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Our own inner demons {Samdoline}

Gwendoline Edevane el Miér Oct 30, 2019 4:31 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Our own inner demons {Samdoline} - Página 5 WKsGiyo
Jueves 15 de noviembre, 2019 || Cafetería “El Juglar Irlandés”, Londres || 12:47 horas || Atuendo

A su regreso de las tan necesarias vacaciones de verano, Gwendoline casi había esperado encontrarse con una Londres sumida en el caos: esperaba encontrarse con más ataques de los radicales, quizás el secuestro de otro miembro de su familia, o incluso un nuevo ataque perpetrado por el Juguetero.

Sorprendentemente, no había sido así.

Septiembre, octubre y lo que iba de noviembre habían sido dos meses y medio sorprendentemente tranquilos, casi anodinos, y a pesar de que Sam y ella habían tenido alguna que otra desavenencia —había procurado tomarse el asunto de Ryan Goldstein con filosofía—, las cosas marchaban bien. ¡Incluso había tenido tiempo de pensar en lo que le había prometido a su novia!

Y no solo eso: tenía buenas noticias para ella.

Dependiendo de cómo se mirase, lo que estaba a punto de contarle podía considerarse un suicidio social: teniendo en cuenta que tenía un empleo fijo en el Ministerio de Magia, que cursaba una carrera al mismo tiempo, y sus obligaciones con la Orden del Fénix, añadir una responsabilidad más al tema podía suponer que no viese la luz del sol en lo que le restaba de vida.

Pero lo tenía todo pensado.

De acuerdo, no habían localizado al Juguetero, pero llevaba sin atacar desde el verano. Dos habían sido los atentados cometidos, y se habían tomado medidas al respecto para prevenir otros. El resultado, por lo visto, había sido óptimo, y por mucho que la Orden del Fénix todavía no quisiese festejar la victoria, ya empezaba a comentarse.

Gwendoline no lo tenía claro al principio, pero con el paso de los días, no había habido noticias… y poco a poco había empezado a creérselo. Poco a poco dejó de pensar en aquello como la calma antes de la tempestad.

«Si es así», pensó la morena, mientras caminaba por las calles de Londres en ese día que había decidido tomarse libre en el Ministerio. «Si es así, quizás mi tiempo de servicio en la Orden del Fénix haya llegado a su fin.»

Ya podía ver la fachada del Juglar Irlandés, dónde en esos momentos Sam cumplía religiosamente su horario laboral. Una sonrisa le iluminó el rostro, y sin darse cuenta, apretó el paso.

Lo que Angus Flannagan, ese pelirrojo de pelo rizo y rostro bonachón que habían conocido en Hogwarts, le ofrecía a Gwendoline, era algo pequeño. La morena no esperaba empezar por todo lo alto, eso estaba claro, y sabía que cualquier cosa era buena. Sin embargo, procuraba no hacerse muchas ilusiones: restaurar una vieja biblioteca y salvar todos los libros antiguos posibles iba a ser un trabajo muy poco agradecido y seguramente mal pagado, pero era un comienzo.

¿Quién sabía? Quizás Angus se convertiría en lo que ansiaba: el librero mágico más famoso de Inglaterra.

La campanilla sobre la puerta tintineó cuando Gwendoline la abrió, todavía con una sonrisa. Caminó en dirección al mostrador, donde Sam y Santi discutían sobre algo, mirando un ticket de compra que el español sostenía en su mano izquierda. A juzgar por los golpes que le daba con la otra, y por lo “enfadado” de su expresión, alguien de los dos había cobrado mal a algún cliente.

—Espero que no estés intentando echarle las culpas otra vez por algo que has hecho tú —bromeó Gwendoline, dirigiéndose a Santi, mientras apoyaba ambos brazos en la barra. Enseguida cambió su tono de voz a uno más confidencial y “amenazador”—, porque he oído que su novia es una bruja que te puede echar un buen mal de ojo encima.

No tenía ni idea de si Santi sabía que eso no podía hacerse, pero igualmente le iba a dejar creerlo durante un rato. Hasta que se cansase de tenerlo persiguiéndola y preguntándole si se lo quitaba, básicamente.


Última edición por Gwendoline Edevane el Jue Oct 31, 2019 1:48 pm, editado 1 vez
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Gwendoline Edevane el Miér Mar 25, 2020 2:55 pm

No había mucho más que ver allí, siempre y cuando una no estuviera interesada en contemplar una masacre sin sentido, propósito o rastro alguno de humanidad por parte de su perpetrador. Reinaba el caos, y costaba mucho ver cualquier otra cosa que no fuesen explosiones, y escuchar otra cosa que no fuesen gritos de terror, dolor y agonía.

Quizás no fuera más que un recuerdo ajeno, pero tenía la facultad de desgarrar el alma a cualquiera.

Instintivamente, se había agazapado para protegerse de aquellas explosiones. Su mente pronto le recordó lo innecesario de aquello, pues nada allí dentro podía hacerle daño. Con todo, tuvo que hacer un gran esfuerzo para observar, para quedarse con algunos detalles.

Una snitch voló peligrosamente cerca de ella, o lo habría hecho de ser parte de aquel recuerdo. La vio pasar prácticamente a través de ella, y se percató de algo. Frunció el ceño, volviendo la vista en la dirección que había tomado el objeto volador. ¿Era posible que lo hubiera visto, o le engañaban sus sentidos?

—Sam, ¿has visto…? —Justo en ese preciso momento, el recuerdo se detuvo, igual que una película a la que hubieran dado la pausa. Gwendoline se volvió hacia su novia—. ¿Sam?

A pesar del aspecto que mostraban los recuerdos, casi como una película granulada en blanco y negro, no había que ser demasiado observadora para ver cómo el rostro de Sam había perdido color.

La escuchó explicarse, pero no dijo nada. No le iba a decir nada al respecto, pues… ¿qué ganaría con decirle “te lo dije”? ¿Y qué ganaría con recordar, la próxima vez que estuvieran ante una situación así, lo que había sucedido entonces? No ganaría nada, así que, en el momento en que abandonó el recuerdo, Gwendoline echó un último vistazo a la snitch suspendida en pleno vuelo, y entonces siguió a su pareja al exterior.


***

Cuando regresó al mundo real, Sam se encontraba tumbada en la cama, con los ojos cerrados. Alargó una mano y la posó suavemente sobre su brazo, mientras ella continuaba explicándose. De nuevo, no necesitaba hacerlo: cualquiera con un mínimo de empatía podría entenderlo, y ellas dos se conocían demasiado bien, además.

—No necesitas explicármelo —le dijo con suavidad, acariciándole suavemente el brazo para luego retirar la mano—. Y no necesito volver a entrar ahí.

Mientras Sam se giraba en la cama, quedándose boca arriba, Gwendoline descolgó las piernas del lado opuesto para, acto seguido, ponerse en pie. Se giró en dirección al pensadero y contempló el recuerdo que flotaba en él, una suerte de líquido plateado y brillante. Apuntó con la varita en su dirección comenzó a moverla en círculos, como si removiera una mezcla en un cazo que ha alcanzado la ebullición la mezcla. Sus pupilas se iluminaron con dos diminutos puntos de luz planteada, como sucedía cuando modificaba un recuerdo dentro de la cabeza de alguien.

Fue una revisión rápida, hasta encontrar lo que buscaba, y una vez lo hizo, finalizó el hechizo. Lo había almacenado en su propia memoria.

—Había algo —le explicó—. Me pareció verlo mientras estábamos dentro, y no me he equivocado: he visto cómo funciona una de esas snitches explosivas. —Dejó escapar un suspiro, aliviada de que aquello hubiera servido para algo, además de para revivir traumas y provocar algunos nuevos.

Con un sencillo Wingardium Leviosa hizo levitar el pensadero de la cama al suelo, y una vez hecho esto, se tumbó en la cama, boca arriba, junto a Sam. Volvió la mirada en su dirección y la observó en silencio unos segundos, acompañándola, estando ahí para ella. No le reprocharía nada de lo sucedido. En todo caso, tenía mucho que agradecerle.

Buscó su mano y entrelazó sus dedos con los de ella, para luego besarla suavemente en la mejilla. Hecho esto, apoyó la cabeza en su hombro.

—Descansa —le susurró, apretándole suavemente los dedos con su mano—. Me quedaré aquí contigo hasta que te sientas mejor.

Cualquiera diría que había prisa, que debía ir corriendo a revelar la información que acababa de descubrir, pero aquello era más importante. No pensaba moverse de allí hasta saber que ella estaría bien.

Y para los que se lo pregunten, lo que Gwendoline vio allí dentro fue lo siguiente: una especie de luz precedía a aquella snitch, como una especie de puntero láser. Dicho puntero recorría las paredes del refugio que estaba atacando, quizás buscando signos de movimiento sobre los que lanzarse para explotar.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Mar 26, 2020 9:41 pm

Cerró los ojos tras escuchar a Gwendoline, despreocupándose de todo. Era cierto que no le debía explicaciones después de que fuese ella misma quién le dijera que se merecía un descanso, pero era inevitable: las explicaciones salían, sin más.

Intentó desconectar, usar el mismo método que utilizaba cuando intentaba meditar y quedarse con la mente en blanco. Sabía que ahora mismo no podría descansar como tal y que, teniendo en cuenta su vida laboral, echarse una siesta en ese momento sería sin duda contraproducente y terminaría por la noche sin poder dormir tanto por no tener sueño, como por tener eso en la cabeza. Simplemente ―aunque pareciera fácil―, necesitaba hacer que su cabeza dejara de tener tanta presión.

Sam no se había percatado de nada en las Snitch Doradas, sinceramente, pero le sentó bastante bien que hubiese dado con algo nuevo.

Sin embargo, la rubia aprovechó cuando Gwen se acostó a su lado para girarse y “darle la espalda”, tirando un poco de su mano para que ésta recorriera su cintura y le abrazase, notando su suave respiración en su cuello. Eso le relajaba y concentrarse en acompasar sus propias respiraciones, en esa situación tan tranquila, la ayudó a sentirse mucho mejor.


***
45 minutos después

Casi se queda dormida e incluso sintió que entró en ese estado de somnolencia, pero fue Don Gato quién, con todo el silencio y suavidad del mundo, subió a la cama y la despertó, pues rozó su barriga con su lomo, buscando un sitio en el que acostarse. No le iba a reprochar nada al pobre gato: en realidad no quería dormirse, pero sí que necesitaba ese momento de desconexión.

Se levantaron en la cama y fueron a merendar/cenar algo, sentándose en la mesa del comedor. Sam había sacado dos yogures de fresa, además de pelar dos plátanos y cortarlos en trocitos. Le encantaba el dichoso yogur de fresa con plátano dentro.

Una vez se sentó, esperó que llegase Gwen. Ahora que había descansado su ánimo estaba mucho mejor, por lo que ni se preocupó en mencionar el tema porque era una tontería. Gwen la comprendía mejor que nadie. Así que mientras vertía el yogur en un bol y echaba los trocitos de plátano, sacó el tema importante.

―Vale, ¿entonces qué fue lo que viste exactamente? ―le preguntó directamente. Sam todavía tenía el recuerdo visto desde la perspectiva de Annie en la mente y, sinceramente, ahora mismo pretendía no indagar de no ser estrictamente necesario. Dudaba mucho que viese nada especialmente revelador si no lo había visto ya Gwen―. ¿Cómo cree que funciona exactamente? Porque si fue como me dijiste así por encima, el Juguetero tendría el riesgo de tener que estar cerca de los ataques, ¿no?

A ver, que se lo había dicho muy por encima y Sam había dicho que para atender y poder pensar con claridad necesitaba llevarse algo a la barriga.

―A menos que haya una manera de vincular que algo persiga a otro algo y ese algo tenga un objetivo previo... pero es raro vincular algo a una luz y sería estúpido porque para eso vinculas lo primero directamente a ese algo. ―O sea, os juro que de verdad lo que acababa de decir tenía sentido, al menos para su mente. Al decir eso, no pudo evitar levantar la mirada mientras sacaba los restos de yogur del interior de su envase y los tiraba al bol―. Vale, quizás no me he explicado de la mejor manera, pero me has entendido, ¿a que sí?
Sam J. Lehmann
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