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Trembling hands. ―Joshua.

Ayax Edevane el Jue Oct 10, 2019 3:40 am

Recuerdo del primer mensaje :

Trembling hands. ―Joshua. - Página 6 TWEUxEb
Sala de autopsias, Área-M | 09/10/2019 | 11:30h | Atuendo

Desde que Hunter y Ayax eran conscientes de la relación del otro con Joshua Eckhart, su trato profesional se había visto reducido a lo mínimo posible con tal de evitarse incomodidades y, por suerte, era fácil evitarlo pues cada uno tenía su campo bien definido y el becario trabajaba con otros extirpadores. Por parte del pelirrojo, no le parecía una persona grata aquella que se acostaba con su primo. No sólo porque se acostase con su primo, sino porque ya lo conocía de antes y no le parecía una persona adecuada para estar con Joshua.

Podría dar su brazo a torcer un poco y reconocer su buena actuación con respecto a los problemas de Joshua después del secuestro, pero eso no lo hacía mejor persona, ni mucho menos mejor partido.

Por desgracia, ese día tuvo que trabajar con él.

La extirpadora con la que Ayax pasaba mayor parte del tiempo―y la única persona que sabía toda la movida de Níobe―estaba colaborando con Biersack, por lo que el pelirrojo también tenía que estar presente en ese trabajo.

―¿Y cuál es tu opinión al respecto, Edevane? ―preguntó Hunter al becario que estaba un paso por detrás.

No había nada que le molestase más en ese punto que estar un paso por detrás que Hunter. Con respecto a sus responsabilidades en el Área-M, por supuesto, o eso creía Ayax. Sin embargo, lo miró con seriedad y dio ese paso hacia adelante.

―Si había dado resultados óptimos con el resto de pruebas y sólo ha fallado en esta, entiendo que puede haber sido o una sobredosis de algún fármaco o bien una reacción alérgica que desconocíamos del paciente. Dudo que haya sido un elemento en mal estado, pues aquí tenemos muy bien regulado eso sobre todo porque muchos son letales ―respondió, recibiendo el beneplácito de Aurora, la extirpadora acompañante―. Si me deja los informes, yo mismo puedo ver qué anomalías ha habido, o intentar encontrar la respuesta a esto antes de volver a probarlo con otro paciente.

Aurora se había ido rápido para atender una llamada importante de la directora Brewster, por lo que de manera totalmente indeseada, ambos se habían quedado juntos. Qué ilusión. Los dos eran consciente de  que el motivo principal de su recelo era Joshua Eckhart, pero mencionarlo haría a cualquier quedar por debajo del otro, pues ambos eran igual de profesionales. Así que Hunter se aprovechó de su poder en el interior del Área-M.

―Asegúrate de revisar bien todos los informes ―dijo, antes de mover la varita y hacer que una pila de informes volase hacia Ayax―, no tengo mucho margen para entregar esta muestra, así que hazlo rápido.

―Tengo más cosas que hacer, Biersack ―le respondió Ayax, sin resultar ofensivo―. Quizás no pueda ser tan rápido como quieres.

―Pues prioriza esto, Edevane ―le contestó.

―Llevo trabajando más tiempo con Aurora y sus asuntos tienen prioridad para mí.

―Sabes que no te conviene ―le hizo saber―, eres un becario del Área-M, no de Aurora, por lo que se espera de ti que sepas ajustar tu horario a las prioridades necesarias de cada extirpador. Dado que no eres uno todavía, más te vale mantenernos a todos contentos para que Brewster no tenga comentarios negativos de ti. Supongo que tu objetivo es terminar siendo extirpador; a nadie le gusta ser el recadero de nadie. Eres listo, sé que sabrás qué hacer.

―Lo tendré en cuenta. ―Fue lo único que dijo, sintiendo que se le hinchaba la vena de la frente y como apretaba los dientes.

No tardó en girar e irse de aquella sala, dejando atrás a Biersack en compañía de la paciente fallecida. Fue hacia su propio despacho―el cual compartía con otros dos becarios―, dejando sus cosas sobre su mesa y cogiendo aire tranquilamente. “Es un puto imbécil” resonó en su cabeza, siendo muy consciente de que Olivia, en la mayoría de casos, siempre decía lo que realmente pensaba.


***

Todo el trabajo que le había dado Hunter Biersack en ese momento había descolocado por completo toda su agenda de ese día, por lo que tenía que empezar a buscar tiempo. No quería hacer las cosas bien por Biersack, sino más bien por Brewster. No conocía a Hunter, pero le veía capaz de decir algo malo de él solo por venganza o porque todos los extirpadores son unos cabrones que buscan que nadie les quite el puesto.

No podía cancelar sus planes con Gabriella porque estaban vinculados con la futura boda, por lo que de camino a casa, se sacó el reloj y le dio la vuelta, haciendo que la conexión con el espejo comunicador de Joshua comenzara. Cuando su primo estuvo al otro lado, habló:

―Josh, acabo de salir del trabajo. ―Si era un poco observador se daría cuenta de que había salido como una hora tarde de su horario normal―. Aún no he comido y tengo que hacer varias cosas para mañana. Sé que habíamos quedado para cenar, pero voy a tener que posponerlo si quiero tenerlo todo terminado y estudiado para mañana, ¿te parece bien quedar mañana?
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Miér Nov 27, 2019 5:46 am

Siendo francos, Joshua estaba esperando algo mucho más específico que lo obvio. Es decir: obviamente “romper a alguien” tenía un montón de connotaciones que prefería aclarar antes de empezar a tocar el tema de lleno. Ayax, por lo visto, tenía otros planes.

Mientras lo escuchaba, empezó a abrir su paquete. Si lo decía así… bueno, no sonaba nada bien, y encima sonaba a que todo era culpa suya. Vale que MUCHO había sido culpa suya por dar el primer paso, pero, por otro lado, Ayax no lo había detenido. No pasó desapercibida la primera patata voladora que salió y se perdió en el suelo, mientras que pensaba en lo que escuchaba.

Lo sabía desde el principio, que se habían quedado entre la espada y la pared. No había forma de hacer las cosas sin que hubiera arrepentimiento de por medio. Miraba a Ayax y sólo podía pensar que muy raras veces lo había visto tan frustrado en su vida. Otra patata salió volando, esta vez deliberadamente.

Con la última, Joshua la tomó de la mesa y la puso a un lado, luego del impacto contra su nariz.

Deja de tirar patatas como si tuvieran la culpa —le riñó ligeramente, primero que nada, finalmente terminando de abrir su paquete de trozos de manzana, porque era su comida y comía en el orden que le diera su gana. — Estaba esperando que me dijeras algo específico, no un resumen de todo —se quejó.

Tal vez se quejaba porque algo que creyó podía ser más pausado se le había venido todo de golpe. E incluso así, su tonta cabeza seguía buscando excusas para ilusionarse: “mi todo”, había dicho que era, y la forma en que le había hecho saber que no podía decirle que no por lo que sentía al mirarlo.

Yo sé que es muy complicado, y que es un desastre —le dijo, exhalando despacio mientras se distraía con un trozo de manzana, quitándole la piel. — También sé que cruzamos un límite que quizá nunca debimos cruzar, y también he estado dándole vueltas a todo intentando encontrar una solución, viendo de qué manera salir de esta —finalmente levantó los ojos hacia él. — Y detesto pensar que no importa qué crea, esto no sería tan complicado si no hubiera significado nada. Si no hubiera significado nada simplemente acordaríamos no hacer más nada y volver a lo de siempre, ¿qué importa? Pero sabes que no es así.

Era ese el problema. Que había significado tanto para los dos, que tomar una decisión parecía erróneo de cualquier modo.

He pensado también que, si de verdad no quieres esto, quizá me vaya un tiempo a otro sitio —le confesó. — Me he planteado trescientos escenarios distintos: una parte de mí dice que todo estará bien, la otra sabe que no podría estar mucho tiempo sin saber de ti —recargó un antebrazo en la mesa para inclinarse sobre ella. — Entonces pienso que podríamos mantener el contacto, y me doy cuenta que, si sé de ti, querré verte y volveremos al punto de partida; al mismo tiempo no quiero no saber de ti.

Se recargó en su silla, derrotado, como si hubiese perdido el más intenso juego de ajedrez de la vida con una apuesta gigantesca en la mesa. Al final, tomó el trozo de manzana sin cáscara y se lo comió, mascando lentamente mientras organizaba sus pensamientos. Tras tragar, continuó:

Después, me odio un poco, porque pienso que si me dijeras a mí que tome una decisión —se llevó una mano al pecho, tocándose con las puntas de los dedos para matizar que era su opinión más personal, — te diría que no me importa mentirle al mundo, que no me importa estar contigo sólo de a ratos, que no me importa que nadie sepa lo que pasa, o que estoy dispuesto a correr el riesgo sólo porque estés conmigo —básicamente, si se obligaba a alejarse, era porque Ayax creía que era lo mejor. Él no lo pensaba. — Sé que es egoísta porque soy el que menos tiene que perder, y lo siento.

Lo decía de verdad, y miró su sección de la mesa, todavía recogida a excepción del empaque plástico con las manzanas restantes. En comparación… ¿qué perdía Joshua? ¿Herencia? Buena suerte encontrando a alguien más para dársela, pues Francis padre se retorcería en su tumba antes que donarla a los “ladrones” de la caridad; ¿reputación? Como si tuviera una, ¿el orgullo familiar? ¿Alguna vez lo había tenido? Tenía otras razones para perderlo, en cualquier caso.

Ayax era el que tenía la vida perfecta, con el trabajo perfecto y la prometida perfecta. De él, se esperaba que cualquier día decidiera que ya no quería intentar pertenecer y se marchase a ser un ermitaño que no se entera de la actualidad, simplemente viviendo por sí mismo y sus criaturas mágicas.
Joshua Eckhart
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Jue Nov 28, 2019 2:05 am

Lo miró con reproche cuando le dijo que dejase de tirar patatas como si tuvieran la culpa, ¿y si esa era su manera de liberar su frustración, qué? ¿Eh? Como si fuera un niño pequeño―que en el fondo, junto a él, a veces lo era―cogió otra patata y, como si él fuera el absoluto decididor de sus acciones, tiró una patata, pero esta vez hacia arriba, para atraparla con su boca de manera bastante desastrosa pero exitosa.

―¿Específico cómo qué? ―No sabía qué podía haber de específico que fuera MÁS IMPORTANTE que el resto de cosas.

Dejó hablar a Joshua tranquilamente mientras él se enfocaba en su triste hamburguesa del Happy Meal que, además de ser pequeña, no es que tuviera demasiadas cosas. Era triste, pero a él le gustaba. Aunque pareciera lo más cutre que podría darte aquella gran compañía de comida rápida, en realidad luego lo probabas y no estaba nada mal.

Joshua le había confirmado que, de decir que no, su decisión probablemente sería la de irse para mantenerse alejado del pelirrojo y claro, ¿eso de qué le servía? No había pasado pero Ayax ya sabía perfectamente lo que iba a pasar si eso ocurría: se iba a pegar todos los días pensando en que por su culpa Joshua no estaba a su lado y que por su culpa no lo tenía, ¿y sabéis qué? ¡Hasta sabía que lo iba a echar de menos! Es que ahí las cosas estaban clarísimas: Ayax quería a Joshua, pero el único motivo por el cual estaba intentando plantearse aquella situación era porque querer a Joshua no era algo que debiera de entrar en sus planes; por pura responsabilidad.

¿Y qué iba a decir, realmente? Si Ayax fuese Joshua, probablemente hubiera cogido la misma opción, pues cómo bien acababa de decir, no tenía casi nada que perder a esas alturas de su vida. Quizás una herencia, ¿pero desde cuando a Joshua le había importando el dinero y, mucho menos, la herencia de los Eckhart? Ayax a veces pensaba que Joshua necesitaba un hermano sólo y exclusivamente para que él dejase de tener esa presión en la espalda que no quería tener.

El pelirrojo terminó apoyado en el sofá, mirando a su primo con una mirada un poco triste, pero fija en sus ojos, como si estuviese intentando buscar la respuesta correcta en ellos.

―Yo también pensaría egoísta de estar en tu lugar ―le respondió a Joshua―. No te tienes que disculpar por eso…

Le había dado, literalmente, dos bocados a la hamburguesa, dejándola sobre el plástico de nuevo.

―El único motivo por el cual mi decisión podría ser que no es por la responsabilidad que tengo con y para mi familia. Tanto la de toda la vida, como la futura ―le dijo claramente, pues el tema de la homosexualidad le daba igual. Ahí en donde veías a Ayax ni le estaba dando importancia a que había mantenido relaciones con un hombre, sino que su mente solo pensaba en “has mantenido relaciones con tu primo”―. Pero luego lo pienso y… ¿merece la pena conformarse con una vida que no me completa y dejar de lado lo único que me importa? ―Era una pregunta retórica―. Obviamente no. No merece la pena. Y sé perfectamente que no puedo pretender que hagas como si nada hubiese pasado, fingir que podemos volver a ver documentales tranquilamente en tu casa después de lo que pasó en ese sofá.

Le vino esa imagen a la cabeza, haciendo que se pusiera un poco nervioso e incluso se le subieran un poco los calores. Si es que… si es que así no se podía…

―Y sé que no pudiendo fingir normalidad y no queriendo que te vayas de mi vida, sólo hay una opción: la opción en la que miento a todo el mundo y yo soy feliz. ―Cogió aire por la nariz y miró hacia su triste hamburguesa, para entonces soltar una sinceridad―: Yo creo que vale la pena, pero… sé que voy a sentirme completo, pero voy a sentirme completo mal. ¿Cómo narices voy a mirar a la cara a Gabriella? ¿O a mi madre? ¿O A TU ABUELA? ―Y ese final no se lo esperó, pues le salió del alma. Eso sí, miró a Joshua y se rió sobre la marcha.
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Jue Nov 28, 2019 4:40 am

No podía tomarse en serio a Ayax cuando lo miraba así de ofendido y deliberadamente tiraba una patata para retarlo, aunque la atrapó con la boca haciéndolo parecer uno de esos perros torpes que intentan atrapar los bocadillos al aire. Tampoco supo qué decir cuando le pidió que definiese lo específico que había podido ser, y, en cambio, comenzó con sus propios pensamientos sobre el tema en cuestión.

Fue claro con su postura: él lo quería. Quería aquello con todo lo que conllevaba. De ser Ayax quien no se decantase por esa opción, tendría que alejarse, no como una forma de castigo sino por pura lógica: iba a romperle el corazón. Iba a ser así y no iba a poder disimularlo cuando estuviese el pelirrojo cerca, y eso era peligroso. Al final, su familia terminaría enterándose no porque sucediera algo sino porque él era incapaz de disimular lo mucho que aquella situación le disgustaba. Joshua podía no ser una persona muy expresiva, pero… se temía que se le notara lo suficiente como para arruinarlo todo.

Podría ser poca cosa, pero realmente sintió alivio de que Ayax le confesase que él pensaría igual si las cosas estuvieran invertidas. Tuvo que hacer uso de toda su empatía para preguntarse en qué decidiría si estuviese en los zapatos del pelirrojo; sin embargo, no era objetivo. Pensando con su propia cabeza, no podía imaginar un escenario donde no priorizara a su primo.

Peló otro trozo de manzana mientras lo escuchaba; normalmente no le importaría la cáscara de manzana, pero eso lo ayudaba cuando menos para distraerse un poco, y lo comió. Un error, pues casi se atraganta cuando le recordó lo que habían vivido en su sofá y su cabeza le puso “reproducir” a un video imaginario de las partes más intensas que habían sucedido en ese sofá.

Ahora mismo no estaba disponible del todo el Joshua sin vergüenza, así que al que estaba presente sí que le había agitado tener esos recuerdos tan de repente en un sitio público.

Por suerte, sobrevivió a su intento de suicidio ahogándose con un trocito de manzana.

Escuchándolo con atención, tampoco se esperó que le dijese que no podría ver A SU ABUELA a la cara sabiendo que se estaba acostando con su nieto, y, por supuesto, también se le escapó una risa no sólo porque estaba nervioso, sino también porque encontró hilarante el mero pensamiento.

Bueno, veamos, dejarías de ser el nieto favorito de mi abuela en el acto, que lo sepas —porque aunque Joshua era su único nieto directo, a veces Popheg mostraba favoritismo a Ayax antes que a él. — ¿Te imaginas que se entere cuál es el PRINCIPAL IMPEDIMENTO para llevar a cabo sus planes malignos de abuela? —le dijo sumamente divertido. Obviamente no iba a enterarse, pero le pareció muy gracioso, básicamente porque Joshua estaba dispuesto a cumplir sus exigencias estando con Hunter. Teniendo a Ayax… todo se complicaba muchísimo más. — Pero ya le mientes con mi salud, ¿qué importa?

Trató de razonarlo, aunque todavía tenía una sonrisa traviesa. Claramente, la madre de Ayax y su prometida eran otro tema muy distinto.

Yo también pienso que vale la pena —y era obvio, pues estaba claro quién estaba abogando indiscriminadamente por esa opción. — No quiero que te sientas mal, de verdad que no, y te juro que, si me sintiera capaz de pretender que no sucedió nada, lo haría —le aseguró, pues era verdad. El problema era que ni siquiera sentía que pudiera, no había suficiente autoengaño.

Sabía que cada vez que lo tuviera cerca querría tocarle. Ni siquiera de una forma sexual, pero sí de una forma más íntima que el contacto físico de dos amigos o dos parientes. Sabía que pensaría en él, día sí día también, con pensamientos más intrusivos de los que ya de por sí tenía. O que iba a molestarle mucho más verlo con su prometida y saber que la había elegido a ella. No era suficientemente idiota para pensar que podría ignorarlo fácilmente, por eso es que veía indispensable la distancia.

Echo de menos ese tiempo cuando éramos más jóvenes y sólo éramos los dos —le confesó con una exhalación lenta, volviendo su mirada a su última manzana, que también quitaba la piel. — El mundo parecía tener más sentido, no había que preocuparse por estas cosas.

Hace unos años, su mayor preocupación era no dejarse ninguna parte del cuerpo en la red flú yendo a visitar al otro. Ayax tenía su universidad y todo eso, pero podía lidiar bien con ella. En la actualidad parecían cogidos por todos lados: el pelirrojo con mellizos negros vengadores, la seguridad de sus hermanas y su familia, sus planes de compromiso y su nuevo trabajo; Joshua con las secuelas del secuestro, su licantropía, su homosexualidad aparentemente declarada y los planes de su familia que no sentía real interés en cumplir.

Tú sabes que no voy a prometerte cosas que no me constan —exhaló despacio. — Sí, muy probablemente sintamos culpa, y te cueste retomar el ritmo normal de las cosas… y puede que una infinidad de veces nos preguntemos si estamos haciendo lo correcto —dijo, finalmente terminando con las manzanas y desempacando la hamburguesa. — Pero sí te puedo decir que te prometo todo lo que hemos tenido siempre y más —esa confianza plena, su relación tan bonita. Eso podía darlo por hecho. — También que entenderé si cambias de opinión en el futuro próximo y estaré dispuesto a… ver otra manera de hacer las cosas, si lo considerásemos adecuado —o lo que es lo mismo: aceptaría que no podían estar juntos. — Porque sé que, aunque parece lo correcto… no puedo permitirme decirte adiós; siempre hemos estado unidos… y quiero que lo intentemos, al menos.

Esa era su última propuesta. Darse una oportunidad, conscientes de que podía o no salir bien. Era un descarte simple: si no salía bien, ya sabían cuál era la solución que quedaba, mientras que intentarlo al revés era difícil y no daría información concluyente. Más bien, les daría todavía más culpa, incertidumbre y dudas.
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Vie Nov 29, 2019 4:06 am

Le pareció un soplo de aire fresco entre tanta confusión el reírse de la pobre abuela Popheg, pues reír siempre había sido un remedio natural contra los nervios y, en ese momento, lo sentía bastante. Además, no iba a negar que, aunque la situación era complicada, también tenía su parte hilarante: ¿quién narices se iba a esperar una cosa así? Sólo de imaginar cómo reaccionaría toda la familia, ya era suficiente material para una comedia.

―Bueno, no compares ―le dijo, mirándole con una especie de severidad absurda―, no es lo mismo decirle una cosa u otra. Con lo nuestro te digo yo que no sobrevive. Como demasiado dulce, sus arterias no soportan tremenda noticia.

Lo exageró, por supuesto, aunque no era un secreto que Popheg era la más golosa de todas con los polvorones en Navidad.

Luego le dejó hablar, tomándose su tiempo también para pensar. Ayax también echaba de menos los tiempos en donde las responsabilidades adultas no estaban y sólo tenías que preocuparte de estudiar y de no morirte cruzando la carretera. La verdad es que lo que menos se esperaba el pelirrojo, después de la vida que había tenido, tan fría y apática, tener que lidiar con sentimientos así de fuertes a esas alturas, cuando se suponía que iba a enfrascarse en un matrimonio conveniente.

¿Quizás era por eso? ¿Su cuerpo se estaba revolucionando en contra? ¿Su parte más impulsiva y pasional estaba saliendo a defender lo que realmente quería?

―Intentarlo… ―repitió al final cuando Joshua contempló que lo que él quería era, al menos, intentarlo. Él confiaba en que podía hacerse, aún y pese que los remordimientos y la culpabilidad estuviesen ahí. ¿Sería mayor la satisfacción y el placer de hacer lo que quieres, de los malos sentimientos de saber que es un error?―. Pues vale, está bien ―respondió, escueto.

Se comió una patata, sintiéndose de lo más simple después de darle esa respuesta. ¿¡Pero qué narices iba a decir!? ¡Es que en serio, luego Joshua le preguntaba que cómo le había roto! ¿No estaba claro que estaba roto por todos lados? No sabía si quería llorar, reír, besarlo o darle un bofetón por haberlo besado. Tampoco sabía lo que necesitaba, si una hamburguesa, dos polvorones, tres hostias o irse con Joshua a su apartamento de nuevo.

Estaba en ese estado físico y mental en donde… no, ni él se entendía ni nada.

―No parece ser un secreto que me cuesta abordar el tema, así que ahora que he accedido no se te ocurra preguntarme nada más, ni mucho menos preguntarme si estoy seguro ―le advirtió, sin poder evitar sonar un poco cómico y hasta un poquitín tímido―. Mide tus palabras.

¿Y ahora qué?

Lo miró y sonrió, negando con la cabeza mientras bajaba la mirada hacia las patatas. «Menuda locura», pensó, sin poder evitar sentir hasta un poco de emoción por haber accedido, tal y como quería, a algo así. Se notaba por las facciones del pelirrojo que estaba pensando algo en relación con todo, por lo que volvió a mirarle para decirlo en voz alta.

―Sabes que esto es una locura muy grande ―le dijo, para entonces sincerarse―: Admito que hasta solo de pensarlo me sube la adrenalina. Mi cuerpo sabe que he elegido bien pero que a la vez estoy siendo una persona horrible, es una sensación muy extraña. Como que sé que estoy haciendo algo malo y eso me encanta, o que me encanta ser consciente de que estoy haciendo algo prohibido pero que sé que quiero. Es difícil ponerlo en palabras...

Suspiró, sin mirarle a los ojos. Era complicada la situación: había confianza, literalmente habían compartido hasta lo más íntimo de cada uno de ellos, pero afrontarlo ahora, desde la entereza, la frialdad y la sinceridad se hacía complicado.
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Joshua Eckhart el Vie Nov 29, 2019 8:28 am

Reírse de la muerte de un familiar no era, por norma, algo siquiera agradable, a menos que fueran Ayax y Joshua hablando de las más ridículas formas de provocarles infartos a los más viejos de la familia, o imaginando las más absurdas para el lado idiota de la misma. Por eso es que no pudo sino sonreírse cuando le dijo que tanto dulce que comía sería fatal sumado a una noticia del calibre de “tu único nieto está enamorado de su primo segundo y se corresponden”. Por decir lo más suave.

Sin embargo, sabían, pese a las dudas y todo lo que pudieran pensar al respecto, que las opciones estaban sobre la mesa. Joshua sintió la necesidad de proponer la que él quería, aunque fuera sólo un intento que no tenía que salir bien a largo plazo. Sentía que prefería tener y haber perdido que simplemente no haber tenido nunca. Era iluso, pero se aferraba al clavo ardiendo de los desesperados.

Esperó su respuesta expectante, y su cabeza le dijo que no iba a conseguir que Ayax Edevane se descarrilara de su camino. Probablemente nunca antes había estado tan feliz de equivocarse.

No, a él no le importó lo simple, breve o escueto que hubiese sonado. Le importó la esencia: estaba de acuerdo con intentarlo. Podría ser que simplemente estuviese acostumbrado a la forma de ser de Ayax, que sabía que a veces lo conciso y directo no significaba nada malo. O que había esperado tanto esa respuesta que todo lo demás no importaba.

Se le notaba en la expresión: le había quitado un gran peso de encima, ¿cómo no iba a ser algo súper duro de llevar que probablemente hubiese tenido que irse lejos para no saber de él y ver si conseguía controlar lo que estaba sintiendo? Ni siquiera se le ocurrió confirmar si estaba seguro, pues corría el peligro de que le dijese que no y cambiase su respuesta.

Tendré cuidado con ellas —le contestó con una sonrisa pequeña, pero feliz.

Ya que los nervios, e incluso el nudo de la boca de su estómago, se había deshecho, terminó de desempaquetar su hamburguesa y le dio un bocado, escuchando a su primo conforme mascaba e iba comiendo. Era una hamburguesa miniatura, sin apenas nada interesante, pero sabía bien y la pedía por costumbre, así que no lo pensaba demasiado.

Podía notarlo: su piel vibrando como si una corriente eléctrica hubiese quedado atrapada en su sistema. El corazón palpitándole fuerte y emocionado. Sensaciones abrumadoras que no conseguían amedrentarlo.

Es una locura —le dio la razón, — aunque no siento que esté siendo una persona horrible —difirió en ello, pensándoselo mientras se rascaba la barbilla. — Más bien siento que encontré algo por lo que vale la pena luchar.

Joshua nunca se había caracterizado por pelear por nada en su vida. Con su carrera, había asentido sin parar a las exigencias de su padre, pero luego se presentó a la que quería en un impulso y había entrado. Con su vivienda, no es que Francis hubiese opuesto verdadera resistencia a que se independizara. Con su vida, en general, se dejaba llevar y sólo tomaba volantazos de decisiones que cambiaban la ruta por completo; si no podía, no insistía.

Con Ayax era distinto. Con él, siempre que podía insistía. Siempre que quería verse, él se hacía tiempo para dedicárselo incluso cuando no había tiempo para darle. Si quería algo material, lo buscaba en tierra, mar y cielo para regalárselo. Ayax siempre valía la pena.

Terminó con su hamburguesa y continuó con las papas fritas, aunque una pequeñita se la tiró al pelirrojo dándole justo en el entrecejo.

Esa es la venganza por la que me lanzaste tú —le hizo saber con una ceja enarcada y expresión de madurez, cuando el acto había sido de un completo crío. — No puedes tirarles patatas a las personas y esperar que no te las tiren a ti —y se llevó una a la boca, dándole un bocado.

Era poca cosa, mas, en ese momento, fue especialmente agradable jugar con él. Después de todo, acababan de pasar el riesgo inminente a tener al menos una temporada sin esos juegos, y finalmente todo empezaba a distenderse tras la preocupación y presión con la que habían lidiado hasta llegar a su conclusión final.
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Ayax Edevane el Jue Dic 12, 2019 5:18 pm

Que Joshua no se sintiera una persona horrible daba igual: su relación con Hunter no iba a desembocar en UN MATRIMONIO ni en la posible DESCENDENCIA de los HEREDEROS de la familia Edevane. O sea, había un grandísimo trecho entre ambas posiciones futuras, pues Joshua con Hunter no tenía ningún tipo de relación seria, o al menos eso es lo que Ayax pensaba, pues suponía que después de eso, lo dejaría.

Sin embargo, en lo segundo si sentía lo mismo: si el pelirrojo no sintiera que aquello valía la pena de ser conservado, ya te decía yo que él no se arriesgaba a hacer nada de eso. Pero era Joshua, en combinación con la mejor sensación y experiencia de su vida, ¿cómo podía decir que no, si su mayor satisfacción, deseo y placer venía de la mano de su persona favorita y más especial del mundo?

Había sido un gran infortunio en esta vida que resultase que dicha persona fuese su primo segundo, pero oye, uno no podía ir en contra del destino.

―Yo también tengo esa sensación ―le respondió―. Por no hablar de que si me pones como opciones “intentarlo” o “lo mismo me voy para estar lejos de ti”, pues es como si me amenazaras. No es como si pudiera hacer vida normal sin ti en mi vida, ¿sabes? Ya no.

Ese “ya no” no venía sólo por lo que pasó ayer, sino porque desde que ambos habían estado graduados las cosas entre ambos habían sido mucho más cercanas e intensas, convirtiéndose en lo más especial para el otro. Ya no era como perder a una persona, sino que casi parecía una parte de ti. ¡Que Joshua y Ayax eran dos raritos y entre ellos se entendían! Sería como quitarle a Elsa a Anna, o Buzz Lightyear a Woody, o Chewbacca a Han Solo.

A veces es que Ayax sentía que hasta Joshua le comprendía mejor de lo que él mismo se podía llegar a comprender. Había veces que Olivia, a su lado, no tenía nada que hacer, pues Joshua lo volvía sereno y tranquilo. Y eso, consciente o inconscientemente, hacía que Ayax viese en él a una persona que necesitaba, que le protegía y que le abrazaba a la cordura.

El pelirrojo tenía muy claro que uno de sus mayores miedos era Olivia.

De repente sintió un golpecito en el entrecejo, mirando al moreno con cierta ofensa. ¿Primero le dice que no se tiran patatas y luego le tira una patata? ¿Qué se creía, una mujer con la regla, cambiando de opinión cada tres segundos? Pero Ayax no iba a caer en su estúpido juego de niño pequeño, bipolar e infantil, por lo que cogió una servilleta y fingió lavarse las manos, cuando en realidad lo hizo una bola.

―A ver si maduramos, que ya tenemos una edad con la que tener ciertas responsabilidad… ―PAF. Le tiró la servilleta en la frente, para luego continuar―: De verdad, uno no puede sacarte a la calle. ¿Qué narices te pasa? ¿Tienes doce años? ¿Primero te pides un Happy Meal y luego te pones a lanzarle cosas a la gente?

Ayax metió sus cosas en el interior de la cajita de su Happy Meal, para que no se le olvidase nada detrás. Ahora que había podido decirle a Joshua lo roto que estaba, esperando que fuera consciente que eso era sinónimo de inestable, se había quitado un peso de encima, por lo que el McDonalds, tan abarrotado de gente y muggles con sus dispositivos electrónicos le agobiaba.

―Vamos a dar una vuelta y terminamos de comer por ahí. ―Ayax no se había pedido manzana, por cierto, sino ese yogur pequeño de fresa. En casa nunca había habido de eso, así que era como esos placeres culposos del McDonalds. Estaba bastante seguro de que solo se pedía el Happy Meal por eso. Una vez salieron por la puerta, el pelirrojo no pudo evitar soltar una cosa―: Conozco lo cabrón que es mi cerebro y ya nos estoy viendo en una reunión navideña familiar hablando con nuestros abuelos y yo riéndome porque mi mente solo se va a poder acordar de que somos unos nietos horribles ―dijo, divertida, pues es que el tema todavía le parecía surrealista, pero luego sabía que no había nada más real que eso.
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Vie Dic 13, 2019 9:27 am

La forma de plantearlo de Ayax, casi como si lo amenazara con marcharse si no aceptaba intentarlo, sonaba bastante feo. No lo había pensado como una amenaza, pero una parte de él, un pequeño mini-Joshua demasiado entusiasta, no pudo ignorar el hecho de que sentirlo como una amenaza tenía que ser la evidencia de que importaba más de la cuenta. Más que eso, el propio pelirrojo lo dijo un momento luego: no podía hacer su vida normal sin él.

No me iría toda la vida, sólo una temporada, hasta que todo se enfriase —le dijo, tratando de hacerlo sonar menos mal—, yo tampoco habría querido enfrentarme a esa situación, pero… creo que sería peor si lo intentásemos ignorar, no me parece que fuese cosa fácil aparentar que todo estaba bien —confesó.

No ignoraba que desde su graduación y desde el momento en que habían adquirido la posibilidad de verse cuando quisieran se habían vuelto mucho más unidos. Era raro pasar más de unos cuantos días sin saber del otro, ahora, ¿meses? Sonaba imposible. Estando tan presentes en la vida ajena, pensar en no tenerse, aunque fuera por un tiempo… no sonaba bien.

Por eso es que, zanjado el tema, se sintió de nuevo con la confianza de jugar con él, atacándolo a fuerza de patata frita a la frente, luego de haberlo reñido sobre no tirar patatas. En respuesta, fue su primo mayor quien procedió a reñirle sobre ser un inmaduro, para luego tirarle una bola de servilleta en todo lo que se llama frente.

¿Inmaduro, yo? Háztelo mirar, que llevas toda la comida usando cosas de municiones, van a ponerte a ti a limpiar el local por cerdo, ¿no te enseñaron a comportarte en público? —le contestó en el mismo tono, en la absurda discusión de quién era el más inmaduro de los dos.

Joshua se había tomado un momento para recoger sus cosas; lo suyo era primordialmente basura, a excepción de las papas fritas, que dejó dentro de la caja de su primo porque iba a tirar la de él con todo lo que ya no servía. Tampoco le molestaba la idea de salir por ahí e ir a un sitio más tranquilo, en especial por lo abarrotado que estaba ese lugar.

Miró entonces su juguete, y le pareció irónico. Se lo tendió a Ayax, con toda intención de deshacerse de la carga.

Te lo regalo para que pienses en mí —le dijo, ya que era un perro de color negro.

Entonces se levantó y tiró su caja de salida, sin detenerse a partir de entonces hasta que salieron del local, mirando a Ayax mientras lo escuchaba. No pudo evitar imaginarse la situación: Rabrours y Popheg discutiendo sobre los bizcochos navideños mientras ellos estaban ahí, aparentando que no sucedía nada, mientras su primo se reía cual científico loco con un plan maligno. Vale, no era una imagen realista, pero sí graciosa.

Lo bueno es que todos saben que eres el rarito de la familia y puedo decir que sólo te ríes porque a veces te dan los deslices subnormales —le dio un golpecito en el hombro, bromeando con él.

Lo que a Joshua le inquietaba, más que su familia directa, era la prometida de su primo. Su yo frío de ahora pensaba que podía hacerlo funcionar, ¿diría lo mismo esa otra parte de él que se dejaba llevar por lo que sentía? Era algo para lo que no tenía solución por ahora, y para lo que no quería gastar energía pensando si lo tendría que resolver en el futuro de todos modos.

Todavía no creía del todo que hubiese conseguido que Ayax Edevane, el pelirrojo perfeccionista y correcto, considerase siquiera romper las reglas y acompañarlo a dar un salto de fe. Era algo que lo hacía intensamente feliz, y no sabía cómo procesar ese sentimiento. Por un lado, pensaba que la mejor idea era llevarlo con calma, por la otra, sólo quería abandonar la razón.

Y pensar que todo empezó porque fuiste a reclamarme no haberte llamado —al hablar, una pequeña sonrisa a medio lado apareció en su rostro—, lo gracioso es que planeaba escribirte más tarde al momento que llegaste.

No había empezado ahí, sino mucho tiempo en el pasado, cuando comenzaron los primeros pensamientos extraños. Incluso, si lo pensaba suficiente, quizá encontraba explicación para la desmesurada admiración que sentía por Ayax desde que tenía memoria.

Había empezado a caminar sin ninguna dirección; era válido asumir que probablemente sólo estuviese siguiendo al pelirrojo, con las manos dentro de los bolsillos y mirando a su alrededor con fugaces vistazos viendo todo sin observar nada en particular.
Joshua Eckhart
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Ayax Edevane el Sáb Dic 14, 2019 7:48 pm

Ayax no interpretó aquello como una amenaza, pese a que sí que lo sintió así. Él sabía muy bien que aparentar normalidad de un día para otro, tanto a solas como en compañía, iba a ser sencillamente imposible y se volverían las situaciones muy incómodas, por lo que en el fondo sabía que de no querer intentar nada, lo más conveniente sería separarse por un tiempo.

Pero realmente pensaba que por mucho que se separasen, al volver a reunirse la cosa iba a seguir igual, sólo con la facilidad de que podrían fingir mejor.

―Ahora mismo la solución moralmente correcta es la que menos me apetece a corto y largo plazo ―contestó, para entonces añadir―: Ahora mismo la opción que más me apetece es la que mira sólo por ti y por mí.

Sonaba egoísta pero en realidad… ¿qué importaba el resto? Siendo frío y totalmente sincero consigo mismo, era aquello lo que realmente quería en ese momento. Apostar por cualquier otra cosa sería fruto de una responsabilidad que no deseaba. De ser quién no era y de conformarse con una felicidad artificial.

―No sé de qué me hablas ―dijo con respecto a usar de munición las patatas fritas.

Al salir del McDonalds, en la caja del Happy Meal de Ayax estaban las patatas de Joshua, así como el juguete que le había regalado. Realmente al pelirrojo también le había venido otro perrito como juguete, por lo que ahora tenía dos. En ese momento no lo sabía, pero seguramente terminaría apoyado en la estantería de su despacho, en guiño gracioso a su primo.

Una vez caminaron por la calle, Ayax no pudo evitar reír por su comentario tan sutil.

―¿Te crees que yo soy el único rarito de la familia? Siento ser yo quién te lo diga, pero estás a mi nivel. Yo ya no soy el único rarito: todos saben que te lo he pegado y que tú subnormalidad tampoco queda atrás ―le contestó con una malicia que no dejaba de ser broma―. Por eso saben que nos llevamos tan bien: nuestra mente especial de rarito solo es comprensible por otro rarito.

En realidad la familia Edevane debía de tener muy claro que toda la familia era normal a excepción de la última generación de machos: Joshua y Ayax siendo especialmente raritos y Xerox siendo sólo subnormal. Estaba claro que la normalidad la habían sacado las féminas, aunque Serinda también fuera subnormal. Y la mestiza obviamente no contaba.

Mientras caminaban, si bien Joshua creia estar persiguiendo a Ayax, éste creía estar persiguiendo a Joshua. Realmente no iban a ningún sitio especial; sólo caminaban.

―Me sentí muy dolido cuando me enteré de lo que te ocurrió y no recibí ningún aviso ―admitió, poniéndose sólo un poquito más serio―, entiendo que hubiese estado ocupado y no pude atenderte, pero entonces avisas a mi madre, o a Gabriella o lo que sea para que me avise a mí. Si me hubiese enterado de lo que ocurrió, hubiese dejado lo que estuviese haciendo para ir a ayudarte, lo sabes, ¿verdad? ―preguntó, mirándole con serenidad.

Ayer le había dado la sensación de que Joshua creía que había preferido no atender a su llamada por estar con Gabriella o con algún otro compromiso más importante que él. Sin embargo, a día de hoy, ni siquiera Gabriella y el compromiso que estaban a punto de ejecutar, eran más importantes que la salud e integridad de su primo. Bueno, ni que su primo en general.

Daba igual la situación en la que se encontrase Ayax: si Joshua lo necesitaba, Ayax iba. El problema fue que en aquel momento, el reloj no estaba en su muñeca cuando lo llamó.
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Joshua Eckhart el Dom Dic 15, 2019 10:05 am

Se sentía honestamente aliviado de que su opción, la que velaba por el bien de lo que había nacido entre ellos dos, era la más tentadora para el pelirrojo. La moralmente correcta no le apetecía; esperaba que siguiese sin apetecerle por mucho tiempo y que no se le cruzara por la cabeza simplemente abandonar todo lo que había entre los dos para preservar su “vida ideal” que, a la vez, era artificial.

Cuando finalmente empezaron a caminar por la calle, entre las bromas de cómo iba a acabar siendo su futuro con ese secreto entre los dos, su primo no perdió oportunidad de recordarle que no era el único rarito de la familia, sino que estaba a su nivel y por eso es que se entendían bien.

No lo sé, creo que sigues estando un nivel más arriba que yo… Eres mayor, después de todo, tienes experiencia de sobra siendo rarito y subnormal —no le quitó razón, pero sí insinuó que, de los dos, era el pelirrojo el peor—. Además de que será la excusa predilecta para cuando te rías porque somos unos pésimos nietos e hijos y todo lo demás y nadie lo sabe.

Tal vez entonces era el momento perfecto para agradecer que Ayax nunca se había caracterizado por tener un buen sentido de la moralidad. Sin embargo, había algo que, dentro de todo, le alegraba: era su primo quien pensaba de eso en futuro, y no lo veía como algo que iba a decirle el próximo fin de semana que ya no lo quería. Era un paso pequeño, pero importante.

Si bien había abordado el tema con diversión, su mirada y todo en general en él se suavizó cuando le explicó que le había dolido no recibir ningún aviso de su estado, al grado de hacerle saber que le gustaría que en un futuro avisase a quien sea para que le diesen la noticia. Era una sensación cálida, después de lo apartado que se había sentido, el saber que Ayax estaba a la disposición de un mensaje para aparecer.

Sé que no puedo pretender que estés disponible 24/7, Ayax —le hizo saber, exhalando despacio—, tienes responsabilidades y cosas que hacer —era de esas cosas que el Joshua frío y consciente sabía perfectamente, pero que el Joshua impulsivo y emocional no tomaba muy en cuenta—. Siendo justos, no te avisé antes porque no había estado consciente gran parte del día… pero iba a avisarte, no te dejaría sin saberlo.

Sabía muy bien que su primo ya no era el mismo joven que podía buscar en literalmente cualquier momento e iba a encontrarlo. Ya desde que trabajaba, sumado a sus responsabilidades actuales, era demasiado egoísta pensar en que podía seguir siendo todo lo mismo. Eso no significaba que en esa parte insegura de sí mismo fuese más fácil digerir que había cosas que priorizar antes que él, por mucho que ahora el pelirrojo dijese que dejaría todo para ayudarlo.

Además… no sé, creo que era algo raro después de lo que pasó la última vez que hablamos, ¿no? —su mirada cayó al suelo en frente de sus propios pasos, refiriéndose al evento en el restaurante—. Supongo que ya estamos bien, ¿verdad? —miró de reojo al hombre a su lado, intentando ver si en su expresión algo cambiaba.

No, lo raro no era eso. Lo raro era todo lo que ocurrió después, cuando días antes le había echado en cara que eventualmente tendría que madurar y dejar esas “tendencias” a un lado para adoptar la responsabilidad familiar que pesaba sobre sus hombros como único varón heredero. No le tomaba en cuenta sus palabras: siempre lo perdonaba incluso sin que se lo pidiera, mas no dejaba de ser extraño cómo se había desenvuelto todo.
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Ayax Edevane el Miér Dic 18, 2019 2:00 am

Joshua, como toda persona racional en esta vida, sabía que Ayax no podía estar las veinticuatro horas del día disponible para él, sin embargo, el pelirrojo sí que esperaba que supiera que de poder estarlo, estaría.

Esas «responsabilidades y cosas que hacer» básicamente se resumían en trabajo y… la despreciable idea de que estaba intentando formar una familia. Se decía pronto, ¿eh? Se decía pronto para el compromiso que debía llevarse y la seriedad con la que debía llevarse, pero míralo ahí, pensando más en cómo vivir la experiencia con su primo que en la posibilidad de tener un hijo después de casarse.

Porque claro, Ayax podría cometer la locura de saltar a la piscina sin agua, pero ni de lejos iba a dejar todo. Él iba a continuar con Gabriella, con el matrimonio y con la perspectiva de familia de la que tanto habían hablado.  

―Por si acaso, mejor que no se te olvide ―contestó, tranquilo.

Se había preocupado, pero sabía que igualmente la situación era complicada como para que le hubiera avisado de manera inmediata. Eso sí, consideraba que Francis era idiota si no había contactado con Ayax al momento de enterarse, ¿acaso no era obvio siendo el único médico de la familia y la persona más cercana de Joshua?

Francis a veces era idiota.

―Hubiera sido raro pero… hubiera sido lo correcto igualmente ―le respondió, mirándolo entonces como si no entendiese su duda―. Claro que estamos bien, ¿tú crees que estamos mal? ¿Cómo vamos a estar mal? ―preguntó sin entender cómo era posible que pensase que pudieran no estar bien después de lo ayer―. Estamos bien ―repitió, por si acaso.

Siguieron caminando y, lejos de hacer nada más ese día, se pasaron toda la tarde hablando de tonterías por las calles de Londres entre miradas cómplices y deseos que refrenaron. Había mucho tiempo por delante, sin duda, pero ese día decidieron comportarse.


***

Que si estaban bien…

Ya había entrado diciembre, los días fríos y las noches aún más frías. No había nevado por ahora, pero igualmente el clima era muy húmedo y terriblemente gélido. En un mundo normal se podría quedar para poner el árbol de Navidad y decorar un apartamento acorde a la época, pero había un problema: Ayax y Joshua eran una piedra, así que también eran una piedra con respecto a la Navidad.

Gabriella había quedado ese día con Vanessa, su prima, para comprar regalos de Navidad, por lo que Ayax había aprovechado ese día para ir a casa de Joshua y pasar el rato.

Eso sí, ahora mismo distaba mucho a la manera de “pasar el rato” que tenían hacía unos meses y la que tenían ahora mismo. Cualquiera diría que les une un lejano vínculo familiar, pues cuando se veían todo eso les daba igual y se abrazaban a la pasión.

Acababan de salir de la ducha, la cual compartieron. Joshua se encontraba en la cama, mientras que Ayax salía del cuarto de baño en ropa interior mientras se secaba el pelo con una toalla.

―Vas a tener que ayudarme este año con los regalos navideños ―le pidió, para entonces acordarse de otra cosa―: ¿Te acuerdas de el collar de perrito que te regalé? ¿Quién iba a decirlo, eh? ―Rió, por la gracia de lo que ponía.

La verdad es que en su momento, cuando se lo regaló, ni en mil años se hubiera imaginado que la cosa cambiaría de esa manera tan exagerada. Ahora, sin embargo, le parecía de lo más normal, aunque tuviese sus etapas de ralle mental por su futura mujer, el compromiso y la familia. Estando con él se le quitaban todas las inseguridades y preocupaciones.
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Joshua Eckhart el Miér Dic 18, 2019 9:14 am

Desde aquel momento había empezado una sucesión de nuevas experiencias que no se explicaba. No había manera de explicar cómo era que podía querer estar de esa manera con Ayax, ni tampoco para definir cómo dos palabras: “estamos bien”, eran capaces de provocar tanta calma, por mucho que él estuviera consciente de que estaban bien.

Los meses habían pasado, desde ese día. Conforme la temperatura bajaba, encontraban nuevas maneras de mantenerse tibios cuando estaban juntos. Diciembre había llegado con sus fríos y sus épocas: para entonces, muchas de las viviendas ya desplegaban sus colores verdes y rojos, pero no el departamento de Joshua.

Razonaba que, ya que nadie en realidad solía visitarlo frecuentemente más que Ayax, entonces no tenía sentido tener una casa presentable dadas las fechas. Estaba limpia y ordenada, y eso tenía que bastar, sin botas sobre la chimenea ni pinos navideños llenos de regalos. Tenía ya algunos de los regalos que iba a dar en Navidad, pero no estaban bajo ningún árbol, sino en un rincón de su armario, tan dentro como él lo estaba en su armario imaginario.

Sobre las visitas de Ayax, muchas cosas no habían cambiado: seguían quedando para jugar ajedrez, o ver documentales, o simplemente pasar el rato conversando y bromeando entre ellos. Otras cosas sí que se habían modificado, como la pausa para entregarse al otro, o incluso la forma más cálida que les hacía sentir simplemente estar juntos. Era una revolución descontrolada de emociones y sensaciones.

En esa ocasión, ya se encontraba sobre la cama sin camiseta todavía después de ducharse juntos. Su casa tenía calefacción, por lo que no había gran peligro de morir de hipotermia a pesar de eso. Algunas gotas caían de su cabello, por lo que no estaba del todo seco.

Cuando quieras —contestó, pues no tenía ningún problema con ayudarlo. No es que fuera un gran buscador de regalos, pero suponía que entre dos piedras podrían pensar algo interesante para regalar.

Le llamó la atención que Ayax trajese a su conversación su regalo de hace casi un año, haciendo que sonriera divertido. Le había parecido un regalo hilarante, pues en aquel entonces sólo se refería a su situación donde su primo lo ayudaba con sus transformaciones en hombre lobo. Si lo pensaba ahora, el sentido cambiaba radicalmente.

¿Seguro que no eres vidente? ¿O es que lo hechizaste para llegar a este punto? —preguntó con sorna, pues claramente si él no se lo esperaba, mucho menos su primo—. Está en ese cajón, de hecho —hizo un ademán hacia uno de los cajones que tenía su escritorio, pues siempre conservaba los regalos del pelirrojo, aunque le parecieran ridículos.

“Propiedad de Ayax Edevane”, recordaba perfectamente que escribía. No era un pensamiento que le molestase. Sólo había que ver la forma en que se deshacía por sus atenciones en cualquier sentido para darse cuenta de que era suyo. Sobre todo, porque lo prefería por encima de todas las cosas.

Al menos tengo que agradecer que este año Navidad no cae en fechas de luna llena —comentó, levantándose de la cama mientras se estiraba, yendo a un cajón para buscar alguna camiseta—, y al menos este año no tengo que contarle a mi primo favorito que llevo siendo licántropo un año y no se lo he dicho. Vamos mejorando, ¿eh?

No debería darle gracia no tener ese peso encima de dar una noticia tan grande por la que ya sabía que iba a tener por lo menos un buen regaño, pero después de un año ya había pasado la culpa de no habérselo dicho. Estaban haciendo las cosas bien y eso era un gran avance desde el vamos.
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Ayax Edevane el Mar Dic 24, 2019 11:31 pm

La verdad es que para Gabriella y sus padres sí que tenía pensado los regalos, e incluso para el mismo Joshua, pero quiénes fallaban este año en su mente creativa eran Angelica y Evangeline. Si bien tenía la sensación de que para la pequeña iba a ser más fácil, después de las incomodidades vividas con Angie este año, no tenía muy claro qué debía regalarle y su originalidad con respecto a ella estaba brillando por su ausencia.

No era un secreto que todavía estaba preocupado por cómo pudiese afectar todo lo sucedido a su relación con Angie, pero estaba intentando hacer lo que peor se le daba: dejarlo estar y ver cómo solucionaba todo el tiempo.

―Dime un día y vamos ―le respondió, volviendo a tirar la pelota a su tejado―. La compra de regalo navideños es la excusa perfecta para saltarme cualquier otro plan ―añadió, en referencia de que cualquier día estaría bien pues si tenía algún compromiso podría posponerlo.

El regalo del collar de perro que ponía “Propiedad de Ayax Edevane” había sido pura sátira en su momento, en referencia a que Ayax lo encadenaba cada vez que salía su lobo interior. Ahora, sin embargo… casi parecía una evidencia muy clara de lo que terminaría ocurriendo entre ellos, sobre todo teniendo en cuenta el papel que acogía cada uno con respecto al otro. Otra cosa no, pero Ayax sacaba su parte más pasional y sexual junto a él. Gabriella, la otra ser humana que había visto a Ayax en una situación similar, no había visto ni de lejos cómo era realmente el pelirrojo en esas situaciones, cuando disfrutaba de verdad y tenía al lado a una persona que realmente quería.

―Está claro que debo tener a algún antepasado vidente ―le reconoció.

Dejó la toalla a un lado mientras se ponía los pantalones, de pie, mirando a Joshua con un poco de reproche a su comentario sobre lo de luna llena y la confesión que le hizo justo hace un año, en aquella festividad navideña con toda la familia Edevane al completo.

―Eres un primo horrible, ¿lo sabes? ―le respondió a su comentario gracioso, sin tomarse realmente en serio nada de eso. Ya era agua pasada. Para Ayax había significado mucho que se le contase, aunque fuese un año después de lo sucedido. Era normal tener miedo ante lo desconocido, o miedo ante el desprecio de lo que te has convertido. Había aprendido a no juzgarlo, pues realmente era consciente de que a Joshua no podía despreciarlo por nada. No había podido hacerlo cuando supo que era licántropo, ni cuando supo que colaboró con fugitivos, ni mucho menos cuando era homosexual y le pegó la enfermedad de lo homo. Si eso no era motivo suficiente para evidenciar cuánto lo quería, no sabía qué hacer―. Aunque he de decir que has mejorado. Ahora sólo me intentas seducir llevándome al lado oscuro del comportamiento humano, pero yo accedo contento y lo sabes.

Habían hablado mucho sobre lo que estaban haciendo y si bien Ayax había dejado claro que él consideraba que esa mentira era mala y que estaban actuando mal con respecto a toda la familia, él accedía igual porque pese a estar mal, eso se sentía muy bien. No quería cortar su libertad y por eso había accedido a seguir así, porque realmente creía que merecía la pena.

Estaban a día dieciséis, por lo que hacía cuatro días que Joshua había pasado por la peor fase de su licantropía: la noche de la transformación.

―Y después de un año, la cosa con tu licantropía también ha mejorado mucho. ―Tuvo que añadir, pues recordaba lo difícil que habían sido las primeras veces―. Sigo sin entender por qué motivo la matalobos es tan poco efectiva en ti, pero… la cosa está funcionando mejor. ¿Estás a gusto con eso? ¿Te sientes bien… siendo retenido los días de luna llena? Es decir… ―Se abrochó el botón del pantalón y sujetó ambas partes de su cinturón, con intención de ponérselo―. Quiero decir, sé que tú como licántropo estás en contra de tu voluntad, pero no sé cómo te afecta eso a ti, como Joshua. ¿Llega la luna llena y te sientes a salvo, o te sientes… preso?

No sabía si se estaba explicando bien, pues él nunca había sido licántropo ―gracias a Merlín― y no sabía lo que se sentía.

―Sólo quiero entender qué se siente. Qué es lo que tú sientes.
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Jue Dic 26, 2019 12:41 am

Bufó ligeramente cuando Ayax volvió a lanzarle la pelota para hacerlo elegir un día. Ya estaba de vacaciones en la universidad y, con más bien pocos compromisos, tenía libre cualquier día que el pelirrojo le dijera. Así que hizo un rápido repaso en las cosas que tenía que hacer y que quería hacer antes de volver a hablar.

¿El jueves? —le preguntó, ya que estaban a lunes—. Mi tía —Emma—, quiere que vaya con ella de compras el sábado —mencionó sin ningún motivo, pues no estaba directamente relacionado con el día que eligió.

La broma sobre el collar ahora parecía mucho más importante y real que cuando lo recibió en enero. Como una profecía que había acabado por cumplirse, conforme iba pasando el tiempo y ellos se iban acercando hasta el punto de no retorno. Todavía había veces en que se preguntaba si era siquiera inteligente lo que estaban haciendo, pero todas llegaba a la misma conclusión: no le importaba.

No importaba porque sentía que no era capaz de rehacer su vida fácilmente sin el Ayax que había llegado a conocer tan bien en esos meses. El demandante, el pasional, quien se dejaba llevar por la lujuria y cedía ante los más primitivos instintos de la carne. El que, incluso, había llegado a demostrarle formas en que sin necesidad de palabras se decían cuánto se importaban mutuamente. No estaba dispuesto a abandonarlo fácilmente.

Sacó una camiseta de color azul grisáceo y la vistió con una sonrisa, dirigiéndole una mirada divertida y obvia a Ayax cuando sacó su cabeza por el hueco de la prenda.

Soy el mejor primo que podrías llegar a pedir y lo sabes —bueno… quizá sí era un primo horrible. Pero no decía lo mismo de su faceta de mejor amigo. O de amante. Terminó de acomodarse la camiseta y volvió a sentarse en la cama, mirándolo ponerse los pantalones—. Eso no me hace malo, de hecho… creo que te estoy haciendo un favor, ¿notaste que te están desapareciendo las marcas del entrecejo? Si dejas de preocuparte y de arrugarlo, ni se notarán pronto —sacudió una mano, restándole importancia.

No es que realmente tuviera unas marcas, cuando menos muy visibles, en esa parte del rostro. Lo decía más bien porque lo notaba mucho más relajado desde que habían comenzado con aquel secreto. Claro que eso había traído preocupaciones de sobra, pero no se diga que el sexo pleno no era terapéutico.

Todavía estaba algo pálido después de su transformación; las ojeras se le marcaban debajo de los ojos como moratones marrones violáceos. Sentía, también, que estaba a punto de coger un resfriado, gracias a las bajas defensas que le había dejado que su cuerpo se encontrase a sí mismo como una amenaza por la maldición que le recorría por dentro. Sin embargo, ya iba mejorando, poco a poco, con el pasar de los días.

Una sonrisa ligera apareció en sus labios cuando empezó a decirle que también habían mejorado sus transformaciones. Al principio era desastroso, no por lo que él pudiera recordar, sino por lo que su primo le contaba. Normalmente, sus transformaciones parecían más bien un sueño difuso que un recuerdo. La sonrisa amainó al oír sus dudas.

Se lo pensó un momento, y luego exhaló—: Varía —y apartó la mirada—. Es decir, yo, ahora mismo, en mis plenas facultades mentales, pienso que es grandioso, es lo que queríamos desde el principio —eso era lo importante, más que lo que pensaba cuando no se sentía él mismo—. Conforme se acerca la luna llena… empiezo a sentir que me pierdo un poco, ¿sabes?

Creía que lo que estaba diciendo era una locura. Que su primo no lo entendería o no podría concebirlo en su imaginación, ignorante de que Ayax estaba mucho más familiarizado con esa sensación de lo que él podría creer.

Muchas veces me doy cuenta, porque pienso, digo o siento cosas impropias de mí… Mientras más cerca está, menos soy capaz de distinguir qué pienso yo, como humano, o qué viene de… esa otra cosa —ya lo habían hablado: se estaba refiriendo a “los guiños”—. Así que a veces, antes de que empiece… pienso: “Mierda, ¿por qué le pedí ayuda? La próxima vez no acudiré a él”, o cosas parecidas; por un lado, me siento atrapado, molesto… por el otro entiendo que es lo ideal, así que… es como contradecirme a mí mismo —suspiró profundamente, mirando al suelo y jugando con sus propias manos, apretándolas entre ellas—. Pasa; a veces el mismo día, o desaparece conforme la luna se aleja —le explicó.

Había sido tan claro como había podido, pero sabía que había importantes huecos que no sabía cómo llenar. Cosas que no sabía explicar porque, aunque las sentía, no las comprendía ni él. También había cosas que no le dijo, porque le daba miedo admitirlas, como la forma en que había días en que sentía que la bestia estaba creciendo, mordiendo las cuerdas de su raciocinio que la ataban. Seguramente fuera parte de su ansiedad y su paranoia, pero lo sentía.

Tampoco había dicho que estaba convencido de que, incluso lejos de la luna, seguía teniendo pensamientos de “esa otra cosa”. Como un arrebato o una sensación abrumadora, tanto más ajena a él cuanto más cerca la sentía.

¿Tú qué piensas? Cuando me ves, ¿qué es lo que te cruza la cabeza? —preguntó entonces, con curiosidad renovada. Sabía todo lo científico que involucraba los pensamientos de esa pelirroja cabeza, pero lo que quería saber era lo que nunca le decía. Qué le provocaba ver a su persona favorita convertida en una bestia peligrosa.
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Ayax Edevane el Vie Dic 27, 2019 1:43 am

―No, el jueves no puedo ―respondió con toda la seriedad del mundo.

Era una broma, en realidad. Siempre le había hecho gracias decir: «No, elige tú» y, cuando la otra persona hace el ejercicio mental de proponer algo, tú salir con que no puedes, sólo para ver la cara de resignación y enfado que pone la otra persona. Era una mirada que decía: «Maldito desgraciado, pues entonces no me hagas elegir».

―Es broma ―matizó después de unos segundos, esbozando una sonrisa―. El jueves está bien.

Eso que dijo… tenía gran parte de razón. Una cosa estaba clara: no era el mejor primo del mundo incitándole a hacer lo que estaban haciendo, pero sí era cierto que había llegado a un punto de tremenda confianza con Joshua, que no temía en absoluto que pudiese haber algún tipo de fuga de información entre lo que pasaba entre ellos. Además, estaba tan extrañamente feliz compartiendo esas cosas con el moreno, que era cierto que se preocupaba mucho menos.

Se preocupaba menos de la posibilidad de que Martins volviera, del posible odio de su hermana Angelica por él, de todo lo relacionado con la boda y su futura descendencia… Hasta del maldito Hunter. Ahora a Hunter lo miraba por encima del hombro con un orgullo y satisfacción…

La conversación fue cambiando poco a poco, hasta que Ayax sacó un tema que era bastante importante: su condición de licántropo y sus emociones con respecto a cómo pasar la luna llena. El pelirrojo entendía perfectamente que su bestia interior condicionaba sus pensamientos y emociones, además de que entre más poderoso estuviese en la cercanía con la luna llena, se mostraba más irascible y ―en ocasiones― violento.

Atendió a su contestación, con la mirada fija en el suelo por donde caminaba, con aire pensativo. Comprendía perfectamente su comportamiento.

―Es normal ―respondió―. Siempre he pensado que te sentías así, pero no había querido sacar el tema hasta que ambos estuviésemos cómodos con los resultados de las lunas llenas.

Cuando le devolvió la pregunta, Ayax lo miró a los ojos antes de volver a enfocar la vista al frente, pues no quería ni chocarse con nadie ni caerse al suelo por no ver el dichoso escalón de la acera. Él tenía la respuesta bastante clara.

―Aunque no lo parezca, también tengo emociones que chocan entre sí ―comenzó, colocando sendas manos en la parte baja de su espalda―. Antes de llegar a la cueva todo está bien, pero cuando estás ahí, aún como Joshua y debo encadenarte… realmente pienso si es estrictamente necesario pasar por todo eso. Tampoco lo paso bien cuando estás sufriendo la transformación, o cuando debo “castigar” a la bestia. Sé que, aunque sea una bestia, en el fondo estás tú. No sé, es raro. Me gusta ser consciente de que tú no eres la bestia, pero es complicado habiéndote visto transformarte hace apenas unos minutos. ―Ladeó una sonrisa resignada―. Y pese a esas emociones, soy perfectamente consciente de que todo eso es muy necesario. Soy responsable y sé que tu maldición conlleva cierta disciplina si no se quiere hacer las cosas mal.

Entonces lo miró y se encogió de hombros.

―No me gusta tratarte como te trato esas noches ―le confesó, pese a que suponía que era obvio. Nunca lo había dicho en voz alta, sino que siempre había dado por sentado que era necesario que eso fuese así y punto―. Pero bueno, es lo que hay, ¿no es así? Si después de eso seguimos llevándonos bien, podemos con todo. ―Y bufó, algo divertido.

Se imaginaba al Joshua más irascible pensando de él lo peor: «Mi primo me pega látigos y me electrocuta en versión lobo feroz sin corazón ninguno». No le parecería descabellado que antes y después de las noches de luna llena, tuviera algún tipo de duda con respecto a Ayax. El pelirrojo había sido muy estricto con esas noches.
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Vie Dic 27, 2019 7:59 am

Miró a Ayax muy ofendido en cuanto le dijo que ese día no podía el día que había sugerido, después de que lo hiciera elegir, el indeciso. Sólo era su primo metiéndose con él, ya que ese día sí que le parecía bien, y así agendaron su búsqueda de regalos navideños.

Era indudable que el pelirrojo estaba más relajado desde que tenía una forma muy buena de liberar tensiones. Se habían perdido de la impresión de que iba a escapárseles algo impropio de ellos en frente de los demás, así como se habían dedicado plenamente a disfrutar de su mutua compañía de maneras nuevas e indescriptibles.

Él también se sentía distinto: un tanto más confiado, incluso feliz con no otra razón que traer a su mente esas escenas que habían vivido, y las que vendrían. Eran las cosas que le provocaban una tibieza en el pecho.

Su licantropía seguía siendo un tema misterioso para el propio Joshua. Era una parte de él que no estaba seguro de poder controlar o siquiera entender del todo. No era extraño, de vez en cuando, cuando en un arrebato tenía alguna confrontación que, más tarde, le parecía irrazonable y desproporcionado; venía en especial unos días antes de la luna llena, cuando peor lo manejaba.

Trató de explicarse de la mejor manera que pudo, haciéndole saber lo que sentía. Nunca se le había dado bien expresar sus emociones, pero ahí estaba, buscándoles nombres para vocalizarlas. Incluso había veces en que se preguntaba si la gente sentía del mismo modo que él sentía, tan impersonal con sus propios sentimientos. Como un espectador de su propia vida.

Escuchar sobre la contradicción de Ayax le provocó en el momento una a él: mientras una parte de él se aliviaba y hasta alegraba porque no fuera fácil ponerle aquellas trabas y barreras, por la otra se sentía mal porque el pelirrojo se sintiera mal por él. Sabía que no había sido su decisión convertirse en lo que ahora era, pero de algún modo se sentía responsable porque el otro pasara por ello.

Por supuesto: su cuerpo humano resentía los castigos que recibía la bestia; de algún modo, le estaba lastimando a él, y era completamente comprensible, a la luz y en el frío de la luna llena, que aquello fuera injusto y una experiencia desagradable. Sabía, la mayor parte del tiempo, que era necesario y obligatorio, aunque esa voz áspera en el fondo de sí le intentase convencer que no era así.

Me preocuparía que te guste tratarme así —exageró con un tono de inquietud, mas sólo bromeaba—. Tiene hasta sentido —consideró un momento luego—; me refiero a que es un comportamiento parasitario: el licántropo trata de convencer al “hospedador” de verte como un enemigo porque sabe que eres su principal limitante, así que no es tan raro —trató de encontrarle una explicación lógica, y sintió que la consiguió—. Lo que el pobre perro no sabe es que nunca podría ponerme en tu contra.

Eso lo dijo con una media sonrisa y una sensación de excitante vigor. Era emocionante cuando conseguía dividirse lo suficiente para ver al licántropo como algo ajeno a él, cuando durante la mayoría del tiempo no podía sino percatarse de que tenían una suerte de desagradable fusión. De que eran dos y también uno al mismo tiempo.

Se había vuelto a poner de pie, caminando hasta su escritorio, donde tenía encima el terrario de su serpiente. Corroboró la temperatura en un vistazo automático, tan acostumbrado a hacerlo, antes de volverse hacia la puerta. Dudó un momento, y caminó hacia el pelirrojo, a sus espaldas, tocando su cintura con la mano y besándole el hombro todavía desnudo en un impulso irrefrenable.

Voy a hacer sándwiches especiales, ¿quieres uno? —preguntó como si nada, caminando en dirección a la puerta con las manos dentro de los bolsillos del pantalón.

Se detuvo en la puerta mientras un pensamiento parecía ubicarse en su cerebro. Recordaba que el año pasado “la mancha” de la familia había estado en la reunión de Navidad, pero no estaba seguro de si ese año estaría contemplada en la lista.

¿Van a invitar a la mestiza a la cena de Navidad? —le preguntó, dirigiéndole una mirada despreocupada.

No le había escondido a Ayax que llevaba desde el verano encontrándose con la mujer en esporádicas reuniones. De vez en cuando se veían en la cafetería de la universidad, por ejemplo, o en algún café donde conversar lo que les durase una bebida. Una bebida y un postre, los días que estaban de buen humor.
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