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Trembling hands. ―Joshua.

Ayax Edevane el Jue Oct 10, 2019 3:40 am

Recuerdo del primer mensaje :

Trembling hands. ―Joshua. - Página 5 TWEUxEb
Sala de autopsias, Área-M | 09/10/2019 | 11:30h | Atuendo

Desde que Hunter y Ayax eran conscientes de la relación del otro con Joshua Eckhart, su trato profesional se había visto reducido a lo mínimo posible con tal de evitarse incomodidades y, por suerte, era fácil evitarlo pues cada uno tenía su campo bien definido y el becario trabajaba con otros extirpadores. Por parte del pelirrojo, no le parecía una persona grata aquella que se acostaba con su primo. No sólo porque se acostase con su primo, sino porque ya lo conocía de antes y no le parecía una persona adecuada para estar con Joshua.

Podría dar su brazo a torcer un poco y reconocer su buena actuación con respecto a los problemas de Joshua después del secuestro, pero eso no lo hacía mejor persona, ni mucho menos mejor partido.

Por desgracia, ese día tuvo que trabajar con él.

La extirpadora con la que Ayax pasaba mayor parte del tiempo―y la única persona que sabía toda la movida de Níobe―estaba colaborando con Biersack, por lo que el pelirrojo también tenía que estar presente en ese trabajo.

―¿Y cuál es tu opinión al respecto, Edevane? ―preguntó Hunter al becario que estaba un paso por detrás.

No había nada que le molestase más en ese punto que estar un paso por detrás que Hunter. Con respecto a sus responsabilidades en el Área-M, por supuesto, o eso creía Ayax. Sin embargo, lo miró con seriedad y dio ese paso hacia adelante.

―Si había dado resultados óptimos con el resto de pruebas y sólo ha fallado en esta, entiendo que puede haber sido o una sobredosis de algún fármaco o bien una reacción alérgica que desconocíamos del paciente. Dudo que haya sido un elemento en mal estado, pues aquí tenemos muy bien regulado eso sobre todo porque muchos son letales ―respondió, recibiendo el beneplácito de Aurora, la extirpadora acompañante―. Si me deja los informes, yo mismo puedo ver qué anomalías ha habido, o intentar encontrar la respuesta a esto antes de volver a probarlo con otro paciente.

Aurora se había ido rápido para atender una llamada importante de la directora Brewster, por lo que de manera totalmente indeseada, ambos se habían quedado juntos. Qué ilusión. Los dos eran consciente de  que el motivo principal de su recelo era Joshua Eckhart, pero mencionarlo haría a cualquier quedar por debajo del otro, pues ambos eran igual de profesionales. Así que Hunter se aprovechó de su poder en el interior del Área-M.

―Asegúrate de revisar bien todos los informes ―dijo, antes de mover la varita y hacer que una pila de informes volase hacia Ayax―, no tengo mucho margen para entregar esta muestra, así que hazlo rápido.

―Tengo más cosas que hacer, Biersack ―le respondió Ayax, sin resultar ofensivo―. Quizás no pueda ser tan rápido como quieres.

―Pues prioriza esto, Edevane ―le contestó.

―Llevo trabajando más tiempo con Aurora y sus asuntos tienen prioridad para mí.

―Sabes que no te conviene ―le hizo saber―, eres un becario del Área-M, no de Aurora, por lo que se espera de ti que sepas ajustar tu horario a las prioridades necesarias de cada extirpador. Dado que no eres uno todavía, más te vale mantenernos a todos contentos para que Brewster no tenga comentarios negativos de ti. Supongo que tu objetivo es terminar siendo extirpador; a nadie le gusta ser el recadero de nadie. Eres listo, sé que sabrás qué hacer.

―Lo tendré en cuenta. ―Fue lo único que dijo, sintiendo que se le hinchaba la vena de la frente y como apretaba los dientes.

No tardó en girar e irse de aquella sala, dejando atrás a Biersack en compañía de la paciente fallecida. Fue hacia su propio despacho―el cual compartía con otros dos becarios―, dejando sus cosas sobre su mesa y cogiendo aire tranquilamente. “Es un puto imbécil” resonó en su cabeza, siendo muy consciente de que Olivia, en la mayoría de casos, siempre decía lo que realmente pensaba.


***

Todo el trabajo que le había dado Hunter Biersack en ese momento había descolocado por completo toda su agenda de ese día, por lo que tenía que empezar a buscar tiempo. No quería hacer las cosas bien por Biersack, sino más bien por Brewster. No conocía a Hunter, pero le veía capaz de decir algo malo de él solo por venganza o porque todos los extirpadores son unos cabrones que buscan que nadie les quite el puesto.

No podía cancelar sus planes con Gabriella porque estaban vinculados con la futura boda, por lo que de camino a casa, se sacó el reloj y le dio la vuelta, haciendo que la conexión con el espejo comunicador de Joshua comenzara. Cuando su primo estuvo al otro lado, habló:

―Josh, acabo de salir del trabajo. ―Si era un poco observador se daría cuenta de que había salido como una hora tarde de su horario normal―. Aún no he comido y tengo que hacer varias cosas para mañana. Sé que habíamos quedado para cenar, pero voy a tener que posponerlo si quiero tenerlo todo terminado y estudiado para mañana, ¿te parece bien quedar mañana?
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneExtirpador

Ayax Edevane el Sáb Nov 16, 2019 3:14 am

Llegar al clímax como había llegado no estaba dentro de sus experiencias vividas: tanto por la intensidad, como por el acompañante. No sabía cómo era posible, pero sencillamente lo era. Joshua había sido el culpable de ese estallido de placer, de esa hoguera interior y, también, el que había tenido en sus manos la manera de hacer que el orgasmo tocase a la puerta de Ayax. Ahora, en ese momento, se estaba dando cuenta de la diferencia entre simplemente sexo y hacer todo eso en compañía de alguien que te complementa en todo lo sentido.

¿Era eso amor? ¿Amor del… romántico?

Llegados a este punto, Ayax solo tenía dos cosas en la cabeza: Joshua y placer. Daba igual que fuesen primos, que eso estuviese mal o que en ese momento su supuesta heterosexualidad estuviese pendiendo de un hilo. Realmente le daba igual que en casa estuviese esperándole su prometida. ¿Qué importaba Gabriella en esa ecuación? ¿Qué importaba nadie?

Cuando Joshua se sentó de nuevo sobre él y se quitó la ropa, el pelirrojo no lo observó; lo admiró. No era la primera vez que lo veía desnudo y… reconocía haber tenido pensamientos fuera de lo normal: ¿pero como para llegar a tanto? ¿Realmente había llegado a tanto?

El susurro del moreno fue acogido con absoluta libertad y ese deje de “orden” en su voz hizo que el pelirrojo ladease una sonrisa. Quizás mucha gente pudiese pensar que aquello podría haber llegado al final, pero Ayax estaba muy seguro de que eso no era más que el principio. Las manos de Joshua por todo su cuerpo, sus besos y sus caricias hacían que su cuerpo respondiese acorde a la excitación y, sinceramente: quería repetir lo que acababa de sentir y hacer que Joshua también lo sintiera.

Así que Ayax hizo lo que quiso, dejándose llevar.

Ambos totalmente desnudos, el pelirrojo se levantó del sillón, sujetando a Josh por los muslos y levantándolo con él. Sus brazos se endurecieron y caminó tranquilamente hacia la habitación principal, llegando a una puerta que estaba cerrada. Ayax apoyó la espalda de Joshua contra la puerta y ambos volvieron a besarse, sintiendo como sus torsos se rozaban así como sus virilidades y cada parte de su piel. Ayax dejó caer los pies del moreno, bajando una de sus manos por todo su cuerpo mientras la otra buscaba el pomo de la puerta.

La puerta se abrió tras Josh y éste retrocedió, no sin ser perseguido por Ayax como si sus labios hubiesen creado una especie de imán por el otro.

Pese a que hubiese llegado hace un rato, todavía se sentía insatisfecho. Sentía que su cuerpo volvía a subir y subir, que sus necesidades y sus deseos no estaban ni cerca de ser totalmente complacidos. Podía notar como todavía todo el fuego en su interior le estaba empujando a seguir disfrutando de aquello, por lo que continuó “presionando” a Joshua hasta que lo hizo sentarse en la cama. Ayax fue esta vez quién se puso entre sus piernas, manteniéndose en alto gracias a sus brazos, bajando sólo para asegurarse de que sus labios estaban lo suficientemente cerca.

Esta vez fue él quién, descubriendo que casi sentía el mismo placer dando que recibiendo, dejó de besarlo para bajar por su mentón, por su garganta, por su pecho, por el centro de su torso, en sentido descendente hasta su intimidad, siendo él quien la sujetó esta vez, con suavidad pero con firmeza. Mientras hacía movimientos verticales, volvió a subir con sus labios por todo su torso, en busca del rostro del moreno, para poder besarlo mientras le daba placer.

Ya había dado el gran paso: el paso que daba lugar a una situación sólo de ellos y de nadie más. Solo de Ayax y Joshua, independientemente de moralidades, responsabilidades y lazos. Ahora mismo daba igual todo, pues Ayax tenía lo que quería debajo y Joshua tenía lo que quería sobre él, dispuesto a darle todo lo que le pidiera sin cuestionar absolutamente nada. Después de haber sentido lo que era capaz de hacerle sentir, se iba a lanzar en cualquier dirección si era a su lado.
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Sáb Nov 16, 2019 4:01 am

Supo desde el primer momento que Ayax iba a dejarse llevar, obedeciendo a sus palabras. Una nueva llamarada incendió su interior al pensar que, al menos en ese instante, su primo podría obedecer cualquiera que fuera su petición.

Se sorprendió, eso sí, cuando sintió sus manos debajo de sus muslos y, haciendo gala de masculinidad y fuerza, lo llevaba con él mientras Joshua abrazaba su cadera con sus piernas, besándose en el camino hasta que la puerta sirvió como apoyo para su espalda, encerrado entre ella y el cuerpo del pelirrojo.

Notaba la excitación de Ayax rozando con su piel, y la propia friccionándose contra el estómago ajeno, sintiendo cómo crecía el deseo hasta que embargó el interior de ambos.

Le fallaron las piernas, temblorosas, cuando sintió el suelo bajo sus pies, haciendo que diera un paso hacia el frente eliminando cualquier distancia que hubiese podido tener con el pelirrojo mientras éste les abría camino al interior de su habitación, donde Joshua les guió hasta caer sobre la cama.

El camino libre hasta su cuerpo, la emoción le recorrió como electricidad al sentirlo tomar lugar en medio de sus piernas, sin romper el beso. En completa sintonía, todo su ser estaba dispuesto a entregarse sin dudarlo al deseo y placer del momento.

Su corazón debía ser lo que, de lejos, más estaba agitado. Estaba lleno y se sintió pleno, desprovisto de la más mínima duda que pudiera hacerlo cuestionar lo que sentía. Si aquello habría sido un esfuerzo por borrarse las ideas de un amor romántico por ese hombre, había fallado estrepitosamente.

Lo sujetaba por el rostro mientras lo besaba hasta que se le escapó de los labios bajando en caricias con sus labios. Era pura dinamita, logrando que se estremeciera con el más pequeño beso, causando que jadeara por la ansiedad de conseguir oxígeno en medio de su agitación.

No estaba preparado para sentir la mano de su primo alrededor de él. Su cuerpo se tensó, arqueando la espalda, emitiendo un gemido que describía su nombre.

Sus labios eran una mordaza para su voz, pero no bastaban para acallar del todo lo desesperado que lo tenía. Estaba sensible por tanto tiempo en espera, y tener precisamente la mano de Ayax alrededor de él era vicio y locura.

No importaba qué hiciera, o si ya lo había experimentado. Todo era más intenso junto a él.

Espera —le pidió en un pequeño descanso que le dio a sus labios.

¿Detenerse? ¿En qué mundo? Lo que hizo fue estirarse a la mesita de noche a un lado de su cama, de la que abrió el cajón. De su interior sacó dos cosas que iban a necesitar muy pronto: condones y lubricantes.

No estaba dispuesto a hacer de esa experiencia nada incómodo para sí mismo, pero estaba dispuesto a enseñar al pelirrojo a tener aquella experiencia. Ya desde el vamos adivinaba que iba a ser la mejor experiencia que había tenido nunca, y sospechaba que aquello era recíproco.

Después de todo, nunca antes había hecho nada parecido con alguien que les hiciera sentir tanto. No solo físicamente, sino en sus interiores. Aquello tenía un nombre, y los dos lo sabían.

En esa ocasión no sólo tendrían sexo. Esa noche, harían el amor.

***

Había sido memorable. Incluso ahora que estaban acostados sobre la cama, recuperando el aliento lado a lado, seguían sintiendo el rumor de las manos del otro, de sus labios. Todavía podían sentir la agitación y sus pieles calientes. Se habían aliviado por completo.

Joshua miró al hombre a su lado. Vio su cabello rojo sudado, sus mejillas arreboladas y su respiración todavía inestable. Recorrió con sus ojos sus labios y su perfil hasta acostarse de lado hacia su dirección.

Le había mostrado una parte de él que nunca había visto. La parte que hablaba y exigía, la parte que no se quedaba callada. La parte demandante que lo necesitaba hasta que el cuerpo le dolía al sentir su ausencia. Su lado más fuerte y, a la vez, más vulnerable.

No hablaba, como si temiese que el sonido de su voz bastase para romper el ambiente que habían generado. No se arrepentía en lo más mínimo.

Extendió su mano hacia él, de nuevo recobrado el miedo de que aquello fuese mentira y se desvaneciera. Tocó las pecas de su pecho, uniéndolas como se unen los puntos que deben formar una figura.

La figura que esas pecas hacían era la del hombre que quería en cada maldito sentido posible.
Joshua Eckhart
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Mar Nov 19, 2019 4:13 am

Todo él se estaba moviendo como si siempre lo hubiera tocado así, como si sus manos hubieran estado esperando ese momento toda una vida y su cuerpo sólo respondiese al de él. No podía entender en ese momento cómo en algún punto había creído que algo así iba a estar mal, o cómo había podido reprimirse tanto en tantas ocasiones. ¿Eso siempre había estado ahí? ¿Había sido un ciego? ¿O quizás… se había hecho el ciego por lo que estaba bien y lo que estaba mal?

Paró cuando él se lo pidió, observando con curiosidad lo que ocurría después. Cuando le vio sacar eso de la mesita de noche su cabeza hizo las conexiones necesarias sin muchas dificultades y, lejos de desagradarle, sintió hasta impaciencia por saberlo todo. Quería hacerlo todo con él. Quería experimentarlo absolutamente todo con él. Ya no había vergüenza, ni miedo a hacerlo mal, simplemente ganas de estudiar el cuerpo de Joshua como si fuera su proyecto más ambicioso. Ahora lo único que hacía era dejarse llevar y dejar que Joshua le mostrase cómo hacer de aquel momento todavía más mágico.

Ayax estaba escéptico, creyendo que pocas cosas podrían superar aquello. A su lado, sin prejuicios y libre, se sentía como nunca. Sin embargo, ahora mismo desconocía que estaba a punto de enfrentarse a posiblemente lo más bonito y placentero que iba a vivir nunca: hacer el amor con una persona a la que amas.

Después de eso se daría cuenta de qué era lo que realmente valía la pena, de lo ciego que había estado y que el resto de cosas eran todas una copia barata e incomparable de lo que siempre había tenido a su lado.


***

Una vez en la cama junto a Joshua, Ayax se había quedado mirando al techo, con el pecho agitado intentando recomponer el ritmo de su respiración. No podía dejar de preguntarse miles de cosas, pero daba igual cuáles fueran esas preguntas, pues su mente estaba en paz. No sentía nervios, no sentía tensión, no sentía presión, no sentía absolutamente nada más que plenitud y tranquilidad; una absoluta calma. Ahora mismo estaba en el perfecto estado de relajación, un estado en el que podría jurar… no se había sentido nunca.

Había llegado muchas veces al clímax, solo y compañía. Mas bien solo que en compañía, pues el sexo había sido descubierto hace poco por él. Sin embargo, jamás le había resultado tan satisfactorio, por no hablar de que su sentimiento por la compañía era incomparable por absolutamente nada.

Cuando sintió los dedos de Joshua acariciando su pecho, lentamente giró el rostro hacia él, viendo como su mirada se perdía en su propia piel. La mirada de Ayax, sin embargo, se perdió en los ojos del moreno, recordando como hace apenas unos minutos había estado junto a un Joshua que nunca había conocido: pasional, demandante, sensual y atrayente. ¿Y sabéis qué? Solo le faltaba ver la única parte de Joshua que desconocía para terminar dándose cuenta de que, sin lugar a dudas, estaba enamorado del cien por cien de él.

El pelirrojo nunca había estado muy en sinfonía con sus sentimientos, por lo que no reconoció que eso era “estar enamorado”, pues para él sencillamente aquello era perfecto. La perfección que siempre había existido junto a él.

No sabía qué decir, pero era consciente que había que decir algo. No se le pasó por la mente decir ninguna cursilada, pues el pelirrojo realmente era poco de palabras y más de hechos: consideraba que decir que le quería después de haber hecho lo que habían hecho era totalmente redundante y, en ocasiones, la redundancia es un fallo. También ignoró el mencionar que le había gustado pues creía que había sido DEMASIADO OBVIO. Optó por usar el humor: declarar que estaba de buen humor denotaba que todo estaba bien.

Miró al techo.

―Verás tú cuándo se entere nuestra familia… ―Y entonces volvió a mirarle a él, sin poder evitar sonreír travieso y soltar una carcajada.

¡Obviamente no se lo iban a decir a nadie! Francis y Rabrours, cómo mínimo, les mandaban a la hoguera.

Pese a la broma, Ayax sujetó la mano de Joshua y la estrechó entre la suya, girando su cuerpo hasta él para quedar, como Josh, de costado. Tenía sujetada su mano bastante fuerte, con serenidad, como si de repente tuviese un poco de miedo de que una vez se levantasen, aquello sería el final. Sabía que en algún punto tendría que levantarse e irse a casa, en donde le esperaba su prometida, sin embargo, no quería tener que mover ni un músculo para levantarse de esa cama y dejar a Joshua allí, pretendiendo que todo estaba bien y que realmente tenía ganas de volver a su casa nueva junto a Gabriella. No tenía gana alguna de eso.

Le rompía por completo el haber perdido absolutamente tanto el control de sí mismo y de sus sentimientos. Sentía de todo había explotado en su interior y había revolucionado todo lo que él tenía ordenado.

Sabía que había una pregunta importante qué hacer y temía que Joshua se adelantase y se la preguntase a Ayax primero, pues no sabría qué responder, pues no sabía qué era lo que se debía hacer, pese a que sabía muy bien qué era lo que quería hacer.

―¿Y ahora qué? ―preguntó, visiblemente… inconforme.
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Mar Nov 19, 2019 7:00 am

Los recuerdos de lo recién vivido eran tan claros como la sensación fantasma de unas manos que habían recorrido todo su cuerpo, haciendo estragos en él hasta hacerlo perder la razón. Pensaba en Ayax, en cómo le había cedido el control de aquella situación, cuando sabía de antemano lo mucho que al pelirrojo le disgustaba no tener todo bajo control. En esa ocasión, más bien pensó que había tirado el mando al suelo, al menos antes de sentirse en plena confianza con lo que estaban haciendo.

Esos pensamientos ocupaban su mente mientras acariciaba su pecho, con la mirada perdida en el camino de sus dedos en contacto con su piel caliente. Lo embargó la duda de si alguna vez tendría otra vez esa piel a su disposición, a Ayax Edevane en su cama. No le gustó la probabilidad que decía que su primo haría lo que tenía que hacer, por encima de lo que quisiera hacer.

Durante el silencio, aquello derivó a ideas sobre qué pasaba por la cabeza del pelirrojo: ¿estaba disgustado? ¿Estaría arrepintiéndose? ¿Se habría dado cuenta de que era un error, no porque lo hubiera sido sino porque no era lo que esperaban de él? Le preocupó recibir una respuesta que no quería escuchar, así que alargó el silencio cuanto pudo.

Lo sorprendieron las palabras que rompieron finalmente la quietud de la habitación. Por un momento no supo interpretar el tono de su declaración, mas su sonrisa lo relajó hasta contagiarle de su risa, haciéndolo reír también.

Bufó divertido, dejando quieta su mano, todavía sobre el pecho de Ayax. — Empiezo a pensar que me tomé personal hacer una colección de decepciones —le respondió, — quizá piensen que te he contaminado con mi ineptitud —siguió el humor del momento.

Como si fuera posible. Los dos sabían que jamás habían tenido un secreto que importase más tener en la oscuridad que ese. De esos que tenían que guardar por encima de todas las cosas. No era su primer secreto mutuo, pero sí el más serio. Las repercusiones eran enormes.

Su corazón dio un vuelco cuando tomó su mano, apretándola con fuerza en la suya mientras quedaban cara a cara. La mirada que compartieron lo dijo todo: no querían que aquello terminase ahí, pero no sabían cómo hacer que continuase. Sabían que tendrían que separarse; Ayax volvería con su mujer a su falsa vida perfecta y él se quedaría en el sitio donde estaba, pretendiendo que no sucedía nada cuando lo sucedía absolutamente todo.

Incluso sabiéndolo, no respondió de inmediato. Mantuvo el contacto visual hasta que exhaló.

¿Quieres una respuesta objetiva, subjetiva, o mi respuesta? —le preguntó, pues las tres eran distintas entre sí. Prosiguió un momento más tarde: — Objetivamente, te levantarás, yo te ofreceré la ducha; puede que aceptes, puede que no, es irrelevante. Te marcharás con tu mujer y… conforme esto —apretó su mano de vuelta, — se enfríe, te darás cuenta que nos traerá tantos problemas como beneficios, pensarás que no vale la pena el riesgo a poner en peligro tu vida ideal, la que se espera de ti y enorgullece a los demás, así que cuando vengas a mí nos diremos que no volverá a pasar y que fingiremos que no pasó nunca, todo será como siempre… hasta que nos demos cuenta que no podemos y uno tenga que tomar la decisión de dar un paso atrás hasta separarnos —le dijo el escenario más realista que pudo imaginar.

Era el peor escenario, pero uno que parecía terroríficamente probable. Conocía a Ayax, quien nunca se dejaba guiar por sus emociones ni sentimientos para actuar. Si bien sabía cuán serias las cosas se habían puesto, lo mucho que lo habían disfrutado… dudaba que fuera capaz de cambiar a un perfeccionista que siempre actuaba como debía. Podía no tener mucha inteligencia emocional ni social, pero no la necesitaba para hacer un escenario probabilístico basado en cómo era todo hasta entonces.

Subjetivamente, la diferencia es que te aferrarás a esto, aunque lo veas en frío, y en lugar de acordar dejarlo todo a un lado y tratar de retomar lo que fue, accederemos a no dejar que nadie sepa lo que sucede entre los dos —se movió entonces, aproximándose más a él, bajando su voz que se había convertido en un íntimo secreto. — Nadie sabrá que a solas podemos perder el control, que hay… más de lo que ellos pueden ver.

No era un iluso: Joshua sabía que el mundo tendría que empezar a girar al revés para que Ayax renunciara a todo. Se contentaba, sin embargo, con tenerlo a puertas cerradas, a escondidas. Saber que era suyo, pese a que los demás creyeran que le pertenecía a otra persona.

Mi respuesta —juntó sus frentes al decirlo, — es que te quedes, aunque sea un poco más, conmigo, un rato nada más —más que un escenario, aquello era simplemente una petición, un deseo que tenía y que, como muchos de ellos, era probable que no se cumpliera.

Esa era la opción más egoísta, para sí mismo. La que ignoraba que Ayax tenía cosas que hacer en su casa y esperaba que le dedicase tiempo. La que no pensaba en su prometida, o en lo enfadado que había estado con él hace tanto que ahora parecía mentira. Esa que sólo quería estar con él y sentirlo a su lado; como mejor amigo, como primo, como amante, como todo al mismo tiempo.

Odiaba sentirse tan vulnerable con él, mas también sentía que no había opción. Le parecía tan sencillo estar con Ayax, depender de él, que no encontraba la forma de disimular un poco la necesidad que tenía de su compañía, de su mera presencia.
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Ayax Edevane el Miér Nov 20, 2019 1:28 am

«Quizás piensen que te he contaminado con mi ineptitud», dijo. Ayax enarcó una ceja, mirándolo fijamente a los ojos sin dejar que aquel momento de risas se disipara. Teniendo en cuenta la actitud del pelirrojo frente al hecho de que Joshua era homosexual, casi que podría parecerlo, que realmente eso se puede “contagiar”, pero no había sido el caso. Sólo le hizo falta sentirse como se había sentido esa noche junto a Joshua para darse cuenta de que lo de ellos venía de antes; mucho antes.

Ahora sí que tenía sentido los celos y la competitividad que sentía por Biersack. Uno podía engañarse pensando que era por el Área-M, pero estaba claro que no…

Ese «¿y ahora qué?» que le había preguntado lo dejó salir como evidencia de lo perdido que estaba. Lidiar con esa situación no estaba en su lista de situaciones en donde pudiera tener el control o supiera qué hacer. Tenía una nueva casa, tenía una prometida con la que se iba a casar en tres meses y, en teoría, debería de estar con ella, no con Joshua. No solo era un hombre, sino que además era su primo. Mira que las familias puristas tenían cierta predisposición al incesto, pero Ayax nunca se imaginó haciendo algo así: menos mal que eran primos segundos y no compartían ni sangre. Pensarlo así era mucho menos turbio a nivel de moralidad familiar y, si se ponían tiquismiquis, realmente no estaba TAN MAL, ¿no?

La respuesta objetiva sonaba bastante a lo que podría haber hecho Ayax, sino fuera porque en ese momento no se sentía capaz de ser tan frío con Joshua, no después de lo que acababa de ocurrir entre ellos. ¿Sería capaz de relativizar las cosas cuando estuviera lejos de él y pensase en eso con calma? ¿Sería capaz de llegar a la conclusión de que algo tan bueno, realmente era algo malísimo? ¿De verdad se veía dejando de lado a su primo y todo esto por su deber, su matrimonio y su futuro? Debería, realmente… ¿qué iban, a estar toda la vida ocultando una relación así?

Lo subjetivo sonaba a utopía. Quizás era fácil dar a entender a todo el mundo que no pasaba nada entre ellos teniendo en cuenta cómo eran a nivel sentimental, ¿pero ellos podrían vivir así? Ayax estaba asumiendo que Joshua lo dejaría con Hunter, pero el pelirrojo no podía dejarlo con Gabriella Crowley después del acuerdo anunciado y todos los grandes pasos que había dado con la chica.

Soltó aire por la boca, lentamente, pensando qué decir. Optó, realmente, por la opción más sencilla: hacer lo que quería hacer y no lo que debía, al menos en ese momento.

―Me quedo con tu respuesta ―le respondió, sin mirar la hora. Sabía que no tendría que inventarse ninguna excusa muy grande: era Joshua y era normal para Ayax perder la noción del tiempo con él. La diferencia de esa noche es que también había perdido la noción del espacio. Esbozó una pequeña sonrisa al recordar lo que habían hecho. Quizás hace unas semanas pensar algo así era impensable, turbio e imposible, pero ahora mismo su mente había dado un giro de ciento ochenta grados. Era perfectamente viable que su visión objetiva se hiciera real y que cuando Ayax no estuviera a su lado empezase a pensar en lo mal que podía hacer todo eso, pero ahora mismo no―. Y acepto esa ducha.

Sabía que Joshua le había puesto delante ahora mismo las dos opciones posibles y que, de manera indirecta, le había pedido hacer lo que él quería. Joshua lo conocía mejor que nadie y sabía que no podía dejar todo lo que tenía y, por eso, le había ofrecido probablemente el único escenario en el que Ayax aceptaría seguir con algo así: mantenerlo en secreto. Decidió ser sincero. Después de lo que habían hecho, sentía que podía abrirse absolutamente con él, aunque luego en la fría soledad pudiese arrepentirse de cualquier cosa. Y lo sabía: era demasiado técnico, demasiado controlador, demasiado frío, como para saber que cuando estuviese solo pensaría demasiado en el tema.

―Estoy confundido ―advirtió, sin miedo―. Cuando vine a tu casa esto, te puedo asegurar, era lo último que me esperaba. Pero pese a ser lo último que me esperaba, ahora mismo tengo la sensación que es lo único que he tenido muy claro que no quiero que falte en mi vida. ―Hizo una pausa, siendo consciente de que no quería perderlo de ninguna de las maneras―. Es muy rara la sensación. No entiendo como mi mente es capaz de repetirme que algo así es tan malo cuando a mi me ha hecho sentir tan bien ―reflexionó junto él.

Aunque Ayax hubiese hecho cosas horribles, en realidad era porque era una persona muy insensible que se había agarrado a una moralidad. Ahí en donde lo veías, todavía estaba aprendiendo.
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Miér Nov 20, 2019 8:39 am

Había hecho acopio de todo su razonamiento para darle la primera opción y hacerlo lo más realista posible. Sabía que, siendo ellos, intentarían seguir como antes, pero después de lo sucedido no habría manera y eso los acabaría alejando. Odiaba pensar en eso, pero era una realidad demasiado cruda; no le quedaba autoengaño para decirse que sí que podrían hacerlo funcionar de nuevo.

La subjetividad era, por otro lado, lo más a lo que podía aspirar para seguir teniendo a Ayax de esa manera. Tampoco le quedaba autoengaño para creer que podría convencerlo de romper todo y estar con él, no sólo porque sus familias y el mundo mágico les darían la espalda, sino porque sabía perfectamente que su primo no era así, no actuaba así y no se lanzaba a la deriva sólo porque sí.

Sonaba a masoquismo, tener a alguien por ratos y dejarle marchar con otra persona, sintiendo los celos comerle desde dentro y aparentar todo con una sonrisa. Pensar en tenerlo lejos, por otro lado, sonaba a infierno. La decisión no era tan complicada, mas no era exclusivamente suya para tomar. Gran parte de elegir le pertenecía al pelirrojo y cómo decidiera hacer las cosas.

Una decisión difícil, a fin de cuentas.

Por eso es que Joshua se alegró cuando eligió su respuesta. Era una decisión a corto plazo, estar juntos durante más tiempo sin tener que decidir todavía si estaban por la labor o se alejarían por su propio bien.

Se separó de su frente, aunque no de su cuerpo, cuando empezó a reflexionar sobre lo que había ocurrido. Joshua se sorprendió a sí mismo por no tener ese conflicto interno, quizá porque era más importante sentirse bien y feliz que su culpa por no hacer las cosas bien. Lo más seguro era que todo se debía a que llevaba demasiado tiempo sintiendo que no hacía las cosas bien, que había acabado por conseguir ignorar esa voz interna algunas veces.

Por otro lado, se sonrió divertido cuando le recordó que no esperaba eso al llegar. Joshua tampoco había esperado eso, ni que le reclamase por Hunter, pero ahora tenía todo el sentido del mundo. Ahora comprendía la reticencia de ambos con las respectivas parejas del otro. Decidió no decirlo, porque ni Hunter ni Gabriella tenían cabida en su conversación ni en su habitación esa noche.

Tal vez es porque sabes que… es algo por lo que la gente te rechazaría, que no es lo adecuado ni lo ideal, ni lo que los demás esperan —le contestó, y parecía que sabía de lo que hablaba. Después de todo, llevaba dos años siendo licántropo y uno siendo homosexual. — Podrías pensar en… qué diría la familia si se enterase… o qué dirías tú mismo si lo supieras de otra persona… —pues si él se había salvado del filo de Ayax era sólo porque se trataba de su persona favorita en el mundo. — Pero… pero algo que te hace sentir tan bien y que no hace daño a los demás no puede ser malo.

Era su opinión basada en su propia experiencia. Podría ser la primera vez que estaba con su primo y le ponía nombre a todos esos sentimientos y emociones, sin embargo, no era la primera vez que sentía que la gente le daría la espalda si supiera de sus secretos.

Yo también estoy confundido, y tampoco esperaba esto, jamás debió llegar a tanto —confesó, — pero sucedió, y no me arrepiento de lo que hicimos; creo que no me arrepentiré de nada, decidas lo que decidas que haremos luego —levantó su mano, la que no estaba sujeta con la del pelirrojo, apartándole el pelo del rostro en un gesto cariñoso. — Si lo pienso, creo que hasta me alivia: llevaba tiempo pensando que estaba perdiendo la razón por… las cosas que pensaba sobre ti —apartó la mirada de sus ojos, sintiendo vergüenza por admitirlo, — al menos, si perdí la razón, no fui el único en volverme loco; eso me tranquiliza.

Había adquirido un tono divertido su voz al final de sus palabras, acabando por sonreír. Como si le divirtiese que compartiesen hasta la locura que les había llevado a disfrutar tanto del otro.

Por cierto, no me molestaría si me curases un par de heridas, ya que estás por aquí —cambió de tema pues, pese a que lo que hicieron no era nada típico de ellos, seguían siendo los mismos y eso no iba a cambiar. Sólo que ahora había un poco más de intimidad. — Porque después de que alguien hiciese conmigo todo lo que quería, presiento que van a dolerme cuando se me relajen los músculos —culpó enteramente a Ayax de ello, sin hablar realmente en serio. Sólo una de esas típicas bromas entre ellos, con un tema totalmente nuevo.

Decir esas palabras en voz alta había sabido muy extraño, como si hablar de ello lo hiciese todavía más real. Parecía que, después de todo, ese nuevo Joshua sin mucha vergüenza no se había marchado del todo.
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Ayax Edevane el Jue Nov 21, 2019 3:10 am

Contra todo pronóstico, Ayax había aceptado a Joshua tal y como era, le daba igual que fuera homosexual, pues el pelirrojo siempre había aceptado a su primo a pesar de las diferencias y los problemas. Lo único que no había aceptado de él el otro día en el lavabo de aquel restaurante es que fuese tan idiota de estar con Hunter Biersack, cuando podrían compartir ellos momentos como aquel. Solo que, en aquel momento, su cabeza era incapaz de procesar todo aquello, pues no era capaz de entender sus sentimientos hacia él.

Nunca pensó que las palabras de su primo pequeño fuesen mucho más sabias de lo que se esperaba, pero él tenía que darse cuenta de que su primo llevaba siendo homosexual bastante tiempo y, aunque de la familia solo lo supiera Ayax, suponía que habría tenido muchos más dilemas morales con respecto a eso.

―Los dos somos muy conscientes de que pasaría cómo la familia se enterase de lo que ha pasado hoy ―le respondió, soltando aire―. Y ya no hablo de mis padres o de mis hermanas, sino de nuestros abuelos. O de nuestros primos.

Teniendo en cuenta lo horrible que veía la familia la homosexualidad, no le extrañaría que Xerox y Serinda utilizasen la excusa para que la herencia no llegase a manos de un desviado como Ayax. Era una risa, si lo pensabas, que la mestiza fuese quién más apoyo posiblemente diese teniendo en cuenta que también era homosexual, aunque en ese momento no lo supiera.

―Yo no pensé mal de ti ―confesó―. No te voy a negar que pensé que… era una etapa, que quizás estabas confundido y se te pasaría si conocías a una chica que te gustaba, pero estoy bastante seguro de que pensé bien sólo porque eres tú. Llega a ser Xerox o Serinda y me hubiera hartado de declararlos inútiles para llevar la herencia Edevane. Sabes que los Edevane no es que seamos muy tolerantes con las cosas que… salen de la normalidad establecida.

«Jamás debió llegar a tanto» decía Joshua, siendo apoyado mentalmente por Ayax.

Él también sonrió cuando Joshua admitió abiertamente haber tenido pensamientos extraños por él, con una sonrisa totalmente cómplice, declarando que no había sido el único. Decirlo en voz alta era muy, muy raro, incluso después de haberlo compartido todo y abrirse en cuerpo y alma al otro.

Si no fuera porque estaba en una situación muy calmada, sentiría presión por tener en sus hombros la responsabilidad de elegir qué pasaría entre ellos, pues por mucho que ahora mismo pensara, veía cosas negativas en ambas opciones. Perder a Joshua era algo que no podía elegir, ¿pero y continuar con aquello con todo lo que supondría? Madre mía…

Sin embargo, su mente en ese momento lo ayudó: “Olvídate por el momento, ¿qué importa ahora lo que pasará, sino lo que está pasando?”

Frente a su petición de curarle ciertas heridas, Ayax se sentó en la cama, bajando la mirada hacia Joshua.

―He sido cuidadoso ―se defendió―. Soy médico, me preocupo del bienestar de mis pacientes, sobre todo de mis favoritos. Y hasta hoy no me había dado cuenta de que también velo por su satisfacción. ―Ladeó una sonrisa, travieso.

Y eso, aunque en ese momento hubiera sonado como una declaración de favoritismo, tenía mucho de verdad. Hasta en el Área-M se preocupaba, más que un extirpador normal, de sus pacientes (aunque no en el sentido sexual, malpensado). Era una de esas personas que se preocupaban por el bienestar de las ratas de laboratorio, pues si se morían en el camino, ¿de qué servían? Visto así sonaba frío, pero en el fondo parecía que tenía un poquito más de humanidad que el resto. Solo un poquito.

Se levantó y se sintió demasiado desnudo como para estar cómodo, por lo que le hizo una señal a Joshua para que esperase, pues fue al salón a buscar sus calzoncillos, llevando la ropa de ambos al interior de la habitación, aunque luego no se vistiese. Era tontería vestirse si se iban a duchar, pero más tontería era curar sus heridas antes de meterse bajo el agua.

―Vamos a bañarnos primero y luego te curo las heridas ―le dijo, con la lógica más aplastante. Eso sí, luego pecó de inocente. Hasta la fecha no se había bañado con Gabriella ni nada por el estilo, por lo que para él la ducha seguía siendo cosa de uno―: ¿Te bañas tú primero, o yo? ―preguntó, para entonces advertir de una consideración―. Tienes que tener cuidado al retirar las vendas para no abrir de nuevo las heridas, ¿quieres que te ayude?
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Joshua Eckhart el Jue Nov 21, 2019 7:38 am

Lo sabía. Sabía que todo se pondría mal como su familia se enterase de lo sucedido, pero en ese momento a Joshua no le importaba. Se veía capaz de mantener el secreto, de ser necesario, de que nadie se enterase. Sus abuelos los desheredarían tan pronto se enterasen, y no terminarían nunca de escuchar las burlas de los primos idiotas. No pudo evitar pensar en Gwendoline: a diferencia de Ayax, él sí sabía que tenían un poquito en común respecto a sus relaciones sentimentales, aunque ella no lo supiera todavía. Imaginó que tampoco le haría gracia saber que amaba ya no a un hombre sino a su primo.

Tú eres quien más miedo me daba —respondió, exhalando despacio. — Porque eres mi mejor amigo y mi confidente, y pensé que… No podría lidiar con que tú me rechazases —era una preocupación muy lógica, y los dos lo sabían, por encima de su amistad. — Te lo dije porque… la incertidumbre de tu reacción, o de la reacción que tendrías si te enterases por otro sitio que no fuera de mí… tenía que quitármelo de encima —ahora miraba en retrospectiva y se sentía algo tonto, pero no era nada tonto en aquel entonces.

Había lidiado con el rechazo toda su vida, pero nunca de parte de su primo favorito. Por eso era quien más iba a lastimarlo si llegaba a pensar mal de él. Ahora parecía todavía más tonto nada más ver la sonrisa cómplice que le dedicó, haciéndole saber sin hablar que no era el único con ese tipo de extraños pensamientos.

Sabía que no había que cantar victoria todavía, ni tampoco decaerse. Esa noche era una tregua del futuro, donde disfrutar del presente. Los ellos del futuro ya podrían preocuparse por lo que estaba por venir, pero los actuales habían decidido pasar tiempo juntos sin pensar en otra cosa.

Le pidió entonces ayuda con sus heridas, culpándolo del esfuerzo físico intenso que había hecho prácticamente desde que Ayax llegó, a lo que su primo soltó un ingenioso comentario del cómo, siendo su médico de confianza, no le había lastimado, sino que, en cambio, había velado por su satisfacción. Y vaya que había velado por ella esa noche.

No voy a negarte eso —confesó, acostándose boca arriba y colocando el pliegue de su brazo sobre su propia frente, mirándolo todavía sin ánimo de incorporarse pese a que el otro lo hubiese hecho.

La señal de esperar había sobrado, básicamente porque no le apetecía ni siquiera levantarse en ese momento, así que se quedó en la cama siguiéndolo con la mirada hasta que se perdió por la puerta, mientras Ayax volvía al salón para encontrar la ropa de ambos. Emitió un quejido perezoso cuando le dijo que quería primero que se bañase antes de curarle las heridas, bajando su brazo de su frente hasta cubrir sus ojos. Se animó a sentarse un instante después.

Resintió la pesadez de sus caderas y su espalda baja, y una parte de sus heridas que todavía estaban un tanto adormecidas. Le dirigió una mirada al pelirrojo cuando preguntó quién iba a bañarse primero, dándole la espalda para permitirle soltar el vendaje de su vientre que estaba atado con el ganchillo por detrás, pidiéndole ayuda sin hablar.

¿Por qué no al mismo tiempo? —inquirió con un tono distendido. — Acabo de verte hasta las pecas de sitios donde ni siquiera sabía que tenías pecas, ¿y te da reparo que te vea duchándote? —encontraría gracioso que aquel fuera el problema en realidad.

En su espalda alta tenía moratones de las veces que ese día había chocado contra paredes en su entrenamiento, pero los cortes que las vendas cubrían se habían pegado a la tela. No eran cortes mortales, pero sí medianamente profundos y obviamente no habían sido tratados como lo habría hecho su médico de confianza, por ejemplo, o básicamente ningún sanador. Mientras Ayax se encargaba de liberar las vendas, Joshua quitaba con cuidado los parches que se habían adherido a su piel por el pegamento con tanta fuerza que parecía que ahora formaba parte de su carne.

¿Te contaron lo que pasó? Creo que mi varita intenta matarme —dijo entre las quejas en voz baja por el dolor de su piel al estirarse por el pegamento. — No sé si es demasiado inestable o mi magia es inestable —admitió, pues no se había olvidado del escape de magia que había tenido la noche donde había discutido con Ayax. Se miró una de las manos, donde todavía eran visibles los cortes en proceso de cicatrización.

Cuando se vio desprovisto de vendajes y curaciones, finalmente se puso de pie. Miró al pelirrojo, manteniendo el contacto visual unos segundos antes de robarle un beso y comenzar a caminar hacia el cuarto de baño dentro de su habitación, independientemente de si Ayax le seguía o no. Si no le seguía, sería el primero en ducharse; si lo hacía, no le importaba ducharse juntos.
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Ayax Edevane el Vie Nov 22, 2019 1:49 am

No le iba a reprochar: sabiendo como es Ayax, era más que normal que hubiera tenido miedo de su reacción. Ya le había dicho que de ser otra persona, posiblemente su manera de acoger la información hubiese sido diametralmente opuesta. Sin embargo, por mucho que pudiera intentar odiar algo de Joshua, no podía. Le había dicho que era licántropo desde hacía un año y que llevaba todo ese tiempo sin tomar las medidas adecuadas, ¿y le pareció mal? Sí, bueno, pero se le pasó en dos días. Le había dicho que era homosexual―sin duda alguna―cuando era evidente que alguien como él tendría que casarse y tener hijos, ¿y le pareció mal? Sí, bueno, ¿pero durante cuánto tiempo?

Así que le fue sincero.

―Es normal ―reconoció―, no es que yo sea una persona extremadamente tolerante. Y, efectivamente, me hubiera sentido muy decepcionado si me hubiera enterado de que eras homosexual porque te veo en un restaurante besándote con un hombre. ―Lo había dicho con bastante diversión.

También entendía que decirle que estaba enamorado de él no debía de haber sido nada fácil, pero ahí en donde lo veías, agradecía que él hubiera tenido el coraje no solo de decírselo, sino además de dar el paso y besarle, pues Ayax se lo hubiera negado una vez y otra también.

Cuando volvió con la ropa y Joshua le habló con tanta normalidad sobre ducharse juntos, Ayax entró en ese modo «roto» en el que su mente comprendía la estupidez del asunto. Siempre había considerado la ducha un lugar íntimo y solitario, pero lejos de resultarle algo raro, le pareció hasta… atrayente. Después de lo que acababa de vivir y lo que había compartido con Josh, no tenía nada de ganas de apartarse, por lo que compartir la ducha sonaba bien.

―No era eso ―contestó, intentando defender que no era tonto―. Es solo que no lo pensé. A lo mejor no cabíamos los dos. Hace años que no me baño acompañado y recuerdo que las últimas veces fue con mi hermana pequeña mientras jugábamos en la bañera con unos barcos. Así que imagínate.

Suponía que si era habitual eso de bañarse juntos después del coito, Gabriella en algún momento también se lo propondría. ¿Pero sabéis qué? No le apetecía en absoluto, mientras que en ese momento se alegraba que la primera vez hubiera sido con él.

Se subió con la rodilla a la cama cuando Josh se dio la vuelta, mostrándole los vendajes. Ayax, con total confianza, posó sus manos y con suavidad empezó a retirarlos, observando las heridas bajo ellas. No eran excesivamente preocupantes, pero sí que se notaban que eran profundas. El pelirrojo tenía un ungüento perfecto para ellas, las cuales cerrarían en cuestión de dos días como mucho, pero ya se lo aplicaría después de la ducha.

―Tu magia no es inestable ―le dijo con total seguridad, para decirle claro lo que pasaba―: Tú eres inestable. La varita que tienes es nueva, por lo que si unimos el hecho de que no eres capaz de controlarte y que no eres capaz de controlar al cien por cien tu varita, da lugar a que hagas destrozo. Tienes que tener en cuenta que en Hogwarts nos preparan durante siete años a controlar una varita y a controlarnos a nosotros mismos con ella en la mano; si empuñas una nueva y encima estás enfadado, es normal que ocurran estas cosas. ―Sí, sono a reprimenda porque realmente lo era―. Tienes que entrenar el control con ella antes de ponerte a duelarte. Si tu mentora no lo entiende, no es tu problema.

La gente creía que lo tenía todo controlado, pero ni las varitas respondían igual siempre, ni tú eras el mismo siempre. Había que tener mucho temple en situaciones de duelos para poder controlar lo que quieres hacer o si no… pasa lo que pasa, que terminas cortándote a ti mismo como un bobo.

Mientras hacía una bola con los vendajes recién quitados, vio como Josh se ponía de pie, le daba un beso y caminaba en dirección al cuarto de baño. Observó su anatomía desnuda y se sintió terriblemente atraído por ella, como si le estuviese gritando que era imbécil si no le perseguía al interior y compartía esa ducha con él. Así que dejó caer los vendajes al suelo y caminó hacia allí, sintiéndose libre. Era curioso el adjetivo «libre» en ese momento cuando él es una persona totalmente libre en esta sociedad, pero ahora mismo se sentía libre de prejuicios, haciendo  lo que realmente le apetecía y le pedía el corazón, zona del cuerpo al que no solía hacer mucho caso normalmente.

Puso sendas manos en la cadera de Joshua e hizo que diese la vuelta, besándole esta vez él. Se metieron en la bañera y cerró las cortinas tras de sí, sonriéndole. Parecía otro Ayax y es que era otro Ayax, uno sincero y despreocupado, uno que sólo salía junto a Joshua.
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Joshua Eckhart el Vie Nov 22, 2019 3:57 am

Así que no te decepcionaste porque no te lo hubiese dicho, sino simplemente porque estaba con un hombre —contestó con una sonrisa. No estaba quitándole peso a las palabras de Ayax sobre el hecho de que no era nada discreto, pero le pareció gracioso. Si no hubiese asimilado ya que mucho del enfado de su primo era que estaba con otro hombre, le habría parecido una tontería.

Joshua mismo no sabía de dónde había encontrado el valor de decirle sus sentimientos al pelirrojo. No entendía cómo se había convencido de besarlo, ni todo lo que le hizo después que los llevó a la cama. Incluso ahora, si lo pensaba, no estaba seguro de a dónde se había marchado su vergüenza y su reparo, dejándolo simplemente en total confianza con ese hombre. Hablando sobre lo que hicieron como si hubiese sido algo típico y usual.

Lo único que tenía claro era que quería acercarse a él y tocarlo cada vez que lo veía. Besarlo, acariciarlo y no dejarlo marchar nunca. Eso dejaba más que en evidencia que no podría ignorarlo fácilmente de ahora en adelante.

Por dentro, se alegró de que no hubiese tomado una ducha junto a Gabriella. Tenía que ser algo bobo, pero lo hacía feliz sentirse importante y especial para el pelirrojo. No pudo evitar sonreírse a medias contento, a medias divertido por lo que escuchaba.

Lo dejó ayudarlo con los vendajes mientras le contaba lo que había sucedido, y sintió como una bofetada su respuesta: no era ni la varita ni era su magia. Era simplemente él quien era inestable. Lo peor era que tenía sentido y no podía hacer otra cosa que tomar la reprimenda como venía, pues era cierto que no había pasado ningún proceso de adaptación desde que la tenía. Eran dos vínculos mágicos desconocidos tratando de mentalizarse que tenían que trabajar juntos.

Supongo que es cierto, tendría que practicar con la varita hasta que nos acostumbremos del todo —exhaló despacio. — Echo de menos mi varita —se quejó en voz baja, sólo para sí mismo. Con su varita nunca se había lastimado a sí mismo por accidente, al menos no hasta donde le llegaba la memoria.

Sabía también que se lo había dicho al pelirrojo: iba a desertar y se iba a quitar de los hombros la tontería de su padre de volverlo mortífago. Era muy curioso cómo juntaba valor para realizar tantos avances en su vida personal y sentimental, y después era incapaz de plantarle cara a su progenitor y decirle que no quería lanzarse al suicidio sólo por complacerlo.

Se sacó de la cabeza todos esos pensamientos cuando decidió ir al cuarto de baño, pese a que antes de emprender su camino se tomó un momento para apreciar al pelirrojo. Se sintió saturado por todo lo que sintió al mirar sus ojos, que no pudo refrenarse de robarle un beso a sus labios para entonces comenzar a caminar con completa naturalidad. Se sonrió al escuchar los pasos en su dirección.

Lo sorprendieron sus manos en su cadera, y cómo le giró para ser él quien le besara. Correspondió a su beso sin siquiera pensárselo, con una buena sensación de agrado. Él también estaba conociendo a un nuevo Ayax que en la vida nunca había visto, un Ayax que se dejaba llevar por lo que sentía y quería. Uno sin complejos y sin prejuicios. Uno que tenía la sonrisa más hermosa que le hubiese visto al pelirrojo, completamente honesta.

Dentro de la bañera, dejó correr el agua hasta que se calentó lo suficiente para humedecer sus cuerpos. El primer contacto del agua y sus heridas lo hizo gruñir del ardor, pero este se fue relajando conforme se acostumbraba a ello.

Normalmente, tenía un estructurado sistema para bañarse. Iba de arriba hacia abajo, desde el cabello hasta las piernas, pero ese día decidió hacer una excepción. Lo que hizo fue lavar el cabello pelirrojo como lo primero que iba a hacer, pasando sus dedos a través de sus hebras, haciendo un masaje mientras se creaban las burbujas del shampoo. A partir de entonces, sus manos continuaron bajando por su primo, ayudándolo a enjabonar su torso y sus pectorales, recorriendo y limpiando su piel al mismo tiempo.

No quería que esa noche terminara nunca, quería que durase para siempre. Nada le aseguraba que la próxima vez que se vieran se repetiría, por más que él lo quisiera y lo deseara.

Lo abrazó, volviendo a besarlo. Mordió su labio inferior, tirando suavemente de éste con sus dientes antes de bajar a su cuello, depositando ahí un par de besos. Sentía que se había vuelto adicto a él, a sentirlo y a estar cerca de él. Sólo lo había tenido una vez y quería tenerlo cada vez que pudiera.
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Ayax Edevane el Sáb Nov 23, 2019 3:53 am

Pese a que acogió aquella experiencia como algo nuevo, debía de admitir que se le hacía terriblemente extraño que una persona le frotara el pelo y le enjabonara el cuerpo, pues evidentemente no estaba acostumbrado, por no hablar de que él y que le tocasen no siempre se habían llevado del todo bien. Sin embargo, si había una persona del mundo que le gustase que le tocara―confirmado cien por cien ese día―era Joshua, por lo que al final terminó agradándole.

Era gracioso: si bien siempre había dado por hecho que no le importaba que Joshua le tocase, considerándolo una persona especial dentro de sus confianzas, ahora le hacía gracia pensar de que era por ese motivo que le gustaba que le tocase. Y sobre todo le hacía gracia pensar que, siendo tiquismiquis, hasta la fecha no se había dado cuenta de lo que realmente le gustaba que le tocara.

¿Otra cosa que le sorprendía? La no vergüenza que sentía estando desnudo frente a él. Nunca había tenido ningún tipo de complejo físico, pues se consideraba muy guapetón, pero igualmente sí que era pudoroso con ese tipo de cosas. En Hogwarts lo pasaba un poco mal cuando habían baños compartidos, pues no era una situación de su agrado. Ahora, sin embargo, era como si tranquilamente estuviese en su propio baño, en la absoluta calma y comodidad.

Pese a todo lo que le pasaba por la cabeza, siguió dejándose llevar. Tomó a Joshua como lo que era: el único confidente que lo sabía todo de él, con el que se sentía exactamente como era. Besarlo casi parecía una necesidad y un añadido a su relación que, en ese momento, casi que tenía la sensación que hacía falta.

Sin embargo, desgraciadamente, como todo, el momento llegó a su fin.


***

Después de ducharse, se pusieron la ropa interior y salieron a la habitación de nuevo. Ayax estaba con la toalla secándose el pelo, pues prefería ir con el pelo seco para no dar demasiadas explicaciones a Gabriella. Además, inevitablemente ya estaba empezando a darle vueltas al asunto.

Miraba a Joshua y pensaba: «Quiero». Dejaba de mirarlo y pensaba: «Joder, ¿debo?». Y es que, ¿qué más da lo que debía, cuando tenía claro lo que quería? ¡Dios! ¡Se estaba volviendo loco y todavía no se había ido! Era curioso porque miraba a Joshua y parecía que su mente lo tenía clarísimo, incluso su cuerpo, que no paraba de intentar sugerirle que por qué no se quedaba y le decía a Gabriella que hoy dormiría ahí porque estaban haciendo, yo qué sé, ¿una pijamada? Sin embargo, miraba al futuro y se veía en un rato junto a Gabriella, sintiéndose fatal y sabía que lo más probable es que su cuerpo le empujase a hacer lo correcto.

Ayax se estaba poniendo los zapatos como última prenda, sentado en el borde de la cama. Cuando terminó con el segundo zapato, se giró hacia Joshua y le sonrió. No le sonrió en plan obligado, o con esa sonrisa que le das a todo el mundo, sino con una sonrisa que, sin duda alguna, era solo para él. Esa sonrisa que dice: “me encantas” y “lo siento” en la misma frase porque, en ese momento, tenía que irse.

No quería decir la evidencia, por lo que prefirió auto-obligarse a enfrentar la situación en un futuro cercano.

―¿Quieres… que quedemos mañana? ―preguntó, indeciso. Se sentía mal por irse; tanto por él mismo como por Joshua. Ahora mismo lo que más le apetecía hacer era tirarse en la cama con él y no hacer nada más―. ¿Después de clases? Podemos comer.
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Sáb Nov 23, 2019 10:10 am

Tras la ducha, se había quedado con lo justo por tres razones: ayudaría a que no hubiese excesiva fricción con sus curaciones recién hechas, no le importaba y vivía solo. Es decir, a menos que alguna de sus mascotas fuese un animago vouyerista, no había ningún humano que lo estuviese mirando. A excepción de Ayax, con quien aplicaba la misma regla que le había dicho al decidir bañarse juntos: si ya habían visto hasta la más mínima parte de la anatomía ajena, ¿qué más daba?

Se percató casi de inmediato de que la situación poco a poco se aclaraba, conforme el calor de sus mentes se disipaba. Y ambos debían estar igual de preocupados de verse cara a cara con la realidad, sin saber si lo que viesen iba a gustarles. Les había encantado estar juntos, sólo hacía falta pensar en ello para que una sonrisa pequeña se les escapase… pero estar juntos chocaba contra el “futuro”, e incluso el “presente” de Ayax, y volvía escandalosamente pequeñas las probabilidades de que pareciese una buena idea a la larga.

Joshua estaba sobre la cama, mirando a Ayax vestirse. Grabando hasta el último vistazo de su piel desnuda, con la espalda hundida entre las almohadas, con el desalentador pensamiento de que sería la última vez. No se atrevió a pedirle más tiempo, no cuando lo vio decidido a marcharse.

Detectó los ojos verdes sobre él y respondió a su sonrisa. Un gesto indulgente, tranquilizándole la preocupación de dejarle y, a la vez, sin ser capaz de esconder todos esos sentimientos que le habían embargado el pecho desde hace un largo rato. Sólo podía resumirse en que lo adoraba en cada sentido posible.

No estaba esperando, en cambio, escuchar que quedarían mañana, y en su mente saltaron sus alarmas. No porque no quisiera ni nada de eso, sino porque creía que era demasiado pronto. Si llegaba con una negativa a él, que la veía venir… en ese momento prefería la incertidumbre a las malas noticias.

De todos modos, ató el desastre interno que provocó la preocupación y asintió.

Por supuesto —le dijo, sin exteriorizar la agitación que le estaba provocando. — ¿Te llamo cuando salga? —inquirió.

Sabía que de haber algún cambio o que Ayax se ocupase más de la cuenta con su trabajo o su vida personal se lo haría saber, pero nunca le venía mal confirmar aquellas salidas. Sobre todo, cuando era un encuentro que lo inquietaba y necesitaba prepararse psicológicamente para ella.

Entonces llegó el inevitable momento de la separación. Joshua lo miró, listo para retirarse, y se obligó a acallar su voz interna diciendo que le pidiese no marcharse. Por supuesto que quería, pero se sintió incapaz de alargarlo más, y prefirió el silencio antes que una negativa.

Así que… cuídate —le volvió a sonreír, poniéndose de pie. — Hablamos mañana —caminó hasta Ayax, dándole un medio abrazo y palpando su espalda. Un saludo o despedida típico de ellos.

Quiso besarlo, mas se temió que no pudiese soltarlo después si volvía a hacerlo.


Octubre 25, 2019.
Campus de la Universidad Mágica.
16:07pm.
Vestimenta.

Mentiría si dijera que había dormido muy bien la noche anterior. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Ayax Edevane aparecía entre las sombras de sus párpados y recordaba lo que había sucedido. Después, traía a su mente una verdad tan grande como un muro: no estaba ahí. Se había marchado porque tenía una prometida que atender, y probablemente ella fuese la razón de su separación.

Tampoco había estado muy atento en sus clases. Había pasado el tiempo pensando en toda la situación, y había tomado decisiones importantes que involucraban su futuro. Si su primo tenía una respuesta para darle, él también la tendría para contestar.

En el utópico caso de que el pelirrojo creyese que era buena idea seguir como estaban… entonces no existía gran cosa que hacer o que decir. Por el contrario, y que parecía lo más seguro, tendría que ver por él mismo. Una temporada lejos para espabilar, sacudirse la tontería de encima y volver al ruedo parecía lo ideal para los dos. Con algo de suerte, volverían a verse más maduros y, de su parte, esperaba conseguir acallar su pecho que desde el día anterior gritaba alto para entonces.

Sabía que estaba siendo demasiado optimista, pero estaba convencido de que fingiría que lo había superado hasta que lo consiguiera.

La última clase fue lenta y tortuosa. Había visto a Ernest ese día –su estúpido compañero de clase-, pero… honestamente, si cruzaron palabra, ni siquiera se acordaba para cuando fue la hora de partir. Había estado tan disperso, que se quedó de pie detrás del edificio de Magizoología intentando descubrir en qué momento se le había ido el día.

Miró su reloj. Ayax ya debía haber salido para esa hora, así que aclaró la garganta y, con la espalda recargada contra el muro, abrió el espejo tras su reloj.

¿Ayax? —preguntó, intentando establecer comunicación.
Joshua Eckhart
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Mar Nov 26, 2019 1:08 am

Fue muy complicado irse del apartamento de Joshua aquella noche.

Por una parte estaban sus propios sentimientos: terriblemente confusos y a la vez certeros. Si hubiese sido por él y si no hubiera formalizado la relación con Gabriella habiéndose ido a vivir con ella, estaba bastante seguro de que se hubiera quedado con él. Sin embargo, con una mujer esperándole en casa, tenía una responsabilidad de la que no podía olvidarse. Por otra parte estaba el propio Joshua. Si ya de por sí Ayax tenía muy en cuenta sus sentimientos, no quería hacerle daño yéndose de allí. Por suerte, el pelirrojo era consciente de que su primo sabía las limitaciones que tenía el extirpador, por lo que en parte… creía que yéndose no molestaría tanto como en otra ocasión. Al fin y al cabo, Joshua parecía ser más consciente de las posibilidades de esa relación que el propio Ayax, que todavía parecía vivir en el limbo, sorprendiéndose de tantas sensaciones y emociones en una tarde, junto a su primo.

Cuando volvió a casa junto a Gabriella todo fue bastante bien, pues… ¿cómo iba a esperarse Gabriella Crowley que su prometido Ayax Edevane se acababa de tirar a su primo en su casa cuando ambos parecían dos ladrillos insensibles? Exacto, era totalmente impensable. Mentirle fue muy fácil, olvidarse de aquel momento con Joshua fue todo lo contrario: dificilísimo. Además de mentirle con respecto a lo sucedido, tuvo que mentirle con respecto al motivo de su apatía, diciéndole que era por los nervios de ser ascendido y sus responsabilidades en el Área-M. Se lo creyó también, por supuesto: Ayax siempre había demostrado ser una persona responsable al que le gusta tenerlo todo bajo control, por lo que un nuevo puesto que llevaba consigo tantas cosas nuevas, era motivo para ponerlo un poco nervioso.

¡Pero para nada! ¡Las responsabilidades de su nuevo puesto NO SE COMPARABAN con cómo se sentía con respecto a lo que había pasado con Joshua!

Al día siguiente en el Área-Ma la cosa no mejoró realmente. Después de haber dormido dos horas ―pues se pasó toda la noche dando vueltas―, ir a trabajar al menos lo había hecho concentrarse en algo diferente, pero cada vez que tenía un poco de tiempo libre, volvía la imagen de Joshua. Para colmo, no es que viniese la inocente de su primo sonriendo o algo así, no; las imágenes que le venían eran la de su primo arrodillado frente a él en su salón, o los momentos más apasionantes que había vivido en su vida en su habitación.

¿Alguien le explicaba, por favor, cómo podía concentrarse así?

En cierta ocasión vio a Biersack y estaba tan metido en su mente intentando apartar esos recuerdos, que no fue capaz de actuar con normalidad al lado de Hunter. Prácticamente lo ignoró, contestando con pasividad todo lo que le decía sin dar mayor detalle de nada.

¿Sinceramente? Su mente ahora mismo tenía muy claro que el problema no era repetir eso con Joshua, sino que por algún casual alguien pudiera enterarse de todo eso. ¿Os imagináis la repercusión familiar y social que podía tener? «Ayax Edevane, primero mata a su primera prometida y luego le pone los cuernos a la segunda con su primo.» Quizás no era mala opción para quedarse con la herencia, pues estaba claro que toda su familia se moriría de un infarto, o bien atragántandose con el agua de la risa que le entraría.

Una vez en casa, totalmente solo pues Gabriella salía más tarde y comían separados, notó la llamada de Joshua. Inconscientemente se miró al espejo de su despacho antes de quitarse el reloj y poder atender a la llamada.

Intentó sonar natural y para nada confuso o desesperado.

―Joshua, tenemos que hablar seriamente ―dijo sobre la marcha, sonando natural sin dudas, pero totalmente confuso y desesperado―. Me has roto ―añadió después.

No era propio de Ayax eso de demostrar sus incertidumbres o miedos, no al menos con el mundo normal. Sin embargo, ya se había demostrado muchas veces que precisamente Joshua era su confidente más personal en absolutamente todo. Le contó lo de Martins, sus miedos a futuro, su arrepentimiento con la muerte de Amalthea… ¿cómo no iba a ser sincero con él en este punto, si todo esto podía significar no volver a tenerlo?

Se percató de que Joshua no estaba en su casa, por lo que decidió hablar más sosegadamente, pues no podía decir nada relevante.

―¿Dónde quieres que comamos? ―preguntó, tragando saliva, notándose que se había dado cuenta de que no podían hablar tranquilamente por ahí―. Un sitio en donde haya mucho ruido para poder hablar tranquilamente. ¿Un McDonalds? Ahí siempre hay ruido.

Ayax no quería ir de nuevo a su casa porque sabía que de estar en un lugar íntimo, haría algo que quedaba muy lejos de hablar. Obviamente tampoco quería quedar en su casa porque Gabriella podría llegar en cualquier momento y no quería tener que lidiar con su futura mujer en compañía de su primo con quién le había puesto los cuernos, ¡qué difícil era todo!

―¿Sabes el McDonalds de Oxford Street? En ese ―dijo, eligiendo él―. ¿Nos vemos allí en… diez minutos?
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Mar Nov 26, 2019 3:31 am

Estaba muy nervioso. Tenía el corazón a mil, tanto que lo sentía en la garganta, y las manos le estaban temblando. Tuvo que sostener su diestra con la zurda para evitar que la agitación se notase en la llamada. Incluso, aunque su rostro nunca hubiese sido su mejor aliado a la hora de expresarse emocionalmente, sabía que tenía que verse ligeramente ansioso, incluso un poco angustiado. No había paz para él en ese momento.

En su cabeza había una nube densa que no lo dejaba pensar muy bien, y que sólo se volvió más grande cuando vio a través del reloj al pelirrojo.

Como una emboscada, todos sus pensamientos trajeron recuerdos de la noche anterior. La expresión que había tenido cuando, sobre él, la lujuria lo tenía preso y no podía pensar en otra cosa que en tenerlo. La manera en que jadeaba cuando el calor lo sobresaturaba y necesitaba respirar.

Todo se quedó en blanco cuando oyó esas cuatro palabras: “tenemos que hablar seriamente”. Incluso en sus oídos escuchaba estática, ¡uno no recibía bien nunca esas palabras! ¡Tenían tantos significados, que normalmente eran malos! Lo que, de lejos, más confundido lo dejó, fueron sus palabras siguientes: “Me has roto”.

Abrió la boca para hablar, pero la cerró sin decir nada. ¿Qué se suponía que tenía que decir cuando lo veía tan desesperado? ¿Iba a ser capaz de prestar su hombro como apoyo y mejor amigo sin aprovecharse de la confusión de su primo? Todo se estaba moviendo demasiado rápido para ellos: probablemente terminarían perdiendo el control.

Ayax se adueñó de la conversación: se contestó a sí mismo todas sus preguntas sin la participación de Joshua. Decidió ir a un McDonalds y no a cualquiera, sino al de una calle ajetreada con el fin de tener privacidad entre el rumor de las voces de los demás consumidores. Además, puso la hora, y Joshua no sintió necesidad de modificar nada.

Ahí estaré, en Oxford Street —le confirmó, asintiendo con la cabeza.

Lo entendía. Sabía que si iban a la casa de alguno sería muy difícil hablar. En casa de Ayax, el temor de su prometida rondando o con la posibilidad de aparecer; siendo que el pelirrojo le había sido infiel con él… era muy incómodo incluso pensarlo. Por otro lado, en su propia casa, sabía que al tenerlo a solas no podría refrenarse de volver a tenerlo, y presentía que su primo se dejaría llevar por el torrente de emociones que era ese nuevo Joshua.

Quién diría que alguien que normalmente era tan frío y tan apacible pudiese sentir y demostrar tanto con la persona indicada.

Cortaron la comunicación y no pudo evitar darle vueltas a aquello. Roto, ¿en qué sentido? ¿De qué manera había roto a su primo? Mientras le daba vueltas apareció en casa, dejando su mochila sobre el sofá y yendo al baño a lavarse la cara. Se miró en el espejo: no estaba tan mal; las ojeras se le notaban desde hace tiempo por el sueño turbulento que tenía, el cabello más o menos ordenado porque todavía estaba en proceso de crecer tras su corte casi rapado. Creyó que estaba bien.

Entonces apareció de nuevo, esta vez dentro de un callejón sobre la Oxford Street, del que salió muy disimuladamente sin hacer ver que no estaba ahí hace unos segundos. Se quedó cerca de la entrada, sentándose en una de esas típicas bancas que había fuera del McDonalds a esperar a Ayax.

Roto, ¿en qué forma? Seguía dándole vueltas, con la mirada fija en el suelo. Entonces su cabeza comenzó a hacer girar engranajes: Ayax era una persona metódica y objetiva; ¿lo habría roto, en el sentido de que estaba rompiendo sus sistemas mentales? ¿En el sentido en el que sus emociones estaban creciendo más de la cuenta? ¿Eso era bueno o era malo? Para él, era claro, pero… ¿y para el pelirrojo?

Quien no estaba siendo NADA objetivo era él. Lo estaba gobernando lo que sentía y eso era peligroso, pues lo sabía: su capacidad de controlarse no era óptima. Sabía que, siempre que Ayax se lo permitiera, acabaría por regresar a su lado, sin preguntas: como un perro fiel. ¿Él regresaría a Joshua, sabiendo que él significaba un problema para su vida perfecta?

Tendría que sentirse egoísta, ¿no? Por no importarle lo mucho que estaba afectando la vida ideal de su primo con tal de que estuviera con él.

Levantó la mirada cuando sintió un movimiento cerca, como atraídos sus ojos a él sin opción a negarse. Se puso de pie y juntó valor para atar todas sus dudas e inseguridades cuando lo saludó, abrazo y palmada en la espalda de por medio, igual que se habían despedido la última vez.

Quiso preguntar qué tal estaba, pero no lo hizo por la obviedad del asunto. — ¿Entramos? —hizo un gesto con la cabeza hacia la puerta.

Dentro había una fila de varias personas antes de su turno. Por suerte no habían tardado mucho antes de pedir; de su parte, un Happy Meal con patatas y trozos de manzana, sin olvidarse, claro, del respectivo juguete sorpresa que viene con el paquete. Tras haber pagado, sin que le importara qué pensara nadie de su pedido, buscaron un lugar privado donde sentarse a consumir su pedido.

No quería romper el silencio, pero la curiosidad Ravenclaw le ganó:

¿Cómo te he roto?
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Ayax Edevane el Miér Nov 27, 2019 3:13 am

El extirpador iba a ser claro porque si no era claro iba a terminar ahogándose en su propio vaso de dudas e inseguridades y sabía que iba a ser muchísimo peor. Tenía que echarle huevos y hablar sin miedo, contarle a Joshua todo lo que sentía y llegar a un acuerdo común.

Así que antes de ir para allí, Ayax hizo un esfuerzo mental en localizar el problema de toda esa situación. El problema, en resumidas cuentas, era que ambos se sentían atraídos por el otro.

La solución, a priori, era dejar de demostrar que se sentían atraídos el uno por el otro, ya que eso no podía ser porque eran familia, estaba mal visto y cada uno, supuestamente, ya tenía una pareja sentimental con la que se supone que sienten esas cosas. ¿El problema de esta solución frente al problema? Que eso haría que ambos se separasen y Ayax no quería que Joshua se viese en la obligación de separarse de él porque eso le pondría terriblemente mal. Y claro, Ayax tampoco quería separarse de Joshua.

Era algo así como el ratón que se pilla la cola, ¿o era el gato? No, era un pez. Da igual, en fin: el punto es que Ayax quería que, como por arte de magia, las cosas volviesen a como antes y ninguno sintiera nada por el otro―cuando es obvio que sienten mucho―, pero a su vez era consciente de que eso era un deseo utópico e imposible y, por tanto, realmente la única solución plausible era separarse. Y él no quería separarse. De vuelta al principio.

¿Veis? Nada tenía sentido.

¿Qué es lo que se supone que debían de hacer entonces?

«Queda con Joshua, compártelo todo con él, llévatelo de nuevo a la cama y sé feliz, ¿para qué más?» Le dijo una voz en su cabeza.

Claro, para ella era fácil decirlo.

Una vez llegó al McDonalds en cuestión, se acercó a Joshua cuando lo identificó de lejos. Ayax iba vestido bastante correcto: unos pantalones vaqueros, un jersey negro, unas botas negras, un abrigo por encima y una bufanda gris. Asintió con la cabeza cuando le preguntó de entrar, dejándolo pasar a él primero. No sacó el tema hasta tener la comida frente a ellos, la cual fue exactamente igual: un Happy Meal. Ayax era persona de costumbres y siempre había comido eso en el McDonalds, por lo que ese momento ni se le pasó por la cabeza la idea de pedir otra cosa desconocida.

Una vez ya sentados, Ayax empezó a abrir su paquetito, para dejar a medias su acción cuando escuchó a Joshua, mirándole con cierta resignación, ¿cómo que cómo, no era obvio?

―Eres mi primo, Joshua, me cago en la… ―No dijo el taco porque él era una persona que no decía tacos―. Eres de mi familia, siempre has sido la persona que más cerca ha estado de mí, mi confidente y… yo qué sé, mi todo. ¿Cómo pretendes no romperme después de ese beso? ¿Después de acostarnos juntos y hasta de ducharnos? ―Fue bajando cada vez más la voz, de tal manera que terminó susurrando solo para él―. ¡Es que es…! ¡Es que no debería ser así!

Y, enfadado, abrió su dichoso Happy Meal, rompiendo el cartón. Una patata salió volando hacia lugar desconocido. Pareció centrarse en su Happy Meal, pero para nada, aún seguía dándole vueltas al asunto.

―¿Y sabes lo peor de todo? ―Le volvió a mirar―. Que toda esta situación es una basura ―reprochó a la vida―. ¿Haciendo lo correcto te pierdo y haciendo “lo incorrecto” estoy mintiendo a todo el mundo, incluso a la persona con la que se supone que tengo que tener una vida? Es una mierda. ―Vaya, el taco. No pudo evitarlo―. ¿Y sabes lo peor peor de todo de verdad de la buena? ―Una cosa estaba clara: pese a que se había pensado las cosas que decir, no parecía haber ido con una lista muy bien segmentada―. Es que… ―Lo miró fijamente a los ojos, pero entonces se apartó y se pasó la mano por el pelo, hacia atrás, estresado―. Es que esto es muy complicado. No puedo decirte que no y me encantaría decirte que no sólo porque se que es lo que debo. Pero es que no puedo. Te miro y…

Cogió una patata y la tiró, intentando enviar con dicha patata toda su frustración. Nunca se había sentido así en la vida, con una tesitura tan complicada y, sobre todo, sintiendo lo que sentía por la persona que tenía a su lado.

―¿Quieres que siga diciéndote por qué narices me has roto? ―Y le tiró una patata a él esta vez, haciendo que le chocase contra la nariz.
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