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Ryan Goldstein el Mar Sep 03, 2019 1:11 pm




Se la volvió a encontrar haciendo fila en un puesto de comida en medio de aquel clima de festival, y se sorprendió a sí mismo con lo rápido que la novia de Dexter llamó su atención, entre tantos rostros, bullicio, y la confusión habitual en la que te sumerge el gentío, sumado a la música de fondo. En cuanto a él, se había detenido sólo por el aperitivo y no esperó encontrarse con la mujer enérgica, risueña y apasionada que recordaba de lo que había sido una noche cualquiera, pero agradable. 

Lo había comprado la ocurrencia, esas ideas que te asaltan al pasar, de hacer un alto que le quedaba de camino, por y para sí mismo, dedicándose el tiempo de calidad que sólo consigues cuando te das cuenta de que no hay destino que valga la pena si sólo andas con prisa, aunque sólo se tratara de detenerse a por un taco. Los cinco minutos que se regalaba a modo de indulgencia personal —un hábito del que era culpable— planeó de disfrutarlos desde un banco en la plaza con vista al escenario, éste rodeado por una moderada muchedumbre.
 
No había contado con la compañía, pero ésta le complacía lo mismo que el taco, ese que devoraba con la parsimonia del que se propone saborear la comida y no sólo se atraganta. La serenidad, tan suya en sus maneras y un rasgo a través del que se expresaba relajado y sin preocupaciones, era la serenidad de un hombre echado al sol de la tarde, reclinado y conforme, que se sonríe con el entusiasmo libre y ruidoso de la tribuna que festejaba allá delante a la banda de turno. Daba la impresión de ser un hombre de placeres sencillos, que se recrea en la contemplación, pero piensa para sí mismo, piensa para sí mismo sin que nadie pueda saber jamás qué…, excepto Z. 

—… y me invitaba a los recitales, y yo iba y miraba. Lo miraba a él, por supuesto, y al público. Solía tocar, como pasa aquí ahora, con otras bandas de aficionados, así que tú eras capaz de ver la reacción del público de acuerdo al cantante, y cambiaba bastante. No es fácil captar toda esa atención cuando no conoces a tu público, pero si se sobrepasa la incomodidad del momento, puede funcionar… Mi ex era un completo narcisista, ¿ok?—añadió, en un rápida confesión que explicó—: Sí, de verdad que tenía una fijación con exagerarlo todo sobre su propia persona, incluso aunque fuera mentira, y yo puedo decirlo, porque salí con él, y porque admito, me gustaba de todas maneras, pero al caso; a él de verdad que le encantaba lucirse en el escenario. Tenía toda una teoría al respecto del performance, siempre hablaba de ello. Tú sabes, la presencia y la actuación, concuerdo, de verdad hacen del momento algo único, le da personalidad a tu presentación. Y desde el público, bueno, desde el público, ellos están bien atentos a todo lo que pasa allá arriba, y es mucho más que música alta lo que se transmite del escenario a la tribuna. Así que, un cantante tiene que adueñarse de su propio espacio, pero él lo llevaba un poco al extremo. No sólo porque exagerara su violencia al poner toda su energía en el escenario, con todos esos movimientos de rockstar... Sino que siempre rompía algo al final de cada recital, o se iba lanzando el micrófono, dejando a su paso un destrozo como si por allí hubiera arrasado un huracán… Bueno, él siempre fue de esa manera, incluso en nuestra relación… No creo que yo haya sido bueno para él, de todas maneras… Pero el
punto es, que lo que hagas en el escenario, que genere una conexión. 


Si había tocado al tema había sido después de la subida al escenario de un músico joven que difícilmente se abría paso con su música en un ambiente en el que no era conocido, y para un público de gustos disparejos. Sin tratarse de un público desagradecido, se había establecido entre cantante y audiencia una cierta distancia. El músico tocaba su guitarra sentado en una silla, habiendo entablado el mínimo de conversación al presentarse, y aunque el instrumento sonaba técnicamente precioso, había algo que faltaba, ya fuera en la potencia de su voz, ya fuera en su carisma. Se comenzó a animar cuando desde el público sonaron las palmas, y hubo un cambio.





Última edición por Ryan Goldstein el Jue Sep 05, 2019 12:09 pm, editado 4 veces
Ryan Goldstein
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Miér Sep 04, 2019 3:28 am

Estar allí, aquel día, había sido fruto de algo totalmente genuino y aleatorio. Era el último fin de semana de agosto y ella no podía decir que no a nada que tuviera que ver con la música, por lo que cuando sus amigos la invitaron a ir a ver ese recital de música indie, no dudó en aceptar la proposición y unirse a ellos. Además, hacía muchísimo tiempo que no veía a sus amigos, por lo que era una buena excusa para reconectar con ellos. Desde que estaba con Dexter sentía que había dejado de lado un poco a sus amigos.

Evidentemente Dex no había ido porque, COMO SIEMPRE, estaba ocupado. Además, para tener a una novia que aspira a ser músico, no era lo que se decía un hombre demasiado apasionado de la música. Y eso, quieras que no, desmotivaba a Zeta.

Sin embargo, se encontró con una gran sorpresa en el festival, más concretamente en la cola para conseguir un taco: un Ryan Goldstein. Lo reconoció al llegar, aprovechando el momento de la gran sorpresa y la presentación para colarse con él y así saltarse a unas dos personas que estaban por detrás. Al final, habían terminado sentados en un banco, lo suficientemente lejos del escenario como para poder conversar tranquilamente sin que la música fuese una molestia, sino un acompañante.

Habían empezado hablando de que ojalá tocar en un escenario así, pero la conversación terminó desviándose a Ryan contando sobre su ex, el cual era cantante y tenía una presencia increíble en el escenario. No lo iba a negar: tal y como lo describía Ryan, daba ganas de presenciar uno de sus conciertos y embriagarse de su motivación.

—Jo tío, me dan ganas de ir a ver a tu ex sólo por cómo hablas de él. —Y no pudo evitar hacer la pregunta del millón. —¿Entiendo que si hablas tan bien de él es porque la cosa terminó bien, o eres de esos que aunque la cosa termine mal, te quedas con los buenos recuerdos? —Que habían personas que podían hacer eso, pero Zeta no era así. Si la cosa terminaba mal y ella salía perdiendo, demonizaba todo con tal de poder odiar con tal de sufrir menos. Así era la vida de los perdedores y en toda ruptura siempre hay un perdedor.

Sin embargo y entrando en materia experta: Zeta sabía cositas sobre eso de subirse a un escenario y esforzarse en intentar conectar con el público. Eso que decía de saber entender a tu público rápidamente para poder adaptar a él era algo SUPER IMPORTANTE pues si no te adaptas a él, él terminará desconectando y tu concierto pasará totalmente desapercibido.

Por suerte para la eslovena, había tenido muy buenas experiencias hacia la fecha conectando con su público, pero tenía la sensación de que era precisamente porque su público sabía lo que iba a ir a escuchar.

—Lo malo de este tipo de ambientes es que puede tocarte antes y después a cualquier tipo de grupo, por lo que si el público está motivado con un grupo de rock que te ha hecho desmelenarte y sudar, que luego venga un Ed Sheeran con su guitarra y su rollo tranquilito, hace que todo el mundo se venga un poco abajo. —Opinó Zeta, en relación al pobre hombre de guitarra que intentaba dar lo mejor de sí. —Que toca y canta genial, pero casi parece que no son las condiciones acertadas. Es una pena, eso debería ser responsabilidad de quién organiza esto.

Porque deberían de organizar los conciertos dependiendo de la intensidad. El tipo que estaba ahora debería de haber sido uno de los primeros, para animar desde lo acústico y dar la entrada a los más movidos. Ahora todo el mundo iría a tomarse algo fresco después de haberse pegado tanto tiempo saltando, tomándose al pobre Ed Sheeran no pelirrojo como un descanso.

—Yo creo que conecto bien con mi público… —Le dio un codazo, mirando el final de su taco, el cual no le apetecía. —Le diré a Dexter que te invite un día a uno de mis conciertos y así también mi analizas a mí, ¿qué te parece? Te dejo compararme con tu ex.
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Ryan Goldstein el Jue Sep 05, 2019 12:06 pm





Ni que le hubiera cambiado de tema, pero cuando escuchó el comentario de Z sobre su ex, Ryan se frenó en seco con la boca a punto de una mordida. Era un hombre desconcertado. Se tomó con evidente humor que con su tono campante, Z le hiciera ver la forma en que hablaba de su ex, o para el caso, que lo nombraba. Meditó la pregunta con una sonrisa, considerándola curiosa.

—¿Y cuál eres tú?—
Su intriga sonó genuina, y algo socarrona. No esperó una respuesta, sino que inmediatamente luego, añadió—: No sé, supongo—movió pensativamente la cabeza, y continuó—: … Que hubo cosas malas y cosas buenas. No lo pienso mucho, la verdad. Simplemente me vino a la mente, porque si tengo que pensar en alguien que he visto en el escenario, ese es él… Así que, ¿cuál eres tú?—inquirió, entornando los ojos como quien siente una leve sospecha. La observaba con una fingida seriedad, que era pura comicidad—. Se me hace gracioso—explicó, en confesión— que lo que te llame la atención es que hable bien de mi ex, ¿por qué será eso?

La realidad era que Ryan nunca había sido emocional con las rupturas. Había en él un estoicismo de carácter en lo que a las relaciones concernía, y según otras bocas, se recuperaba fácil del corazón. No sabía lo que era reservar un helado en el frisser para comer en piyama frente a la pantalla de la televisión como remedio para los corazones rotos, ni obsesionarse con la idea de “¿Cómo le estará yendo…?”, nada por el estilo. Pero no sabía exactamente dónde lo colocaba eso, en qué categoría. Según su ex, era un insensible.  

La observación de Z sobre la organización del evento fue algo con lo que Ryan se mostró de acuerdo, y asintió a medida que ella expuso su punto. Se dijo que quizá no lo hubieran pensado de tal manera, lo cual, le había jugado en contra al músico sobre la tarima, sin que el clima general hubiera decaído porque era, después de todo, una tribuna con ganas de entretenerse.

—Debieron consultarlo contigo—opinó, condescendiente—. Pero, ¿cuánto puedes predecir la reacción de un público tan variopinto? Mira—la instó a observar la tribuna, señalando con disimulo—, hay familias, jóvenes, paseantes casuales…

Estaban en una plaza, y había paseantes que, como él, se habían detenido por curiosidad, al pasar por allí y sin planear colarse en un evento al aire libre. La tribuna se había conformado en la espontaneidad del momento, desde que instalaron el escenario. Había entre los concurrentes tanto seguidores de una banda o un estilo, como enchufados casuales que iban y venían, sumándose al trajín de la novedad.

Z le llamó la atención de un codazo.

Intentó imaginársela en un escenario, y le creyó sin cuestionárselo. Al mencionar a Dexter, se preguntó por su amigo. Lo había visto, pero no habían tenido la oportunidad de ponerse al día. Desde el ataque de los radicales, la comunidad mágica londinense se había cerrado todavía más en sí mismo, por el miedo y frente a las nuevas y únicas medidas de las que un gobierno del terror y el odio era capaz. La paranoia de los mortífagos había llevado a extremar las medidas de seguridad en la Orden. Supo sin preguntar que seguramente Dexter no había tenido tiempo para su novia, y lo que es peor, que no habría podido explicárselo.

Rió ante la ocurrencia de Z, algo que no se vio venir, y un poco se avergonzó.

Ahora creo que te parezco de esas personas que no pueden remediar hablar de sus exes, como si tuvieran una obsesión… —Se sonrió con ganas—. Que no, o eso espero.

Acabándose su taco, hizo una bola de la servilleta y estiró el brazo para arrojarla de un preciso lanzamiento al tacho de basura, a un lado del banco. Se acomodó entonces con los codos hacia atrás y apoyados en el respaldo, abiertamente cómodo. Se cruzaba de piernas y alternaba la mirada entre Z y el escenario, interesado por qué vendría a continuación.

—No te compararía—
aseguró—. Y sí, me encantaría. De hecho, ¿recuerdas lo que me decías sobre esa app? Lo hice—se apuró a decir, contento consigo mismo— Bueno, Dexter lo hizo. Te tengo en mi móvil. Espera—Hurgó en sus pantalones, y el móvil apareció en su mano. Se lo mostró, como si fuera a compartirle las fotos que se tomó en el verano—. Ah, creo que esto es que no tiene batería, ¿no? Por aquí, no, por aquí… Aquí, aquí estás.

Su actitud lo decía todo, alto y claro, “¿Creías que no me iba a acordar? Pues mira”. Diez puntos para el caballero, y uno extra, por usar una app que no conocía de nada, porque esas eran las trabas de ser un mago que no se entendía con todos los aspectos de la vida interconectada de la sociedad nomaj. Lo que le mostraba era la lista de canciones de su reproductor.

—Hace poco me fui de viaje, y te escuché durante los tramos largos. Me hice fan de tu ukelele. Había una canción que… No recuerdo cuál es, pero que me pareció que era una linda letra. Tú las escribes, ¿verdad?—Regresó mentalmente a la imagen que se hacía de Z en el escenario, y se sintió inclinado a preguntar—: Siento mucha curiosidad, ¿cómo te sientes en un escenario?




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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Vie Sep 06, 2019 3:22 am

No sabía si creerse esa versión de Ryan que estaba viendo, en donde no se moja con la pregunta que le había hecho Zeta. Claramente en todas las relaciones habían cosas buenas y cosas malas, pero el punto tras romper con una persona era saber con cuáles te quedabas y, sobre todo, la posición en la que te quedabas tú. No pudo evitar encogerse de hombros cuando mencionó lo que le parecía gracioso, ladeando una sonrisa culpable.

Abrió la mano, mostrando los cinco dedos.

—Antes de Dexter tuve cinco relaciones y de cuatro fui la que salió perdiendo, así que no soy de ningún grupo de los que te dije, sino de uno nuevo: si salgo perdiendo, mi manera de superar la ruptura es pensando lo peor del otro. Es feo, lo sé. —Lo dijo un poco resignada, la verdad. —Pero como dice esa canción de Abba, el ganador se lo lleva todo. El perdedor tiene que sobrevivir con lo que puede. Pero… —Matizó ante de que pudiera decir nada. —Prefiero no hablar de ellos. No soy de las que va rajando todo lo posible.

Zeta no era como Ryan ni en lo más mínimo: vivía las relaciones muy apegadas a la otra persona, por lo que cuando le rompían el corazón, tendía a intentar apoyarse en otra persona rápidamente con tal de no superar la ruptura ella sola, pues no podía. Y lo más fácil para lidiar con todo eso era no echar de menos y, sobre todo, pensar que es lo mejor haciendo ver al otro como lo peor.

Sonrió falsamente altiva cuando le reconoció tener razón en su clara—y corta—experiencia como músico.

—Lo sé, deberían de haberme llamado para organizar y también para cantar en el escenario, ¿por qué no hacen caso a una experta? —Sonó divertida, golpeándose de manera suave el pie para fingir desagrado con respecto a los organizadores. —No puedes predecirla pero… al menos podrías tener en cuenta el grado de intensidad de las actuaciones para intentar equilibrar un poco la balanza y no ser injustos con algunos cantantes… —Y señaló con la mano abierta al pobre chico de la guitarra, que si bien lo estaba haciendo bien, no tenía un apoyo muy grande.

El comentario que hizo con respecto a la posible y futura comparación entre ella y el ex de Ryan era meramente anecdótica, pues justamente le había estado hablando de su ex en relación con su presencia en el escenario. Eso sí, la muggle no pudo evitar reír al ver su contestación.

—No es eso —dijo antes que nada, son una sonrisa. —Yo creo que es bonito que hables bien de tu ex. Me gusta admirar las cosas que yo no soy capaz de hacer. —Reconoció, bastante más divertida de lo esperado.

No supo identificar de qué APP estaba hablando, pero se acercó a él para ver mejor la pantalla de su móvil y su intento torpe de desbloquearlo. Debía de admitir que hasta le parecía gracioso, pues le recordó a un anciano en pleno uso de sus facultades tecnológicas. Sin embargo, cuando vio el icono de Spotify y la lista de su propio disco, abrió la boca y sus ojos se iluminaron. La verdad es que por dos cosas se le iluminó el rostro: que Dexter le hubiera pasado la lista de su música, pues siempre tenía la sensación de que no la apoyaba lo suficiente con esas cosas y, por otra parte, que Ryan lo hubiera escuchado.

Inevitablemente, una sonrisa tímida y orgullosa le surcó el rostro, sin apartar la mirada del rubio. Asintió varias veces.

—Sí, todas las he escrito yo —respondió, para añadir: —O sea, de base las he escrito yo, pero luego mi amigo y pianista de confianza siempre me ayudaba cuando alguna no me convencía del todo. —Y cuando le preguntó eso último, Zeta se mordió el labio inferior. —¡Grandiosa! Siempre me doy rabia, ¿sabes? Antes de subir al escenario siempre tengo… ese vértigo escénico en el que sabes que puede pasar cualquier cosa, desde que salga mal a hacer un ridículo espantoso, pero una vez pongo el pie encima es que me da tan igual lo que pase, que lo único que quiero es desgarrarme la vida ahí encima para dar lo mejor de mí —le confesó, con honestidad, pues pocas veces hablaba de ello. —En realidad si algún día me ves no quiero que me compares, eso suena feo. Simplemente como te vi hablar de tu ex como ejemplo de presencia en el escenario, si llego a sorprenderte un poquito es que tan mal no lo hago, ¿no?

El disco de Zeta era bastante conservador, con muchas canciones acústicas y tranquilas. Las pocas que no eran de ese estilo, tenían un toque electrónico muy suave y en ocasiones hasta sensual, pues no le gustaba hacer demasiadas mezclas ni que sonase abusivo. Sin embargo, pese a que su disco hubiese terminado así, a Zeta le encantaba experimentar con todo tipo de estilos y música y tenía maquetas de todo tipo de diferentes versiones.

—Dejé de trabajar con Dexter para enfocarme más en mi carrera, así que estoy consiguiendo más conciertos: ¿me da usted su teléfono para poder invitarle a uno de mis conciertos de más alta gama? —Habló elegante, como si fuera un popstar al nivel de Beyoncé. —No prometo encontrarle entrada. Soy una persona muy demandada. —Y mientras decía eso, arrugaba el ceño y negaba con la cabeza, pues evidentemente estaba de broma.

¡Ojalá llenase estadios como las grandes artistas! Ese, sin duda, sería su sueño más grande al que aspirar, que el cartel de Z-Kaeka fuese suficiente como para hacer a las masas vibrar y llenar un estadio entero.
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Ryan Goldstein el Vie Sep 06, 2019 8:49 am






“Es feo, lo sé”, que tierno. Había en esa resignada confesión, Ryan lo interpretaba como, un reconocimiento consciente de la propia vulnerabilidad, y siempre se experimentaba un sinsabor en reconocerse como un nervio expuesto, un pulso vibrante y herido, en las relaciones personales. El secreto de Ryan era que lo irracional, lo emocional, era un aspecto de sí mismo del que instintivamente guardaba las distancias. Había sido, en su caso, una suerte de comportamiento adquirido. No podía estar seguro de qué era mejor, si poder o no hablar de tus exs, porque no lo sabía.

¿Abba?

—Ahí tienes el por qué—dijo— ¿Personalmente? Nunca me vi como un perdedor—expresó, en una oleada de engreimiento. Bromeaba, aunque sólo fuera un poco sí, un poco no. Tenía uno de esos rostros adustos, circunspectos, que eran difíciles de leer. Pero le guiñó un ojo, en complicidad.

Lo asaltó un pensamiento.

—Dexter te lo agradece. Sí, estoy seguro—
afirmó, con humor—. Se mordería las uñas, constantemente, si te oyera hablar de tus exs. Yo, me reconozco culpable por echarle leña al fuego a las discusiones que van de viejos amores—reveló—. Aparentemente, soy “demasiado amable” con mis exs—Y enfatizó, con pizca de picardía y a modo de confidencia—: “Demasiado amable”, en general.

Le agradaba la confianza que emanaba de Zeta. Aunque sin conocerla del todo, y lo mismo podía imaginársela desconfiada e insegura, consideraba que tenía un corazón humilde y sincero, y seguro que algo obstinado, un aliciente necesario para alguien que se apoya en su perseverancia para obtener sus logros, que era la forma más satisfactoria de obtenerlos, sin dudas.

Lo supo desde que empezó a oír de ella, tanto por parte de Dexter como lo que ella misma le había contado. Le intrigaba y admiraba a un tiempo que se hubiera propuesto una meta que la llevaba directo al escenario, aun teniendo que pasar por mucho antes de poder llegar a eso. Si le preguntaban a él, sonaba a algo irreal, hasta que conocías a Zeta.

—Dicen que el escenario puede tener ese efecto, de transformación—comentó—. Lo he visto en el teatro. Conocí a una muchacha con el síndrome de Tourette. Tenía tics nerviosos que no podía controlar, pero cuando subía al escenario… Era otra persona, o quizá, más que nunca ella misma: apasionada y testaruda. Así que diría que lo que se puede dar en el escenario es… como magia—aventuró, sonriendo.

Se desarmó de humor frente a la expresión de Zeta al describirse en el escenario, qué fuerte. Se sintió obligado a remarcar una cuestión importante, de mucha seriedad.

—Si voy a verte, ¡no quiero que te desgarres!—advirtió, pero sonrió y la escuchó—. Y yo no soy el que está enamorado—dijo, en alusión a Dexter, y secretamente, al estado de tontera al que reduce el enamoramiento—, así que puedes fiarte—En una muestra de amable compromiso, añadió—: No te diré que estás flaca si no entras en el vestido—Un poco mentira, porque era demasiado condescendiente, en general. Por último, dijo—: Sabes que Dex te apoya en todo esto, ¿verdad?

Y es que Zeta tenía la habilidad para convencerte de que iba en serio.

—Conciertos—repitió, momentáneamente impresionado— Bueno, eso es algo. Me alegro por ti, de verdad… Sí, espera… ¿Quieres registrarte tú?—pidió, entregándole el móvil. A veces, se olvidaba hasta su propio número. Frente a una convencida Zeta sobre su estrellato inminente, él le dio la razón, demostrando hasta qué punto podría ser una canalla si quería, porque él también podía ser convincente—. No lo dudo, no lo dudo.

Una pregunta que le generó la misma conversación volvió a él, y no quiso quedarse sin saber. Su desconocimiento era genuino.

—¿Quién es Abba?





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Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Sep 07, 2019 4:12 am

Se limitó a sonreírle cuando le dijo que nunca se había visto como un perdedor. La única razón que había para que no se hubiese visto nunca como un perdedor, es que siempre había salido como el ganador. Cuando uno perdía en las relaciones, definitivamente lo sabía. El ganador, sin embargo, sólo tenía que seguir con su vida normalmente, sin que le importase demasiado lo que iba dejando atrás.

También le parecía una falta de respeto y algo totalmente innecesario hablar de tus exs cuando tenías a una pareja estable con la que estabas bien. A menos, claro, que hablases para decir algo neutral o… malo, sin embargo, acordarte de tus exs ya de por sí no solía ser del agrado de tu pareja.

―Es una mierda que en este mundo ser amable esté considerado un defecto, en vez de una virtud, ¿verdad? ―compartió con él un pensamiento social que llevaba pensando hacía mucho tiempo y que ahora, más que nunca, le había vuelto al escucharle. ―Parece que castigan a los amables, mientras siempre se recompensa a los malvados. Esta sociedad da mucha pena.

No se esperó que ese día se fuese a encontrar con Ryan después de tanto tiempo sin saber de él―porque Dexter era algo así como un trozo de pared cuando le preguntaba por sus amistades―, pero había preferido quedarse con él disfrutando de la conversación que daba que volver con sus amistades. Total, ellos estaban en buena compañía y Zeta había encontrado a un compañía agradable para compartir aquel taco.

Se sorprendió de lo que le dijo de la chica del Síndrome de Tourette, para al final abrir los ojos ampliamente.

―Es que tiene un efecto… muy fuerte, ¿sabes? A quién le gusta estar en un escenario, por supuesto, sino puede tener un efecto totalmente contrario y terminar en el suelo desmayado del estrés. Yo te digo, pocas cosas me hacen más feliz que subirme a un escenario y compartir mi música con las personas. ―Miró al frente, intentando buscar las palabras correctas, pero no las encontró: ―No sé explicarlo. ¿A ti que te hace feliz? ¡Y no vale decir el sexo! ¡Eso hace feliz a todo el mundo! ―Rió, imaginándose la broma.

Su advertencia hizo que la muggle soltase una carcajada bien amplia y natural, sin contenerse lo más mínimo.

―¡Pero no en el sentido literal de la palabra, señor Don Literal! ―Se defendió divertida, para no poder borrar la sonrisa de su boca mientras él le decía que no le iba a mentir. Le pareció encantador que le recordase que Dex le apoyaba con todo lo de la música e, inevitablemente, sonrió. Zeta siempre había tenido a Dexter en gran estima y empezó la relación con él muy, muy ilusionada, sin embargo, debía de admitir que hacía ya meses que vivía con la sensación de que le estaba ocultando algo y eso le había terminado por desmotivar. Era raro, porque en compañía de él parecía que no pasaba nada y que todo era perfecto, pero luego… las cosas no le cuadraban. ―Sí, si lo sé. Es un encanto. ―Y por mucho que le hubiera perdido perdón, le había dolido bastante que se perdiera su concierto después de montón de tiempo sin subirse a un escenario.

Aceptó el móvil de Ryan para apuntar su propio móvil en él, así como titularse con simplemente una ‘Z’, siendo probablemente su contacto con una sola letra como nombre. Le devolvió el móvil a su dueño cuando preguntó por Abba, a lo que la eslovena enarcó una ceja.

―Abba es un grupo de música ―le respondió, sonriente. ―Es super famoso. O bueno, más bien lo era, pues ya tiene sus años. ¿Te molan las películas musicales? Porque hicieron un musical basado en las canciones de Abba, que se llama Mamma Mia. El año pasado salió la segunda y… ―Se llevó la mano al pecho, a la zona del corazón. ―Son preciosas. Muy bonitas. Mencioné al grupo porque tienen una canción que se llama ‘The Winner Takes It All’ que habla de una ruptura en donde la mujer se quedó fatal después de la relación, mientras que el hombre continuó con su vida tranquilamente. Y bueno, estaba un poco en esa onda hablándote antes. Deberías apuntártelo en Spotify, a lo mejor te gusta. Aunque... ahora que te miro e intento pensar qué tipo de música te pega, no te veo de nada en especial. Déjame pensar... diría que tu grupo favorito es Z-Kaeka, pero no sé si es arriesgarme demasiado. ―Siendo justos era lo único que sabía Zeta que había escuchado recientemente.
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Ryan Goldstein el Dom Sep 08, 2019 7:49 pm




Solía ser de los que consideraba la amabilidad una debilidad, allá en otro tiempo más cercano a su temprana juventud. De los que castigaban, antes que los que ofrecían una mano. Aunque su apreciación y actitud habían cambiado, no podía negar que la amabilidad por sí misma, en un mundo que a veces podía ser verdaderamente cruel, no era suficiente para apalear todas las dificultades cuando éstas se presentaban, y sin embargo, cuán necesaria podía ser.

—Tengo una hija—dijo. Le dio tiempo a Zeta para que se acostumbrara a la noticia, y añadió—: De nueve años. Ella vive con su madre, larga historia. Pero, tengo contacto con ella, y un día… Ella vino a mí y me preguntó por qué las personas eran malas cuando podían ser buenas—La asociación con el comentario de Zeta lo asaltó espontáneamente, e intentó explicarse, entre que avanzaba con el relato—. Me pescó con la guardia baja… Cometí el error, supongo, de dejarla frente al televisor, y aparentemente vio algunas cosas que la preocuparon de alguna manera…—Sonrió entrañablemente, dándose una pausa. Y añadió, abriendo los ojos en una expresión—: Me desarmó por completo. Tú no puedes responderle a una niña que es porque “la sociedad da pena”.

La experiencia de Zeta sobre el escenario lo hizo sonreírse. No se esperó el giro inesperado que tomó la conversación —tan recatado él, expresando sorpresa ante temas sexuales—, y recordó con gracia que Zeta tenía esas salidas. Fingió pensárselo con abrumadora dificultad, como si le hubieran leído el pensamiento y se viera en un aprieto, pero lo tenía bastante claro.  

—Viajar—respondió al fin—. Tengo el espíritu del wanderlust, la pasión por viajar. Es en verdad lo que me hace feliz—reconoció—. Si me quedo por mucho tiempo en un solo sitio, ¡me deprimo!—comentó, no sin un rastro de humor en la voz—. Siento verdadera pasión por conocer sitios en los que nunca he estado o volver a aquellos que me conmovieron, estar siempre en movimiento. He estado en muchos lugares hasta ahora: conviví con las tribus de Sudamérica un tiempo, visité los pueblos en África, acabé en Alaska una vez, me enamoré del norte de Canadá, Los Cárpatos es un lugar al que me gusta volver… Conocí a la madre de mi hija en los bosques, digo, en Rumania. Europa también la recorrí mucho, aunque nunca alcanza. No sé cómo explicarlo, hay tanto por ver, y me enamora sobremanera eso. Otros dicen, como Dexter, que soy sólo un tipo inquieto… ¿Qué tal tú?, ¿eres inquieta?  

Se pateaba el mundo, pero no conocía a Abba.

—Oh sí, me encantan las películas—Hizo saber con entusiasmo. Era, después de todo, una de sus cosas favoritas sobre los nomaj, sus películas y la televisión—. Aunque no, no ubico “Mamma mia”—La observó con atención en su manera de expresarse, tan impresionada por el efecto que había tenido la banda en ella. Sobre bandas… tenía que admitir que no estaba instruido en la materia, a menos que hablaran de “Las Banshees” o “Las Brujas de Macbeth” o “El duende solitario”, todas referencias al mundo mágico, así que, ¿qué decirle?—. Bueno, yo… Es difícil, ningún nombre se me viene a la cabeza… Yo sólo escojo a lo random, y me olvido luego… Oh, pero también escucho mucho electro, tú sabes, música de gimnasio, algo que te suba la adrenalina. Porque es lo que hago habitualmente, salir a correr, ir al gym, así que, encuentro que el ritmo me acompaña y que de alguna manera, va conmigo. Claro que cuando estoy tranquilo, no sé, en mi casa, sólo pongo algo clásico. Supongo que soy muy diverso.

La verdad era que tenía un gusto ecléctico por la música, porque nunca se apegaba a nada de forma definitiva o con el afán de un fanático, sino que sus gustos fluían según el momento, o según lo que surgiera. Para nombres y bandas era un caso perdido, si hasta se había olvidado de los temas que cantaba su ex, pero especialmente en lo que hacía a bandas nomaj. Nunca le había prestado demasiada atención.  

—Bueno, eso es diferente—
expresó, cuando un nuevo grupo subió al escenario. Hubo una interacción con el público desde el principio, y se sentía el ánimo general. Le llamó la atención que el cantante cantara en español. Rió, simplemente porque le hizo gracia—. Dime que no es valiente encarar a un público angloparlante siendo hispanohablante… Y los tiene encantados, mira. ¿Qué género es ese?


Ryan Goldstein
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Jue Sep 12, 2019 4:16 am

¿¡Que tenía una hija!? Vale, esa información sí que no se la esperaba ni en mil años. Suponía que Ryan era de la edad de Dexter aunque no le hubiera preguntado nunca directamente. Suponiendo eso de base, quería decir que había tenido la hija con veinticinco años y, no es por nada, pero Zeta tenía veintisiete y todavía sentía que era una inmadura con la vida. ¡Si a veces se olvidaba de cuidar de ella misma, como para cuidar de un bebé! De todas maneras había que pensar que esa predisposición a pensar que los bebés son una pérdida de tiempo o una responsabilidad muy grande se debía precisamente a su desagrado por ellos. Si bien nunca había querido ser madre, el hecho de haberse quedado embarazada, abortar y perder al amor de su vida por ello, había hecho que el hecho de tener un hijo fuese todavía más desagradable.

Pero ojo, era feliz por la gente que era feliz teniendo hijos. Ella no quería, pero estaba bien si otros tenían.

―Nueve años ―repitió, sorprendida, aunque se sorprendió todavía más de la inocencia tan pura de un niña, viendo cómo la mente más pura puede reflexionar sobre algo que los adultos no se toman para nada en serio, o sencillamente dan por hecho. ―¿Y qué le respondiste? ―preguntó sin dudar ni un momento. ―No puedes decirle que la sociedad da pena, pero sí le puedes ser sincero. Siempre he pensado que por mucho que los niños necesiten ser niños y no crecer antes de tiempo, tampoco les ayuda nada maquillarle las cosas. Siempre hay maneras de ser sinceros, sin ser duro con la realidad que viven.

Aunque Zeta seguía pensando que la sociedad daba pena. Los humanos, de por sí, cada vez daban más pena, los mirases por donde los mirases. Pero claro, no le vas a decir a una niña de nueve años que la raza humana es imbécil y hay personas que disfrutan con el dolor ajeno. Eso no se le dice a alguien de esa edad.

Pese a que la idea de viajar siempre había sido muy llamativa para ella, era algo que nunca había podido hacer. A decir verdad, los dos únicos países que conocía era Inglaterra y Eslovenia, pues todos los ahorros que Zdravka conseguía era para sobrevivir en Londres y el resto lo invertía absolutamente todo en su carrera como músico. Daba un poco de pena no tener un colchón económico lo suficientemente grande como para incluso hacer un pequeño viaje, pero precisamente ella no tenía de eso. Y lo peor de todo es que ya se había acostumbrado.

―Wow ―dijo al escuchar todos los lugares en donde había estado, sintiendo una pequeña punzada de envidia sana. ―África, qué guay. Siempre me ha llamado ir ahí. ―No como turista, en realidad, sino como voluntaria. Sin embargo, para ser voluntaria hacía falta tiempo y no era precisamente que le sobrase demasiado. ―Viajar es de los hobbies más enriquecedores, debes de haber alucinado con el choque de culturas de un lugar a otro, ¿no? ¡Y mira tú! ¡Ojalá ser inquieto si eso te hace viajar tanto! ―Rió, por el comentario de Dexter. ―Yo la verdad es que no, soy bastante… casera. Con decirte que nací en Liubliana y luego me mudé a Londres, son las dos únicas ciudades que conozco. De pequeña hice un poco de turismo por mi propio país… pero desde que estoy aquí nada de nada. Mis padres eran muy de no salir y yo en Londres no he tenido dinero ni tiempo para ‘ver mundo’. Eso sí: ¿documentales del Planeta Tierra? ¡Já! Entonces yo he estado en más sitios que tú. ―Bromeó con eso último.

Zeta era gran amante de los documentales de todo tipo. Era cierto que prefería las películas, pero no era de extraña que se pusiera documentales sobre lugares, animales, el universo o lo que fuera para acompañar las comidas o incluso para quedarse dormida. Le encantaba el valor que transmitían y todo lo que aprendía. ¡Era pobre, qué mejor que los documentales para descubrir los secretos del mundo y del universo!

Le miró con reproche, divertida, cuando no ubicaba ‘Mamma Mia!’ y por un momento le dieron ganas de darle una lista de las películas musicales qué más le gustaban, para cuando se aburriese. O quién sabe, podrían ser buenas películas que ver con su hija de nueve años.

―Música motivante para no tirar la toalla, ¿no? ―Ladeó una sonrisa. ―Aunque algo me dice que tú no eres de los que tiran la toalla en el gimnasio. ―Y vamos, no había que ser demasiado observador para darse cuenta de que Ryan era un hombre que debía de pasar mucho tiempo en el gimnasio. ―¿Clásico? ¿Estilo Queen o… estilo Bach? ―Preguntó, realmente curiosa.

Zeta valoraba y le gustaba todo tipo de música y, de hecho, su amigo Alpha era quién le había metido en el sendero de la música clásica, sobre todo cuando le enseñó a tocar el piano. Y claro, la jerga común solía confundir, ya que se le puede considerar a Queen un clásico, mientras que la música clásica era otra cosa diferentes. La verdad es que se le hacía difícil imaginarse a Ryan, un hombre de gimnasio con electrónica en los auriculares, volviendo a casa a ponerse la Sonata para piano número catorce ‘Claro de Luna’ de Ludwig Van Beethoven.

El hecho de que subiera un español a cantar le sorprendió bastante, pero cuando empezó a hablar identificó que no era ni de lejos el mismo acento que tenía su compañero de piso español de España. Comenzó a cantar y Zeta alzó las cejas sorprendida al ver que se trataba de nada más, ni nada menos, que rap, ese género musical tan maltratado.

―Es rap ―
le contestó a su acompañante, apartando la mirada de aquel joven para mirar a Goldstein. ―Qué fuerte. Debo admitir que esto no me lo esperaba. ¿Qué clase de mini festival es este? ―Sonrió, sorprendida. ―Siempre me ha gustado el rap, aunque debo decir que el hecho de no entenderlo me molesta, pero a la vez me genera muchísima curiosidad saber qué dice con tanta rabia.

Si ya de por sí el rap era un género bastante profundo, cargado de metáforas, el hecho de que hablasen tan rápido no ayudaba a su entendimiento. Y si ya lo ponías en otro idioma… Sin embargo, Zeta consideraba que era de los géneros más sinceros y en donde más emoción encontraba por parte del cantante. No era un género para ella, eso estaba claro, no se imaginaba para nada rapeando.

―Pero qué mono, me gusta. La verdad es que tiene un par para plantarse ahí y decir todo lo que se supone que está diciendo sin que NADIE le entienda. ―Le reconoció a Ryan entonces, tras su comentario de que era valiente. ―¿Nos acercamos? No entiendo nada, pero me gusta. ―Fue a coger su taco para tirarlo, pero como le daba pena, decidió ofrecérselo a Ryan primero. ―Lo voy a tirar, ¿quieres? ―Quedaba menos de la mitad, quizás dos mordidas.
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Ryan Goldstein el Jue Sep 12, 2019 5:24 pm





—Me dio pena—confesó—. Pero es como dices, no quería mentirle. No veo cómo eso fuera a servirle, todo lo contrario. Así que, se lo expliqué, como pude. Hay personas buenas, hay personas malas… Ella es una niña muy especial—continuó—. Ella vive en una comunidad, y es una comunidad muy unida, muy buena comunidad.

Más específicamente, una manada de veelas salvajes en el bosque de Rumania. Un matriarcado que se protegía hacia dentro de sí mismo, pero que convivía en armonía con la naturaleza y el resto de criaturas. Las veelas eran curiosas criaturas. La moral y las leyes de las sociedades de magos les parecían tan torpes y dignas de lástima como a un centauro debía parecerle un astrónomo contemplando el cielo, sólo que los últimos no destacaban principalmente por su lástima hacia el género humano. Por supuesto, no podía ofrecer esa clase de detalles.  

—Creo que se sorprende constantemente de lo diferente que es mi comunidad de la suya… —Sonrió—. Pero es inteligente, y me aseguró que me cuidaría de los malos. Así que, creo que puedo quedarme tranquilo.

La fascinación de Zeta por África atrajo su interés. De ser otra sus circunstancias, y de no ser ella una nomaj sin idea de en lo que su novio estaba metido, le hubiera extendido una invitación en el momento.

—¡Oh!—Ese “¡Oh!” indicaba que una anécdota había venido a él, saltándole desde los rincones de su  memoria de viajero en el instante que oyó “choque de cultura”—. En África, ¿tú sabes? Es de mala educación ponerle sal a la comida en la mesa. Me pasó una vez que me invitaron a una comida familiar, y la pasé malas con todas las miradas encima cuando pregunté por la sal. Bromeamos sobre eso, pero para cuando tú vayas, ya sabes. Sólo come, la gastronomía africana es deliciosa así como te la sirven, de todos modos. Pero sí, siempre me fascinó descubrir que; oh maravilla; no todos hacen, piensan, dicen o sienten lo mismo que yo; y siempre he metido la pata. Me he reído un montón.

>> ¡Nunca he estado en Liubliana…!, ¿lo pronuncio bien?—Rió—. Pero me encantaría un paseo. ¿Lo extrañas?—preguntó, mirándola con curiosidad, entrañable. Sonrió abiertamente con la mención de los documentales. Amaba los documentales—. Bueno, de hecho, son de mis canales favoritos. Eso y las películas románticas. Soy un romántico—confesó—. Pero ya sea el beso de un amor de novela en la pantalla o un morreo entre leones en Sudáfrica, me tendrás enganchado.

Negó arrogantemente al oír el comentario de “tirar la toalla”.

—No, es por la adrenalina. No siempre te das cuenta de qué tema estás escuchando, sólo prestas atención a lo que haces, y te pierdes un poco en toda esa adrenalina, ese calor, el sudor. Pero el ritmo electrónico es especial para cuando quieres descargarlo todo, realmente se produce una sincronía. “Te vuela la mente”—aseguró, en un argumento algo fanático—. Pero no tiro la toalla, me pasa un poco lo contrario. A veces me tengo que parar para no sobreexcederme.

Por fin, una banda que le sonaba familiar.

—¡Queen! Sí, sí, escucho eso.

Bach ni idea, ¿tendría que buscarlo en la lista de récords?

Se limitó a encogerse de hombros ante la pregunta sobre el festival, pero  fue aquello lo que llamó su atención. El escenario se había calentado. Sucedía algo con cantantes que incluso podían expresarse en un idioma muy diferente al propio, y se daba cuando podías sentir no sólo el poder de sus palabras, pero absorber todo lo que la intención de los gestos transmitía. Era curioso, porque justo lo habían mencionado, pero allí mismo, frente a ellos, se estaba dando un choque cultural. Y lo que se desprendía, de la bienvenida del público, era que a por muy diferentes modos de hacer o de sentir, siempre había un lugar para el entendimiento. Era cuestión de acercarse, y dejar que se te acercaran.  

Había algunos magos que pensaban, “¿No sería bueno que los nomaj sepan de nosotros de una vez por todas?”. Ryan no opinaba de esta manera, sino todo lo contrario. Veía perfectamente por qué lo que era un secreto debía permanecer de esa manera. No vivían en un mundo ideal, en una pequeña comunidad en la que se apoyaban unos a otros, sino que el mundo era un lugar mucho más grande y más peligroso. Pero aun así, valía la pena abrirse a una persona habitada en sí misma por un mundo diferente al tuyo. Era un viaje muy particular. Valía la pena acercarse y dejar que se acercaran, ojalá Dexter lo entendiera más temprano que tarde.

—Yo lo entiendo—dijo, poniéndose en pie y dispuesto a acompañarla. Qué actitud tan sobradamente confiada, la suya. Y es que, había sido un idioma que usara de forma recurrente—. Pero te la arruinaré si te la explico—Se lo pensó un momento y prestó atención a la letra—Se queja, de esta sociedad que nos da pena—comentó. Y en una curiosa manera de resumir la letra de una canción, añadió—: Creo que te gustaría tomar un café con él.

La vio dubitativa frente al cesto de basura y le pareció que era una lástima desperdiciar el bocado. ¡Claro que quería la última mordida! Se lo pidió a través de una dramatización, que le nació espontáneamente.  

—Oh, no, te prohíbo tirar eso—advirtió, fingiéndose escandalizado y señalando al taco con un dedo que, de girarse hacia Zeta hubiera sido un dedo acusador. Pero algo sobre sus cabezas lo distrajo. Su expresión trocó en una reacción auténtica e inesperada, y tomó a Zeta por la muñeca en un intento por apartarla hacia atrás. La instó con voz apremiante—: ¡Suelta!

Agresivas e intimidantes, las palomas se habían vuelto un problema en las plazas de Londres. El taco voló literalmente y se perdió entre los picotazos desesperados de una bandada de palomas que aterrizó en el suelo, no muy lejos del incidente. Se enzarzaron en una contienda por la comida, sin preocuparse por lo demás. Su miedo por los seres humanos se había reducido notablemente al comprender que no podían vivir de la cobardía ni de las migas. Sobrevivían a garra y picotazo. Muchos niños les tenían verdadero pánico. Si andabas distraído con un aperitivo en la mano, lo más probable era que te cayera un sorpresivo ataque desde el aire, comandado por una paloma hambrienta y secundada por su grupo de aves rapaces. Los tiempos habían cambiado mucho desde aquella imagen pacífica y tranquilizadora de un niño o un abuelo o un triste enamorado alimentando a las palomas en el parque. No eran ningunas conformistas, y con la comida no jugaban. Si avistaban una víctima, atacaban.


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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Sáb Sep 14, 2019 2:54 am

La eslovena asintió varias veces ante la triple repetición de que su hija vivía en una comunidad, la cual era muy buen y muy unida. Le hizo gracia, en general. Suponía que viviría con su madre en algún tipo de zona residencial de muy buena reputación, con un nivel económico alto para sus estudios y su cuidado. No entendía por qué eso la hacía especial, pero sí que la hacía muy privilegiada.

Pero cuando volvió a repetir lo diferente que era su comunidad de la suya, arrugó el ceño. Nadie repite ‘comunidad’ tantas veces en una misma frase ni le da tanta importancia a algo tan… irrelevante. O al menos para Zeta era totalmente irrelevante. No entendía a qué se estaba refiriendo ni la importancia de esa comunidad.

―Pero... ¿una buena comunidad muy unida? ¿En plan... su nivel económico y social? ¿Su colegio? Debo admitir que me estás perdiendo bastante con eso de la comunidad. ¿Te refieres a su familia, quizás...? ―Se podía ver a Zeta visiblemente perdida con la situación. ―¿La madre de tu hija es millonaria y tú naciste pobre o algo? ―No pudo evitar reír, sin encontrar más diferencias entre 'comunidades' que esa. ―Que yo también soy pobre; estamos en el mismo bando. La gente rica parece que vive en otro mundo.

Le pareció en el mismo grado interesante y divertida esa anécdota sobre los africanos y la sal en la comida. Zeta, que siempre cogía el salero y le echaba sal a todas las cosas que se fuera a comer porque para ella todo estaba soso para su paladar.

―Me siento muy identificada contigo. Si no me lo llegas a decir sería la primera en pedir un salero para ofender a todos los que me han cocinado ―le respondió a su anécdota, con una sonrisa en los labios. ―Lo pronuncias bastante bien, mi enhorabuena. ―Le reconoció, asintiendo con la cabeza, para entonces encogerse de hombros. ―Lo extraño a medias. Londres es un lugar increíble y justamente venía buscando huir de mi casa en el bosque para encontrar la gran ciudad. Así que… lo extraño por mi padre y mi hermano, el resto me quedo con todo lo que me da Inglaterra.

Zeta era de esas personas que en Eslovenia no había conseguido nada de lo que tenía, por no hablar que la relación con su familia cortaba bastante sus intenciones creativas. De bien joven decidió dejar su país en busca del futuro que ella quería.

―¡No te pega nada! ―Rió.

¿Ryan Goldstein viciado a películas como ‘la boda de tu mejor amigo’, ‘PD: Te quiero’, ‘Antes de ti’, ‘Titanic’ y un largo etcétera?

―Vale, vale. Te compro eso de que te pega ver documentales pues desde el primer día que no conocimos pensé que eras un chico muy culto que sabía de lo que hablaba, ¿pero pelis románticas? ―Pero entonces llegó la parte importante de todo ese asunto. ―Pero a ver, aquí lo verdaderamente importante es lo siguiente: ¿eres de los que se emocionan con las películas románticas y sueltan una lágrimas, o de esos hombres que son insensibles al amor? ―E hizo una pequeña pausa. ―Porque Dexter dice que es romántico y parece una piedra viendo películas románticas. Eso no me vale.

Y Dexter no era TAN ROMÁNTICO como Zeta se podría haber esperado desde un primer momento. La verdad es que el romanticismo en su relación había ido decayendo bastante por parte de su novio y no sabía por qué.

No quería sonar coqueta ni nada de eso―porque no era su intención―pero tal y cómo Ryan parecía esforzarse en el gimnasio, le pareció hasta necesario evidenciar que no hacía falta en absoluto que se sobreexcediera con esas cosas, porque su cuerpo parecía estar su mejor momento.

―Yo soy de esas personas que se cansan subiendo escaleras, ¿sabes? ―
Introdujo, sin poder evitar las infernales escaleras de Hester, que eran seis pisos sin ascensor. ¡Y luego va la tía y seis meses después le dice que ella en verdad sube con un truco mágico super poderoso de aparición mientras Zeta sufría subiendo eso todos los días! ―Pero no sé, ¿es que te gusta mucho hacer deporte o algo? ¿O es que tienes una enfermedad con estar perfecto? ¡Porque dudo mucho que te haga falta sobre excederte en nada! ―Asintió, mirándole de arriba abajo tipo: “tío, mírate, o sea, no.”

Frente a la expectación de la eslovena, se levantaron de allí para acercarse al latino que estaba cantando en castellano, un idioma que Zeta no dominaba en absoluto. Ella sabía tres idiomas: esloveno, inglés y la lengua de signos―pues su hermano era sordo―pero el resto de idiomas le quedaban terriblemente lejos.

―¿En serio sabes español? ―preguntó, con los ojos bien abiertos. ―¿Pero tú quién eres, señor erudito? Yo quiero ser tú de grande. ―Le dijo como un cumplido, dándole a entender que sabía mucho y que, además, había vivido mucho.

A Zeta le gustaba su vida y creía que la estaba viviendo plenamente, pero de repente venía gente como Ryan que había viajado a mitad del mundo, sabía idiomas y parecía tan… ávido de conocimientos, que daba envidia. A la eslovena siempre le había encantado eso de aprender de otras culturas y, directamente, aprender cosas. De haber sido una bruja y haber asistido a Hogwarts, el sombrero seguramente lo hubiera tenido difícil entre Gryffindor y Ravenclaw.

―Oye, pues me gusta como piensa ese chico: ¿me puedes decir cómo invito a un español a tomar un café? Sé saludar: hola. ―Saludó en español, alzando sendas cejas a la vez con ‘maestría’ lingüística, antes de reír.

Pero entonces ocurrió algo. Un atentado de la ‘naturaleza’ contra su integridad física y SU TACO. De repente lo que había sido su merienda se había convertido en la víctima de unas palomas muy agresivas y, claramente, con un agujero en el estómago que las había hecho violentas en pos de llenarse aquello. ¿Y si en vez de el taco, hubiera sido su ojo, eh? ¿Eso lo paga la seguridad social? Sin embargo, Ryan salvó a Zeta, para entonces observar como el taco pasaba a tener una mejor vida después de un despedazamiento sangriento y cargado de salsa de tomate.

Entonces Zdravka miró a Ryan, teniendo un inesperado escalofrío por culpa de lo desagradable de la escena y el miedo de perder un ojo.

―Gracias por salvarme la vida, pero el taco ha pasado a mejor vida ―dijo dramáticamente, antes de sonreírle. ―Odio las palomas.

Y huyó de allí, llevándose a Ryan con ella antes de que esas palomas viesen que no tenían suficiente con descuartizar el taco, como para ir a descuartizarlos a ellos. Entonces se quedaron en frente del escenario, viendo a aquel chico rapear con todo el flow. Zeta inconscientemente empezó a mover el pie.

―Bueno a ver, ¿por donde íbamos? Hola repitió, divertida por su acento. ―Es que tengo un compañero de piso que es español, ¿sabes? Creo que me ha hecho aprender insultos. Si yo te digo: “hola, tienes un moco”, ¿te estoy insultando? El capullo me ha dicho que estoy pidiendo permiso para pasar.

OFF: Lo que Zeta habla en cursiva es, en teoría, en español.
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Ryan Goldstein el Dom Sep 15, 2019 10:46 pm



Aquella reiterada mención a la comunidad en la que vivía su hija tenía que ser una traición del inconsciente. No se dio cuenta en el momento, pero lo cierto es que al referirse a la comunidad de veelas había tenido que reprimir información, justamente, porque había cosas que un nomaj no podía saber, y claro, tampoco entendería.

Ryan estaba acostumbrado a la mentira, pero lamentaba no ser del todo sincero cuando no tenía verdaderos motivos para mentir, o lo que es más, mentirle a esa persona en particular, que desbordaba de franqueza. Le hizo secreta gracia que Zeta insistiera en ese punto, colocándolo en una situación ligeramente complicada. Las deducciones de Zeta lo hacían sonreírse. ¿Pobre, decía…?  

—Me refiero a que… Son de estas comunidades que viven alejadas de la globalización… Una comunidad alternativa—aclaró—, y quizá un poco cerrada. Dentro son muy unidos, sí. Y son una pequeña comunidad, así que no se ve lo que tú verías normalmente en las ciudades. ¿Ricos?—Rió brevemente—. Bueno, son autosuficientes—indicó, a modo de respuesta. Sin embargo, se sabía que las veelas solían atesorar objetos valiosos de otro tiempo que valían fortunas. Sopesó distraídamente la idea de que Meda, madre de su hija, pudiera tener posesiones de valor, pero nunca se lo había preguntado— Y sobre mí, bueno…

Sabía perfectamente de lo que hablaba, sobre que la gente rica parecía vivir en otro mundo, pero no precisamente porque alguna vez hubiera sido pobre. Muy al contrario, los Golgomatch siempre habían sido una familia adinerada, arrogantes y déspotas, y por supuesto, despilfarradores. Pensando en ello, Ryan prefería mucho más estar dentro del team Zeta.  

—Mi familia es complicada, pero nunca fue pobre—contó, ahorrándose detalles— Me separé de ellos cuando cumplí la mayoría de edad, y desde entonces, viví por mi cuenta, pobre en comparación. Pero ni tú ni yo somos pobres—protestó con un dejo de humor—. Tú eres una trabajadora y una emprendedora, “infatigable y genial” según Dexter—Y añadió, condescendiente—: No olvidemos “cantante en ciernes”.

Mentiría si Ryan dijera que alguna vez había tenido que preocuparse por el dinero. En cualquier caso, no le nacía bajo ninguna circunstancia hablar sobre su dinero y nunca alardearía sobre su bóveda de oro en el banco de magos en Estados Unidos. En ese sentido, sí que vivía en otro mundo, porque era un tema del que podía desentenderse.

—¿Qué hay de ti? Tú también habrás tenido tus choques culturales aquí, en Inglaterra—inquirió, luego saberla identificada con sus propios papelones. La escuchó hablar sobre su apego con Londres y al evocar a sus familiares reparó en que no había mención de la madre, ¿por qué ya no estaría con ellos?, o por qué? Le produjo curiosidad, porque él siempre atesoraba el recuerdo de su propia madre, pero no dijo nada al respecto. Era demasiado personal. En cambio, habiendo entendido su enamoramiento con el país, añadió—: Así que no eres de las que se quejan del clima.

Se fingió ofendido cuando tocaron el tema de las películas románticas. ¿Que no le pegaba nada, decía? Le divertía tanto como le extrañaba que fuera motivo de sorpresa. ¿Qué cosas le pegaban, entonces? Sin embargo, ya había oído ese comentario antes. No dejaba de sonarle curioso, porque era siempre curioso no ser lo que se supone que uno debería ser, o no del todo. Tenía su lado humorístico, ser pensado de una manera para sorprender por otro lado.

—¿Cómo que no? Soy un romántico sin remedio—Se quejó—. Lo de culto suena pomposo, pero te lo compro—dijo, aceptando el cumplido. Menuda gracia le hacía el tema. La miraba con evidente humor—. ¿Por qué no?—replicó, acentuando la pregunta con un efecto cómico. Se atuvo a prestarle atención a lo verdaderamente importante, un argumento que Zeta exponía como fuera de toda duda. Ryan calló como si se pensara seriamente el asunto—. Déjame que lo piense, a ver…—Rio—. ¿Dexter una piedra? A ver…

>>He llorado con—alzó sus dedos, uno a uno, enumerando—“Diario de una pasión”… Realmente me afectó la pérdida de memoria de la protagonista, eso me tocó. Digo, sólo piensa un momento. Pierdes toda memoria sobre la persona que te afectó más, en el sentido más poderoso, que es el amor—Lo soltó a modo de reflexión, con emoción en la voz. Continuó enumerando—: “Secreto en la montaña”, que va de estos dos vaqueros que tienen una verdadera conexión y esconden su relación. Estos temas relacionados con la homosexualidad me tocan personalmente y cuando uno de ellos muere apedreado por la ignorancia y el odio, tanto odio… Sí, lloré

Sonrió.

—¿Sabes? Las lágrimas vienen solas, no te digo que me desarmo como un niño—añadió, divertido—, pero las lágrimas simplemente caen… Tú sabes, como la gente llora normalmente: se te humedecen los ojos, tienes que buscarte un pañuelo o refregarte con la mano… como cada ser humano que conozco. Ok, sólo me meto contigo ahora mismo. Pero sí, es cierto que soy del tipo emocional con las películas.

Lo cual suponía una contradicción con la impasibilidad general de su carácter, porque siempre se mostraba muy dueño de sí mismo por muy emocional que fuera la situación. Llorar frente a una pantalla, sin embargo, era ciertamente diferente a llorar bajo presión. Lo segundo, para algunos, y eso incluía a Ryan, era mucho más difícil.

—A veces es más fácil hacer máquinas que subir escaleras—intervino, condescendiente—. ¿Sabes? Si algún día quieres un gym buddy, sólo me avisas—Se ofreció, siempre solícito a hacer de la vida de los demás algo más saludable. Claramente, era su afición personal. Rió cuando Zeta le preguntó si era un enfermo del deporte y entendió a qué se refería con decir que no necesitaba excederse—. No, no. No es eso. Pero a veces, debería bajar el ritmo. Me gusta el gym porque descargo un montón de cosas que llevo encima. Por eso, en ocasiones pierdo la noción del tiempo. Si estoy enojado, si estoy frustrado… Es la forma más saludable de quitarte las malas vibras de encima. Por eso es que tú no lo necesitas—añadió, en un cumplido—. Tú eres pura buena vibra. Pero, ya sabes. Si se te da por hacer algo más que subir las escaleras…

No es que Ryan pensara ser parte de ningún pogo que se diera entre el público, pero se mostró de acuerdo en acercarse y mezclarse, empapándose así del ánimo general. Las cabezas allí reunidas no le daban la idea de que fueran a empujarlo. Por su altura, lo mismo le daba estar al fondo, delante o en cualquier parte porque su visión del escenario seguiría siendo excelente. Oyó las últimas letras de la primera canción, distrayéndose involuntariamente: “Un mago nos quiere hacer desaparecer”. No tenía idea de qué tan acertado estaba con esa frase. “Pero esta plaga rara nunca para de crecer”…

—Es porque pasé un tiempo en Sudamérica—explicó, sobre su dominio del español—No me hagas pensar en mi edad—se quejó, pero sonrió—. Definitivamente, no lo quieres. En toda mi vida sólo he manejado un poco el piano, y además de eso, nunca aprendí algún otro instrumento—añadió, exagerando—: Nunca querrías crecer.

En todo caso no importaba, porque por poco no pasaba de ese día. La bandada de palomas hizo que Ryan optara por sacrificar el taco, apartando a Zeta de la confusión de alas y plumas. Eran rápidas y no se andaban con cuidado. Lamentó que tuvieran que ir a caer encima de Zeta, pero señaló lo sucedido tomándose con comicidad.

—Ellas parecían más hambrientas. De nada. Mejor huimos disimuladamente.

Estaba por empezar su segunda canción, los silbidos y aplausos estallaron. Reparó en la presencia de caras latinas y las exclamaciones en español. El cantante se demoraba entretenido con su público y mostraba carisma. Ryan observaba con los brazos cruzados, interesado. Se lo veía tan pacífico e inamovible, allí de pie, en su sitio. No dejaba de escuchar a Zeta, quien llevaba encima su propio ritmo. De nuevo, regresaron al tema del español.

Holarepitió Ryan, sonriéndose—. ¿Ah, sí?—Se interesó por las lecciones malsonantes que recibía por parte de su vecino. Asintió una, tres veces, en un gesto tranquilo y asimiló la frase “Hola, tienes un moco” lenta y analíticamente, aunque el chiste cantaba por sí solo—. Bueno, no me siento personalmente ofendido, pero sí, él te mintió. Y sí, es algo que tú podrías decir cuando te cruzas con alguien, pero hay quien podría considerarlo rudo—Sonrió—. Literalmente se traduce como: “Hola, tienes un moco”. Pero, de ser yo, te lo hubiera enseñado de otra manera, algo como: “Hola, tengo un moco”. Eso sí sería gracioso. Porque, ¿sabes? No sabría si considerar ofensivo o desafortunado que alguien quiera hacerme notar que mi nariz me deja en ridículo, más bien lo contrario. Pero sí sería cómico si un extraño se me acercara y me diera una información que no necesito y de la que puedo prescindir del todo.  

El segundo tema era otro freestyle, “Andrómeda” dijo el cantante que se llamaba. Como le gustaba hablar desde el escenario, expresándose con la misma espontaneidad con que fluían sus letras, Ryan hizo de traductor. Hasta que finalmente dio comienzo la canción. Era curioso observar cómo Ryan se sonreía a medida que avanzaba la letra, siendo de los pocos no latinos que la seguía. Pero había también un flow entre el público y el escenario. Se vivía en la música la experiencia de sentir palabras que se expresaban desde la emoción. El público se excitaba.



Ryan Goldstein
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Zdravka E. Ovsianikova el Mar Sep 17, 2019 2:06 am

Por lo que decía de las comunidades alternativas y alejadas de la globalización, por un momento Zeta se imaginó máxima sociedad escondida en la selva del Amazonas, pero entonces relacionó mejor lo que había dicho ahora y lo que le había contado de África.

―¿Tú hija vive en una especie de… poblado? ¿Típico africano indígena? Son autosuficientes, me los imagino cerrados, sin duda están alejadas de la globalización… ―No sabía si había acertado, por lo que decidió agrandar sus posibilidades. ―Bueno, puede ser un poblado africano o… de cualquier otro lugar del mundo teniendo en cuenta que has estado en la mitad del Planeta Tierra.

La verdad es que lo de África era triste, que siendo un continente tan rico, hubiese comunidades tan pobres, pero cómo se solía escuchar por ahí, no era más que ‘la despensa de Europa’ y, por tanto, dedicada, utilizada y maltratada como tal. Daba mucha pena y eso que ella europea hasta la médula. No es que se sintiese precisamente orgullosa de eso.

Le entró curiosidad del por qué de que su familia fuese ‘complicada’, pero se le olvidó ese dato cuando comentó el resto de cosas, sobre todo porque hubo una particularidad que hizo que ambos tuvieran algo en común.

―¿En serio? ¡Yo también huí de casa con la mayoría de edad! Mi familia también era un poco complicada: consideraban que dedicarse a la música no era nada serio y que no tenía futuro, así que me enfadé y me fui. ―Bueno, su familia en general no pensaba eso, sólo su madre, pero su madre podría decirse que era la que llevaba los pantalones en la casa y, por tanto, la líder de las decisiones y los pensamientos. ―Pero ya te digo yo que salí de una familia pobre para seguir siendo pobre en Londres. Ser una emprendedora ‘infatigable y genial’ no me da para caprichos o poder tener una residencia individual en Londres. Comparto casa con otras tres personas y créeme, no es nada cómodo.

Inglaterra era terriblemente caro y teniendo en cuenta que todo lo que ganaba Zeta lo gastaba en instrumentos, estudios o músicos para sus conciertos y música, realmente no es que tuviera un gran colchón económico. Encima, el dinero que pagaba mensualmente para poder vivir en una casa junto a otras tres personas era descomunal para lo que cobraba. Era cierto que tenía bastante ahorrado gracias a su trabajo en la tienda de Dexter, pero ahora que trabajaba dando clases particulares de música no es que ganase demasiado.

El choque cultural entre Eslovenia e Inglaterra, en un principio, fue mucho más fuerte de lo que se hubiera imaginado, pero Zeta se adaptó bastante rápido a todo lo que le rodearía desde ese momento hasta todos los años siguientes.

Imaginarse a Ryan llorando frente al televisor se le antojó incluso como una visión encantadora y muy mona. Zeta estaba muy acostumbrada a estar con hombres que parecían tener la estabilidad emocional de una piedra, a excepción de Austyn, el hombre del que quedó embarazada. Esa fue la pareja a la que vio llorar un par de veces con dos películas concretas. ¿Pero el resto? Ninguno.

―Con esas dos películas también lloré yo ―le respondió, dándole a entender que no había sido el único. Rió entonces ante su burla sobre cómo lloraba, para entonces darle un golpecito con su hombro en el suyo. ―Yo hay veces que tengo que parar la película, coger un pañuelo y sonarme porque si no termino llena de mocos. Y no sé si a ti te pasa, pero si yo me sueno es imposible que pueda escuchar ninguna otra cosa. ―Porque hablar de mocos era tan normal como hablar de lágrimas, ¿vale? ¡Había que normalizarlo! ―Yo con la película que más he llorado fue con ‘La chica Danesa’. No sé que me pasó con esa película pero… me vine abajo, fue muy fuerte. Me pareció preciosa.

Y por eso adoraba al actor de Eddie Redmayne. Siempre le decía a Alpha que se parecía a él y por eso le adoraba tanto, pero él siempre insistía en que no había tanto parecido.

¿Sabéis por qué Zeta no iba nunca al gimnasio? Sencillo: le daba mucha pereza. No le gustaba hacer deporte y, por suerte, tenía una vida tan ocupada que tanto estrés se encargaba de mantenerla medianamente delgada, aunque tuviese un cardio deplorable. Siempre había tenido como el ‘gusanillo’ de aprender algún deporte o hacer algo con su vida, pero precisamente una de las cosas que menos le gustaba de ir a hacer deporte es que hacerlo en solitario ERA SUPER ABURRIDO. Y vale, podría acompañarse de música, pero no servía con ella, pues terminaría haciendo cualquier cosa menos deporte. Ella necesitaba a alguien que le obligase a terminar las series de abdominales.

―No creo que sea una buen gym buddy, soy muy perezosa y odio hacer deporte. Creo que son dos cosas que no van con los deportistas ―le dijo, esbozando una sonrisa culpable. ―¿Cómo que soy pura buena vibra? ¡Más quisiera, Ryan! Aquí en donde me ves me enojo y me frustro, pero no me hace falta hacer deporte para intentar librarme de esos sentimientos. Suelo recurrir normalmente a escribir para desahogarme, pues esto de vivir con otras tres personas me hacen tener la solución del sexo muy alejada ―dijo divertida, riendo después ante la cruda realidad y su terrible honestidad.

Lo mejor frente a la frustración o el enfado, siempre, era el sexo, pero Dexter era un hombre ocupado y, desgraciadamente, un autobús de cuarenta minutos entre casa de Zeta y Dex era demasiado para ir a tener sexo en plena noche. En lo que llegaba, se le quitaba el calentón.

―Tocas el piano un pocomatizó, pues habían sido sus propias palabras. ―¿Sabes que dejé de trabajar en la tienda de Dexter y ahora me dedico a dar clases particulares? No sé, Ryan, quizás te apetezca volver a las pasiones perdidas. Saber interpretar una partitura y acariciar las teclas del piano para hacer sonar una pieza es un placer que pocos saben disfrutar. ―Le sonrió, casi risueña. ―¿Yo intentando venderte mis servicios? No sé de qué me hablas… ―añadió, divertidísima con la situación.

Ante la broma de ‘tienes un moco’ y la variación gamberra de Ryan de ‘hola, tengo un moco’, Zeta rió naturalmente ante la ocurrencia del rubio. La verdad es que sí, hubiera sido muchísimo más divertido eso último. Sin embargo, Santi era demasiado cómico y bromista como para que Zeta tomase en serio alguno de sus consejos de español. Pero ojo, no se lo iba a tener en cuenta. Él había insistido en que la eslovena le dijese algo en esloveno también para poder presentarse y le había jugado la misma carta, haciéndole aprender: “hola, me pica un pie” como si él se creyera estar diciendo: “hola, ¿cómo estás?” lo cual también tenía su gracia. No tanto como lo del moco, la verdad.

Después de eso, la cosa en el concierto del hispanohablante cambió bastante. El público se vino bastante arriba y Ryan, que era con quién ella estaba hablando, pareció incluso sumergirse en la canción. Al verlo, Zeta sintió hasta una punzada de envidia, pues le encantaría saber qué estaba contando aquel cantante con aquella canción que parecía un grito de verdad.

Le dio un golpe con su culo a Ryan en la cadera para llamar su atención.

―Me parece una falta de respeto que estés escuchando tan atentamente una canción que tu acompañante no entiende: ¡al menos dime qué dice o de qué habla! ―Se quejó, sin realmente sentirse ofendida. De hecho, Zeta había aprendido a disfrutar las canciones aunque no fuese capaz de entenderlas. Cuando alguien sabía transmitir, no hacía falta que tuvieses que entender cien por cien la canción. ―¿Qué opinión te merece, tú que puedes entenderlo?
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Ryan Goldstein el Miér Sep 18, 2019 4:50 am




—Oh no, eso es en Rumania—aclaró— Y, bueno, no…—La verdad era que sí, podía decirse que las veelas tenían una organización tribal, pero no había tribus indígenas en Rumania—. Es sólo una pequeña aldea, pero sí, son muy cerrados.

Reconocía que había viajado bastante. No siempre, sin embargo, había tenido la oportunidad de detenerse demasiado en cada parada. Le gustaba la idea de volver por terreno andado y descubrir algo nuevo, y pensó que le parecía imposible recorrerse la mitad del Planeta Tierra, porque de algún modo, con cada viaje, se le antojaba incluso mucho más grande de lo que recordaba.

—¿Es así?—Se prendió naturalmente al tono entusiasmado de Zeta. Sintió que compartían más de lo que pensaba, puntualmente cuando llegó a la parte de “Me enfadé y me fui”. Se sonrió pensando que tenía su gracia que todo el conflicto que supuso aquella ruptura con una parte de su vida pudiera resumirse en tan pocas palabras. No había mejores palabras para describirlo. Y refiriéndose al piso compartido, añadió, corroborando—: Suena apretado.

No pudo evitar pensar lo mucho que le serviría a Zeta un hechizo extensible y se apenó por ella con esa conmiseración que reservaba para los nomaj cuando su desconocimiento de la magia parecía reducirlos a la condición de insalvables en muchas de las áreas de la vida cotidiana.

La reacción de Zeta frente al recuerdo de lo que le había hecho sentir “La chica danesa” lo convenció que debería intentar recordar el título, y así se lo dijo. Puede que no pudiera ganarse un gym buddy con una declarada perezosa, pero le gustó proyectarse la idea de invitarla a una película y ser…

—¿Cómo deberíamos llamarnos? Si te invito a una película, quiero decir… ¿Compañeros de lágrimas? Triste, ¿verdad? Pero ahora que lo pienso, perezosa y con mocos eres perfecta para una película desde el sofá. ¿Dónde has estado tú toda mi vida?, ¿y luego de tantos pañuelos usados?

Le gustaba de una buena y extraña manera la idea de llorar con alguien frente a la pantalla. Nunca se había detenido a pensar que era importante elegir a tu compi de pelis. Se hizo nota mental de recordárselo. En Ryan se podía confiar cuando te hacía una invitación, incluso cuando sonara propuesta a la ligera.

Zeta era de esas personalidades inclinadas por lo sensual, eso se adivinaba. Era, además, tan abierta en cuanto a su vida sexual, pero Ryan se descubría a sí mismo reservado al lado de ella, por mucho que las palabras “frustración”, “enojo” y “sexo” se mezclaran en la misma oración y provocaran en él una serie de asociaciones con su vida personal, prefería que se mantuviera así, personal.

No por eso mostró menos interés.

—Así que celebrar un nuevo tema tuyo, ¿es celebrar tu falta de vida sexual?—
bromeó, a modo de presunta y seria, muy seria reflexión.

No lo sabía, que ya no trabajaba en la tienda. Enarcó las cejas en una ligerísima expresión de asombro y seguidamente entornó la mirada, acentuadamente suspicaz. Zeta se expresó con tal elocuencia. Sopesó brevemente el ofrecimiento, pensándoselo de veras, pero no tenía tiempo para citas regulares con una maestra de piano.

—No está mal lo que propones—
reconoció—. Pero conmigo siempre faltó… la pasión, creo. Me conmueve como no tienes idea, oír una sonata de piano; pero los instrumentos y yo no tenemos esa conexión especial que… tú, por ejemplo, podrías tener.

Si había aprendido piano había sido por su madre, cuando era pequeño. Pero se rebeló tempranamente de la influencia materna. Su hermano era el artista, él el deportista. Su pasión estaba puesta en otro lado.

Lo mismo con su atención puesta en el escenario, hasta que Zeta lo trajo de vuelta. Ryan la encaró con una sonrisa complaciente. No importaba que fuera una broma, él se volcó a ella con suma condescendencia, como si en el fondo pensara que detrás del reclamo había una queja, que cómica o no, bien podía ser real.

—¿Tú de verdad quieres saber?—Ryan lo consideró con una sonrisa—. Me gusta. Habla desde adentro. Puedes notar eso, ¿verdad? Empatizas con lo que siente, y te hace preguntarte con él sobre el amor, por ejemplo. Hay algo que dijo antes, y tomé nota: “No puedo amar. ¿No puedo amar o sólo no amo como aman los demás? ¿Cómo hay que amar? ¿Hay que amar? Hay que desarmar los preceptos hechos y tirarse al mar”. ¿Te gusta?



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Zdravka E. Ovsianikova el Jue Sep 19, 2019 4:03 am

No quería aburrir a Ryan con sus dramas familiares en Eslovenia, pues ese tema le aburría hasta a ella. Era fácil de resumir: había personas que tenían el apoyo incondicional de su familia aunque no fuera feliz con sus decisiones y luego estaba Zeta, que le apasionaba la música y su familia no le apoyaba. Cuando una persona tiene las cosas claras hay veces que no necesita el beneplácito de nadie, ni esperar a convencer a quienes no te van a ayudar. Es por eso que la muggle había terminado arriesgándose yéndose a Londres en busca de su sueño, dejando de depender de sus padres y, sobre todo, dejando de lado sus negativas críticas al respecto.

Nadie quería perder a una hija a tan pronta edad, ni mucho menos ver como pierde la vida con algo tan difícil que puede no llegar a nada, pero sus padres―sobre todo su madre―había elegido.

―Es una casa grande, pero mi habitación no es tan grande ―respondió, encogiéndose de hombros. ―Al final mi hogar es mi habitación, porque una no puede contar con el resto de la casa.

Le parecía una idea brillante quedar para ver películas tristes y poder apoyarse emocionalmente mientras ambos lloraban con una caja de pañuelos delante. O sea, hasta la fecha no tenía ningún… sad buddy para las películas de ese estilo.

No pudo evitar reír, pues precisamente ella también había tenido falta de sad buddys en su vida.

―Soy la chica perfecta a la que invitar a ver una película mientras comemos palomitas y gastamos pañuelos. Ir al gimnasio no, pero eso de posar mi trasero en el sofá y no moverme… eso se me da muy bien. Tengo una gran lista de diferentes poses en un sofá para así no cansarme de la misma. ―Eso era broma, por supuesto. ―Seguro que le haces un favor a Dexter sacándome a ver películas de llorar solo para no hacerlo él. Y desde lo más profundo de mi corazón… ―Se llevó la mano al pecho. ―Yo también prefiero verla con alguien que no me mire raro cada vez que se me cae una lágrima. Me gusta sentirme comprendida.

Si en algún momento eso se cumplía, a Zeta le iba a hacer mucha gracia decirle a su novio: “no, que me voy a ir con tu mejor amigo, el cual ahora es mi sad buddy a ver una película de llorar para poder llorar juntos.” Sólo por ver su cara, merecía la pena.

Miró al rubio con una mirada divertida ante su pregunta y… rió, de nuevo, pues parecía que le había descrito a la perfección.

―¡No, tío! ¡No me seas tan literal! ―Y si hubiera tenido más confianza, seguramente le hubiera dado un golpecito amistoso en el hombro con su puño cerrado. ―Realmente los temas que termino de componer y considero que son aptos para ser una canción son muy pocos en relación con todo lo que escribo. Y muchas veces escribo cosas que ni siquiera son para ninguna canción. A veces… sólo escribo por escribir. El hecho de hacerlo hace que mis ideas y pensamientos se me ordenen mucho mejor. ¡Pero no es celebrar mi falta de vida sexual!

Era gracioso, pero justamente en el disco de Z-Kaeka había una canción titulada ‘swim in fire’ que hablaba precisamente de sexo, un sexo mucho más tóxico y pasional. Precisamente esa canción no es que hablase de su falta de vida sexual. Era una canción muy sensual, con metáforas muy sutiles pero que si la escuchabas con detenimiento no había duda de lo que hablaba y cómo lo contaba, casi con arrepentimiento.

Entendió perfectamente a su acompañante con respecto a la pasión por un instrumento, pues ella también lo había sentido. Indudablemente sus instrumentos predilectos eran los de cuerda, entre ellos: piano, guitarra y ukelele.

―¿Y eso te pasa con todos los instrumentos? ―preguntó, curiosa. ―¿O es solo con el piano? Quizás lo tuyo es la guitarra, la batería o… la trompeta. ¿No te llama aprender a tocar algún otro instrumento? ¿O prefieres dejarlo solo para disfrutarlos como oyente?

Había muchas veces en donde no te hacía falta entender la letra de una canción para conectar con ella, así como el sentimiento con el que lo canta el cantante. Es por eso que el directo de una canción siempre era mil veces mejor que una versión de estudio, pues podías vivir el desgarramiento―metafórico―que el cantante ponía cada vez que la cantaba.

Al ver que Ryan estaba entendiéndolo todo, Zeta se mostró interesada, asintiendo al hecho de querer saber, más que por entender solamente por saber si lo que ella estaba sintiendo tenía que ver con lo que estaba cantando.

Le gustó mucho el pequeño fragmento que le tradujo, hablando sobre el amor y la capacidad que tenía una persona de amar a otra. O, siquiera, si era necesario o había una forma de hacerlo bien. Se sorprendió bastante ante esa reflexión.

―Me gusta ―le respondió, asintiendo suavemente con la cabeza. ―¿Entonces cómo me decías que tengo que pedirle que venga a tomarse un café conmigo en español…? ―Miró al rubio, con los ojos un poco entrecerrados, fingiendo ponerse coqueta con el cantante hispanohablante. ―Es broma. Lo seguiré por Youtube y los stalkearé en Instagram como una buena fan.

Se cruzó de brazos ante el frío que sintió en ese momento, pensando en que si no estuviera acompañada―y Zeta no era de esas que hacía el feo de dejar a su compañía sola―seguramente sin saber español ni nada, se hubiera acercado al tipo a decirle aunque sea que le había gustado. Era una tontería, pero como cantante en potencia que le gustaba considerarse, adoraba muchísimo que las personas se tomasen un minuto de su vida en decirle que algo de ella les había gustado. Ese feedback positivo siempre hacía que su día se iluminase, aunque fuese el día más terrible del mundo.

―Entonces... ¿cómo hay que amar, Ryan? ―Reflexionó entonces, todavía con el verso en su cabeza, girándose hacia él y lanzándole aquella pregunta tan complicada.
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Ryan Goldstein el Sáb Sep 21, 2019 2:28 am





—¿Qué quiere decir eso?—Reaccionó con motivo de añadirle humor a la pregunta, atribuyéndole intencionalmente un sentido erróneo a las palabras “sofá” y “posiciones” en la misma oración. Zeta bromeaba tanto con el sexo, que ningún comentario se oía inocente una vez que empezabas a conocerla. Rió con la mención de Dexter—. Oh, no creo que sea así—intercedió noblemente por su amigo, condescendiente—. Yo también—añadió, aparentemente tocado por la ternura con la confesión y acompañando esas palabras con un asentimiento cordial—. No lo había pensado antes, lo de tener un sad buddy, pero me gustaría mucho.

Meditó por un instante, tanteándola con la mirada.

—¿Qué dices de un día en el que te sientas muy apretada en tu madriguera y quieras estirar las piernas? Me whassapeas y… ¡Te diré qué! Tengo una película, que la tengo ahí apartada porque hace tiempo que quiero mirar: “Amor antes de ti” ¿Qué te parece si te mensajeo cuando se me dé por tirarme en el sofá?

Su literalidad era pura socarronería, y se delató con una sonrisa. La escuchó y pensó que estaba comentando algo muy propio del alma de un artista que halla inspiración donde otros sólo se tropiezan con un saco de boxeo, o en casos más viciosos, una botella. Le gustaba ese nivel de creatividad que llevaba a las personas a inspirarse, era apasionarse secretamente, era tener un talento para la sensibilidad. Siempre había tenido afinidad con los artistas.

—¿Sabes que sí? Si me pones una guitarra en la mano soy como un queso—dijo—. No me nace “tocar”. Tampoco es que diga “No”, sería tan antinatural no querer rasguear un poco sólo por probar algo nuevo, pero tocar instrumentos no es “mi cosa”. Pero sí, me encanta oír, pasar un buen rato—Y alardeó—: Soy el mejor oyente.

>> Soy de pensar que poseemos un impulso que es nuestro y único, una inclinación natural—continuó, decantándose por un tono íntimo en la conversación—… Puede cultivarse pero se siente como si siempre lo hayamos llevado con nosotros, como algo que nadie tuvo que enseñarnos, que estaba ahí desde el principio. ¿No tienes esa sensación con la música? Posiblemente la descubriste alguna manera, pero fue como si… se pertenecían de algún modo, tú y la música. ¿Qué hay de ti?—añadió, en una pregunta—, ¿cuántos instrumentos te gustaría saber tocar?, ¿te queman los dedos cuando te ponen una guitarra delante?

El cantante bajó del escenario seguido de aplausos y al mismo tiempo otro subía a instalarse con su propio equipo para ocupar su lugar. Todo el evento tenía una informalidad que daba a entender que aquellas no eran bandas populares, pero que cantaban con la esperanza de darse a conocer. Se había creado un ambiente familiar entre el público y los cantantes, se sentía en el aire.

—Oh, ¿tú quieres intentarlo?—En el tono empleado había algo que sonaba indudablemente a un ofrecimiento. Negó con la cabeza cuando Zeta salió con que era una broma. Pero él se preguntaba, ¿por qué no?—. ¿Broma?, ¿por qué? Es un festival pequeño y todas estas son bandas desconocidas, pienso que podemos acercarnos—Alzó la cabeza, girándola en una búsqueda panorámica con la mirada—… ¿Ves allá? Ahí está el músico de la guitarra charlando lo más casual, busquemos al chico del rap…

Zeta se abrazó a sí misma y fue en ese momento que Ryan reparó en que, quizá, se estaba levantando el viento. Él llevaba tan sólo ropa ligera encima, pero no tenía tendencia a los escalofríos. Al girarse y encararlo con su pregunta, el muy desprevenido enarcó una ceja reflexiva.

—Te diré qué—Le ofreció el brazo, invitándola a que lo tomara y así arrastrarla en una caminata. Frío él no tenía, pero empatizaba con la piel de gallina de los demás, y le nació el gesto en un acto de donación solidaria de calor humano. En cualquier caso, Zeta había hablado, y broma o no, Ryan quería moverse con ella hasta dar con el chico del rap, allá adelante—. Se lo preguntas tú misma al chico. ¿Quieres que te dé un curso rápido de español, primero?—Se entretuvo dirigiéndose hacia ella hablando despacio, para que siguiera sus palabras— “Hola, hoy me he hecho tu fan” (Hola, hoy…)—Era probable que, de todos modos, el cantante fuera bilingüe, pero Ryan tomó el papel de profesor de idiomas—“Me gusta mucho tu música” (Me gusta mucho…). Te juro, no te metería en una situación embarazosa. Oh, y lo que tú pedías: “¿Vamos por un café?” (Vamos por…).

Rodeado por un pequeño, íntimo grupo, el chico del rap se expresaba encantado y atento con el interés. Hablaba en un inglés rudimentario con evidente acento extranjero, y reía si malinterpretaba o hacía malinterpretar una palabra. Se lo apreciaba como alguien sencillo, físico, que reía mucho. Se prendía fácil a una conversación y se emocionaba notoriamente si era sobre cómo otros se habían sentido con su música. Era extranjero y había ido a visitar por una temporada a unos amigos metidos en el negocio de la música. Lo que no sabía de inglés, lo compensaba con la intensidad del lengua corporal, y le buen sentido del humor.



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Ryan GoldsteinMagos y brujas

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