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¿Quién quiere ir a Disneyland pudiendo ir a Dragonland? {Caroline Shepard}

Henry Kerr el Vie Jul 05, 2019 1:03 am

5 de Julio de 2019
4:00 PM

Cuarta planta del Ministerio de Magia, Londres

_________________________________________________


Había un dicho o frase hecha que rezaba que lo prometido era deuda. Una premisa simple y llana, que dejaba bien claro que todo aquello a lo que te comprometías debía saldarse tarde o temprano. Por supuesto, cada cual se tomaba los refranes o frases de cultura popular como lo que eran, oraciones que se decían sin pensar mucho en ellas y sin tomárselas muy en cuenta. No obstante, para cualquier persona que se dignara a considerarse como alguien de palabra, esta frase hecha en particular, tomaba una connotación diferente que para el resto de los mortales.

Por evidentes razones, un chico con un rubio tan Lannister, como lo era Henry, debía  tomarse el lema de su casa con auténtica devoción.

En cualquier caso, bromas literarias aparte, el benjamín de los Kerr por lo general era una persona que no decía las cosas en vano. Y si la memoria no le fallaba, le había prometido a cierta pelirroja un paseo por el campo por un ya lejano diciembre. Bueno, quien decía un paseo por el campo decía un paseo a ver dragones, pero tecnicismos más allá, había llegado el día en el que cumpliría su antiguo compromiso.

Viernes cinco de Julio. Un día soleado y despejado, un día hermoso, pero sobre todo, un día perfecto para ver tan magníficos animales. Sin nubes, lluvia o niebla, ni cualquier otra posibilidad meteorológica que pudiera entorpecer la visión.

Por lo que había aprendido de Caroline los últimos meses, parecía que la joven amaba todo tipo de animales, ya fueran corrientes o mágicos, o al menos esa era la impresión que le daba a Henry. De todos modos, tampoco es que fuera difícil deducirlo, ya que había “conocido” a Carol por segunda vez, por describirlo de algún modo, en el ministerio. Y, para más señas, con el tiempo había conocido mejor a la pelirroja cómo para saber que trabajaba en el departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágica.

Era esa la razón que hacía que, el que ya se podía considerar un hombre hecho y derecho, anduviera por esa planta del ministerio buscando a la que sería su compañera de aventuras. Y no, no era ninguna exageración, ya llevaba un buen rato dando vueltas por allí, con las miradas indiscretas de los trabajadores clavadas en su espalda o incluso en su plena cara, seguramente, hasta cierto punto enjuiciando el motivo que llevaría a ese tipo a andar por allí como Pedro por su casa.

¡Pero qué esperaban! Daba igual si un ministerio era mágico o no, las indicaciones propias de los burócratas eran el paso previo al infierno. En serio, no bromeo, siempre era más difícil encontrar algo de mano de un funcionario que salir de un Ikea. ¡Y eso que él más de una vez había estado por allí!

Que mal dragonolista sería, si nunca hubiera pisado el departamento de criaturas mágicas. Pero una cosa era ir allí por motivos laborales y otra muy distinta llegar hasta una mesa en concreto de todo el departamento.

Problemas sociales aparte, por fin llegó el momento en el cual el rubio pudo avanzar por la fila de mesas donde supuestamente estaba la de Caroline. O quizás, debería decir supuesta zona de mesas, tanta amargura y paseo innecesario le hacía dudar hasta de su sombra. Si alguna vez había tenido algún tipo de seguridad en sí mismo, esos burócratas se habían encargado de destruir todo vestigio de ella. No era para menos.

- Espero que te guste-, comentó, golpeando con sus nudillos suavemente la superficie de la mesa de Caroline para atraer su atención y, saltándose cualquier protocolo burócrata, funcionarial o estatal que pudiera existir, se sentó de lado sobre el filo de la mesa. - No soy muy de flores, siempre he creído que el chocolate es mucho mejor-, dijo seguido,  mostrando la caja de bombones que le había traído, y que había tenido el rigor de esconder a su espalda desde el momento en que la viera y se acercase hasta ella. - Aunque la verdad, supongo que ahora los bombones se habrán convertido en una taza de chocolate. ¿Sabes? Es un poco complicado encontrar a nadie por aquí. Creo que debéis mejorar eso, cómo decirlo, la señalización del lugar-, bromeó, dibujando una media sonrisa y dejando la caja en la mesa, justo delante de ella y sobre su papeleo.
Henry Kerr
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Henry KerrMagos y brujas

Caroline Shepard el Jue Ago 08, 2019 9:28 pm

Caroline miró el reloj de forma de manzana que tenía sobre su escritorio y resopló al ver que aún le faltaba media hora para terminar su jornada laboral. Llevó ambas manos a su rostro para desperezarlo, estaba cansada, los ojos le pesaban, y no entendía muy bien por qué,  ya que como hace mucho no lo hacía,  la noche anterior había dormido más de las ocho horas necesarias, pero luego pensó que tal vez era precisamente eso lo que la tenía así, que llevaba tanto tiempo durmiendo mal que ya era más bien un cansancio acumulado lo que sentía y por más que durmiera diez, doce o veinte horas seguidas si no cambiaba su forma de descanso tarde o temprano terminaría por cobrarle la cuenta, tomó un sorbo de café para darse ánimos.

Desde Sam se fue de la casa de la pelirroja para ir a vivir junto a Gwen, la magizoologista había vuelto a sus andanzas de antes, y aumentó considerablemente sus misiones externas a las del Ministerio, por lo que los viajes a Japón se volvieron cada más recurrentes, y si no fuera por Lenteja, la adorable perrita que compartía con la rubia, seguramente pasaría aún menos en su casa y la utilizaría solo para dormir.

También muchas veces le  han surgido las ganas de dejar el trabajo en el Ministerio y volver a dedicarse de lleno a su trabajo anterior, pero pese a que su primera intención de regreso a Londres haya sido encontrar a su amistades y cerciorarse que estén bien, al pasar del tiempo las cosas se complicaron un poco más, y en la vida de Caroline aparecieron nuevas amarras que la tienen atada a la tierra Londinense, y no se queja, para nada, ya que acá había muchas personas que la pelirroja amaba con su vida, pero también era consciente que pronto debía tomar un decisión sino quería explotar un día de estrés y cansancio.

Tomó nuevamente su taza de café con forma de Kappa que su padre le había regalado en su cumpleaños con ganas de tomar un gran sorbo, pero al hacerlo nada llegó a su boca…PAREN EL MUNDO QUE EL CAFÉ SE HA ACABADO, pensó para sus adentros junto a un gran puchero, se iba a disponer a levantarse para ir en busca de más cuando una sorpresiva presencia llegó a su lado golpeando en su escritorio.

Esa persona no era nada más ni nada menos que Henry Kerr.

Y por primera vez en ese día, el rostro de cansancio de Caroline se tornó en uno mucho más luminoso y hasta una sonrisa se dibujó en sus labios que hasta ese momento parecían como si los hubieran congelado en una línea recta e inexpresiva.

La sorpresa la dejó muda por unos segundos, observó como el castaño se disponía a sentarse de lado en el filo de la mesa, y no fue hasta que vió aparecer esos bombones que reaccionó estirando sus manos para tomar la caja mientras la miraba con ojos brillantes.― ¡Claro que el chocolate es mejor! ― exclamó como una niña pequeña. ― Ño. ― dijo, poniendo un puchero cuando el chico dijo que tal vez se encontraban derretidos y comenzó a abrir rápidamente la caja para comprobarlo. ― ¿Sabes que en recepción puedes decir a dónde quieres ir y a quién buscas y ellos te entregan un mapa, verdad? ― preguntó divertida la pelirroja, imaginándose al castaño totalmente perdido por los pasillos del Ministerio, como cualJohn Travolta.

¡Están vivos!. ― exclamó feliz al ver que los bombones seguían intactos, se llevó uno a la boca, y cerró sus ojos para disfrutarlo mejor. ― Mmm es de chocolate y naranja, que rico. ― musitó, tras haber saboreado lo más que pudo el bombón. Miró a Henry sonriente, y se paró de su silla para quedar enfrente de él y darle un abrazo. ― Gracias. ― le dijo sonriente aún abrazándolo. ― No te lo tomes a mal ni pienses que me molesta tu presencia, porque no, para nada pero…¿Qué haces aquí?. ― le preguntó entre risas. ― ¿Habíamos quedado o algo? ― preguntó mirándolo con ojos de huevo frito, es que Caroline no era de olvidarse de planes, ni citas y menos con la gente que estima, pero últimamente había estado llena de tantas cosas que hasta le hacían dudar de su siempre increíble memoria.

Estiró su mano y sacó otro bombón para llevárselo a la boca. ― Lo siento, hoy se me ha ido almorzar, y tus chocolatitos llegan como caídos del cielo para mi estómago jejé
Caroline Shepard
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Henry Kerr el Miér Ago 14, 2019 11:42 pm

El rostro de Caroline se encendió como las coloridas bombillas de un árbol de navidad, y de igual modo reflejaban la desbordante felicidad que acaparaba cada centímetro del cuerpo y alma de la pelirroja.

- Por Merlín, si llego a saber que te gustaba tanto el chocolate, te hubiese traído una docena de cajas. Así sería doce veces más querido-, comentó socarrón, divertido con la situación y exagerada felicidad que habían provocado los bombones en la figura de su amiga. - Sí, pero ufff, los magos hacemos todo a lo grande. Esos mapas son como leerte la obra entera de Shakespeare sin almorzar ni desayunar. ¿Una obra prodigiosa? Y tanto, pero no por ello menos grande y difícil de digerir en un tiempo corto-, bromeó.

Para cualquier observador que mirarse la escena desde su punto de vista, era evidente que habían pasado de la exagerada felicidad e una pelirroja hacia la de un rubio invasor de ministerios. Qué podía decirse, al bueno del pequeño de los Kerr le encantaba regodearse en la divertida exageración propia del mundo de la caricatura, y no podía evitar echar en el caldo más cazos de buena desproporción made in Henry.

- Ah, diablos. Lo cierto es que no pensé que necesitara ningún mapa. Al fin y al cabo, como buen Dragonolista conozco bien esta planta del ministerio. O eso se suponía-, dijo esto último con cierta burla sobre sí mismo, para luego soltar una carcajada suave. - Ah, maldita sea. No recordaba que esto fuese tan grande. Pensé que bajando aquí, y con unas preguntas cortas, te encontraría rápido. Pero ya ves, los mejores tesoros son los más difíciles de hallar-, dijo zalamero, dibujando su media sonrisa tan característica de él.

El, en otro tiempo, rompecorazones Kerr dejó que sus palabras hicieran mella en su querida Caroline, al tiempo que dejaba que se volviera un poco loca con el motivo de su visita. El rubio era ducho en estas lides y gustaba de disfrutar de tales situaciones con una sonrisa marcada en el rostro, mientras su amiga se devanaba un poco los sesos.

- ¿Cómo? ¿Qué no recuerdas que habíamos quedado? - mintió tras el abrazo de la joven, poniéndose más serio con su malicioso teatro. - Hoy es el día en el que, según tus propias palabras, si venía a verte con una caja de bombones… ¡Te casarías conmigo! -, volvió a mentir, sin perder la sonrisa, pero con unas palabras que sabía que la pelirroja pronto captaría como muy falsas. Motivo por el cual no pudo evitar volver a reír con suavidad. - Oye, hablando en serio-, comentó levantándose del pico de la mesa con mucha dignidad. - Que sepas que siendo un mago tan destacable, guapo y rico, y un maldito heredero del linaje Kerr, soy todo un partido. Deberías currártelo un poquito más-, terminó su broma, con su nuevo teatrillo de falsa dignidad.

Oh, sí, que nadie dijera que al señorito Henry no le gustaba sacar partido de toda situación para mostrar sus dotes para la interpretación.

- No, la verdad es que venido por propia voluntad. Si es que no se notaba ya-, bromeó con esa última frase. - Debería ir a clases de teatro. La interpretación se me da de pena-, comentó antes de sonreír de nuevo. - Pero el motivo de mi intrusión en tu trabajo creo que te gustará. Y no, no es una boda conmigo aunque lo estés deseando-, volvió a bromar socarrón. - Es un viaje a “dragonland”. Creo recodar que por cierto circo de diciembre, una jovencita pelirroja me comentó su deseo de partir tras algún dragón en compañía de este zagal y perspicaz caballero escocés. ¡Voilà! El día ha llegado. Prepárate para una experiencia que nunca olvidarás-, dijo animado, tirando de un brazo de la pelirroja para hacerla girar como si estuvieran bailando. - Sobre todo, porque como no sea tu hora de salir, creo que te van a despedir por mi espectáculo y eso seguro que no lo olvidas-, bromeó, soltando a la joven y pensando sobre ello. - Bueno, si hay que esperar se espera, pero creí que te gustaría acompañarme en cuánto acabes con tus labores-, terminó por decir, marcando una nueva sonrisa en su rostro, y mirando directamente hacia los claros ojos de la pelirroja.
Henry Kerr
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Henry KerrMagos y brujas

Caroline Shepard el Vie Sep 13, 2019 2:48 am

La vida a veces puedes resultar muy cruel y hostil u otras puedes resultar enormemente gratificante y sorprendentemente hermosa, afortunadamente para Caroline si tuviera que poner su vida en una balanza esta se irían sin pensarlo mucho hacia el costado de las cosas maravillosas, como el día de hoy que pese a ser un día sumamente aburrido en el trabajo de pronto dió un giro inesperado cuando un chico de mirada traviesa y contagiosa sonrisa apareció a su lado. Y para qué hablar cuando vió que venía acompañado de pequeños trozos de felicidad hechos chocolate, ahí sí que la vida se volvió multicolor.

―  La verdad es que soy una persona más salada, la adicta al chocolate es Sam, pero en estos momentos estos chocolatitos son pura felicidad para mí.―  le dijo, soltó una una carcajada cuando el rubio comparó los mapas del Ministerio con una obra de Shakespeare.―  ¿Qué dices? ¡No hay comparacion!―  soltó negando con la cabeza risueña. Es que era sabido por todos sus cercanos que a pelirroja es fanática de todas sus obras, hasta el punto de hasta recordar algunos de sus pasajes favoritos.― "¿Qué es más elevado para el espíritu? ¿Sufrir los golpes y los dardos de la insultante fortuna o tomar armas contra un mar de calamidades, y haciéndoles frente para acabar con ellos? "― le recitó con su  mirada clavada en la suya, como si realmente estuviera esperando una respuesta de su parte, pero al terminar sonrió.― Me encanta Shakespeare.― terminó por decir con ojitos brillantes junto a un suspiro. ― El Ministerio es todo un mundo, en un comienzo cuando me pedían ir a dejar documentos a otros departamentos, te juro que sentía que era como si entrara un laberinto y si tenía suerte llegaría a mi destino en menos de media hora. ― le confesó.

Entre la felicidad de comprobar que los chocolates estaban vivos y que Henry hubiera aparecido de la nada haciendola sonreír como siempre se le había ido pensar siquiera en el motivo de su presencia allí, y simplemente se había entregado al regalito que la vida le había tendido aquel día, pero como buena ravenclaw la mente de la pelirroja más temprano que tarde siempre hace acto de aparición. Abrió los ojos como plato y arrugó su ceño acongojada cuando el rubio  le  señaló que había olvidado su cita, y por unos breves segundos se sintió fatal ya que odiaba olvidar esas cosas y más con la gente que estima. ― Ay, Henry, lo sien...― comenzó a decir para luego detenerse de sopetón al escuchar las siguientes palabras del mago.― ¡Si serás! ¡Me estaba sintiendo fatal! ― le reclamó haciéndose la ofendida, pero sin intentarlo demasiado ya que su sonrisa seguía intacta junto a una radiante mirada, ya que planeado o no le gustaba mucho contar con la presencia del dragonelista. Soltó otra carcajada pero esta vez tuvo que taparse la boca porque sabía que saldría estruendosa, y aunque no le gustará estaba en un oficina donde algunos, aunque no la mayoría para su fortuna, se ofendía rápidamente con la alegría ajena.― Tienes mejores atributos que ser rico y un maldito heredero de la familia Kerr.― le señaló, siendo muy consciente que había descartado la parte de guapo, ya que este siendo sincera, si lo veía como uno de sus grandes atributos.― Porque no sé si te das cuenta, pero tienes el increíble don de hacer sonreír la gente, hasta en los peores momentos, y eso también es muy atrayente ¿A quién no le gustaría tener alguien a su lado que te haga sonreír hasta en las circunstancias más hostiles, eh?.― le preguntó ofreciéndole una cálida sonrisa, recordando de pasos momentos en Hogwarts donde Sam, Henry y Caroline a veces se quedaban hasta altas horas estudiando en la Sala común, en ese momento de la noche en que ya los ánimos están bajos y donde el silencio era rey y señor del lugar, de la nada el rubio soltaba una frase, solo una y las risas volvían a ser la banda sonora del lugar. Y eso, no todo el mundo era capaz de lograrlo.

No se te da tan mal, de hecho en un comienzo que te he creído y todo, pero tu mirada te delata muy pronto, se pone más brillosa.― le comentó divertida, es que le podían haber borrado innumerables recuerdos al castaño, pero hay cosas que no cambian, como la mirada traviesa de Henry Kerr, y que la pelirroja podía reconocerla aquí y en la quebrada del ají.― Lo deseo mil, de hecho fue uno de mis deseos en mi último cumpleaños.― bromeó, para luego abrir su boca y mirada sorprendida, sin poder creer que después de tanto tiempo por fin iban a hacer ese paseo, hasta había llegado a pensar que el mago se había olvidado.― ¿De verdad? ¡Que ilusión!― exclamó feliz, haciendo que más de una mirada se dirigiera a ellos curiosos de saber que le producía tanta felicidad a la chica. De fulgente sonrisa se dejó girar por el más pequeño de los Kerr.―¿Crees que me gustaría acompañarte? ¡Obvio que me gustaría acompañarte! Es que aunque saliera en cuatro horas más te obligaría a esperarme e ir de todos modos.― le dijo divertida para luego mirar a su reloj de manzana y tomarlo con su mano para mostrarselo al castaño.― Pero no, no te asustes, que no quedan cuatro horas, me queda para salir...― hizo una pausa para llevar su dedo índice e indicarle el tiempo que restaba.―...quince minutos.― terminó por decir para luego volver a dejar el reloj sobre su escritorio.― No es nada, se nos pasará volando, por mientras podemos seguir comiendo chocolates y hablar de la vida. ¿Cómo va la tuya? Algo nuevo que tengas que contarme.― le dijo, sacando otro bombón y llevándoselo a la boca.
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Henry Kerr el Miér Sep 18, 2019 6:53 pm

- Anotado en el interior de esta prodigiosa mente Ravenclaw-, comentó medio en broma, con su toque exagerado para ciertas cosas. Sobre todo si esas cosas eran él mismo. - Salado por delante del cacao. La próxima vez te traeré esos botes que tienen dentro esas galletitas con formas de peces y demás animales y que son un maldito vicio-, la tentó con futuros presente en forma de aperitivos saladas, para concluir su plática con un guiño.

A veces la vida era sumamente compleja, lleno de acertijos y problemas a cada paso, e incluso muchas veces estos problemas eran culpa de la humanidad que no sabía convivir. No había que irse muy lejos, ni al mundo muggle, el presente del mundo mágico era buena prueba de lo que podía hacer el ser humano cuando avanzaba por un camino lleno de sombras.

Sin embargo, hasta para el más pesimista de las personas era imposible no reconocer el lado luminoso de esa misma humanidad; y que en muchas ocasiones la vida era tan simple, como placentera y hermosa. El rostro de Caroline demostraba aquello de forma empírica. Ya que se había iluminado como si de un árbol de navidad se tratara, y para ello sólo había hecho falta la aparición de un mozalbete rubio con un delicioso regalo.

- “Morir..., dormir; no más ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne!” -, contestó a la pelirroja con la parte que seguía a lo que ella había recitado. - Creo que seguía así, no soy muy ducho en teatro. Debo reconocerlo-, comentó humilde, y al mismo tiempo sincero, porque, francamente, no estaba seguro de que esa parte fuera la que seguía. - En cualquier caso, debo decir que nuestro jovencito Hamlet tenía una mente mucho menos pecaminosa que la mía-, dijo con voz más suave y cálido. - Estoy seguro de que yo tengo más de un sueño…-, dejó la frase en el aire, al tiempo que le dedicaba una mirada significativa al cuerpo de Caroline mirándolo de arriba abajo.

Todo ello, lo había comentado el “bueno” de Henry después de dejar que la pelirroja se sintiera mal por haberse olvidado de él. Por tanto, ahora rió a carcajadas tanto por la broma de antes como por su actual descaro.

- Oh, vamos, ha sido bueno. No me digas que no te ha hecho gracia-, dijo sonriente. - En esta vida hay que ser un poco pillo, sólo se vive una vez. Y lo sé, también soy encantador, simpático, culto y buah, Merlín sabrá cuantas virtudes más tendré, porque son incontable-, volvió a exagerar para hacerse el gracioso, dibujando una pícara media sonrisa al final de su alegato.

De todos modos el mago de rubios cabellos se tomó la pregunta de Caroline en serio y decidió pensar sobre ello.

- Pues… no sé... ¿los dragones? Reconozco que a ellos no les hacen mucha gracia mis bromas-, dijo chistoso, encogiéndose de hombros. - De todos modos, tu recital de Hamlet me ha hecho pensar sobre algo. No soy experto en teatro pero alguna que otra obra veo, y bueno, ya que hablamos de Shakespeare, debo confesarte que mi obra favorita de él es Otelo. Digamos que la traición puede llegar a ser muy instructivo, cuánto menos-, comentó eso último medio en broma. - Estoy seguro de que una enamorada de este artista, como se nota que eres, ya la habrá visto, pero es una excusa perfecta para pasar tiempo juntos y volver a verla, y por qué no decirlo, acosarte otro rato-, volvió a terminar con una broma.

No obstante, hubo un comentario de la joven que descolocó al galante caballero norteño y le hizo que su cara dejara de ser la simpática con excelsa seguridad en sí mismo, a una que denotaba sorpresa.

- ¿Qué? ¿Tu cumpleaños? - dijo, sabiendo que lo había pasado por alto al no saber cuando era. - ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? No te he regalado nada-, manifestó frustrado por ello, después de haberla hecho girar en plena felicidad.

La maldad que su familia le había hecho le había vuelto a dar de lleno. Henry, un vez más, volvía a sufrir por la decisión que habían tenido otros sobre él.

- Rayos, te debo unas felicidades pasadas. Además de más bombones y un peluche más grande que yo para que me perdones-, comentó aún descolocado por no saber el día del cumpleaños de la joven, pero tomándose con resignación y buen humor. - Me va salir caro, pero no todos los días se cumple años y la ocasión lo merece-, la volvió a girar y la soltó para entregarle un librito que sacó del interior de su chaqueta.

- Tachán. Una linda introducción al mundo de los dragones.

Era un libreto de bolsillo. Simple pero muy mono y pensado para niños, con encuadernación roja y dibujos de dragones en sus tapas exteriores. El interior de sus páginas contenía descripciones de dragones, con más dibujos en cada hoja al lado de la descripción. Ese dibujo en concreto era en color, para dar una idea más aproximada del animal del que se hablaba, y luego pasaban a otros al carboncillo, más artísticos, que finalmente terminaban cuando se llegaba a una nueva descripción de otro tipo de dragón. Por supuesto, sobraba decir que las imágenes se movían al pasar por ellas y observarlas; y que se notaba que sus hojas habían sido manoseadas una y otra vez, aunque no por ello el librito se mostraba estropeado, simplemente se notaba el gran uso que le habían dado.

- Es un tanto infantil, pero es genial para pensar en uno que te guste e ir hacia su región. Será difícil encontrar uno cuando lleguemos al sitio, pero… ¡La aventura es lo que cuenta! -. comentó lo último más alto para darle más énfasis e importancia. - Y bueno, mi vida ha sido como de costumbre. Un poco complicada por lo que ya sabes, y entre casi me matan y demás, pues creo que diría que la rutina sigue su curso-, dijo medio en broma, quitándole hierro al asunto de casi morir. - En cualquier caso me lo he buscado por estar en donde estoy. Ni más ni menos-, se encogió de hombros, volviéndose a sentar en el borde de la mesa. - Y a ti qué tal te ha ido. Espero que todo te vaya fenomenal, salvo por este desastre de rubio que se olvida de los cumpleaños.
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