Situación Actual
9º a 5º
9 febrero➟ luna llena
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline
Discord oficial

Our own inner demons {Samdoline}

Gwendoline Edevane el Miér Oct 30, 2019 4:31 pm

Our own inner demons {Samdoline} WKsGiyo
Jueves 15 de noviembre, 2019 || Cafetería “El Juglar Irlandés”, Londres || 12:47 horas || Atuendo

A su regreso de las tan necesarias vacaciones de verano, Gwendoline casi había esperado encontrarse con una Londres sumida en el caos: esperaba encontrarse con más ataques de los radicales, quizás el secuestro de otro miembro de su familia, o incluso un nuevo ataque perpetrado por el Juguetero.

Sorprendentemente, no había sido así.

Septiembre, octubre y lo que iba de noviembre habían sido dos meses y medio sorprendentemente tranquilos, casi anodinos, y a pesar de que Sam y ella habían tenido alguna que otra desavenencia —había procurado tomarse el asunto de Ryan Goldstein con filosofía—, las cosas marchaban bien. ¡Incluso había tenido tiempo de pensar en lo que le había prometido a su novia!

Y no solo eso: tenía buenas noticias para ella.

Dependiendo de cómo se mirase, lo que estaba a punto de contarle podía considerarse un suicidio social: teniendo en cuenta que tenía un empleo fijo en el Ministerio de Magia, que cursaba una carrera al mismo tiempo, y sus obligaciones con la Orden del Fénix, añadir una responsabilidad más al tema podía suponer que no viese la luz del sol en lo que le restaba de vida.

Pero lo tenía todo pensado.

De acuerdo, no habían localizado al Juguetero, pero llevaba sin atacar desde el verano. Dos habían sido los atentados cometidos, y se habían tomado medidas al respecto para prevenir otros. El resultado, por lo visto, había sido óptimo, y por mucho que la Orden del Fénix todavía no quisiese festejar la victoria, ya empezaba a comentarse.

Gwendoline no lo tenía claro al principio, pero con el paso de los días, no había habido noticias… y poco a poco había empezado a creérselo. Poco a poco dejó de pensar en aquello como la calma antes de la tempestad.

«Si es así», pensó la morena, mientras caminaba por las calles de Londres en ese día que había decidido tomarse libre en el Ministerio. «Si es así, quizás mi tiempo de servicio en la Orden del Fénix haya llegado a su fin.»

Ya podía ver la fachada del Juglar Irlandés, dónde en esos momentos Sam cumplía religiosamente su horario laboral. Una sonrisa le iluminó el rostro, y sin darse cuenta, apretó el paso.

Lo que Angus Flannagan, ese pelirrojo de pelo rizo y rostro bonachón que habían conocido en Hogwarts, le ofrecía a Gwendoline, era algo pequeño. La morena no esperaba empezar por todo lo alto, eso estaba claro, y sabía que cualquier cosa era buena. Sin embargo, procuraba no hacerse muchas ilusiones: restaurar una vieja biblioteca y salvar todos los libros antiguos posibles iba a ser un trabajo muy poco agradecido y seguramente mal pagado, pero era un comienzo.

¿Quién sabía? Quizás Angus se convertiría en lo que ansiaba: el librero mágico más famoso de Inglaterra.

La campanilla sobre la puerta tintineó cuando Gwendoline la abrió, todavía con una sonrisa. Caminó en dirección al mostrador, donde Sam y Santi discutían sobre algo, mirando un ticket de compra que el español sostenía en su mano izquierda. A juzgar por los golpes que le daba con la otra, y por lo “enfadado” de su expresión, alguien de los dos había cobrado mal a algún cliente.

—Espero que no estés intentando echarle las culpas otra vez por algo que has hecho tú —bromeó Gwendoline, dirigiéndose a Santi, mientras apoyaba ambos brazos en la barra. Enseguida cambió su tono de voz a uno más confidencial y “amenazador”—, porque he oído que su novia es una bruja que te puede echar un buen mal de ojo encima.

No tenía ni idea de si Santi sabía que eso no podía hacerse, pero igualmente le iba a dejar creerlo durante un rato. Hasta que se cansase de tenerlo persiguiéndola y preguntándole si se lo quitaba, básicamente.


Última edición por Gwendoline Edevane el Jue Oct 31, 2019 1:48 pm, editado 1 vez
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} 9guYyyq
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1368
Puntos : 915
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Oct 31, 2019 2:22 am


¿Sabéis ese momento en el que discutes porque estás bastante segura de que tú no has cometido el error, pero en realidad no puedes asegurarlo al cien por cien? En ese momento estaba Samantha, pues pese a que creyese que ella no había cometido ese error de caja, lo mismo sí que había podido errar. Era humana, a fin de cuentas y para colmo esa mañana no es que tuviese una grandísima concentración a la que abrazarse, pues había ido a desgana a trabajar. Por una parte creía que era porque vivía desganada con el trabajo y, por otra, porque las hormonas en esos días del mes terminaban por quitarle las ganas de todo y ese mes le estaba doliendo bastante y no sabía por qué.

Para colmo Santi tampoco es que estuviese en su mejor día por movidas con sus compañeros de casa, por lo que ahí tenías a un español molesto y seguro de no haber cometido el error y una Samantha no tan segura pero que se estaba sintiendo atacada por su amigo.

¡Era demasiado pronto para esas discusiones!

― ...y por eso sé que yo no he sido!

―Vale, ya está ―respondió Sam, sin muchas ganas de darle la razón después de lo antipático que se había puesto sin necesidad ninguna―: Yo pongo lo que falta para que cuadre la caja.

Justo en ese momento Gwendoline se sentó en la barra y la rubia se sorprendió, pues ni se había dado cuenta de que había la campanita de la puerta había sonado, ya que estaba ocupada escuchando la gran argumentación de su amigo y no haciéndole mucho caso. Desde que había empezado a hablar ya Sam había dado por hecho que asumiría la culpa solo para dejar de discutir esa tontería. Podría sobrevivir sin esas dos dichosas libras.

Sam había esbozado una sonrisa a Gwendoline nada más verla, cogiendo el ticket y guardándoselo en el delantal para acordarse de poner lo que faltaba. Santi había saludo a Gwendoline antes de que ésta le 'amenazase' con el mal de ojo.

―¿Mal de ojo? ―preguntó, para luego esbozar una sonrisa pequeña, creyendo que Gwendoline estaba de broma―. Tú estar vacilando. Tú no poder hacer eso.

―Ha sido culpa mía ―reconoció para evitar que volviese a soltar SU GRAN ARGUMENTACIÓN a Gwendoline explicando por qué él no había sido y había sido culpa de Sam. En realidad lo dijo para que Santi se callase, aunque Gwen reconocería que tampoco estaba muy a favor.

Entonces la rubia vio como un señor pedía asistencia desde una de las mesas, por lo que Sam le dio un golpecito en el brazo a Santi para que fuera él, señalando con la cabeza en la dirección. Santi al verlo salió de detrás de la barra en dirección al señor, que muy amablemente le sonrió para pedirle un par de cosas más.

Una vez se fue, Sam suspiró y se agachó para coger el paño que se le había caído hacía un rato, colgándoselo del delantal que tenía. Entonces cuando se puso de pie de nuevo, forzó una sonrisilla.

―Hola ―saludó en un suspiro cansado, mirando el reloj―. ¿Sólo es la una menos cuarto? ¿Qué clase de sufrimiento es este? ―Rodó los ojos―. ¡Pensé que si te veía entrar por esa puerta significaría que estaría a cinco minutos de acabar mi turnooo…! ―Habló en voz baja, para entonces cerrar la caja y empezar a recoger un par de cosas que estaban sobre la barra, para que Gwen tuviera la zona limpia―. Qué desilusión. Me lo tomaré con filosofía: son solo tres horas restantes. ¿A ti qué tal tu día libre? ¿Qué has hecho? ―Y antes de que pudiera contestar, señaló a la vidriera que tenía justo debajo de la barra, con cosas dulces y saladas―. ¿Te apetece algo? ¿Un café, una magdalena…? ―Desde aquella vez siempre le ofrecía magdalenas y nunca dejaría de hacerlo mientras trabajase ahí.

Había veces que hasta le llevaba magdalenas porque sobraban y casi parecía una proposición indecente. Si algún día le pedía matrimonio―porque cabía la posibilidad de que fuese al revés―, le metería el anillo en una magdalena.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 32.046
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1312
Puntos : 1069
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Vie Nov 01, 2019 12:12 am

Cuando presenció aquella discusión de origen incierto —aunque no resultara muy difícil deducirlo, a juzgar por la factura en la mano de Santi—, la morena se apresuró a defender a su novia. Lo hizo medio en broma, en un intento por calmar un poco los ánimos. Santi tenía esa cara que parecía indicar que no estaba, precisamente, de broma.

Su pequeña amenaza, sin embargo, surtió efecto: el español la miró con incertidumbre, y aunque enseguida sonrió pensando que estaba de broma, Gwendoline entrecerró los ojos para que no estuviese tan seguro.

—¿Apostarías tu vida a eso? —le preguntó, con cierto aire siniestro, justo después de que Sam se adjudicara las culpas.

Cuando un cliente llamó la atención de los dos empleados del Juglar, y resolvieron entre ellos que fuese Santi quien le atendiese, Gwendoline le dedicó una “mirada del tigre”: se señaló ambos ojos con los dedos índice y medio, para luego señalar con ellos a Santi, en un inequívoco mensaje: «Te estoy vigilando, pequeño muggle.»

Ambas chicas se quedaron solas, y la sonrisa de Gwendoline se desdibujó un poco al ver que los ánimos de su novia… bueno, pues eran los que eran: los ánimos de un jueves por la mañana, cuando todavía quedan tres horas de jornada por delante, y después de haber discutido con un compañero de trabajo que por lo general era bastante afable.

¿Qué ánimos eran esos? No demasiado buenos.

—Siento no ser portadora de buenas noticias —le dijo, con sinceridad, con una expresión resignada en el rostro—. Creo que pedirme una magdalena sería contraproducente para tu rendimiento —bromeó, sonriendo un poco más—. Venga, me tomaré un café, y tú te tomarás otro. No puedes protestar porque soy la clienta y tengo la razón. —Y, diciendo eso, sacó de su cartera un billete de veinte libras y lo dejó sobre la barra—. Además, dejo buenas propinas.

No sabía qué iba a opinar Sam de la noticia que tenía para ella. Quizás le serviría para animarse un poco, pues era un comienzo, un paso más en su posible dimisión del Ministerio de Magia. Sin embargo, probablemente le robaría unas cuantas horas más a la semana —que procuraría compaginar con los horarios de su novia en el Juglar—, por lo que quizás no le hiciese gracia esa parte.

Mientras Sam se enfrentaba a la temible cafetera, otro pedazo de tecnología muggle que la morena no entendía, se dispuso a contárselo.

—La verdad es que he tenido una mañana bastante productiva. ¿Te acuerdas de la conversación que tuvimos? ¿Acerca de trabajar en una librería? —Se acordaría: habían tenido aquella conversación desnudas ante una hoguera en un país extranjero. ¿Cómo olvidarse?—. Pues siento decir que las respuestas no han sido demasiado positivas: nadie actualmente se puede permitir contratar a alguien con las condiciones que yo pongo. —Sonaba a derrota, eso estaba claro, pero había algo más—: Pero ¿te acuerdas de nuestro amigo Angus Flannagan? ¿De Hogwarts? ¿Que tenía una pequeña librería en el Callejón Diagón? Me pasé a saludarle también, y resulta que tiene un proyecto en mente.

Cuando Angus se lo había contado, Gwendoline se había mostrado un tanto escéptica: parecía el típico sueño de alguien iluso, más una obra de caridad que un proyecto empresarial en sí. Pero una vez el chico se había puesto a explicárselo bien… a Gwendoline le había picado el gusanillo.

No había aceptado, todavía, pues primero quería consultarlo con Sam.

—Resulta que está rehabilitando una vieja biblioteca mágica que lleva años abandonada. Me la ha enseñado, y tiene allí pilas y pilas de libros metidos en cajas. Su intención es convertirla en algo público, principalmente para aquellos que no puedan permitirse comprar libros —le explicó. Parecía un proyecto muy ingenuo, nada acorde con el mundo mágico actual, pero… ¿no sería hermoso que saliese bien?
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} 9guYyyq
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1368
Puntos : 915
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Vie Nov 01, 2019 4:23 am

Su rostro se movió inevitablemente en un asentimiento cuando habló de su poco rendimiento como se pidiese una magdalena, aunque luego sonrió, pues obviamente sabía que estaba de broma. Sam era capaz de controlarse viendo a su novia comerse una magdalena. Desde que le pidió el café, aprovechando que no había que hacer nada porque todos en el Juglar ya estaban atendidos y muchos estaban a su bola hablando o leyendo algún periódico o libro, Sam cogió una taza para hacer el café de Gwen.  

―Me tomé uno hace un rato ―le dijo el motivo por el cual solo había cogido una taza―. Aunque se ve que mucho efecto no me hizo. Hoy me desperté pensando en la siesta que me voy a echar al llegar a casa, creo que eso contrarresta los efectos del café. ―Sabía que no, obviamente, pero solo quería evidenciar lo cansada que estaba―. Mañana no trabajo: ¿te parece hacer algo hoy por la noche después de mi gran siesta en la que me acompañarás porque te seduciré con la manta esa de terciopelo tan calentita? ―Sonrió.

Había hecho caso omiso al billete de veinte libres que había puesto sobre la barra porque no le iba a cobrar el café que apenas valía libra y poco. Hasta Alfred se enfadaba cada vez que intentaba pagarlo: ¡que era solo un café!

Mientras Sam le echaba la leche caliente al café haciéndole un corazón de esos todos monos, escuchó cómo le había ido la mañana a Gwen. Había que decir que después de más de un año trabajando en el Juglar Irlandés, Sam ya tenía tremenda maestría haciendo corazones y hojas en los café, aunque los corazones sólo se lo hacía a las personas especiales.

Asentía cada vez que le hacía una pregunta que esperaba respuesta, sobre todo porque en todas las que le había hecho la respuesta era positiva. Obvio que se acordaba de la conversación del posible cambio de trabajo de Gwen y… ¡por supuesto que se acordaba del bueno de Angus! Hacía muchísimos años que no sabía nada de él y le hizo sonreír saber que Gwendoline se lo había encontrado y que encima tenía un proyecto en mente.

―Tía, Angus ―repitió, sonriente y sorprendida―. No recuerdo la última vez que le vi. ¿Te acuerdas cuando estaba detrás de Bee? ―Rió, pues siempre le pareció adorable y Bee una cegata por no hacerle caso a tremenda cosita tan bonita y adorable―. ¿Qué proyecto?

Aprovechó ese momento para ponerle el café delante, sonriéndole contenta cuando vio el corazón. Le dio también una de esas galletas de canela que se ponen junto al café, por si le apetecía tomársela, pero no le puso una bolsita de azúcar, pues sabía que no le iba a hacer falta porque Sam ya sabía como le gustaba el café a Gwen. También aprovechó mientras Gwen hablaba y le prestaba atención para arrastrar de vuelta a Gwen el billete de veinte libras.

Sin embargo, cuando le contó el proyecto de Angus, dejó de prestarle atención al billete y sonrió.

―Jo tía, eso es una idea genial ―le respondió con sinceridad, pues le parecía una idea fantástica y maravillosa hacer inventario y remodelar una biblioteca para poder abrirla al público. Era una aventura: ¡a saber la de cosas que había ahí! Y le gustaba eso de crear algo desde cero para otras personas, sobre todo si era para divulgar cosas así de interesantes―. Es un poco arriesgado, supongo que habrá comprado la biblioteca abandonada y el proceso de rehabilitarla correrá de su bolsillo, ¿no? Supongo que si hay beneficios, será a largo plazo cuando se abra al público, a menos que consiga ayudas del estado.

Pese a que el nuevo gobierno era una soberana boñiga de caca, parecía estar invirtiendo en educación y centros culturales―por lo que había podido leer en los periódicos que Gwen traía a casa, pues inevitablemente no podía dejar su mundo detrás―, por lo que quizás sí que podría recibir ayudas si hablaba con las personas adecuadas.

―¿Te gusta, no? Tienes cara de persona a la que le gusta lo que ha visto y oído ―le intentó pillar por cómo lo había contado, pues aunque en algunas partes pudiese parecer que era una idea arriesgada, podía entender perfectamente que era LA idea arriesgada por la que Gwendoline creería que merece la pena arriesgarse―. ¿Y te dijo cómo pretende sobrevivir de eso?

Angus siempre había sido una persona soñadora pero con dos pies en la tierra, por lo que por lo que Sam conocía de él, no se lo imaginaba tirándose de cabeza en una piscina sin fondo y ver qué ocurre cuando llegue al final.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 32.046
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1312
Puntos : 1069
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Dom Nov 03, 2019 2:42 pm

¿Qué es lo que siente una persona que ha amanecido con las pilas cargadas junto a otra persona cuyas pilas están más bien en las últimas? Pues por norma general, lo natural es sospechar que, actuando como una especie de vampiro que se alimenta de sueño y no de sangre, ha robado horas de descanso a dicha persona.

Saltaba a la vista, no sólo por sus palabras, que Sam estaba agotada. Eso, inevitablemente, hizo mella en el ánimo de Gwendoline, pero optó por no demostrarlo. Si era experta en algo, ese algo era el arte de fingir. ¿Y por qué fingía ahora? Pues porque dudaba mucho que ver el desánimo reflejado en su cara fuese a servir de algo a la rubia.

En todo caso, serviría para acentuar su propia falta de motivación.

—¿Qué tienes en mente? —preguntó, interesada por su propuesta y por el hecho de que, como siempre, el billete de veinte libras siguiera encima del mostrador. ¿Sabéis lo poco que le gustaba que no le cobrasen?—. Ofréceme algo bueno y soy toda tuya.

¿Que por qué dejaba esa decisión en manos de Sam? Bueno, estaba claro que la vida social no era su especialidad. Si había algo que hacer en Londres por la noche, Sam sabría dónde encontrarlo.

Y después de eso, Gwendoline le contó cuál había sido el resultado de su búsqueda matinal: no había conseguido ninguna posibilidad de empleo en un futuro inmediato, pero sí había estado hablando con Angus Flannagan, antiguo amigo de Hogwarts que regentaba una librería mágica en el Callejón Diagón y, en un futuro, regentaría también una vieja biblioteca en cuya restauración estaba trabajando.

Sam, por supuesto, se acordaba del muchacho: hacía mucho que no lo veía, cierto, pero ¿cómo olvidarse de aquel niño pelirrojo de gafas que no dejaba de perseguir a una Beatrice que no se daba cuenta de lo que pasaba?

Bueno: siendo justos, Gwendoline entonces tampoco se enteraba de qué iba el tema.

—Obviamente, sería más una afición que otra cosa: no me puedo permitir poner dinero de mi bolsillo, y evidentemente, de aceptar su propuesta, no cobraría ni un knut —matizó, con una expresión resignada en la cara—. Y sí, tiene intención de solicitar alguna subvención del Ministerio de Magia. No obstante, ya sabes cómo van esas cosas. Igual que en el mundo muggle: lentas. Pueden pasar meses hasta que se la concedan, si es que se la conceden. —Gwendoline se encogió de hombros, resignada: la burocracia funcionaba igual de mal en ambos mundos que, según uno de ellos, eran tan absolutamente distintos.

Se sorprenderían de lo parecidos que eran.

¿Le gustaba la idea? Sí. ¿Le parecía buena? Sí, pero con ciertos matices.

Para empezar, una pequeña parte de ella se sentía mal por añadir otra responsabilidad al carro bastante amplio que ya tenía entre manos. De alguna manera, además, le parecía una manera de desviar su atención de temas mucho más importantes.

Pero a nivel personal, sentía que necesitaba hacer algo así. Si su colaboración con la Orden del Fénix estaba a punto de terminarse, aquella podía ser una manera de colaborar, de entregarle algo a los más perjudicados por aquella nueva sociedad mágica.

Eso la hacía sentirse un poco egoísta, pero bueno… pasaba lo mismo con dejar la Orden del Fénix.

—Me gusta, sí, pero ya me conoces: tengo que pensar muchísimo en ello antes de tomar una decisión. —Suspiró, encogiéndose de hombros, como queriendo decir “Así soy yo. ¡Qué fastidio, ¿no?!—. Por lo que sé, tiene intención de convertirlo en un servicio de préstamo y alquiler de libros, así que me imagino que tendrá en mente financiarlo con suscripciones mensuales. Tal y cómo me lo ha explicado, yo creo que puede funcionar: ya sabes, no todo el mundo tiene el nivel económico suficiente para acceder a los libros que quiere leer o le hacen falta. Valora tener un sistema que permita alquilar, durante el curso escolar en Hogwarts, los libros necesarios para que los alumnos impartan las clases. Dice que quiere hablarlo con la dirección, y que ahora que los Lestrange ya no están, se siente un poquito menos intimidado a la hora de sugerirlo. Pero claro, primero tiene que tener todo montado.

Gwendoline reparó entonces en dos cosas:

Número uno: el billete de veinte libras seguía sobre la barra, sin que Sam se hubiera dignado a guardarlo en la cajada.

Número dos: la rubia le había servido un café humeante con un corazón dibujado con leche en la superficie, además de una galleta de canela.

Respondió a estos gestos de su novia con una sonrisa, para luego tomar la galleta, sacarla de su envoltorio y darle un modisquito. Se comió la mitad y luego, con el dedo, indicó a Sam que se acercase. Cuando lo hizo, le ofreció el resto de la galleta, poniéndosela delante de la boca para que se la comiese.

—Un poco de dulce anima a cualquiera, ¿no crees? —Aunque, seguramente, a Sam la animaría mucho más un buen chocolate caliente, o una galleta de chocolate, o chocolate cubierto de chocolate—. Hablando de eso, ¿me puedes dar un sobre de azúcar? Sé que suelo tomarlo solo, pero hoy me apetece.

Era una mentira, una estratagema de las suyas: en cuanto Sam se dio la vuelta para buscar el sobre de azúcar, Gwendoline destapó el tarro de las propinas y deslizó en su interior el billete de veinte libras. Lo volvió a tapar y volvió a su sitio, justo antes de que Sam se diese la vuelta.

Santi, que en ese momento regresaba a la barra para pedir lo que quería el caballero al que había ido a atender, la había visto hacerlo. Abrió la boca para decir algo, y Gwendoline lo fulminó con la mirada; el español captó el mensaje.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} 9guYyyq
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1368
Puntos : 915
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Mar Nov 05, 2019 3:46 am

Trabajar en el Ministerio de Magia podría otorgarte muy poca calidad de vida, pero algo innegable es que se cobraba muy, muy bien, sobre todo porque el galeón era mucho más rico que la libra, por lo que un mago promedio que había conseguido trabajar en el gobierno mágico, solía tener una calidad de vida bastante decente, e incluso alta, en Londres teniendo en cuenta lo caro que era.

Además, también era consciente de que uno de los motivos de Gwendoline de no dejar ese trabajo era porque era un trabajo seguro en donde conseguir bastante dinero, por no hablar de que no es que estuviesen pasando por su mejor racha económica después de haber alquilado y remodelado una casa entera en donde vivir.

Así que Sam frunció el ceño, confusa. No lo frunció porque no le gustase la idea, sino más bien porque le parecía sorprendente que Gwendoline realmente estuviese planteándose la opción, teniendo en cuenta cómo era su novia y que era una promesa de trabajo con muy pocos beneficios y, sobre todo, de haberlos serían a largo plazo. Iba a ser un cambio muy, muy gordo, a nivel de tareas y a nivel de pagos. Sin embargo, también había escuchado decir que sería más una ‘afición’ que otra cosa, por lo que supuso que su primera idea era volcarse en ello sin dejar el Ministerio de Magia.

Que ahí el punto era dejar su trabajo en el Ministerio de Magia, pero hasta Sam, que lo estaba deseando, sabía que con esas condiciones era una locura.

―¿Entonces le ayudarías al principio y luego depende de ver cómo sale todo? ―preguntó, todavía en la parte trasera de la barra―. Me imagino que igual con un proyecto tan verde no dejarías tu trabajo actual hasta que fuera algo más seguro o tuvieras algo de beneficios.

Sam hasta la apoyaría si quisiera hacerlo, con tal de que se fuera del Ministerio de Magia, sin embargo, había pasado ya tiempo desde que la rubia pecaba de ilusa. Y, siendo sinceros, el sueldo de Sam que rondaba las mil doscientas libras, no daba para todo. En comparación con lo que que cobraba hace cuatro años en el Departamento de Misterios, era una mierda, pero se había acostumbrado.

―Pero si te gusta la idea, adelante ―le animó con una sonrisa―. Tiene que ser muy entretenido hacer lo que Angus quiere hacer, además de que creo que no hay nada parecido así en Londres, a menos que compres los libros de segunda mano. ―Como había hecho Sam en su momento todos los años, pues sus padres y la clase media se habían chocado estrepitosamente contra el gran muro económico de los galeones.

En realidad le hacía ilusión que Gwendoline se ilusionase con cosas que no tuvieran que ver estrictamente con el conflicto mágico o que, directamente, utilizara su tiempo libre en esas cosas más ella, que todos esos asuntos de la Orden del Fénix que crispaban los nervios a cualquiera. ¡Que sí, que la Orden del Fénix era una iniciativa genial! Pero desde que había visto los peligros y había vivido a un ser querido dentro, no le gustaba. Le inspiraba inseguridad y no le gustaba tener esa sensación con respecto a Gwen.

También pensó que si se metía en esa iniciativa de manera voluntaria y como hobbie, utilizaría las tardes, por lo que sería una tarea más en la que no podría participar con ella y un motivo más para no verla. Esa idea ya no le gustaba tanto, ¿pero no merecía la pena si al final todo salía bien y decidía cambiar de trabajo?

Viendo el gesto de Gwen, Sam no dudó en hacerse ligeramente hacia adelante y atrapar el resto de la galleta con su boca, sin apagar la sonrisa. De hecho, aprovechó cuando cerró la boca en darle un beso a Gwen tras ponerse de puntillas al otro lado de la barra: fue un beso fugaz y cariñoso, casi de saludo porque cuando llegó le había cogido en  mal momento. La rubia no se dio cuenta, pero justo detrás de Gwendoline, en una mesa en donde habían dos señoras leyendo el periódico junto a dos café y un par de dulces, habían visto ese gesto tan cariñoso y una de ellas había puesto cara de desagrado, acompañando su gesto con un par de murmullos bastante homófobos, así como de la necesidad de hacer esas cosas en público. No parecía muy contenta.

―Sí ―respondió Sam a lo del ánimo del dulce, aunque sonó más como un mimoso “chi.”

No sospechó cuando se giró a coger ese sobre de azúcar, pero sí cuando al darse la vuelta ya no estaba el billete de veinte libras sobre la barra. ¡Cómo si no conociera a Gwendoline lo suficiente! Vio pasar a Santi sin decir absolutamente nada, pero igualmente Sam miró con evidencia a Gwen.

―¿Qué es lo que has hecho, bandida? ―preguntó con respecto al dinero, obviamente. Lo más cerca que había era el bote de las propinas y no iba a sacar nada de ahí. Sam sabía que a Gwen no le gustaba ir y no pagar, pero Gwen también sabía que a Sam le parecía una tontería que pagase por un café que le estaba haciendo ella, mucho más cuando es con un billete de veinte libras cuando eso solo cuesta una libra y poco. Vale que no quisiera “aprovecharse”, como dirían muchos, pero tampoco pagar tanto. Le dio entonces el sobre de azúcar, sin decir nada. Si Gwen quería pagar eso, pues que lo hiciera, tampoco se iba a poner como una idiota por esa tontería―. Pues me gusta tu nuevo plan en el que enfocarte. ¿A Angus como le va? ¿Sigue siendo tan mono como siempre?
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 32.046
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1312
Puntos : 1069
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Miér Nov 06, 2019 4:08 am

Con toda sinceridad, Gwendoline todavía no había tenido ocasión de hablar en profundidad con Angus respecto a su implicación en el proyecto de la biblioteca, pero sí había tenido tiempo de visualizar en su cabeza cómo lo haría. Y a pesar de que le encantaría lanzarse de cabeza a aquel proyecto, permitirse a sí misma vivir de sueños e ilusiones, sabía que no podía.

Seguía teniendo los pies en el suelo y la cabeza sobre los hombros.

Comprendía la discreta preocupación de Sam. Sin embargo, debía saber que su novia no se había vuelto completamente loca: ni tenía pensado dejar su única fuente de ingresos actual, ni tenía pensado sacrificar el poco tiempo libre que tenía para estar con ella por la posibilidad de un futuro más tranquilo.

—No me he vuelto loca de repente —aseguró con una amplia sonrisa, mostrando la dentadura—. Y no he tomado ninguna decisión todavía. Quería hablar contigo, saber qué opinabas, y si te convencía la idea, encontrar una manera de compaginar nuestros horarios con la colaboración con Angus.

Por egoísta que pudiera sonar, no estaba dispuesta a invertir mitad de su vida en trabajar en el Ministerio, mitad de su vida en ayudar a Angus con su proyecto, y para rematar llenar cada hueco que pudiera conseguir con gimnasio, Orden del Fénix y demás. ¡Solo faltaría! Ni que aspirara a convertirse en la Madre Teresa de Calcuta.

No. Evidentemente, tenían una vida de pareja que compaginar con sus obligaciones, y si para ayudar a un amigo tenía que renunciar a su pareja, estaba claro quién iba a salir perdiendo. Angus era muy mono… pero no tan mono.

Cuando le ofreció su media galleta, un intento de animarla para seguir con su jornada laboral, ella la correspondió con un beso que, por lo visto, no fue demasiado bien recibido por algunas clientas de ideas retrógradas. Gwendoline no mostró interés alguno en estas críticas, teniendo en cuenta que el mantener una relación con una mujer era lo menos reprochable que hacía en su vida diaria.

Así que hizo oídos sordos y, tras una brillante maniobra de distracción, dejó el billete de veinte libras en el tarro de las propinas. Todo el mundo sabía que el tarro de las propinas solía repartirse a partes iguales entre los empleados al acabar el turno, por lo que era harto probable que la mayor parte de ese dinero regresara a casa. ¡No estaba loca! Sabía lo que costaba un café, y no hacía eso a diario. Sin embargo, la invitaban tantas veces que al menos en alguna ocasión tenía que compensarlo.

—Ha sido el viento —comentó, dando de manera intencionada la peor excusa que se le ocurrió; tan mala era que no pudo decirlo con cara seria—. El viento considera que este par de camareros se merece una buena propina por su buen servicio al cliente, y yo no soy nadie para contradecir la voluntad del viento, ¿sabes? —Y le dedicó un guiño cómplice, intentando que se animara. ¿Qué más daba? Aquel dinero estaba mejor invertido allí que en cualquier otro sitio.

Removió el café con la cucharilla, llevándosela a la boca cuando terminó para comprobar la temperatura de éste. No se esperaba otra cosa: Sam sabía el peligro de Gwendoline con las bebidas calientes, y había calentado el café lo suficiente para que no estuviese tibio y desagradable, pero no lo suficiente como para que le produjese quemaduras en la boca.

Sí, irónico: podía maltratar sus papilas gustativas a base de picantes inflamables, pero no soportaba un poco de café caliente en la boca. ¡Así era ella!

—Sigue igual que siempre, sí —respondió a la pregunta de Sam—. Le pregunté cómo le habían ido las cosas desde el cambio, por si había tenido problemas o algo así, pero parece ser que no. Me gusta pensar que sigue existiendo al menos un mínimo de respeto hacia las personas que únicamente quieren hacer su trabajo y vivir de sus pasiones. —«Siempre y cuando su sangre sea lo bastante mestiza, claro», pensó, sin verbalizar, para no hacer sentir mal a Sam—. Se me quejó bastante de la burocracia y de lo lento que iba todo en el Ministerio. Me pidió que le echase un cable, que seguro que conocía a alguien que pudiera acerlerar un poco los permisos que ha solicitado. —No pudo evitar reír al recordar cómo se lo había pedido, tan serio, con sus gafas de pasta. ¡Si es que era adorable!—. También me preguntó por Beatrice y por ti. Me dio un poco de pena decirle que no sabía nada de Beatrice, la verdad.

En realidad, también se había mantenido cauta a la hora de revelar que mantenía contacto con Sam. Sí, cierto, Angus era adorable, y se notaba que no tenía intención alguna de ir con el cuento al Ministerio, pero cuanto menos supiera, mejor. Por su propia seguridad, al menos.

—No le dije nada de ti —añadió, para dejar tranquila a Sam—. Pero, ya sabes: sólo tenía ojos para Beatrice. Así que ya te imaginarás que su preocupación se centró casi exclusivamente en ella.

Sonrió, divertida, y poco a poco esa sonrisa se fue tornando un poco más triste. Pensar en cómo se habían ido separando los caminos de todas aquellas personas que una vez habían estado tan unidas… Aún recordaba los viejos tiempos, y sentía una sana añoranza… hasta que dejaba de ser sana y se convertía en una especie de envidia hacia su yo pasado, claro.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} 9guYyyq
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1368
Puntos : 915
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Nov 07, 2019 3:52 am

Después de meses y meses de insistencia en que Alfred fijase los horarios, Samantha había conseguido que prácticamente todas las semanas trabajase de mañana para poder coincidir por la tarde con Gwendoline en casa. Además, solo trabajaba dos sábados al mes y, casi siempre, por la mañana. Después de bastante tiempo allí siendo una empleada modelo se había ganado un buen horario. Otra cosa no, pero Sam aunque no le gustase ser camarera, le gustaba mucho el Juglar Irlandés como cafetería-librería y adoraba el ambiente allí dentro. Al menos con eso sí era feliz.

Sabía que Gwendoline no aceptaría eso si con ello iba a sacrificar el tiempo que tenían juntas y, sobre todo, que no estaba loca como para enfrascarse en un negocio que no tiene certezas de futuro.

―A mí me gusta la idea, creo que te pega mucho ―contestó a su petición de opinión―. Y claro que podríamos cuadrar horarios. Llevamos meses lidiando con horarios de mierda que hacían que nos viésemos muy poquito al día: creo que podemos adaptarnos a algo así ―añadió con una sonrisa. Después de las mañanas en donde Gwendoline trabajaba y las tardes en donde lo hacía Sam, literal que se veían dos horas antes de irse a dormir exhaustas. La verdad es que le apenaba volver a algo así porque hasta la hora más improductiva con Gwendoline era más satisfactoria que cualquier hora haciendo otra cosa, pero vamos, sobreviviría. Además, le ponía feliz ver a Gwendoline haciendo algo que le gustaba y no entrañaba ningún peligro en la vida―. Los horarios no son un problema, nos adaptamos y listo. Si estás motivada con la idea, yo estoy motivada con la idea ―dijo, encogiéndose de hombros divertida.

Gwen sabía que Sam la apoyaría siempre EN TODO. Si había conseguido que Sam la apoyase hasta con lo del Juguetero, estaba claro que con esto la iba a animar a tirarse a la piscina, porque entre Ravenclaw entendían que una no podía decir que no a instaurar una biblioteca y meterse en una habitación polvorienta llena de libros viejos.

La miró con una sonrisa ladeada frente a la excusa del viento, negando con la cabeza ante su gran creatividad y lo que parecía su nueva deidad a la que adorar: el viento.

―Ya, sí ―le contestó con un retintín divertido, para nada real ni molesto, sino más bien juguetón, como cuando se vacilaban. Lo gracioso es que era diferente ver que era Gwendoline quién vacilaba―. El viento; dichoso viento.

La rubia preguntó por Angus porque hacía muchísimos años―¡o más, incluso!―que no sabía nada de él. Habían perdido bastante el contacto después de la universidad porque a todos se les había impuesto eso llamado VIDA, pero siempre había recordado a ese muchacho con mucho cariño, por no hablar que siempre que se habían visto había sido muy agradable y la había tratado con confianza. Pese a que no era un amigo excesivamente cercano, era esa persona por la que pondrías la mano en el fuego porque era un cachito de pan.

Se alegró de saber que todo le había ido bien y que nada de todo lo que había ocurrido le había salpicado de alguna manera. Cuando mencionó a Bee, Sam asintió, un poco apenada también. Uno de los motivos por el cual Sam siempre leía el Profeta cuando Gwendoline lo llevaba a casa―por triste que pueda sonar―era para ver quiénes morían. En su momento encontrar un ejemplar de El Profeta era la única manera de asegurarte de que tus seres queridos no se habían muerto y, bueno, al menos Bee no había salido nunca ahí. Sabía que con lo cabeza loca que era, seguramente hubiese terminado yéndose del país.

―Ya, es normal ―dijo con respecto a la preocupación hacia Beatrice.

Con respecto a no decir nada sobre ella también era normal. Era gracioso, pero Sam en la vida de las personas era como un fantasma: en realidad sólo existía de paredes hacia dentro. Podría tener contacto con personas del mundo mágico, pero realmente a ojos de cualquier otra persona Sam no existía, sino como mucho una tal Amelia Williams de la que no dar demasiado detalles. Sam podría ser la persona especial de Gwen, su media naranja y todo su mundo, pero realmente a ojos del resto de mundo, Gwen no tenía nadie al lado.

Era triste pensarlo, pero era lo que había que hacerse y Sam lo sabía. Esbozó una sonrisa, pues se quedó con lo bonito: Angus se había acordado de ella.

―Tenías que haberle dicho que seguramente Bee y Sam estaban de parranda por Tailandia, alejadas de toda esta locura y que en algún momento cuando todo cambiase, volveríamos para celebrarlo con una maleta entera de souvenirs ―le respondió divertida―. Con lo inocente y bonachón que siempre ha sido Angus, seguro que se lo cree. ―Se metió un poco con él, sin maldad ninguna―. La verdad es que espero que nunca haya tenido o tenga que enfrentarse a la dichosa guerra y que sea de los afortunados que pueden caminar sin chocar con los escombros.

No sabía qué había sido de su vida, pero con lo poco conflictivo que era, así como su libertad tan evidente, suponía que había podido pasar por alto mucha basura.

Sam aprovechó ese momento en el que el Juglar Irlandés estaba bastante tranquilo para limpiar la barra y la cafetera, así como dejar preparadas algunas cosas para los siguientes clientes. Mientras tanto, evidentemente siguió hablando, pues no se había ido de detrás de allí. Solía turnarse con Santiago cuando había poca movilidad: uno iba y venía y el otro se quedaba allí haciendo los pedidos.

―¿Y cómo quedaste con Angus? ¿Te pasas por allí cuando tengas alguna respuesta definitiva o habéis quedado de nuev… ―Y entonces, en lo que fue un auto-reflejo, despegó fuertemente la mano de la máquina de café, como si se hubiera quemado. De hecho: se quemó. Se quemó muy fuertemente. Dejó la frase a mitad y su mirada fue directa a su dedo corazón, el cual tenía una quemadura un poco fea. En principio era todo bastante rojo, pero no era la primera vez que Sam se quemaba con esa cafetera rota, porque eso estaba muy roto. Sin decir ni hacer nada, subió la mirada de nuevo para mirar a Gwen con carita de pena, esa mirada que dice: “¿Por qué yo? Me estaba portando bien, no me lo merecía.”―Jo… ―Zarandeó el dedo, sintiendo la zona muy sensible.

―¿Tú quemarte otra vez? ―Se escuchó a Santi saliendo de la cocina.

―¡No me he quemado, me ha quemado eso! ¡Esa dichosa máquina está rota! ―Exclamó susurrante, aún con cara de pena―. No debería de quemar esa maldita zona, un día va a explotar y nos vamos a morir todos. ―Exageró dramáticamente. Santi rió. Que Santi riese―aunque fuese gracioso y Sam no estuviese enfadada con él―no hizo que Sam sonriese. No era la primera vez que se quemaba ella porque estaba mal y se lo habían dicho a Alfred muchas veces, pero como seguía haciendo café… Un día Sam la iba a romper por dentro solo para que dejase de hacer café y así la arreglaran de una vez―. Ahora vengo.

Salió del interior de la barra, yendo hacia el fondo para meterse en el baño de los clientes, concretamente en el de mujeres. Abrió el lavamanos con agua MUY FRÍA y metió el dedo debajo.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 32.046
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1312
Puntos : 1069
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Jue Nov 07, 2019 2:37 pm

Sam podía asegurar que los horarios no eran problema, que todo se resolvería adaptándose, pero Gwendoline sabía que sí lo eran: teniendo en cuenta su situación de pareja actual, además de lo apretadas que llegaban a fin de mes desde que alquilaban la casa, no tenía intención de sacrificar absolutamente todo su tiempo libre en lo que a todas luces era una labor benéfica.

Como labor benéfica y voluntaria que sería, simple y llanamente, Gwendoline tenía pensado dedicarle el tiempo que pudiese sacrificar. Y no era mucho.

—No vamos a tener que vernos muy poco al día —le aseguró—. Me gusta la idea de ayudarle, no me importa hacerlo sin cobrar, pero mi altruismo no llega a tanto: había pensado en dedicarle, como muchísimo, un día a la semana. Quizás el sábado por la mañana, que sueles trabajar.

Además, estaba convencida de que Angus tenía más gente dispuesta a ayudar, y de no tenerla, seguro que la conseguía. Por su parte, Gwendoline tenía a un par de personas en mente que podían echarle una mano al muchacho. No creía que fuesen a decir que no, teniendo en cuenta la historia que les unía.

Se refería a Savannah McLaren y a Douglas Dagon.

Cuando Sam, evidentemente, no se tomó en serio la excusa acerca del viento impulsándola a dejar veinte libras en el tarro de propinas, Gwendoline siguió sonriendo y le dedicó un guiño cómplice. Aquella manera de “vacilarse” mutuamente era algo que se le había pegado de ella, no podía negarlo.

Se había convertido en una buena experta a su lado.

Tras ese pequeño incidente, charlaron un poco sobre Angus, quien para alivio de ambas había tenido una vida tranquila, en su pequeño rinconcito del mundo. Gwendoline siempre defendería la teoría de que quien hacía daño a un librero autónomo con una pasión por los libros como la de Angus tenía un lugar especial reservado en el infierno. Así que se alegraba de que, habiendo lo que había en el poder, hubiesen optado por dejarle tranquilo.

—No le ha tocado hacer frente a nada de eso. Le pregunté específicamente si alguna vez le habían ido a molestar expresamente a él, pero me aseguró que no. Tampoco tendrían motivo para ello, pues creo firmemente que Angus está totalmente limpio. Ya sabes: no como yo. —Se encogió de hombros: “no estar limpia” significaba tener alguna implicación con grupos antigubernamentales y fugitivos de la “justicia”, cosa de la cual Gwendoline era claramente culpable—. Pero si he preferido no decirle nada respecto a ti es precisamente porque… Es tu amigo, y aunque se preocupe más por Beatrice, te echa de menos —le dejó caer, calibrando su posible respuesta.

Que a ver. Gwendoline no se había vuelto completamente loca, ¿de acuerdo? No iba a pedirle a Sam que se personase en el Callejón Diagón para tomarse un café con Angus Flannagan, pues aquello los pondría a ambos en peligro. Sin embargo, a dónde quería llegar era, precisamente, a que el Juglar Irlandés era un bonito sitio donde tener una reunión de viejos amigos. Y una excelente cafetería con muchos libros, cosa que a Angus le chiflaría.

Pero no podía obligarla: tenía que salir de ella.

Se disponían a seguir hablando acerca del asunto de Angus cuando, por sorpresa, su novia sufrió una pequeña quemadura, cortesía de la vieja cafetera del Juglar Irlandés. Según sabía, no era la primera vez que sucedía, pues por lo visto no sólo hacía un café excelente, sino que además era una agresora consumada.

Sam, dolorida, la miró, y Gwendoline enseguida se puso a rebuscar en su bolso encantado para ampliar su espacio. En lo que apartó la mirada de su novia para buscar mejor, ella ya había salido corriendo en dirección al cuarto de baño —tras una breve discusión con Santi—, por lo que la morena tuvo que saltar de la silla e ir tras ella cuando encontró lo que buscaba.

Al abrir la puerta del cuarto de baño, Gwendoline se encontró a Sam con el dedo sumergido bajo el chorro de agua del grifo. Cerró la puerta tras de sí y caminó hacia ella, sosteniendo en su mano un pequeño bote con vaporizador en spray.

—Déjame echar un vistazo —le pidió, en tono casi confidencial. Sam le hizo caso, dejándole ver ese dedo, y enseguida se dio cuenta de que la quemadura no era demasiado grave, lo cual no quitaba lo doloroso—. No es nada. Con esto te calmará el escozor y empezará a regenerarse el tejido.

Gwendoline aplicó primero una gasa seca —que también se sacó del bolso—, y cuando la zona estuvo libre de agua, aplicó un par de chorros de la sustancia, que estaba fría como el hielo y tenía un color ligeramente amarillento.

—Huele un poquito mal —advirtió con una sonrisa, como si el tufillo que había emanado del bote a la primera pulverización no fuese más que evidente—. ¿Es esta tu manera de intentar salir antes del trabajo? Porque podría funcionar —bromeó, alzando la vista para mirarla a los ojos.

Y por si alguien se lo ha preguntado… ¡Sí! ¡Efectivamente! Gwendoline también llevaba tiritas en su bolso. Seguramente, eso era lo más normal de todo lo que había sacado del interior.

Mientras le colocaba la pequeña banda adhesiva sobre la herida, envolviendo el dedo, Gwendoline se mostró tan concentrada que parecía una profesional. O casi, al menos. Se notaba la pasión que sentía cada vez que utilizaba sus habilidades para ayudar a alguien, aunque fuese en algo tan aparentemente insignificante como una quemadura que estaría curada por completo en un par de días.

—¿Mejor? —preguntó, una vez terminada la cura.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} 9guYyyq
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1368
Puntos : 915
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Vie Nov 08, 2019 4:10 am

Pese a que tenía ganas de ver a Angus, así como de ampliar de nuevo sus horizontes sociales―lo echaba de menos, pues era una gran persona―, le daba un poco de apuro quedar con él o decirle cualquier cosa. Por una parte la voz del pasado le resonaba: “la gente que te quiere, se arriesgará por ti y quiere saber que estás bien”, pero por otra parte le seguía pareciendo un poquito egoísta. Ella no quería que por su culpa, después de tres años limpio sin relaciones con fugitivos, se viese en el compromiso desleal con el dichoso gobierno mágico. Sabía perfectamente que Angus diría que sí, pero también sabía lo Hufflepuff que era y que después de quedar con Sam, cada vez que viese a un miembro del Ministerio de Magia se le iban a poner los huevos como corbatas de la tensión.

Le apenaba el hecho de no poder reencontrarse con las personas, pero si podía decidir, realmente lo prefería, sobre todo en el caso de Angus, que estaba literalmente limpio con todo esto.

―Debo admitir… ―Comenzó, mirándola de reojo, pues era bastante consciente de lo que opinaba Gwen a respecto de lo que iba a decir―: Que me hace ilusión darle uno de esos abrazos de osos que tan reconfortantes eran, pero me da mucha pena meterle en este compromiso. Estando totalmente limpio con todo esto… mejor que siga así. ―Se encogió de hombros―. ¿No recuerdas lo nervioso que era? Mejor no darle motivos para sudar cuando hable con cualquier persona del Ministerio de Magia.

La rubia recordaba a Angus, sobre todo por dos cosas: los grandes abrazos que daba―pues eran de esos que te apretaban y encima siempre olía bien―y porque era un hombre muy, muy gracioso. Pero gracioso de inocente y tierno, no gracioso de chistes fáciles y pícaros, como era por ejemplo Henry. Angus era como un osito de peluche pero pelirrojo y que te devolvía los abrazos.

En mitad de esa tranquila charla que a Sam le estaba despejando bastante la mañana, la dichosa―por no decir una palabra peor―máquinas de café había atentado contra su dedo corazón. Le daba muchísimo coraje quemarse, ya no porque dolía muchísimo, sino porque no era la primera vez que le pasaba y no había sido culpa de ella, de su despiste o de su descuido, sino porque la maquinita de las narices llevaba rota semanas, de tal manera que el regulador de calor se disparaba y muchas zonas se quedaban ardiendo cuando no debería.

Para colmo, Santiago de reía de ella porque “era una torpe”, cosa que no ayudaba mucho a su mal humor por culpa de haberse quemado DE NUEVO el dedo. Salió de allí hacia el baño por dos razones: agua fría e intimidad para poder murmurar en voz baja muchas cosas feas con respecto a la gracia de Santi y la integridad de la máquina de cafés.  No le cogió por sorpresa que Gwendoline viniese en su auxilio, por eso precisamente había dejado la puerta del baño sin echar la llave.

Le mostró el dedo corazón―aunque pareciese por un milisegundo que estaba haciéndole un corte de mangas―, para sonreír y llevarse la otra mano al puente de la nariz. Estaba notando las pulsaciones de su corazón en el maldito dedo.

―Adoro a Santiago Marrero, pero creo que hoy mi paciencia está rozando límites insospechadamente altos ―reconoció frente a Gwendoline, en confidencia, esbozando una pequeña sonrisa. Era sabido que Santi pinchaba a cualquiera, por eso no estaba enfadada―. ¿Sólo un poquito? ―añadió cuando Gwen matizó el mal olor.

Entonces se quedó tranquila, callada, observando como la guapa de Gwendoline le echaba aquello y le ponía una tirita con todo el cuidado. Que ojo, la gente se pensaba que poner una tirita era fácil y no, no era tan fácil. Para algo normal quizás era más fácil, pero para nada. Una vez Sam se había puesto ella una sola con las prisas en el Juglar Irlandés―sí, una de esas veces en las que se quemó también por la máquina de cafés―y se la había puesto mal, de tal manera que parte de la zona del pegue rozaba con la parte quemada de su dedo. ¿Sabéis lo mucho que le dolió quitarse aquello? Las lágrimitas que le salieron de sus ojos eran las únicas conocedoras de tanto dolor.

―Pero Gwendoline… ―dijo en voz baja, como si fuera a decir algo muy serio. Se miró la buena obra médica de su dedo, para entonces posar su mirada en la de la morena―. ¿Y ahora que me has curado cómo me hago la dramática frente a Alfred para que me deje volver a casa por convalecencia? ―Pese al frío que le había echado en modo de spray, Sam todavía sentía un ligero pinchazo continuo en la quemadura, pero mucho más leve―. Gracias por socorrerme, ¿qué haría yo sin ti? Ponerme otra tirita mal y sufrir por ello cuando llegase a casa, seguro. ―Se rió de sí misma, pues obviamente Gwen había sido la primera en sufrir el drama de Sam ante su mal uso de las tiritas.

Sujetó los restos de la TIRITA y los tiró a la papelera, para entonces mirarse al espejo del lavamanos y mirar a la morena a través del mismo.

―He recapacitado mejor mi oferta de antes con respecto a nuestro quehaceres por la tarde ―le dijo, pues en ese momento sólo quería una cosa―. Me gustaría proponerte la indecente idea de pasarnos toda la tarde en el sofá, con la colcha de la cama, los últimos capítulos de alguna serie y cosquillitas ―ofreció, con una sonrisa infantil. Eso de “cosquillitas” era mucho de Sam. Ella se sentaba al lado de Gwendoline en cualquier lado y si tenía las manos libres, solía sujetar con suavidad el brazo de Gwen y acariciarle la piel con dulzura. Era obvio que Sam estaba en modo “quiero mimos y dormir a tu lado.” ―O… ―Hizo una pausa, girándose hacia ella―. Podemos utilizar un confundus con Santi para que se crea que estoy malherida y así poder irme a casa contigo desde ya. Él sabrá convencer a Alfred de mi incapacidad física del dedo. ―Le mostró el dedo corazón divertida, de nuevo, como si fuera un corte de manga.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 32.046
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1312
Puntos : 1069
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Dom Nov 10, 2019 1:32 am

Convencer a Sam de que aceptase a otra persona del mundo mágico en su vida entrañaba la misma dificultad que empujar un coche a pulso: técnicamente, era posible, pero requería un increíble esfuerzo en contra de una fuerza que parecía repelerte. La única cosa buena era que, al menos, Sam no te aplastaría, y el coche tenía muchas posibilidades de hacerlo.

Así que su sugerencia iba a limitarse a eso, una sugerencia. Cierto era que Angus había sido importante en la vida de ambas, pero en la actualidad ya no lo era tanto. No eran amigos inseparables que envejecerían juntos, ni nada por el estilo.

Sin embargo, quizás, algún día podrían retomar su antigua amistad. O bien si Sam aceptaba recibir una visita suya, o bien si las cosas cambiaban. Por el momento, Gwendoline decidió dejarlo estar con un asentimiento de cabeza.

—No me hace falta recordarlo: cuando me vio entrar por la puerta de su librería, se levantó tan rápido que derribó su vaso de café y puso perdido el suelo. —Gwendoline sonrió, divertida—. Y tengo la ligera sospecha de que, de no haberle pedido que tuviese cuidado, habría pisado el charco y resbalado. Suerte que me hizo caso.

Para cuando se encontraban en el cuarto de baño, echando un vistazo al dedo herido de Sam —el destino, que parecía encontrar divertidas cosas que ella no, había querido que fuese el dedo corazón—, Gwendoline aplicó un pequeño tratamiento de primeros auxilios. El potingue apestoso con que había rociado la quemadura era poco más que una pomada para quemaduras con un poco de analgésico, aunque en versión mágica y con una enzima que aceleraba ligeramente el factor regenerativo natural de la piel.

No era algo de su propia cosecha, sino más bien algo que le habían recomendado en San Mungo. El porqué olía tan mal se le escapaba totalmente.

—Mi consejo es que, por mucho que te crispe los nervios, no le asesines en plena jornada laboral —bromeó Gwendoline, para luego sonreír ante la pregunta retórica de su novia: sí, aquel remedio olía algo más que un ‘poquito’ mal.

Después de eso, aplicó una tirita sobre la zona afectada por la quemadura, teniendo el cuidado suficiente de no colocar el adhesivo sobre la piel quemada. A veces, podía ser muy complicado, y más si no se contaba con una tirita lo suficientemente grande, pero Gwendoline había utilizado una de tamaño mediano. Además, había reunido mucha experiencia en sus prácticas a la hora de aplicar un pequeño tratamiento como aquel.

—Tomo nota —bromeó de inmediato—: la próxima vez, en lugar de una tirita te pondré una férula y un cabestrillo. —Y rió, divertida, para escuchar los agradecimientos de su novia. A su pregunta, estuvo a punto de matizar: ¿qué harían la una sin la otra?—. ¿Nunca se te ha pasado por la cabeza quitarte las tiritas bajo el grifo de la ducha o el del lavabo? Es la forma más sencilla de conseguir que se despeguen. —Si no recordaba mal, se lo había dicho en alguna ocasión.

Y si no recordaba mal, también, Sam había dicho algo así como que esa información ya no le servía, teniendo en cuenta que ya se había arrancado medio dedo con el adhesivo. Sí, Sam siempre tan exagerada. Era gran parte de su encanto natural.

Solventado aquel problema, quedaba otro por delante: el resto de la jornada, y lo que harían una vez Sam fuese libre. La rubia, de repente, parecía atacada por la necesidad de mimos, abrazos, cosquillas y demás, a lo que Gwendoline no pudo más que rendirse.

No hizo falta mucho para convencerla: después de todo, no era la más fiestera de las dos.

—¿Por qué tengo la ligera impresión de que te acabo de dar una muy buena excusa para hacer cortes de manga? He creado un monstruo —dijo, con una expresión fingidamente dramática en el rostro; no le duró mucho, y terminó riendo—. Tú eres la que lleva trabajando toda la mañana, y la que ha resultado gravemente herida durante su jornada laboral. Si alguien tiene derecho a decidir el plan de nuestra tarde, esa eres tú. —Le guiñó un ojo, para acto seguido tomarla de gancho por el brazo, ese al que no pertenecía el dedo herido—. Además, te dije que si me ofrecías algo bueno, sería toda tuya. Me has convencido —sonrió, al tiempo que ambas se dirigían a la puerta del baño—. Pero no para utilizar magia negra en Santiago —matizó, alzando el dedo índice—. Le acabo de amenazar con un mal de ojo, y se creerá que lo decía en serio.

Cuando salieron del cuarto de baño, Gwendoline echó un vistazo al reloj que colgaba en una de las paredes. Las manecillas marcaban aproximadamente la una y veinte de la tarde. El turno de Sam duraba hasta las tres, pero en cuanto la morena echó un vistazo a alrededor, se dio cuenta de que la clientela había disminuido considerablemente: apenas un par de mesas ocupadas.

Había cinco personas en total, entre ellas las dos señoras que miraban a Gwen y Sam con desagradado. De hecho, volvieron a hacerlo en cuanto las vieron salir juntas, cogidas del brazo, de los cuartos de baño. La morena las ignoró, dirigiéndose a la barra. Allí se encontraba Santi. Generalmente animado, jovial o, como cuando había llegado, cabreado por el motivo que fuera, en ese momento tenía tal cara de aburrimiento que parecía a punto de quedarse dormido, de pie y todo. Estaba secando una taza que, presumiblemente, acababa de lavar en la pila.

Gwendoline se soltó del brazo de su novia y los caminos de ambas se separaron: Sam fue en dirección a la parte interior de la barra, Gwen a sentarse delante de su café a medio consumir. Sin embargo, no tenía demasiado interés por su consumición, sino que venía a hacerle una oferta a Santiago Marrero.

—Seré breve, amigo mío: ¿qué me costaría que cubrieses la última hora y media de turno de Mia, teniendo en cuenta que quedan muy pocos clientes, te dejamos hacer la colada en nuestra casa, y eres una maravillosa persona? —Vale, eso último había sido un poco de peloteo discreto—. ¡Ah, sí! Y que tienes una propina de diez libras en el bote con mi nombre escrito. —Esbozó una sonrisa radiante, que enseguida se desdibujó cuando matizó—: Sé que eres muy dado a ese tipo de bromas, así que lo matizo: si me haces una insinuación de índole sexual, me llevo mis veinte libras de propina.

Le hubiera gustado amenazarle con algo más contundente, pero seamos sinceros: Gwendoline no podría cumplir una amenaza violenta, ni mucho menos. A lo más que alcanzaba era a llevarse pasivo-agresivamente el dinero que había metido en el bote.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} 9guYyyq
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1368
Puntos : 915
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Miér Nov 13, 2019 2:57 am

En realidad quién le había dado dos muy buenas excusas para hacer cortes de mangas era la cafetera averiada: le había quemado el dedo perfecto y, encima, había aumentado su mal humor, por lo que ambas cosas se complementaban a la perfección.

Sam sonrió al escuchar las palabras de Gwendoline con respecto al plan de la tarde.

―Pero tú siempre eres toda mía ―le respondió, puntillosa con su trato de que solo sería de ella si le convencía el supuesto plan de esa tarde―. Y de nadie más. ―Besó su frente de manera protectora, para luego reír al separarse por lo que dijo de Santi―. Tranquila, ya estoy acostumbrada a lidiar con él. Sobreviviré sin magia negra, sin confundus y sin males de ojos reales.

Salieron entonces del baño, sujetas hasta de nuevo la barra, en donde Sam entró al interior para seguir con sus quehaceres mientras que la morena se volvió a sentar para terminarse el café. Escuchó perfectamente desde donde estaba la propuesta indecente de Gwendoline hacia Santiago y, desde detrás del español, Sam miró a Gwen con una sonrisa cómplice, pues obviamente le encantaría irse a casa ya, ponerse el pijama más calentito que tenía en el armario y pasarse toda la tarde bajo una manta.

―Pero…

―¡Ni se te ocurra decirle a mi novia una insinuación de índole sexual! ―Le repitió Sam desde atrás, pinchándole con el dedo el costado y haciendo que diese un ligero respingo.

―¡Vale! ―Respondió, sin poder evitar sonreír. Ahí en donde lo veías, era lo suficientemente empático y amigo de Sam como para darse cuenta de dos cosas: esa mañana habían discutido mucho y ninguno parecía estar en su mejor día; sobre todo ella, así que cuando Gwen le pidió eso, tampoco vio tanta inconveniencia. Se giró hacia Sam―. Tú poder irte si te encuentras mal. ―Miró su reloj―. En un ratito Erika llegar y yo estar acompañado. Yo decir que tú estar indispuesta y que máquina necesitar cambiarse. ―Puso la mano sobre la máquina, encima, en donde no quemaba.

―¿Y no haces falso drama? ¿En dónde está tu contra-negociación? ―preguntó Sam, entrecerrando los ojos divertida: sospechando.

A Santi se le vio el plumero, sonriendo como si le hubieran pillado.

―¡Yo iba a ir hoy a tu casa a hacer la colada! ―Y soltó una carcajada―. ¡Ser muy feo negarme y luego ir a racanear la lavadora!

Sam tampoco pudo evitarlo, riéndose mientras negaba con la cabeza. Eso sí: no perdió la oportunidad. ¡Llevaba queriendo irse de ahí desde que puso un pie en el interior! Se llevó la mano al delantal y tiró de uno de los bordes del nudo, para deshacerlo y quitárselo, como si fuera la gran liberación. A veces daba más placer quitarse el dichoso delantal que el sujetador: ¡imagínate el nivel!

―Antes que tú ir… ¿tú poder hacerme un favor ya que dejarme solito? ―Puso ojitos de niño pequeño.

―Qué vago eres.

―¡Yo quedarme solito!

Debía de admitir que aunque Santi a veces le sacase de quicio, tenía muchas facilidades para volver a hacerla reír y que volviese a un estado de persona grata. Además, después de que le hubiera regalado una hora y media de felicidad en casa, no podía enfadarse con él.

Sam, que no le hacía falta que Santi le dijera qué era lo que quería, le hizo una señal a Gwendoline para que esperase un momento―y así de paso se terminaba el café―y se metió en la cocina junto a él. Y sí, era eso: limpiar la dichosa cocina con magia. En realidad era justo: ya que se iba a ir, no iban a dejar toda la parte exterior vacía mientras Santi se ponía a limpiar las cosas que habían quedado pendientes. En cuestión de unos tres minutos, volvieron a salir al exterior: Sam tenía cara normal, mientras que Santi reflejaba pura emoción, pues eso de ver las cosas volando y limpiándose solas le parecía lo más fascinante del universo.

―Vosotras ser muy afortunadas ―les recordó una vez Sam medio abrazó con un brazo a Gwen―. ¿Vosotras estar segura yo no poder convertirme en un mago? ―Susurró eso último, acercándose a ellas en un gesto confidencial.

―Seguro que aunque se pudiera, no te concederían el honor porque eres una cabeza loca ―le respondió Sam, apretando su nariz con el dedo índice―. Nos vemos después, saqueador de lavadoras.

―Adiós, mis amigas ―se despidió de ellas “dramáticamente”, agitando su paño―. Mejora ese dedo. ―Y Sam, divertida, le hizo un corte de manga enseñándole la tirita.


Casa de Gwendoline y Samantha
16 de noviembre, 02:55 horas

Habían pasado toda la tarde en casa y, aunque no hicieran nada especialmente relevante, al menos Sam tuvo la mejor tarde que podría esperarse después de una mañana tan desganada. Se puso después de comer a arreglar el jardín de la entrada, a quitar las flores muertas, a plantar algunas que tenía pendientes en macetas y, en general, a regar todo aquello. Debía de admitir que eso de no tener jardín nunca del que cuidar le había hecho tener poco interés por las flores y las plantas, pero ahora que tenía esa entrada tan bonita en la casa, le había hecho querer mantenerlo bonito y cuidarlas siempre que tenía tiempo libre. Le ponía feliz hacer eso.

Toda la tarde-noche se la pasaron en el salón, viendo cosas, hablando y con los portátiles. Había sido la típica tarde de no hacer nada, en donde te quedas hasta las tantas viendo alguna película o serie y los bostezos empiezan a contagiarse hasta entre las mascotas.

A eso de la una de la madrugada dejaron todo en el salón y subieron al piso de arriba para lavarse los dientes y meterse en la cama a dormir. No durmieron demasiado, pero para cuando empezó a sonar el teléfono móvil de Gwendoline, Sam estaba profundamente dormida, soñando incluso con algo relacionado con una aventura por Pandora en compañía de navis y perros. No tenía mucho sentido el sueño, pero ella se lo estaba pasando bien.

Estaba media abrazada a Gwen, con una de sus manos por encima del vientre de la morena y su cabeza cerca de su hombro, inhalando suavemente ese aroma que tanta tranquilidad siempre le daba.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 32.046
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1312
Puntos : 1069
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Jue Nov 14, 2019 2:16 am

Convencer a Santiago Marrero de cubrir la última hora y media en soledad fue más sencillo de lo que Gwendoline habría esperado. Casi diría que el joven español lo hizo con gusto.

Más pronto que tarde, ambas chicas descubrieron que pretendía adueñarse de su lavadora esa tarde. Ese era el motivo principal de la generosidad del joven.

Otra condición que puso fue que Sam le hiciese el trabajo sucio, que en este caso consistía en limpiar la cocina por medio de la magia. Teniendo en cuenta lo poco que le llevó la labor, mereció la pena.

Un buen trato, se mirase por donde se mirase.

Una vez Sam emergió de nuevo del interior de la cocina, sin su delantal, los tres allí reunidos parecían satisfechos. Gwendoline, desde luego, se había esperado muchísima más resistencia por parte del español, así que no se quejaba. Y seguía sonriendo, una práctica a la que, poco a poco, volvía a acostumbrarse.

—No quieras ser un mago —le sugirió Gwendoline, consciente de todas las penurias a las que un mago estaba expuesto en aquellos días—. Te contaré un secreto: la novedad de la magia se te pasa aproximadamente después de un mes, y luego todo se vuelve rutina. Especialmente cuando cursas tus estudios en lo que técnicamente es un internado. —Se encogió de hombros, sabiendo que aquella respuesta no iba a satisfacer a Santi.

¿Pero qué más daba? Él tenía la suerte de poder soñar con ser mago, totalmente apartado de la situación política de la Inglaterra mágica. Si aquello no podía considerarse una bendición —la bendición de la ignorancia—, Gwendoline no sabía qué lo sería.

—Cuando estés listo para hacer la colada, avísanos —le dijo Gwendoline, despidiéndose de él con la mano, mientras Sam y ella salían medio abrazadas del Juglar.

“Avísanos” era la forma que tenía de decirle que le irían a buscar por medio de la aparición. Así funcionaba aquello: les sabía mal dejarlo venir por medios muggles cargando con toda aquella ropa, teniendo en cuenta que debía recorrer media ciudad para llegar a Bromley.


***

Desde su regreso de vacaciones, Gwendoline se había propuesto el intentar ver la vida de una manera más positiva. Consciente ahora de que Sam se sentía mal cada vez que veía las cosas malas y peligrosas de su vida, trataba de minimizar en la medida de lo posible los daños.

De acuerdo, había tenido un par de momentos bajos —concretamente, el tema Ryan Goldstein y la dichosa fiesta/manifestación de Halloween—, pero por lo demás había intentado mantener una visión positiva de aquello que la rodeaba.

Como esa tarde: no habían hecho nada fuera de lo común, nada extraordinario, más allá de disfrutar una tarde en casa en pareja. Series de televisión, conversaciones banales, comida, portátiles… Una tarde normal y corriente, en esencia.

Sin embargo, Gwendoline la apreció. En esencia, la vida se componía de momentos así. Algunos quizás tachasen dicho estilo de vida de aburrido, pero a ella le daba igual. Últimamente, no podía evitar sentir que no tenía suficientes momentos aburridos en su vida, y que había comenzado a apreciarlos como lo que eran: un paréntesis en medio de una rutina que, en ocasiones, llegaba a ser demasiado peligrosa.

Así que más tarde, mientras dormía en compañía de su novia, Gwendoline se sentía en paz.

Era la primera vez en mucho tiempo que se sentía así de calmada, así de relajada. Era como si se hubiese quitado un peso de encima de los hombros simplemente por permitirse disfrutar de la vida, por dejar de temer lo desconocido que acechaba en cada esquina.

Y, por supuesto, la vida estaba a punto de mandarle un recordatorio.

El teléfono móvil que descansaba sobre la mesilla de noche comenzó a vibrar de manera ruidosa, y no tardó demasiado en despertarla. A tientas, todavía con los ojos cerrados, Gwendoline buscó el aparato con sus dedos, que lo agarraron torpemente. Abrió sólo un ojo para comprobar quién llamaba.

En plena pantalla apareció un único nombre: Glenn. El único Glenn que tenía en su lista de contactos pertenecía a la Orden del Fénix. ¿Por qué la llamaba a esas horas?

Tentada a no responder la llamada, Gwendoline hundió la cabeza en la almohada; sin embargo, al final se rindió, pulsando el icono del teléfono verde en pantalla y llevándose el aparato a la oreja.

—¿Glenn? Son las tres de la madrugada, ¿sabes? —dijo nada más descolgar, con voz soñolienta y frotándose el ojo izquierdo con el puño izquierdo.

—¡Ya sé, ya sé! Lo siento —respondió Glenn, notablemente alterado—. Es que ha sucedido algo...

Glenn, sin importar las circunstancias, solía mostrarse calmado, y es por ese motivo que algo, una especie de alerta, se despertó dentro de Gwendoline. Casi sintió una inyección de energía en el cuerpo que la hizo despertar, incorporándose hasta quedar sentada en la cama.

—¿Qué ha pasado? —preguntó, su voz algo más clara. Sentía un nudo en la garganta.

—Ha vuelto a atacar. El Juguetero.

De todas las noticias que podrían haberle dado ese día, esa sin duda era la peor. Hasta aquel momento, había creído finiquitado aquel asunto. Pero no: allí estaba el dichoso recordatorio que le enviaba la vida, casi como diciéndole que no se pusiera demasiado cómoda, que las cosas no se solucionaban tan fácilmente.

Dejó escapar el aire que estaba reteniendo en sus pulmones, trató de calmarse, y cuando Glenn estaba a punto de preguntarle si seguía allí, habló:

—Cuéntamelo todo.


***

Se limitó a escuchar el relato atropellado de Glenn, sin decir ni palabra, mientras su mirada escrutaba la oscuridad del cuarto. Había encendido la lámpara de su mesilla, y para entonces, Sam ya estaba despierta.

Su novia permanecía atenta, expectante, sabiendo que aquella llamada no era una llamada cualquiera.

Al cabo de cinco minutos, Gwendoline ya lo sabía todo: un nuevo refugio había sido atacado, en esta ocasión en Paddington. Se trataba de una tienda veinticuatro horas, regentada por muggles, y servía como tapadera a uno de los nuevos refugios de fugitivos, esos que Dumbledore había establecido después de lo sucedido en verano.

La Orden tenía intención de enviar ayuda, a fin de rescatar a cualquier posible superviviente.

—¿Ha-hay algo que yo pueda hacer? —preguntó Gwendoline.

—No creo. El Ministerio ya debería estar en camino, así que es peligroso.

—Vale. Gracias, Glenn. —Y dicho eso, Gwendoline cortó la llamada, dejando caer el móvil a un lado sobre la cama.

Se llevó ambas manos a la cara, lanzando un suspiro lleno de rabia y frustración. Otra vez, el dichoso Juguetero lo había vuelto a hacer, aún a pesar de todas las medidas de seguridad que se habían tomado. ¿Sólo habían servido para retrasar lo inevitable?

Sabía que Sam esperaba que le dijese algo, así que se volvió para mirarla, apartándose las manos del rostro.

—Ha vuelto a atacar, Sam. El dichoso Juguetero. —Y, con esas palabras, pasó a explicarle a su novia lo mismo que le había dicho Glenn a ella. Fue igual que relatar una horrible pesadilla recurrente.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} 9guYyyq
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1368
Puntos : 915
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Nov 14, 2019 4:08 am

Después de una tarde perfecta―a ojos y gusto de Samantha―, se había quedado plácidamente dormida junto a su novia. Podía afirmar con total certeza que su segunda práctica favorita junto a Gwendoline era pasar tiempo en la cama quedándose dormidas, con ese beso de buenas noches, esas caricias que cada vez se hacían más suaves y esas charlas tan banales, pero a la vez tan divertidas que hacían que poco a poco se fuesen quedando dormidas sintiendo el calor y la respiración de la otra. Si bien hace un par de años dormir para Samantha era un suplicio, ahora irse a la cama era algo bueno y que deseaba.

En mitad de un sueño en donde unos perros le contaban cómo proceder con la estrategia “Pitágoras” en contra de los invasores de Pandora, notó que en la vida real la cosa se estaba moviendo bastante. Se despertó―o al menos salió del octavo nivel del sueño―cuando Gwendoline se movió para coger el móvil y atendió la llamada, pero no fue hasta que se incorporó repentinamente de la cama que el plano horizontal de Samantha se volvió inestable y su apoyo desapareció.

Abrió un ojo media desorientada y vio a Gwen con el teléfono en la oreja y rostro preocupado. Fue en ese momento cuando empezó a recomponerse de la cama, contagiándose de preocupación. No se había dado cuenta de que había mencionado al tal Glenn, por lo a priori pensó lo peor: algo relacionado con un ser querido, su padre o cualquier otra cosa.

Sin embargo, cuando se incorporó, quedándose en la cama apoyada con una de sus manos mientras con la otra se restregaba uno de los ojos, intuyó un poco de qué podría ir la cosa, sobre todo cuando preguntó que si podía hacer algo y cuando ya, en su mente despierta, escuchó el nombre de Glenn, su compañero de la Orden del Fénix.

Cuando colgó, automáticamente Sam llevó su mano libre al hombro de Gwen. Antes de decir nada carraspeó, pero antes de proferir otro sonido, fue Gwen quién se giró y le dijo la devastadora noticia. Lo primero que se le pasó por la cabeza de Sam fue automático: maldijo a todos los ancestros del dichoso Juguetero de las narices. Dudaba mucho que ese señor o señora que se hacía llamar “El Juguetero” fuese consciente de lo que su mierda estaba haciendo, independientemente de las muertes que estaba consiguiendo. No quería sonar egoísta, pero después de que atacase, lo que a Sam más le importaba era cómo le afectaba a Gwendoline, pues sabía lo comprometida que estaba con ese tema que parecía ser un acertijo mortal imposible de resolver.

Mientras Gwendoline le contaba lo que había ocurrido hace apenas media hora, Sam se había quedado con la mirada fija en un punto, escuchando con atención. Se acababa de despertar y pese a que había pillado todo con detalle, su mirada cansada descansaba sobre el colchón. Cuando la morena terminó de hablar, Sam suspiró y calló durante un momento… En realidad después de haberse implicado en el tema y saber las atrocidades que hacía ese tipo, además de sus ataques sorpresas, no había podido evitar empatizar con esos fugitivos. Ella también había estado en refugios “creyéndose a salvo” y asustada porque, en cualquier momento, podría pasar cualquier cosa así. No quería ni imaginarse lo horrible que debía de ser estar en lo más parecido a un hogar y que de repente… todo explotase a tu alrededor. Bueno, se lo podía imaginar bien y en ese instante sólo le pasó por la cabeza el miedo y la angustia de cualquiera en esa situación.

Alzó entonces la mirada y salió de su pequeño letargo, sentándose mejor frente a ella, apretando una de sus manos con la suya.

―Lo siento mucho, Gwen ―consiguió decir, pues sabía lo mucho que habían hecho para intentar protegerse de los ataques y lo confiados que estaban de que ya todo hubiera acabado. Debía de haber sido un golpe duro, tanto para ella como para todos sus compañeros de la Orden del Fénix―. Es muy fuerte que haya aparecido después de tanto tiempo de esta manera… ―Murmuró, llevándose la mano a la frente.

¿Había tardado tanto en volver a atacar porque no sabía a donde hacerlo? Porque dudaba mucho que alguien como él se hubiese tomado vacaciones de verano para irse a la playa. ¿Cómo era posible que atacase a pequeños refugios, que supiera de ellos y que luego no supiera de dónde estaba el grande? ¿No sería más efectivo atacar al refugio principal? En ese momento de análisis le bombardearon demasiadas preguntas.

―¿Pero cómo es posible que haya descubierto uno de los nuevos refugios hechos por Dumbledore? ¿Eso no se supone que lo saben las personas implicadas? ¿Lo sabe todo ese tipo? ―preguntó para nadie, casi para el aire. No tenía sentido: ¿acaso había un topo allí dentro? ¿Cómo era posible que se filtrase información así de importante?

También sabía otra cosa con total certeza: Gwendoline no iba a conciliar el sueño esa noche de nuevo ni en mil años, por lo que Sam ya se estaba despertando, pues obviamente ella tampoco iba a poder dormir si su novia no lo hacía estando así. Sabía que en ese momento Gwen iba a querer hacer algo, por lo que sabiendo lo que tenía delante, la rubia no tardó en apoyarle.

―¿Quieres ir? ―preguntó, dudosa―. No vas a poder dormir y vas a estar inquieta toda la noche: ¿quieres ir al refugio para asegurarte… de que no puedes hacer nada? Quizás los que hayan ido han encontrado a algún superviviente y necesiten una ayuda en la enfermería. ―Hizo una pausa, mirándola a los ojos, intentando descifrar qué pasaba por su cabeza en ese momento―. Lo que tú quieras.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 32.046
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1312
Puntos : 1069
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Vie Nov 15, 2019 2:08 am

Que hubiese tenido lugar un nuevo atentado contra la comunidad de fugitivos era más que fuerte, y Gwendoline no podía evitar sentir cómo la bilis la corroía por dentro. Ante sus ojos vio cómo toda la paz que había logrado cultivar desde su regreso a Inglaterra se desmoronaba, hecha pedazos. Creían que lo habían conseguido, que habían logrado esquivar aquella bala, pero no.

No podía existir nada en aquel mundo que fuese fácil, ¿verdad?

La misma pregunta que Sam se hizo paseó por la mente de su pareja, que se llevó la mano a la frente y dejó escapar un largo suspiro, negando con la cabeza. ¿Cómo era posible? ¿Cómo demonios lo había sabido, si estos refugios eran “nuevos”? Un misterio más a la lista, que ya de por sí era bastante extensa.

No sabía qué responder. Es decir, era evidente que había habido una filtración de información, que o bien alguien se había ido de la lengua, o bien el Juguetero tenía contacto con la Orden del Fénix o alguno de los grupos aliados de ésta. ¿Cómo sino iba a saber la ubicación de uno de los nuevos refugios?

Si estaba tan metido en la organización como para conocer una información que ni Gwendoline sabía, lo que tenían entre manos era un desastre.

—No lo sé —terminó diciendo, todavía en shock. No sabía cómo reaccionar a lo que estaba pasando, y una parte de ella creía que estaba soñando—. No entiendo cómo es posible que pase esto ahora.

Glenn no le había dado los nombres de las personas que vivían en ese refugio, ni tampoco había querido preguntarle. De poco le iba a servir aquella información, más que para volverse completamente loca el resto de la noche.

Una noche que, todo parecía indicarlo, pasaría en vela.

Su novia lo puso en palabras, precisamente: ninguna de las dos iba a dormir más aquella noche, aún a pesar de que al día siguiente tenían que madrugar. Su primer impulso y respuesta fue, precisamente, una apelación a la responsabilidad: si al día siguiente tenían que trabajar, no podían estar deambulando por Londres a las tres de la madrugada.

—Por la mañana tenemos trabajo —se resistió, de la manera más vehemente que pudo—. Glenn ha dicho que no hace falta que vaya, así que supongo que lo tendrán todo controlado. —Se llevó una mano a la frente, frotándose ambas sienes con los dedos anular y pulgar.

Un dolor de cabeza parecía querer asomar, como un molesto fantasma que llama a la puerta cuando menos se le necesita. Era fruto de la tensión a la que estaba sometida, y por mucho que no quisiera reconocerlo, no se le pasaría a no ser que se asegurase de que no podía hacer absolutamente nada por nadie del refugio.

—No creo que pueda ayudar —argumentó, débilmente, intentando que la sensatez se impusiese a la locura—. Y no creo que en el refugio haya nada que hacer ahora mismo. —Claro que no lo creía: si todo había sido tan reciente, indudablemente la acción estaría en el lugar del atentado—. En caso de que necesiten ayuda, la necesitarán en el lugar de los hechos...

Y ahí estaba el dilema: no podía pedirle a Sam que la acompañase a un lugar que, con toda seguridad, pronto estaría lleno de magos; tampoco podía marcharse ella sola, dejándola atrás, pues le había prometido que formarían equipo para solucionar aquello.

Así que sólo quedaba una opción:

—¿Y si vamos a echar un vistazo al lugar de los hechos? —sugirió, consciente una vez habló de lo estúpido que sonaba—. Podríamos ser de ayuda, preguntar a testigos o algo así. Ellos lo tienen más limitado; yo, por lo menos, tengo una coartada...

Salvo porque no tenía claro que esa coartada fuese a servir: su aparecían antes de recibir el aviso, sin lugar a dudas se encontraría con problemas. No iba a ser suficiente con mostrarle sus credenciales del Ministerio a cualquier mago que se encontrase.

«Pero es cuestión de tiempo que me avisen», pensó, y tenía razón: a fin de cuentas, era la directora de la oficina de desmemorizadores...
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} 9guYyyq
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1368
Puntos : 915
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 1 de 4. 1, 2, 3, 4  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.