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Trembling hands. ―Joshua.

Ayax Edevane el Jue Oct 10, 2019 3:40 am

Recuerdo del primer mensaje :

Trembling hands. ―Joshua. - Página 4 TWEUxEb
Sala de autopsias, Área-M | 09/10/2019 | 11:30h | Atuendo

Desde que Hunter y Ayax eran conscientes de la relación del otro con Joshua Eckhart, su trato profesional se había visto reducido a lo mínimo posible con tal de evitarse incomodidades y, por suerte, era fácil evitarlo pues cada uno tenía su campo bien definido y el becario trabajaba con otros extirpadores. Por parte del pelirrojo, no le parecía una persona grata aquella que se acostaba con su primo. No sólo porque se acostase con su primo, sino porque ya lo conocía de antes y no le parecía una persona adecuada para estar con Joshua.

Podría dar su brazo a torcer un poco y reconocer su buena actuación con respecto a los problemas de Joshua después del secuestro, pero eso no lo hacía mejor persona, ni mucho menos mejor partido.

Por desgracia, ese día tuvo que trabajar con él.

La extirpadora con la que Ayax pasaba mayor parte del tiempo―y la única persona que sabía toda la movida de Níobe―estaba colaborando con Biersack, por lo que el pelirrojo también tenía que estar presente en ese trabajo.

―¿Y cuál es tu opinión al respecto, Edevane? ―preguntó Hunter al becario que estaba un paso por detrás.

No había nada que le molestase más en ese punto que estar un paso por detrás que Hunter. Con respecto a sus responsabilidades en el Área-M, por supuesto, o eso creía Ayax. Sin embargo, lo miró con seriedad y dio ese paso hacia adelante.

―Si había dado resultados óptimos con el resto de pruebas y sólo ha fallado en esta, entiendo que puede haber sido o una sobredosis de algún fármaco o bien una reacción alérgica que desconocíamos del paciente. Dudo que haya sido un elemento en mal estado, pues aquí tenemos muy bien regulado eso sobre todo porque muchos son letales ―respondió, recibiendo el beneplácito de Aurora, la extirpadora acompañante―. Si me deja los informes, yo mismo puedo ver qué anomalías ha habido, o intentar encontrar la respuesta a esto antes de volver a probarlo con otro paciente.

Aurora se había ido rápido para atender una llamada importante de la directora Brewster, por lo que de manera totalmente indeseada, ambos se habían quedado juntos. Qué ilusión. Los dos eran consciente de  que el motivo principal de su recelo era Joshua Eckhart, pero mencionarlo haría a cualquier quedar por debajo del otro, pues ambos eran igual de profesionales. Así que Hunter se aprovechó de su poder en el interior del Área-M.

―Asegúrate de revisar bien todos los informes ―dijo, antes de mover la varita y hacer que una pila de informes volase hacia Ayax―, no tengo mucho margen para entregar esta muestra, así que hazlo rápido.

―Tengo más cosas que hacer, Biersack ―le respondió Ayax, sin resultar ofensivo―. Quizás no pueda ser tan rápido como quieres.

―Pues prioriza esto, Edevane ―le contestó.

―Llevo trabajando más tiempo con Aurora y sus asuntos tienen prioridad para mí.

―Sabes que no te conviene ―le hizo saber―, eres un becario del Área-M, no de Aurora, por lo que se espera de ti que sepas ajustar tu horario a las prioridades necesarias de cada extirpador. Dado que no eres uno todavía, más te vale mantenernos a todos contentos para que Brewster no tenga comentarios negativos de ti. Supongo que tu objetivo es terminar siendo extirpador; a nadie le gusta ser el recadero de nadie. Eres listo, sé que sabrás qué hacer.

―Lo tendré en cuenta. ―Fue lo único que dijo, sintiendo que se le hinchaba la vena de la frente y como apretaba los dientes.

No tardó en girar e irse de aquella sala, dejando atrás a Biersack en compañía de la paciente fallecida. Fue hacia su propio despacho―el cual compartía con otros dos becarios―, dejando sus cosas sobre su mesa y cogiendo aire tranquilamente. “Es un puto imbécil” resonó en su cabeza, siendo muy consciente de que Olivia, en la mayoría de casos, siempre decía lo que realmente pensaba.


***

Todo el trabajo que le había dado Hunter Biersack en ese momento había descolocado por completo toda su agenda de ese día, por lo que tenía que empezar a buscar tiempo. No quería hacer las cosas bien por Biersack, sino más bien por Brewster. No conocía a Hunter, pero le veía capaz de decir algo malo de él solo por venganza o porque todos los extirpadores son unos cabrones que buscan que nadie les quite el puesto.

No podía cancelar sus planes con Gabriella porque estaban vinculados con la futura boda, por lo que de camino a casa, se sacó el reloj y le dio la vuelta, haciendo que la conexión con el espejo comunicador de Joshua comenzara. Cuando su primo estuvo al otro lado, habló:

―Josh, acabo de salir del trabajo. ―Si era un poco observador se daría cuenta de que había salido como una hora tarde de su horario normal―. Aún no he comido y tengo que hacer varias cosas para mañana. Sé que habíamos quedado para cenar, pero voy a tener que posponerlo si quiero tenerlo todo terminado y estudiado para mañana, ¿te parece bien quedar mañana?
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Jue Nov 07, 2019 5:26 am

Cuando Ayax hablaba, Joshua ni se gastaba por contestar. Podía, sí, entrar en el “¿Por qué tengo que?” y empezar una acalorada discusión sobre el ser y el deber… pero no lo hizo. No lo hizo, quizá porque en algún punto de sí mismo había sentido que su primo tenía razón… o tal vez porque siempre lo defendía y apoyaba, incluso cuando del otro lado estaba él. No lo sabía, tampoco le importaba, sólo sabía que no dijo nada para defenderse, aunque tenía cosas que decir.

El pelirrojo lo conocía como sólo él sabía, y se detuvo a su lado mirando al frente cuando oyó a su primo romper el silencio. Sabía que seguramente no tenía nada que decir que él quisiese escuchar, pero lo dejó hablar porque no iba a marcharse dramáticamente dejando cabos sueltos.

Fue una estocada al pecho cada una de sus preguntas. E, inconscientemente, respondió mentalmente a la primera: no, no se veía con Biersack toda su vida. Y al responder, no pudo evitar imaginar a Ayax en el lugar de Hunter. Creyó que era una mala broma de su mente, dada la situación actual… pero no le pareció fuera de lugar, por algún motivo que no entendió. La imagen no lo disgustó.

Salió de sus pensamientos cuando su primo volvió a hablar, diciendo que no tenía que contestar en ese momento. Sin embargo, él tenía la respuesta. Joder, que la tenía.

Así que miró a Ayax a los ojos, por primera vez aquella noche. Y si en todo su rostro pudo, no logró ocultar en ellos que estaba herido. Que sus palabras lo habían herido. Que se sentía vulnerable y, como un todo, también se sentía como la mierda.

Espero saber cómo se siente ser yo —le dijo, — antes de convertirme en lo que ustedes quieren ver en mí —ya no “mi familia” ni “nuestra familia”. “Ustedes”, porque sabía que Ayax debía ser el que más esperase que cambiase.

Y le dolía, porque su primo era el que más tendría que saber cuánto sufría sabiendo su destino futuro.

Esta vez no esperó respuesta. Se recompuso dignamente y salió de ahí, apretando su muñeca izquierda con su mano derecha a través de su espalda. La apretaba tanto que dolía, y sabía que quedaría la marca roja de su presión debajo de la manga cuando la soltase. De algo tenía que sostenerse para no sentir que estaba cayendo otra vez.

El camino de vuelta a su mesa debió ser como se sentía el camino de la vergüenza. Lento, tortuoso, largo. Sabía que nadie lo miraba, y al mismo tiempo sentía todas las miradas encima de él. Lo hacían sentir observado y eso sólo le estaba sentando peor.

Se sentó en su mesa, donde ya estaba el plato, pero Hunter había detectado que algo andaba mal desde que lo vio venir. Pensativo, con la mente en otro lado, la mirada perdida en algún punto imaginario en frente de él.

Tengo que irme —fueron sus palabras, abstraído en un mundo dentro de su propia cabeza.

¿Es por él? —Hunter cuestionó, sin andarse con rodeos. — ¿Él te dijo que…?

Baja la voz —le pidió Joshua. — Sólo tengo que irme, no puedo hacer esto, lo siento —ahora era a él a quien sus ojos huían.

Más bien, sentía que se hacía pequeño conforme la molestia de Biersack crecía.

¿Fue porque él te lo dijo? —insistió, poniendo una mano en la mesa. — Mira, no sé quién se cree para…

No hagas esto aquí, no ahora, no es momento, ya lo hablaremos luego.

¡Deja de interrumpirme! —masculló el otro entre dientes.

Joshua cerró los ojos, como si le hubiese dado un bofetón imaginario. Así se había sentido.

Voy a salir por esa puerta —empezó a hablar Joshua de nuevo, sacando su billetera y de ella su parte de la plata gastada, — no me sigas, ve a tu casa, no le digas nada, por favor —eran tres cosas simples que le estaba pidiendo.

Sabía que en ese momento le estaba pidiendo el mundo entero a Hunter Biersack, que lo miraba como si no pudiese creerse qué era lo que estaba sucediendo en ese sitio.

Eckhart dejó el dinero en la mesa y se puso de pie. Sintió la irrevocable necesidad de decir algo, de tratar de enmendar la situación, pero no había caso. Sólo dejó escapar una exhalación lenta antes de empezar a caminar. Él no tomó el camino más largo, pero ni siquiera miró a la mesa donde se encontraban Ayax y Gabriella. Resistía la tentación de apretar el paso, pues sabía que eso llamaría la atención.

Se perdió dentro de un elevador, y desapareció en el recibidor.

Hunter no estaba bien. Miraba el camino que Joshua había seguido, incrédulo, molesto, apoyado en la palma de su mano. Él sí miró la mesa del pelirrojo. Si Ayax hubiese podido matarlo con su mirada anteriormente, la mesa entera de Edevane habría explotado con la que le dedicó Biersack. Le costó, mas fue elegante y salió de ahí tras pagar, cumpliendo dos de las tres peticiones que le habían hecho.

No lo siguió ni dijo nada.
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Vie Nov 08, 2019 4:14 am

Vaya.

Esa frase que había dicho había dejado a su primo bastante pillado. ¿Saber cómo se sentía ser él antes de convertirse en lo que ellos querían ver de él? ¿Acaso… no era obvio que debían de ser las mismas personas?

Al pelirrojo se le escapó la oportunidad de poder decir nada nuevo a Joshua, pues se había quedado pensando en esa frase y el moreno había huído del baño rápidamente. Lo agradeció, realmente, pues hasta Ayax se había dado cuenta de que estaba siendo extremadamente duro con él sin necesidad alguna, sencillamente porque podía y lo necesitaba. No quería descargar con él su desagrado por Biersack y la situación, pero obviamente tampoco iba a tratar ese tema con el extirpador. Al final, todo le había salido en dirección a la persona menos indicada.

Cuando la puerta del baño se cerró, Ayax se quedó pensativo: ¿cómo se sentía ser él? ¿Cómo no lo iba a saber? Aunque no se notara porque a ojos de cualquiera el pelirrojo podría parecer perfecto y con las ideas claras, realmente él también tuvo que adaptarse a lo que se esperaba de él. Obviamente no era lo mismo, pero…

Al darse cuenta de que tenía que salir del baño para volver a la mesa con Gabriella, otra sensación apareció en su mente: incomodidad. Después de lo que estaba sintiendo en ese momento, no tenía nada de ganas de volver con su prometida pues… se sentía extraño: ¿por qué se había puesto así por ver a Joshua con Hunter de esa manera? ¿Qué era lo que esperaba él qué ocurriese? ¿Se iba a poner igual cuando estuviese con una mujer, o era sencillamente porque odiaba a Hunter Biersack? Porque en ese momento tenía tres opciones a las que abrazarse: o el problema era Hunter, o el problema era la posible pareja de Joshua o, directamente, el problema era su primo.

Y pese a que Ayax era muy listo, esas cosas le estaban quedando muy grande y le daba pánico pensar que el problema era su primo porque… ¿cómo narices iba a ser el problema su primo? ¿Qué clase de problema tenía él como para pensar algo así?

Cogió aire, se miró al espejo y salió del baño en dirección a la mesa con Gabriella, sin querer mirar de nuevo a la que compartían Biersack y Joshua. Lo evitó por completo, pues no quería ni ver a Joshua, ni ver a Hunter, ni mucho menos verlos en compañía haciendo a saber qué. Fue cuando se sentó en la mesa, que la cotilla de Gabriella no pudo evitar seguir con la mirada a Joshua cuando fue en dirección al ascensor.

―Parece que se ha ido… enfadado.

―Decepcionado ―le corrigió Ayax.

―¿Decepcionado? ―No se esperaba esa palabra, precisamente―. ¿Qué le has dicho?

―Le he dicho que es un irresponsable y se ha enfadado ―le respondió, un poco seco, pues no se encontraba cómodo―. Creo que está decepcionado conmigo, pero no entiendo en qué momento podría esperar que yo apoyara algo así. ¿Pretendía que fuese y le diese dos palmaditas en la espalda para animarlo a salir del armario? ―Pensó en voz alta, arrepintiéndose al momento.

Gabriella entonces puso la mano sobre el dorso de su prometido, mirándolo con preocupación.

―Dale tiempo ―le aconsejó―. Se dará cuenta de lo que tiene que hacer, Joshua es un chico listo.

Lo que sí tuvo que mirar Ayax fue a Biersack caminando en dirección al ascensor, con una mirada de pura rivalidad y celos. Gabriella era muy consciente de quién era Hunter y lo mal que le caía a Ayax, por lo que no tomó para nada fuera de lugar esa mirada.

―Cuando las cosas se calmen hablaré con él…

―No hace falta ―le dijo Gabriella―. Es tu primo, pero no tienes que cuidar de él. Ya es adulto para saber qué hacer con su vida. ¿Que quiere decirle a toda la familia que es un desviado y quiere mandar al carajo toda la tradición familiar? No te metas en sus decisiones.

―Pero yo siempre he estado…

―Ya lo sé, me has contado lo bien que os lleváis, que sois inseparables y que siempre os apoyáis. ―No le cortó, más bien complementó lo que iba a decir, antes de continuar―: Pero no va a ser un cachorro toda la vida. Déjalo lidiar con sus propios problemas y que haga lo que crea conveniente.

¿Debía? Por suerte el camarero llegó interrumpiendo la conversación, pero Ayax en ese momento se estaba preguntando a sí mismo si debía de desvincularse del tema y dejar que Joshua hiciera lo que quisiera, aunque en su opinión fuese un absoluto error. Su parte menos empática, esa que ODIA no tener las cosas bajo control, veía totalmente óptima esa opción, pero por otra parte… era Joshua. Ahora mismo se sentía fatal por haberle hablado tan duramente y… quería pedirle perdón, entenderlo y decirle que en realidad aunque Ayax pudiera pecar de tener pensamientos retrógrados, le daba igual que él fuera homosexual.

Mientras Gabriella se tomaba aquello con una filosofía envidiable, pues obviamente todo le daba bastante igual, Ayax se había quedado bastante pillado. Estaba más preocupado por los sentimientos y emociones que había desencadenado todo eso, que de que Joshua hubiese sido un descuidado. Ahora mismo solo podía pensar en una cosa.
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Vie Nov 08, 2019 5:51 am

Apareció en su apartamento, y finalmente dejó que el peso del mundo se le viniera encima. Había tratado de calmarse con una ducha fría, sin éxito. La presión abdominal, la taquicardia y su hiperventilación acompañaban la marea de pensamientos que se esforzaba en ahogarlo. Lo peor era que sentía que se lo merecía, que se lo había ganado. Que no podía esperar ninguna otra cosa y que era un idiota.

Había escrito tres cartas, cada cual a una persona más inesperada para sí mismo, pero no envió ninguna. La primera era para Bodhi, pero nunca encontró lo que quería decir, tachones de “¿Tienes tiempo para vernos?”, “¿Podemos hablar?”, hasta darse cuenta de que no quería hablar con él. La segunda era para la mancha Edevane, con las mismas intenciones. Si bien terminó esa carta, con todo y firma, tampoco la mandó. Cada una de ellas, el pulso le temblaba más. La última era para Denzel Smethwyck: “¿Tú tenías un giratiempo?”.

Todas quedaron regadas en la mesa de centro de su casa. Sólo era capaz de pensar en lo mucho que daría por cambiar esas últimas horas. No se quitaba de la cabeza la mirada de su primo, molesta y con una sombra que creyó debía ser decepción, o la de Hunter, de pura rabia. Se le vinieron encima todos los pensamientos de su futuro, y de lo que su familia quería para él, dándose cuenta de que nada de lo que querían él lo deseaba.

Terminó por caminar a su cocina: las manos le temblaban cuando tomó la taza, agitaciones abruptas que le hicieron preocupar derramar el agua caliente con té. Derramarlo fue el último de sus problemas cuando en un escape de magia, propio más de un niño que de un joven adulto egresado de Hogwarts, estalló entre sus manos. El suelo se empapó de infusión de hierbas y sangre.

Arrastrando los pies, sintiendo que no respiraba, fue a su habitación. Tomó su cuaderno intentando escribir la entrada del suceso, pero sólo manchó de carmín y de tinta el papel, lo que le entorpeció escribir.

No se dio cuenta del momento en que finalmente todo terminó, entrada la madrugada, quedándose dormido al pie de la cama. Lo último que pensó fue que, tal vez, se habían acabado esos días de plena y mutua comprensión. Ahora le correspondían a Gabriella.


Octubre 24, 2019.
Mansión Van Der Vaart.
08:34 am.

Su semana había salido del infierno. No estaba durmiendo bien; había nacido una nueva pesadilla recurrente. En ella, Joshua se veía a sí mismo muchos años en el futuro. Estaba con una mujer, una distinta en cada sueño, y tenía tres hijos, dos niños y una niña. Apostaba que tenía mellizos, aunque no sabía decirlo a ciencia cierta. Durante el sueño, en algún momento y siempre por un desencadenante distinto, sentía que una parte de sí se rompía, y su piel se caía como cristales sólo para revelar que no había nada dentro. Negro absoluto: no sangre, ni órganos. Negro.

Despertaba agitado y recordaba sus palabras de aquella noche: quería saber qué se sentía ser él mismo. Ayax se equivocaba: no iba a ser la misma persona cuando terminasen de “arreglarlo”. De hecho, llevaba años sintiendo que no era él mismo y nadie, ni siquiera su primo mayor, lo había notado.

A fin de cuentas, el pelirrojo había ganado. Hunter ignoraba deliberadamente sus cartas y nunca respondía al timbre. Lo entendía; él también estaría molesto de haberlo tratado como lo trató, pero no hacía que dejase de sentirse tan miserable.

Encima… ni siquiera había hablado con Ayax desde entonces. No porque no quisiera, sino más bien porque no sentía que tuviese nada que decir. Sólo pensaba que sus diferencias habían crecido demasiado. Edevane le dejó clara su postura, y la baja autoestima de Joshua habló claro: tal vez tendría que dejar de fastidiarle con sus movidas hasta que fuese un poco lo que él quisiera ver.

Tenía razón en una cosa: era injusto pedirle mentir por él cuando era descuidado e irresponsable.

Llevaba una semana yendo de casa a la universidad y de regreso, y con pocas salidas a cualquier otro sitio. No había establecido contacto humano interpersonal por más de unos escasos minutos al día. Sus manos habían empezado a sanar por su cuenta, pues no hizo nada por curarlas. Sentía que se lo merecía.

Esa mañana no tenía clase en la universidad, así que Giselle lo había aprovechado para llamarlo ante ella. Un entrenamiento de refuerzo, así llamó a aquel duelo desigual donde uno claramente no tenía ni la mente ni el corazón en la batalla. Le costaba sólo un poco desarmarlo, empujarlo contra paredes. Normalmente, daba más pelea que eso.

¡Si no empiezas a poner de tu parte, voy a hacer que te arrepientas de haber venido sin prepararte! —lo amenazó la mujer, perfilada y elegante, del otro lado del salón de duelo.

Ya estaba arrepentido de haber ido, gracias por la aclaración.

Lo siento, señora —inhaló y empuñó su varita. La sintió vibrar en su mano.

Un religio salió de la varita de la dama, y la de Joshua respondió con un bombarda. Las cadenas capturaron la explosión y los eslabones salieron disparados por toda la habitación, haciendo que mago y bruja se cubriese el rostro con el antebrazo.

Giselle no le dio descanso, caminando hacia él mientras Joshua hacía su mejor esfuerzo por defenderse. Eran silenciosos sus hechizos, pero sabía que eran peligrosos y dolorosos. Ella nunca andaba con habladurías ni tampoco tenía compasión.

El muchacho, por su parte, se defendía como bien podía, normalmente usando como escudo hechizos ofensivos.

Esa varita va a matarte como no aprendas a manejarla correctamente —pues ella lo notaba. Notaba que la varita de Joshua era impulsiva y agresiva para una personalidad más apática y sumisa. Eran hielo y fuego, aceite y agua.

¡Sectum dispersa! —conjuró.

El hechizo salió de su varita con tal violencia que empezó a rebotar en las paredes de piedra. Giselle se cubrió con un aura mágica que la protegió del daño, pero no fue lo mismo para el conjurador del hechizo.

La ropa se le desgarró cuando los cortes comenzaron a abrir su piel. Daba la impresión de ser latigazos, y la varita de Joshua no respondió cuando intentó conjurar un hechizo protector. Más que ignorarlo, es que él no conseguía juntar suficiente concentración para decir nada, entre el dolor que recibía.

Acabó de rodillas, las manos en el suelo y convenciéndose a sí mismo de no moverse en lo absoluto. Un charco rojo se formaba debajo de él, haciendo un déjà vu de aquella noche de sábado.

Exhaló un jadeo tembloroso cuando metió la mano en su bolsillo. No pensó cuando buscó su reloj dentro de su pantalón, revelando el espejo mágico que tenía dentro.

Ayax —lo llamó, — maldición, Ayax, contesta —insistió durante todo el tiempo que le duró la conciencia, antes que la pérdida de sangre se cobrase su vigía.

Giselle no salió de la seguridad de su campo de protección hasta que ni una ráfaga quedase libre en la habitación.


Octubre 24, 2019.
Apartamento de Joshua Eckhart.
21:17 pm.

Francis Eckhart había estado con su primo Bruno Edevane en el momento en que recibió la carta de Giselle poniéndolo al tanto de la situación. Al parecer, un entrenamiento había salido mal, con especial detalle en que lo sucedido era por la incompetencia de su hijo, quien se encontraba malherido.

Apenas recordó su educación para excusarse con Bruno, informándolo de lo sucedido, antes de desaparecer con rumbo a la mansión de la mujer.

Le había llevado a su casa, en Nottingham, donde había recibido la larga bronca de Francis por no estar entrenando lo suficiente y “jugar” cuando tendría que estar preparándose para su futuro.

Futuro.

Joshua empezaba a cogerle asco a esa palabra.

Escuchó el sermón asintiendo sin parar, pensando en cientos de cosas que tenía que pensar y que encontró más importante que oír a su padre. Por un momento, encontró que eran muy similares, Ayax y Francis. Sólo hacían lo que había que hacer, y no parecía importarles nada más.

Sabía que no estaba siendo justo, pero estaba herido y estaba molesto. Interiorizando sus sentimientos, lidiaba con ellos de la única forma que podía: pensándolos.

Había llegado a pensar que se arrepentía profundamente de haberle confesado a Ayax que le gustaba un hombre. Quizá, el miedo al rechazo lo habría obligado a desistir y a seguir sin cuestionar el camino que le iba dejando. Cuando perdía el miedo, ganaba valor para hacer imprudencias.

Al final, cuando su padre terminó de hablar, amenazándolo con romper su varita y hacerlo comprar una más estable, se fue a su casa en cuanto estuvo a solas.

Sabía que la bronca también iría por su licantropía de haberse percatado, así que asumió que había sido todo hecho mágicamente y, por tanto, nadie había mirado lo que no debía. O que Ayax fue y se marchó antes de que despertase. No lo creyó posible. Más bien: deseó que no fuera así.

Terminó en su sofá, quitándose la camiseta y tirándola a un lado y acostándose. Los movimientos bruscos todavía lo mareaban, así que colocó su codo encima de sus ojos, en la oscuridad de su apartamento. Ni siquiera había encendido la luz.
Joshua Eckhart
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Ayax Edevane el Sáb Nov 09, 2019 4:15 am

Octubre 24, 2019

Cuando el pelirrojo se había graduado de Hogwarts y Joshua aún permanecía en el interior, habían pasado mucho más tiempo sin tener noticias del otro, pero era una sensación diferente: pese a no recibir noticia, uno sabía perfectamente que el otro estaba bien y que no tenía ningún problema al respecto. Ahora, sin embargo, acostumbrado a una vida adulta en donde Joshua estaba muy presente, a Ayax se le había hecho muy extraño estar toda esa semana sin intercambiar ni un solo saludo, ni una sola impresión, con su primo.

A diferencia de Joshua, esa decisión no había sido porque “creyese que no había nada que decir”, sino más bien porque no quería enfrentarse a la situación. La incomodidad que había generado en su cuerpo aquel momento en el restaurante no se le había ido con facilidad y tenía un poco de temor con cómo reaccionar al respecto. No le había gustado nada de nada los pensamientos que se le habían formado en la cabeza, ni mucho menos las sensaciones de disgusto y celos. Podría ser una persona con una capacidad empática similar a la de un adoquín, pero no era estúpido: pocas veces había tenido esa necesidad de querer besar a una persona, por no decir que ninguna. Con Gabriella había descubierto lo que eso llamado “placer sexual” y la diferencia radicaba especialmente en que con Gabriella no le nacía, sino que se obligaba a sentirlo: se obligaba a querer besarla o a querer acostarse con ella porque era lo que debía de hacer y, en el fondo, era algo bueno y placentero. Por eso sentir algo parecido por Joshua le rompió totalmente los esquemas.

Sin muchas ganas de querer enfrentarse a unos demonios que no comprendía, lo había dejado estar, priorizando su bienestar por delante de lo mal que había hecho sentir a Joshua.

Él había intentado radicalizar las cosas: Joshua no podía pretender que Ayax mintiera por él a toda la familia cuando él lo hacía tan mal, por no hablar de que encima Biersack era una persona non-grata para él, por lo que había hecho caso a Gabriella, no metiéndose en el tema y dejando que Joshua lidiase con sus problemas. Si quería casarse con Biersack y echar por la borda toda la familia y las tradiciones, podría hacerlo: pero que no contase con ningún Edevane en su boda.

Los días pasaron y si bien su intención era intentar rebajar la influencia de todo aquello en su cuerpo, la cosa fue bastante a peor. De repente, si bien el poco apetito sexual que tenía hacia Gabriella se disparaba cuando ésta lo seducía, durante sus encuentros no es que estuviese demasiado concentrado. Se sentía mal y roto con esos pensamientos y NO ENTENDÍA cómo su primo invadía absolutamente todo él.

Llegó un momento en el que pensó que todo eso se debía a un sentimiento de culpabilidad. ¿Tenía sentido, no? En realidad se sentía mal de haberlo “repudiado” tal cual era, por lo que hasta que no arreglase las cosas con él y su conciencia se quedase tranquila. Era eso. Debía de ser eso: ¿si no, que otra cosa iba a ser? Estaba loco, ¿vale? Pero sabía que aquello no era cosa de Olivia.

Fue el día veinticuatro de Octubre, cuando fue a casa de sus padres a cenar, que Bruno le contó lo que había pasado con Joshua en uno de sus entrenamientos con su tutora. En la Mansión Edevane no se andaban con tapujos con esos temas, pues era algo muy normal: los padres eran mortífagos, Ayax era un aspirante y Eva estaba en el camino, pese a que no hubiese todavía tomado ninguna decisión en claro. El pelirrojo se sorprendió y se preocupó a partes iguales: ¿tan mal estaba la cosa como para que no le avisase cuando salía herido de un entrenamiento, sobre todo si era tan grave? ¿A quién había llamado, sino a su médico de confianza que sabía que era licántropo?

Le volvieron los celos en ese momento: ¿y si ya no le necesitaba? Hunter debía de saber que era licántropo, además de que también era medimago. Siendo justos ya no necesitaba al pelirrojo para nada, pues el mismo Biersack podía ser el encargado de supervisar sus noches de luna llena con responsabilidad.

Apareció en el apartamento de su primo, concretamente en la puerta de la entrada pero en el interior. Siempre había aparecido ahí porque aparecer en el exterior podría tener riesgo de que lo viesen muggles y, en ese momento, ni ganas de tocar al timbre tenía. Estaba enfadado, preocupado y estresado en partes iguales, por lo que no se dio cuenta a primera instancia de que Joshua estaba en el sofá, pues todo estaba super oscuro. Fue cuando se movió un poco que se percató de su presencia.

Lo miró de arriba abajo mientras su mirada se adaptaba a la oscuridad, sin entender por qué sus ojos se habían quedado observando su torso desnudo. Ahora mismo quería golpearse a sí mismo por pensar esas cosas. Caminó enfadado hacia la luz, apretó el interruptor y se hizo la claridad. Tragó saliva y lo señaló con la mano, en un gesto inseguro.

Quería preguntar: “¿Qué tal estás?”, pero sus emociones traicioneras dijeron otra cosa.

―¿Sufres un accidente así de fuerte y ni me avisas? ¿Ahora Biersack es tu nuevo medimago de confianza? ―cuestionó, con el entrecejo arrugado. Su mente se intentó corregir: “discúlpate y pregúntale qué cómo está.”―. ¿También será él a partir de ahora quién te vigile en tus noches de luna llena? ―No se movió ni un poquito de al lado de la puerta, junto al interruptor.

No estaba acostumbrado a eso. Entiéndase por “eso” con tener sentimientos que no entendía, sobre todo por personas por las que sabía que no debía tenerlos. Se sentía fuera de lugar. Se sentía contrariado y... no le gustaba en absoluto tener la sensación de que ni él mismo se conocía en ese momento.
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Sáb Nov 09, 2019 5:01 am

Oyó la aparición, pero no se levantó de inmediato. Gruñó, esperando la enésima bronca de su padre, esta vez por haberse marchado sin avisarlo. Silencio. La bronca no llegó en ningún momento, así que se incorporó, metiendo el codo de su brazo izquierdo entre él y el sofá para incorporarse a medias, con la mano derecha sobre una de las heridas vendadas de su estómago.

Entrecerró los ojos para enfocar entre la oscuridad, sorprendiéndose cuando vio al pelirrojo ahí, haciendo que abriese los ojos por completo y levantase las cejas. Se sentó en el sofá, preparándose para una conversación decente con su primo. Contarle todo lo que había pasado, como siempre había sido entre ellos. Se cubrió con la mano la luz repentina que lo había dejado ciego justo antes de oír la voz de su primo.

Fue un balde de agua fría que lo primero que hiciese fuese preguntar si Hunter lo había atendido. Lo miró, sin poder creer lo que estaba escuchando. Se sintió profundamente ofendido, sobre todo porque gracias a él no había sabido nada de ese hombre desde hacía días. Lo que era peor: ¿iba a su casa a reclamarle eso? ¿A eso había ido?

Se puso de pie, no sin cierta dificultad, y exhaló pesadamente antes de hablar.

¿No avisarte? —alegó. — Te llamé hasta el último segundo de memoria que tengo de ese momento —buscó en su bolsillo su reloj; el plateado estaba manchado de marrón, sangre seca. Lo dejó caer a su lado, rebotando dos veces sobre el sofá y casi cayéndose al suelo, pero se quedó sano y salvo sobre el cojín. — ¿Y tú? ¿Qué estabas haciendo? ¿Con tu mujer? ¿En el trabajo? Qué importa, cualquier cosa es más importante, ¿no?

Una parte de él le decía que se callase. Que todavía podía enmendar la situación, que todo iba a estar bien. No era la voz que hablaba más fuerte: en ese momento, una voz que se dejaba llevar por la emoción y el instinto había tomado lugar. Una que no solía escuchar cuando estaba con Ayax, pero que estaba ahí, nacida de su molestia.

Peor todavía, ¿eres idiota? ¿O piensas que el idiota soy yo? Incluso si hubiese contestado mis últimas diez cartas, no lo habría llamado en ese momento —replicó; se arrepintió de inmediato, ¿qué le importaba al pelirrojo con quién o con quién no hablase? — E incluso si lo hubiera hecho, ¿acaso tienes que enfadarte? Quizá habría respondido y no habría sido más importante para él jugar a la casita con su prometida; está bien porque es mujer, ¿verdad?

Su rabia estaba hablando muy alto, cada vez alzaba más esa voz mental hasta no alcanzar a escuchar la voz razonable decir que nunca había hablado así al pelirrojo.

Casi parecía otra persona, en el lugar donde estaba el siempre dócil Joshua Eckhart. Tenía el pecho hinchado, recto, con la frente en alto, incluso cuando su vientre estaba vendado y tenía parches de gasas en la piel, sólo de los cortes más severos. Y avanzaba mientras hablaba hasta encarar al pelirrojo a dos palmos de distancia.

En ese momento, cada uno de sus pensamientos se había vuelto real. El sentimiento de saberse desplazado fuera de la vida de Ayax, los celos demandantes que tenía contra esa mujer. No quería que ella fuese lo primero en la vida del pelirrojo. La profunda molestia de que, en ese momento, el interés no parecía recíproco.

Tomó aire, molesto, antes de hablar: — Yo siempre te he perdonado, te he aceptado, me he preocupado por ti, te he dado todo lo que quieres —abrió las manos a sus costados, en un gesto absolutista, — y tú me haces sentir como un idiota.

Se encendió su interior como un fuego que recibía gasolina en el momento en que se dio cuenta que lo necesitaba. Tan desesperado como sonaba.

¿De verdad no te das cuenta?
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Ayax Edevane el Sáb Nov 09, 2019 2:28 pm

No sabía exactamente cuándo había sido el accidente de Joshua, pero en ese momento fue totalmente incapaz de pensar en dónde estaba y por qué no había contestado a la llamada de su primo a través del reloj. Pocas veces había―por no decir nunca―priorizado alguna otra cosa por encima de esa llamada, por lo que suponía que en ese momento no tendría el reloj puesto y, por tanto, no lo hubiera visto. Tenía que ser eso.

Si bien Ayax había actuado mal echándole las cosas en clara sin poder evitarlo, sintió que Joshua estaba en todo su derecho de devolvérselo de esa manera. Sin embargo, no entendía: ¿en qué momento había dejado intrínseco que había algo que pudiera ser más importante que él? Se sintió atacado, pero realmente no le importó. Esa actitud agresiva y molesta le ayudaba, pues le hacían pensar mucho menos en lo que le incomodaba. Era una manera de camuflarse, alejándose de la incomodidad que ahora mismo le suponía estar junto a Joshua o sencillamente verlo con el rostro descubierto: le había visto así millones de veces, ¿por qué de repente eso le intimidaba?

Se sorprendió que Biersack no hubiera contestado las cartas de Joshua e incluso eso, aunque por una parte le pareció genial, le molestó: ¿por qué ese imbécil ignora a su primo? ¿Quién se cree que es? ¿Muy especial, adulto y homosexualmente reconocido para un Eckhart que no sabe salir del armario? ¡Idiota! ¡Él sí que era idiota! No obstante, tampoco dijo nada. Joshua le estaba atacando con todo y no tenía tiempo de replicar por absolutamente nada, por no hablar de que ni en mil años pretendía darle importancia a ese tipo.

Entra tanta réplica agresiva, Josh terminó justo frente a Ayax, que se había quedado pasmado, todavía junto al interruptor. Se dio cuenta en ese momento que jamás en la vida habían discutido de esa manera tan severa por absolutamente nada y también se dio cuenta de que era la primera vez en sus vidas que habían terceras personas en relaciones sentimentales; la primera vez que no eran solo ellos dos.

Se sintió francamente mal cuando le recordó todo lo que había hecho por él y que Ayax, en contraposición, solo le había hecho sentir como una idiota. Y eso por utilizar una palabra bonita: no debía de ser agradable que tu persona favorita en el mundo esté esperando constantemente a que crezcas para que cambies. Y en verdad… Ayax no quería que cambiase. Si se había puesto así al ver a Joshua besarse con un hombre, ¿cómo se iba a sentir cuando le viera casándose con una mujer? La diferencia es que en ese momento había confundido los celos con rivalidad y tenía clara una cosa: él quería ser ese hombre.

Eso sí, cuando Joshua le preguntó que si no se daba cuenta, el pelirrojo alzó ligeramente la mirada hacia él.

―¿Darme cuenta de qué?

Se había dado cuenta de muchas cosas, pero no sabía a qué se refería. No quería decirlo en voz alta, ni reconocerlo.

Gabriella le había dicho que lo dejase estar, que Joshua ya no era un pajarito al que cuidar, que debía dejarlo libre y que tomase sus propias decisiones. ¿Pero y si esas decisiones conllevaban olvidarse de él, estar con Hunter y pasar de todo? Él no quería eso.

El pelirrojo se mantuvo callado. Era raro ver a Ayax en ese estado de "sumisión" en donde había sido atacado con verdades como estacas y no se había defendido de ninguna. No tenía argumentos, realmente y, aunque en el fondo la discusión dejase de lado la incomodidad, no quería discutir con él. Se sentía mal haciéndolo sentir mal. Así que solo lo miró, en un silencio cuya tensión se unía por sus miradas.
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Joshua Eckhart el Sáb Nov 09, 2019 10:15 pm

Lo suyo fue un estallido de ruidos y enfados. Esa actitud que siempre encontraba tan reprochable, en él, simplemente porque se había derramado su vaso de paciencia. Había ocasiones en que se sorprendía preguntándose si esa voz existía antes de la mordedura del licántropo y no la encontraba. Probablemente sólo hablaba demasiado bajo que no era capaz de escucharla casi nunca.

Pero ahí estaba, tratando a su primo con la peor versión de sí mismo. La versión celosa, la versión egoísta, esa versión que sólo quería regresar en el tiempo a esa época donde eran jóvenes y todo su mundo eran sólo ellos dos.

A lo largo de ese año, él, como Ayax, también había pensado que estaba roto. Que había algo mal en él por no haber encontrado una sola mujer que le llamase la atención, que tenía que madurar y arreglarse. Había días en los que se daba cuenta que no había nada que arreglar: que sólo era él.

En ese instante había llegado a la cúspide de lo erróneo, ¿cómo es que podía sentir algo tan demandante, tan ambicioso por ese hombre? Lo quería todo de él, y lo quería sólo para sí mismo.

Cuando le preguntó de qué tenía que darse cuenta… Joshua vaciló. Dudó, y por un instante perdió esa determinación que la rabia le había otorgado. ¿Cómo debía expresar algo que ni siquiera era capaz de explicar? ¿Cómo decirle a su persona favorita en todo el mundo que lo suyo hacía tiempo había dejado de ser amor fraternal, y se acababa de percatar de ello?

De todos modos, decidió intentarlo: — De cuán enamorado estoy de ti —le dijo, por mucho que su voz interna razonable le gritó que no lo dijera, — tanto que me siento tonto, porque me duele cuando tú no estás —y la vulnerabilidad volvió a él.

No apartó la mirada de los ojos verdes de su primo, con el corazón desbocado y las emociones hechas un caos tan grande que le hacía sentir que le faltaba el aire. Era un sentimiento que nunca había tenido antes, ni siquiera con Hunter Biersack.

Entonces su mirada cayó, pero no al suelo, como Ayax habría podido esperarlo. Bajó hasta sus labios. Se le notaba que algo lo estaba refrenando: el miedo. El miedo a perder la confianza que habían tenido durante todas sus vidas, que los había hecho inseparables. Su voz menos razonable, esa que era emoción y pasión, ni siquiera intentó detener la locura que le pasaba por la cabeza.

Movido por un impulso temerario, acortó las distancias hasta que los separaron apenas centímetros. Observó sus ojos tan sólo un segundo antes de poner sus labios encima de los suyos, al mismo tiempo que sintió un escalofrío subir y bajar por su columna debido al contacto, sellando un beso, uno intenso que mostraba cuánto lo deseaba. Cuánto había necesitado del pelirrojo en esa ocasión.

Tuvo muchos pensamientos durante ese beso. Pensó que había arruinado todo y que su primo ahora lo repudiaría, y con razón. Otra parte de él sintió como nunca que, si aquello estaba mal, entonces no quería volver a estar en lo correcto. Deseó, en silencio, que Ayax lo siguiera a la oscuridad, al menos por un momento antes de que sus miedos los separasen.

Acarició su mejilla un segundo antes de separar sus labios, abriendo los ojos para mirar su expresión. La de él era cautelosa, pero no había arrepentimiento alguno en ella. Sólo le preocupaba la reacción que el pelirrojo pudiese llegar a tener.

Dime que lo sientes, que no te lo explicas, pero lo sientes —le pidió en un susurro.

No podía ser el único que sentía algo así, tan fuerte que hacía que su pecho doliese, tanta necesidad de Ayax. Se negaba a pensar que fuese el único.
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Ayax Edevane el Lun Nov 11, 2019 3:36 am

¿Enamorado?

Demasiadas cosas pasaron por su cabeza en ese momento. Ahora mismo la representación más fiable de su mente era un folio rayado con un bolígrafo por un niño de dos años. Por una parte estaba muy contrariado: ¿cómo era posible que su primo le estuviese diciendo eso? ¿Enamorado? ¿De amor romántico? ¿Le había atacado la homosexualidad profundamente a la cabeza como para decir esas tonterías? Y sí, claro que había una minúscula parte en la que esa confesión podría tomársela con positividad, pero indudablemente lo que era “correcto” y sus responsabilidades estaban presionando en el otro peso de la balanza.

No dijo nada y si por algún casual tenía intención de hacerlo, hubiera sido acallado por aquel beso de su primo. Él sólo había besado a tres personas en su vida: Amalthea, que lo hacía sin ganas, Gabriella, que lo hacía por compromiso y había terminado cogiéndole el gusto por placer; y, ahora, a Joshua.

Y no supo por qué, en ese momento, estaba sintiendo algo que nunca jamás había sentido. Lo identificó como algo bueno, ¿pero por qué se sentía tan mal sintiéndose tan bien? ¿Qué narices le estaba haciendo? Intentó identificarlo; quiso entenderlo. Cuando Joshua terminó el beso, para él fue totalmente insuficiente: ni lo entendió y, para colmo, no quería que acabase. Fue cuando dejó de tenerlo, cuando se dio cuenta de todo lo que lo necesitaba.

Abrió los ojos y miró a los labios del moreno: ¿sentir el qué? ¿Sentir como el corazón de repente parecía haberle dado un vuelco, revolucionando todo su interior? ¿Sentir como las pulsaciones parecían haberse disparado como si hubiera corrido durante horas? ¿Notar ese escalofrío recorriéndole todo el cuerpo? ¿Esas conocidas “mariposas” en el estómago? Estaba nervioso, estaba entusiasmado, estaba feliz, estaba enfadado: estaba sintiendo el mayor torrente de sentimientos que jamás y nunca había soportado un cuerpo como el de Ayax Edevane. Todo era tan fuerte y a la vez tan desconocido, que sus miedos parecían haberse disparados en todas las direcciones.

Así que sin decir nada, preso del miedo, puso sus dos manos en los hombros de Joshua y lo empujó hacia atrás, separándolo de sí. Lo hizo por instinto, por lo que había aprendido que era correcto y porque  era lo que tenía que hacer. Tenía que parar eso. Sin embargo, quién menos se lo esperaba apareció:

“¿En qué momento has tenido frente a ti aquello que deseas? ¿Por qué empujas lo que ahora mismo más quieres? ¿Por qué frenas tus deseos así? ¿Realmente merece la pena?”

Nada de lo que hacía por responsabilidad familiar era realmente «lo que deseaba» sino que había vivido pensando que era lo que debía de desear. Jamás en la vida había sentido lo que sentía estando con Joshua y ahora que lo había besado, por mucho que siempre hubiese repudiado esa manera, le había gustado; le había encantado. Y podría ser una piedra, pero no era imbécil: algo que se sentía tan bien no podía ser tan malo. Algo que se sentía tan bien, debía de ser eso que todo el mundo buscaba. Y quizás él no lo había buscado, pero sin duda alguna sí que lo quería. ¿Quién, en su sano juicio, podría decir que no a sentirse tan bien? Él también había sentido esa satisfacción interior, esa necesidad complacida, ese placer mental y ese cosquilleo por todo el cuerpo. Era la primera vez, probablemente en toda su vida, que había sentido lo que podría decirse atracción real por alguien. Ver a Joshua frente a él le rompía por completo los esquemas, pero entonces sus palabras volvieron a resonarle: “no me lo explico, pero sí que lo siento.”

En un impulso provocado por querer entender qué estaba ocurriendo, por querer comprender la situación, dio un paso al frente y sujetó con sendas manos el rostro de Joshua, volviendo a unir sus labios en un beso. Quería volver a sentir ese arranque de fuego en su interior.

Lo notó de manera inmediata cuando sus labios se unieron, creando un beso que casi parecía curiosidad mezclada con pasión. Era ese beso que quería descubrir qué ocurría, pero terminó siendo un beso que evidenciaba lo que ocurría. No fue lento, no fue ni siquiera dulce. Ayax le dio un beso intenso y lleno de sentimientos, unos sentimientos que ni él mismo controlaba. Había deseo, pero también había enfado por no entender ni qué ocurría y sentir que lo estaba haciendo todo mal; también había pasión y, sobre todo, desesperación.

Desesperación porque su mente le decía que se separase pero su cuerpo… Su cuerpo ahora mismo estaba hablando por sí solo, habiéndose desconectado—probablemente por primera vez en su vida—de su capacidad más racional.
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Lun Nov 11, 2019 6:54 am

No tenía sentido cómo el mero contacto de unos labios contra los suyos podían hacerlo sentir de esa manera. Como si finalmente hubiese encontrado su lugar. Su lista de gente besada no era, de hecho, más grande que la de su primo, pero eso había dejado de importar en el momento en que lo besó a él. Algo que nunca había experimentado antes lo tomó por completo.

Era emoción, nervios y felicidad. Era sentir que la opresión en su pecho se liberaba un poco, casi catárticamente, y esos sentimientos que dolían se convirtieron en vitalidad y alegría. Si había tenido dudas de sus palabras, las había despejado todas en cuanto fue víctima de ello. Era imposible que se estuviera equivocando al decir que, realmente, eso era más grande que cualquier cosa que hubiera sentido. Y, al mismo tiempo, era egoísta: quería más.

No se despejó por completo cuando se separó de él, pero al hacerlo también llegó el miedo. El miedo al rechazo, el miedo a perder esa relación preciosa que siempre habían tenido. Las palabras le salieron como un deseo desde el corazón; quería no ser el único que había sentido esa explosión agradable y abrumadora a un tiempo.

La respuesta llegó en la forma de un empujón que lo hizo retroceder en cuanto Ayax le tomó por los hombros y le apartó de él. Creyó que era una respuesta definitiva, y pensó que ya se lo estaba esperando. No era lo que quería, pero sí lo que esperaba. ¿Qué otra cosa debía esperar al besar a su mejor amigo, ese hombre de ideas retrógradas respecto a la sexualidad que, encima, era su familia?

No volvió a acercarse. Con el dorso de su mano secó la escasa humedad que había dejado el beso en su labio inferior, mirando al pelirrojo expectante. Esperaba lo que continuaba a su respuesta, una amalgama de preguntas a las que no tenía contestación y de comentarios filosos como dagas. Esperaba al verdadero Ayax Edevane enfadado, aguardando el impacto de un tornado al que no podría hacerle frente, pero no tenía nada más que hacer.

Quiso pedirle que, al menos, lo rechazara suavemente. Que esperaba que pudiese mostrarle algo de simpatía, de piedad. Lo que sentía no era ninguna broma e iba a doler cuando se quebrase. Sólo encontró las palabras para quedarse en silencio.

Podía verlo en los ojos de su primo: su pelea interna; lo veía confundido, molesto. Deseó poder leer mentes y poder adivinar qué era lo que iba a escuchar cuando Ayax decidiera abrir la boca, pues la expectación lo estaba consumiendo desde dentro poco a poco.

Esperaba muchas cosas, excepto lo que sucedió.

Al verlo avanzar hacia él, esperó dolor. Esperó encontrar en él rechazo y disgusto. Jamás habría pensado que encontraría sus manos en su rostro y sus labios en los suyos, volviendo a sellar un nuevo beso. Mentiría si dijese que esa respuesta le desagradó.

Lo que empezó con beso lleno de dudas pronto se convirtió en un beso pasional. En su intensidad había un huracán de emociones no sólo del pelirrojo sino las propias. Un beso desesperado que hablaba sin necesidad de palabras, sin tener explicación ninguna y sin requerirla tampoco.

Joshua llevó sus manos a la espalda de Ayax, abrazándolo con fuerza, sujetándolo cerca de él. Sintió miedo de que desapareciera con la primera luz del día, correspondiendo a su beso con la misma ansiedad que le era presentada. Una de sus manos se escapó de su espalda, atrapando el espacio entre la nuca y el cuello ajeno para intensificar todavía más aquel contacto, buscándolo con hambre.

No estaba seguro de a dónde iba a llevarlos dar rienda suelta a sus emociones. De hecho, de haber podido, habría detenido el tiempo en ese instante donde todo su ser se sacudía en un terremoto de sentimientos y sensaciones desde dentro, donde su estómago sentía el hormigueo de lo que la gente llamaba “mariposas”, donde su pecho amenazaba con explotar por lo rápido que le latía el corazón, donde su cabeza estaba hecha un lío, pero, en el fondo, en ella había claridad.

Entre sus ojos cerrados, sólo era capaz de ver que, mientras más recibiera el pelirrojo, más querría de él. No le importaba si estaba bien o mal, o si en el futuro se arrepentiría de haber saltado a la deriva. Lo único en lo que podía pensar era en que quería todo de Ayax.
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Ayax Edevane el Miér Nov 13, 2019 2:56 am

Se sentía como si el Ayax que siempre había conocido ahora mismo estuviese cayendo en caída libre por un agujero oscuro, como si esa persona que siempre había creído ser, realmente no fuese él en lo absoluto. Cuesta abajo se estaba dando cuenta del significado de un mísero beso. Él, que jamás le había dado valor a un beso; él, que jamás le había dado valor a nada carnal, a nada que tuviera que ver con un amor atractivo o romántico. Él, que siempre había mirado a su primo, como eso… sólo un primo más con el que se llevaba muy bien.

Sin embargo, las emociones que ahora mismo estaban atacando en su interior distaban mucho de ser las que se sienten por un simple mejor amigo con el que lo compartes todo, sino más bien lo que sientes cuando el miedo te ha dicho que quizás pierdes a la persona con la que realmente lo quieres compartir todo: absolutamente todo, hasta lo más íntimo, hasta eso que no compartes con nadie más.

Así que cuando ese beso se volvió en una declaración de sentimientos, sólo había dos opciones: parar y hablar de ello, teniendo que acudir a una parte racional que probablemente fuese negativa; o continuar y dejar para los Ayax y Joshua del futuro el tener que lidiar con las consecuencias de lo que ambos querían. Además, teniendo en cuenta aquel momento, para el pelirrojo parar no es que fuese precisamente la opción más fácil: lo más sencillo era dejarse llevar, porque dejarse llevar con Joshua, hasta en esas circunstancias tan especiales, siempre había sido lo más fácil de todo.

Sus manos, que sujetaban su rostro mientras lo besaba, se mantuvieron allí casi asegurándose de que él no se apartaría hasta que las cosas estuviesen bien claras, declarándose una especie de líder en aquella situación que él ni entendía, ni estaba habituado. Pero le dio muy igual la inexperiencia, que fuese la primera vez, o que lo que estuviera por venir estuviera tan alejado de su zona de confort. Una de sus manos bajó por su cuello, por su torso y por su costado, pasando de acariciar su piel a las vendas que recorrían sus heridas. Su caricia no fue especialmente suave, sino de nuevo movida por la lujuria y posiblemente la avaricia: en aquel momento quería tocarlo absolutamente todo, como si en algún punto quisiera que solo fuera de él y de nadie más, como proclamándose el ‘dueño’ de todo eso.

Debido a la presión, el pelirrojo dio unos pasos hacia Joshua por desequilibrio y éste también retrocedió para no chocarse. Las piernas del moreno terminaron chocándose con el borde del sofá y debido a la inestabilidad, prácticamente quedó sentado sobre los cojines. Ayax no se separó, sino que se agachó para seguir su recorrido y lo impulsó hacia atrás para él hacerse un hueco en el sofá también, parcialmente sobre Joshua.

En ese momento se dio cuenta de que era la primera vez que un solo beso conseguía hacer que todo él se viniese arriba de esa manera tan rápida. Sintió la presión de sus pantalones cuando se inclinó hacia Joshua, pero en ese momento no le dio más importancia. No le estaba dando importancia a que Joshua le había dicho que estaba enamorado de él, ni tampoco a todo lo que ello conllevaba: ahora mismo estaba dejándose llevar como nunca antes lo había hecho, independientemente de todo. Jamás se había sentido así y para él era un sacrilegio negarse a ello.

Así que prácticamente sobre él y sin dejar de besar sus labios con pasión retenida, una de sus manos bajó por el torso de Joshua, por su cuello, por su pecho y por su vientre. Casi parecía que era un Ayax tocando por primera vez lo que siempre se había refrenado por tocar. Y en ese momento, que posiblemente era la persona que menos contacto con otras personas quería en su vida, sólo quería notar el roce de las manos de Josh por todo su propio cuerpo.
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Joshua Eckhart el Miér Nov 13, 2019 4:07 am

No lo entendía. Lo hacía muy feliz, pero no lo entendía. Desde que se había percatado de que tenía ocasionales pensamientos que salían de su hilo de pensamientos usual sobre su primo, había creído que realmente estaba volviéndose loco. Que eran cosas suyas, un problema, y no que era algo correcto ni adecuado. Por ello es que tener al pelirrojo besándole de esa manera le estaba haciendo temblar el mundo a sus pies.

Fue imposible frenar para cualquiera de los dos. Era algo que ni siquiera sabían que querían, pero que en ese momento estaban necesitando. Sentía que había vivido sin respirar y que por primera vez estaba llenando sus pulmones de oxígeno. De Ayax.

Joshua permitió que fuese el pelirrojo quien tomase el mando. Si lo quería, le pondría el mundo a sus pies en ese momento, tan sólo bastaba hacerle entender que así lo deseaba. Un estremecimiento recibió a su mano acariciando su cuerpo, moviéndose como fuego, quemando ahí donde tocase en el descenso desde su cuello hasta su costado. No le importó ni siquiera si lastimaba la piel lacerada en la brusquedad de su demandante contacto; nada de lo que pudiera hacer en ese instante podría ser suficientemente malo.

Retrocedió cuando Ayax avanzó hasta que acabó sintiendo el sofá, cayendo sentado sobre el mismo. No se había dado cuenta de que sentía las rodillas débiles hasta que el pequeño contacto las dobló haciéndolo caer sobre los mullidos cojines. No fue una pausa para reconectar, sino el momento donde soltaron toda la lógica.

Recibiendo a su primo sobre el sofá, casi encima de su cuerpo, tomó las riendas de la situación apretando entre sus dedos el cabello de su primo. Le separó de sus labios y lo miró a los ojos en un instante de tensión antes de doblegarse ante él, atacando su cuello. Se intoxicó con su colonia hasta sentirse estremecer; se lo había dicho, le encantaba esa colonia. Probablemente porque era su colonia, porque lo hacía pensar en él.

Besó la sensible piel de su cuello, aflojando la sujeción de los mechones rojos entre sus dedos hasta deslizar su mano hasta su pecho. Sintió su corazón agitado latir, y por un momento se permitió sentirse dueño de esos latidos, como si palpitase sólo para él. Tan sólo esa idea le agitó el interior, haciendo que mordiese su cuello en un arrebato; era una mordida suave, indolora y que no dejaría su huella, pero que lo ayudaba a liberar tanto que tenía en su pecho.

Continuó besándole mientras sus manos retomaron su camino hasta colarse al interior de la camiseta de Ayax. Inhaló y contuvo el aliento unos segundos al sentir el primer contacto de sus manos con el estómago del pelirrojo; hubo un contraste del calor de su piel y el frío de sus manos antes de que las temperaturas de ambos se complementaran y se atreviese a explorar cada parte de él.

Sus manos subieron para llegar a su pecho, acariciándolo desesperado, sintiendo cada palmo y cada espacio de su torso hasta que volvió a separarse, esta vez tomando distancia para arrebatarle la prenda y dejarlos en igualdad de condiciones. La vista lo cautivó: su cuerpo tonificado, masculino. Un Joshua interno, que se burló de sí mismo, se preguntó qué sentido tenía fijarse en una cintura delgada y unos pechos grandes cuando podía tener eso, por el contrario.

Volvió a sus labios, acariciando sus hombros y su espalda. Nada razonable le pasaba por la cabeza desde aquel segundo beso. Mientras lo besaba y sus manos recorrían su espalda y más tarde sus costados, podía notar la piel desnuda del pecho de ambos rozándose. También se percató de la sangre que bombeaba con fuerza desde su corazón hasta su cadera, despertando cada parte de su anatomía.
Joshua Eckhart
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Ayax Edevane el Jue Nov 14, 2019 3:34 am

Cuando el beso cesó y Joshua lo miró a los ojos durante ese instante, Ayax tuvo miedo. Por su mente pasaron mil y una cosas por las que no debería estar haciendo lo que estaba haciendo, pero sus ojos no podían dejar de mirarlo, rompiendo por completo todos los esquemas que durante años y años había tenido tan claros en su vida. No entendía por qué lo estaba mirando de esa manera, cómo era posible que su mente y su cuerpo se hubiesen magnetizado a todo él de esa manera tan repentina.

Los labios de Joshua besando la piel de su cuello consiguieron erizar el resto de su cuerpo e, inevitablemente, tuvo que comparar. Comparó aquella sensación inigualable con lo que se supone que había estado sintiendo hasta ahora. Una chica cien por cien comprometida con hacer disfrutar a Ayax no había conseguido hacerlo sentir así jamás, mientras que la mínima caricia de Joshua, el mínimo beso y hasta la mínima mirada, conseguían crear un torbellino de emociones y de sensaciones en su interior. Y todo eso a raíz de un beso: ¿siempre había estado ahí, a la distancia de un beso?

Mordió incluso su cuello, haciendo que cualquier pensamiento negativo de la situación desapareciese de nuevo. Aquella situación de por sí era una locura, por lo que iba a hacer gala de su condición de loco y dejarse caer en la inmensidad de aquella insania. Volvieron a besarse y cualquier necesidad que pudiera tener de asegurarse que aquello estaba bien, quedó apartada. No había manera de identificar aquello como algo malo: tanto Joshua como Ayax estaban en una situación nunca antes vivida y, al menos el pelirrojo, estaba identificando físicamente todo aquello como algo bueno. En su pecho se había creado una sensación agradable, cálida, cargada de curiosidad, de evidencia y de deseo. Era cierto que una parte también había empezado siendo incomodidad e inseguridad, pero ahora mismo eso era tan nimio que era prácticamente despreciable.

Se dejó quitar la camiseta y en ese momento, por mucho que las caricias estuviesen despertando en él su sentido más animal, Ayax nunca había sido una persona demasiada experimentada en temas como ese, por lo que ni supo qué hacer.

¿Qué quería hacer? Tocarlo, acariciarlo, besarlo y morderlo como él había hecho en su cuello, pero si no lo hacía era sólo por una razón: le daba vergüenza; no sabía cómo proceder. Él no sabía dejarse llevar. Él siempre se limitado a ser el que recibe, por lo que tener las riendas no era algo a lo que estuviese acostumbrado. No quería hacerlo mal, ni tampoco hacer el ridículo.

Fue notable su inexperiencia, pues su mano era torpe, en un gesto de “quiero, pero mejor no.” Acariciaba el torso de Josh, bajando hasta su caderas y pegando su cuerpo al de él, notando el calor que emanaba. Era curioso cómo se sentía a su lado: nunca se sintió un buen besador ni le gustaban los besos, pero ahora mismo no podía dejar de besarlo de ninguna manera, intentando descubrir la magia de sus labios. También era curioso el contacto, las caricias y cómo se sentía tu cuerpo. ¿Eso de sentir en el otro la única fuente para apagar ese fuego interior? Nunca lo había sentido.

Él había sido el primero en crear ese fuego y también parecía ser el único capaz de apagarlo.
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Jue Nov 14, 2019 4:24 am

Se dio un momento para vacilar cuando vio la duda en esos ojos verdes. No supo si era porque estaba más experimentado que él, al menos en lo que se refería al encuentro de dos hombres; si era porque esa voz animal que le hablaba al oído cuando el instinto se volvía fuerte se lo sugería, o simplemente porque con Ayax cerca siempre sentía que todo estaría bien que se atrevió a seguir adelante.

Lo notó, el preciso instante en que las riendas de la situación se le escaparon de las manos, en la torpeza de sus movimientos al buscar su contacto. Creyó percatarse de que había perdido la forma demandante de buscarlo, pero era demasiado tarde. Para entonces, ya le pertenecía: se sentía suyo para ser tomado.

El miedo de hacer el ridículo no existía para Joshua. Incluso de ser así, se encontraba en la íntima confianza que siempre habían tenido. Sabía que cuando el calor se dispersara y el humo que nublaba sus pensamientos se disipara podría ser mentira, pero la sensación de no saberse juzgado le permanecía latente durante aquel encuentro.

Mientras lo besaba, iba cambiando su posición hasta dejar al pelirrojo recostado sobre el sofá. Dispuesto a volver a tomar el mando, si así era como Ayax lo quería, se sentó a horcajadas sobre su cintura y lo miró. Acarició su rostro y con el corazón en la mano le dio una única oportunidad de quitárselo de encima y apartarle de él. Fue un segundo para respirar antes de dejarse caer al vacío, sabiendo que no había manera de que él frenase hasta llegar al final.

Incluso no responder era a veces una respuesta.

Soltó la cordura como se suelta una cuerda que está quemando las manos por la fuerza que se requiere para mantenerla fija. Sintiendo alivio de abandonar esa razón, cayó de nuevo en sus labios.

Lo besó desesperado, ansioso, antes de descender a través de su mandíbula y su cuello. Cuando se sobresaturaba de sensaciones, mordía, en una forma de liberar la tensión del momento. Repartiendo besos y mordidas a partes iguales por su cuello, se deslizaba como una serpiente bajando a través de sus hombros y su pecho. Sus labios recorrieron cada parte de su piel hasta llegar a su vientre, y ahí hizo una nueva pausa.

Cerró los ojos y tomó aire, para entonces ya arrodillado en el suelo, dada la posición de ambos respecto al sofá. Su cuerpo también había ido bajando en el transcurso de sus besos hasta que estuvo entre las piernas de su primo, con sus manos en sus costados y su boca en la piel de su estómago, donde respiraba pausadamente.

Dejó que el miedo se apartase de su ser en el momento en que ganó valor para desabrochar su pantalón. La vergüenza creció en él, pero ese gruñido de lujuria la acalló bruscamente, impidiéndole pensar en lo extraño de la situación. En la sensación de saberse vulnerable y en una posición de sumisión, por más que sintiera el control. En especial, por sentirse devoto al único hombre por el que no debería sentir nada tan intenso.

Bajó pantalón y ropa interior al mismo tiempo, deslizándose a través de sus caderas repartiendo besos hasta el momento de la verdad en el que la excitación de Ayax se hizo más que evidente. Respondió de la única forma que hubiese podido: la tomó con su mano, empezando movimientos rítmicos en ascenso y descenso mientras continuaba distrayéndose entre los besos en sus alrededores.

En el ojo del huracán, todo se volvía más complicado. Al mismo tiempo, todo dejaba de importar. Lo sabía: sabía que después de aquello vendría una muy incómoda conversación, pero ni siquiera pensó en esas consecuencias cuando un arranque de calor y deseo se apoderó de él.

Le rodeó con sus labios, acariciando su cintura y bajando hasta sus muslos. Todavía tenía el pantalón a medio poner, pues requeriría que se apartase de su sitio para quitarlo por completo sin la ayuda del pelirrojo, pero era lo menos importante en ese instante. Lo importante era cómo lo apretaba en la humedad de su boca, cómo se movía recorriendo su longitud, cómo deseaba saber qué era capaz de provocar.

Si así se sentía la locura, no quería estar cuerdo otra vez.
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Ayax Edevane el Vie Nov 15, 2019 2:21 am

Frente a su duda, Joshua tomó el control de la situación, haciendo que Ayax se sentase en el sofá y él se sentase sobre él a horcajadas. Sintió la presión de su pantalón rozando con él y a cada movimiento, más ansioso se volvía: juraba que nunca en la vida había sentido eso tan necesitado y a la vez tan emocionado. Además, el hecho de que Joshua, una persona que nunca se había mostrado dominante, adoptase esa posición superior en donde había cogido las riendas de la situación… no supo porqué, pero le gustó, viendo en su primo una cualidad diferente. Él, acostumbrado a saber lo que hacía y que nadie tuviese que guiarle, no se sintió incómodo, sino complacido. Verlo sobre él, tocándole y besándole… Parecía otro Joshua al que no había conocido nunca, ¿y sabéis qué? En ese momento Ayax sólo podía pensar en que quería saberlo todo también de ese.

El pelirrojo sabía perfectamente qué era lo que tenía que pasar, pero digamos que no se había hecho a la idea de lo que iba a pasar, pues estaba demasiado ocupado disfrutando del momento y del magnetismo de los labios y la mirada de Josh.

Es por eso que cuando Joshua comenzó a bajar lentamente por todo su torso con besos y mordidas, no fue capaz de reconocer hasta dónde se dirigía y qué era lo que iba a pasar. Cuando Joshua se arrodilló frente a él y sus manos se dirigieron hacia su pantalón para desabrocharlo, fue cuando su mente vio allí la realidad y lo que estaba a punto de pasar, sintiendo lo más cercano a un cortocircuito. Los besos de Joshua por todos lados consiguieron evadirlo y cuando su mano se aferró alrededor de él y el placer comenzó a entrar a estallidos en su interior, Ayax perdió completamente el control. Creyó que aquello era magnífico y que ahora mismo no había nada que pudiera superar aquella sensación de…

Se equivocó.

Abrió los ojos al sentir el cambio, viendo probablemente una de las imágenes más sensuales y atractivas de su vida. Su cuerpo se revolucionó durante aquel segundo en el que se percató del cambio, alucinando por cómo Joshua era capaz de volver loco todo su interior sólo con sus labios. Primero besándole, ahora haciéndole eso…

No era capaz de cuestionarse absolutamente nada, pues su cabeza ahora mismo había dejado de lado qué era correcto y qué no, para intentar identificar cómo era posible que su primo despertase en él todo eso. Le había despertado el apetito sexual de un beso, le había hecho sentir cosas que nunca había sentido sencillamente con una caricia… ¿y ahora? Ahora mismo Ayax estaba en el mismísimo límite entre la nada y el placer, rindiéndose ante su cuerpo y ante Joshua. Era extraña la sensación de sentir como Joshua tenía allí todo el poder, pero luego tenerlo arrodillado frente a él, en una especie de sumisión dominante. Todo, en conjunto, estaba haciendo de esa situación una experiencia nueva y, ya te adelanto, inolvidable para él.

Sus manos fueron hacia la cabeza de Joshua, con suavidad, mientras que su propia cabeza se apoyó hacia atrás en el sofá, entreabriendo los labios entre jadeos mientras su respiración se agitaba cada vez más, aumentando una excitación en su interior que parecía que iba a quemar todo a su paso. Poco a poco aquello fue aumentando de manera exponencial, de una manera en la que creía que iba a terminar explotando de todo el revuelo interior que ahora mismo tenía en cada ápice de su cuerpo. Y pese a que Josh hubiese conseguido que Ayax quisiera perder el control, sabía que no era el momento.

Las manos de Ayax alertaron a Josh, empujándole muy suavemente hacia atrás antes de que aquel torrente de placer le alcanzase, además, un ligero “Josh” salió de los labios de Ayax entre su respirar agitado e incontrolable. Sin embargo, ahí lo tenías: quizás el Ayax que todo el mundo se esperaba hubiese terminado en ese momento, egoísta. Pero no... ahora mismo el pelirrojo había perdido los filtros y las correcciones y quería estar con Joshua; hasta el final.
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Vie Nov 15, 2019 10:00 am

Ni en sus sueños más salvajes habría llegado a pensar que terminarían así. Que terminaría teniendo durante un ratito de su vida todo de Ayax Edevane, que borraría con el paso de sus manos y su piel cualquier rastro que hubiese antes de él, dejando en su ser sensaciones tan intensas que no las creyó posibles. Haciendo arder una llama en su pecho que jamás había sido tan potente, hasta sentir que quemaba la sangre que pasaba por sus venas y su cuerpo por entero.

Se estremeció cuando sintió esas manos en su cabello, invitándolo a continuar y no apartarse de la parte más sensible de toda su anatomía. Sin embargo, enloqueció al escuchar esos jadeos cada vez más agitados, entendiendo que su excitación iba creciendo hasta que fuese imparable. Deseó tenerlo para él, que no fuese capaz de parar lo que habían comenzado, que finalmente soltase, como Joshua, cada mínima parte de cordura que le quedaba.

Entendió el silencioso lenguaje de sus manos al pedirle apartarse, y creyó que no sobrevivió del todo al impacto de su nombre saliendo de sus labios de forma agitada y ansiosa. Revolucionó su interior percatarse de que era él y nadie más quien lo tenía en tal estado.

Obedeció al liberarle de su húmeda prisión y echó mano a ello, apretándolo con sus dedos para ayudarlo a llegar al final mientras él recobraba el aliento. Era un final, sí, pero que realmente era sólo el principio. No perdió detalle del pelirrojo arañando el cielo en el instante en que llegó al clímax, mas entonces se apartó de sus piernas.

Sin duda ni vacilación de por medio, terminó lo que había empezado al desnudarlo por completo, dejando en el suelo lo que quedaba de su ropa. La vergüenza ya había muerto: después de lo que había hecho, de la manera en que había complacido a Ayax, quedaba poco que perder. Así que se mostró ante él, sin complejo y sin miedo, desnudándose por dentro antes de siquiera igualar sus condiciones físicas.

Volvió a subir, siguiendo el camino paralelo de sus manos desde sus pantorrillas, cruzando por sus muslos hasta su cadera, sin detenerse por sus costados hasta que llegó a dejar sus manos en sus pectorales, devolviendo su rostro al hueco de su cuello besando sus hombros para entonces morder el lóbulo de su oreja.

Todo lo negativo que Ayax podría pensar de él en ese momento sobraba. Se apartó de él, metiendo los pulgares en el elástico de su propio pantalón. Lo miraba al rostro, esperando su reacción cuando vio su cuerpo desprovisto de tela al desprenderse de ella. No era la primera vez que lo veía así, pues sus transformaciones dejaban poco al pudor, pero sí era la primera que lo dejaba observarlo.

Las heridas de su cuerpo, los parches que tenía, también se extendían en sus piernas por su jodido hechizo. Su pierna derecha, por encima de la rodilla, estaba vendada también. Mentiría si dijera que pensaba en ello: hacía mucho se había olvidado de sus propias heridas, de su inicial debilidad. La adrenalina que le hacía tiritar ocasionalmente lo ayudaba a no pensar en cosas tan nimias.

Estaba excitado, su masculinidad despierta del todo. Colocó una de sus rodillas sobre el sofá, a un lado del muslo de Ayax, volviendo a acercarse a él. Se lo veía confiado, determinado. Su rostro estaba serio, pero había en él también suavidad y gozo. Estaba disfrutando del momento, más allá de lo que éste le durase.

Haz lo que quieras —susurró en su oído, cerrando los ojos. — Sólo déjate llevar —su petición tenía un tinte a orden, en una voz tan suave que Joshua dudó por un momento si salió de su garganta o fue sólo un pensamiento.

Obrando con el ejemplo, sus manos retomaron su misión de acariciar su cuerpo, recorriéndolo como si estuviese escrito en braille y fuera capaz de leerlo por completo. Conforme se sentía en confianza, su posición se relajó hasta volver a sentarse sobre él, besando apasionadamente su cuello. Perdido el miedo al miembro ajeno, que también recibía caricias de unas manos inquietas que recorrían cada fracción de piel disponible.

Quería animarlo para la siguiente ronda. Ya daba por hecho que no era el único que estaba deseando llegar hasta el final. No dejaba en Ayax ninguna especie de peso innecesario: se había dado la libertad de asumir una serie de cuestiones importantes, con el propósito de hacerlo lo más placentero para los dos posible. Si bien era evidente que el control de la situación le pertenecía casi en su totalidad, al menos hasta entonces, estaba dispuesto a reincidir en su sumisión dominante.

Qué importaba, mientras llegasen a donde quería llegar y apagara el fuego que se extendía sin control por su interior.
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