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Vagón nº1

Lord Voldemort el Miér Sep 04, 2013 2:59 pm

Recuerdo del primer mensaje :



En tren está dividido en varios vagones,  y en cada vagón hay cinco habitaciones estrechas en donde poder descansar o hablar con tus compañeros. Búscate un sitio en una habitación y empieza a rolear, ¿quién sabe? A lo mejor te toca compartir habitación con tu mejor amigo... o con tu némesis.

OFF: Se roleará por vagones, dando por hecho de que algunas personas pueden estar en el pasillo y otros en habitaciones, así que leed los post de los anteriores para no crear bucles espacio-temporales extraños. Así pues, este es el tema para el vagón I, y para no perdernos con las habitaciones, llamémosla habitación I, habitación II, III, IV y V.
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Invitado el Lun Sep 16, 2013 10:21 pm

Al tirarle la bola a Sam en  la cabeza la había cogido desprevenida. Acto seguido vuelve a coger la bolita y me la tira siguiendome el juego, aunque se va hacia un lado y choca con el cristal sin apenas rozarme. Cuando me doy cuenta no puedo evitar mirarla y soltar una carcajada.
Tras ese ataque, hubo un momento de tranquilidad, yo mirando a ratos la ventanilla y a ratos a Sam, y ella adoptando una expresión pensativa.

Después de unos minutos vuelve a salir el tema de volver a vernos durante las clases. La noto más distante al hablar de ello y eso me lleva a pensar en que quizás había sido demasiado confianzudo con ella y podía haberla incomodado con tanto juego y molestarla.
Asiento a lo de vernos en los descansos y ratos libres intentado sonreír, ya que seguía pensando en lo que ella estaría pensando de mi en ese momento. Durante todo el rato de trayecto compartido había pensado que le estaba cayendo bien, pero a lo mejor simplemente le había parecido un tío raro que buscaba constantemente su atención o algo por el estilo.

Veo que no se da cuenta de lo del cromo de la rana de chocolate y me río por dentro – no es necesario que me compenses, al fin y al cabo son solo chucherías – respondo pero rápidamente mi mente cambia de opinión para darme otra idea, total, si ya había parecido un hiperactivo con falta de amigos, buscarme una excusa para verla no iba a cambiar nada – ¡Bueno que digo!, claro que sí, me debes un par de cervezas de mantequilla- le digo convencido.
Pero antes de poder terminar la frase ella estaba mirando su reloj y levantándose para irse. Miro mi reloj y ciertamente era ya bastante tarde y también debía ir dentro de poco a cambiarme. –Claro, nos vemos otro día – le respondo mientras se acerca a la puerta –Y de nada – digo mientras la veo saliendo ya de la habitación, entonces vuelvo a recordar lo del cromo - ¡Por cierto! ¡sí que había salido Merlín!- Grito cuando ya está a punto de terminar de cerrar la puerta e irse, con la intención de molestarla una vez más antes de llegar a Hogwarts. En ese instante creo que quedaba cancelada la frase de ''mira lo generoso que soy'', pienso y me río por ello.

Al irse me quedo pensativo durante unos minutos, meto las manos en los bolsillos y noto algo, ‘’ ¡un regaliz!, joder ¿pero cuantas cosas compré?’’ pienso sorprendido. Lo cierto era que antes me moría de hambre y por eso había comprado tantas tonterías, pero con esto de charlar  ni me había acordado del hambre. Decidí que lo mejor era comerme el regaliz, ¿para qué lo iba a dejar ahí pudriéndose en el bolsillo?, el pobre regaliz merecía ser saboreado. Le di tres bocados grandes para terminármelo rápido, ya que se estaba haciendo tarde. Me levanté mientras me sacudía las manos y salí de la habitación para ir directamente a cambiarme.
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Invitado el Lun Sep 16, 2013 11:23 pm

Mientras termino de cerrar la puerta escucho como Evan dice algo, aunque no distingo el qué. “Bueno, no importa. - Pienso – Entre antes me vaya, mejor”.

Ya en el baño, cuando he terminado de vestirme, me siento sobre la taza y siento el impulso de darle una patada a la pared por pura frustración. Obviamente decido no hacerlo, ser impulsiva nunca se me ha dado bien.
Todavía sentada, me froto la cara con la mano y me maldigo. “¡Seré estúpida! – Me digo – Y yo que pensaba que le había caído bien. ¡Seguro que no he hecho más que el ridículo! – Sigo compadeciéndome. – A saber qué pensará de mí. Si por algo me paso el día sola: tratar con la gente no es lo mío. – Vuelvo a taparme la cara con la mano. – Lo molesto como una intrusa en su habitación y encima, no hago más que incordiarle. ¡Nunca aprenderé!"

Respiro hondo y decido que el momento de las auto-lamentaciones ha sido más que suficiente. Me levanto y me acerco a la puerta, teniendo especial cuidado al abrirla. Cuando la rendija es lo suficientemente grande, miro por el hueco y me cercioro de que no me toparé con nadie. Salgo despacio al pasillo y, aunque ya no hay vuelta atrás, miro al otro lado. "Lo mejor es evitar las sorpresas." - Me digo. Y ya más tranquila y confiada, me dirijo a donde he dejado mis cosas, así podre estar tranquila y sobretodo, sola.

Cuando diviso mi baúl siento un extraño alivio, es como estar en casa, aunque realmente no sepa lo que eso significa. Me siento sobre él, junto a la jaula de mi gata, y acaricio la suave madera que está, cada año, menos lustrosa.
En seguida Sigel reclama mi atención. Nunca le han gustado los viajes y aún menos estar encerrada. Intento acariciarla entre las varillas metálicas pero, al parecer, este método no es de su agrado. Me echa una mirada de indignación y luego un bufido, para finalmente decidir que prefiere dormir que hacerme caso.
Vaya, tu tampoco quieres mi compañía. – Le digo. – Tranquila, no eres la única. – Me río algo resignada.
Me agacho para dejar el bolso en el suelo porque comienza a dolerme el hombro debido al peso y tengo la sensación de que está algo vacío. – “¡El libro!” – Pienso. Y entonces recuerdo que lo he dejado sobre el asiento.
Giro la muñera para mirar la hora. “Bueno, queda poco para llegar – me digo –, podría ser peor.
Volveré a buscarlo cuando hayamos llegado y todos hayan bajado.
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Invitado el Lun Sep 16, 2013 11:29 pm

Después de que Dannielle hiriese su orgullo de la manera más cruel, destrozándolo desde fuera hacia dentro, decidió irse muy dignamente. Joseph no soportaba el dolor, cayó de rodillas en el suelo, y todo lo que acontecía a su alrededor había perdido el sentido para él. Sólo percibía el dolor latente de su entrepierna, intentó erguirse pero no había manera, parecía como si fuese a quedarse allí de por vida y lo cierto es que, no le hubiese importado.

Su amigo le hablaba pero Joseph sólo se concentraba en que no le saltasen las lágrimas e intentar evadirse del dolor.

Concentraba todos esos sentimientos en la venganza que se tomaría más adelante, asintió ante las palabras de su mejor compañero y con toda la rabia contenida en el pecho marchó hacia uno de los vagones con el orgullo herido y con la cabeza gacha a la espera de su llegada a Hogwarts.
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Lord Voldemort el Mar Sep 17, 2013 12:21 am



TEMA CERRADO
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Arianne Anderson el Sáb Sep 13, 2014 2:01 pm

*Había llegado a la estación más de media hora antes, mis padres son muy previsores. Demasiado. De modo que tomamos un helado en la misma extación. El último antes de irme a Hogwarts.  Tras abrazos y muchos besos me dejaron allí, en la estación, con todos mis bultos. Yo solo tenía que cruzar el andén, y estaría en el tren mágico que nos lleva a Hogwarts. Había muchos magos en la estación muggle. Se les nota porque visten raro. Dan risa. Me metí en el andén después de un grupito, y aparecí en el otro lado. El expreso es muy grande y muy bonito. Majestuoso. Metí las maletas y la jaula de la lechucita, y luego busqué un vagón donde meterme. Si que había llegado pronto, si. A penas había nadie en la estación. De modo que entré en uno de los compartimentos vacíos y me senté junto a la ventana. Es donde más me gusta ir, para ver el paisaje. Este año he sido prevenida, y compré chuches antes de venir. Así no me aburro tanto en el tren. También he traído un parchís portátil, un libro y mi cuaderno, por si me apetece escribir o dibujar. Y siempre puedo dormir un poco. Pero mejor no, que pueden pintarme cosas en la cara y yo sin enterarme. Lo que más me gustaría es poder conocer a alguien interesante. Ya vendrán, he llegado muy pronto aunque el tren ya está en marcha. Faltan al menos 15 minutos. Me puse cómoda estirando los pies y abrí la bolsa de chuches.*

Off-rol: Estoy en la habitación número 1, para que no haya confusiones.


Última edición por Arianne Anderson el Dom Sep 14, 2014 9:22 pm, editado 1 vez
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Leonardo Lezzo el Sáb Sep 13, 2014 3:23 pm

Las calles eran las mismas, la misma estación, el mismo andén y el mismo viejo tren. Todo era igual menos una cosa. Estaba a punto de empezar el último curso de Hogwarts para Leo. Había llegado a séptimo con notas mejores y notas peores. Estaba a punto de ser un mago completo y adulto. Debería estar contento y emocionado. Pero Leo se sentía un poco triste. No podía evitarlo. Habían pasado muchas cosas desde que llegó a Hogwarts en su primer año. No todo bueno. Pero desde que su padre murió había mejorado bastante la vida. Su madre había vuelto al trabajo. Era enfermera en un centro médico muggle en Florencia, aunque estudió para ser sanadora de magos y brujas, pero se sentía más realizada atendiendo a todo el mundo por igual. Se despidió de Leo en el aeropuerto, prometiendo una visita al mes en Hogsmeade, el pueblo donde los alumnos de Hogwarts podían salir los fines de semana. A Leo eso no le bastaba, estaba muy unido a su madre. Pero ya solo le quedaba este año, y podría hacer lo que quisiera. Por lo pronto, estudiar, pasar los EXTASIS con buenas notas, aprobar el examen de aparición y, tanto si tenía ganas como no, buscar un futuro empleo. El chico estaba muy indeciso, le gustaba todo y nada a la vez. Se despertaba un día y quería ser auror con todas sus fuerzas, y conforme iba pasando el día se daba cuenta que para eso no iba a servir. Otras veces, quería ser sanador como su madre, y trabajar en el famoso San Mungo, pero no tenía paciencia para relacionarse con tanta gente. Como lo de ser profesor, demasiado estresante.
Llegó a la estación y se metió por el andén. La primera vez que lo hizo le resultó de lo más divertido, ahora, era solo una cosa mágica más con la que tratar. Seguía siendo emocionante, pero no tanto. El tren aun no estaba lleno y faltaban unos diez minutos para salir. Entró en el primer vagón y fue mirando por los compartimentos hasta que vio uno que estaba casi vacío. A excepción de una niña. Abrió la puerta e iba a sentarse sin más, cuando pensó que mejor ser amable. - ¿Puedo sentarme? – preguntó. Si la muchacha estaba esperando a alguien más, Leo no dudaría en continuar buscando. Pero parecía bastante sola. – Soy Leo Lezzo, Gryffindor se séptimo.– Estaba acostumbrado a presentarse de ese modo ante otros alumnos de Hogwarts. El nombre, es necesario. La casa, dentro del castillo es obvia por el uniforme, pero no en el tren. Y estaba en séptimo, eso era para presumir.
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Invitado el Sáb Sep 13, 2014 7:53 pm

El día pintaba bien y Nathaniel estaba mas que emocionado por empezar el nuevo y último curso en Hogwarts. Tal vez conocería a más gente que la de antes, vería a nuevos alumnos de primero y tendría un final año en la escuela que esperaba que no fuera más allá de emotiva, no le gustaba pensar que dejaría de ver a amigos que vivían en otros países como Italia u otros lugares, él vivía en Londres y eso era bueno ya que muchos eran de allí. De una manera u otra, ahora estaba en la estación, esperando el Expreso para ir a Hogwarts, bueno, técnicamente era el único tren que iba hasta allí. Ser el último curso se sentía triste, uno en siete años pasa muchas aventuras, aprende, se divierte y hace amistades, aunque no todo era bueno, siempre hay cosas malas como por ejemplo las discusiones de Slytherin y Gryffindor, Nathan nunca se veía implicado pero había conocido un par de personas de esa casa que le habían resultado algo desagradables.

Antes de salir hacía la estación, Nath compró dulces y otros dulces que pudiera compartir con las personas que compartieran su mismo vagón y sala que éstos poseían. Sonriente esperaba con ganas el transporte, nunca se cansaba de subir una y otra vez, le parecía divertido a pesar de haberlo hecho ya seis veces cuando regresaba a clases. Pensando en cuales serían sus días de diversión en ese iba pasando de puerta en puerta en busca de algún asiento libre en el primer vagón, no había mucha gente pero algunos ya se habían ocupado, y bueno, él seguía sus instintos de ver con quién se lo pasaría mejor en el recorrido hasta la escuela de magia. Observó que había un compartimento, no estaba vacío pero le resultó que las personas que habían dentro, bueno, solo había una chica sentada y un chico en la puerta. Nathan se acercó y se asomó por debajo como si fuera un niño. ― ¿Puedo unirme? ― Miró a ambos alrededores y se colocó bien, esperando a ver que decían ambos pero entonces quiso presentarse. ― Yo soy Nathaniel Edwards, séptimo de Gryffindor. Podéis llamarme Nath o Nathan. ― No le gustaba que le dijeran por su nombre, a excepción de sus superiores, es decir, profesores, pero estar entre alumnos no era una cosa de respeto por lo que siempre pretendía que fuera llamado por nombres acortados como los que había dicho. Luego estaba el tema del sobrenombre de "Nathy" o "Rinchos", sí, Nathy era a modo de cariño pero Rinchos era por su cabello alborotado que mantenía por sobre todas las cosas, nadie podía cambiar eso. Pero aquello no venía a cuento. Miró la hora, todavía quedaban unos cuantos minutos para partir por lo que miró a sus alrededores, sí, sin duda aquel vagón empezaba a llenarse de mas personas.
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Invitado el Sáb Sep 13, 2014 9:20 pm

1 de Setiembre... Y ya voy tarde. Limpiaba su rostro, lleno del rojo labial que su madre había dejado al despedirse efusivamente de ella. Se paró entre las columnas de los andenes 9 y 10. Soltó un suspiro lleno de nervios, no quería acabar aplastada contra el mástil y eso, eso solo diría la peor de las noticias. ¡Carajo, Charlotte! Otra vez se te fue el tren. Con fuerza y mucho alivio atravesó el muro. 9 y ¾, tan sublime como siempre. Se paró sobre el tubo de su carrito, alzando la mirada por los transeúntes, padres y alumnos que aún no subían al tres, buscaba cualquier rostro conocido. Leonnardo, su hermano se había apresurado mucho más que ella, seguro estaba ya en su caseta. 

Y como una luz. Pedaleo un poco para tomar impulso y deslizarse en el aparato que cargaba su baúl y maletas. - Permiso. - Decía mientras manejaba el inusual vehículo. ¡Gabriel, Gabriel! - Gritaba desde lejos, armando su primer escándalo del ciclo, que un no comenzaba oficialmente. Frenando con el talón, quedando frente a su amigo. ¡Gabriel! - Mientras se le abalanzaba por la espalda. Sin mucho cuidado, balanceando su cuerpo. - Puedo mirar en tu rostro que me has extrañado. ¡Por Merlín! No te mire en todas las vacaciones, seguro sufriste tanto como yo. - En un tono de víctima. Tengo mis razones de por qué no te he escrito. -Asintió, escudándose antes de que pudiera si quiera repechar. Tantas cosas que contarte y un viaje tan cortó. - Separándose de él, dejando que sus pulmones tomasen aire de vuelta. Ya se podrían al corriente en la sala común. Rápido, venga. - Volvió a empujar su carro. - Tenemos que subir antes de que nos dejen... Otra vez. - Le guiño el ojo. La castaña estaba un poco más explosiva que de costumbre, era normal, ansiaba empezar su sexto curso como los de primero su selección.
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Gabriel J. Blumer el Sáb Sep 13, 2014 9:55 pm

Había pasado aquellas últimas dos semanas alojado en El Caldero Chorreante, pero su madre había tenido la magnífica idea de acompañarlo hasta la estación, haciendo un recorrido de dos horas en coche desde Bristol. Gabriel no se negó, pues conociendo el carácter de su madre lo más probable sería acabar en Azkaban por un intento de asesinato hacia su progenitora y su mal carácter. – Que sí, que lo llevo todo. – Su madre le colocó el pelo y él movió la cabeza de un lado a otro hasta que volvió a despeinarse. – Sabes que no me apaño bien con esos bichos voladores, pero quiero una lechuza en mi ventana mínimo una vez a la semana. – Gabriel rodó los ojos. – No me ignores, no quiero estar otros dos meses mandándote lechuzas todos los días porque se te olvida que existe el correo. – Volvió a rodar los ojos y mover la boca esta vez imitando a su madre, quien se contuvo por no cruzarle la cara con su  mano libre. - ¿Quieres escucharme? Ya tienes edad para… - No la dejó terminar, le dio un corto beso en la mejilla y tomó su carro metálico en el que se encontraban sus maletas y la jaula con Wicked en su interior. Tiró de estos y echó un último vistazo a su madre. - ¡Nos vemos en Navidad! – Acto seguido su cuerpo se desvaneció al traspasar la pared de piedra en dirección al Expreso de Hogwarts.

El chico, que de por sí iba con andares acelerados, iba con más prisa de lo normal. Miró el reloj que se encontraba sobre su cabeza y volvió a sacudirla para despeinarse una vez más. Dio un toque al carrito con las deportivas grises y casi acaba estrellándolo contra un alumno de primer año. Le sacó la lengua divertido y el pequeño subió corriendo las escalinatas hasta el tren.

Se colocó frente a una de las puertas para subir al tren del mismo modo que había hecho aquel niño segundos antes pero una voz gritando su nombre le obligo a girarse sobre sus talones, pero no llegó a hacerlo, pues ahora sobre su espalda notaba el peso de una presencia. Consiguió zafarse de la chica intentando no caer hacia delante por el peso y sostuvo la cintura de la chica entre uno de sus brazos. – Podría haber sufrido un infarto, ¿Sabes? ¿Y si llego a tener problemas de espalda? ¿O si soy el hermano gemelo de ese tal Gabriel del que tanto hablas y parece ser tan guapo por tu efusividad? – Bromeó antes de darle un beso en la mejilla aún con la sonrisa en el rostro. – Relaja, relaja, que a este paso te quedarás sin saliva antes si quiera de haber subido al tren. – A veces Charlotte tenía aquellas irrefrenables ansias por abordar todo lo posible en el menor tiempo, en una carrera contra reloj consigo misma.  

Una vez separados, Gabriel no lo pensó dos veces a la hora de hacer fuerza para subir su carrito escaleras arriba y pasar por el pasillo. Al parecer, todo estaba lleno. – Ocupado. – Dijo pasando por una cristalera. – Slytherins de séptimo curso. No quiero acabar con la cabeza en el retrete sin haber llegado al castillo... – Pasó de largo poniendo una mueca de asco. – Alumnos de primero. Más de primero… ¿Aquí no hay ni un solo hueco libre? – Preguntó retóricamente, hasta que encontró un vagón donde había menos gente. Esta vez sólo había tres alumnos, y ninguno conocido. Al menos había espacio libre y parecían ser agradables. Se encogió de hombros y miró a Charlotte.

- ¿Dejamos todo aquí y ya vemos si son insoportables y tenemos que salir al pasillo a tomar el aire? – Ni si quiera esperó respuesta, sino que abrió la puerta y colocó sus cosas sobre las baldas aún disponibles. – Hola viajeros desconocidos. – Sonrió. – Charlotte y Gabriel. Obviamente yo soy Charlotte, ella es todo un hombre, ¿Verdad Gabriel? – Bromeó y una vez estuvo todo colocado (inclusive lo de Charlotte) se dejó caer sobre uno de los asientos. - ¿Qué? ¿Alguien tiene cartas? ¿Naipes explosivos? ¿Una historia apasionante del verano que contarle a un total desconocido? – Como no, no sabía lo que era la vergüenza.
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Invitado el Sáb Sep 13, 2014 10:22 pm

Rió con fuerza al escuchar tanto el quejido de su amigo como su comentario, llevándose ella misma una mano a la frente.
- Yo también os he echado de menos.- dijo con sarcasmo pero sin perder la sonrisa Ámame. -dijo, soltando otra gran carcajada, mientras volvía a acercarse al chico para rodearlo con los brazos en respuesta a su gesto.

Hogar, dulce hogar. Tener a sus amigos cerca de nuevo tras dos meses largos era reconfortante, de eso no cabe duda. Tras las correspondientes despedidas, ajetreo, subidas y bajadas de baúles, niños más nerviosos que los jugadores de Irlanda contra los de Japón en un partido de Quidditch... ¡Todos estaban en el Expreso! Al fin estaban acomodados, sentados... bueno, no todos, Charlotte y Gabriel buscaban un compartimiento vacío, pero nada. Mientras hablaban, la castaña no quitaba ojo a algunas cabinas en las que muchos niños se iban juntando. Después siguió empujando su baúl como bien pudo, sin pararse a mirar si en el camino golpeaba a alguien o no, hasta llegar a un compartimento casi vacío.

Resopló con la intención de apartarse un mechón de pelo de la cara, pero no lo consiguió. Rodó los ojos, visiblemente hastiada de aquella carga tan horrenda. Se dio prisa en colocarlo todo sobre los asientos y después, sin hacer mucho caso a lo que ocurría a su alrededor, demasiado sofocada como para hacerlo, se dejó caer sobre una de las mullidas superficies. Luego se volteó a ver a todos los que se hallaban en aquel compartimiento. - Les veo morenos, menudo morro. Siempre he querido tostarme pero sigo siendo una leche. - lamentó, resignada, mientras cruzaba los brazos.
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Arianne Anderson el Dom Sep 14, 2014 10:12 am

*Estaba concentrada en mis chuches, contando las que me quedaban y las que me había comido. Tenía suficientes para todo el camino si dejaba de comer ya. Me había comido tres plátanos, dos colas, una nube y uno de esos rojos gelatinosos. Aun me quedan muchas, pero si sigo a este ritmo me las acabo antes de que salga el tren. Decidí coger un chicle, que dura más rato. Un chico alto entró cuando más absorta estaba. Parece mayor. Después de entrar preguntó si podía sentarse. * Si vas a Hogwarts si. *solté una carcajada corta pero sonora, como jiji, dando a entender que era una broma.* No estoy esperando a nadie, puedes sentarme. *Está bien tener compañía, solo espero que le guste hablar. Lo que hizo a continuación fue presentarse, que amable por su parte. Otro chico entró y se presentó también. Que divertido. * Hola, entra. Yo soy Arianne Anderson, voy a empezar cuarto y soy Hufflepuff. Y este es Leo, de Gryffindor. Encantada de conoeros. *Le presenté como si le conociera de toda la vida, y ni siquiera me sonaba de vista. Ambos eran de Gryffindor.* Esto parece una reunión de leoncetes. *Oh, mierda. *¿Me he equivocado de compartimento? * El primer año que subí al tren me equivoqué. Había unos cuantos compartimentos llenos de gente de Slytherin, claro, yo no sabía que el resto de casas tenían que ir en otros compartimentos. Que no podían estar con ellos. Pero fueron muy amables y me indicaron donde podía ir a sentarme. Estaba tan lleno ese año el tres que tuve que permanecer en el pasillo. Había muchos Huffles allí. Más gente entró en el compartimento.* ¡Hola! * Espero que sean simpáticos. El chico preguntó si teníamos naipes o algo. * Yo he traído un parchís. *Se estaba llenando.  Este si será un viaje divertido. Podemos jugar, contar canciones. Pero lo primero… * ¿Queréis? *Les acerqué mi bolsa de chuches, por si querían alguna. Aun quedaba una gran variedad.

Off-rol: Estoy en el compartimento 1, para que quede claro.


Última edición por Arianne Anderson el Dom Sep 14, 2014 9:23 pm, editado 2 veces
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Leonardo Lezzo el Dom Sep 14, 2014 8:09 pm

Le gustaba ver el nerviosismo, y a la vez entusiasmo, que presentaban algunos de los alumnos más jóvenes. Le hacía recordar un Leo más joven, más iluso, menos preparado. En primero era tan tímido que entró en un vagón vacío, y cuando entró gente se hizo el dormido por no saludarles, porque le daba vergüenza. Eso cambió con el tiempo en Hogwarts. Sus compañeros de casa y él eran como una piña. Unos amigos con los que siempre soñó y nunca contó. Le gustó eso de la escuela de magia y hechicería. Había gente muy maja, con ganas de entablar conversaciones y sin estar pendiente de la vida de los demás. En la escuela de Florencia, los niños se daban cuenta de que Leo no era normal, de que algo le pasaba. Siempre triste, enfadado… Y cambió con el tiempo, pero la gente ya le conocía de antes y no querían saber nada de él. Tenía un par de vecinos con los que se llevaba bien. Ya que sus madres siempre ofrecieron ayuda a la madre de Leo, aunque esta nunca la aceptó. Decía que sola se bastaba, y así fue.
Nada más entrar en el vagón olvidó sus malos modales, y preguntó si podía sentarse. La muchachita muy alegre respondió con una broma. Leo entendió que podía sentarse cuando explicó que no esperaba a nadie. La gente quiere estar con sus amigos, si la muchacha hubiese dicho que estaba esperando a alguien, Leo hubiera seguido buscando un lugar donde sentarse. Se presentó, y la chica también lo hizo. Entonces entró otro chico queriendo sentarse. La chica llamaba Arianne e iba a la casa Hufflepuff. El otro chico, Nathan, y era un Gryffindor. De su mismo curso y de su misma casa, le conocía aunque no tenía confianzas con él. Leo le tendió la mano amistoso, sin decir su nombre, ya que Arianne lo había hecho por él. Que simpática. Rieron cuando la chica tuvo la ocurrencia de decir que el compartimento parecía una reunión de leoncetes, y luego preguntó un poco más seria si se había equivocado. – No mujer, es casualidad. En cada compartimento puede entrar quien quiera. – Leo habló con tono neutral, amistoso incluso. Entró más gente, un chico y una chica. Se presentaron de forma extraña pero Leo sonrió. - Encantado, yo soy Leo. Sentaos. - Leo se sentó enfrente de Arianne, junto a la ventana, para dejar sitio a todos. - ¿Qué tal vuestras vacaciones? – Ni siquiera sabía si los otros chicos eran de Londres, o de fuera, pero hizo una pregunta sencilla para hablar de algo. El silencio es incómodo. Sienta bien hablar con la gente. Arianne les ofreció golosinas y Leo cogió una amarilla. - Si, gracias. - No le gustaban demasiado aquellas cosas dulces, pero no es cortés despreciar un ofrecimiento tan espontáneo.
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Invitado el Dom Sep 14, 2014 10:02 pm

La castaña levantó la cabeza, recorriendo con la mirada a todos los presentes, hasta que su vista se encontró con la de su amigo, Nathaniel.
- ¡Nathan! -exclamó con un chillido de emoción. ¡Él también allí! Desde luego el año empezaba con muy buen pie. Se abalanzó hacia él para estrecharlo en un fuerte abrazo -. ¿Qué tal el verano? ¿Dónde has estado? -preguntó apresuradamente, mientras se daba la vuelta para mirar a las dos personas que aún seguían en el vagón.- Pues eso, soy Charlotte .-Dijo separándose de su amigo, aunque sintiéndose un poco tonta por repetir lo que Gabriel ya había dicho.

¿Y bien, qué tal has estado? -volvió a instar a Nathan, interesándose nuevamente por su verano, dedicándole una amplia sonrisa -. ¿Te has ido de vacaciones? -. No quiso atosigarlo más, así que le dio un momento para respirar mientras se sentaba de nuevo. Después, su atención se volvió a su hermano, Sean, el cual acababa de pasar por allí-. ¿Dónde está esa señora? -Preguntó casi con suplicio, refiriéndose a la señora del carrito de dulces. Esperando que la buena mujer se pusiese en marcha tan pronto como lo hiciese el tren. Luego, escuchó como esa chica, Arianne de Hufflepuff le ofrecía, dudó unos instantes, pero terminó agarrando una rana de chocolate que le ofrecía Arianne.
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Gabriel J. Blumer el Mar Sep 16, 2014 3:07 pm

Junto con Charlotte, ambos habían ido a parar al primero de los compartimentos. En aquel lugar había una chica que parecía notablmente más joven que el resto con una sonrisa aparentemente imborrable del rostro. También había otros dos chicos que aparentaban su edad, quizá un año más incluso uno menos. Gabriel no sabía estimar las edades de las personas, y mucho menos tenía intención de preguntárselo, pues tenía mejores cosas que hacer, como buscar a la señora del carrito de las chuches.

Antes si quiera de coger del brazo a Charlotte para llevarla al exterior de nuevo para ir en busca de aquella anciana que acostumbraba a hacer descuentos en los dulces a los alumnos, la  chica ofreció una bolsa de dulces y, como cabía de esperar, no lo pensó dos veces a la hora de coger una nube. La metió de golpe en la boca y siguió hablando. – Golosinas muggles, son mil veces mejores que las grageas. – Pero eso es lo que quiso decir, realmente acabó haciendo una especie de ruido gutural e inentendible y dando las gracias al acabar de tragar aquel dulce. – Gracias. – Sonrió de medio lado y miró a los otros dos chicos. Uno de ellos acababa de pronunciarse como Leo, mientras que el otro parecía ser un conocido de Charlotte, ya que esta se lanzó gritando su nombre: Nathan. – Chica de las chuches, ¿Tú cómo te llamas? – Gabriel había llegado lo suficientemente tarde como para no haber escuchado las correspondientes presentaciones, pero no se cortaba a la hora de saltar de nuevo para que repitieran lo que, seguramente, habrían dicho pocos minutos antes.

Subió ambas piernas sobre su propio asiento, pero no tardó en bajarlas al darse cuenta que no estaba cómodo. Estiró las piernas dándole una patada supuestamente no intencionada a Charlotte y le sacó la lengua a modo de burla. – Apasionantes. – Contestó a Leo. – Creo que si el verano que viene hago algo diferente a ir de Bristol a Londres me suicidaré. No hay nada más maravilloso que pasar el verano sin hacer absolutamente nada. – Ironizó. – Es que soy de Bristol, pero ahí no hay nada. Bueno, hay mar, pero siempre llueve. – Aclaró. Claro, él había comenzado a contar su vida como si todos supieran dónde vivía, y tardó en darse cuenta de aquello.

Una sonrisa se formó en sus labios al escuchar el parchís, pero según recordaba, ese juego era para menos personas, ¿No? Realmente no tenía ni la más remota idea. – Yo si Charlotte juega no juego, que seguro que hace trampas y me tira las fichas a la cara. – Bromeó mirando a la chica. La relación entre ambos era bastante amistosa por lo que Gabriel no se cortaba a la hora de hacer bromas contra ella. Aunque, pensándolo bien, en caso de no ser grandes amigos, también se hubiera metido con ella sin pensarlo demasiado. Así era su forma de ser.
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Invitado el Mar Sep 16, 2014 4:23 pm

En cuanto vio que la chica le dejaba sentarse se sentó justo al lado de la chica quién se llamaba Arianne, Nathan seguramente le llamaría Aria o igual pero añadiendo la N, le parecía bastante largo, aunque él tampoco era quién para decirlo pues su nombre también en cierto modo largo. Poco después llegaron dos personas más, Nathan no prestó mucho atención pero en cuanto se presentaron, nada más escuchar el nombre de Charlotte, aunque evidentemente río un poco ante la broma del chico que se presentó como Gabriel. Le pareció algo mas pequeño que él, aunque sinceramente, Nathan le importaba un pimiento de que cursos eran, no juzgaba a nadie por ser más grandes o pequeños, siempre quería llevarse bien con todos.

Nathan no vio venir el abrazo de cierta muchacha de Ravenclaw, le correspondió con mucho cariño y luego le picó la frente, le parecía divertido, aunque la única persona a quién posiblemente le hacía aquello era a ella, las confianzas eran algo que tenía con todos pero había algo que sobrepasaba la confianza y era un lazo fuerte. De todas formas se sintió feliz de verla tras un largo verano. ― Oh, golosinas, yo también he traído un montón. ― Sacó toda la bolsa que tenía y las dejó sobre la mesa para compartirlas, miró por unos instantes a Gabriel, si Charlotte iba con él seguramente era porque iban a la misma casa, pero no debía ir tan rápido, aunque tampoco era el caso de ir preguntando a cada uno a que casa pertenecían. ― Pues lo mismo de siempre, Lottie, he ido de viaje con mi madre fuera de Europa, aunque esta vez hemos ido a Asia... Allí comen cada cosa que tenía que pedir arroz casi todos los días. ― Cogió uno de los dulces de Annie y se lo lanzó a la boca como si nada, se sentía en confianza aunque no les conociera. Masticó la comida y tragó mirando a los demás. ― ¿Seríais capaces de comeros cucarachas? ― Esta vez volvió a estirar su mano para coger una de sus regalices de fresa que había en su bolsa de golosinas. Si mirabas bien había una gran variedad, había de ambos mundos, de magos y muggles, aunque Nathan siempre prefería las golosinas Muggles.

Subió su pie derecho en el asiento y rodeo su rodilla con sus brazos apoyando su barbilla sobre ésta. Vaya una posición mas rara el tío. El rulos soltó un suspiro mirando por la ventana, no tenía de que hablar y sus vacaciones no habían sido muy interesantes como siempre por lo que se dedicaba a escuchar a los otros y tras unos minutos decidió bajar su pie al suelo y las manos en la cabeza. ― Creo que eso se entiende, Gabo. ¿Verdad que da miedo cuando pierde? ― Bromeó un poco sobre el comentario que el chico había hecho sobre jugar al parchís. Esperaba no recibir alguna mirada asesina o inclusive una colleja por parte de la Ravenclaw, se llevaba bien con ella pero a veces las bromas le eran divertidas de hacer. Entonces miró hacía Arianne y Leo. ― ¿Y vosotros? ¿Que "aventuras" habéis vivido en éstas vacaciones? ― Señaló la palabra aventura entre comillas ya que todo lo que uno hacía en el mundo muggle era actuar como uno, si te veían haciendo magia ya podías decirles que dejase de fumar o lo que sea, era algo de lo que uno debía vigilar. Aunque Nathan pasaba de eso, siempre hacía alguna jugarreta a escondidas para dejar a los muggles sin palabras, como por ejemplo hacer resbalar a alguien mientras hace Surf y dejarlo en ridículo frente a las chicas que le observaban chulear. Nada mejor que ver aquella escena.


Última edición por Nathaniel Edwards el Mar Sep 16, 2014 9:55 pm, editado 1 vez
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