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Creo que alguien me echa de menos [+18] (O. Winslow)

Axel S. Crowley el Miér Jun 25, 2014 1:33 pm

Recuerdo del primer mensaje :

La convivencia en San Mungo podría ser al menos interesante si permitiesen a Axel relacionarse con los otros moribundos de la planta de enfermedades contagiosas. A él no le importaba contagiarse de otras cosas, quizás así conseguía las defensas necesarias para quitarse aquello que había pillado por su endemoniada curiosidad de Ravenclaw, puesto que la única manera que había tenido de pillar aquella enfermedad era por haber ido a buscar aquella planta que, ignorante por su parte, contenía el insecto que la trasmitía.

Había estado aquellas dos semanas dentro de una cuadrada habitación de tristes paredes blancas, lisas y con la sola distracción de un cuadro enfrente de él, siendo el único accesorio de decoración y estético de la habitación. Axel esperaba que no hubiera ninguna enfermedad infecciosa que diera delirios o locura, porque si todas las habitaciones tenían cuadros tan perturbadores aquella planta podría convertirse en la de psiquiatría. Se podía haber pegado horas mirando ese cuadro de todo el tiempo que estaba allí dentro sin hacer nada, ya que era su única distracción cuando no leía y que había llegado a pensar incluso en lo mal que tuvo que estar su pintor como para meter a una cabra con tanto pelo, a un gato egipcio y dos senos femeninos en el mismo cuadro de esa manera tan inquietante.

Por suerte para su aburrimiento, la hermana de Axel le había llevado algunos libros para que pudiera entretenerse en su lecho de muerte. Entre ellos se encontraban los necesarios para aprobar sus EXTASIS, además del tercero del Señor de los Anillos. El chico aun recordaba cuando conoció a Alice y Evan en Las Tres Escobas y se cernieron en una batalla verbal sobre el propósito de Gollum. Ahora el joven Ravenclaw tenía una opinión totalmente distinta a la de entonces.

El chico ignoraba totalmente el día en el que vivía, ya que el paso del tiempo era tan lento para él que perfectamente podrían haber pasado años, aunque lejos de estar tan mal como al principio, se encontraba mucho más vivaz y su rostro lo aparentaba, más ya no parecía un zombi. En aquel momento se encontraba leyendo el libro de la famosa saga muggle mientras se bebía algo que no sabía que era, puesto que la enfermera había optado por dejar de decirle lo que le daba para que Axel dejase de preguntar, intentar corregir, adivinar, o cualquier otra molestia proveniente de su actitud curiosa. Interrumpieron su divertidísima soledad con unos golpes en la puerta cuando se lavaba los dientes para quitarse aquel mal sabor de boca de la medicina, al tener el cepillo y la boca llena de pasta de dientes, no fue capaz de responder algo coherente. Se suponía que no era la enfermera, por lo que intentó proceder con el permiso para entrar.

-¡Pueghes entgrar! –Intentó decir desde el pequeño baño. Escuchó como abrían la puerta y pensó que sería la hermana. Escupió la pasta de dientes y se enjuagó la boca, para salir a recibir a la invitada.  

Para que no me imagines con un camisón y el culo al aire. Me niego.:
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Última edición por Axel S. Crowley el Vie Sep 12, 2014 11:50 am, editado 1 vez
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

O. Winslow el Miér Jul 23, 2014 2:24 am

¿Inolvidable, increíble y chachi? ¿De verdad acababa de reprocharme hacerle una especie de halago? Además, ¿qué diantres significa chachi? No lo entiendo. Chachi, chacho, chucho. CHUCHO, eso debe ser. Sí, tiene que ser eso. Es lo que cuadra con el contexto. O no, pero para mí sí.

- ¿No puedes aceptar ser adorable? – pregunté con el ceño fruncido, molesta por su alegato. – Pues nada, retiro lo dicho. ¿Te dejo mi varita y te haces un obliviate? Aunque nada te define mejor, ¿eres mi perrito, no? – Las últimas palabras estaban cargadas de burla, pero como toda burla tenía parte de razón. Si iba a venir con exigencias por hacerle un tonto cumplido, prefería no haber dicho nada. Ese regodeo no podía soportarlo.

Pocas cosas me sorprendían tanto de este chico como este acontecimiento. Encontrar una laguna en su mente no era tarea sencilla, pero la había encontrado. No puedo negar que un regocijo de victoria recorrió mi interior por saber algo que él no. Un as que podría recordarle en cualquier momento, aunque nada apropiado. Sería una niñería hacer eso. Mejor desecho esa idea ahora mismo. Por otra parte, la idea de montarle una fiesta por su mayoría de edad no era tan descabellada, no en mi cabeza. Aunque claro, la imagen de una celebración los dos solos era más interesante que una gran celebración.  

Sus deseos eran poco comunes, pero tenía una ligera idea de cómo lograr uno de ellos. Así le expliqué ambas opciones y se decantó por la primera. Era más divertida, era evidente. ¿Quién no querría estar escondido del resto del mundo mientras disfrutas con otros placeres? Todo ser viviente, a no ser que seas uno de ese tipo de personas que se obsesionan con ser el centro de atención y requieren de los mimos y halagos de todo el mundo para sobrevivir. En ese caso no querrás estar secuestrado, por mucho que sea fingidamente.

- ¿En la mazmorra? ¿No preferirías estar atado a mi cama? – Pregunté a modo de respuesta, con la picardía que requería esa traviesa sonrisa. Una sonrisa que como siempre me perdía. ¿Quién no querría tenerlo atado a su merced? Yo por lo menos sí, podría jugar con él todo lo que quisiera, y estando atado poco podría resistirse. Aunque sin resistencia no hay entretenimiento.  Sobre la segunda opción no se pronunció, la más sensata.

Sus caricias estaban provocando en mi interior una oleada de calor. Un placer que recorría mi cuerpo como si una pequeña descarga eléctrica se produjera a cada trazo de sus manos. Lo cual tenía que parar o acabaría de un modo agotador. Fui clara con él, pero no pude evitar besarle con pasión. Axel podía ser un chico del montón, pero tenía ese halo de misterio que atraía sin explicación aparente, una fuerza extraña que me impedía resistir la llamada de sus labios.  Nuestras miradas se cruzaron, era anatómica mente imposible que no lo hicieran al estar ambos con los ojos abiertos. Ambos con deseo en la misma. Un deseo que por mi parte aumentó al sentir su mano y sus labios otra vez. Con una avidez que no hubo antes. Mis manos rodearon su cuello en un intento de evitar el fin del beso. Cosa inevitable, hay que respirar. Mas no quería que terminara. Extraño, pues sí. Quizás sólo fuera el deseo de tenerlo, de sentirlo una vez más, probablemente sólo el anhelo de una banal idea causada por la atracción que siempre se había visto interrumpida. Todo tiene la pinta de ser la última pesquisa.  Pero era atracción al fin y al cabo, y el deseo para mí aumentaba en cada encuentro. Algo que no me entusiasmaba.

Alcé una ceja con consternación y me quede algo boqueabierta ante esa palabra. Jamás me habían pedido perdón por besarme y mucho menos lo esperaba de él en ese momento. No habían pasado ni dos segundos de su “no respondo”. Todo era confuso para mí. Frustración sentía porque hubiera parado, aunque ello se contradijera con mis propias palabras y pensamientos. En gran medida era lo que quería, que parara con sus caricias, por mucho que me gustaran.

- ¿Por mucho que te tienten? ¿A cuántas has besado desde que estás aquí? – El empleo del plural había prendido algo en mi interior. Una sensación desconocida para mí. Muchos dirían que celos, pero para ello hay que sentir otras cosas. Sentía un poco de rabia sólo de imaginarlo besando a otra, nada especial, simplemente que no me gusta compartir. Otras veces me había pasado, no iba a ser diferente ahora. Una costumbre aunque mala.  

Permanecía en el mismo lugar, sentada con los pies colgando, asimilando aún lo ocurrido. Mi mirada estaba fija en él aunque sin mirarlo directamente. Ausente me hallaba. Mas debía reaccionar. No iba a darle la más mínima ocasión para creer que me había molestado. Me gustaba tentar y dejar esa tensión luego, pero no que me lo hicieran a mí, además a él nunca se lo había hecho. ¿Por qué ahora? Eso era el karma, o la tejona lanzándome maldiciones.  Lo segundo era lo más factible.  

- Habría que observar sus movimientos primero.  Será simple, siendo un ravenclaw podremos ponerle de cebo un buen libro, quizás una copia de los primeros manuscritos de la Odisea. – fui improvisando mientras bajaba del muro y comenzaba un lento caminar hacia él. –Deberíamos raptarlo dentro de una semana, así podrá salir del hospital y levantaremos menos sospechas. – Mi tono de voz iba bajando según iba acercándome a él. Quién sabe si nuestras palabras llegan a oídos de alguien al otro lado de esas rejas localizadas bajo su cuerpo. No precisamente debajo, bueno, ya me entienden.   Pasé a su lado, rodeándolo, hasta colocarme de pie frente a su cabeza. – ¿Se te ocurre a ti una mejor forma de seducirlo? – Pregunté inclinándome hacia delante y tapando su visión del cielo. Una nueva perspectiva ver su rostro desde arriba. Llevé mi mano derecha a la chaqueta que llevaba, para evitar que mi varita cayera.
O. Winslow
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Axel S. Crowley el Jue Jul 24, 2014 1:39 am

Evidentemente Axel estaba más que contento con recibir un simple “adorable”. Era algo así como conformismo, más sabía que O. Winslow no iba a decir nada más bueno de él. No hacía falta conocerla demasiado como para darse cuenta de que no era una chica muy dada a hacer cumplidos. Evidentemente, Axel simplemente le inspiró con algunos otros adjetivos que posiblemente fueran más él. Aunque todo bajo su más humilde opinión, ya que él no se veía precisamente adorable.

-Claro que puedo aceptarlo, al fin y al cabo ha quedado claro que soy tu perrito.-Y asintió ante su afirmación.-Tendré que conformarme con un adorable. Creo que es lo más bonito que me has dicho y me dirás nunca.-Y se llevó la mano al pecho, fingiendo estar emocionado.

El chico Ravenclaw no solía romper las normas, solía ser refinado y elegante, propio de una familia con retrógradas ideas, por lo que cuando alguien y, sobre todo, alguien como ella, le decía esas cosas, no dudaba en sacar esa parte rebelde que no ha podido sacar todo este tiempo atrás. Por lo que obvió la opción de la familia y se centró en la del secuestro, aunque al final solo fueran simple palabras. O. era para él como una droga. Sentía una intensa atracción por ella, tenía esa mirada cautivadora, esa sonrisa que te volvía majareta y esa forma de ser que te hacía sacar todas aquellas ganas de romper las normas. La contestación de O. fue espectacular y es que no había ninguna duda de que Axel preferiría estar atado y pasar su cautiverio, si fuera preciso, en su cama que en cualquier otro lado.

-Siendo sinceros, me encantaría ser yo quién te tuviera atada a ti.-Y hacer que se muerda el labio inferior con una buena razón de por medio.-Más tú eliges, ya que serás tú quién me rapte a mí.-Le guiñó el ojo.

Besar a aquella chica le provocaba a Axel un maremoto de sensaciones en su interior, todas positivas; todas de deseo. Simplemente le encantaba. Le encantaban sus labios, como se hundían, se entreabrían y se escapaban de los de él. Aquella mujer se estaba convirtiendo en una de las muchas cosas alcanzables que parecían imposibles, ya que no por ella, sino por él, incapaz de poder resistirse en cualquier otro momento, se sentía fatal sólo por el hecho de que existiera la posibilidad de pegarle aquella maleante enfermedad. Lo había pasado fatal un mes y no quería que la chica pasase por lo mismo, mucho menos en verano. Así que a pesar de que en un principio no pudo responder de los actos de la chica, se contuvo e incluso se disculpó. Axel era un chico con una sencillez exquisita y como cualquier chico respetuoso el “gracias”, el “por favor” y el “perdón”, estaban continuamente en su vocabulario. El rostro de la chica era un poema, pero no se quiso fijar demasiado en ello, ya que probablemente no supiera por lo que tendría que pasar si Axel le pegase cualquier mierda.

El chico se sorprendió, sonriendo contento ladeadamente ante la pregunta de la chica. ¿A cuántas habría besado Axel? ¿Tres o cuatro? ¡Pues estaba claro que a ninguna! Pero si ha estado más de tres semanas como un vegetal en una cama. ¿A quién narices va a besar? Más la reacción de la chica fue sumamente divertida.

-Si rehúso de besarte a ti, la única chica que ha podido llamar la atención de este Ravenclaw obsesivo de los estudios, ¿crees que voy a ir por ahí besando a otras? –Preguntó retóricamente, para que su cabecita lo resolviera por sí sola, más no desaprovechó la oportunidad.- Sólo han sido tres o cuatro, nada más.-E hizo un guiño.

Cada vez que pasaba el tiempo a Axel le parecía incluso más factible la opción del secuestro. Era una locura, una soberana locura que podía desembocar en algo serio. Aunque total, una vez acabado, la familia Winslow podría fingir haber encontrado a Axel y devolvérselo a su familia. Axel preguntó en su nueva posición por el modus operandi que habría pensado la Slytherin para raptar al Ravenclaw y no tardó en burlarse un poco de él, para variar, antes de continuar. La verdad es que lejos de la realidad, la idea de O. podría funcionar en otras ocasiones, o si Axel todavía tuviera algo de morfina en su organismo, que le deja más estúpido de lo normal. Sin embargo, cuando la chica termina de hablar y posiciona su rostro sobre el de Axel, éste niega con la cabeza.

-¿El libro de la Odisea? Quizás, funcionaria, no te digo que no. ¿Pero te has visto? Utiliza tu mejor arma contra los hombres, O. No podrá resistirse.-Le aseguró, encogiéndose de hombros en aquella posición mientras su rostro justo encima de él le tapaba el poco sol que había. A contra luz no la veía muy bien, por lo que sonrió al ver su cara y pasó la mano por su pierna ascendentemente en una caricia antes de incorporarse y sentarse en el borde. Giró la cabeza hacia atrás, mirándola hacia arriba.- Las cosas están claras. Sea el día que sea el día en el que el chico salga, vienes, finges atracción y el prometes unos inolvidables días a tu lado. El pobre se lo creerá, porque en el fondo es un iluso… -Puso un mohín de lo más altivo.- Y caerá en tus redes. Venga, seguro que ya lo has hecho otras veces…-Aprovechó para picarla.

En realidad a Axel no le hacía especial ilusión pensar que lo había hecho otras veces. O. era simplemente una amiga, pero uno de sus defectos es que era sumamente celoso y lo que a él le gustaba, no le gustaba que lo tocara nadie más. Aun con la mano en dónde la había posado hizo un movimiento para animarla a sentarse a su lado.

-Aunque siempre puedes recurrir a tus padres para mantener al Ravenclaw por estos lares. Quizás sea menos problemático.-Dejó caer, sería menos problemático, sí, pero después de todo lo que se habían soltado la idea del "secuestro" -pues normalmente los secuestros son malos- se le antojaba como la única factible y divertida. Y la verdad es que Axel no destacaba precisamente por su responsabilidad, por lo que tampoco iba a insistir en esta opción.
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

O. Winslow el Sáb Ago 02, 2014 11:57 pm

Axel S. Crowley mi perrito, es lo único que se podía sacar en conclusión de esta pequeña conversación sobre halagos. Cierto era que es lo único bonito que le he dicho, bueno, no, en algún momento le dije que era guapo o algo así, pero no iba a reiterarlo.  Asentí varias veces a su afirmación, probablemente es lo último bonito que le diga. Está claro que halagar no es lo mío, descalificar se me da de maravilla y eso no pretendía hacerlo.

Aunque todo pudiera vaticinar lo contrario, Axel tenía ese lado oscuro y misterioso que me atraía, algo que me encantaba ver. Por mucho que fuese un ejemplar Ravenclaw en momentos como planificar su secuestro dejaba de serlo y se volvía más ¿sexy? No, esa no es la palabra, se tornaba más enigmático.  – Podríamos intercambiarnos, un día tú, un día yo y todas las combinaciones posibles. – Añadí posando mis manos en sus hombros y recorriendo lentamente sus brazos. Por mi mente se paseaban imágenes de lo más entretenidas, atarlo a la cama tenía grandes connotaciones, aunque atarlo a una silla mientras voy desvistiéndolo lentamente a la vez que voy tentándolo más y más… Mejor no pienso en ello ahora.

Después de vivir esa excitación, de sentir nuestros labios entrelazados, ese tacto suave, de aspirar el aroma de su piel y el deseo que aumentaba por segundos, lo último que podía esperarme era lo que sucedió. El fin de un pequeño comienzo unido a esas palabras causantes de una pequeña oleada de celos en mi interior. Su vida privada me importaba poco, podía besar o hacer lo que quiera con quien quiera, pero que me insinuara que lo hacía no podía aguantarlo. Me gustaba lo suficiente como para no compartirlo, no a sabiendas. Era una extraña manía, ya sabéis. Si toca mis labios no puede tocar los de otra, egoísta por mi parte.

Una sonrisa complacida ocupó mi rostro a la vez que una extraña felicidad invadía mi interior. Y digo extraña porque no es algo que suela sentir. Felicidad. A veces me pregunto que es, para mí era el sufrimiento ajeno, para el resto del mundo no lo tengo tan claro.  - Ahora entiendo porqué llevas tanto tiempo aquí. – comenté con seriedad y cierto rencor en la voz, no porque me molestaran sus palabras sino por el hecho de haber encontrado en ellas una forma de aumentar mi molestia. O así lo interprete, que lo más probable es que esté errada. Mas no veía a Axel empleando un término exclusivo para luego dar a comprender que no era así.

El secuestro iba tomando forma, al menos la planificación, los actos previos que podrían condenarnos a Azkaban. Pero nadie los conocería jamás, sólo él y yo. Mi idea era algo simple, una mera asociación de ideas, Ravenclaw-inteligentes-libros. Podría funcionar si Axel fuera un verdadero ratón de biblioteca. Mirándolo desde mi nueva posición escuche sus sugerencias. Mi mejor arma, interesante. Podría ser mucho más útil que cualquier libro, sin duda ya tenía una ligera idea de cómo atraerle.

Con el tacto de su mano recorriendo mi pierna una vez más, me incorporé con una sonrisa traviesa, sin decir o añadir nada. Simplemente disfrutando de la reacción de mi sistema nervioso a su contacto. Mi sonrisa se fue acentuando a cada una de sus palabras. Ladee levemente la cabeza y me mordí sin querer el labio inferior mientras me imaginaba la escena.  – Toda la razón tienes. Será mucho más simple si utilizo mi mejor arma, funcionará sin problemas. A fin de cuentas los hombres son sencillos de manejar, sólo hace falta tocar y decir lo que quieren oír. – fui reflexionando en alto, sin apartar la mirada de su rostro, mientras volvía a rodear el respiradero hasta llegar a su lado. No para sentarme, di un paso más situándome frente a él, sino para acuclillarme. Colocando mis manos sobre sus rodillas como apoyo. – Sería menos problemático, nos ahorraríamos muchos inconvenientes y reprimendas. Pero no sería emocionante y tampoco quiero privarme de tenerte atado en mi cama. – comenté con un mohín de tristeza al final, poniéndole ojitos de cordero degollado. – ¿Y si unimos las dos? Quiero decir, usamos a mis padres y a la vez te secuestro. Primero te rapto de este lugar infesto y al cabo de dos o tres días usamos el comodín de la influencia. – No tenía lógica nada de lo dicho, aunque no quería terminar metida en graves líos.  El plan debe perfeccionarse, eso es un hecho.

- Sea como sea, debemos ser conscientes de cuando le darán el alta, una vez salga podremos tener un par de días de margen antes de que comience la búsqueda del joven Crowley. Tenemos que ser rápidos, sigilosos y cautos. – Añadí con voz suave mientras me dejaba caer hasta quedar sentada en el suelo. Prefería tenerlo frente a frente, que sentarme a su lado, cuanto más lejos menor era la tentación de volver a besarle tras habérmelo prohibido sutilmente. – Mantenme informada de cualquier noticia que puedas obtener. Eres la pieza clave para que todo salga a pedir de boca. – Fue lo último que dije respecto al plan. Poco más podía añadir, no se me ocurría nada más. Pues mi mente continuaba invadida por las imágenes de Axel atado.

Off: perdóname por no avanzar mucho más u.u
O. Winslow
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Axel S. Crowley el Dom Ago 10, 2014 12:47 am

La mente de Axel era privilegiada. Podía tener infinitas maneras de imaginarse las cosas, un innumerable número de posibilidades para cada uno de esos retos que invaden su mente día tras día, un cupo infinito para su conocimiento y una imaginación exageradamente superior a la de muchos. Sí, su mente era algo de lo que estaba orgulloso, más cuando le incitan a pensar cosas que, lejos de ser lo normal en su mente, despiertan cierto (más bien mucho) aire erótico en él, es tan abierta e imaginativa como siempre. No iba a negarlo, O. era un de esas chicas que despertaban en Axel un instinto de lo más carnal. Le parecía cuánto más sensual a medida que más la conocía. Y a la vez, a medida que más la conocía, parecía que menos sabía de ella. Era curioso saber lo capaz que es alguien de resultar tan misteriosa. Por eso para Axel imaginarse a una chica como ella, atada a una cama para su entera disposición, era más delatadora que ninguna otra cosa. Ya que en caso de tener la oportunidad, no dejaría que nada se quedara sólo en la imaginación.

-Esperaré con ansias ese día. Pero prefiero más la idea de atarte yo a ti.-Dijo, sonriendo travieso.

A Axel le hacía gracia la planificación de su propio secuestro, sobre todo teniendo en cuenta que un secuestro planificado contra sí mismo era más bien unas vacaciones que un mismo secuestro. Lo que realmente sería asqueroso sería volver a Noruega con su familia, por lo que no dudó en ayudar a O. con el estratégico plan. Según tenía entendido Axel los Winslow no eran especialmente amigos de los Crowley, pero como se dice, las mismas metas e ideales convierten a las personas como mínimo en aliados y ambas familias habían coincidido lo mínimo como para conocerse y saber quiénes eran.  Axel sonrió cuando la chica dijo tan abiertamente y segura de sí misma aquellas palabras contra los hombres. Axel no era un “chico” fácil, más bien porque pasaba de aquellas que no merecían un mínimo de atención. Para O. sería fácil decirlo, puesto que podría tener a cualquiera, más estaba seguro que la atracción que Axel sentía por ella, no era ni de lejos la de otros chicos que ni en broma pueden comprender lo atractiva que puede llegar a ser no sólo por su físico. Pero no le iba a decir eso. Bajó la mirada, pues O. se encontraba de cuclillas delante de él.

-Estás muy segura de ti misma. Supongo que hablas en base a la experiencia, ¿no? –Preguntó Axel, aprovechando para “sonsacar” algo de “información privada”. Ella no era tonta, pero el chico había camuflado la pregunta tranquilamente y con jovialidad.-Yo creo que con la gran mayoría sólo con tocar bastaría.-Rio.

Axel apoyó sus codos contra sus rodillas para permanecer más cerca de ella y escuchó su manera de unir ambos planes. No era mala idea. Podría irse con ella y a mitad de la diversión aprovechar la influencia de los Winslow para hacer que Axel se quedara más tiempo, inventándose la excusa de que los padres de éstos ignoraban su estancia allí durante tantos días. Teniendo en cuenta lo mucho que la familia opina que Axel es la deshonra de la misma, que se una tanto a una chica de tanto valor para la causa debía de llenarle de felicidad hasta la médula. Por lo que no tendrían el menor de los inconvenientes en dejarlo quedarse en Londres más tiempo.

-¿Se considera secuestro si yo me dejo?-Preguntó con un aire elocuente.-Me parece una idea de lo más útil. Cuando mis padres se enteren de que su hijo está en casa de los Winslow no querrán sacarme. Ya verás.-Le aseguró, alzando ambas cejas. Luego escuchó lo que dijo la chica y Axel hizo memoria de lo que le había dicho su enfermera, pero habló en tercera persona, ya que al parecer no debía enterarse de su propio secuestro.- No creo que tarde mucho en salir. Quizás dos o tres días más para ver que no vuelva a recaer. Pero técnicamente, ya el chico no tiene ningún virus en su interior.-Pero si eso fuera realmente así, no estaría allí dentro, de ahí que no quisiera pegárselo todavía a nadie.-Será fácil. Dentro de tres días vente y él se hará el despistado. Le sujetas en la sala de Red Flú, lo placas hasta la chimenea más cercana y lo trasladas a dónde más guste. O puedes ponerle la Odisea en la chimenea, también servirá.-Bromeó y bajó del respiradero para ponerse a su mismo nivel, pero a la misma distancia. Apoyó la espalda contra el mismo y estiró una pierna por el lateral de la chica, mientras que la otra la flexionó. La miró durante un momento de silencio, frente a frente y luego bajó la mirada, ocultando sus pensamientos. Sonrió travieso. La verdad es que prefería que fuera su guía por su cuerpo y su cama que por Londres.-Te diría de ir a tomar algo a la cafetería, pero si mi enfermera me ve allí se acabaría la visita guiada.-Dijo como inciso.-Aunque como consolación te diré que la comida de aquí es pura basura.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Lun Ago 11, 2014 12:19 am

Probablemente mi mente comenzara a desvariar, muchas ideas e imágenes acudían a ella a cada palabra que la suave brisa iba llevándose. Diría que nada pasaba por ella pero mentiría, Axel tenía un influyo poco natural sobre mí, un influyo semejante al de la luna sobre la mar. A decir verdad era un hecho que no me entusiasmaba, muchos lo saben ya, no me entusiasma en absoluto sentir nada por nadie, pero él estaba alterando considerablemente mi forma de ser. Aunque obviamente sólo con él, con el resto del personal seguiría siendo la misma no puedo permitirme mostrar debilidad ante nadie. Pero aquí estaba, planeando secuestrar a un compañero de casa para que no pasara un verano lejos de Londres a la vez que planeaba como “entretenerle” mientras lo tuviera atado a la cama. Más de una podría odiarme por eso, sería perfecto, para mejorar el ambiente.

Las ideas iban fluyendo, cada vez se entretejían mejor los hilos. Una idea de locos, solo somos dos niños planeando la mayor tontería del siglo, pero qué más da. Era divertido y si funcionaba sería una experiencia que contar a los nietos. Qué asco, nietos. Solo pensarlo me da escalofríos. Teníamos una buena baza a nuestro favor, las familias, que puede que no se conozcan mucho pero eso no quita que ambas sean lo suficientemente influyentes como para obviar nuestros juegos.  No es que fueran a emprender una batalla con estandartes incluidos los unos contra los otros. Eso sería muy medieval.

Me encogí de hombros levemente haciendo un gesto inocente similar a éste, una vez ya sentada en el suelo con las rodillas flexionadas, con la única intención de afianzar la seguridad que tenía ante mis palabras. – Puede ser. Una cara bonita puede conseguir muchas cosas sólo con sonreír. – respondí a su pregunta con cierta malicia en la voz. Reí a la vez que él, dándole la razón a su comentario de ese modo. No es que supiera demasiado como influenciar a todo tipo de hombre, pero los de mi edad y similar eran muy sencillos, un poco de escote, mirarlos con fingida inocencia, juguetear con el pelo, susurrar lo adecuado a su oído y hará casi todo lo que desees. Son demasiado primitivos, las hormonas tienen ese efecto, salvo que la mayoría de la población masculina sigue siendo igual hasta los ochenta. No se puede negar.

Unir el secuestro con el auxilio familiar no era muy difícil, así podríamos tener ambas cosas. Siendo Axel un sangre limpia a mis padres no les importaría en absoluto, si llevara un tejón ya sería otro cantar, ahí es que me echarían de mi casa. Pero como no es así, no hay motivos para alterarse. Además es un Crowley, eso ayuda a que no pongan ninguna objeción. Costumbre de la familia, si eres sangrelimpia y de renombre podrás entrar, como seas promuggle ni pasarse por tu cabeza debe. La chusma en la calle, como debe ser. Aunque de todos se puede aprovechar uno si sabe cómo hacerlo, es algo que mis padres olvidan a veces.  

- Puedes poner algo de resistencia, sino sería muy aburrido. – respondí con travesura, en mi mente se formaba una imagen atractiva, Axel con un poco de sangre en la cara ganaba muchísimo.  A fin de cuentas fue una de las cosas que más me llamo la atención de él, aunque puede que no quiera recordarlo. – Esa es la idea, ¿no? – ladee la cabeza al pronunciar esas últimas palabras, todo el secuestro era con el fin de que Axel se quedara en Londres, y si a sus padres les entusiasmaba la idea también, ¿qué podía salir mal? Todo o  nada. Pero estaba demasiado segura de que nuestro plan no podría fallar, así que todo saldría bien. – Perfecto pues. En tres días vendré a buscarle con una apariencia diferente, no vaya a reconocerme ninguna enfermera. – comenté tras su broma, no me lo imaginaba entrando a la chimenea porque hubiera un libro, por muy antiguo que pueda será.  Tenía bastante claro que haría, pero no se lo diría, no hasta llegado el momento. Así podrá tener un secuestro más realista.

- No sé si eso puede considerarse un consuelo, pero lo acepto. Me agrada ver que no quieres que pase ese horror. – comenté llevando la mano derecha a mi pecho e inclinando levemente la cabeza en señal de respeto. Un gesto gentil evitar que coma comida basura. Pobre, tenía que haberle traído alguna chuchería. Fortuna no haberlo traído, creería que me preocupo por él.  Me levanté lentamente mientras hablaba. – Tu enfermera te atará a la cama si tardas mucho más, o San Mungo es enorme o estará buscándonos, una despedida muy larga, ¿no crees? – comenté con cierta burla, mientras la imagen de aquella mujer se adentraba en mi mente, una mujer que recorría el hospital de arriba abajo buscando a su paciente fugado. Le tendí la mano para ayudarle a levantar. – En tres días dispondremos de todo el tiempo para nosotros, ahora será mejor que vuelvas a tu habitación y yo al mundo real, quien sabe, quizás llegue al banquete de fin de curso. - Le dije con voz calmada, poco me entusiasmaba volver a Hogwarts por dos días, pero menos me entusiasmaba tener que terminar esta conversación. El mundo no es justo, mas hay que ser conscientes de la realidad y continuar hablando solo llamaría la atención de los que están a nuestros pies.
O. Winslow
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Axel S. Crowley el Lun Ago 11, 2014 2:25 pm

Axel conocía bastante bien a sus padres, había tenido muchos años viviendo justamente dónde ellos querían y, en familia, rara vez se ocultaba algo. Por esa misma razón Axel había salido tan diferente, porque veía que cada miembro de su familia era igual al anterior. Aburrido y vacío. Conformista y lameculos. Por su parte, eso le parecía desperdiciar su vida, por lo que siempre ha sido bastante independiente. Aunque no lo suficiente como para que le deshereden. Axel sabe de las facilidades de su familia y no es tan imbécil como para desaprovecharlas. Conocía tan bien a sus padres que por petición propia no le dejarían quedarse en Londres por “miedo” a que hiciera cualquier locura. ¿Pero quedarse algunos días más con una familia prestigiosa? Ni se lo pensarían. Quizás la madre, un poco, pero al final accedería.

-¿Con el pelo rosa?-Preguntó con algo de sorna.-Te quedaba bien y seguro que no te reconoce nadie.-Aunque no iba a negárselo a nadie, de morena estaba muchísimo mejor.-Pues aquí te esperaré. Me haré el despistado, para darle emoción.-Hizo un guiño y sonrió ampliamente, enseñando los dientes.

O. se levantó, agradeciéndole con divertido sarcasmo que el chico se preocupara por ella. Axel simplemente hizo una pequeña reverencia en señal de “no hay de qué” y, acto seguido, aceptó su mano para ayudarle a levantar. Las palabras sobre la enfermera le hicieron sonreír, pero no veía a Brisa buscando por todos lados a Axel, más bien se quedaría en su habitación a la espera de que Axel volviera para echarle la bronca del siglo. Por el bien de Axel, esperaba equivocarse.

-¿Atarme? ¿Quieres que todo el mundo me ate, o qué?-Llevó una de sus manos a la cintura de la chica y la atrajo hacia él con rapidez, pegando sus cuerpos. Se acercó a su oído y, con la mano libre, apartó los mechones de pelo por detrás de la oreja de la chica.-La verdad es que prefiero dejarte ese privilegio sólo a ti.-Afirmó y sus labios rozaron el oído de la morena, mordiendo levemente su lóbulo.

Axel se apartó con una traviesa sonrisa de ella para escuchar sus siguientes palabras. Le apenaba tener que despedirse, pues le daba igual recibir una reprimenda ahora que después, pasando más tiempo con ella. Al fin y al cabo, ya iba a tener una discusión con la enfermera, ¿qué más dará pasar más tiempo? Pero bueno, no iba a ser acaparador, ya que ella tenía cosas que hacer y Axel, bueno… él tenía que cumplir con el horario mínimo de aburrimiento en aquel hospital.

-Qué se te haga leve el banquete, pues. No mates a muchos tejones, ya sabes lo irascibles que pueden llegar a ser cuando creen estar a la altura.-Le aconsejó divertido.-Sólo creen.-Aclaró. Axel, a pesar de no demostrarlo nunca, tenía sus ideales y preferencias. Propias, ya que para él la generalización era el cáncer en su más puro grado. No obstante, se había dado cuenta de que en Hufflepuff muy pocos se salvaban de su inútil destino. Axel empezó a caminar junto con su amiga hacia la puerta y la abrió apartando el ladrillo que la mantenía abierta. Caminaron escaleras abajo y, antes de llegar al final, por si la enfermera estaba acechando el pasillo, se paró.-Me alegra saber que O. Winslow ha sacado tiempo para venir a visitarme.-Le guiñó un ojo en forma de agradecimiento.-¿Nos vemos en tres días, entonces? –Y pasó a su lado sin dejar de mirarla.-Esperaré impaciente.-Alzó ambas cejas a la vez y, con una sonrisa de lo más pícara, cruzó la esquina.

Mientras caminaba por el pasillo hacia su habitación se dio la vuelta, para ver como O. se iba en dirección contraria. Con una divertidísima sonrisa en los labios volvió a darse la vuelta, chocándose  directamente contra su enfermera de turno. Se le borró la sonrisa de golpe y alzó ambas manos.

-Me han secuestrado. Se va a reír con la historia…-Improvisó Axel mientras la mujer le empujaba hacia su habitación. Le iba a contar tal tralla de historia que la mujer se aburriría antes de terminar de inventársela. Se libraría de cualquier reprimenda y podría dormir tranquilo.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Jue Ago 14, 2014 1:16 am

Negué a su pregunta, no pensaba darle ninguna pista de cómo vendría, pues yo tampoco sabía bien cómo hacer para ocultar mi apariencia. Quizás pedir ayuda a alguien, o tan solo decirle a mi madre que me hiciera un cambio de look por unas horas. No lo sé, ya lo pensaría llegado el momento.  Mas fuera como fuese, era hora de ir retirándose, llevábamos ya mucho tiempo en la azotea, no sé exactamente cuánto, pero sí lo suficiente como para que su enfermera lo estuviera buscando. Una reacción poco esperada por su parte hizo aparición, cuando rodeo mi hizo hacia él, juntando nuestros cuerpos con cierta sensualidad. Era de esos gestos que pocas veces puedes observar a no ser que tengan como fin un beso de película o un suave susurro para desconcertar a la otra persona. Y lo había conseguido, no esperaba su acción por lo que me quede algo descolocada al notar ese pequeño mordisco. Coloqué mi mano sobre el brazo que sostenía mi cintura, haciendo una suave caricia.

- Si te llega a atar otra persona, buscaré el modo de que se arrepienta por ello. – Dije con cierto tono amenazante, se podría decir que con la intención de marcar territorio. Pero sin la intención, fue algo que me salió del interior y no pude refrenarlo. Era egoísta, todos deben saberlo a estas alturas, y obviamente no iba a compartir a mi perrito, no dejaría que nadie osara atarlo a la cama sin estar yo presente.

- Axel Crowley no puedes pedirme tal cosa, no podría asegurarte no intentar acabar con todos a la vez. – Contesté con un tono burlón, no sin antes haber sonreído con travesura al escuchar sus palabras. Si me hubiesen dicho hace unas horas que Axel diría tal cosa de los tejones no me lo hubiese creído jamás, aunque lo dijese el profesor de adivinación. Sin embargo ahí estaba, comentando sutilmente que los tejones eran inferiores al resto. Interesante es saber lo que opina sobre esos inútiles. ¿Con qué me sorprendería el joven Ravenclaw la próxima vez? Ya lo iremos descubriendo.

Bajamos las escaleras y antes de llegar a su parada se despidió de una forma peculiar. Sonreí sin más. - Me alegra ver que no morirás. -  Claro había quedado que no deseaba su muerte, es de los pocos a los que no quiero ver bajo tierra. Pero a todos les llega su momento, aunque nadie sabe cuándo. – Sólo tres días. – añadí yo antes de sus últimas palabras, guiñándole también un ojo, en señal de complicidad. Me quedé unos segundos ahí parada, observando cómo se alejaba. *¿Por qué no optó por el camisón?* Fue lo que pasó por mi mente al verle de espaldas, mejor no pensarlo más. Emprendí mi camino en dirección contraria, preguntándome diversas cosas y haciendo una lista mental de lo que necesitaría para dentro de tres días.  Sin duda pasarían rápido, tenía esa impresión. Aunque primero tendremos que pasar el banquete. Si es que llego.


***


Y llegó el día. Tres días habían pasado, tres días planeando este momento. Patético podría resultar, pero era divertido, un poco de práctica para cuando llegara el momento de hacerlo real.  O sea, secuestrar a alguien en serio, nada de un simple juego como ahora.

Durante estos tres días no había parado de darle vueltas al plan. Lleno de huecos, sí, pero podría ser factible. Sólo faltaba el detalle de mi aspecto, había pensado en poción multijugos pero demasiado costosa de realizar. Hechizos no podía hacer fuera de Hogwarts, sólo me quedaba recurrir a mi madre. Poner mi mejor cara de niña apenada y lograr que hiciera mi capricho, aunque no era muy difícil de lograr. Lo había hablado con ella y había accedido. Una prueba, es lo que le había dicho. Nunca reusaría de mi melena morena, pero era una ocasión que requería ese sacrificio. Obviamente sería temporal. Un hechizo para cambiar el tamaño y color de mi pelo, era lo necesario. Luego el maquillaje y la ropa harían el resto.

Llegué a la hora acordada, mentiras, llegué diez minutos antes de la hora que me había indicado en su nota. Me adentré en San Mungo con mi nuevo aspecto, yendo a la zona de las chimeneas, debía pasar por ahí obligatoriamente. No tiene porqué, pero sabía que lo haría. Haciendo caso de su sugerencia iba a usar mi mejor arma, por lo cual me había vestido con una camisa blanca y una falda de cuero en forma de tubo (o así creo que las llaman), acompañado de unos tacones no muy altos y mi nuevo look. Una melena corta y dorada.

Para esperar me apoyé en la pared, junto a una de las chimeneas más cercanas a la entrada de la sala. Desde ahí podía controlar quienes entraban sin ser vista con facilidad. – ¿Podrías ayudarme? – pregunté con inocencia mientras llevaba una de mis manos a mi rostro y la otra mano se deslizaba lentamente por mi clavícula, una vez el joven Crowley entró en la sala. Daba comienzo el secuestro.
O. Winslow
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Axel S. Crowley el Jue Ago 14, 2014 3:32 pm

El Ravenclaw llevaba en San Mungo aproximadamente un mes, por lo que esperar tres días no le supuso un gran esfuerzo. Cada día pasado había sido peor que el anterior en cuánto aburrimiento y ya se había acostumbrado a sobrellevarlos, sobre todo pudiendo moverse mucho más que normalmente. No pasó en la cama el tiempo restante, sino que salió de su habitación para hacer algo más de esfuerzo físico que simplemente estar sentado. Sabía por experiencia propia que necesitaba algo de resistencia, pues no le hizo falta más que recordar todo lo que le costó subir por aquellas escaleras hacia la azotea.

Llegado el día, Axel se levantó temprano para recoger todo aquello que tenía allí como entretenimiento. Libros, más libros e incluso su violín. Le quitó el polvo desde hacía años y volvió a cogerle el truco a su increíble sonido después de conjurar la estancia para que el sonido no saliera de allí. El violín tiene un sonido espectacular, pero al parecer al enfermo de viruela de dragón no le parecía muy bonito. Una vez terminó de recoger, su hermana llegó a la habitación.

-Hermanito. ¿Listo para volver a vivir con tu increíble hermana?-Sonrió la rubia de ojos verdes que era la única que mimaba a su hermano pequeño.
-¿Soportarte otra vez? Qué difícil me lo pones… Prefiero quedarme aquí con mi cuadro perturbador y mi increíble entretenimiento.-Contestó Axel, recibiendo una cariñosa colleja en la cabeza.-Llévate todo eso, que aún tengo que hablar con la enfermera y arreglar algunos papeles. Nos vemos en casa, iré con Red Flú.-La hermana de Axel se acercó a él y le dio un abrazo.
-Me tenías preocupada. Me alegra que te hayas mejorado.-Y Axel se lo creyó, al fin y al cabo era la única visita continua que tenía. Se separó de él e hizo un conjuro para que todo aquello le persiguiese hasta la Red Flú más cercana.- Nos vemos luego. Aunque trabajaré, quizás llegue tarde.-Alertó al chico, el cual simplemente asintió.

Su hermana desapareció y no tardó en aparecer la enfermera. Con ella llevaba el típico informe sobre una pequeña carpeta dura en dónde poder escribir. Lo único que tenía que hacer Axel era firmar para no sé qué cosa. Ya era mayorcito para hacerlo él solo, más no tenía que precisar de sus tutores. Se despidió de su adorable enfermera y cogió lo restante de sus pertenencias, una vieja mochila negra con las asas bastante largas, por lo que sólo se colgó una al hombro. Llevaba la poca ropa normal que tenía allí dentro, la cual le habían dado recién limpia. Por otra parte, se sentía realmente cómodo pudiendo vestir nuevamente con su ropa sin tener que permanecer todo el día o con ese horrible pijama. Se puso unos cómodos y medio-anchos pantalones vaqueros, una camiseta blanca de lo más holgada y encima una camisa de manga larga de color verde.

Caminó por los pasillos hasta la sala de Red Flú, con una sonrisa en el rostro de lo más enigmática. La hermana no lo sabía, pero si su cómplice proseguía con aquel plan, probablemente no dormiría con su hermana esa noche. Le daba pena por la posible reacción que pudiera tener, pero en aquel momento no le terminaba de importar. Entró en la sala de Red Flú y se quedó en la puerta, sin ver nada que le alegrase. Más no tardó en escuchar una voz conocida a su lado. Giró su rostro y vio allí a O., normalmente le gustaban las morenas, pero no iba a negar que con aquel corte y color también estuviera espectacular. No parecía la misma O. de siempre, sino una cuya sensualidad había decidido salir toda junta hacia fuera sin permitirse racionarla. La ropa que tenía era cuanto más elegante y sexy, y Axel no pudo evitar mirarla de arriba abajo con deseo. Más fingió, ocultando esa sonrisa que le amenazaba con salírsele.

-Si está en mi mano…-Contestó a su pregunta, acercándose hacia ella para quitarse de en medio del paso.-Me llamo Axel. ¿En qué podría ayudarla?
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Sáb Ago 16, 2014 11:33 pm

Había resultado poco factible llegar al banquete de  fin de curso, y bendito sea que fuera así. Julia me había comentado en una carta el espectáculo que montaron los tejones, no habría podido reprimir las ganas de lanzar por los aires a algunos, entre ellos a mi querida tejona preferida, bueno tenía dos, pero una me caía mejor que la otra. Esa pelirroja que se había ido ganando mi odio año tras año. Un odio que en ocasiones no sabía qué motivo tenía, pero me daba igual, lograba sacarme de mis casillas y así sería siempre, hasta que la matara. No haber ido suponía para mí un día más de vacaciones, Lrog se había encargado de mis cosas y por suerte no tendría que verles más las caras a esos inútiles durante unos meses. Un placer para mí librarme de seres insufribles que sólo buscaban de mí que les dejara en su lugar.

La espera siempre es pesada, pero con pensar en lo que sucedería luego me animaba. Observaba como la gente abandonaba el hospital a través de las chimeneas, muchos con cara de sorpresa al percatarse de que había alguien allí. Algunos eran octogenarios, otros quizás treintañeros. En una ocasión apareció una pareja con una niña pequeña. Sí, poco tiempo pero mucha gente, es lo que tiene este lugar. Una persona llamó mi atención, una rubia con un montón de bártulos que la seguían, muchas cosas para alguien, pero no le di más importancia de la requerida. Esas pequeñas cosas que llaman tu atención cuando estas mirando a la nada y pendiente de todo el que entra en una estancia.

Axel poco tardó, hubo una ausencia de afluencia, ausencia de dos minutos escasos, cuando él entró. Ahí estaba, mi presa de hoy. Me costó no sonreír al verle, mas debía aguantar, era lo apropiado si queríamos que esto fuera realista. No esperaba menos de él que presentarse y ser un caballero, tal como lo había sido desde que lo conocí meses atrás. Inteligente era, se mostró como si no me conociera.  Aunque me hirió un poco el orgullo que me tratara de usted, más que nada porque me hacía parecer vieja, y él me llevaba un año de ventaja. Sigamos con el plan.

- Veras… – comencé a hablar agachando levemente la cabeza para luego mirarle a los ojos. – Debía reunirme aquí con un viejo amigo, pero se ha ido por esta chimenea sin decirme como funciona. – Me fui acercando a él con lentitud, mientras seguía manteniendo un tono inocente con una leve tristeza en la misma. – Nunca antes había usado la red flú. ¿Tú sabes usarla? – Una excusa muy tonta, pedir ayuda de ese modo, pero que puedo decir, no se me había ocurrido nada mejor.  Quería aportar una leve conversación, en lugar de hacer lo que realmente había pensado. – Perdona, olvida mi estupidez, no debería molestarte con mis tonterías, seguro vienes de visitar a alguien, querrás llegar a casa o donde sea y descansar. Discúlpame, ya encontraré el modo. – No le dejé hablar en ningún momento, mis palabras se fueron atropellando unas contra otras, en busca de llamar su atención una vez más. Aunque tras estas palabras decidí dar dos pasos más en su dirección, como si fuera a pasar a su lado sin decir nada más.

Una vez estuve justo en frente suya me mordí el labio inferior levemente, casi imperceptible. Me dejé caer hacia delante, fingiendo haberme tropezado al caminar, para apoyar mis manos sobre él. Volví a cruzar mí mirada con la suya, fijándome detenidamente en su rostro, parando unos segundos en sus labios para volver a apartar la mirada.  – Lo siento, soy algo patosa. – me disculpé mientras me incorporaba, agachando la cabeza en señal de arrepentimiento por haber caído sobre él. Aunque claro estaba que ni de lejos lo sentiría, lo había hecho con un fin, y no era otro que terminar de recorrer la distancia que nos separaba.  Tenía una luminosidad en el rostro que no tenía tres días atrás, lo cual resultaba curioso.


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Axel S. Crowley el Miér Ago 20, 2014 2:44 pm

Era casi imposible que cualquier mago no supiera utilizar algo tan sencillo como la Red Flú. Por lo menos Axel tenía casi una Red Flú personal en casa, por lo que conocía como funcionaba desde que era pequeño. No la utilizó hasta cierta edad, pero no era muy complicado buscarle la ciencia simplemente observando a los usuarios que la usan. Más no iba a negar que cualquier excusa era buena para lo que se trataba aquello, un mero juego. Diversión entre dos adolescentes que sólo buscan entretenerse y desafiar un poco las normas establecidas. Por parte de Axel no necesitaba pensarse demasiado cualquier plan, por muy descabellado o estúpido que fuera, con tal de hacerlo con O., algo le decía que esta chica podía hacer de cualquier plan algo totalmente diferente. Espontaneidad. Era algo que ambos tenían a pesar de que pudiera resultar que pensaban las cosas con semanas de antelación. No es lo mismo planear, que actuar. Y por eso era tan difícil intentar anteponerse a los movimientos de la Slytherin.

En aquel momento estaba frente a una mujer que a pesar de llevar tacones Axel seguía sacándole apenas unos centímetros. Era rubia y llevaba una ropa que recreaba sus curvas a la perfección. La mirada por mucho que intentase ocultarla, ya Axel la tenía más que catada. Al principio el joven Ravenclaw se vio un aprieto por no poder seguir con aquel juego, pero no tardó en ponerse serio, práctica adquirida en los siete años en Hogwarts cuando algún imbécil hace alguna payasada en clase y el chico ha tenido que aparentar. La muchacha no dejó que Axel hablase en ningún momento debido a la rapidez con la que salían sus palabras, por lo que el simplemente permaneció en silencio admirando los ojos que parecían ser lo único que no había tocado para cambiar de aspecto.

Para su sorpresa, pretendía irse tras haberle dado una disculpa. Vale, está actuando muy bien, ya que al fin y de cuentas… ¿O. pidiendo disculpas? Ella se equivoca y te obliga a disculparte por estar tú con la razón. ¿Ella dando su brazo a torcer? Bueno, Axel no la conocía tanto, pero le parecía de lo más extraña e improbable esa situación. O. fingió tropezar, de tal manera que Axel, por puro instinto, la sujetó. En un principio se lo creyó, pero no tardó ni un segundo en percatarse de su estrategia. Esa mirada, ese pequeño roce de sus dientes sobre sus propios labios… Esa mujer parecía rebozar sensualidad por todos lados. Axel la ayudó a ponerse de pie nuevamente, acariciando sugerentemente su brazo con una mano y su cadera con la otra.

-Estoy seguro de qué exageras.-Dijo ante lo de su patosidad, sonriéndole.-Estás de suerte hoy, usaré la Red Flú para volver a mi casa, por lo que no me cuesta lo más mínimo enseñarte a usarla.  Sí, es una tontería, pero como no le preguntes a otra persona y hagas lo mismo que conmigo, no habrá otro modo. Que yo sepa las chimeneas de Red Flú no vienen con una guía para principiantes.-Alzó una ceja, mirándola y haciéndole un movimiento de cabeza para que se acercara a la chimenea más cercana junto a él. Una vez allí Axel metió la mano en un bote sujeto a la altura del pecho en dónde estaban los polvos Flú.-Te metes dentro, dices en alto el lugar a dónde quieras ir y tiras los polvos a tus pies.-Alzó una ceja en señal de: “¿Fácil, no?” y le invitó a entrar al interior, apoyándose en los ladrillos del exterior de la chimenea.

Sin embargo, a medida que iba a entrar, Axel sujetó tranquilamente el brazo de la que ahora era rubia de pelo corto, haciendo que se girase hacia él y acercándose a ella. Al estar sobre un escalón, ahora mismo la chica era más alta que él.  Miró sus labios y su rostro como si la estuviera examinando, luego, chasqueó la lengua.  

-Una pena que tengas que irte.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Vie Ago 22, 2014 5:31 pm

Pocas ideas más tontas que aquella podía haber elegido. ¿No saber usar la red flú? Venga ya, ni que fuera un sangresucia de primero. Era lo que me había salido y es con lo que jugaríamos. De eso se trataba todo, un juego entre él y yo que terminaría con uno atado a la cama, la mejor forma de terminar el día y la partida. ¿Por qué preocuparme entonces por el método de atraerlo? No tenía sentido preocuparme o buscarle la lógica al no saber usar la red flú. Sólo se trataba de una estratagema y por el momento iba funcionando. Su rostro decía mucho, bueno, su rostro no, pero si su mirada. Era Axel, podía ser serio, podía responder a preguntas complejas mientras intentabas seducirle, probablemente el único adolescente con el que este plan podría salir bien. Las hormonas parecían no afectarle siempre, aunque en esta ocasión debían hacerlo, lo justo para atraerle tras de mí.

Mi monologo no se vio interrumpido, cómo hacerlo si no paré de hablar. Creo que hay personas a las que las situaciones nerviosas les hace hablar sin parar, he emulado una de esas situaciones, o eso creo. Mi nerviosismo se refleja de otro modo, principalmente se transforma en morderme el labio y tamborilear con el pie en el suelo. Por norma general siempre hablo del mismo modo, es decir, con frialdad y calculando las palabras. Esta no era más que una de esas ocasiones, simplemente que alterando un poco la pronunciación para ser más realista.

Dejarme caer sobre él había sido una de las mejores ideas del día, más que nada por sentir sus manos tocando mi cuerpo. Cualquiera desearía que el misterioso cuerpo la acariciara de modo sugerente, yo lo vivía, y no iba a dejar pasar la ocasión. Como caballero que es me sujeto instintivamente y ayudome a ponerme en pie. Sonreí tímidamente a sus palabras, patosa no me consideraba, ni de lejos. Pero era el juego, no debía olvidarlo así que contuve un poco mi lengua, en cualquier otro momento le hubiera respondido con altanería, esta no era la ocasión.

- ¿Y qué he hecho contigo? – pregunté con desconcierto, sus palabras habían dejado claro que nadie se molestaría en explicar esa tontería, mas tenía suma curiosidad por ver como explicaba lo sucedido. ¿Se pondría nervioso al responder?¿Qué palabras emplearía?¿Respondería o no? Una de mis aficiones es observar las reacciones de la gente ante preguntas tontas, desconcertar y confundir. Todos respondemos de modos diversos, conocer sus reacciones nos permite conocerlos mejor, anticiparse a sus movimientos. Son pequeñas cosas que marcan la diferencia, por ello las observo, además de que siempre he tenido una fijación por estas pequeñas cosas.

- ¿Así que sólo es entrar, decir el lugar y tirar los polvos? ¡Qué tonta soy! – exclamé a la vez que repetí su explicación, para enfatizar la situación y dejar claro que lo había comprendido. El que no lo entendiera no le llegaba la sangre al cerebro.  – Gracias por perder tu tiempo con esto. – le agradecí con una sonrisa, fijando la mirada es sus ojos marrones. Avancé lentamente hacia la chimenea, subiendo el pequeño escalón. De esos escalones malditos que como te despistes caes de narices contra el suelo.  La lentitud de mis pasos se vio recompensada. Sujetó mi brazo de modo que me obligo a girarme. Por una vez, y a pesar de que llevar tacones no ayude a ser más alto que él por unos pocos centímetros, estaba a unos centímetros por encima de su línea de visión. Con línea de visión me refiero a ponerte de pie en posición militar y mirar al frente. Me encogí de hombros en respuesta, como si poco pudiera hacer al respecto.  – Siempre nos quedará San Mungo. – Comenté con tono serio, aunque fuera una chorrada lo que acababa de decir. Tras acabar la frase llevé una de mis manos a su rostro, acariciando la mejilla y deslizándola hasta llegar a su nuca. Momento en el cual acerqué mis labios a los suyos, entrelazándolos con pasión moderada. Sí, moderada, pues fue un beso para dejar con las ganas de más.  Separarme de él en esta ocasión me resultó más complicado que otras veces, pero no soportaba estar en ese hospital ni un segundo más. Me adentré en la chimenea, dándole la espalda. Cogí un puñado de polvos flú con la mano derecha, mientras que la izquierda la lleve a mi cuello, tirando suavemente del collar que llevaba. Estaba suelto, colocado de modo que parecía sujeto sin estarlo.

- Quizás nos veamos pronto. – comenté con una sonrisa. – Salón Winslow – dije antes de dejar caer los polvos flú. Le guiñé un ojo a Axel antes de comenzar a desaparecer. El humo me dejó el tiempo necesario para dejar caer mi collar, quedándose éste en el interior de la chimenea mientras yo estaba ya en mi hogar.  

Ahí estaba, de nuevo en casa, en el salón de la casa Winslow para ser exactos. Me quité los restos de hollín que cubrían mis ropas. No iba a quedarme llena de cenizas. La sala estaba limpia y la casa vacía, como la mayoría de las veces mis padres estaban de viaje. Me senté en uno de los sillones laterales, con el cuerpo inclinado, con las piernas sobre uno de los reposabrazos. Ahí esperé, suponía que Axel era un caballero, no esperaba menos de él que apareciera en la chimenea con mi collar.
O. Winslow
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Axel S. Crowley el Mar Ago 26, 2014 4:10 pm

No sabía cómo explicarle a la chica exactamente lo que había hecho. ¿No era evidente? Había preguntado, se había disculpado y había rehusado de la ayuda. Es decir… ¿se sintió culpable por su inutilidad? ¿Se dio cuenta de que había preguntado algo tan fácil que se avergonzó? Obviamente todo hipotéticamente, ya que no creía que O. pudiera sentirse afligida por algo así nunca.

¿Sentirte mal? ¿Hablar en vano en un intento de pedir ayuda? ¿No resultaría todavía más vergonzoso tener que pasar por eso dos veces cuando un chico como yo puede ayudarte? —preguntó, alzando una ceja.

A Axel le hacía gracia toda aquella situación. No sólo a O. fingiendo ser una maga con muy pocas luces y muy poca cultura general, ya que no iba a tener ningún otro momento para ver a O. siendo así. Aun así, reprimió todas las sonrisas, todas aquellas risas que les podría sacar una situación como aquella. Axel hizo un simple movimiento de cabeza para dar a entender que no hacía falta dar las gracias por una explicación básica de algo tan sencillo. Si quería comunicarse por Red Flú, ya cantaba otro gallo. Axel, antes de que se fuera, sujetó suavemente su mano y la frase que soltó fue, cuánto más, elocuente y graciosa. ¿De qué le sonaba eso? Podría haber indagado en su mente en busca de una respuesta, pero no se le apetecía. No cuando la chica pasó, a esa distancia, la mano por su rostro y lo atrajo hacia ella para besarle. Uno de esos besos lentos y que a la vez son los que más piden. Como era normal, el Ravenclaw se quedó con ganas de más. Podría decirse que si no hubieran estado aparentando, Axel podría haberle cogido de la mano  y le hubiera dado igual estar en San Mungo.

Se despidió de él y lo único que el chico pudo ver antes de irse fue su traviesa sonrisa entre el humo que la hacía desaparecer. Nada más esfumarse, escuchó como algo pequeño caía sobre las cenizas del suelo de aquella chimenea. Axel se acercó a ver qué era y vio el collar que O. tenía en el cuello. El chico sonrió. Estaba seguro de que no se le había caído sin querer. Miró hacia atrás por puro instinto a ver si alguien más se había percatado de eso y aquella sala estaba bastante vacía. La sonrisa se pronunció, formando una pequeña curva de pura travesura y se metió en el interior de la chimenea. Cogió un puñado de polvos Flú y no dudó lo mínimo en tirarlo contras sus pies, profiriendo las mismas palabras que había dicho la chica justo antes que él.

El humo le envolvió y fue desapareciendo poco a poco, igual que cómo aparecía. Para cuando pudo volver a ubicar la vista en algún lado, pudo ver un gran salón delante de él, recogido y con una sencillez y elegancia propia de la misma chica que ocupaba uno de los sofás. Miró alrededor momentáneamente para hacerse una idea del lugar. Axel salió de la chimenea con el collar en una mano y la mochila sobre un hombro, acercándose a O. A mitad de camino, dejó caer al suelo su mochila.

-Creo que se te ha caído esto.-Alzó la mano para ver el collar colgar de sus dedos.-O quizás lo dejaste caer… No me resultaría para nada extraño teniendo en cuenta…-Se colocó justo delante de la chica-…lo patosa que eres.-Alzó una ceja y le hizo un movimiento con la cabeza para que se levantara.


Le tendió la mano para ayudarla a levantar y a su vez hizo que se diera la vuelta, como si fuera a ponerle el collar. Realmente eso no estaba en sus planes, por lo que no lo hizo. Acarició de su hombro a su cuello lentamente con la punta de sus dedos y no tardó en acercar su rostro, expirando lentamente sobre su piel antes de dejar una fila de besos.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Mar Sep 02, 2014 5:42 pm

Repetir lo que había sucedido sería imposible, ¿por qué motivo debería volver a hacerlo? No hay razón ni la habrá. Aunque debo reconocer que será divertido usar este tipo de artimañas en un futuro para mis diversos hobbies, ser una damisela en apuros contribuye a tener a muchos hombres a tu disposición, tienen ese complejo de héroe. Ridículos por creer que toda mujer los necesita. Deberían tener más presente que es el hombre el que necesita a la mujer, y no a la inversa.

- Cierto. – comenté agachando la cabeza, si pudiera sonrojarme intencionadamente lo habría hecho para darle más énfasis, lástima que no pueda lograrse. Asentí a su explicación, repitiéndola en alto y despidiéndome de él con un beso. No tardé en desaparecer dejando atrás mi collar. Quizás el objeto del plan no había sido el más apropiado para que me siguiera, hubiera sido más eficaz empujarlo a la chimenea y mandarlo a donde yo quería, pero no era elegante, y sin elegancia este juego no tendría gracia.

Poco tardó Axel en materializarse en mi chimenea. Por unos instantes tuve la impresión de que no vendría. Pero ¿quién se resistiría? Ahí estaba yo, sentada esperando su llegada. Una sonrisa se fue acentuando en mi rostro, una sonrisa de satisfacción por verlo en mi territorio. En un lugar en el que nadie nos molestaría. Ni profesores entrometidos, ni sanadoras con cara de estreñidas ni ciempiés inmundos.  Con la única compañía distante de mi elfo, que debía estar cocinando.  

- Gracias, ni me había dado cuenta. – respondí negando con la cabeza. Cómo si no creyera lo sucedido. Podía ocurrirle a cualquiera, pero dudo que suceda con frecuencia. Tome su mano como ayuda, levantándome con lentitud y cierta dificultad. Lo malo de esa falda era la limitación de movimiento. No volveré a sentarme en esa postura mientras lleve faldas de tubo. Me dejé guiar por él y le di la espalda.  Tuve el impulso de recogerme el pelo para que él pudiera colocarme el collar, pero tonta de mí, con el conjuro que llevaba mi pelo era corto, no necesitaba ni retirarlo. Sentí su mano sobre mi hombro, pero no esperaba sentir sus labios recorriendo ese espacio. Ladee levemente la cabeza en dirección contraria, cerrando los ojos y respirando con lentitud. Sus labios provocaban una corriente en mi piel, alteraban mi sistema nervioso. Por esa razón, quizás otras que ocultaba, di un paso al frente, separándome de él. Me giré con una sonrisa, volviendo a acercarme a él. Subí mis manos por su torso separándolas hacia sus hombros. Cogí su camisa verde y fui tirando de ella lentamente, dejándola caer por sus brazos hasta que cayó al suelo. Mi mirada se clavó en sus ojos, una mirada que sólo reflejaba cierta malicia. Mis manos juguetearon con las suyas tras dejar caer su camisa, buscando entrelazar mis dedos con los suyos.  

Tiré de él, obligándolo a seguirme hasta el sofá marrón, junto al cual había un pequeño taburete redondo. La gente normal lo usa para apoyar los pies, yo le tenía un fin diferente. Fui empujando a Axel poco a poco hasta verse obligado a sentarse en él. Me incliné hacia delante y le di un fugaz beso en la comisura de sus labios.  Sujeté su mano izquierda mientras le rodeaba. Tiré de una pequeña cuerda oculta en el taburete y le até suavemente la muñeca. Podría soltarse con facilidad, pero hacerlo supondría una menor diversión. Coloqué mi mano sobre su hombro derecho y fui deslizándola hacia abajo, hasta sujetar su otra muñeca. Aunque esta vez no iba a atarla. Me acerqué a su oído desde atrás  - Relajate. – susurré, no era la palabra más apropiada para la situación. No tenía nada porque preocuparse, no aún.

Pasé a su lado, sin soltar su muñeca y me senté sobre él. De lado, formando nuestros torsos una L. Llevé su mano hasta mi cintura. Recorrí su brazo con la mirada, hasta llegar a su rostro a la vez que rodee su cuello con mis manos. Obviamente tras soltar la suya. – Debo agradecerle su noble acto. Mas los agradecimientos no son lo mío. – comencé a decir mientras mi mirada se alternaba entre sus ojos y sus labios. – ¿Tiene usted en mente qué puedo hacer? – pregunté al fin. Mordiendo sugerentemente mi labio inferior ante las ideas que paseaban por mi mente.
O. Winslow
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Axel S. Crowley el Miér Sep 03, 2014 1:26 pm

Axel nunca hubiera hecho eso que hizo siendo la mujer una total desconocida. Podría sentirse atraído por alguien, ser alguien prestado a ayudar y alguien con una buena educación. Pero sólo había un motivo para haber cogido esos polvos flú y haberlos lanzado contra el suelo de la chimenea al sonido de ese lugar y el único motivo era O. No era un chico dado a las simples relaciones esporádicas. Le resultaban placenteras, más nunca le había encontrado ningún propósito más allá que la simple satisfacción momentánea, cuando en realidad ninguna chica había llamado realmente su atención.

O. por el contrario rebozaba, en su opinión, en su más humilde criterio, un aura que la caracterizaba en sí misma como un auténtico enigma. Tenía una mirada tan penetrante, que en ocasiones podía resultar incluso intimidante. Era una mirada decidida, seria… aunque en muchas ocasiones, en compañía de esa sonrisa, resultara de lo más traviesa. Axel no era consciente de sus intenciones, no sabía nada de ella, lo cual la hacía todavía más llamativa para él. Quizás lo que estaban a punto de hacer no podría considerarse maduro, tampoco de adultos… pero por suerte, ambos todavía no han cumplido la mayoría de edad y están en la libertad de hacer justamente eso: locuras. Además de que el simple hecho de “jugar” con ella de esa manera hacía que mereciera la pena las repercusiones posteriores. Al fin y al cabo, tenía ganas de aquello. Era la metáfora perfecta de aquello que tienes en frente de ti y, que por mucho que lo intentes, no puedes ni acercarte a saciar tu necesidad.

Los besos que depositó en el cuello de la Slytherin fueron lentos y pausados, destinados a erizar su piel con delicadeza. La chica se separó de él con un paso hacia adelante, girándose con las manos en busca de su camisa, la cual resbaló por sus brazos hasta caer al suelo. Axel sonreía, más su mirada estaba perfectamente inamovible en los ojos de la que ahora era rubia. Sujetó su mano y le guio hasta un pequeño taburete en dónde sin poder evitarlo, se sentó, siendo apresado más seductora que amenazadoramente, por unas cuerdas que O. ató a sus muñecas.

Ahora mismo su corazón podía llegar a desafiar al límite de sus pulsaciones, que Axel no iba a parar de estar relajado. Podía no llegar a conocer del todo a O., cosa que era cierta, pero ni de lejos podía llegar a pensar que ella podría hacerle algo malo.

La chica se sentó sobre él y el chico no hizo ni fuerza en quitarse aquellas ataduras ni en hacer que se apartase de él. ¿Quién en su sano juicio haría eso? Observó el rostro de su amiga a aquella corta distancia y su pregunta no hizo más que hacerle sonreír ladeadamente. Su mirada peleaba por mirar los ojos, pero finalmente la mayor atención se la llevaban sus labios. Su mano se posó, por orden de la chica, sobre su cadera y no dudó en acercarla a él. Era mala, sabía perfectamente que morderse el labio delante de Axel sólo podía conllevar a un acto por parte de éste.

-Tienes tres opciones… me besas, te beso o nos besamos. Pero sin duda sé que lo no debes hacer…-Hizo una pausa y acercó su rostro al de ella- Sé que seré mucho más útil aquí contigo que en cualquier otro sitio. Así que si no me sueltas… -Susurró sin prisas- …te prometo todo aquello que quieres.

Alzó la mirada de su boca a sus ojos y besó sus labios. Llevaba desde aquel día de la azotea pudiendo desquiciarse de lo que no pudo tener. Con la mano que tenía en cintura, la atrajo hacia él, haciendo de aquel beso algo intenso y largo. Subió aquella mano lentamente por su espalda y la terminó reposando sobre su rostro, notando como sus dedos rozaban con los mechones cortos de su pelo de detrás de su oreja.

-No sé si me explico...-Esbozó una sonrisa al separarse de ella, con una mirada casi tan traviesa como su la curvatura de sus labios.-Dime quién quieres que sea y lo seré para ti.-A ella le gustaba jugar y a Axel todavía más.
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O. Winslow el Sáb Sep 06, 2014 1:02 am

Muy pocas personas son las que he invitado a mi casa, por no decir que ninguna. Debía sentirse afortunado. Aunque afortunada me sentía yo, pocas veces había deseado tener tanta privacidad con alguien como con él. Este era el momento, la marca en el hilo de mi vida. Al fin estaba ahí. Desde el momento en que planeamos el secuestro mil y una fantasías habían acudido a mi mente. Y todas sin excepción podían llevarse a cabo. A pesar de que en algún momento debía marcharse, poco me importaba en estos momentos, sólo deseaba tenerlo para mí. Sin Snape rondando, completamente solos. Iba a ser divertido, pero quizás debía restar detalles a las ideas que acudieron a mi mente. No podía hacerle daño, me daba pena. Algo estaba claro, atarlo era un factor clave del 95% de ellas.  

El juego dio comienzo cuando comenzó a besar mi cuello. Esa corriente que circulaba por mi cuerpo al tacto de sus labios, corriente que aumentaba su intensidad con cada encuentro. No fue sencillo separarme de ese modo. Pues tenían un efecto adictivo, sin embargo estar así todo el día no sería divertido. Tras quitarle la camisa y atarlo en el taburete me senté sobre él, de lado. Una decisión condicionada por la falda que llevaba. Pues de no ser por el hecho de que limitaba mis movimientos, me hubiera sentado frente a él. Más directo el contacto, sin embargo así…

Una pícara sonrisa se fue acentuando en mi rostro ante sus palabras. Tres opciones y las tres incluían sus labios. ¿Quién diría que no? Si desde su rechazo en la azotea quería más que nunca saborearlos.  Le miraba a los ojos, aunque estos miraban más mis labios que otra cosa. Lo cual hacía que me mordiera más aún el labio inferior. Era un círculo vicioso. Sus palabras fueron adentrando en mi mente con un eco, intentando comprender sus intenciones. Prometerme todo lo que quisiera podría ser malo para él, pero lo decía de esa forma que me hacía desearlo más.  Ansiaba disfrutar de una conversación larga y entretenida, ansiaba el espectáculo que me debía, pero esa carta quería guardarla un poco más.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando beso mis labios. Mis manos se concentraron en su nuca, jugueteando con su pelo. Sentía su mano recorriendo mi espalda. El beso fue más largo de lo que esperaba, con una intensidad que mostraba el anhelo dejado por los anteriores. Sólo podía pensar en una cosa en ese instante, y era que no terminara. Pero como siempre, debían terminar. Mas no importaba, sus palabras acompañadas de esa mirada y esa sonrisa lo dijeron todo.  Una sonrisa ladeada surco mi rostro, no debió decirme eso. Podía elegir quien fuera. ¿A quién podía pedir?  El profesor Höhner con ese traje tan elegante, descartado, era muy mayor. El profesor de runas sería apropiado, tiene aire de dios nórdico, le sería más sencillo para un noruego. Pero no disfrutaría demasiado. – ¿Serías capaz de ser el profesor de adivinación? – Pregunté guiñándole un ojo. – Pero no, prefiero que seas tú. Mi perrito. – Añadí sin darle tiempo a responder, acariciando su mejilla y bajando mi mano por su pecho. – Prefiero conocer primero al joven Crowley y ya luego a quien quiera pedir. – Dije con voz tranquila, siguiendo con la mirada el recorrido de mi mano. Alcé la vista, encontrándome con sus hermosos ojos marrones y le besé. Con suma pasión, aunque fue un beso corto en el que buscaba morder sensualmente su labio inferior. Me quedé a esa distancia de él, tras soltar sus labios. Nariz con nariz. – Puedes soltarte cuando quieras. – hablé con sensualidad. – Siempre que cumplas tu promesa y hagas conmigo lo que más desees. – Dicho lo cual volví a besarle, un beso más largo. Con la mano que seguía en su nuca enredé mis dedos en su pelo y tiré de él hacia atrás, elevando su barbilla. Así, deje de besar sus labios y comencé un delicado camino de besos hasta su clavícula, lentamente. Al llegar a ella le mordí suavemente la piel, dejándole una pequeña marca que a la mañana siguiente ya no tendría.

Tras el suave mordisco le solté el pelo, le di un beso en la comisura del labio y me levanté, pasando de nuevo por detrás suya, dejando que mi mano recorriera su espalda. Caminé hasta llegar al pie de la escalera, poniendo un pie sobre el primer escalón y llevando una de mis manos a mi espalda, comenzando a bajar lentamente la cremallera de la dichosa falda. Todo ello sin dejar de mirarle con picardia, esperando ver que hacía.
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