su mochila, soltó una carcajada. — Hey ¿Por quién me tomas? ¿Cuándo yo te he dejado tomar vodka así sin más? ¿eh? — preguntó haciéndose el ofendido, frunciendo el ceño y todo, pero de pronto…su expresión cambió, recordando algo y una traviesa sonrisa apareció. — Ya sí, sí, en la fiesta de primavera tomamos chupitos puritanos de vodka en plena calle. — dijo divertido,  rápidamente antes de que lo dijese Danny— Pero en mi defensa, ambos estábamos muy borrachos esa noche como para pensar en nuestros hígados, y si no fuera por los videos jamás nos hubiéramos enterado. — dijo entre risas, recordando la caña que tuvieron ambos al otro día y lo mucho que se rieron viendo sus locuras. — La foto que tenemos con los conos de tránsito en nuestras cabezas, la tuve por meses de fondo de pantalla en mi móvil…En fin, que no…no lo he traído solo, he traído cosas para combinarlo. ¿Te he dicho que en el Caldero soy el barman favorito y que invente un trago  y todo? Pues hoy sabrás por qué . — le dijo moviendo sus cejas sugerentemente, y la verdad es que solo había traído un jugo de naranja bien heladito en un cooler pequeño, pero ya después él se encargaría de que fuera un super duper mega trago.— Hay muchos juegos de cartas y cosas por apostar, señorita Maxwell. Yo puedo enseñártelos, a no ser que tengas miedo de perder…— le dijo para provocarla, dedicándole una traviesa mirada de reojo.

Edward retomó el tema de Star wars que se vió interrumpido por ese ataque de cosquillas y perseguimiento improvisado entre los dos, para darle a entender que película que venga y pase el tiempo que pase, su querida tejona siempre esperará ansiosa una nueva cinta o material de la saga. — Joder, yo quiero estar ese día saliendo del cine, solo para verte flipar pepinillos. — dijo imaginando aquello y explotando de la risa.

Habían dicho que acamparían modo muggle no cavernícola, así que Edward no tardó en poner rollos de papel en distintas partes de la fogata que habían armado, prendiéndoles fuego  con un mechero para que estas se expandieran de a poco y  tomasen los troncos más gruesos, pero hasta que eso no sucediera ahí estaría el castaño tirándole viento con un pedazo de cartón para avivar el fuego de vez en cuando.  

En cuanto llegó del sonido de una bolsa a su oído su cuerpo reaccionó enseguida, llevando su mirada hacia donde provino el sonido, sonrió ampliamente la ver que Danny sacaba una bolsa de malvaviscos de su mochila. — Mi estómago aún te quiere locamente ¿sabes? — bromeó mientras recibía el palito y se acercaba para sacar un malvavisco, el primero se lo llevó a la boca enseguida, para luego sacar otro y clavarlo. — Son mejor derretidos. — reflexionó en voz alta, aun saboreando  restos del malvavisco en su boca.

Danny comenzó a hablar y en un  tono súper serio que hizo que Ed detuviese su accionar con el malvavisco a mitad de camino para clavar su mirada en ella todo atento. Y mira, quizás cualquier otra persona hubiese rodeado los ojos y seguido en sus cosas, pero no el castaño, no, no, no. De hecho, apenas terminó la tejona de elaborar su pregunta, el mago se sintió como ese gif donde a un hombre le explota la cabeza, porque en unos segundos todos los videojuegos que se han topado en su camino a lo largo de su existencia aparecieron como locos, peleándose entre ellos para obtener el primer lugar. — Joder…que pregunta más complicada. — susurró, acomodándose en su puesto y frunciendo el ceño pensativo. — Es que me gustaría estar en muchos, pero por distintos motivos, y dependiendo del día o estado de ánimo ¿mucho pedir? — preguntó divertido. — Vale, Vale, si tuviera que elegir uno…— hizo una pausa y volvió a fruncir el ceño. — Es que uno, no puedo. Aunque si me obligan y apuran, quizás uno de Final Fantasy (el tres o seis) o, Whatch dogs para ser un mega hacker… ¡o The Witcher! Sí, ese…o quizás uno ambientado en el futuro esos también me flipan mil ¿puedo ser uno que aún no sale a la venta? Joder, es que el otro día me puse a ver videos de Cyber Punk 2077 y se ve brutal, yo feliz lo recibo como regalo mega adelantado de cumpleaños ¿sabes? — le dijo  poniendo ojitos de gato con botas para luego reír. — Aún creo que no llego a mi respuesta final, eh…seguiré pensando. — agregó, es que se había tomado muy en serio la pregunta y de paso la había encontrado muy divertida de pensar y reflexionar, la miró de reojo. — ¿Y tú? ¿Cuál escogerías? ¿Llegaste a una respuesta esa noche o viste el amanecer? — preguntó divertido. — O no, no, no, déjame adivinar…— clavó su mirada en la rubia, como si con ella la estuviera examinando. — Definitivamente uno de Star wars, Jedy Academy, quizás…o uno de mundo abiertos donde puedas ser toda una Indiana Jones ¿estoy bien? — le pregunto curioso.

Recordó de pronto que había dejado el malvavisco a medio camino, lo tomó para clavarlo en la punta del palo y terminar calentándolo al fuego, sonrió y la miró. — ¿Quieres escuchar alguna canción, tejoncita? — le preguntó moviendo sus cejas. — Recuerda que traje una guitarra, y yo feliz te hago un concierto en medio de la naturaleza. Además, debes aprovecharme ahora, porque después entraré a la Universidad y me raptaran.— agregó divertido.

Hace muy poco Edward había tomado la decisión de inscribirse en la Universidad y estudiar música, no había sido una decisión fácil pero el castaño creía que era la correcta, al menos por el momento, es por eso que tan solo le quedaban tres meses para ordenar su vida, despedirse del Caldero y decirle hola nuevamente a los estudios. Su ilusión estaba a mil.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Ago 03, 2019 2:42 am

Vodka. Mi fiel enemigo. Miré muy divertida a mi novio por lo que estaba diciendo, ya que él sabía PERFECTAMENTE lo mal que me sentaba sólo el vodka o cualquier bebida alcohólica sin mezclarla con algo. Que yo podía beber mucho, pero rebajado con algo porque si no el sabor puro de alcohol me provocaba. Y ya no pude evitar soltar una carcajada al recordar aquella noche en donde encontramos una calle en construcción y nos pusimos a jugar con los conos de tránsito.

—Tío, tío, te juro que esa ha sido la mejor noche de fiesta que he tenido. Me reí tanto... —Y es que no había ni punto de comparación con otras: con Edward siempre me lo pasaba infinitamente mejor que con el resto de mis amigos. —Todos los días me dices que eres el barman favorito del Caldero Chorreante, ¿no serás que te lo tienes muy creído, Eddie? —Bromeé, picándole. —¡Pero ya era hora de que me lo demostrases!

Yo y los juegos de cartas nunca nos habíamos llevado demasiado bien, pues se me olvidaban en poco tiempo. Además, yo solía jugar a las cartas en general con varias personas, por lo que de dos sólo conocías los típicos e inofensivos de ver quién es el más rápido o algo así.

—¿De perder? Pero si siempre el que pierdes eres tú. A mí todo se me da bien. —Y tras una pequeña pausa, sonreír. —Menos hacer croquetas, tocar el bajo, vestirme conjuntada... —Sonreí porque eran cosas que definitivamente no se me daban nada bien. Edward me había intentado ayudar a tocar el bajo y se me daba de pena.

Comenzamos a comer malvaviscos después de que la hoguera hubiese cogido un poco de fuerza y yo le planteé una pregunta muy importante y difícil de contestar: en qué videojuego te gustaría vivir. Era una pregunta super complicada, en realidad, si te ponías a pensarlo. Yo en un principio había pensado como él: grandes videojuegos en donde la ambientación es la hostia y en donde poder tener aventuras de todo tipo. Pero luego pensé: ¿qué narices hago yo en juegos hostiles, si soy la cosa más hufflepuff del mundo entero? Seguro que en todos los juegos en donde hay guerra o pelea, yo sería la típica que muere patéticamente. En The Witcher seguro que soy la típica campesina que muere porque le atropella el caballo del protagonista, o en CyberPunk 2077 la típica que muere porque una bala que no era para ella, le da en la cabeza. Yo soy esa. Esa inútil.

—Es que esos juegos tienen una ambientación que dan ganas de vivir —le respondí, asintiendo con la cabeza porque había elegido muy buenos juegos. Los que él intentó adivinar no estaban para nada lejos de la realidad. Me gustaban los juegos de aventuras—en donde preferiblemente no pudiese morir—pero los de ser Indiana Jones me gustaba, en plan resolver acertijos para llegar a algún lado. Y claro, Jedy Academy era un poco así con la diferencia de que yo era jedi. ¿Lo malo de ese juego? Que en un punto te hacen elegir si matar o no a tu compañero y yo no lo haría. Y eso me daría coraje porque haciéndolo el juego es mucho más divertido. —Pues oye, has acertado bastante, ¿eh? Mis felicitaciones. Sin embargo, lo pensé mucho, mucho y… ¿qué narices haría yo en un videojuego hostil en donde hay peleas? Seguro que me muero, ¿sabes? Luego pensé detenidamente y... creo que el juego más propicio para una persona como yo sería pokemon. Podría tener a un pokemon, malcriarlo y… ¿sabes lo mejor de todo? Los protagonistas de pokemon no mueren nunca, ni tampoco los pokemon. Con llevarlos al hospital a tomar sopita ya se ponen bien. Es el juego perfecto para una hufflepuff como yo. —Después de contar todo eso, no pude evitar reír, viendo además como mi malvavisco se había quemado por completo al dejarlo sobre el fuego mientras hablaba. —¿O no? Admite que elegí el mejor videojuego. Yo querría tener un Squirtle. Y un Geodude, me encanta Geodude, es monísimo.

Y Geodude era el típico pokemon que si ibas por ahí te protegía pegando puñetazos a todos lados. Era como confiar bien en tu pokemon, me inspiraba confianza.

Cuando mencionaba lo de la universidad, yo siempre arrugaba el ceño. No porque no quisiera, sino porque siempre venía de la mano de ‘te voy a ver menos’ y eso era mentira cochina. Vale que yo y mis carreras universitarias no teníamos la relación más íntima, pero siempre sacaba tiempo para verlo y quedar con él, a excepción de épocas de exámenes.

—Más te vale que la universidad no te rapte, porque si no me enfado —le respondí, clavando otro malvavisco porque el anterior había muerto. —Luego borracho me haces un concierto, que eres muy mono intentando apuntar los acordes y averiguar la letra cuando estás con unos cuantos vodka encima… —Le dije, mordiéndome traviesa el labio inferior, pues era una risa ver a Edward así. Todavía recordaba cuando le tocó (LA GUITARRA) en el Magicland, bastante borrachito. —Podemos poner… ¿Twenty One Pilots? Twenty One Pilots tiene canciones para todas las épocas y situaciones. —Y cogí mi propio móvil, para sacar de mi mochila un pequeño altavoz al que conecté el móvil por bluetooth. Puse el último disco a través de Spotify, pero no lo subí mucho, sino que lo puse de fondo. —Si tienes otra opción, la puedes poner a la cola, pero la norma es que no se cambia la canción que está. Eso es trampa. ¿Has descubierto algún grupo nuevo chachi? —Y ahora, sin ser de nuevo subnormal, cogí el malvavisco en su punto y tras cogerlo con el dedo para no quemarme la lengua, me lo llevé a la boca tras soplarlo un poco.
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Edward Westenberg el Sáb Ago 17, 2019 1:26 am

Es tan bonito cuando uno comienza a recaudar cada vez más recuerdos inolvidables con alguien, porque se tiene una anécdota para cada momento, una que sin falta pese a que fuera el peor de los días lograba sacarte una sonrisa, o te hacía reír de la nada y ganar miradas extrañas de los que te rodeaban, pero que poco importaban porque simplemente no se podía no ser feliz volviendo habitar esos momentos que fueron dicha pura. Y con Danny, el licántropo tenía varios de esos recuerdos, y quería ir por muchos más.

Rió.— Y yo.— se le sumó, mientras en su cabeza venían flashes de aquella noche tan épica. Entrecerró sus ojos picado cuando escuchó sus siguientes palabras pero sin perder jamás la sonrisa.— Pues ya me dirás si me la traigo muy creído, tejoncita. Aunque te advierto, deberás ir con cuidado porque cuando lo pruebes no querrás detenerte y aquí...—hizo una pausa para mirar alrededor.— No creo que podamos encontrar tus zapatillas si se nos llegan a perder.— bromeó divertido, porque claro que no iba a dejar que se le perdiera nada a Danny, al menos no con sus cinco sentidos intactos.

Hey, parece que es otra la que hoy se lo tiene muy creído, eh.— señaló , para luego de un movimiento rápido acercarse su rostro al de Danny sonriente.—...también se te da fatal resistirte a mis encantos, admitelo.— le susurró divertido robándole un beso, es que si comienzan una batalla de creídos, la verdad entre los dos (siempre de broma) siempre se genera una batalla muy reñida porque les encantaba picar al otro.— Deberías darle otra oportunidad al bajo, dame otra oportunidad...¿sí?— le preguntó poniéndole una mirada encantadora, de esas que a la mayoría de la gente le cuesta mucho resistirse. Es que vale, sí. A Danny se le daba fatal, pero él insistía en creer que era solo cuestión de práctica, o quizás no era el bajo lo de ella, quizás el piano, o la guitarra, y el feliz se los enseñaba también.

La fogata comenzó a tomar cuerpo y a expandir su calor a los alrededores, haciendo que sus cuerpos se mantuvieran templados pese a las bajas temperaturas que ofrecía aquella noche. Y allí, con su malvavisco a mitad de camino Danny le pregunta algo que hizo que la cabeza de Edward explotara por unos segundos, es que era como si a alguien fanático de los libros les dijeran que solo debe escoger un solo libro de la biblioteca británica, que es considerada una de las más grandes del mundo, pero en vez de libros debía escoger un videojuego en cual vivir. Muchos pasaron por su cabeza, y al final de nombrar unos cuatro terminó por concluir que seguiría pensando en su respuesta, después de todo Danny había tenido toda una noche de desvelo para responder, él solo unos minutos, y nonono, no era una pregunta para tomarsela a la ligera.

Edward quiso aventurarse y tratar de adivinar en qué videojuego a ella le gustaría vivir, y sonrió gustoso cuando ella le dijo que había acertado bastante, su pecho de amigo y novio se infló todo orgulloso. Y cuando le comentó su real opción el castaño sonrió, porque pese a que  se veía  disfrutando enormemente de la ambientación que ofrecía por ejemplo de The Witcher, escuchando a la rubia realmente pensó que sería una maravillosa opción vivir rodeado de pokemones. — Sí, escogiste el mejor juego.— le dijo con rostro de bobi enamorado, es que si estaba Danny en el, obvio que iba a ser el mejor — A mi me gustaría tener un Mew o un Eevee para que vaya evolucionando conmigo hasta que nos volvamos viejitos— señaló divertido.

Y luego Edward trajo al baile el tema de la Universidad, no se le pasó por alto que Danny enseguida frunció su ceño, se mordió la lengua para echar a reír, es que siempre a creído que se ve toda mona ahí enfadadita, es como un jigglypuff malhumorado.— Vale, no dejaré que me rapte por tanto tiempo.—  le prometió, aunque sabía que pese a que la Universidad le absorbiera la mayoría de su tiempo, siempre, pero siempre encontraría una espacio para su tejona favorita. Observó cómo la rubia clavó un nuevo malvavisco en su palo ya que el anterior había quedado rostizado, arrugó su ceño y tomó el suyo que había quedado perfecto, le dió un mordisco y el resto se lo tendió a la tejona.  Y ojo, que Edward comparta su comida, señoras y señores, es amor puro. Luego clavó otro nuevo y  lo llevó al fuego. Soltó una carcajada.—  ¡Hey! pero igual lo logré, eh. —  reclamó haciéndose el ofendido para luego arrugar su nariz pensativo.—  O bueno, al menos así lo recuerdo jejé.—  terminó diciendo encogiéndose de hombros divertido.

La tengo.—  señaló rápidamente para tomar el móvil buscar la banda, y ponerla en la cola de spotify. —  Pues sí, o sea no es un grupo nuevo, de hecho ya tiene unos diez años sonando, pero sí lo es para mí, pero ahí ya lo escucharás en unos minutos, y  me dices que te parece. A mí me gustó mucho, la voz de la vocalista me deja la piel de gallina.—  le admitió sonriente. — ¡Joder! que hablando de vocalista que te dejan electrizado ¿recuerdas esas chica que conocí en Camden town? ¿Zeta? pues bueno que me escribió que va a tocar en un pub y nos invitó para que fuéramos a verla, y luego tomar algo juntos ¿Vamos?.—  le preguntó todo animado. Después de ese inesperado encuentro con la muggle, ambos habían mantenido el contacto, compartiendo temas o bandas, hablando de música, y ayudando a Edward con cosas de papeleos y decisiones a la hora de inscribirse a la Uni. — Desde esa vez que no la escucho en vivo y realmente me gustaría ir a verla.

Su malvavisco estaba listo, lo sopló un poco para luego sacarlo y llevarselo a la boca, pero lo detuvo antes de comerlo.— ¿Cómo será mezclar un malvavisco con papas fritas?—  preguntó al aire, para mirar alrededor y clavar su mirada en el pote de papas.—  ¡Descubramoslo!—  exclamó enseguida todo sonriente, es que Edward aparte de ser un comilón empedernido era de esos que le encantaba probar nuevos sabores, o mezclar ya conocidos solo para ver qué pasaba, podría decirse que era como una especie de recolector de sabores, y Danny lo sabía muy bien, ya que muchas veces ha sido espectadora de cómo Edward por gusto propio se presta a vivenciar una ruleta rusa de sabores,  como esa vez que mezcló aguacate con mermelada, o yogur con tomate...la peor elección fue esa vez que se hizo un pan de manjar con ketchup, que claramente terminó en el basurero y con un Ed tomando jugo como loco para sacarse ese asqueroso sabor de la boca. Juntó ambos y se los llevó a la boca, su primera reacción fue fruncir el ceño, pero luego se fue suavizando hasta que...— Nada mal, nada mal...pero los prefiero separados.—  concluyó, como acabara de señalar algo muuuuy importante.

En eso comenzó a sonar el tema que había escogido y sonrió ampliamente, para que de un movimiento quedar de pie, se acercó a Danny y le tendió su mano.— ¿Me concede esta pieza de baile, señorita Maxwell?— le preguntó junto a una encantadora sonrisa.
Edward Westenberg
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Danielle J. Maxwell el Jue Ago 22, 2019 3:41 am

—Mira que me encanta el bajo, ¿eh? Encima tú lo tocas super bien, pero creo que no es lo mío. ¿Sabes tocar más instrumentos? —Pregunté, en relación con saber tocarlos y creer que podría enseñarlos. —Siempre me he considerado poco virtuosa para todo ese arte, tanto para cantar como para tocar cualquier cosa, pero siempre he tenido ganas de aprender. A lo mejor podría apuntarme en clases particulares de algo diferente a lo que tocas tú y así podemos hacer música juntos. ¿Te imaginas que me hago una experta a la batería? ¡Y nos hacemos un The White Stripes!

Lo dije realmente feliz, imaginándomelo de verdad. ¿Os imagináis a Edward y a mí haciendo música juntos? Que ojo, por diversión. Yo no me veía haciendo nada de eso profesionalmente, mientras que a él lo veía con una ilusión por hacerlo para el mundo que… daba envidia. Ya me lo imaginaba siendo rico y famoso, con un estudio modesto pero con todo lo necesario para que él fuera feliz haciendo la música que le gustaba. Él a veces se desmotivaba un poco con la idea, pero yo creía que realmente tenía talento y dicen que ‘quién la sigue, la consigue’, ¿no?

La pregunta de vivir en un videojuego era un poco trampa, pues si bien uno siempre se motiva imaginándose en lugares super épicos, nadie piensa en la hostilidad de esos juegos, siendo en su mayoría violentos. Era muy cierto que todos los que había dicho Edward hubieran sido perfectos para mí, pero después de un exhaustivo estudio, estaba claro que el que más pegaba conmigo y mi Hufflepuffismo agudo, era Pokémon.

—Yo tendría un squirtle, es mi pokémon favorito —le dije, sonriéndole, como si no lo supiera ya. El peluche de squirtle que me regaló y que tenía en mi cama hablaba por sí solo. —Pero también tendría a un slowpoke. Adoro a esa cosas retrasada, gorda y lenta. Es yo. —Y reí divertida.

Cogí el malvavisco que me ofreció mi novio y entonces sonreí, pues aunque no lo hubiera dicho, yo ya me había apuntado ese concierto nocturno con un Edward borracho, para que los dos terminásemos cantando como locos estúpidos una letra que ni se sabían. Eran momentos que me encantaban.

Escuché el grupo que había puesto, pero entonces asentí con la cabeza a lo que me decía de Zeta, la muchacha esa de Camden Town que tocaba en la calle. Me sorprendí de que nos hubiera invitado a ir a verla y luego tomar algo, ¿pero sabes qué? Me pareció una idea super chula. La música en directo siempre molaba y la chica se notaba que controlaba.

—Sí, claro, además me gustó su rollo. —Se refería al disco, pues lo había escuchado un día con Edward tirados en el césped con los auriculares puestos. —¿Cuándo es?

Mira que muchas personas se hubieran puesto celosas de que tu novio con aspiraciones musicales tuviese tanta relación con otra persona tan metida en el mundo musical, pero la verdad es que a menos que yo viese algo con mis propios ojos, por suerte mi mente no era muy paranoica con ese tema. Y gracias a Diosito, porque no me quería ni imaginar cómo sería la vaina si mi paranoia se activase con eso.

—¡Oh, sí! —dije animada con lo de mezclar sabores. Habían muchos sabores que Edward experimentaba que yo no compartía, eso de yogur y tomate NO MOLABA. Sin embargo, a mí siempre me había gustado el contraste de dulce y salado, por eso una de mis combinaciones favoritas era patatas fritas de bolsa muy saladas, como las Lays al punto de sal—que en realidad era como si le echasen todo el salero—con chocolate con leche, bien dulce. ¡Era un sabor explosivo! Es por eso que cuando ofreció la idea de malvavisco con patatas fritas, me pareció perfecto porque no había nada más dulce que los malvaviscos que era puro azúcar. —Oye pues a mí no me parece nada mal. Me encanta este contraste de salado y dulce.

De repente empezó una canción lenta y… romántica. A ver, ¿vosotros sabéis que yo soy lo que se dice todo lo contrario a romántica, verdad? Algo así como una piedra. Era raro, porque me encantaba el concepto de romanticismo, shippeo a la gente y me gusta ver cosas romántica, ¿pero yo, en mi vida? Cero patatero. Y sabía que no era culpa de Edward ni de mis sentimientos por él, sino sencillamente a que yo era así, con cero por ciento de romanticismo en mi vida. Por eso cuando me ofreció un baile, le miré.

—¿De verdad? ¿Bailar? ¡Ed, sabes que no me gusta bailar! —Me quejé, para luego ver como el estribillo de la canción se volvía un poco más movido, moviendo la cabeza ahí en el suelo sin levantarme ni un poquito. Al final, Edward insistió y sujetó de mis manos, tirando de una Danny muerta en huelga por no querer bailar. Él me abrazó y yo seguí muerta, mientras él me sujetaba y bailaba con una Danny con el cuerpo muerto. Sin embargo, en cuestión de segundos, ya posé mis pies en el suelo y me coloqué frente a él. —No me gusta bailar y encima no sé bailar. ¿Qué se supone qué tengo que hacer, además de pisarte los pies? O eso… ¿o eso es lo que no tengo que hacer? —Le sonreí, juguetona, sujetando sus dos manos con las dos mías, siendo muy consciente de que así no era la pose típica de un baile lento, pero sólo por molestarlo.
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Danielle J. MaxwellMagos y brujas

Edward Westenberg el Vie Sep 20, 2019 2:49 am

Puso un leve puchero cuando la maga insistió que el bajo no era lo suyo, es que la idea de poder enseñarle a tocarlo le daba mucho ilusión. ― Pues, sé un poco de piano, guitarra, y hace poco comencé a jugar con el ukelele. ―le señaló sonriente, al ver que al parecer aún no todo estaba perdido de ver a la rubia dentro de la música. Sonrió ampliamente cuando escuchó sus siguientes palabras y se mordió el labio inferior. ―¡Claro que me lo imagino! Y me encanta la idea... ― le confesó  sin poder evitar dedicarle una seductora mirada a la maga, es que para el castaño las mujeres en la batería siempre han sido su debilidad, las encuentra jodidamente sexys, y el solo hecho de imaginar a Danny tocando una batería, había despertado cosas en él.

No me digas, que no tenía idea que te gustaba ese, yo estaba seguro que tu favorito era el encantador de Charmander. ―le dijo en broma, siendo muy consciente del gusto que tenía su novia en lo que de pokemon se trataba. En eso frunció su ceño, algo le decía que solo había dicho esas cosas como broma, pero a Edward nunca le ha agradado mucho cuando Danny se describía así, es que para sus ojos la rubia era algo totalmente diferente a esa visión. Se acercó a ella y puso una de sus manos en su mejilla para atraer su rostro al suyo ― ¿Qué dices? Tú eres hermosa, inteligente, divertida…―a medida que se lo iba diciendo repartía besitos en su rostro. ―…la única vez que te llegas a parecer un poquito a ese pokemon, es cuando te da vergüenza algo y tus mejillas se ponen rosadas, como ahora…―terminó por decir soltando una dulce risa, es que le causaba gracia que aún se sonrojara cuando él le decía cosas así, pero al mismo tiempo lo encontraba sumamente encantador. ―Guapa. ―terminó por decir sonriente, alejándose de ella, aunque solo un poquito.

En eso el castaño recordó que la muggle que había conocido hace un tiempo atrás los había invitado a ir a escucharla a un local, algo que había emocionado mucho al mago que desde aquella mañana en que la había visto  por primera vez que no la escuchaba, y ahora que ya se sabía hasta las letras de una de sus canciones, pues le emocionaba mucho ir a verla y disfrutar aún más de su increíble talento. ― A fin de mes, se ve muy bueno el local, y habrán dos cantantes más esa noche. Aún no compro las entradas porque quede de preguntarte si te animabas y ahí pedirlas. Cuando lleguemos de la salida las compraré, así aún estamos dentro de las preventas. ― dijo contento.

A Edward le encantaba que a veces Danny se aventurase junto a él a ir en busca de nuevos sabores, ya que la mayoría de las personas simplemente lo miraban como si le hubiera crecido de repente otro cabeza y  de lejitos como si fuera a cometer una gran calamidad, pero la rubia no, ella tomaba el malvavisco y la papa fritas y lo prueba con él. Y joder que es bonito sentirse así de acompañado hasta en esas idioteces. Rió― Papas fritas con malvaviscos tendremos para el desayuno entonces. ― bromeó divertido al ver que a su novia si le había gustado esa combinación. ―Entonces, ¿eres del team que le gusta la pizza con piña, Danny Maxwell? ― le preguntó de pronto abriendo los ojos y boca sorprendiendo, como si de pronto hubiera descubierto su más grande secreto.

Y de pronto comenzó a sonar la canción que el castaño había escogido, y junto a una gran sonrisa se puso de pie e invitó a la maga a bailar junto a él. ― ¡Vamos, a otro puedes decirle eso, pero a mí no! Te debo recordar que hemos bailado innumerables veces, hasta en mitad de una calle a las cuatro de la mañana, y siempre te he visto muy sonriente. Vamos, baila conmigo esta canción... ―insistió con un leve pucherito y ojos brillantes, de esos que a uno le cuesta decir que no. Al final aceptó su mano y se levantó del piso pero convirtiéndose en un cuerpo muerto al segundo, Edward soltó una carcajada y negó con la cabeza divertido por el accionar de la chica, que enseguida volvió a estar de pie. ― No me molesta que me pises lo pies, pero para que eso no pase uno debe practicar, lo primero es escuchar la música…―le comenzó llevando sus manos que estaban junto a la de ella hacia su detrás de su cuello y dejarlas allí. ―…luego acercarte a tu compañero de baile, ― bajó sus manos hasta su cintura y la acercó a él lentamente. ― y dejarte llevar…―apoyó su frente en la de la rubia. ―…en un comienzo lento, para de a poco ir ganando confianza. ―le susurró empezándose a mover pausadamente, tratando de que su cuerpo invitara al de la chica a seguir su ritmo.

** Horas más tarde **

Habían ido por más días para tomarse las cosas con calma e ir de a poco todos los días, pero como siempre, una cosa dio a la otra y terminaron tomándose, entre canciones, y bailes alrededor del fuego, casi toda la botella de vodka. Ahora se encontraban de espalda mirando las estrellas sobre una de las frazadas, algo cansados después de esa improvisada pero bailada con todo coreografía de “YMCA” de los Village People.

Que difícil…Creo que reviviría a Lennon. ― dijo, o eso intento decir, es que a esas alturas no era mucho lo que le podía pedir el castaño a su borracha lengua. Habían comenzado a jugar “Escoges A o B”, donde la última pregunta de la rubia había sido: ¿A quien reviviría, a John Lennon o Freddie Mercury?. ― ¿Es que te imaginas volver a escuchar a Los Beatles nuevamente todos juntos? Fliparía colores.

En eso un objeto que estaba a su lado llamó su atención, arrugó su nariz curioso y estiró su mano para ver de qué se trataba ya que un tronco le hacía sombra. ― ¡Acá estaba la linterna! ― exclamó elevándola como si fuera el mismísimo Simba siendo presentado a toda la selva. Es que la habían buscado mucho tiempo atrás, pero ya estaba tan borrachitos que no pudieron ver que siempre había estado ahí frente de sus narices, apareciendo ahora cuando ya no necesitaban de su ayuda.  De pronto su rostro cambió, y se convirtió en uno mucho más travieso, acercó la linterna a su rostro. ―  Podríamos contar historias de terror…―  dijo, mientras prendía la luz alumbrando su rostro. ―…o ir de excursión al bosque. ― agregó clavando su traviesa mirada en la maga.
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Danielle J. Maxwell el Lun Sep 23, 2019 10:31 am

¡No! Yo no era del team pizza con piña, pero no por nada en especial, sino porque la piña estaba acostumbrada a comérmela como una fruta y un postre y no me pegaba en absoluto en una comida caliente. Me gustaba en su almíbar y fresca, por lo que caliente y media seca me parecía hasta un poco desagradable. Pero por costumbre, sencillamente.

―Lo he intentado, pero eso no está hecho para mí ―lo negué con la cabeza, pues por mucho que no fuera de mi agrado, yo era de esas personas que probaban las cosas antes de hacerle ascos a nada.

No me gustaba bailar en plan lento, me daba vergüenza.

Era de esas cosas que sabía que se me daban mal, ergo hacerlas me ponía en un compromiso y tenía la sensación de que las hacía peor, como por ejemplo lo de hablar en público, que uno sabe que es difícil pero cuando empiezas a hacer una exposición y te escuchas te das cuenta de que suenas más retrasada de lo habitual. Sin embargo, como Edward tenía un nivel de persuasión over 3000, yo me levanté de ahí y me planté frente a él, mirándole con ojos de reproche.

―Eso no vale ―me quejé. ―Me gusta bailar cuando estoy borracha y me limito a saltar o mover el cuerpo arbitrariamente al ritmo de una música electrónica o latina. Pero ahora no estoy borracha: ¿donde dijiste que dejaste el vodka? ―bromeé, pese a que al final dejé esa broma estar.

Dejé que guiase mis manos hacia su cuello, en donde le sujeté suavemente a la par que él bajaba las suyas hasta mi cintura. Sólo por ese gesto, ya me sentía una profesional, por no hablar que el ambiente había cambiado y… me gustaba el cambio, así como las sensaciones de que Edward fuese meciendo lentamente aquello y yo solo tuviera que dejarme llevar. Seguía con las mejillas de slowpoke, pero debía de admitir que él era de las pocas personas con las que me importaba poco avergonzarme por probar cosas nuevas.


***

―Pues yo elegiría a Freddy Mercury, indudablemente ―le respondí, mirándole de reojo por la disparidad de opiniones. No era un secreto que yo era mucho más fan de Queen que de los Beatles y si bien valoraba mucho a John Lennon, consideraba que Freddy Mercury había muerto injustamente antes de lo que se merecía. Que quizás Lennon también, ¡pero es que Freddy era mucho Freddy! ―¿Y tú te imaginas cómo hubieran sido los nuevos discos de Queen si hubieran durado juntos mucho más tiempo? ¿Un Freddy Mercury adaptándose a las nuevas tendencias musicales?

Debía de admitir que me gustaba mucho ese juego de elegir cosas, o de decir qué era lo que preferías entre dos situaciones igual de jodidas, pues te hacía replantearte muchísimas cosas, sobre todo cuando ya te habías bebido varios vasos de vodka y notabas a su mente más reflexiva de lo normal.

―¿Qué? ―Reaccioné tarde al ver a Edward iluminándose con la linterna, riendo divertida. ―No voy a entrar a ese bosque a estas horas, que me come un oso. ¿Y sabes cuánto me gustan las historias de terror? Debes de saberlo: me conoces bien. Venga, intenta adivinarlo… ¡Exacto, nada! ¡No me gustan nada! ―Reí, para entonces bostezar enérgicamente, llevándome una de mis manos a la boca. ―Mejor nos quedamos aquí y me contestas a la siguiente pregunta del juego: ¿qué prefieres hacer ahora: ir de excursión por el bosque o besarme románticamente bajo las estrellas? ―Me hubiera puesto roja, si no fuera porque ya estaba roja de antes y el alcohol me deshinibe un poquito. ―Sé que eres un romántico y vas a elegir lo último… ―Y estiré una de mis manos hacia él, para atraerlo hacia mí.

Yo no era muy romántica, pero en ese momento me sentía literalmente en mi mejor momento, tanto individualmente como en la relación que compartíamos, por lo que no me costaba nada dar esos pasos que siempre creí imposibles.


23 de septiembre del 2019, 18:23 horas | Atuendo

¿Os acordáis que fui yo quién le dijo a Edward que ni se le ocurriese abandonarme por culpa de la universidad? Pues quizás yo no fui demasiado justa en ese aspecto. Me había pegado prácticamente todo julio y agosto sin prestar demasiada atención a Edward, ya que me había dado cuenta de la gran competencia que tenía en las pruebas de quidditch y me había dedicado a entrenar todos los días, horas y horas, eso por no hablar de los viajes que tuve que hacer para presentarme a las pruebas de todos los equipos habidos y por haber, pues quería tener las máximas posibilidades posibles.

Pese a que estaba motivada con la idea y le estaba dedicando todo mi tiempo, había una parte de mí que creía que, de nuevo, por mucho que lo intentase no iba a estar a la altura e iba a tener que dejarlo para el año que viene.

Sin embargo, hacía dos días me había llegado una carta de la administración del Heidelberg Harriers, un equipo alemán de quidditch cuya liga era independiente de la inglesa, cuya unión con Inglaterra sólo venía de mano de la liga europea. Me habían seleccionado como suplente, ya que habían quitado al anterior suplente y la vacante había quedado totalmente libre. Eso sí, al ser un equipo profesional, exigían muchísimo, por lo que se me pedía obligatoria residencia en alemania para total disponibilidad, puesto que eran conocidas los límites de transportes mágicos entre países, así como las cosas en Inglaterra.

Evidentemente mi compromiso con ser jugadora profesional iba por encima de todo, pues llevaba siendo mi sueño desde que tenía once años, por lo que no tuve dudas en aceptar aquello y comprometerme al nivel que hiciese falta. ¿Lo malo? Lo único malo era lo que dejaría en Londres, como mi mejor amiga y Edward. Decírselo a Dorcas me resultó fácil, aunque fuese una noticia triste, sobre todo por el hecho de ir a cumplir mi sueño a otro país mientras ella vivía en una situación tan catastrófica, pues me hacía sentir a mí misma egoísta. Sin embargo, Dorcas era una persona maravillosa y sólo podía alegrarse por mí, además de que hablaríamos todos los días por internet y no pararíamos de ponernos al día.

Las cosas con Edward, sin embargo, iban a ser diferentes. Yo no quería irme a Alemania con una relación a distancia entre manos, pues sabía que no iba a funcionar. No es que yo fuese la persona más acaramelada o romántica del mundo, pero me había dado cuenta de que no me gustaba estar lejos de mi pareja, sino que me gustaba pasar tiempo con él. Frente a mis dudas, pues evidentemente lo menos que quería era hacerle daño a Edward, pedí opinión. Mi abuela me dijo que lo intentase, pues adoraba a Edward más que a mí. Mis padres me dijeron que diese el paso y lo dejase, pues así estaría mucho más cómoda en Alemania y no tendría que lidiar con algo con lo que no estaría cómoda y que podría resultar catastrófico. Dorcas, por su parte, me dijo que siguiera mi corazón, aunque lo último que dijo me hizo decantarme por dejarlo fue el hecho de buscar lo mejor para los dos, aunque a principio pareciese que no fuese a serlo.

Había quedado con Edward ese día, el cual si bien sabía que me había presentado a miles de pruebas y sabía que me habían contestado los alemanes, no sabía que ya había decidido aceptarla y tomar la decisión con respecto a la relación.

―Lo siento ―le dije después de contarle mi decisión. ―Mandé esta mañana la carta aceptando la oferta…

Me sentía terriblemente egoísta con él también, pues no había tenido en cuenta su opinión al respecto. ¿Pero qué iba a hacer? ¿Esperar que todo el mundo estuviese de acuerdo con algo para hacerlo, sabiendo que Edward no querría dejarlo y que optaría por intentar una relación a distancia? Quería llegar algún día buscadora oficial de los Murciélagos de Ballyscastle, ganar la liga europea con mi equipo inglés y luego ser seleccionada por la selección inglesa y ganar los mundiales con mi equipo. Y sabía que si quiera llegar a eso, tenía que empezar pasito a pasito, empezando por esta oportunidad.
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