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The time of the reckoning [Ayax&Lohran]

Lohran Martins el Miér Jun 26, 2019 3:38 pm

Recuerdo del primer mensaje :

The time of the reckoning [Ayax&Lohran] - Página 5 NCWTG9T
Jueves 20 de junio, 2019 ||  Edificio abandonado, Londres || 20:03 horas || Atuendo

Habían pasado cerca de dos horas desde que ambos, mortífago y fugitivo, llegaran a aquel destartalado lugar dejado de la mano de Dios. Se trataba de una antigua vivienda londinense que llevaba abandonada tanto tiempo que ni los fantasmas vivían en ella. ¿Para qué? Hacía tiempo que no había allí vivos a los que incordiar.

Fonollosa permanecía inmóvil, cabizbajo, atado a la silla, su rostro maltratado por los golpes de Lohran. En algún punto del interrogatorio, el brasileño le había golpeado demasiado fuerte y le había partido la nariz, de la cual brotaba un hilillo de sangre. También brotaba sangre de la comisura de sus labios.

Con todo y con esas, el mortífago no se había roto: había permanecido en silencio, sin mostrar ni un ápice de duda. No iba a confesar.

—Confieso que me gustaría que fueses un poco más parlanchín, Fonollosa.—Dijo Lohran, rompiendo el silencio en busca de algún tipo de reacción por parte del individuo.

No la hubo. Meric permaneció en la misma posición. Casi parecía que su cuerpo estuviera allí, pero su mente no. Su mente, quizás, estaría muy lejos.

Lohran había dejado de golpearle unos diez minutos antes, cuando había llegado a la conclusión de que de nada le iba a servir: aquel hombre no respondía a la tortura física, y muy probablemente estaba dispuesto a morir antes que confesar.

No obstante…

—¿De verdad merece la pena guardar silencio?—Lohran, que hasta entonces había permanecido sentado en otra de las sillas del lugar, frente a la de Fonollosa, se puso en pie y caminó un par de pasos en su dirección.—La pregunta que te he hecho es muy sencilla: Prue Martins. ¿Qué hicísteis con ella?

Silencio, una vez más. Lohran comenzó a sentirse frustrado, y tal y cómo se sentía bien podría haberle asestado un nuevo puñetazo. Se habría despellejado los nudillos, y con suerte habría podido romperle algún hueso al mortífago, ¿pero de qué le habría servido exactamente? Como mucho, pagaría sus frustraciones, y Fonollosa seguiría guardando silencio. La tortura física no funcionaba con aquel hombre.

Suspiró, negando con la cabeza, y se retiró. Caminó algunos pasos alrededor de la estancia, con aire pensativo, decidiendo si debía o no jugar aquella carta tan rastrera de la que disponía.

Después, pensó en su hermana… y pese a lo mucho que fuera aquello en contra de sus principios, decidió que daba igual: hacía ya mucho tiempo que Lohran había tocado fondo, que había vendido su alma.

—Sé dónde vives.—Sentenció, y guardó silencio, dejando que aquellas palabras calaran en Fonollosa. Y lo hicieron: nada más escucharlas, el mortífago dio un respingo, como si repentinamente hubiera regresado de un lugar lejano.—Sé que tienes familia. Mujer y dos hijos, ¿verdad?

—Ellos no tienen nada que ver en esto...—Dijo Fonollosa, rompiendo por fin su silencio, después de que Lohran lograra apresarlo.

—Aún no.—Coincidió Lohran.—Pero si sigues negándote a responder lo que te he preguntado, puedes estar seguro de que voy a hacer que tengan mucho que ver en esto. No estás ahí para protegerlos, así que puedo llamar a unos amigos y pedirles que los traigan aquí. ¿Te gustaría eso?

Por cómo se puso a temblar repentinamente, Fonollosa no disfrutaría en lo más mínimo la presencia de su familia en aquel lugar. Lohran no estaba precisamente orgulloso de aquello, pero si servía para recuperar a su hermana, estaba dispuesto a lo que fuera.

—No puedo decirte...—Lo intentó una vez más, pero Lohran le cortó.

—Pero sí que puedes. Porque si no lo haces, tus dos hijos y tu mujer van a sufrir las consecuencias de tu silencio. Y ni siquiera necesito hacerles daño: ¿Cómo te sentirías si te separo de tus hijos para siempre?

—¡Está bien!—Fonollosa alzó la voz, la desesperación marcada en su rostro.—Haz lo que quieras conmigo, pero a ellos no los metas en esto.

—Está bien. Pero para eso, tienes que empezar a hablar. ¿Qué habéis hecho con Prue Martins?—Lohran sonaba incluso razonable.

—Está en el Área-M.—Lohran ya se temía aquello, y sintió que algo dentro de él se despedazaba: no era lo mismo tener una sospecha que una confirmación. Y teniendo en cuenta lo que sucedía con los radicales cuando eran interrogados, cabía suponer que Prue… ya no fuese ella misma.—Es el nuevo juguete de Ayax Edevane...

—Cuéntame todo lo que sepas de ese Ayax Edevane.—Lohran apretaba la mandíbula, reprimiendo la ira, y tratando de no imaginarse lo que en aquellos momentos podía estar sucediendo con su hermana.

Fonollosa habló largo y tendido, ofreciéndole todos los detalles que conocía. Lohran no se sentía orgulloso por la manera en que había obtenido aquella información, pero solía decirse que todo valía en la guerra. Y sí, quizás su hermana como tal ya estuviera perdida, pero… eso sería algo que solucionaría una vez la tuviera de vuelta.

***

Lohran había hecho aquello solo, sabiendo lo que sucedería en caso de tener que rendir cuentas a su grupo: Fonollosa solo podría salir de aquello de una manera, y sinceramente, el brasileño no quería que un cadáver pudiera delatar al pelirrojo, cuyo nombre ahora conocía.

Sin embargo, pidió ayuda a alguien para deshacerse de Fonollosa, y cuando hubo terminado con él, uno de sus compañeros acudió al edificio abandonado con una furgoneta destartalada, que nada tenía que ver con las que se utilizaban de manera oficial en el grupo fugitivo.

Su compañero no hizo muchas preguntas, pues Lohran y él tenían una amistad que venía desde la universidad, y simplemente siguió sus instrucciones: los llevó a él y a Fonollosa al hospital muggle más cercano, y una vez allí, Lohran lo arrojó delante mismo de las puertas de urgencias. Se marcharon a toda prisa, dejando allí al mortífago, que no recordaría los hechos ocurridos esa noche.

Una vez la furgoneta se hubo alejado lo suficiente del hospital, Lohran ocupó el asiento del acompañante. Su rostro era serio y concentrado. Su compañero le preguntó qué debían hacer, y Lohran no dudó en responder.

—Tienes que cambiarle la matrícula a la furgoneta. Y el color. Seguro que pronto la policía muggle estará buscándola.—Le aconsejó.—Pero antes, necesito que hagas una parada.

Y le dio todos los detalles: Lohran quería hacer una visita a Ayax Edevane. Una visita que debía haberse dado hacía mucho tiempo.


Última edición por Lohran Martins el Miér Jul 03, 2019 2:38 pm, editado 1 vez
Lohran Martins
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Lohran MartinsRadical

Ayax Edevane el Lun Oct 21, 2019 3:23 am

Había escuchado a su hermano tan seguro de que lo conseguiría, que cuando su secuestrador se guardó el móvil y sacó la varita, por un momento no supo qué hacía. ¿Acaso le había dado el teléfono móvil para despedirse? ¿De verdad que iba a matarla en ese momento, aunque Ayax le hubiera dicho que lo tenía todo controlado? No supo qué vio en los ojos del moreno, pero retrocedió un paso y alzó la mano levemente en busca de pedir un poco de tiempo.

―Déjale hasta mañana: lo conseguirá, lo sé ―le pidió, mirándole a los ojos―. Espera a mañana, por favor. No me mates… ―le pidió, esta vez prácticamente suplicante.

Sin embargo, no hubo más intercambio en esa conversación, pues por la puerta entró Alden en compañía de Luciana. No le sorprendía ver a Alden con gestos agresivos y en busca de matar a alguien o castigar a otro alguien, pero sí que se preocupó de ver a Luciana caer de esa manera. Esa muchacha no se merecía que la tratasen así y mucho menos por ese burro.

Como en otras ocasiones, Angelica permaneció en un segundo plano, sin meter sus narices en esa contienda. Cuando vio su varita allí, tan cerca, tuvo sentimientos encontrados: agradecimiento por aquella chica por haberse arriesgado por ella, además de un instinto casi maternal en el que se sentía culpable porque la otra persona se hubiera metido en problemas por su culpa. Si ahora mismo no tuviera miedo porque más de la mitad de los que estaban allí tenían pensamientos con querer matarla, quizás hubiera dicho o hecho algo por Luciana.

Pero en ese momento tenía miedo como para moverse aunque fuese un poco.

Cuando Alden le apuntó con la varita de manera amenazante sí que se movió, agachándose detrás del camastro, viendo cómo Lohran se interponía. Ella tampoco lo entendió: si tanto quería matarla, ¿por qué no dejaba que el otro lo hiciera, que parecía deseoso de sangre? ¿O realmente no quería matarla? ¿¡Qué narices pasaba allí dentro!?

El resto de lo que ocurrió pasó demasiado rápido, pues entre que estaba demasiado atenta a Alden no vio cómo Lohran era impactado y prácticamente se chocaba contra ella, cayendo ambos al suelo medio protegidos por aquella camilla. Intentó recomponerse lo más rápido que pudo, quedándose de cuclillas frente a Lohran. Cuando vio que le entregaba su propia varita se quedó con los ojos bien abiertos, sorprendidos, sin poder entender cómo había llegado su varita a su mano en cuestión de unos segundos tan caóticos, cuando hace apenas un momento creía que Lohran iba a matarla para darle una lección a su hermano. Para cuando el hombre se levantó y se fue a ayudar a su hermana, Angie todavía seguía allí petrificada, sin creerse nada de lo que estaba pasando.

Sopesó la idea de irse sobre la marcha sin mirar atrás, pero no podía. Por una parte pensaba: ¿Lohran se lo habría pensado si no hubiese existido un Alden en la ecuación? ¿Luciana hubiera actuado igual si no llega a ver el peligro en el que estaba frente a Rutherford? ¿Le debía la vida a ese idiota ansioso de sed de sangre? Y lo peor de todo es que aunque por una parte lo pensase, otra parte pensaba: “qué mala suerte los Martins, contar con semejante despojo humano en el que no puedes ni confiar.”

Así que cuando se puso en pie y vio como Alden trataba a Luciana de esa manera, quiso ayudarla. Su hermano empujó a Rutherford, tirándolo al suelo. Lo primero que hizo Angie una vez con su varita en la mano, fue ayudar a Luciana a ponerse en pie con un levitar suave, alejándola de ese foco de pelea para que no volviese a recibir, ni que mucho menos se le ocurriese participar. Después apuntó hacia Alden cuando intentó alzar la varita hacia Lohran, pero ésta salió disparada de su mano cuando intentó conjurar un hechizo. El perder la varita le cogió desprevenido y cuando fue a decir algo, su lengua se le pegó al paladar y no pudo decir nada. Enfadado, intentó quitarse de en medio a Lohran para ir a por la muchacha a la que no acababa de poder insultar, pero entonces sus piernas se pegaron entre ellas y cayó de bruces al suelo justo antes de chocar con Lohran. Angie no se estaba riendo de él, real que ella consideraba todo eso ya suficientemente feo y sólo lo utilizaba como mecanismo de defensa. La pelirroja era totalmente nula en hechizos defensivos o maldiciones propias de duelistas, ¡ella era runóloga y una rata de biblioteca!

Un Alden parcialmente inmóvil intentaba recomponerse, mientras que una Angie aún temblorosa y sin mucha habilidad para ese tipo de contiendas, miró primero a Luciana y luego a Lohran. Apenas tardó unos segundos en desaparecerse de allí, sin coger sus cosas.


***

Apareció repentinamente detrás del sillón del apartamento que compartía con su marido en Londres, en el cual vivían antes de irse a Francia. Seguían conservando el piso, pues fue comprado por la familia Edevane cuando se casaron. Había sido de manera tan repentina era aparición, que soltó la varita sobre el sillón y apoyó sus manos contra el respaldar, haciendo fuerza para mantenerse en pie. Apretó la tela fuertemente, casi como para confirmar que estaba en casa; a salvo.

―¿Quié… ―Mysha salió del interior de la habitación, un poco perdido por saber quién había aparecido en casa. Cuando vio a esa cabellera pelirroja, se quedó sin habla y corrió hacia ella, abrazándola antes de que sus rodillas tocasen el suelo―. Angie ―la llamaba, casi sin creérselo―. Cariño, estás aquí, está todo bien… ―Se había puesto de rodillas frente a ella, intentando apartarle el pelo para verle la cara.

Ella, por supuesto, había empezado a llorar. Lloraba de alivio, pues se le acababa de caer un peso increíble que tenía. No le habían tratado mal, Luciana Martins hasta había conseguido hacerla sonreír en alguna ocasión, ¿pero sabéis lo que es estar encerrada tres días pensando que llegado el día límite, aquel hombre te iba a matar porque era “lo justo” por venganza? ¿Sabéis lo que era, además, temer porque un tercero quisiera hacerte sufrir y hacerte perder lo único por lo que ahora mismo darías la vida sin dudarlo? Lo había pasado mal, muy mal. Había pasado mucho miedo y por un momento pensó que de verdad aquellas vivencias iban a ser las últimas, sino a mano de Lohran, a manos de Alden. Ella no estaba acostumbrada a esas cosas, ni siquiera las consideraba 'reales' en su vida porque nunca había tenido que lidiar con nada parecido, por lo que el miedo que sintió había sido muy real. No quería ni imaginar como hubiera sido si sus captores hubieran sido como Rutherford... Probablemente a esas alturas, la tardanza de Ayax le hubiera costado la vida.

No había podido decir nada en diez minutos, en donde sólo se abrazó a su marido, su mejor amigo, para sentir que estaba en casa. Olía a Mysha y eso la hizo sentir muy protegida en ese momento. No habían dicho absolutamente nada, pues Mysha no quería agobiarla, pero evidentemente tenía muchas preguntas y consideraba que la familia Edevane tenía que saber que estaba a salvo.

―Angie... ―Mysha tocó suavemente su vientre, a lo que Angie le sonrió, declarándole que todo estaba bien―. Me tienes que contar lo que ha pasado, cómo es que te han soltado. Tenemos que avisar a tu familia: Ayax mañana se va a meter en el Área-M a sac...

La pelirroja alzó sendas manos y las colocó en los hombros de su marido, el cual se acababa de bañar pero aún así tenía un aspecto horrible. Ya se lo estaba imaginando dejándolo todo en París para viajar rápido a Londres cuando se enteró de lo de su mujer.

―No vamos a avisar a mi familia hasta mañana, ¿vale? Tienen que sacar a esa chica del Área-M.

―Pero podrían igualmente...

―¿Estás cien por cien seguro de que Ayax lo seguirá haciendo si sabe que estoy a salvo? ―Mysha negó con la cabeza―. Yo tampoco.

―¿Pero y... qué más da?

―Da ―dijo, poniéndose en pie lentamente con ayuda de su marido―, hoy he sido yo y he conseguido salir. ¿Y si la próxima vez me matan directamente como advertencia sin oportunidad de una negociación? ¿Y si en vez de venir a por mí van a por mi hermana Eva?

Realmente no lo decía por eso. Lo decía porque igual que ellos habían hecho que volviese con su familia sin un rasguño―a excepción de esa última caída junto a Lohran―, ella iba a intentar que Prue Martins volviese con su familia.
Ayax Edevane
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Lohran Martins el Jue Oct 24, 2019 12:11 am

A pesar de lo claro que resultaba a ojos de cualquiera con dos dedos de frente que Lohran había hecho lo correcto al evitar que Angelica Edevane sufriese una agónica muerte a manos de Alden Rutherford, el mago seguía en pleno conflicto interno, incluso mientras hacía frente a su compañero.

Que Alden había cruzado la línea de lo lógico y racional, metiéndose en un asunto que no le incumbía, estaba claro; sus actos únicamente respondían a una sed de sangre, pues jamás había mostrado preocupación alguna por el estado de Prue Martins.

Si se había apuntado a aquello, estaba claro, sólo era por la posibilidad de asestar un doloroso golpe al purismo… y la de mancharse las manos de sangre.

Su locura debía haberle conferido fuerzas, pues a pesar de que Lohran había logrado placarle inicialmente, enseguida se sobrepuso y se quitó al brasileño de encima. Y cuando Lohran quiso darse cuenta, volvía a tenerle encima. A pesar de la paliza del día anterior. A pesar del reciente mordisco de Luciana, que le había hecho sangrar por una herida en la pantorrilla.

A pesar de todo, seguía empeñado en seguir adelante con un plan que jamás había sido suyo.

Menos mal que había perdido de vista a Angelica Edevane, y menos mal que ella no había decidido marcharse de allí de inmediato: justo a tiempo para impedir un mal mayor, los hechizos de la que había sido su prisionera impactaron sobre un Alden cada vez más cabreado, quien finalmente terminó en el suelo, prácticamente inmovilizado y capaz únicamente de lanzar gruñidos de frustración.

Lohran miró a la bruja, sin saber muy bien cómo sentirse. Ella lo miró a él, igual que a su hermana. Entonces, la vieron marcharse de allí, utilizando la aparición gracias a la runa que Luciana le había entregado.

«La suerte está echada», pensó Lohran, al tiempo que se recordaba a sí mismo el olvidarse de que Ayax Edevane liberara a Prue. «He fallado.»

Alden, que no podía hablar debido a uno de los hechizos de la Edevane, gruñía con frustración lo que Lohran, inequívocamente, interpretó como más improperios e insultos. Dolorido, el brasileño se puso en pie y fue ayudar a su hermana, la cual se había incorporado hasta quedar sentada en el suelo, no muy lejos de Alden. Un hilillo de sangre le corría por la barbilla desde la comisura izquierda de su boca, demasiado grande como para pertenecer a Alden.

Sin decirle nada, Lohran le ofreció su mano. La chica le miró con unos ojos llenos de culpabilidad y tampoco dijo nada. Se limitó a coger su mano y ponerse en pie.

Alden, a su espalda, seguía forcejeando contra sus piernas inmovilizadas. Lohran se dio la vuelta y, sin demasiadas contemplaciones, le arreó una patada en la sien a su compañero. Este terminó inconsciente, y con ello se terminaron todos los problemas que había causado. O eso pensaba Lohran, al menos.

«La perdimos», pensó una vez más con desazón.

Una hora más tarde

Oliver había optado por atenderlos a todos en orden de gravedad, no sin antes echarles un buen rapapolvo por lo sucedido allí: primero había atendido las heridas de Alden, para luego mandarlo a casa y atender primero a Lohran y por último a Luciana.

Justo en ese momento, cuando Lohran asomaba al umbral sin puerta de la garita de vigilancia reconvertida en enfermería, el fugitivo terminaba de vendar el brazo de su hermana, que por lo visto se había herido con un pedazo de metal oxidado durante el forcejeo con Alden.

—¿Qué mierda es esa cosa que me has pinchado? —preguntó Luciana, frotándose el brazo a la altura del hombro con la mano opuesta.

—Una vacuna antitetánica —explicó el fugitivo, quien además había sido sanador en su vida anterior—. Medicina muggle. Seguro que a tu hermano le pusieron alguna de pequeño.

Así había sido, pero Lohran no dijo nada. Podría haber sido un bonito momento para contar a su hermana pequeña una historia acerca de su niñez y de su país de origen, pero sinceramente no estaba de humor.

—¿Medicina muggle? —preguntó, incrédula—. ¿Y de dónde te sacas eso? ¿No se supone que eso sólo te lo dan en los hospitales?

—Tengo un amigo que trabaja en un hospital —respondió Oliver con una media sonrisa—. Ya estás lista. Quizás se te hinche un poco el hombro, y tendrás molestias unos días. Un poco de hielo y solucionado. Pero si notas fiebre o algo así...

—Ya sé, ya sé: a hacerte una visita. —Y el sanador asintió con la cabeza, sin perder esa media sonrisa.

Fue entonces cuando Lohran carraspeó, a fin de hacerse notar. Tanto Oliver como su hermana lo miraron. El brasileño hizo una señal a su compañero para que le dejase a solas con su hermana, y éste lo hizo sin rechistar. Lohran se apartó para dejarlo pasar, y entonces pasó al interior de la garita.

—Me toca bronca, ¿verdad? —preguntó una Luciana totalmente desganada.

Sin decir palabra todavía, Lohran tomó asiento en la silla libre frente a la de su hermana. Se quedó con la mirada fija sobre ella hasta que el momento resultó incómodo.

—Mira: lo siento, ¿vale? Sé que la he cagado, pero no podía dejar que os la cargarais —se excusó, incapaz de mantener la mirada a su hermano.

—Podríamos haber tenido a Prue de vuelta —empezó Lohran—. A estas alturas, podría estar con nosotros.

—Ibas a matar a Angelica, tío. Tú y Alden —argumentó la joven, y por desgracia, Lohran no pudo replicarle—Te ibas a cargar a una persona por lo que había hecho otra. La última vez que lo miré, eso no estaba bien.

—Ayax Edevane tenía que ver que iba en serio...

—¡Y una mierda! —Prue por fin fue capaz de mirarle a los ojos—. Si hoy le llegas a devolver el cadáver de su hermana, no le habrías dejado claro que ibas en serio; habrías prendido su mecha. Lo primero que haría sería devolverte el cadáver de Prue, igual que tú a él, y luego metería a su familia en un búnker o algo así, mientras trataba de dar contigo para hacer lo mismo.

¿Sabéis lo que más le molestaba a Lohran? ¿Lo que le repateaba más de todo aquello? El hecho de que aquella muchacha que apenas acababa de cumplir la mayoría de edad tuviera razón y él no. El hecho de que su juicio no pareciera estar nublado por las ansias de venganza.

El hecho de que le dejase sin palabras con que responder a todo aquello.

—Angelica me prometió que si la dejaba ir, haría todo lo que estuviese en su mano para que su hermano cumpliese con el trato —le explicó entonces—. A lo mejor mentía, pero… ¿y si decía la verdad?

Lohran suspiró, sin saber qué decir. Tal vez fuese cierto, tal vez no, pero una cosa estaba clara: esa carga sobre sus hombros, el peso de tener que segar una vida humana a modo de venganza, se había esfumado. No diría que se sentía bien del todo, ni mucho menos… pero al menos ya no tenía que tomar aquella decisión.

Ya no tenía el dedo en el gatillo.
Lohran Martins
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Ayax Edevane el Jue Oct 24, 2019 3:22 am

Mientras Angelica y Mysha pasaban la noche juntos en su piso de Londres sin decir absolutamente nada a la familia Edevane, éstos repasaban la manera en la que Ayax sacaría al día siguiente, bien pronto en la mañana, a Prue Martins―o Níobe, como le gustaba llamarla al pelirrojo―del Área-M.

Evidentemente la mayor de los Edevane no quería que su familia se enterase de que llevaba un día en libertad, pero tampoco quería arriesgarse a dejarse ver antes de tiempo. Había hablado con Mysha la manera de hacerlo y al final llegaron a la misma conclusión: si Ayax cumplía, éste le preguntaría a Lohran que donde estaba su hermana y éste sabría que Angelica todavía no se había dejado ver a su familia, ‘obligando’ a Ayax a cumplir con su promesa. Ahí ya entraba Lohran y su perspicacia en el tema para saber cómo responder, pero Angie no tenía intención de aparecer por su casa hasta que vinieran a ver que estaba en la suya, declarando en todos los casos que acababan de dejarla salir.

Mysha le apoyaba: él tampoco creía en el purismo, mucho menos después de ver cómo se mataban en Inglaterra. Sin embargo, la familia Edevane siempre había tenido una ideología bastante arraigada y no quería arriesgarse a que se pensasen que realmente estaba colaborando con los fugitivos y promoviendo el hecho de que se liberase a una presa del Área-M. O que su hermano se pusiera tan en peligro…


***
Al día siguiente
Camden Town, mediodía. 13:53 horas

El pelirrojo le había mandado un mensaje a Lohran, sorprendiéndolo con una dirección. Era el centro de Camden Town, una pequeña plaza repleta de personas en donde habían un montón de puestos ambulantes de comida de muchos países. Esa dirección declaraba una cosa clara: paz. El pelirrojo no iba a ir con intención de empezar una pelea: ambos querían lo mismo en esa situación, a su hermana con vida.

Habían quedado a las dos del mediodía, pero Ayax estaba allí desde las menos cuarto. Se había pedido una pizza con salsa picante y se había sentado junto a una familia de muggles a comérsela en lo que esperaba a Lohran Martins.

No había cenado ni desayunado de los nervios, por lo que después de haber terminado todo lo de Níobe, no pudo evitar llevarse algo a su vientre vacío y estresado. Se comió aquella pizza como nunca se había comido una pizza.

Observando hacia todos lados, vio como en la parte superior de la plaza, en una pasarela de madera que rodeaba los edificios, estaba Martins. Su mera presencia le desagradó, pues evidentemente solo había sido una molestia terrible en su vida, así como una persona a la que no le debía nada y no era más que la carroña despreciable de la sociedad. Sin embargo, ahora debía de verlo como un igual porque estaba en juego algo muy importante.

Fingía verlo como un igual, por supuesto.

Ayax le hizo una señal como que le había visto, tirando el envoltorio de la pizza y subiendo hasta donde estaba. Ambos estaban solos y en ese momento ambos no sabían algo muy importante: qué narices había pasado con Angelica Edevane.

Cuando Ayax estuvo a una distancia prudencial del negro, se apoyó en la barandilla.

―Te pasaré al móvil la ubicación de donde se encuentra tu hermana… ―Sí, había aprendido a mandar ubicaciones, su hermana Eva le había enseñado para ese momento crucial, pero decidió seguir con lo importante―: Desde que me digas en donde está la mía.

¿Quién iba a ser el primero en ceder una hermana al otro?

Níobe se encontraba en una camilla de una tienda de tatuajes que en ese momento estaba cerrada, totalmente inconsciente. Ayax le había administrado un sedante totalmente inofensivo, ya que al sacarla del Área-M no paraba de ver enemigos por todas partes. Todavía estaba meditando la opción de advertirle sobre Níobe o si debía dejar que fuese sorpresa... Sabía que si lo decía podía quedar como 'el bueno' y buscar una manera de exculparse por lo sucedido, pero obviamente lo otro era mucho más divertido.

Su parte más impulsiva le motivaba a no decir nada, pero la responsable sabía que de no hacer algo, probablemente hubiese repercusiones para con su familia y eso era lo primordial.
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Lohran Martins el Dom Oct 27, 2019 11:45 pm

Los radicales abandonaron de inmediato aquella localización por motivos de seguridad: Angelica Edevane había visto el lugar, y si quería ayudar a su hermano a atraparlos, no tenía más que investigar un poco. Las factorías abandonadas no eran algo escaso en Londres, pero en Internet aparecían fotografías de exteriores e interiores.

Lohran ya daba por perdida aquella contienda, con toda sinceridad.

Sentía que dejar marchar a la mujer había sido la mejor decisión posible, y una parte de él sentía un inmenso alivio por haberse librado de la responsabilidad de matarla; sin embargo, con ella a salvo, se había quedado sin plan de reserva. Había disparado todos los cartuchos de que disponía, y cabía suponer que de ahora en adelante, esa familia sería mucho más precavida.

De vuelta en el refugio, con demasiadas cosas en qué pensar, Lohran había optado por darse una ducha y meterse directamente en la cama. Habían sido tres días larguísimos, había dormido muy pocas horas, y había estado sometido a una enorme tensión. Creyó que le costaría quedarse dormido, pero en cuanto su cabeza tocó la almohada, cerró los ojos y no volvió a abrirlos en unas cuantas horas.

Para entonces, había recibido el mensaje de Edevane.

Sinceramente, no comprendía lo que estaba ocurriendo. Pensó en una trampa, por supuesto: no llevaba en libertad tanto tiempo sin volverse un poco paranóico. Sin embargo, la dirección parecía un lugar demasiado céntrico, demasiado lleno de gente, para que el aspirante a mortífago intentase cualquier cosa en su contra.

Después, pensó que quizás fuese un acto de buena fe por haber liberado a su hermana. ¿Era plausible que, a pesar de las complicaciones en que lo ponía el asunto, hubiese decidido hacer honor a su palabra? Le costaba creerlo.

Lohran decidió que se trataba de una trampa: cuando llegara al lugar, se vería asaltado por varios magos camuflados entre los muggles, los cuales le amenazarían de muerte si no se rendía, y él tendría que hacerlo, pues a pesar de creer que no llegarían a hacerle nada en público, la recompensa por su cabeza era demasiado jugosa.

Pero ¿sabéis qué? Aquel era, posiblemente, el único tema en que Lohran no podía ser conservador, y si había una mera posibilidad de que estuviese diciendo la verdad, de recuperar a su hermana… saltaría de cabeza al fuego.

Así que, después de una ducha y de ponerse ropa decente, además de unas gafas de sol, Lohran acudió a la cita por medio de la aparición. Agradeció que su hermana estuviese ocupada, haciendo a saber qué, para no tener que decirle que hasta allí había llegado su implicación en el asunto. Prefería ahorrarse otra discusión con ella.

Lohran se apostó en una pasarela elevada que le ofrecía una buena visual de toda la plaza. Desde allí, observó el mundo a través de sus gafas de sol, y más pronto que tarde alcanzó a ver al pelirrojo.

No respondió a su gesto, una especie de saludo que indicaba que le había visto, y permaneció en su sitio, las manos metidas en los bolsillos de su sudadera. Lo siguió con la mirada mientras se dirigía a su posición, y una vez le vio llegar, guardó silencio. Le dejó hablar primero, y menos mal: gracias a su paciencia, obtuvo una información que no se esperaba.

¿Ayax Edevane no sabía dónde estaba su hermana? ¿Qué había sucedido con Angelica, entonces? Él sabía que se había marchado de la fábrica con vida.

Decidió que no importaba demasiado. Si le había ocurrido algo, no era cosa suya, y el desconocimiento de Ayax Edevane de su paradero le permitiría tirarse un farol que, con suerte, le permitiría recuperar a la suya.

—He liberado a tu hermana en el momento en que me enviaste esta ubicación. No me pareció necesario alargar su sufrimiento. —Su tono era serio e inexpresivo, enmascarando todo atisbo de duda. Las gafas de sol le ayudaron a que Ayax no le viese desviar la mirada de manera involuntaria—. ¿Tiene teléfono fijo en su casa? Si tienes su móvil encima, seguramente podrás llamar a alguien que te corrobore que se encuentra perfectamente.

No tenía forma de saber si esto era cierto, por supuesto, pero era lo más lógico de pensar. ¿A dónde podría haber ido, si no, después de escapar por medio de la aparición? Claramente, el destino sería su hogar.

Ahora bien, Lohran era incapaz de comprender por qué no había avisado a su hermano de que se encontraba perfectamente.

—Adelante. —Lohran apoyó la espalda en la barandilla de la pasarela—. Compruébalo. Yo espero.
Lohran Martins
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Ayax Edevane el Miér Oct 30, 2019 3:08 am

El pelirrojo hizo caso a sus indicaciones: sacó el teléfono móvil y después de unos largos segundos de espera, consiguió llamar a Mysha, el marido de su hermana que suponía estaría en la casa que tenían en Londres. Con el móvil en la oreja, miraba a Lohran continuamente mientras sonaban esos dichosos pitidos de comunicación. No tuvo que esperar demasiado hasta que la voz de su cuñado sonó al otro lado.

―¿Ayax? ―intuyó con facilidad.

―Mysha, ¿está contigo Ang…

―¡Está conmigo, acaba de llegar! ―Fingió entusiasmo y alegría.

Ahí en donde lo véis, Mysha estaba junto a Angie en la casa después de haber repasado su plan exhaustivamente toda la noche para que no hubiera fisuras. La pelirroja no sabía qué estaba pasando entre su hermano y su secuestrador, pero que preguntase si estaba viva es que podía haber buenas noticias.

―¿Conseguiste sacar a la chica del Área-M? ―Se aventuró a preguntar Mysha por presión de Angie.

―Sí ―le contestó escuetamente―. ¿Me pasas con mi hermana, por favor? ―¿Por qué seguía hablando él? ¿Se creía que tenía ganas de hablar precisamente con él?

Mysha también se dio cuenta de que una conversación entre ellos por teléfono móvil era terriblemente extraña, por lo que se lo pasó a su hermana.

―Lo conseguiste ―le dijo nada más ponerse el teléfono en la oreja.

―¿Estás bien?

―Estoy perfectamente, Ayax. No me han hecho nada.

El pelirrojo se relajó y hasta esbozó una pequeña sonrisa de alivio.

―Termino aquí y voy a verte ―le dijo, antes de despedirse―: Hasta ahora.

Cortaron la comunicación y Ayax permaneció con el móvil en la mano. Ahora venía el gran dilema: Lohran Martins había tratado bien a su hermana y había cumplido con lo establecido. Pese a que era un sucio negro radical enemigo del gobierno, al estar su familia en juego Ayax había tomado esa contienda como una amenaza personal, para nada relacionada con todo lo que apoya. Es por eso que ahora que él había hecho las cosas bien, el pelirrojo también quería advertirle.

¿La verdad? Era un poco… asegurarse de quitarse las mierdas de encima. Si Prue Martins había sido una mujer peleona, Níobe era una máquina de matar. No tenían nada que ver. Quería quitarse culpas de encima, pero en realidad él sabía muy bien que tenía muchísima culpa.

―Te pasaré la ubicación al móvil ―le dijo, bajando la mirada momentáneamente para hacerlo. Sin embargo, antes de darle a enviar, volvió a mirar al frente, a los ojos de Lohran―. Prue no es la misma persona que conocías en su momento. Muchas cosas han cambiado en ella y… te aconsejaría tener cuidado.

Su extirpadora, Aurore, sabía todo lo que estaba haciendo Ayax, por lo que aunque confiase en ella, si tenía que echarle la culpa a alguien en concreto, sería a ella. Se quitaría dos problemas de encima: una extirpadora que sabía que Ayax había traicionado las bases del gobierno actual, así como las del Área-M, además de un negro enfadado porque su hermana melliza ahora es una loca suicida con un único propósito.

Le pasó entonces la ubicación y el móvil de Lohran vibró.

―Prue está en una camilla, inconsciente. Le administré una anestesia inofensiva. Justo al lado de la camilla hay una mesa en donde podrás encontrar una jeringa con una poción para despertarla, pero te recomendaría llevarla a un sitio seguro y esperar a que despierte por sí sola. ―Miró el reloj momentáneamente para ver qué hora era―. Deberá despertar en una hora, más o menos.

Y después de decir eso, Ayax se guardó el teléfono móvil en el bolsillo de su pantalón.

―Supongo que después de esto, puedo esperar que dejes a mi familia en paz ―mencionó y, pese a que sonó muy serio, sincero y seguro, en realidad estaba bastante preocupado. No sabía qué haría Prue, pero sabía que haría algo. ¿Y si decía buscar venganza de nuevo? ―Yo me aseguraré de alejarme de los fugitivos de piel oscura.
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneExtirpador

Lohran Martins el Vie Nov 01, 2019 2:33 am

A pesar de su aparente calma, Lohran permaneció en guardia. No perdió de vista los movimientos del pelirrojo, atento a la posibilidad de que se la estuviese jugando.

También debía reconocer su nerviosismo: no sabía lo que ocurriría cuando alguien descolase el teléfono, si es que llegaba a descolgar alguien. ¿Angelica Edevane ofrecería la misma versión que él? ¿O diría que había escapado por su propio pie, anulando cualquier posibilidad de que se cumpliese el intercambio?

No tardó mucho en comprobar que sí, efectivamente, la pelirroja estaba en su casa, sana y salva.

Fue una conversación breve, apenas unos minutos, y para cuando terminó, Lohran se sentía algo más relajado. Sin quitarse de la cabeza la posibilidad de que la hipotética trampa todavía estuviese en marcha —no sería una mala idea, ahora que sabía que su hermana estaba bien, el lanzar sobre Lohran a unos cuantos de sus amigos—, permaneció atento a lo que decía el pelirrojo.

No le gustó nada lo que dijo, y enseguida se tensó. Se separó de la barandilla y apretó los puños, muestra de la tensión que sentía. ¿Qué le había sucedido exactamente a su hermana? ¿Qué coño le habían hecho?

El crío siguió con sus recomendaciones médicas, y Lohran, a pesar de sus deseos de asestarle un puñetazo y sacarle las respuestas a golpes, permaneció callado, disimulando todo lo posible la ira que estaba creciendo en su interior.

—¿Qué es lo que le has hecho a mi hermana? —preguntó, directamente, sin responder a su suposición—. ¿Con qué debo tener cuidado exactamente?

Lohran tenía clara la situación: si a su hermana le ocurría algo malo a causa de lo que fuera que le hubiesen hecho esos malnacidos, se aseguraría de que Ayax Edevane jamás pudiese dormir tranquilo, sabiendo que en cualquier momento podía ocurrirle lo mismo a su familia. Estaba furioso, y en ese estado, estaba seguro, no iba a dudar en lo más mínimo.

—Te puedo prometer una cosa —le dijo, señalándolo con un dedo índice acusador—: el bienestar de tu familia dependerá enteramente de lo que mierda le hayas hecho a mi hermana.

Y no se engañaba: a la hora de la verdad, no sabía si sería capaz de cumplir aquella amenaza. Con Angelica había sido incapaz, y al final había optado por dejarla escapar. Sin embargo, se mantuvo firme.

Se llevó la mano al bolsillo, donde guardaba el teléfono móvil, y lo desbloqueó para echar un vistazo a lo que le había enviado Edevane.

—Y si esto es una trampa de algún tipo y me pasa algo, ten por seguro que tengo amigos —le amenazó, consciente de que se estaba tirando un farol de los grandes.

¿Qué amigos ni qué amigos? Los radicales no iban a perder el tiempo con una venganza personal sin sentido. Tenían las miras puestas mucho más arriba, y difícilmente habría alguien en el refugio lo bastante interesado en Lohran como para vengarse por él. Como mucho, su amigo A.J. ¿Los demás? Cada uno miraba por su propio pellejo, y las únicas personas que les daban órdenes eran Maximus y sus lugartenientes.
Lohran Martins
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Ayax Edevane el Vie Nov 01, 2019 4:25 am

Ese era el momento en el que Ayax tenía que quitarse la culpa de la manera más creíble posible. Sabía que iba a ser complicadísimo que Lohran le creyese, pero no tenía nada que perder y, quizás, podría sembrar en su cabeza la duda de que realmente Ayax fuese inocente y, por tanto, su familia no mereciese ningún tipo de venganza.

¿Acaso tenía otra cosa que hacer? Níobe ya no tenía ningún tipo de solución y Lohran había pedido que la sacasen de allí siendo consciente de que no sería la misma persona, ¿qué era lo que se esperaba?

―Soy becario del Área-M ―le recordó―, soy medimago y mi especialidad es la psiquiatría. Me encargo del bienestar en el interior de los presos, de su salud física y mental. ―Carraspeó y cuando Lohran se separó de la barandilla, Ayax dio un paso hacia atrás, salvaguardando las distancias―: Debes de tener cuidado porque ha estado más de un año en un área de experimentación y han experimentado con ella. No es la misma persona que perdiste; no sabemos qué pasó, pero nada más llegar al Área-M no era la misma Prue con la que peleé en las vías del metro y después de todo este tiempo ha cambiado. No te reconocerá; no sabrá quién eres.

Se evitó el decir que lo reconocería como un enemigo porque así lo habían hecho, además de que estaba hablando en un tono defensivo, intentando evitar que Lohran le pegase ahí mismo un puñetazo o algo por el estilo. Estaba siendo sincero y eso se le notaba, lo único que estaba guardándose información privilegiada.

Y obviamente estaba totalmente atendo del posible puñetazo, pues no quería recibir otro: bastante fatal había salido de aquella vez en donde le apalizó horriblemente… ¡Y fíjate, Ayax no tenía rencor ninguno por aquello! ¡Hay que saber perdonar!

Sin embargo, cuando Lohran volvió a ponerse chulo y amenazó de nuevo a su familia, declarando a Ayax total responsable de lo que le había pasado a Níobe, el pelirrojo no quiso permitirlo. No quería hacerse ver como un eslabón débil, ni mucho menos estar emparanoiado con la posibilidad de que el maldito negro volviese a aparecer en su vida. Así que esta vez dio un paso hacia adelante y se mantuvo callado durante dos segundos en donde pasaron una pareja de muggles al lado de ellos. Justo después, continuó:

―Te he devuelto a tu hermana después de un año ahí dentro: es tu responsabilidad lidiar con lo que le ha pasado. Cualquiera en su sano juicio hubiera dado por perdida a cualquier persona que termine ahí dentro, pero tú has querido que te la devuelva: pues ahí la tienes ―le respondió, sin alzar la voz, pero bastante agresivo. Esta vez fue Ayax quién le señaló con el dedo acusador―. Si vas a volver a por mi familia, convertirás esto en una guerra. He arriesgado mi pellejo por mi hermana y por la tuya en un pacto por la vida de ambas. Si sigues creyéndome tu enemigo después de esto, pues seremos enemigos. Pero yo no tengo nada que ver con lo que le ha pasado a tu hermana. ―Hizo una pausa, la cual continuó en cuestión de un segundo―: La capturé, pero eso lo podría haber hecho cualquiera.

En ese momento se le estaban crispando los nervios, pues no le iba a sentar nada bien quedarse con ‘la mosca detrás de la oreja’ de que Lohran Martins podría volver en cualquier momento por su familia: de nuevo por Angelica, por su hermana pequeña o por sus padres. Quería dejarle claro que si volvía, aquello iba a ser una contienda entre ambos, pues no iba a permitir que le hiciera daño a nadie.

―No es una trampa ―respondió al momento.

¿¡Por qué no se le había ocurrido LA BRILLANTE IDEA de hacer una trampa!? ¡Maldito estrés!

Era cierto que en su momento ni lo sopesó porque no quería poner en peligro la oportunidad de recuperar a Angelica, pero ahora mismo después de esa nueva amenaza, se arrepentía de no haberse arriesgado. En ese momento estaba inseguro por todo lo que había hecho, más inseguro que se iba a ir de ahí con la amenaza de Martins de nuevo detrás de él.

―Mantente alejado de mi familia, Martins ―le advirtió antes de separarse un paso hacia atrás.
Ayax Edevane
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Lohran Martins el Mar Nov 05, 2019 12:59 am

Con el asunto de la pérdida de memoria, por desgracia, Lohran contaba desde el principio: ese era precisamente el sacrificio que debía hacer cualquier persona que se uniese a los radicales.

Recordaba haber tenido un acalorado debate con sus hermanas al respecto, el día que habían decidido empezar su colaboración con el grupo fugitivo. Lohran no quería que ninguna de ellas formase parte activa del grupo, siendo él el único expuesto al pacto de sangre; Prue había discutido, y finalmente, había optado por tomarlo también. En lo único que ambos habían estado completamente de acuerdo, de manera inamovible, había sido en prohibirselo a su hermana pequeña.

Si Edevane hubiese conocido este pequeño detalle, con toda seguridad se habría callado todo lo demás. Le estaba confirmando directamente que habían hurgado en la mente de su hermana, vacía de todo recuerdo y rastro de su anterior persona, y que le habían hecho “algo”.

Apretó los puños con firmeza, sopesando realmente la posibilidad de descargar unos cuantos puñetazos contra la cara de Edevane, pero se controló: de cuando en cuando, alguna persona pasaba, y algunos ojos curiosos iban a parar directamente a ellos.

Siguió escuchando su intento patético de justificarse. De no haber sido él el protagonista de aquella comedia llamada “vida”, seguramente habría soltado una carcajada allí mismo.

¿Cómo se podía llegar a ser tan hipócrita? Pues necesitaba creer que aquellas palabras eran fruto de una profunda hipocresía. Si de verdad se creía lo que estaba diciendo, culpando a las víctimas de sus propias acciones malvadas, entonces era gilipollas. Profundamente gilipollas. Y quería pensar que, siguiesen a quien siguiesen, no abundaban gilipollas de ese calibre en el mundo.

No sabía qué prefería, si hipócrita o gilipollas; pensó que tanto daba lo uno como lo otro.

Con un gran esfuerzo, Lohran dejó terminar a Ayax Edevane. Para entonces, si las miradas matasen, el pelirrojo habría caído fulminado tres o cuatro veces. Supo que hizo bien, pues cuando habló, logró hacerlo de una manera mucho más calmada y fría.

—¿Es eso lo que quieres? Trato hecho —le respondió—: Tu familia está a salvo, pero como no me guste lo que le habéis hecho a mi hermana, lo que según tú es mi responsabilidad, lo vas a pagar tú. —Volvió a señalarlo con el dedo índice, con calma, como si aquello fuese una especie de juego—. Pero no te preocupes: morirás sabiendo que a tu familia no le va a pasar nada.

Y, con aquellas palabras, Lohran Martins se despidió, sacando el teléfono móvil del bolsillo para comprobar la dirección que el joven aspirante a mortífago le había enviado. La memorizó y, momentos después, estrelló el teléfono móvil contra el suelo, para luego pisotearlo hasta dejarlo inutilizado.

Dudaba que los mortífagos fuesen tan sofisticados como para saber localizar a alguien por medio de su teléfono móvil, pero no convenía correr riesgos.

***

Lohran se desplazó a la ubicación, que resultó ser una pequeña tienda de tatuajes, cerrada, en las cercanías. No se molestó en utilizar la aparición: si le estaban esperando, le estaban esperando, no había vuelta de hoja, y daría igual cómo llegase al lugar. Así que se limitó a caminar con paso rápido, y para cuando llegó ante la puerta, le faltaba el aliento y el corazón le martilleaba en las sienes.

No le sorprendió encontrarse la puerta cerrada con un candado. Suponía que ni siquiera habría sido cosa de Edevane: era un candado sencillo, como el que cualquier muggle colocaría en su negocio para protegerlo.

Sin pensar demasiado en el pobre muggle en cuestión, Lohran destrozó el candado con un hechizo y, acto seguido, conjuró un Electro pulsus, sólo por si acaso. Si había alguna alarma, aquel hechizo la habría frito por completo.

Abrió la verja de seguridad a pulso, y acto seguido la puerta de cristal que conducía a la sala de espera. Edevane no le había concretado dónde había dejado a su hermana, pero a juzgar por el tamaño del local, supuso que no tardaría demasiado en encontrarla. Así que bordeó el mostrador y recorrió el pasillo que conducía al almacén, la trastienda, y la sala de tatuado en sí. Por lo que el aspirante le había dicho, ésta última parecía ser el lugar descrito, así que abrió la puerta de un empujón…

...y allí estaba su hermana.

Lohran se quedó inmóvil durante algunos momentos, dudando, pensando que estaba soñando. Tuvo que abofetearse, mentalmente, para espabilar: no estaba soñando, y por lo que había dicho el pelirrojo, lo que estaba a punto de encontrarse sería más bien una pesadilla.

«Ya lo arreglaremos», se dijo a sí mismo, y entonces su cuerpo volvió a moverse.

Caminó hasta detenerse junto a la camilla, y observó a su hermana. Dormía, su pecho subiendo y bajando, y el fugitivo sintió ganas de llorar. Aún sabiendo que debía marcharse, no pudo evitar sujetar su mano con las suyas. ¿Estaba siendo un iluso por sentir alivio por verla allí, ante sus ojos?

Quizás… pero quería creer en esa ilusión.

—Vámonos a casa, Prue —dijo, para luego inclinarse y besar suavemente la frente de la que, desde su nacimiento, había sido su otra mitad.

Sobre una mesita auxiliar estaba la jeringuilla que Edevane había mencionado, y Lohran la cogió. Se la guardó en el bolsillo, para luego tomar a su hermana en brazos. Si poder creerse que, después de tanto tiempo, volvieran a estar juntos, el fugitivo se desapareció con rumbo al refugio.

Tenían unas cuantas conversaciones pendientes.
Lohran Martins
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Ayax Edevane el Miér Nov 06, 2019 4:21 am

Lohran Martins se había ido después de asegurarle que su familia estaría a salvo, ¿pero sabéis qué? Por mucho que una parte de Ayax se hubiese sentido aliviada de escuchar aquello, seamos sinceros: ¿quién es capaz de creerse una palabra del enemigo que ha capturado a tu hermana? Al igual que Martins no había creído las palabras del pelirrojo, éste no había creído el trato de “honor” que le había dado con respecto a su familia.

De hecho, el pelirrojo estaba bastante seguro que de ser al revés la situación, no se quedaría de brazos cruzados ni se conformaría con matar a Lohran: si él le arrebata a una hermana, él querría cobrarse lo mismo, aunque luego igual matase a Lohran por venganza. Eso sí, primero se encargaría de matarle a la hermana y que él lo viera.

Ahí en donde lo veías, tan decente, no admitiría ni de lejos un ataque de esa magnitud contra su familia y haría pagar muy caro a su enemigo cualquier daño que le hiciera a sus padres o a sus hermanas. Olivia estaba ahí para apoyarle en todas sus decisiones más macabras.

Edevane se dio cuenta de que cuando se fue Lohran, muchas miradas estaban puestas en aquella dirección, pues aunque no hubiera pasado fuera de lo común, la tensión entre ambos de podía notar a la legua y había faltado muy poco para que esa situación hubiese llegado a la violencia. Estaba bastante seguro, además, que de no haber elegido un lugar público y tan concurrido para verse, aquello hubiera resultado ser muy diferente a como realmente había sido.

Sin embargo, en ese momento no le dio más vueltas al asunto, sino que se fue de allí para poder esconderse en algún lugar oculto y aparecerse en la casa de su hermana. Apareció directamente en el salón y esbozó una sonrisa de lo más natural y sincera cuando vio a Angelica en la cocina, junto a Mysha.

Pese a la mentira que el matrimonio compartía en ese momento, Ayax solo pudo mostrarse feliz, pues no sabía nada de eso. Se acercó a grandes zancadas a su hermana mayor y la abrazó fuertemente por la cintura, recibiendo el abrazo de vuelta alrededor del cuello.

Ayax tenía muy claro lo que decir:

―Lo siento, lo siento, lo siento ―repitió tres veces, apretándola bien fuerte contra él.

El pelirrojo odiaba el contacto físico. Lo odiaba mucho. Pero ella era su hermana especial y a ella sí le otorgaba ese tipo de abrazos tan poco concurridos.

―Sabes que no quería que pasara nada de esto. No pensé que lo que hice hace un año viniese de esta manera y que te pudiese haber involucrado: lo siento mucho. Sabes que si llego a saber la posibilidad, no hubiera hecho nada de lo que hice ―le dijo al soltarla un poco, mirándole a los ojos verdes que compartían.

Estaba muy seguro que de saber que algo de lo que hacía ponía en peligro a su familia, no lo habría hecho, por lo que estaba hablando con sinceridad. Además, a día de hoy y después de haberlo pasado tan mal, estaba más que seguro que si pudiese retroceder en el tiempo, seguramente hubiese sacrificado aquel momento. Bueno… no, en verdad no: todo había salido bien, así que seguramente no se arrepentía tanto ahora que volvía a tener a Angie entre sus brazos.

Lo que cambiaba la cosa en cuestión de minutos.

―Ya está, no pasa nada: estoy bien ―le dijo Angelica que, aunque aparentaba tranquilidad y alivio, obviamente estaba molesta por el hecho de que las decisiones de su hermano le salpicasen de esa manera.

¿Y si sus secuestradores en vez de ser los Martins, hubiese sido Alden y personas como él? ¿En qué estado hubiera sido devuelta por mucho que hubiese cumplido los plazos? ¿Hubiera sido la misma persona? En ese momento hasta se sentía aliviada y… afortunada de haber sido secuestrada por buenas personas. Todavía no entendía como el dichoso gobierno mágico podía tratar a personas así de esa manera, o arrebatarles a las familias a sus hijos y hermanos para encerrarlos en una dichosa prisión de experimentación…

―¿Seguro? ¿No te han hecho nada de nada? ―preguntó, soltándola.

―No me hicieron nada ―le dijo, sorprendida―. Me capturaron cuando estaba saliendo de la universidad con alguna especie de gas paralizante y… para cuando desperté estaba en un lugar abandonado. Me soltaron y estuve retenida en una habitación todo el tiempo, pero jamás me hicieron nada.
Ayax se veía sorprendido, pues le parecía muy raro teniendo en cuenta en donde estaba Prue Martins. En su caso, probablemente sí que hubiera hecho daño a la hermana del tipo que ha metido a su hermana en el Área-M. Suponía que tenía que agradecer que Lohran fuese una buena persona, no como él. ¿Quizás sí que debía de confiar en su promesa de honor con respecto a que no volvería a tocar a su familia?

―Me alegra saber que cumplió con su palabra ―dijo, ladeando una sonrisa suave.

―Y tú has cumplido la tuya ―contestó ella, contenta―. Sé que ha sido difícil y te has expuesto mucho, pero…

―Angie ―le cortó, para mirar a sus ojos de nuevo―: Eres mi hermana. No digas tonterías.

―Ya, ya lo sé… Pero igual sabía que lo que te pedían podía no salir bien, no necesariamente por ti, ¿cuántas posibilidades había de que pudiera no funcionar?

―¡No me lo recuerdes! ―Intentó tomárselo a broma, pero realmente estaba muy inquieto y muy nervioso porque podía haber fallado y que más pronto que tarde pudiesen descubrirle. Todavía no tendrían por qué darse cuenta de la supuesta muerte de Prue Martins, ¿pero y si a alguien se le ocurría investigarla? Intentó no mostrarse vulnerable con el tema, pues no quería verse nervioso―. Esperemos que todo haya salido bien. Ahora ya… poco puedo hacer para intentar solucionar nada. Pero ya sabes como soy: quiero pensar que mi perfeccionismo y mi obsesión por hacer las cosas bien tendrán sus frutos positivos.

Mysha, como el noventa por ciento del tiempo en una conversación entre Ayax y Angie, estaba de mero espectador. Se llevaban bien, pero no eran de esas personas que soliesen tener demasiadas conversaciones. PAra ser sinceros, la opinión real de Ayax sobre Mysha era simple: parecía un buen tío, demasiado buen tío. Tan buen tío que parecía tonto.

―Ven, siéntate, que quiero preguntarte una cosa ―le atrajo hacia el sofá del salón, sentándose a su lado―. Sé que te acaban de soltar y no quiero agobiarte, ¿vale? Pero… teniendo en cuenta como te trataron, ¿crees que podrían buscar venganza si las cosas con su hermana no son como esperaban? ―preguntó, visiblemente preocupado.

―¿Por qué no iban a ser como se esperaban? ―Le devolvió una pregunta, nerviosa.

―Angie… esa chica lleva casi un año en el Área-M. No te he contado la historia que la envolvía, ni quién era, ni tampoco en quién se convirtió, pero no es la misma mujer que conocían ―dijo, abiertamente. Lo menos que se pensaba Ayax en ese momento es que Angie se había “sacrificado” un poco por el hecho de que los hermanos Martins recuperasen a su hermana―. Ahora mismo van a recibir a una mujer violenta y peligrosa, no a la hermana modelo que habían estado recordando. Lo que le ha pasado en el Área-M ha sido muy invasivo y…

La cara de Angie fue un reflejo obvio de cómo se evadió en ese momento ante la explicación que le estaba dando Ayax, un pelirrojo preocupado por cualquier tipo de posible venganza por parte de los Martins. A él le daba igual contarle quién era Prue Martins y quién era Níobe, pues creía que no era lo importante, sino más bien la reacción de Lohran. Sin embargo, para Angelica era todo lo contrario: sólo podía pensar que, si llega a saber eso, no hubiera hecho lo que hizo, pues no hubiera permitido que entregasen a Luciana y Lohran un arma de matar.

Ese reencuentro terminó con dos hermanos muy preocupados, pese a que ambos intentaron fingir felicidad cuando fueron a la mansión Edevane a reencontrarse con toda la familia.

Por una parte estaba Ayax, que después de la contestación tan ausente e inquieta de su hermana, había llegado a la conclusión de que no podía fiarse de la palabra de Lohran Martins. Y eso, indudablemente, le llevaría a hacerle obsesionarse con el tema, hasta el punto de preocuparse de que realmente tarde o temprano pudiese aparecer el fugitivo con ganas de venganza. Iba a entrar en un estado de nervios que le iba a durar mucho, mucho tiempo, debido a dos desencadenantes de toda esa motivo: miedo por Martins y su familia y, sobre todo, las posibles consecuencias de que cualquiera pudiese adivinar lo que pasó realmente con Prue Martins.

Por otra parte estaba Angie, que ahora mismo sentía que había metido en mitad de aquella familia rota y triste un nuevo miembro que podría destrozarla todavía más. Para colmo, se sentía culpable, pues si no llega a ser que se ocultó, Ayax probablemente no hubiera sacado a Prue de allí. Y si llega a saber de ello… y si llega a saber qué le había pasado a Prue, se los hubiera dicho a los Martins para que no la sacasen de allí.
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Lohran Martins Hoy a las 3:20 am

Más tarde, ese mismo día
Refugio de los radicales, enfermería

Lohran Martins estaba de los nervios, detalle que saltaba a la vista para cualquier persona lo bastante observadora.

Para empezar, seguía de pie aún a pesar de lo poco que había dormido en los últimos días, y su rostro era el de un hombre cansado, movido únicamente por su necesidad de seguir en movimiento, casi sin combustible.

Su mandíbula estaba tensa, al igual que sus brazos, cruzados por delante del pecho. Sus dedos martilleaban sobre su codo, otra muestra más de su nerviosismo.

En la estancia reinaba el silencio, solo roto por los ocasionales sonidos que producía Oliver cada vez que se movía alrededor de la camilla. El sanador se mostraba tranquilo e impasible, comprobando una y otra vez las constantes vitales de Prue, para luego tomar notas incomprensibles para Lohran en su cuaderno.

No sabía si aquello era bueno o malo: por un lado, Oliver simplemente podía estar siendo profesional, guardándose sus emociones; por otro, su silencio podía indicar que todo iba bien.

Por fortuna para él, el sanador terminó con aquella inquietud que le estaba matando.

—Todo parece normal —le explicó, acercándose a él—. Presión sanguínea, respiración, complexión física… A nivel físico no le ocurre nada malo. Está más sana que yo. —Aquella última frase sonó casi a broma.

—¿Y a nivel mental? —preguntó Lohran, consciente de que quizás estuviera mejor sin saber eso.

—Su actividad cerebral también es normal, por lo que no sabremos gran cosa hasta que despierte.

Quizás fuera un iluso, pero aquello le hizo sentir aliviado. Fuera lo que fuera lo que significaba “normal”, le daba esperanzas. ¿Sería posible que, si le habían hecho algo malo en el Área-M, fuese reversible? Para ello, estaba claro, su cerebro tenía que estar bien, así que aquello era un comienzo.

Necesitaba aferrarse a aquella esperanza.

—Debería despertarse en breve —añadió Oliver, caminando en dirección a su escritorio.

El fugitivo tomó asiento, pero Lohran siguió de pie. No se sentía capaz de sentarse, y de hacerlo, no sabía si sería capaz de volver a levantarse. Empezaba a sentir el peso del cansancio en su cuerpo, aunque ahora al menos tenía un consuelo: su hermana estaba a su lado, y a pesar de que muy posiblemente nunca volviera a ser la misma, había esperanza de recuperar lo que había sido su familia.

Más tarde, ese día, cuando descubriese lo que le había ocurrido, desearía no haberla recuperado jamás. Y es que en el mundo existían destinos mucho peores que la muerte, y estaba a punto de presenciar uno de ellos con sus propios ojos.
Lohran Martins
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