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¿Tú? ―Ryan.

Sam J. Lehmann el Vie Sep 13, 2019 4:48 am


Thaddeus Allistar había sido uno de los profesores de Samantha cuando estaba en la universidad y la diferencia entre él y el resto de miembros docentes de su estancia como estudiante de legeremancia fue sin duda buen rollo que había tenido con él. Se podría decir que lejos de tener una mera relación alumna-profesor, se habían hecho amigos, de esos compañeros que comparten su pasión con un chocolate y una porción de tarta delante. Cabe añadir que era el profesor favorito de Sam, mientras que ella era la alumna favorita de Thaddeus. Hasta después de su graduación siguieron teniendo contacto: ella siempre contactaba con él para preguntarle dudas, mientras que él siempre la invitaba a convenciones porque sabía que era de sus pocas conocidas que lo valoraría tanto como él.

Hacía, literalmente, casi cuatro años que no sabía del paradero de Thaddeus ni sabía de él, sin embargo, sí que recordaba perfectamente como él había sido el desencadenante de que Artemis Hemsley se hubiera metido en la vida de Samantha, Caroline y Gwendoline. No le culpaba, pues sabía que la única culpa de que pasasen tantas cosas malas era sólo de quién las atacaba, pero aún así no había podido evitar relacionar todo eso con él.

Había quedado esa mañana con él en una ubicación que le había mandado, todo eso por correo electrónico. Era el método que utilizaban para comunicarse, aunque los últimos que Sam le había mandado preguntando que si estaba bien no recibieron respuesta alguna. Sin embargo, hace tres días le llegó uno de él, como si nada hubiera pasado y diciéndole que quería verla. Ese día precisamente trabajaba de tarde, por lo que pudo contestarle diciendo que allí estaría.

Estaba algo nerviosa, pero especialmente feliz. Confiaba en Thaddeus y sabría que por mucho que su nombre hubiese resonado en situaciones en donde habían problemas, precisamente él no le acarrearía ninguno. Así que tras avisar a Gwen de que se iba por móvil, ya que ella estaba trabajando, fue en dirección a la ubicación.

Era en la dichosa montaña.

Había una cabaña de piedra en un lugar muy hogareño, con unas vistas increíbles, casi en la punta de una meseta. No le sorprendía del todo que Thaddeus hubiera terminado viviendo en un lugar así, con lo bohemio que era. Lo que le sorprendía, en realidad, es que siguiese en Londres.

Tocó dos veces en la puerta con el puño, ya que no había timbre y era una puerta muy gorda como para tocarla con los nudillos. Esperó bastante, hasta que se cansó y se metió por el pequeño jardín de la cabaña, yendo a la parte trasera y mirando por el interior de los cristales. No veía nada de nada, ni rastro de vida. Además, el cerdito de Thaddeus, de nombre Rosie, siempre solía hacer bastante ruido cuando olía que alguien se acercaba.

Mientras caminaba alrededor de la cabaña en busca de su amigo, se encontró de frente a otra persona. No era ni de lejos Thaddeus: era joven, alto, rubio, de ojos azules e… ¡iba con ella al gimnasio! ¡Era un muggle! ¿Qué narices hacía allí Ryan?

―¿Tú? ―preguntó, más confundida que un daltónico en una piscina de bolas.

No entendía nada.

Sam cuando se hacía pasar por ‘Amelia Williams’ solía tintarse mágicamente el pelo de color castaño, además de cambiar también el color de sus ojos, dejando de ser de ese celeste para pasar a ser marrones. Ahora, sin embargo, no iba como Amelia, sino como Samantha, por lo que era rubia y el tono de sus ojos competía con el del chico que tenía delante.

Iba a matar a Thaddeus. Y lo peor de todo es que parecía que no iba a parecer. Ya le parecía raro que contactase de nuevo con ella... ¡Tenía que haber gato encerrado en algún lugar!
Sam J. Lehmann
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Ryan Goldstein el Vie Sep 13, 2019 8:22 pm





Nadie en casa, ¿qué hacer? Rodeó la casa sin siquiera imaginar que poco rato después alguien tomaría la vuelta contraria hasta que, ensimismados en puros andares circulares, se chocaran —abruptamente, sin aviso, ¡cual súbito tropiezo!— en un encuentro aparentemente casual, ¿o era que habían estado por mucho tiempo gravitando en la misma órbita sin tener noción uno de otro?

Thaddeus Allistar era un hombre que siempre te deparaba una sorpresa, eso es lo que Ryan podía esperar cuando trataba con él en asuntos extraoficiales. Lo que menos se pensó, fue toparse con una nomaj. ¿Era aquello pura casualidad?, ¿o había un elemento perverso en la aparente inocencia del encuentro? Su primera reacción —en mutua sintonía con una expresión de atropello que era todo un poema— fue la de alarma. Sin siquiera reconocerla de antemano, tuvo el presentimiento de que algo iba mal.

Es intrigante cómo funciona la memoria, porque incluso en los momentos de sobresalto trabaja forzosamente para hilar en el tumulto de la confusión una suerte de asociaciones que nos transporten al terreno más seguro de lo familiar. En el instante del choque, aunque tuvo la inmediata y en un modo desagradable certeza de que no había visto a esa mujer en su vida, el hilo de asociaciones en su mente lo atenazó de tal manera que lo condujeron a un rápido reconocimiento facial. ¿Y cómo actúa un experimentado…

—¿Tú?

… agente que se sirve de las apariencias para cubrir sus verdaderos propósitos en una situación que le genera una fuerte desconfianza…? Casual, cómo no. Mejor no le podía salir, porque estaba completamente en ascuas. Pensaba a toda máquina, eso sí, sobre las posibles implicaciones de aquel encuentro. Su confianza hacia Thaddeus Allistar, algo que de momento los dos no sabían que compartían, era lo que echaba para atrás sus sospechas de una terrible amenaza. ¿A menos que se tratara de una agente encubierto que lo hubiera seguido todo ese tiempo, a menos que hubieran interceptado su medio de comunicación…? Era muy cuidadoso ante esa posibilidad, lo habían entrenado para serlo. Era un agente experimentado, entrenado…

—¿Te ves diferente?

… que sólo podía atinar a hacer un frívolo comentario sobre el nuevo look de su, ahora caía finalmente en la cuenta, gym buddy. De haberse dado cuenta de que ella se había teñido el cabello, se lo habría señalado. Sólo sabía que se veía diferente, pero no sabía muy bien por qué. Ya era bastante intentar asimilar qué hacía allí, y se hallaba demasiado fuera de contexto en ese momento; en una palabra: perdido.

—Diferente, pero bien—añadió rápidamente, en lo que sonaba a una excusa— ¿Te cortaste el cabello?

Pasado el extrañamiento momentáneo se relajó con un suspiro y cambió de actitud. Alzó las menos en un gesto de amables intenciones —eso aparentaba— que lo delataba total e indudablemente tomado por sorpresa.

—Nunca te vi fuera del gym, así que… Estoy pasmado—No quedaba claro si por el nuevo look de Amelia o por la situación, pero Ryan se sentía en esas circunstancias honestamente más impresionado por lo segundo—. ¿Qué haces tú por aquí?  

De seguro, algo sobre lo que los dos querían interpelar enseguida y con el mismo énfasis. No era realmente obvio qué hacía una nomaj merodeando por las inmediaciones de una cabaña solitaria en una de las apacibles y paisajísticas montañas de Londres, curiosamente alrededor de la hora estipulada por Thaddeus para una reunión de índole clandestina.

Obvio, lo que se decía “obvio”, realmente no era. Sin embargo, Thaddeus Allistar era alguien que a lo largo de su vida había demostrado ser extremadamente cuidadoso y confiable, y no por nada seguía disfrutando de su libre albedrío a pesar de todas las distintas organizaciones con las que se había visto liado, o que habían deseado arrastrarlo en algo fuera o no de su agrado. De ahí, su nivel de confianza.

De darse en el contexto de las circunstancias, ya fuera por una interna necesidad de relajar la tensión o por la mutua sensación de sorpresa que los había llevado a mirarse como a dos intrusos salidos del huevo, Ryan se echaría a reír.


Ryan Goldstein
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Sam J. Lehmann el Sáb Sep 14, 2019 3:19 am

No fue hasta que Ryan, el muggle, mencionó que se veía diferente que se daba cuenta que no estaba allí como Amelia Williams, sino como Samantha Lehmann. Claro que ella tenía intenciones de reencontrarse con Thaddeus Allistar, su buen profesor mago, no con su compañero del gimnasio. Soltó aire lentamente, un poco contrariada con el hecho de que las cosas no estuviesen saliendo ni de lejos cerca de lo que ella esperaba para aquella mañana.

Sin embargo, Sam se dio cuenta de una cosa: después de tanto tiempo leyendo la mente de las personas y viendo cómo reaccionan frente a emociones y pensamientos, identificó perfectamente la misma sorpresa e incomodidad del rubio. Allí Sam no era la única que parecía haberse encontrado con algo que no esperaba.

―¿Sólo por encontrarme fuera del gym? ¿No te resulta extraño el hecho de que nos encontremos en una cabaña que no nos pertenece a ninguno de los dos en mitad de una montaña desolada? ―Argumentó, enarcando una ceja.

En realidad no sabía si esa cabaña le pertenecía o no, pero por su cara estaba asumiendo que no. Iba bien vestido y parecía tan perdido como ella al no ver a nadie en su interior.

¿Y si… era un cazarrecompensas, había ido a por Thaddeus y éste había tenido que huir antes de poder avisar a Sam? Por un momento se le pasó eso por la cabeza, el mismo momento en el que dio un pasito hacia atrás. Sin embargo, otro pensamiento la relajó: si hubiera sido un cazarrecompensas, con buena memoria para los fugitivos a los que tiene que cazar, estaba segura de que la hubiera reconocido por mucho que hubiese castaña de ojos marrones en el gimnasio.

Y entonces cayó en algo: ¿qué narices hacía su compañero de gimnasio muggle en un sitio así? Era imposible que hubiese llegado caminando y no había visto ningún vehículo.

―¿Conoces a Thaddeus Allistar? ¿Estás aquí por él? ―preguntó directamente, sin saber si estaba preguntando la pregunta adecuada. ―Nadie viene aquí de paseo; estamos en el culo del mundo.

La legeremante se encontraba en una esquina de la casa y si bien no había hecho amago alguno de coger la varita―por miedo―si que había pensado en donde la tenía guardada por si tenía que acudir a ella. Por una parte dudaba que el Ryan que ella conocía del gimnasio fuese un peligro, pero por otra parte había aprendido a desconfiar de su propia sombra. No sería la primera vez que la sombra de una farola le da miedo.
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Ryan Goldstein el Dom Sep 15, 2019 11:36 pm





Extraño, sí. En esa clase de situaciones sólo quedaba reflexionar sobre lo evidente. Si estuviera cualquiera de los dos en peligro, este no se hubiera anunciado de la forma en que lo hizo. Algo tenía que significar haber sido citados en el mismo lugar, el culo del mundo. La expresión le sacó una sonrisa. Aun ante la mención de Thaddeus, Ryan mantuvo una actitud calmada, curado de la sorpresa, como si se viera en posición de analizar la situación con más detenimiento. No lo abandonaba, sin embargo, la sensación de humor que venía aparejada con la situación. Vaya, y por mucha cara casual que llevara puesta, estaba sujeto por la incredulidad.

¿Su gym buddy había sido todo ese tiempo alguien exactamente como él?

Ryan la miró con curiosidad. Se lo adivinaba fascinado con un encuentro así de imprevisto. Había pasado de la confusión al interés con suma facilidad, sin guardarse reparos. No estaba seguro de poder decir lo mismo de Amelia, así que prestó atención a lo que diría a continuación, atendiendo finalmente a sus preguntas. Se sujetó una muñeca de forma que sus manos quedaran recogidas al frente y reclinó el peso en un pie, luego habló con una acentuada confianza.

—Sí, el mismo. Él no te mencionó; a ninguno de los dos para el caso, ¿es así?—La obviedad de la pregunta no demandaba una respuesta, era más un uso muletilla que le daba a las preguntas al final de una oración, a modo de énfasis—. Tienes que admitir que—incapaz de estarse quieto con las manos, las alzó en un gesto abierto—… Esto suena exactamente a algo que él haría—Sonrió—. Supongo que él pensó que lo descifraríamos solitos.

¿Y cómo harían eso?

—Supongo que eso es lo que tiene un buen profesor, ¿verdad?—continuó. Había en esa actitud casual un intento por alivianar lo que había sido un comienzo de puro golpe y extrañamiento—Deja puzles para que los alumnos lo resuelvan por su cuenta… Es más como una manía, si me preguntas. Molesta, al principio.

No es que lo conociera mucho, Thaddeus Allistar era un contacto que había conocido, como era usual en su campo, a través de un mediador. Existía un canal extraoficial para aquellos que, por una razón u otra, necesitaban mantener en confidencia sus acciones y recurrir, como era su caso, a un “extractor de memorias”. Se trataba de una red que se movía en las sombras y en la que el negocio de la información se valía de estrategias para ocultar y difundir secretos que otros consideraban valiosísimos. Pero para Ryan, aquella petición era personal. Quería recuperar algo que le habían quitado hace tiempo, durante sus días en el MACUSA como miembro del Departamento de Misterios. ¿Y cómo es que Amelia podía serle de ayuda?



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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Sam J. Lehmann Ayer a las 5:24 am

―Es así ―le respondió sin tardar ni un poco.

Desgraciadamente… sí que sonaba a algo que haría Thaddeus Allistar y le odiaba por ello. Estaba claro que su profesor no había hablado mucho con ella últimamente porque entonces hubiera sabido que no le hacía ni una pizca de gracia que le hiciera una jugarreta como esa, una cita a ciegas con una persona que en teoría no debe de conocer en absoluto. Sin embargo, el pensar eso hizo que Sam le diese un poco al coco.

Thaddeus no le iba a hacer una cita a ciegas para que quedase con un tío sólo porque sí. No lo haría en ningún caso, ni siquiera en esta situación. Para colmo, Allistar era muy consciente de las preferencias sexuales de Sam, pese a que no supiera que ahora tenía una relación estable, por lo que es impensable el hecho de que las intenciones de Thaddeus fuesen más allá que algo profesional. Y teniendo en cuenta las pasiones que unían al profesor con la alumna, tenía que ser algo relacionado con la memoria.

Y por lo que se veía, Ryan también conocía a Thaddeus como un profesor y, hasta donde Samantha sabía, el anciano solo daba clases de temas mágicos.

―Vale, entonce eres un mago. Ryan, el tipo que me ayuda a mejorar en el gimnasio y a veces se deja ganar, es un mago. ―Dio por hecho, cruzándose de brazos. ―¿Cómo puedo tener tan mala suerte? ―Bufó, en un tono de voz casi inaudible.

Samantha si conocía bastante bien a Thaddeus como para saber perfectamente que quería que ALGO sucediese entre Ryan y Sam y no quería que ese ALGO le salpicase a él. ¿Por qué? Eso ya era algo que escapaba al conocimiento de Sam, sobre todo después de tanto tiempo y sin saber en qué situación se encontraría ahora su tan preciado profesor.

―Está bien: tú eres un mago amigo de Thaddeus Allistar y has venido a verle. Yo soy una bruja amiga de Thaddeus Allistar y me había citado aquí. Asumo entonces por tu cercanía por muggles en el gimnasio, tu cero interés en los carteles de ‘Se Busca’―eso iba en relación a que no se había dado cuenta de que ella era Samantha Lehmann. ―Y tu indiferencia con respecto al hecho de que Allistar sea fugitivo… Que debes de ser un traidor.

Hacía mucho tiempo que Samantha no veía los carteles de ‘Se Busca’ a excepción de las cosas que salían en El Profeta que Gwendoline llevaba a casa, pero igualmente no le sonaba haber visto la cara de Ryan en ningún lugar.

El único motivo por el cual la reflexión de Sam había hecho que confiase un poco en Ryan es porque conocía a ese Ryan. Si llega a ser un completo desconocido, ya te decía yo que Sam a hubiese desaparecido en dirección a su casa, sin embargo, el Ryan que ella conocía del gimnasio era un buen tío, gracioso y atento. Le había ayudado en muchas ocasiones no solo a mejorar, sino incluso a desestresarse un poco y cambiar de aires. No había visto ni en mil años a un mal hombre en la persona que tenía ahí delante.

Y bueno, debía de admitir que si Thaddeus confiaba en él… Algo le decía que debía de darle un voto de confianza.

―No me llamo Amelia Williams, me llamo Samantha Lehmann y llevo huyendo del nuevo gobierno casi tres años. Y llevo como cuatro sin ver a Thaddeus. Era mi profesor de la universidad. ―Y entonces dio un paso hacia adelante, aún con los brazos cruzados. ―¿Y tú?
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