Situación Actual
5º-11º
12 diciembre ➟ luna llena
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline
Discord oficial

Our own inner demons {Samdoline}

Gwendoline Edevane el Miér Oct 30, 2019 4:31 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Our own inner demons {Samdoline} - Página 2 WKsGiyo
Jueves 15 de noviembre, 2019 || Cafetería “El Juglar Irlandés”, Londres || 12:47 horas || Atuendo

A su regreso de las tan necesarias vacaciones de verano, Gwendoline casi había esperado encontrarse con una Londres sumida en el caos: esperaba encontrarse con más ataques de los radicales, quizás el secuestro de otro miembro de su familia, o incluso un nuevo ataque perpetrado por el Juguetero.

Sorprendentemente, no había sido así.

Septiembre, octubre y lo que iba de noviembre habían sido dos meses y medio sorprendentemente tranquilos, casi anodinos, y a pesar de que Sam y ella habían tenido alguna que otra desavenencia —había procurado tomarse el asunto de Ryan Goldstein con filosofía—, las cosas marchaban bien. ¡Incluso había tenido tiempo de pensar en lo que le había prometido a su novia!

Y no solo eso: tenía buenas noticias para ella.

Dependiendo de cómo se mirase, lo que estaba a punto de contarle podía considerarse un suicidio social: teniendo en cuenta que tenía un empleo fijo en el Ministerio de Magia, que cursaba una carrera al mismo tiempo, y sus obligaciones con la Orden del Fénix, añadir una responsabilidad más al tema podía suponer que no viese la luz del sol en lo que le restaba de vida.

Pero lo tenía todo pensado.

De acuerdo, no habían localizado al Juguetero, pero llevaba sin atacar desde el verano. Dos habían sido los atentados cometidos, y se habían tomado medidas al respecto para prevenir otros. El resultado, por lo visto, había sido óptimo, y por mucho que la Orden del Fénix todavía no quisiese festejar la victoria, ya empezaba a comentarse.

Gwendoline no lo tenía claro al principio, pero con el paso de los días, no había habido noticias… y poco a poco había empezado a creérselo. Poco a poco dejó de pensar en aquello como la calma antes de la tempestad.

«Si es así», pensó la morena, mientras caminaba por las calles de Londres en ese día que había decidido tomarse libre en el Ministerio. «Si es así, quizás mi tiempo de servicio en la Orden del Fénix haya llegado a su fin.»

Ya podía ver la fachada del Juglar Irlandés, dónde en esos momentos Sam cumplía religiosamente su horario laboral. Una sonrisa le iluminó el rostro, y sin darse cuenta, apretó el paso.

Lo que Angus Flannagan, ese pelirrojo de pelo rizo y rostro bonachón que habían conocido en Hogwarts, le ofrecía a Gwendoline, era algo pequeño. La morena no esperaba empezar por todo lo alto, eso estaba claro, y sabía que cualquier cosa era buena. Sin embargo, procuraba no hacerse muchas ilusiones: restaurar una vieja biblioteca y salvar todos los libros antiguos posibles iba a ser un trabajo muy poco agradecido y seguramente mal pagado, pero era un comienzo.

¿Quién sabía? Quizás Angus se convertiría en lo que ansiaba: el librero mágico más famoso de Inglaterra.

La campanilla sobre la puerta tintineó cuando Gwendoline la abrió, todavía con una sonrisa. Caminó en dirección al mostrador, donde Sam y Santi discutían sobre algo, mirando un ticket de compra que el español sostenía en su mano izquierda. A juzgar por los golpes que le daba con la otra, y por lo “enfadado” de su expresión, alguien de los dos había cobrado mal a algún cliente.

—Espero que no estés intentando echarle las culpas otra vez por algo que has hecho tú —bromeó Gwendoline, dirigiéndose a Santi, mientras apoyaba ambos brazos en la barra. Enseguida cambió su tono de voz a uno más confidencial y “amenazador”—, porque he oído que su novia es una bruja que te puede echar un buen mal de ojo encima.

No tenía ni idea de si Santi sabía que eso no podía hacerse, pero igualmente le iba a dejar creerlo durante un rato. Hasta que se cansase de tenerlo persiguiéndola y preguntándole si se lo quitaba, básicamente.


Última edición por Gwendoline Edevane el Jue Oct 31, 2019 1:48 pm, editado 1 vez
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1320
Puntos : 870
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Vie Nov 15, 2019 3:03 am

Se había olvidado por completo que estaban a jueves, pues para ella ese día tan tranquilo y cargado del sentimiento de pereza máxima, era típico de viernes tranquilos o domingos de resaca. Por un momento hasta se estresó momentáneamente: mañana tenía que ir a trabajar y ya tenía clarísimo que conciliar el sueño de nuevo iba a ser imposible. Si ayer su día había sido terrible en el trabajo, no se quería imaginar el que entraba.

Sinceramente, teniendo en cuenta que no iba a dormir igualmente, a ella no le importaba ir al refugio de la Orden del Fénix para asegurarse de que realmente no podían hacer nada y, sobre todo, por si la cosa cambiaba estar presente en el momento. Sam dudaba mucho que Glenn tuviese las cosas controladas, no porque no confiase en el tal Glenn, sino porque era obvio: tal y cómo le había dicho Gwendoline acababa de salir la partida de reconocimiento, por lo que no se sabía cómo iban a volver, ni con qué.

No le hizo falta leerle la mente a su novia para saber lo que quería decir que, si eso, necesitaban ayuda en el lugar de los hechos.

Obviamente necesitarán ayuda en el lugar de los hechos: necesitarán ayuda los de la Orden del Fénix para intentar sacar lo que haya en el interior que sea rescatable―sí es que había algo―, además de los del Ministerio para arreglar toda la locura que habrá ahora mismo en el lugar. No quería subestimar la reacción rápida de la Orden del Fénix, pero era muy consciente que el Ministerio de Magia no dejaría algo tan terriblemente devastador en manos de personas lentas. Suponía que ese tipo de acciones de reconocimiento se harían rápido, pero no sería extraño que ambos grupos terminen colisionando.

Así que cuando Gwen formuló la pregunta que se temía, Sam bajó la mirada y soltó aire suavemente.

―Ellos lo tienen tan limitado como yo ―respondió, pues como Sam fuese ahí, lo mismo no volvía, sobre todo siendo tan evidente el hecho de que en poco tiempo terminarían yendo ahí personal del Ministerio de Magia―. No es una buena idea; yo no puedo ir ahí. ―No quería ser una cortarollos, pero es que le parecía tomar un riesgo que era totalmente innecesario y que podía costar terriblemente caro―. A los testigos les puedes preguntar como Gwendoline Edevane, la jefa de la oficina de desmemorizadores. Y la partida que ha ido a ver si hay supervivientes pueden volver al refugio con supervivientes, o pueden tener problemas si se cruzan con los del Ministerio y, en ese caso, necesitar a una enfermera en el refugio.

No sabía si estaba sonando egoísta o si lo que decía tenía sentido. Era demasiado tarde, o más bien temprano, para tener esa conversación. ¡Tenía sueño, no sabía ni lo que estaba diciendo! Se llevó una de las manos a la sien, intentando calcular los riesgos y hablando con tranquilidad, intentando llegar con Gwen a un acuerdo común en donde ella se quedase lo más en calma posible.

―¿Estoy sonando egoísta por no querer ir? ―preguntó, con sinceridad―. No sé, ¿vale? O sea, no sé si vas a ser más de ayuda allí que en el refugio, solo sé que si vas antes de que te avisen los del Ministerio de Magia, lo mismo sospechan o… ¿y si el Juguetero está esperando? ―De repente se le encendió lo que ella llamaba "La bombilla de la locura"―. No sé, eso qué hacen los terroristas de esperar que llegue la ayuda para luego volver a hacerlo explotar todo… ―Sí, quizás se volvió un poco paranoica, pensando en lo peor, pero intentando serenarse porque una cosa estaba clara: entre más tiempo perdiesen discutiendo, más tiempo perderían allá a donde fuesen―. Mira, no quiero que te quedes aquí hecha una patata mustia pensando que estarías haciendo algo mucho más de provecho allí. Si no quieres ir al refugio y quieres ir al sitio de los hechos…

Obviamente Samantha no quería ir. Era ponerse en evidencia cerca del foco del problema en donde habían enemigos, sin embargo, tampoco quería que fuese Gwen sola. Si bien frente a los del Ministerio tenía su coartada, ¿y si estaba el Juguetero? ¿Y si pasaba algo malo tipo que lo del Ministerio encontrasen a los de la Orden y entonces se peleaban y Gwen se metía y…?

Pero luego estaba la parte de Gwen, a la cual conocía muy bien. Si no iba, no se iba a quedar tranquila y su cabeza iba a dar demasiadas vueltas.

―¿De verdad crees que es una buena idea ir? ―preguntó al final, con el ceño ligeramente fruncido y esperando total sinceridad―. Si crees que realmente merece la pena, vale, pero si no…
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 30.546
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1274
Puntos : 1033
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Sáb Nov 16, 2019 12:14 am

Su cerebro estaba respondiendo de una manera lenta e ineficiente a lo que estaba ocurriendo; le costaba mucho procesar lo que acababa de suceder, concentrarse en pensar con claridad, y alejar los pensamientos nocivos.

Una parte de ella sabía que lo que había sugerido no era buena idea, que Sam tenía las mismas limitaciones que los miembros de la Orden del Fénix en pleno epicentro de la tragedia. También sabía que sería inconveniente presentarse allí antes de que, inevitablemente, diesen el aviso para poner a trabajar al Departamento de Accidentes.

Y, sin embargo… ¿por qué no podía evitar sentirse en la necesidad de acudir?

Escuchó lo primero que dijo Sam, y estuvo de acuerdo con ella, o al menos una parte de ella lo estuvo. Objetivamente, todo lo que la rubia decía era cierto, pero… «Pero siempre va a haber un pero», se dijo mentalmente.

Había prometido a Sam no obsesionarse con aquello, no sentirse en la necesidad de saltar al ruedo a solucionar cosas que muy posiblemente le venían grandes, y la promesa había sido sincera. El único problema llegaba a la hora de intentar acallar esa necesidad imperiosa, irracional, de hacer justamente lo contrario. Daba igual cuánto lo intentase, siempre que se decía a sí misma que había otros tan capacitados o más que ella para llevar aquellos asuntos, encontraba una fuerte y firme oposición en su mente.

—No suenas egoísta: suenas lógica y racional —le respondió de una manera sombría. ¿Había sonado un poco de reproche en su voz?—. Suenas exactamente como quería que sonases el día en que te prometí que te lo contaría todo y que te haría caso. —Volvió a llevarse la mano a la frente, dejando escapar un suspiro prolongado.

«El problema es, precisamente, que no estoy segura de que sea una buena idea», pensó Gwendoline, la mirada todavía perdida en la penumbra de la habitación. «No creo que el Juguetero siga por allí, pues iría contra todo lo que ha hecho hasta ahora, pero él no es el único peligro.»

En el Departamento de Seguridad Mágica trabajaba un buen puñado de puristas, algunos de ellos mortífagos, por lo que meter a Sam de cabeza en aquel lugar sería irresponsable y muy peligroso. Y por mucha necesidad que tuviese de personarse en el lugar con la estúpida idea de que, quizás, podría hacer algo, al final debía rendirse a la lógica.

No podía hacer nada allí.

—Vamos al refugio —decidió—. No es que crea que vayan a necesitarme, pues tienen sanadores muy capaces en el interior, pero… quizás nos enteremos de algunos detalles importantes. —Que, a esas alturas, era lo mejor que podía pedir.

Así que, con movimientos pesados, cansados y derrotados, Gwendoline descolgó las piernas del borde de la cama y tomó impulso con las manos. Sus pies tocaron el suelo, y enseguida buscó con los dedos las pantuflas con forma de tortuga que siempre llevaba en casa. Después de inclinarse para colocárselas, volvió a incorporarse y se quedó inmóvil, pensativa.

«Esto no debería estar pasando», se dijo, apretando los labios. Se sentía impotente.

—Sam —dijo, suspirando a continuación—. Lo siento. Esto no tenía que ser así. Esta no tenía que ser nuestra vida. Creía que ese malnacido había desaparecido para siempre, que por fin podría dejar la Orden y... —No sabía exactamente cómo finalizar aquella frase, salvo con la descorazonadora afirmación de que volvían a la casilla de salida—. Lo siento mucho.

Y con esas palabras se puso en pie, derrotada. Arrastrando los pies, caminó en dirección al pasillo con la única intención de llegar al cuarto de baño y lavarse la cara en agua bien fría. Necesitaba despejarse como pudiese para la larga noche que tenían por delante.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1320
Puntos : 870
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Sáb Nov 16, 2019 3:16 am

Asintió con la cabeza cuando Gwendoline decidió ir al refugio, pues Sam también creía que iba a ser lo mejor. Evidentemente en su fuero más interno prefería quedarse en casa, pero era bien consciente de que si querían estar ambas tranquilas―sobre todo Gwen, porque si Gwendoline estaba tranquila, Sam lo estaba también―iban a tener que ir para cerciorarse de las posibilidades que tenían y, sobre todo, para que Gwendoline supiese a ciencia cierta si podía o no hacer algo. Obviamente la calma no iba a llegar después de lo que había pasado y lo duro que era un ataque del Juguetero pero… era lo máximo que podían hacer en ese momento sin exponerse al peligro.

Cuando vio que Gwendoline se movía hacia el límite de la cama, Sam lo que hizo primero fue acostarse de nuevo para estirarse en la cama y quitarse la manta de encima. Fue ahí, en medio de su estiramiento, que tuvo que mirar a la morena cuando se disculpó.

Le apenó muchísimo escucharla disculparse de esa manera y por ese motivo. ¿Qué culpa tenía ella de que el Juguetero hubiese atacado de nuevo? Vale que era cierto que sabía lo mucho que quería que dejase la Orden del Fénix, o lo mucho que le disgustaba el tema del Juguetero por su peligrosidad, pero pensó que eso ya había quedado atrás. Habían discutido hacía tiempo y Sam ya había asumido ese problema como un problema suyo también, además de que después de haber ido a la Orden del Fénix y haber conocido hasta gente en su interior… la cosa había cambiado. Además, los problemas de Gwen eran también problemas de Sam y…

¡Que no hacía falta que se disculpara por nada de nada! Tuvo la sensación por un momento de que quizás "se quejaba" demasiado, o que era demasiado cobarde para enfrentar las cosas o... no lo sabía, pero no quería que Gwendoline se sintiese así de mal por ella.

Así que cuando salió siendo la viva representación de una patata mustia―con patas―, Sam se quitó la manta de encima y fue rápido hacia ella, encontrándosela a unos pasos cuando salió por la puerta de la habitación. Le sujetó con suavidad la mano y tiró de ella para darle un abrazo fuerte, cálido y protector. Jo, en cuestión de segundos se había sentido fatal por ella, de verla tan afectada y lo menos que quería es que pensase que estaba molesta con la situación o algo por el estilo.

Cuando hablaron del tema ya Sam se había hecho a la idea de todas las posibilidades, estando esta entre ellas, por lo que pese a que el ataque le había cogido por sorpresa, la situación no.

―Gwen… ―Suspiró, sin querer soltarla, apretándola con suavidad hacia ella―. Así es nuestra vida y mientras sea a tu lado, estoy dispuesta a enfrentar lo que se ponga delante, por jodido que sea. No me pidas perdón por algo que no ha sido tu culpa; yo no te voy a reprochar nada. ―Quizás lo hubiera hecho en su momento, pero Sam no iba a quejarse de nuevo de ese tema, pues ahora era problema de las dos―. Ahora esto es problema de las dos, ya te lo dije. Sé que en algunas cosas puedo llegar a frenarte y que no es que sea la mujer más valiente ahora mismo con este tema… ―Se refería a hace unos minutos, cuando por “su culpa” no podían ir a la zona porque era multiplicar las posibilidades de que las pillasen. Sam se separó un poco, para mirarle a los ojos―, pero estamos juntas y te voy a acompañar a donde haga falta, cuando haga falta y cómo haga falta.

¡Si casi accede a ir al dichoso lugar de los hechos! Menos mal que lo que había dicho en mitad de su despertar había tenido sentido para que Gwen descartarse esa idea.

Era cierto que en un primer momento Sam se había unido como condición porque temía que le pudiera pasar algo, pero con el tiempo la cosa había cambiado: se había dado cuenta de lo mucho que le importaba ese tema para Gwen y lo que realmente significaba para ella. Se había fijado de lo mucho que le afectaban los ataques y lo mucho que se preocupaba por todo ello y, sinceramente, si podía ser un apoyo para ella en todo eso, no iba a dudar en serlo. Gwen siempre había sido ese resorte que hacía que Sam se levantase cuando estaba en un mal momento, apoyándola en todo y Sam tenía como un de objetivo fijo serlo también para ella, siempre.

―¿Ha quedado claro, mi Florecilla? ―le preguntó dulcemente, en voz baja, con la mirada fija en sus preocupados ojos verdes.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 30.546
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1274
Puntos : 1033
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Mar Nov 19, 2019 1:17 am

Después de aquella manifestación tan pura de negatividad y de derrota, Sam no la dejó llegar demasiado lejos: la persiguió hasta el pasillo, y allí la detuvo sujetándole la mano. Acto seguido llegó un abrazo, y Gwendoline hundió el rostro en el pecho de su novia. Sin demasiado entusiasmo, pero sintiéndose acogida en ese abrazo, la rodeó con sus brazos y dejó escapar un suspiro.

Le dedicó algunas palabras de aliento, asegurando una vez más que eran un equipo. Esa parte la tenía clara y siempre la había tenido clara. ¿Cómo decía aquella frase? «Si tú saltas, yo salto», le recordó su mente.

Sabía que era así, que eran un equipo, y que ahora aquel asunto las atañía a ambas. También sabía que Sam había aceptado la colaboración con la Orden del Fénix en un intento de poner freno a las acciones terroristas del Juguetero, y se lo agradecía.

Sam no era el problema, estaba claro.

El problema era que aquel monstruo parecía haber desaparecido de la faz de la Tierra después de su segundo ataque, muy seguramente confundido por los cambios en los emplazamientos que ocultaban a fugitivos. Una parte de ella se había resistido a creer que fuese suficiente, pero con el paso del tiempo había pensado: «¿Y si ha sido suficiente?»

Aquella llamada de Glenn había supuesto un regreso a la pesadilla, una bofetada de realidad, un recuerdo de que los problemas no desaparecían por sí solos. Y ni siquiera por un instante se había cuestionado si, quizás, debería dejar que la Orden del Fénix se encargase del asunto.

No, no podía: no existía un sólo escenario plausible en su cabeza que le permitiese abandonarlos en aquel momento. En plena crisis.

—Ha quedado claro —respondió, asintiendo y amagando una sonrisa, momentos antes de bajar la mirada y, últimamente, cerrar los ojos para dejar escapar un suspiro—. Es sólo que me parece una injusticia. Esta… persona, si es que se le puede calificar así, llevaba desaparecido meses. Llevaba desaparecido el tiempo suficiente como para que su amenaza se hubiese desdibujado un poco. Un miedo pasajero, ¿sabes? Y de repente vuelve y… Es demasiado injusto.

Y no sólo era injusto para ellas dos; era injusto para todos los fugitivos de la ciudad, que de nuevo tenían que vivir pensando que el día que menos se lo esperasen, el sitio que consideraban su hogar podría ser atacado. De nuevo debían volver a mirar por encima del hombro ante la amenaza, casi fantasmagórica, de una persona que no tenía redaños a la hora de segar vidas.

¿Y lo peor de todo? No tenían ni una sola pista acerca de él, ni la más pequeña. Supuso que en ningún momento deberían haber abandonado la investigación, sabiendo lo que podría ocurrir si regresaba.

—Está bien, ya se me ha pasado —prometió, asintiendo con la cabeza y mirando de nuevo a Sam a los ojos—. Vamos a ver si somos capaces de hacer algo o no, o si por lo menos nos enteramos de algo nuevo. Con un poco de suerte podremos volver y dormir un par de horas después...

Eso, claro estaba, siempre y cuando no la avisaran antes para personarse en el lugar de los hechos para hacer su trabajo.


Viernes 15 de noviembre, 2019 || 16:23 horas
Cafetería “El Juglar Irlandés”, Londres
Atuendo

Lo que restó de noche pudo resumirse en… nada.

A su llegada al refugio, Gwendoline y Samantha habían sido recibidas con una noticia que, en parte, se esperaban: no podían hacer gran cosa. Glenn les había explicado que el equipo de rescate de la Orden del Fénix se había personado de inmediato en la zona, pero todo intento de rescatar a cualquiera de los heridos había quedado frustrado por la aparición del Departamento de Seguridad Mágica.

Habían tenido que marcharse, siendo conscientes de que no podían permitirse más sacrificios.

Como se esperaba, Gwendoline había recibido un aviso del Ministerio de Magia apenas veinte minutos más tarde, y allá que había tenido que ir. Otro desastre que le tocaba limpiar a su departamento. Nada nuevo en aquella nueva Inglaterra mágica de la que la morena empezaba a hartarse profundamente.

Había regresado a casa cerca de las cinco de la madrugada, y como esperaba, se había encontrado a Sam despierta. La puso brevemente al día, y después ambas se habían tomado una poción relajante con intención de dormir un poco. Funcionó sólo a medias.

A la mañana siguiente, Sam tuvo que marcharse la primera a trabajar —a Gwendoline le habían dado unas horas libres, en compensación por llamarla en medio de la noche—, y a eso de las once ella misma se forzó a salir de la cama para pasarse por el Ministerio. Había pasado casi toda su jornada preguntando discretamente por el atentado ocurrido de madrugada, recabando la poca información que podía.

Después de comer, ambas se permitieron una pequeña siesta —estaban agotadas— y volvieron a salir para ir al Juglar Irlandés, aunque no para que Sam invirtiera otras ocho horas de su vida trabajando allí, sino por un motivo más personal: Gwendoline había quedado el día anterior con Savannah McLaren allí mismo, a fin de tantear sus posibilidades de colaborar en proyecto que Angus tenía entre manos.

Allí estaban ellas dos, en el altillo, esperando a la invitada de honor, con sendos cafés y un ejemplar de The Sun abierto por la página de los pasatiempos. Trataban de resolver el crucigrama, siendo Gwendoline la encargada del bolígrafo.

—A ver, creo que esta es fácil —anunció Gwendoline—. Con tres letras: “Actor de apellido Lowe”. ¿Te la sabes?

Gwendoline se la sabía, por supuesto, pero se mordió la lengua. Cuando resolvían el crucigrama diario, la norma era clara: no valía chivar la respuesta a no ser que la otra claramente se rindiese.

—Esa siesta que nos hemos echado no ha sido suficiente —confesó, para acto seguido abrir la boca en un bostezo de esos que hizo crujir ambos lados de su mandíbula—. Y encima, para nada. Casi preferiría que nos hubiesen dejado dormir...

Por lo menos, hubiera preferido que Glenn se hubiese ahorrado aquella dichosa llamada. Porque sí, sabía que la habrían avisado del Ministerio de Magia de todas formas, pero al menos podría haber dejado dormir a Sam. La palabra clave en todo aquello había sido “Juguetero”.

Un incidente mágico normal y corriente no les habría quitado el sueño de esa manera.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1320
Puntos : 870
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Mar Nov 19, 2019 4:14 am


El ataque del Juguetero había pasado como un huracán: dejando mucho mal tras su paso y gritándote a la cara en modo de violencia desordenada que tú no podías hacer nada por evitarlo.

Sam apenas había dormido dos horas antes de ir al trabajo, pues aunque Gwendoline hubiera tenido que ir como desmemorizadora a la escena del crimen para trabajar, ella había sido incapaz de volver a conciliar el sueño sin ella. Las preocupaciones eran, sin duda, mucho mayores que el sueño que podía tener y su sentido de la responsabilidad por mañana estar despierta en el trabajo. Ya estaba imaginándose la cantidad de vasos que iba a terminar tirando al suelo…

Había esperado a que Gwendoline volviera para que le contara que tal todo y luego irse a dormir, para luego despertarse dos horas después, tomarse una cafetera entera e irse al Juglar Irlandés a atender a todos los mañaneros con unas ojeras de bienvenida y un bostezo de despedida. En total rompió un total de cuatro tazas, pero como solo estaba con Santi pudo arreglarlas antes de que Erika llegase.

Después de la siesta habían vuelto al Juglar Irlandés, aunque esta vez como clientes mientras que Erika, Alfred y Adrián estaban atendiendo. Gwen y Sam estaban en la parte alta, sentadas en el mismo banco acolchado para poder ver juntas el crucigrama que estaban resolviendo. Mientras la morena le decía la pregunta de tres letras, Sam bebía de su café largo, abriendo los ojos ampliamente al saber la respuesta.

―Rob ―respondió, con una sonrisa―. Mira que he visto películas de ese señor y sigo sin tenerle en demasiada estima, pobrecito. Es el típico actor que me da pereza, ¿sabes?

Era el típico que, para Sam, hacía películas “meh”. Estaban bien para un domingo, pero era ese actor que ya no le daba confianza si era el protagonista de alguna película. Y le daba pena, pero había terminado entrando en la categoría de actores que le importaban poquito.

A punto estuvo Sam de declarar algo con respecto a la siesta, pero el bostezo de Gwendoline se le contagio de una manera automática, haciendo que su boca se abriese como la de ella mientras intentaba sonreír en el proceso, pues parecían dos leones marinos intentando comunicarse.

―Lo que deberíamos de haber hecho es decirle a Savannah de quedar una hora más tarde y así dormir una hora más ―le dijo cuando su rostro volvió a la normalidad después del bostezo―. Sí, fue lo primero que pensé cuando nos despertamos de la siesta pero me sentí mal cambiando los planes a última hora y no mencioné nada de mi gran idea. Lo siento. ―Hizo una pausa, para entonces añadir dramáticamente―: Ahora me arrepiento. Creo que voy a decirle a Adrián que me de un vaso entero de café solo.

Dejó el vaso sobre la mesa, prácticamente vacío, para entonces apoyar la cabeza en el hombro de Gwen y cerrar momentáneamente los ojos. ¿Sabéis esa sensación tan placentera de cuando tienes sueñito y cierras los ojos? Hoy Gwen y Sam iban a coger la cama a las nueve e iban a caer redondas.

Abrió los ojos y se acercó al crucigrama para preguntarle una a Gwendoline y, mientras tanto, en la parte baja de la cafetería sonaba la campanita de la puerta, pues alguien acababa de entrar. Se trataba de Savannah McLaren, que nada más entrar se quitó los cascos de música que llevaba en los oídos para mirar al señor tan simpático que la miraba desde el mostrador. Al principio Savannah miró a las mesas en busca de Gwen y Sam, pero al no verlas miró hacia arriba, encontrando las cabecillas de una Sam y a una Gwendoline concentradas en un periódico.

Savannah sonrió al verlas, aunque éstas aún no la hubieran visto. Miró entonces al señor simpático:

―Buenas tardes ―le deseó acercándose a la barra―. Me pone… uno de esos croissants de jamón y queso, caliente, una porción de tarta de queso y una bebida energética. ¿Qué bebidas energéticas tiene? ¿Tiene monster?

―Trabajamos con Red Bull, pero no deberías tomar esas cosas, que son malas para el cuerpo, jovencita. Un café es más sano, pero sin azúcar.

―Créame, si me muero, no creo que sea de tomar Red Bull ―dijo “en confidencia”, como si hablase desde su más profunda experiencia―. ¡Y cualquier cosa es mejor que café sin azúcar!

Alfred rió, tan risueño como siempre. Ese hombre era adorable no, lo siguiente, si es que existía en la escala de adorabilidad.

―Mis amigas están arriba, ¿pued…

―¡Claro, muchacha! ―Le dijo antes de terminar―. Toma la bebida, el resto te lo llevo en un momento cuando te caliente el croissant.

―Gracias. ―Y mientras enrollaba los cables de los cascos, se dirigió a las escaleras para subir.

Aún metidas en el crucigrama, utilizándolo como método anti-sueño y hablando de lo graciosa que era la palabra “escroto”, no se dieron cuenta de que McLaren se estaba acercando a ellas. De hecho, tomó asiento sin preguntar frente a ellas en la silla, dejando su bolso en la contigua y dejando su Red Bull en la mesa.

―¿Qué tienen esos cuadraditos que parecen tan interesantes? ―preguntó sarcásticamente, en referencia al crucigrama.

Eso sí, luego sonrió y dejó esa actitud de lado, pues hacía mucho que no era así con ellas. Savannah había cambiado mucho desde entonces y les debía muchísimo a las chicas que tenía delante, sobre todo a la que le había dado la oportunidad de seguir adelante sin llevar con ellas marcas del pasado. Así que se levantó y rodeó la mesa para abrazar a Gwendoline la primera, con cariño. En lo que giraba hacia la otra parte de la mesa para abrazar a Sam, ella habló:

―Que bien te veo.

―Estoy bien ―afirmó sonriente, siendo consciente de que le había costado estar así y ellas lo sabían. Una vez estuvo sentada, suspiró contenta y las miró―. Vosotras estáis tan guapas como siempre, ¿os va todo bien?
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 30.546
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1274
Puntos : 1033
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Miér Nov 20, 2019 12:32 am

«A mí no me da pereza», pensó Gwendoline mientras escribía, en vertical y en mayúsculas, el nombre del susodicho actor. «Simplemente, no le recuerdo más allá de esa serie, “Cinco hermanos”», añadió, recordando cómo interpretaba a un político que acababa siendo pareja del personaje de Calista Flockhart, la eterna Ally McBeal.

—A mí me daba pereza esa serie suya, y supongo que cuando coges una serie con el pie equivocado, ya no te puedes quitar de la cabeza ciertos prejuicios. —Se encogió de hombros, y entonces se dispuso a proseguir con el crucigrama.

Sin embargo, un bostezo hizo acto de aparición, dejando claro lo poco que ambas mujeres habían dormido esa noche.

No pudo evitar demostrar su frustración ante la noche de insomnio, cortesía del dichoso Juguetero, que les habían regalado. Se quejó y trató de mostrar que no le importaba demasiado el asunto, pero no había que estar dentro de su cabeza para saber que le importaba, que le importaba mucho, y que únicamente fingía para no entrar en una espiral de autodestrucción.

Ese asunto tenía esa dudosa cualidad: hacer que todo el que se implicaba en él terminase un poco más loco que antes de empezar.

—¡Café solo, Lehmann! Vives peligrosamente —bromeó con todo el entusiasmo posible por parte de alguien que no había dormido suficiente—. Bueno, míralo por el lado positivo: veremos a Savannah, charlaremos un rato con ella, y así al menos parecerá que socializamos un poco. —Sonrió, divertida, pero le duró poco; pronto volvió a mostrarse cansada—. Te propongo un plan: en cuanto salgamos de aquí, nos vamos de cabeza al primer restaurante vegetariano que encontremos, compramos cena, nos vamos a casa y nos tiramos en el sofá. Si nos despertamos para recalentarla y comérnosla, bien; si no nos despertamos, mejor aún. ¿Qué te parece?

Sabía que, al menos ella, se despertaría: las noches de insomnio, además de dejarla evidentemente agotada, le levantaban el apetito. Y eso era decir poco: tenía tendencia a morirse de hambre durante todo el maldito día.

Mientras Gwendoline se preguntaba en pensamientos a quién se le había ocurrido poner la palabra “escroto” en el crucigrama, y Sam se preguntaba en voz alta y con cara de asco a quién se le había ocurrido poner la palabra “escroto” en el crucigrama, para luego reír tras repetir la palabra, Savannah McLaren entraba en el Juglar Irlandés.

Para cuando la chica se reunió con ellas en el altillo, un par de minutos después, Gwendoline ya había escrito la palabra en el crucigrama, pero aún así continuaba la elucubración acerca de la persona responsable de poner aquello allí, así como las bromas tremendamente maduras acerca de ella.

La joven bruja, sin duda la mayor damnificada del incidente de Artemis Hemsley —la mayor damnificada superviviente, quiero decir—, las saludó con una broma, una chispa de ese antiguo yo suyo que ya había quedado atrás, para luego corresponderlas con una sincera sonrisa.

—Agilizan la mente, o eso dicen —respondió Gwendoline, devolviéndole la sonrisa.

Entonces, correspondió al abrazo de la chica con sinceridad. Quizás no las uniese vínculo de sangre alguno, pero sí una tragedia común. Gwendoline y ella habían pasado por el proceso de curación posterior, juntas: Savannah había llegado a estar hundida después de lo sucedido, y no era para menos, y la desmemorizadora había hecho todo lo que estaba en su mano para levantarla nuevamente. En el proceso, ella misma se había sentido muchísimo mejor, y había hecho las paces con la situación.

—Bueno, no podemos quejarnos, supongo —respondió Gwendoline. Aquello era un eufemismo: podían quejarse por muchísimas cosas, pero tampoco era necesario entrar en detalles—. ¿Cómo te va con la carrera? ¿Todo bien?

Savannah dejó escapar un bufido, y su rostro pasó de la sonrisa al aburrimiento más genuino. La morena identificó esa expresión, pues la había visto muchas veces en la universidad y en Hogwarts, especialmente en época de exámenes: la expresión del estudiante que prefiere morir antes que tocar un libro más.

―Mal ―les dijo con total claridad―. Creo que me equivoqué al escoger Legislación Mágica como mi carrera. ―Y, con esas palabras, Savannah se vino literalmente abajo: dejó caer la cabeza hasta apoyarla sobre la mesa. Segundos después volvió a levantarla y las miró, componiendo una sonrisa―. No sabéis lo mucho que me alegro de poder quejarme de cosas como esta...

Gwendoline correspondió a su sonrisa, pues la entendía bien: cuando tu vida se descontrola, echas de menos las cosas más sencillas de la vida, como poder quejarte de tus estudios. Te das cuenta, también, de lo maravilloso que es tener una vida rutinaria y anodina.

—Lo conseguirás, estoy segura —la animó Gwendoline.

―Eso espero. ―Suspiró, alcanzando su bebida energética para darle un sorbo―. Bueno, ¿y de qué queríais hablarme?

—En realidad, la idea ha sido mía —se apresuró a explicar Gwendoline—. ¿Te ves disponible y capaz de tener un pequeño empleo en tus ratos libres?

Savannah frunció el ceño, mirando a Gwendoline como si le hubiera dicho si veía al elefante rosa que estaba sentado a su lado. Tardó unos segundos en decidirse, y cuando lo hizo… bueno, quedó bastante claro que Savannah McLaren no era precisamente la gallina más lista del corral.

―Tengo una beca ―se defendió―. ¿Para qué iba a querer trabajar teniendo una beca? ¿No me la pueden quitar o algo?

—Creo que puedo afirmar categóricamente que serías la primera estudiante universitaria a la que le quitan su beca por trabajar —le respondió la morena, reprimiendo las ganas de sonreír irónicamente—. Antes de tomar una decisión, deja que te explique de qué va la cosa, ¿de acuerdo?

La universitaria asintió con la cabeza, su rostro aún confundido por la lógica aplastante con que Gwendoline había resuelto su duda.

Sin más dilación, la morena pasó a explicarle en qué consistía su propuesta: le habló de Angus Flannagan, de su librería, de cómo se había mantenido limpio durante tanto tiempo, de cómo pretendía reformar la vieja biblioteca, de los planes a nivel educativo que tenía…

Savannah la escuchó en silencio todo el tiempo, asintiendo de cuando en cuando. Cuando Gwendoline terminó de hablar, intervino:

―Está bien, supongo, pero… ¿qué pinto yo en todo eso? ―Arrugó la nariz. Se le notaba que intentaba ser amable, y no desechó la idea de inmediato, cosa que Gwendoline le agradeció inmensamente.

—Lo mismo que yo, supongo. Me gusta pensar que somos amigas, que eres mejor persona de lo que normalmente dejas entrever normalmente. Y si bien sé que este no parece un trabajo adecuado para ti, principalmente lo harías para ayudar —le explicó Gwendoline—. Y si te preocupa que Angus no pueda pagarte, puedes estar tranquila: sé que hará todo lo posible porque te lleves algo. Aunque tenga que renunciar a comer carne… Ya ves tú, ¡qué horrible!

Gwendoline no pudo evitar sonreír, divertida, y dedicarle una mirada cómplice a su novia.

Omitió la información menos importante, en realidad: que hablaría con Angus para pedirle que, a cambio de hacer un número reducido de horas, todas las ganancias, si las había, que él no necesitase se las concediera a Savannah y, si conseguía convencerlo, a Douglas Dagon.

—Pero yo no contaría con ello —se apresuró a añadir—. Al menos, no al principio.

El resumen de todo aquello fue… que Savannah aseguró que se lo pensaría. A Gwendoline le pareció una buena respuesta, al fin y al cabo. Por lo mismo que la joven dijo que debía pensárselo se lo tenía que pensar ella. Así que todavía no le daría una respuesta concluyente a su amigo. Lo primero era lo primero: atar todos los cabos sueltos.

Durante la conversación, Alfred había subido a llevarle a Savannah el resto de su comanda, así que Gwendoline esperó respetuosamente a que el señor regresara al piso inferior, y entonces decidió pasar a temas más serios.

—Hay otra cosa de la que quiero hablar contigo —dijo, dejando el bolígrafo que hasta entonces había tenido en la mano sobre el periódico—. Sigues siendo aspirante, ¿verdad? Ya sabes...

El rostro de Savannah se ensombreció, se recostó en su silla y casi pareció taparse la cara con su lata de Monster.

―Sí ―respondió. Se notaba que se le había formado un nudo en la garganta―. Una vez entras, no es que te dejen irte sólo porque has cambiado de opinión.

Gwendoline, que no tenía pensado entrar en detalles, ni hacerle preguntas incómodas, asintió con la cabeza. Trató de sonar lo más calmada posible, para no alterar a Savannah. No la culpaba de sus errores pasados.

—¿Qué comentan los mortífagos acerca del Juguetero? ¿Hay alguna noticia sobre él que puedas contarnos?
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1320
Puntos : 870
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Nov 21, 2019 3:03 am

¿Qué le iba a parecer un plan que consistía en dormir y comer todo el día? Era como ser perro durante una tarde entera. Mira que Sam nunca había sido muy amante de las siestas que te destrozan el día porque siempre se había acostumbrado a dormir sus horas y aprovechar el tiempo libre, pero ese día estaba muy, muy agotada.

―Me parece un buen plan ―le concedió con una sonrisa―. Entonces mejor no me voy a pedir la cafetera de café solo, no vaya a ser que lo estropee y no me duerma.

Se pasó la conversación entre Gwendoline y Savannah sonriendo como una idiota, pues le hacían gracia especialmente las respuesta de la más joven, la cual no sabía por qué le estaban invitando a restaurar una biblioteca si eso a ella ni le iba ni le venían ni las bibliotecas, ni los libros, ni el polvo en lugares cerrados. La verdad es que a día de hoy no sabía qué clase de pasatiempos tendría Savannah, pero ya le gustaría a Samantha que la hubieran contactado con su edad para hacer algo así.

Al final Savannah, sin querer dar una negativa ni una afirmación así a las prisas, dijo que tenía que pensárselo. Era un asunto para pensarse, pues a nadie le gusta trabajar de gratis. Al menos si fuera algo que le gustase mucho, como el caso de Gwendoline… Pero algo le decía que Savannah hubiese sido la típica Slytherin que en Hogwarts se hubiera metido precisamente con las chicas como las dos mujeres que tenía delante. Bueno, con Samantha seguro: los Slytherin eran fieles amantes de meterse con los hijos de muggles.

La gula de Sam hizo aparición cuando vio como Alfred le llevaba esa comida a Savannah, pero se controló y no pidió nada. En realidad no tenía hambre, pero sabía lo buenos que estaban esos croissants y… pues bueno: la gula era la gula; no se podía controlar.

Cuando el nuevo tema empezó, Sam negó con la cabeza: ¿de verdad le rentaba a las filas de los mortífagos tener a gente que no estaba cualificada ni preparada? Evidentemente decir que habías cambiado de opinión era suicidarte, pero podías argumentar que no eras diestra con la varita, o que te ponías nerviosa en situaciones de tensión, o que sencillamente no estabas hecha para eso. Lord Voldemort era un desalmado por  muchas cosas, pero nunca entendería que dejase a gente tan joven morir por su causa. ¿A la larga, quién va a apoyarlo, si  todos van a estar muerto?

―Nada especialmente ―respondió Savannah, hincándole el diente con cubiertos al croissant. Se llevó un trozo a la boca y lo mordió un par de veces para continuar―: Al principio creían que era alguien de los suyos, pero descartaron la opción al segundo ataque. Hay algunos que están en contra porque el Ministerio de Magia está en contra, debido a los daños colaterales y el impacto sobre muggles. Pero… realmente a la mayoría les gusta: sus métodos tan caóticos y violentos son del gusto de prácticamente todos los monstruos que hay ahí. ―Entonces tragó y se dio cuenta de que era la única que estaba comiendo―. Ay, lo siento. Yo empecé a comer aquí sin preguntar ni nada, pero es que estoy hambrienta: acabo de salir de la universidad y no había podido comer.

―No pasa nada ―le respondió Sam―. Nosotras comimos antes, tú come tranquila.

Lo único que podía reprocharle es que ahora Sam se lo quería comer todo: ¡maldita gula, desaparece! Entre la pereza que tenía hoy y la gula que le estaba entrando, iba a ir directita al infierno.

―¿Y nadie sabe nada del Juguetero?

―No que yo sepa. ―Hablaba entre trozo y trozo, notándose que tenía hambre y que la comida estaba muy buena―. La verdad es que no podría deciros. Supongo que nadie sabe nada porque si no lo hubieran destapado frente a la Ministra de Magia para ganar honores. Ya sabéis que todo el mundo quiere lamerle el culo siempre. ¿Sinceramente? Por lo que he escuchado, no tiene nada que ver con ellos. ―Tragó y sopesó un momento el tema de conversación, frunciendo el ceño y mirándolas―. Díganme por favor que no estáis tan locas como para estar investigando sobre ese tío. ¡Sobre todo tú! ―Señaló a Samantha con el tenedor―. ¿No ves que ese tío va a por los fugitivos? ―Bajó la voz lo suficiente para que la conversación siguiese estando entre ellas tres―. ¿Te has olvidado que tus carteles todavía están por ahí?

Sam no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa resignada.

―Ojalá poder olvidarse de algo así ―le concedió, encogiéndose de hombros lentamente―. Estamos intentándolo, pero es complicado cuando parece que nadie ni nada puede dar una pista sobre esa persona.

―¿Pero por qué? ―No parecía entender el punto y, de hecho, hasta parecía preocupada. Ahí en donde la veías, Savannah McLaren se preocupaba de sus amigas traidoras. A veces creía que la amistad que tenía con ellas era más real que la que podía tener con sus “amigas” de toda la vida.

―Porque está matando personas inocentes que solo se están escondiendo y no suponen una amenaza para nadie y porque si sabe en dónde encontrar a esas personas, puede dar tarde o temprano con un refugio mucho más grande. ―Sam había empezado a pensar que si sabía tantas cosas es porque había un topo y si había un topo: ¿por qué narices no le decía en donde se encontraba el refugio principal? Metía tres pares de snitches voladoras explosivas y se libraba de toda la Orden del Fénix.

―¿Y por qué ese es vuestro problema? ―añadió a su molesto cuestionario―. ¿Habéis pensado en lo que ocurriría si os pilla indagando sobre él antes de que descubráis algo? ¿Y si es peor que Hemsley?

―No es nuestro problema, esto es problema de todos. Todo lo que está pasando es problema de todos.

―¿Y si es peor que Hemsley? ―repitió, temerosa.

Hemsley era una perra sucia asquerosa y si bien Savannah no podía imaginarse a día de hoy a nadie peor que ella, la posibilidad de que existiera era probablemente uno de sus mayores miedos. Sam, sin embargo, tenía peores referencias en su vida y si habían conseguido sobrevivir a todos… quería pensar que el Juguetero no iba a ser peor. Bueno, no quería pensarlo; tenía que pensarlo, si no aquel tema le hubiera costado mucho más asimilarlo.

―Pues no lo sé... ya veremos ―le respondió, sin saber qué más decir. Todavía no sabían nada, realmente. Ni siquiera sabían por dónde empezar y ya habían habido tres ataques. ¿Cuántos más tenían que haber para tener alguna pista en claro qué seguir? A veces sí que le parecía una pérdida de tiempo aquello, pero sencillamente porque no había por dónde cogerlo. Todo parecía muy perfectamente hilado como para encontrar una falla a la que agarrarse.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 30.546
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1274
Puntos : 1033
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Dom Nov 24, 2019 2:49 am

«Claro que les gusta», pensó Gwendoline, refiriéndose concretamente a los mortífagos más sádicos. «Debe resultarles de lo más satisfactorio el ver cómo aquellos que consideran inferiores a quienes niegan su derecho a la vida saltan en pedazos a manos de un sádico.»

Se sintió un tanto frustrada ante aquella información. No esperaba encontrar nada concreto en el bando opuesto, igual que en el Ministerio de Magia, pero había albergado la esperanza de que hubiese algo, aunque fuese una mínima línea de investigación que seguir.

Mientras Sam seguía llevando un poco la conversación, ella se limitó a escuchar, alternando la mirada entre Savannah y Sam.

No le sorprendió demasiado que otra persona más remarcase la locura que implicaba el investigar el caso del Juguetero. Ya empezaba a acostumbrarse, y en cierto modo empezaba a asumir su papel de loca. ¿Por qué no? Si todo el mundo se lo decía, sería porque era verdad.

Haciendo uso de aquella manida falacia, la morena siguió prestando atención, y pese al apoyo que su novia había demostrado durante aquellos meses… bueno, una parte de ella se sorprendió genuinamente al ver cómo defendía la necesidad de hacer algo para detener a semejante psicópata.

Savannah tenía miedo, y lo comprendía. El miedo era una posición relativamente cómoda en asuntos como aquel: te ayudaba a permanecer en tu zona de confort, alejada de aquello que podía hacerte daño. Ella misma había estado en ese platillo de la balanza durante mucho tiempo, y no le costaba empatizar con personas que preferían seguir allí.

—Creo que nunca encontraré palabras para expresarte lo mucho que te agradezco que te preocupes por nosotras —le dijo con sinceridad a la estudiante, dedicándole una sonrisa—. Gracias.

―Ya... ―La chica adoptó una actitud cauta, que Gwendoline identificó como la de alguien que no está acostumbrada a palabras así―. Sois de las pocas personas en este mundo que se han preocupado por mí, aparte de Dog y mis padres...

Gwendoline se sintió un poco mal ante esta confesión. Nunca se la había escuchado antes, pero se imaginó que por ese mismo motivo se vestía con una coraza de pura altivez, mostrándose superior a cualquiera que intentaba acercarse a ella.

—Si hubiéramos tenido esa forma de pensar con respecto a Hemsley, seguramente tú no estarías aquí. ¿Sabes que hubo un tiempo en que simplemente pudimos habernos desentendido del asunto? Seguir con nuestras vidas mientras tú... —Se forzó a no terminar aquella frase, pues el final era funesto—. Yo no me arrepiento de haber apostado por ti.

Aquellas palabras, desde luego, alcanzaron a la muchacha directamente en sus sentimientos. Sin embargo, aunque se emocionó, Savannah no era una persona llorona. De hecho, a pesar de emocionarse, una parte de ella no pudo evitar sentirse un tanto incómoda.

Simplemente, no estaba acostumbrada a importarle a la gente, tan jodido como estaba el mundo.

―Vale. Pero me sigue pareciendo injusto que tengáis que ser vosotras quienes se enfrenten a eso ―declaró, la mirada baja sobre su comida.

Gwendoline le dedicó una leve sonrisa, y una vez más pudo agradecer aquellos pequeños gestos, tan sinceros, que Savannah tenía con ellas. Quizás no empezaron con buen pie, situadas a distintos lados de una pequeña guerra, pero ahora… estaba claro que ahora se habían convertido en personas cercanas.

—Te alegrará saber, entonces, que después de este último trabajo, tenemos intención de retirarnos como superheroínas. Vamos a colgar la capa —bromeó Gwendoline, intentando suavizar el ambiente tan denso que las rodeaba—. Ya puedes ir rompiendo la batseñal.

Savannah arrugó la nariz, mirando a Gwendoline con extrañeza.

―¿La qué?

—¿Batseñal? ¿Batman? ¿Algo de eso te suena? —Savannah negó con la cabeza, y Gwendoline se quedó boquiabierta—. Amiga mía, tenemos mucho que enseñarte. ¿Al menos tienes Netflix en casa? Sería un comienzo...


Una hora más tarde
Casa de Gwen y Sam

Tras poner a Savannah McLaren al día con respecto a todo lo que se había perdido, asegurando a la muchacha que no había tenido infancia si no había conocido cosas como Disney —de familia purista tenía que venir, la pobre—, y habiendo respondido gran cantidad de sus dudas al respecto, Samantha y Gwendoline regresaron a casa por la vía habitual.

Nada más aparecerse en el salón, lo primero que hizo la morena fue dejarse caer en el sofá, y como no le apetecía caer sóla, arrastró a Sam en su caída. Ambas terminaron como dos globos desinflados a duras penas hundidas sobre el respaldo.

Chess, que ya se conocía su rutina, llegó apenas unos segundos después y saltó ágilmente al regazo de su compañera humana, maullando para pedir un poco de cariño. La humana en cuestión le rascó suavemente detrás de las orejas, y en uno de esos momentos sensibles tan habituales en ella, se dijo a sí misma que quería mucho a aquella bola de pelo.

—Estoy para el arrastre —aseguró Gwendoline, dirigiéndose tanto a su mascota como a su novia—. Pero bueno, ya estamos en casa, y ahora mi única preocupación radica en que en algún momento vamos a tener que subir esa dichosa escalera para meternos en cama.

Señaló la escalera, alzando el brazo de una manera muy cansina, evidenciando lo agotada que estaba. Después, echó un vistazo a las bolsas que contenían la que sería su cena, y que en ese momento descansaban en el suelo, junto al sofá.

—O que alguien va a tener que levantarse para llevar eso a la cocina —añadió, suspirando con cansancio.

Como no quería dejar su cena ahí, al alcance de ciertas mascotas que ya conocía bien, Gwendoline hizo un esfuerzo: dejó a Chess en el sofá, a su lado, y se levantó para llevar a cabo aquella simple tarea. El gato, por su parte, parecía alérgico al sofá, pues saltó directamente sobre el regazo de Sam, reclamando su atención.

Una vez los paquetes de comida vegetariana estuvieron a salvo dentro del horno, la morena volvió con su novia al salón. Se detuvo justo antes de volver a sentarse en el sofá, mirándola.

—No voy a obsesionarme con el tema del Jugueterodijo de repente, casi sin venir a cuento; sin embargo, era algo que debía decirse, y aquel momento era tan bueno como cualquier otro—. Glenn me mantendrá informada si hay algún cambio en el asunto, y si yo puedo hacer algo al respecto, pero mientras tanto… no voy a hacer nada. Sólo esperar.

También haría lo que había hecho hasta ese momento, evidentemente: pasarse por el Departamento de Seguridad Mágica de cuando en cuando a enterarse de cómo avanzaba la investigación, alegando que su propio departamento necesitaba conocer los detalles. Y si había algo digno de mención, se lo llevaría a la Orden.

Era lo frustrante, y a la vez bueno, de aquel caso: no había gran cosa que hacer, salvo prepararse para el próximo ataque. Porque habría un próximo ataque, eso estaba clarísimo.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1320
Puntos : 870
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Mar Nov 26, 2019 1:05 am

Habían pasado un buen rato con Savannah, pues después de hablar de las cosas más serias, habían mantenido una conversación distendida, jovial y divertida. Sin embargo, entre que Sam y Gwen estaban cansadísimas y que Savannah había quedado con Dog, al final no se alargó demasiado la quedada. Y no era por sonar antipática, pero menos mal, pues Sam ahora mismo lo único que quería era quedarse en casita y descansar, echándose, a ser posible, unas veinte siestas que fuesen perfectamente combinables con el gran sueño de por la noche.

Cayeron en el sofá tras aparecer en casa, aunque sería más correcto decir que Gwendoline tiró de Sam para hacerla caer sobre el sofá, en el gesto más vago de todo el día. La rubia―aunque en ese momento estaba en modo Amelia Williams―, no opuso resistencia, sino que una vez apoyada en el respaldo, se sujetó a Gwen y apoyó su cabeza en su hombro.

―Tenemos magia ―recordó Sam. Que ojo, llevaba viviendo con magia casi veinte años y a veces hasta ella también se olvidaba―. Podemos subir sin movernos ni un poquito. ¿Y sabes lo mejor de todo? Es gratis. Podemos ponernos el pijama sin movernos, ir a la cama sin movernos y calentarnos la comida sin movernos. No sé tú, pero yo hoy veo todo eso permisible en nuestra vida.

En realidad Sam no solía usar la magia para TANTO en su día a día, pues se sentía demasiado perezosa y a la hora de la verdad no creía que fuese un gran cambio el utilizarla o no, pero igualmente en ese momento parecía un gran plan.

La afirmación de que alguien iba a tener que levantarse para llevar la comida a la cocina cogió a Sam en mitad de un gran bostezo y, para cuando quiso aportar su gran solución de vaga, ya Gwen se había puesto en pie y Sam exageró la caída al perder su hombro de apoyo, quitándose los zapatos con los pies y subiéndolos al sofá para poder acostarse y estirarse.

―Te has levantado para nada, ¿sabes que también podrías llevarlo a la cocina con la varita, verdad? ―Le picó divertida cuando vio que se iba para la cocina, siguiéndole con la mirada e, inocentemente, mirándole el buen culito que le hacían esas mallas deportivas.

Mientras Gwendoline fue a la cocina, Chess se acostó junto a Sam y Don Gato también apareció, subiendo al sofá y mirando con desconfianza al gato negro que estaban tan “acaramelado” con SU dueña. Don Gato, resignado, intentó abrirse paso para también buscar algún calentito. Don Cerdito, por su parte, estaba en la alfombra, intentando escalar al sofá como siempre hacía. Parecía que no aprendía que era demasiado pequeño Y GORDI como para poder subir por su propia cuenta, pero era tan cabezota que él siempre lo hacía. Sam no se dio cuenta, no hasta que escuchó un “oink” venir desde la alfombra. Bajó la mano y lo sujetó para darle un empujoncito y subirlo, el cual se acercó a ella para olisquear su rostro con su naricilla.

Con una Sam siendo la reina de los animales por unos segundos, Gwendoline salió captando de nuevo su atención con esa frase tan serena. La respuesta de Sam, en un primer momento, fue estirar la mano hacia ella para invitarla de nuevo al sofá. La legeremante se estaba ocupando de largo todo el sofá, por lo que guió a Gwen para que se sentase a su lado, soltándole la mano para abrazarla por la cintura.

―Sabes que pase lo que pase, serás de las primeras en enterarte ―le dijo, ayudándole a relajarse con el tema―. Cualquier novedad en la Orden del Fénix, sino es Glenn, Xenobia te la dirá y cualquier novedad en el Ministerio de Magia, alguien de tu oficina te lo reportará. ―Sabiendo lo implicada que estaba en el tema en ambos lugares, Sam no tenía duda alguna de que sería de las primeras en enterarse si había alguna novedad. Así que lejos de darle importancia a eso, decidió tocar un tema que le preocupaba, obviamente en relación con el Juguetero. Sabía que Gwen no quería obsesionarse con ello, pero Sam sabía muy bien aunque no quisiera, el temita iba a seguir ahí en su cabecita―. Lo que a mí me tiene mosqueada es… que no entiendo cómo es capaz de averiguar los lugares. Todo me señala que es super evidente que tiene que haber alguien que se lo dice, pero si hay alguien que se lo dice, ¿qué le impide atacar el refugio principal? Porque de otra manera, es imposible que pueda saber cuáles son los nuevos refugios creados por Dumbledore, pues solo lo saben los refugiados y el mismo Dumbledore. ―O al menos eso le había dicho Gwendoline, por lo que suponía que era así―. No sé… me da un poco de miedo pensar que hay una persona tan… asquerosa en el interior del refugio, poniendo en peligro a todos sus compañeros que intentan tener una vida sin hacer daño a nadie, o que pueda delatar a los que intentan ayudar. ―Se refería a ella. Desde que hubiera una persona así en el refugio, su tapadera podría ser destapada en cualquier momento.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 30.546
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1274
Puntos : 1033
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Miér Nov 27, 2019 2:28 am

La llamada de la pereza era poderosa, especialmente en esas ocasiones en que la energía de su cuerpo parecía regulada con un cuentagotas. Sin embargo, Gwendoline se resistía a escuchar su seductora llamada: el momento en que decidiera depender de su varita para todo sería el principio del fin.

Así que, en lugar de escuchar a ese diablillo sobre su hombro que era Sam, y que sugería que utilizasen la aparición para ir al piso de arriba, Gwendoline optó por hacer un pequeño esfuerzo físico que, en principio, no la mataría: arrastrando su pesado trasero, sus pesadas piernas, y en general su pesado todo, llevó las bolsas que contenían su cena a la cocina, guardándolas en el horno.

A su regreso, no le sorprendió escuchar una especie de “te lo dije” por parte de su novia.

—Como siempre digo, la varita es la aliada de la pereza —se defendió por enésima vez, sabiendo que aquello no disuadiría a Sam: la rubia seguiría en sus trece, pretendiendo que se abandonasen a la pereza y la comodidad.

No había escuchado suficientes veces la típica frase del tío Ben sobre poder y responsabilidad, claramente.

Sin embargo, ese asunto pronto quedó olvidado, pues Gwendoline tenía algo que decirle a Sam: no pretendía permitir que el asunto del Juguetero se convirtiese en una obsesión para ella, y mientras estuviese en su mano, esperaría a que las noticias llegasen por sí solas. Le parecía lo más sensato, y precisamente aquello que Sam quería: era importante que, en un intento de evitar mayores catástrofes, no se perdiese a sí misma ni su actual vida de pareja.

En primera instancia, Sam estuvo de acuerdo, cosa que no le sorprendía: teniendo en cuenta lo poco que le gustaba el asunto, lo sorprendente era que se tomase cada mención con tanta filosofía. Había aceptado la implicación que ambas tenían en aquel asunto, sí, pero Gwendoline no podía olvidarse de lo mal que les había sentado aquel tema en el pasado.

Lo que sí le resultó curioso a Gwendoline fue que su novia estuviese dándole vueltas al asunto, y no precisamente para pedirle una vez más que lo dejase. Una vez sentada de nuevo en el sofá, con sus brazos alrededor, sólo pudo mirarla con extrañeza. ¿De verdad era ella quien proponía hablar del tema ahora? ¡Eso sí era un cambio! No sabía si para mejor o para peor, pero a fin de cuentas, un cambio.

El tema que planteó, precisamente, era algo a lo que Gwendoline le había dado varias vueltas a lo largo del día, así que enseguida se puso seria. ¿Su primera reacción? Encogerse de hombros, diciendo con lenguaje no verbal que estaba exactamente igual de confusa al respecto.

—Yo tampoco lo entiendo —confesó, insegura—. Comprendo que hubiese un cese en sus ataques desde el momento en que Dumbledore estableció los nuevos refugios, y precisamente por eso creí que no volvería a atacar. Yo no tenía ni la más mínima idea de que este nuevo refugio existía, ¿sabes?

Después de meditarlo largo y tendido, Gwendoline había llegado a la única conclusión posible: que tenía que haber un topo en el refugio, y este topo era alguien cercano a Dumbledore. ¿De qué otra manera, si no, podría haberse hecho el Juguetero con esa información?

—Tiene que haber un topo. Es lo que ya se sospechaba hace unos meses —dijo Gwendoline, con total cansancio—. Pero si ya entonces era raro que no se produjese un ataque en el refugio principal, ahora directamente no tiene sentido. Esos ataques a refugios secundarios, inevitablemente, pondrán en estado de alerta a los demás, incluída la Zona Segura. —Se quedó pensativa un segundo y, por un momento, trató de meterse en los zapatos del terrorista—. Si mi intención fuese acabar con todos los fugitivos, y dispusiera de información tan detallada, sin duda atacaría el refugio principal. Se supone que es una especie de centro neurálgico del submundo mágico, y destruirlo provocaría el caos en los demás refugios. Especialmente teniendo en cuenta al grueso de la Orden del Fénix, que reside ahí.

En ese momento, a Gwendoline se le planteó una hipótesis en que, si bien ya había pensado, no le había otorgado el suficiente crédito hasta el momento: ¿Y si al Juguetero no le interesaba en lo más mínimo la Zona Segura? ¿Y si estaba atacando estos otros refugios por algún motivo concreto?

¿Un motivo personal, quizás? Eso ya era afinar demasiado.

Se puso en pie, rostro pensativo y mirada ausente, y caminó un par de pasos. Intentaba dilucidar qué motivos personales podría tener una persona para atacar una serie de pequeños refugios, teniendo en cuenta que el impacto sería mayor si cercenaba la cabeza.

—Puede ser que haya algo en los refugios secundarios que no hay en el principal. Quiero decir, puede sonar a locura, pero… ¿y si no le interesa la Zona Segura? ¿Y si no está haciendo esto por librar al mundo de fugitivos? —Teniendo en cuenta la situación, todo era posible—. No tengo pruebas de que así sea, pero… ¿Tiene algo de sentido?

Supuso… que sí, lo tendría, pero de la misma manera que cualquier otra hipótesis mínimamente fundamentada, ¿no? Gwendoline acababa de arrojar una piedra a ciegas al agua, sin saber si se hundiría o, por el contrario, recorrería la superficie rebotando y acabaría acertando en un lejano blanco.

No le gustaba reconocerlo, pero aquel ejercicio deductivo la hizo sentir bien.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1320
Puntos : 870
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Vie Nov 29, 2019 4:10 am

¿Y ese día no era un día en el que debería de estar permitida la pereza? ¡Hoy no le valía esa argumentación contra vagos!

Así que Gwendoline, haciendo gala de su inocencia con respecto al infierno, quitándose de encima la pereza―la muy ilusa, como si acostarse con una chica no estuviera castigado también con las llamas del averno también―, fue y volvió de la cocina, habiendo dejado bien protegida la cena de los gatos, pues Chess era muy santito pero desde que Don Gato le animaba a ir al lado oscuro, ambos se ponían de acuerdo para hacer cosas malévolas como intentar comerse la cena de sus dueñas.

Gwendoline podría prometerse a sí misma que no iba a obsesionarse con el tema del Juguetero, pero en realidad esa promesa daba igual. Ambas sabían que hasta que ese tema no estuviera totalmente zanjado, ella iba a seguir dándole vueltas al asunto y, como siempre, le terminaría carcomiendo por dentro cada vez que se produjese un nuevo ataque. Era frustrante y horrible. Básicamente había una razón para que Sam hubiera sacado el tema en ese momento: hablar con ella de todo el tema, simplemente hablar. Podía no llegar a ningún puerto, o podía llegar a algo, pero el simple hecho de hablar haría que la cabecita de Gwen trabajase en lo que le preocupaba y, en cierta medida―aunque no fuera suficiente―estuviera haciendo algo por la causa.

Era cierto que Sam le había dicho que le apoyaría y que tenía que tener cuidado, pero en ese momento es que tampoco podían hacer nada, solo pensar hipótesis y, cuando alguna pareciera suficientemente lógica, intentar ver si era verdad o no.

Además, prefería que las veces que hablasen del Juguetero fuese de esa manera: distendida y tranquila en donde poder dar la opinión tranquilamente. También es que Sam ya se había hecho a la idea de que el Juguetero ahora también era cosa de ella, no cosa de Gwen y que ella estaba allí solo ayudando, pues sabía que esa no era la actitud. Después de ir al refugio y estar más metida en el tema la cosa había cambiado.

―Pues que haya un topo en la Orden del Fénix es una locura ―dijo Sam con molestia―. Mañana voy y hacemos examen legeremántico de lealtad a todos, cuál examen sorpresa. ―Había sonado a broma, evidentemente, pero realmente creía que si lo del topo se había sospechado desde antes, ¿cómo no habían hecho nada?

Lo siguiente que dijo Gwendoline tenía totalmente todo el sentido, por lo que Sam atendió mientras la miraba, aún totalmente acostada en el sofá y mirándola desde allí. Sin embargo, se soltó de ella cuando Gwen volvió a ponerse de pie, sin poder evitar pensar que ya se había levantado dos veces y Sam tenía la sensación de que mover la cabeza iba a cansarle demasiado.

―Sí, tiene sentido ―le respondió, estirando los brazos hacia atrás mientras miraba al techo del salón―. Hay una cosa clara: no debe de estar interesado en el refugio principal porque de hacerlo ya lo hubiera atacado. Además, por esa regla de tres... debe de haber algún tipo de relación entre las víctimas de sus tres ataques, porque supongo que habrá refugios por ahí que no habrán sido atacados, ¿porque no sabe de ellos o porque no les interesa atacarlos? ―preguntó en voz alta, sin tener una respuesta.

Entonces se dio la vuelta en el sillón, apoyando su cabeza en varios cojines para poder ver a Gwendoline de pie y porque mirar a su pareja desde aquella posición le era bastante incómodo.

―¿Y si… intentamos tenderle una trampa al posible topo? ―Soltó la idea de repente―. Es decir no he pensado nada pero supongo que esa persona debe de tener, de alguna manera, acceso a los refugios o enterarse por terceros si Dumbledore es tan reservado con ello. ¿Y si nosotras fuésemos esos terceros que dan parte de un refugio falso? No lo sé, lo mismo es una tontería… ―añadió entonces, dándose cuenta de que habría que hacer muchos preparativos para una mentira así―. No sé… ―Repitió, para entonces agregar una última cosa―: Pero creo que si hay tantas posibilidades de que haya un espía ahí dentro, quizás sea el punto por el que hay que empezar. Si hay un topo y damos con él, es el enlace directo con el Juguetero, ¿no? ―Arrugó el ceño―. ¿Por qué parece tan fácil pero a la vez tan condenadamente difícil? ―Dudó, rodando los ojos.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 30.546
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1274
Puntos : 1033
http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778
Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Dom Dic 01, 2019 2:19 am

Gwendoline hizo un esfuerzo por sonreír ante lo que interpretó como un intento de broma de Sam, a pesar de que el tema a tratar fuese de todo menos una broma. El intento se quedó en eso, un intento, pues solamente podía pensar en las implicaciones de que alguien en el interior del refugio estuviese pasando información al Juguetero. Esa persona respiraba el mismo aire que los fugitivos que trataban de rehacer sus vidas —en la medida de lo posible— en aquel hogar que Albus Dumbledore había construido, y muy posiblemente ella misma se había cruzado en más de una ocasión con esa persona.

La sola idea la hizo estremecer, una rabia sorda se adueñó de ella.

—Es mejor no hacer eso. No digo que sea una mala idea —matizó Gwendoline—, pero en caso de que haya un topo, la discreción es muy importante: si se da cuenta de lo que se está haciendo, podría prepararse, podría huir, o peor todavía, podría ponerse violento y peligroso.

Seguramente, la respuesta a aquel enigma estaba en la cabeza de alguien que se paseaba por los mismos pasillos que aquellos que habían perdido seres queridos a manos de su demente aliado, pero empezar una caza de brujas en el refugio sería contraproducente. Y más, sin consultarlo primero con Dumbledore: seguramente, lo único que generarían sería confusión, y entorpecerían la investigación en curso.

A pesar de que había dicho que no se obsesionaría, desde lo ocurrido la noche anterior había pensado mucho. Y después de todas aquellas horas de cansancio y pensamientos nocivos, había alcanzado una conclusión: si su enemigo sabía de los nuevos refugios, por fuerza tenía que saber también del principal, y el no haber atacado este podía ser un claro indicativo de que no tenía el ojo puesto en él.

También podía ser que no tuviese potencia de fuego suficiente para atacarlo, pero… seamos sinceros: tras meses de inactividad, posiblemente tuviese juguetes de sobra como para reducir Londres a cenizas, siempre y cuando tuviese un lugar donde esconderlos.

Así que le planteó a Sam esa idea, esa hipótesis sin una base científica que, por el momento, le parecía tan lógica como cualquier otra. Para su sorpresa, Sam no le señaló lo evidente —que faltaba indicios suficientes como para afirmar algo así—, sino que estaba de acuerdo con ella.

—También podría ser que no tuviese los recursos necesarios para atacarlo —tuvo que matizar, sólo por ser totalmente justa e imparcial—, o que esté debilitando las fuerzas de nuestro bando antes de pasar a cortar la cabeza, aunque eso me parece que tiene aún menos sentido. —Esa forma de actuar limitaría sus movimientos, pues tarde o temprano la Orden del Fénix acabaría preparándose para hacer frente a sus artefactos. Su gran ventaja era, precisamente, el factor sorpresa, que golpeaba y desaparecía—. Pero sí, tienes razón: en caso de que queramos seguir mi teoría, claramente tenemos que echar un vistazo a quiénes han sido sus víctimas, y más teniendo en cuenta que de él no sabemos nada.

Una parte positiva de esa línea de investigación era que los documentos del Ministerio contenían un listado de fallecidos y heridos en los ataques, con la única excepción de Annie, superviviente del primer atentado. La niña, ahora huérfana, vivía en la zona segura. Por lo demás, incluso los heridos de la noche anterior, que habían sido ávidamente apresados por el Ministerio y llevados a San Mungo, figuraban en una lista de personas afectadas por los ataques de este individuo.

No sería difícil acceder a ella.

Sam propuso entonces una idea que, si bien era bienintencionada y podía llegar a ser útil, primero necesitaba de un proceso de criba: tender una trampa al cómplice del Juguetero por medio de información falsa. Así que Gwendoline soltó un bufido, negando con la cabeza.

—Parece complicado porque es horriblemente complicado —dijo con un tono de voz que rozaba la frustración—. Entiendo tu idea, y es una buena idea, pero creo que estamos en un punto demasiado temprano de la investigación como para saber a quién debemos tenderle la trampa. No digo que debamos esperar a descubrir sin asomo de dudas quién es nuestro sospechoso, sino que primero debríamos hacer un proceso de criba. —Suspiró, llevándose la mano a los ojos y cerrándolos—. No podemos permitirnos el lujo de cometer un error, pues una persona inocente podría meterse en problemas, por no mencionar que, de nuevo, si nos precipitamos, el verdadero culpable se pondrá sobre aviso y se preparará… o huirá.

Gwendoline tenía una idea, un tanto macabra, para utilizar al culpable de aquellas filtraciones en su beneficio: de una manera semejante a lo que habían hecho con Ulises Kant, la idea era modificar su personalidad y recuerdos por medio de sus habilidades, de tal manera que entregase al Juguetero información falsa, llevándolo a algún lugar donde pudieran tenderle una trampa y atraparlo.

Pero todavía estaban lejos de poder ponerlo en práctica. Había demasiados pasos intermedios que llevar a cabo.

—Creo que la clave está en ser conservadoras, al menos en un principio —resolvió, para luego volver al sofá y sentarse junto a Sam—. Echaré un vistazo a los perfiles de las víctimas, y trataremos de establecer una relación entre ellas. Has tenido una buena idea diciéndome que mire eso. —Le dedicó una sonrisa sincera y agradecida—. Y hay otra cosa, pero la verdad es que no tenía ganas de hacerte pasar por eso.

En realidad, Sam había estado haciendo uso de la legeremancia otra vez en los últimos tiempos, concretamente para ayudar a Ryan Goldstein. No le había hecho ninguna gracia que Thaddeus Allistar y el susodicho Ryan metiesen a Sam en sus problemas, ni que ella aceptase, pero bueno. Agua pasada. Lo que quería proponerle entrañaba menos riesgos, pero suponía navegar por una mente, posiblemente, llena de traumas.

—¿Te acuerdas de Annie Hopper, la única superviviente del primer ataque del Juguetero? —Sabía que Sam la recordaría. ¿Cómo olvidarla?—. Los sanadores que la han tratado intuyen que puede haber visto algo importante, pero que su mente lo ha bloqueado debido al trauma. Suena como algo parecido a lo que le ocurría a Kelsey, ¿no te parece? —Otro de esos favores relacionados con la legeremancia que Sam había hecho en los últimos tiempos, aunque al menos, en este caso, había sido un favor a un amigo y no una encerrona por parte de un viejo profesor demente—. Si no quieres hacerlo, estás en tu derecho de decir que no. Pero quizás vio algo, incluso quizás vio al Juguetero.

Eso último era dudoso: ¿por qué alguien con un arsenal de snitches explosivas se iba a arriesgar metiéndose en un edificio lleno de fugitivos, y más con lo letales que habían probado ser sus artefactos?
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Our own inner demons {Samdoline} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1320
Puntos : 870
http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.