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Creo que alguien me echa de menos [+18] (O. Winslow)

Axel S. Crowley el Miér Jun 25, 2014 1:33 pm

Recuerdo del primer mensaje :

La convivencia en San Mungo podría ser al menos interesante si permitiesen a Axel relacionarse con los otros moribundos de la planta de enfermedades contagiosas. A él no le importaba contagiarse de otras cosas, quizás así conseguía las defensas necesarias para quitarse aquello que había pillado por su endemoniada curiosidad de Ravenclaw, puesto que la única manera que había tenido de pillar aquella enfermedad era por haber ido a buscar aquella planta que, ignorante por su parte, contenía el insecto que la trasmitía.

Había estado aquellas dos semanas dentro de una cuadrada habitación de tristes paredes blancas, lisas y con la sola distracción de un cuadro enfrente de él, siendo el único accesorio de decoración y estético de la habitación. Axel esperaba que no hubiera ninguna enfermedad infecciosa que diera delirios o locura, porque si todas las habitaciones tenían cuadros tan perturbadores aquella planta podría convertirse en la de psiquiatría. Se podía haber pegado horas mirando ese cuadro de todo el tiempo que estaba allí dentro sin hacer nada, ya que era su única distracción cuando no leía y que había llegado a pensar incluso en lo mal que tuvo que estar su pintor como para meter a una cabra con tanto pelo, a un gato egipcio y dos senos femeninos en el mismo cuadro de esa manera tan inquietante.

Por suerte para su aburrimiento, la hermana de Axel le había llevado algunos libros para que pudiera entretenerse en su lecho de muerte. Entre ellos se encontraban los necesarios para aprobar sus EXTASIS, además del tercero del Señor de los Anillos. El chico aun recordaba cuando conoció a Alice y Evan en Las Tres Escobas y se cernieron en una batalla verbal sobre el propósito de Gollum. Ahora el joven Ravenclaw tenía una opinión totalmente distinta a la de entonces.

El chico ignoraba totalmente el día en el que vivía, ya que el paso del tiempo era tan lento para él que perfectamente podrían haber pasado años, aunque lejos de estar tan mal como al principio, se encontraba mucho más vivaz y su rostro lo aparentaba, más ya no parecía un zombi. En aquel momento se encontraba leyendo el libro de la famosa saga muggle mientras se bebía algo que no sabía que era, puesto que la enfermera había optado por dejar de decirle lo que le daba para que Axel dejase de preguntar, intentar corregir, adivinar, o cualquier otra molestia proveniente de su actitud curiosa. Interrumpieron su divertidísima soledad con unos golpes en la puerta cuando se lavaba los dientes para quitarse aquel mal sabor de boca de la medicina, al tener el cepillo y la boca llena de pasta de dientes, no fue capaz de responder algo coherente. Se suponía que no era la enfermera, por lo que intentó proceder con el permiso para entrar.

-¡Pueghes entgrar! –Intentó decir desde el pequeño baño. Escuchó como abrían la puerta y pensó que sería la hermana. Escupió la pasta de dientes y se enjuagó la boca, para salir a recibir a la invitada.  

Para que no me imagines con un camisón y el culo al aire. Me niego.:
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Última edición por Axel S. Crowley el Vie Sep 12, 2014 11:50 am, editado 1 vez
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

Axel S. Crowley el Mar Sep 09, 2014 8:32 pm

Axel era hombre de mujeres sencillas, adoraba a aquellas que no se preocupaban por bajar a la sala común despeinada, o las cuales llevar correctamente la corbata no suponía un problema, pensaba que las chicas sencillas, en el fondo ocultaban más cosas que muchas que quisieran aparentar. Con O. no le pasaba eso. Nunca la había visto de ese modo. Para él esa Slytherin era una tentación. Poseía en cada gesto sensualidad, en cada mirada picardía y en cada sonrisa, travesura.

Llamó su atención desde el primer momento en el callejón Knockturn, en dónde, orgulloso por su maestría, no se le ocurrió mejor idea que acompañarla en la búsqueda de algo que aún ignora. ¿Para qué? Recibir un puñetazo en la nariz y que se la rompieran. Ahí sintió curiosidad, más la auténtica tentación por aquella chica empezó en sus siguientes encuentros. No sólo le atraía físicamente, sino que mucha de la culpa la tenía esa personalidad que se empeñaba en dejarla como un desconocido misterio.

Para colmo, el simple hecho de no tener la posibilidad, hacía de los encuentros con O. todavía más intensos. Primero Snape, después aquel miriápodo cojonero y, por último, la posibilidad de contagiar a su amiga la asquerosa Escrunfulosis. Podría decirse que el destino era más negativo que propicio, pero ambos sabían que nadie marcaba su destino. Por esa misma razón, en aquel momento se encontraban en nada más ni nada menos que la mansión Winslow. Una vez allí dentro no se reprimió a besar aquellos labios en cuánto tuvo ocasión, produciéndole una increíble satisfacción. Las manos de la chica perdiéndose en su pelo y su propia mano siento partícipe de cada curvatura de su cuerpo, hacían de aquel beso todavía más intenso. Axel sonrió con una ceja alzada cuando le dijo que si podía ser el profesor de Adivinación. No le extrañó lo más mínimo, casi todas las alumnas babeaban por ese profesor. No habría visto pergaminos extraviados con un dibujo cutre de Derek L’oree y la alumna en cuestión con un corazón animado mágicamente y ellos besándose. Más no esperaba lo más mínimo que O. también. Sin embargo, ni respondió, ya que ella supo evitar ningún comentario por parte del Ravenclaw.

-¿Me crees capaz de mantener una conversación tan aburrida como las que hace el profesor L’oree?-Alzó una ceja, mirándola desde aquella posición. O. no sólo le besó, sino que mordió su labio, con una mirada de lo más sensual.-En tal caso…-Axel se soltó suavemente, uniendo ambas manos en la espalda de la chica, subiendo por ella en una seductora caricia por todos los rincones que encontraba.-Con mucho gusto.

Los labios de la chica no sólo volvieron a apresar los de él, sino que consiguieron erizar la piel del chico con aquellos besos por su cuello. Las manos del joven habían pasado de estar por su espalda a acariciar sus piernas, colándose sin mucho éxito por debajo de aquella ajustada falda. A O., ante todo, parecía gustarle jugar, por lo que se levantó, rodeando al chico y acercándose a la escalera de aquella enorme sala. Él no se movió, sino que siguió con la mirada los sugerentes movimientos de la Slytherin. En aquel momento no podría encontrarse un lugar más atrayente que aquel, ni una compañía mejor. El chico se levantó de allí y se acercó, lentamente.

Una vez a su lado pegó su cuerpo a la espalda de la chica, pasando una de sus manos por su vientre mientras que la otra apartaba delicadamente los dedos que intentaban desabrochar la falda. Acercó su rostro a su oreja.

-Prefiero hacerlo yo.-Y lentamente cogió aquella cremallera y la bajó.-Espero que seas consciente de que ahora mismo todo lo que deseo eres tú.

Cuando la cremallera estuvo totalmente baja, las manos de Axel fueron hacia el elástico de esa falda y comenzó a bajarla. Una vez la prenda estuvo por debajo de las caderas de la Slytherin, cayó por gravedad al suelo. Ambos subieron algunos escalones más de aquella escalera y a Axel ni le había dado tiempo de mirar a la chica. Aquel irrefrenable deseo parecía ir en aumento, por lo que el chico sujeto el brazo de la chica mientras esta continuaba subiendo y le empujó, sin hacer daño, contra la pared. Se quedó justo en frente del castaño y éste no tardó en entreabrir sus labios con los suyos, besándola con pasión. Al principio Axel la besó lentamente, aunque no tardó en morder su labio inferior antes de agacharse un poco y acariciar sus muslos, antes de sujetarla por el trasero y levantarla a horcajadas sobre su regazo.

Comenzó a subir las escaleras sin ningún tipo de problemas. O. no pesaba demasiado. Pesaba demasiado si corría un maratón con ella, pero para eso, la fuerza de Axel era más que suficiente. Cuando llegó a la punta de arriba de la escalera, volvió a besar sus labios, apoyándola nuevamente contra la pared. Esperaba que ella le dijese dónde parar, ya que para Axel cualquier sitio era tan atrayente como el anterior.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Miér Sep 10, 2014 12:34 am

Axel no era un chico que provocara a simple vista un deseo irrefrenable de poseerlo. Era alguien de quien pasarías sin darte cuenta de su presencia, es más, de no ser por haberlo visto siendo atacado por mi águila, o por haber visto sus labios cubiertos de sangre jamás me hubiera fijado en él de ese modo. A ello súmale su aureola de misterio e intelectual, y tienes el Axel perfecto. Aunque nunca sería perfecto siendo tan curioso cómo era. Lo único que tenía claro es que poseía un influjo que me atraía cual mosca a la miel. Peligroso y arriesgado a mi parecer. Es la adolescencia, dejemos que todo fluya sin importar nada más. Sólo guiarse de los sentidos, y teniéndolo cerca mi cuerpo pedía una cosa, jugar a seducirlo. Culpa de la prohibición o no encontrar el momento oportuno.  En cierto modo debía agradecer a Snape la interrupción de aquel lejano día. De no haber aparecido ahora no sería tanto el deseo que fluía por mi interior.

Sentir su mano recorrer mi espalda, sus labios rozar mi piel, el sabor de esos labios tan apetecibles. Un escalofrío recorría mi cuerpo constantemente, mi corazón se aceleraba y mi piel se erizaba a cada mínima caricia. El ambiente se cargaba a cada segundo que pasaba. Todo aquello con lo que había fantaseado quedaba atrás, la realidad era mucho mejor que la ficción. Sus palabras calaron en mi mente como el suave roció de la mañana. Era tentador pedirle que fuera otra persona, y así lo hice, mas lo descarté con la misma. Quería y, a pesar de que mi cabeza decía que no debía ser así, demasiado descubrir cada rincón de su ser. Ver como se desenvolvía en lo más íntimo y terminar con todo anhelo que poseía por su piel.  

Una pequeña carcajada casi insonora salió de mis pulmones ante aquella pregunta. Si se lo proponía lo conseguiría, sobre todo cuando habla de sus problemas escolares y de cosas varias carentes de interés para mí. No iba a decirle nada sobre ello en estos momentos, rompería la atmosfera creada. Sabía lo que quería oír, y él también, o eso presuponía. No tardó en soltarse, sentir sus manos recorrer mi espalda a la vez que yo besaba su cuello. Mi cuerpo se estremecía a cada trazó de sus manos, arqueando levemente la espalda y pegando mi torso cada vez más al suyo. Sus manos descendían lentamente, hasta rozar la piel de mis piernas. Divertido fue notar como intentaba colar sus manos bajo el cuero, de tal modo que acabé mordiendo levemente la piel de su cuello.

Podría suceder todo ahí, pero no se me antojaba terminar de jugar. Tanto había esperado este momento que no me importaba alargarlo un poco más. Así me levanté y me acerqué a la escalera, sin dejar de mirarle en ningún momento. Comencé a abrir la cremallera, la puerta que libraría la limitación de mis movimientos.

Un pequeño gemido brotó de mis labios cuando su mano surcó mi vientre. Dejé caer la cabeza hacia atrás, posándola en su hombro. Una sonrisa se formó en mi rostro, acentuándose con cada palabra. – Si no lo fuera, te hubiera atado mejor. – repliqué con cierto tono sarcástico. Sus manos no tardaron en deslizarse por mis muslos al compás de la falda. Cayó lentamente hasta mis pies. Con cuidado me liberé de mi opresora y subimos varios escalones más. Mi intención era guiarlo escaleras arriba, pero eso no estaba en sus planes. Me dejé llevar por su atracción. Estaba entre la espada y la pared, mejor dicho entre Axel y la pared. Mi respiración intentaba ser calmada, pero los latidos aumentaron drásticamente cuando sus labios rozaron los míos una vez más, en un baile sin fin. Mis manos recorrieron su espalda, toda zona que podía alcanzar. El deseo iba en aumento, pero mantenerlo a raya unos minutos haría más placentero el resto. Sus manos descendieron por mis muslos hasta apresar mis glúteos. Rodee su cuello con mis brazos mientras mis piernas rodeaban su cintura.  Una imagen de lo más sensual, yo semi desnuda y con tacones, rodeando su cuerpo  mientras nuestros labios luchaban los unos contra los otros en una pelea cuyo objetivo era saborear mejor al contrario.

Axel era fuerte, aunque no lo pareciera, poco tardamos en llegar al rellano. Ese momento lo aproveché no solo para besar sus labios y rebujar su pelo. Dejé caer mis manos, deslizándose por sus hombros hasta llegar a su pecho. Tiré de su camisa blanca hacia arriba. Obligándole a soltarme y alzar los brazos unos segundos, para quitársela y poder disfrutar del calor que emanaba. Mis pies volvían a estar en el suelo. Lo empujé con algo de fuerza, pero sin hacerle daño, haciendo que las tornas se giraran. Estaba él contra la pared, posé mis manos sobre su pecho y comencé a besar su torso ya desnudo, en una línea descendiente hasta llegar a su ombligo. Me levanté, mirando sus ojos marrones y mordiéndome suavemente el labio inferior. – Dame unos segundos de ventaja. – Le pedí en un susurro, no los necesitaba, solo quería llevar unos pasos de ventaja, hacer de su deseo una necesidad. Caminé con lentitud, exagerando mis pasos de modo sensual. Algo que se lograba rápido teniendo como una vestimenta una camisa blanca, unas braguitas de encaje negras y unos tacones a juego. Abrí una puerta cercana, una estancia oscura se abría ante mí, los grandes ventanales aportaban la claridad más que necesaria para esa tarde estival.  Giré sobre mí misma, apoyando mi cuerpo en el umbral. – Aquí seré toda tuya. – Aclaré con calma, haciéndole un gesto con la mano para que se aproximara. Una vez la puerta todas las cartas estarían sobre la mesa.
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Axel S. Crowley el Vie Sep 12, 2014 11:49 am

Una vez en el piso de arriba, Axel no fue consciente de sus movimientos, ya que se había dejado llevar por la iniciativa de O. La soltó suavemente, haciendo que sus piernas volviera a estar rectas y sus pies, en contacto con el suelo. Sus manos acariciaron sus muslos, pasando por sus caderas y su cintura, pero tuvieron que separarse de ella cuando la chica decidió quitarle la camiseta, que, con gusto, elevó las manos. Justo después, incapaz de volver al punto de partida, lo cual deseaba más que nada en aquel momento, la palma de la mano de O. le empujó por el pecho, haciendo que la espalda de Axel chocase esta vez contra la pared del otro lado del pasillo. Si los labios de O. ya le volvían loco en cada beso que le daba, sentirlos por todo su torso le hizo no sólo erizarse, sino incluso sentir cómo un escalofrío le recorría por toda su columna vertebral.  

Aquel segundo de ventaja fue la decisión más difícil de Axel en la última media hora. Hizo un movimiento con la cabeza, en señal de habérselo dado y ella no tardó en darse la vuelta y comenzar a caminar. Su paso fue lento, sus movimiento: puramente sensuales. Las curvas de su cuerpo se movían con cada movimiento y no podía dejar de fijarse en lo atractivas que era las piernas desnudas de la Slytherin. Era una tentación pura. Un deseo andante, era pura seducción en el punto más alto de fascinación. Era la primera vez que sentía ese impulso tan animal, el único deseo de querer sujetar a aquella mujer y no separarse de ella. Cualquier lugar parecía el idóneo para ello.

Estaba absorto en ella, sintiendo como su cuerpo emanaba un calor inusual y  como ahora mismo su interior pedía a gritos una indigente solución que sólo podía darle la que ahora era rubia. Axel se humedeció los labios cuando O. abrió la puerta de lo que parecía su habitación. Todo lo que parecía salir de los labios de O. parecía decidido a tentar al Ravenclaw.

Axel miró, con seducción y travesura a O., yendo hacia ella y obligándole a caminar de espaldas. La puerta de cerró tras de ellos y ahora mismo estaban solos. En el lugar indicado y buscando el momento sólo para él y ella; ese que parecía que nunca iba a llegar, aquel que jugó más con ellos que cualquier juego del destino. No habría miriápodo, ni tampoco un Snape. No había nada entre él y ella, sólo aquella tensión que ambos estaban dispuesto a solucionar.

La chica llegó a la distancia límite y sus piernas chocaron con su cama. Axel se mordió el labio inferior y negó con la cabeza al posicionarse justamente delante de ella. Le hizo caer hacia atrás, hasta apoyar la espalda contra el colchón. El chico se inclinó sobre ella, aprovechando para flexionar una de las piernas de la chica tanto para su comodidad como para poder acariciarla. Sus labios fueron como si de un imán se tratase a por los de ella y la besó con necesitada pasión mientras una de sus manos se recreaba en cada una de las curvas del cuerpo de la chica. La otra mano, fue le encargada de buscar su varita en el bolsillo de su pantalón, una vez la consiguió, la dirigió al rostro de la joven y, separándose momentáneamente de ella, le hechizo los ojos con un Obscuro no verbal, dejando la varita a un lado y volviendo a besarla. Su mano se coló por el interior de la camiseta blanca y comenzó a subirla, de tal manera que tuvo que separarse de sus labios para poder quitársela completamente. Sin duda, O. podría estar muy seductora con el uniforme o con cualquier vestido, pero en aquel momento estaba viendo la versión más sensual de ella que jamás había visto.

Los besos de Axel se desviaron del foco central, pasando por su mandíbula, su hombro y bajando por su garganta. Eran besos cortos, pasionales, acompañado de algún mordisco inofensivo pero placentero. Continuó bajando, con paciencia –pues pretendía que la que se impacientara fuera ella- hasta llegar la clavícula. Sus manos acariciaban cada costado de la joven, mientras sus besos pasaban por el escote de la chica y bajaban hasta la parte baja de su ombligo, dónde aquellas cortas braguitas eran la defensa de lo más prohibido. Axel retiró juguetón parte del elástico y besó la parte baja de su vientre, acompañándolo de un lento lengüetazo.

Continuó bajando, besando el interior de sus muslos hasta llegar a los pies de la chica y desabrocharle aquellos tacones hasta dejarlos caer al suelo. Fue entonces, cuando dejó caer también los suyos, cuando volvió a colocarse a un lateral de la chica a la misma altura de los ojos que estaban tapados. Los cuales podría destaparse en cualquier momento. Una de las manos de Axel acarició el vientre de la chica, amenazando con meterse por debajo del elástico de su ropa interior pero subiendo hasta su sujetador. Sus labios se dirigieron a su oreja, susurrante, a la vez que aprovechaba para besar cada rincón.

-¿Alguna petición de cómo complacerte?-Si no, Axel tenía muy claro lo que hacer. Lo imposible para hacerla disfrutar.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Dom Sep 14, 2014 2:50 am

El momento había llegado, el punto final de tanta tensión, por fin sin interrupciones. Esperarlo en el umbral de mi habitación, aunque fuera por unos segundos, se transformaron en largos minutos, demasiado largos. De nuevo frente a mí, deleitando mi mirada con su torso desnudo. No podía dejar de sonreír mientras se acercaba. Mi respiración era acentuada, cada poro de mi piel estaba en tensión, esperando sentir su piel contra la mía. En la puerta nos encontramos, lentamente iba retrocediendo según él avanzaba, evitando rozar su cuerpo. La puerta estaba cerrada, ya no había vuelta atrás.

Mis gemelos tocaron la cama, mis manos se colocaron en su cintura, notando el calor que desprendía. No podía apartar los ojos de su rostro. Bajé lentamente mis manos por su torso mientras él se mordía el labio, nunca había visto un gesto tan sensual por su parte. Separé mis manos de su piel ante esa negación, preludio de mi caída sobre el colchón. Me sorprendía gratamente esta actitud por parte del joven Crowley. Dejaba que guiará mi cuerpo como quisiera, esa había sido mi elección, darle carta blanca a sus deseos. Los besos eran cada vez más apasionados y deseosos, impregnados de un calor inusual que hacía estremecer mi ser. Mis manos volvían a rodear su cuello, describiendo pequeños círculos con los dedos en su nuca.

Desconcertada me hallé cuando me apuntó con la varita. Por primera vez en muchos años me sentí desprotegida, nerviosa. – ¿Qué… – Alcancé a decir, pero ya era tarde, no veía nada, todo era oscuridad. Tardé unos segundos en comprender la situación, hasta que sus labios volvieron a rozar los míos. Sin ver nada sentí más que nunca el estremecer de mi cuerpo al contacto de su suave piel.  Mi respiración se agitaba cada vez más, la piel erizada respondía a cada estimulo propiciado por su mano recorriendo mi torso con una pequeña descarga. Arqueé la espalda, estiré los brazos, ayudándole así a quitarme la camisa. No verlo y, por tanto, no poder anticipar sus movimientos me hacía sentir indefensa, pero a la vez aumentaba mi deseo, la excitación solo aumentaba. En mi mente se formaba su imagen según la zona de mi cuerpo que acariciaba o que besaba.

Mis manos se posaron a cada lado de mi cuerpo, aferrándose a la colcha cada vez más. Según descendía por mi cuerpo mis pulsaciones aumentaba, pequeños gemidos escapaban de mis labios, mi pecho subía y bajaba con más intensidad. Notar su lengua sobre mi piel terminó por romper todas mis defensas. Tenía mi cuerpo bajo su control, respondiendo a cada uno de sus besos sin atender a nada más. Podía estar así toda la vida, el deseo aumentaba sin cesar. Axel estaba poniendo a prueba mi sistema nervioso, me resistía a retirar la venda de mis ojos. Estaba centrada en cada caricia, en ese recorrido que seguía su mano descendiendo por mi vientre. Durante un milisegundo sentí que mi corazón se había parado, mas era el ritmo acelerado.

*¿Qué dijo?* Me pregunté al ser consciente de que me susurraba al oído. Retiré la venda de mis ojos, pero sin llegar a quitármela. Parpadeé repetidas veces hasta acostumbrarme de nuevo a la luz. – Sigue sorprendiéndome. – Fue mi respuesta. Sin embargo quise retomar un poco el control. Me gustaba mandar, no dejarme llevar, aunque hiciera una excepción con él. Llevé mi mano a su hombro, y con el impulso de mi cuerpo, lo tumbé sobre la cama, tumbándome sobre él.  Flexione mis piernas, una a cada lado de su torso y le besé. Pasión a rebosar, mis labios luchando con los suyos por conquistar al contrario. Tras unos segundos de batalla, me separé, le dediqué una sonrisa traviesa, como no podía ser de otra forma en aquella situación. Comencé a besar su torso, esta vez con más lentitud, recorriendo lentamente su piel en descenso, hasta llegar su ombligo. Erguí mi cuerpo, quedando sentada sobre sus muslos, mis manos recorrieron su pecho una vez más, presionando suavemente mientras sobrepasaban su vientre.

Desabroché lentamente sus vaqueros, y descendí de la cama. Fui tirando de ellos hasta que dejaron de cubrir sus piernas e hicieron compañía a la alfombra. Volví a subir a la cama, retomando la postura anterior. Acerqué mi rostro al suyo, besé su mejilla, luego su cuello lentamente hasta llegar a su oreja apresando su lóbulo entre mis dientes con suavidad.  
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Axel S. Crowley el Mar Sep 16, 2014 2:07 pm

Si en algún momento en Ravenclaw pudo sentirse cohibido, o quizás tímido, sobre aquel indudable sentimiento de ansia. Había desaparecido totalmente. Quizás fue la confianza… Quizás el hecho de “conocer” mejor a O… No era consciente de cuál era el por qué, pero si era consciente de que la única capaz de hacer desaparecer aquel afán de deseo, era simplemente ella. Era cierto que teniendo en cuenta la manera de ser O., Axel se esperaba que aquello no fuera su primera vez. La chica siempre había demostrado determinación y comodidad ante cualquier situación y su gesto perverso y atractivo daban una imagen que quizás era mentira. Por parte del Ravenclaw, situaciones como aquellas eran escasas en su vida, no porque no pudiera, más bien porque para él la selección es sumamente exquisita.

En aquella ocasión era consciente de que ahora mismo no habría mejor chica con la que estar en aquel momento. Vendó sus ojos mágicamente con delicadeza y el camino de sus besos se volvió lento e intenso. Sus caricias fueron el detonante de sentir como su vientre se contraría en un principio de respiración acelerada y, la visión de Axel en aquellos momentos, era simplemente la de una chica que disparaba sensualidad. Retiró su calzado y, cuando volvió a la altura de sus labios, se resistió a ellos y se posaron a la altura de su oído.

No le sorprendió lo más mínimo el cambio de tornas de O., al fin y al cabo, siempre la había visto como una mujer totalmente dominante y en aquellos momentos no podía haber sido más atractivo ver cómo cogía las riendas de la situación. El chico apoyó la espalda contra el colchón, desatando aquella pasión retenida en aquel lujurioso beso. Era un beso que en ocasiones era lento y en ocasiones parecía desatar furia, sin dejar nunca de ser tan vehemente como el anterior.  El cuerpo del chico emanaba calor a raudales y lo supo cuando los labios de la chica besaban su torso mientras descendían hasta su pantalón. Lo retiró totalmente, dejando los bóxers negros al descubierto. Sin duda era totalmente visible en aquel momento que lo más entusiasmado de aquella habitación estaba justo debajo de aquellos calzoncillos. Por suerte para la timidez de Axel, ninguno de los dos hizo especial hincapié en ello. Por lo menos todavía.

La Slytherin volvió a sentarse sobre él, una tentación tan sugerente para todo el cuerpo de Axel que parecía sentir cada roce con todavía más agudeza que antes. Los labios de la chica mordieron el lóbulo de la oreja del chico y éste esbozo una sonrisa antes de incorporarse y sentarse sobre el colchón. Por inercia, O. también se había sentado, quedándose a horcajadas sobre él. La mano del chico se posó en la parte baja de su espalda y de un movimiento la acercó a ella, haciendo que sus labios se quedasen a apenas unos centímetros, en la distancia perfecta para sentir la respiración acelerada de ambos. Mordió su labio inferior y lo acercó a ella para besarle apasionadamente. Mientras tanto una de sus manos acariciaba su pierna, mientras que la otra acariciaba su espalda, subiendo hasta el broche de su sujetador. Para él siempre había sido todo un reto eso de desabrochar un sujetador con una mano, pero hoy no podía quedar mal. Pellizcó el broche y éste se desabrochó fácilmente. Sin apartarse ni un momento de los labios de la chica, deslizó la tira por su hombro, hasta dejarlo caer y tirarlo hacia un lado. Su mano volvió sobre sus pasos, bajando lentamente por su hombro hasta encontrarse con la curva de uno de sus pechos. Sus dedos bajaron con lentitud hasta encontrarse con su pezón, el cual acarició con delicadeza antes de hacerlo preso de sus dedos.

El chico sonrió en los labios de la Slytherin y se separó de ellos, mirándola con picardía. Al estar la chica sobre él, estaba más alta, por lo que el chico volvió a acercarla a ella, de manera que aumentara la altura. La echó ligeramente hacia atrás para poder besar su cuello y bajar hasta donde hace apenas unos segundos, estaban sus manos. Los labios del chico se recrearon alrededor del otro pezón, utilizando su lengua para endurecerlo.

Una de sus manos no paraba de acariciar su cintura y sus piernas, sobre todo por el interior del muslo. Sin embargo, la otra era una de las encargadas de excitar esa pequeña y sensual parte tan erógena y a la vez tan atractiva. Dentro del cuerpo del chico parecía bullir magma volcánico, el cual salía por cada poro de su piel en forma de sudor. Estaba agitado por la situación, lo cual parecía hacerle actuar como si estuviera impaciente, cuando realmente, se lo estaba tomando conscientemente paciente para que aquello fuera memorable.
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O. Winslow el Miér Sep 17, 2014 10:15 pm

Por motivos que seguía sin comprender, me dejaba llevar por él, dejaba que dominara la situación. Puede que no fuera lo que mi mente racional me permitiera hacer en cualquier otro momento, sin embargo Axel tenía una influencia en mí que escapaba a mi conocimiento. Llegando a sentirme indefensa en determinados momentos, como estos. Sin llegar a sentir desconfianza, algo de preocupación sí, pero no desconfianza. Quizás el haber ido conociéndolo y dejando que me conociera con nuestras idas y venidas era el causante de esta extraña sensación que se apoderaba de mí por segundos con su presencia.

No iba a ser sumisa toda la velada, por ello no tardé en tumbarle boca arriba, su espalda tocando el colchón, para poder disfrutar de su torso desnudo. El cual fui besando lentamente, aspirando el aroma que emanaba de su piel, notando el calor que desprendía. El contacto de su piel con la mía era electrificante, una calidez asombrosa rociada por una tormenta de rayos. El deseo por su piel se veía saciado, pero no lo suficiente, pues este solo aumentaba con cada caricia de Ravenclaw.

Sentados sobre la cama, acercó mi cuerpo al suyo. Ser ligeramente más alta que él en esta posición me encantaba. Podía ver mejor su rostro, sentir más el contacto de nuestros cuerpos. Además de que la postura en sí era para mí de las más sensuales. Cerré los ojos momentáneamente, intentando relajar mi respiración, inevitable su aceleración al notar la de él. Mis brazos se posaron sobre sus hombros, enredando mis dedos en su pelo. Los besos mejoraban al ritmo que nuestros cuerpos irradiaban calor. Sus manos recorrían mi cuerpo, tenía más amplitud de movimiento, mientras que yo me limitaba a acariciar levemente su rostro y sus hombros. Con un pequeño zigzag que pronto comenzó a deslizarse por su torso hasta el momento en que un nuevo acercamiento me limitó aún más.  

El cuervo me estaba sorprendiendo, no podía haber imaginado que sería tan pasional, o que tuviera esa iniciativa. Siempre ha parecido una rata de biblioteca, reservado, serio y formal. Claro estaba que la apariencia engañaba, puesto que se había adueñado de mi cuerpo sin apenas darme cuenta de que comenzaba a cautivarme. Suaves y pequeños gemidos emanaban de mis labios cuando sus labios comenzaron a recrearse en mi pezón, mientras el otro era el pequeño juguete de sus dedos.  Arqueé levemente la columna, dejando que mi cabeza siguiera el arco formado. Con una mano sujeta a su cuello, la otra la dejé caer tras de mí, apoyándola en su muslo. Comencé a acariciarlo, lentamente, aumentando el ritmo sin darme cuenta, llegando en momentos a presionar los dedos contra su piel. Reaccionando a cada estímulo que creaba en uno de los puntos más erógenos de una mujer.

Durante unos segundos conseguí recuperar el control de mi cuerpo, llevé de nuevo ambas manos a su rostro, separándolo de mi cuerpo. Fijada mi mirada en la suya, lo miré con una extraña ternura mientras me mordía el labio. Uní una vez más mis labios con los suyos, en una impetuosa danza, donde el ritmo aumentaba y descendía al igual que mi cuerpo se acercaba y se alejaba del suyo en un vaivén lento.  Haciendo acopio de la poca resistencia que podría ofrecer y de mis leves fuerzas, caí de costado, tirándolo a él a la vez.  Ambos de costado, mis piernas rodeando su cuerpo al igual que antes. Deslicé mi mano por su torso, en una lenta caricia hasta rozar sus bóxers. Rodee su cintura y deslicé la mano por la zona baja de su espalda, pasándola superficialmente por sus glúteos. Separé mis labios de los suyos, sujetando el inferior unos segundos, a la vez que presionaba una de sus nalgas, acercando un poco más (si era posible) nuestros cuerpos.
O. Winslow
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Axel S. Crowley el Sáb Sep 20, 2014 3:51 pm

Eran uno de esos momentos en dónde tu mente desconecta y te guías por el más puro deseo carnal.

Axel había dejado de pensar, había dejado de guiarse por aquellos sentidos que en un momento de nuestra vida siempre consideramos los más importantes. Aquello era todo tacto, pues podría cerrar los ojos y no perderse ni el más mínimo detalle. Era un cúmulo de sensaciones recogidas todas por el más dulce contacto. El roce de sus suaves y delicados labios sobre los de él, las yemas de sus dedos en contacto con cada parte de su cuerpo… Era como un punto de inflexión entre un estado normal y uno en dónde todo parece más intenso; más vivo.

Con la Slytherin encima de él, no dudó ni un momento en acariciar todo aquello que tenía delante. Sus curvas… aquellas curvas, procedentes de lo que parecía un cuerpo extremadamente perfecto, le volvían loco. Adoraba seguir el camino que formaba cada una de las partes de su cuerpo y notar como debajo del paso de sus manos, se erizaba la piel de la chica. Recorría cara rincón cual trapecista sobre el vacío. Aunque sin duda, lo que más le gustó fue sentir cómo se estremecía, aquel gesto y aquella respiración agitada, cuando dedicó toda su atención a lo que parecía ser un botón de placer. Si el chico tuviera que elegir su parte favorita de la mujer, sin duda elegiría aquella, no por otra cosa que poder disfrutar de esos pequeños y cortos gemidos que significan que apenas empieza lo mejor.

La rubia, sin apartarse de él, consiguió, sin mucha oposición por parte de Axel, acostarlos a ambos sobre el colchón. Seguían abrazados, unidos cómo si no quisieran separarse. Por parte del Ravenclaw, tenía claro que lo menos que quería en aquel momento era separarse. El chico sonrió cuando la chica apretó su trasero, sintiendo también como sus dientes mantenían preso el labio su labio inferior. La mirada de Axel estaba cargada de picardía y su gesto, el cual sudaba en una explosión de hormonas que le tenían acalorado y sumamente excitado, estaba impregnado de la mujer que tenía delante, incapaz de prestar atención a otra cosa. Axel no era un experto en el tema, de hecho podría ser uno de los pocos temas en dónde podría considerarse un “ignorante”… No obstante, tenía claro que en situaciones como esa, sólo tenía que hacer una cosa bien… Y era complacer a la chica. Sus cuerpos se acercaron todavía más tras la insistencia de la chica y el Ravenclaw aprovechó para hacer que ella se apoyase un poco más sobre el colchón y él se quedase un poco por encima. Sujetó la mano derecha de la chica con la suya, entrelazando los dedos y  estirándola lentamente por el colchón hacia arriba, agachándose a la vez para acercar sus rostros.

-O… ahora mismo iría hasta las puertas del infierno para hacerte sentir viva, para darte todo el placer que mereces…con lujuria y lascivia… -Su mano libre, comenzó a bajar lentamente por la línea central de su cuerpo. Como si quisiera no perderse ni el más mínimo detalle.- Quiero estar todo el día haciéndote el amor, para que pierdas la noción del tiempo y te olvides de tu propio nombre…-El chico sonrió con altivez y su mano, que había llegado al límite de lo prohibido, acarició su sexo por fuera con algo de brusquedad.-¿No buscas con tu mirada aquello que más deseas? -Volvió a sonreír, cerca de sus labios y sin apartar la mirada de sus ojos.-Ésta es nuestra naturaleza, empezamos por anhelar aquello que vemos, como cazadores perversos movidos por la codicia…-Su mano se coló por debajo de su ropa interior a la vez que los labios del chico volvían a apresar los de ella con pasión.

Las curvas de O. producían en él un efecto de delicadeza. La tocaba como se toca un violín. Con sentimiento, con fineza… y, en su correcto momento, con frenesí. Aquel momento, era uno de ellos. Maestría con el violín, muchísima; con una mujer, no tanta. Parte del torso de Axel estaba sobre la chica, sintiendo su roce contra él, mientras que los labios de O. eran esta vez la víctima de la necesidad de Axel. Los dedos entrelazados apretaron la mano de O. sobre su cabeza, mientras que los de la mano que estaba en zona prohibida, acariciaron su parte, con diferencia, más erógena. No obstante, no tardaron en deslizarse hacia abajo e introducirse lentamente en el interior de la chica.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Dom Sep 21, 2014 9:21 pm

Contadas ocasiones eran en las que me dejaba llevar, escasas en las que no tomaba el control de todo a mi alrededor. Sin precedente alguno Axel estaba resultando más interesante de lo que podría haber imaginado jamás. Rebosaba una pasión y sensualidad que no me esperaba. No era para nada a lo que había probado antes, aunque todas eran diferentes, esta tenía un grado de satisfacción inusual. El anhelo pasado, la prohibición y la inoportuna casualidad eran la causa del deseo reprimido.

Sus caricias estaban produciendo una reacción en cadena en mí.  Piel erizada, pequeños gemidos, auto reflejos todos a su cuerpo y su deseo. Quería más, siempre querría más, que pudiera complacerme no estaba tan claro en mi mente, más por el momento lo estaba consiguiendo. De costado, abrazados uno frente al otro, sin ánimo por mi parte de separarme de él y, visto lo visto, por la suya tampoco. En esos momentos todo era tacto, el único de los cinco sentidos que predominaba en la estancia. El roce de nuestras pieles, el juego de nuestros labios, los cruces de miradas lascivas y pícaras. Nada importaba ya en ese lugar, nada que no fuera sentir el calor que desprendía su cuerpo, observar el brillo de su piel a causa del sudor.

Cada movimiento de nuestros cuerpos parecía premeditado, por mi parte había perdido el control sobre mi cuerpo, dejándome llevar simplemente por el deseo, que no era otro que contemplar su rostro y querer tenerlo así el resto del tiempo, recorriendo cada resquicio de mi cuerpo, lentamente. Nuestras manos entrelazadas comenzaron a ascender lentamente, rozando la suave tela del colchón, sintiendo parte de su cuerpo sobre el mío. La mano libre subió lentamente por su espalda, sobrepasando su costado y deteniéndose sobre su pecho.  

Comenzó a hablar e intenté prestarle la atención debida, mas mi mente desconectaba con el recorrido de sus dedos por el centro de mi cuerpo. Un suave gemido escapó entre mis labios al sentir su mano sobre mi sexo. Arqueé la espalda en respuesta a su gesto. Continuó hablando, y una sonrisa se dibujo en mi rostro. Mis ojos no se apartaron en ningún momento de los suyos. A cada palabra que decía caía en la cuenta de que lo había escuchado antes, no recordaba donde ni en qué momento, pero esas palabras me resultaban familiares.

-¡Sáciate conmigo! – Articulé en un susurro antes de que sus labios volvieran a unirse una vez más con los míos, su mano libre se adentraba bajo mi ropa interior. Una parte de mí se sentía nerviosa, mientras que la otra pedía más y más. Mi mano libre volvió a su espalda, deslizándose de arriba abajo sin tener clara una dirección. La presión de sus dedos sobre mi sexo me hacía desvariar un poco. – ¡Ah! – exclamé con sumo placer contra sus labios, al sentir como entraban en mí. Apreté su  mano y clavé los dedos sobre su espalda, haciéndole un pequeño rasguño con las uñas.  

La respiración la tenía más acelerada que instantes antes, cada vez estaba más acalorada y excitada. Axel se estaba deleitando con mi cuerpo, y yo apenas había recorrido nada más que su torso.  Tome la decisión de abandonar mi cuerpo a sus caricias, dejar que hiciera conmigo lo que quisiera, sin embargo no podía dejar de pensar en que le haría, en tomar las riendas deshaciéndome de su pequeña atadura. En mi interior me debatía sobre esta cuestión, mientras mi cuerpo disfrutaba en ascenso de cada una de sus caricias y movimientos, una oleada de placer que recorría mi ser una y otra vez. No podía estar más excitada en ese instante.

Nuestros labios se entrelazaban con fiereza, mi mano izquierda descendió de nuevo por su espalda, deslizándose bajo el elástico de sus bóxers. Acaricié directamente la piel de sus nalgas, volviendo a apretar suavemente. Recorrí lentamente su cadera bajo la tela. Volví a ascender la mano con lentitud, recorriendo su abdomen con suavidad. Una sonrisa juguetona apareció en mi rostro contra sus labios, mi mano bajo una vez más por su cuerpo, acariciando su sexo a través de la tela notando lo animado que estaba.

- ¿Es el momento de sucumbir? – Le pregunté en un susurro sin apenas separarme de sus labios. Sus caricias eran únicas con un efecto ferviente en mí, sin embargo las caricias eternas terminaban por aburrirme, además de que comenzaba a querer tener el control sobre él.
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Axel S. Crowley el Jue Sep 25, 2014 12:08 pm

Sus labios, en busca de una insaciable sed de deseo, no dejaban de besar los de la chica sin una pizca de descanso. Descansar… Ya habría tiempo de descansar en otro momento. Si había algo que realmente excitara al chico era ver cómo alguien como ella disfrutaba bajo sus propias manos. Sentir como se entreabría la boca de la chica en un pequeño gemido, fue como sentir una oleada de intensa pasión recorrer todo su cuerpo. Como un escalofrío recorriendo su cuerpo más caliente. Un eco en un pozo sin fin. Era puro deseo pasional, puesto que verla ella en aquella situación para él era suficiente como para sentirse más excitado que nunca. Le gustaba jugar con ella, jugar con sus sensaciones… Al chico le encantaba ver cómo su cuerpo se estremecía, como sus ojos se perdían y su respiración se volvía más forzosa. Le gustaba jugar con el ritmo y la velocidad, que sus dedos danzaran mientras su boca exploraba sus labios y la suave piel de su cuello, dando pequeños mordiscos, sutiles pero apasionados.

La mano de la chica bajó lo suficiente como para llegar al sexo de Axel, el cual se estremeció al contacto, notando como aquello quería empezar a tener el protagonismo del momento. El chico esbozó una sonrisa de lo más pícara en su rostro al escuchar su pregunta, mirándola a aquella tan corta distancia en dónde pudo apreciar que incluso con la frente sudorosa y aquellos mechones despeinados, seguía siendo la chica más sensual que había visto en mucho tiempo.

-Es la única manera de vencer a la tentación…-Contestó, con una mirada tan brillante fruto de todas esas hormonas que ahora mismo su cuerpo soltaba como si sobraran en su interior.

Bajó lentamente por su cuerpo, pasando su mano por esa línea tan sumamente sugerente que delimitaba el centro de una mujer, por su garganta, su escote y su vientre... Se quedó entre sus piernas, de pie, en dónde se bajó los bóxer, prenda que en aquellos momentos no podía resultar más apretada e innecesaria. Se agachó rápidamente y cogió del bolsillo de su pantalón aquello con lo que evitarían comerse la cabeza después y con lo que, evidentemente, podrían continuar aquello. Suponía que ninguna chica continuaría con aquel acto de no tener un preservativo al alcance. Era un hombre y siempre iba preparado. Las mujeres llevaban sus mierdas para la menstruación, los hombres siempre llevaban preservativos. Y eso era así.

Volvió a subirse a la cama, colocándose con una rodilla entre sus piernas y con otra a un lateral. Cogió una de sus manos con la de él y tiró de ella para sentarla en un exigente gesto, para elevarla hasta quedar de rodillas, justo en frente de Axel. Con el cuerpo sumamente pegado, con el sexo de ambos rozándose. Los labios de Axel buscaron su cuello, hasta quedarse a escasos centímetros de sus labios.

-¿Te acuerdas cuando te dije que para mí eras una tigresa?-Susurró, dejando una pausa.-Demuéstrame lo único que me falta para saber que no me equivoqué… lo salvaje que puedes llegar a ser...-Para cuando terminó de hablar, ya se había colocado aquello tan incómodo pero necesario en su sexo. Axel poseía sobre todo lo que aparentaba ser un semblante serio y tranquilo; un alumno que en ocasiones incluso podía parecer tontito de lo pasivo que era. Y es que era cierto, la tranquilidad era una de sus muchas virtudes... Pero no en todas las situaciones. En ocasiones como aquellas, a él le gustaba jugar duro. O más bien, que jugaran duro con él.

El chico se dejó caer hacia atrás, sentándose y atrayendo a la chica hacia él por la parte baja de su espalda, sentándola sobre su regazo en un duro gesto de imposición. Quería que fuera ella y quería ver su cara. Era un chico al que le gustaba arrancarle gritos y, por qué no... alguna que otra palabra sucia . Le gustaba que se despojara de todo prejuicio y fuera quien deseara ser todo el tiempo. Quería ver cómo la lujuria y la pasión la desgarraba y que su piel ardiera en éxtasis. Quería verlo todo, por lo que en aquella posición y con sus sexos rozándose como si de dos seres sedientos se tratara, miró a O. con la sonrisa más sugerente y traviesa del mundo.

-Sucumbe.-Y una vez le dijo que sería ella quién sucumbiría. Aunque no le importaría lo más mínimo ser siempre él quién lo hiciera.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Lun Sep 29, 2014 12:15 am

La tentación había llegado demasiado lejos. Ese pequeño juego que comenzó una tarde ya lejana estaba llegando a su punto más álgido, donde el deseo carnal era el regente de todo movimiento y sensación. Sentir sus manos recorriendo cada parte de mi cuerpo, sus labios saboreando mi piel, jugueteando con los puntos más sensibles de mi cuerpo. Las palabras habían quedado ya atrás, sólo se hablaba un lenguaje y ese era el de las caricias. Había logrado tentarme demasiado, estaba a punto de sucumbir a sus encantos.  Mi cuerpo se estremecía ante él, cada poro de mi piel pedía, reclamaba, sentirlo y exhalaba hormonas.

Observar su rostro tan cerca del mío estaba siendo una de las imágenes más sensuales que había podido contemplar en un tiempo. En su rostro me había fijado muchas veces, pero nunca había estado tan cargado de atracción como ahora.  Me resultaba inconcebible la idea de no sentir de este modo su cuerpo contra el mío,  como si una fuerza invisible me obligara a contemplarlo, a palparlo y besarle. Inexplicable es el modo de definirlo.

Tomar las riendas me pareció una buena idea a medias, no recuerdo haber disfrutado tanto antes siendo sumisa. Con sumisa me refiero a dejarme llevar por él. Y aunque deseara que sucumbiéramos a la tentación, sentir el lento recorrido de su mano por la línea central de mi cuerpo me estremeció una vez más, sintiendo esa pequeña corriente bajo la presión de sus dedos.  Me quedé observándolo mientras se levantaba y comenzaba a desprenderse de esos bóxers tan molestos en aquellos momentos. Por mi parte, alcé mis piernas y me quité las braguitas, tirándolas hacia el lado contrario de la cama. Dos cuerpos desnudos el  uno frente al otro sin nada que ocultar, deseosos de unirse.

Deleitaba mi vista con su cuerpo, hace poco se quejaba por no estar igualados, por haber visto su torso desnudo y él no haber visto nada.  Admito que el cuerpo de un hombre desnudo no suele resultarme atractivo, mas en esta ocasión ese hecho pasaba por alto. Sólo quería poseerlo, hacerlo mío por primera vez. Nuestras manos volvían a entrelazarse, esta vez en una clara petición. Fui irguiéndome lentamente, hasta ponerme de rodillas frente a él. Mi mano libre se colocó en su espalda, en una especie de abrazo cuyo fin era mantener nuestros cuerpos unidos. Su sexo rozaba mi entrepierna, dejando claro lo que vendría después.  Incliné levemente la cabeza hacia atrás, dejando vía libre a sus labios.

Recordaba ese momento, la comparativa de mi ser con un tigre blanco. Sus elogios de aquel día habían hecho mella en mí, aunque no lo reconocería. Me replanteé por un segundo si responder lo primero que vino a mi mente. Que sería algo como “¿quieres que me transforme ahora en una tigresa?” Pero acallé esa vocecilla interior, pues fue su percepción y no había logrado nada en mis intentos de animagia. Una sonrisa traviesa se apoderó de mi rostro, la mirada transmitía complicidad y algo de lujuria. Me estaba invitando a tomar las riendas, tener el control absoluto y no controlarme en ningún momento. Dejar volar mi imaginación y tenerle bajo mi voluntad.
Sentada sobre su regazo era más notable la excitación de ambos. Llevé mis manos a sus hombros, deslizándolas por sus brazos y volviendo a subir por ellos hasta acariciar sus mejillas. ¿Sucumbir? No iba a negarme a seguir mis impulsos en este momento, y mucho menos rechazaría esta oportunidad, aunque ello significara reconocer que podía hacerme sucumbir. ¿A quién le importa su orgullo cuando tiene a alguien desnudo en la cama?

Elevé unos centímetros mi cuerpo, quedando levemente más alta que él. Con las manos aún en sus mejillas uní mis labios con los suyos, con pasión y desenfreno. Durante unos segundos mis labios se entrelazaron con los suyos, mordiendo al final su labio inferior, con cierta presión pero sin hacerle más daño que la impresión del momento. Me retiré de su regazo, colocándome a su lado. Bajé mi mano derecha desde su rostro, lentamente por su torso, hasta llegar a su miembro. Lo acaricié lentamente, presionando con suavidad un par de veces. Recorrí una vez más su torso, al llegar a su pecho lo empujé con fuerza, obligándole a quedar tendido bocarriba.  

Pasé una pierna por encima de su cuerpo, volviendo a sentarme sobre su vientre, como unos minutos antes. Sólo que en esta ocasión había una clara diferencia. Sujeté sus manos, haciéndoles de guía por mi cuerpo hasta llegar a mi cintura, sugiriéndole con la mirada que las dejara ahí un rato. Me levanté de nuevo, quedando de rodillas sobre él. Sujeté su miembro mientras volvía a sentarme sobre él. Introduciendo suavemente su sexo en mí. Un pequeño gemido brotó de mis labios una vez estuvo dentro. Lo miré con misterio y una sonrisa ladeada. Moviendo levemente la cadera en círculos. Apoyé mis manos sobre su pecho mientras movía la pelvis en un movimiento ascendente y descendente, aumentando el ritmo progresivamente.  Contrayendo los músculos de mi sexo  de vez en cuando, para que su placer aumentara a la vez que el mío.

- ¡Levanta! – dije entre jadeos, mi voz sonó exigente, aunque fui condescendiente y cesé en mi movimiento. Tiré de sus brazos hacia mí, tirando así de su cuerpo y volviendo a estar él sentado. Era sin duda una de las posturas que más placer podían dar a una mujer.
 
O. Winslow
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Axel S. Crowley el Miér Oct 01, 2014 1:02 am

En aquel preciso momento, junto a aquella perfecta chica, Axel tenía claro que era totalmente incapaz de pelear contra todos los sentimientos y sensaciones que se le estaban echando encima. Era una mezcla de emociones que creaban una síntesis de pura pasión. Todo su cuerpo reaccionaba ante la simple mirada de la chica; un roce, o un beso. Su corazón parecía desbocado o a punto de estallar, pues que él recordara, hacía mucho tiempo que no lo notaba de esa manera: de una manera que parece que ocupa el ochenta por ciento de todo tu interior, pues lo sentía retumbar por todos lados.

A pesar de estar en el momento perfecto, su respiración se había vuelto entrecortada; no estaba cansado, pero sin duda prefería usar su boca para otra cosa que para respirar. Su cuerpo, totalmente desnudo, brillaba con pequeñas gotas de sudor que, en su opinión, podría evaporizarla del calor que sentía en aquellos momentos. Ardía, en todos los sentidos. La chica no tardó en colocarse sobre él y tomar las riendas de la situación, haciendo que su espalda se posara directamente contra el colchón de su cama. Desde allí, Axel dejó guiar sus manos, mordiéndose el labio inferior ante la increíble visión que tenía desde aquella posición. Una visión que no iba a olvidar en mucho tiempo. O. era una de esas chicas que sin duda podrían pecar de narcicismo, pues, vulgarmente hablando, estaba buenísima. No sólo ese rostro, rezumante de picardía y travesura; un rostro que si quiere, puede aparentar ser una chica buena. Lo tenía todo, incluso aquel cuerpo que en caricias podías dibujar un mapa con sus sensuales curvas, pues eran muy difíciles de olvidar. Su piel era suave como la seda y… bueno, teniendo en cuenta las hormonas que debían de estar saliendo de ambos, era imposible no verla más atractiva que nunca.

Con el control bajo sus manos, se apoderó totalmente del placer de ambos. Los dedos de Axel hicieron presión sobre su piel al sentir la satisfacción ante la llegada de lo mejor. Apretó la mandíbula ante aquel regocijo de sensaciones y miró a la chica, escuchando su exigente sentencia. No iba a negarlo, subir por sí solo podría ser el abdominal más duro de toda su vida, pero la chica cesó en sus movimientos y tiró de él, hasta volver a dejar ambos pechos pegados.

Las manos del chico rodearon a la Slytherin, una por la cintura y otra le sujetó la nuca, atrayéndola hacia él para besar sus labios con frenesí; un beso que, más que un beso, podía creerse una lucha. Los dientes del chico apresaron el labio inferior de la chica y la miró con lascivia, atrayéndola por la cintura para que los movimientos se produjeran todavía más cerca de él: más intensos y fuertes. Aquel va y viene comenzó con la mirada de ambos en contacto en una misma línea, pero el chico fue el primero en apartarla a pesar de haber estado perdida en ella, besando su barbilla para elevarla y bajar por su cuello, besándolo y mordiéndolo sin hacerle daño. O esa era su intención. Posiblemente le hubiera dejado una marca (de esas que duran, sí, esas tan odiosas cuando tienes que ir a clase y están ahí, ea) pero en aquel momento Axel  ni se percató de ello, dejándose llevar por el éxtasis del momento. Cogió aire, respirando en el aroma de su cuello como si fuera lo único para llenar sus pulmones.

Aquella posición podría ser placentera para la mujer, pero sin duda para el hombre era lo más incómodo que podía existir sin un punto de apoyo. Era placentero sin límites, pero terminaba por cansarse aun siendo él el que no se tiene que mover. Si O. realmente era de las llevar el control, tendría que luchar por él, ya que Axel se lo iba a poner muy difícil, pues sin duda le había gustado eso de ver a O. disfrutando bajo él. Aprovechando un momento de pequeña pausa, el Ravenclaw sujetó por la parte baja de su cintura a la chica, acostándola hacia atrás para él quedarse justo encima, entre sus piernas y sin apenas haberse separado. Flexionó una de sus piernas por comodidad y buscó su mano, agarrándola fuertemente antes de inclinarse sobre ella y mover su cintura en un movimiento lento pero intenso, fijándose en cada una de sus facciones. Soltó un leve gruñido al contenerse.  Los primeros movimientos fueron lentos, no por otro motivo que para desesperar a la chica, motivo por el cual le sonrió con travesura. Pero no tardó en moverse rápidamente en acometidas acentuadas, una tras otra, mientras su mano tenía presa a la de ella y la otra la utilizaba como punto de apoyo. Sus cuerpos estaban muy pegados y sus rostros a escasos centímetros… Sus labios intentaron buscar los de ella, pero no los besó, debido a que se dio cuenta de que su respiración estaba exageradamente acelerada, motivo que no fue suficiente como para no acelerar aquel movimiento que estaba transportando a su cuerpo a otro lugar.
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O. Winslow el Dom Oct 12, 2014 2:19 am

Nada podía propiciarme mayor placer en ese momento que tenerlo bajo mi control, llevando yo las riendas de ese desenfreno que llevaba días deseando. Si en un principio Axel podría parecer un chico del montón, ahora mismo era el hombre más sensual y atractivo que podías tener en frente. Su cuerpo desnudo y sudoroso bajo mis manos. Notar su suave piel, el movimiento de su pecho al respirar. Ese gesto tan sensual que me reprochaba día sí día también por hacerlo. Sin duda alguna, no podía estar en mejor compañía en ese momento.

Nuestros cuerpos se unían en una armonía sin fin. Sus manos rodeaban mi torso, mientras nuestros labios se unían en una apasionada lucha. Mi cuerpo subía y bajaba rozando el suyo, en un derroche de pasión y erotismo. Era uno de esos momentos en que te sientes completamente viva. Piel contra piel, puro tacto. El sudor estaba cada vez más presente, dejando claro la irradiación de hormonas que nuestros cuerpos profesaban.  ¿Quién pudiera esperarse tanta pasión de un empollón?  Me había sorprendido más de lo que me gustaría admitir. Sentada sobre él no podía resistirme a rodear su torso con mis manos, por debajo de sus brazos y aferrando mis dedos contra su espalda. Clavando una vez más las uñas contra su piel. De mis labios brotaban suaves jadeos y gemidos, dejando latente el placer que sentía en esos momentos, la excitación que recorría mi cuerpo no sólo ante sus suaves y pequeños mordiscos en mi cuello.

De nuevo mi espalda en contacto con el colchón. Me gustaba el control, mas me dejaba llevar por él. Para qué negarlo, en situaciones como ésta lo importante era disfrutar, no mandar. Flexioné mis piernas alrededor de su espalda, apresándolo suavemente contra mí. Mientras mi mano libre jugueteaba con su cabello. La respiración entrecortada de ambos no dejaba ya paso a apasionados besos. Sólo aire salía de nuestros labios, jadeos por mi parte al notar su pelvis chocar con la mía. Oleadas de dulce placer recorrían mi cuerpo sin parar. – Sé…más…duro. – pedí entrecortadamente. Acaricié su mejilla suavemente y uní mis labios con los suyos unos segundos. Un apunte de vehemencia para animarle a continuar con ese vaivén que estremecía mi cuerpo a cada embestida.  Presionando mis pies contra su trasero hacia arriba. Estaba disfrutando el momento, quizás disfrutaría más si tuviera la pequeña tira de cuero que guardaba en la mesilla, o si lo tuviera atado a la cama, siendo por completo víctima de mis deseos.  El movimiento de Axel fue aumentando, a la vez que aumentaba el gozo.

Gozo que recorría incesantemente mi cuerpo. Mi respiración cada vez era más entrecortada, mis instintos más básicos rezumaban a través de mi piel. Piel que se encontraba erizada, a la vez que mi rostro se contraía en un gesto de placer, mordiéndome el labio inferior sin cesar. Por un instante pensé en volver a colocarme sobre él, mas mis cuerpo solo quería continuar sintiendo el roce del suyo, terminar de rendirse ante sus deseos.  Oleadas de placer eléctrico recorrían mi cuerpo empezando desde la vagina, sentía como mis fluidos le empapaban y como resbalaban saliendo de vagina con el vaivén. Sentí deseo en cada poro, cada segundo. Me sentí desmayar cuando uno tras otro los orgasmos se agolpaban en mi vientre, nunca había tenido aquella sensación.  O al menos no en los últimos meses.  Algo estaba claro, y es que el momento del climax estaba a punto de llegar para mí, pues mi cuerpo se encontraba en una tensión absoluta. Estremeciéndose con el más mínimo roce, el más leve contacto de su piel con la mía. Clavada mi mirada en la suya se podía ver en ella el placer que amenazaba con relajar mi cuerpo por completo, quedando a su completa merced que llegara o no al momento más ansiado.
O. Winslow
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Axel S. Crowley el Miér Oct 15, 2014 11:42 am

Sin duda alguna, Axel podría volverse adicto aquello. Ambos estaban allí por aquella droga y el chico no podía creerse todo el tiempo que había estado sin sexo. ¿Cuánto hacía ya? Era hombre, para él cualquier encuentro en relación con el sexo era bastante gratificante, pero en esta ocasión había algo diferente, había una chica que realmente le importaba. Una chica que tenía en frente y, al contrario que las anteriores (no muchas, la verdad), no le importaba mucho si estaban disfrutando o no. ¿Qué le importaba a él? ¿Un chico que realmente sólo se preocupaba por sí mismo? En esta ocasión no era igual. No sólo le satisfacía sentir a O. debajo de él con el cuerpo sudoroso y las pulsaciones aceleradas, sino que todo lo que hacía era consecuencia de que ella lo estaba pasando tan bien como él, suficiente como para que aquello fuera a mejor en cada momento. No sólo pudo sentir cómo su cuerpo se encargaba de enseñarle lo húmeda que estaba, sino que esos gemidos, esos quejidos fruto de cada embestida de Ravenclaw, eran como pura dinamita.

El cuerpo de Axel estaba cansado y se notaba en la respiración entrecortada que poseía, tanto por el esfuerzo físico como por el tormento de sensaciones que se le estaban agolpando en el interior y le estaban agobiando hasta el punto de querer estallar por todo su cuerpo. Quería ser suficiente para ella, no una decepción que contar a sus amigas por su mala experiencia. Después de aquello esperaba repetir y nadie quiere repetir una mala experiencia.  Axel era un hombre, podía terminar cuando quisiera, siempre y cuando no llegase a su límite, por lo que lo único que quería era no llegar al límite hasta que ella hubiera llegado al suyo.

Le pidió ser más duro, dándole un respiro en base a un pequeño beso, dónde el vaivén se volvió lento y dulce. Momento el cual Axel aprovechó para tranquilizarse y ordenar sus ideas. Es decir, momento en dónde pensó en algo totalmente ajeno a la increíble chica que tenía delante si no quería irse antes de lo previsto. Se separó de sus labios y sujetó una de sus manos con las de él, subiéndola por encima de ella para que no pudiera moverla, admirando su sudoroso cuerpo que en aquellos momentos era irresistible.

-Lo que sea para complacerte...-Consiguió decir, con una pícara sonrisa en el rostro.

La mano izquierda –la que tenía libre- se coló por debajo del muslo de la chica, elevando su pierna  para flexionarla todavía más, de manera que la posición de Axel fuera perfecta para ser todo lo duro que ella quisiera. El torso de Axel se había separado del de la chica un poco, debido a la posición que volvía a tener. Sin apartarse de ella, volvió a comenzar con el vaivén que tenía antes, aumentando el ritmo hasta que se convirtió en un no parar. El lugar se había resumido a jadeos por parte de ambos, siendo interrumpidos por el choque de ambos y los gemidos que salían de la boca de la chica.

Riadas de pequeñas descargas eléctricas emanaban desde lo más profundo de él, recorriéndole cada una de las terminaciones nerviosas más placenteras. Sentía incluso debilidad ante aquellas sensaciones, como si en el momento menos pensado aquello se desbordara totalmente. En cierta ocasión, dejó de ir tan rápido al ver el rostro rebosante de placer de la chica. Fue sólo un poco más lento, pero dándole realmente duro como ella quería. Fueron embestidas largas y profundas. Axel se mordió el labio inferior sin soltar ni su muslo ni aquella mano que inconscientemente hacía fuerza para soportar todo aquel cúmulo interior de sensaciones a punto de precipitar. El chico no la soltó, ni cesó con el movimiento. Una y otra vez, intentando llegar a lo más hondo de la chica.

-¿Aún… quieres más?-Preguntó apenas sin aliento.

Si quería más, iba a tener más. El chico estaba exhausto, pero la adrenalina que tenía ahora mismo encima era suficiente como para darle a aquella chica todo lo que quisiera. Aunque por la necesidad, su respiración y sus gemidos, esperaba que estuviera al llegar, porque sin duda él, en aquellos momentos, sólo quería una cosa. Aunque estaba intentando darlo todo para llegar junto o por lo menos después que ella.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Jue Oct 16, 2014 12:19 pm

El egoísmo era parte de mí ser, y en esta ocasión no podía ser de otro modo. Quería tener a Axel para mí durante mucho tiempo. Exclusivamente, la más pequeña idea de que pudiera besar o estar en una situación como la actual con otra mujer encendía un fuego en mi interior que solo parecía poder librarse a base de maldiciones y dolor. Otro de mis grandes placeres, más no me imaginaba compartiéndolos. No de ese modo. El llevar tanto tiempo esperando este momento, el juego que se había alargado durante meses traía consigo el gran deseo de poseerlo una y otra vez. Disfrutar de sus suaves labios y sus delicadas caricias eternamente. Una cualidad bien oculta del cuervo hacerme sentir así.

Si por mi fuera esto no terminaría nunca. Su cuerpo en contacto con el mío, en un continuo vaivén de sensaciones. Sí, sensaciones, pues a cada embestida mi cuerpo era sacudido por una estimulante corriente. Mis terminaciones nerviosas estaban al borde del colapso, todo mi cuerpo se encontraba en tensión, a la espera de cada movimiento. Cada roce, cada mirada se volvían más y más sensuales. Si fuera un volcán estaría desprendiendo los gases previos al momento álgido. Quería más, quería que fuera más duro, que demostrara en  la cama ser más que un aparente buen chico con una bella sonrisa.

El suave roce de su mano sobre mi muslo fue más intenso que las caricias de un principio, algo normal dada la cantidad de hormonas que amenazaban por salir de mi cuerpo. Aunque lo mejor vino a continuación. La primera penetración de un una tanta en la cual todo iba con un fin, proporcionarme lo que le había pedido. Un gesto galante en un momento donde los instintos primarios guiaban nuestros cuerpos. Puede que no hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez que disfruté de este acto tan primerio, sin embargo estaba rompiendo todas las expectativas que podía albergar, repetidas veces lo había comentado ya, pero me había sorprendido como nunca hubiera pensado. El rasgo que más me atraía de él, su capacidad de hacerme comer mis palabras.

Placer. Sensualidad. Eran las dos cualidades que rezumaba la habitación. Dos cuerpos entrelazados intentando fundirse el uno con el otro. Desprendiendo calor a borbotones, podrían estar en medio de la nieve que no sentiría frio en ese momento.  Lo único que sentía era deseo, placer, éxtasis. Sus jadeos, su respiración profunda, ese sutil gesto que los describía todo. Lo miraba en todo momento, apretando la mano entrelazada a la suya con cada embestida. Las cuales eran cada vez más largas y profundas. El abdomen se me contraía en cada movimiento, mi cuerpo no podía encontrarse en mayor tensión. Una tensión antesala de ese momento de relajación nerviosa que se apoderaría de todo mí ser.

Un nuevo compas, más lento y pausado pero sin dejar de perder la dureza que pedía. Suaves gemidos seguían surgiendo de mi interior, sin dejar de contemplar su expresivo rostro. Sin lugar a dudas, en ese momento era un joven adonis que disfrutaba del momento tanto o más que yo. Sonreí pícaramente a su pregunta, llevando mi mano libre de nuevo a su rostro, acariciándolo tiernamente.  – Claro que quiero más. – respondí con lentitud.  Aunque no tenía por qué ser precisamente ahora, mi cuerpo me estaba gritando que poco faltaba para llegar al clímax. Apreté con fuerza su mano, un profundo gemido cargado de placer escapó de mis labios, a la vez que mi cuerpo se relajaba por completo. Acompañado de esa sensación similar a flotar en una nube. Mi cuerpo se rindió sin ser consciente de si él había alcanzado o no ese punto de máxima inflexión.  
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Axel S. Crowley el Vie Oct 17, 2014 11:40 am

Y llegó el momento. El chico no esperaba su límite, no, tampoco esperaba el momento en dónde decidiera por comodidad terminar su parte de aquel placentero acto que era cosa de dos. Él estaba esperando el momento justo en dónde la chica terminase, pues sólo después de ese momento, un hombre es cuando debería terminar. Y diréis… pues bien que aguantó Axel para ser un chico bastante poco experimentado… De hecho, ahí dónde veían al chico, estaba fatal. Iba a explotar de un momento a otro, pero sin duda era cierto eso de que si “sin riesgos” no hay diversión. De nada le hubiera servido parar cuando su cuerpo dijo: “pues yo ya estoy satisfecho”.

Por ese motivo, el pobre estaba más sudoroso que nunca, posiblemente hubiera quemado más calorías que en toda su vida y estaba tremendamente exhausto. Tenía la respiración no solo acelerada, sino incluso acelerada entre jadeos bastante silenciosos. De vez en cuando soltaba algún que otro gruñido, procedente de lo más profundo de él por culpa de un pinchazo de placer.

Pero sin dejarse desear, el momento llegó. El gemido de la chica fue el signo más revelador, el más sensual que fue como una dulce melodía para sus oídos, pero pudo notar su tensión liberada tanto por cómo le apretó la mano como por los músculos de su sexo tras la explosión de placer. Aquella sensación fue suficiente como para que Axel se relajase completamente y terminase después de ella por apenas unos segundos. Gruñó  tras dejar caer la cabeza hacia adelante, cerrando los ojos fuertemente como si su cabeza ahora mismo fuese a estallarle en mil pedazos del agolpe de tantas sensaciones. Era como si su cuerpo sólo se hubiera centrado en el placer más animal hasta perder la cabeza. Como si su mente se hubiera transportado al éxtasis más ancestral. En ese momento, sólo queda un organismo en paz en el que no cabe nada más, unas mejillas sonrosadas y una mente que vuela más allá de las nubes.

Por inercia y pura atracción, Axel no había parado de golpe, sino lentamente fue yendo más lento, cogiendo todo el aire perdido. Alzó levemente su cabeza, captando la mirada de la chica con sus ojos y soltándole la mano para volver a una posición más cómoda para ambos. Apartó con esa misma mano un mechón que caía por su frente sudorosa.

-Te preguntaría que qué tal, pero me han recomendado que nunca le haga esa pregunta a una chica después del sexo.-Bromeó el Ravenclaw, aun con la respiración algo anormal, pero sin duda mucho más tranquilo.

Separó sus sexos y bajó lo suficiente como para mirar que todo estaba en orden. Es decir, que seguía bien puesto y que todo debía estar en su sitio. ¿Os imagináis que Axel deja embarazada a O.? Primero la Slytherin le castraría lenta y dolorosamente y luego toda la familia se encargaría de torturar independientemente cada parte de su cuerpo. No, definitivamente no entraba en sus planes ser padre con diecisiete años, por lo que tenía muy clara la responsabilidad respecto a ese tema. Sobre todo por ahora, que no había hechizo del día después. Se quitó el preservativo y le hizo un nudo, dejándolo a un lado de la cama (en el suelo, obviamente).

Luego, volvió a subir por su cuerpo, mordiendo juguetonamente el plano vientre de la chica hasta subir y dejar el rostro a la altura de su pecho, para mirarla con facilidad, aunque inevitablemente la mirada se le iba en muchas ocasiones a admirar aquel cuerpo.

-Aunque si a alguien no le gusta, normalmente no pide más…-Se mordió el labio inferior y sonrió.-Sin duda deberías ser una tigresa si practicas la animagia...-Dejó caer en un murmullo, sobre ella y apoyándose sobre la cama en cada lateral con los codos para no aprisionarla. Aunque creía mejor idea ponerse a un lado, pero ahora mismo estaba realmente cómodo.
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