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[IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha}

Gwendoline Edevane el Dom Oct 20, 2019 8:06 pm

Recuerdo del primer mensaje :

[IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha} - Página 4 GjuLMLy
Miércoles 16 de octubre, 2019 || Nueva York, Estados Unidos || 23:47 horas

Gwendoline mantenía toda su concentración fija en un objetivo: había puesto el ojo sobre él, y como buena cazadora que era, no pensaba dejarlo escapar.

Su presa no se había dado cuenta de que la perseguían, pero tampoco se había detenido en ningún momento. Su nerviosismo era más que evidente. Intuía algo. Lo olía.

Todavía no era el momento de pasar a la acción. Si quería minimizar riesgos, no podía arriesgarse a fallar. Un fallo podía suponer la muerte. Así que continuó acechando a su presa hasta que ésta alcanzó la pequeña casa de tablones semiderruida que se alzaba cerca del lecho del río.

Ese era el momento.

Gwendoline sonrió. Se lamió los labios, anticipando el momento del frenesí, y avanzó un par de pasos para tener una mejor vista del objetivo. Alzó su fusil, puso el ojo en la mira, y enseguida obtuvo una vista ampliada de su presa. Ya estaba hecho.

Sonó un disparo.

Gwendoline dio un respingo, sorprendida, al ver en pantalla a su avatar asesinado vilmente. En pantalla, el nombre de un tal Noobmaster69 se mostraba como su asesino. La joven aporreó la mesa con su mano desnuda, y el teclado de su ordenador dio un bote.

—¡Maldito seas, Noobmaster69! ¡Es la tercera vez que me matas ahí! ¡Maldito campero! —gritó la mujer, sabiendo que el tal Noobmaster no podía escucharla: la única persona a la que tenía al otro lado de aquella llamada de Discord era a Sam—. ¡Tía! ¡¿Te crees que hay derecho a eso?! ¡Se cree muy gracioso con ese nombre sacado de los Vengadores!

Muerta, sin poder hacer nada, y con un pique considerable, Gwendoline se cruzó de brazos y se hundió en su silla de ordenador. Puso morritos. Llevaba muy mal que le matasen de una manera tan sucia, utilizando un truco tan asqueroso como ese. ¡La había dejado confiarse, creyendo que tenía una muerte asegurada, y entonces la había matado!

—Espero que le reportes al final de la partida. Lo harás, ¿verdad? —pidió a la rubia, todavía enfurruñada.

Aquella era su mayor preocupación en aquel momento: que el maldito Noobmaster se llevase su merecido reporte. ¡Con suerte le banearían la cuenta! «Ya, seguro: con suerte, me llevaré yo algún tipo de amonestación por reportarle», se quejó mentalmente.

—Todas mis esperanzas están puestas en ti, Samantha. ¡Vamos, acaba con él! —animó, y pulsó la tecla que le permitía seguir la partida de su amiga.



Gwendoline Ava Jones
24 años MuggleHumana
EstudianteCamareraEstadounidense
HISTORIA Y PERSONALIDAD
Personaje creado por Gwen

Datos:
• Sus padres están casados y viven en Bangor, Maine. Su padre es escritor (o lo intenta) y su madre trabaja en el Hollywood Casino Hotel & Raceway. Tiene una hermana pequeña llamada Charlotte.
• Vive en un piso de estudiantes compartido, lo único que puede permitirse pagar.
• Estudia Arte en la New York School of the Arts, cursando su último año. Tiene un moderado talento, que compensa con creces con su entusiasmo y sus ganas de aprender.
• Tiene un empleo de camarera que generalmente desempeña los fines de semana. No obstante, no es extraño que trabaje también alguna tarde entre semana, cuando necesita sacarse un ingreso extra y alguna de sus compañeras quiere librar.
• Su interés por los videojuegos online nació de una necesidad de evadirse de su ajetreada vida. Empezó a jugar en su primer año de universidad, y desde entonces se ha interesado por otros juegos. Su compañero de piso, Max, a veces le presta su PlayStation 4. Actualmente está intentando pasarse un juego dificilísimo llamado Sekiro: Shadows Die Twice.
• Se pica mucho jugando a videojuegos, especialmente cuando pierde o cuando su ordenador anticuado no es suficiente para jugar como es debido.
• No tiene mascotas, pero le gustaría tener un perro de tamaño grande.
• La agobia demasiado el metro (su madre cree que tiene un principio de claustrofobia), por lo que de utilizar un transporte público, prefiere el autobús. También tiene una bicicleta, que utiliza para desplazarse en trayectos cortos.
• Su habitación es su pequeño desastre personal, y siempre se dice que la ordenaría si tuviese tiempo.
• Sus amigos y compañeros de piso piensan en ella como una persona asexual, puesto que en esta realidad tampoco ha mostrado interés alguno por mantener una relación sentimental o sexual de ningún tipo con nadie. ¿Cambiará esto en un futuro?




Última edición por Gwendoline Edevane el Mar Oct 22, 2019 2:08 pm, editado 1 vez
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Feb 06, 2020 11:29 pm

No le hicieron falta más palabras ni más muestras de emociones para darse cuenta con una mera palabra negativa que Gwendoline era ahora mismo víctima de la cruel y despiadada Señora Resaca. Probablemente en el día ya habría rezado tres «Yo sé divertirme sin alcohol» acompañada de la promesa en vano de «ya no beberé nunca más en mi vida». Por suerte para Samantha ―si es que se le podía llamar suerte― entre el momento en el baño, la problemática con Natalie, el hecho de que empezaron a caminar durante casi veinte minutos hasta que llegase el taxi… Había llegado bastante “sobria” a casa, o más específicamente poco perjudicada.

Que sí, que había tenido resaca, pero ya a esa hora estaba bastante decente con la vida. Quizás tuviera que ver el ibuprofeno de por la mañana o la sopita de su madre… pero no quería morirse, sensación que había tenido en otras ocasiones.

Ni le dio tiempo a contestar a su drama, para cuando le saludó y lo primero que hizo fue disculparse. Por un momento Samantha pensó en la posibilidad de que estuviera disculpándose por el comportamiento en el baño ―pues no habían hablado nada de eso―, pero mencionó lo de la cerveza y la carita de Natalie en shock le volvió a la cabeza durante una milésima de segundo.

―En serio ―comenzó diciendo, sin tener dudas de sus opiniones al respecto―, es agua pasada. Hoy todos los mensajes de mis amigos que he tenido en el WhatsApp han sido positivos y de buen rollo, ¿vale? No te ralles tú, porfa.

Y no mentía. Sin contar Marcus y Lucy ―cuyos comentarios positivos eran totalmente subjetivos―, el resto también había acogido la borrachera dramática de Gwendoline de la mejor manera posible. Todos allí conocían la historia entre Sam y Natalie, además de lo perra inmunda que era Natalie, por lo que a muchos les parecía hasta bien que al fin «una amiga de Sam» pusiera orden en el tema.

Tenía miedo de sacar el tema del baño, pues no sabía qué clase de aceptación había tenido Gwen. No había mencionado nada desde que salieron por aquella puerta, ni siquiera cuando empezaron a caminar sin rumbo ni conversación al encuentro del taxi. Tenía miedito de sacar el tema y darle una importancia que para Gwen no tenía, quedando como una imbécil. Quizás su amiga sólo lo había visto como ese rollo de una noche borrachas; ese calentón entre amigas sin más importancia.

Sam, por su parte, obvio no lo veía así. Era solo recordar aquel momento y volverse a encender por dentro. Precisamente por eso su cabeza la estaba protegiendo, pues no quería llevarse un palo bautizado con el nombre de RECHAZO.

―Lo he estado pensando hoy y… mañana en la universidad hablaré con Natalie. Desde que lo hemos dejado he intentado no darle importancia a su actitud hacia mí y mis relaciones y… la verdad es que ya no tengo ganas de soportarla, ni mucho menos que mis… ―¿¡Sus qué!? ― ...amigas nuevas invitadas a las quedadas tengan que soportar una actitud tan inmadura. No sé qué narices le pasa, de verdad… Tengo la sensación de que ni me quiere para ella, ni me quiere para nadie. Creo que en otra vida mi alma le hizo algo muy malo a la suya y aún lo recuerda y me lo quiere devolver, o algo ―dijo para finalizar, en un intento de broma.

Sam no tenía demasiada experiencia “exs” ya que solo tenía a Natalie, pero pereza le daba tener pareja si cabía la posibilidad de que no fuera para siempre y fuese tan insoportable como ex como lo era Natalie. A día de hoy todavía no comprendía a la Sam del pasado: ¿qué narices había visto en esa idiota interesada?

―Dejando eso de lado y, ¡por favor y en serio, deja de darle importancia! ―resaltó de manera divertida, para entonces añadir algo de manera aparentemente… natural―. ¿Te lo pasaste bien ayer? ¿Te cayeron bien todos? A excepción de la perra del infierno, digo.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Vie Feb 07, 2020 5:58 pm

A lo largo de aquella jornada padeciendo las terribles consecuencias de aquella noche, especialmente cuando el dolor de cabeza o las náuseas eran tan intensas que sentía que iba a implosionar, Gwendoline había tenido tiempo suficiente como para achacar aquel sufrimiento a diferentes factores. Poco importaba que se debiese a lo poco acostumbrada que estaba a beber, ella buscó el origen de sus problemas en los lugares más diversos.

Incluso llegó a considerarlo un castigo del karma, teniendo en cuenta cómo Natalie había tenido que darse una ducha forzosa en cerveza.

Era natural que se sintiese culpable, pues el espectáculo que había dado era digno de ser grabado y enviado a la televisión. De acuerdo, Sam aseguraba que no pasaba nada, que todo el mundo parecía habérselo tomado como algo sobre lo que cotillear, sin más, y si bien se sintió un poco mejor… no dejaba de pensar que el karma se lo haría pagar.

La resaca sólo era el comienzo.

—Vale, no me rallo —afirmó, llevándose la mano a la frente—. De todas maneras, cuando lo hago me duele la cabeza, así que será bueno para todos.

Tras aquella afirmación, se quedó pensativa, con los dedos de las manos apoyados sobre las sienes. El dolor de cabeza había remitido bastante desde aquella mañana, pero seguía ahí, como un fantasma escondido dentro del armario, esperando para darle un susto cuando menos se lo esperaba.

Suerte que Sam se propuso distraer su mente del dolor de cabeza, pues pensar en él la llevaba a tenerlo más presente, y cuanto más presente estaba, más intenso parecía.

—Le pasa que es una... —Estuvo a punto de decir la palabra que empezaba con la letra z, o la palabra que empezaba con la letra p. Se mordió la lengua, pues sobria no decía aquellas cosas—. Es una mala persona que no es capaz de dejar vivir a los demás. ¿Qué viste en ella, exactamente?

Estuvo a punto de señalar el hecho de que Natalie tenía un buen físico, pero prefirió guardárselo: no creía que Sam fuese tan superficial como para fijarse únicamente en eso, por muy llamativo que pudiese ser. Creía que la conocía lo suficiente como para poder afirmar que ella no era así.

De nuevo le vino a la cabeza el recuerdo del cuarto de baño, y no sólo los labios de Sam a punto de devorarla, sino también su mano acariciando suavemente uno de sus pechos. El recuerdo la hizo estremecerse.

Con este pensamiento en mente, precisamente, respondió la siguiente pregunta de Sam.

—Me lo pasé estupendamente. Todos tus amigos me cayeron bien, salvo Natalie. Aunque bueno, creo que puedo afirmar categóricamente que esa chica no es amiga tuya. —Bufó, negando con la cabeza, para luego suspirar—. Vale, a medida que voy recordando con más claridad lo que pasó, mis remordimientos disminuyen. Poco a poco estoy convenciéndome de que hice lo correcto.

No pudo evitar reír, a pesar de que ésto le despertó una punzada de dolor de cabeza. Sabía que algún día sería capaz de acordarse de lo ocurrido con Natalie, partirse de risa, y asegurar que lo único que había hecho había sido justicia. Aún era pronto para eso, pero ya había empezado a tomar ese camino.

—Por cierto —empezó Gwendoline, y sintió que se le aceleraba un poco el corazón—, me acuerdo de una cosa que no sé si es cierta o me la he imaginado. Supongo que es cierto, pues todo lo que pasó después tendría sentido y... —En realidad, no creía en lo más mínimo habérselo imaginado; sabía que había sido real, pero no sabía cómo abordar el tema exactamente—. ¿Nos enrollamos en el baño, Sam?

«¡Menuda pregunta más estúpida!», se recriminó, mientras una sonrisilla aparecía en sus labios. «Sabes perfectamente que ocurrió.» Era cierto, así que optó por corregirse.

—En realidad, sé que no me lo he imaginado —añadió, sintiéndose totalmente estúpida por la tontería que había soltado antes—. Y quería decirte que… estuvo muy bien. Besas… besas muy bien.

Le daba vergüenza hablar de eso. Era la primera vez que se enrollaba con una chica, y si algo podía lamentar del asunto, era el haberlo hecho estando borracha. ¡Habría sido mucho mejor hacerlo estando sobria, a fin de conservar un recuerdo mucho más claro de ello!
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Sáb Feb 08, 2020 8:40 pm

―Antes no era así ―se excusó a su pregunta casi de inmediato, tomando aire para pensar mejor el evidente «justifica tu respuesta» que venía implícito en la pregunta de Gwen―. Estuvimos tiempo tonteando antes de empezar y siempre me pareció una buena persona. De verdad te digo que nadie de mis compañeros se esperaba su trato hacia mí en su momento ni tampoco el posterior al cortar porque siempre dejó ver que era una chica normal y, al menos aparentemente, interesada en mí… ―Ella también se había hecho muchas veces esa pregunta después de haber tenido que cortar con ella por el trato recibido, pues a día de hoy todavía le costaba auto-convencerse de lo ciega que había sido en el pasado―. De repente cambió su actitud conmigo, así que sinceramente… no sé. Sólo puedo decirte que no es que hubiese sido una ciega enamorada que no se da cuenta de lo capulla que es una persona: su cambio sorprendió a muchos.

La teoría era que al principio había entrado con una fachada a la universidad y luego dejó ver cómo era realmente. Claro que… Sam había empezado una relación con la parte buena, con tan mala suerte de que debajo de esa máscara había una persona bastante despreciable.

Posiblemente esa mala experiencia había sido uno de los muchos motivos por el cual Samantha había dejado un poco de lado los dramas románticos, por mucho que adorase el amor. Quizás, precisamente por eso también, al ver la honestidad de Gwendoline y conocerla tanto incluso antes de verse, había sido lo que en gran medida le había atraído de ella.

―Me alegro ―contestó contenta mientras hablaba de que todos le habían caído bien―. Claro que sí: la próxima vez que la veas le tiras la botella entera de vodka en la cabeza, pero con cristal y todo ―exageró divertida, para seguirle la broma.

Por cómo empezó a hablar Gwendoline… se imaginó de qué iba a ir la siguiente conversación y, cuando preguntó eso final, sintió como se puso nerviosa. ¡Ni siquiera se acordaba bien! ¡Menuda GRAN cagada! En ese momento se sintió fatal: si no se acordaba bien, ¿y si se pensaba que se había aprovechado? ¿Acaso se había aprovechado? Sam estaba bastante segura de que la situación se dio propicia y que ella parecía querer pero… ¿pero y si no?

Esa manera de abordar de tema, aunque fuese perfectamente plausible, hizo que la rubia se sintiera cargada de inseguridad. De repente se avergonzaba de haberse lanzado y de haberse comportado de esa manera. No entendió ―después de toda la mañana de auto-convencimiento― como el simple enfrentamiento al tema le había cambiado tan rápido de actitud y de pensamiento.

Debía de admitir que le subió un poquito ―muy poquito― la moral cuando le dijo que besaba muy bien, aunque lo interpretó como lo típico que dices para quedar bien en una situación tan rara.

―Lo siento ―dijo de primeras, cerrando los ojos y llevándose una mano a la cara como si ella pudiera ver ahora mismo su cara de vergüenza―. Me dejé llevar… demasiado y… creo que me excedí. No debería de… ―Carraspeó, evidentemente incómoda― ...bueno, eso.

Por un momento sopesó seriamente echarle la culpa al alcohol y todo eso… pero no quiso quitarle importancia al hecho de que lo había hecho precisamente porque quería besarla desde hacía ya tiempo. Sin embargo, tampoco se sentía con valentía como para poner eso en palabras.

―Sé que me ves con buenos ojos después de lo que le hiciste a Natalie pero... no quiero que tengas una imagen equivocada de mí por lo que ha pasado entre nosotras, independientemente de mi pasado. ―Y después de decir eso, se sintió con un poquito de ánimo para añadir algo más―: O sea… te tengo en mucha estima y te respeto, no quiero que pienses nada malo… No quiero que esto pueda hacer que nuestra relación se vuelva extraña o incómoda...

Y lo dejó ahí, a riesgo de decir algo de lo que pudiera arrepentirse.

Se había cambiado de postura y se encontraba con las rodillas flexionadas encima de la silla. Había abrazado sus propias piernas y había apoyado la frente contra ellas, cerrando los ojos como si tuviera la sensación de que así iba a escuchar mejor a Gwen.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Dom Feb 09, 2020 2:45 am

Como novata —e intrusa— dentro del grupo de estudiantes de Veterinaria, no tenía referencia alguna sobre cómo había sido Natalie en un inicio, y por eso se planteó aquella pregunta. Una pregunta muy lógica, ¿no? Una persona dulce como Sam con semejante víbora… No pegaban ni con cola.

Mientras su amiga le explicaba la historia, y las cosas empezaban a tener un poco más de sentido, echó mano de la botella reutilizable que tenía sobre el escritorio, y que contenía a su mejor amiga aquel día: limonada. Desenroscó la tapa y se la llevó a los labios, bebiendo un pequeño sorbo para luego volver a taparla, y abrazarla contra su pecho igual que si fuese un oso de peluche.

Se formó entonces una idea en la cabeza: se imaginó a Natalie como la típica chica modosita, normal y corriente, que de repente llega a la universidad y descubre todo un mundo nuevo, se hace popular y...

—Se volvió una imbécil, entonces —concluyó, cuando Sam terminó de contarle la historia. Suspiró—. ¿Fue hace mucho? ¿Empezásteis al poco de comenzar la carrera, quizás? Porque tendría mucho sentido...

«Sí, sí, sí, pero nada de confraternizar con el enemigo», se recordó, frunciendo el ceño. «No me apetece ponerme a empatizar con ella, o acabaré sintiéndome mal.»

Tampoco tenía intención de aceptar el consejo de Sam: nada de arrojar botellas a la gente. La gente que se dedicaba a resolver sus problemas a base de botellazos tenía reservado un lugar especial en el círculo más profundo del infierno, creía ella.

Evidentemente, sabía que la rubia bromeaba.

Y… llegó el momento de tratar un asunto al que, si bien Gwendoline no le daba demasiada importancia, realmente la tenía: lo sucedido dentro del cuarto de baño.

No lo catalogaría, ni por asomo, como un momento malo, pero abordó el tema de una manera pésima. Y es que, si bien estaba dispuesta a no darle mucha importancia —y, aunque no lo iba a decir, a repetirlo si se terciaba—, no es como que se sintiese cómoda hablando de ello. Pobre de ella, no sabía que había hecho sentir mal a Sam en el proceso.

Su amiga enseguida intentó excusarse, pero quiso decirle que no tenía porqué. Y de la misma manera que ella se tapaba la cara, a pesar de que no podía verla, Gwendoline se puso a mover la mano en gesto de negación. Cuando se dio cuenta de ello, se sintió como una idiota profunda.

—A ver, las cosas como son: yo tampoco es que te echase el freno, ¿vale? Si hay que culparse, nos culpamos las dos —le dijo, bebiendo otro pequeño sorbo de su compañera de plástico reciclado—. Aunque no tengo muy claro qué hemos hecho de malo como para culparnos...

Igualmente, podía comprender que Sam se viese en la necesidad de explicar lo ocurrido, a fin de no dar lugar a equívocos. Los equívocos, en un caso como aquel, podían llevar a ideas estigmatizadas, como que Sam hacía aquello a menudo, y que ella no era más que “otra más” en su lista. Semejante idea no se le había pasado por la cabeza, de todas formas, y tampoco se arrepentía de lo ocurrido.

Sin embargo, le entró una pequeña duda: si no solía hacer aquellas cosas, y si nunca traía a ninguna otra chica a esas fiestas, ¿significaba eso que aquello había sido algo más?

Se quedó pensativa un tiempo considerable, sopesando la posibilidad de que Sam… No, no podía ser. Casi se le escapó una carcajada ante semejante ocurrencia, y agradeció que nadie la estuviese viendo. Podría parecer que el asunto le hacía gracia, y nada más lejos de su intención.

—Son cosas que pasan, supongo. —«Aunque, en lo personal, a mí nunca me había pasado.»—. No le des demasiadas vueltas: pasó, y punto. A ambas nos gustó y lo disfrutamos. ¿Qué tiene de malo exactamente? —Esta vez sí dejó escapar una risita, y añadió—: Y siéntete orgullosa, señorita Williams: eres la primera persona desde mi ex de primer año de carrera que consigue algo como esto. ¡Debes tener algo especial!

Y tan especial: de buenas a primeras, y aunque Gwendoline no tenía intención de que su amistad cambiase, se sentía lo bastante atraída por ella como para repetir, propiciar o aceptar situaciones así cuando se produjesen.

Eso sí, no tenía ni idea de si sería capaz de propiciar situación alguna. No es que se le diesen bien aquellas cosas, precisamente…

—Puedes llevarme a otra fiesta cuando quieras —le dijo, todavía riendo—. Eso sí, procura que no sea una fiesta en la que no quieras quedar abochornada por la conducta de tu amiga borracha: ¡otro agravio contra tu persona, y no me responsabilizo de mis actos!
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Sam J. Lehmann el Dom Feb 09, 2020 8:46 pm

Soltó un largo “hmmm” que le sirvió de tiempo para calcular cuándo había comenzado con Natalie. La verdad es que teniendo en cuenta que habían empezado medio de tonteo, luego de rollo y tardaron en formalizar la relación, le costó más de lo esperado. ¡Ella era veterinaria, ¿vale?! Las matemáticas no eran lo suyo.

―Pues… formalizamos la relación a los seis meses de empezar la universidad, más o menos… ―le contestó, bastante segura de sus cálculos―. Comenzó con el cambio de actitud a los siete meses o así… de repente se aburrió o algo y decidió hacer de nuestra relación un infierno tóxico para que fuese yo la que diese el paso.

Era curioso pensar que Natalie había estado jodiendo a Sam para que ésta le mandase a la mierda cuando claramente quién parecía tener ahí todo el poder de decisión y manipulación era Natalie. Lo que más le daba rabia a Sam de todo eso es que perdió muchísimo tiempo intentando solucionar las cosas, como si realmente hubiesen posibilidades de arreglar nada, ¿sabes? Era muy feo el sentimiento cuando te dabas cuenta cómo alguien había estado jugando contigo de esa manera.

Tras abordar el tema importante de la noche ―que no era ni de lejos la relación de Natalie y Sam, sino la de Gwendoline y Sam―, el tema del beso hizo que la pobre veterinaria se viniese un poco abajo, al menos en una primera instancia.

Le tranquilizó escucharla decir que no habían hecho nada malo, además de que ella también tenía la misma culpa por no haber querido parar. Para finalizar simplemente lo dejó estar, diciendo que eran cosas que pasaban y que no había que darle más vueltas al asunto. Tuvo el instinto de decir que ella lo había disfrutado muchísimo, pero la vergüenza se apoderó de ella y se mantuvo callada, yendo directamente a la broma final de Gwendoline que, de manera totalmente indirecta, había dado paso a dejar atrás el tema y la importancia de aquellos besos en el baño.

Rió, entre divertida y tímida, cuando dijo que había conseguido que se soltara de esa manera.

―Pero espera, espera, espera… no pases de ese tema tan rápidamente: ¿Gwendoline Jones con UN EX? Yo te creía asexual, tía ―confesó, evidentemente en broma. Después de la experiencia de ayer en el baño, definitivamente NO era asexual. Podría decir lo que quisiera y no darle importancia al hecho, pero el motivo principal de que Sam hubiera continuado con aquello y se viese incapaz de parar era precisamente porque notaba que a Gwendoline le estaba gustando. Posiblemente de notar que no le estaba gustando, sí que hubiera encontrado valor para separarse. A nadie le gusta besar a alguien que no siente lo mismo―. Yo quiero saber de eso.

Se sintió un poco mejor porque Gwendoline no había recibido lo de ayer como algo malo y, aunque hubiera decidido no darle importancia ―cosa que Sam iba a respetar por miedo a una respuesta que no le gustase― sintió una pequeña chispa de esperanza. Es decir, ahora mismo estaba que no tenía muy claro qué era lo que sentía Gwen y si bien podía significar perfectamente que Gwen había hecho las cosas así para “rechazar” a Sam de la mejor manera posible, sin dramas de por medio, también podría significar que en realidad sí que le gustó, ¿no?

No iba a decir ni hacer nada, pero sabía que esa conversación iba a quedarse durante mucho, mucho tiempo en su cabeza.

―¿Abochornada yo por tener a tremenda Samsagaz protegiendo mi honor? ¡Por favor! ―Soltó divertida―. A partir de ahora quedas oficialmente invitada a todas mis fiestas como protectora oficial de mi honor. Natalie va a tener que aprender a comportarse, que ya era hora…  

Bromeaba divertida como si nada hubiera pasado, aunque su mente siguiera dándole vueltas al tema. ¿Pero sabéis qué? Pausa. Necesitaba una pausa en la que poder rallarse pensando detenidamente qué hacer. Y lo mejor era dejarlo estar, pues hablar con Gwendoline de manera tranquila iba a conseguir que se olvidase, pues Gwen tenía ese efecto en ella: muchísima naturalidad y esa sensación de confianza. Si sentía que Gwen estaba bien, Sam se iba a sentir bien a su lado por mucho que su mente se empeñase en intentar rallarla con el tema.

―¿Quieres echarte la tarde de PUBG o... tienes cosas que hacer? ―preguntó, antes de sentarse mejor en la silla―. Quiero decir: puedes contarme con pelos y señales lo que pasó con tu ex sin jugar, pero creo que será más divertido si lo hacemos mientras matamos niños ratas ―dijo divertida como si fuera super obvio que el hecho de CONTARLE CON DETALLES LO DE SU EX fuese algo invariable entre todas las opciones.
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Gwendoline Edevane el Dom Feb 16, 2020 4:27 pm

Realmente, resolver el misterio de Natalie a aquellas alturas servía más bien de poco, como respuesta a una profunda curiosidad por su parte. Se había imaginado un escenario en que una chica modosita se ve envuelta en la frenética vida universitaria y cambia por completo, y quería saber si ese había sido el caso.

Las palabras de Sam no hicieron mucho por desmentir esa teoría: el cambio se había producido al poco tiempo de comenzar en la universidad, ni un año había pasado. Quizás no confirmaba de inmediato la hipótesis, pero sí encajaba, al menos.

—He visto a gente desmadrarse al llegar a la universidad —declaró Gwendoline como si de una experta en la conducta humana se tratase—. He conocido gente estudiosa que durante su primer trimestre sacaban notas envidiables, y que para el final del primer curso ya se habían convertido en fiesteros incorregibles que, además, se juntaban con el mismo tipo de persona que en el instituto los habría marginado por ser cerebritos. Las mentes débiles es lo que tienen.

Se encogió de hombros, como si hubiera hecho una reflexión increíblemente profunda. Era cierto que no todo el mundo caía en ese tipo de comportamiento, pero de alguna manera, la universidad era capaz de sacar a la luz el idiota que todo ser humano lleva dentro.

No había más que verla a ella, que jamás había querido tener una relación, y llegados a un punto en la universidad, había mantenido una especialmente desastrosa con un chico.

«Y hablando del Rey de Roma...», pensó, arrepintiéndose de haber mencionado a su ex.

Sam se lo tomó de una manera que a Gwendoline no le hizo especial gracia, aunque disimuló, cerrando la boca. Ni idea tenía ella de que su amiga estaba utilizando aquel tema, en parte, como bomba de humo para no seguir hablando acerca del encuentro entre ellas en el baño. También habría curiosidad, por supuesto: el ser humano era cotilla por naturaleza.

Por suerte, la conversación le permitió dejar correr un tema que no le apetecía demasiado tratar. No era reciente, pero… había cosas de las que no le apetecía hablar.

Cuando mencionó que Sam podía llevarla a más fiestas si quería, en realidad se refería a la parte más subida de tono de la noche, pero ella no lo interpretó así. Le había gustado la experiencia, y en el futuro pretendía que se repitiera, pero tampoco sabía cómo hacerlo sin ser demasiado evidente. Suponía que esperaría a que volviese a darse, y no haría nada por detenerlo.

No le prometió comportarse, pues lo sucedido la noche anterior podía repetirse y suponer un tremendo bochorno para ella. No le importó lo más mínimo.

—¿Samsagaz? —preguntó, frunciendo el ceño, mientras cambiaba de posición en la silla, subiendo ambos pies al asiento—. Tú eres Samsagaz. ¡Hasta te llamas Sam! No te pongas al nivel de ese idiota debilucho de Frodo. —Se le escapó la risa, declarando lo evidente de su broma—. Luego no digas que no te lo advertí: cuando todos tus compañeros te conozcan como “la amiga de la loca borracha”, no acepto quejas de ningún tipo.

Se les presentaba por delante el resto de la tarde, y teniendo en cuenta que estaban delante del ordenador, Sam hizo una propuesta evidente: jugar, jugar, y más jugar. Gwendoline estaba a punto de responder afirmativamente, pero no tuvo ocasión: Sam sacó a colación el tema de su ex, por lo que cerró la boca de golpe y se quedó pensativa.

—Otro día hablamos de eso, mejor —respondió—. Podemos jugar un poco, pero… preferiría hablar de mi ex cuando no me duela tanto la cabeza. —Rebajó un poco la tensión en sus palabras con una leve risita divertida—. Mejor vamos a matar cosas, que seguro que eso me hace sentir mejor.

No sabía si Sam habría captado su incomodidad o no, pero de todas formas, ese día, esa conversación no tendría lugar.

¿Que por qué no quería hablar de ello? Pues porque nunca era plato de gusto de nadie que una relación pasada sirviese para avivar viejos complejos. Timothy había sido un chico de ensueño con ella al principio, interesándose por ella a nivel intelectual, mostrando gran paciencia, y al final se había convertido en un monstruo cuyo único objetivo parecía ser llevarla a la cama.

¿Lo peor de todo? Gwendoline había salido de aquella relación con un profundo trauma, creyendo las venenosas palabras de Timothy acerca de que “el problema era ella”, que era demasiado frígida.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Feb 27, 2020 10:26 pm

La profunda reflexión sobre la pérdida de la seriedad en la universidad hizo que Samantha abriese los ojos al otro lado del micro, sorprendiéndose y pensando que si Gwendoline hablaba tan serenamente de ese tema es que, quizás, vivió algo parecido con algún amigo cercano en sus primeros años de carrera. La rubia, por suerte, estudiaba una carrera de personas muy frikis y pocos fiesteras, por lo que no había tenido la posibilidad de ver como alguien se descarrilaba tanto del sendero de la responsabilidad.

Mira que Sam era lista y estudiar se le daba bien, pero uno de sus máximos motivos para sacar año tras año la carrera era el hecho de que sus padres se la estaban pagando y, por mucho que ambos trabajasen, era una familia de clase media que muchos meses no llegaban a fin de mes. Y claro, precisamente por ambos trabajar y tener esa casa en propiedad, Samantha no optaba a demasiadas becas, pese a que venía de una familia muy humilde y… pobre, hablando claro. Así que uno de sus grandes motivos ―además de que no quería pegarse la vida en una carrera y le gustaba sacar las cosas― era la responsabilidad que tenía por y para sus padres.

A fin de cuentas, unos padres no tienen la obligación de pagarle a sus hijos sus estudios, pero ellos habían hecho un gran esfuerzo económico en que Sam tuviera todas las facilidades posibles, desde el carnet de conducir, una carrera…

―¿Alguna mala experiencia? Lo dices como si lo hubieras vivido bien de cerca ―le dijo, por mera curiosidad.

La conversación sobre la incómoda ―pero emocionante― situación en el baño duró poco y pasó a, no supo muy bien cómo, hablar de ex de Gwendoline, un “ex” que Sam desconocía que existía. Evidentemente y muy interesada por ello preguntó, pero Gwen no parecía muy cómoda con el tema y, por respeto, Sam no insistió ni un poquito. Lo menos que quería era incomodarla con algo así, sobre todo porque sabía lo tedioso y complicado que podía hacer hablar de un ex, hubiera terminado bien o mal la cosa.

―Claro, no pasa nada ―le respondió sobre la marcha―, siento haber preguntado.

No lo dijo dramáticamente, sólo porque no había sido el momento adecuado.

Aún así, se quedó con la curiosidad, ya que por lo que había conocido a Gwendoline, sus conversaciones previas y todo… hubiera jurado que no había tenido demasiadas experiencias previas, mucho menos una relación seria.

Se metieron en el juego e invitó a Gwendoline por el juego mientras configuraba la partida.

―En Vikendi, ¿no? ―Era el mapa favorito de ambas, por lo que era una pregunta retórica―. ¡Por cierto! ―dijo entonces justo después de darle a “ready” y que su personaje se pusiera en posición de espera―. Hoy me llegó un mensaje de Laith diciéndome que le parece muy fuerte que te haya invitado a ti a Halloween y no a él que lo conozco de más tiempo. Las historias de Instagram son muy reveladoras, ¿sabes? ―Se rió, sin acordarse de lo que había subido a instagram―. ¿Te apetece quedar un día los tres?


***
Tres días después, domingo 3 de noviembre.
Empire Fulton Ferry Park, 17:34 horas
Atuendo

Al final Sam había “organizado” esa quedada para estar los tres, pero realmente Laith se vió en la libertad de invitar a más gente y eran casi una pandilla de ocho en donde Sam solo conocía a Laith, a otro tío que era un poco raruno y a Gwendoline. Laith era su amigo, pero esa gente no era de sus conocidos habituales, por lo que no tenía ni idea.

Paseaban por el parque tranquilamente y Sam, personalmente, había parado en un puesto de helados para pedirse uno de chocolate con más chocolate y con sirope de chocolate en un vasito. Gwen la había esperado, por lo que iban bastante atrás en el grupo mientras Sam se preocupaba de que ninguna gotita de helado de chocolate se saliera por fuera del vaso.

Y eso que se había pedido vaso para no hacer el retrasado con el cucurucho.

Aquella zona era famosa porque era una gran avenida que daba al río que delimitaba Brooklyn con Manhattan, por lo que había un montón de gente sacándose fotos en la barandilla con el perfil de Manhattan precioso.

Ellas caminaban por detrás de los cámaras, para no entrometerse en ninguna foto.

―Y entonces fui por detrás y me metí por la ventana…

Sam le estaba relatando a Gwendoline la partida que se había echado antes de salir, la cual ganó muy épicamente y claro, ellas se compartían esas cosas cuando no jugaban juntas porque cada una era consciente del hype que conllevaba ganar a un juego tan complicado como era el dichoso Playerunknow Battleground, sobre todo jugando en solo o con guiris, que fue el caso de Sam. De hecho relataba una partida en donde había tenido buen teamplay y no estaba poniendo verde a su guiri.

Mientras hablaba, se le empezó a salir el helado por el vaso y se lo llevó a la boca para evitar una catástrofe.

―No sé por qué me empeño en comer helados, ¡si es que está claro que es una limitación obvia en mi vida! ¿Cómo puedo ser tan torpe? ―Decía, estresada pero divertida.

Le había dado un poco de miedo eso de salir con Gwendoline después de lo del otro día por si resultaba incómodo, pues las cosas no son las mismas en personas que por discord, pero agradeció que aceptase un plan grupal, pues inconscientemente Sam en ese momento estaba muy cómoda. Aunque no sabía de qué se sorprendía: curiosamente Sam se sentía cómoda en todas las situaciones con ella. Cada día se asustaba más de que sus sentimientos fuesen tan obvios y, a su vez, siguieran creciendo.

No quería cagarla precipitándose, pero tampoco sabía si era buena idea lanzarse después de la omisión total por parte de Gwen de lo que ocurrió en Halloween...

Estaba hecha un lío, pero ahora mismo solo estaba disfrutando de ese domingo con Gwen y de no mancharse con el dichoso chocolate.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Jue Mar 05, 2020 2:47 am

Tuvo que pararse a pensar durante unos momentos la respuesta a la pregunta que Sam le hizo. ¿Había experimentado en carne propia algún caso como el de Natalie? Creía que no, pero sí le habían hablado de ello. Lo suficiente como para identificar cuando algo parecido se presentaba ante sus narices.

Se rascó distraídamente la sien con el dedo mientras pensaba, preguntándose si acaso ese habría sido el caso de su exnovio, Timothy. El chico también había empezado siendo un amor, alguien intelectual que parecía disfrutar de su compañía simplemente por el hecho de estar con ella, para gradualmente convertirse en alguien obsesionado con una única cosa.

Podría haber sido el caso, sí, pero también era posible que fuese así desde el principio y simplemente fingiese.

—Creo que no, pero me han hablado de casos así —respondió finalmente, incapaz de dejarse en el tintero un último añadido—. La gente es idiota e incapaz de valorar cuando tiene ante sí algo que merece la pena.

Rehusó hablar de su pasada relación de pareja debido a la profunda incomodidad e inseguridad que sentía cada vez que pensaba en él. Lo único que podía recordar eran sus duras palabras acerca de lo “estrecha” que había resultado ser, de cómo “no se esperaba algo así de ella”, y de cómo “se había llevado una profunda desilusión por su culpa”. A veces tenía momentos de lucidez en que casi se convencía de que ella no había tenido la culpa, que aquel chico había sido una influencia tóxica en su vida, pero pronto volvía a ser consumida por sus inseguridades.

Una forma horrible de dejar marcada a una exnovia, ¿no?

No dijo nada cuando Sam se disculpó, componiendo una sonrisa un tanto tensa. Se olvidó de que su amiga no podía verla, pero igualmente se alegraba de ello: después de todo, así no podría ver su incomodidad actual, tan evidente como era. Suerte que se iban a poner a jugar a videojuegos y a evadirse por completo de temas tan desagradables como aquel par de impresentables que en otro tiempo habían sido sus parejas.

—Sí, Vikendi —respondió de manera distraída, antes de que Sam captase su atención al mencionar a Laith. Arrugó la nariz mientras escuchaba, y cuando habló, no pudo evitar remarcar lo evidente—. Y tan reveladoras. Como que él no parecía precisamente aburrido en esa fiesta tan super gay a la que asistió. Nunca había visto tantos unicornios con el pecho descubierto en la misma habitación... —Si había alguien gay, una representación gay de verdad, en Nueva York, ese alguien era precisamente su amigo en común, Laith—. Sí, claro, podemos quedar un día los tres. Pero por favor, nada de disfraces de unicornio...

Lo peor de todo aquello era que si a Sam se le ocurría comentar algo de esa pequeña queja, ambos, homosexual y lesbiana, eran capaces de presentarse ante ella con gorros de unicornio, únicamente para hacerla sentir un poco incómoda.


***

Si a Gwendoline se la conocía como alguien “antisocial” no era simplemente por un rumor malicioso que alguien hubiese lanzado, ni mucho menos, y no había más que verla en aquel entorno: en el momento en que el que se suponía sería un grupo de tres se convirtió en grupo de ocho, se sintió un tanto cohibida. Y eso que los amigos de Laith eran extremadamente sociables.

Agradeció sobremanera cuando comenzaron a dividirse en pequeños grupos, a pesar de ir juntos, y terminó paseando sola junto a Sam. Se sentía mucho más cómoda en presencia de la rubia, y si en algún momento había sentido alguna ligera incomodidad —en realidad, había sido más bien como un cosquilleo en el estómago, no del todo desagradable— ocasionado por el tórrido momento que habían compartido en el baño durante la fiesta, dicha incomodidad se había esfumado por completo.

Y no le dio más importancia al asunto.

Mientras los sociables amigos de Laith se comportaban como turistas japoneses, fotografiándose a ellos mismos y a todo lo que les rodeaba, Gwendoline escuchaba una apasionante historia de guerra de su amiga, quien a su vez batallaba con un helado que claramente era demasiado grande para el envase que lo contenía. La morena, por su parte, no batallaba tanto: una enorme bola de algodón de azúcar de color turquesa pinchada en un palo era mucho más manejable.

—Me gustaría volver a señalar que te advertí que el problema no era el helado en sí, sino caminar mientras te lo comes —dijo, y efectivamente así había sido: le había sugerido sentarse en un banco mientras se lo comía—. Todavía estamos a tiempo de sentarnos. Estos no parecen muy preocupados por nosotras...

Se refería, como era evidente, al grupo de amigos de Laith, y no lo decía en absoluto con acritud. Agradecía aquella privacidad que le brindaba la distancia que les separaba, pues de esa manera podían estar solas Sam y ella. Las multitudes no eran lo suyo, y además ya llevaba un par de días preguntándose qué ocurriría si lo de la fiesta se repetía. ¿Habría posibilidad, si quiera?

«No lo sé, pero me gustaría», pensó, pensando que para Sam, quizás, había sido lo mismo que para ella: un momento en que se habían dejado llevar por la pura atracción física. ¡Pobre Gwendoline, que no se imaginaba lo que Sam sentía por ella!

Como no sabía exactamente cómo proceder, se le ocurrió salir con lo más obvio en aquella situación: un cumplido sincero.

—No sé si te lo he dicho ya, pero... —Sintió que se le secaba un poquito la boca—Estás muy guapa con esa ropa. Me gusta cómo te sienta esa blusa. El blanco te favorece mucho...

Se sintió un poco estúpida ante ese último comentario, aunque técnicamente fuese cierto: Sam estaba preciosa cuando vestía de blanco, pues de alguna manera resaltaba esa inocencia natural suya. Sin embargo, como cumplido era demasiado estúpido e infantil.

«Tampoco creo que sea apropiado decirle que me gusta la forma en que se le transparenta la blusa», pensó, pues obviamente se había fijado. «No creo que sea un comentario apropiado para la situación en que estamos.»


Atuendo:
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Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Sáb Mar 07, 2020 1:32 am

Siendo totalmente sinceros: el problema no era solo el helado, sino también el hecho de que Samantha parecía tener una grandísima dificultad ―no durante ese momento, sino durante toda su vida― con los dichosos helados. Así que Gwen la conocía más de lo que parecía, pues el problema no estaba en sí en la comida, sino en el trato demasiado optimista de la rubia a querer comérselo mientras caminaba. Eso de coordinar el paseo entre tanta gente, que no se le metiese el pelo en el helado, que no se le derritiera y, en todo eso, no olvidarse de todo lo que quería decirle a la morena… Sin duda podía con su coordinación.

Para que luego dijeran que los hombres eran los únicos que tenían límites de multitarea… ¡Las rubias también!

Así que cuando vio sus límites, aceptó la oferta de Gwendoline después de ver que Laith y compañía estaban bastante adelante y no habían reparado en su retraso. Total, sabían a donde iban a ir y… sinceramente, tampoco es que le emocionase mucho la idea, por lo que prefería apostar por el bienestar de su helado y en la compañía tranquila de su amiga.

―Vale, sí ―respondió a Gwen justo antes de parar el ritmo y sentarse en un banco libre. Había que valorar también el hecho de que ese banco estuviera libre teniendo en cuenta la cantidad de personas que había allí en ese momento. Uno no deja pasar un banco libre de esa manera―. Creo que ha sido tu mejor idea de hoy. ―Sinceramente, tampoco tenía ganas de mancharse la camiseta blanca.

¡Hablando de camisetas blancas…!

Sam se había sentado inocentemente, comiéndose su helado con tranquilidad. La verdad es que después de lo ocurrido en Halloween había decidido tomarse las cosas con filosofía y si no veía ningún tipo de interés por parte de Gwen ―cosa que se intuía, tristemente― no pretendía hacer nada por miedo a cagarla estrepitosamente. Por desgracia para Sam, no eran de esas mujeres que se tiraban a por todas, fuese cual fuese la consecuencia… Actualmente valoraba mucho la compañía y amistad de Gwendoline como para cagarla por unos sentimientos que esperaba poder controlar.

Así que el comentario de la chica le cogió totalmente por sorpresa, haciendo que su mirada mientras se llevaba la cuchara a la boca se alzase para mirarla. No pudo evitar sonreír muy delicadamente, casi con timidez pues… ¿sabéis lo mejor de todo? Era increíble vestirte guapa a propósito para ver a la chica que te gusta y que esa persona reconozca que estás guapa, ¡y que encima te lo diga!

―Gracias ―le dijo de manera totalmente automática, pasándose la lengua por los labios para quitarse los restos de chocolate. Por un momento su mente pensó que si eso era algún tipo de señal… o por el contrario era algo común en ella, alabar a su amiga porque estaba mona… Pero la verdad es que con la mentalidad de “esperar algún tipo de señal”, ese tipo de comentarios le venía super bien para, como decía ella, venirse arriba. Era complicado que Samantha decidiese soltar el típico comentario de flirteo y coqueteo, pero en ese momento vio la situación perfecta y el hecho de que hubiera sido Gwendoline la encargada de introducir la conversación le animaba todavía más―. No me lo habías dicho, pero me gusta que me digan que estoy guapa, ¿a quién no le gusta?

A puntito estuvo de decir que se había puesto guapa por ella, pero su cerebro ya estaba planeando otra frase y se estresó solo de meter en su conversación otra cosa de ese estilo que no había sido premeditada por, al menos, tres segundos.

―Te diría lo mismo… ―dijo y, teniendo lo que iba a decir, tuvo que bajar la mirada a su fiel amigo traicionero el helado de chocolate―. Pero… la verdad es que después de verte sin, no siento ninguna simpatía por tus camisas ―añadió, con una sonrisa traviesa y se obligó a levantar la mirada para mirarla a los ojos. Al conectar las miradas se puso nerviosa, sintiendo un cosquilleo, por lo que se vio en la pequeña obligación de agregar algo más porque de repente pensaba que se había pasado―. Lo siento, me has puesto la ocasión en bandeja de plata. ―Le echó la culpa a ella tras una risilla, ¡por supuesto! Así al menos se cambiaba un poco de tema.

En ese momento por su cabeza sólo pasaban comentarios que… bueno, no consideraba del todo apropiados para el momento. Un comentario pícaro por su parte ya le parecía más que suficiente para la vergüenza de todo el día. De hecho, si lo pensaba demasiado hasta empezaba a arrepentirse y…

¡No, Sam, no lo hagas! ¡No te disculpes de nuev...

―Perdona ―repitió―, ¿está bien si bromeo con eso o…? ―¿Bromear, en serio? ¿De verdad te querías auto-convencer que era una broma? O… ¿de verdad quería hacerle creer a Gwen que era todo una broma? Pese a que eso no lo sopesó demasiado bien antes de soltarlo, realmente sólo quería saber si para Gwen recordar eso estaba bien o prefería hacer borrón y cuenta nueva―. ¿O… mejor no?

Picó la cuchara en el helado y disimuló apartando la mirada como si estuviera cogiendo de su helado.

Madre mía, había que ser PATÉTICA para soltar algo así y luego arrepentirse EN SEGUNDOS. Iba a tener que confiar más en sí misma y… tirarse a la piscina sin dar explicaciones todo el rato. Esa sensación de querer y no saber si podía no le estaba haciendo sentir muy cómoda.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Miér Mar 11, 2020 10:06 pm

Se trataba de una situación que, a través de los ojos de cualquier observador externo que supiera lo que pasaba en las cabezas de las chicas, debía ser desternillante: por un lado estaba Samantha, la enamorada que pretendía tener algo más que una amistad con su amiga; por el otro, estaba Gwendoline, que había descubierto, cuanto menos, una atracción física hacia su amiga, y tenía ganas de consumarla de nuevo.

El elogio de Gwendoline iba totalmente encaminado en esa dirección, aunque lo dijo de tal manera que cualquiera diría que le interesaba más el algodón de azúcar que tenía entre manos. Nada más lejos de la realidad.

Sin embargo, la morena no pudo quedarse impasible ante la respuesta de Sam: giró lentamente la cabeza en dirección a ella, ojiplática, sin saber exactamente qué decir. Y es que no estaba acostumbrada a comentarios así, y mucho menos después de lo ocurrido en el baño de la casa de Steven York.

Se quedó un par de segundos pensativa, devolviendo la mirada a su algodón de azúcar, mientras decidía si lo que acababa de escuchar era una broma o iba en serio. O quizás fueron más que un par de segundos, pues su amiga se vio en la obligación de pedir perdón, asegurando que se trataba de una broma.

O bueno, mejor dicho, preguntando si estaba bien que bromease con eso.

«Buena pregunta», se dijo a sí misma. Se dio cuenta de que aquellos temas no se le daban del todo bien. Nunca antes había sentido la necesidad de tener contacto íntimo con otra persona, y estaba claro que no sabía desenvolverse bien. «¿Sólo es una broma?», añadió, sintiéndose un tanto decepcionada.

Decidió que, si era una broma, tampoco valía la pena darle tanta importancia. Sonrió, aventurando una mirada de soslayo en dirección a Sam, antes de volver a concentrarse en la labor de tomar un pedacito de algodón de azúcar y metérselo en la boca. Lo saboreó bien antes de hablar, principalmente para asegurarse de que decía las palabras correctas.

—Está bien, sí. No hay problema. —Esa fue su respuesta, muy escueta y un tanto incómoda. ¿Era eso lo mejor que podía hacer?—. Quiero decir, ha ocurrido. ¿De qué sirve que haya ocurrido si no se puede bromear al respecto? —añadió, riendo—. Pero has ofendido a mi blanca camisa por preferir a mis gemelas antes que a ella.

«Vale, eso no ha estado tan mal», se reconoció, sintiéndose un poco más cómoda con la situación. «Ahora es tu turno.»

—¿Cuándo me vas a dejar ver las tuyas? —preguntó, y casi al momento se dio cuenta de que eso en su cabeza había sonado infinitamente mejor. Se sintió avergonzada de repente, y añadió—: Quiero… quiero decir para pintarte, para el desnudo que habíamos acordado. Bueno, es obvio, ¿no? Sería muy raro que me las dejases ver sin propósito alguno.

Soltó una risita nerviosa, totalmente acorde con cómo se sentía. Procuró que no se le notase nada, pero no pudo evitar que el rubor asomase a sus mejillas. En un intento por taparlo un poco, se acercó el algodón de azúcar rosa a la cara, esperando que su rubor pareciese un reflejo de la luz sobre el dulce.

Al mismo tiempo, Gwendoline visualizaba una imagen que, si bien no era para nada desagradable, llegó en un momento en que prefería que no hubiese llegado: se visualizó a sí misma frente a Sam, sus manos ocupadas en acariciar y masajear los pechos de la rubia. Inevitablemente, la vista se le fue en esa dirección, y a pesar de la camisa, fue capaz de apreciar los contornos de los senos de Sam. Llevaba sujetador, pero la blusa se transparentaba lo justo como para apreciar sus curvas femeninas.

¿Desde cuándo le gustaban aquellas cosas? ¿O simplemente le gustaban las de Sam?
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Mar 12, 2020 11:01 pm

Notó cierta incomodidad en el ambiente al bromear y preguntar por la broma, sintiéndose un poco subnormal en ese momento. Nota mental: «Por favor, Samantha, ahórrate eso que se te dan mal y no intentes soltar frases indiscretas con motivo de ligar, que se ve que no se te da NADA bien». Por suerte, eso sí, Gwendoline respondió de una manera afable, sin darle mucha importancia e incluso mencionando los “sentimientos” de su blanca e inerte camisa.

Sonrió y soltó una risilla, por supuesto, pese a que había sido un chiste muy malo. Había sido EL chiste que dejó el tema incómodo atrás, por lo que se merecía dicho reconocimiento. Además, debía de admitir que lo que más gracia le causó es que llamase a sus pechos, «las gemelas».

Tomó un poco de su helado aprovechando que la situación se había relajado un poco, pero no pudo evitar impresionarse por la siguiente pregunta que salió de los labios de la morena. ¡La virgen, es que no acababan de salir de una para meterse en otra! Con la boca llena de helado de chocolate, miró a Gwen y sonrió realmente divertida, dejando ver ―de manera totalmente inconsciente― algunos dientes manchados de manera muy cómica.

―Pero Gwendoline ―le reprochó llevándose la mano a la boca para taparse mientras intentaba comer rápido.

La explicación que dio hizo que, tras tragar, soltase una divertida carcajada. Cabe añadir que, como de costumbre en esas situaciones, Sam destacaba por estar un poquito ruborizada y, como no: ¡las dichosas orejas rojas! No solo le había hecho una pregunta “fuerte” dadas las circunstancias de la conversación, sino que sacó el tema de pintarla desnuda, que ya de por sí le daba un poco de apuro, sobre todo ahora después de lo ocurrido.

Sin embargo, decir que no ahora era una absoluta tontería y no quería hacer que lo sucedido repercutiese en su relación con ella. Además, tampoco iba a fingir que se había olvidado de aquello pues, de hecho, estaba esperando a tener la casa libre para poder hacer ese ejercicio con tranquilidad. Una cosa estaba clara: Sam no se iba a sentir cómoda desnudándose en ningún sitio que no fuera su casa y tampoco estaría cómoda con la presencia de sus padres pululando en la cercanía.

―Sería muy raro, sí ―concordó con ella en lo último que dijo, apartando también la mirada hacia su helado, aún entre risas. A ella se le ocurrían varias situaciones en donde “sin propósito alguno” le mostraría de buen grado su cuerpo desnudo sin tener que pedir explicaciones…

Ahí en donde las veías eran muy monas, aunque ellas, cada uno en su mundo, estuvieran nerviosas por un motivo u otro. Evidentemente, Sam en su propio mundo, no se dio cuenta de la mirada indiscreta de Gwendoline hacia sus pechos.

―Pues te iba a comentar que este fin de semana mis padres pasan el finde en la playa, en casa de mis abuelos ―le dijo mientras jugaba con la cuchara y el helado―. Ya te dije que me iba a costar mucho hacer eso si no era en mi casa y sin mis padres cerca, así que si quieres podemos intentarlo. ―Y entonces elevó la mirada, algo divertida―: Y digo “intentar” porque soy muy pudorosa y no descarto la idea de huir en el último momento, que lo sepas. En tal caso prometo recompensarte con un plan muy guay tipo… ¿maratón de películas de serie B con la que poder criticar lo malas que son? ―Medio sonrió.

Había sido necesario ofrecer su casa pero, a su vez, seguir de largo con la conversación por simple pudor. Todavía no sabía cómo había aceptado esa petición: ¿en qué momento se veía desnudándose frente a Gwendoline durante a saber cuánto tiempo mientras ella le pintaba?

―¿Tiene viene o lo dejamos para otro momento? ―dijo finalmente, volviendo a desviar su mirada hacia el helado para continuar comiéndoselo.

Como dato, ya el helado había bajado lo suficiente del vasito y no se le desbordaba, por lo que ya no parecía una niña de cuatro años intentando comerse un helado.
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Sáb Mar 14, 2020 10:23 pm

Hablar de aquellas cosas, aún a pesar de que la fiesta de Steven York le había abierto una puerta que no creía que existiese, era la definición misma de jugar con fuego. Ambas escudaban sus intenciones, camuflándolas como si no fueran otra cosa que bromas, cuando en realidad eran toda una declaración de intenciones.

Sin embargo, para una Gwendoline que jamás había comprendido demasiado bien ese tipo de interacción humana, o la necesidad misma detrás de ella, resultaba complicado intentar un acercamiento semejante. Se dio cuenta de que el alcohol había sido un gran aliado suyo durante la fiesta, pues de otra manera dudaba mucho haber sido capaz de tener un encuentro así con Sam.

Ahora veía lo difícil que resultaba.

«¿Cómo lo hacen las personas normales?», se preguntó. Se daba cuenta de que no tenía la más mínima idea. «¿Cómo suceden estas cosas? ¿Cómo consiguen otras personas hacerlo parecer tan sencillo, tan natural?»

Tenía como referencias series de televisión y películas, que sabía que no eran más que ficción, a veces muy irreal: dos protagonistas apuestos —o apuestas—, de esos que una vería en la portada de una revista de moda vestidos con ropa de marca, que de alguna manera se gustaban mutuamente.

A veces tardaban un poco más en llegar el uno al otro; a veces, la chispa surgía casi de inmediato. La única conclusión es que algo siempre terminaba ocurriendo entre ellos.

Luego llegaba el final de temporada, rompían por el motivo más absurdo del mundo, y se pasaban una segunda temporada de drama para, al final, acabar volviendo juntos pretendiendo ser la pareja perfecta.

«Dichosa ficción engañosa», pensó con cierta frustración.

Su broma pareció poner un poco nerviosa a Sam, y quiso pensar que aquello era una buena señal. Que había interés. Que podrían volver a encontrarse en una situación similar, sin ningún tipo de drama televisivo de por medio. Sin embargo, no fue lo bastante valiente como para seguir adelante y terminó hablando de lo que ya habían acordado: que la rubia posase para ella totalmente desnuda, a fin de que “la pintase como a sus chicas francesas”.

«Va a estar sola», pensó con mucho interés. «Vamos a estar solas», se corrigió. Sintió un hormigueo en el estómago. Sabía que se lo había dicho de antemano, pero ahora la cosa había cobrado una nueva dimensión.

—Sí, es lo más cómodo —coincidió. Especialmente si terminaban haciendo otras cosas—. Vale. Siempre esperando que nuestro plan original no se vaya al traste, pues mi alma de artista necesita llevar a cabo ese proyecto —«Ya, sí. Tu alma de artista...»—, acepto el plan de emergencia. ¿Pero estás segura de que las pelis de Serie B serán la mejor idea? ¿No prefieres comedias románticas de esas que tanto te gustan?

Obviamente, le venía de perlas. ¿Qué responsabilidades tenía en su vida, más allá de sus estudios y su mal pagado empleo? Empleo que, gracias a los dioses creadores y el poderoso Arceus (deidad del mundo Pokémon), le permitía tener los domingos libres. Si existía un mundo en que se trabajaba los domingos —existía, para su desgracia—, ella no quería conocerlo.

—Tengo el domingo libre, gracias a Arceus. —Tuvo que hacer esa referencia, después de todo. Su vicio con Pokémon GO era grande—. Te propongo una cosa. Si me estoy pasando, me lo dices, ¿vale? —Esbozó una sonrisa un tanto nerviosa, mientras el hormigueo en su estómago se intensificaba—. ¿Qué te parece si me quedo a dormir el sábado? ¿Tienes planes de salir? Porque podemos dedicar parte de la tarde y la noche al retrato. ¡Yo pago la cena, por supuesto!

Cualquiera diría que semejante propuesta era como jugar con fuego, pero Gwendoline pretendía ceñirse al plan: pintar a Sam desnuda. No pensaba sucumbir a la tentación de ir más allá, por muy atractivas que pudiesen resultarle sus formas femeninas, hacia las que recientemente había descubierto sentirse atraída...
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Lun Mar 16, 2020 1:01 am

Intentando crear un ambiente normal con respecto a “posar desnuda frente a la chica que te gusta con la que ya te has enrollado”, Samantha ―que no tenía muy claro cómo iba a salir eso, sinceramente― intentaba dar su mejor versión, apoyándose en su optimismo. Estaba bastante segura a día de hoy de que se iba a cohibir, pero quería pensar que llegado el momento, sacaría agallas de no sabía donde.

Así que tuvo que meter el plan de emergencia ya en la ecuación porque quería ir avisando de que era posible de que hubiese que acudir al plan de emergencia en vez de hacer el principal.

―Me gusta ver mis romedias en casa cuando no tengo nada mejor que hacer, pero tengo una lista de películas de Serie B que quiero ver pero me parece aburrido hacerlo yo sola sin poder criticarlas con nadie a mi lado ―le explicó, con una sonrisa un poco friki―. No solo me gustan las comedias románticas, ¿eh? Lo que sí que son mis favoritas, pero como siempre vea lo mismo…

En realidad le gustaban mucho tipo de películas y, dejando de lado el hecho de que esas eran su favoritas, el resto de temáticas le gustaban en ciertas situaciones. Por ejemplo, con Gwendoline le apetecía partirse el culo de las tonterías de las películas de Serie B, o ver algo de Marvel o DC mientras se ponían a frikear de sus conocimientos. Lo que no le apetecía era, en ese momento, tener uno de esos “MOMENTOS TENSOS” en donde en la película los dos protagonistas se lo montan y por la mente de Sam solo pasa: “¡Yo quiero eso con Gwendoline y la tengo al lado, ¿y siii....?!” Y para nada, porque Sam no iba a dar en paso en una situación tan cutre como esa.

Así que para evitar ralladas, mejor partirse de risa con películas de serie B.

La propuesta de Gwendoline, siendo empezada por un: “si me estoy pasando me lo dices”, sonó totalmente traviesa. ¿Sería Sam la única que pensaba en esas cosas o…? ¿O ella también estaba pensando en lo raro que sonaba eso de que se quedara a dormir en su casa después de lo sucedido en la fiesta?

Sam quería pensar que había quedado MUY CLARO que ella sentía atracción por Gwendoline y por eso la había besado, ergo si Gwen proponía eso era que no le importaba quedarse a dormir en la misma casa vacía con la lesbiana que se lanzó a besarla. ¿Querría que volviera a ocurrir o tendría la certeza de que después de hablar las cosas, eso quedase atrás? Después de esa proposición, Sam no pudo evitar pensar lo más optimista para la situación: ¿y si está propiciando todo eso a propósito?

Ay, qué difícil era todo…

―Vale, me parece bien, no tenía pensado salir ―le respondió con una sonrisa risueña, sin poder dejar de darle vueltas al asunto. ¿Por qué narices no podía hacer borrón y cuenta nueva sin estresarse con cada cosa que decía? ―De hecho, si por cualquier razón no podías, pensaba aprovechar que mi casa estaba libre ―declaró, pues le encantaba hacer reuniones en su casa cuando no estaban sus padres―. Y todo bien menos eso de que pagues la cena. Es más guay hacerla, además tengo comida super rica: hago unos macarrones al pesto que me quedan riquísimos.

Eso, había que hablar de comida para dejar atrás el hecho de la desnudez y la pintura. La comida siempre era una buena aliada para salir del paso.

―Entonces tenemos plan ―afirmó con una sonrisa―. ¿Hay algo que tenga que tener presente a tener en casa para lo de la pintura? ―Sabía que ese tema debía dejarlo de lado, ¿pero cómo lo iba a evitar? ¡Tenía que preguntar! ―¿Quieres que te vaya a buscar a tu casa para traer las cosas o lo que sea? ¿Dibujas en plan con caballete, no? ―Rió entonces, un poco tímida―. Lo siento, soy una ignorante de todo eso.

Sam se levantó entonces para tirar el envase de su helado de chocolate, pues ya prácticamente se lo había terminado entre hablar y hablar. La basura estaba cerca, por lo que solo tuvo que dar un par de pasos hacia allí, sin embargo, una señora de unos sesenta años se acercó a ella y le señaló el móvil, hablando en lo que parecía español o… portugués. Sam no sabía mucho de idiomas, solo sabía que no entendía nada de nada.

―¿Qué? ―dijo, con cara de patata.

―Foto, por favor ―decía en un inglés de campo―. ¿Foto familiar, allí? ―añadía, señalando hacia el río, en donde parecía estar su familia esperando a que alguien le sacase foto.

Sam, como buena persona con varias neuronas, entendió fácilmente.

―¡Ah, sí, claro!

Sujetó el teléfono de la señora y se acercó hacia ellos, para sacarle una foto. Sacó tres: una vertical, una horizontal y otra dejando a la familia a un lado, con gran parte “vacía” donde se veía el paisaje. Sam no sabía de fotografía pero le encantaba la norma de los tercios.

Una vez terminó, la mujer se acercó a ella para recuperar su teléfono y ver las fotos, diciendo muchas veces gracias. Sam se quedó muy satisfecha con las fotos pues, en su juicio, le habían quedado genial. De repente ella también quiso una foto así de guay, aún a sabiendas de que era muy posible que la señora no la sacase tan bien como ella. Ante la buena vibra de la situación y de la familia, aprovechó:

Un momentodijo Samantha en español, pero rápidamente volvió a hablar en inglés. Estaban en Estados Unidos, así que lo lógico era hablar en inglés―: ¿Puede por favor sacarnos una foto a nosotras? ―Señaló a Gwendoline en el banco, para hacerle una señal para que se levantase y se acercase. Mientras tanto Sam sacó su móvil, lo desbloqueó, abrió la cámara y se lo pasó a la señora. Cuando Gwen se acercó, Sam susurró―: Me encantan los selfies, ¡pero tenemos que aprovechar!

Se dirigió hacia la barandilla, esperando que Gwen se acercase para sacarse la foto juntas.
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Vie Mar 20, 2020 8:05 pm

Cuando Laith le había hablado por primera vez de Sam, curiosamente, había mencionado ese detalle, el de las comedias románticas, como algo básico de su personalidad. Eso y su gusto por el chocolate, casi como si ambas fueran señas de identidad de la rubia. Por ese mismo motivo tenía tan presente ese género cinematográfico, que en lo personal no era su favorito.

Gwendoline era amante del cine de terror bueno, y Sam… bueno, digamos que no era precisamente su género predilecto.

—Serie B, entonces —convino, encogiéndose de hombros con una sonrisa, y cruzando los dedos para no tener que recurrir a ese plan de emergencia.

Así que, teniendo en cuenta la disponibilidad total de la casa, Gwendoline propuso a Sam quedarse a dormir el sábado, y así aprovechar lo más posible el tiempo para pintar el cuadro. Le pareció una buena idea, y por supuesto, después de lo sucedido en la fiesta, el hecho de que estuvieran a solas le pareció incluso una mejor idea. Sabía que sería totalmente incapaz de intentar algo con ella si sus padres estaban en el cuarto de al lado, o si su hermana podía entrar en cualquier momento.

«Ojalá supiera yo cómo abordar ese tema», pensó. Se estrujaba el cerebro, en realidad, buscando una forma de dar pie nuevamente a una situación así. «¿Cómo se hacen estas cosas? ¿Se propone de palabra? ¿O debo lanzarme directamente?»

No iba a encontrar una respuesta satisfactoria, pero… las circunstancias las empujarían a ambas en esa dirección, aunque no tuvieran ni la más mínima idea de ello en ese momento.

—¡Pero déjame invitar! ¡Es lo menos que puedo hacer! —se quejó Gwendoline. ¿Aquella mujer la había dejado invitarla a cenar alguna vez? ¿La había dejado invitarla siquiera a un miserable café?—. Además, soy una estudiante que vive en un piso compartido y trabaja en una cafetería. ¿De verdad crees que sé cocinar? Me tienes en demasiada estima. Si pretendes que te ayude con esos macarrones al pesto que dices, más vale que vengan dentro de una bandeja que se pueda calentar en el horno, o de lo contrario lo que vas a tener de ayudante será un lastre.

Exageraba, evidentemente. Porque, vamos a ver: ¿qué persona podía ser tan inepta como para no saber cocer un poco de pasta? Estaba segura de que existía en el mundo gente así, y es por eso que existía la palabra “inepto” en el diccionario. Sabía cocer pasta, y sabía poner tomate de bote a unos macarrones o spaghetti, pero ya estaba.

—Bueno, siempre puedo poner la mesa —añadió—. Pero algún día vas a tener que satisfacerme y dejarme invitarte a algo rico, ¿eh?

Pues sí, tenían plan. Gwendoline respondió con una sonrisa a la afirmación de Sam, dándose cuenta de lo hermosa que era, quizás, por primera vez desde la fiesta de Halloween. ¿Siempre había sido tan guapa y no lo había notado? ¿O se trataba de las feromonas que habían compartido esa noche, o como narices se dijese?

Se notaba que no era científica.

—No, no hace falta que me vengas a buscar: le diré a Max que mueva el culo del sofá y, antes de irse de fiesta, me acerque en su moto. —Sonrió, divertida. Siempre había querido tener un vehículo propio, y desde que conocía a Max, aquella dichosa moto la había enamorado—. Me encantaría poder decir que tengo caballete, pero no: tomo prestado el de la universidad. Así que tendré que conformarme con mi block de dibujo en esta ocasión. Pero oye, si sale bien, ¿dirías que no a tomar prestada un aula de la universidad algún día? —Se le dibujó una sonrisa divertida en la cara, sabiendo la respuesta de antemano: Sam no posaría desnuda en un lugar así.

Es más: dudaba incluso que fuese a posar a secas, y más cuando Gwendoline le dijese que su idea pasaba por colarse en la universidad un día festivo. Porque sí, se podía hacer.

—Es broma: casi prefiero robar un caballete para la próxima —bromeó, riéndose, mientras su amiga se levantaba para tirar a la papelera los restos de su helado.

Gwendoline se quedó sentada, arrancando pedacitos de su algodón de azúcar casi terminado y llevándoselos a la boca, donde se deshacían y recuperaban su consistencia original de azúcar con colorante. Mientras esto ocurría, Sam era abordada por turistas.

Observó con curiosidad la conversación, entendiendo únicamente aquellas palabras en inglés, y siguió comiendo su algodón de azúcar. Sam hizo la labor de fotógrafa, recibiendo a cambio una gran cantidad de elogios. Aquella señora quizás no dominara el inglés, pero sí sabía dar las gracias.

Entonces, su amiga la señaló y la llamó con un gesto de la mano, y a pesar de no comprender de qué iba aquello, acudió a su lado. Por el camino, tiró el palo de su algodón de azúcar en la misma papelera que había utilizado Sam, y para cuando se reunió con ella, sonreía de forma insegura.

Lo que Sam quería, resultó ser una fotografía.

—No soy muy fotogénica que digamos —confesó, pero a pesar de todo ocupó su lugar junto a la barandilla. Cuando la señora levantó el teléfono de Sam, mirándolo con el ceño fruncido, la morena pasó un brazo alrededor de ella, a la altura de su cadera—. Venga, sonríe.

La mujer, igual que Sam había hecho, tomó varias fotografías. Sonreían divertidas, aguantándose la risa. Derrochaban felicidad.

En una de las fotos, Gwendoline apareció dando un beso en la mejilla a Sam, y sobra decir que hubiera preferido dárselo en los labios. Sin embargo, aquello habría sido rarísimo, a diferencia de aquel gesto que no pretendía demostrar otra cosa que el cariño que sentía por ella. Un cariño totalmente sincero.

La señora se acercó, entregándole a Sam su teléfono móvil, y enseguida se pusieron a mirar el resultado de la sesión fotográfica improvisada.

—La señora ha hecho un trabajo mejorable —dijo, cuando ésta estuvo lo bastante lejos como para no escucharla—. Tú las habrías hecho mucho mejor. ¿Por qué no nos haces un selfie?
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Sam J. Lehmann el Sáb Mar 21, 2020 2:22 am

Precisamente sabiendo que Gwendoline vivía independizada y se estaba pagando los estudios de sus sueños con el dinero que ella misma se estaba ganando, ni de lejos iba a dejar que la invitara a cenar sólo por cordialidad pudiendo hacerse unos macarrones muy buenos en casa. Llámala básica, pero sus padres tenían trabajos estable y una despensa llena de comida que iban a dejar para la supervivencia de Sam… y no iba a dejar que la que más necesitaba sus ahorrillos se lo gastase en comida.

―Eso, tú pones la mesa ―le otorgó, para entonces esbozar una sonrisa más pícara e inconsciente. Lo siguiente que dijo de “un día vas a tener que satisfacerme” le sonó demasiado sexual, ¿qué narices le pasaba? ―Cuando no vivas en un piso compartido y no tengas que trabajar para pagarte los estudios, te dejo que me invites, ¿vale? Mientras tanto aprovechamos que yo sigo siendo una niña de papá y arrasamos con los macarrones de mi casa.

Que sí, que era muy guay poder pagar las cosas y sentirte adulta e independiente, ¿pero qué necesidad había? ¡Ya habría ocasión más adelante!

La cara que se le quedó a Sam cuando mencionó lo de posar en la universidad fue todo un poema. Aún no había posado, ¿y ya preguntaba por una segunda vez? Con tantas dudas como tenía actualmente sobre si desnudarse en su propia casa, definitivamente la respuesta iba a ser un no definitivo, pero ni le dio tiempo: la misma Gwendoline declaró que era una broma.

―Sí, mejor el caballete ―respondió divertida cuando se levantó del banco.

No pudo volver y retomar el tema, pues llegó el momento turista. Lo mejor de todo eso es que pudo aprovechar el momento para tener una foto decente con Gwen en donde no parecieran dos borrachas mal maquilladas ―que las fotos eran muy divertidas y las miraba con cariño―, pero le apetecía una bien y, con lo mona que iban las dos ese día y el lugar en donde estaban, parecía el mejor lugar para una buena foto de perfil de WhatsApp.

―Solo los modelos son fotogénicos, el resto tenemos “nuestro lado” y nos tenemos que conformar con eso ―le contestó cuando dijo que no era fotogénica. Sam pasó una de sus manos por sus hombros cuando Gwen pasó la suya por su cadera, medio abrazándose para la foto.

Ambas rieron divertida, sobre todo al ver a la pobre mujer intentando hacerse a un móvil y una cámara que no eran las suyas propias. Al final, cuando la señora continuó su camino y ambas miraron las fotos… sí, definitivamente eran mejorables, pero al menos tenía una foto con ella bastante diferente. A ella, personalmente, le encantaba aunque estuviese alguna torcida, alguna desenfocada o los pesos visuales claramente no estuvieran en su sitio. ¿Pero sabéis qué? Casi que mejor.

―Sí, yo creo que mejor. ―En realidad no odiaba los selfies, pero eran menos especiales.

Sacó un primer selfie y cuando giró la cámara para verse, la reacción fue inmediata.

―¡Qué fea, otra otra!

Y eso era una norma no escrita entre amigas: «Una foto no se daba por hecha hasta que ambas estuviesen 100% a gusto con su propia cara» y, en caso de que alguna de las dos tuviera pareja y una estuviera soltera, la norma cambiaba a: «Una foto no se daba por terminada hasta que LA SOLTERA estuviera sexy y satisfecha con su cara». Y eso era así.


***
Cinco días después, 8 de noviembre del 2019
Casa de Sam Williams, 23:43 horas.
Atuendo

La rubia se encontraba comiéndose un yogur frente al ordenador, en pijama y con los auriculares puestos. Llevaba un rato en llamada con Gwendoline, pero ésta se había ido a no sé donde y no había vuelto, por lo que Sam había aprovechado para bajar a hurtadillas a la cocina a pillarse un tentempié de fresa.

Los padres de Sam estaban ya en el séptimo sueño, pues toda su familia se había ido a dormir muy pronto porque mañana madrugaban demasiado para ir a la playa y poder aprovechar bien el fin de semana. Su hermana Annie estaba tan animada y emocionada ―pues iba a ver a sus primos de su edad y jugar mucho mucho― no había parado de jugar con Sam antes de irse a dormir. Sam evidentemente no iba por dos razones: no tenía primos de su edad y se aburría y, por supuesto, prefería quedarse y hacer cosas o estudiar.

No estaba nerviosa por “la quedada” de mañana, pues… no había pensado demasiado en el hecho del desnudo, sino más bien solo en ver a Gwendoline. Llevaban sin verse toda la semana por motivos de horarios y obligaciones y debía de admitir que tenía muchísimas ganas de verla y pasar tiempo a su lado. Se había visto en varias ocasiones observando las fotos que se habían sacado en el puente, dándose cuenta de que lo que sentía por ella era mucho más que simple atracción física. ¡Que se ponía a sonreír como una idiota cada vez que veía la foto del beso en la mejilla, o la foto en la que ambas ponían caras feas y luego se partían de risa!

Después de esa semana sin verla, hasta había sopesado seriamente en concienciarse y lanzarse el fin de semana pero… tampoco sabía si iba a ser incómodo, precipitado o…

No sabía nada, realmente.

Escuchó entonces la puerta de Gwen cerrarse a través del auricular, así como la silla y sujetar de los cascos de Gwen. Para cuando escuchó vida al otro lado, habló como si nada:

―Acabo de ver una publicación y ya sé cuál es mi espíritu animal... Bueno, más bien mi reencarnación ―introdujo momentáneamente mientras se llevaba la cuchara a la boca y hablaba con la boca llena―. ¿Sabías que los osos pandas no tienen sitios específicos donde dormir, sino que simplemente se tumban donde están cuando tienen sueño y ya? ¿Y sabías también que es el animal más gordo y que pasa alrededor de 12 horas comiendo? O sea, solo come y duerme. Yo quiero ser un oso panda cuando me reencarne. ―Se terminó el yogur y lo dejó a un lado―. ¿Tendré tanta suerte? Creo estarme portando bien en esta vida como para que me recompensen en la próxima.
Sam J. Lehmann
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