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The time of the reckoning [Ayax&Lohran]

Lohran Martins el Miér Jun 26, 2019 3:38 pm

Recuerdo del primer mensaje :

The time of the reckoning [Ayax&Lohran] - Página 3 NCWTG9T
Jueves 20 de junio, 2019 ||  Edificio abandonado, Londres || 20:03 horas || Atuendo

Habían pasado cerca de dos horas desde que ambos, mortífago y fugitivo, llegaran a aquel destartalado lugar dejado de la mano de Dios. Se trataba de una antigua vivienda londinense que llevaba abandonada tanto tiempo que ni los fantasmas vivían en ella. ¿Para qué? Hacía tiempo que no había allí vivos a los que incordiar.

Fonollosa permanecía inmóvil, cabizbajo, atado a la silla, su rostro maltratado por los golpes de Lohran. En algún punto del interrogatorio, el brasileño le había golpeado demasiado fuerte y le había partido la nariz, de la cual brotaba un hilillo de sangre. También brotaba sangre de la comisura de sus labios.

Con todo y con esas, el mortífago no se había roto: había permanecido en silencio, sin mostrar ni un ápice de duda. No iba a confesar.

—Confieso que me gustaría que fueses un poco más parlanchín, Fonollosa.—Dijo Lohran, rompiendo el silencio en busca de algún tipo de reacción por parte del individuo.

No la hubo. Meric permaneció en la misma posición. Casi parecía que su cuerpo estuviera allí, pero su mente no. Su mente, quizás, estaría muy lejos.

Lohran había dejado de golpearle unos diez minutos antes, cuando había llegado a la conclusión de que de nada le iba a servir: aquel hombre no respondía a la tortura física, y muy probablemente estaba dispuesto a morir antes que confesar.

No obstante…

—¿De verdad merece la pena guardar silencio?—Lohran, que hasta entonces había permanecido sentado en otra de las sillas del lugar, frente a la de Fonollosa, se puso en pie y caminó un par de pasos en su dirección.—La pregunta que te he hecho es muy sencilla: Prue Martins. ¿Qué hicísteis con ella?

Silencio, una vez más. Lohran comenzó a sentirse frustrado, y tal y cómo se sentía bien podría haberle asestado un nuevo puñetazo. Se habría despellejado los nudillos, y con suerte habría podido romperle algún hueso al mortífago, ¿pero de qué le habría servido exactamente? Como mucho, pagaría sus frustraciones, y Fonollosa seguiría guardando silencio. La tortura física no funcionaba con aquel hombre.

Suspiró, negando con la cabeza, y se retiró. Caminó algunos pasos alrededor de la estancia, con aire pensativo, decidiendo si debía o no jugar aquella carta tan rastrera de la que disponía.

Después, pensó en su hermana… y pese a lo mucho que fuera aquello en contra de sus principios, decidió que daba igual: hacía ya mucho tiempo que Lohran había tocado fondo, que había vendido su alma.

—Sé dónde vives.—Sentenció, y guardó silencio, dejando que aquellas palabras calaran en Fonollosa. Y lo hicieron: nada más escucharlas, el mortífago dio un respingo, como si repentinamente hubiera regresado de un lugar lejano.—Sé que tienes familia. Mujer y dos hijos, ¿verdad?

—Ellos no tienen nada que ver en esto...—Dijo Fonollosa, rompiendo por fin su silencio, después de que Lohran lograra apresarlo.

—Aún no.—Coincidió Lohran.—Pero si sigues negándote a responder lo que te he preguntado, puedes estar seguro de que voy a hacer que tengan mucho que ver en esto. No estás ahí para protegerlos, así que puedo llamar a unos amigos y pedirles que los traigan aquí. ¿Te gustaría eso?

Por cómo se puso a temblar repentinamente, Fonollosa no disfrutaría en lo más mínimo la presencia de su familia en aquel lugar. Lohran no estaba precisamente orgulloso de aquello, pero si servía para recuperar a su hermana, estaba dispuesto a lo que fuera.

—No puedo decirte...—Lo intentó una vez más, pero Lohran le cortó.

—Pero sí que puedes. Porque si no lo haces, tus dos hijos y tu mujer van a sufrir las consecuencias de tu silencio. Y ni siquiera necesito hacerles daño: ¿Cómo te sentirías si te separo de tus hijos para siempre?

—¡Está bien!—Fonollosa alzó la voz, la desesperación marcada en su rostro.—Haz lo que quieras conmigo, pero a ellos no los metas en esto.

—Está bien. Pero para eso, tienes que empezar a hablar. ¿Qué habéis hecho con Prue Martins?—Lohran sonaba incluso razonable.

—Está en el Área-M.—Lohran ya se temía aquello, y sintió que algo dentro de él se despedazaba: no era lo mismo tener una sospecha que una confirmación. Y teniendo en cuenta lo que sucedía con los radicales cuando eran interrogados, cabía suponer que Prue… ya no fuese ella misma.—Es el nuevo juguete de Ayax Edevane...

—Cuéntame todo lo que sepas de ese Ayax Edevane.—Lohran apretaba la mandíbula, reprimiendo la ira, y tratando de no imaginarse lo que en aquellos momentos podía estar sucediendo con su hermana.

Fonollosa habló largo y tendido, ofreciéndole todos los detalles que conocía. Lohran no se sentía orgulloso por la manera en que había obtenido aquella información, pero solía decirse que todo valía en la guerra. Y sí, quizás su hermana como tal ya estuviera perdida, pero… eso sería algo que solucionaría una vez la tuviera de vuelta.

***

Lohran había hecho aquello solo, sabiendo lo que sucedería en caso de tener que rendir cuentas a su grupo: Fonollosa solo podría salir de aquello de una manera, y sinceramente, el brasileño no quería que un cadáver pudiera delatar al pelirrojo, cuyo nombre ahora conocía.

Sin embargo, pidió ayuda a alguien para deshacerse de Fonollosa, y cuando hubo terminado con él, uno de sus compañeros acudió al edificio abandonado con una furgoneta destartalada, que nada tenía que ver con las que se utilizaban de manera oficial en el grupo fugitivo.

Su compañero no hizo muchas preguntas, pues Lohran y él tenían una amistad que venía desde la universidad, y simplemente siguió sus instrucciones: los llevó a él y a Fonollosa al hospital muggle más cercano, y una vez allí, Lohran lo arrojó delante mismo de las puertas de urgencias. Se marcharon a toda prisa, dejando allí al mortífago, que no recordaría los hechos ocurridos esa noche.

Una vez la furgoneta se hubo alejado lo suficiente del hospital, Lohran ocupó el asiento del acompañante. Su rostro era serio y concentrado. Su compañero le preguntó qué debían hacer, y Lohran no dudó en responder.

—Tienes que cambiarle la matrícula a la furgoneta. Y el color. Seguro que pronto la policía muggle estará buscándola.—Le aconsejó.—Pero antes, necesito que hagas una parada.

Y le dio todos los detalles: Lohran quería hacer una visita a Ayax Edevane. Una visita que debía haberse dado hacía mucho tiempo.


Última edición por Lohran Martins el Miér Jul 03, 2019 2:38 pm, editado 1 vez
Lohran Martins
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Ayax Edevane el Jue Ago 29, 2019 10:58 pm

Cuando llegó a la conclusión de que estaba siendo secuestrada, la impotencia que sintió en ese momento, mezclada con el miedo, se sumó a su desesperación. Llorar ni siquiera era una solución en aquel momento pero no podía hacer otra cosa. No entendía qué había hecho: ¿por qué nadie le decía por qué la tenían secuestrada? ¿Por qué nadie le decía nada?

Todavía seguía en la camilla, lo que ahora estaba en mitad de una habitación que no tenía para nada el aspecto de hospital. Olía incluso raro y tenía miedo de mirar demasiado por si veía algo malo que solo pudiese alimentar sus pensamientos más pesimistas.

Pudo mover solo los ojos cuando vio pasar a un hombre, diciendo que se alegraba de verla. ¿Era una broma? ¿Qué clase de broma sarcástica era esa?

Entonces se fue, dejándola allí sola. Intentó moverse, pero era frustrante intentar mover cualquier parte de tu cuerpo y no obtener respuesta alguna de tus músculos. Solo podía mover los ojos y ver cómo su cuerpo respiraba de manera natural y agitada, debido a lo asustada que estaba. No podía dejar de pensar el por qué estaría allí: ¿sería ella una secuestrada, como le había pasado a su primo Joshua y se quedaría allí a la espera de que alguien decidiese dar algo a cambio de ella? Si esperaba por este gobierno, probablemente ya podía ir rezando por tener una muerte limpia y rápida. ¿La iban a matar? ¿A torturar? ¿Qué era lo que querían de ella? ¿Qué era lo que podía tener Angelica Edevane como para ir a por ella? ¡Ella ni siquiera vivía ya en Londres!


***

Mientras su hermana estaba viviendo posiblemente la peor experiencia de su vida, pues Angelica Edevane nunca había tenido experiencias tan turbias y tóxicas, Ayax se encontraba en casa, comiéndose galletas rellenas de pasta de limón mientras leía un artículo de Susana Bloch en el jardín. Harper Jones había conseguido que siguiese muy de cerca los avances de esa científica, por lo que ahora se había declarado su fan. Tocaba temas de la especialidad del pelirrojo, por lo que no era más que un estudio que terminaría utilizando en algún momento.

La lechuza que apareció en su casa era desconocida para él. No había atacado al pelirrojo en busca de atención, sino que el animal, junto a la carta, se paró en uno de los árboles del jardín, a la espera de ser recibida.

Dejó el artículo y se acercó al árbol, a lo que la lechuza se limitó a dejar caer la carta antes de volver a prender el vuelo. Ayax la cogió en el aire, notando que era bastante pesada, pensando que quizás era algún tipo de obsequio o regalo para alguno de sus familiares. Lo que no entendió fue que fuera para él, pues no esperaba nada de nadie y hacía tiempo que Joshua y él no se hablaban por carta. Curioso, la abrió y vio un teléfono móvil que identificó fácilmente: Angelica era la única Edevane que tenía teléfono móvil, por lo que era fácil reconocerlo.

La carta era concisa y clara y, al momento, Ayax sintió un terrible escalofrío que recorrió su cuerpo. Sólo de pensar que por su culpa uno de sus familiares estaba en peligro, se le caía el mundo encima. La verdad es que no dudó, cogió el móvil de su hermana Angie, marcó el número que le facilitaba la carta y llamó. Menos mal que era intuitivo el icono de la llamada, porque si no Ayax no hubiera sabido ni usar ese aparato.

—¿Hola? —dijo, cuando dejó de sonar el sonido del comunicador.
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Lohran Martins el Sáb Ago 31, 2019 2:20 am

Mientras en el interior de la factoría, sus dos compañeros se encargaban de mantener tranquila a Angelica Edevane, Lohran Martins esperaba la llamada de su hermano sentado en los oxidados escalones de la entrada. Tenía la mirada perdida, sin mirar realmente hacia ninguna parte, y deambulaba por el rico mundo interior, a veces caótico, que por norma general desarrollan todas aquellas personas que han tenido la desgracia de sobrevivir a demasiadas cosas como para considerarse afortunados.

Se trataba de un momento de debilidad, y eso no podía negárselo ni siquiera a sí mismo.

Se lo cuestionaba todo en aquel momento, y todo se debía a la mirada atemorizada que había observado en los ojos de su prisionera. No, no era una mirada atemorizada; era mucho más que eso, una combinación entre el miedo, la incertidumbre y la certeza de saber que algo horrible estaba a punto de sucederle.

Le hubiera gustado decir que no se sentía culpable, que todo aquello era meramente rutinario. Que si Ayax Edevane cumplía todas sus exigencias, su hermana sería liberada, sana y salva. Que no había motivos para sentirse culpable, en definitiva.

Pero algo fallaba en el planteamiento: sí había motivos.

Se preguntó brevemente si no estaría yendo demasiado lejos. Si no estaría haciendo honor a aquella famosa frase, esa que decía que o mueres como un héroe, o vives lo suficiente como para verte convertido en un villano. Por supuesto, él nunca había sido un héroe ni aspiraba a serlo, pero desde luego, su conducta actual sí que podría situarlo en la posición de villano. ¿Qué le había hecho aquella mujer a él, después de todo?

Y más importante todavía: ¿estaría dispuesto a asesinarla a sangre fría si Edevane no liberaba a Prue? ¿Sería capaz de llegar tan lejos? ¿Estaría siquiera justificado que lo hiciese? Hasta el momento, Lohran sólo había matado gente en defensa propia, nunca en un afán de venganza o como manera de amenazar a otra persona. Y quizás ese dios en que tanto creía su madre fuera capaz de perdonar la defensa propia, pero seguramente no perdonaría aquello.

¿Qué más me da?, pensó el brasileño, bajando la mirada. Nunca me he tragado esas creencias. Me parecen ficción.

Se preguntó si todo aquello merecía la pena, y enseguida recordó la sonrisa de Prue. La vio con tanta claridad como si la tuviera delante. Quiso preguntarle si esto era lo que ella quería, si estaba haciendo lo correcto. También quiso preguntarle si llegaría siquiera a volver a ser la de antes, en caso de que volvieran a verse.

Entonces sonó el teléfono móvil, que descansaba en el peldaño de metal, junto a él.

Lohran dio un respingo, regresando de aquel mundo caótico con un parpadeo. Aquello fue suficiente para despejar sus dudas por el momento. Echó la mano al dispositivo, uno sencillo de tapa y teclas, y aceptó la llamada. Se llevó el móvil al oído y, enseguida, escuchó la voz de Ayax Edevane.

—Hola, Ayax.—Saludó, de manera seca, al tiempo que se ponía en pie comenzaba a alejarse, paso a paso, de los escalones.—Voy a ser bastante claro contigo: tengo a tu hermana y no te diré dónde hasta que me traigas a la mía. Me importa una mierda cómo lo hagas, lo mucho que te juegues en el proceso, pero si quieres volver a ver a Angelica con vida, más te vale obedecer. ¿Está claro?

Lo dijo todo sin dar opción al pelirrojo a interrumpir, y entonces guardó silencio. Mientras esperaba la respuesta, se imaginó que el muchacho ya estaría pensando algún plan para llegar a él, para evitarse todas las complicaciones propias de conseguir liberar a uno de los prisioneros del Área-M. No tendría forma de hacerlo: sólo las personas que allí se encontraban sabían que estaban allí.

Merece la pena, se dijo a sí mismo. Si tengo que rajarle el cuello a esa mujer y enviarle su cabeza a Edevane, lo haré sin dudar.
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Ayax Edevane el Mar Sep 03, 2019 3:19 am

¿Sabéis qué hizo Ayax en el momento intermedio entre que Lohran terminó de hablar a que él comenzó a decir algo? Tranquilizarse. Y parecería moco de pavo, pero siendo Ayax que tenía una capacidad interior llamada Olivia que saltaba a la mínima, cuando escuchó la voz de Lohran Martins diciéndole que tenía a su hermana Angelica, fue suficiente para que su peor pesadilla volviese a cobrar vida. Recordándole el no haberse esforzado en matarlo en aquel momento por muy indispuesto que estuviera, recordándole el no haber insistido lo suficiente a su familia al respecto y recordándole lo que le iba a hacer a ese puto negro como lo tuviera delante.

Sin embargo, era muy consciente de que amenazar en ese punto no era para nada resolutivo y no quería darle motivos a ese tipo de hacer daño a su hermana sólo para hacerle daño a él.

¿Sacar a Níobe de prisión? Una puta locura. Eso era una puta locura. Estaba dispuesto a hacer una locura por su hermana de todas maneras, pero no dejaba de ser algo que podía costarle la vida, la libertad y… muchas desgracias. Ponía en peligro el puesto en el trabajo que siempre había deseado, se arriesgaba a una condena en Azkaban por traición y… bueno, quizás podría acudir al Ministerio de Magia y contarle lo que estaba pasando, pero estaba bastante claro que no cederían ante la petición de ningún radical después de lo que había pasado hace poco con los secuestros.

—Está bien. —
Pudo decir entonces, tras un gran silencio. —No podré sacar a Prue en corto plazo: necesito hacer varias cosas para poder hacerlo sin que me pillen. —Hablaba rápido, a riesgo de que Martins le cortase la comunicación. —Suelta a mi hermana: no está acostumbrada a estas cosas. Y si no la sueltas: por favor, no le hagas daño. Prue no ha sufrido daños en el Área-M, todo lo que se le ha hecho son estudios con respecto a su pérdida de memoria.

Era mentira, pero como estaba en ‘modo hermano desesperado’, coló esa mentira a ver si colaba con la desesperación de por medio.

Desde que se había encontrado con Lohran había ideado una manera de sacar a Níobe del Área-M, cosa que no era para nada fácil. Lo único que se le ocurría era meter a otro preso y con una multijugos saltar a Níobe haciéndose pasar por ese preso, recurriendo a que había habido un error y que no debía de internarse en el Área-M. Acto seguido, matar al otro preso con la apariencia de Níobe, para que se le diera por muerta y poder hacer un parte al respecto. Al darle el cadáver a alguna criatura mágica como comida, desaparecía el rastro y las pruebas.

¿Pero sabéis la puta locura qué es eso? ¿Y la cantidad de probabilidad que había de que fallase por algún punto?

—¿Sigues ahí? —preguntó, impaciente.
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Lohran Martins el Miér Sep 04, 2019 2:49 pm

Tras decírselo todo, de corrido y sin darle mucha opción a interrumpir, hubo un silencio al otro lado de la línea. Si bien Lohran estaba tenso por la situación, sabía que la llamada no se había cortado ni nada por el estilo: seguía escuchando el sonido de la respiración del otro, quien posiblemente en esos momentos estuviera ideando las más retorcidas formas de torturarle antes de su muerte. No era muy difícil de imaginar, pues esencialmente estaban en la misma situación, cada uno reteniendo a la hermana del otro.

Lohran se puso en pie, y los peldaños de metal oxidado chirriaron en protesta. Comenzó a caminar sin rumbo fijo sobre la pequeña acera de la entrada, el típico paso lento de alguien que busca matar el rato mientras habla por teléfono.

Llegó a pensar que Edevane no respondería, pues el silencio se prolongó durante más tiempo del que esperaba. De ser así, ¿qué haría? ¿Cumpliría sus amenazas, sólo por demostrarle que no iba de farol, y de que lo mismo podía sucederle a cualquier otro miembro de su familia? Quizás, pues así Edevane seguro que le tomaría en serio.

Sin embargo, no hizo falta llegar a eso… por el momento.

Escuchó en silencio, por mucho que le apeteciese reír con amargas carcajadas ante la afirmación de que su hermana no había sufrido ningún tipo de daño en ese nido de cobayas humanas, no lo hizo. Ni dijo nada durante unos segundos, hasta el punto en que Edevane empezó a inquietarse.

—Sigo aquí.—Le confirmó con calma.—Supongo que es normal que me tomes por alguien como tú, pero no es mi estilo: tu hermana va a estar muy tranquila mientras esperamos a que cumplas tu parte del trato.—Lohran detuvo su paso, a unos metros de la factoría abandonada, y se puso más serio.—Ahora bien: ten por seguro que, si no cumples con mis exigencias, tu hermana va a morir. Y será culpa tuya.—No sabía si alguien tan inmundo como Ayax Edevane sería capaz de responsabilizarse de sus actos, pero se lo dejó claro.—¿La quieres de vuelta? Más te vale darte prisa: te doy setenta y dos horas. Si no lo has conseguido para entonces...

No dijo más. Estaba claro lo que venía a continuación.

—Cuando hayas cumplido, ponte en contacto conmigo a través de este número.—Y después de eso, cortó la comunicación sin dar tiempo al aspirante a mortífago a rechistar absolutamente nada.

Fue en ese momento en que Lohran sintió toda la tensión que se había adueñado de él durante los últimos minutos, y necesitó sentarse urgentemente. Regresó a la rechinante escalera de entrada y se dejó caer sobre ella. También dejó caer el móvil a su lado, sin preocuparse demasiado por la integridad del aparato, para llevarse ambas manos a la cabeza.

Es lo que debo hacer, se recordó a sí mismo, intentando convencerse. Lucy y Prue son lo único que me queda. Es mi responsabilidad recuperarla.

Se quedó allí fuera durante algunos minutos más, tratando de serenarse y de aceptar algo que, en realidad, no iba para nada con su naturaleza. Como un cuerpo que rechaza un órgano trasplantado al detectarlo como algo ajeno al cuerpo, su mente rechazaba aquello que estaba haciendo: Angelica Edevane, a fin de cuentas, no había cometido mayor crimen que pertenecer a la familia incorrecta, y desde luego que su actitud no encajaba con la de una fría asesina.

Mi hermana tampoco había cometido ningún crimen, se dijo. Y aún así… aquí estamos.

***

Unos diez minutos más tarde, Lohran regresaba a la cabina en que Angelica Edevane estaba retenida, todavía atada a la camilla pero ya repuesta del veneno que había respirado.

Cuando cruzó el umbral, el brasileño tuvo que hacer un esfuerzo consciente para ser capaz de mirarla a la cara. Toda la situación le señalaba como el malo, y tendría un grave problema si se sintiera lo bastante orgulloso de todo aquello como para que la mirada aterrorizada de la mujer no causara efecto alguno en él.

Seguía siendo humano, a fin de cuentas.

En la cabina había una desvencijada silla giratoria con ruedas, cubierta de polvo. Lohran la tomó del respaldo, la sacudió un poco con la mano, y la condujo junto a la camilla. Tomó asiento, y el trasto rechinó bajo su peso. Todo allí acusaba el mismo problema: abandono y antigüedad.

—¿Se encuentra mejor?—Preguntó, tratando de mantener un tono neutro, que no desvelara sentimiento alguno.—¿Necesita algo? ¿Agua, comida? Puede pedirlo y se hará lo que se pueda.

Hablaba en serio con respecto a no hacerle daño: Lohran no era un degenerado y no estaba dispuesto a llegar tan lejos. De hecho, no sabía siquiera si, llegados a ese punto, sería capaz de reunir la suficiente sangre fría como para asesinarla. Contaba con que Ayax Edevane no le obligara a complir sus amenazas.
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Ayax Edevane el Vie Sep 06, 2019 3:09 am

¿Que era NORMAL que le tomase por alguien como ÉL? Se ofendió mucho frente a esa ACUSACIÓN tan INJUSTA. Es decir: vale que Ayax había capturado a su hermana Níobe, pero por ley está totalmente justificada dicha acción, por mucho que ellos crean que no tienen motivos como para ser buscados. Está justificado el hecho de que puedas acceder a la violencia para capturar a los enemigos del gobierno y retenerlos en la prisión, en este caso Azkaban o el Área-M. ¡Y encima Ayax había hecho con su hermana un estudio, una investigación y un experimento totalmente inofensivo! ¡No había sufrido daños! Y por otra parte estaba el hecho de que los radicales hace nada habían secuestrado a más de cuarenta personas—entre ellos su amor de primo—y se lo habían devuelto en un estado DEPLORABLE.

Así que la preocupación de Ayax estaba totalmente justificada—obviamente bajo su juicio, un juicio congestionado por una voz en su cabeza, lo cual lo mismo no es muy fiable—y Lohran no había hecho más que utilizar esa frase para sacarlo de sus casillas.

Pero no lo conseguiría. Ayax estaba acostumbrado a esas cosas, por mucho que ahora mismo Olivia estuviese saltando en su interior, soltando una gran cantidad de burradas sobre qué cosas hacerle a Lohran Martins cuando lo tuviera delante. Ayax, educado, no iba a hacer eso ni a evidenciar que deseaba hacerlo, pues quería a Angelica de vuelta, de una pieza y sin traumas.

—¿Culpa mía? No intentes lavar tu conciencia y hacértelo más fácil. La culpa siempre es de quien toma la decisión. —Le tuvo que responder, para entonces recibir las instrucciones claras.

No le dio tiempo a decir nada más, pese a que tenía mucho que decir. Por lo que cuando volvió a escuchar el sonido del comunicador del teléfono, lo primero que hizo fue tirar el  teléfono de su hermana, con rabia, al césped de su jardín.

Gritó un fuerte improperio en mitad del jardín, con el cual no tardó en aparecer su madre para asegurarse de que todo estaba bien. Obviamente suponía que después de haber soltado eso, tan poco propio de Ayax, es que algo no estaba bien. El pelirrojo se giró hacia su madre, con ojos arrepentidos. No estaba arrepentidos de haber atrapado a Prue y haber apalizado a Lohran aquel día, estaba arrepentido de haber dejado cabos sueltos, simplemente.

—¿Qué ha pasado?

—Tengo un problema y necesito vuestra ayuda.

Por suerte para Ayax, sus padres también fueron mortifagos que ejercían como tal, además de apoyar al nuevo gobierno, por lo que eran conscientes de que toda decisión tomada con la cara al descubierto, traía consecuencias inesperadas y, en ocasiones, terribles.

—Llama a papá y a Eva… estaré en el comedor.


***

Ya podía moverse, ser consciente de sus propios músculos y movimientos, pero si bien pensaba que eso podría llegar a relajarla, estaba totalmente equivocada. El olor a cerrado  y abandonado del lugar le hacía pensar que nadie, jamás, podría encontrarla ahí, por no hablar de que estar atada a esa camilla le hacía tener la sensación de que dentro de poco aparecería un doctor siniestro a quitarle los riñones.

Si ahora mismo pudiera definirse el estado de Angelica con una palabra, esa sería miedo e incertidumbre. Nadie le decía nada, por lo que cuando aquel hombre de color oscura volvió a aparecer, sentándose a su lado, lo miró con ojos desesperados.

—¿Qué hago aquí? —respondió con la pregunta a lo que le había preguntado. —Se han equivocado de persona, ¿vale? Yo no he hecho nada, ni siquiera vivo en Londres. —Si bien había empezado a hablar con su voz normalizada, poco a poco empezó a resquebrajarse. —Por favor, no debería estar aquí… Le daré lo que quiera: mi familia es poderosa y puede darle dinero, comida, medicinas o… lo que quiera, le juro que haré todo lo que quiera, pero no me haga daño. —Y cerró los ojos, sintiendo que comenzaba a llorar.

Después de eso, ella no podía concebir el hecho de no sufrir daños. Tal y como estaba la sociedad inglesa y lo recientemente sucedido con su primo, ¿cómo podía pensar en que estaba allí por motivos personales, en vez de colectivos? Ella pensaba que estaba en sus últimas y que si la habían atrapado, era porque querían algo de ella.

En ningún momento, por muy lista que fuera, sopesó la idea de que fuera solo un daño colateral por las acciones de su hermano pequeño.

Aún llorando en aquella posición y tirando de las cadenas por mera impotencia, incluso sopesó la idea de decirle que estaba embarazada, pero… pensaría que estaría mintiendo sólo para darle pena, aunque no consiguiera nada.
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Lohran Martins el Dom Sep 08, 2019 2:15 pm

Sentado en aquella vieja silla, la cual rechinaba con cada movimiento o cambio de postura que hacía, el brasileño trató de mostrar su cara menos amenazante para Angelica Edevane.

Si bien el apellido de aquella mujer no le inspiraba simpatía alguna, y se había sentido inclinado a pensar que tenía ante él otra purista más, lo que veía no se correspondía demasiado con esa imagen mental. ¿Que podía estar actuando, fingiéndose víctima inocente para obtener la simpatía de su captor? Perfectamente, y por ese mismo motivo Lohran no se dejó encandilar: no hizo ni siquiera el más mínimo amago de soltar las ataduras que inmovilizaban manos, brazos, pies, piernas y cuerpo de la pelirroja.

No obstante, su actitud distaba mucho de ser amenazante, a pesar de lo inexpresivo de su rostro. No quería darse permiso para sentir lástima de aquella mujer, por muchas dudas que se amontonasen en su interior.

—Cálmese.—Le dijo, por estúpido que pudiera sonar: era imposible que se calmara, desde luego, pero por lo menos esperaba que guardara silencio y le escuchase.—Le aseguro que no me he equivocado de persona: es usted Angelica Edevane, la bruja que estaba buscando. Pero no se equivoca en eso de que usted no ha hecho nada. Al menos, no a mí.—Le explicó Lohran, para luego ponerse en pie. La silla chirrió una vez más, casi a punto de desmoronarse.—Su hermano, en cambio, sí ha hecho algo. Ha hecho muchas cosas, de hecho.

El fugitivo recorrió lo que debía ser menos de metro y medio de oficina, y se detuvo frente al ventanal roto que daba a la fábrica. Ante sus ojos se presentaba un paisaje abrumador, con tecnología antigua abandonada a la inclemencia del paso del tiempo. Le pareció incluso ver partículas de polvo flotando en el aire, aunque muy posiblemente fueran imaginaciones suya: no había luz suficiente par apreciar las motas de polvo, y la presencia de polvo en el ambiente estaba poniendo esa idea en su cabeza.

—Su hermano me quitó a mi hermana, y en sus manos está solucionar este asunto antes de que sea tarde.—Le explicó, con una voz carente de emociones, la vista fija en el decadente escenario en que se encontraban.—Durante el tiempo que dure su cautiverio, nadie le va a hacer daño. Eso se lo puedo garantizar.—Con esa promesa, se dio la vuelta. Llegó a pensar en cerrar la boca, en guardarse para sí mismo la verdad, pero no tenía sentido.—Y si su hermano cumple mis exigencias, dentro de tres días volverá a estar usted en su casa. Si no...

No terminó la frase, pero estaba claro lo que quería decir. No permitió que un sólo asomo de duda asomase a su expresión, pero la sentía: todavía no creía ser capaz de cumplir su amenaza, pero una parte de sí mismo le decía que debía hacerlo, que si Edevane cometía el error de subestimarle, le costaría la vida de su hermana Angelica.

—Así que repito mi pregunta: ¿Necesita algo? ¿Agua, comida? Pida lo que sea y se hará lo que se pueda.—Volvió a decirle, mirándola con esa ausencia de emoción que, seguramente, daba más miedo que la mirada de un demente.
Lohran Martins
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Ayax Edevane el Sáb Sep 14, 2019 2:55 am

¡Que se calmase, decía! ¡Sí, ya, claro, como si eso estuviera ahora mismo en su lista de opciones teniendo en cuenta en donde se encontraba y junto a quién se encontraba! Si no le está dando un ataque de ansiedad en ese momento era simplemente porque no la habían tratado del todo mal, dejando de lado el hecho de que la habían envenenado, metido en una ambulancia de mentira y atado a una camilla.

Se quedó en shock cuando dijo que sí que era a ella a quién buscaba, pero más todavía cuando le dijo que no estaba allí por nada que ella hubiera hecho, sino por algo que había hecho Ayax, su hermano.

Pudo haber sentido sorpresa, odio y rabia, pero… ¿de verdad le sorprendía? ¿De verdad le sorprendía que algo así pudiera pasar, teniendo en cuenta en los lagos turbios en los que se había metido su hermano últimamente? En realidad lo que más sintió fue pura decepción de que hubiera llegado tan lejos como para involucrar a su familia.

―¿Si no… qué?

Obviamente Angelica se quedó con esa parte, en donde el otro no quiso terminar la frase cuando estaba muy claro lo que quería llegar a decir. ¿Por qué no se lo decía? ¿Acaso se creía que era tan imbécil como para no verlo venir?

―Si mi hermano no cumple con tus exigencias, ¿me vas a matar? ¿Es eso? ¿¡Os empeñáis en acusar al resto de ser personas horribles por atacar y matar inocentes y tú es lo que vas a hacer conmigo!? ¿¡Vas a condenarme a mí por lo que ha hecho el idiota de mi hermano!? ―Le gritó, enfadada y afectada por la situación, hasta el punto de que se puso a llorar. ―¿Me vas a mantener aquí atada como un animal en el matadero, a la espera de que te canses de esperar y decidas acabar con mi vida? Gracias por ofrecerme comida, así podré al menos ser asesinada con la barriga llena. ―Sonó sarcástica y totalmente derrotada, como si allí no tuviera opción de hacer nada, sino no ser más que un peón más al que sacrificar en una guerra entre reyes.

No es que no confiase en que su hermano iba a hacer lo necesario para sacarla de allí, sino más bien que su momento actual no le dejaba pensar en que habría un final feliz. ¿En cuántas ocasiones algo así sale bien? Esas cosas sólo salían bien en las estúpidas películas que le gustaba ver a su marido, pero en al vida real, en Inglaterra, la sangre y la violencia iban por delante…

Tiró de las ataduras, para entonces girar la cabeza en dirección a donde no se encontraba Lohran. Notaba sus lágrimas cayendo por su mejilla, pensando que lo único de lo que se arrepentía era de que haberse casado con Mysha, no hubiera hecho que realmente dejase de ser una Edevane. Al contrario que Ayax, Angelica odiaba el valor que se le daba al apellido Edevane y todo lo que ello englobaba.

Quería tocarse la barriga, en un intento de proteger lo único que le acompañaba ahí dentro. Era increíble como siempre había retrasado el traer descendencia al mundo por la presión familiar, mientras que una vez que se quedó embarazada le parecía lo más maravilloso del mundo. ¿Y todo para qué? Para morir junto a su hijo no nato por una guerra que ni apoya, que ni libra y ni en la que es partícipe.

En esa guerra no había bandos buenos ni malos; todos habían sido corrompidos hasta tal punto que eran todos igual de enfermizos.


***

― …¿y qué es lo que vas a hacer? ―Se animó a preguntar Bruno, que era el único al que le salían palabras.

Maille y Eva estaban en shock, pero lejos de culpar a Ayax, sólo sentían gran preocupación por Angelica. Tal y cómo estaban las cosas, Ayax no había tenido la culpa de cumplir con su deber y atrapar a una enemiga de la ley, lo único que había traído sus consecuencias hasta un punto inesperado y peligroso para la familia Edevane.

―Sacaré a Prue Martins del Área-M.

―Te pueden meter en Azkaban por eso, Ayax. ―Daba igual que la sacase argumentando la cruda realidad, liberar a un preso para cedérselo a un radical no iba a ser aceptado por nadie. ―Tenemos que buscar otra solución, contratar alguna partida de búsqueda…

―Voy a sacar a Prue Martins del Área-M, Eva. Fingiré su muerte en el interior de las instalaciones y la sacaré con una poción multijugos. Ha sido todo este tiempo una paciente que ha estado alejada de grandes experimentos, por lo que ningún extirpador la echará de menos. ―A excepción, claro, que su propia extirpadora con la que había hecho ciertos arreglos a Níobe, pero precisamente esa estará hasta agradecida de ver hasta donde llega su pequeño experimento. ―No voy a perder el tiempo con partidas de búsquedas y arriesgarme a perder a Angie, ya habéis visto lo que tardaron en dar con los secuestrados el mes pasado…

―Dinos como te podemos ayudar ―dijo entonces su madre, parándose en mitad del salón y mirando a su hijo con muchísima seriedad.

Ayax asintió, teniendo muy claro lo que había que hacer: lo primero de todo era hablar con la extirpadora y luego ponerse manos a la obra lo antes posible.
Ayax Edevane
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Lohran Martins Ayer a las 12:19 am

Cada paso en el camino, dependiendo de los ojos que lo observasen, convertía a Lohran un poco más en un villano.

No se engañaba a sí mismo: de ser un observador ajeno, de verse a sí mismo llevando a cabo aquellas acciones, también pensaría de esa manera. Quizás existiera algún punto de vista que permitiera justificar aquello, pero de haberlo, sería demasiado retorcido. Y precisamente a ese punto de vista retorcido tenía que aferrarse, si no quería volverse completamente loco o, lo que era peor, ceder a su propia humanidad.

Da igual lo que diga, pensó un Lohran de rostro inexpresivo. Este es el único camino posible para recuperar a mi hermana.

Sus palabras lo golpearon y, como todo en aquella situación, lo hicieron dudar. Sin embargo, mantuvo una mirada fría fija en la desesperada mujer, sin dejar que emoción alguna se trasluciese a su rostro. Tenía que ser el malo de aquella historia, si es que al final del día quería ganar.

—No sé si es usted religiosa o no, pero si lo es, le aconsejo que empiece a rezar para que su hermano cumpla con su parte.—Le dijo, dándose de nuevo la vuelta o mirando la desolada y polvorienta fábrica.—Y dé las gracias por tener una oportunidad de sobrevivir: los de su bando no se la dan a los míos. Y si nos la dan, generalmente solemos terminar encerrados para que experimenten con nosotros, igual que si fuéramos animales.—Lohran, que en ese momento sintió un arranque de rabia al pensar lo que familias como los Edevane habían logrado a costa del sufrimiento de otros, volvió la mirada por encima del hombro y lanzó un dardo venenoso.—¿Quiere darme pena por estar atada como un animal? Alégrese de que nadie vaya a hacerle daño hasta que no sea necesario.

Y sin mediar más palabra, ni ofrecer explicación alguna, Lohran echó a caminar en dirección a la puerta. De haber podido, habría dado un portazo al salir, pero la falta de puerta en sí se lo impidió. Caminó por la pasarela metálica en dirección a la escalera más cercana, con intención de alejarse lo más posible de aquel lugar.

Sus dos compañeros vigilarían a Angelica Edevane.

A la mañana siguiente...

Lohran apenas había podido pegar ojo. Lo había intentado, tendiéndose en uno de los catres que los fugitivos habían colocado en una de las habitaciones vacías de la fábrica, y si bien no había sido la cama más cómoda del mundo, poco o nada había tenido eso que ver en su vigilia.

Por un lado, esperaba la dichosa llamada de Ayax Edevane, a poder ser con buenas noticias; no se había producido.

Por el otro, su propia conciencia le tenía inquieto. Se sentía como un organismo que rechaza un miembro externo, siendo en su caso una idea externa que entraba en contradicción con todo aquello en lo que le habían enseñado a creer. Su familia le había inculcado una serie de valores, y con cada paso en aquella misión los estaba tirando por la borda.

¿Curiosamente? Los tiraba por la borda en base a uno de ellos: proteger a su familia al precio que fuese.

No creía que su madre estuviera pensando precisamente en aquello cuando le pidió que cuidara siempre de los suyos, pero tampoco creía que aquella mujer fuera capaz de concebir que sus hijos estarían nunca en una situación así. ¿Quién podría imaginar semejante mierda?

Con los ojos abiertos como platos y el sueño eludiéndole, Lohran había pasado varias horas tumbado en aquel catre, con los brazos flexionados bajo la cabeza; con los primeros rayos del sol, que se colaban a través de una sucia ventana enrejada que había en el cuarto, había optado por levantarse y buscar otro lugar donde matar el tiempo. Había paseado alrededor del complejo durante algunos minutos, mientras el sol terminaba de emerger del horizonte, y cuando se había cansado, se había dejado caer sentado en los peldaños metálicos de la entrada.

Fue allí dónde lo encontró Luciana.

—Tienes una pinta de mierda, tío.—Fue la primera y extremadamente amable cosa que Lucy le dijo, nada más aparecerse ante él.

—¿Qué haces tú aquí?—Preguntó Lohran, frunciendo el ceño. No le hacía mucha gracia mezclarla en aquello.

—Resulta que a Archie le gustan los videojuegos.—Archie era uno de sus compañeros, el mismo que había elaborado las runas protectoras que permitían a los radicales aparecerse en aquella localización, de otra forma protegida frente a dicha magia.—¿Te acuerdas de esa Game Boy que me compré por cuatro libras en un mercadillo callejero en Candem Town? Pues ya no la tengo.—Lucy se metió una mano en el bolsillo y sacó una piedrecita con una runa luminosa. Lohran suspiró.—La voy a echar de menos...

—Podrías haberla conservado: no quiero que estés aquí.—Respondió Lohran, poniéndose en pie y caminando hacia su hermana.—Este no es lugar para...

—¿...una cría?—Preguntó ella con cinismo, apartando la mano cuando vio a Lohran alzar la suya en dirección a la runa; volvió a guardársela en el bolsillo de los pantalones.—Prue también es mi hermana, y la quiero de vuelta tanto como tú. Y legalmente soy una adulta, aunque no haya podido terminar mis estudios. Así que no me vengas con esa mierda.

—Lucy… Ya hablamos de esto.

—No. Tú hablaste, y yo me tuve que callar. Pero en ningún momento estuve de acuerdo. Quiero participar en esto.

Lohran se llevó ambas manos a la cabeza, y comenzó a caminar sin ningún rumbo. Por si tuviera pocas preocupaciones en la cabeza, ahora se presentaba aquello. No le apetecía que su hermana de diecisiete años se mezclara en aquel asunto. No sólo no tenía las cualidades necesarias—no creía tenerlas ni siquiera él mismo—, sino que además, a pesar de su vocabulario soez, tenía un corazón todavía más grande que el de Lohran.

Si Lohran ya tenía dudas de ser capaz de llevar aquello a término, ¿cuántas no tendría ella?

—¿Pillaste a una de sus hermanas?—Preguntó Lucy, a lo que Lohran asintió con la cabeza, suspirando.—¿Dónde está? ¿Puedo verla?

Pensó en decirle que no, que lo mejor sería que se mantuviera alejada de todo aquello. Pero… ¿le iba a hacer caso? Seguramente no. Así que prefirió no pelear con ella.

—Arriba, en la garita de vigilancia. ¿Qué te parece si la convences para que coma algo? Seguro que a ti te hará más caso que a mí.
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