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Vagón nº1

Lord Voldemort el Miér Sep 04, 2013 3:59 pm



En tren está dividido en varios vagones,  y en cada vagón hay cinco habitaciones estrechas en donde poder descansar o hablar con tus compañeros. Búscate un sitio en una habitación y empieza a rolear, ¿quién sabe? A lo mejor te toca compartir habitación con tu mejor amigo... o con tu némesis.

OFF: Se roleará por vagones, dando por hecho de que algunas personas pueden estar en el pasillo y otros en habitaciones, así que leed los post de los anteriores para no crear bucles espacio-temporales extraños. Así pues, este es el tema para el vagón I, y para no perdernos con las habitaciones, llamémosla habitación I, habitación II, III, IV y V.
Señor Tenebroso
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Lord VoldemortSeñor Tenebroso

Invitado el Mar Sep 10, 2013 1:25 am

El tren había partido de la estación hacía bastantes horas ya, y mi estómago estaba empezando a notarlo. Observaba atentamente junto a la ventana el pasar del paisaje a través de los cristales de la habitación V en la que me encontraba solo. Las extensiones de campo y llanura me recordaban a mi vieja casa del campo a la que solía ir con mis padres cuando apenas tenía 5 o 6 años, aquella pequeña casa era perfecta para escaparse y vivir pequeñas aventuras.
Una voz cercana y avejentada junto con varios cuchicheos sonó entonces a un par de metros de la habitación en la que estaba.
-¿Queréis algo del carrito niños?-
¡Perfecto!, mi tripa estaba empezando a notar la hora de pasada del carrito y no iba yo a hacerle el feo de ignorarlo. Busqué un par de monedas en el bolsillo y salí al pasillo.
Junto al carro había un grupo de chicas que parecían intercambiar experiencias del verano y risitas de complicidad. Al llegar a su altura me pare junto al carrito y me apoyé en la pared a esperar a que terminaran. Una de las chicas me miró fijamente entonces, como una de esas miradas en las que ninguno de los dos aparta la vista porque sería perder el reto. ''¡Pues no seré yo el que se retire del juego!'' - pensé, pero en ese momento el resto de compañeras tiraron de ella por el brazo y volvieron a entrar todas en su habitación.
-¿Vas a querer algo chico? - giré la cabeza hacia la voz que me hablaba y me despegué de la pared.
-Sí, póngame dos varitas de regaliz, una rana de chocolate y un paquete de grageas por favor- pedí con una sonrisa amable, aunque dudaba que solo eso pudiera saciar mi hambre.
Recogí mi pedido, le di las monedas y volví a entrar en la habitación V. Me volví a sentar junto a la ventana y estiré los pies hasta el asiento de enfrente mientras empezaba a comerme una varita de regaliz.
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Invitado el Mar Sep 10, 2013 4:15 pm

Con la excusa de que aun tenía hambre y que saldría de nuevo en busca del carrito, me escabullí de mis compañeras. Miré a ambos lados del pasillo, aunque estaba segura de que ya no habría rastro del carrito y, por desgracia, tampoco de aquel chico mono ni de su mirada fija.

Era agradable poder mantener una conversación trivial con mis compañeras de vez en cuando, pero desde que nos habíamos encontrado en el andén, no había podido librarme de ellas ni un solo segundo. En  un principio, ponernos al día había resultado entretenido, pero cuando empezaron a interesarse por que habíamos hecho durante el verano, supe que era el momento de huir. ¿Cómo explicas a alguien que, aunque para ellas el verano consistía en ir de viaje con sus padres, visitar a sus familiares o simplemente holgazanear por casa con sus antiguos amigos, para mi podía resultar algo considerablemente diferente?
A penas había pasado una semana de mi llegada cuando mi querida madre me informó de que no tenía planeado desperdiciar sus vacaciones. Había decidido invertir esos días en viajar a El Salvador y, como decía ella, “comprender como influye el clima tropical en las interacciones personales de los muggle”.
Por supuesto, yo tenía dos opciones: acompañarla en su “apasionante” viaje y quedarme con mi padre. Obviamente, elegí la segunda opción.

Convivir con papá era una considerable mejoría, él al menos era capaz de empatizar con la gente que le rodeaba. Es, por lo general, una persona normal. Pero las estancias allí habrían sido más cómodas si no siguiera empeñado en mantener la versión oficial de que me pasaba la mayor parte del año en un exclusivo internado de Londres costeado por la elitista familia de mi madre. Aunque esta versión se parecía, en cierto modo, a la realidad.

Escuché ruido procedente de la habitación en la que me encontraba antes y decidí que lo más prudente sería huir antes de que me encontraran. Ya tendría tiempo de inventarme una excusa al respecto cuando llegara a la escuela.
Entré en la habitación contigua y, para mi sorpresa, no estaba vacía. Sentado junto a la ventana estaba el chico que nos habíamos encontrado antes en el pasillo. Teniendo en cuenta que me había quedado en medio de la puerta durante unos segundos, consideré que era demasiado tarde para dar marcha atrás y replantearme volver con mis compañeras.
Le dediqué mi mejor sonrisa irónica y me acerqué al asiento que tenía enfrente. Después de acomodarme, decidí sacar un libro con el objetivo de que la situación no resultara demasiado incómoda, aunque intentar leer era algo inútil, era demasiado consciente de mi propia respiración y sorprendentemente, también de la suya.
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Invitado el Mar Sep 10, 2013 5:01 pm

Cuando estaba terminando de comerme el regaliz, alguien entro de repente en la habitación y se paró en la puerta durante unos segundos. Me quedé quieto mirándola sin poder masticar, ya que su salto de entrada me había cogido desprevenido. No tardó mucho más en decidir entrar y sentarse, en parte supongo porque mi cara de confusión tenía que expresar algo como ¿''pero te decides a entrar o a salir''?.

Mientras se acercaba me di cuenta de que era ella, la chica con la que había cruzado una mirada antes en el carrito, ¡a lo mejor no aceptaba haberse retirado del reto y había vuelto a por su victoria! ''como se nota que me aburro en el tren''. Rápidamente se vieron chafadas mis ilusiones ya que se acomodó y sacó un libro para pasar de mi por completo.
Bajé los pies del sillón de en frente y me senté como se supone que se sientan las personas civilizadas mientras observaba el libro que acababa de sacar. Intenté leer el título, pero la caligrafía de la portada estaba tan enrevesada que no podía leerla con claridad.
Decidí que la mejor opción sería sacar un tema de conversación para que la situación no fuera tan violenta, ya que llevaba un buen rato mirándola fijamente y seguramente la faltaría poco para pensar que la estaba acosando con la mirada.

-Hola, ¿puedo preguntar que estás leyendo?- pregunté con tono de interés -Si te molesto solo dilo- continué diciendo y acto seguido me metí el último trozo del regaliz en la boca. Me sacudí las manos y saqué el paquete de grajeas que tenía en el lado derecho, extendí la mano con el paquete en su dirección y le hice un gesto de ofrecimiento con la cabeza - ¿mm? - de esos en los que no puedes hablar porque estás comiendo pero das por echo que te entienden y en ocasiones pareces idiota (en mi caso no era así por supuesto).
Levantó la cabeza parar mirarme cunado le hablé y entonces me fije en ella, tenía los ojos grises, y una mirada profunda que por extraño que me pareciera me hacía sentir...algo diferente...
Moví la cabeza intentando alejar esos pensamientos y cambié la mirada al libro y del libro al paquete de grajeas intentando buscar algo en lo que fijarla y dejar de parecer un embobado.
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Invitado el Mar Sep 10, 2013 6:00 pm

Aún con el regaliz en la boca, sacó su paquete de grajeas y me ofreció amablemente haciendo un ruidito extraño que me hizo sonreír. No pretendía ser maleducada así que cerré el libro, lo puse a un lado y levanté la mirada. Me observaba fijamente con una sonrisa amable aunque pronto la desvió haciéndola danzar por el vagón.
Acepté el paquete agradecida, me adueñe de unas cuantas grajeas, algunos con aspecto más dudoso que otras y mientras le devolvía el paquete, sostuve una entre mis dedos y la miré a contraluz.

¿Cuál ha sido el sabor más raro que te has encontrado? – Le pregunté justo antes de meterme la grajea en la boca y poner cara pensativa. – Um… sandía. – Dije al reconocer su característico sabor –  La verdad es que la más rara que me ha tocado ha sido de Ketchup – volví a mirarle -. Sí, lo sé. Nada extraordinario. - Y sin saber muy bien porque me sonreí tontamente.

Él no paraba de mirarme y, por un momento, me pregunte si realmente le interesaba la tonta conversación o simplemente se preguntaba porque no paraba de decir estupideces.
Bueno, pensé, al menos parecía haberle hecho olvidar su pregunta acerca del libro ya que me daba especial vergüenza admitir que se trataba de Plantas Carnívoras del Mundo, libro de Herbología y, ¡de sexto año!
¿Quién en su sano juicio leería eso en su tiempo libre? No debería haberlo sacado del bolso hasta haber llegado a los dormitorios.
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Invitado el Mar Sep 10, 2013 6:48 pm

Volví a mirarla y me devolvió el paquete de grajeas, tenía una sonrisa muy dulce y simpática y eso me hacía sentir, en cierto sentido, bastante cómodo para ser una desconocida. Cogí un par de grajeas y me las metí en la boca, se tuvo que notar que fue una mala idea cuando regañé la cara como una pasa, debido a que había mezclado los sabores de limón, chocolate y...¿que era eso? ¿pasta de dientes? puaj... Tragué forzosamente e intenté quitar la cara limón ácido que tenía.

-Pues...a parte de esta que sabía...- Seguí regañando la cara involuntariamente-  a pasta de dientes ¡¿ A quién se le ocurre?!. Una vez me topé con una sabor...- me quedé pensando un momento cual había sido la más extraña de todas las que había probado a lo largo de estos años. ¿Un huevo podrido? nah... no era tan extraño- sabor pienso creo- dije entonces recordando de repente.-Sí, pienso de animal, no me preguntes como lo sé, pero me recordaba a eso al menos. - Intenté excusarme, no fuera a pensar que me daba por comer pienso del perro en mi tiempo libre.
-Pero la verdad, preferiría haberme encontrado la de Ketchup- dije riéndome y eché la cabeza hacia atrás apoyándola en el sillón.

Seguía mirándome y me sentí un poco ruborizado, a lo mejor ahora pensaba que era un bicho raro con el rollo del pienso, pero que le iba a hacer. Sin embargo había algo en ella que me impulsaba a querer mantener la conversación, su actitud, o ella en sí, me causaban ese efecto.
Miré el libro que había cerrado justo a su lado y pensé en volver a preguntar sobre él, pero no era algo que me interesaba realmente, mi mente enfocaba su curiosidad más en su persona.
-Bueno, soy Evan- Le dije extendiendo la mano a modo de saludo formal.- ¿Con quién tengo el placer de compartir grajeas?.- le pregunté con una mirada de intriga y luego volví a echarme en el respaldo del sillón.
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Danielle J. Maxwell el Mar Sep 10, 2013 7:18 pm

No iba a cometer el mismo error. No, no, no. Me niego. Durante estos tres años pasados, cada vez que ese maldito Slytherin me ve por el tren, me hace el viaje imposible. Encima siempre me topo con la gente de primer año a mi alrededor, que en vez de ayudar sale corriendo en busca de seguridad. ¡Malditos, todos a Ravenclaw por cobardes! Así pues, me dirigía tranquilamente con mi piedra de oscuridad en el bolsillo, vigilando las habitaciones por cada vagón en busca de alguien conocido. No me apetecía entablar una conversación con un desconocido y vale... cierto es que tampoco tengo muchos amigos, pero a alguien debo de conocer en este jodido tren.

En el vagón 1, en la última habitación, vi a Evan. ¡Evan! Abrí la puerta y vi que estaba con una chica. Ligando, ¿eh, Evan? Sonrío y me siento incómoda, pues tampoco parecía que hubiese una gran conversación entre ellos.

¡Hola Evan! ¿Qué tal el verano? —reacciono al ver que ambos me miran con cara rara. Más la chica que Evan, ya que por lo menos Evan me conoce. La chica está en mi casa, pero nunca he hablado con ella.

Esperé a que me contestara, pero si me quedaba allí no sabría de qué hablar y/o hacer, y tampoco quería molestar a Evan con su nueva amiga. No sé, simplemente un ENTE exterior me estaba impulsando a irme y dejarles ahí solos. Bueno, "impulsando a irme", más bien ese Ente me estaba llamando "estorbo" en toda la cara.

Bueno, me voy, que estoy buscando un... ¿¡Un qué!? ¡Piensa rápido o va a pensar que te lo estás inventando!...picaporte. no se me ocurrió otra cosa, joder... Es que se rompió el pomo de una habitación. mi remedio a darle sentido a esta mierda lo está empeorando...Bueno, me voy. Nos vemos en Hogwarts. Adiós. —le guiño un ojo a Evan y zarandeo la mano para despedirme de la chica, que no la conozco, pero da igual. Se llama educación, y tal.

Salgo de su habitación y me quedo en el pasillo. Miro a ambos lados y me encojo de hombro, soltando aire. ¿Y ahora qué hago? Camino hacia la esquina y me apoyo ahí, mirando por el ventanal el paisaje pasar. Si que va rápido el expreso, sí...
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Invitado el Mar Sep 10, 2013 11:14 pm

Me extiende su mano a modo de saludo y antes de poder reaccionar se abre la puerta estrepitosamente.
Me sobresalto y me siento muy erguida, con el ceño fruncido, a la espera.
Por la puerta aparece una cabecita rubia sonriente. Saluda a Evan muy contenta mientras me paro a contemplarla. ¿La conozco? ¡Sí! la conozco. ¿Se llama Sally? No, algo parecido – pienso –. ¿Mandy? ¡No! tampoco se llama así. ¿Cómo diablos era?
De repente, empieza a parlotear y es entonces cuando caigo en la cuenta. Está en mi casa, recuerdo haberla visto más de una vez en la sala común soltando este mismo tipo discurso sin sentido. ¿Se habrá puesto nerviosa? ¿La habré incomodado?
No me da tiempo de saberlo porque de la misma forma que llegó, desaparece como una exhalación.
Espero que encuentre lo que andaba buscando – ¿Qué era? – me pregunto de repente. Y entonces me río debido a lo absurdo de la situación.

Vuelvo a mirar a Evan y ahí sigue, aunque esta vez su expresión es diferente.
Una amiga muy simpática – le sonrío intentando quitarle hierro al asunto.
Y por alguna razón, ahora me siento fuera de lugar. Después de esta dosis de surrealismo no sé qué decir o hacer. Recuerdo que aun tengo varias grajeas en la mano, me meto dos en la boca sin pensar y comprendo su cara de vinagre de hace un momento.
¡Puagg! ¡Esto es horrible! – le digo –. Cereza y…– dios mío, ¿qué es eso otro? – ¿¡Y curry!? Sin duda una mala combinación. – Y me echo a reír, pues sabe espantosamente mal.
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Invitado el Miér Sep 11, 2013 12:34 am

Después de un corto verano, tocaba volver a Hogwarts por cuarta vez consecutiva, por un lado no tenía ganas de comenzar a estudiar de nuevo, aunque con su inteligencia sin igual no tenía que molestarse tanto como otros, en cambio por el otro, tenía ganas de ver qué nuevas cosas iban a acontecer este nuevo curso, volvería a repartir justicia por su cuenta como siempre solía hacer discretamente y no tan discretamente a diestro y siniestro contra las almas patéticas que no merecían pertenecer al mundo mágico.

En el andén de la estación veía a los alumnos de nuevo ingreso - Carne fresca para el menú - pensó para su interior y se sonrío. Allí se encontraba con su baúl de roble barnizado, con su querido tío al lado. - Bueno tío,es hora de marchar, el tren está a punto de salir - le tendió la mano y el tío con un gesto frío, como siempre había sido, se la estrechó - Cuídate Joseph, ya sabes lo que tienes que hacer. - Y con la misma se marchó, sin mirar atrás ni una sola vez con el mismo temple serio y reservado que siempre poseía.

Antes de subirse al tren divisó a uno de sus mejores amigos, o compañero según se viese en el andén, se trataba de Damon, su amigo desde la infancia, se saludaron con un estrechamiento de manos, fuerte y se miraron con complicidad pensando en las cosas que vivirían este año.

- Hola, amigo. - sonrío y no tuvo que decir más. Entraron al tren se aposentaron y comenzaron a hablar sobre el verano, sobre sus planes, sobre el colegio, sobre ratas a las que torturar y muchas cosas más. Después de haberse echado unas buenas risas decidieron ir a pasear por los vagones del tren, como era tradición a ver si encontraban alguna ratita a la que molestar un poco antes de entrar al colegio.

No tardaron en encontrar a la víctima perfecta... - Nuestra querida Danielle, - dijo en alto para que lo oyese a medida que se iba acercando a ella por detrás en el pasillo y le intentó acariciar el pelo con la mano derecha de forma cariñosa que por el contrario enmascaraba de forma irónica las ganas de maltratarla que tenía. - ¿qué tal el verano, querida? - le mostró una sonrisa de par en par y se colocó delante de ella y su amigo Damon detrás. - Ya tenía ganas de verte de nuevo, te eché de menos este verano - comentó irónicamente y pensando en todas las cosas que le tenía reservado.

- Eres mi Huffle preferia, ¿ya lo sabes no? Me encanta pasar el tiempo contigo - se mordió el labio como relamiéndose pensando en la situación que estaba a punto de causar. La inspeccionó de arriba a abajo,mirando las escasas curvas que la chica poseía, a pesar de ello, este verano había mejorado notablemente su aspecto físico y eso, aunque no sabía por qué, le gustaba más, destrozar cosas bonitas era una cosa que siempre le había gustado.
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Invitado el Miér Sep 11, 2013 1:06 am

Un segundo después de mi intento de presentación, la puerta de la habitación se abrió de golpe y la grajea que intentaba masticar en ese momento decidió atravesarse en mi garganta. Empecé a toser fuertemente hasta que pude respirar bien y miré hacia la puerta. ''¿Danny?'', sin duda hoy las chicas habían decidido irrumpir repentinamente en esta habitación para causarme algún tipo de ataque o algo por el estilo.
Danny nos miró a...''¿aún no me había dicho su nombre no?'' y a mi con cara de, -creo que aquí pasa algo- y en el siguiente minuto pasó todo tan rápido que a penas me dio tiempo a hablar.
Danny se sentó, me preguntó que tal el verano -Pues bastante bien...- me dio tiempo a decir. Dijo algo sobre buscar un picaporte ''¿un picaporte? ¿en serio?, Danny creo que te he visto usar ''huida'' con mejores excusas'' pensé y comencé a reírme por dentro. Tras eso se despidió y volvió a salir disparada.

Mi cara de asombro no debía tener precio,pues me había quedado un rato boquiabierto intentando asumir ese último minuto. Miré a la chica de la que aún no sabía el nombre y entonces empecé a reírme de verdad.
-No te preocupes - dije sonriendo -Creo que es así de hiperactiva por naturaleza, pero es buena chica.- Y lo era, la verdad era que me hacía reír bastante cuando la veía por ahí.
Poco después se empezaron a oír voces de nuevo en el pasillo, supuse que volvería a ser el grupo de chicas del carrito. - Parece que tus amigas están alborotando ahí fuera- Le dije ya más calmado después de la situación.
-Estabas advertida de que era una mala idea mezclar grajeas por mi cara de antes- dije sonriendo al ver que había cometido el mismo error que yo.
-Entonces íbamos por...¿tu nombre no?.- le pregunté y volví a acomodarme subiendo los pies al sillón de enfrente de nuevo. Podía parecer un poco maleducado pero ya me sentía en una situación lo suficientemente cómoda y además, mi espalda, irónicamente, se estaba quejando de estar sentado tan derecho.
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Invitado el Jue Sep 12, 2013 1:29 am

Yo también he oído a alguien en el pasillo. Intento poner atención, pero soy incapaz de entender lo que dicen.
Dudo que sean ellas – le aseguro –. ¿Sin grititos histéricos o cuchicheos entre risas? Imposible. – Y miro al techo algo indignada. Me arrepiento al momento de decirlo y cierro la boca en el acto.
¿Cuándo aprenderé a controlar esos arrebatos de sinceridad? Le miro y sonrío avergonzada.
No debería haber hecho un comentario así, no en voz alta. Pero en ocasiones, cuando estoy con ellas, siento ganas de tirarme de la torre de Astronomía. En realidad no son más que "compañeras de clase" y la mayor parte del tiempo hacen que me sienta fuera de lugar. Aunque si soy sincera, no necesito que nadie me excluya, yo solita suelo encargarme de ello.

Mientras me voy perdiendo en mis pensamientos, noto que me mira y entonces vuelve a preguntarme por mi nombre. - ¡Dios mío! – pienso. – Seré cavernícola. ¿Dónde están mis modales? - Me froto la mano contra el pantalón, por si aún queda algún resto de las grajeas en ella, me acerco y, al igual que había hecho él, le extiendo la mano a modo de saludo.
Soy Sam – le digo mientras le brindo una sonrisa irónica. Mis favoritas.

De nuevo, escucho ruido en el exterior. Y, mientras vuelvo a apoyarme en el respaldo de mi asiento, echo un vistazo hacia la puerta. Intento prestar atención, escuchar algo de lo que ocurre, pero con el traqueteo del tren me es imposible.
- Seguro que más de uno ya ha empezado a aterrorizar a los de primero. – Comento sin dejar de observar la puerta. – Aún recuerdo mi viaje de primer curso – le cuento mientras vuelvo a mirarle -, al ver como acorralaban a un chico que volvía a su vagón, decidí escabullirme antes de correr sus misma suerte. El resto del viaje lo pasé escondida en el baño de las chicas. – Suelto una carcajada mientras yo también subo los pies al sillón. – Creo que es una de las peores técnicas para hacer amigos. Aunque haberme pasado el resto del curso sin apenas levantar la mirada del suelo tampoco creo que haya ayudado. – Le cuento despreocupada. – Eso sí, podría decirte en qué lugar del castillo me encuentro solo con mirar el suelo. – sonrío – Ya ves – Digo mientras arqueo una ceja –, todos tenemos nuestras rarezas. Unos identifican el sabor del pienso de perro y otros no escondemos en el baño. – Le digo a modo de burla. Y de repente soy incapaz de dejar de reírme.
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Invitado el Jue Sep 12, 2013 6:32 pm

La verdad es que no parecía el grupito de chicas de antes, mas bien parecía una voz de hombre la que se oía afuera, ''creo'', pero total, tampoco me iba a levantar a comprobarlo.
-Sam, un bonito nombre- le digo amablemente y con una sonrisa, siempre me había parecido un nombre atractivo para una chica, aunque no había conocido a muchas, quizás solo una en el jardín de infancia, pero igualmente me gustaba.

-Es posible - le contesto respecto a los ruiditos del pasillo.- siempre hay alguno al que le apetece molestar a los novatos.- Y pienso en algunas caras en concreto en lo que lo digo .
-Y sí, admito que no parece ser una gran forma de conseguir amigos - le digo y empiezo a  reirme tras imaginarme la situación. Aunque entonces recuerdo la primera vez que me subí a este tren y no me deja en una posición muy distinta - Si te sirve de consuelo, en mi primer año me subí al tren, entre en la habitación V del vagón en el que me encontraba y me senté al lado de la ventana a mirar el paisaje durante todo el viaje y sin hablar con nadie - confieso y pongo una expresión medio avergonzada. -Tampoco es una gran forma de hacer amigos.- me encojo de hombros al reconocerlo.- Este es el único año en el que eso ha sido distinto- Le digo y la miro dando a entender que me refiero a ella. Reconozco que viajar así es mas ameno.

Al ver que ella también se acomoda me da una sensación de alivio, al menos se que no está en una situación incomoda de ''tengo que librarme de este palurdo'' -Nah yo no tengo rarezas - Digo con voz de superioridad - Conocer el sabor del pienso es algo muy normal.- digo irónicamente y la miro de reojo intentando no reírme.

Había pasado ya un tiempo desde que empezamos a hablar y quedaba menos de la mitad para llegar a Hogwarts, dentro de poco habría que ir a ponerse las túnicas, aunque ahora no me apetecía nada. Mejor espero y así puedo usarlo más tarde como excusa, en caso de que lleguemos a un momento en el que nos quedemos sin tema de conversación ''suena a cobarde, pero siempre está bien tener una opción''. Me olvido de esos pensamientos por el momento y vuelvo a la charla
-Me parece que te he visto alguna vez, aunque no estoy seguro del todo- Digo intentando recordar, ¿será esa chica de mi clase?, soy muy malo para reconocer a la gente con la que no he hablado antes pero al menos se me parecía. - Eres de Huffle ¿me equivoco?- Le pregunto con curiosidad para comprobar si eran ciertas mis sospechas.
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Invitado el Jue Sep 12, 2013 9:48 pm

Aquella noche antes de ir al Expreso había dormido, contra todo pronóstico, mejor que nunca. Aunque mi cabeza no paraba de darle vueltas a quiénes serían las nuevas víctimas con las que pasar un buen rato o las cosas que aprendería, el sueño que tenía acabó por dejarme KO.
Tras una larga mañana de preparar cosas y escuchar consejos y  más consejos  por parte  de mis padres, a los que yo respondía con leves asentimientos de cabeza, aunque en realidad no me estaba quedando ni con la mitad de lo que me decían, me dirigí a la habitación de Arturo. Estaba con los juguetes nuevos que mis padres le habían comprado, por lo que tampoco quise molestarlo demasiado. Me limité a agacharme y a darle un abrazo:

- No me gusta que te vayas. – Me dijo con un hilo de voz, mientras yo me erguía nuevamente.
- Nos veremos pronto memo. – Le dije sonriendo, aunque en el fondo también me daba pena tener que despedirme. Le despeiné el pelo, como solía hacer, ya que sabía que le molestaba. – Además… - Añadí. - … dentro de un par de años te tocará a ti. – Dije sonriendo. - ¡Hasta pronto!

Cerré la puerta tras de mí, y tras insistirle a mis padres durante casi media hora de que no era necesario que me acompañaran, me despedí de ellos y dejé la casa atrás.

No tardé demasiado en llegar a la estación y una vez allí me limité a esperar apoyado a una columna, serio e inmóvil, mientras observaba las caras de los que ya estaban allí. Algunas ya eran conocidas, las cuales se limitaban a evitarme la mirada. Otras por el contrario no las había visto nunca, pero sabía que pronto conocerían mi nombre y el de Joseph.

El Expreso ya había llegado y justo antes de subirme divisé a mi amigo despidiéndose de su tío. “Joder, qué mal rollo da ese hombre” – Pensé, observando la cara que siempre tenía. Entonces me acerqué a Joseph, le dí la mano que tenía libre en señal de saludo y nos adentramos juntos hacia el tren.

Pasamos el rato charlando sobre diferentes cosas y comiendo algo. Luego decidimos ir a echar un vistazo a lo que venía siendo la nueva fauna, y no tuvimos que andar demasiado para encontrarnos con la primera cara conocida.

- ¡DANIELLE! – Grité sonriente pero irónico, acercándome a ella con pequeños saltitos.
Llegamos hasta a ella, colocándonos delante para que no tuviera escapatoria, y Joseph no tardó en demostrar el “cariño” que le tenía preguntándole irónicamente por el verano.  Ella mientras ponía cara de asco rotundo. – Joder Danny, encima que te preguntamos, seguro que somos los primeros en hacerlo, porque no me consta que tengas muchos amigos, ¿no? – La miré aún con la irónica sonrisa en los labios.
- Yuos. – Dije falsamente sorprendido. – No todas pueden fardar de ser la Huffle preferida de Joseph, ya te quejarás. – Miré a Joseph y le guié un ojo.
- ¿Qué te apetece hacer? Aún queda trayecto hasta Hogwarts.

Esto iba a ser divertido, de eso no había duda.
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Danielle J. Maxwell el Jue Sep 12, 2013 10:42 pm

Rara vez había sentido ese odio profundo por alguien, ese odio que te llena por dentro de rencor y aversión. No solía aborrecer muchas cosas, de hecho, lo único que solía despreciar eran las injusticias y los imbéciles propensos a acosadores profesionales. Los detestaba con toda mi alma. Y hasta ahora, solo había conocido a una persona que cumpliera esos requisitos y que detestaba con toda mi alma. Llevaba jodiéndome la maldita estancia en Hogwarts desde primer curso, y estaba hasta las narices de que la cogiera siempre conmigo. Y para colmo, lo reconocía desde lejos… no me hizo falta más que escuchar la voz de él y de su fiel perrito seguidor para que, aparte de aversión, me recorriese un increíble sentimiento de sorpresa y pavor. No les temía a ellos, eran simples payasos obsesos por el control y la atención ajena, simplemente querían destacar sobre los demás y para eso utilizan la humillación, pero sí que me daba miedo saber lo que eran capaces de hacer. Ya me habían humillado suficiente estos años como para no saber de lo que son capaces.

Aparté la mirada rápidamente de la ventana y la posé en Joseph y Damon, que se dirigían hacia mí con paso tranquilo y directo. Tragué saliva y sopesé la idea de cambiarme de vagón y huir despavorida. Pero cuando me decidí a hacerlo, ya estaba Joseph en frente y Damon impidiendo que pudiese acceder a la puerta. Jodeer… Inconscientemente había terminado con la espalda pegada a la pared. Miro con enfado a Joseph, con la mandíbula apretada mientras mordía. Joseph intentó tocarme el pelo, y le aparté la mano despectivamente. Después de eso, saltó Damon con lo de que no tenía muchos amigos, algo que me molestó todavía más, y lo miré de reojo.

Es un “honor” que me importa una mierda tener. —contesto mordaz a lo de ser la Huffllepuff favorita de Joseph. Me faltó hacer el gesto de Bob Esponja para que quedase claro lo que me importa, pero con éstos dos delante de mí era incapaz de esbozar una sonrisa o bromear— Pues a mí no me gusta pasar el tiempo contigo, Joseph. Dejadme en paz e iros a afeitar bombillas a otra parte. ¿O es una tarea demasiado difícil para vuestro corto cerebro unicelular? —pregunto, mirándoles a ambos con una ceja alzada.

Yo ya me había puesto el uniforme desde que entré al expreso porque me aburría, pero la túnica la había dejado junto a mi baúl. Así que estaba con la falda, el suéter, la corbata y todo el resto del uniforme. Tenía, como de costumbre, la varita metida en la media alta de mi pie derecho. Y, para variar, el jodido pasillo del vagón estaba vacío. ¿Por qué tengo tan mala suerte? Damon le pregunta a Joseph que qué le apetece hacer, y aparto a Joseph a un lado por el hombro para pasar entre él y el ventanal del pasillo.

Sea lo que sea, pasad de mí. —es lo único que digo, incluso sin mirarles. Simplemente caminando por el pasillo hacia alguna habitación o para cambiar de vagón, no quería problemas. No en mi primer medio día de clases...

No obstante, no bajé la guardia. Son expertos en atacar por la espalda, como cobardes, o de seguirte hasta joderte la paciencia —pero eso último solo lo hacen cuando hay profesores, temerosos de ser castigados—. Mucha “valentía” y muy poca inteligencia. Estoy por pensar que el rasgo característico para acceder a Slytherin es el retraso mental…
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Danielle J. MaxwellUniversitarios

Invitado el Vie Sep 13, 2013 1:05 am

Empieza a dolerme la cara de tantas risas y sonrisas. Hacía tiempo que no me sucedía.

Mientras Evan me cuenta su primer viaje a la escuela me percato de un detalle.
¿Entraste en la habitación V? – Le pregunto mientras arqueo una ceja y dirijo una mirada hacia la puerta. Juraría que hay una V escrita en la puerta de ésta. – ¿Se trata de una coincidencia, o es más bien una especie de tradición? – Vuelvo a mirarle, esta vez algo intrigada.
¿O quizás, eres de esos que tienen que subir las escaleras siempre con el mismo pie, y pisar las mismas baldosas del suelo al atravesar el pasillo? – Bromeo.
Entonces soy consciente de lo que he dicho y de lo que implica. Me pongo un poco seria y me siento más erguida. – Bueno, si eres de esos tampoco pasa nada. – Intento arreglar la situación, algo nerviosa, por si he metido la pata. – Todos tenemos manías extrañas. Yo tengo que colocar mis libros siempre en el mismo orden – le confieso, intentando no sonar como una loca –. Si no lo están, no me quedo tranquila. – Digo mientras me froto la nuca e intento sonreír, aunque de forma menos despreocupara de lo que pretendía ya que soy consciente de lo estúpida que debo de haber sonado.
Me paro a mirarle, intentando adivinar cuál será su reacción y entonces pienso en  lo que me había contado. Por su aspecto cualquiera diría que es el típico chico sociable, con multitud de amigos y que conoce a todo el mundo, o quizá, al que todo el mundo conoce. Pero eso no concuerda con lo que ha dicho, con los viajes solitarios mirando por la ventana. De lo contrario ¿dónde están todos?

Me quedo algo ensimismada pensando en ello cuando me hace una pregunta.
Sí, soy Hufflepuff. – Le respondo. – ¿Y tu, Gryffindor verdad? – Le digo, mientras respiro ya más tranquila. – El curso pasado íbamos a la misma clase de Historia de la Magia. – Sonrió. Recuerdo haberle visto llegar tarde alguna vez y aunque le cayera una buena bronca, jamás le vi perder la sonrisa.
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