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Vagón 2º

Lord Voldemort el Miér Sep 04, 2013 10:00 am



En tren está dividido en varios vagones,  y en cada vagón hay cinco habitaciones estrechas en donde poder descansar o hablar con tus compañeros. Búscate un sitio en una habitación y empieza a rolear, ¿quién sabe? A lo mejor te toca compartir habitación con tu mejor amigo... o con tu némesis.

OFF: Se roleará por vagones, dando por hecho de que algunas personas pueden estar en el pasillo y otros en habitaciones, así que leed los post de los anteriores para no crear bucles espacio-temporales extraños. Así pues, este es el tema para el vagón II, y para no perdernos con las habitaciones, llamémosla habitación I, habitación II, III, IV y V.
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Lord VoldemortSeñor Tenebroso

Circe A. Masbecth el Vie Sep 12, 2014 7:43 am

Selina ya había salido corriendo para reunirse con sus compañeras de curso sin si quiera avisar a su hermana menor. Y como no, otro año tocaba ir sola a la estación. Por suerte, era la niña mimada de la casa, y sus padres no lo pensaron dos veces a la hora de faltar al trabajo e ir hasta la estación con la rubia, a quien no le importaba demasiado con quien ir. Ambos habían vuelto ya a casa y Circe acababa de colocar una de sus maletas sobre la balda situada sobre uno de los asientos del vagón, sin preocuparse demasiado por buscar entre los vagones a algún conocido. No le importaba lo más mínimo ir sola todo el trayecto, es más, lo prefería. Tan sólo esperaba que por aquella puerta no entrara ningún estúpido sangre sucia con complejo de superioridad, creyendo que podía compartir vagón con gente de mayor categoría como era ella.

Se dejó caer sobre el sillón, apoyando su espalda contra la pared en la que se encontraba la cristalera y subiendo ambas piernas sobre el asiento. Colocó toda su melena hacia el lado derecho y buscó en su pecho bolso algo con lo que entretenerse. Draken había sido tan amable de realizar un encantamiento en aquel bolso para que pudieran entrar más cosas de las que realmente entrarían si se tratase de un bolso convencional, y Circe no había dudado a la hora de aceptar aquel regalo. Por fin dio con lo que buscaba, un pequeño tomo de poco más de doscientas páginas relacionado con la historia de la magia. Era un libro antiguo que había sacado de la biblioteca familiar, por lo que había perdido prácticamente la tonalidad natural y sus páginas habían adquirido cierto tono amarillento. En letras doradas rezaba “La historia completa de las Brujas de Salem” y, por lo poco que había leído, relataba los juicios en Salem hacia un grupo de mujeres entre 1962 y 1963, todo mostrado desde el punto de vista del autor, un antiguo trabajador del Ministerio de Relaciones Mágicas con Muggles que había acabado perdiendo la cabeza al ver cómo algunos muggles creían en la existencia de magos y su único fin en la vida era lograr acabar con ellos.

Pasó un par de páginas hasta dar con los antecedentes y comenzó a leer, mientras que uno de sus pies se movía levemente al ritmo de una música que no existía en ningún lado salvo en su cabeza, pues la rubia se caracterizaba por ser incapaz de estar demasiado tiempo quieta. Ahora sólo quedaba esperar a que el tren saliera de la estación y llegar lo antes posible a Hogwarts. Existiendo trasladores o la propia red flu, no entendía cómo narices tenían que usar aquel tipo de trasporte tan arcaico como lo era el tren, aunque lo más probable es que fuera para que los nacidos de muggles no quedaran traumatizados por tanta magia de golpe. Los pobres eran inútiles hasta para ir a Hogwarts. Siempre tenían que molestar.

Spoiler:
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Danielle J. Maxwell el Dom Sep 14, 2014 9:25 am

¡La vuelta al cole nunca había sido tan emocionante! El cole muggle era una cosa, sí, esa cárcel con la que sufres al volver, esa en dónde el palo de la cama es tu firme retención para no volver. Hogwarts era distinto, pues me ponía incluso el despertador y me despertaba en la primera llamada. ¿Posponer? ¡Si de Hogwarts se trataba, de posponer nada!

Había ido con mi abuela, mi baúl y mi gato a la estación de King Cross, buscando en andén nueve y tres cuartos para poder traspasarlo. Era tan GUAY. Recuerdo la primera vez que lo hice, mi escepticismo rozaba la incredulidad, pero yo era alguien que creía con facilidad, por lo que no tardé en abalanzarme contra la pared para traspasarla. ¿Lo gracioso? Creo con facilidad, me llegan a mentir y seguro que me estampo con un muro por placer. Cogí una mochila con mi túnica y uniforme para ponérmelo a medio camino y también a mi gato, lo demás lo guardé junto al equipaje, ya que debido a mi complexión y altura no era capaz de poner ese baúl en los huecos superiores de las habitaciones.

Entré al segundo vagón, pues había llegado temprano, pero no tanto como los frikis del primer vagón, el cual estaba repleto. Pasé por el pasillo intentando buscar un sitio decente en dónde sentarme. Miré en la primera habitación y vi al gordo de Gryffindor, el cual parece haberse comido a toda su sala común. Nope. Miré en la segunda habitación y veo a Circe, la rubia pedante de Slytherin a la que le metería una papa en la boca. O dos. Tampoco era una buena opción. Seguí caminando y en el habitáculo contiguo vi a unas amigas de Hufflepuff. No eran grandes íntimas pues no tengo muchas así, sólo una, pero aun así me metí ahí, pues era mejor que estar sola. Abrí la puerta de la habitación tres y las saludé, metiéndome en el interior.

No tardó en llegar la marabunta de gente y llenar casi todos los vagones y, sobre todo, no tardó en ponerse en marcha el tren, tan puntual como siempre. En cierta ocasión, una chica, morena de ojos azules, procedente de la casa de Gryffindor, entró corriendo a nuestra habitación pues al parecer era la hermana de una de las allí presentes. Entró como si de un avalancha se tratara, gritando por todo lo alto que el más sexy del mundo mágico era Derek L’oree según Corazón de Bruja y que este año tenía con él tres clases a la semana. Pero si es un antipático con cara de antipático, ¿qué le ven a ese hombre? La antipatía no es sexy para nada. Aunque bueno, Anakin también era un poco antipático a veces…

De repente, todas guardaron silencio y me miraron. Yo estaba ausente mirando por el ventanal, ya que nunca había sido seguidora de esa revista. No me interesaba lo que saliera, al fin y al cabo, la vida de los demás magos no me importa lo más mínimo. No obstante, me estaban acribillando con la mirada, por eso lo supe, porque lo noté en la nuca. La miré y con la que mejor me llevo fue la encargada de explicármelo. O más bien, la de reírse de mí.

Espero que no tengas ese altar de Anakin Skywalker en Hogwarts. Qué asco —dijo con la que “mejor” me llevaba. Después de esto iba a reventarle el ano en Hogwarts. Fruncí el ceño a no saber de qué hablaba.
¿Te imaginas? —dijo otra— Eres asquerosa, Danny, ¿juguetes sexuales? ¿Qué clase de obsesión compulsiva tienes? —me preguntó.  ¿Esperaba respuesta? Porque iba a coger mi jodido y supuesto juguete sexual y metérselo por el ano como no me explicaran por qué se estaban metiendo gratuitamente conmigo.
Pero… —intenté buscar una explicación más clara.
¡JAJAJAJA! —se rio la imbécil que leía más lento, ya que al parecer acababa de terminar de leer el final— Una orden de alejamiento, pone. Qué grima. Pareces una friki pero por lo menos parecías normal, después de esto serás el hazmerreír de este curso —se metió la última conmigo. La verdad es que eso de ser el hazmerreír era bastante normal en mi vida.
¿Alguien me explica por qué os metéis conmigo? —la que tenía en la mano el Corazón de Bruja me lo tiró y tras mirarlas con cara de pocos amigos, leí el artículo.

Menos mal que no tengo ninguna vena que se me hinche con el cabreo —como por ejemplo en la frente o en el cuello—, porque si no en aquel momento sería del tamaño del Everest. Y, hubiera explotado, de haber tenido, al leer el nombre del que envió aquella estúpida noticia sobre mí.

Esto es mentira —contesté a las del vagón, las cuales rieron. Eran tan ESTÚPIDAS y les faltaban TANTOS HERVORES que se creen que lo que pone ahí es de verdad. Definitivamente, les voy a reventar el ano a las tres. Pero primero tenía que reventárselo a otra persona. Me levanté de allí y salí del compartimento, llevándome el Corazón de Bruja conmigo aunque una de ellas me hubiera dicho que se lo devolviera.

Caminé observando el interior de todas las habitaciones, hasta que di con una en dónde estaba Alice tranquilamente con otra persona que ni me fijé en quién era. Me daba igual. Mira que tenía enemigos en Hogwarts de los que me esperaba cualquier cosa, pero con amigos como ella, ¿para qué necesitaba enemigos? Abrí la puerta de la habitación cinco rápidamente, con cara de pocos amigos y el ceño fruncido.

Tía, ¿de qué vas? No sé si tenía gracia cuando se te ocurrió la idea, pero déjame decirte que no tiene una puta mierda de gracia —Mira que no era de decir muchas palabrotas, pero se me escapó.
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Invitado el Dom Sep 14, 2014 2:05 pm

La vuelta a Hogwarts era una de las mejores cosas del año. La verdad era que el colegio era uno de los pocos sitios a los que realmente me apetecía volver después de todas las vacaciones. Sobretodo porque sabía que allí estaba Danny, y no había persona a quien pudiese echar de menos que a ella, mi pequeña rubia loca. En vacaciones no nos podíamos ver porque estábamos muy lejos la una de la otra, pero algo me decía que este iba a ser nuestro año. Teníamos un par de travesuras sin finalizar que había que llevar a acabo a lo grande.

Después de la rutina (divertida rutina) para llegar hasta el tren, me subí en el segundo vagón. Fuera estaban todas las familias, llorando y despidiéndose de sus hijos durante un curso escolar más. en esos momentos me entraba la tristeza. Me habría encantado tener una madre a la que parecerme y a la que abrazar cada septiembre, y un padre que me regañase y me dijese que tuviese cuidado con los chicos o tendría que matarlos. Era algo que cualquier persona necesitaba. Pero al menos yo tenía a Esther, que estaba dispuesta a cuidar de mi y ofrecerme un hombro amigo. Eso significaba mucho para mi.

Me senté en la habitación que vi con menos gente y con algún rostro conocido. Bueno, "conocido", aunque no me supiese su nombre. Sonreí a la chica que había sentada leyendo Corazón de Bruja y tomé asiento a su lado, justo al lado de la ventana. Era el mejor sitio posible. Luego abrí un libro y empecé a leer para pasar el tiempo. Un libro era mil veces mejor que esas revistas que solo sirven para hablar sobre vidas ajenas. ¿Donde estaría Danny? No me atrevía a levantarme por si alguien me quitaba el sitio, pero la verdad era que tenía muchas ganas de verla. Esperaría a que el arrancase para que todos se hubiesen sentado.

El tren arrancó, y yo estaba a apunto de levantarme para ir en busca de mi amiga cuando esta me sorprendió entrando por la puerta de mi habitación. -¡Danny! Te estaba... -empecé, pero no me dejó continuar. Parecía realmente enfadada, mucho más de lo que nunca la había visto. Su cabellera rubia habría ardido en fuego por la ira si aquello fuese posible. sus palabras me sorprendieron, ¿de que se supone que estaba hablando? ¿Me estaría gastando una de sus bromas? No lo parecía. Parecía autentico. -¿De que me estas hablando? -pregunté, incrédula, mirándola de arriba a abajo. -Por Dumbledore, Danny, tranquilízate y cuéntamelo. ¡No he hecho nada malo! -traté de excusarme sin ni siquiera saber por qué.
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Invitado el Lun Sep 15, 2014 5:18 pm

Ya había llegado el día, el día en que todo comenzaría de nuevo pero esta vez sería la ultima, el ultimo comienzo de las clases en Hogwarts, no sabía si estaba contento, triste, ansioso o simplemente con un sentimiento de "Tsk, paso de todo" pero lo que si sabía era que este año iba a ser de "lo bueno a lo mejor para ser lo superior".

Con paso acelerado y el carro de la estación semi-cargado con un simple baúl no muy grande con la jaula encima en la que Chewaca dormía profundamente sin importarle los gritos y pitidos ensordecedores de los trenes muggles, llegué hasta el andén nueve y tres cuartos con la impresión de que era el último pato fuera del charco, -Estupido despertador- dije entre dientes mientras emprendí  una leve carrerita hacía el el vagón de carga metiendo allí el baúl cogiendo la jaula y entrando a toda prisa dentro de tren.

Busqué un vagón donde no hubiese mucha gente sin prestar atención a los que estaban dentro ya que entre las prisas por sentarme y respirar y el echo de que encontrarme con alguien conocido solo traerá como fin estar en un vagón a rebosar sudando a mares, pasando los vagones cinco y cuatro los cuales estaban llenos de alumnos bastante jóvenes de primero o segundo a juzgar no solo por la estatura si no por las conversaciones que estaban teniendo "Dicen que hay un calamar gigante en el lago", "Pues yo he odio que hay un fantasma", aquellas conversaciones me hicieron recordar a mi primer año en el colegio, era tan curioso, me sentía tan afortunado, hasta que me metieron en Hufflepuff y me llevaba collejas a diestro y siniestro por parte de alumnos de otras casa aunque juraría que incluso chicos mayores de mi casa tampoco se cortaban a la hora de darme, "Tal vez este año de alguna colleja yo también" pensé mientras seguía cargando la jaula y buscaba afanosamente un compartimento libre en el que tener un trayecto agradable.

Llegué al fin a un vagón vació, o al menos relativamente vació salvando los primeros compartimentos de este en los cuales se oían grititos y risitas de chicas seguramente hablando sobre algún chico que les gustaba, entré en el penúltimo de los compartimentos encontrando con una chica rubia con gesto relajado pero serio leyendo un libro de historia de la magia, "Vaya estos Ravenclaws empiezan fuerte el año" pensé sin quitarle el ojo de encima a la rubia, sin pedir permiso entré y elevé la jaula al porta bultos encima de los sillones amarrándola con una cadena mágica para que no se precipitara al piso si se diese el caso, ya me había llevado demasiado golpes por no atar el equipaje en aquel tren.

Me senté justo enfrente de la chica sin intenciones de comenzar una conversación, pero sin quitarle los ojos de encima, me resultaba bastante familiar aquella chica, pero no me sonaba de que fuese una Ravenclaw, aunque es cierto que no conozco a todos los de esa casa, se podía decir que me llevaba bastante bien con los que vestían el azul, aunque no eran muy divertidos cuando se trataba de estudiar eran las personas indicadas a quien arrimarse, bueno por algo pertenecen a la casa de los sabiondos, y con gesto receloso intentando averiguar no pude evitar mirar descaradamente a la joven por encima de su libro.
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Circe A. Masbecth el Lun Sep 15, 2014 5:59 pm

El pelo caía en cascada sobre el lado derecho de su cuello, haciendo que en diversas ocasiones las letras quedaran bajo su melena. Moviendo levemente la cabeza, hacia que su pelo le permitiese seguir leyendo hasta el final de la página y una vez más el proceso. Aún no había salido el tren. Miró el reloj de pulsera situado en su mano derecha y sonrió. Quedaban apenas cinco minutos y al parecer tendría el vagón para ella sola. Nada de conversaciones triviales sobre temas sin importancia. No tendría que preguntar acerca del verano de nadie ni escuchar largas historias sobre playas de arena blanca y bosques con criaturas escondidas en la maleza.

Echó un último vistazo por la ventana, viendo un par de caras conocidas correr en busca de una puerta por la que acceder al tren. La gente corría de un lado a otro con miedo de perder aquel vehículo que los llevaba un año más a Hogwarts. Muchos lo consideraban un hogar. Circe tan solo lo consideraba un proceso para un propósito. No tenía ni la más remota idea de qué sería de su vida una vez finalizara sus estudios, pero sabía que eran necesarios al mismo tiempo que monótonos en muchos sentidos.

Centró la vista una última vez en el libro y se enfrascó de nuevo en la lectura, intentando mantener toda la atención en aquellas páginas. Pero pronto su esfuerzo se vio sumido en la oscuridad, y no precisamente porque se apagaran las luces del Expreso. Como cabía de esperar y por un momento creyó que no sucedería, alguien abrió la puerta del vagón y colocó sus cosas. Del mismo modo que el nuevo visitante, la rubia se limitó a seguir con lo que hacía sin decir nada, ni un saludo, ni una sonrisa cordial. Sus ojos siguieron deslizándose por la curvatura de las líneas hasta que unos ojos clavados en su rostro hicieron que su atención acabara por desaparecer.

Se sentía observada, tremendamente observada. Como si alguien estuviera intentando atravesar su piel y sus huesos con la única ayuda de los ojos. En aquel preciso instante el tren comenzó a moverse y los pasillos parecieron silenciarse, como si todos los alumnos estuvieran tan pendientes de ver la salida de la  estación que no podían hablar al mismo tiempo. Era lógico, aún siendo magos, más de uno no podía respirar y andar al mismo tiempo. Lo cual resultaba peligroso para sí mismo y para a restante humanidad. -  Y yo que pensaba que mirar descaradamente a un desconocido era de mala educación. – Dijo la rubia mientras cerraba el libro y lo hacía desaparecer en el pequeño bolso de mano.

Bajó las piernas del asiento hasta quedar frente al chico, apoyando esta vez la espalda en el respaldo y no en la ventana. Se cruzó de piernas y ladeó la cabeza. - ¿No había sitios disponibles en la zona de mirones? - Apoyó uno de sus brazos en el pequeño alfeizar de la ventana y desvió la vista por el trayecto. Habían salido de la estación y todo había comenzado a adquirir cierta tonalidad verdosa.
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Invitado el Lun Sep 15, 2014 8:12 pm

Sentía una tremenda curiosidad por saber de que me sonaba la cara de aquella chica, sabía perfectamente que la había visto antes aunque no recordaba ni donde, ni cuando ni con quien y eso me parecía de lo más extraño ya que tenía que admitir que la chica era bastante atractiva, negarlo solo sería algo condenadamente estúpido teniendo en cuenta la evidencia, tez clara, pelo rubio ojos claros y unos rasgos que hacían de la chica una autentica belleza, pero aún así seguía sin ponerle nombre, curso, y casa a su cara.

Mirando a la chica casi sin pestañear, asumiendo el echo de que ella a mi no me veía  o por lo menos no quería verme, aunque también cabía la posibilidad de que su libro fuese interesante abstrayendola del lugar en el que estaba, aunque leyendo el titulo de aquel supe que aquello era tan interesante como ver el desarrollo de una piedra y lo peor aún si ella lo encontraba interesante me temía que entonces estuviese loco ya que por mucho que me pegara a los de Ravenclaw para estudiar ninguno era tan aburrido como para leer aquello.

Como era lógico la joven se percató de mi persistente mirar, dando por finalizada su lectura guardando su libro en el bolso diciendo que era de mala educación mirar fijamente a un desconocido, cosa que hizo cambiar mi actitud, dirigiendo rápidamente la vista al techo mirándola de reojo, tentado a decirle algo como "Disculpa no quería molestarte pero es que me resultas extremadamente familiar ¿nos conocemos?" esa sería una buena forma de excusar mi descortés comportamiento sobre todo el de haber entrado sin decir un simple "Hola" o esculpir una sonrisa en mi gesto de forma agradable para no quedar como un capullo, pero debido al sofoco y las ganas que tenía de sentarme no le di importancia  las formalidades y la cortesía ya que en un principio mis planes eran estar solo en un compartimento, pero a falta de estos libres estar en uno con una sola persona más en él es la mejor de las opciones, y justo cuando iba a disculparme la chica se acomodó reposando un brazo sobre el pequeño descansillo de la ventana mirando hacía el exterior pero no antes de soltar un comentario en el que yo quedaba como un mirón y ella como la victima observada cosa la cual no podía discutir.

-Yo también me preguntaba si no había sitio en la zona de las ratas de biblioteca- dije de forma seca y cortante cruzándome de brazos aún con la mirada puesta en aquella rubia de ojos claros, realmente había sido borde y descortés pero además mi comportamiento fue de lo más infantil, enfadarme por un comentario el cual era normal que hiciese ya que yo no paraba de mirarla, -Te miraba porque me suena tu cara, no porque sea un mirón- me excuse aún con tono serio intentando excusar mi actitud, -Discúlpame si te ha molestado, no era mi intención- le dije ahora con algo de respeto en el tono y cordialidad, desviando la mirada hacía la ventana, viendo como el paisaje pasaba cada vez más lento con ti más lejos del tren estaba, cosas de la profundidad de campo.
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Circe A. Masbecth el Lun Sep 15, 2014 8:51 pm

En todos los viajes anteriores, incluido el primero, había contado con alguna clase de compañía. En primero, su madre obligó a su hermana mayor a acompañar a la pequeña de la familia en su primer trayecto a Hogwarts. Selina, quien por aquel entonces ya tenía su propio grupo de amigos, había mirado con desgana a su hermana pero finalmente había aceptado. Pasó todo el viaje mirando por la ventana mientras escuchaba los cuchicheos de su hermana y sus amigos al fondo de la habitación. No fue precisamente el viaje de su vida. Pero las cosas cambiaron los años siguientes. Circe no había tardado en crear su propio grupo de amigos. Un grupo lleno de Slytherins. Pero normalmente aquellos largos trayectos en tren los pasaba sólo con dos de aquellos amigos, con los cuales tenía mayor afinidad y con los que pasaba la mayor parte del tiempo. Eran tres y juntos resultaban de lo más insoportable, por lo que su vagón siempre estaba vacío. Pero aquel curso era diferente. Apenas había hablado con ninguno de ellos durante el verano, pues lo había pasado en casa de Odiseo ayudándole con su jardín y no había tenido si quiera tiempo para mandar una lechuza. Y más teniendo en cuenta que ni Odiseo ni Circe tenían lechuza propia.

Aquella vez las cosas no habían sido como esperaba. No había encontrado a ninguno de sus amigos en la estación y había acabado por dejarse caer en uno de los vagones con la esperanza de encontrar un hueco al que nadie entrara. Ilusa. No había comenzado si quiera a moverse el tren cuando un nuevo individuo había decidido que sería apasionante pasar el trayecto a Hogwarts al lado de una total desconocida. Y por si fuera poco, la ilusión de su vida era la de mirar a las personas que no conocía mientras intentaban leer.

La rubia perdió la mirada por aquel ventanal, admirando su propio reflejo sin prestar demasiada atención al paisaje. Era una persona que tenía tanto amor propio que dejaría morir a su propia madre por no romperse una uña. Era del tipo de personas cuyo aprecio es más que selectivo y encontrarse en su círculo de real afecto era prácticamente imposible, pues pocos habían logrado a ganarse un hueco en su corazón. Ni si quiera su familia tenía ese lugar. Por mucho que los quisiera, se quería más a ella misma, y jamás se permitiría sufrir daño alguno a causa de la inutilidad de su familia.

La joven colocó su cabello mirándose en su propio reflejo y pasó la lengua por sus labios para que estos adquirieran mayor brillo antes de hablar. Abandonó su mirada egocéntrica en sí misma y volvió la vista al rubio que ahora estaba en la misma estancia, pues hasta aquel preciso instante ni si quiera se había percatado del aspecto físico del chico, quien, para que engañarse, no parecía precisamente sacado del Circo de los Horrores. – Vamos al mismo colegio, es normal que te suene. – Afirmó la rubia. Yendo al mismo colegio y pasando tantos meses encerrados en un mismo lugar, lo natural era que las caras de los alumnos te resultaran familiares, y más cuando ya llevabas cinco años cursados en su caso. – Da igual, pero la próxima vez córtate un poco, es molesto que te atraviesen con la mirada. - Volvió a mirar su reflejo y colocó toda su melena a un solo lado de la cabeza. – Masbecth, Circe. – Se presentó. Siempre usaba su apellido. Siempre daba a conocer al pureza de su sangre y la importancia de su familia, ahora dueña de el diario El Profeta y caracterizada por los mortífagos que habían llevado aquel apellido.

Sexto de Slytherin. – Añadió tras la pausa. Tan sólo esperaba no acabar huyendo de aquel lugar por el asco que le procesaba a aquellos cuya sangre no era como la suya. Estaba cómoda en aquel lugar, y ella había llegado primero.
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Danielle J. Maxwell el Lun Sep 15, 2014 10:56 pm

Traición… Falta que comete una persona que no cumple su palabra o que no guarda la fidelidad debida. ¡Eso era la traición! Alice era mi amiga, ¿no? ¡De hecho, era la única persona a la que consideraba realmente mi amiga! Me encantaba pasar tiempo con ella, reírme con ella y hacer travesuras con ella. Es decir, travesuras a otras personas, gamberradas JUNTO a ella, no con ella. Sí, mejor esa conjunción. Pero aquello me había dolido en lo más profundo de mi corazón. Si ya de por sí no era alguien que tuviera muchos amigos, para los pocos a los que considero tenían un gran hueco en mi gran órgano amoroso. ¿Por qué mandaría algo así de mí? ¿Acaso ya no me quiere? ¿Le caigo mal porque no le carteé lo suficiente en verano? ¿Quizás tiene nuevas amigas? ¿Se olvidó de mí? ¿Le habré hecho algo malo y no me enteré?

Alice se hizo la tontita cuando irrumpí dramáticamente en aquel vagón (ya que si no lo hacía dramáticamente, nada tendría sentido). Claro… no sabría yo mentir también cuando una gorda me viene encima… no habré mentido yo a profesores y… ¿cuál es siempre la primera opción? Escurrir el bulto, ignorar lo que ha pasado, hacerse el tonto. ¿Se cree que aunque no leyera Corazón de Bruja no iba a enterarme? ¡Pero si con una noticia así iba a enterarme el maldito primer día de Hogwarts cuando todas las miradas vinieran a mí o hicieran gestos despectivos sobre la noticia! Es que no me hizo falta ni llegar a Hogwarts. Fruncí el ceño con cara de pocos amigos y le tiré la revista de Corazón de Bruja.

Tuve la tentación de tirársela a la cara (en plan película, para ser todavía más dramática), pero llegué a la conclusión de que lo más lógico sería tirársela al regazo, ya que podría hacerle daño en los ojos. ¿Ves? ¡Aun habiéndome clavado un puñal por la espalda, yo sigo pensando en su bienestar!

¿Sigues sin saber de lo que te hablo? —pregunté retóricamente, pues le había dado la revista abierta justamente por ese artículo, cuya imagen principal era una imagen móvil de Anakin Skywalker. Gracias a Dios no hay ninguna mía o sí hubiera sido el colmo de la vergüenza. No era mi plan de futuro hacerme famosa por tener un altar lleno de juguetes sexuales para intentar pillar a Anakin Skywalker. Pero joder, si ni siquiera he besado a un chico, ¿cómo siquiera voy a tener un juguete sexual? ¿Eso que mierdas es? Qué asco, en serio. Puaj. Era hiper rencorosa y aquello me había molestado muchísimo. Bueno, tanto que si ahora mismo me tocaba las pulsaciones estarían desorbitadas. Imagináos— ¿Qué te habías fumado? ¿Y qué te he hecho yo para que te inventes semejante gilipollez? —pregunté, con los ojos como platos. Mi abuela me hubiera pegado un buen hostión si me hubiera escuchado tener esa conversación llena de tacos. Normalmente era una chica tranquila que habla con propiedad (a veces) pero sobre todo con un lenguaje limpio. Pero también me hubiera pegado de haber leído ese artículo y haber estado cerca de ella. La chica que estaba allí con nosotras, ajena a todo aquello, estaba flipándola en colores, pero por ahora, no reparé en ella— Sabes que me encanta Star Wars y que me encanta el personaje de Anakin Skywalker, pero esto es pasarse. Sabes que ni en broma haría algo como eso, ¡es asqueroso y obsesivo! ¿En serio me ves así? —pregunté incrédula— Y mira que recibo humillaciones desde que estoy en primero, pero nunca pensé que la más que me iba a doler iba a ser de mi mejor amiga.

No, definitivamente NUNCA antes había estado así. Nadie que me importara nunca me había mentido ni traicionado y la verdad es que jamás me había sentido tan enfurecida. Era como si un rayo hubiera cogido todo ese cariño que tenía por Alice y lo hubiera atravesado hasta romperlo en MIL PEDAZOS (muy dramáticamente). Es que tenía ganas hasta de romper algo: ¿qué tal su nariz?
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Danielle J. MaxwellUniversitarios

Invitado el Mar Sep 16, 2014 8:49 am

Aún con los brazos cruzadas y con gesto serio seguía mirando el paisaje en movimiento, sin esperar una respuesta muy agradable por parte de la rubia o ni si quiera una presentación digna, ya averiguaría de alguna u otra forma de que la conocía, eso era lo que pensaba al fin y al cabo vamos al mismo colegio la tendré que ver en alguna ocasión, pero al parecer me equivocaba al pensar aquello, la chica no solo me respondió, si no que parecía dispuesta a tener una conversación conmigo, me sorprendía que después de que alguien estuviese dispuesto a hablar con el desconocido a que lo ha violado con la mirada, aunque esa no fuese mi intención estaba seguro que había parecido eso.

-Es un buen argumento, pero teniendo en cuenta que somos más de mil alumnos con horarios totalmente diferentes y zonas a a frecuentar varias no tenemos porque habernos visto, aunque está claro que no es el caso ya que estoy seguro de haberte visto- le dije debatiendo su sutil argumento para luego disculparme con un gesto después de reprocharme lo molesto que había sido sentir mi mirada atravesándola, desviando de nuevo su mirada hacia la ventana de nuevo, se notaba algo molesta, por lo que decidí no molestarla más durante el trayecto para no acabar con un ojo menos o de vuelta a Londres petrificado, poniéndome cómodo con los ojos cerrados y la cabeza en alza, si iba a ser un trayecto tranquilo mejor aprovechar para echar una cabezada, cuando la chica volvió a hablar, diciéndome su nombre, su curso y su casa.

Ya sabía de que me sonaba, no solo la recordaba del colegio si no de el diario "El Profeta" es la más joven de los nuevos propietarios de la gaceta, "Así que Slytherin" pensé  esclareciendo mis dudas recordando con quien la había visto, con ese impertinente de Damon, seguramente serían buenos amigos y eso me hizo dudar si quería seguir sentado en aquel compartimento, no por miedo simplemente no era el momento de cobrarme mi deuda con Damon y un enfrentamiento en el expreso solo levantaría mis sospechas en el colegio, mientras paseaba mis ojos de nuevo por toda la chica, su pelo, su gesto, sus ojos, rompiendo el silencio rápidamente, -Yo soy Luke Everdeen, último curso, Hufflepuff- le dije extendiéndole la mano con el fin de estrecharlas en un saludo formal.

Sin saber como respondería la chica no sabía si debía asegurarle que estaba con un sangre pura que no purista, esas chorradas a mi no me van, ya que de no ser así estaba seguro que me sacaría a patadas de allí, pero preferí dejarla con la duda ya que estaba seguro de que se lo estaría preguntando -Encantado de conocerte Circe- dije aún con la mano en espera y una sonrisa en la cara.
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Circe A. Masbecth el Mar Sep 16, 2014 9:13 am

Claro que había más de mil alumnos. Y de dos mil. Había siete cursos y cuatro casas, no había que ser muy listo para atar hilos y pensar, pero teniendo en cuenta que se encontraban en el Expreso de HOGWARTS, que como bien indica la palabra va en dirección a HOGWARTS, lo más sensato era pensar que se habían cruzado alguna vez en aquel castillo. Sí, podía ser todo lo grande del mundo. Podría haber cientos de alumnos pero, por Merlín, su ego era demasiado grande para no pensar que era una chica que llamaba la atención. Rubia, alta y molesta. Sí, era molesta, muy molesta. Era de ese tipo de personas que siempre están metidos en los problemas. Esas personas que si no buscan problemas, los problemas llegan a ellos como si fueran una especie de imán con dos grandes polos. Esa era Circe, un imán para los problemas.

Optó por no pronunciarse. Ya había gastado suficiente saliva como para seguir argumentando las razones por las cuales una cara puede sonarte. Si al hecho de llevar seis años en Hogwarts le sumabas tener cuatro hermanos que precisamente no se habían caracterizado por mantener la boca cerrada y no llamar la atención, la cara de Circe era fácil de reconocer. Más de un Slytherin había intentando llegar a ser su amigo por el mero hecho de su apellido y los antecedentes en su familia. Ni que la sangre que corría por sus venas la convirtiera en lo mismo que eran sus progenitores. O al menos los que ella llamaba padres.

Hufflepuff. Considerada la peor casa de todas, donde nadie destaca por absolutamente nada. ¿Qué tenían los Hufflepuff que no tenían el resto de las casas? Mucha paciencia para no acabar suicidándose por acabar cayendo en la casa de los inútiles. Pero a pesar de todo, Circe no sentía odio alguno hacia aquella casa. La consideraba una más, pues no creía que existiera distinción alguna entre pertenecer a una casa u a otra. Era ordenada, cada color con su color, pero no era algo que le causase molestia alguna. A diferencia de la sangre, claro está. Había sido criada en un entorno lejos del Londres muggle, donde juntarse con aquella calaña era un argumento válido para ser desheredado y su hermano mayor era el claro ejemplo de que las amenazas se cumplían. Circe no le daba importancia a las amenazas de sus padres, pero sí era cierto que mantenía las creencias puristas de estos. Se juntaría con quien quisiera, sin importarle lo que estos dijeran.

La rubia miró la mano del chico, como si fuera algún tipo de alimento en proceso de descomposición y emanara un olor podrido. No acompañó al chico en el saludo, sino que se limitó a dibujar una sonrisa forzada entre sus labios. – Me suena tu apellido. ¿Tienes hermanos en sexto? – No, no era de eso. ¿De qué narices le sonaba aquel apellido? – No es un apellido común, ¿Tus padres se dedican a algo importante? – Volvió la vista a los ojos del chico, clavando su mirada en la suya. Seguía sin caer. De algo le sonaba y no sabía la razón, ni mucho menos relacionaría el apellido Everdeen con algún que otro insulto que había salido de la boca de Damon, pues insultaba a tanta gente que era difícil mantener un listado de nombres.
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Arya Osborn el Mar Sep 16, 2014 7:59 pm

(Habitación 3.)

Mis padres me llevaron a la estación de King's Cross y se despidieron de mí antes de que yo me subirse al tren con una sonrisa. Ellos siempre estaban algo tristes cuando yo me iba, incluso mi madre a pesar de ser una bruja dura y a veces algo fría, pero todos dicen que mi padre y yo somos su debilidad así que no me extrañó ver una pequeña lagrimilla en su ojo. Sonreí y la recordé que volvería a casa en Navidad, y entonces mi padre le dio un abrazo muy fuerte que casi me aplastó. Me subí al tren poco antes de que pudiese en marcha y saliese de la estación de camino a Hogwarts.

Caminé por el pasillo del vagón, buscando un compartimento que estuviese vacío, pero todos estaban abarrotados, llenos de gente que parecía conocerse ya. Mi timidez había hecho que durante mis años en Hogwarts tuviese varios conocidos, pero no tenía ningún amigo de verdad, no realmente. Me gustaría que eso cambiase.

Tuve suerte y encontré un compartimento que estaba vacío, así que me metí en él y cerré la puerta. Dejé mi mochila (el baúl se lo habían llevado en la estación, pero siempre llevaba una mochila conmigo con cosas para el viaje) sobre un asiento y le senté al lado de la ventana. Hacia algo de calor, así que me quité la cazadora negra que llevaba puesta, quedándome sólo con un top cuyo escote dejaba a la vista el tatuaje de los tres pájaros sobre mi clavícula. Dejé la cazadora sobre el asiento y busqué un libro en mi mochila. Cuando lo encontré lo saqué y me puse a leer. Era un libro de un autor Muggle, George Martin, titulado "Festín de Cuervos". Me había leído los tres anteriores y me habían encantado, así que escogí el cuarto para la lectura durante el largo viaje. Seguro que le daba tiempo a leerlo todo, y de todas formas no tenía otra cosa mejor que hacer ya que no había nadie ahí conmigo.
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Invitado el Mar Sep 16, 2014 9:09 pm

Otro verano se va y ya va siendo hora de volver a Hogwarts. Después de haber comprado mi arsenal de grageas y ranas de chocolate, me dirijo con mis maletas y mi mochila llena de chuches hacia la estación de King's Cross. Donde un año más cogeré el hogwarts express rumbo a cursar mi último año de estudiante. Esperando que resulte más entretenido e interesante que los anteriores. Y sobretodo a ver si consigo mi principal meta.

Una vez tengo delante el tren, lo observo unos minutos, respiro hondo, dejo mis maletas para que las pongan en el vagón de carga y subo al express. Comienzo recorriendo el primer y posteriormente el segundo vagón en busca de hueco libre, o alguno en el que pueda encontrar algo de tranquilidad. Sigo avanzando hasta que en la tercera habitación del segundo vagón encuentro a una chica solitaria leyendo un libro. La observo desde el otro lado de la puerta ya que ésta estaba cerrada. Parece que no es una serpiente asquerosa. A ver si no le incomoda que le perturbe la tranquilidad y que compartamos habitación.

Toco la puerta suavemente, la abro y le digo. -Hola, perdona si te molesto pero, ¿te importa si paso el viaje aquí?- Sin entrar todavía del todo, espero por su respuesta de pie, con una mano en la puerta. Ahora que me fijo mejor, ésta chica me suena, creo que es una Huffle como yo, pero de algún curso inferior y pero no recuerdo su nombre...Se lo tendré que preguntar luego.
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Invitado el Mar Sep 16, 2014 9:20 pm

Se acercaba el primer día del último año, el último año atado a esas malditas clases en esa escuela llena de imbéciles que sin la varita no saben ni hacer la O con un canuto y lo que es peor, algunos que ni con varita saben. Ya me podría despedir de compartir espacio con esa subespecie de la que estaba llena esa dichosa cárcel necesaria para formarnos y ganarnos el privilegio de poder usar magia fuera de dichos muros, y así buscar mi propios objetivos y de ser posible buscar la venganza en nombre de mi progenitor.

El andén estaba como siempre, alborotado a más no poder, yo iba solo pues ya era lo suficientemente independiente y capaz de llevar un simple arcón y una jaula, ya podían habilitar la posibilidad de aparecerse en Hogwarts y así no tener que esperar en el tren con los enanos de primeros cursos, al menos esa posibilidad para los de último año debería estar.

Entré en el expreso y me dirigí al segundo vagón ya que el primero estaba lleno de asociales que solo querían llegar a Hogwarts cuanto antes, yo me iba a dedicar a dormir en el trayecto, claramente por eso llevaba mi chaqueta rota,  no se podía cerrar, que usaba cuando salía a correr por las noches, con simplemente cubrir mi cabeza con el gorro ya podría dormir cuando fuese, lo único que había fallado de mi plan es que debido a una idiota que había en el metro mi camiseta se había manchado y como no tenía ganas de rebuscar en el arcón en medio de Londres, me la quite y la tire, por lo que iba con la chaqueta abierta.

En el primer compartimento vi como dos niñatas estaba gritando y señalando una revista parecía que se iban a tirar de los pelos o algo por el estilo. -Aquí seguro que no puedo dormir y me ponen de mala leche.-pensé, así que me dirigí al siguiente donde simplemente habia una chica y un chico, uno enfrente del otro hablando calmadamente, aunque la chica parecía que no le hacia mucho casi ya que estaba casi todo el tiempo mirando el libro que tenía sobre su regazo.

Abrí la puerta y me senté, para mi desgracia al lado del chico, este chico realmente apestaba, no se que era, ni mucho menos me interesaba enterarme de que había hecho con su vida pero olía como si hubiese estado encerrado en una isla o algo por el estilo una semana sin poder ducharse pasando hambre por no saber cazar o algo por el estilo, eso explicaría lo canijo que estaba.

-No puedo aguantar este hedor estando tan cerca.-susurre para mi mismo a la vez que me cambiaba de asiento al lado de la chica que me resultaba vagamente familiar, pero tampoco tenia ganas de pensar en eso, solo de dormir. Así que me puse mi capucha y me acomodé a ver si mis compañeros de compartimento me dejarían dormir o no.


ubicacion:
compartimento 2, con Circe y Luke
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Arya Osborn el Mar Sep 16, 2014 9:43 pm

Estaba leyendo una escena de uno de mis personajes favoritos cuando de repente se abrió la puerta del compartimento. Alcé la mirada para ver quien había entrado y entonces un chico rubio y bastante guapo de pie ahí. Me preguntó que si podía pasar ahí el viaje, y asentí con la cabeza.

-¡Sí, por supuesto!- dije, sintiéndome mal de haber cerrado la puerta. A lo mejor por eso pensaba que me molestaba, cuando en realidad algo de compañía siempre era agradable aunque el tiempo se pasase en silencio.

Quité mi mochila del asiento de enfrente para que se pudiese sentar, seguro que quería ir junto a la ventana como todo el mundo. Mientras el chico se sientas intentó volver a concentrarme en leer el libro, pues era de mala educación mirar fijamente a los desconocidos, pero no pude evitar alzar la mirada por encima de las páginas del libro. No conocía a ese chico, pero me sonaba. Creo que le he visto por la sala común, pero es mayor que yo así que no sé su nombre.

Mi timidez estaba apoderándose de mi, tentándome a ocultarme de nuevo tras las páginas de aquel tocho que tenía entre mis manos, pero otra parte de mí, la que decía que tenía que ser más extrovertida y hablar más con la gente, acabó haciéndome apoyar el libro sobre mis rodillas. Sonreí la chico con algo de timidez, como me pasaba casi siempre con la gente nueva.

-Soy Arya Osborn- me atreví a presentarme, y extendí una mano hacia él.- Creo que estamos en la misma Casa...
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